Narcoguerra

NarcoguerraLa guerra contra el narco es como cualquier guerra por límites: continua y sin más victoria que la contención del enemigo en sus fronteras. No estará ganada cuando los traficantes desaparezcan, eso no sucederá; tampoco cuando el consumo se abata, no va a ocurrir y la gente es libre de meterse lo que quiera, o debería ser libre de hacerlo. Estará ganada cuando la ley deje de ser asunto que aplica el narco más popular del pueblo, cuando no pueda llegar a la cantina en plena ostentación de poder, cuando se esconda como todo criminal.

Preguntarse por la victoria sobre el narco es lo mismo que hacerlo sobre cualquier otro delito: los secuestros, robos, fraudes, ¿cuándo terminarán? Nunca. La pregunta no es ésa, sino cuándo tendremos un sistema de justicia y de investigación que nos dé seguridad y no deje impunes a 98 de cada 100 delincuentes. Pero delito siempre ha habido y siempre habrá. Habremos triunfado sobre el delito cuando la tasa de impunidad sea a la inversa: escapen 2 de cada 100.

California puso a debate la venta libre de marihuana: es una gran noticia porque no es la droga, sino su prohibición lo que causa la guerra de bandas y la corrupción de autoridades. Tequila Sauza y Cuervo no pelean el mercado con metralleta, sino con publicidad y precios. Cuando la marihuana de unos sea mejor y más barata que la de otros, el problema lo arreglará el mercado. No se consumirá más: a los no consumidores no nos detiene el precio ni el aprovisionamiento, sino la falta de gusto. Me gusta mucho oler un buen puro, no me gusta fumarlo, y comprarlo es perfectamente legal.

Una de las razones expuestas por autoridades californianas no es baladí: los recursos que en impuestos dejaría la marihuana al erario. Es un dato frío. Otro es de Derechos Humanos: ¿quién le otorga al gobierno el derecho de prohibirnos una actividad que sólo afecta a quien la realiza? Se prohíbe manejar en estado de ebriedad, para evitar daños a terceros. Lo mismo se debe hacer con toda sustancia que alguien quiera meterse por donde sea. Muy su derecho. Y se resguarda el derecho de quienes no deseamos vernos en riesgo. Pero más riesgo produce quien maneja hablando por celular que quien va marihuano al volante, y, en todo caso, se prohíbe una y otra conducta por riesgosa para terceros.

Luis G. de Alba/mileniodiario

Microcuentos

Microcuentos

UN TIPO

Era bastante imbécil. Trabajaba en uno de esos parques temáticos. En invierno se vestía de Silvestre y en verano de Piolín. Los psiquiatras le diagnosticaron síndrome de doble personalidad. Era bastante imbécil. Sonreía dentro de la careta cuando le hacían una foto. Murió el año pasado. Un chaval precoz de once años con pelo largo y ojos guionados le prendió fuego a la poliamida con la punta de un cigarro.

El pobre imbécil se pasaba la mitad de un año persiguiendo y la otra mitad perseguido, la mitad de un año de blanco y negro y la otra mitad amarillo y naranja. Cada uno de esos trajes representaba una personalidad y una temporada, igual que el olor a pipas impregnaba sus tardes de domingo. Su pobre mujer guarda el único traje de trabajo dentro del ropero, en un sepulcro hecho con miles de bolitas de alcanfor, como si fuera un monumento marca ACME. Murió en verano, así que es Silvestre el que yace en el armario.

Fabio Rodríguez de la Flor

LA ULTIMA CENA

El Conde me ha invitado a su castillo.

Naturalmente, yo llevare la bebida…

Angel Garcia Galiano

MÚSICA

Las dos hijas del Gran Compositor -seis y siete años- estaban acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni un ruido, porque papá trabajaba. Andaban de puntillas, en zapatillas, y sólo a ráfagas, el silencio se rompía con las notas del piano de papá.

