Como se hace un presidente de Mexico

Como se hace un presidente de Mexico
El copete acicalado.
La sonrisa diamantina.
La novia famosa.
El gobierno dadivoso.
La publicidad omnipresente.
La pantalla alquilada.
La alianza del guapo y los corruptos.
Los componentes centrales del modelo de competencia política que el PRI construye y con el cual logra ganar.
Los ingredientes fundamentales de la estrategia que el PRI despliega y con la cual logra arrasar.
Una ecuación cuidada, perfectamente planeada: cara bonita + dinero + televisoras + publicidad + PRI dinosáurico= triunfo electoral.
Una fórmula concebida en el Estado de México y ahora instrumentada exitosamente a nivel nacional.
Una fórmula patentada por los artífices de la “experiencia probada”, en busca de algo que puedan vender como “nueva actitud”.
El modelo bombón.
El modelo golden boy.
El modelo Peña Nieto.

Con resultados a la vista y confirmados en esta elección.
Distrito tras distrito, presidencia municipal tras presidencia municipal, diputación tras diputación, estado tras estado.
Corredores azules que se vuelven tricolores; bastiones panistas que pasan a manos priístas; territorios del PRD que dejan de serlo.
Guadalajara y Zapopan y Cuernavaca y Toluca y Ecatepec y Tlalnepantla y Atizapan y Naucalpan.

Tan solo en el Estado de México, el triunfo en 40 de 45 distritos electorales. El PRI, beneficiario del voto de castigo por una economía que se contrae más del 7 por ciento.
El PRI, beneficiario de la inseguridad que la popularidad presidencial no logra remediar.
El PRI, beneficiario de un PRD que se devora a sí mismo y un PAN que se traiciona a sí mismo.
Pero más importante aún, el PRI beneficiario de la mejor inversión que ha hecho en tiempos recientes: la campaña publicitaria permanente que lleva a miles de mujeres a exclamar -en mítines de campaña- “Peña Nieto bombón, te quiero en mi colchón”.

El Astro boy de Atlacomulco, una criatura concebida por la dinastía política más importante del país que ahora busca dominarlo de nuevo..
El político Potemkin, producto de un entramado de intereses políticos y empresariales que combina la modernidad mediática para llegar al poder, con los viejos métodos para ejercerlo.
El mexiquense metrosexual construido con carretadas de dinero: por lo menos tres mil quinientos millones de pesos en cuatro años de auto-promoción mediática descritos por Jenaro Villamil en su nuevo libro Si yo fuera presidente: el reality show de Peña Nieto.

El posible candidato presidencial, seleccionado, asesorado, y adiestrado por personajes como Arturo Montiel y Alfredo del Mazo y Carlos Salinas de Gortari y ejecutivos de Televisa y muchas manos más que peinan el copete. Venden el producto. Posicionan la marca.

Enrique Peña Nieto, emulando a diario la estrategia salinista basada en la inauguración de grandes obras y el cumplimiento de pequeños compromisos.
Promocionando a diario la lista de libramientos construidos, tractores regalados, apoyos económicos entregados.
Ejemplo de lo que Octavio Paz llamó el “Ogro Filantrópico”; ese Estado que no construye ciudadanos sino perpetúa clientelas.
Millones de mexicanos educados para vivir con la mano extendida, parados en la cola, esperando la próxima dádiva del próximo político.

Como los nueve mil que se aprestaron a celebrar el cumpleaños de Mario Marín hace unos días y los doscientos que hicieron cola para abrazarlo. Como aquellos para quienes la corrupción se vale cuando es compartida. Como aquellos que volvieron a votar por el PRI en el Estado de México, a pesar de las marrullerías de Arturo Montiel y las marometas llevadas al cabo por su sucesor para encubrirlo.

Enrique Peña Nieto, actor de un espectáculo continuo, perfectamente producido, escenificado y actuado en la pantalla más grande del país.
El candidato de “El Canal de las Estrellas” que hasta novia le consiguió.
El candidato que las televisoras hacen suyo y se encargan de edificar.

