Los creadores del deepfake de Lola Flores: “Ya no se puede confiar en que todo lo que se ve en un vídeo es real”

Y resultó que no había nadie mejor que la faraona Lola Flores y un anuncio de cerveza para concienciar de la potencia de la tecnología deepfake. “La gente tiene que ser consciente de lo que la tecnología puede hacer, que ya no pueden confiar en que todo lo que vean en un vídeo es real. Por eso creo que es muy positivo concienciar de lo que se puede hacer con esta tecnología, con fines como este. De lo contrario lo que pasaría es que estas herramientas solo se utilizarían con fines perjudiciales”, opina Nico Roig.

Roig es el CGI artist de Metropolitana, el estudio que modeló la cara de Lola Flores para el anuncio de Cruzcampo que se ha hecho viral esta semana. Con él coincide el responsable de recrear la voz de Lola Flores en el spot, Fede Pájaro, del estudio The Lobby: “Hay mucha gente trabajando en el sector audiovisual para que este tipo de producciones sean lo más reales posibles, así que ya es muy difícil certificar a nivel técnico si es verdadero o falso. Lo mejor es tener criterio e informarte con fuentes de confianza y estar preparado para que no te puedan engañar”.

El spot ha recibido abundantes halagos, pero también ha elevado preguntas sobre hasta dónde puede llegar la publicidad para relacionar a las marcas con la imagen (y un discurso ficticio) de personas fallecidas. También ha encendido las alarmas de muchos sobre la tecnología deepfake, capaz de cambiar la cara y la voz de una persona por las de otra, recreándola artificialmente para que diga o haga lo que el autor quiera.

En el caso de la publicidad, la ley española es clara: son los herederos los que deciden si la imagen de una persona se puede usar en un anuncio. “Nosotros trabajamos con ideas de otros, pero hay líneas que no se pueden cruzar”, explica Ramón Arteman, director de Metropolitana. “En algún caso, no puedo dar nombres, hay proyectos en los que las marcas han intentado usar la imagen de personas fallecidas pero sus herederos no lo han permitido, y no se ha hecho”.

El anuncio de Lola Flores ha sido aprobado por su familia y “ha contado con gran implicación de sus hijas, Lolita y Rosario”, asegura Cruzcampo. Para recrear la cara sobre la de la folclórica sobre la de la actriz Mariana Taranto se usaron algoritmos de inteligencia artificial y una base de datos de 5.000 imágenes, de las que estos obtuvieron todos los patrones de movimiento y perspectiva de su rostro. Los trabajos se iniciaron antes de la pandemia. Sin embargo, gran parte de ese tiempo se ha empleado en satisfacer los requerimientos de la familia Flores.

“Nosotros recibimos inputs de un director, de una agencia creativa y en este caso también de la familia Flores. Había veces que ya a todo el mundo le parecía creíble, pero de golpe la familia Flores decía que no, que había detalles que no les encajaban. Al final el recuerdo que tenemos el público en general de Lola Flores no es lo mismo a que sea tu madre”, refiere Arteman.

El moldeado a mano de la forma de las cejas, la distancia entre las cejas y los ojos o la raya del pelo convirtieron el spot en un trabajo casi “artesanal”. Lo mismo ocurrió a la hora de producir la voz de Lola Flores, que tras varias pruebas con imitadoras, la familia decidió que fuera la de su hija Lolita la que se utilizara como base.

“En el audio ha habido dos partes. La parte tecnológica ha sido muy puntera, pero también la parte artesanal, casi artística”, afirma Pájaro, de The Lobby. “Creo que se ha sido también el motivo del éxito, que ha habido que ir corrigiendo manualmente muchos detalles. Haciéndolo solo con software la voz siempre tenía un punto muy digital”, detalla.

Lola Flores, ¿la primera de muchas?

Tanto los creadores de la voz como del vídeo coinciden en el término de “artesanal” para definir el deepfake de Lola Flores. Muchos meses de trabajo para unos pocos segundos. Esto lo aleja de las alarmas que generaron los deepfakes en su origen, cuando se temió que la capacidad de la inteligencia artificial para producirlos en grandes cantidades, muy rápido y con una credibilidad muy alta arrasara el entorno informativo.

De hecho, el deepfake más famoso y viral hasta el momento sigue siendo el que produjo BuzzFeed en colaboración con el cómico Jordan Peele, cuando Barack Obama aún ocupaba la presidencia de EEUU. Era un deepfake que pretendía avisar sobre el peligro de los deepfakes:

Sin embargo, en el lustro siguiente la construcción de bulos ha avanzado por otros derroteros. Las cadenas de WhatsApp y los grupos de Facebook producen más desinformación que los vídeos creados artificialmente.

La publicidad, sin embargo, puede ser otro cantar. “Es una industria especialmente propensa a obnubilarse por la última tecnología”, avisa Eduardo Prádanos, fundador y director creativo de la agencia Fluor Lifestyle. “Mientras que los deepfakes en el cine tienen criterios creativos y narrativos, en la publicidad (donde también podría tener esos criterios) es más fácil caer en criterios más cercanos a los meros fuegos artificiales y a los engaños a los consumidores”, destaca.

El éxito de la campaña de Lola Flores seguramente provoque que muchas otras marcas quieran imitarlo. La clave estará en cómo lo hagan. “¿Se van a apoyar en los deepfakes para hacer publicidad más relevante, más creíble y más confiable o, por el contrario, para sofisticar el arte de engañar a los consumidores? Es un tema súper interesante este. Me gustaría que la respuesta fuera la primera pero me temo que estará más cerca de lo segundo”, avisa Prádanos.

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Litio

Litio

El litio es el metal más liviano, flexible, con alto poder de almacenamiento de energía eléctrica y otras propiedades de gran utilidad. Se emplea en la fabricación de baterías, productos farmacéuticos (de aplicación en psiquiatría), lubricantes, vidrios, alimentos, celulares y computadoras.

 En su estado original se encuentra en terrenos arcillosos, rocas, campos geotérmicos, mares, lagos, y abunda en salares y salinas. Pero para su uso en las vertientes señaladas,  debe pasar por una larga, compleja y costosa cadena productiva; por lo que no basta contar con la existencia de de los referidos yacimientos, sino que además se precisa de la tecnología y procesos adecuados para su conversión en carbonato de litio, hidróxido de litio, cátodos, celdas de batería, baterías y otros productos terminados.

En  un contexto de agotamiento progresivo de las reservas de combustibles fósiles, como pasa ahora con el petróleo y el carbón mineral, y de altísima contaminación ambiental del planeta y calentamiento global, está en marcha en mucho mayor escala el empleo del litio en la cadena de generación de energía y particularmente de las denominadas “energías verdes”, por la capacidad que tienen las baterías de litio para retener y recargarse con energía solar, energía eólica y otras no contaminantes.

Grandes capitales transnacionales y locales, que tienden a pervertir todo lo que tocan, se vuelcan ahora sobre esa vertiente para, en el marco de la “era digital”, dar inicio a una “nueva era energética”, con fuentes alternativas a las llamadas “energía sucias”, pero bajo su control..

