La duda de Bob Dylan en Juarez

La duda de Bob Dylan en Juarez
performance contra el miedo

La información de campo recopilada en los dos años recientes por las diferentes entidades federales involucradas en la lucha contra el narcotráfico ha dejado una conclusión elevada a verdad absoluta en Los Pinos. Sea por las cifras de ejecutados que maneja la PGR, sea por la información de operativos de Seguridad Pública, sea por las llamadas de auxilio o denuncia recibidas por el Ejército, todo conlleva a una certeza oficial: el problema en Ciudad Juárez es… Ciudad Juárez.

Los militares han aportado un par de elementos, documentados, para sostener el dicho. Primero, de acuerdo con el documento que dio a conocer Ignacio Alzaga en este diario hace una semana, los ciudadanos juarenses se resisten a denunciar, pese a las múltiples matanzas en la calle, en bares, en fiestas, en granjas para adictos… pese a feminicidios y juvenicidios… pese a los tiempos calamitosos, pues, que azotan a esa localidad fronteriza. Apenas 20 llamadas en dos años, incluso debajo de las 58 recibidas en el cuartel de Tacubaya, en la capital del país.

Y segundo: ayer, en el Día del Ejército, el general Guillermo Galván llamó a no olvidar que “la delincuencia es un enemigo que se mimetiza, se mueve y se escuda en el seno de la propia comunidad”. También lanzó dardos a organismos de derechos humanos “con dudosos patrocinios”, cuyo objetivo es el desprestigio de las fuerzas castrenses para que los delincuentes obtengan ventaja en la opinión pública. Curioso caso el del secretario, que mediante la Sedena revela que la gente no denuncia, y él, que tiene información para cuestionar a estas ONG, sólo las aluda sin emprender la acción correspondiente.

El Presidente, en tanto, que en su segunda visita a esa ciudad les puntualizó la obviedad de que no puede estar cada miércoles con ellos, va en el mismo tono. Denuncien, les dice, cuando él sabe, y lo sabe bien, que en los dos años anteriores no sólo hay que hablar de las apenas 20 denuncias a la línea de los militares, sino de los 3 mil 26 ejecutados, según el puntual recuento de Melissa del Pozo y Rafael López publicado en este periódico. En medio del cambio de estrategia, pues, el mensaje amarrado con datos duros es: el narco progresa por su base social.

Pero como en la rola de Led Zeppelin, sometimes words have two meanings. ¿Habrán considerado Felipe Calderón, Guillermo Galván y Genaro García Luna el otro factor de la falta de denuncia, factor de relevancia insoslayable, mejor conocido como “miedo”? Frente a esa matazón, que de decenas de muchachas en los años 90 pasó a pleitos entre pistoleros y prosiguió en fechas recientes contra estudiantes inocentes, ¿cabe la sola suposición de complicidad y no la del terror, la del temor por la seguridad propia y de la familia?

Si los juarenses se encabronaron con el mandatario y su secretario de Gobernación en la primera visita no es porque crean que ellos están saliendo a ajusticiar a la gente, sino por su ineficacia para combatir a los homicidas. Alegar que es injusta la condena a las autoridades, porque a quien debe señalarse es a los sicarios materiales, es una delirante defensa del gobierno, tan sinsentido como la gritería de “asesino” lanzada contra Fernando Gómez Mont en días consecutivos hace una semana. Los extremos que se encuentran en el tornado.

El alemán Ludwig Börre escribió en el siglo XVIII que el hombre más peligroso es el que tiene miedo. Si los juarenses no están denunciando, tampoco se están quedando a vivir ahí por temor. ¿Viven el alcalde y el gobernador en su estado o en El Paso, Texas? Si residen en Estados Unidos no parece que sea sólo por el nivel de vida de Primer Mundo del otro lado. Ayer el Diario de Chihuahua hizo un recuento de amenazas a 20 alcaldes de esa entidad y la fiscalía, al enterarse, les exigió presentar la denuncia para poder darles la protección ofrecida por Reyes Baeza. Y luego no quieren que la ira de la gente les explote en la cara. “¿Cuántas muertes más —cantó Bob Dylan— serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas?”

