Las reflexiones de Sandoval

Las reflexiones de Sandoval
Con esta puta cara, ¿que esperaban?

Los mexicanos somos todos monstruos en potencia, pues lo traemos en nuestra herencia genética. Ésa es la interesante tesis del cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, quien además nos acusa de desleales por no haber aplicado, todos, una política de encubrimiento en el caso Marcial Maciel.

La verdad es que estoy horrorizado por la desfachatez demostrada por este sujeto, quien con toda la cara dura del mundo quiere embarrar a todos los mexicanos, particularmente a los michoacanos, con la mierda que fue regando a su paso el fundador de los Legionarios de Cristo.

Es inconcebible que amparado en su elevado cargo eclesiástico, Sandoval Íñiguez, con tal de tratar de limpiar la imagen de Marcial Maciel, diga tal cantidad de barbaridades y acuse, sin mayores pruebas que su elevado intelecto, a todos los mexicanos de ser “medio mañosos” y “medio dobles”.

Los argumentos del cardenal no sólo son estúpidos y faltos de fundamento, también demuestran un inusitado desprecio a la condición de ser mexicano.

Sandoval, al afirmar que el comportamiento bestial de Marcial Maciel tiene que ver con sus raíces mexicanas, no sólo le falta al respeto a todo un país, también demuestra que la visión que tienen los altos jerarcas de la Iglesia católica de nosotros los mexicanos es la misma que existía durante la época de la colonia, la que justificó una de las etapas más denigrantes en el trato a seres humanos que se ha dado en la historia mundial, con la venia de la Iglesia católica, la cual, en la voz de Sandoval Íñiguez, demuestra que su concepción no ha cambiando en nada.

Mi formación académica como psicólogo clínico me da elementos para saber que aun cuando los pueblos tienen rasgos comunes, es una estupidez el siquiera suponer que los desajustes emocionales que llevan a cometer monstruosidades como las de Marcial Maciel tienen que ver con el hecho de ser mexicano.

Dice este cardenal que hay que revisar la historia, desde Hernán Cortés, para entender por qué los mexicanos somos macieles en potencia.

La verdad es que no se necesita mayor esfuerzo para demostrar que sus señalamientos son, lo menos, absurdos, pues los desórdenes psicológicos de ninguna forma son privativos de un pueblo o raza.

Más que la solidez de sus argumentos, el tema no es si las declaraciones de este señor son ciertas o falsas, pues es evidente la ligereza de sus comentarios y la notoria ignorancia que demostró al hacerlos, no, el asunto aquí es que alguien, con tan alta jerarquía, sabedor del impacto de sus palabras, sea capaz de atentar de esa manera contra un pueblo cuyo único pecado fue no cerrar los ojos a los crímenes de un sacerdote.

El tema es que tenemos líderes católicos que amparados en sus investiduras son capaces de decir cualquier cosa con tal de proteger a sus compinches, aunque sepan, tal como el mismo Sandoval reconoce, los grados de locura a los que son capaces de llegar.

¡Pobre Iglesia! ¡Pobres mexicanos!

francisco.garduno@milenio.com

AYURVEDA: 6,000 Años Sin Enfermedad

AYURVEDA: 6,000 Años Sin Enfermedad

Existe un lugar libre de toda enfermedad, un sitio donde nunca se siente dolor…., donde el envejecimiento y la muerte no existen. Un lugar donde las limitaciones de todos desaparecen y ni siquiera se considera su existencia. Este lugar existe, está al alcance de todos y se llama salud perfecta.

Hace sólo unos pocos meses, se dio a conocer a nivel mundial un acotencimiento que la comunidad científica de todo el mundo esperaba con ansiedad; por fin, tras años de ardua investigación, el mapa genético humano había sido descifrado en su totalidad. Para muchos, este hecho marcaba el inicio de una nueva era en campos como el de  la medicina. La visión a futuro parece hoy más alentadora que nunca, conociendo el genoma humano, los hombres de ciencia buscarán, entre otras tantas cosas, realizar uno de los sueños eternos del hombre: terminar con la enfermedad; ambición a la que supuestamente nos acercamos a pasos agigantados, y que sin embargo es una realidad desde hace más de 6 mil años, cuando los antiguos sabios hindúes conocían ya lo que ellos llamaban en sánscrito la ciencia de la vida: el ayurveda.

