Humor estupido

Humor estupido

TENGO UN PERRO QUE DICE PAPA Y MAMA…

 Y YO TENGO UNA LATA QUE DICE: MELOCOTON EN ALMIBAR

40 AÑOS CASADOS:

LE DICE SU MUJER.-MARIANO DIME ALGO DULCE

Y LE RESPONDE.- TU PUTA MADRE EN ALMIBAR

DESPUES DE ECHAR UNPOLVO

MARIANO, ERES UN MONSTRUO¡

TU SI QUE ERES FEA¡

DOCTOR SOY ESTERIL

Y YO OBELIX, NO TE JODE

DOCTOR CUANDO TOMO CAFE SE ME PONE UN OJO MORAO

HA PROBADO A TOMARLO SIN CUCHARILLA

Mutilacion

Mutilacion

—Oh no, otra vez no, por favor— gritaba por dentro cuando sintió que sí, que de nuevo una de esas malditas diarreas que ya conocía de memoria. Pero esta vez el escenario era distinto. Estaba en su piso recién estrenado, y olía a la esencia de lavanda que con tanto primor había escogido su mujer. Llevaban menos de un mes casados y ya tenían las cortinas colocadas, los cuadros color pastel en las paredes color salmón, tres cristalerías en las vitrinas y hasta habían comprado en la feria del libro un Don Quijote de oferta, para ponerlo en la estantería, porque daba aire de cultura y porque la encuadernación hacía juego con la tapicería de las sillas y de los tresillos.

Cuando terminó de descargar su cuerpo de tanta porquería, se dio cuenta de que no había papel higiénico por ningún lado. Decidió levantarse y medio desnudo, indignado e incómodo por la situación, comenzó a buscar con la mirada cualquier cosa que pudiera servirle para limpiarse, hasta que halló en la estantería ese volumen gigante del Quijote de adorno y no lo pensó dos veces. Abrió el libro cervantino por donde el azar quiso, le arrancó cuatro o cinco páginas rellenas de aventuras idealistas, se limpió escrupulosamente, y llenó de mierda la libertad del Quijote, al estilo del barbero o del cura, pero mucho más apestosamente. Después, ya tranquilo, cogió a su salvador mutilado, lo cerró con un golpe seco y lo volvió a colocar en su sitio, pensando que allí no había pasado nada, y que qué más daba, si en esa casa nadie lo iba a leer jamás.

Reyes Ardona/mundo du

Deje de mirarme las tetas, señor

Deje de mirarme las tetas, señor

Big Bart era el tío más salvaje del Oeste. Tenía la pistola más veloz del Oeste, y se había follado mayor variedad de mujeres que cualquier otro tío en el Oeste. No era aficionado a bañarse, ni a la mierda de toro, ni a discutir, ni a ser un segundón. También era guía de una caravana de emigrantes, y no había otro hombre de su edad que hubiese matado más indios, o follado más mujeres, o matado más hombres blancos.

