Microcuentos

Microcuentos

Las hormiguitas

Por Paola.scz

¿Y si un día caminando por la calle las hormiguitas que siempre van tras de mí te consiguieran de repente husmeando en mi pasado? Ellas seguramente se molestarían, y utilizando su poder de derretir a las personas con barba, te dejarían reducido a cenizas. Pero éstas, claro, son sólo suposiciones, porque ni a mí me siguen hormigas ni tú tienes barba.

La tarta

Por Verónica Pérez Traviezo

Busca mayonesa, queso manchego y pimienta, le dijo a su mujer, quien miró a los médicos y enfermeras como buscando una respuesta que le hiciera oler menos tragedia a su alrededor.

Conectado a unos cinco equipos médicos, en medio de la sala de cuidados intensivos, el hombre balbuceaba recetas de cocina sin saber que el concurso no era culinario. Al salir, el médico le dijo a la mujer: Está mejor. Lo vio, ¿habló con él? Y ella, dibujando una sonrisa que no disimulaba su terror, respondió: Sí, me mandó a buscar ingredientes para una tarta de queso.

Rieron. Él con convencimiento. Ella vacilante.

Pero cuando el doctor dio media vuelta, la mujer corrió tras un supermercado.

Regresó triste. Era 25 de diciembre y todo el comercio de la zona permanecía cerrado. Esa noche no habría tarta. Tal vez después.

Mutilacion

Por Reyes Adorna

—Oh no, otra vez no, por favor— gritaba por dentro cuando sintió que sí, que de nuevo una de esas malditas diarreas que ya conocía de memoria. Pero esta vez el escenario era distinto. Estaba en su piso recién estrenado, y olía a la esencia de lavanda que con tanto primor había escogido su mujer. Llevaban menos de un mes casados y ya tenían las cortinas colocadas, los cuadros color pastel en las paredes color salmón, tres cristalerías en las vitrinas y hasta habían comprado en la feria del libro un Don Quijote de oferta, para ponerlo en la estantería, porque daba aire de cultura y porque la encuadernación hacía juego con la tapicería de las sillas y de los tresillos.

Cuando terminó de descargar su cuerpo de tanta porquería, se dio cuenta de que no había papel higiénico por ningún lado. Decidió levantarse y medio desnudo, indignado e incómodo por la situación, comenzó a buscar con la mirada cualquier cosa que pudiera servirle para limpiarse, hasta que halló en la estantería ese volumen gigante del Quijote de adorno y no lo pensó dos veces. Abrió el libro cervantino por donde el azar quiso, le arrancó cuatro o cinco páginas rellenas de aventuras idealistas, se limpió escrupulosamente, y llenó de mierda la libertad del Quijote, al estilo del barbero o del cura, pero mucho más apestosamente. Después, ya tranquilo, cogió a su salvador mutilado, lo cerró con un golpe seco y lo volvió a colocar en su sitio, pensando que allí no había pasado nada, y que qué más daba, si en esa casa nadie lo iba a leer jamás.

 

El anticristo (prologo)

El anticristo (prologo)

Este libro está dedicado a una minoría; quizás no hayan nacido aún aquellos a quienes va dirigido. ¿Cómo me voy a mezclar yo con aquellos autores a los que ya hoy se les tiene en cuenta?. Solo un futuro remoto me pertenece. Hay quien nace póstumo.

Sé muy bien que requisitos han de reunir los que me pueden entender; quienes los posean me han de entender necesariamente. Sólo para soportar mi austeridad y mi pasión han de ser honrados hasta la dureza respecto a las cosas del espíritu. Han de estar habituados a vivir en la cumbre de los montes, a ver bajo sus pies toda esa despreciable charlatanería de hoy relativa a la política y al egoísmo de los pueblos. Han de haberse vuelto indiferentes; no han de preguntar nunca si la verdad es útil, si puede llegar a convertirse en una fatalidad para alguien. Han de sentirse gustosamente fuertes ante problemas que hoy nadie se atreve a afrontar, valientes ante lo prohibido, predestinados a entrar en el laberinto. Han de haber experimentado la más profunda soledad; han de tener unos oídos nuevos para escuchar una música nueva, unos ojos nuevos para vislumbrar lo más lejano, una conciencia nueva para captar verdades que hasta hoy han permanecido sumidas en el silencio. Y una voluntad de ahorrar de gran estilo: concretar toda su fuerza, todo su entusiasmo, el respeto a sí mismo, la libertad más absoluta frente a sí mismo.

Sólo esos tales son mis auténticos lectores, los lectores que me están predestinados. ¿Qué me importan los demás?.Los demás no son más que humanidad; y hay que superar a la humanidad en fortaleza, en altura de espíritu y en desprecio.