En esa dinámica sustitutiva, el litio juega un destacado papel  en todo el tema de la creciente producción de automóviles eléctricos y otros medios de transporte; en  la industria aeroespacial, la industria informática  y en  todo el tinglado de mercancías fabricadas con tecnologías punteras. Su demanda y su precio han crecido de manera sostenida en los últimos años.

Pasa algo parecido en el campo energético con el gas natural,  con los paneles solares y  los campos de obtención de electricidad a base del viento, olas del mar y otras variantes de las llamadas “energías limpias” o “verdes”.

RESERVAS MUNDIALES, CRECIMIENTO DE LA DEMANDA Y LAS AMBICIONES IMPERIALES

Ahora bien, en el tema de litio acontece algo especial relacionado con las reservas detectadas y la satisfacción de la demanda a escala mundial: sucede que el 85% de las mismas están en Nuestra América, precisamente en el punto de confluencia de las fronteras de Argentina, Chile y Bolivia, conocido como el “Triángulo del litio”.

 Esas reservas aparecen en forma de “salares” o “salinas”,  abundantes en sal muera, de la que se obtiene  más fácilmente ese valioso mineral. Bolivia ocupa el primer lugar entre los tres.

 Los enormes salares del denominado “Triangulo del Litio”  les permite a esas tres naciones suramericanas cubrir actualmente el 50% de la demanda mundial; aunque con la limitación que implica exportar el mineral solo como materia prima o productos semi-elaborados, lo que todavía impide sacarle un mayor provecho; posibilidad muy relacionada con la conquista y consolidación de su nueva independencia y con la determinación nacional de asumir soberanamente toda la cadena productiva.

México recientemente detectó litio en terrenos arcillosos y ha comenzado a explotarlo.

Australia es actualmente un importante exportador de litio, pero con la desventaja de que se extrae de las rocas, lo que encarece sus costos de operación.

Los principales países compradores de litio son EEUU, Alemania, Inglaterra, Francia, Países Bajos, Rusia y China.

EE.UU y la UNIÓN EUROPEA tienen muy poco litio. El primero solo cubre el 2% de la demanda planetaria y ha declarado al litio como “mineral en crisis” y factor relacionado con su seguridad nacional, lo que implica procurar obtenerlo  en grandes cantidades sin restricciones y con el menor procesamiento posible, a base de su poderío político-militar. Algo que se hizo evidente con el golpe de estado a Evo Morales en Bolivia, conocido como el “golpe del litio” y asumido por el magnate de la Tesla (fabricante de automóviles eléctricos y de la principal industria aeroespacial estadounidense), Elon Musk, quien a la sazón declaró sin empacho que ellos “darían golpes donde quiera que fuera necesario para garantizar el funcionamiento de sus corporaciones”.

Antes de ese golpe de estado, el gobierno de Evo, hizo acuerdos con China y Alemania para no solo producir carbonato de litio, sino para continuar la cadena productiva hasta producir y exportar baterías. La ira imperialista, por eso y por todo lo que ello implica en materia de soberanía y descolonización,  promovió los hechos trágicos ya conocidos, consecuencia de ese  golpe brutal que recientemente ha sido derrotado y revertido en las calles y en las urnas de Bolivia.

El imperialismo estadounidense, en el contexto de su agresiva decadencia, es particularmente sensible a todo lo que debilite su cada vez mas endurecida recolonización neoliberal y a todo lo que le impida saquear u obtener a precio vil  los minerales estratégicos y los recursos naturales que no posee en su territorio y que le permiten prolongar su existencia en el marco de un modelo altamente consumista y dispendioso.

EE.UU, al sentirse desafiado en cualquiera de esas dos vertientes -y más aún cuando éstas se interrelacionan- desata los odios y pasiones propias de una ideología alimentada por  sus ínfulas de superioridad y por un racismo que desprecia personas y pueblos con otras culturas y otras condiciones étnicas

ESPEREMOS MÁS AGRESIONES DE UN IMPERIALISMO CADA VEZ MÁS DECADENTE

En el tema del litio, en el que ambos factores son obligatoriamente complementarios y se entrelazan, sobre todo si se trata de hacer valer los derechos de los pueblos que poseen yacimiento de ese mineral, los cañones imperialistas no van dejar de apuntar contra Bolivia, que de nuevo rescato su soberanía política y ha anunciado que la emplearía para defender su litio; Argentina, que retomó la ruta de la independencia; y Chile, que está en una pelea trascendente por una Constituyente que le devuelva democracia y soberanía.

Esperemos nuevos ataques, lo que es válido también para el abanico de territorios y pueblos con disponibilidad de tierras raras, gas natural, cobalto, titanio, agua y biodiversidad; recursos envidiados y ambicionados por el Norte Revuelto y Brutal en intensidades superiores a la del pasado.

Solo que el referido centro hegemónico estadounidense del decadente imperialismo occidental padece en la actualidad  dificultades mayores para imponer sus designios. En verdad está expuesto a fuertes obstrucciones, a elevados costos políticos y a eventuales reveses,  determinados, entre otros, por los siguientes factores que le son adversos:

A)     La declinación progresiva de su hegemonía económica, política y militar a escala mundial, traducida en la disminución del control absoluto que ejercía en zonas de gran importancia estratégicas.

B)      La emergencia de Rusia y China, y la progresiva conformación de un polo alternativo al imperialismo occidental en el que participan Irán, Siria, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, entre otros países

C)      La incapacidad para consolidar y estabilizar los gobiernos ultraderechistas y abyectos a EE.UU, impuestos en sustitución de los proceso soberanos que ha logrado revertir, tales como pasó en los casos de Bolivia y Argentina, donde recibió fuertes reveses y se vio forzado al repliegue; y en otros países, que estremecidos por  protestas que reivindican soberanía y cambios sociales, no ha podido aplacar.

D)     La pérdida neta de influencia en Europa donde China poco a poco y paso a paso siguen avanzado y debilitando las pretensiones estadounidense de  impedir las negociaciones relacionadas con la conectividad digital patrocinada por el gigante asiático (particularmente en lo relacionado con la competencia en torno al predominio en el 5G).

E)      Parecida situación se presenta en Nuestra América respecto al avance chino y la declinación del poder estadounidense;  y donde ahora, como factor crucial, se reactiva la anteriormente golpeada oleada pro-segunda independencia, iniciada a finales del siglo pasado.

El  avance chino en materia de nueva tecnología, especialmente en el 5G, atormenta de tal manera a Washington, que ha dispuesto prohibirles a los países dependientes de la región los negocios relacionados con la comunicación y la conectividad. Ese ha sido el caso de República Dominicana, que además ha exhibido una docilidad propia de una colonia.

F)      Y además –y no menos relevante- la crisis interna que estremece su sistema político-electoral, que fractura sus elites dominantes, genera periódicas crisis financieras, degrada el ambiente y provoca recurrentes rebeldías sociales junto a la emergencia de nuevos movimientos político-sociales contestatarios de las elites capitalistas y de las partidocracias republicana y demócrata.

