“A por ellos”: Odiar, prohibir, aniquilar

El bricolaje social de una democracia como la nuestra, heredera de una transición donde no hubo una ruptura real con el régimen franquista, está permitiendo que el fascismo habite nuestra vida cotidiana, sea blanqueado y naturalizado continuamente

María Montesino

Abascal llama al voto masivo porque "votar a Vox es echar a Sánchez"
Santiago Abascal durante un mitin de Vox. | EFE

“Aquellos que, por una u otra razón, conocen el horror del pasado tienen el deber de alzar su voz contra otro horror, muy presente, que se desarrolla a unos cientos de kilómetros, incluso a unas pocas decenas de metros de sus hogares. Lejos de seguir siendo prisioneros del pasado, lo habremos puesto al servicio del presente, como la memoria -y el olvido- se han de poner al servicio de la justicia”.

Tzvetan Todorov

Solo son palabras. Aparentemente todo es inocente. Comienza con la palabra, con el relato, con la historia narrada desde los espacios de poder simbólico, político, económico. Un emisor (individual o colectivo) que actúa como “sujeto” de la acción y un público que actúa como “reproductor” del mensaje, como una audiencia que lo asume y difunde. Una parte significativa del tejido social que legitima ese discurso, esa historia, esos lemas. Y los repiten, multiplicando sus voceros y el efecto reproductor de su ideología. Cuando lo simbólico se hace palpable a través del voto, celebran los resultados electorales cantando, saltando, coreando: “¡A por ellos!”. Su eficacia se basa en utilizar todo tipo de símbolos nacionalistas, aquellos que hablan directamente a las tripas, a la esencia conservadora del viejo estado-nación (a la madre patria, a dios, al rey, al orden establecido).

Pero hay mucho más que comunicación y audiencias en esta nueva vuelta de tuerca del fascismo. Un fascismo que ha sabido canalizar la frustración colectiva para responder golpeando “hacia abajo” (hacia los pobres, los migrantes, las víctimas de la crisis económica, etc) y no “hacia arriba” (las multinacionales, los grandes capitales, el sistema neoliberal) como pudo hacer en su día el movimiento social del 15M que, en palabras de Amador Fernández-Savater, tuvo un efecto de re-sensibilización social: “Donde la crisis ponía en el centro la victimización, el resentimiento, la competencia y el sálvese quien pueda, el 15M puso la activación social, el empoderamiento, la empatía y la solidaridad”.

En esta ultraderecha envalentonada y pistolera no hay escucha, no hay diálogo, no se comparte un “nosotros” democrático (abierto a la complejidad de habitar el común, que va más allá de habitar lo público), no hay lugar ni tiempo para la reflexión. Simplemente una pegajosa baba de odio fascista que se extiende rápido, impregnando varias capas del tejido social. Parte de su éxito radica, precisamente, en que han sabido leer entre líneas el potencial de los efectos sociales de lo que Bauman llamó sociedad líquida: la incertidumbre, la continua (re)adaptación al cambio o la inseguridad creciente en nuestras sociedades. Miedo al mestizaje, miedo a la diversidad, miedo a la libertad.

La extrema derecha ha sabido captar perfectamente la atención y las subjetividades de muchas personas de rentas bajas, afectadas por la crisis económica, social y política. Este movimiento no ha surgido alejado de la gente, todo lo contrario, se mueve (ágil y fluido) en los espacios de sus vidas cotidianas, en lo aparentemente irrelevante (no por no ser importante, sino por estar naturalizado). Ha acompañado, desde el contexto de los afectos, la agresividad y el miedo de una parte importante de la población, ante los efectos de un sistema que nos somete a las leyes del economicismo global y sus violencias estructurales.

Poema visual de Antonio Montesino de su serie 'Eclipse de lo humano'.
Poema visual de Antonio Montesino de su serie ‘Eclipse de lo humano’.

