Manejando a través del infierno

Manejando a través del infierno

la gente está exhausta, infeliz y frustrada, la gente es

amarga y vengativa, la gente está engañada y temerosa,

la gente es iracunda y mediocre

y yo manejo entre ellos en la autopista y ellos

proyectan lo que les han dejado de sí mismos

en su manera de manejar.

algunos más odiosos, algunos más disimulados

que otros.

a algunos no les gusta que los pasen, e intentan

evitar que otros los hagan.

algunos intentan bloquear los cambios de carril.

algunos odian los autos más nuevos, más caros.

otros en esos autos odian los autos más viejos.

la autopista es un circo de emociones

chiquitas y baratas, es

la humanidad en movimiento, la mayoría

viniendo de un lugar que

odia

y yendo a otro lugar que odia todavía

más.

las autopistas nos enseñan en qué

nos hemos convertido y

muchos de los choques y muertes son la colisión

entre seres incompletos, entre vidas penosas

y dementes.

cuando manejo por las autopistas veo el alma de

mi ciudad y es fea, fea, fea: los vivos han

estrangulado

su corazón.

Charles Bukowski

¿Un país con destino?

¿Un país con destino?

Dice el himno nacional de México en una de sus estrofas más delirantes: “Piensa ¡oh Patria!, querida, que el cielo/ un soldado en cada hijo te dio”. Habría que pensar bien cada vez que lo cantemos con la energía y el fervor que nos caracterizan en las fiestas. Y es que yo creo que lo nuestro debe ser la paz. Que justo por las penas que pasa nuestro país, los mexicanos, deberíamos buscar no un soldado en cada hijo esperando un laurel en la gloria, sino en cada uno de nosotros una persona capaz de imaginar, decidir el país de todos nuestros días, como un sitio al que podamos acceder con dignidad, con alegría y sin miedo.

Punto: ¿Hay algo que celebrar?, nos preguntan. ¿Vivimos en un país con destino? ¿Seremos capaces de construir lo que aún no conseguimos a cabalidad? No sólo independencia, sino justicia, riqueza, respeto por los demás, esperanza en nosotros.

Punto y seguido: Por miedo a parecer cursi, condescendiente, ingenua, muchas veces me callo la voluntad de esperanza en la que creo que deberíamos empeñarnos. Oigo hablar del país, de nuestro país, como de un lugar del que sería mejor salir huyendo, como si el territorio en que vivimos, por el que atravesamos con más espanto que imaginación, fuera responsabilidad de otros, culpa de otros, desgracia de otros. Y no también nuestra.

Dos puntos: Llevamos años puestos a denostar el único mundo que tenemos, como si las cosas desagradables que aquí suceden nos dieran cierto gusto, cumplieran con creces el presagio de horror que tanto disfrutamos tejiendo.

“Mugre país”, dicen algunos, como si al llamarlo mugre quedaran exentos del deber de cuidarlo. “País lleno de abyección” dicen como si al mencionarla, esta palabra no fuera a salpicarles la boca. “Vivimos entre perversos, extorsionadores, desquiciados”, decimos como si al decirlo, con tan exacta buena conciencia, pintáramos la raya que nos separa de los demás.

Punto y aparte: Con tantos datos a favor del miedo, de la decepción, dirían muchos que suena cretino el empeño en la esperanza. Sin embargo, cuando uno hace el recuento de todo el esfuerzo, toda la valentía, toda la disciplina y el fervor que tantos mexicanos ponen en su diario quehacer, tiene derecho a preguntarse si la suma del bien privado puede trastocar lo público. Y tiene derecho a creer que sí.

Punto final: Lo mismo pienso para cualquier país de América y para España. Porque, según leo, a buena parte de españoles les ha entrado esta manía de la queja y la desesperanza que en los últimos años era más propia de estos rumbos.

Puntos suspensivos: Ya sé. Caemos mal los empeñados en la esperanza. Pero ni modo. Nuestros hijos tienen que creernos que no los pusimos aquí para morirse de pena. Algunos ya lo hacen. Viven con alegría y valor. No hablaré sólo de los que conozco en persona. En este blog, hay muchos jóvenes con la esperanza a cuestas a los que no voy a decirles que esto se ve horrible. Porque no lo creo. Y no quiero darme aires de derrota, para oírme más interesante.

Música para hoy: dicen que me han de quitar/ las veredas por donde ando/ las veredas quitarán/pero la querencia cuándo.

Tengan ustedes buena semana.

