Receta de espaguetis con almejas o ‘spaghetti alle vongole’

Espaguetis con almejas o spaghetti alle vongole.

Los espaguetis con almejas o spaghetti alle vongole son una de las recetas clásicas italianas. Juega con elementos básicos: el marisco, el ajo, el aceite de oliva, un puntito de guindilla picante y el perejil. Con solo esto, además del aroma de un buen vino blanco, los italianos logran una receta maestra, suculenta, marina, carismática y equilibrada.

Se cocina en una cacerola o sartén alta, tipo wok, para que las almejas se abran en el aceite y puedan luego mezclarse bien mientras se liga la salsa. Reforzadas por el resto de ingredientes, se unen los espaguetis a ellas, usando una mezcla del caldo del marisco y la pasta para espesar el conjunto (los hacen saltar sobre ellos mismos desde el mango de la sartén).

En España no estamos muy acostumbrados a mezclar el mar con la pasta, a excepción de la fideuà. Pero vale la pena aventurarse por estos puertos del Mediterráneo, explorar la posibilidad de los espaguetis con almejas (los alle vongole son una evolución marina de la pasta con perejil y ajo, o al aglio e olio).

Es necesario aromatizar con cierto vigor el aceite y que vaya bien cargadito de almejas y perejil. Normalmente no llevan queso, es opcional, pero uno de estilo Grana Padano o parmesano en polvo reforzará su espíritu. Si le añades unas gotitas de aceite de trufa una vez ya servidos los espaguetis con almejas en el plato, alcanzas el cielo.

Receta espaguetis con almejas o spaghetti alle vongole

Ingredientes 4 personas:

  • 300 gr. de espaguetis.
  • 1 kilo de almejas frescas.
  • 2 dientes de ajo.
  • Una punta de guindilla de cayena.
  • Perejil fresco.
  • Medio vaso de un vino blanco de cierta calidad.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Sal.

1. Fríe las almejas en aceite aromatizado:

Pon a calentar una sartén alta con un chorro de aceite de oliva (que cubra la superficie). Pela un ajo, aplástalo de un golpe, y aromatiza con él el aceite, a fuego suave, sin que se dore. Añade unas ramitas de perejil, solo el tallo, para que de sabor. Ten preparadas las almejas limpias, sin tierra. Echa las almejas en la sartén y tápala. Cuando empiecen a abrirse, añade medio vaso de vino blanco. Remueve hasta que se evapore el alcohol. Reserva.

2. Cuece los espaguetis y prepara la base de ajo y perejil:

Cuece los espaguetis con abundante agua y sal hasta que estén al dente (que no salgan demasiado pasados, pues luego los rehogarás con el resto de ingredientes). Si usas muchas almejas, puedes quitarles a algunas de ellas su cáscara, reservando la carne junto a otras que estén enteras (de este modo se integrarán mejor con los espaguetis). Cuela el líquido que habían dejado las almejas. Resérvalo. En la misma sartén alta pon a calentar otro chorrito de aceite de oliva (dos o tres cucharadas). Pica en láminas muy finas un diente de ajo y una punta de pimienta de cayena o guindilla roja. Pica finamente un manojo generoso de perejil. Añádelo a la sartén y sofríelo todo junto a fuego bajo durante varios minutos.

3. Mézclalo con las almejas y liga la salsa:

Introduce la almejas que tenías reservadas y su caldo. Mézclalo con el ajo y el picante. Ve introduciendo los espaguetis directamente de la olla para que salgan de ella húmedos. Añade luego uno o dos cacitos del caldo de los espaguetis para ligar la salsa. Sube el fuego y remueve desde el centro de la sartén con un tenedor de madera, de forma enérgica, hasta que se liguen los ingredientes y obtengas una textura cremosa. Sírvelo inmediatamente.

➥ Seguimos con una receta siciliana y vegetariana de pasta alla Norma.

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“¿Y qué hay de mi puta vacuna?”

En nuestro país se sabe poco de los científicos benefactores de la humanidad, y, lo que es peor, a nuestros gobernantes les importan menos

“¿Y qué hay de mi puta vacuna?”