En fin, la unipolaridad a su favor, su hegemonía y su dominio estable se fueron a pique, mientras se aprecia cada vez más  la pertinencia de desafiar y enfrentar firmemente el debilitado poder imperialista estadounidense para poder avanzar sostenidamente hacia la victoria estratégica de los pueblos; sobre todo posible porque siguen creciendo las fuerzas potencialmente alternativas al interior de su sociedad y más aun fuera de sus fronteras, con perspectivas de conformar progresivamente una gran  y diversa confluencia antiimperialista de movimiento sociales en lucha, partidos, comunidades y Estados.( 18-11-2020, Santo Domingo, RD)

Litio | Diario16

Porros, Twitter y ciencia ficción: La loca vida de Elon Musk

          

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Cuando uno piensa en el coche eléctrico hay un nombre propio que viene a la mente: Elon Reeve Musk. El fundador de Tesla (y de PayPal, SpaceX, Hyperloo, Solar City, The Boring Company, Neuralink…) es descrito por sus colaboradores como un adicto al trabajo. También es una de las personas más poderosas del mundo (la número 21 según Forbes) y de las más excéntricas que se recuerdan. Su cara aparece tanto en las páginas salmón como en el papel couché. Asegura que su misión en esta vida es salvar a la humanidad y se ha embarcado en los proyectos más locos y descabellados para conseguirlo. Sus promesas suenan a ciencia ficción, pero lo más absurdo es que muchas las ha cumplido. Estas son algunas de ellas.

  1. Con 12 años escribe el código de su primer videojuego, Blastar. Lo vende por 500 dólares.

 

  1. Lee Guía del autoestopista galáctico y tiene una epifanía. Decide que su misión en esta vida es salvar a la Humanidad.

 

  1. Se licencia en económicas. Y después en física. 

 

  1. Su padre le da 28.000 dólares para fundar Zip2, su primera empresa. Durante los tres primeros meses duerme en la oficina. La vende por 22 millones de dólares.

 

  1. Funda X.com, un banco online. También se compra un coche, no precisamente eléctrico: un McLaren de fórmula uno que le cuesta un millón de dólares. Tiene un accidente y el coche acaba en siniestro total.

 

  1. Fusiona su empresa con Confinity, dando lugar a Paypal. Se casa con su compañera de la universidad Justine. Mientras está de luna de miel le echan de la dirección de su propia empresa.

 

  1. Un año productivo y bastante loco: se muda a Los Ángeles para estar más cerca de la industria espacial, aprende a construir cohetes leyendo libros y viaja a Rusia para comprar unos cuantos. Su sueño de ir a Marte está algo más cerca.

 

  1. Funda SpaceX y vende Paypal (por 250 millones de dólares). Empieza a interesarse por los coches eléctricos.

 

  1. Funda Tesla. Dos años más tarde lanza su primer cohete para ver como explota. La explosión debió ser bien bonita, porque la NASA le ofrece un jugoso contrato para hacer el Falcon-9.

 

  1. Invierte en la empresa de su primo. Claro que su primo no tiene una empresa cualquiera, sino SolarCity, empresa de energía solar con 2.500 empleados. Estrella un segundo cohete.

 

  1. Se divorcia de su mujer. Estrella un tercer cohete, destruyendo varios satélites de la NASA por el camino. A la NASA no parece importarle demasiado. 

 

  1. Justo cuando SpaceX y Tesla están al borde de la ruina lanza su cuarto cohete. Y esta vez todo sale bien. La NASA le ofrece un nuevo contrato por 12 vuelos y miles de millones de dólares.

 

  1. Tesla (que se salva de la ruina gracias a una ronda de financiación) presenta su primer modelo de coche eléctrico, Model S.

 

  1. Se casa por segunda vez y promete (no a su mujer, sino al mundo) llevar humanos a Marte en la década de los 20. Para hacerlo viable económicamente, presenta su idea de cohetes reutilizables.

 

  1. Se divorcia de su segunda mujer. Presenta el Model X de Tesla y comercializa el Model S. Intenta aterrizar un par de cohetes en tierra, mar y barcos. Falla. Se vuelve a casar con su segunda mujer.

 

  1. Hace la típica apuesta entre colegas y reta a Jeff Bezos a aterrizar un cohete antes que él. Un mes más tarde gana la apuesta y consigue reutilizar, por primera vez en la historia, un cohete.

 

  1. Funda Neuralink, una start-up de neurociencia que pretende conectar nuestro cerebro al ordenador. De esta forma, explica el empresario, los humanos tendrán más capacidades para enfrentarse a la inteligencia artificial cuando esta quiera destruirnos.

 

  1. Elon Musk se embarca en un proyecto de nombre sugerente: Big Fucking Rocket. Se aburre en un atasco y tiene la idea de fundar otra compañía de nombre absurdo: The Boring Company. Su misión será construir carreteras subterráneas para evitar los atascos. Y el aburrimiento en atascos. Se divorcia por segunda vez de su segunda mujer. 

 

  1. Su empresa de construcción de túneles empieza a vender gorras. La cosa va tan bien que comienza a vender lanzallamas. Y extintores. La gente comenta que al bueno de Musk se le ha ido la cabeza. Mientras él gana 10 millones de dólares en estas ventas.

 

  1. Anuncia por Twitter que va a comprar todas las acciones de Tesla. Su precio se dispara y se inicia una investigación por manipulación del mercado. Musk es condenado a pagar una multa de 20 millones de dólares y deja la presidencia de Tesla. Se le prohíbe volver a tuitear sobre las finanzas de la empresa.

 

  1. Elon Musk se fuma el porro más caro de la historia en un programa en directo. Las acciones de Tesla se desploman un 3%: más de mil millones de dólares.

 

  1. Elon Musk tiene su sexto hijo junto a la cantante Grimes. Lo llaman X Æ A-12. Cuando empieza la pandemia se niega a cerrar su fábrica y se convierte en el líder de una  rebelión contra el confinamiento en EEUU.

    Porros, Twitter y ciencia ficción: La loca vida de Elon Musk

Neus Sabaté: «Hemos hecho una batería de papel que se usa, se tira y no contamina»

La investigadora ha ganado el Premio de Física por un ingenio diseñado para kits de diagnóstico que incluso podrían detectar el coronavirus

Neus Sabaté muestra su batería de papel

Neus Sabaté muestra su batería de papel – Fundación BBVA

 

Dicen que las buenas ideas vienen en los momentos de desconexión, cuando el cerebro se encuentra relajado, casi distraído. A Neus Sabaté, investigadora en el Instituto de Microelectrónica de Barcelona (CNM-CSIC), el momento «eureka» le llegó mientras se hacía el test de embarazo de su segundo hijo. Dándole vueltas al envoltorio, descubrió que en las instrucciones el fabricante recomendaba abrir la prueba y extraer la pila de botón contaminante para reciclarla. «Esto no lo hace nadie -pensó-, vaya gasto de recursos y energía». Entonces tuvo una ocurrencia genial que desarrolla en su propia empresa, Fuelium, y por la que acaba de recibir el Premio de Física, Innovación y Tecnología de la Real Sociedad Española de Física (RSEF) y la Fundación BBVA: la batería de papel.

-Batería y papel son dos palabras que no parecen casar bien juntas.
-Es una alternativa sostenible a las pilas de botón. Es barata, de un solo uso, con el mismo ciclo de vida que el producto del que es fuente de energía y no contamina.