Alfredo C. Villeda/mileniodiario

Aromas y sabores

 

Aromas y saboresQuien decide probar los mezcales tradicionales vive inevitablemente una experiencia sensorial única que lo trasforma para siempre. Sus sentidos son retados por la inmensa —e intensa— diversidad aromática y es obligado, quiéralo o no, a volverse más sensible y perceptivo. ¿Pero, cómo orientarse en el complejo abanico aromático y de sabores de estos mezcales? ¿Qué buscar y cómo, para percibir claramente?

Por principio, el mezcal debe oler y saber a maguey horneado en horno de tierra, forma de cocción o tatemado del maguey que, para ser considerado tradicional, todo mezcal debe emplear. Para identificar este aroma, se coloca una gota de mezcal en las manos, las que deberán frotase hasta evaporarla; el aroma que se fija en ellas debe ser el del maguey horneado, que podría describirse como dulce, ahumado, amaderado y fibroso. Lo más recomendable es comprar un trozo de maguey cocido (llamado mezcal o mezontle) del que venden en los mercados, con el fin de memorizar su aroma y sabor característico.

Otro criterio útil: los mezcales elaborados con magueyes silvestres generalmente tienen aromas y sabores florales, y mayor variedad y profundidad, a diferencia de los que se hacen con magueyes cultivados cuya riqueza e intensidad es menor.

Pueden encontrase además, sin ser exhaustivo, aromas y sabores a: tierra (barro); lácteos (leche, queso, nata); fruta (membrillo, melón, chabacano, mango, guanábana, fresa, frambuesa, nanche, plátano, guayaba, tejocote, manzana, cereza); chiles (pimiento, manzano, serrano); especias (clavo, canela, pimienta, vainilla, anís); chocolate; flores (violetas, gardenias, nardos, azucenas, azahares); hierbas (quintoniles, berros, ajenjo, hierbabuena, manzanilla); cítricos (naranja, toronja, lima); carne (venado, tocino); resina (copal); pulque; yodo; bosque (eucalipto, pino, pirú) y lavanda.

Tío Corne (Cornelio Pérez), coordinador de la Logia de los Mezcólatras y miembro de Mezcales Tradicionales de los Pueblos de México

Ganadores de la 39ª Edición del Concurso Fotográfico de National Wildlife

La prestigiosa revista de Naturaleza “National Wildlife” lleva ya 39 ediciones de sus prestigiosos premios de fotografía y el concurso de 2009 ya tiene ganadores… Algunas de las más asombrosas imágenes de la vida salvaje han pasado por esta competición y por si alguien se anima, ya está abierta la edición número 40

Echadle un vistazo a las fotos ganadoras porque son espectaculares.

Ganadores de la 39ª Edición del Concurso Fotográfico de National Wildlife

visto en sorprendible.blogspot.com

El Mundo Today

“Soy adicto a los centros de desintoxicación”

Juan Gorolaide dice que lleva enganchado “a las cosas” desde hace trece años. Primero empezó con los porros, luego con el alcohol, siguió con el Valium y, finalmente, tras visitar numerosos centros de desintoxicación, se percató de que en el fondo estaba enganchado a las terapias. “Cuando me dan el alta me siento abandonado, así que busco nuevas adicciones. Ahora me ha dado por doblar esquinas. Me pongo en una esquina de cualquier calle y, ¡Zas!, la doblo. Nunca sabes qué habrá al otro lado. No puedo parar”, confiesa Gorolaide.

El Mundo TodayEl entrevistado ha insistido en invitarme a comer a un bar que hay cerca de su casa. “Me pasaba el día aquí hace unos años. Lo típico: me enganché a las máquinas. Lo que pasa es que me curaron jodidamente pronto, así que me hice adicto a otra cosa. A desenvolver objetos, concretamente. Compraba la tira de cosas en los centros comerciales, pedía que me las envolvieran para regalo y luego, allí mismo, delante de los dependientes, lo desenvolvía todo. Sentía un placer como sexual, no sé. Aún se acuerdan de mí en la Fnac de Callao. Un chico me susurró al oído: ‘Me gustaría envolverte a ti con ese papel de regalo y luego tirar tu cuerpo al Manzanares’. Aquello me puso muy cachondo”, explica mientras engulle unas croquetas de pollo a las que, por supuesto, también llegó a engancharse.

