Estado metiche

marias

La intromisión que no para

JAVIER MARÍAS

Parece que en los actuales tiempos no existe Gobierno, casi ni Estado, sin tendencias totalitarias. Da lo mismo que sea de derechas, centro o izquierdas, que tenga mayoría absoluta o pelada, que sea americano, europeo, africano o asiático, que haya alcanzado el poder en las urnas o mediante un golpe. La idea antigua de que sólo las dictaduras eran totalitarias resulta ingenua, porque el totalitarismo consiste, sobre todo, en la intromisión de los Gobiernos en todas las esferas de la sociedad, en el afán de regularlo, controlarlo e intervenir en todo, de condicionar la vida de los ciudadanos e influir en ella, en no dejarles apenas márgenes de libertad y decirles cómo han de comportarse y organizarse, no sólo en lo público y común, sino asimismo en lo personal y privado. Y de la misma manera que se va perdiendo la creencia de que las diferencias entre particulares puedan dirimirse sin recurrir a un juez, y así los países se llenan de denuncias y pleitos, también se está perdiendo una noción importantísima para las sociedades libres, a saber: que no todo tiene que estar regulado y supervisado por instancias superiores; que el Estado no tiene derecho a opinar de todo y menos aún a dictar normas para cualquier actividad, iniciativa o costumbre. Y al perderse esa noción se le cede todo el campo al Gobierno de turno (lo que todo Gobierno desea), con la consiguiente renuncia de los individuos a sus criterios, su participación y su autonomía. Un suicidio.

En estas fechas ha entrado en vigor la –esta sí– dictatorial ley antitabaco, con la Ministra Salgado permitiéndose tratar a los ciudadanos como a menores de edad, al decir a los fumadores, entre otras cosas abusivas, que acabarán agradeciéndole que les prohíba fumar en tantos sitios. Con declaraciones así, esa señora se está metiendo simplemente donde no la llaman. A continuación, el Parlamento de Cataluña crea un Consejo Audiovisual político (lo es, si lo elige la propia Cámara catalana), con atribuciones para sancionar y multar a emisoras de televisión y radio, y aun para cerrarlas temporalmente y conceder o negar nuevas licencias. Y acto seguido se anuncia que también el Gobierno central tendrá su nefasto equivalente, un Consejo Estatal de los Medios Audiovisuales, que considerará “faltas muy graves” cosas tan imprecisas y vagas –es decir, tan aplicables a todo, según los intereses– como la “vulneración del pluralismo” o, aún más ridículo si cabe, la de “los principios de objetividad y veracidad” de las informaciones. Como si toda información pudiera o debiera ser objetiva y la veracidad no fuera por fuerza, casi siempre, debatible y subjetiva. Por mencionar un solo ejemplo reciente, yo no creo que deba darse “objetivamente” la noticia de que tres señoritingos barceloneses han quemado viva a una indigente por capricho, sino que han de hacerse bien explícitos el desprecio y la condena de una acción tan repugnante. He leído ya más de un artículo en contra de estos Consejos, a los que se calificaba de “peligrosos”. Para mi gusto, se quedaban cortos: no es que sean peligrosos por lo que puedan hacer en el futuro y cómo puedan ser manejados. Es que son, en sí y por principio, directamente intolerables.

