Pobre Transicion

Pobre Transicion
Juan Genoves

ME JODE que aún se estén dando gracias por el milagro de la Transición. No lo hubo. Se hizo llena de miedo. Yo escribí cada semana su cobardía -por todos lados- en Sábado Gráfico. No me extraña que me procesaran de continuo. La gente fue convencida de que el Sagrado Corazón y Santiago Carrillo se habían perdonado las ofensas. Y se ha tardado en ver que no fue así, y que la gente aquella no estaba preparada ni tenía por qué. ¿Qué se hizo con los exiliados? Dejarlos en la sombra: se rompió el cordón umbilical de sus obras y de sus nombres y de sus ideas. En las elecciones del 78 el PC se redujo al 9% de votos. Qué duro. ¿Y por qué no se hizo lo que ahora se critica que hace Garzón? No dudo que él sea muy divo; con toda la razón: los crímenes de lesa humanidad no prescriben, la Historia no se somete a caducidades y las familias quieren a sus muertos: hasta la Iglesia que cree en la vida eterna. Se llegó a transacciones miserables porque nadie estaba donde tenía que estar. El que quiera enterarse, con perdón, que lea mi Texto y pretexto íntegro, editado por Mapfre. La dichosa Transición me costó sangre.

Huele a quemado

Huele a quemado

La política ya no es un título de honra, ensucia, mancha las manos. Los sondeos detectan una calle cabreada, la clase gobernante como tercer problema y un aumento vertiginoso de lo que llaman desafección a la política, es decir inquina, antipatía, falta de afecto. Los sentimientos fatalistas, se aceleran en esta política del turrón, de veguerías y chanchullos, una política protocolaria hueca que unta a los filibusteros y compra minorías.

Por ahora los linchamientos son sólo virtuales, pulgas del infierno, pero empiezan a insultar a los políticos cuando cruzan por las calle, porque no se puede llegar en coche a la carrera de San Jerónimo. Cuentan los diputados que les llaman vagos y mangantes, se han dado casos de bamboleo de Audis, y de bandeo a sus señorías. Los políticos viven momentos peligrosos, vísperas de tiempos más peligrosos, porque en época de crisis siempre hay conatos de neofascismo y la política se entiende como estigma, sambenito o mala fama.

Los debates del Parlamento se calientan hasta el punto de que sale humo de la mesa del presidente del Congreso. Ellos lo achacan a la fuente del ordenador. Puede que sea así, o tal vez se deba a la energía termodinámica que segregan los apasionados debates del Hemiciclo. Yo temo que se repita aquella escena que relató el filósofo danés y que consistía en que un circo empezó a oler a chamusquina y el empresario ordenó al payaso que avisara al público; los espectadores creyeron que era una broma y empezaron a carcajearse, mientras las llamas avanzaron por la carpa espantando a los leones.

Cómo estará el patio del Congreso que el Rey y el cardenal, que suelen ser los primeros en presentir los apedreamientos, tienen miedo a que los tomates les manchen la púrpura, la escarlata o el armiño y se dedican a hablar de inquietud y de incertidumbre. Los signos semióticos, las criaturas abstractas, anomalías arcaizantes, están más al loro que sus señorías; como George Rigaud, salen de los palacios el día de los enamorados.

En estos días se vuelve a recordar la España de la Restauración y el papel del Rey en aquel turnismo de truhanes y mohatreros, vocablos que vienen de la literatura de la mangancia, y que llevan una h escondida como si fuera una cartera. Mohatrero era aquel pájaro que se dedicaba a hacer compras y ventas fingidas, como aquí ha ocurrido en los pasados años del cemento. Vuelve en cierto modo aquel panorama de espectros, pero como nos cae bien el Rey, le aconsejamos que no se meta en el fregado, porque ya pasaron las vicalvaradas y las noches de tricornios. Majestad, váyase de caza.

Insisto, al que asoma la cabeza le vuelan el sombrero o la corona.

Raul del Pozo/elmundo.es

Ciencia es un concepto nuevo

Ciencia es un concepto nuevo

Hasta Newton, científicos y filósofos no se distinguieron muy bien. Aristóteles hizo ontología, epistemología, lógica y también biología y física. La obra cumbre de Newton, los Principia Mathematica se refieren a “principios matemáticos de la filosofía natural”.