Mucho más que una forma de medicina, el ayurveda es un estilo completo de vida que promete llevarnos a ese paraíso aparentemente inalcanzable para la medicina moderna actual: la salud perfecta. El doctor Dieter le Noir, médico especializado en ayurveda, y fundador del Instituto Samat, donde lleva a cabo esta práctica, nos comenta: “El problema de la medicina de occidente es que en realidad sólo te enseñan qué es la enfermedad, y lo que nunca aprendí después de todos los años de carrera de medicina fue qué es la salud”.

La ciencia médica moderna se basa en lo que se llama patogénesis, es decir, conocer las enfermedades y entonces encontrar el remedio; no obstante, el estado natural del cuerpo humano no es el malestar sino la salud, y aún así, nadie nos enseña a no enfermarnos; eso es lo que busca la medicina ayurveda, basarse más bien en la salutogénesis, comprender nuestro cuerpo y mantenerlo en equilibrio para que no tenga problema alguno: “la medicina occidental espera la aparición del mal y simplemente lo tapa, la medicina ayurveda busca mantener la armonía en el cuerpo para no llegar a la enfermedad”, añade el doctor Le Noir.

El ayurveda tiene su origen en el profundo conocimiento que los antiguos sabios de La India tenían del cuerpo humano y de su contacto con la naturaleza; desde entonces buscaban vivir en ese lugar llamado salud perfecta; lo más importante para ello es descubrir primero cuál es nuestro tipo físico, y de este debe depender la alimentación, los hábitos de vida y la rutina diaria, ási como una serie de prácticas que permiten la armonía con el cosmos. Esta práctica milenaria cobra fuerza en nuestra época principalmente desde que un médico endocrinólogo, formado en Estados Unidos y La India, en vista de las carencias que la ciencia moderna era incapaz de satisfacer, comienza a promover en todo el mundo occidental el sistema conocido como ayurveda maharishi; su nombre es de sobra conocido: Deepak Chopra.

El doctor Chopra ha sido testigo y causa de que cientos de enfermos declarados desauciados y en etapa terminal de enfermedades tan terribles como el cáncer y el melanoma, experimenten de pronto una mejoría que ha llegado incluso a la desaparición total de la enfermedad. Según el ayurveda, el principal problema de la práctica médica actual es que ven a todos los enfermos iguales, cuando en realidad cada cuerpo es totalmente distinto a otro, y lo que a una persona apenas molesta, puede desencadenar males terribles en otra. Además, los médicos han caído en el error de estudiar al cuerpo humano por partes y de forma aislada, cuando en realidad es un sistema de equilibrio perfecto donde el problema de un órgano, o de la mente, puede afectar el resto del sistema.

AYURVEDA: 6,000 Años Sin Enfermedad

La medicina ayurveda le da gran validez al famoso dicho “uno es lo que come”, y sostiene que básicamente en los alimentos que ingerimos está sustentada nuestra salud, y vigilando la dieta es como podemos llegar a la salud perfecta. El estómago, los intestinos, y de forma contundente el colon, son los órganos que más necesitamos cuidar para que nuestro cuerpo no rompa su equilibrio y comience a padecer. El mismo doctor Le Noir asegura que ésta práctica no es mágica y que requiere del apoyo de la ciencia moderna; sin embargo, con esta medicina tradicional ha logrado curar a pacientes que llevaban años de padecer enfermedades crónicas, además cabe señalar que el ayurveda tiene 6 mil años de experiencia y la medicina contemporánea a penas sobrepasa los 100. Una realidad es ineludible; el ser humano es parte de la naturaleza, pero la vida actual nos pone cada vez en mayor pleito con ella. Quizás valdría la pena retomar lo que los antiguos siempre han sabido.

