40 años sin Jimi Hendrix

40 años sin Jimi Hendrix

TO GO WITH AFP STORY BY MEHDI CHERIFIA “US-MUSIC-SOCIETY-HISTORY-WOODSTOCK” This handout photo by Henry Diltz shows musician Jimi Hendrix at the original Woodstock festival in Bethel, New York in August 1969. The 40th anniversary of Hendrix’s death is celebrated on September 17, 2010.            AFP PHOTO/HENRY DILTZ/MORRISON HOTEL GALLERY/NEWSCOM/HO  ++RESTRICTED TO EDITORIAL USE++

Hace cuarenta años de la muerte del gran guitarrista e icono del rock Jimi Hendrix. Es uno de mis músicos favoritos y tengo algunas fotos guardadas por ahí. Al verlas pienso en esa gran época de la historia del rock y me imagino con una cámara reflex manual en el foso de Woodstock. Acreditado por la revista Rolling Stone en el Monterey Pop Festival. O de gira con Janis Joplin o con Dylan y The Band, fumando un porro en el camerino con Santana y haciéndome pasar por Jerry Garcia en los bares de San Francisco… Drogandome con las estrellas y acostandome con las “banderas” como en la película de Almost Famous. Supongo que también fue la gran década del periodismo musical. En este enlace a gettyimages podéis ver las fotos de Hendrix que tiene el archivo de esta agencia.

Hendrix es uno de los más grandes talentos musicales de todos los tiempos y, más allá del mito hippie que se ha creado con su imagen tras su muerte, es uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Os invito a ver su actuación en el Monterey Pop Festival de 1967 del que he rescatado una versión de Like a Rolling Stone que no tiene desperdicio y que podéis ver más abajo.

Esta noche del 17 de septiembre pero de 1970 Hendrix murio ahogado en su propio vómito… una muerte legendaria para una estrella del rock. Pero existen ciertas incognitas sobre lo realmente ocurrido. Pastillas, alcohol y drogas. Managers y novias despechados… ¿suicidio? En cualquier caso, es una buena ocasión recordar tiempos mejores para la fotografía musical, el amor y el rock&roll.

40 años sin Jimi Hendrix

** FILE ** This Aug. 21, 1967 file photo shows Noel Redding, left, Jimi Hendrix, center, and Mitch Mitchell, of the Jimi Hendrix Experience, at Heathrow airport in London. Authorities say Mitch Mitchell, drummer for the legendary Jimi Hendrix Experience of the 1960s, has been found dead in his Portland, Ore. hotel room. (AP Photo/Peter Kemp, file)

40 años sin Jimi Hendrix

Guitarist Jimi Hendrix performing at the time of recording his album “Valleys of Neptune” (1969-1970) at an undisclosed location in this undated photo released to the press on March 8, 2010. The posthumous album contains material never released. Source: Sony Legacy via Bloomberg EDITOR’S NOTE: NO SALES. EDITORIAL USE ONLY.

40 años sin Jimi Hendrix

Jimi Hendrix poses in the bedroom of his flat at 23 Brook Street in the Mayfair district in London, U.K., on Jan. 4, 1969. The apartment will be open to visitors for two weeks in September to accompany a Jimi Hendrix exhibition at Handel House next door. The exhibition runs through Nov. 7. Source: Barrie Wentzell Photography via Bloomberg EDITOR’S NOTE: NO SALES. EDITORIAL USE ONLY.