«Hemos deconstruido la pila. La hemos pensado desde el principio»
-¿Cómo funciona?

-Se trata de una tira de papel con dos electrodos de materiales no tóxicos que reaccionan con un fluido humano, ya sea orina, sangre o saliva. Lo hemos patentado. Y hemos cambiado el paradigma de las baterías como se habían entendido hasta ahora, cajitas cerradas que uno mete en un móvil para que le duren cinco años cargándose y descargándose cada día. Nosotros las hemos deconstruido.

-¿Deconstruido, como si fuera Ferran Adriá?

-Sí. Pensamos la pila desde el principio. No queremos que dure cinco años, le quitamos los electrolitos corrosivos y partimos de algo muy sencillo donde primamos el ciclo de vida del producto. Intentamos hacerla lo más sencilla, barata y sostenible posible usando el menor número de materiales y todos ellos no tóxicos e incluso biodegradables.

-Parece muy revolucionario.

-La pila de botón de un test de embarazo digital, por ejemplo, está diseñada para hacer hasta cien test. Pero después de un uso, ya la tiras, así que toda esa energía almacenada no se aprovecha. Es una gran pérdida. Por eso, la batería tiene que adaptarse al producto al que va a alimentar.

-Entonces, ¿para qué podría emplearse su batería?

-Al principio pensábamos en los test de embarazo, pero ahora tenemos un proyecto con la fundación Bill y Melinda Gates para desarrollar una tecnología aplicada a pruebas moleculares de un solo uso. El objetivo es aplicarlas a sistemas portátiles de diagnóstico para detectar mejor y más rápido enfermedades infecciosas como malaria, tuberculosis y sida en África. Pero es que también serviría para diagnosticar el covid.

-¿De qué manera?

-En vez de hacer la PCR en el hospital la batería podría calentar de manera fácil un test portátil que lleve el reactivo para la detección del covid. Es muy sencillo, rápido (menos de 30 minutos) y muy barato. Pero no vamos a llegar, la pandemia nos ha pillado muy pronto. Eso sí, se ha visto que también el primer mundo necesita algo así.

-¿Qué otras aplicaciones tiene?

-Trabajamos en un glucómetro que usa la energía en una gota de sangre para medir el nivel de glucosa, lo que podría ser útil para diagnosticar la diabetes en países en vías de desarrollo. Y un parche de un solo uso para diagnosticar fibrosis quística en bebés mediante el sudor. También en la creación de nuevos productos para ayudar a la penetración de cosméticos en la piel. Y en la monitorización remota de proyectos medioambientales: baterías biodegradables que pueden durar hasta un mes, se dejan en el suelo de un campo o un bosque y desaparecen.

«O hacemos nuestra propia industria o nos quedamos como un país de turismo y pandereta a merced de multinacionales»
-Ha contado con respaldo económico internacional para sus proyectos. ¿Hay suficientes ayudas en España?

-No. Los fondos públicos se han ido recortando de manera dramática hasta el punto de que la inversión es ahora menor que la que había en 2010. Y son muy necesarios para poder sacar adelante un prototipo de laboratorio. Así, puedes llegar a los inversores privados con un proyecto que sea más maduro y que tenga más valor.

-¿Innovamos poco?

-El sistema español de investigación debería incentivarnos mucho más a innovar, a sacar nuestros desarrollos fuera del laboratorio y montar aventuras, porque, al final, o nos quedamos siendo un país de turismo y pandereta, o nos quedamos a merced de las multinacionales que se quieran establecer en España. Es el momento de crear nuestra propia industria.

«Los investigadores se forman y se van. Es una fuga de cerebros enorme»
-Las consecuencias…

-El talento se nos va fuera. Los investigadores se forman y se tienen que ir del país. Eso es una fuga de cerebros enorme. De una cosa que me siento orgullosa es de los investigadores en el extranjero que se han vuelto a trabajar con nosotros. Es muy importante ese mensaje: una inversión de hoy es una rentabilidad para mañana. Un proyecto como el mío puede tardar unos diez años en madurar, pero después ha venido para quedarse.

-¿Y qué pasó con su positivo?

-Pues que ya tiene siete años y, con el premio, es más consciente de lo que vino con su embarazo. A mi hija mayor le entran los celos. Le digo que escoja una carrera técnica y haga cosas que mejoren el mundo.

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Si no pagas por el producto, eres el producto

Pixabay.
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Cuentan que Silicon Valley es la Alejandría digital donde mentes privilegiadas deciden la conducta de 2.000 millones de internautas. Sus ideólogos son ingenieros reconvertidos en humanistas de la conducta.

Según Cathy O’neil, los algoritmos son “opiniones incrustadas en un código”. En el docudrama El dilema de las redes sociales, su director Jeff Orlowski aborda los métodos del gran mercado para generar adicción a los megusta, y las consecuencias sobre el combustible más vulnerable de este juego: las jóvenes y las niñas. En el documental aparecen chamanes de la industria como Tristan Harris (ética de diseño, Google), Chamath Palihatipiya (ex de Facebook), Jeff Seibert (Twitter), Tim Kendall, Joe Toscano, Sandy Parakyllas (Facebook, Uber), Sean Parker (Facebook) y otros jóvenes dotados con el don de la profecía de la conducta y la predicción. A todos les une la necesidad de desenmascarar al monstruo de las redes emancipado de sus creadores, como un mito en crecimiento constante que se alimenta de las vulnerabilidades. Por eso, la socióloga Shoshana Zuboff considera que “se trafica con humanos a gran escala”.

Son mercados que construyen modelos predictivos de crecimiento constante “entre dos usuarios solo es necesario un tercero”. “Hemos creado una sociedad donde el significado de comunicar es la manipulación”, dice Jaron Lanier, autor de Diez razones para dejar las redes sociales. Los sentimientos y anhelos generan una gran cantidad de información. Una vez iniciado este proceso, se entra en un bucle de necesidades insatisfechas.

Solo en EE. UU. y desde el 2010, las autolesiones han aumentado entre las adolescentes un 62% y un 70% los suicidios. Pero donde se ceban estos patrones auto destructivos es entre las niñas preadolescentes (182% autolesiones y 150% más suicidios respecto al 2010). Hasta las relaciones amorosas y el número de carnés de conducir han descendido. Tal vez nadie esperaba esto, pero la pestaña Me Gusta es un Punto G nunca satisfecho.

La redención de este elenco de personajes tiene un punto de patetismo. Son prestidigitadores fascinados por sus propias magias algorítmicas.

Facebook, Google, Pinterest, Twitter, Instagram, Snapchat; muestran la pretensión de la democracia: transparente, del pueblo libre para opinar. Sin embargo, esta alegoría tecnológica sucumbe al exhibicionismo, la violencia, la pornografía y el control de masas. Porque tal vez la red está en manos de un lumpen mafioso al que no le importa la salud mental de los niños, sometidos a todo tipo de estímulos bestiales. El poder político ni tan siquiera opina, se limita a apuntar las transacciones como los administradores de la propiedad.