Si te interesa:

  • La perfecta salud. Dr Deepak Chopra, Editorial Vergara
  • www.ayurveda.es
  • www.ayurveda.com

Juan Miguel Zunzunegui/

La Caverna de Zunzu

El proceso de momificación en menos de 3 minutos

Muy gráfico el video editado por el Museo Romano-Egipcio “The Getty” en el que explica paso a paso el proceso de momificación, con la ventaja adicional de que se han ahorrado el mal trago de enseñarnos como extraían órganos internos por la nariz del difunto… muy considerados.

la aldea irreductible

El proceso de momificación en menos de 3 minutos
Se trata Herakleides, un joven de 20 años que fue momificado allá por el año 150 después de Cristo y que en estos momentos se exhibe en el Getty, siendo una de las momias más peculiares conservadas, puesto que auna la milenaria costumbre momificadora egipcia con la tradición romana del retrato funerario.

Así pues, aprovechamos y de paso, asistimos a dos tradiciones milenarias fundamentales en la historia del arte resumidas en un video de menos de 3 minutos.

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Algunas razones del atraso

Algunas razones del atraso
Rolando Arjona

La organización del imperio azteca era ciertamente imponente. En los calpullis, el ejemplar sistema de organización social de los aztecas, era obligatoria la construcción de una escuela, es decir, no sólo se trabajaba y explotaba talentosamente la tierra con un criterio comunitario, sino que, además, se ejecutaba un esfuerzo “nacional” por la educación, la única forma de crecer armónica y equitativamente. Se trataba de evolucionar en planos de igualdad y, para ello, nada mejor que educar a las masas, de forma que los individuos contaran, en la medida de sus posibilidades, con las mismas oportunidades. Nuestros antepasados entendieron muy bien que, quien acapara el conocimiento, acapara el ingreso, de ahí que llevaran a cabo grandes esfuerzos por masificar la ilustración. Además de lo anterior, la impartición de justicia era una realidad indiscutible, como también lo era la imposición de criterios éticos y morales aplicables desde muy temprana edad. En resumen: existía un eficiente respeto al orden jurídico establecido y, donde hay respeto al orden jurídico, hay progreso porque se respetan las reglas de convivencia emitidas por los representantes populares. ¿Resultado?

La brutalidad de la Conquista destruyó absolutamente todo. Destruyó, por supuesto, el orden jurídico, destruyó el Estado de derecho, destruyó el calpulli a cambio de instituir la encomienda y la miseria masificada; destruyó el núcleo familiar, lo prostituyó, destruyó la escuela, destruyó la religión, destruyó la organización imperial, destruyó los sistemas de producción y de recaudación, destruyó como un gigantesco huracán, los valores, los principios de una civilización impresionante que vio canceladas sus aspiraciones y sueños más caros por un grupo de rufianes extraídos de las cárceles de la Edad Media tardía, en realidad, unos hispano-africanos, sálvese el que pueda, recién liberados de los árabes y que llegaron a América a imponer a sangre y fuego el catolicismo, en las cárceles clandestinas de los obispos, igualmente ávidos de riquezas materiales, al extremo de que, al comenzar el siglo XIX, la alta jerarquía era dueña de 52% de la propiedad inmobiliaria del país, además de contar con bancos privados, sótanos de tortura, entre otros, para los insolventes que iban a dar a las manos de la Santa Inquisición por haber dispuesto de los haberes y dineros del Señor… Si el clero católico hubiera educado a los aborígenes, tal y como era su obligación, de la misma manera en que se enriqueció hasta el absurdo violando los votos de pobreza y obviamente los de castidad, al iniciar el imperio de Iturbide, no hubieran existido en México 98% de analfabetos, un lastre que no hemos podido superar hasta nuestros días.

