Y usted, ¿de que se rie?

Y usted, ¿de que se rie?
Brocha: ¡Que risa! todos lloraban

El humor, la capacidad de reír incluso de nuestra propia tragedia, son antídotos más que obvios que derrumban esa alienación insoportable a la que nos somete todo sistema opresivo. De allí que actualmente se realicen con tanto éxito “talleres de la risa” como una nueva forma terapéutica. Sin embargo, hay trampas que tiende el humor a aquellos incautos que se dejan arrastrar por su propia frivolidad o por pura soberbia. La ironía utilizada sistemáticamente como crueldad hacia los más débiles, deja de ser un recurso inteligente para transformarse en una muestra de solapada cobardía. Lo mismo sucede con aquellos que consiguen reír a fuerza de ocultar sus males o las problemáticas sociales y políticas. Su expresión de contento se parece a lo que algunos psicólogos llaman “la risa del ahorcado”. Ese gesto final que se apodera de los ajusticiados segundos antes de pasar a mejor vida, esa cínica mueca vacía.
El humor es el sexto sentido. Y, aunque se dispongan de todos los recursos propios de la ignorancia o la negación conformista, será imposible conseguirlo en su cálida y plena belleza. La carcajada surgirá allí donde menos se la espera, interrumpiendo discursos, falsedades, hipocrecías y amargas risotadas de hiena. Porque por más que se intente inyectarnos ese infame optimismo postmoderno, no todo estúpido es alegre, ni toda alegría estupidez…

titi.lacoctelera.net

Tlaloc

Parece que nadie penso incluir en alguna de las doce uvas del fin de año el deseo de que lloviera, pero no tanto, solo tantito. Nadie le rezo a Tlaloc, nadie le dedico ofrenda alguna, y claro, llega un momento en que los dioses se enojan, se les acaba la paciencia y, en este caso, nuestro dios de los aguaceros , de los rayos, y de todo genero de tempestades nos mando un escupitajo que inundo varias partes del centro de la republica. Hubo muertos, hay desaparecidos.

Tlaloc

Falta mucha prevision, mucha planeacion, no es una situacion atipica como dijo algun politiquillo de turno, los cerros se deslavan cuando llueve mucho, pero les dejan poner sus casas por modicas cuotas, no se construyen drenajes suficientes, la poblacion crece como los conejos y no hay infraestructura para cubrir las necesidades de tanta gente. Nadie hace nada que sea a largo plazo. Es mas facil que llueva al reves a que alguien haga algo.

Los antepasados aztecas  imaginaban al dios de la lluvia habitando en la cima de la montaña de Tláloc, localizada en el pueblo de Huejotizingo, en donde erigieron un templo con su nombre. En el templo había una efigie de Tláloc y cuatro tinajas de barro, llenas de agua de diferentes clases. Sólo una de estas era benéfica para la cosecha, porque de las otras tres, una la pudría, otra la helaba y la tercera la secaba.

Todo por una uva.

5 Motivos de orgullo 5

5 Motivos de orgullo 5

No deberíamos sentir orgullo de lo que no logramos, ni vergüenza de lo que no somos responsables. Es patriotera, hueca y engreída la campaña en torno a dos siglos de independencia resumidos en el “orgullo de ser mexicano”. Los mexicanos por nacimientos no elegimos nacer aquí. Hagamos recuento de motivos de orgullo:

1. Que la independencia se retrasó once años gracias al cura Miguel Hidalgo, quien logró horrorizar, cuando no matar, a convencidos de la independencia. Su levantamiento duró diez meses y el virreinato siguió tan campante.

La independencia se logró en 1821 cuando el recién desembarcado nuevo virrey, Juan O’Donojú, no tomó siquiera posesión porque aceptó en Córdoba la propuesta de los insurgentes, encabezados por Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide. El virrey entró a la Ciudad de México como parte del nuevo gobierno.

(Por cierto: no tenemos dibujo de época del cura Hidalgo. La imagen por todos conocida la mandó pintar Maximiliano, 55 años después, y puso a modelar a un cura austriaco, según me informa Jaime Sánchez Susarrey).