Pero la tendencia totalitaria no se detiene aquí, porque no se detiene nunca por sí sola, y ahora veo atónito que, con pretextos varios, el Gobierno y el Congreso (como en lo del fumar, con el insólito acuerdo de todos los partidos) pretenden modificar los horarios de la población española, esto es, sus hábitos y su utilización del tiempo. He visto en la pantalla a un tal Ignacio Buqueras, Presidente de la Comisión Nacional de Horarios, hecho un energúmeno y permitiéndose regañarnos por las horas en que almorzamos, cenamos, vemos la televisión o nos acostamos. Pero, ¿esto qué es?, me pregunté al contemplar al impertinente, y luego he tenido la inquietante sensación de ser de los pocos que se lo han preguntado, tan lamentablemente extendida está ya esa creencia de que los gobernantes pueden entrometerse en todo. Ese señor Buqueras es, además, un auténtico simple, por decirlo suave: al defender su propuesta de adelantar los horarios españoles de todo, ha declarado que “Así tendríamos mejor calidad de vida y los ciudadanos dejarían de estar tensos y angustiados”. No me diga. Según Buqueras, los españoles sólo están tensos y angustiados por hacer una larga pausa para el almuerzo e irse tarde a la cama. Y el Gobierno permite que semejante razonador lo represente en algo, tenga un cargo y cobre del erario. ¿No hay más motivos de tensión y angustia? ¿Y cómo sabe Buqueras si la gente no estaría aún peor con sus horarios? El atrevimiento y la simplonería de los llamados “expertos” –en casi cualquier asunto– resultan deprimentes y a menudo insultantes. Si el Gobierno no quiere ser totalitario, haría bien en no meterse donde no lo llaman, en no opinar más de lo justo, en no entrometerse en nuestras vidas y costumbres, en administrar lo que le prestamos y en dejarnos en paz con sus vigilancias, imposiciones y manipulaciones. No se olvide que durante cuarenta años, no muy lejanos, ya fuimos tratados por los poderes como menores de edad y como vasallos. Ya basta.

El oro


EL RUIDO DE LA CALLE| RAUL DEL POZO

delpozo

  • 23.10.2009

El oro, según los incas, era el símbolo de la superioridad de la voluntad celeste; Pizarro hizo lingotes con la superstición y cortó el pescuezo a los sacerdotes. Es lo que Carlos Marx describe con brillante greguería: España de las cascadas de oro y las luminarias de los autos de fe. Cuando, un poco antes, en Ávila hubo una conjura contra Enrique IV, los arzobispos, los condes y los marqueses rebeldes levantaron un cadalso, pusieron en él una silla y una estatua con la forma del rey; para destronarlo, le arrancaron la corona y el cetro de oro y pronunciaron a coro la siguiente frase: «A tierra, puto».

El oro es el símbolo real; si se lo quitan, el rey se convierte en un puto villano. A las reinas de la Antigüedad las adornaban de oro y plata y les hacían estar a régimen comiendo flor de harina y aceite.

El oro es sagrado y real, por eso vuelve su sed a California y a la Puerta del Sol. A California la gente regresa como cuando salían pepitas entre la harina de los molinos del río; compran harneros para cernir y encontrar migas doradas, tan deslumbrantes como los tigres de Bengala.

El oro sube, sube y sube: ya está a 1.004 dólares la onza. Entre la ruina y la codicia, es un valor seguro. «Compro tu oro», dicen hombres-anuncio. Nadie se fía de los banqueros membrillos que tuvimos que rescatar ni tampoco del FMI, que pide más obreros a la calle para acabar con el paro. Nos vendían viviendas que al final ellos se quedaron como los prestamistas. En el mundo del juego la peor palabra es presta, también llamado chupasangre o sanguijuela. Esperemos que el Gobierno impida que las nuevas casas de empeño, que han surgido de la crisis, abusen de la gente.

A pesar de que lo había destituido como moneda patrón, el instinto vuelve al oro; no quiere que pase lo de siempre, que naufraguemos en el piélago de vellón. Le gente teme que una mañana nos encontremos burlados con el banco convertido en juzgado.

Madrid sabe muy bien lo que es la ruina porque no hubo perro muerto o feto que no hallase posada en los pasteles. Sin embargo, en la última hambruna no se ven los pálidos de la galiposa, ni tampoco aquellos vagabundos que hacían cola al otro lado del mar en Las uvas de la ira.

La crisis no se refleja en la calle. No se notaría la insolvencia si no hubieran vuelto las casas de empeño para hacerse con las cuberterías de plata y los dijes de oro de la abuela. La gente se empeña, no como antes para comprar perico, sino para pagar la luz y los libros de la escuela.

Aliona Ivanova, la usurera de Crimen y castigo, ha puesto un portal de perista en Preciados.