Algunas razones del atraso

La autoridad se prostituyó durante los interminables años del virreinato. Se remataban los cargos públicos al mejor postor, siempre y cuando fuera entre españoles y entre algunos criollos distinguidos. Los naturales, los indígenas y los mestizos, carecían de posibilidad alguna de participar en la administración del aparato del Estado y de ahí que, en los años siguientes a la Independencia, cuando se larga a los españoles por donde habían vendido, se llevan al otro lado del Atlántico las claves para operar el gobierno y, por ello, entre otras razones, el México independiente se hunde en el caos. ¿A dónde íbamos sin saber cómo gobernar una República Federal calcada, además, de la americana, en donde los índices de alfabetización eran tan elevados gracias a la religión protestante que establecía la obligación de saber leer y escribir para poder salvarse a través de la lectura de la Biblia? ¡Quien no leía la Biblia no se salvaría! ¿Cómo pensar en una estructura democrática en un país de ignorantes herederos, además, del nefasto autoritarismo español, el caldo de cultivo ideal de los caciques y caudillos que provocaron el estancamiento y la evolución hasta nuestros días? ¿O acaso, hoy en día, los jerifaltes de los partidos políticos y los líderes sindicales oficiales, no son sino los caudillos modernos que tienen secuestrada a la nación como la tuviera Santa Anna y sus 11 presidencias personales y sus Altísimas Serenísimas..?

La destrucción brutal y salvaje de todo lo que funcionaba, el nacimiento de los primeros mestizos rechazados por el padre y la madre ultrajada, tal y como fue el caso de Pedro de Alvarado, quien se jactaba de haber tenido 440 hijos, crearon un sistema depresivo en la Colonia, depresión que se tradujo en inmovilidad social, en la existencia de un aparato discriminatorio que excluyó a los auténticos dueños de este país hasta sepultarlos en la confusión y en el abandono entre la espada del conquistador y el pánico a la pira de los caritativos curas inquisitoriales. Cuando se destruyó el sistema de impartición de justicia se decapitó el gran sueño de grandeza azteca, advino entonces la corrupción, desconocida en Mesoamérica, se impuso el despotismo, la exclusión, la discriminación y el atraso se aposentó hasta nuestros días. ¿Quién respeta en México a la autoridad, la que sea..? ¿Quién..? He ahí, entonces, otra razón para explicar el atraso…

Francisco Martin Moreno/exonline

Ciudad Juarez

Ciudad Juarez

Acabo de pasar un rato en compañía de Judith Torrea. Judith, que recibió hace dos días el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, vive desde hace años en Ciudad Juárez y mantiene un blog (Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico) en el que se atreve a decir lo que muchos periodistas mexicanos callan, por miedo o por dinero.
Con más de 200 asesinatos al mes, Ciudad Juárez es el lugar más violento del mundo. La teoría oficial es que se trata de una lucha entre dos cárteles rivales que intentan controlar el paso más importante de cocaína hacia Estados Unidos. Pero Judith Torrea va mucho más allá: el índice de asesinatos ha crecido de manera demencial desde que el presidente Calderón envió al ejército a “controlar” la situación. La mayor parte de las víctimas son gente normal, no delincuentes, que se unen a los miles de mujeres torturadas, violadas y asesinadas impunemente desde los años noventa.
Judith culpa de lo que está sucediendo no sólo a las mafias, sino también a todas las autoridades: Gobierno federal y estatal, corporación municipal, policía y ejército, jueces y fiscales. Nadie hace nada. O, aún peor, muchos se dejan sobornar por los enormes beneficios de la coca. Y los que hablan, son ejecutados. A ella, una mujer valiente que dignifica la profesión de periodista, le preocupan ahora especialmente los huérfanos, los 10.000 niños sin padres que ha dejado la violencia. Va a donar una parte de su premio para que sean cuidados. Ustedes también pueden hacerlo a través de la página www.casa-amiga.org. Si ya no hay presente para Ciudad Juárez, intentemos al menos que haya un futuro decente.