Y otra vez silencio.

Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel, y anotaba lago.

La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:

-¡La música de papá, no te la creas…! ¡Se la inventa!

Ana María Matute

Dudas

Dudas

Una parte de la  tierra esta pasando mucho frio, ¿ sera por eso que esta temblando?.

La Iglesia nunca ayuda economicamente en las catastrofes que sufren muchos paises. ¿Sera que son suficientes los rezos y las bendiciones?.

Una buena parte de la sociedad, sobre todo la religiosa se oponen a los matrimonios entre homosexuales y mas todavia a que puedan adoptar, ¿estaran mas seguros los niños en los conventos , orfanatorios o en la puta calle?.

Relativismo en tiempos de paz

Relativismo en tiempos de paz

El Gobierno de EEUU ha entrado en Haití para quedarse. Al menos durante un tiempo que no será corto. Ya controló desde las primeras horas el aeropuerto y ahora decide sobre todo lo importante que sucede en el país, con la anuencia del presidente Préval, cuyo semblante ante la llegada de los militares es el del hombre que acaba de dar un gran resoplido satisfecho. La actividad del Gobierno de EEUU ha provocado la indignación francesa. No se comprende. El país más pobre de América habla francés. ¡La lengua del tonton macoutte! Si Haití empieza a hablar un creole anglófono el muy herido orgullo galo tendría una humillación menos. Por lo demás la reacción francesa no tardará en extenderse entre las masas europeas. Faltan horas para que acaben acusando a EEUU de utilizar la desgracia en beneficio propio. Y pocos días para que aparezca un capellán o una monja diciendo que el terremoto fue una conspiración. Estamos perfectamente preparados.

La tragedia de Haití ha provocado un gran número de irritantes reacciones. Destacan los asombrados. Éstos que empiezan sus artículos diciendo que un terremoto de la misma escala que destruye Haití provoca en Japón un leve picor de manos en las geishas más sensibles. Es un asombro ridículo. Haití es pobre, entre otras razones, porque allí se dan catástrofes naturales con drástica perseverancia. Sólo hay que leer el gran libro de Landes, La riqueza y la pobreza de las naciones, que explica por cierto cómo no quedó vivo un blanco (un francés) en el extremo occidental de La Española, cuando la Revolución extendió hasta allí su mensaje. Haití es, además, un país discutible, que sólo lleva medio siglo probándolo. Y por si fueran poco el clima y la juventud se trata también de un lugar enfangado en la brujería. En tiempos de calma todas estas características mueven a los relativistas a exclamar: «¡Es su cultura, respetadla! ¡Dejad que Haití siga su camino». En la tragedia, sin embargo, vuelven a reinar los valores absolutos: agua, jabón y penicilina. El infame orden burgués.

Un asunto moral y políticamente muy interesante es si ese orden que gobierna el aeropuerto de Puerto Príncipe debe prolongarse más allá del enterramiento de los muertos y la reconstrución de los edificios. La situación de Haití, en ese fondo real de las cosas, no es distinta de la de Afganistán. ¿Por qué los valores fuertes de la civilización sólo deben intervenir en el fragor del incendio? Lo trascendental, en relación a la intervención de EEUU no es esta beneficiencia urgente sobre el caos. Lo importante es si deben practicar o no, cuando la tierra se cierre, una suerte de neocolonialismo. Y si deben llevar, practicándolo, la cabeza bien alta.

«¿Por qué los valores fuertes de la civilización sólo deben intervenir en el fragor del incendio?»

Arcadi Espada

Metafisica de la morcilla

Metafisica de la morcilla

ME PIDEN mis amigos que escriba más de política. Les voy a complacer. He elegido un tema absolutamente político, con el que tienen mucho que ver la ideología, la sensibilidad y la tradición. Me refiero a la morcilla.

