¿Por qué el éxito de Paulette?

¿Por qué el éxito de Paulette?

En el vórtice de uno de los momentos más graves de violencia del más grave periodo de violencia de la historia reciente de México, la muerte de una niña de cuatro años excita, irrita y abre debates como hace mucho no se veía. En las dos últimas semanas, no hay nada en ratings, registro de lectores, consultas en la red y las redes sociales que se compare con la historia de Paulette. ¿A qué se debe este éxito de taquilla?

Carlos Marín da una clave. Dice que es la reivindicación de la nota roja. Y, sí, por lo visto, y en medio de tanto horror, de 18 mil narcoejecuciones, los mexicanos tenían ganas de estremecerse con una buena historia. Como la de Paulette: compleja, riquísima en dramatismo, excelente en personajes (sobresale la madre de la niña), plagada de exageraciones y también de errores de la policía (caracterizada por un investigador tipo nerd-siglo XXI, como es el procurador mexiquense Alberto Bazbaz), y que deja abiertas todas las puertas a la intriga y la imaginación.

Tendremos tiempo para revisar con distancia el fenómeno. Por lo pronto, me quedo con una sensación de extrañeza. De paradoja. El asesinato, muerte accidental o lo que sea de Paulette nos sacó de golpe de nuestra rutina de sangre. Al televidente, radioescucha, lector o asiduo de las redes sociales no parece conmoverle ya la ejecución de jóvenes en Ciudad Juárez, tres decapitados por ahí, ni siquiera la muerte de los estudiantes del Tec de Monterrey. Ese es el paisaje cotidiano. La niña de cuatro años, en cambio, es lo extraordinario.

Extrañeza porque entre los miles de cadáveres hay espacio todavía para ese dolor del bueno que suele traer consigo la nota roja bien producida.

Ciro  Gomez Leyva/mileniodiario

Carne deshebrada de res en crock-pot

Carne deshebrada de res en crock-pot

Esta carne se puede dejar cociendo toda la noche en la crock-pot (olla eléctrica) y al día siguientes sólo se guisa y listo. Es excelente servirla fría como botana con totopos o tostadas, o caliente como plato fuerte acompañada de arroz y guarnición de verduras.

PARA 4 PORCIONES

300 gr. de carne para deshebrar (pescuezo)

Hoja de plátano

¼ de cebolla

1 diente de ajo

1 hoja de laurel

1 Jitomate molido

Aceite de oliva

½ cebolla en rodajas

1 pizca de comino

Sal, al gusto

PREPARACIÓN 20 MINUTOS

Envolver en la hoja de plátano la carne de res para deshebrar (de preferencia pescuezo) junto con el diente de ajo, el cuarto de cebolla y la hoja de laurel. Agregar un poco de sal. Colocar el envoltorio dentro de la olla eléctrica. Se cuece a fuego lento durante 8 horas (se puede poner a cocer la noche anterior). Freír en una sartén las rodajas de cebolla en aceite de oliva hasta que se tornen transparentes. Incorporar el jitomate previamente molido en la licuadora con un poco de agua. Agregar una pizca de comino y sal para darle sabor. Desmenuzar la carne previamente cocida y agregarla a la salsa de jitomate una vez que ésta esté cocida. Dejar en la lumbre durante 10 minutos. La carne deshebrada se puede servir en taquitos, en sopes o en gorditas. Acompañar con salsa picante. También se puede servir como plato fuerte y como guarnición de arroz, frijoles y ensalada.

Las experiencias cercanas a la muerte: Un truco del organismo

Las experiencias cercanas a la muerte: Un truco del organismo
Las famosas experiencias cercanas a la muerte, como la visión de destellos de luz, profundos sentimientos de paz y encuentros con seres divinos o ángeles cuando se está al borde del abismo, pueden simplemente ser un truco del organismo. Según una investigación, entre el 11% y el 23% de los supervivientes de un ataque al corazón han experimentado sensaciones semejantes. Algunos están seguros de haber visto la puerta al otro mundo, un hecho que hasta ahora muchos relacionaban con creencias religiosas, pero un nuevo estudio sugiere que esas sensaciones no son más que «alucionaciones» producidas por un elevado nivel de dióxido de carbono (CO2) en la sangre.
La causa de las experiencias cercanas a la muerte provocan un acalorado debate. Para algunos, no se trata más que de un mecanismo físico o psicológico para aliviar el dolor, mientras que otros ven una fuerza trascendental. Para resolver esta incógnita, investigadores de la Universidad de Maribor en Eslovenia han estudiado 52 casos de ataques al corazón en tres grandes hospitales. Los pacientes tenían de media 53 años y la mayoría eran varones.
Miedo a la muerteOnce pacientes aseguraron haber tenido una de esas experiencias divinas, pero los científicos no encontraron un vínculo común entre la edad, el sexo, el nivel de educación, las creencias religiosas, el miedo a la muerte, el tiempo de recuperación o los medicamentos que les fueron administrados para «resucitarlos». Sin embargo, sí hallaron una relación: unos altos niveles de CO2 en la sangre y, en menor grado, de potasio.
Los autores del estudio señalan que se necesitan más trabajos con una muestra más amplia de pacientes para confirmar los hallazgos. Tener una experiencia similar puede ser una experiencia que cambie la vida del afectado, por lo que comprender sus causas puede ser importante para los supervivientes de ataques al corazón u otras graves afecciones. El trabajo ha sido publicado en la revista Critical Care.