Lo cierto es que la gran mayoría, ante la milagrosa aparición de cuatro vacunas distintas —cuatro se inyectan en España—, ha reaccionado exigiendo su dosis, poniendo verdes a las farmacéuticas por sus fallos en la distribución, insultando a las comunidades autónomas por la lentitud y los retrasos, quejándose a los sufridísimos sanitarios que echan horas y horas en inmunizar a la gente, echando pestes de los hospitales o de los llamados “vacunódromos”, sublevándose porque aún no ha recibido su aviso… Lo que es bien raro es oír una sola palabra de agradecimiento a quienes han inventado, en el plazo de un año, vacunas innovadoras que suelen tardar diez en conseguirse. No he leído el nombre de uno solo de los científicos e investigadores que han logrado la hazaña. Muy pocos elogios al esfuerzo mancomunado —mundial— que está a punto de salvarnos de una plaga espantosa sin tantísimos muertos como los que provocó la “gripe española” de hace un siglo (el número oscila entre 50 y 100 millones de víctimas). A las farmacéuticas que han fabricado los viales solo les han llovido reproches. No digo que algunos no fueran merecidos, si han incumplido sus contratos o incluso han engañado a Estados. Pero, si no las hubieran elaborado ellas, y congelado, y envasado, y transportado, estaríamos en una situación infinitamente más grave. A la Unión Europea y a los Gobiernos les han caído agrias críticas desde todos los lados, sin que casi nadie se parase a pensar que la vacunación —la vida a resguardo— nos salía gratis merced a ellos y a la Sanidad pública, que debería ser fomentada y reforzada por todos los partidos. En suma, apenas he visto ni leído ni oído que nadie diera las gracias, que nadie admirara y celebrara la proeza. Se derriban estatuas por doquier con los pretextos más ignorantes o idiotas, pero nadie pide que se les erijan de inmediato a los responsables de Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen, o al menos una colectiva simbolizando a los diversos equipos de investigadores. Fleming las tiene, y calles, por haber descubierto la penicilina (al menos hasta que algún resentido decida que en algún aspecto de su vida no fue ejemplar o fue “colonialista”). Lo mismo que Pasteur y Marie Curie, aunque ahora haya primitivos que hagan caso omiso de los hallazgos de aquél y beban leche sin pasteurizar de vacas y cabras y así contraigan infecciones.

Hace años, en un viaje a Edimburgo, visité con mi futura mujer la casa de Sir James Simpson, del que no sabíamos nada. Una vez allí, nos enteramos de que había sido pionero de la anestesia, con éter primero, y luego, tras experimentar en sí mismo y en sus ayudantes, con cloroformo. Desde 1847 fue el paladín de su uso en los partos con cesárea (era ginecólogo), encontrándose con fuerte oposición médica y religiosa. Hasta que la Reina Victoria requirió sus servicios para dar a luz al Príncipe Leopoldo II en 1853, y eso condujo a la aceptación general de su descubrimiento. Mi mujer, madre de dos criaturas, se sintió llena de gratitud hacia el desconocido Doctor Simpson, y se extrañó sobremanera de que no fuera célebre universalmente y de que las madres del mundo no hubieran sufragado estatuas en su honor en todas partes.

Pese a los monumentales esfuerzos de mi compañero de la RAE Sánchez Ron, en nuestro país se sabe poco de los científicos benefactores de la humanidad, y, lo que es peor, a nuestros gobernantes les importan menos, véase qué migajas destinan a los benefactores presentes y futuros en los presupuestos del Estado. Aquí recibimos los descubrimientos e inventos con naturalidad excesiva, como si nos fueran “debidos”, y hacemos uso de ellos sin dedicar ni un pensamiento al estudio, al esfuerzo y al talento de quienes los posibilitaron. Para una vez que asistimos a un prodigio científico y salvador, lo mínimo sería reconocerlo y agradecerlo, en vez de chillar coléricos: “¿Y qué hay de mi puta vacuna?”
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Una historia de Europa (III)

Una historia de Europa (III)

Luis M. Morales

En esto de empezar mencionando las civilizaciones orientales que influyeron en lo que después llamaríamos Europa, tocamos en anteriores episodios los palos de Mesopotamia y Egipto, aunque sobre los egipcios queda algún detalle a tener en cuenta. Con su escritura jeroglífica endiablada y sus pirámides misteriosas y hoy turísticas, buena parte de ese fascinante mundo de constructores de tumbas habría permanecido oculta para nosotros de no mediar dos acontecimientos culturales de campanillas. Uno fue el hallazgo en 1799 de la Piedra de Roseta; que, como su nombre indica, es una piedra grabada en griego, demótico y jeroglífico que sirvió para descifrar la escritura de los antiguos egipcios.

