El clandestino

MANUEL MONGE

Sociólogo, miembro de Galiza pola República y expresidente de la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña.

Foto de febrero de 2020, del rey emérito Juan Carlos I, en el tanatorio para despedir al empresario Plácido Arango. E.P./José Oliva
Foto de febrero de 2020, del rey emérito Juan Carlos I, en el tanatorio para despedir al empresario Plácido Arango. E.P./José Oliva

 

No voy a hablar de Clandestino, sin papeles y que muere en el mar en la canción de Manu Chao: “Correr es mi destino por no llevar papel. Mi vida la dejé entre Ceuta y Gibraltar. Solo voy con mi pena, correr es mi destino para burlar la ley”. Tampoco de Desaparecido, del mismo autor: “Me llaman el desaparecido que cuando llega ya se ha ido. Volando vengo, volando voy, deprisa, deprisa a mundo perdido”. Quiero hablar de El Clandestino que salió de Madrid un 2 de agosto de 2020 y que, cuando escribo esta crónica de urgencia, 72 horas después, continúa desaparecido. Unos lo sitúan en el Caribe y otros en el entorno de Lisboa. ¡Y nadie sabe nada!

Esta es la crónica de esta huida, bautizada como “Operación Caribe” por los servicios secretos de España, que son de probada eficacia. El Clandestino, conocido también con el nombre de guerra de “El Emérito” salió el domingo 2 de agosto de 2020, clandestinamente, de Zarzuela. Como era clandestino, no se enteró ni dios. El coche también era clandestino, seguramente con matrículas falsas, lo que le permitió hacer 600 kilómetros clandestinamente, sin que se enterase nadie. Él también colaboró  y no bajó del coche ni para hacer pis en Benavente. La escolta oficial que siempre acompaña a Juan Carlos Borbón también era clandestina porque el ministro de Interior tampoco sabía nada.

El Clandestino llegó clandestinamente a Sanxenxo, pero no para participar en una de esas regatas, que siempre gana, ni para tomar el sol en una de sus maravillosas 27 playas, 17 con bandera azul (efectivamente, esto es propaganda para la promoción turística de Galiza), sino como escala para continuar viaje. Llegados hasta aquí me faltan los datos y pudo alojarse en un barco o en una vivienda, todo clandestino. Pasó la noche en esa villa gallega y por la mañana salió, clandestinamente, para el aeropuerto portugués de Porto, donde llega después de pasar, clandestinamente, la frontera portuguesa.

En Porto El Clandestino toma el avión el lunes, 3 de agosto, con destino a la República Dominicana. Cuando ya está embarcado, envía un WhatsAp  con una contraseña clandestina para avisar que desde la Casa del Rey ya pueden dar la nota de prensa que comienza  con “Majestad,  querido Felipe” y que continúa con una ejemplar autocrítica, hablando de “ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada”. Todo muy ejemplar.

Cuando la operación culmina y llega a su destino, el pasajero clandestino es acomodado por amigos multimillonarios en una lujosa zona residencial del Caribe. El presidente Pedro Sánchez da la habitual rueda de prensa  después del Consejo de Ministros de los martes (4 de agosto de 2020), con dos horas de retraso y, ante las numerosas preguntas de los medios de comunicación sobre la preparación y desenlace de la operación, el Presidente contesta que no sabe nada, que todo es “confidencial”. Todo un ejemplo de la transparencia que pregonan la Casa del Rey y el Gobierno de España.

Llegados a este punto, me puede la curiosidad y mañana mismo preguntaré a dos amigos -Margarita Ledo, periodista y catedrática de la Universidad de Santiago y a Fernando Souto Guinarte- sobre sus peripecias para pasar clandestinamente la frontera de Galiza con Portugal, huyendo de la represión franquista. Parece ser que Souto estaba acompañado por un familiar, que era cura, mientras él iba disfrazado de vieja campesina con un paño negro que le cubría la cabeza. Me extiendo en estos detalles por si nuestro Emérito clandestino necesita utilizar alguno de estos trucos en el futuro.

Sobre la citada rueda de prensa de Pedro Sánchez, decía Ada Colau,  alcaldesa de Barcelona: “Decepción es poco. Vergüenza ajena e indignación. Un exjefe del Estado presuntamente corrupto ha huido del país y el Presidente se limita a decir que qué bien que se ha ido y que las conversaciones son confidenciales. Vergüenza”.