fuente: la mesa de luz

Recuerdos

Me levanto temprano, moribundo
perezoso resusito, bienvenido al mundo
con noticias asesinas me tomo el desayuno.
Camino del trabajo en el metro
aburrido vigilo las caras de los viajeros
compañeros en la rutina y en los bostezos.
Y en el asiento de en frente,
un rostro de repente,
claro ilumina el bagon
en sus gestos traen recuerdos,
de otros paisajes otros tiempos
en los que una suerte mejor me conocio.
No me atrevo a decir nada,
no estoy seguro,
aunque esos ojos sin duda son los suyos,
mas cargados de nostalgia, quizas mas oscuros
Pero creo que eres tu, y estas casi igual
tan hermosa como entonces, quizas mas
sigues pareciendo la chica mas triste de la ciudad.
Cuanto tiempo ha pasado desde los primeros errores?
Del interrogante en tu mirada?
La ciudad gritaba y maldecia nuestros nombres,
jovenes promesas, no, no teniamos nada.
Dejando en los portales
los ecos de tus susurros,
buscando cualquier rincon sin luz,
agarrate de mi mano,
que tengo miedo del futuro,
y detras de cada huida estabas tu, estabas tu.
En las noches vacias,
en que regreso,
solo y malherido, todavia me arrepiento
de haberte arrojado, tan lejos de mi cuerpo.
Y ahora que te encuentro,
veo que aun arde, la llama que encendiste,
nunca, nunca es tarde,
para nacer de nuevo, para amarte.
Debo decirte algo,
antes de que te bajes,
de este sucio bagon y quede muerto,
mirarte a los ojos y tras de recordarte,
que antes de rendirnos, fuimos eternos.
Me levanto decidido y me acerco a ti,
y algo en mi pecho se tensa, se rompe.
Como estas?
Cuanto tiempo te acuerdas de mi?
y una sonrisa timida responde:
Perdone, pero creo que se ha equivocado,
disculpe señorita, me recuerda tanto
a una mujer que conoci hace ya algunos años.
Mas viejo y mas cansado vuelvo a mi asiento,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos…

15 de Septiembre de 2010

15 de Septiembre de 2010

¿Usted celebró o conmemoró?, si celebró, ¿me podría decir qué o por qué?, ¿por costumbre?, ¿por amor a este país?, ¿por qué estamos mejor que en 1810?, ¿por qué hoy somos independientes y libres?, ¿por qué ya sólo son 60 millones de mexicanos los que viven en pobreza extrema con 10 pesos al día, y otros 40 millones apenas la libran mes a mes juntando los salarios mínimos de cinco familiares en una “pollita” para “acabalar” el gasto?

¿Celebras porque hoy, como hace 200 años, vivimos bajo el yugo de los poderosos?, ¿porque cada día somos más pobres y mas jodidos?, ¿porque son 100 familias las que se reparten al país como botín?, ¿cuál Independencia celebró usted, la que nos liberó de la monarquía española?, ¿ya es usted libre?, ¿tiene seguridad social?, ¿un sistema de salud digno, empleo, educación (ya no gratuita, educación académica de cualquier nivel)?, ¿se siente seguro en sus posesiones (si es que las tiene), casa propia, auto?, ¿toma vacaciones por lo menos una vez al año?, ¿tiene TV?, ¿come en restaurantes?, ¿conoce por lo menos dos estados de nuestra hermosa República?, ¿sabe leer?, ¿tiene pasaporte?, ¿conoce el mar?, ¿ha viajado en avión?, ¿tiene estufa de gas, agua corriente, agua caliente, refrigerador, un par de zapatos nuevos al año, escuela cercana a su domicilio?, ¿habla español?, ¿tuvo algún juguete en su vida?, ¿conoce a sus representantes políticos?, ¿sabe lo que es un sistema político?, ¿vive en una democracia?, ¿sabe quién es el secretario de “cualquier cosa” del país?… Si sus respuestas son “SÍ”, ¡adelante… festeje!

Si la respuesta es “NO”, no se preocupe, ya habrá otra celebración multimillonaria dentro de cien años con otro festejo insultante para el pueblo en este país “libre, independiente y democrático”.

Y no me salgan con la mamada de que tan somos libres, que puedo escribir este tipo de temas… qué pinche favor después de 200 años y tantos sacrificados.

PD. Yo conmemoré… punto.

Carlos Albert/mileniodiario

Reflexiones pospatrióticas 4. Doscientos años después

Reflexiones pospatrióticas 4. Doscientos años después

Quien mira hacia el México de 1810 o hacia la Revolución de 1910, mira hacia un país en casi todos los aspectos inferior al que ayer celebró los 200 años de su Grito de Independencia.

Llamar mexicanos a los habitantes de la Nueva España es una licencia de lenguaje. México no era entonces sino el nombre de un país posible en busca de su forma. El país de 1810 era un gigante territorial y un enano cultural y demográfico: una aglomeración de etnias monolingües, con una minoría rectora hispanohablante.

México tiene hoy el mismo territorio que en 1910, cuando celebró el primer centenario de su Independencia. Pero su tamaño humano y su intimidad cultural son muy distintos.

Veamos el tamaño humano. En 1910 México tenía 15 millones de habitantes. Estados Unidos, 92 millones. México era la séptima parte de nuestro vecino del norte.

México tiene hoy 110 millones de habitantes. EU, 309. La población estadunidense ya no es siete sino sólo tres veces mayor que la de México.