Big Bart era un tío grande y él lo sabía y todo el mundo lo sabía. Incluso sus pedos eran excepcionales, más sonoros que la campana de la cena; y estaba además muy bien dotado, un gran mango siempre tieso e infernal. Su deber consistía en llevar las carretas a través de la sabana sanas y salvas, fornicar con las mujeres, matar a unos cuantos hombres, y entonces volver al Este a por otra caravana. Tenía una barba negra, unos sucios orificios en la nariz, y unos radiantes dientes amarillentos.
Acababa de metérsela a la joven esposa de Billy Joe, la estaba sacando los infiernos a martillazos de polla mientras obligaba a Billy Joe a observarlos.
Obligaba a la chica a hablarle a su marido mientras lo hacían. Le obligaba a decir: -¡Ah, Billy Joe, todo este palo, este cuello de pavo me atraviesa desde el coño hasta la garganta, no puedo respirar, me ahoga! ¡Sálvame, Billy Joe! ¡No, Billy Joe, no me salves! ¡Aaah!
Luego de que Big Bart se corriera, hizo que Billy Joe le lavara las partes y entonces salieron todos juntos a disfrutar de una espléndida cena a base de tocino, judías y galletas.
Al día siguiente se encontraron con una carreta solitaria que atravesaba la pradera por sus propios medios. Un chico delgaducho, de unos dieciséis años, con un acné cosa mala, llevaba las riendas. Big Bart se acercó cabalgando.
-¡Eh, chico! -dijo.
El chico no contestó.
-Te estoy hablando, chaval…
-Chúpame el culo -dijo el chico.
-Soy Big Bart.
-Chúpame el culo.
-¿Cómo te llamas, hijo?
-Me llaman «El Niño».
-Mira, Niño, no hay manera de que un hombre atraviese estas praderas con una sola carreta.
-Yo pienso hacerlo.
-Bueno, son tus pelotas, Niño -dijo Big Bart, y se dispuso a dar la vuelta a su caballo, cuando se abrieron las cortinas de la carreta y apareció esa mujercita, con unos pechos increíbles, un culo grande y bonito, y unos ojos como el cielo después de la lluvia. Dirigió su mirada hacia Big Bart, y el cuello de pavo se puso duro y chocó contra el torno de la silla de montar.
-Por tu propio bien, Niño, vente con nosotros.
-Que te den por el culo, viejo -dijo el chico-. No hago caso de avisos de viejos follamadres con los calzoncillos sucios.
-He matado a hombres sólo porque me disgustaba su mirada.
El Niño escupió al suelo. Entonces se incorporó y se rascó los cojones.
-Mira, viejo, me aburres. Ahora desaparece de mi vista o te voy a convertir en una plasta de queso suizo.
-Niño -dijo la chica asomándose por encima de él, saliéndosele una teta y poniendo cachondo al sol-. Niño, creo que este hombre tiene razón. No tenemos posibilidades contra esos cabronazos de indios si vamos solos. No seas gilipollas. Dile a este hombre que nos uniremos a ellos.
-Nos uniremos -dijo el Niño.
-¿Cómo se llama tu chica? -preguntó Big Bart.
-Rocío de Miel -dijo el Niño.
-Y deje de mirarme las tetas, señor -dijo Rocío de Miel-o le voy a sacar la mierda a hostias.
Las cosas fueron bien por un tiempo. Hubo una escaramuza con los indios en Blueball Canyon. 37 indios muertos, uno prisionero. Sin bajas americanas. Big Bart le puso una argolla en la nariz…
Era obvio que Big Bart se ponía cachondo con Rocío de Miel. No podía apartar sus ojos de ella. Ese culo, casi todo por culpa de ese culo. Una vez mirándola se cayó de su caballo y uno de los cocineros indios se puso a reír.
Quedó un sólo cocinero indio.
Un día Big Bart mandó al Niño con una partida de caza a matar algunos búfalos.
Big Bart esperó hasta que desaparecieron de la vista y entonces se fue hacia la carreta del Niño. Subió por el sillín, apartó la cortina, y entró. Rocío de Miel estaba tumbada en el centro de la carreta masturbándose.
-Cristo, nena -dijo Big Bart-. ¡No lo malgastes!
-Lárgate de aquí -dijo Rocío de Miel sacando el dedo de su chocho y apuntando a Big Bart-. ¡Lárgate de aquí echando leches y déjame hacer mis cosas!
-¡Tu hombre no te cuida lo suficiente, Rocío de Miel!
-Claro que me cuida, gilipollas, sólo que no tengo bastante. Lo único que ocurre es que después del período me pongo cachonda.
-Escucha, nena…
-¡Que te den por el culo!
-Escucha, nena, contempla…
Entonces sacó el gran martillo. Era púrpura, descapullado, infernal, y basculaba de un lado a otro como el péndulo de un gran reloj. Gotas de semen lubricante cayeron al suelo.
Rocío de Miel no pudo apartar sus ojos de tal instrumento. Después de un rato dijo: -¡No me vas a meter esa condenada cosa dentro!
-Dilo como si de verdad lo sintieras, Rocío de Miel.
-¡NO VAS A METERME ESA CONDENADA COSA DENTRO!
-¿Pero por qué? ¿Por qué? ¡Mírala!
-¡La estoy mirando!
-¿Pero por qué no la deseas?
-Porque estoy enamorada del Niño.
-¿Amor? -dijo Big Bart riéndose-. ¿Amor? ¡Eso es un cuento para idiotas! ¡Mira esta condenada estaca! ¡Puede matar de amor a cualquier hora!
-Yo amo al Niño, Big Bart.
-Y también está mi lengua -dijo Big Bart-. ¡La mejor lengua del Oeste!
La sacó e hizo ejercicios gimnásticos con ella.
-Yo amo al Niño -dijo Rocío de Miel.
-Bueno, pues jódete -dijo Big Bart y de un salto se echó encima de ella. Era un trabajo de perros meter toda esa cosa, y cuando lo consiguió, Rocío de Miel gritó. Había dado unos siete caderazos entre los muslos de la chica, cuando se vio arrastrado rudamente hacia atrás.
ERA EL NIÑO, DE VUELTA DE LA PARTIDA DE CAZA.
-Te trajimos tus búfalos, hijoputa. Ahora, si te subes los pantalones y sales afuera, arreglaremos el resto…
-Soy la pistola más rápida del Oeste -dijo Big Bart.
-Te haré un agujero tan grande, que el ojo de tu culo parecerá sólo un poro de la piel -dijo el Niño-. Vamos, acabemos de una vez. Estoy hambriento y quiero cenar. Cazar búfalos abre el apetito…
Los hombres se sentaron alrededor del campo de tiro, observando. Había una tensa vibración en el aire. Las mujeres se quedaron en las carretas, rezando, masturbándose y bebiendo ginebra. Big Bart tenía 34 muescas en su pistola, y una fama infernal. El Niño no tenía ninguna muesca en su arma, pero tenía una confianza en sí mismo que Big Bart no había visto nunca en sus otros oponentes. Big Bart parecía el más nervioso de los dos. Se tomó un trago de whisky, bebiéndose la mitad de la botella, y entonces caminó hacia el Niño.
-Mira, Niño…
-¿Sí, hijoputa…?
-Mira, quiero decir, ¿por qué te cabreas?
-¡Te voy a volar las pelotas, viejo!
-¿Pero por qué?
-¡Estabas jodiendo con mi mujer, viejo!
-Escucha, Niño, ¿es que no lo ves? Las mujeres juegan con un hombre detrás de otro. Sólo somos víctimas del mismo juego.
-No quiero escuchar tu mierda, papá. ¡Ahora aléjate y prepárate a desenfundar!
-Niño…
-¡Aléjate y listo para disparar!
Los hombres en el campo de fuego se levantaron. Una ligera brisa vino del Oeste oliendo a mierda de caballo. Alguien tosió. Las mujeres se agazaparon en las carretas, bebiendo ginebra, rezando y masturbándose. El crepúsculo caía.
Big Bart y el Niño estaban separados 30 pasos.
-Desenfunda tú, mierda seca -dijo el Niño-, desenfunda, viejo de mierda, sucio rijoso.
Despacio, a través de las cortinas de una carreta, apareció una mujer con un rifle. Era Rocío de Miel. Se puso el rifle al hombro y lo apoyó en un barril.
-Vamos, violador cornudo -dijo el Niño-. ¡DESENFUNDA!
La mano de Big Bart bajó hacia su revolver. Sonó un disparo cortando el crepúsculo. Rocío de Miel bajó su rifle humeante y volvió a meterse en la carreta. El Niño estaba muerto en el suelo, con un agujero en la nuca. Big Bart enfundó su pistola sin usar y caminó hacia la carreta. La luna estaba ya alta.