En sentido lato, la ciencia es el empeño humano de comprender la naturaleza por la naturaleza misma, esto es sin echar mano de dioses, espíritus ni explicación alguna que no pertenezca a la naturaleza. El intento comenzó en Jonia en el siglo VI a.C. y terminó, en su primera etapa, hacia el siglo V d.C. con la acusación de paganismo lanzada por los obispos cristianos contra todo lo que fuera el saber y el arte: cosas del diablo.

Cayó el telón mil años. Hasta que, en la Italia del siglo XV, comenzó el redescubrimiento de los escritos clásicos. A eso llamamos Renacimiento. Con el arte clásico, se recuperó la ciencia. Las bases fueron puestas por Roger Bacon, Galileo le dio el lenguaje de las matemáticas y la Reforma encabezada por Lutero abrió mayor, no completa, libertad a los “filósofos naturales”.

La ciencia es una invención de Occidente, como los Derechos Humanos, la libertad individual o la democracia. Su mayor grandeza es su continua revisión. Ptolomeo hizo ciencia, errónea, pero ciencia, cuando explicó los movimientos planetarios por lo que llamó ciclos y epiciclos: unas cósmicas esferas de cristal que daban vueltas. La primera explicación materialista en la historia humana conocida, y sólo conocemos la escrita, la dio Demócrito: el universo consta de átomos y de vacío. No hay más: ni dioses ni espíritus. Átomos y vacío generan leyes y fuerzas que nos dan el espectáculo del cosmos.

Para que haya ciencia debe haber —necesario pero no suficiente— escritura fonética, alfabeto, símbolos por sonido o sílaba. No hay otra manera de transmitir el conocimiento sin el efecto bien conocido por los psicólogos sociales de “teléfono descompuesto”: una frase dicha por una persona y transmitida a otras veinte llega absolutamente distorsionada. Y más difícil: diga con dibujitos en una estela o muro: “La energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado”. Ah…

A principios del siglo XX, la antropología entró en una crisis, un laberinto sin salida, llamado “relativismo cultural”. Muy en resumen nos dice que toda cultura es tan buena como otra y en todas hubo ciencia. De ahí se colige que tanto arte hay en una kimono de seda bordado con hilos de plata, como en una falda hawaiana de hojas; el Taj Mahal es tan bello como una choza de palma de una tribu en Samoa; y la medicina de los brujos de Buru no ocasiona los daños de los grandes hospitales que, como todos sabemos, sólo sirven para diseminar enfermedades.

Bien, esto, que es absolutamente idiota, se lo creen los relativistas culturales. Tienen un profeta llamado Paul Feyerabend, por cierto más serio que ellos, del que se puede decir, parodiando a Churchill, que pocas veces un solo individuo ha hecho tanto daño a tantos cerebros en apariencia normales.

Dice en Against Method (1975): “La ciencia está mucho más cercana al mito de lo que una filosofía científica está preparada a admitir. Es (la ciencia) una de las muchas formas de pensamiento que han sido desarrolladas por el hombre, y no necesariamente la mejor”. Perdón a los que me acusan de traducir. Va en inglés: Science is much closer to myth than a scientific philosophy is prepared to admit…

Cualquier cardenal de la Iglesia católica aplaudiría a rabiar porque, como ellos bien saben, no hay mejor método que la Revelación. Para sanar de Feyerabend abra Skeptical Inquirer: www.csicop.org/si/show/end_of_science

Según este filósofo, la ciencia es una religión, puesto que descansa en dogmas que no pueden justificarse racionalmente… ¿Ya es suficiente? Si algo no tiene dogmas es la ciencia: la gravitación según Newton era una fuerza, según Einstein es una curvatura del espacio, y la teoría de las cuerdas tiene propuestas más extrañas: la ciencia está siempre en revisión.

Le respondió así el premio Nobel de física Sheldon Glashow: “Creemos que el mundo es conocible, que hay reglas simples que gobiernan la conducta de la materia y la evolución del universo… y que cualquier extra-terrestre con inteligencia, en donde sea que esté, desarrollaría los mismos sistemas lógicos como los que tenemos para explicar la estructura de los protones y la naturaleza de las supernovas”.

Hay una duda que a muchos nos atrae: ¿Y si fuéramos respecto del universo como nuestro inteligente perro respecto de una grabación digital de las Variaciones Goldberg de Bach interpretadas por Gould? Pero eso no haría a la ciencia tan relativa como las religiones: a cada quien la suya. Sólo pondría un límite por siempre oculto. Un magnífico panorama de este debate lo da El fin de la ciencia, John Horgan, Paidós. Lectura inicial para poder seguir hablando.