La historia se repite. Todo comienza con el proceso de estigmatización, como base de la creación de unas políticas de identidad fuertes, caracterizadas por parapetarse en lo propio y negar al otro. La construcción social de “los otros” fundamenta su discurso en una pedagogía del miedo que utiliza el  lenguaje y lo simbólico para definir a las personas estigmatizables, basándose en una dicotomía simplista que establece qué es lo bueno y qué es lo malo, lo ordenado y lo desordenado, lo normal y lo anormal; para luego cargar contra todos aquellos que no entre en su peculiar definición del mundo. Hay un ejemplo muy claro en los últimos días con la utilización reiterada del acrónimo MENA (Menor Extranjero No Acompañado) para estigmatizar a los jóvenes migrantes y reproducir un discurso de odio basado en datos falsos y prejuicios sociales. En el mensaje “a por ellos” está la expresión última de la aniquilación de cualquier otredad (migrantes, homosexuales, feministas, pobres, republicanos, ecologistas…), dentro de una lógica violenta de odio-prohibición-aniquilación. La dictadura franquista es un ejemplo claro de la política del exterminio social, de acabar con “los otros” llevado a último término: acabaron con sus obras, con sus espacios simbólicos y con sus cuerpos.

El bricolaje social de una democracia como la nuestra, heredera de una transición donde no hubo una ruptura real con el régimen franquista, está permitiendo que el fascismo habite nuestra vida cotidiana, sea blanqueado y naturalizado continuamente. Acompañado de un discurso de victimización por parte de estos grupos ultras que pretenden encarnar el papel de salvadores de la patria y rescatadores del pensamiento único como verdad universal. Precisamente es, en lo cotidiano, donde podríamos (y deberíamos) responder socialmente, más allá de los recuentos de votos, los “pactómetros” y las dialécticas electoralistas. Para Foucault los cuerpos no solo eran atravesados por el poder para convertirse en cuerpos dóciles o domesticados, sino que también eran sujetos de resistencia. El deseo inmanente de la extrema derecha es acabar con los derechos y libertades conseguidos hasta ahora por muchos movimientos sociales que se han expuesto como sujetos de resistencia en nuestro habitar común. Acabar, en definitiva, con “los otros”, con esa construcción diversa e inclusiva del “nosotros”, en permanente diálogo con la vida y sus matices.

Somos muchas las personas y los colectivos que estamos a pie de calle, desde lo local y también desde lo global, para construir juntos espacios de resistencia habitables, alejados de la verticalidad y el encorsetamiento institucional. Creo que una de las claves de los movimientos antifascistas actuales pasa por recuperar los procesos de autoorganización colectiva basados en la solidaridad, la diversidad, la inclusión, las redes de cuidados y la emancipación. Poner la vida en el centro para responder al desencanto con la política actual y reivindicar una acción directa (social, cultural, económica, política) de la conciencia y del compromiso que se convierta en una manera de estar en el mundo. Aprovechar el potencial de situación de la vida cotidiana, de sus espacios invisibilizados, de sus habitus, tejer redes informales de resistencia, de ayudas mutuas, de convivencia plural y diversa. Y resistir, desde abajo, desde lo común, desde el barro en el que nos encontramos en estos tiempos de miradas excluyentes.

https://www.eldiario.es/cantabria

Venecia vive su peor inundación en 50 años y esto es sólo el principio: cada vez hay menos tiempo para salvarla del Adriático

Venecia vive su peor inundación en 50 años y esto es sólo el principio: cada vez hay menos tiempo para salvarla del Adriático

JAVIER JIMÉNEZ

Un metro y 87 centímetros. Esta noche, la ‘acqua alta’ ha sida la más alta en medio siglo y ha anegado Venecia hasta tal punto que Luca Zaia, el gobernador de la región, lo ha calificado como “devastación apocalíptica”. La Catedral de San Marcos, decenas de museos, centenares de tiendas y restaurantes han amanecido inundados hasta casi los dos metros de altura.

