Confesiones inconfesables

Confesiones inconfesables

Algunas de las últimas series documentales centradas en el análisis de crímenes reales han cambiado la perspectiva del asesino hacia la víctima, de tal manera que apenas se percibe esa fascinación malsana por los depredadores humanos que elevaron a Jack el Destripador, Ed Gein o Charles Manson a la categoría de iconos culturales a los que se dedicaron libros, canciones y películas. En los últimos capítulos de Ted Bundy: Falling For a Killer, aparece la típica figura de la joven enamorada de un monstruo homicida, un tópico repetido desde aquellos lejanos años treinta en los que Peter Kürten, el Vampiro de Düsseldorf, recibía diariamente en su celda, en espera de la ejecución, docenas de cartas de mujeres pidiéndole matrimonio.

En la ficción, esa fascinación llegó al límite con el personaje de Hannibal Lecter, el despiadado caníbal de El silencio de los corderos, tan elegante y refinado que muchos espectadores confesaron que les hubiera encantado invitarlo a cenar sin comprender que ellos iban a ser el primer plato. Justo en el extremo opuesto de la balanza se encuentra la pareja homicida de Henry, retrato de un asesino, la brutal película de John McNaughton, que refleja las andanzas sanguinarias de Henry Lee Lucas y Ottis Toole por las carreteras desoladas de Estados Unidos. Con su incultura general, su falta de atractivo, sus pintas de paleto, su cociente intelectual por debajo de la media y sus dos dientes colgando, Henry era algo así como la antimateria de Ted Bundy, el atractivo, inteligente y bestial asesino que fue el principal modelo para Lecter. Y sin embargo, gracias a los periódicos, a los noticiarios y a la película de McNaughton, Henry Lee Lucas fue considerado durante mucho tiempo el asesino serial más prolífico de la historia de los Estados Unidos.

The Confession Killer, la modélica serie documental de Netflix, desmantela el mito de Henry Lee Lucas de una vez por todas con una colección de entrevistas y un caudal de información tan apabullante que se hace difícil pensar como alguna vez la justicia pudo creer que este hombre había cometido cientos y cientos de asesinatos. De hecho, es la justicia estadounidense la que sale retratada de esta historia como un auténtico circo de tres pistas que estuvo funcionando durante décadas, con un desprecio olímpico hacia las pruebas forenses, las declaraciones de testigos y los procedimientos más elementales de investigación policial.

Desde el momento en que, en mitad de un juicio por un doble asesinato, Henry Lee Lucas preguntó por los otros cientos de mujeres que había matado, el sheriff Jim Boutwell pensó que le había tocado la lotería y organizó una especie de tómbola nacional de crímenes sin resolver en la que cualquier comisario de cualquier rincón del país podía venir con un caso de homicidio pendiente y cargarlo a la cuenta de Henry, quien parecía encantado de añadir una nueva víctima a la lista y de que le invitaran a otro batido de fresa. Con el tiempo se organizó un cuadrante de fechas y lugares tan eficaz que un sheriff llamaba desde Wisconsin o Alabama o Maine y preguntaba si tal día de tal año estaba libre. Gracias a la vaguería, la corrupción o la imbecilidad de los agentes de la ley, Henry se convirtió en un auténtico estajanovista de la muerte, un proletario del asesinato capaz de recorrer mil o dos mil kilómetros en doce horas de una escena del crimen a la siguiente.

Henry confesaba porque era un mentiroso compulsivo y porque, mientras siguiera hablando, evitaba la pena de muerte, pero también porque le hacían caso por primera vez en su vida y lo trataban como a una celebridad. Lo verdaderamente imperdonable es la desfachatez de los policías que se prestaron al juego y que, por negligencia o por mala fe, le echaban una mano en los detalles, aunque hubieran pasado cinco, diez o doce años desde la fecha del crimen. Varios familiares objetaron la veracidad de sus confesiones, pero el espectáculo debía continuar y Boutwell y sus hombres no tardaron en echar tierra sobre el asunto. Diversos investigadores demostraron que, en muchos de los lugares en los que había confesado un asesinato, Henry estaba en el otro extremo del país, pagando una multa o detenido por algún otro delito. Una detective que llevaba tiempo sospechando de la farsa, se inventó un caso de homicidio, fue a ver a Henry y obtuvo una confesión completa. Más grave aún fue la intervención de un fiscal que cuestionó toda la investigación y cuya intromisión le costó la carrera.