Creo que en un futuro no muy lejano podremos disfrutar de la película La fuga de El Clandestino que, sin duda, será la más taquillera de la historia.  Me ofrezco para colaborar en el guión.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas

Obras de Augusto Silva Gómez

Obras de Augusto Silva Gómez
Augusto Silva (1968) es originario de Bilwi (Puerto Cabezas) en la Costa Caribe de Nicaragua.

Estudió pintura en la Escuela Nacional de Artes en Managua (1985-1989) y Ciencias de la Cultura en la UCA (Universidad Centroamericana) en Managua (1988-1993).
Además de realizar cuadros sobre tela también pinta sobre tunu que es una especie de tela vegetal producida por las indígenas de la Costa Caribe.
Sus cuadros forman parte de numerosas colecciones privadas en Nicaragua y el extranjero.
Ha participado en exposiciones en varios países europeos y también en Norteamérica.
La realización de murales en distintas localidades del país, es una parte importante de su creación.
Obras de Augusto Silva Gómez
En sus trabajos predomina la línea y el color plano. Aunque se reconoce colorista, porque su obra expresa también el optimismo de la gente de su tierra sin negar sus problemas sociales.
Obras de Augusto Silva Gómez
Ha optado por el dibujo para mostrarnos el mundo mágico de su ciudad natal –Puerto Cabezas- recreando mediante un conjunto de símbolos visuales que registran de manera tangible los mitos, leyendas y actividades cotidianas de Zelaya Norte (Caribe nicaragüense). Inscrito dentro de su propia tradición cultural –el mundo de la Costa Atlántica y lo afro-caribeño- presenta la raza negra como el más importante tema de sus obras, utilizando un vocabulario expresivo sumamente personal e innovador.
Obras de Augusto Silva Gómez
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No le gustará este texto

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JORGE ZEPEDA PATTERSON

Si usted es uno de los mexicanos convencido de que el presidente Andrés Manuel López Obrador nos está conduciendo al desastre, este texto probablemente habrá de incomodarle. El manejo que el gobierno ha hecho de la crisis económica provocada por la pandemia ha sido percibido en el sector privado poco menos que como un crimen, un error descomunal que deprimirá al sector productivo y condenará al país a la depresión y a la pobreza. Entre la élite y los sectores altos y medio altos esta tesis se ha convertido en una verdad absoluta. El problema para ellos es que la información está lejos de ser concluyente y en más de un sentido podría ser contraria.

El desplome. Según las estimaciones más recientes del legendario y conservador The Economist, el PIB de México caerá este año 9.7%, el peor descenso en muchas décadas, lo cual parecería confirmar la noción de que el gobierno no tiene idea de cómo funciona una economía moderna. Pero en tal caso tampoco la tendrían los gobiernos de la zona europea que en conjunto caerá 8.4% este año, arrastrada por España (-11.0%), Italia (-10.8%), Francia (-10.4%) e Inglaterra (-9.0%). En otras palabras, la magnitud de la caída de la economía no es un indicador que por sí solo permita aprobar o reprobar a un gobierno.

Ideologías y partidos políticos aparte, lo cierto es que el impacto económico de la pandemia tiene que ver, mayormente, con las características estructurales y crónicas de un país. Naciones en las que son muy relevantes el turismo, el petróleo y la subordinación a cadenas productivas internacionales lo pasarán peor que aquellas orientadas a la producción de alimentos o a insumos destinados al sector tecnológico, por ejemplo. La diversificación de la planta exportadora y su flexibilidad para adaptarse a las nuevas condiciones será un factor decisivo en los meses por venir.

En ese sentido en México los astros no están del todo alineados. No solo por la fragilidad que nos impone una vocación turística y petrolera, también porque nuestro sector de exportación resulta poco competitivo a mar abierto, toda vez que nuestro empresariado se fortaleció a la sombra de la maquila y la interdependencia que ofrecía el TLC a partir de una mano de obra barata. Pero sin esos “flotis” el país carece de la competitividad en el mercado mundial que alcanzan otras naciones de América Latina o el Mediterráneo. Del otro lado, la interdependencia con Estados Unidos, que nos impone esa fragilidad ante el mercado mundial, se convierte en una ventaja geográfica evidente. De lo anterior se desprende que citar una cifra negativa (en este caso el -9.7%) como argumento último y definitivo para descalificar al gobierno es simplista o revela un interés político. No solo habría que contextualizar los datos con el resto de los países sino entender las singularidades históricas, geográficas y estructurales para poder desprender una valoración razonable sobre el desempeño de las autoridades.