2. Que heredamos de España un territorio con más de cinco millones de kilómetros cuadrados y nos quedan poco menos de dos.

La frontera sur de México era Colombia (Panamá, entonces colombiano). A dos años de la independencia se nos separó toda Centroamérica por hartazgo de nuestro mal gobierno.

Doce años después, en 1836, Texas declaró su independencia por las mismas razones: falta de libertades religiosas, económicas y políticas, hacienda abusiva y esquilmadora con los inversionistas. El presidente Santa Anna quiso retener la provincia y sólo hizo una masacre de texanos en El Álamo, que todavía nos refriegan.

En 1847 perdimos desde California hasta Texas por una guerra (que no venta, como decimos para justificarnos) con EE.UU; pero no fue poca la ayuda de la guerra civil simultánea desatada por la Iglesia católica: los “niños bien”, llamados polkos por su afición al baile de moda, la polka, se rebelaron contra los impuestos de guerra a la Iglesia. Por suerte perdimos y nadie, en aquellos territorios, suspira por devolverlos al gobierno mexicano. Sólo imagine California gobernada desde el DF: San Francisco hace plop y se convierte en Cuautitlán. Eso ¿produce orgullo?

3. Si revisamos los últimos 200 años de progreso mundial, no hemos aportado gran cosa: ni los Derechos Humanos ni la Revolución Industrial ni la electricidad ni la física cuántica ni la astronomía ni la computadora ni la Internet, ni nada que hoy sea parte de la vida civilizada nació o tuvo su impulso en México.

4. Nuestros hermosos paisajes, playas y volcanes… no son mérito nuestro, allí estaban antes que nosotros y, por el contrario, hemos logrado su deterioro: la ciudad de México ya no tiene sus lagos ni ríos, es un riesgo nadar en la bahía de Acapulco. Tapamos con hoteles la vista de las playas en vez de hacer, como Brasil en Copacabana, un enorme malecón para todos, con los hoteles detrás y la vista a la bahía despejada.

5. Nuestras antiguas culturas… Ninguna contribuyó a la construcción de la ciencia, la tecnología y las libertades actuales.

Que los mayas fueron astrónomos. Falso: los mayas hicieron observaciones. No dieron el salto a la astronomía porque no pensaron jamás en explicar los movimientos celestes por leyes naturales. Y en todo caso, para nada los necesitaron Galileo, Kepler y Newton, los creadores de la astronomía que comenzaron por redescubrir el sistema heliocéntrico de Aristarco de Samos. Ni siquiera tuvieron noticia de ellos. Y aquellos mayas no eran mexicanos. Los mexicanos somos una combinación que no existía en el siglo X en que se colapsó la última etapa maya. Tres siglos antes de Cristo, en el preclásico maya, Eratóstenes estaba midiendo la circunferencia terrestre con dos instrumentos: la sombra de un palo y la fulgurante geometría de Euclides. No hay nada igual en la historia humana. Ya Aristóteles había creado física, biología, lógica, metafísica y filosofía sin dioses y con valores que aún perduran.

¿De qué, pues, estamos tan orgullosos?

Luis Gonzalez de Alba

Atrapado por las inundaciones

Atrapado por las inundaciones

Estoy hasta el gorro de vivir en un país que no funciona. Usted lo acaba de ver: inundaciones, apagones, balazos, derrumbes, embotellamientos, epidemias.

Y que no nos salgan con el viejo truco de que estamos viviendo circunstancias atípicas, porque para algo existe la planeación.

Si desde hace 10, 50, 90 o 200 años no llovía así, ése no es nuestro problema. Para eso tenemos autoridad, para eso nos ponemos en manos de un gobierno, para eso pagamos impuestos.

Y parte de ser autoridad, parte de ser gobierno y parte de embolsarse nuestros impuestos consiste en estar preparado para todo, desde el peor de los terremotos hasta la más intensa de las sequías.

¿Dónde estuvo la planeación de nuestras cabezas para enfrentar esta emergencia?

Yo escuché por la radio nacional en uno de los noticiarios más prestigiosos de todo México a un especialista en cuestiones climatológicas anunciar, desde hace varias semanas, que iba a llover como llovió.