En el que permite que en el estado se hagan lagos particulares para los dueños del canal de las estrellas y demás personajes políticos académicos, permitiendo que se talen miles árboles milenarios, que las autoridades solo desvían su mirada a otros lados y lo hacen por las noches porque así “nadie” se dé cuenta.
Con promoción política disfrazada de infomercial; con paquetes publicitarios que incluyen la compra de entrevistas en los principales noticieros; con la cobertura de un romance que recibe más atención que la guerra contra el narcotráfico; con el silencio televisivo que se guarda sobre el caso de Atenco o los femenicidios en el Estado de México o cualquier tema controvertido que podría evidenciar las fauces del joven dinoaurio.
Hay un Plan de Trabajo que Televisa ha puesto en marcha y cuyas instrucciones Peña Nieto sigue al pie de la letra: te doy la pantalla desde la cual propulsarte y me das una presidencia a la medida de mis intereses.
Un trueque permanente de favores, dinero, gestión política a cambio de impunidad y promoción mediática.
Como advierte Julio Scherer García, la fórmula Peña Nieto es sencilla: comprar el tiempo en la televisión, corromper y corromper, mentir y mentir, aprender que a los aprendices se les puede y debe aprovechar.
Todo para apoyar al joven muñeco, atractivo por su presencia física, a costa de la inteligencia y la pulcritud moral. Todo para que el poder regrese a las manos de la mafia. Todo para que el PRI vuelva a Los Pinos.

Como último comentario a ti que lees esto y que ya no estás cerrado de ojos pasa este correo a todos tus contactos para hagan conciencia de la situación y prevean el escenario próximo, el terror amenaza con volver e implantar otra dictadura de 72 años. Y si acaso eres de los que todavía vota por el PRI abre por un momento los libros de historia y conoce las atrocidades de las que son capaces.. No hay excusa ya para vivir en la ignorancia, si esperas un cambio en este país es seguro que no vendrá de la mano de ningún político habido y por haber, deja el paternalismo y la idea de un mesías que nos saque del hoyo, la única esperanza de un futuro mejor esta en cada uno de nosotros.

Denise Dresser


Sabor salado

Sabor salado

Marcel es igualito al enterrador de los comics de Lucky Luke, sólo que con más trabajo, tiene un cuerpo enjuto, cetrino, largo y estrecho como un alfiler, coronado por un careto de buitre leonado que da grima, asusta, vestido de negro le falta el metro para tomar medidas, un sombrero de copa alta y una pala.

Cuando Marcel come, mastica despacio, como con asco, cuando bebe, introduce su portentosa nariz en las copas inhalando hasta el último aroma del líquido rojizo que previamente ha estado estudiando lentamente; huele, analiza, saborea, agarra el vaso de cristal por la base y lo mueve en rápidos movimientos circulares, la fuerza centrífuga hace que el vino casi se escape de su continente, escala por las paredes del cristal para dejarse caer después, vencido, formando pequeñas lágrimas rojas con las que el crítico lanza un pequeño bufido.

Apunta indignado, maridaje nulo, parece un vino totalmente apropiado para impresionar a una puta vieja, el colmillo le gotea, sus labios casi inexistentes se arquean hacia arriba dándole un aspecto siniestro, se van a cagar, después de la crítica van a tener que cerrar el chiringuito, ponerse a vender bocadillos y arroz tres delicias a las puertas de la discotecas, no saben con quien se la juegan.

Marcel disfruta, examina la carta con detenimiento, parcialmente renovada con respecto al año anterior, dos puntos menos, por fin se decide, levanta el alerón y reclama la asistencia del maître, saca un cronómetro y comienza a medir el tiempo desde que palomo le ve hasta que es atendido, tic, tac, dos puntos menos.

Comerá una esferificación de mejillón al alga roja y ortiguillas deconstruidas sobre salsa de tuétano de cabrón ibérico de primero, y de segundo un magnífico medallón de merluza de pincho escabechada al anisaquis fresco sobre tempura de cresta de gallo y caracol de temporada.

Estupendo.