Nulos apoyos al sector productivo. Contra lo que hicieron la mayoría de los gobiernos, el mexicano decidió ignorar a la planta productiva y concentrar todos los esfuerzos en la población de bajos ingresos. Una actitud no solo calificada de suicida para efectos económicos sino también de criminal porque, a juicio de sus críticos, obedecía a un cálculo político electoral. Pero, otra vez, los números no necesariamente confirman esta tesis. En países como Francia o Alemania donde el grueso de la población trabaja en el sector formal, la ayuda a las empresas es también una ayuda a sus trabajadores, es decir a las familias. Pero ¿qué pasa cuando la mayoría de las familias, particularmente las más pobres, no trabaja para una empresa formal? La respuesta de López Obrador fue una estrategia “de abajo para arriba”. La primera responsabilidad del gobierno ante una crisis de esta magnitud, asumió el presidente, es que el cierre de la actividades económica no se convierta en una tragedia humana. Entre el 52 y el 56% de los trabajadores operan en el sector informal, la mayoría de ellos vive literalmente al día. Disminuir impuestos a las empresas u ofrecer créditos subsidiados a los empresarios, como clamaba la iniciativa privada, no iba a dar de comer a decenas de millones de hogares al límite de la pobreza; las transferencias del gobierno, sí. Y justamente eso es lo que hizo. En este momento entre 60 y 70% de las familias del país recibe algún tipo de apoyo económico directo. Adicionalmente se generó una partida para minicréditos a la microempresa y al trabajador por cuenta propia (equivalente a poco más mil dólares) para paliar los efectos de la parálisis económica.

La irresponsabilidad de no endeudarse. Una crítica adicional tiene que ver con la renuencia del presidente a recurrir al endeudamiento lo cual habría ampliado el tamaño de “la cobija” y permitido ayudar a todos y no solo a los más pobres. La negativa de AMLO puede ser objeto de discusión, pero no es irracional. Los niveles actuales de endeudamiento son preocupantes y sangran brutalmente el presupuesto. Ya hay textos que señalan la amenaza que representa la deuda contraída para la recuperación a corto y mediano plazo de varios países europeos. En ese sentido, México no habrá incrementado ese lastre.

Se puede estar en desacuerdo con la estrategia del gobierno de la 4T pero eso no significa que sea absurda o irracional. Responde a criterios y urgencias que pueden no ser los de algunos sectores de la población pero sí las de otros. López Obrador apostó por un apoyo al consumo (o evitar una crisis de consumo). Con ello buscó un propósito doble: impedir una tragedia social pero también propiciar la demanda desde abajo para la reactivación de los sectores productivos. Acompañó esta estrategia con dos objetivos complementarios: uno, restablecer el T-MEC para agilizar las cadenas productivas de exportación y dos, acortar los semáforos de salubridad para reanudar lo más pronto posible la actividad económica. En otras palabras, la prioridad ante la pandemia no fue evitar la propagación del virus porque eso habría significado un confinamiento económico insoportable para los pobres, sino simplemente aplanar la curva de contagios e impedir un colapso del sistema de salud pero con el mínimo de semanas de parálisis económica.

No hay garantías de que la estrategia de López Obrador sea la idónea. Difícilmente alguna lo es. Lo único cierto es que la realidad es suficientemente ambigua y el calendario excesivamente temprano para crucificar o, por el contrario, beatificar a alguien por ese motivo. Hacerlo es, simple y llanamente, grilla.

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El futuro no está escrito, ni siquiera para Felipe VI

Juan Carlos I se va pero el problema se queda para el actual monarca, que acusa el desgaste de una legitimidad de origen y ejercicio que convierte en impredecible el devenir de la monarquía.