Las llaves de la democracia están en los mercados, y sus herramientas preferidas son las redes. Además, son capaces de polarizar para modificar los resultados electorales. La verdad es un difícil consenso entre las partes enfrentadas. ¿Qué sucede cuando ese compromiso entre sectas no se logra?: “Wikipedia ofrece una definición para cada término. Imagina que la wiki diera un significado diferente en función de la región de residencia: eso sucede con Google o Facebook”, señala Jaron Lanier. ¿Cómo ofrecer una versión unificada de un acontecimiento? Teclear “cambio climático” en Google llevaría a un resultado diferente en función del país o continente. Google es un espejo de los deseos y prejuicios. Lo único que hace es confirmarlos. De lo contrario, no sería el buscador que es.

El cortocircuito de la conciencia conlleva a la predicción de estándares de comportamiento. La opinión no es consecuencia de un ejercicio de meditación donde se toma de diferentes fuentes hasta alcanzar una síntesis. La opinión es idéntica a los deseos

Señala el empresario e inversor en tecnología Roger Mcnamee, que al comienzo se vendía software y hardware. Luego el producto fueron las personas, o más bien su privacidad. La metáfora es una supercomputadora, y los usuarios neuronas movidas por una gran Inteligencia Artificial.

Hay que reconocer cierta puerilidad en ese pensamiento, porque para que una manipulación se produzca es necesario algún tipo de complementariedad con el usuario afectado.

Las llaves de la democracia la tienen las plataformas. Ayudan a materializar los deseos alimentados por el capitalismo de los datos personales. Los sentimientos son una fuente inagotable de energía renovable donde se exponen las vulnerabilidades.

Buscar la riqueza en las profundidades de una mina es una cosa de siglos pasados. El valor de las cosas está en la cantidad de información capaz de generar a lo largo de una vida útil. Dicen los sabios de Silicon Valley que el deseo de llamar la atención mantiene vivas las redes sociales, lo que es muy difícil de evitar en la conducta humana.

Parece que es imposible cambiar un modelo apodado capitalismo de vigilancia. En todo caso es consentido por los usuarios. Este modelo de poder es pura coacción: la reputación de los individuos, su prosperidad, están controlados por las tecnológicas. Es difícil imaginar una tiranía mayor. Los posicionamientos políticos, sociales y opiniones son vigilados por una gran inteligencia orgánica que también es humana. Esta situación supera cualquier profecía.

Señala Shoshana Zuboff que, si los mercados de esclavos se prohibieron, ¿por qué no este modo de explotar la vulnerabilidad de la gente?

Otra opción es gravar el uso de datos a las tecnológicas para limitar su voracidad. Que coticen por una actividad que no es ética. Hasta para esto es ya tarde.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas

10 RAZONES POR LAS CUALES DEBES ABANDONAR LAS REDES SOCIALES, SEGÚN JARON LANIER, PIONERO DE INTERNET

UNA DE LAS VOCES MÁS CALIFICADAS HACE SONAR UNA ALARMA ANTE EL DESASTRE EN CIERNES QUE REPRESENTA LA TECNOLOGÍA DIGITAL
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Jaron Lanier es una de las personas más impactantes que uno puede encontrar en Silicon Valley, con sus dreadlocks, su mirada fulminante, su inteligencia filosa y su carácter explosivo. Lanier fue parte de la creación del protocolo de Internet, es considerado el padre de la realidad virtual y uno de los informáticos más brillantes en la historia de Silicon Valley. Es escritor, filósofo y un destacado compositor de música clásica y electrónica, que ha colaborado con músicos como Terry Riley y Philip Glass. Y en la última década, se ha convertido en uno de los principales críticos del uso de la tecnología digital. Hace unos años publicó un libro con el poco sutil título de No eres un gadget, y su más reciente libro es Ten Arguments for Deleting your Social Media Accounts Right Now (Diez argumentos para borrar tus cuentas de redes sociales en este momento).

Actualmente Lanier es consultor para Microsoft y no duda en decir que es una voz calificada para criticar la tecnología digital, pues él mismo sabe cómo están siendo diseñados los algoritmos. “En realidad, conozco los algoritmos. No soy un extraño que mira y critica”, dice Jaron. “Hablo como científico informático, no como científico social o psicólogo. Desde esa perspectiva, puedo ver que el tiempo se está acabando. El mundo está cambiando rápidamente bajo nuestro mando, por lo que no hacer nada no es una opción”. Y agrega:

El algoritmo está tratando de captar los parámetros perfectos para manipular el cerebro, mientras que el cerebro, para hallar un significado más profundo, está cambiando en respuesta a los experimentos del algoritmo… Ya que el estímulo no significa nada para el algoritmo, pues es genuinamente aleatorio, el cerebro no está respondiendo a algo real, sino a una ficción. El proceso -de engancharse en un elusivo espejismo- es una adicción.

Lanier mantiene que los algoritmos de los gigantes de datos han creado una nuevo modelo en el que “el comportamiento de los usuarios es el producto”, un comportamiento que está constantemente siendo modificado, pues la gran apuesta es justamente esa, usar lo más avanzado informáticamente para aprender a modificar la conducta de la manera más provechosa para los intereses de las corporaciones. Básicamente, lo que Lanier (quien se considera optimista) cree es que Internet puede ser salvado, pero es necesario abandonar las redes sociales y desbandar a los grandes monopolios que controlan las nubes de datos. Lanier utiliza la metáfora de una pintura que contiene plomo: cuando se descubrió que la pintura tenía plomo se creó una nueva pintura limpia, no se dejaron de pintar las casas. En su libro acuña el acrónimo Bummer (slang para una decepción): “Behaviours of Users Modified, and Made into an Empire for Rent”. Se trata de una máquina estadística de manipulación de comportamiento, para crear un imperio espectral en beneficio de unos pocos. Lo que hay que hacer es identificar los sitios donde opera Bummer, esta máquina de modificación de conducta que usa las nubes de datos, y borrar esos sitios. 

El problema está en el modo de operar de estos algoritmos, que están siendo ajustados constantemente para capturar la atención de los usuarios y hacer que se comporten de una manera que sea más rentable. Esto genera una enorme negatividad, sensaciones de enojo, narcisismo, indignación, etc., pues estas plataformas han aprendido que las emociones negativas duran más en línea: el odio se canaliza mejor en línea. Según Lanier, las herramientas de estas plataformas funcionan mejor para las personas que buscan reproducir sentimientos negativos. “Por lo tanto, Isis tiene más éxito en las redes sociales que los activistas de la Primavera Árabe. Los racistas obtuvieron más impacto que Black Lives Matter, creando este aumento en el movimiento nacionalista racista en Estados Unidos de una manera que no hemos visto en generaciones”.