Aunque la inundación no ha llegado a los niveles de la gran inundación de 1966 (que alcanzó los 194 cm), el resultado ha sido muy parecido: el caos. “El 80% de la ciudad está bajo el agua, hay daños inimaginables”, explicaba Zaia. Sin embargo, no puede decir que sea una sorpresa. Venecia vive desde hace décadas bajo la amenaza de ser engullida por el mar y, como vemos,

¿Qué ha pasado en Venecia?

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Migle Vasiliauskaite

Ayer a las 21:00, el viento del sur empezó a empujar el agua del Adriático con tanta fuerza que en menos de dos horas la Laguna de Venecia había elevado 160 centímetros su nivel normal. Para las 23:00, la subida ya estaba en 187 y comenzaba a inundar todo provocando al menos un muerto y cortando la electricidad de buena parte de la ciudad.

El ‘acqua alta’ es un fenómeno relativamente común en las partes bajas de la ciudad. La Plaza de San Marcos suele inundarse con cierta frecuencia y esa estampa se ha convertido en una imagen icónica. Pero los venecianos saben desde hace tiempo que este fenómeno es un virus que se va comiendo la ciudad poco a poco y hace complicadísimo cualquier esfuerzo de conservación.

En 2003, el problema era tan claro, que se inició la construcción de un descomunal sistema de 78 diques flotantes que debían proteger la ciudad del agua que invadía la Laguna desde el Adriático. De hecho, en enero de este año se anunció que la construcción del proyecto MOSE había terminado, aunque por problemas relacionados con los sobrecostos y los escándalos no comenzará a funcionar hasta 2021.

El futuro submarino de la ciudad de Venecia

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Sin la tecnología de por medio, el futuro cercano de Venecia y su enorme patrimonio cultural. Basta con echar un vistazo a las últimas estimaciones sobre la subida del nivel del mar provocada por el cambio climático para comprobar que no solo la ciudad, sino la práctica totalidad de esa zona de la costa adriática del norte de Italia puede desaparecer en tres décadas.

Lejos quedan las estimaciones que hablaban de convertir Venecia en “inhabitable” para 2100: esa es una realidad mucho más cercana. Y, sin embargo, lo más probable es que Venencia sobreviva incluso aunque su patrimonio monumental atraviese serios problemas en el proceso.

Por eso, conviene alzar la mirada y ver el problema en su conjunto: más allá de Venecia, el mundo está lleno de ciudades que desaparecerán bajo las aguas en menos tiempo del que imaginamos. Ciudades que no pueden contar con obras faraónicas para ser protegidas y que, presumiblemente, van a provocar un auténtico problema de ‘refugiados’ climáticos. La inundación de Venecia es el evento centinela que nos avisa de que el futuro se acerca a una velocidad de vértigo.

https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza

¡Oooooooh!

Hay un momento impresionante en la ejecución del abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tras la firma del preacuerdo. Ocurre, precisamente, en el ‘preabrazo’

MANUEL JABOIS

Abrazo Sanchez Iglesias
El abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tras la firma del acuerdo, este martes en el Congreso. ANDREA COMAS

Hay un momento impresionante en la ejecución del abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tras la firma del preacuerdo. Ocurre, precisamente, en el preabrazo. Sánchez ha acabado de hablar en el atril, se gira y sonríe a Iglesias, que a su vez sonríe también. Sánchez estira la mano en línea recta e inmediatamente después Iglesias eleva más el brazo y lo baja con la palma dispuesta a darse no un apretón institucional, sino de colegueo, como si acabasen de capturar un rebote (realmente acaban de capturar un rebote). Mi análisis, que someto a juicio de los lectores, es que Iglesias (más cálido y sentimental que Sánchez) tenía de inicio la idea de un abrazo, de ahí que tarde unas décimas en sacar la mano, y, para remontar, la desenfunda con tanto brío que acaba medio palmeando a Sánchez para, ahora sí, echarse a sus rígidos brazos sanchistas.