La institución afronta su peor crisis en 40 años con un partido en el Gobierno, que, por primera vez, no solo se declara sino que obra como republicano, y con un país en discordia entre defensores y partidarios de la corona.

El futuro no está escrito, ni siquiera para Felipe VIFelipe VI y Juan Carlos I en una imagen de archivo. GCH / Gtres

“La primavera ha venido

y don Alfonso se va.

Muchos duques lo acompañan

hasta cerca del mar.

Las cigüeñas de las torres quisieron verlo embarcar”.

Juan Carlos I ya está fuera de España. No se conoce aún poeta que le haya escrito versos. Y se va con su patrimonio —acumulado presuntamente de forma ilícita—, sin rastro de arrepentimiento, con todos sus títulos bajo el brazo y sin haber escrito una carta al pueblo español. Será porque hace años ya le dijo aquello de “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”, aunque después siguiera sacando dinero de Suiza. 

Entre una y otra escena han transcurrido 89 años, una guerra civil, 40 años de dictadura y otros tantos de democracia. La España de hoy no es aquella, pero la decisión de Juan Carlos I de abandonar el país —urdida entre la Casa Real y el Gobierno— abre un escenario de inestabilidad institucional de incalculables consecuencias. El hombre que más hizo por la concordia entre españoles se marcha dejando atrás un país en discordia, polarizado y dividido también entre monárquicos y republicanos. Y con un Gobierno en el que por primera vez desde 1978 hay una formación política, Unidas Podemos, que no sólo se declara sino que obra como republicana. 

El dato no es menor. Felipe VI tiene un problema y lo sabe. No sólo por la marcha tardía y forzada de su padre, sino porque ha sido el del emérito un gesto sin grandeza que suma nuevas dosis de autodestrucción a la ya de por sí autolesionada monarquía. ¿Afectará todo ello al pacto constitucional del 78? A saber.

De momento, las únicas certezas son que Juan Carlos I no cabía en España sin causar más daño a la corona, que la decisión no ha sido familiar ni doméstica, sino de Estado, que no será la última —todo apunta a que le seguirá una regularización fiscal para reparar el daño cometido a la Hacienda pública por el dinero que acumuló en cuentas opacas en el extranjero— y que España atraviesa uno de los peores momentos de la vida colectiva. Con cuatro crisis ya en ciernes —sanitaria, económica, social e institucional—, lo que le espera al país en el corto, además de un horizonte de inestabilidad, es un debate sobre la necesidad de un sistema institucional adaptado a las coordenadas de hoy, y no a las del 78.

“No podemos apelar a los mitos de hace 40 años, cuando se han caído ya todos”, admite un presidente autonómico que no oculta su preocupación por el contexto y que habla sin ambages de las consecuencias de los últimos años del reinado del emérito, además de la “pesada herencia” que deja a Felipe VI y al futuro de la institución monárquica. El mismo interlocutor reconoce problemas “serios” de credibilidad y reputación en la jefatura del Estado que pueden amenazar el pacto constitucional. 

No en vano el de Felipe VI es un reinado que nació ya lastrado por los desmanes de su padre, el encarcelamiento de su cuñado Iñaki Urdangarin por los delitos de malversación, prevaricación y fraude a la administración y por una España ya desafecta con la institución desde hacía años. Y eso pese a las promesas de regeneración y transparencia con que inauguró el reinado Felipe VI. La corona sigue siendo la institución más opaca del Estado y la única que no rinde cuentas ante sus órganos fiscalizadores.

Lo de menos en todo esto es ya el horizonte penal y si Juan Carlos I pasará o no sus últimos años de vida en el exilio, lo que importa es la situación en la que queda el rey, y por tanto la institución que encarna, cuando acaba de cumplir su sexto año de reinado. Preocupa en la Zarzuela y preocupa en el Gobierno, pese a que su presidente mantiene la vigencia del compromiso del PSOE con el pacto constitucional del 78, como ha dicho este mismo martes durante su comparecencia al término del Consejo de Ministros.