Mientras espera, sus ojos se pierden por el comedor, analizan con precisión la cubertería y la mantelería, esperando con anhelo encontrar un descosido que reste un par de puntos más, casi por casualidad, su mirada abandona el recinto y se cuela por dos grandes ventanales, hacia un parque sobre el valle, tres niños juegan y ríen, se sientan en círculo, es la hora de comer, sacan sus bocadillos, flautas kilométricas de pan blanco de pueblo sobre tortilla de patatas de la abuela, poco cuajada, al morder por un extremo, los extremos contrarios de los bocatas se abren y aparece una mezcla amarillenta de huevo, cebolla y patata, caen trocitos pringosos sobre las piernas de los mozos y éstos los recogen, los meten en su boca mientras se chupan los dedos, beben al unísono un par de tragos de coca cola y hacen un concurso de eructos.

Marcel mira, nota cambios en su organismo, ruidos de tripas que rugen, mezcla de jugos que hace demasiado tiempo dejaron de ser segregados, llega la comanda, el crítico abre la boca y mientras mastica su esferificación nota un extraño sabor salado, son dos lágrima furtivas que han escapado de sus ojos, que han saltado al vacío y que han aderezado sin pretenderlo tan magnífica comida.

cualquiertiempodormido.blogspot.com

Topes

Topes

El amo del camino

SU MAJESTAD EL TOPE

Juan Miguel Zunzunegui

Todos hemos tenido contacto con ellos, han sido compañeros inseparables de todo aquel ser humano que vive en las ciudades de nuestro México, han frenado nuestra velocidad y quizás hasta salvado nuestra vida en un cruce peligroso de caminos, pero también han ponchado nuestras llantas, arruinado nuestra suspensión y, en general, perjudicado nuestros autos; hablamos, por supuesto, del tope.

Hagamos un viaje al pasado para ubicarnos en la ciudad de México en aquellas épocas de mediados del siglo pasado, cuando, por increíble que parezca, ¡no había topes! Así como se lee; resulta que en la era antes del tope, en las calles había unos bonitos anuncios hexagonales de color rojo que tenían impresa la palabra ALTO.

Teóricamente, la función que cumplían era de avisar al conductor, ante la llegada de un crucero, esquina transitada o paso de transeúntes, para que éste hiciera alto total, volteara y prosiguiera su camino. Evidentemente esta señalización era tan inútil como un refrigerador en el Polo Norte, ya que no había un solo automovilista que lo respetara. Ante esta actitud poco responsable y anti cívica, las autoridades implementaron este monumento urbano que hoy conocemos por tope.

Tipos de topes

Tope fantasma

Este adminículo citadino ha provocado en todos grandes dolores de cabeza. Topes que hace 25 años no han recibido una mano de pintura, son actualmente armas mortales en espera del conductor despistado que, desprovisto de una adecuada visión de rayos, se encuentra incapacitado para distinguir en la noche, a ese tope camuflado con el pavimento, colocado además de manera estratégica para perjudicar de la mejor manera el automóvil.

El monumento al tope

Todos nos hemos enfrentado a él: es grande, alto y ancho; más o menos como una rampa. Hay veces que lo colocan al final de una bajada pronunciada, lo cual verdaderamente provoca que un coche ligero pueda despegar sus cuatro llantas del piso.

El tope banqueta

Es una variedad del anterior, sólo que éste, además, es de bordes altos y sin curvas, tal y como son las banquetas. Constituye un auténtico muro que, cual muralla china, parece estar ubicado para impedir el paso de vehículos extraños.

El tope mixto

Este es un híbrido  monstruoso, tipo Frankenstein, compuesto por dos elementos clásicos de la traza urbana; un bache, hondo y profundo, colocado de forma estratégica justo después de un tope alto. Esto provoca que el conductor suba el tope con total confianza y ¡sorpresa!, cuando baja se encuentra con este magnífico hoyo, en una posición imposible de esquivar. Adiós a la suspensión Este tope mixto tiene una variante; aquel que tiene el bache justo encima y en medio.

La tortuga asesina

Topes

Pertenece al terreno de la nostalgia; todos lo hemos visto, es el tope de la década de los cincuenta: una hilera de bolas de acero enterradas en el pavimento, es probablemente el tope más desagradable de pasar, sobre todo aquellos que a causa del gran mantenimiento que reciben, tienen incluso agujeros en las tortugas metálicas.