Angeles Caso/publico.es

A mí no me preocupa Arizona

A mí no me preocupa Arizona

A mí no me preocupa Arizona. No me preocupa su ley racista, retrógrada. Ni sus líderes extremistas. Ni la gobernadora Brewer, ni el alguacil Arpaio, ni los Minutemen, ni las redadas. Ni su grilla electoral. Ni el apoyo de la gente, de los arizonenses, a la ley que criminaliza la inmigración. A mí me preocupa México.

No me preocupa Arizona, me preocupa que ni la amenaza externa nos une. Que ante los agravios, vejaciones y sufrimiento que podrían padecer más de 600 mil personas de origen mexicano viviendo en ese estado, en México no veo a ningún líder, en el gobierno o en la oposición, con ascendente para encabezar una respuesta articulada, valiente, única, inteligente ante la ley SB1070.

No me preocupa Arizona, lamento en cambio que Felipe Calderón haya renunciado, desde siempre, a tener alguna política externa. Que no haya apostado a una idea clara del papel que quería que México desempeñara en el mundo. Que haya improvisado una canciller a partir de una discreta embajadora, cuyo rol en el gobierno es de caricatura. Que el Presidente no haya entendido que estar en el Consejo de Seguridad de la ONU era una oportunidad para pesar a nivel internacional, no una lata que le heredaron del sexenio pasado. Lamento que hoy no tengamos prestigio mundial que poner por delante a la hora de negociar con EU, o al momento de pedirle a otros países y organismos que se sumen a una defensa de los paisanos. No hay músculo que presumir allende el Bravo, nunca este gobierno quiso tener uno.

No me preocupa Arizona, me enervan las declaraciones de legisladores que luego de la promulgación de la ley han manifestado que se movilizarán para protestar, incluso viajando a Estados Unidos. ¿Querrán estos diputados y senadores matar de risa a los políticos de Arizona? Son los mismos incapaces de sacar leyes para generar mayor competencia, los que difieren cualquier discusión sobre reformas, entre ellas la laboral, que quizá, y sólo quizá, podrían generar mejora económica, y por ende mermar la fuga de mexicanos. Me preocupa que tengamos un Senado que tiembla ante Cuba, y cuya voz hoy no es contundente a pesar del vacío dejado por el gobierno federal en política exterior.

A mí no me preocupa Arizona, me inquieta que todo el mundo coincida en que es increíble que siga en el despacho de secretario de Economía un señor que, abundan los testimonios, trata con desdén a empresarios que le solicitan audiencia para plantearle proyectos de inversión. Si de él dependen algunos empleos, pues habrá más migrantes, irremediablemente. Pero también me preocupa que en los estados y municipios las obras nunca cuestan lo que deberían, las cuentas nunca cuadran, la transparencia va en reversa.

A mí no me preocupa Arizona, me desconcierta que los mexicanos no hayan encontrado aún los medios para presionar a la clase política a romper su pacto de conveniencia, que parezca inexistente el sentido de urgencia, que la indignación sea estéril, que encojamos los hombros ante la partida de primos, sobrinos, padres, amigos y desconocidos.

¿Ven que no era retórica? ¿Me creen ahora cuando les digo que a mí no me preocupa Arizona? Porque además, estoy seguro, los migrantes se impondrán, su lucha es justa, y lo harán por sí solos, pues saben que no cuentan con México, ¿qué podría ofrecerles un país que sólo supo orillarlos a intentar salvarse en otra parte?.

Salvador Camarena/eluniversal.com.mx

EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

 

EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

Fiesteros, confiados, amistosos, anfitriones de primera, con valores familiares, unidos, trabajadores, solidarios, ingeniosos y gigantes de la Concacaf…, son unas pocas de tantas mentiras o mitos que nos encanta repetir sobre nosotros mismos aunque ninguna sea verdad. Negarlo, además, nos convierte en antipatriotas. Cuando Octavio Paz escribió el Laberinto de la Soledad hubo quien le dijo que era una elegante mentada de madre para el mexicano. Ese libro que le dio fama mundial y que colaboró con su Nobel de Literatura, es muy poco leído en México porque dice cosas muy feas de nosotros.