Mierda

mierda

No se si les haya pasado que llegan a un baño publico con retortijones y se encuentran la taza llena, toda una flota de buques, acorazados, fragatas, submarinos, hasta portaaviones, navegando por aguas negras y en decimas de segundo tienen que decidir si deciden liberar a Willy o posponer la liberacion para después, ya sea que se desocupe alguna taza vecina o arriesgarse a que la ballena harta del cautiverio, se de a la fuga en un momento y lugar inapropiados.

Al final, la decision casi siempre es soltar el lastre. Hay que hacerlo con mucho cuidado, no puedes soltarlo como clavado de plataforma olimpica, la salpicadura provocada por el panzazo seria fatal.

Hay que deslizarlo con sumo cuidado, como el sedal de un aparejo en el agua. No es sencilla esta operación, sobre todo si estas aguantando la respiración para no aspirar las emanaciones producidas en la batalla naval que esta teniendo lugar debajo de tu trasero. Para colmo,con la urgencia de la evacuacion del mocordo no nos fijamos si habia papel ,su ausencia es “un clasico” de los baños publicos.

La ultima vez que me paso, afortunadamente llevaba la seccion de politica de un periodico.  Lo desagradable de la situación, se pudo contrarrestar con la satisfacción de poderme limpiar el culo, con los caretos de algunos de nuestros queridos gobernantes. Por un momento me imagine que todos esos carajones eran como los partidos politicos, alli compartian en la alberca del sistema, el hedor y la purulencia.

Cuando sali de semejante muladar, pense en conseguir una bomba para destapar la alberca y ver con placer como toda esa mierda se iba para el desague .Pero tampoco era para tanto, no quise sacrificarme por una pinche alegoria.

Filosofia y T.V.

drhouse

Un colectivo de ensayistas italianos repasa la ética de la serie // Las series de televisión nutren de ideas al pensamiento

El doctor House, inspiración de filósofos

Los referentes morales han cambiado: la televisión es ahora el nuevo escenario donde se plantean las controversias morales. Eso pretende demostrar un libro que acaba de publicarse en Italia, cuyo título es revelador: La filosofia del Dr. House. Etica, lógica y epistemología de un héroe televisivo.

La mirada del infalible Gregory House revela las inquietudes del ser humano.

Escrito por el colectivo Blitris, el libro trata de hacer filosofía partiendo de una teleserie. Este intento se plantea como un modo original de acercar la materia al público, especialmente a los estudiantes, a través de una serie como House, tan popular y que cuenta con seguidores en todos los estratos de la sociedad.

La filosofía de los ‘housismos’

El volumen, de 208 páginas, sigue al doctor Gregory House y las dudas que se le plantean en cada episodio de la serie, que en España emite Cuatro.

Los autores analizan el carácter del galeno ilustrando las grandes preguntas de la filosofía con las respuestas que da House. En cuatro capítulos, prestan especial atención a sus actos y sus palabras, que los ensayistas llaman housismos.

La evolución del género televisivo proporciona una riqueza de tramas y situaciones muy útiles para desglosar los retos de la sociedad moderna para sociólogos y pensadores.

Por ejemplo, en El liderazgo de Tony Soprano (escrito por Antony Schneider) se muestran en forma de libro de autoayuda los desafíos laborales del televisivo mafioso de Los Sopranos. Partiendo de las respuestas que Tony da a los retos que se le presentan, el libro propone para los empresarios modelos de solución para complicadas circunstancias profesionales.

Aristotélico Homer

Los Simpsons es otra de las exitosas series que han sido analizadas desde la perspectiva filosófica. Los Simpsons y la filosofía (escrito por sociólogos y ensayistas) compara el anarquismo iconoclasta del pequeño Bart con el nihilismo de Nietzsche, busca una explicación al modo de vida de Homer a través de la noción aristotélica de virtud y responde al silencio existencial de Maggie usando las enseñanzas del chino Lao Tse.