El otro gran momento, en 1922, fue el hallazgo de la cámara funeraria del faraón Tutankamon, que proyectó una extraordinaria luz sobre la historia del antiguo Egipto (prueba de la importancia que tuvo son las 18 páginas, nada menos, que siete años más tarde le dedicó la entonces fundamental enciclopedia Espasa). Aquel Egipto que hoy es menos misterioso de lo que fue, tuvo un papel importante en lo que poquito a poco, siglo a siglo, se convirtió en cultura del Mediterráneo y cuna de una civilización extensa y mestiza que a efectos de este relato podemos llamar europea; y por extensión, occidental. La primera Europa nació en realidad fuera de Europa: en ese Levante del que, entre muchas otras cosas, fueron viniendo la escritura, el comercio, los dioses, el aceite y el vino tinto. Y mientras en las brumas de los bosques continentales, poblados por hirsutos ceporros vestidos de pieles y brutos como la madre que los parió, se abrían paso muy despacio culturas locales menos refinadas y de horizontes técnicos, sociales e intelectuales más limitados (hasta los siglos VIII y VI antes de Cristo no empezó a utilizarse el hierro en el centro y norte de Europa), en aquel Mediterráneo Oriental, en el Egipto que estaba en contacto con los pueblos mesopotámicos y del Egeo, en torno al año 2100 a. C. ya podían leerse textos como Las amonestaciones, del que no se pierdan esto:“Los archivos han sido saqueados, los despachos públicos violados y las listas del censo destruidas. Los funcionarios son asesinados y sus documentos robados. Los pobres se han hecho dueños de cosas valiosas. Toda la ciudad dice: eliminemos a los poderosos. Las casas arden. Las joyas adornan los cuellos de los criados mientras las dueñas de las casas pasan hambre. Unos forajidos han despojado al país de la realeza. El rey ha sido secuestrado por el populacho”.

O sea que la modernidad, incluso revolucionaria, empezaba a aparecer de modo oficial, consignada por manos cultas y lúcidas en los primeros registros de la Historia. Aparecían las tempranas relaciones e incluso textos literarios que podemos considerar primeros bestsellers, como El cuento del campesino, las Instrucciones a Merikare (“Sé hábil en palabras. El poder del hombre está en el lenguaje. Un discurso es más poderoso que cualquier combate”) y el extraordinario El misántropo: “¿A quién hablaré hoy?Nadie se acuerda del pasado. Nadie devuelve el bien a quien ha sido bueno con él. La muerte está ante mí como cuando anhelas una casa propia tras haber estado prisionero muchos años”. Y lo que es todavía más importante, por el precedente que supuso: la religión establecida de modo oficial con sus arcanos y privilegios.

La clase sacerdotal adquirió una enorme influencia, los dioses fueron ya palabras mayores y el culto a los muertos y al Más Allá impregnó la vida local. Allí surgió también una de las más notables, si no primera, herejías de la Antigüedad: la del faraón Amenofis IV, que decidió cepillarse el gallinero de dioses egipcios para imponer el culto a uno nuevo y único: Atón, rey del universo, de quien el faraón (que se cambió el nombre por Akenatón) era hijo y encarnación torera en la tierra. La idea no fue original, pero sí lo fue su puesta en práctica por las bravas. Duró, todo hay que decirlo, mientras vivió ese faraón, porque a su muerte lo borraron hasta de los monumentos funerarios (los sacerdotes no le perdonaron haberlos dejado sin empleo). Sin embargo, la idea de un dios único y un monarca como su representante en la tierra siguió dando vueltas por ahí, y tendría un gran futuro aquí. Aunque de momento, y todavía, iban a pasar otras cosas interesantes que acabaron influyendo mucho en la historia de Europa. Una de ellas, que todavía nos pillaba lejos pero no tanto como parece, fue la lucha de los faraones contra un pueblo que emigraba desde Asia Menor: los pelest, también llamados filisteos. Que, rechazados por Egipto, se instalaron en un lugar de la costa mediterránea al que dieron su nombre: Palestina.

(Continuará)

https://www.milenio.com/opinion/arturo-perez-reverte/escrito-en-espana

CADA MIRLO DESARROLLA SU PROPIA CANCIÓN Y, CUANDO LA COMPLETA, LA REPITE TODA LA VIDA

LOS MIRLOS NO COPIAN LO QUE LOS RODEA. DESARROLLAN UN CANTO INDIVIDUAL ÚNICO QUE ES, ADEMÁS, UNO DE LOS MÁS BELLOS
Cada mirlo desarrolla su propia canción y, cuando la completa, la repite  toda la vida

 

El canto de las aves es una de las cosas más agradables de la vida, símbolo de la naturaleza y los ciclos de la vida. Y entre la enorme variedad de cantos que la naturaleza provee, uno de los más especiales es el del mirlo.