Aquí preferimos la versión de Chava Flores que decía: “Sólo puede hablar de México quien lo conoce, pero sólo DEBE hablar de México quien lo ama”. Claro, bajo el concepto de que el amor es ciego, se pretende que quien ama a nuestro país sólo dirá cosas hermosas de él, supongo que aunque para ello deba de mentir o padecer del Síndrome del ciego que no quería ver; es decir, la ceguera selectiva. Y como con apenas dos párrafos ya he de estar recibiendo el mote de antipatriota de parte de varios, pasemos a las explicaciones.

Al mexicano le encanta vivir en el pasado, tal vez derivado de que nuestro futuro nunca tiene buenas expectativas; lo malo es que nos aferramos a un pasado que ya se fue o a uno que de plano nunca existió. En términos históricos, por ejemplo, nos encanta repetir aquello de que tenemos un pasado glorioso, y nos soltamos hablando de los mayas, los aztecas y demás culturas mesoamericanas, y nunca reflexionamos en que los aztecas son aztecas y los mayas son mayas…, ninguno de ellos es mexicano, por más que la historia posrevolucionaria se empeñe en dejarnos en estatus de azteca conquistado y nos tenga en el conflicto de identidad de aferrarnos a lo indígena sin reconocer la herencia hispana. Pero esa es otra historia, que ya he contado y seguramente volveré a contar.

Seguramente si fuimos una sociedad con grandes valores familiares y muy trabajadores y muy buenos anfitriones y creativos y todo lo demás…, bueno, hasta Gigantes de la Concacaf. Pero todo eso ya fue, lo dejamos hace como treinta años aunque nos empecinemos en que lo somos aún. Nos encanta además compararnos contra el gringo, y contra su poderío económico nosotros tratamos de esgrimir el poderío moral. Tendrán mucho dinero, decimos, pero no tienen valores familiares…, pues nosotros tampoco, somos un país donde 2 de cada 3 matrimonios terminan en divorcio y donde hay de los mayores índices de violencia intrafamiliar. ¿De cuál valor familiar hablamos?, ¿del machismo?

EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

Golpes, drogas, divorcios, embarazos a los 14 años, violencia activa y pasiva, pederastia a todos los niveles. ¡Qué grandes valores sociales! El que no tranza no avanza, buen valor; al que madruga Dios lo arruga, que laboriosidad; al que agandalla Dios lo acompaña, que honestidad; quedó hecho a la mexicana, que creatividad; pero sigo siendo el rey, que respeto a la mujer; pobre pero honrado, que culto a la pobreza y vilipendio a la riqueza.

Los gringos serán potencia, pero no tienen nuestro pasado glorioso…, y ni les importa. Además de que ese pasado tampoco lo tenemos nosotros. Queremos ver nuestro pasado, vamos a asomarnos al siglo XIX, cuando nacimos y estuvimos llenos de posibilidades que desperdiciamos matándonos entre nosotros hasta culminar con la masacre espectacular a la que llamamos revolución. Pero eso si, nos ganaran en lo que sea menos en futbol, porque somos el gigante de Concacaf.., ¡bueno!, si llevan destrozándonos los últimos ocho años, valiente gigante de pies de barro. Y aún así, si se le pregunta al futbolista dirá que aún no son mejores que nosotros, aunque nos ganen. Me recuerda al filósofo Hegel, quien decía: “Si la realidad no se adapta a mi teoría, peor para la realidad.