Todos somos de cartón

Todos somos de cartón
JOAN BARRIL

Cuando la introducción del euro, se produjo una extraña pregunta recurrente. Algunas reporteras jóvenes de las televisiones abordaban micrófono en ristre a las ancianas que acudían a los mercados y se interesaban por si algún día se adaptarían a la nueva moneda. Casi siempre las entrevistadas eran personas mayores. Vamos, personas que habían sobrevivido a una guerra y una posguerra, que habían visto cómo se pasaba de limpiar la ropa sobre una piedra plana a disponer de una lavadora. Gente que había aprendido a conducir y a saber lo que eran las vacaciones. Familias que habían visto cómo uno de sus hijos era tal vez el primero que acudía a la universidad. Que habían asistido a bodas sin velo y a divorcios inesperados. ¿Y a esa generación se le preguntaba si se aclararía con lo del euro? Han llegado hasta aquí y la vida les ha sido tan difícil como excitante.
Pero, de pronto, las cosas se complican. El área metropolitana verá que la televisión de siempre se convierte, efectivamente, en una caja de cartón. Y pillará a muchos consumidores potenciales de televisión en la trampa tecnológica. De entrada, esa gente tan resistente deberá optar entre comprarse una televisión nueva con el sistema TDT integrado o adquirir un descodificador. Un nuevo mando estará sobre la mesita. Hasta ahora la televisión se conectaba como se enciende la luz eléctrica gracias a un interruptor pegado a la pared. Pero la televisión se nos ha vuelto complicada. Y lo peor de todo es que se exige un esfuerzo a los mayores sin decirles para qué sirve toda esta movida si no es para que nuevas empresas de telecomunicación puedan hacer un discreto negocio.
Se lo estamos poniendo difícil a los mayores. Y, sin embargo, ellos continúan aprendiendo. Aprendieron a votar y a interpretar la abstrusa ley D’Hondt. También se acostumbraron a los cajeros automáticos y a los teléfonos móviles. Algunos han perdido, no obstante, la capacidad de escuchar música como se hacía antes, porque las tiendas de discos van desapareciendo. Y pronto, dicen los agoreros, también el papel de periódico no servirá como pretexto para tomarse un café en el bar de la esquina. Es bueno que la tecnología avance. Pero cuando la tecnología se nutre de los hábitos de consumo masivo, algunas personas no pueden seguir y se van quedando aisladas y hasta estigmatizadas. Rodeados de manuales de instrucciones impresos en letra minúscula y redactados con la jerga más incomprensible, ¿no les estamos diciendo a esos ancianos supervivientes de tantas cosas que también ellos van a ser solo ciudadanos de cartón?
También Prometeo robó el fuego a los dioses. Pero también se abrió la caja de Pandora y todos los males empezaron a impregnar el mundo. Una vez más, se demuestra que lo verdaderamente milagroso es la propia idea de la televisión. Pero el orgullo y la insolidaridad de los fabricantes hacen que ese milagro haya de pasar por una dificultad añadida e insalvable llamada TDT. Y cuando el diseño tecnológico solo sirve a la tecnología , pero no al usuario, es que estamos ante un mal diseño.
Una generación trajo sus esperanzas hasta aquí y ahora una nueva generación dicta las reglas. El fin no siempre justifica los medios, sobre todo cuando esos medios establecen una clara frontera entre los nuevos inválidos y los que todavía llegarán al próximo invento. Luego, los nuevos apóstoles de la tecnología punta se lamentan de la llamada «brecha tecnológica». En su facundia, no admiten que sobre esta brecha se han olvidado de tender puentes. SFlb