La incertidumbre sobre la culpabilidad de Henry era tan manifiesta que en 1998 el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, suspendió su condena a muerte por el célebre crimen de “Orange Socks” en Williamson County. Con el tiempo, gracias al desarrollo de las pruebas de ADN, fueron capturados unos veinte criminales exculpados por las confesiones de Henry Lee Lucas que habían escapado durante años a la justicia, aunque a día de hoy ni siquiera es posible evaluar la cantidad de asesinos impunes que quedaron en libertad gracias a la incompetencia manifiesta de las autoridades. Todo porque un sheriff de los Rangers, un montón de policías y un ejército de periodistas cayeron presos del embrujo del mal, embelesados por la atracción de un agujero negro inconcebible que resultó ser una trola con dos dientes colgando.

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‘Exterminad a todos los salvajes’: viaje al corazón de las tinieblas de la colonización

Raoul Peck narra en la serie ‘Exterminad a todos los salvajes’ la crueldad del imperialismo europeo y estadounidense

‘Exterminad a todos los salvajes’: viaje al corazón de las tinieblas de la colonización
Josh Hartnett y Raoul Peck (derecha) durante el rodaje de ‘Exterminad a todos los salvajes’. Vídeo: tráiler de la serie.
Exterminad a todos los salvajes, la serie de Raoul Peck que la plataforma HBO estrena este jueves, representa un viaje al corazón de las tinieblas de la colonización. La frase que da título a esta serie de cuatro capítulos, que es un documental y a la vez una película de ficción, está precisamente tomada del clásico de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas sobre la genocida conquista del Congo por el rey Leopoldo II de Bélgica. Otro personaje del gran escritor polaco expresa en un cuento, Una avanzadilla en el progreso, la misma idea de forma todavía más brutal: “Exterminad a todos los negros para que este país sea habitable”. Peck trata precisamente de dar la vuelta a la forma de narrar la historia de Occidente, poniendo en primer plano aquello que se ignora y que Conrad muestra en su obra: la implacable crueldad de la colonización y la esclavitud.

De origen haitiano y residente en Francia, el anterior filme de Raoul PeckI am not your negrotuvo un enorme impacto porque trataba sin ambages el racismo en Estados Unidos a través de la figura del escritor afroamericano James Baldwin. Se estrenó en 2017, cuando el movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan) se extendía por Estados Unidos, que acababa de nombrar presidente a Donald Trump, un racista indisimulado. Su nueva serie llega a HBO cuando Trump ya no está en la Casa Blanca, pero coincide con el juicio por la muerte de George Floyd, el hombre negro asfixiado por un agente durante su detención en mayo de 2020 en Minneapolis. El caso despertó protestas contra la brutalidad policial en todo el país.

La forma de tratar el pasado esclavista y colonial de Estados Unidos y Europa se mantiene como un tema complejo y politizado, como demuestran las primeras repercusiones que ha tenido la serie de Peck, con algunas críticas positivas y otras negativas, pero que indudablemente ha logrado remover conciencias. “Europa está todavía en fase de negación”, explica Peck (Puerto Príncipe, Haití, 67 años) en una entrevista por videoconferencia desde Francia. “No metería a todos los países europeos en el mismo saco, pero, cuando vemos la televisión o cuando leemos los periódicos, tengo la clara impresión de que una gran parte de Europa está en fase de negación”, añade. “Cuando nos permitimos criticar una parte de este pasado, se hace siempre con ciertos matices. Reconocemos que sí, que es verdad, que lo hicimos, pero nos vemos obligados a explicarlo. Y pensamos que eso no da derecho a hacer esto o a quemar los guetos. Así que no hay un verdadero análisis profundo de la colonización”.