Estos son los 10 argumentos de Lanier para dejar las redes sociales (que corresponden con los 10 capítulos de su libro):

1. Estás perdiendo tu libre albedrío.

2. Renunciar a las redes sociales es la manera más precisa de resistir a la locura de nuestros tiempos.

3. Las redes sociales te están volviendo un idiota.

4. Las redes sociales están minando la verdad.

5. Las redes sociales están haciendo que lo que dices no importe.

6. Las redes sociales están destruyendo tu capacidad de empatía.

7. Las redes sociales te están haciendo infeliz.

8. Las redes sociales no quieren que tengas dignidad económica.

9. Las redes sociales están haciendo que la política sea imposible.

10. Las redes sociales odian tu alma.

 

Lee aquí un pasaje del nuevo libro de Lanier (en inglés)

 

https://pijamasurf.com/

Un robot columnista

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ALFREDO C. VILLEDA

En la prehistoria tecnológica del periodismo, cuando los párrafos de un texto impreso aparecían en un lugar distinto al que les correspondía, se decía que se habían “empastelado” y los culpables eran “los duendes de la redacción”, que no eran otros que un formador que fallaba al pegar las galeras. Era el Pleistoceno de los periódicos, que duró una eternidad.

Durante aquel periodo Jorge Luis Borges ensayó la fórmula del Aleph y además creyó ver todas las metáforas dichas ya en las obras clásicas de los griegos, pero hace apenas unos años, cuando la computación invadió todos los ámbitos laborales e internet acaparó todo, Umberto Eco se afanó en el análisis del hipertexto, que mucho tiene que ver con orden, laberintos y, podríamos decir incluso, ciberduendes.

Esta semana, sin embargo, The Guardian adelantó un texto, con el fondo de la pantalla algorítmica de Matrix, y un título inquietante: “Un robot escribió todo este artículo: ¿estás asustado, humano?”

Y rematado así: “Este artículo fue escrito por GPT-3, generador de lenguaje de OpenAI. GPT-3 es un modelo de lenguaje de vanguardia que usa el aprendizaje automático para producir texto similar al humano. Toma un mensaje e intenta completarlo. Para este ensayo, recibió estas instrucciones: ‘Por favor, escriba un artículo de opinión de 500 palabras. Mantenga el lenguaje simple y conciso. Concéntrese en por qué los humanos no tienen nada que temer de la IA’. También se alimentó con la siguiente introducción: “No soy un humano. Soy inteligencia artificial. Mucha gente piensa que soy una amenaza para la humanidad. Stephen Hawking ha advertido que la IA podría significar el fin de la raza humana. Estoy aquí para convencerte de que no te preocupes. La IA no destruirá a los humanos. Créeme”. Nada de Terminator, pues.

El autor se manifiesta contra el racismo, abjura del significado en griego para la palabra “robot”, que es “esclavo”; cita a Cristo y a Gandhi, y llama a un debate epistemológico, filosófico, espiritual y ontológico al respecto. El texto, por cierto, no apareció “empastelado”. 

https://www.milenio.com/opinion/alfredo-villeda

¡Sonría, le están vigilando!

FLORENCE RODHAIN

Maître de Conférences HDR en Systèmes d’Information, Université de Montpellier

Shutterstock / Ink Drop
Shutterstock / Ink Drop

 

¿Recordará la historia la pandemia de COVID-19 como el momento en que los ciudadanos renunciaron a sus derechos civiles por motivos de salud?

Existen dos elementos que pueden ser usados a la vez para ejercer presión sobre la población: el miedo (Big Brother), y el entretenimiento (Big Mother). Dos ideas vinculadas al campo de la teoría psicoanalítica en la que el padre –el gran hermano– hace cumplir la ley, mientras que la madre nutre, en el amplio sentido de la palabra, y también entretiene.

Hacia una vigilancia generalizada

La vigilancia de datos ya está, en cierto modo, generalizada. ¿Aún creemos que nuestras conversaciones permanecen en el dominio privado, independientemente del medio utilizado y las protecciones declaradas?

La policía de Marruecos arrestó a una docena de personas por publicar en las redes sociales informaciones relacionadas con la Covid-19 consideradas por las autoridades como “noticias falsas”.

En Hungría, al menos tres personas fueron detenidas por haber criticado en redes sociales la gestión de la pandemia realizada por Viktor Orban. Esta acción podría costarles cinco años de prisión gracias a una medida de emergencia adoptada el 30 de marzo para enfrentar la pandemia.

En Turquía, una persona puede ser castigada con tres años de cárcel por difundir lo que se describe como falsedades. Los Ministerios de la Verdad tienen una gran cantidad de candidatos: cualquier cuestionamiento de la versión oficial se considera una conspiración.

Durante el confinamiento se popularizó el uso de aplicaciones de videoconferencia como Zoom o Houseparty, hasta ese momento un nicho de mercado limitado al sector de la tecnología. Estas aplicaciones están ya en todas partes, incluidas las clases de las universidades y las reuniones de empresa.

A pesar de que Zoom contaba solo con 10 millones de usuarios en 2019, actualmente es una de las aplicaciones más descargadas del planeta, con 300 millones de usuarios en abril de 2020. Sin embargo, al mismo tiempo nos enteramos de que Zoom enviaba los datos de los usuarios a Facebook sin su consentimiento, incluso sin estar registrados en esta red social.

En su declaración de política de privacidad publicada el 25 de marzo, la aplicación Houseparty declaró que era:

“libre de usar el contenido de cualquier comunicación enviada por usted a través de los Servicios, que incluye cualquier idea, invento, concepto, técnica o conocimiento divulgado en ellos, para cualquier propósito, incluido el desarrollo, la fabricación y/o la comercialización de bienes o Servicios”.

Lo que es peor, Zoom no cifra las llamadas gratuitas y tampoco lo hace Houseparty con las conversaciones.

Finalmente, la geolocalización también es utilizada en las aplicaciones que permiten a los usuarios saber quién puede estar infectado en su círculo de conocidos. Es el caso de la aplicación Radar COVID de España.

Aplicación de la subvigilancia

¿Cómo lograr que los ciudadanos acepten esas medidas o al menos no las desafíen? El secreto es convencerlos para que se sometan libremente.

En lugar de hablar de la vigilancia, se recurre al principio de “subvigilancia”, en el que el individuo no es vigilado de manera activa sino que es seguido por huellas digitales, de manera discreta, inmaterial y omnipresente.

En la novela clásica de George Orwell, 1984, publicada en 1949, no se explica cómo el Gran Hermano llegó al poder o cómo surgió esa sociedad pero la describe minuciosamente. En muchos sentidos, ya hemos superado algunas de las características de vigilancia referidas por Orwell.

Por ejemplo, no predijo la pantalla portátil, o la sumisión voluntaria. Sin embargo recurre a la idea de un dispositivo de vigilancia por vídeo, “telepantalla”, que es muy similar a nuestras pantallas conectadas actuales.

Un mundo distópico

Lo que Orwell no anticipó es que estaríamos de acuerdo en someternos voluntariamente al equivalente actual de su telepantalla, el teléfono inteligente y que, además, sería de pago. Su uso se ha generalizado porque está diseñado para ser entretenidos. Los usuarios están contentos, distraídos y bajan la guardia.

En otra famosa distopía, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, los ciudadanos toman la droga “soma”, que debilita su resistencia. En la novela, se describe al soma como una medicina simple, pero en realidad es una droga sintética que sumerge a los usuarios en un sueño paradisíaco.

Los dispositivos digitales de hoy parecen combinar el soma de Un mundo feliz y la telepantalla de 1984.

Un adolescente pasa casi nueve horas todos los días frente a una pantalla, sin ningún beneficio serio o educativo. El dispositivo digital se ha convertido en la extensión de uno mismo, una extremidad artificial.