Los adjetivos de Messi

Los adjetivos de Messi

Decía el lunes David Trueba en su comentario deportivo de EL PAÍS que ya era común que los cronistas declararan su incapacidad para buscar más adjetivos al fútbol de Messi. Pues sí, es difícil adjetivarle, y más después de su gloriosa incursión en la gran historia del fútbol con su goleada personal al Arsenal inglés. Es curioso: pero en seguida que acabó el partido (e incluso en su transcurso) los móviles, twitter, los titulares de la prensa digital, los amigos, se sucedieron en enviar adjetivos calificativos de lo que parece que es como una inflexión en la historia de Messi y, por tanto, del fútbol. Fue un inmenso placer verle. Un amigo, Gustavo Martín Garzo, me escribió diciendo que había sido feliz con el fútbol alegre. Luis Alegere me dijo que Messi era el mesías del fútbol. Andreu Buenafuente me escribió un mensaje diciendo que Messi es dios. Disfrutamos mucho viéndole jugar y ganar. Y disfrutamos aún más viendo que el éxito, tan merecido, no le ha situado en las nubes de la vanidad del fútbol de élite, sigue siendo el chiquillo que agarra la pelota como si estuviera en un partido y en el recreo. No hay adjetivos, quizá, pero el adjetivo normal no le viene nada mal a Messi.

Juan Cruz/elpais.es

Corazonadas manuscritas

Corazonadas manuscritas

Rebuscando estos días en mis papeles me he reencontrado con un puñado de anotaciones que recuerdo haber hecho durante mis esporádicos encuentros con la escritora Kate Sinclair en su casa de la playa. Ahora hace mucho que no sé de ella, pero mi caligrafía de entonces me recuerda la emoción de aquellas largas conversaciones en la que siempre me dejó la sensación de haber encajado la madurez como un absurdo desperdicio de la decencia. Éstas son algunas de aquellas notas, verdaderas corazonadas manuscritas, tomadas todas ellas de comentarios que sin duda reflejan la adorable mezcla de dolorida sensatez y amarga melancolía que tan agradables hizo mis largas veladas a su lado:
-No podría recordar la fecha exacta en la que comprendí que me había hecho definitivamente mayor, pero supongo que fue el día en el que comprendí que en el mantel del almuerzo ya no habría manchas nuevas y que en mi casa al anochecer solo daría portazos el silencio.
-Me gustan los hombres limpios, pero no tan limpios que ni siquiera manchen mi conciencia.
-Las asexuadas flores que te trae en sus manos de membrillo el poeta blando y jabonoso jamás serán tan excitantes como las venéreas orquídeas robadas con las que siempre soñaste que entrase en tu casa uno de esos tipos tan masculinos y tan rudos que te hacen daño al protegerte.
-Dice la crítica literaria que he rozado el Cielo con mi última novela. Agradezco el halago pero no estoy de acuerdo. Llevo tanto tiempo sola, cariño, que dudo mucho que alcanzar el Cielo sea tan excitante como haber compartido con un trotamundos la cabina de su camión.
-Fui una estúpida esperando a que apareciese un hombre que ocupase mis sueños y llenase mi alma. Tendría que haberme conformado con cualquier hombre que ocupase mi cama y llenase mi fregadero.
-Hay algo de emocionante brevedad, de dulce incertidumbre, en compartir la noche con un hombre de paso en cuyo corazón se escucha todo el rato el inconfundible ronroneo del motor de un coche aparcado en doble fila.
-Me gustan los hombres que te seducen con rosas recién robadas. El sexo es más hermoso cuando la certeza del placer va acompañada de la sensación del delito.
-La enfermiza obsesión por la decencia es la causante de que en muchos orgasmos femeninos sólo sea sincero el silbido de la cafetera.
-¡Dios!… ¡Hace tanto que no blasfema un hombre en mi boca!…

Jose Luis Alvite/abc.es

El club de los intocables

  El club de los intocables

Cualquier persona que trabaje en un medio de comunicación lo sabe. En nuestro país hay varios mastodontes empresariales que son intocables. No se les puede juzgar en antena ni en papel. No se puede ironizar sobre ellos, no aceptan comentario crítico alguno sobre su marca ni sobre sus actitudes empresariales.

 
Estas grandes empresas ejercen su particular modelo de censura a través de los departamentos comerciales de los medios. Éste es quizá el principal tabú de nuestro país (y, supongo, de cualquier otro) del que nunca leerás ni oirás hablar en un medio privado. Se trata de grandes anunciantes, jugosas fuentes de ingresos que ningún periódico, ninguna radio, ninguna cadena de televisión puede permitirse el lujo de perder. Es la paradoja de la libertad de información en un sistema capitalista donde la información periodística (salvo en el caso de TVE) se hace posible gracias al dinero de empresas privadas.
 