El tope burlón

Tal como dice el nombre, es el tope que se burla de ti. Suele ser invisible a falta de pintura, pero identificado con un letrero; el problema está en que este letrero está justo junto al tope e incluso centímetros después. Imposible frenar, ves el letrero cuando tu auto ya está surcando los cielos.

El Epot (o tope invertido)

Nuevo implemento vial, primo hermano del tope, pero dentro de la rama rica de la familia; es decir, es el tope de la gente bien. Seguramente lo han podido ver en las más exclusivas zonas residenciales. Es un tope cóncavo, un anti tope. Algunos teóricos sostienen que son necesarios para conservar el balance del continuo espacio – tiempo dentro del cosmos; es decir, habiendo tantos topes hacia arriba, es necesario colocar topes hacia abajo para equilibrar la materia del universo y el peso del planeta tierra.

Todos hemos pasado por este moderno “reductor de velocidad”, un tope invertido, normalmente hecho de adoquín; una pequeña rampa donde podemos depositar la defensa delantera del coche. Aún no se sabe por que la gente bonita opta por esta variante en sus colonias.

El tope camaleón

A todos nos ha pasado; venimos a considerable velocidad en una vía rápida, recta y de bajada, cuando a lo lejos vislumbramos lo que a todas luces en un tope; ahí están, las famosas líneas amarillas diagonales que invariablemente se colocan encima de estos monstruos de asfalto.

Nos paramos en el freno, el coche derrapa, se queman las llantas, todo rechina, justo a tiempo para darnos cuenta de que no hay tope, es simplemente el disfraz; seguramente una astucia del presupuesto para obligarnos a frenar sin tener que hacer el gasto real en el tope.

Pero la total burla a nuestra inteligencia; el cinismo, casi podríamos decir la mala obra con premeditación, alevosía y ventaja, es cuando más adelante, en ese mismo camino, hay un tope enorme, pero este sin una sola gota de pintura ni letrero, ya que todo el dinero destinado a estos avisos se gastó en el tope camaleón.

La Fórmula…

Si alguna vez han tenido la maravillosa oportunidad de pasear por nuestro México, habrán notado que cada pueblo carretero tiene distinta cantidad de topes, los cuales se presentan con variada frecuencia sin importar la extensión real del pueblo en cuestión.

Enfrentados a este inconveniente en medio de las carreteras, debemos pensar que los topes están colocados ahí para preservar la vida y “seguridad” de sus habitantes, que enfiestados y distraídos pueden optar por atravesar la carretera pensando que si cierran los ojos, los automóviles que suelen transitarla “desaparecerán”.

Esto nos lleva a una reflexión en el terreno de la física… o quizá de la matemática: el número de topes en X poblado (o conlonia –para quienes vivimos en la ciudad-), es inversamente proporcional al ”coeficiente intelectual” de sus habitantes.

Recomendación

Sin duda alguna esta clasificación puede ser mucho más amplia, tan amplia como la cantidad de desperfectos que la falta de mantenimiento puede provocar; ésta que presentamos es sólo una muestra. Definitivamente lo que podemos recomendar es extrema precaución, agilizar la vista y, desde luego, respetar los límites de velocidad, en espera de que esa medida limite la producción de topes en nuestro país.

Viva México: Capital mundial del tope.

LA NIÑA BAJA LAS ESCALERAS

LA NIÑA BAJA LAS ESCALERAS

La niña baja las escaleras con cara de sueño, el pelo revuelto, un pijama rosa de una pieza. En el salón, Papá y Mamá cenan con unos amigos.
-¿Te hemos despertado, cariño? -dice la madre mientras se acerca para coger en brazos a la niña.
Pero la pequeña da un paso atrás.
-No me toques. Acabo de ser violada por el Diablo.
Una niña de siete años hablando en voz pasiva; “ser violada por el Diablo”. La invitada escupe en su plato el bolo de comida que estaba masticando. Papá se levanta asustado y sube las escaleras con largas zancadas. La luz de la habitación está encendida, la ventana abierta mientras las cortinas se mueven agitadas por un viento fantasmal. No hay manchas de sangre en las sábanas.
-El Diablo ha entrado a mi cuarto y me ha hecho cosas muy feas -dice la niña.
Los adultos formulan una pregunta detrás de otra; Papá sale al jardín con una linterna e inspecciona cada rincón.
-Tenía la piel plagada de cicatrices. Su boca olía a sapos muertos.
Una niña utilizando la palabra “plagada”. Los invitados recogen sus abrigos en silencio y se marchan a casa.
-Su verga era un hierro candente. Mi útero está relleno de semen y espinas.
Una niña diciendo “verga”, una niña diciendo “útero”. Mientras Mamá friega los platos, Papá hunde su nariz una y otra vez en los cabellos de la pequeña. Pero no hay olor a azufre.