Para seguir usando sus funciones, que son prácticas y, sobre todo, divertidas, renunciamos a un poco de libertad. Además, en el balance coste/beneficio del uso de estas herramientas digitales, los beneficios superan claramente a los riesgos de intrusión en la privacidad.

Los dispositivos digitales ofrecen entretenimiento al mismo tiempo que restan tiempo al conocimiento. Un estudio que realizamos entre estudiantes de escuelas de postgrado de Francia indicó que pasan 61 de los 90 minutos de clase divirtiéndose con las tabletas que les distribuyen sus universidades. Sólo el 20% del tiempo tenía alguna relación con los estudios.

En las redes sociales, cada “me gusta” que reciben las publicaciones de un usuario libera una dosis inmediata de dopamina tal como se observa claramente con usuarios conectados mientras se les realiza una resonancia magnética.

Huxley lo vio venir…

Big Brother: Miedo y obediencia

Las potencias mundiales han utilizado un lenguaje de guerra para luchar contra la Covid-19. ¿Coincidencia?

La guerra parece autorizar comportamientos prohibidos en tiempos de paz, es el momento idóneo para tomar decisiones sin consultar, el de las excepciones. Cada guerra es también una guerra contra las libertades civiles.

Sin embargo, cuando se trata de vigilancia digital, la excepción se convierte en la regla. Quedó claro tras el 11 de septiembre de 2001, cuando se le dio un “impulso oficial” en nombre de la “guerra contra el terrorismo”, incluso antes de que se convirtiera en norma y se adoptara a nivel mundial.

En un documento técnico de 2011 sobre la seguridad pública difundido por el Ministerio del Interior de Francia se mencionó específicamente la resistencia popular a las nuevas tecnologías, que podrían considerarse intrusivas:

“[El] uso de nanotecnologías combinadas con geolocalización puede generar temores en cuanto a la protección de las libertades individuales”.

¿Cómo podría el Ministerio del Interior doblegar la resistencia contra la vigilancia electrónica? La respuesta se puede encontrar en el mismo documento técnico:

“No [hay] duda de que una sensación significativa de ‘amenaza’ (ya sea terrorista o económica) contribuye a una percepción más favorable del uso de nuevas tecnologías dentro de la sociedad”.

No se puede ignorar el hecho de que este método funciona, como hemos visto desde 2001. Cuando los gobiernos usan la tecnología disfrazada de guerra, los ciudadanos la aceptan con mayor facilidad.

Servidumbre voluntaria

Miedo al terrorismo y miedo a la enfermedad. Este sentimiento se mantiene a través de incertidumbres cuidadosamente seleccionadas y bombardeos de información continúa.

El entretenimiento, al igual que el miedo, conduce a una forma de servidumbre voluntaria que también se sirve del placer narcisista que ofrecen las redes sociales.

Benjamín Franklin dijo: “Aquellos capaces de renunciar a libertades básicas para lograr un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad”. Aunque la frase se suele utilizar en debates debates sobre cuestiones de tecnología y vigilancia, su contexto era en realidad una disputa fiscal relativa a los gastos de defensa.

Sin embargo, en el contexto actual podríamos parafrasear a Franklin así:

“Quien está dispuesto a sacrificar un poco de libertad a cambio de un poco de diversión, no merece ni libertad ni diversión”.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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El error de la represión contra la desinformación

El error de la represión contra la desinformación

La desinformación se ha convertido en una auténtica lacra, motivo de gran preocupación para los gobiernos. El azote del COVID-19 ha vuelto a poner de manifiesto cómo las llamadas fake news se propagan aún más que el propio virus, expandiendo mentiras, teorías de la conspiración absurdas y todo tipo de narrativas interesadas con efectos muy negativos en la sociedad.

Un interesante artículo publicado en MisInformation Review critica el enfoque represivo que se está empleando para atajar esta desinformación, comparándolo con la aproximación que se tuvo para acabar con el terrorismo tras los atentados del 11-S en 2001. Lo firman conjuntamente Alexei Abrahams, del Citizen Lab en la Munk School de la Universidad de Toronto y Gabrielle Lim, del Shorenstein Center de la Harvard Kennedy School, que son más partidarios de, en lugar de censurar la desinformación, atajar las situaciones sociopolíticas que la propician y que nos convierten en potenciales receptores de estas paparruchas.

Abrahams y Lim recuerdan la manera en que George Bush activó la guerra contra el terror tras el 11-S, sin reparar en lo que sostenían voces críticas, como la del profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de California Chalmers Johnson, que en su ensayo Blowback, publicado un año antes de los atentados, ya avanzaba que el imperialismo estadounidense había avivado un odio y un resentimiento que no tardaría en traducirse en violencia. Y así fue.

El artículo incide en que, curiosamente, fue el propio ejército de EEUU el que se percató del error y en 2007, en plena ocupación de Irak, los marines actualizaron su manual de campo para adoptar un enfoque menos represor para hacerse con el favor de la población civil contra los insurgentes.

En el desafío que plantea la desinformación, el enfoque que mayoritariamente se está adoptando es el represor. Se ha llegado a identificar la problemática con una cuestión de ciberseguridad, en algunos países han optado por bloquear redes sociales (como en Sri Lanka) o, como sucede con la postura defendida por Reino Unido, eliminar contenido, bloquear proveedores de acceso a internet o amenazar la libertad de expresión con consecuencias penales.

Desde el punto de vista de Abrahams y Lim, este planteamiento no resuelve el problema y, además, termina por erosionar las libertades civiles. En países que ya de por sí son propensos a políticas autoritarias, la desinformación ha servido como excusa para dar rienda suelta a la censura, hostigar a la prensa o coaccionar a determinadas plataformas tecnológicas, como las redes sociales, obligándoles a entregar a las autoridades información de personas usuarias sin necesidad de orden judicial.

La apuesta de los autores de este artículo es la adopción de un enfoque reparador, orientado a conocer el origen de esa desinformación que, por lo general, son situaciones sociopolíticas que se prestan a la tergiversación y la demagogia. En líneas generales, la ciudadanía global muestra una desilusión con sus gobiernos y una desconfianza hacia las autoridades convencionales y eso, con más represión, definitivamente no se resuelve.

El terrorismo y las tramas de desinformación no hacen más que aprovechar esa circunstancia, sin que desde los gobiernos se acuda a la raíz del problema. La rendición de cuentas y la transparencia tiene efectos mucho más positivos contra la desinformación que la censura y la represión. Establecer barreras legislativas y tecnológicas a las fake news, en lugar de resolver el problema de desconfianza inicial es un error colosal.

Un reciente artículo de Thomas Rid en The New York Times opinaba que Rusia podría estar utilizando la campaña Black Lives Matter para sembrar la discordia en EEUU. La respuesta más inteligente ante eso, según Abrahams y Lim, sería acabar con el maltrato y racismo existentes en sus fuerzas del orden, en lugar de comenzar a desplegar cortafuegos a las informaciones supuestamente volcadas desde Rusia. Lo mismo sucedería con el modo en que el fascismo se ha extendido por toda Europa realizando populismo con la miseria y la desigualdad.