Frederick Nieztche

Ratzinger al banquillo

Ratzinger al banquillo

Una auténtica lluvia de denuncias por casos de pedofilia cometidos por sacerdotes de la Iglesia católica de todo el mundo sigue cayendo como agua bendita sobre los, ya de por sí, empapados techos del Vaticano que ha solapado y protegido a curas depravados, quienes tal vez ya hasta fallecieron, eso sí, reconfortados con todos los auxilios espirituales o bien, permanecen en distintas parroquias administrando impunemente los santos sacramentos en tanto sus víctimas, confundidas y destruidas, no encuentran consuelo ni manera de reparar el daño sufrido a manos de esos representantes del demonio en los que creyeron como parte de una fe equivocada.

En la actualidad, un tribunal de Kentucky ha llamado a cuentas al mismísimo Ratzinger (Benedicto no se cuántos…) para que declare por tres víctimas de abusos sexuales, una acusación judicial inédita, sin olvidar el caso de Pío XII, cuando bendijo las escuadras áreas de Mussolini o cuando ignoró los desesperados llamados de los judíos en las horas aciagas del holocausto. ¡Que explique Ratzinger sus instrucciones contenidas en el Crimen Sollicitationis, cuando fungía como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua inquisición, por medio de la cual ordenaba guardar el más escrupuloso secreto en casos de pedofilia cometidos por los sacerdotes católicos! Al proteger y encubrir a los curas depravados Ratzinger se convirtió en cómplice de sus obispos, sus empleados, por lo que el Vaticano es responsable de no haber denunciado estos ataques a la intimidad de menores.

Por supuesto que tenía razón Sandoval Íñiguez cuando declaró que ”en nuestros días, las nuevas generaciones crecen prácticamente paganas, sin ningún conocimiento o formación religiosa.” ¿Y cómo el clero no iba a perder, día con día, prestigio ya no sólo por sus desviaciones morales, mismas que debería haber tratado de impedir, en lugar de practicarlas, sino porque la Iglesia maneja dinero negro, cuyo destino se desconoce, además de no impulsar la generación de riqueza ni luchar en contra del analfabetismo ni de la ignorancia, fenómenos indeseables que le permiten lucrar aviesamente con los desprotegidos. ¿Quién quiere ser monja en la actualidad y renunciar a la maternidad, prescindir de la libertad y del privilegio del desarrollo del intelecto apartado de dogmas indigeribles? ¿Es posible culpar, además del clero, por la actual desbandada religiosa, si se trata de la Iglesia más retardataria, concupiscente y anacrónica del mundo moderno?

En 1950, en México, 98.21% de las personas mayores de cinco años declaró ser católico, mientras que en el año 2000, 88.73 % dijo profesar este credo de acuerdo a cifras proporcionadas por el INEGI. Datos extraoficiales, sin embargo, señalan que cerca de 28 millones de mexicanos han desertado de las filas del catolicismo, han optado por otra confesión religiosa o han dejado de ser creyentes. ¿13 mil 380 sacerdotes en México van a satisfacer las necesidades espirituales de casi 100 millones de mexicanos, siendo que la inmensa mayoría tiene 57 años de edad en promedio, además de que el reclutamiento de candidatos es insuficiente? ¿No está clara la catástrofe clerical que viene?

Mientras la Iglesia católica va perdiendo terreno en el mundo, los jóvenes se alejan de los templos, las órdenes religiosas van disminuyendo, las encíclicas del Papa son prácticamente ignoradas por los feligreses que no sólo ya no acuden a la Iglesia, ni se interesan por la llamada vida parroquial, sino que siguen sus propias pautas de conducta y de moral ajenas a los dictados de una jerarquía que ya no representa sus intereses. ¿Qué puede hacer el CEM con cerca de dos mil sacerdotes católicos casados que se resisten, en abierta rebeldía, a volver al celibato? ¿Qué hacer con un 90% de las mujeres católicas que abortan y toman la píldora anticonceptiva y disfrutan las relaciones amorosas prematrimoniales ignorando igualmente los llamados de su santa madre iglesia?

En otro orden de ideas, la presidenta de la Confederación Helvética, Doris Leuthard, defendió la creación de un registro central de religiosos pedófilos para impedir que mantengan contacto con menores. En Suiza los sacerdotes pedófilos irán a la cárcel junto con sus cómplices y encubridores. ¿Cómo perdonar al Papa ya no sólo por haber protegido a Maciel, otro degenerado que murió en la cama en lugar de haber sido quemado en vida con leña verde, sino por haber desoído las denuncias presentadas en contra de un obispo norteamericano que abusó de 200 niños sordomudos? ¿Hay algún lugar disponible en el infierno para ambos?

