Comprendo

Conprendo la ambición, las tentaciones del poder, las razones del estado, la conveniencia de arrimarse al sol que más calienta.
Comprendo
Comprendo que los ricos quieran seguir siendo ricos y los poderosos poderosos, que nadie esté dispuesto a renunciar a sus privilegios, que los países desarrollados quieran seguir creciendo a costa de la miseria del tercer mundo. Comprendo que haya que fabricar y vender armas, porque la guerra es un negocio.
Yo lo comprendo todo; lo que sucede es que no me lo creo, que no lo comparto, que no lo apoyo.
Comprendo que las cosas son así, pero a mí todavía nadie me ha demostrado que no puedan ser de otra manera. Por eso sigo fiel a la utopía. Por eso quiero hablar no de lo que es, sino de lo que podría y debería ser.
Jesus Quintero

Microfono

Microfono

Los políticos hablan, hablan, hablan, siempre a través de un micrófono. También los intelectuales, los escritores y periodistas expresan sus opiniones en charlas, conferencias y tertulias, siempre a través de un micrófono. Prendido en la solapa o plantado en la mesa, el micrófono se halla a menos de un palmo del corazón o del cerebro del político, del intelectual y del periodista. Ignoro si la naturaleza del micrófono influye en el modo sentir y de pensar de quien en ese momento suelta una retahíla de palabras por la boca. La cuestión es quién excita a quién. Cuando ambos entran en acción, normalmente es el micrófono el que suele marcar la pauta al cerebro y le impone una ideología, porque es el propio aparato ya en sí mismo una forma de pasión o de pensamiento manipulado a distancia por el que manda. Cada micrófono tiene detrás un propietario, un partido político, una iglesia, un grupo de comunicación, una editorial, una clientela, una empresa que paga. Pero basta con que un político crea que el micrófono está apagado para que deje de ser previsible, falso y relamido y llame hijoputa a un correligionario. Ésa es la verdad inalámbrica, la única que merece ser atendida y respetada, porque es realmente lo que siente o piensa quien la emite. De hecho el parlamentarismo real de los últimos tiempos puede resumirse en la expresión espontánea ¡manda huevos!, cazada al presidente del congreso de los diputados, con la que pasará a la historia. Del mismo modo todo el combate agónico contra la democracia durante la transición se reduce al alarido de mando, al suelo, al suelo, que pronunció un milico pistola en mano, con la guerrera desabrochada. Sucede lo mismo con los intelectuales, escritores y periodistas. “¿qué opina usted? Lo mismo que el micrófono”. Pero en cuanto termina la mesa redonda, bajan del estrado, se relajan, se aflojan la corbata y si un amigo se acerca a saludarlos, se expresan con absoluta sinceridad, muchas veces contra la idea que acaban de defender en público. “bueno, esto ha sido un embarque, yo sólo he venido aquí a levantar unos euros”, dicen los más cínicos. En el combate entre el micrófono y el cerebro, hoy la única verdad es la inalámbrica, la que siempre se produce con el micrófono apagado.

Manuel Vicent/elpais.es

Afganistan, cosas de la guerra

Afganistan, cosas de la guerra

Toda guerra extrema las perversiones. La de Afganistán, por ejemplo, que es la cosa que ahora llevamos entre manos, nos deja puntual noticia del último invento macabro de los talibanes: tomar al campesino de escudo humano y a la hija del cabrero de caja de bombas. Esto de utilizar al pueblo de blindaje es cosa antigua. Un ramalazo más de aquella esclavitud, cuando el negro valía menos que la hoz con que rapaba las cañas del campo. Abulta mucho el titular que anuncia cómo a las párvulas les calzan una minifalda de dinamita y hacen de ellas un artefacto con las patas cortas. Pero lo que nadie explica de verdad es para qué sirve esta guerra que hace de las niñas un correo mortal con los dientes de leche. Los radicales islámicos que nos preocupan no están del todo ahí, sino que se repasan la barba en las peluquerías de Londres y en los sótanos de Nueva York. Los paraísos fiscales les conserva a salvo su parné. Mientras, aquí estamos por la paz mundial, por la ancha paz de toda la vida, pero alternamos el mitin pacifista con excursiones disimuladas a una batalla que no es la nuestra y donde los más tarados del Islam se dedican a parar las bombas que les mandamos con la esquelatura del vecino. Estoy con Raúl de Pozo cuando escribe que alguien debería explicar porqué esta aventura es más justa que la sangría de Irak. A mí las cuentas no me salen. Lo de Afganistán es otra orgía fanática donde los soldados extranjeros tampoco pisan saltamontes en las montañas por si explotan los muy cabrones. Con esto quiero decir que es la locura y el pánico quien en última instancia ordena, quien toma en verdad las decisiones. Cuando nos dicen que desquiciados como el que aparece sentado en la foto, Abu Wakas, se había confeccionado un harén de niñas para enviarlas como palomas explosivas contra el enemigo no es posible creer que el encargo siniestro de participar en este tinglado sirva en verdad para algo. Obama no exige ayuda, sino refuerzos. O sea, más escudos humanos, que eso es en definitiva un soldado en un conflicto. Al final alguien tendrá un día que avergonzarse de todos los muertos. De las niñas árabes, de los chicos nuestros, de las putas medallitas que depositan los hombres de paz sobre los féretros cuando éstos traen dentro la única noticia que puedes creerte de la guerra. No sé si me explico.

Antonio Lucas/elmundo.es

Chiste estupidos

 

-Oye, ¿cómo te llamas?
-Pedro, pero cuando estornudo me llaman Jesús.