Es una jugada arriesgada en tanto que Sánchez le saca 12 centímetros a Iglesias, pero a Iglesias, que ha llorado en público varias veces, eso le da igual: está emocionado. A los llorones, si nos conmovemos, nos da igual todo; a mí me tuvieron que sacar del cine en volandas durante la proyección de Boyhood porque lloraba, gemía y pataleaba que parecía que se acababa el mundo. Así que entiendo a Iglesias.

Ocurre que algo va mal por parte del PSOE. Sánchez, que no creo que pensase en abrazar a Iglesias (ni a nadie, nunca), siente el cuerpo del líder de Podemos estrecharse contra el suyo y entonces mueve —un movimiento parecido al de los continentes— su brazo derecho. Con tan poca pericia que mete la mano dentro de la chaqueta de Iglesias. España aguanta la respiración en ese momento (¿no espera ni a ser investido? ¡Qué máquina!) y el líder socialista saca la mano rápidamente de dentro, elevando la chaqueta como un toro el capote, y estrecha a Iglesias, dejando apoyada su mano en la espalda; no la mano empujando la espalda hacia él, como manda el canon, sino agarrándose a ella para no caer. El resultado es que la foto inmortalizada deja a Iglesias con la chaqueta doblada y su camisa a la vista.

El candidato de Podemos, mientras tanto, tiene la mano apoyada en Sánchez con los dedos tan separados (por favor, vean la imagen) que parece que está invitando a alguien a que haga el jueguecito de clavar el cuchillo entre ellos allí a falta de tequila y una mesa. Luego Iglesias le da dos golpes cariñosos mientras tiene apoyada su cabeza con los ojos cerrados en el hombro de Sánchez.

No he podido dilucidar quién toma la decisión clave y por qué, y no será porque no le he pasado el VAR a esas imágenes. Cuando dos personas se dan un abrazo, una de ellas queda a la izquierda y otra a la derecha. En el caso de los candidatos eso da igual; lo que no da igual es quién se queda del lado de las cámaras. El que lo hace es Iglesias tras un momento, milésimas de segundo, en que los dos están cara a cara a punto de abrazarse. De hecho no se sabe si van a darse un abrazo o a hacerse la cobra, incluso pudieron hacerse la cobra al mismo tiempo y acabar abrazándose. Eso pasa mucho con los morreos: apartáis la cara muertos del asco hacia el mismo lado y os despertáis juntos.

Cuando el abrazo acaba se escucha un “ooooh”. Es el primer “ooooh” de la legislatura: habrá muchos más, no siempre de ternura.

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Logran explicar lo que sucedió justo antes del Big Bang

Un equipo de investigadores propone una solución para conectar el periodo de inflación del Universo con el Big Bang propiamente dicho

Logran explicar lo que sucedió justo antes del Big Bang

José Manuel Nieves

Hay un agujero en nuestro conocimiento sobre cómo el Universo empezó a existir. Sabemos que, primero, se infló muy rápidamente, durante apenas una fracción de segundo. Y que después estalló dando lugar a lo que conocemos como Big Bang. ¿Pero qué pasó exactamente entre esos dos momentos? La cuestión, durante años, ha sido abordada sin éxito por los científicos. Y ahora un equipo de investigadores del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), el Kenyon College, en Ohio, y la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, cree haber hallado, por fin, la respuesta. Su trabajo se acaba de publicar en Physical Review Letters.

En el primer período, conocido como inflación, el Universo pasó de ser un simple punto a un espacio un octillón de veces más grande (un uno seguido de 27 ceros). Y todo en menos de una trillonésima de segundo. Después vino un período de expansión mucho menos rápida, pero violenta, que conocemos como Big Bang. Ese fue el momento en que una bola de fuego incleíblemente caliente de partículas como protones, electrones o neutrones, empezó a expandirse y a enfriarse para formar primero átomos, y después las estrellas y galaxias que podemos ver en la actualidad.