De la misma opinión es la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, que es quien ha llevado las conversaciones con la Casa Real para establecer una especie de blindaje a Felipe VI con la salida de Juan Carlos I. En conversación con elDiario.es, la número dos del Gobierno no ve señales de inestabilidad en el horizonte cercano en lo que respecta a la jefatura del Estado y rechaza de plano lo que Pablo Iglesias ha llamado “una huida” del emérito para no responder de sus actuaciones ante la Justicia. “Huir es un verbo asociado a alguien a quien se busca y no es el caso. Juan Carlos I ha dicho además que estará siempre a disposición de la Justicia”, apunta la vicepresidenta para quien, además, lo que hay que poner en valor en estos momentos es que, entre la abdicación y la salida del emérito, se ha demostrado que “la democracia es incontestable”.

“España —prosigue Calvo— primero es una democracia y, luego, tiene como sistema político una monarquía parlamentaria”. Su impresión es que los españoles, en efecto, pueden no tener apego a la monarquía, pero tampoco “fuerza ni mayoría para construir una república”. Y esto es algo que un sector de la izquierda no parece tener en cuenta, como tampoco que la decisión de Felipe VI respecto a su padre “limpia” la institución y es “todo un éxito” para una monarquía que hasta la abdicación de Juan Carlos I “era una suerte de Vaticano”.

Declaraciones aparte, lo que no está en duda es que hoy hay un tercio de la composición del Congreso que recela de la monarquía, que Felipe VI es una figura prácticamente proscrita en Catalunya y Euskadi, que uno de los partidos en el Gobierno cree que es el momento de abrir el debate sobre la república y que de la conspiración contra la corona de la que hablan la derecha y la ultraderecha españolas el responsable no es Pablo Iglesias, sino la codicia y la impunidad de Juan Carlos I, así como el manto de silencio político-mediático que durante décadas calló sobre los comportamientos deshonestos y presuntamente ilícitos que se produjeron dentro de la institución. 

Y todo cuando, a diferencia de su padre —que antes de presunto corrupto y evasor fiscal, se le reconoció como hacedor de la democracia y figura clave de la Transición— Felipe VI es de momento un rey sin relato propio, a pesar de varios intentos fallidos. El primero y más sonado fue el discurso del 3 de octubre, posterior a la declaración unilateral de independencia de Catalunya en 2017, que agrandó el desapego de una parte de la sociedad con la institución monárquica, después de que el rey se pusiese del lado de una de las partes cuando lo que se necesitaba en aquel momento era que el jefe del Estado ejerciera el papel de árbitro y moderador que le atribuye la Constitución en el funcionamiento de las instituciones.  

En Catalunya el rechazo a la monarquía alcanzó desde entonces registros nunca antes vistos. Siete de cada diez catalanes rechazan la corona (el 74%), frente a un 21,6% que declara apoyar a Felipe VI, según sondeos de empresas privadas que se realizaron en el quinto aniversario de su reinado y que también revelaron que el respaldo a la monarquía en el conjunto del país no llegaba en 2019 al 51%. 

Desde entonces, la distancia entre la institución y una parte importante de la sociedad española ha ido creciendo y la valoración de Felipe VI, descendiendo. A pesar de que el CIS hace seis años que no pregunta por ello en sus encuestas, sí lo han hecho otras empresas demoscópicas que certifican el desgaste y un claro “cuestionamiento” de la institución en más de la mitad de la población.

La crisis institucional coincide además con lo que algunos políticos ya apartados de la primera línea llaman una clara “crisis de gobierno” y un momento crítico de país como consecuencia de la pandemia y sus derivadas socioeconómicas. “Sánchez debería plantearse si puede seguir en el Gobierno con Unidas Podemos, que duda permanentemente de las decisiones del gabinete”, asegura un socialista en alusión a las declaraciones de la ministra Irene Montero en las que atribuyó la salida de Juan Carlos I de España al “PSOE de la Moncloa”, y no al Gobierno. 

Desde que la democracia es democracia, las decisiones en el Consejo de Ministros, que es uno y no dos, pertenecen al Gobierno en su conjunto en cuanto que son colegiadas. Cuestión distinta es que el presidente y quienes estuvieran al tanto de la misma no la compartieran con los ministros de Podemos, como así fue. El mismo interlocutor defiende que “si un ministro cree, como han dicho Iglesias y Montero que el emérito ha huido y que el Gobierno ha colaborado en esa huida tiene que salir de inmediato del Consejo”.