Ratzinger supo de las denuncias provenientes en contra de curas pedófilos de Estados Unidos, Alemania, Irlanda, Brasil, Chile, Irlanda, México, Holanda, Argentina, Italia, Australia, Austria, Sudáfrica. El Estado Vaticano alega inocencia porque dice haber ignorado oportunamente los hechos. ¡Falso! Ahora mienten. ¿Y el mandamiento No mentirás? Y pensar que el clero hizo fusilar y decapitar al cura Hidalgo por haber llamado a la Independencia de España… Una reflexión para la Semana Santa: ¿Qué tal volver a instalar las piras para los curas pedófilos en el Zócalo capitalino…?

Francisco Martin Moreno/mileniodiario

Primavera rusa

Primavera rusa

Una ligera neblina recorre la ciudad. Moscú amanece en silencio.

Todavía hace frío a pesar de la llegada de la primavera, aunque la temperatura ha empezado a subir.

El Kremlin se levanta, majestuoso, sobre una ciudad en silencio que ha sido golpeada, otra vez, por el terror.

Al interior de sus murallas está la fortaleza que resguardaba a los zares. Afuera, la Plaza Roja abrazando la Catedral de San Basilio y sus cúpulas de colores. Al lado, el Museo Nacional de Historia y el GUM, ayer símbolo soviético y hoy símbolo de la élite rusa, retratada en un enorme centro comercial que se cuenta entre los más grandes del mundo.

Así es Rusia, grande. Su metro es el más extenso y abultado del orbe. Transporta a casi nueve millones de personas diariamente. En sus túneles cuelgan candelabros de la época de los zares. Es como un palacio subterráneo.

El vodka se toma a temperatura ambiente—es decir, helado—. Son picatostes con ajonjolí. Es caviar negro.

Es Rusia en primavera.

Doku Umárov no es cualquier persona.

Es, ni más ni menos, el enemigo público número uno de la Federación Rusa. En eso se convirtió, tras reivindicar el doble atentado perpetrado a principios de esta semana en el intrincado metro moscovita.

Le llaman el “Emir del Cáucaso”, ya que el movimiento radical que lidera, pretende la construcción de un Emirato en el corazón del Cáucaso.

Entre otras cosas, es responsable por el atentado del lujoso Névski Express. Se le atribuye el secuestro de funcionarios chechenos, explosiones en diversas sedes del órgano federal de seguridad, así como la fatídica toma de rehenes de Beslán, en el año 2004, en dónde murieron más de 350 personas, la mitad de ellas, niños.

Primavera rusa.

Dzhennet Abdurajmánova no llegaba a los 17 años de edad. Había nacido en la República Caucásica de Daguestán, en un pueblito llamado Jasaviurt.

Apenas comenzaba a salir a la vida, cuándo conoció por internet a Umalat Magomedoy, de quién se hizo novia.

Él era guerrillero islámico de la resistencia chechena. Hábil en el manejo de las armas, Umalat se convirtió pronto en uno de los líderes de la guerrilla.

Fue así que la pequeña Dzhennet comenzó a participar en actividades subversivas. La relación se consolidó a lo largo de un año.

El pasado 31 de diciembre, Magomedoy fue abatido en una operación de las fuerzas policiales rusas en el Cáucaso. Así, ella se convirtió en “viuda negra”.

El lunes pasado , Dzhennet Abdurajmánova se inmoló en la estación Lubyanka del metro de Moscú, arrebatando su vida y de aquellos que la rodeaban aquella mañana.

Lo mismo sucedió con Marja Ustarjánova, nacida en Grozni, capital Chechena. Ella era viuda del líder secesionista Saíd-Emin Jizríev, caído en una operación en octubre. Marja se hizo explotar en el metro moscovita antes de cumplir los 21 años.Entre ambas, acabaron con la vida de 40 personas esta semana.

Primavera rusa.

Desde hace tiempo, la mujer es protagonista en el terrorismo checheno. Casi 50% de los atentados son cometidos por mujeres.

Da igual si se trata de tomar por asalto el teatro Dubrovska (año 2002, 117 muertos, 50 terroristas, la mitad mujeres) o hacer estallar por los aires el metro moscovita.

Son esposas, hijas, hermanas o madres de jefes guerrilleros abatidos por las fuerzas de seguridad rusas, a lo largo de 16 años de combates.

Les dicen “las viudas negras”. Se mueven más por la venganza, que por la ideología. Son más sutiles, más discretas y mortalmente eficaces. Su presencia constituye una herramienta de guerra poderosa del separatismo islámico en Chechenia , Ingusetia y Daguestán

El Presidente ruso Dimitri Medvédev calificó al conflicto en el Cáucaso como el problema más serio de la política interior rusa. No es para menos.