Charles Bukowski

Ciencia en ” El Mundo Today “

“PARA ELLAS ES COMO HABER SUPERADO LA EDAD MEDIA”, ASEGURA

Un científico convence a varias moscas para que no vayan a la mierda

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Ciencia en " El Mundo Today "El doctor Rob Millikan, biólogo de la Universidad de Connecticut, ha logrado influir en el comportamiento de las moscas comunes evitando que se acerquen a los excrementos “para hacer eso tan raro de frotarse las manos y sacar un tubo negro de la boca como fumándose el cagarro”, en palabras de Millikan. El biólogo llevaba tiempo obsesionado con este hábito antihigiénico que presentan los dípteros desde tiempos inmemoriales y, finalmente, ha logrado que, en vez de centrarse en las heces, se dediquen a pegarse a las ventanas para observar los coches.

“He podido comprobar que las moscas son como los abuelos: tienen costumbres muy arraigadas y manías bien tontas. Les gusta observar y poner esa cara como de estar tramando algo. Hay que insistir, pero si consigues que se distraigan con otra cosa, acaban cambiando un hábito por otro”, explica el científico. La idea de Millikan es aplicar sus técnicas en otros ámbitos. “Lograr que Eminem dejara esto del rap y se centrara en los estudios sería fantástico”, asegura.