Salvo, advierte un exministro del PSOE, que toda la escenificación que ha seguido al anuncio de la marcha de Juan Carlos I forme parte de un plan táctico de los estrategas “monclovitas” aprovechando que una parte de los españoles alberga serias dudas, alentadas por el nuevo soberanismo y un sector de la izquierda, sobre la conveniencia de mantener en España una forma de Estado que no pasa por las urnas.

El mensaje ha prendido como nunca, y aunque formalmente los dos principales partidos, PP y PSOE —igual que Ciudadanos y VOX— están por cerrar filas en torno a la actual jefatura del Estado, de las turbulentas aguas por las que se ha movido el emérito ha resurgido un estímulo republicano en el socialismo de nuevo cuño y sobre todo de generaciones posteriores a la que formó parte de la transición. 

De momento, el tirón republicano de los socialistas queda diluido por su presencia en el Gobierno. De hecho, Pedro Sánchez ha puesto freno a algunos impulsos de sus propias filas y ha asumido que su socio de Gobierno ha de mantener un discurso propio sobre el modelo de Estado, aunque ello provoque no pocas contradicciones en el gabinete. 

En el PSOE defienden que no hay mimbres ni votos suficientes en el Congreso de los Diputados para tejer un nuevo cesto sobre la forma política del Estado español, que requeriría un procedimiento de mayorías reforzadas, la disolución de las Cortes Generales, la celebración de nuevas elecciones generales y un complejísimo proceso de consensos políticos inalcanzables hoy por hoy.

En Unidas Podemos, por su parte, mantienen que la monarquía está “necrosada” y que en adelante se abre un proceso de discusión constituyente en España, en el que ya esperan, como advierte Juan Carlos Monedero, que haya un “redoble de los ataques contra los morados”.

Sea como fuere, España parece atrapada en un modelo constitucional que no se corresponde con el tiempo ni las circunstancias que hicieron posible la transición que impulsó Juan Carlos I, y que Felipe VI adolece de la legitimidad de origen, ya que fue rey solo por ser hijo de su padre. Un monarca al que, como cuentan que confesó el propio Juan Carlos I recientemente a un amigo, los españoles de menos de 40 años sólo recordarán por ser “el de Corinna, el del elefante y el de los 65 millones en Suiza”.  

La legitimidad en ejercicio del actual rey, la segunda que se valora en todo sistema político, ha quedado manchada por su más que cuestionado papel en Catalunya tras la DUI, las sombras que quedan sobre su conocimiento de los asuntos más turbios de su predecesor y la opacidad que mantiene en torno a todo lo que afecta a la institución. La historia juzgará su papel, pero de momento se abre un nuevo marco en el que unos harán todo lo posible para que las cosas permanezcan igual y otros intentarán que todo cambie. El futuro, en todo caso, no está escrito, ni siquiera para Felipe VI. En su mano está recorrer un camino con el que los españoles vuelvan a sentir la utilidad que tuvo la institución en los primeros años de la democracia. De lo contrario, la monarquía tendrá los días contados.

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Portero viejo

JOSÉ RAMÓN FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ DE QUEVEDO

Iker Casillas, ingresado tras sufrir un infarto | Última hora

Íker Casillas transpiró las antiguas virtudes del Real Madrid y encarnó sus vicios modernos. Las mejores temporadas de su carrera las jugó para un neoclásico que interpreta su valor en el mercado dependiendo de la historia; es una marca, o una transnacional.

No sabe a qué época pertenece: a un equipo capaz de olvidar al último de sus antepasados, o al que le nombró teniente de infantería.

Hijo de la cantera, fue elegido héroe y entonces, apestó a viejo. Al Madrid no le convienen los jugadores institucionales.

Como sucede con todos los futbolistas de colección, olió a viejo, fue el veterano que guardó Panini en los aficionados al futbol.

Cuando el aroma del modernismo aceptado por los nuevos habitantes del Bernabéu confundió los sabores del juego, su sudor, acusado por Chanel, denunció al mercado.

Pero lo único que nunca cambió Casillas fue ese olfato del Real Madrid. Sus tradiciones se volvieron propaganda cuando el título de Mejor Club del Siglo XX se utilizó como licencia de obras. El nuevo Real Madrid incluso, se permitió demoler la historia.