Mi página web: www.luisgonzalezdealba.com

Amor, etcetera

Amor, etcetera

El escritor inglés Julian Barnes afirma en una trama de amores contrariados que el mundo se divide en dos categorías: quienes creen que la función, el acompañamiento y la melodía principal de la vida es el amor y que todo lo demás es un largo etcétera, y aquellos numerosos desdichados que creen fundamentalmente en el etcétera, esas personas para quienes el amor es una pasajera agitación de juventud.

Todo el mundo se pregunta un día, o una noche, a cuál de estos dos grupos pertenece. Sé de gente que se ha pasado la vida buscando su lugar en esa subasta de corazones. Alguna vez escribí que el amor es como un servicio militar donde siempre hay un sargento que nos hace la vida imposible. El sargento es el amor. Soldado Pérez: cien lagartijas por haragán y desinteresado. Soldado Pérez: revuélquese en el fango y finja que está en el campo de batalla. Soldado Pérez: de inmediato un baño con agua helada para desvanecer esos malos pensamientos. En fin, soldado Pérez, es usted un alfeñique emocional, un mentiroso gigante, un ser despreciable cuyos  complejos hacen orgías en la oscuridad del Ello.

En otro pasaje, Barnes agrega: creo que el amor ha alcanzado una cotización artificialmente alta. Un día de estos el amor sufrirá una fuerte caída. Estoy de acuerdo con Barnes al cien por ciento y entre más rápido ocurra, mejor. Las cosas que se ven en el mundo a causa del amor son bochornosas. Del amor o sus derivados: celos, sexo desaforado, posesión patológica, egolatría infundada, sentimientos de inferioridad indomables y todos los rayos y centellas del ridículo. Esto me ha recordado a unos vecinos que se amaban como locos. Hicieron un  nido de amor en el departamento del cuarto piso de un edificio art dèco. Cada dos o tres meses, él se subía al barandal del balcón y amenazaba con saltar al vacío. El hombre decía cosas incomprensibles y parecía desesperado de verdad. Minutos después la calle se iluminaba con las luces de las torretas de las patrullas. Al final lo persuadían de que no hiciera una locura y se bajaba del barandal con la cola entre las patas. Con el tiempo, para mí ese vecino perdió toda credibilidad.

Salvo esos episodios, ellos parecían felices, dos amantes que se consumían en las llamas del amor y no parecían dispuestos a controlar el fuego. El hecho desató más de una vez polémicas incandescentes en casa. Mi postura se podía resumir en unas cuantas palabras:

–Este mozalbete de las emociones es un energúmeno del amor, un hombre indigesto con la papilla de la pasión. Lo que se llama un chantajista.

La réplica femenina, un dardo envenenado:

–Cuando hay pasión se hacen ésas y otras cosas.

No soy un joven como para morder ese anzuelo:

–Si hay que suicidarse para demostrar amor intenso, no cuenten conmigo.

Aquel vecino me recordó que Samuel Beckett también desconfiaba de los bonos altamente artificiales del amor, por eso escribió: there’s not love, only fucking. A favor de esta máxima habla la primera, la más antigua epopeya literaria.  Gilgamesh, rey de Uruk, le envío una prostituta a un joven guerrero salvaje, Enkidú, para debilitar sus poderes. Derrotado por la lujuria, Enkidú se entregó al placer. Bajo una tienda de piel de cordero, Shamhat, la hieródula, le enseñó al guerrero las artes del amor: “Shamhat dejó caer su velo,/ le mostró su sexo./ Él gozó su posesión. Ella no temió,/ gozó  su virilidad. Ella se desvistió./ Él se echó sobre ella./ Ella ejerció con el salvaje su oficio de hembra. / Él se prodigó en caricias./ Le hizo el amor./ Seis días y siete noches, excitado, Enkidú, se derramó en Shamhat/ hasta que se hubo saciado de gozarla”.

Cuando Enkidú volvió a la caza de la gacela, las piernas le fallaban. Dos sueños le revelaron a Enkidú que Gilgamesh no sería su rival sino su amigo. Así, en los días ancestrales de 2750 años antes de Cristo, en el corazón de la civilización sumeria, nacieron el burdel, la amistad y la literatura. Tengo la impresión de que las cosas no han cambiado demasiado.

Rafael Perez Gay

Lamento

Lamento

Cuando Miguel de la Madrid tomó posesión como presidente en los años 80, dijo que el país se nos deshacía entre las manos. Hoy esto parece cierto otra vez. Todo conspira contra México y los mexicanos.