Y si lo escuché yo, lo pudo haber escuchado el gobierno que, además, tiene monitores revisando todo lo que se dice en todos los medios de comunicación.

¿Por qué no se tomaron precauciones? ¿Por qué no se alertó a la población? ¡Por qué!

No sé usted, pero yo estoy harto de esto porque atípico o no atípico, todos los años, algún rincón de México se inunda y varios hasta varias veces.

No hay año en que no se inunde la carretera México-Puebla. No hay año en que no se desborden los ríos de aguas negras del Distrito Federal.

Ya, el colmo, no hay lluvia con la que no se inunden las arterias más importantes de la capital de este país, incluyendo su flamante aeropuerto.

¿Por qué nadie hace nada por arreglar eso? ¿Por qué los representantes del gobierno de un partido le avientan la bolita a los de los gobiernos de otros y viceversa en lugar de ponerse a trabajar?

Porque esto no es un fenómeno exclusivo del Distrito Federal. ¿Qué me dice de los estados? No es posible que la República Mexicana, entera, no esté preparada para nada.

Y esto es sólo en cuestión de inundaciones. ¿A usted no se le fue la luz en estos días? A mí sí y no fue la primera vez. En lo que va del año, he estado días enteros sin electricidad y lo más escandaloso es que nadie me puede explicar nada.

Uno llama al número de emergencias y, cuando le contestan, lo único que los operadores hacen es saludar y tomar el reporte.

Es imposible que digan por qué no hay electricidad, dónde estuvo el problema, cuántas horas van a tardar en repararlo o algo medianamente profesional.

Recibir electricidad se ha convertido en una suerte de milagro donde las familias rezan para que la luz no se les vaya como si se tratara de una fuerza divina y no de un servicio carísimo que todos pagamos cada dos meses.

Hablemos de agua. ¿Usted tiene agua las 24 horas del día? Oiga pues qué suerte tiene, porque eso ya no es lo “típico”.

Y a ver, ¿quién mueve un dedo para proveer de agua potable a la población? ¿Quién hace algo más que hablar y decir cosas tan payasas como que en Australia las casas están preparadas para almacenar el agua de las lluvias?

A mí qué me importa si en Sydney las casas son ecológicas o de cartón. A mí me importan las casas de aquí y discutir lo que sucede en otros países no me ayuda en nada a lavar mi baño.

No y ni nos metamos con las partes de seguridad o de vialidad, porque entonces sí lloramos. Nuestros diferentes niveles de gobierno siempre tienen un pretexto para justificar lo que estamos sufriendo, pero ninguna solución.

Es como si esperaran que todos no agarráramos a balazos o que nos fuéramos de México para empezar a componer las cosas. Esto ya es insoportable y no va a acabar bien.

Qué bueno que nuestros partidos políticos y que todos los involucrados en gobernar este país estén preocupados por aliarse, por pelearse, por retener el poder o por obtenerlo.

Qué sensacional que luchen por hacer grandes reformas en lo político y en lo económico, pero como que ya va siendo hora de que se bajen de su nube y recuerden que lo que verdaderamente importa está acá abajo.

De nada nos sirve una alianza entre partidos si nos inundamos cada vez que llueve. De nada nos sirve una reforma si no tenemos agua ni luz.

De nada nos sirve un monumento al bicentenario si ni siquiera podemos llegar a tiempo a trabajar. ¿O usted qué opina?.

Alvaro Cueva/mileniodiario

Dinero y poder….¿por amor al arte?

Dinero y poder....¿por amor al arte?

Un ‘giacometti’ hizo saltar la banca el miércoles en Londres. Una puja de 74,3 millones convirtió ‘L’homme qui marche I’ en la obra por la que más se ha pagado en una subasta. ¿Es una suma razonable? ¿Hay techo para la cotización del arte?

¿Cómo entender que por una escultura de Giacometti, todo lo emblemática y significativa que se quiera, se hayan pagado 104,3 millones de dólares? ¿Cómo considerar razonable desembolsar esa suma por una indefinible obra de arte?