A día de hoy, la teoría del Big Bang sigue siendo la mejor explicación que tenemos (y la más aceptada) de cómo nuestro Universo empezó a existir. Pero seguimos aún sin acertar a saber cómo se conectan esos dos períodos de expansión tan diferentes entre sí. Para resolver el enigma, los investigadores decidieron simular ese crítico periodo de transición, llamado “recalentamiento”, que existió brevemente entre la inflación cósmica y el Big Bang propiamente dicho.

El «Bag» en el Big Bang

“El período de recalentamiento posterior a la inflación -explica David Kaiser, profesor de física en el MIT y uno de los autores del trabajo- establece las condiciones para el Big Bang y, en cierto sentido, pone el “Bang” en el Big Bang. Es justo en este período-puente cuando el infierno se desata y la materia empieza a comportarse de un modo que es de todo menos simple”.

Durante el brevísimo período inflacionario, todo lo que existía se expandió muy rápidamente, haciendo del Universo un lugar frío y vacío, sin la sopa caliente de partículas necesarias para encender el Big Bang. Pero según Rachel Nguyen, autora principal del estudio, durante el recalentamiento la energía que impulsaba la inflación decayó para formar partículas. Y una vez nacidas, esas partículas empezaron a rebotar y a chocar entre ellas, transfiriéndose energía, recalentando el Universo y estableciendo las condiciones iniciales para el Big Bang.

En su modelo, Nguyen y sus colegas simularon el comportamiento de un tipo exótico de partículas llamadas “inflatones”. Los investigadores creen que estas partículas hipotéticas (hasta ahora no han sido descubiertas en laboratorio), similares al bosón de Higgs, crearon el campo de energía que impulsó la inflación. El modelo muestra que, si se dan las condiciones adecuadas, la energía de los inflatones puede redistribuirse y crear la diversidad de partículas necesaria para recalentar el Universo y dar comienzo al Big Bang.

“Cuando simulamos el Universo temprano -dice por su parte Tom Giblin, otro de los autores de la investigación- lo que realmente estamos haciendo es un experimento de partículas a temperaturas muy, muy altas. La transición del periodo inflacionario frío al periodo caliente debería mostrar alguna evidencia clave sobre qué tipos de partículas pueden existir realmente a estas energías tan extraordinariamente altas”.

La gravedad

Otra de las preguntas que atormentan desde hace mucho a los físicos es cómo la gravedad podría influir y comportarse en el medio extraordinariamente energético del período inflacionario. En su simulación, Nguyen y sus colaboradores descubrieron que cuanto más aumentaban la fuerza de gravedad, más eficientemente los inflatones transferían la energía necesaria para producir el auténtico zoo de partículas de materia caliente que había durante el Big Bang.

“El Universo guarda muchos secretos codificados de formas muy complejas -explica Giblin a la revista Live Science- . Nuestro trabajo es aprender sobre la naturaleza de la realidad creando dispositivos de decodificación, formas de extraer información del Universo. Usamos simulaciones para hacer predicciones sobre cómo debería ser el Universo para que podamos empezar a decodificarlo. Y ese periodo de recalentamiento debería haber dejado una huella en algún lugar del Universo. Solo necesitamos encontrar esa huella”.

Algo que, desde luego, resultará sin duda bastante complicado.

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Un manual de autodefensa frente a las miserias contemporáneas

La ilustradora Luci Gutiérrez se rebela ante los convencionalismos sociales y el pensamiento único. Lo hace con sarcasmo y aparente ironía, un alegato contra el universo ‘Mr Wonderful’ y la mojigatería circundante.