La familia inventada por Matt Groening ha generado mucha literatura en esta clave. Los Simpson. El vientre omnívoro de la televisión posmoderna, El Evangelio según los Simpson: La vida espiritual de la familia más animada y Filosofía animada y religión son algunos ejemplos que ilustran que los lazos entre televisión y pensamiento no son ninguna casualidad.

publico.es

La culpa

vicent

MANUEL VICENT 25/10/2009

En el protestantismo la relación del creyente con Dios se desarrolla de forma íntima y personal; por el contrario, en el catolicismo ese contacto se establece siempre a través de un intermediario ineludible, que es el cura. Si el protestante comete un grave pecado, la culpa y el perdón se convertirán en una neurosis instalada en su nuca como la mordedura de la serpiente hasta la muerte; en cambio un católico puede matar, robar, violar y seguir llevando tan campante una vida de crápula, porque si en plena agonía un cura le absuelve, será recibido en reino de los cielos por un coro de ángeles como si no hubiera pasado nada. Por eso el cura católico es un auténtico momio, que hay que tener siempre a mano como una garantía de salvación. Si esta situación religiosa particular se traslada a la vida pública, la actitud frente a la corrupción política también es distinta según se trate de un país católico o luterano. El control del presupuesto del Estado es el origen de la democracia, adoptada como un sistema de derechos y al mismo tiempo de una mutua sospecha de la debilidad humana. La democracia es una máquina de sacar basura a la superficie mediante la libertad de expresión. No hay que escandalizarse. Sólo hay que felicitarse si las bombas de achique funcionan. El luterano es consciente de que el ser humano tiene la mano muy larga y tarde o temprano intentará meterla en la caja, de modo que hay que organizar el presupuesto de forma que sea extremadamente difícil robar. Cualquier político en el poder tiene siempre a dos adversarios enfrente vigilando el dinero público. Si te pillan, caerás fulminado, quedarás aniquilado para siempre y después allá te las entiendas con Dios. No sucede lo mismo en un país católico, donde el ciudadano tiene la íntima convicción, nacida de mil años de confesionario, de que cualquier tropelía puede ser perdonada con una mínima penitencia. Ahora mismo en la católica España campan por la vida pública, como muertos vivientes, unos políticos abrasados por la corrupción, que esperan ser absueltos por las urnas para volver al gobierno entre aplausos, como el cura católico que en plena agonía confiesa al creyente de cualquier crimen para que pueda entrar en el cielo con un jamón en la mano.

elpais.es

Conversaciones con dios – X –

savater

X NO CODICIARAS LOS BIENES AJENOS

Fernando Savater

Qué difícil debe de ser cumplir con este precepto cuando la codicia parece que funciona en todo el mundo de una manera abrumadora. Vemos que una serie de personajes, incluso los más celebrados, son codiciosos, y en ocasiones de un modo insaciable. Por mucho que hayan alcanzado, acumulado o robado, nunca es suficiente. Los mayores fraudes no los cometen quienes quieren hacerse ricos, sino quienes quieren hacerse más ricos, Y esto ocurre –tú lo sabes bien- en un mundo donde millones y millones de personas viven con menos de un dólar diario. El espectáculo de la codicia desenfrenada asusta y repugna a la vez. De cualquier manera, te reconozco que la envidia –el motor de la codicia- no siempre es negativa. Me refiero a la entendida como deseo de emulación, de competencia, de hacer las cosas mejor que el otro o de conseguirlas sin quitárselas a nadie, No sólo hablamos de los objetos materiales, sino también de las virtudes de las personas: la valentía, la sinceridad o el consentimiento, también son envidiables, porque pueden producir un estímulo positivo.

Pero los hombres somos así: cuando se trata de cosas tangibles, la envidia del dinero, del prestigio, de representación ante los demás se convierte en un elemento embrutecedor. Vemos que muchas personas, en su deseo de sobresalir, empiezan a adquirir un rostro de avidez que provoca miedo.

Yo no he visto a los condenados de tu infierno. No te preocupes… si tú lo permites no tengo ningún interés en verlos de cerca, pero imagino que deben de tener esa cara de avidez insaciable y eterna que tiene quienes son codiciosos, cuando quieren poseer lo que todavía no tienen. Y qué decir de aquellos que en la historia envidiaron y codiciaron tu nombre y tu poder, de esos hombres que se consideraron a sí mismos dioses y trataron a los demás con tu estilo caprichoso y vengativo. Creo que estamos de acuerdo en que cuando se trata de cuidar las formas nunca has sido muy atento.

savaterconversacondios.blog