www.hongosblog.blogspot.com

La desconfianza se apodera de Mordor

La desconfianza se apodera de Mordor

“La desconfianza se apodera de España”, leo, ese país “que no quiere ser Grecia”. Yo tampoco quiero ser griega. A mí me va bien así, con este alfabeto y esta bandera, creo. Además, Grecia me recuerda a Bachillerato, a Safo y sus discípulas, a las traducciones de Jenofonte, a todas esas cosas que aprendimos y nunca se nos olvidarán, a pesar de lo inútiles que eran, o eso es lo que predicaban los de la clase de al lado, los del científico, al vernos con los diccionarios roídos. Alpha. Beta. Gamma.

Porque cuando uno mira las noticias y le hablan del problema griego, del atraso griego, del quebradero de cabeza europeo… cuando a uno le cuentan todo eso sólo se le vienen a la mente imágenes de la Grecia Clásica, como si el peplo tuviera la culpa de esta crisis. Que volveremos a las monedas de cobre. Que, malditos, nos arrastrarán, politeistas, a la nueva conquista helena…

Helenos somos todos. Y todavía hay quien se pone a criticar esta donación. Atended. Veamos lo que pasa. Sólo hay que esperar un poco. Que aquí todo el mundo tiene planes contra la crisis y cuando se toma una medida que a la larga puede ser beneficiosa: ya salen bocas catastrofistas ¡salvemos el capitalismo! Por Zeus, qué tontería. La Crisis somos todos. Todos: el problema. La falta de acuerdo.

Yo no entiendo nada. Como en aquellas clases de Bachillerato, no entiendo nada. No sé si mi huchita de cerdo servirá de algo, si con los cubatas que pago cada fin de semana, ayudaré al país. Este país de desconfianza que en ocasiones parece Mordor, por eso los orcos descerebrados. Orcos somos todos. Descerebrados. Y a ver qué nos cuentan el miércoles, nuestros “líderes” tras su reunión. Pues, por mucho que quieran, el futuro no está en sus manos.