El mirlo es un ave que se encuentra en Europa, Asia y África del Norte (aunque ha sido introducido a otras partes del mundo, como Sudamérica). Se le identifica fundamentalmente con Europa, donde ha sido celebrado en la poesía y la cultura popular por la belleza de su canto (un ejemplo de esto es la canción “Blackbird” de los Beatles). 

Además, es el ave nacional de Suecia, lugar donde abunda.

El plumaje del macho es negro, y tiene un pico amarillo. Ciertamente no es el ave más espectacular en cuestiones de plumaje, pero el canto melodioso y constante del macho lo hace un ave singular. Los mirlos pueden empezar a cantar desde enero, según el clima, pero cantan sobre todo en la primavera, de marzo a junio. Su canto tiene la función de establecer territorio pero también tiene un fin reproductivo, y se incrementa cuando las hembras están en periodo fértil. 

Los mirlos destacan entre las aves cantoras por desarrollar un canto único que, una vez terminado, repiten toda la vida. Mientras que muchas otras aves imitan lo que las rodea, los mirlos exploran el sonido y crean cantos que tienen su propio sello. Ningún mirlo canta como otro. Su timbre ha sido descrito como “líquido, con un ligero roce”, dado a la cierta improvisación y disonancia que caracteriza al gran arte. Ello no significa que los mirlos canten fuera de tono, pues tienen una notable afinación y una fina melodía. Estos pájaros cantan al amanecer y al atardecer siguiendo los horarios del sol y evolucionan con el tiempo a melodías más elaboradas.

La empresa del mirlo de encontrar su canto, “su propia voz”, ha sido vista como una metáfora de lo que también habría de hacer un individuo.  

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Poemas de Navarro

Poemas de Navarro

I

Aún conservo la cobija del tigre que de niño me protegía de la tecolota, esa que según mi abuela me llevaría si me encontraba despierto por la madrugada. En las noches de tormenta la escuchaba aleteando contra la ventana, y entonces fingía dormir y ocultaba el miedo bajo la manta. Qué suerte que aún la conservo, porque sigo temiendo a los monstruos y de vez en cuando escucho a la tecolota revoloteando cuando me desvelo.

II

Que suerte tener mi cobija, no como los indigentes que duermen en banquetas frías o la anciana abandonada que cubre sus reumas con un manto de cartón. Ellos que enferman de neumonía con la primera lluvia de enero, no alcanzan a ver febrero y quedan tendidos en la avenida cubiertos con un sudario de papel. Ellos que no temen a la tecolota sino al frío. Porque no a todos nos persigue el mismo monstruo, ni todos nos cubrimos con el mismo manto; el mío tiene un tigre estampado, y el de ellos la estampa de nuestra indiferencia.

*

Hoy di tres me entristece
y cinco me enoja en Facebook
pero no salvé a Floyd

ni a la elefanta en Karela
ni a Diana
ni a Leonila
ni a los 43

Discutí con cuatro machos
sobre derechos de la comunidad LGBTTTQIA
sobre el libre aborto
y la crisis capitalista
en medio de una pandemia
y escribí en mi Twitter
que deseaba que el mundo ardiera

hasta que hubiera justicia
y nadie muriera por ser quien es

Todo desde la comodidad de mi cama
bebiendo una cerveza Indio
que compré de contrabando 
a 500 la charola 

Un revolucionario de closet
que hace historia
sin plantar cara a la policía
sin donar un quinto para Somalia
y sin dar la vida 

Poco más que un hipócrita 

*

Me dan coraje los inconscientes
que a pesar de la contingencia
salen a caminar al centro
o a pistear con los amigos

Son los que en Internet critican
que para qué el encierro
que no existe la pandemia
según aquel post de Facebook
que culpa al gobierno
y a los doctores
por matar a la gente
y decir que fue por COVID

Se quejan de que no hay dinero
y que deben trabajar
para costear un six de Tecate
y llaman a los vecinos metiches
por aguarles la reunión clandestina

Los realmente necesitados
nos morimos de hambre
Los realmente necesitados
caímos en bancarrota
o salimos con miedo a la calle
deseando no tener qué hacerlo

