Adiós calidad de vida

Adiós calidad de vida
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Perdimos la guerra contra el crimen organizado. Ahora la estamos perdiendo contra el desorganizado.

Y lo peor: perdimos la calle.

Después de un mes de disfrutar ciudades de Europa y Estados Unidos, regreso a la realidad mexicana con elementos de juicio frescos en la memoria para comparar la vida cotidiana entre aquéllas y la nuestra. Y responder a la pregunta frecuente: ¿qué extrañas de México?

Extraño poder caminar sin miedo por las calles, en cualquier barrio, a cualquier hora del día o de noche. Lo hacía en México. Lo he dejado, a estas alturas uno de los pocos grandes placeres todavía a mi alcance. Por razones médicas y porque el amanecer ofrece todos los días una distinta fascinación, salgo a caminar a oscuras, de noche, antes de aclarar, cuando el sol me encuentre protegido por alguna calle transversal con sombras protectoras de la anunciada metástasis de cáncer de piel.

Solía hacerlo en México andando los 12 kilómetros de mi casa al Zócalo. Me llevaba de tres a cuatro horas, según la velocidad y la ruta. Parte del placer era ir solo y regresar en algún transporte público. He dejado de hacerlo por miedo, desconfiado del vigilante que me observa pasar, acosado por el consejo de familiares y amigos de no hacerle cosquillas al tigre, advertido del peligro por un jefe de policía, apenado por la oferta de un militar que ofreció ponerme escoltas pensando, más que en mí, en el problema que generaría un secuestro. Lo que se diría de cualquier ciudadano en mi lugar, si algo me pasara, sería: “Se lo merece por imbécil”. Imaginar esta reacción fue, tal vez, lo que me decidió a estarme quieto.

Me desquito fuera de México. Con un frío de todos los diablos, salí al amanecer hacia el puente de la Asamblea Nacional en París, la ciudad más bella del mundo (Venecia es de otro planeta), atravesé el Sena y regresé por el de Alejandro III con la silueta de Notre Dame ante un sol de Monet y su reflejo sobre el río, deteniéndome en la barra del café apenas abierto, para tomar el noisette inicial.

En Madrid la luz asoma entre nubes cuando paso por el Gijón, aún cerrado. Al final de Recoletos, en la boca del metro de Alcalá, frente al Banco de España, recojo los dos periódicos gratuitos. En la esquina del Palace doblo hacia la Carrera de San Jerónimo, regreso al Río Frío y el mesero, sin preguntar, me acerca el primer cortado del día cuando el sol brilla sin remordimientos.

En Oviedo, ciudad acogedora a la medida de la gente, hago la ruta de los hoteles, del Barceló al de la Reconquista y en la Universidad la sombra avisa, antes de irse, que es hora de regresar. Si le preguntas por dónde a la primera persona que encuentres, te expones a que te acompañe a donde vas. En Oviedo se tiene una idea de la hospitalidad en peligro de extinción.

Alguien me dijo un día, después de visitar el Moscú comunista, que Nueva York le había parecido una ciudad romántica. Lo es, seductora y turbulenta, sobre todo al amanecer, cuando las coladeras arrojan columnas de vapor, los obreros y ejecutivos de cuello blanco compran su hotdog de dos dólares, café y manzana en el puesto de la esquina, el Grand Central Station es la verdadera catedral de la ciudad y el periódico de foquitos de Times Square empieza a medir las noticias. Compro un tabloide amarillista y leyéndolo en la barra aglomerada tomo mi primer expresso del día en un vaso de cartón.

La ciudad, el invento más antiguo, permanente y valioso del hombre, se perdió en México. Te asaltan en las calles, en los camiones, en tu coche, en la fonda, en el metro, en el cajero automático, camino de la escuela, en el súper. La inseguridad cancela la intención de salir a dar un paseo.

