El suicidio, ¿depresion o acto de libertad?

El suicidio, ¿depresion o acto de libertad?

El pasado miércoles Excélsior publicó un buen reportaje de Laura Toribio sobre el suicidio. No es la primera vez y no será la última, que el diario trate un problema que crece a pasos agigantados. Sólo en México mil jóvenes al día intentan suicidarse. La información precisa que en 2008 unos dos mil mexicanos se quitaron la vida y la tendencia al suicidio crece. Hace años escribí una novela que fue finalista del Premio Planeta y sus primeras cuatro ediciones aparecieron en España: Réquiem por un suicida. El capítulo inicial me fue fácil hacerlo, tenía el tono, el estilo, los personajes, pero desconocía las razones por las que una persona decide matarse. Tuve que realizar una investigación que duró diez años.

La tarea me condujo a los clásicos del tema, a los artistas que habían optado por el suicidio, a hurgar en las estadísticas mundiales, a hablar con suicidas fallidos y leer las cartas de despedida de quienes tuvieron éxito; asimismo a entrevistarme con personas que perdieron un hijo, una esposa o un amigo a causa de la muerte voluntaria. Los datos eran (son) desoladores y desconcertantes. En Japón, la incidencia de suicidios abunda entre los niños debido a la enorme presión escolar. En los países nórdicos la razón está en la soledad. En pueblos como el nuestro, la miseria, la presión de los acreedores, provoca un estado depresivo que conduce a la muerte. Un diario capitalino llevó por meses el récord de suicidios ocurridos en el Metro. Lo dramático era que ni siquiera tenían recursos para comprar una pistola o conseguir veneno y lo hacían a la vista de una multitud aterrada.

Es la depresión extrema lo que conduce al suicidio. La novela se vio alimentada por historias de amor del pasado, cuando el romanticismo llevaba a lo que calificaban como el mal de Werther, en recuerdo del célebre personaje de Goethe. El suicidio en la literatura es común, entre los muertos afamados están Ana Karenina de Tolstoi y Emma Bovary de Flaubert. La lista de artistas que optó por la muerte voluntaria es infinita, hice un recuento, no total, pero sí hablé de los más famosos o los que habían seleccionado métodos sorprendentes para matarse. Para un escritor poderoso como Camus, esto tiene su lado positivo: es un acto de libertad. No decidimos cuándo y dónde nacer, pero sí podemos seleccionar el momento y la manera de fallecer.

El Estado combate al suicidio, las religiones se oponen. San Agustín lo condenó y Dante creó un sitio atroz para ellos, quienes de pronto pueden morir por un error, como Romeo y Julieta. No importa que alguien se obsesione con la muerte, es condenable. Réquiem por un suicida no toma partido, entiende a quienes optan por la muerte porque no pueden más con la vida. Recuerdo que mi querida amiga Elena Garro escribió diciendo que era un libro peligroso. No lo creo. Lleva unas cinco ediciones y a nadie ha invitado a morir por mano propia, al contrario, ha hecho reflexionar a personas dolidas por el suicidio de un ser querido. He recibido misivas de agradecimiento.

Mi archivo sobre el tema es enorme y contiene desde libros como El suicidio de Durkheim hasta cartas de suicidas cuyos familiares me obsequiaron. Mi personaje es un hombre que nunca amó la vida a pesar del éxito que obtuvo; le falta el amor y cuando lo consigue, se mata. El final es de Kafka, cuando en El artista del hambre el tipo que en un circo ha dejado de comer, confiesa que detesta hacerlo. Gustavo Treviño no vivía deprimido ni había fracasado. Simplemente no le gustaba vivir. Creía firmemente en la opción final porque no le agradaba aquello que veía a su alrededor. Su muerte no produce un dolor inmenso en la mujer que lo amaba, sino la satisfacción de ver cumplido el deseo de un ser melancólico que no debió nacer.