Los realmente necesitados
no nos quejamos del encierro
porque no hemos tenido ese privilegio

Ahora un patán se mofa de nosotros
y argumenta que si él no sale
la gente en la calle no come
mientras sube una selfie al Instagram
y deja a un indigente con la mano extendida

*

De pequeño
le temía a la tecolota
y a los otros niños 
que me golpeaban
y se reían
porque no se me daba el futbol

Corría a casa de mi abuela
para curarme de espanto
y ella me consolaba
con chocolate caliente
y bolillos con mantequilla

Decía que estaba orgullosa
con mis dieces en la boleta
y mi nombre en el cuadro de honor
que sería un hombre exitoso
y me cuidaría siempre
cuando las cosas salieran mal

Abuela
no me convertí en ese hombre

Intenté un posgrado
pero reprobé el último semestre
y perdí la beca
y ahora estoy varado
en Querétaro
sin trabajo y sin dinero

Abuela
ya no estoy más en el cuadro de honor
no hay comida sobre la mesa
y se acumulan las rentas pendientes
y las facturas de luz

Abuela
Ahora en verdad tengo miedo
y quiero correr a tu casa
pero se me olvida
que ya no estás en ella

 

 

Cajas de pastillas para no olvidar. 

El médico recetó el primer lote de pastillas cuando empezaste a perder tus cosas: un chal de seda que jamás sacaste del ropero, un par de zapatos bajo el sofá y el collar que llevabas puesto.

Culpabas a la mucama mientras te cubrías los hombros con el chal que no encontraste y, si no era porque ella robaba tus cosas, era porque las cambiaba de lugar. No sabía cómo explicarte que no teníamos mucama.

A veces te encontraba tocando el piano: tus dedos se movían cada vez más lento hasta quedar en silencio a mitad de la estrofa. Entonces tus manos temblaban y tu mirada se perdía en la pared más allá del instrumento. Pasados los minutos, tus ojos se llenaban de lágrimas, golpeabas con frustración el teclado y tenías que comenzar de nuevo, pero no recordabas cómo empezar. 

El segundo lote de pastillas llegó cuando escapaste de casa. Caminaste sin rumbo durante horas. Te encontramos desorientada, resguardada en una ferretería a varios kilómetros de tu hogar.

Después olvidaste mi nombre. Te sentabas en el borde de la cama y me hablabas de cuando enseñabas piano y costura en la vieja vecindad donde creciste; de pronto te detenías, mirabas mis ojos y decías que me amabas cuando, en vez de mi nombre, susurrabas el de papá. Te recordaba que era tu hijo y al principio podías recordarme, hasta que ya no me recordaste más. 

Para cuando llegó el último lote de pastillas, ya no distinguías el presente. Recreabas entre los muros los pasillos de tu infancia, y charlabas con los retratos del corredor y las sombras en las que proyectabas el rostro de la abuela. Ya no tenías cinco hijos: en cada uno encontrabas al tío, o al padrino, o al vecino de tu viejo hogar. Me mirabas asustada y preguntabas mi nombre y qué hacía en tu casa cuando te llamaba para la cena. Me había convertido en un extraño y, cuando noté las pastillas caducadas sobre la mesa, ya no tenía mamá.

*

Mi perro no quiso abrazarme y duerme a los pies de la cama como un perro que sueña cosas de perros.

A mí me espera otra noche de insomnio retorciéndome sobre las sábanas y curando la jaqueca con aceites y aspirinas porque, claro, la ansiedad es cosa de humanos. La depresión es cosa de humanos. El suicidio es cosa de humanos. 

En la madrugada saldré al parque y al ver a mi vecino del que nunca he sabido el nombre, lo saludaré sonriente, ocultando las ojeras con la capucha. El perro correrá en el campo porque, por suerte, preocuparse por el futuro es cosa de humanos; porque mi perro no estudió un posgrado ni dejó a su familia ni se ha enamorado. Porque el perro no llama a su jefe pidiendo quedarse en casa para fingir que trabaja, ni vuelve del paseo con mil excusas para no admitir que dejar la medicina es lo que lo está matando. No abre la laptop con la pantalla en blanco e intenta recordar por qué demonios aceptó el trabajo, por qué demonios se fue de casa, por qué demonios no se ha suicidado. Y aunque mi perro pensara en ello, seguramente rompería un zapato y seguiría con su vida de perro, se recostaría a los pies de la cama y dejaría que su humano se preocupara por las cosas de humanos.