De hecho, fue el resorte que espoleó a Vladimir Putin (hoy primer ministro) a la Presidencia de Rusia. Después fue el propio Putin quién impulsó al actual mandatario Medvédev.

Y ahora, la peligrosidad del actual conflicto en el Cáucaso radica en que, a diferencia del separatismo checheno, desbordado en los noventas y concentrado en el secesionismo territorial, hoy está reconvertido en una guerra santa que no se detiene en el territorio, sino que busca implementar una cosmovisión religiosa y ortodoxa del Islam.

El reto para el Estado es hoy más serio que nunca.

Primavera rusa.

Cae el atardecer en Moscú. El café, hirviendo. Da la sensación que el sol no tuvo a que salir…

Ciro di Constanzo/mileniodiario

LA IGNORANCIA ES LA FELICIDAD…


LA IGNORANCIA ES LA FELICIDAD...

– Papá, ¿Qué pasaría si no voy al cielo?
– Ni hablar… tú sólo cree en Jesus y lo conseguirás.
– Pero digamos -sólo hipotéticamente- que no creyese y terminase en el infierno… ¿Tu felicidad eterna se vería afectada sabiendo que tu hijo está sufriendo horriblemente en el fuego del infierno?
– No, hijo… En el cielo, Dios borra de tu memoria todo lo que te haga infeliz.
– Entonces… la felicidad perfecta requiere perfecta ignorancia.
– Exacto!!
– ¿Y es por eso que somos cristianos?
– ¡Bingo!

visto en sorprendible

Ruleta rusa

Ruleta rusa

Decidí comprar el revólver después de la primera vez que nos robaron, costó mucho menos que todo lo que se llevaron. Vaciaron la casa, los billetes los encontraron debajo del pato de barro negro. Después de tirar todo se fueron. Mi mujer siempre me decía que tener un arma en la casa era muy peligroso, que mejor lo reportara con la policía.
Terminé riendo mientras lo recordaba, aproveche el tiempo para poner el cañón dentro de mi boca. El metal era frío, pero no tanto como lo sería la bala, saqué el tambor y solo una bala quedaba dentro. Lo volví a meter y lo giré hasta perder la ubicación del proyectil.
Sólo esa bala había quedado allí después de tantos años. La segunda vez que nos robaron ya lo tenía, tres sujetos con guantes del mercado y pasamontañas entraron en la casa, uno traía una 9mm., otro una bolsa y el tercero nada. Sabían a lo que iban, no nos dijeron nada, nos apuntaron a la cabeza y nos hicieron tirarnos al suelo de la cocina. El sujeto de la bolsa revisaba qué teníamos de valor, el de la pistola nos apuntaba y el otro veía si nadie se había dado cuenta.
Cuando terminó de revisar todo, el de la pistola nos preguntó por alhajas y billetes. Los billetes los habíamos ocupado en la comida y las alhajas estaban empeñadas. No nos creyó, llevaron a nuestro bebé para amenazarnos.
Mi mujer se levantó para tomarlo, pero el sujeto de las ventanas la golpeo y el de la 9mm, le disparó a la pierna. Tomé el revólver de la alacena de la cocina. Un sonido hizo retumbar las paredes, seguido de otro y otro y otro, uno de los ladrones, el de la bolsa, tenía un hoyo en la pierna, el de las ventanas tenía otro en un hombro y el de la pistola tenía dos en el pecho.
Un vecino dio aviso a la policía, no creyeron que fue en defensa propia (pinches polis), aún cuando vieron el cuerpo de ella en el suelo. El tipo con el hoyo en la pierna tomó la pistola y se echó a correr antes de que llegaran, los otros se quedaron tumbados en la sala.
Me encerraron por mucho tiempo. Cuando salí mi hija tenía trece años. Mi mujer muy diferente, mi casa había cambiado. Nada se parecía y yo no me sentía igual. Tal vez era el hecho de haber matado a alguien. Aguanté un año mas así, pero ya no pude, fue entonces cuando saqué el revólver y lo metí en mi boca.
Mi dedo se posó temblorosamente sobre el gatillo, mis ojos, siendo presas del mismo temor, se cerraron con una lentitud similar a con la que tiraba del gatillo. Un solo ruido se apoderó de todo el cuarto… Pero las paredes no se mancharon de rojo. Di un suave golpe al tambor y al abrirse vi que la bala había quedado a un orificio antes del tiro que di. “Aun no me quieren allá”. Devolví la pistola al cajón mientras mi hija me decía que era hora de comer.

Martin Coca