“¡Juanito! ¿Viniste en taxi hoy?” le grita el encargado del local. Juan niega con la cabeza y luego me aclara que hace dos meses recorría las calles parando taxis. “Veía un taxi y era incapaz de dejarlo pasar. La sensación de que puedes controlar al taxista levantando el brazo, de saber que él dejará lo que está haciendo para acercarse a ti y pararse, es flipante. Luego abría la puerta del coche y les decía: ‘Perdón, perdón…’. Hacía como los pescadores con los peces pequeñitos, que los dejan ir”. Esta adicción le costó cara el día en que varios taxistas decidieron seguirle hasta el bar en el que nos encontramos. “Me dieron una paliza de la que aún se acuerdan todos los de aquí. A raíz de aquello me volví adicto al algodón. La sensación de tener como nubes metidas en la nariz es algo especial”, afirma.

Como no percibo en el entrevistado ningún interés en salir de este bucle en el que se encuentra, le pregunto si los expertos están al tanto de su situación y si existen tratamientos para la adicción a los tratamientos. “Es meritorio”, me contesta. “¿Meritorio?”, le pregunto. “Sí, me encanta decir que algo es meritorio, especialmente cuando me hacen una pregunta directa. ¡Es meritorio! ¡Es incierto! Ese tipo de expresiones me encantan. ‘No os óbice, esto no es óbice, jajaja’”, exclama. Luego se levanta y se escapa corriendo sin despedirse y sin pagar la cuenta. Le pregunto al dueño del bar si lo de escaparse es también una de las adicciones de Juan. “Juan no es adicto a nada. Sólo a tomar el pelo a los periodistas”, me responde.

Xavi Puig

Google et al.

Google et al.

No sé cómo hemos podido vivir hasta hace poco sin Google. El motor de búsqueda por excelencia. El motor del mundo globalizado, googleadísimo. No puedo imaginármelo, y sufro al darme cuenta de las limitaciones de mi percepción. Soy incapaz de fantasear cómo, por todos los demonios, se pudo tomar Varsovia en enero de 1945 sin echar mano de Google para, por lo menos, encontrar las previsiones del tiempo. Cómo fue posible que Napoleón invadiera Rusia y ocupara Moscú sin «googlear» ni una sola vez el nombre de Rostopchín y ver los detalles que de él daba la Wikipedia. No me imagino ni por un segundo cómo se forjó la Revolución Francesa en 1789 (Marat, Robespierre… ésos sí que eran de izquierdas, oyes) si no tenían Google que les dijera que la mayoría de resultados indicaban una bancarrota del estado, ni blogueros jacobinos y girondinos que expresaran su malestar repitiendo –con profusión de faltas de ortografía para resaltar su ira e inconformismo–, que estaban hasta las pelucas de la situación. San Google, una araña web que todo lo toquetea con sus patitas electrónicas, expertas en obtener euros, dólares, rupias, «anything». Ideado por dos estudiantes de Stanford que ahora son podridamente ricos. Y que quieren más y más. Por ejemplo: Google quiere libros, ser el dueño de una gran biblioteca mundial, que piensa regalar, seguramente, a cambio de meter doblada una publicidad zafia y estúpida que aumentará su riqueza y su poder hasta la náusea. Mientras envía al mundo el mensaje «un libro no vale nada» (o sea: «la cultura es algo prescindible, un simple detrito anticuado»), Google continuará forrándose. Las operadoras telefónicas –pobrecitas, qué pena dan– empiezan a sentirse molestas porque Google «se aprovecha» de ellas, y junto al ministro Sebastián quieren cobrarle un «peaje». Mientras sociedades enteras se empobrecen a pasos agigantados, los colosos de las telecomunicaciones engordan como titánicos lechones artiodáctilos. Y se mosquean entre ellos. Los ingresos por publicidad en internet crecen. Qué mundo más raro éste Después De Google, amén…