Íker Casillas, jugador almacenado en las mejores bodegas del futbol con dos Eurocopas, tres Ligas de Campeones y un Mundial, cargó con sus años expuesto al juicio más severo que puede enfrentar un capitán: en cada partido se le exigió un documento que comprobara su identidad.

El guardameta, como parte fundamental de un equipo al que trajo riquezas, conquistó territorios y entregó su vida, fue desterrado.

Casillas, legitimado por el mundo como madridista de buena madera, cargó en el exilio una sospecha de traición: se le acusó de proteger la memoria del Real Madrid como un club honrado, caballeroso y respetuoso con su pasado. Casillas se despide en una pandemia; liquidado, llevándose los guantes y un álbum de fotos grandes junto a una maleta con dinero que le dio un club al que siendo niño, escogió como familia. 

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Los toros de antes

Los toros de antes Por Héctor Aguilar Camín. – DE SOL Y SOMBRA

Convocado por un amigo a escoger fragmentos de la historia de Gibbon sobre la decadencia del imperio romano, di otra vez con el pasaje de una corrida de toros del año 1352.

Tuvo lugar en el Coliseo de Roma, cuyas gradas principales fueron restauradas para el efecto, al tiempo que se giraban invitaciones a jóvenes de otras ciudades para venir a mostrarse en el gran acontecimiento. El día de la corrida, escribe Gibbon, “las damas romanas marcharon por las calles en tres contingentes y se sentaron en tres balcones, adornados ese día, el tercero de septiembre, con tela roja. La bella Jacova di Rovere encabezó el paso de las bellas matronas, raza nativa y pura cuyos rostros encarnan todavía el perfil de la antigüedad”.

Sigue Gibbon: “El resto de la ciudad se dividió, como siempre, entre los Colonna y los Ursini, facciones rivales, orgullosas ambas de la abundancia y la belleza de sus linajes femeninos: los encantos de Savella Ursini fueron especialmente distinguidos con elogios.

“Un viejo ciudadano de Roma presentó a los lidiadores. Bajaron a la arena a pie solo con una lanza. Entre ellos destacaban los nombres, los colores y las insignias de 20 famosos caballeros, miembros de las más ilustres familias de Roma: Malatesta, Polenta, de la Valle, Cafarello, Conti. Las insignias portaban leyendas de esperanza y de desesperación, respiraban el espíritu gallardo de las armas: ‘Vivo desconsolado’, ‘Ardo bajo las cenizas’, ‘Ahogado en sangre, qué muerte placentera’”.

Las corridas son peligrosas y sangrientas, dice Gibbon. Cada lidiador enfrenta ese día a un toro bravo, pero no acaba con él. Más bien, al contrario.

Al final de la corrida, dice Gibbon, “la victoria puede adjudicarse a los cuadrúpedos, ya que no quedan muertos sino 11 de ellos en el campo, frente a los nueve heridos y los 18 muertos de sus adversarios”.

Cada toro mata o hiere a más de dos toreros. Hubo duelo ese día en algunas de “las principales familias de la ciudad”, concluye Gibbon, “pero para el pueblo de Roma, la pompa de los funerales en las iglesias de San Juan de Letrán y Santa María Maggiore, fue una segunda fiesta”. Los toros de antes.

hector.aguilarcamin@milenio.com

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN

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Crean calamares transparentes con una revolucionaria técnica genética

El equipo utilizó la edición del genoma CRISPR-Cas9 para eliminar un gen de pigmentación en embriones de calamar

Anillo de crías de calamar en mosaico (Doryteuthis pealeii)

Calamares transparentes. Esta es la creación de científicos del Marina Biology Laboratory (MBL), quiens por primera vez han conseguido la eliminación de genes en un cefalópodo, lo que puede dar lugar a aplicaciones no solo en biología, sino también en robótica o en inteligencia artificial. El equipo, que acaba de publicar sus resultados en « Current Biology», utilizó la herramienta de edición del genoma CRISPR-Cas9 para suprimir un gen de pigmentación en embriones de calamar, que eliminó la pigmentación en los ojos y en las células de la piel (cromatóforos) con alta eficiencia.

«Este es un primer paso crítico hacia la capacidad de eliminar y eliminar genes en los cefalópodos para abordar una serie de preguntas biológicas», afirma en un comunicado Joshua Rosenthal, científico principal del MBL y autor principal del trabajo.