Luci Gutiérrez
‘Manual de autodefensa’, por Luci Gutiérrez.- BLACKIE BOOKS

JUAN LOSA

Cuenta la ilustradora Luci Gutiérrez (Barcelona, 1977), autora de Manual de Autodefensa (Blackie Books), que muchas de sus viñetas nacen de momentos perdidos en los que uno deja la mente en blanco. Como cuando hablamos por teléfono y garabateamos algo en un papelucho, solo que los garabatos de Luci van cobrando vida hasta convertirse en testimonio de lo que nos duele. Un revoltijo de desdichas y miserias contemporáneas bosquejadas con sarcasmo y aparente inocencia; hombres y mujeres que, tras la risotada inicial, nos dejan una mueca sombría.

“Creo que estos dibujos son mi manera de sacar los demonios, tienen algo de terapéutico, como si lo que no consigo expresar en la vida, lo hiciera a través del dibujo”, explica la ilustradora al otro lado del teléfono. Luci atiende la llamada en plena vorágine laboral, horas y horas metida en su estudio para ultimar un encargo que le trae de cabeza. “Llevo como dos semanas trabajando de forma intensiva, puedo estar 10 horas metida en casa y suelo empezar bastante tarde porque colaboro sobre todo con medio de EEUU y la diferencia horaria me obliga a resolver temas por la noche”.”Estos dibujos son mi manera de sacar los demonios, tienen algo de terapéutico”

Medios como The New York TimesThe Washington PostWall Street Journal, o The New Yorker han requerido los servicios de esta ilustradora habituada a acompañar con sus dibujos ideas y argumentos ajenos. “Noto mucho la diferencia de cuando tengo que dibujar algo con un propósito concreto a cuando no tengo ninguna presión y puedo soltarme más”. Y vaya si se “suelta”; Manual de Autodefensa contiene material corrosivo contra las convenciones sociales y el buenrollismo imperante, un alegato contra las patrañas de Mr Wonderful y la mojigatería circundante.

Un manual de autodefensa frente a las miserias contemporáneas

“Es difícil que esto que pienso encaje en los medios”, confiesa Luci. Lo mejor de nosotros, o quizá lo más puro, tan certero y honesto como la ira, no hay tribuna que lo soporte. El pensamiento único penaliza a los rezagados, les convierte en díscolos o los abduce a base de regalías. Poco margen queda para los discrepantes o los inadaptados. “Existe una presión muy grande por la perfección, por ser feliz, por no tener defectos, y esto es algo que molesta enormemente porque genera mucho dolor”.”Creo que sí, que estas viñetas son una cuestión de venganza”

¿Escribe Luci desde la venganza?, ¿son sus viñetas un ajuste de cuentas en tiempos biempensantes? “Creo que sí, creo que todo esto es una cuestión de venganza…”, admite la autora entre risas. Pero hay algo más. El silencio. La obra de Luci parte de una mirada íntima que merodea al otro, que le interpela en mute desde los alrededores de un yo que se intuye, pero que nunca se muestra. “Soy una persona poco expansiva, me cuesta expresar sentimientos, pero es que además tengo una vertiente bastante voyeur; cuando salgo a dibujar y me siento en algún sitio, aunque esté delante de un paisaje precioso, siempre termino fijándome en la gente, es lo único que llama mi atención”.

Una capacidad de observación y un mutismo que Luci ha ido incubando desde pequeña, dueña casi por obligación de un fecundo mundo interior construido a base de horas y horas sin escuchar palabra. “Mis padres son sordos, creo que esto es algo que me ha influido mucho, desde pequeña la presencia del silencio era como imponente, quizá por ello participo menos y miro más”. Y de ese no perder ojo a lo que dicen y hacen sus congéneres surgen estas viñetas, testimonio del desquicie colectivo pero también de nuestra capacidad redimirnos a través del arte: “Este libro es una manera de decir que somos humanos, que tenemos defectos y que es algo inevitable, tenemos que aprender a convivir con ello”.

Un manual de autodefensa frente a las miserias contemporáneas
Un manual de autodefensa frente a las miserias contemporáneas
Un manual de autodefensa frente a las miserias contemporáneas

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