La pieza cambia de manos como en un pecado de especulación Se han revalorizado los artistas muertos, estables y, encima, santificados.

Ni vale el entendimiento racional ni el cálculo mercantil en estos casos. Porque igualmente irracional que 100 millones de dólares habría sido pagar la mitad o, incluso una tercera, una décima o una centésima parte. Si la columna no llega al techo, ¿qué importará su longitud? O, a la inversa, si la obra de arte viene a ser, por definición, “inestimable” e inútil, ¿qué patrón de valor puede atribuirle objetivamente un precio?

Sólo una puja mágica o sagrada decidirá lo que se entregue efectivamente por lo que no tiene valor real. O de otro modo: su valor efectivo se computará, sólo realmente, por el dinero efectivo. O más aún: la efectividad del valor se realizará únicamente en el efecto verdad del valor, en la confirmación del precio logrado y efectivo.

L’homme qui marche I era propiedad de un banco alemán, el Dresdner Bank y, desde el pasado miércoles, pertenece tras su subasta en la Sotheby’s de Londres a un ser desconocido. ¿Otro banco? ¿Un jeque árabe? ¿Un capo ruso? ¿Un narcotraficante mexicano? Cualquiera de los amos posibles no habrá actuado, como se infiere del formidable desembolso, por amor al arte. Con esta certeza, impura, puede deducirse casi todo lo demás.

La pieza pasa de mano en mano como de un pecado de especulación a otro. Si el Dresdner Bank, necesitado de dinero inminente, lo ha puesto en el mercado ahora, y no antes, debe de ser, primero, porque en Alemania se vislumbran signos económicos de recuperación y, segundo, porque, tras los fiascos de las compraventas burbuja en la década anterior y en base a pintores jóvenes, muy vivos y mercachifles, se ha revalorizado la creación de los artistas muertos, completamente estables y, encima, santificados.

En todo valor del arte actual se cruzan, por lo general, dos vectores que, remedando la oferta y la demanda usual, a través de la marca, determinan el valor de una pieza singular, a través de su aura. Un vector se forma mediante la complicidad del crítico, el galerista, el director del museo y el comisario de la estratégica exposición. Grandes museos cobran comisiones por programar la antología de un artista pero, a la vez, de ese provecho pueden ser partícipes la acción del crítico afamado, el prestigioso comisario de la muestra antológica y el apoyo de la galería acreditada por su vanguardismo.

Este vector esencialmente pagano y compuesto de mixturas no siempre huele bien. Pero un segundo vector, sin embargo, desprende un olor de santidad irresistible. Se trata del aroma que, desde la apología desinteresada de los expertos, convierte la pieza en materia sacrosanta y a su posesor en un ser superior de nuestro tiempo.

Si la obra de Picasso, Matisse o Giacometti alcanza un valor asombroso en la subasta pública, esa misma cotización actúa como una potencia de gran capacidad simbólica. En consecuencia, de la misma manera que en las leyendas del Santo Grial aquél que lo conquiste se sentirá bendito, quien se adueñe de esa concreta obra de arte podrá proclamarse afortunado.

Agraciado por una envidiable fortuna en un triple sentido. Uno: la pieza es única, luego posee la condición para proclamar a su amo El Elegido. Dos: la pieza conlleva una larga y firme relevancia histórica, luego le confiere un plus de posible perennidad biográfica. Tres: la pieza ha sido codiciada por los más poderosos o grandes de los que mortales que pujaron en el templo de Sotheby’s, luego su posesión comporta la excelencia y la victoria sobre el máximo poder especulador mundial.

El Poder y no el Arte es, en suma, el eje central de la liza. Pero también la liza y no la compra en sí confiere la más apreciada recompensa -siempre incalculable- a cambio del precio, siempre finito que se desembolsa por la pieza. ¿Qué pieza?

La pregunta carece de pertinencia. La pertenencia es toda la contestación.

Vicente Verdu/elpais.es

Como una flor bajo la lluvia

Como una flor bajo la lluvia

Me corté la uña del dedo

del medio

de la mano derecha

bien corta

y empecé a sobarle el coño

mientras ella estaba sentada en la cama

poniéndose crema en los brazos

la cara

y los pechos

después de bañarse.

entonces encendió un cigarrillo:

«tú sigue»,

y fumé y continuó poniéndose crema.

yo continué sobándole el coño.