Angeles Mastretta/puerto libre

1810-1910-2010, los supersticiosos tuvieron razón

1810-1910-2010, los supersticiosos tuvieron razón

¿Cómo se describirá en 30, 40 años al 2010 mexicano? Es probable que la primera referencia tenga que ver con el momento más agudo de una guerra civil entre el Estado y bandas criminales pulverizadas (que a su vez se mataban entre sí) con una capacidad de fuego, multiplicación y brutalidad que llenaba de horror, dolor y miedo a más de 100 millones de habitantes y descomponía a México todo.

Para los historiadores y sociólogos, el 2010 podría ser el año con más mexicanos ejecutados a manos de mexicanos en cerca de un siglo. El año emblema de una carnicería, etiquetada como “guerra contra el crimen organizado”, que en menos de una década podría cobrarse 100 mil vidas.

Detesto decirlo, pero los supersticiosos que jugaban con la carambola violenta 1810-1910-2010 terminan teniendo de alguna manera la razón. Los festejos del Centenario y el Bicentenario ocurren en medio de una guerra modelo siglo XXI.

Porque, qué otra cosa es una guerra sino rompimiento de la paz, lucha armada entre bandos, ataques sin intermisión, sangre, víctimas inocentes, viudas y huérfanos, economías despedazadas, proyectos cancelados, exilio, tensión extrema.

El frente de batalla puede estar en Tamaulipas, los límites entre Durango y Coahuila, Juárez, Nuevo León, pero los coletazos se sienten en prácticamente toda la República y tienen sumidos a los mexicanos en lo que ayer, aquí, León Krauze caracterizó como un “nihilismo desorientado y depresivo”.

Sabemos quiénes terminaron imponiéndose en las guerras que comenzaron en 1810 y 1910. Ojalá los historiadores y sociólogos den cuenta del absoluto triunfo del Estado mexicano sobre las bandas criminales del 2010. Victoria que hoy se ve más difícil que la del Monte de las Cruces o la toma de Zacatecas.

Ciro Gomez Leyva

Reflexiones pospatrióticas 2. Los costos del cura

Reflexiones pospatrióticas 2. Los costos del cura
El Plan de Iguala logró unificar a toda la oligarquía criolla

En los cálculos de Coatsworth, un extraordinario historiador económico, la guerra de Independencia le costó a México una caída de su ingreso per cápita de los 40 dólares que tenía en 1800 a 27 en 1825 (“La independencia que no fue”, Nexos, septiembre 2002).

La mayor parte de ese costo es atribuible al cura que celebramos en estos días como Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, y a sus émulos y sucesores.

A las hazañas insurgentes debemos no la independencia del país, pues esa se obtuvo hasta 1821, sino algunos de los años de mayor violencia y destrucción de nuestra historia, todo lo que llamamos “guerra de Independencia”.

Resume el historiador Carlos Herrejón:

Las tropas y tropeles en pugna, así como la zozobra aparejada, fracturaron los circuitos comerciales. Esto conllevó al quebranto del sistema de crédito, carestía y falta de numerario.

La producción de oro y plata que en 1810 llegaba a poco más de 19 millones de pesos, apenas logró cuatro millones 400 mil pesos en 1812 […].

La agricultura también se vino abajo, no sólo por razones análogas a las de la minería, sino en no pocos casos por el saqueo de haciendas. Un indicio fue la estrepitosa caída del diezmo en los principales obispados.

En cuanto a la manufactura, el cierre de obrajes fue significativo, como en Querétaro, donde funcionaban 19 en 1810, mientras que en 1812 apenas había cuatro.

Junto con todo esto, aparecía el grave deterioro en que fue quedando la red caminera, que incluía las arterias Veracruz-México, Acapulco-México, México el Bajío-Guadalajara y Zacatecas, y que aparte fue objeto de constantes asaltos.

Finalmente, la guerra implicó rapiña, donativos y préstamos forzosos a particulares y corporaciones, de tal manera que el país acabó descapitalizado [Carlos Herrejón. “Los costos de la patria”, Nexos. Septiembre, 2010 (nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=265398)].

La independencia de México no se “consumó” en 1821. Se obtuvo, lisa y llanamente, mediante un acuerdo pragmático y poco heroico, el Plan de Iguala, quizá el documento político más eficaz de nuestra historia.

El Plan de Iguala ofreció algo a todos los sectores e intereses de la Nueva España y obtuvo de todos una adhesión voluntaria. La política pactadora, no la guerra heroica, le dio la independencia a la nación.

Pero los insurgentes incendiarios son nuestros héroes y el político pragmático que pactó la Independencia, uno de nuestros villanos. El país ha necesitado desde entonces más planes de Iguala y menos patriotas insurgentes.