Rene Aviles Favila

Al pedo

Al pedo

Infortunios y accidentes causados por los pedos diptongos / Historia de un pedo que hizo huir al diablo y le volvió tonto / Viviendas liberadas del diablo mediante pedos diptongos / Razones y axiomas

         Si el pedo diptongo es más terrible que el trueno y si es cierto que el rayo que le sigue ha abatido a infinidad de personas, ha vuelto sordos a unos y alelado a otros, no cabe duda de que un pedo diptongo, cuando no fulmina, es capaz no sólo de provocar todos los accidentes del trueno, sino también de matar de golpe a las gentes débiles, pusilánimes y susceptibles de tener prejuicios.

         Todas las causas provienen de la ingestión de rábanos, ajos, grbanzos, habas, nabos, y en general, de todos los demás alimentos ventosos, cuyas maléficas virtudes todos conocemos y que producen el sonido claro, sucesivo, breve y entrecortado que se oye cuando irrumpe el pedo.

         Entre las muchas historias que corren por ahí acerca de explosiones, voy a relatar aquí una de las que puedo dar constancia.

        El diablo atormentaba desde hace mucho tiempo a un hombre para que se entregara a él. Este hombre, al no poder resistir ya las persecuciones del espíritu maligno, consintió finalmente con las siguientes tres condiciones que le expuso en el acto:

        1º. Exigió una gran cantidad de oro y de plata, que recibió inmediatamente.

        2º. Exigió que le volviera invisible; el diablo le enseñó la manera de hacerlo y lo acompañó mientras realizaba el experimento.

         El buen hombre, apurado, ya no sabía que pedirle en tercer lugar al diablo que éste no pudiera complacer, y, como su ingenio no le brindaba la ayuda que él esperaba, se apoderó de él un gran temor cuyo exceso, por casualidad, le salvó por suerte de las garras del diablo. Se cuenta que, en ese momento crítico, se le escapó un pedo diptongo, cuyo estallido recordaba al de una descarga de mosquetón. Entonces, aprovechando con agilidad la ocasión, el hombre le dijo al diablo:

       – Quiero que enhebres todos estos pedos en una aguja, y seré tuyo.

       El diablo intentó enhebrarlos; pero por mucho que presentara por un lado el ojo de la aguja y estirara por el otro cuanto podía, jamás pudo realizar la hazaña. Además, asustado por el horrible estruendo de aquel pedo, que los ecos de los alrededores habían multiplicado, y confundido, furioso incluso, de que le hubieran tomado el pelo, salió huyendo no sin antes soltar un zullón infernal que infectó toda la vecindad, liberando así al infeliz del inminente peligro que había corrido.

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Snobs

Snobs

El «snob», «sine nobilitatem», es el sin nobleza que desea fervientemente ser noble. Lo decía el duque de Bedford: «El snobismo viene del marxismo, pero no de Marx, sino de Mark & Spencer». El «snob» de dinero; aquel que no lo ha tenido y no lo tiene y admira profundamente a los millonarios por el sólo hecho de que lo sean. Es muy frecuente el «snob» de dinero en España. El «snob» cultural; todo aquel analfabeto que por saberse dos cosas se cree inmerso en el espacio grandioso y nunca saciable de la cultura. Los pobres actores, cantautores y pancartistas de la ceja, el párpado, la pegatina y la subvención.

Nadie puede imponer por la fuerza la idea y el pensamiento. Ese ignorante de casi todo que se llama Guillermo Toledo y ha sido o es actor, tiene todo el derecho a exponer sus ideas y a pensar lo que quiera. Si Guillermo Toledo es estalinista, amante de las dictaduras comunistas, y cree ciegamente en el beneficio que procura la prisión y muerte de los adversarios o disidentes de sus tiranías, tiene todo el derecho a exponer sus ideas. Si a Guillermo Toledo le importa un bledo la muerte de los que luchan por conseguir la libertad que él disfruta, tiene todo el derecho a exponer sus ideas. Si a Guillermo Toledo le importa más la vida de una saharaui celosamente guardada que la de un cubano miserablemente desamparada, tiene todo el derecho a exponer sus ideas. Vive en una sociedad libre. Lo que no puede pretender Guillermo Toledo es callar las voces que, también libres, manifiestan su desacuerdo con sus ideas. Que no se haga la víctima. Que no se invente persecuciones ni campañas en contra de su persona. La libertad para todos, no sólo para él y sus amigos. Y también sus amigos tienen todo el derecho a apoyar a Guillermo Toledo, hacer suyas sus palabras y opiniones y redactar un manifiesto de solidaridad con el cómico estalinista. Faltaría más. Pero no mintiendo.