«¿quieres una manzana?», le pregunté.

«bueno», dijo, «¿tú vas a comer una?»

pero fue a ella a quien comí…

empezó a girar

después se puso de lado,

se estaba humedeciendo y abriendo

como una flor bajo la lluvia.

después se puso boca abajo

y su hermosísimo culo

se alzó ante mí

y metí la mano por debajo

hasta el coño otra vez.

estiró un brazo y me cogió

la polla, giró y se volvió,

me monté encima

hundía la cara en la mata

de pelo rojo

derramada alrededor de su cabeza

y mi polla tiesa entró

en el milagro.

más tarde bromeamos sobre la crema

y el cigarrillo y la manzana.

después salí a la calle y compré pollo

y gambas y patatas fritas y bollitos

y puré y salsa y

ensalada de col, y comimos, ella me dijo

lo bien que lo había pasado y yo le dije

lo bien que lo había pasado y nos comimos

el pollo y las gambas y las

patatas fritas y los bollitos y el

puré y la salsa y

hasta la ensalada de col.

Charles Bukowski

Muñeco de carnaval

Muñeco de carnaval

Con crótalos y sin ligas, las gaditanas, bayaderas o flamencas hicieron caer sin puntilla desde Ovidio a Lord Byron. En Cádiz hay que mamar, dijo Jesús Quintero en el pregón, y toda la Atlántida repitió la jaculatoria. La capital de Occidente, donde todos están zumbados, se prepara para el carnaval. Fernando Quiñones salió a hablar disfrazado de senador romano, unos dicen que con una corona de boquerones vivos y otros que con una corona de mojarras. El Beni se compró cuatro trajes y se pasó tanto con el colirio y la farlopa que se olvidó la letra del pregón.

Se cuenta que Byron llegó a caballo desde Sevilla y se puso ciego de serry en una parada en Jerez y así siguió durante su estancia. A Trotski lo deportaron a Cádiz y se quedó fascinado con esa «pequeña ciudad encantadora», un año antes de los 10 días que estremecieron al mundo. La policía alternó con él y decía a la gente: «No se trata de un carterista sino de un caballero aunque con ideas un tanto extrañas»; le protegieron hasta el punto de que cuando un vendedor le pidió dos reales por una docena de camarones, lo guardaron.

Este carnaval es un vía crucis. El pregonero tiene nombre de tomo, se llama José Luis García Cossío, guionista de Los Morancos aunque el guión se ha escrito solo: otra vez la chirigota de España malherida y de carnaval vestida. En el Teatro Falla se escenifica la insolvencia y el riesgo del país con cuartetas dirigidas a Zapatero. Dicen algunas coplas que les gustaría ver al presidente parado «con siete niños, con 400 euros, si pagas la luz, la casa y también el internet».

En otros tiempos se seguía la costumbre de quemar a un monigote de paja después de haberlo mostrado en la horca y tras pasearlo en carro entre un bullicioso cortejo sometido a la burla sacrílega. Ese muñeco de paja es Zapatero, escarnecido como un Pierrot de trapo. Le ha tocado ser el bufo final, heredero directo del soldado romano que en las saturnales era elegido rey para al trigésimo día ser obligado a suicidarse ante el altar de dios. Los de ETA, además, preparaban la traca final. Según declara Rubalcaba, se ha encontrado un mapa de San Fernando en el piso de bombas que tenían en Portugal.

Ya han hablado, no el chivo sino el macho cabrío, el diablo, culpable de todo. Por unos días los tuertos tendrán dos ojos y la España chirigotera, con mariscos alquilados como dicen los gitanos, ha encontrado el origen de toda la ruina. Las comparsas, piñatas, pitos de caña, bandurrias de la España vengativa, contra Zapatero.

Muñeco de carnaval

Suenan las carcajadas del mar en la ciudad donde la tercera parte de los pichas son paratas.

Raul del Pozo/elmundo.es