Luna Miguel/mundofantasma/publico.es

EL MONOPOLIO DE LA VERDAD

EL MONOPOLIO DE LA VERDAD

“La ortodoxia significa no pensar” George Orwell. 1984

En el siglo XVI, después de la Reforma protestante, la Iglesia Católica confirmó en el Concilio de Trento (1565) la condena de los no creyentes al declarar: “No hay salvación fuera de la Iglesia”. El que no cree, piensa y actúa como yo pasará su eternidad en el Infierno.   No fue hasta el siglo XX cuando el Concilio Vaticano Segundo sacó del infierno al resto de la humanidad, el 75%, al declarar la posibilidad de salvación en cualquier credo; pero en el siglo XXI Benedicto XVI vuelve a esgrimir su dedo acusador contra los infieles y a sumir en las profundidades del averno a todo no católico. Una vez más: no hay salvación fuera de la Iglesia.   Junto a esta intolerante postura tenemos otras ideas medievales del Sumo Pontífice que significan un viaje de mil años al pasado: la misa en Latín y otra de sus mas funestas declaraciones: El infierno existe, es real y es eterno.   Durante mil años el europeo vivió aterrorizado por el infierno y por consecuencia en absoluta obediencia sometida al Papa. El infierno y la exclusividad sobre el perdón fueron ante todo un poder político. El control a través del miedo; se hizo en el medioevo, lo hace Bush y lo intenta ahora Benedicto: ante la desbandada de católicos, apretarles más el gañote.   Todo esto comenzó desde los inicios de la edad media, tras la caída misma de Roma en una Europa bárbara y segmentada donde el Obispo de Roma constituía el único poder central. El cristianismo imperial y político de la edad media se confrontó con una realidad con pros y contras; el pueblo europeo, mezcla de romanos y bárbaros, era profundamente creyente y religioso, lo malo es que no necesariamente muy cristiano. Creían en toda suerte de amuletos, sortilegios, supersticiones y nigromancias, pero bastante personales y que no requerían de la intervención de una Iglesia central. Situación que había que corregir.   En los despojos del Imperio Romano, escindido por guerras y bárbaros, ante el vacío de poder, el Obispo de Roma y su estructura intentaban ocupar el lugar más alto; reyes y emperadores se cristianizaban y contribuían a la causa, pero era necesario ejercer la autoridad y someter, controlar y manipular al pueblo.   Desde entonces hasta hoy la Iglesia prohíbe la magia, la adivinación, supersticiones y amuletos, horóscopos y augures por considerarlos cosa del demonio, un atentado al libre albedrío, precioso don de Nuestro Señor, o un intento de escrutar los inescrutables designios de Dios; en realidad, sólo era controlar la religiosidad popular, atascada de paganismo y sustituirla por una fe centralizada, ortodoxa y desde luego, controlada.   El hombre medieval creía en la magia. Magia y religión tienen similitudes y diferencias; ambas parten de la creencia en fuerzas superiores, impersonales en la primera, personalísimas en la segunda; es decir, en la magia, el individuo se basta a si mismo o con los servicios de un buen agorero o brujo; en la religión se requiere necesariamente de la estructura proporcionada por la Santa Madre Iglesia. Una mera cuestión de poder lleva a prohibir una cosa como demoníaca y exaltar la otra como regalo celestial.   Era imposible terminar de tajo con las supersticiones y creencias populares, por ello el cristianismo simplemente las adaptó y las puso bajo mandato de la estructura; es decir, al final si se vale que haya magia, pero sólo si ellos tienen el monopolio de lo inexplicable. Se ataca la idolatría pagana pero se promueven los santos y las vírgenes. Se considera absurdo pedir una bondad a algún espíritu pero no al santito de la comunidad, otrora dios pagano cambiado de nombre.   Fue entonces y allá como es ahora y acá. No debemos enterrar un cuchillo para alejar la lluvia pero si se lo podemos pedir a San Isidro Labrador, quien quita el agua y pone el sol; no debemos adorar a la Santa Muerte pero si a un pedazo de tela en el Tepeyac (pintado por Marcos Cipactli en el siglo XVI y sustituido en el siglo XIX), no debemos ser idólatras pero venden estampitas de todo tipo en las iglesias; la superstición es pecado pero el agua de Lourdes cura a los enfermos; no debemos creer en nigromantes u horóscopos pero si en profetas.   Desde la caída de Roma, cuando dioses como Apolo y Dionisio se convierten en Santos del mismo nombre, Zeus en Dios Padre y el sol invictux en aureola de santidad, hasta la América del siglo XVI donde Tonantzin se convierte en Guadalupe, todo es lo mismo, someter la brujería, la adivinación, la magia popular y todo tipo de creencia individual que no requiera el reglamento de una estructura religiosa, a un pensamiento igual de mágico pero con jefe central y con poder político.   Hasta el día de hoy, para seguir dominando, Papas, concilios y bulas se imponen por encima de la razón y las escrituras, supuesta fuente de la Fe, incluso aunque se contradigan. Para que la oveja no salga del redil, el pastor impone la única línea que prohíbe pensar en cualquier otra cosa: la ortodoxia.   Así, la religiosidad popular de la edad media fue una mezcla de los rituales paganos absorbidos por el cristianismo y transformados en una ortodoxia que la iglesia podía controlar. Con el tiempo y la expansión el cristianismo se adaptó en cada lugar del planeta a las costumbres y creencias locales; vírgenes negras y mestizas, santos locales, fiestas religiosas mezcladas con las paganas. Hasta el día de hoy, paganismo e idolatría no dejan de estar presentes en la religión de un solo Dios, pero de cientos de divinidades.

Juan Miguel Zunzunegui