Veamos la intimidad cultural. De los 15 millones de habitantes que México tenía en 1910, unos 7 millones eran analfabetos y unos 6 millones indígenas monolingües. Había una lengua dominante, el español, pero no una lengua común. El país de 1910 era todavía una asamblea de naciones: un territorio de Babel.

México es hoy una nación de 110 millones de habitantes, la inmensa mayoría de los cuales son alfabetos y hablan español. Este rasgo de cohesión cultural no había existido antes en su historia.

Lo que quiero decir es que los mexicanos habitamos hoy un país enorme, al que seguimos pensando, con cabeza chica, como un país débil, pobre, heroico para consumo propio, condenado al fracaso político y al laberinto de la ilegalidad.

Pensamos con la cabeza de un país-ajolote en el cuerpo de un país-ballena. El cuerpo acabará imponiéndose sobre nuestra cabeza a caballo de su extraordinaria vitalidad.

La vitalidad del pueblo de México tiene que ver con su juventud y con los buenos impulsos de su naturaleza. La naturaleza de los pueblos no existe, es una historia.

Algún historiador nos explicará alguna vez por qué el pueblo de México, que en nuestra cabeza de ajolote no tiene sino penas que penar, en su vida diaria es tan llana y vivamente trabajador, tan dispuesto a progresar a cualquier precio, y a pagar cualquier precio para progresar.

México es mejor que su pasado en todos los aspectos, salvo en la opinión que tiene de sí mismo… y en sus desfiles. (¡Ohhhh!)

Hector Aguilar Camín

El español ideal

El español ideal

LO mejor del deporte es su utilidad como pedagogía del esfuerzo. En una época de políticas indoloras, ideologías fáciles, principios cómodos y pensamiento débil, enseña que el éxito no tiene atajos y pone en valor el esfuerzo, la constancia y el mérito. No hay campeones casuales ni héroes improvisados; en la alta competición no existe la especulación de capitales ni prevalece el enchufismo. Detrás de cada medalla, de cada título, de cada trofeo, hay años de entrega y entrenamiento, una larga lucha en soledad contra el tiempo, la rutina y el desánimo. En la sociedad del triunfo rápido y las plusvalías inmediatas, el deporte es una metáfora del sacrificio, del trabajo, de la energía y del coraje.

Rafael Nadal cae bien porque representa ese espíritu de superación, entereza y compromiso. Sin la arrogancia malhumorada y excéntrica de otros triunfadores, es un campeón humilde y generoso que se ha ganado el respeto de sus rivales y la admiración de un público para el que nunca tiene el mal gesto de los divos caprichosos. En el imaginario popular Nadal es el hijo ideal, el novio ideal, el yerno ideal, el amigo ideal, el tipo del que todo el mundo quisiera presumir de tener cerca. Y lo tenemos cerca, en realidad, porque hace una sencilla profesión de españolidad sin aspavientos y pasea por el mundo su identidad nacional con una naturalidad desacomplejada y anticonflictiva que refuerza ese perfil de simpatía cercana que lo ha convertido en una figura sin rechazo, capaz de un logro tan difícil como hacerse perdonar el éxito en un país donde la envidia es el pecado capital de más arraigo.

Este Nadal es el epítome del español moderno en el que a todos nos gustaría reflejarnos, el que proyecta una imagen colectiva de cómo quisiéramos ser. Pero ese reflejo resulta más aspiracional que objetivo porque detrás de su formidable carrera entre cumbres hay una trayectoria de esfuerzo y voluntad, de empeño callado y perfeccionamiento afanoso que no identifica exactamente a esa cierta España real del ventajismo y el arrime, del amiguismo y la picardía, de la subvención y la prebenda. Nadal es un campeón hecho a sí mismo a base de sudor y dolores, sin favoritismo ni ayudas, sin escaqueos ni excusas. Nadal es una obsesión de progreso dominada por el impulso unívoco de ser el mejor, ajena al desistimiento y al conformismo, a la uniformidad mediocre que caracteriza nuestro sistema educativo, nuestra escena pública y nuestro paisaje social. Nadal es un ejemplo de los valores individuales que a menudo abandonamos en la inercia complaciente, acomodaticia y pasiva de los privilegios de casta, de secta o de grupo. Quizá por eso le admiramos y le queremos: porque significa aquello que acaso podríamos ser como país si nos atreviésemos.

Ignacio Camacho/abc.es