Hector Aguilar Camín/mileniodiario

Entierro a la cubana

Entierro a la cubana

Mientras Jeffrey Goldberg, el periodista estadunidense que entrevistó a Fidel Castro, insiste en la “exactitud” con que lo citó acerca de que el modelo cubano “ya no funciona” ni en la isla (lo cual, lo haya dicho o no el líder cubano es una evidencia tan palpable como las drásticas medidas de ajuste que está aplicando Raúl Castro para sacar de la quiebra a Cuba —ciertamente, nada más parecido a la eficiencia capitalista que la disciplina de un general—), la población sigue echando mano del humor negro para exorcizar los demonios de la “larga relación edípica no resuelta entre La Habana y Washington”, según una broma entre psicoanalistas.

Y dado que Goldberg adelantó que la tercera parte de su entrevista con FC se refiere a la economía y los efectos del bloqueo, los isleños se le han adelantado en internet. El texto se llama “Entierro a la cubana” y dice así:

“Toda la familia en Cuba se quedó sorprendida cuando llegó de Miami un ataúd con el cadáver de una tía muy querida. El cuerpo estaba todo apretado en la caja, con la cara aplastada contra el cristal del cajón. Al abrirlo, la familia halló una carta prendida a la ropa con una aguja que decía:

“Queridos Papá y Mamá: estoy enviando el cuerpo de tía Jimena para que la entierren en Cuba, como ella quería. Disculpen por no poder acompañarla, pero los gastos fueron muchos con todas las cosas que, aprovechando las circunstancias, les estoy enviando. Debajo de la tía encontrarán:

“12 latas de atún Bumble Been

“12 botellas de acondicionador

“12 botellas de shampoo Pantene anticaspa

“12 frascos de vaselina Intensive Care (excelente para la piel, ojo, no sirve para cocinar)

“12 tubos de crema dental Colgate

“12 cepillos de dientes

“12 latas de frijoles Span (españoles, de los mejores)

“4 latas de chorizo de verdad

“Dividan con la familia (¡¡sin peleas!!)

“Pero además, la tía Jimena tiene puestos un par de tenis Reebok nuevos talla 9, son para Juan (pues con el cadáver del tío Esteban no le mandamos nada, y se quedó enojado). En la cabeza hay 4 pares de calcetines nuevos para los hijos de Antonio, son de colores diferentes. De nuevo, por favor ¡sin peleas!

“Tía Jimena también está vestida con 15 sudaderas Ralph Laurent, una es para Rembertito y las otras para sus hijos y nietos. Además lleva puestos 12 sostenes Wonder Bra, dividan entre las mujeres, igual que las 20 botellitas de esmalte para uñas Revlon, que están en las esquinas del ataúd.

“Tía también lleva 9 pantalones Dockers y 3 bluejeans Levis. Papá, quédese con 3 y les regala los otros a mis hermanos. El reloj Seiko que Papá me pidió, lo lleva puesto en la muñeca izquierda. También usa los aretes, pulseras y anillos que Mamá quería y le compré.

“La cadena en el cuello es para mi prima Carlota; los 8 pares de medias Channel son para repartir entre mis amigas y vecinas, o si quieren pueden venderlas, pero por favor no las den baratas, que son de las caras.

“La dentadura que le pusimos es para la abuela, que hace años está sin dientes y no puede masticar (ahora va a poder comer pan sin mojarlo primero en el café).

“Los lentes bifocales son para Alfredo, así como la gorra de los Orioles que la tía lleva puesta. En los dedos de los pies van los anillos de oro para el casamiento de Josefina, para que esté hermosa ese día.

“PD: Por favor, consigan ropa vieja para vestir a la tía y manden decir una misa para el descanso de su alma, pues ella les ayudó hasta después de muerta. Como verán, el cajón es de buena madera; no agarra termitas, desháganlo y hagan las patas de la cama de Mamá.

“Compren a la tía un cajón de los baratos, pues a ella le gustaban las cosas sencillas. Saquen el cristal de la tapa y arreglen el portarretrato de la Abuela que está roto desde hace años; una bolsa de plástico es suficiente para volverlo a tapar.

“Ah, con el forro del cajón, que es de satín blanco de 20 dólares la yarda, Josefina se puede hacer su vestido de novia. Dos cosas: 1) No dejen que toda esta alegría les haga olvidar vestir a la tía para el entierro. 2) Con su muerte, la tía Blanca se quedó muy triste y enferma, así que creo que pronto estaré mandando más cositas.

“Su hija que los adora.”

Irene Selser/mileniodiario