La actual pandemia económica no sopla en favor de la libertad de información. Porque la crisis, tal y como los informes de OJD y de Sofres no cesan de recordarnos, está poniendo en jaque a todos los medios de comunicación. Y si a la crisis sumamos el actual cambio de paradigma informativo, con Internet como protagonista, la situación se torna desastrosa para las grandes redacciones y, por extensión, para la libre información.
 
Hoy por hoy la censura comercial es la más férrea en nuestros medios (algunos dirán que la única, aunque esto tampoco es cierto). Después de todo, la relación entre los medios de comunicación y sus anunciantes se limita al terreno de lo meramente económico. El hecho de que una de las empresas genere contenido resulta irrelevante… al menos, hasta que ese contenido empieza a afectar a la normal relación comercial entre ambas empresas.
 
Cierto es que no todos los grandes anunciantes ejercen el mismo nivel de presión. Algunos sólo censuran las críticas más duras. Otros permiten cierto nivel de crítica (sobre todo si se plantea en términos humorísticos), pero censuran los análisis profundos. Y otros, los más celosos, bloquean toda mención no pagada.
 
Para estas grandes empresas Internet se ha convertido en un serio problema, porque la capacidad de difusión de una noticia es demasiado rápida e incontrolable. Para cuando la empresa localiza lo que considera un comentario dañino para su imagen, éste puede haber sido leído por decenas de miles de personas y estar ya replicado en cientos de blogs. Si la información es incorrecta, la empresa acudirá a su gabinete de abogados. Pero, si la información es correcta y demostrable, su único (aunque poderoso) recurso será la movilización de su maquinaria propagandística.
 
Es por este motivo que, hoy por hoy, la existencia de blogs independientes resulta esencial para la calidad democrática. Para la libre circulación de información, particularmente en lo que se refiere a las grandes empresas que, a fin de cuentas, son las que dirigen el mundo.
 
Nos tienen rodeados, cierto. Pero somos millones.

 

Uno para el limpiabotas (“One for the shoeshine man”)

Uno para el limpiabotas ("One for the shoeshine man")

 El equilibrio es el que mantienen los caracoles que trepan por los acantilados de Santa Mónica;

la suerte está en ir caminando por Western Avenue y que las chicas del salón de masajes te griten, “¡hola, cariño!”.

El milagro es tener cinco mujeres enamoradas de ti a los 55 años, y lo bueno es que sólo eres capaz de amar a una de ellas.

 El regalo es tener una hija más buena que tú, con una sonrisa mejor que la tuya.

La paz viene de conducir un Volks azul del 67 por las calles como un adolescente, escuchando -El anfitrión que más te quiere- en la radio, disfrutando del sol, disfrutando del fuerte zumbido de un motor reconstruido mientras serpenteas en el tráfico.

 La bendición es que te guste la música rock, la música clásica, el jazz… Todo lo que contenga la energía original de la dicha. Y la probabilidad recurrente es la tristeza profunda por debajo de ti, por encima de ti entre paredes como guillotinas furioso por el teléfono que suena o los pasos de alguien que pasa; pero la otra probabilidad (el subidón melódico que le sigue siempre) hace que la cajera del supermercado se parezca a Marilyn, a Jackie antes de que mataran a su amante de Harvard, a la chica del Instituto a la que todos seguíamos hasta su casa.

 Está lo que te ayuda a creer en algo más que en la muerte: alguien que se acerca en un coche por una calle demasiado estrecha y se corre a un lado para dejarte pasar, o el viejo boxeador Beau Jack limpiando zapatos tras fundirse toda su fortuna en fiestas, en mujeres, en parásitos, canturreando, respirando el cuero, dándole al trapo, levantando la vista y diciendo: “¡Que diablos! me fue bien por un tiempo. eso compensa lo demás” siento amargura a veces pero en general el sabor ha sido dulce, sólo que no me he atrevido a decirlo. Es como cuando tu mujer te dice: “dime que me quieres” y tú no puedes.

 Si me ves sonreír en mi Volks azul pasándome un semáforo en ámbar conduciendo rumbo al sol es que estaré atrapado en los brazos de una vida loca pensando en los trapecistas en enanos con grandes puros en un invierno ruso a principios de los 40, en Chopin, con su bolsa de tierra polaca en una vieja camarera trayéndome otra taza de café sin dejar de reirse.

 Lo mejor de ti me gusta más de lo que crees los demás no cuentan salvo que tienen dedos y cabezas y algunos de ellos ojos y la mayoría tienen piernas y todos ellos tienen sueños buenos y malos y un camino por recorrer. hay justicia en todas partes y funciona, y las ametralladoras y las ranas y los setos te lo pueden decir.

Charles Bukowski