Angela Vallvey/larazondigital

Arco 2010

Arco 2010

Empieza ARCO… ¡Horror de horrores! Picasso escribió en 1952 lo que sigue: “En el arte la mayoría de la gente ya no busca consuelo y exaltación, pero los que son refinados, ricos y desocupados, quienes son destiladores de quintaesencias, buscan lo  que es nuevo, extraño, original, extravagante, escandaloso. Yo mismo, desde el cubismo e incluso antes, he satisfecho a esos maestros y críticos con todas las rarezas cambiantes que se me venían a las mientes, y cuando menos me entendieron, más me admiraron. Divirtiéndome con todos esos juegos absurdos, con todos esos rompecabezas, jeroglíficos y arabescos, llegué a ser famoso rápidamente. Y la fama, para un pintor, quiere decir ventas, ganancias, fortuna, riquezas. Hoy, como sabéis, soy una celebridad. Me hecho rico. Pero cuando estoy a solas no tengo valor para considerarme un artista en el antiguo y verdadero sentido del término. Tiziano y Rembrandt fueron grandes pintores. Yo sólo soy un cómico que ha entendido su tiempo y ha estrujado a fondo la imbecilidad, la vanidad y la estupidez de sus contemporáneos. La mía es una confesión amarga y más dolorosa de lo que pudiese parecer, pero tiene el mérito de ser sincera”.

     ¿Algún comentario? Yo creo que sobran.

En la opinion de Sanchez Drago/dragolandia

Tarjeta roja

Tarjeta roja

Uno de los libros prohibidos por una de las organizaciones más poderosas del planeta: FIFA.

La investigación realizada por el autor inglés, Andrew Jennigs publicada en Tarjeta Roja es todo un logro de la literatura futbolera mundial.

Los temas abordados no son lecciones de buenos modales ni de juego limpio, sino todo lo contario.

Sobornos, manipulación de votos, escándalos de índole directiva y deportiva son puestas en evidencia.

El trabajo periodístico del autor es admirable en cuatro años de investigación.

¿Cómo se designan las sedes mundialistas? ¿Obtienen ingresos adicionales los directivos por venta de entradas y algunos otros conceptos? ¿Qué tipo de beneficios logra la organización con el poder que deslumbra a diversas naciones?

Estas y muchas interrogantes quedarán contestadas después de leer las 350 páginas del libro.

La corrupción en diferentes niveles de la organización se pone en manifiesto en esta interesante obra que descubre movimientos que parecían ocultos. Los beneficios económicos y políticos obtenidos en las negociaciones son vergonzosos.

Jennings, vetado por la FIFA, mantuvo conversaciones con diferentes personas para escribir este libro y dispone de cerca de cinco mil documentos de este máximo organismo del futbol mundial que avalan su teoría de corrupción.

80 millones

80 millones

Tras abrirnos paso a machetazos por el interior de una selva de palabras a la que no llegaba ni la luz del sol, nos ha parecido entender que la solución a la crisis pasa por hacer recuento de cuanto poseemos (nuestro salario, nuestro paro, nuestra jubilación, nuestro piso, nuestro coche, nuestra Seguridad Social, nuestros ahorros), para valorarlo a la baja. Como no es posible devaluar la moneda, será preciso devaluar todo lo demás, incluida la autoestima. Donde creíamos que teníamos cien, deberemos aceptar que tenemos setenta. Quienes medían 1,80, tendrán que conformarse con 1,50. Quienes comían en restaurantes de cuarenta lo harán hasta nueva orden en tascas de diez. Y así de forma sucesiva hasta regresar al tamaño anterior, del que quizá, como de nuestro pueblo, no deberíamos haber salido. Pero no todo disminuirá. Si usted debía mil más los intereses, continuará debiendo mil más los intereses (deuda a la que tendrá que añadir los intereses de los intereses). Parecería lógico que si su piso vale ahora un 20% menos que cuando lo compró, la hipoteca se redujera en un porcentaje similar. Pero no intente usted introducir la lógica donde impera la explotación.

No nos engañemos, pues. Debajo de todos esos discursos enmarañados sólo late una pregunta: ¿a quién empobrecer para recuperar nuestro tamaño verdadero? ¿A quién recortar las piernas, los salarios, las pensiones, las medicinas, la enseñanza? Se trata, como ven, y por muchas palabras que se coloquen sobre el asunto, de una decisión ideológica. En este país hay mucho, muchísimo dinero, ya que la acumulación de capital fue obscena durante los años de la burbuja. Pero está concentrado en unas pocas manos. Déjense de discursos y digan cuánto van a poner de su bolsillo, en este duro regreso a la realidad, esos señores que se jubilan con 80 millones de euros.

Juan Jose Millas/elpais.es