La comunidad científica ha aplaudido el hallazgo de Rob Millikan y, en concreto, sus compañeros de la Universidad de Connecticut se alegran de que “esta historia que se trae con las moscas haya tenido un final feliz. Nosotros ya estábamos buscando la manera de apartarle de ellas y de las cacas, porque estaba el laboratorio lleno de porquería”.

En España, un portavoz del CSIC ha admitido que se estaban llevando a cabo investigaciones parecidas pero sin resultados destacables: “Nuestro proyecto para evitar que Fernando León siguiera con lo del cine se estaba complicando un poco, pero ahora al menos sabemos que es posible conseguir que las moscas no se acerquen a él”.

Xavi Puig

Cuando luchar no alcanza

Cuando luchar no alcanza

Territorio de campeones, un torneo emancipado del régimen dominical de futbol. La Champions se pone seria, los octavos de final son la bisagra de una copa con herrajes de acero y chapa de plata. Una fase sin bromistas, apenas hay hueco para trucos y sorpresas. Jugadas familiares del Chelito Delgado, pariente lejano del Cruz Azul, un equipo enfermo de muerte, anémico de magia. Con Cristiano envuelto en celofán y Kaká acartonado, El Chelito desenvolvió el desparpajo; un taconazo, dos trompos, tres bicicletas y un tirachinas al poste. En 45 minutos al Madrid le dio un quitarrisas. Arrancando el segundo, se le oxidaron los millones, le rechinaron los euros, le exigieron propina. Un tal Makoun, exótico forastero, atornilló una bola en el rincón más impúdico para un portero, 1-0 al ángulo. El Lyon redactaba en nieve la última crónica de Narnia.

Sucedía esto mientras Ronaldinho y Beckham apolillan Milán; el Manchester de Rooney, un recio delantero con gesto de leñador, serruchaba el púlpito de San Siro; un santo colosal, pero vetusto. Hoy juega el Barsa, en estado insalubre y aparente descomposición. El único remedio lo tiene en casa, se trata de la receta de la abuela. Once kilos de cantera y media cucharada de futbol. Guardiola está vacunado contra la miseria, en su plan de juego hasta perder parece sano.

Así las cosas, una tarde y otra noche más de Champions. No es por la copa, es por ella; que todavía existen capitanes del alma y luchadores con armadura de promesa inoxidable. Hoy parece complicado ganar su corazón, pero esta noche hay que ser valiente. Porque entre un día perfecto y otro inolvidable, siempre está ella. Eso la vuelve única para mantener la promesa muchas noches más, como el campeón que ella merece.

Jose Ramon Fernandez G, de Quevedo/mileniodiario

Lo sagrado

 

Lo sagrado
La duda de Tomas

 

Cristo Gay. Dios mío. Viendo las fotos por las que el artista Fernando Bayona ha tenido que retirar su exposición de la Universidad de Granada no puedes por menos que asombrarte ante la puerilidad del asunto. La provocación de Bayona es enternecedora. El beso de Judas, así se llama una foto en la que aparecen dos muchachitos morreándose, respira el mismo aire que los anuncios de colonias, porque este ejemplar de chulazo (por usar palabras del gremio) abunda en vallas publicitarias, en revistas de moda. No aparecen en ellas los nombres de Judas y Jesús, vale, pero la imagen es la misma: torso desnudo, gran paquetón y rostro efébico.

Hasta los gays que no militan en el tópico están un poco hasta las narices de ese imaginario. Para rematar la faena se nos presenta a una María prostituta y a un san José camello. No tenían suficiente con ser pobres, había que integrarlos en el lumpen. En realidad, el relato de la exposición más bien parece inspirado por un realismo social ultracatólico: con esa familia desestructurada nada más lógico que el niño les saliera gay.

Dicha provocación se agotó en España en los años ochenta. Basta con revisar las películas de Almodóvar, las canciones, el arte gráfico, para saber que ya vivimos nuestro momento de desahogo. Repetirlo ahora resultaría naif, si no fuera porque ha resucitado un público asustadizo que se santigua y unos matones que obligan a una universidad a retirar tres fotos que sólo pueden ofender a quien ha estado en formol desde los años sesenta.

El comentario recurrente en este asunto es, “¿a que no se atreven con Mahoma?”. Por supuesto que no. Es lógico que un muchacho de Jaén ironice sobre la religión que le es más próxima; por otro lado, debería ser motivo de orgullo para los creyentes militar en una fe que no amenaza con romper la crisma al que se atreve a hacer una broma.

Elvira Lindo/elpais.es