La serie está dividida en cuatro episodios –los dos primeros se estrenan el jueves y los dos siguientes el viernes– que mezclan imágenes documentales con fotografías, pero también con películas familiares y recuerdos del propio director, que pone la voz en off, y con collages de otros filmes. Todo ello aderezado con reconstrucciones cinematográficas, protagonizadas por Josh Hartnett, que recrean diferentes momentos de la colonización, desde el tráfico de esclavos a través del Atlántico hasta la conquista de América o el exterminio de los indios en Estados Unidos. La presencia del mismo actor en diferentes escenarios del imperialismo occidental trata de subrayar el hecho de que se trata de una misma historia de brutalidad que se prolonga a lo largo de los siglos y de los países.

Raoul Peck y Eddie Arnold durante el rodaje de 'Exterminad a todos los salvajes'.
Raoul Peck y Eddie Arnold durante el rodaje de ‘Exterminad a todos los salvajes’.HBO

Una de las tesis que sostiene la serie es que el nazismo y el exterminio de los judíos europeos por el Tercer Reich forman parte de un marco de pensamiento que decreta la superioridad de los blancos sobre el resto de las razas —la idea de raza es además un concepto inventado y contrario a la ciencia—, que justifica cualquier crueldad contra seres considerados inferiores y no del todo humanos. De hecho, Hitler nunca ocultó su admiración por el exterminio de los indios en EE UU y las leyes racistas en el sur de ese país, que inspiraron las normas de Núremberg.

“El Holocausto está en la línea directa del genocidio del esclavismo; forma parte del mismo pensamiento europeo”, opina Peck. “Es la misma idea, la existencia de una raza superior que se arroga el derecho de eliminar a una supuesta raza inferior. Forma parte de la historia de la Europa conquistadora y de la Europa que va a subyugar, que va a considerarse el centro del mundo”, incide.

Los filmes de Peck casi siempre están marcados por un fuerte contenido político: El joven Karl Marx es una biografía del autor del Manifiesto comunistaA veces en abril está ambientado en el genocidio de Ruanda; Lumumba relata la vida del líder congolés asesinado o el citado I am not your negro, sobre el racismo en EE UU, que fue candidato al Oscar al mejor largometraje documental. También tiene una carrera como activista y llegó a ser ministro de Cultura de Haití entre 1996 y 1997. Exterminad a todos los salvajes resume todas sus facetas, como creador y como político. “Refleja mi historia”, señala. “Es lo que he hecho en mi vida adulta, documentales y ficciones, y esta serie refleja los dos, aunque todo lo que reconstruyo en forma de película es absolutamente real”. Una frase de James Baldwin que cita en No soy tu negro refleja también el impacto que pretende lograr con esta serie: “La historia no es el pasado, es el presente”.

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El miedo que te ciega

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A las puertas de lo que sin duda va a ser una nueva gran crisis económica las personas tienen miedo: un miedo legítimo y alimentado desde hace 20 años por discursos sutiles y securitarios globales.

Está pegando fuerte estos días la mini serie de la BBC, Black Earth Rising , del guionista, director y productor Hugo Blick sobre le genocidio de Ruanda de 1994. Aparte de la importancia de conocer este espantoso capítulo de nuestra historia contemporánea, dibujado en este trabajo con muy pocas concesiones para todas las partes, incluida la desastrosa comunidad internacional, Black Earth Rising es un indispensable retrato de como la desinformación y el odio actúan en una sociedad. El vector del odio es siempre el miedo, que ciega a las personas que se contaminan haciéndoles pensar que esa rabia que les embarga es lo que les permite actuar contra algo que les asusta. El odio crece, la rabia crece y desborda y se convierte en acciones que las personas contaminadas no miden hasta que es demasiado tarde. 

“El genocio del 94 no tiene comparación. Al menos 800.000 tutsis fueron asesinados en 100 días. Es la mayor matanza étnica de la historia moderna. Se coordinó por un grupo desesperado del gobierno hutu que llevó a su país y a ellos mismos a la locura con su propia propaganda. Propaganda que se esparció como un virus, un virus del miedo. Tan malo que los que se contagiaban dejaban de ver a los seres humanos como personas y veían insectos que había que erradicar sistemáticamente” (extraído de Black Earth Rising).