Salvo en un estado de sitio, cuartelazo o emergencia, todas las conquistas urbanas integrantes de eso llamado calidad de vida, en circunstancias normales no se pierden de manera súbita. Se van abandonando poco a poco: un día dejas de ir al cine, otro decides no salir solo, buscas calles iluminadas, evitas las desiertas, cancelas compromisos, te encierras en tu casa y te acostumbras a un sistema de privaciones. Prescindes de todo aquello que la ciudad ofrece para vivir bien y aprovechar sus ventajas.

La calidad de vida no se pierde sólo en medio de la violencia bélica generalizada, en los combates de soldados y policías contra delincuentes (me niego a decir “otros delincuentes”). Se pierde cuando el miedo altera las costumbres y llega, sigiloso y sutil como el aire, a las cocinas, las salas y las recámaras de la gente común y corriente y altera sus costumbres como si así debieran ser las cosas. Y no, no son así, por lo menos no es así como deben ser.

Quiero recobrar mi ciudad.

Jacobo Zabludovsky/eluniversal.com.mx

Día de Muertos, ¿fiesta nacional?

Día de Muertos, ¿fiesta nacional?
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En la semana 207 de la cruzada de Calderón contra el narcotráfico, se consolidó una tendencia escalofriante: son tiempos terribles para los jóvenes porque o los mata el hambre o los matan las drogas o los matan los sicarios.

Ya asesinado, la primera reacción del gobierno es encontrar pistas que te vinculen con el narco. La segunda y tercera reacción, queremos suponer, es que busquen a los culpables. Sin embargo, si bien siempre aciertan y te ligan diciendo que eras drogadicto o narcomenudista, la segunda reacción pertenece a esa estadística que nos llena de vergüenza y horror de ser un país donde 95 por ciento de los crímenes nunca se averiguan.

El clima de violencia en México se percibe en todas partes, desde la sala de un Foro de Madrid, España donde nada me conmovió más que las lágrimas de un joven becado, de 22 años, sobrino de un coronel de la policía asesinado en el estado de Sonora cuando decía: “no quiero ser como mis primos ni quiero formar parte de un país donde es posible secuestrar a alguien, pasearlo durante 8 horas por las calles sin que nadie haga nada; en consecuencia, quiero ser servidor público”, hasta ese interminable rosario de ataúdes blancos y azules con flores, con océanos de lágrimas de madres o el asesinato de albañiles que pasaban “erróneamente por ahí” como sucedió en Nayarit, o la señora que caminaba por una calle peatonal en Monterrey y le alcanzó una granada.

Frente a ese dolor están las declaraciones desde la zona cero del Estado mexicano, de quienes dicen: “no pararemos, todo esto demuestra que debemos seguir”, me pregunto: ¿hasta la destrucción final de quién?, ¿en qué dirección vamos? Como ciudadano de a pie, creo que es necesario que los policías sepan serlo y que si hay un patrón de asesinar a jóvenes de ciertas características, alguien, en algún lugar, descubra que quizá es mejor mandar a los policías antes de que los maten.

El número de muertos es tan alto que como pasa con el dolor y el amor si la muerte no tiene cara es un concepto abstracto que no termina de penetrar. Es necesario que los gobernantes sean capaces de sentir el dolor, la soledad y la frialdad que significa que te puedan matar sin que nunca pase nada.

Y cuando los verdaderos asesinos llegan a ser detenidos tienen el aspecto de tranquilidad de quienes saben que en México no recibirán una gran condena, porque ¿qué juez se atreverá?

Mientras tanto, usted o yo debemos rezar para no atravesarnos en medio de un cuerno de chivo, una granda o simplemente no estar junto a un muchacho que por querer dejar de ser drogadicto puede ser ametrallado.

Si no fuera porque hasta los conquistadores españoles pudieron comprobar que la relación con la muerte del pueblo mexicano llega mucho más allá de los dioses de importación, sería terrible porque nunca como hoy, fue tan significativo conmemorar un primero de noviembre. Hoy recordamos a los infantes y a los jóvenes muertos, la cosecha más trágica y más abundante de este año, cuarto año del sexenio de Calderón.