Diré de entrada que es difícil encontrar un símbolo histórico que refleje mejor la identidad cultural europea que la morcilla. Este embutido nos viene de los pueblos bárbaros que habitaban el centro de Europa en los primeros siglos de nuestra civilización, cuyas migraciones difundieron el producto por todo el continente. En lugar de las estrellas, la morcilla podría formar parte de la bandera europea.

Recomiendo a Van Rompuy y Lady Ashton un recorrido gastronómico para constatar las infinitas variedades y la riqueza de sabores de la morcilla. Su gira podría empezar por Alemania, donde les emplazo a probar la morcilla de Colonia, llamada Flonz. También es una exquisitez la Möppkenbrot de Westfalia, que, como su nombre indica, lleva pan.

A los ingleses les encanta la black pudding, y los italianos la denominan de forma muy gráfica sanguinaccio. Francia, cuna de la Ilustración, profesa poco amor a la morcilla, tal vez porque el mal aliento era imperdonable en los salones de Saint Germain.

Creo sin caer en el chauvinismo que el paraíso de la morcilla es España. A mí me encanta naturalmente la de Burgos, que se hace con sangre, manteca de cerdo, arroz, pimentón, sal y cebolla. Las morcillas de La Primi, que se venden en el Mercado Norte de la noble ciudad castellana, son a mi juicio las mejores. Igual nivel de calidad ofrecen las de Briviesca, donde se siguen haciendo artesanalmente. Se producen también excelentes morcillas en Valladolid, en Asturias y en Murcia. Éstas se hacen sin arroz y con muchos condimentos y hierbas que dan un sabor muy especial.

La morcilla de Burgos hay que freírla en aceite muy caliente para que quede quemada por fuera y tierna por dentro. Si se acompaña de un buen pan y un vino de La Ribera del Duero, el placer puede ser indescriptible.

Mi hermano Juan Carlos divide las morcillas en tres categorías: dórico, jónico y corintio. No sé muy bien los criterios que sigue en esta clasificación, pero me parece clarividente la comparación con el arte griego. Siguiendo la metáfora, yo diría que la morcilla de Burgos es equivalente a la Acrópolis.

La morcilla es un alimento cristiano porque se elabora en base a la sangre y la manteca de cerdo, aunque también se hace de la vaca en otros países. Es, por supuesto, incompatible con la Alianza de Civilizaciones, aunque sí forma parte de nuestra memoria histórica.

Hay toda una metafísica de la morcilla, pero se necesitaría un Hegel redivivo para glosarla como la encarnación dialéctica del espíritu europeo. Yo creo que la morcilla, al igual que el ser, es inefable e indefinible.

Pedro G. Cuartango/elmundo.es

Pasos de plomo

Pasos de plomo

CON FRECUENCIA de las pequeñas causas surgen los mayores efectos. Reitero una vez más mi rechazo a la intervención -y más aún a su aumento- en Afganistán. Obama se ve obligado, por herencia, a actuar en un país cuyo gobierno fue instalado por USA y al que ahora acusa de corrupto, como si tal hecho no hubiera sido previsible. Hablo de Karzai y los suyos. La población afgana tiende a mirarse a sí misma, lejos de extranjeros, desconocidos e invasores, de cuyas intenciones duda siempre. Y su mirada encontrará a los talibán. ¿Se trata o no de una guerra contra el terrorismo? De una fuerza creciente, a la que se invita a participar a los enemigos del desorden, como la UE. ¿En 18 meses, como se ha prometido, se resolverá todo? ¿Y los grandes daños a vidas humanas de musulmanes, mujeres y niños? Hay políticos serenos que se oponen a otro Irak, a otro Vietnam, incluso a una tercera guerra mundial contra el terrorismo. Que se transformará en terrorismo ella misma. No deben apoyarse siempre las ideas o los procedimientos norteamericanos. En guerras infinitas o indefinidas no ha de participarse, llámenselas como se las llame. Nosotros no somos herederos de Bush. Que eso nos salve.

Antonio Gala