Parten el alma las imágenes de colonias enteras inundadas, el olor de las aguas negras brinca desde la pantalla de la televisión y penetra en nuestras narices; parte el alma la tristeza e impotencia en las caras de las personas, que con el agua hasta la cintura hacen lo que pueden por salvar algunas pertenencias; parten el alma los albergues abarrotados, los damnificados comiendo lo que sea, durmiendo como sea; parte el alma ver anegada una de las carreteras más importantes del país, columna vertebral de una economía de por sí herida de muerte, los vehículos ahogados o flotando, una semana y ni para cuándo bajen las aguas. Parten el alma las escuelas llenas de lodo, el miedo de los niños que no quieren volver a ellas.

Si voltea uno la cabeza para otro lado, son los vientos que arrancan árboles, los arrastran y lanzan contra lo que sea, son los derrumbes de cerros, es la destrucción de caseríos. Parte el alma ver a los habitantes de Angangueo cuyo pueblo ha quedado tan inservible que lo tienen de plano que cambiar de lugar antes de reconstruirlo, a los de las montañas de Guerrero sin luz y totalmente incomunicados.

Y si entonces se voltea mejor para el lado opuesto, son los muertos, los asesinados en una fiesta, en un restorán, en una calle, bajo un puente. O los niños calcinados en una guardería.

¿A qué hora nos convertimos en esto? ¿A qué hora?

Parten el alma los ciudadanos furiosos gritándole al Presidente, al gobernador y a los funcionarios. Parte el alma la madre que le escupe su dolor a la cara a los políticos. Parten el alma los que sueltan su letanía de peticiones: nos falta esto, nos falta lo otro. Todos ellos esperan una respuesta y no se las van a dar.

Porque no se las pueden dar aunque estén allí sentaditos escuchando y prometiendo y también conmoviéndose. Imposible no.

Y es que no se puede reparar en un día años de errores. Porque todas esas tragedias son resultado de un viejísimo sistema corrupto, negligente, desinteresado, impune, mentiroso.

El sistema que permite a los que nos gobiernan dejar correr a cielo abierto un canal de aguas negras con todo y que ya una vez se desbordó, el que se hace de la vista gorda cuando se levantan casas a la orilla de lugares tan peligrosos como los ríos y las laderas de los cerros y las barrancas. El que deja estar escuelas y guarderías junto a gasolineras. El que permite que se sigan vendiendo artefactos explosivos, metiendo armas por las fronteras, traficando con seres humanos, torturando animales, devastando bosques y llenando de basura cada rincón del territorio. El que no se atreve a enfrentar a las transnacionales y no puede ni parece que vaya a poder contra el narco y con la delincuencia, ni con la organizada ni con la espontánea.

Porque además, por si lo anterior no bastara, no hay recursos que alcancen. ¿Cuántos soldados, policías, médicos, enfermeras, maestros y ciudadanos voluntarios se requieren para atender las tareas urgentes? ¿De dónde van a salir para ocuparse de Juárez y Chalco y Michoacán y Guerrero y la carretera a Puebla al mismo tiempo? ¿De dónde va a salir el mucho dinero que cuesta esto? Y lo más importante: ¿de dónde va a salir el liderazgo para dirigir, organizar y resolver? Y después, pasada la emergencia, enterrados los muertos, lavado el lodo ¿cómo se van a evitar más tragedias?

El país está deshaciéndose entre las manos. Lo sabe el presidente municipal de Juárez que por eso se fue a vivir a El Paso. Lo sabemos los que nos atrincheramos en nuestros hogares y nos mandamos correos electrónicos de lo que hay que hacer o no hacer para evitar ser asaltados o secuestrados. Lo saben los que juran que la violencia no es tanta como parece. Lo saben los que nos gobiernan y nos piden hablar bien de México. Y mientras, los ciudadanos nos preguntamos con Carlos Monsiváis: “¿Pero qué es México? ¿Una catástrofe a corto, mediano y largo plazo?”.

Sara sefchovich

A solas con todo el mundo

A solas con todo el mundo

La carne cubre el hueso
y dentro le ponen
un cerebro y
a veces un alma
y las mujeres arrojan
jarrones contra las paredes
y los hombres beben demasiado
y nadie encuentra al otro
pero siguen
buscando
de cama
en cama,
la carne cubre
el hueso y la
carne busca algo más carne.

no hay ninguna posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.

nadie encuentra jamás al otro.

los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
las tumbas se llenan

nada más
se llena.