Para Miguel Bosé, Toledo es ponderado y reflexivo. Tiene derecho a pensar así. Como yo a pensar que Miguel Bosé es un pijo de la «Gauche divine» y que canta como un culo. Para los firmantes de la carta solidaria con Toledo, Sanjuán, Tosar, Juan Diego Botto, Novo, Candela Peña y demás cejeros, si Toledo es respetable, están en su derecho de hacerlo público. Ellos también son libres y pueden expresar sus ideas y pensamientos con plena libertad sin verse expuestos a ser condenados a veinte años de cárcel por hacer públicas sus preferencias. Pero no tienen derecho a mentir.

Snobs

Todos ellos, firman una carta en la que se incluyen en el mundo de la Cultura. También tienen derecho a creerse inmersos en la Cultura, aunque resulte extravagante y divertido. No hay persona culta que se considere parte de la Cultura. A eso se le llama snobismo cultural. Son actores y cantantes. Algunos actores son cultos y algunos cantantes también. Pero el mundo de la Cultura, con mayúscula, es otra cosa. Aprenderse un guión, como decía Katharine Hepburn, es una tontería. Tanto Toledo como sus amigos estalinistas, o leninistas o simplemente comunistas, son libres y soberanos. Piensan, dicen y se someten, como personajes públicos, a la crítica de los que también piensan, dicen y se someten a las críticas adversas. La persecución y acoso a un ser insignificante no es argumento serio. Pero lo inadmisible es que se consideren gente de la Cultura. Ese «snobismo» cretino y falso ya no funciona, pretenciosos.

Alfonso Usia/larazondigital.es

No estoy muerto

No estoy muerto

I’m Not Dead. ¡Dejadme dormir en paz!

No os acordeis de mi solo cuando no me muevo.

No os olvideis de Haiti porque ahora duerme Chile.

Cuando despierte volvereis a cruzaros conmigo pero ya no existire para vosotros.

Solo os preocupais de mi cuando creeis que estoy muerto. Cuando sabeis que no os necesito.

Incluso entonces sois torpes y vuestro egoista desasosiego me molesta y me desvela.

Por eso os aviso:

I’m Not Dead; aunque me gustaria.

Y a vosotros tambien.

www.lacomunidad.elpais.com

Desconfia de tus ojos

Desconfia de tus ojos
enigma de Isia Leviant (1981)

Antes se creía que era una ilusión creada por el cerebro, pero los estudios realizados por la neurocientífica gallega Susana Martínez-Conde demuestran que los verdaderos culpables son los mismos ojos. Según estos estudios, nuestros órganos visuales experimentan constantemente pequeñísimos movimientos involuntarios, llamados microsacadas, que explican la molesta sensación óptica.

Para demostrarlo, se pidió a tres personas que mirasen la misma ilustración mientras varias cámaras de alta velocidad registraban la posición de sus ojos 500 veces por segundo. Los voluntarios tenían que pulsar un botón cuando la “vibración” cesara y soltarlo cuando se acentuara. Así se comprobó que la mareante experiencia era directamente proporcional al ritmo de las microsacadas.

Según palabras de Susana Martínez-Conde: “Si parásemos el ojo, la percepción visual se desvanecería en milisegundos debido a un fenómeno denominado adaptación neural y que es común a otros sistemas sensoriales. Por ejemplo, sentimos los zapatos cuando nos los ponemos por la mañana, pero dejamos de notarlos el resto del día, salvo que movamos los dedos del pie. Esto sucede porque nuestro sistema sensorial ha evolucionado para detectar el cambio. En el campo de la visión, el problema se produce cuando un objeto está inmóvil. Si no hay cambio, las neuronas dejan de percibir el estímulo y permanecen inactivas. Les ocurre a las ranas, cuyo sistema visual sólo percibe objetos en movimiento. No son capaces de ver a una mosca posada a su lado, pero si echa a volar inmediatamente la capturan con su lengua. En nuestro caso, los movimientos de los ojos refrescan la imagen en la retina para que la percepción continúe siendo posible”.

Prosopopeya Divagante