Antonio Navalón/eluniversal.com.mx

Cárcel

Cárcel

Inauguro mi nueva andadura con un drama de dimensiones colosales. La típica visita a la cárcel en la que todo va bien, se habla de la familia, de lo cabrón que es el abogado, etc. y que a la hora de la despedida los dos sujetos ponen sus manos sobre el cristal, siendo éste un gesto afectivo muy arraigado. Que podrían ser originales de una vez por todas y hacer lo mismo aunque dándose dos besos en las mejillas por ejemplo, pero no, la gente tira por ahí.
El caso es que hay un temblor en ese momento o algo raro, ellos ven que algo pasa, como que los cimientos se van a tomar por culo. Y la primera reacción que tienen es la de intentar sostener la luna de separación con sus propias manos. Y con todas sus fuerzas. Mantener la estructura del recinto en su sitio, digamos. Lo lógico sería dejar hacer, ¿verdad? El cristal se hace añicos y así pueden aprovechar y tocarse, abrazarse incluso. Nada de eso. Aquí prima la infraestructura, el amor por lo arquitectónico. Antes todo muy sentimental e íntimo pero a la hora de la verdad, cuando al ser humano se le presiona y tiene que reaccionar en milésimas de segundo lo hace por el camino más sistemático… La organización. El orden. La armonía.  Los arrumacos vienen después, pero joder, las vigas en su sitio primero.
Aquí Dios y después gloria.

http://pericoromero.wordpress.com

Sociedad de viejos

Sociedad de viejos
http://www.artelista.com
Una sociedad de viejos es una sociedad de ausencias. Con una esperanza de vida más larga acrecienta más la densidad melancólica que una colectividad de jóvenes cuya memoria más reducida no llega tan lejos y su aforo y su peso es incomparablemente menor.
Esa sociedad envejecida lamenta el fin del pretérito y, como es usual, añora lo que no volverá. De ahí se deduce el enorme desprestigio de los años presentes puesto que desde todos los lugares de poder, regidos mayoritariamente por mayores, se propaga -aun a  su pesar- una idea pesimista de la época, una idea de post, de postrimerías y no de inauguración.
Aquí y allá, en el caos del arte, de la economía o la política, no se piensa de ningún modo alentador hacia adelante sino que el pensamiento se encuentra taponado por la pretensión de rescatar formas, fórmulas y planteamientos del pasado. Asustado ante el temible porvenir. No hay de hecho, un pensamiento que aborde los problemas con métodos novedosos. Significativamente no hay pensadores, con o sin premio Nobel o Príncipe de Asturias, que ayuden a sacar provecho de la nueva situación y tanto un repudio a la actualidad como una resistencia a admitir un cambio de paradigma positivo  contribuye a empeorar la crisis.
La edad proterva es un depósito de sabiduría pero ya se comprueba que este depósito permanece actualmente guardado en almacenes y no se utiliza o no vale como reserva para subvenir el provenir. Por el contrario, siendo el déficit el signo general del mundo en cuestiones materiales, el pensamiento aplicable es deficitario en soluciones intelectuales. Déficit en casi cualquier lugar,  déficit de pensamiento en casi cualquier punto. Pérdida de energía renovada en un mundo envejecido.

Vicente Verdú

http://www.elboomeran.com

Los mejores vídeos según Guggenheim y Vimeo

Recientemente se han dado a conocer dos resultados muy importantes y curiosos para el mundo del vídeo online: el Museo Guggenheim de Nueva York ha presentado una selección de los 25 vídeos de YouTube más innovadores y creativos, y Vimeo ha dado a conocer los ganadores de suFestival Awards 2010.

video-online

YouTube Play: creatividad y Guggenheim

YouTube Play es una iniciativa de YouTube, Guggenheim y HP para encontrar los vídeos más innovadores y creativos en YouTube. El pasado 21 de octubre se presentó oficialmente la selección en el Guggenheim de Nueva York. Hay muchos que son bastante conocidos y otros no tanto, lo que está claro es que todos son auténticas joyas.

Lo vi en: http://www.pisitoenmadrid.com/blog