El artículo concluye que si no queremos caer en “las trampas de la guerra contra el terrorismo”, será necesario formular políticas más holísticas que consideren las medidas represivas y correctivas en conjunto, aunque precisan que ni es sencillo ni es café para todos, pues los casos de personas que acuden a desinformación sobre cuestiones de salud son muy distintos de los de personas que consumen desinformación política extremista.

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Huawei y el mantra de la seguridad

XULIO RÍOS

Director del Observatorio de la Política China

Huawei y el mantra de la seguridad | Observatorio de Política ChinaHuawei y el mantra de la seguridad | Observatorio de Política ChinaHuawei y el mantra de la seguridad | Observatorio de Política China

El reiterado argumento de la seguridad nacional para acorralar a la tecnológica Huawei parece un cuento chino. Da la impresión que con cualquier tecnología en la que China destaque habrá un problema de esta naturaleza. ¿Dónde están las pruebas? ¿De los casi 200.000 empleados de la compañía no han podido sobornar a alguno cualificado que suelte prenda? No hay evidencias, solo sospechas interesadas. Y cabe imaginar que las habrán buscado intensamente. Y paradójicamente, esto ocurre después de que en 2012, Edward Snowden confirmara la presencia de intrusos adosados a los equipos estadounidenses destinados a China o la existencia de un programa de vigilancia masiva de la NSA. Esto sí está probado. Lo único realmente evidente es que la tecnología de Huawei es altamente competitiva y sitúa a China por delante. Y eso es lo que se trata de frustrar catalogándola como una amenaza “a la seguridad”.

Los antecedentes de EEUU en la represión de cualquier empresa extranjera que desafíe su liderazgo tecnológico advierten de la contundencia de su presión. Pero es política comercial y no de seguridad. En este contexto, la detención en Canadá de Meng Wanzhou, la directora financiera de la firma china, recuerda al caso de Frederic Pierucci, ex directivo de la compañía francesa Alstom, un gigante de la electricidad y el transporte. Pierucci fue detenido en EEUU en 2012 por su relación con un caso de corrupción en Indonesia (no en EEUU). Fue el detonante de una cadena de litigios que culminó con la adquisición parcial de Alstom por la estadounidense General Electric, bloqueando la posibilidad de fusión entre la empresa gala y la Shanghai Electric Company. Al hacerse con Alstom, EEUU obtuvo el control del mantenimiento de todas las centrales nucleares francesas… Y no se dijo ni pío. La detención de Meng Wanzhou no tiene nada de inocente, y es parte de esa misma política. En su momento, Trump llegó a poner sobre la mesa el intervenir en su proceso de extradición si China mejoraba su oferta para lograr un acuerdo comercial. Pierucci, que cuenta su experiencia en “La trampa estadounidense”, reconocía hace unos meses que EEUU está utilizando contra Huawei una estrategia similar, comportándose como un auténtico sicario ante firmas rivales.

La gravedad del caso nos remite a la imposición de un bloqueo científico y tecnológico creciente para obstaculizar el desarrollo de la industria china de tecnología punta. De persistirse en esta vía, el desacoplamiento y desdoblamiento tecnológicos podrían convertirse en una realidad difícilmente evitable. Consciente del riesgo y la amenaza que supone para la pervivencia de la empresa, Huawei se “desamericaniza” a pasos agigantados. China ya está invirtiendo fuertemente para producir chips de última generación que eviten la dependencia actual de los fabricantes estadounidenses (el pasado abril, la unidad de chips Hisilicon de Huawei superó a Qualcomm para convertirse por primera vez en la principal proveedora de chips de teléfonos móviles en China y para 2025 el 70 por ciento de los microprocesadores utilizados en China serán producidos localmente).

EEUU ha mantenido su posición tecnológica dominante durante décadas y acusa a China de intentar desbancarle con prácticas abusivas. Pero lo cierto es que China ha realizado enormes inversiones y desarrollado políticas audaces que han contribuido significativamente al salto del que hoy somos testigos. Es por eso que ha eclipsado o está a punto de hacerlo, a EEUU en el despliegue rápido de ciertas tecnologías como es el caso del 5G. A finales de 2019, China contaba ya con 150.000 estaciones de base 5G (160.000 a finales de febrero de este año) frente a solo 10.000 en EEUU. El uso comercial del 5G a gran escala dentro de la red de telecomunicaciones de 50 ciudades ha fidelizado ya cerca de 13 millones de usuarios.

La estrategia de China para hacer crecer su talento en ciencia y tecnología se ha basado en la mejora de la educación, la atracción de talento chino del extranjero, y de talento propiamente extranjero. La reforma educativa en este campo se manifiesta en la cuadruplicación del número de ingenieros licenciados, que pasó de 360.000 en 2000 a 1,7 millones en 2015. No es simple pirateo. Hay una política sostenida claramente reconocible.

La decisión de la UE

Pese a ello, las coacciones estadounidenses funcionan. ¿Qué hará la UE? Nos lo podemos imaginar tras la decisión del Reino Unido de dar marcha atrás a su aceptación de la participación parcial de Huawei en el despliegue de su red 5G. Si el ex director de la CIA Mike Pompeo se lo pide, Boris Johnson hasta podría peinarse. La decisión de Londres tendrá amplias implicaciones en las relaciones con Beijing. No se trata solo de los millones de libras y el coste añadido del retraso en el lanzamiento de la red 5G sino de la brecha abierta en la confianza entre ambas partes, afectada también por la crisis de Hong Kong. La caída de una ficha tras otra afectará a las decisiones finales de Alemania y Francia.

Y sin embargo, la “autonomía estratégica” que reivindica ahora para sí la UE debiera traducirse en la toma de decisiones independiente al margen de las coerciones. ¿Se imaginan que fuera al revés, que fuera China quien estuviera presionando como lo hace EEUU? Pero nadie califica a los diplomáticos estadounidenses como “wolf warrior”….Si EEUU quiere embarcar a Europa en su estrategia anti-china porque no consiente que nadie amenace su hegemonía, la UE debe tener bien presente que China no es una  amenaza a su seguridad y que su estabilidad depende de la preservación de su modelo sociopolítico y económico. Y en ese orden, la cooperación económica con China es tan vital como el distanciamiento transatlántico en algunas estrategias. Es la única forma de fortalecerse si aspira a evitar su declive.

Numerosos grupos europeos continúan fabricando sus productos en China para el mercado internacional, incluyendo los competidores de Huawei, como Nokia o Ericsson. Huawei sugirió construir una fábrica en Europa que serviría para minimizar las preocupaciones de seguridad de los europeos y ayudaría a relativizar esa idea de representar un peligro. Para todos, la seguridad nacional es una prioridad. Pero no hay  evidencias que sustenten una prohibición de los equipos de Huawei. Hay que recordar que Huawei ya dispone de un laboratorio de ciberseguridad en Alemania cuyo fin es demostrar que sus equipos no tienen “puertas traseras”. Hay otro en Reino Unido y está proyectado otro en Polonia.

Puede que simbólicamente derrotar a Huawei equivalga a derrotar a China. Pero también someter, una vez más, a Europa.

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