Un indio llega al Registro Civil y le dice al encargado:
– Quiero cambiarme de nombre, porque el mio es demasiado largo.
– ¿Como se llama en la actualidad?
– Gran nube gris que lleva mensaje por el mundo.
– ¿Y como desea llamarse?
– FAX

Esto es una mujer que estaba hablando por telefono y justo cuando llega su marido cuelga.
Le dice el marido: Cariño, veo que vas mejorando, hoy solo ha estado el telefono ocupado 1 hora y media. ¿Quien era?
Y responde la mujer:
Se habian equivocado.

Chiste estupidos

Llega dracula a una casa y se mete al cuarto del niño y dracula lo asusta:
¡AAAA!
El niño se pone a temblar y dracula le pregunta:
¿Te doy miedo?
Y el niño responde:
No gracias, ya tengo mucho.

Abuelo, abuelo, ¿has visto la pastilla que habia encima de la mesa?
¿Y has visto tu el dragon del pasillo?

Un ladron le dice a su victima:
-Esto es un asalto, ¡deme todo su dinero!
-¡Usted no sabe con quien se esta metiendo! ¡Soy un politico muy influyente!
-En ese caso, ¡devuelvame todo mi dinero!

MUCHOS ARTISTAS ESTÁN DISPUESTOS A HACER COSAS CON PIPÍ

Gallardón permitirá orinar en la calle si se hace con fines artísticos

MUCHOS ARTISTAS ESTÁN DISPUESTOS A HACER COSAS CON PIPÍEl alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, aprovechó ayer su visita a la feria de arte contemporáneo ARCO para anunciar que, a partir del mes que viene, estará permitido orinar en público en la ciudad de Madrid siempre que se haga con fines artísticos. La decisión ha sido tomada, según ha reconocido él mismo, “de forma espontánea y llevado por el ambiente creativo que aquí se respira”. El alcalde tampoco ha descartado habilitar “espacios abiertos a la micción” o, en todo caso, enfocar en esta dirección su proyecto para renovar la ribera del río Manzanares.

“El señor Gallardón ha llegado nervioso al recinto, ha aguantado la visita guiada bebiendo mucho champán, ha soltado lo de orinar con fines artísticos y luego ha preguntado dónde estaba el baño. Creo que es bastante obvio lo que ha ocurrido y, por lo tanto, no daría por confirmada su decisión por el momento”, ha advertido el jefe del gabinete de prensa de ARCO.

Pese a las sospechas de que Gallardón ha sido víctima de un arrebato irreflexivo, son muchos los artistas que se han interesado por la posibilidad de “hacer cosas con pipí”. Desde Barcelona, el pintor Antoni Tàpies ha asegurado que “la idea se adaptaría muy bien a mis necesidades como artista y como individuo con problemas de próstata” y ha pedido al alcalde de su ciudad, Jordi Hereu, que tome en consideración la propuesta, sugiriendo incluso la creación de una iniciativa de micción colectiva “que se podría llamar MeArte”. “El señor Tàpies sabe que aquí en Cataluña puede mear donde quiera. No hay más que ver cómo está la fachada del MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona) para comprobar que, en Barcelona, la orina impregna todo lo contemporáneo”.

www.elmundotoday.com

Secadero de jamones

Secadero de jamones

Dice mi amigo pintor que el negocio del arte le debe su prosperidad al dinero que sus promotores invierten en publicitarlo y que muchas obras que se aplauden por sus tonos desvaídos o sombríos fueron originalmente pintadas con colores muy vivos, casi hawaianos, que luego se han ido deteriorando con el paso del tiempo, de modo que muchos de esos famosos cuadros pierden buena parte de su significado oficial y de su valor económico cuando les pone la mano encima el restaurador. Mi amigo pintor sabe muy bien de qué diablos está hablando. En una visita a su estudio me dijo: «Jamás expongo trabajos recién realizados. No soy idiota; sé que la obra pictórica mejora cuando la empieza a deteriorar el abandono». Y me explicó que el acueducto de Segovia se considera arte a partir del momento en el que deja de ser moderno, pierde utilidad y ya no se le puede asociar a la fontanería. Fue en ese pintor en quien se inspiró aquel tipo del «Savoy» que aseguraba que la mayor parte del arte pictórico de vanguardia cobra todo su sentido cuando el tipo que lo compra lo hace con la plena seguridad de que fue pintado pensando en que alguien los colgaría dentro de un cajón; el mismo tipo que una madrugada me comentó durante una cena con Chester Newman que los amigos que visitaban su casa en Brooklyn le avisaron de que un cuadro como el que colgaba desde hacía meses en su salón lo habían visto docenas de veces repetido sobre la arena cada vez que los bañistas de Coney Island se levantaban de sus toallas de baño. El pintor cambadés Lino Silva lleva una vida casi de ermitaño y desempeña su actividad artística de espaldas al mercado. Como no quiere que nadie le eche una mano, a sus amigos periodistas nos avisa de sus exposiciones sólo con motivo de su clausura. Tomando copas  una madrugada en Compostela, me dijo: «Esto del Arte es muy subjetivo. Tratándose de pintura abstracta, la cosa se complica, no sólo porque al admirar un cuadro te cueste saber si está del derecho; también porque muchos espectadores se preguntan con razón no sólo el precio que tendrán que pagar por él, sino cuanto dinero les va a costar borrarlo». Lino desprecia el mercado y amontona su obra, como alguien que malgastase el fugaz talento del Arte en la rutina de administrar un secadero de jamones.