Poemas de Navarro

 

Navarro (Tepic, Nayarit, 1992). Poeta. Retrata la cotidianidad y sobre cómo es ser foráneo en una ciudad que no termina de pertenecerle. Todo desde la perspectiva de su trastorno: bipolaridad.  Así mismo, Navarro hace de la poesía un canal de desfogue para su depresión y nostalgia. Actualmente vive con sus roomies en la ciudad de Querétaro. Asiste a talleres de creación literaria y lecturas en la ciudad, y ha publicado en las revistas digitales Lengua SueltaGolfa Encuentro, fanzines de la editorial independiente Mitote Literario y diversos medios digitales. Trabaja en su primer poemario, y espera tenerlo listo en algún punto entre mañana y el día en que muera. Le gusta plantar semillas e irá a un retiro budista una vez que lo corran de su trabajo.

http://www.revistaelhumo.com/

Doble tajada

¿Logrará la derecha con las firmas populares y las manifestaciones en la calle contra los indultos volver al poder y el soberanismo colmar el vaso que lo haga irreversible? De eso se trata

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (derecha) y el líder de Vox, Santiago Abascal, conversan durante la sesión constitutiva de la Cámara Baja.
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (derecha) y el líder de Vox, Santiago Abascal, conversan durante la sesión constitutiva de la Cámara Baja. ULY MARTÍN

 

Según la tercera ley de Newton cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, este impulsa sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto. Este principio de acción y reacción opera también de forma insoslayable en la política española y es el que se está desarrollando ahora como un maleficio histórico entre el secesionismo catalán y el nacionalismo español. Según esta ley de la física el anticatalanismo alimenta y da votos a la derecha española; a su vez el antiespañolismo da energía y ensoñación al independentismo catalán; ambos bandos se retroalimentan y sacan el mismo provecho electoral, de modo que es difícil que abandonen este desafío mutuo que casi constituye su razón de ser. Lo cierto es que a la hora de la verdad ni la derecha piensa en la unidad de España ni los nacionalistas catalanes en la gloria de su independencia. Solo piensan en sacar una gran tajada de votos que los lleve al poder. No hace ni 20 años todos los independentistas catalanes cabían en el Camp Nou y aún sobraba mucho cemento en las gradas. Hay que preguntarse qué ha sucedido desde entonces para que Cataluña esté prácticamente rota, dividida en dos y el soberanismo haya alcanzado tan altas cotas en las urnas. Aquellas mesas petitorias que montó la derecha contra el Estatuto que propuso Zapatero fue el viento en contra que necesitaba el independentismo para despegar y por su parte el agrio y contumaz desplante de los soberanistas frente al Estado el que exacerba a los españolistas hasta alcanzar los 42 grados de fiebre. La derecha consiguió entonces derribar al Gobierno socialista y en vista del éxito ahora repite la misma jugada con las firmas populares y las manifestaciones en la calle contra los indultos. ¿Logrará la derecha con este ardid volver al poder y el soberanismo colmar el vaso que lo haga irreversible? De eso se trata. Cada bando con su tajada.

https://elpais.com/opinion

‘La línea blanca’

Rosa Rodríguez es la autora de las fotografías publicadas esta semana en la sección de Opinión

‘La línea blanca’
    • Dankarvågvatn, Laponia Noruega. Marzo 2017.
      1Dankarvågvatn, Laponia Noruega. Marzo 2017. ROSA RODRÍGUEZ
    • Kulusuk, Costa Este de Groenlandia. Abril 2018.
      2Kulusuk, Costa Este de Groenlandia. Abril 2018. ROSA RODRÍGUEZ
    • Kulusuk, Costa Este Groenladia. Abril 2018.
      3Kulusuk, Costa Este Groenladia. Abril 2018. ROSA RODRÍGUEZ
  • Kulusuk, Costa Este Groenladia. Abril 2018.
    4Kulusuk, Costa Este Groenladia. Abril 2018. ROSA RODRÍGUEZ
  • Qaanaaq, Norte de Groenlandia. Mayo 2019.
    5Qaanaaq, Norte de Groenlandia. Mayo 2019. ROSA RODRÍGUEZ
  • Kulusuk, Costa Este de Groenlandia. Abril 2018.
    6Kulusuk, Costa Este de Groenlandia. Abril 2018. ROSA RODRÍGUEZ

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