Pero para muestra un botón, uno muy grande y evidente. Si fuéramos todo lo que decimos que somos seríamos una potencia mundial, y no lo somos. Claro que ante ese argumento nos escudamos en la teoría del complot: el árbitro, los jueces, los ricos, el capitalismo, la globalización, el gobierno, Salinas de Gortari, los gringos, los gachupines, los extranjeros, los vendepatrias…, cualquiera sirve como culpable ficticio que justifique nuestra caída realidad y nos haga poder seguir viviendo en el mito de nosotros mismos.

EL MEXICANO Y EL MITO DE SI MISMO

El mexicano es individualista, por eso gana en box y no en futbol, por eso triunfa en clavados pero no tiene deportes de conjunto; el mexicano es desconfiado, por eso teme a la globalización y considera malinchismo todo gusto por lo extranjero; el mexicano es cerrado, por eso se amilana ante el cambio. Seguimos instalados en el mito en vez de confiar en la ciencia: clavamos un cuchillo en el pasto en vez de consultar al meteorológico, le pedimos trabajo a la virgencita en vez de a un reclutador; dejamos nuestro futuro en manos de Dios en vez de en las nuestras; le pedimos pareja a un santo en vez de esmerarnos en merecerla, nos quejamos de pobreza, pero millones de personas dejan de trabajar más de un mes para visitar a la versión castellanizada de Tonantzin; no hay dinero, pero pueblos enteros gastan ahorro de un año en una fiesta o en vestir a un niño Dios, en vez de invertirlo.

Y digo tantas cosas que parecen feas de mi México precisamente porque lo amo, pero no soy ciego; lo amo y me llena de coraje, me correo las entrañas ver a China por encima de nosotros cuando era una miseria hace unas décadas; me resulta terrible que Angola crezca más que nosotros, me insulta que una España que hace 40 años echaba migrantes ahora sea inversionista mundial y nosotros, que recibíamos a los españoles, arrojemos migrantes; que Irlanda y sus bebedores de cerveza recalcitrantes hayan logrado ponerse de acuerdo por el país y generar un milagro irlandés, que no es causa de San Patricio sino de los irlandeses; que un pantano como Singapur, que hace 40 años rogaba por ser aceptado en algún país hoy sea del tamaño del DF y genere más que toda la República; que el destrozado por los gringos Vietnam, reciba más inversiones que el autodestrozado México.

Me llena de rabia ver al México que siempre he querido hundido en su pasado, con un ancla enorme y una más grande venda en los ojos; un México que no supera los golpes como forma de atender conflictos, cuyos parasitarios representantes viven de su consuetudinario saqueo mientras su pueblo vive en la apatía y en la justificación de la miseria. Un México que vive del mito de sí mismo y sin mirarse en el espejo de la realidad, donde las declaraciones son más importantes que los hechos y donde tenemos que reafirmar nuestra identidad de forma agresiva gritando: ¡Viva México Cabrones¡

Somos tan fiesteros que gastamos lo que no tenemos, vivimos de fiesta y en ebriedad para evadir la realidad, desconfiados de conocidos y extraños, anfitriones de doble cara que recibimos de gran sonrisa al gringo con sus dólares mientras pensamos ¡pinche gringo!, tan ingeniosos que nos sobran recursos para transar, trabajadores a menos que la virgencita o un santo requieran de nuestra fiestera holgazanería, con valores familiares de 10 de mayo y valores patrios de 15 de septiembre.

Mirar al pasado ayuda a comprender la vida, pero sólo voltear al futuro ayuda a vivirla. Como el adicto de cualquier tipo, el primer paso para solucionar un problema es aceptar que se tiene. El mexicano puede aceptar que estamos como estamos porque somos como somos, o vivir en la fantasía de que somos lo máximo aunque el mundo entero demuestre lo contrario como parte de un complot mundial contra el país.  Ojalá tomemos la libre elección de despertar y dejar de vivir del mito de nosotros mismos. Si hacemos ese propósito tal vez cambiemos nosotros y por consecuencia lo haga el país, tal vez salgamos de pobres, y en una de esas, hasta le ganamos a Estados Unidos en futbol.

Juan Miguel Zunzunegui