Métodos de trabajo

Karen Crawford
Karen Crawford

Los cefalópodos (calamares, pulpos y sepias) tienen el cerebro más grande de todos los invertebrados, un sistema nervioso extendido capaz de provocar un camuflaje instantáneo y la capacidad de recodificar ampliamente su propia información genética dentro del ARN mensajero. Estos animales abren muchas vías para el estudio y tienen aplicaciones en una amplia gama de campos, desde la evolución y el desarrollo, hasta la medicina, la robótica, la ciencia de los materiales y la inteligencia artificial.

La capacidad de eliminar un gen para probar su función es un paso importante en el desarrollo de los cefalópodos como organismos genéticamente tratables para la investigación biológica, aumentando el número de especies que actualmente dominan los estudios genéticos, como las moscas de la fruta, el pez cebra y los ratones. También es un paso necesario para tener la capacidad de generar genes que faciliten la investigación, como los que codifican proteínas fluorescentes que se pueden formar imágenes para rastrear la actividad neuronal u otros procesos dinámicos.

«CRISPR-Cas9 funcionó muy bien en el Doryteuthis; fue sorprendentemente eficiente», dice Rosenthal. Mucho más desafiante fue entregar el sistema CRISPR-Cas en el embrión de calamar unicelular, que está rodeado por una capa externa extremadamente resistente, y después elevar el embrión a través de la eclosión. El equipo desarrolló micro-tijeras para recortar la superficie del huevo y una aguja de cuarzo biselada para utilizar luego los reactivos CRISPR-Cas9.

Anillo de crías de calamar en mosaico (Doryteuthis pealeii) . Estos embriones fueron inyectados con CRISPR-Cas9 en diferentes momentos antes de la primera división celular, dando como resultado embriones en mosaico con diferentes grados de desactivación
Anillo de crías de calamar en mosaico (Doryteuthis pealeii) . Estos embriones fueron inyectados con CRISPR-Cas9 en diferentes momentos antes de la primera división celular, dando como resultado embriones en mosaico con diferentes grados de desactivación – Karen Crawford

Un animal de Nobel

Los estudios con Doryteuthis pealeii han llevado a avances fundamentales en neurobiología, comenzando con la descripción del potencial de acción (impulso nervioso) en la década de 1950, un descubrimiento por el cual Alan Hodgkin y Andrew Huxley se convirtieron en galardonados con el Premio Nobel en 1963.

Doryteuthis pealeii , a menudo llamado calamar Woods Hole. Los estudios con D. pealeii han llevado a importantes avances en neurobiología, incluida la descripción de los mecanismos fundamentales de la neurotransmisión. El Laboratorio de Biología Marina recolecta D. pealeii de aguas locales para una comunidad internacional de investigadores.
Doryteuthis pealeii , a menudo llamado calamar Woods Hole. Los estudios con D. pealeii han llevado a importantes avances en neurobiología, incluida la descripción de los mecanismos fundamentales de la neurotransmisión. El Laboratorio de Biología Marina recolecta D. pealeii de aguas locales para una comunidad internacional de investigadores. – Roger Hanlon

Recientemente, Rosenthal y sus colegas descubrieron una amplia recodificación de ARNm en el sistema nervioso de Doryteuthis y otros cefalópodos. Esta investigación está en desarrollo para posibles aplicaciones biomédicas, como la terapia de control del dolor.

Sin embargo, D. pealeii no es una especie ideal para desarrollarse como organismo de investigación genética. Es grande y ocupa mucho espacio en el tanque y, lo que es más importante, nadie ha podido cultivarlo a través de múltiples generaciones en el laboratorio. Por estas razones, el próximo objetivo del programa MBL Cephalopod es transferir la nueva tecnología de eliminación a una especie de cefalópodo más pequeña, Euprymna berryi (el calamar colibrí), que es relativamente fácil de cultivar para producir cepas genéticas.

El Programa de cefalópodos de MBL es parte de la Iniciativa de nuevos organismos de investigación de MBL, que está ampliando la paleta de organismos genéticamente manejables disponibles para la investigación y, por lo tanto, expandiendo el universo de preguntas biológicas que se pueden formular.

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