Los limites del amor

Los limites del amor

Aún cuando podamos tener las mejores intenciones al iniciar una relación sentimental, todos bajo ciertas circunstancias, podemos ser vulnerables a una aventura. Estar consciente de las condiciones que pueden desencadenar una aventura amorosa debe ser una prioridad para cualquier pareja. La semilla de la infidelidad crece lentamente y los miembros de la pareja no se dan cuenta de lo que pasa hasta que están en crisis. Existen cinco causas frecuentes por las que una pareja puede optar por tener una aventura.

Primera: No entender las etapas por las que atraviesa una relación. Se dice: “Siento como si todo hubiera cambiado. ¿Donde está la persona de la cual me enamoré?”

Una relación atraviesa por muchos cambios, algunos de ellos dolorosos. Las relaciones empiezan con un periodo de “luna de miel”, donde la pasión y una intensa conexión emocional es la norma. Pero después, la relación entra en una etapa donde la convivencia diaria puede producir conflictos. Es aquí donde parece que el “alma gemela” repentinamente desaparece y surge la confusión.

En este punto de desilusión somos vulnerables de tener una aventura, especialmente si se malinterpretan estos cambios inevitables en la relación y se piensa que se está con la persona equivocada, por lo cual no hay que confundir una transición normal —aunque dolorosa— con un motivo para dejar a la pareja.

Segunda: el adiós a la pasión. Se representa por frases como: “Simple y sencillamente no tenemos tiempo para el sexo. Al final del día ambos estamos exhaustos, pues trabajamos diez horas”.

La pasión puede variar a través de la vida de la relación. Las relaciones inician sobresexualizadas. Con los años, la cotidianidad remplaza el fuego que alguna vez existió. Si los aspectos físicos y sensuales de la relación son ignorados por un largo periodo, la relación sufrirá.

Muchas parejas erróneamente asumen que la pasión debe ser natural y terminan dejando de intentar. La resignación a una relación de pareja sin sexo es un error, que puede conducir a pensar que el único camino de regreso a la pasión está fuera de la relación.

Tercera: ignorar temas importantes. Se identifica cuando se dice: “Siempre que trato de hablar con mi pareja, dice: Todo está bien, no hay nada de qué preocuparse. Pero nada está bien, difícilmente hablamos. Estoy cansada de su rechazo”.

Muchas parejas asumen que su relación simplemente se cuidará a sí misma, que el amor los mantendrá unidos. Esto simplemente no sucede. Por su puesto, el amor es importante, pero sólo es una pequeña pieza de una relación saludable. Cuando se ignoran los problemas, éstos se multiplican. No tomar en cuenta asuntos importantes para ambas partes erosiona la intimidad y causa sentimientos de soledad.

Es dolorosamente irónico sentirse solo en una relación, que supuestamente debe darnos una profunda sensación de conexión con la persona que amamos. Ignorar las necesidades de cada uno de los miembros de la pareja tiene un efecto acumulativo del cual surgen sentimientos de desesperanza, negligencia y resentimientos, que lentamente abren un abismo que nos conduce a la infidelidad.

Cuarta: los modelos negativos. “Mi pareja dice que la trato de la forma como mi padre trata a mi madre”.

Para bien o para mal, todos aprendemos cómo mantener una relación, al observar las relaciones que nos rodean, principalmente durante la infancia. Por ello, debemos estar conscientes de los patrones poco saludables que aprendimos, entre ellos la infidelidad.

Quinta: el fenómeno de la “amistad”. Una aventura física frecuentemente empieza de una aventura emocional. Cuando se prefiere satisfacer las necesidades emocionales con un amigo(a) en lugar de la pareja se puede estar en una zona de peligro. Hay varios motivos: El amigo(a) da la atención que no recibe de la pareja; apoya y valida la forma en que lo hacía tu pareja, lo cual provoca un estímulo de atracción física hacia el amigo o la amiga.

No hay que sentir pánico si alguna de estas situaciones describe tu relación de pareja, pero sí es importante tomarlas como señales. Estar consciente de estas condiciones y discutirlas con la pareja pueden evitar la infidelidad y sembrar semillas de compromiso y lealtad. También es importante conocer el estilo de temperamento personal y de la pareja para saber cuáles son las prioridades, los asuntos nunca mencionados, las necesidades no cubiertas. Conocer el tipo de temperamento, da pistas sobre las situaciones que los pueden hacer vulnerables a una aventura y abrir canales de comunicación que fortalezcan la relación de acuerdo con las prioridades para cada uno.

Victor Iñigo/eluniversal.com