Esta historia no es única por desgracia. Obviamente con sus singularidades, las grandes lacras de nuestra historia contemporánea tienen características comunes: se dan en momentos de crisis económica, se abordan desde conflictos no resueltos, se estructuran a través del odio vehiculizado por propaganda basada en mentiras y desinformación y cuando estallan son imparables hasta que se agotan por sí mismas.

El odio es un carburante finito: cuando has acabado con el objeto primigenio del odio, necesitas crear otro objetivo odiable para seguir funcionando. En su libro Bajo el signo de la esvástica, Manuel Chavez Nogales explicaba desde la Alemania de 1933 que el primer objeto de odio de la propaganda nazi fueron las personas negras que tenían su origen en las colonias francesas. Francia había ganado la primera Guerra Mundial y era la responsable de la enorme crisis social y económica que sufría la población alemana, empobrecida, dividida por los pactos, devolviendo la deuda de toda Europa con su trabajo. A las personas negras se sumaron las personas de etnia gitana, un incomprensible objetivo histórico, un pueblo que ha pagado siempre muy caro su independencia y su proteccionismo cultural. Los judíos llegaron después, y no todos de golpe, sino por capas. Primero los usureros, y fueron agregando gremios hasta llegar a los banqueros. Primero adultos, luego niños. Ningún genocidio empieza definiéndose a sí mismo. 

En este tipo de conflictos no hay ganadores y aunque se acaban porque se extinguen, porque el nivel de deshumanización es insostenible, en realidad nunca terminan. El dolor generado se mantiene dentro de las personas directamente implicadas en ellos, en los verdugos y en las víctimas, que en todos los casos se encuentra en ambos bandos. Por eso es tan importante aclarar la historia y mirarla de cara, porque, aunque sea irreparable, mientras se recuerde el pasado con paz se puede evitar que el horror se repita en el futuro.

En España tenemos mucha historia de dolor y horror que en muchos casos no sabemos gestionar de la forma adecuada. A las puertas de lo que sin duda va a ser una nueva gran crisis económica las personas tienen miedo. Un miedo legítimo y también alimentado desde hace 20 años por discursos sutiles y securitarios globales. Y en este escenario hace tiempo que el odio, todavía un poco indeterminado, se está apoderando de nuestra sociedad. Los recientes incidentes vividos en Canarias, donde se han empezado a dar agresiones a inmigrantes, deben ser entendidos como avisos. Ya empezamos a pasar de la palabra a la acción ante la pasividad de una sociedad atenazada y divida en esta época tan distópica. 

¿Cómo podemos luchar contra este odio? Lo más importante es reconocerlo y eliminarlo de nuestra vida diaria. Los micro odios son muy peligrosos porque establecen un modelo de comportamiento que escala. Y como el odio es finito siempre debe ir a más. 

Luego es indispensable entender que el malestar colectivo necesita de soluciones colectivas. Los seres humanos somos, por naturaleza, gregarios. De modo que tenemos que crear tejidos comunitarios. Estas comunidades solo serán sostenibles si están unidas por aspiraciones de creación. El objetivo es construir todas juntas y se opone al de estar unidas por un afán de destrucción. Para conseguir comunidades constructivas necesitamos narrativas del amor, entendido este en su sentido más completo y fraterno. Necesitamos volver dar relevancia en nuestros espacios de debate y reflexión al amor y a la cocreación, al respeto y a la utopía. Y tenemos que dejar de lado, ni aunque sea para expresar nuestro desacuerdo, todo lo que tiene que ver con el odio. Enterrar el odio bajo una capa de enorme indiferencia, silenciar a los voceros, dejar de ver o escuchar programas que lo vehiculicen. Reconquistar el espacio propio y público. Esto es mucho más fácil si lo hacemos desde espacios cercanos como los entornos locales donde podemos encontrar muchos puntos de unión con las personas que nos rodean y podemos volver a soñar con un mundo mejor. 

Tenemos un enorme reto por delante para superar lo que viene sin repetir errores pasados de nuestra historia nacional, europea y global. Tenemos una enorme responsabilidad. Pero ya hemos demostrado muchas veces que sí se puede. Solo tenemos que recordar que el odio no da nada, no construye nunca y lo quita todo. Reivindiquemos el amor, todo el rato, a todas horas. 

Lucila Rodríguez-Alarcón

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Anuncian la última temporada de los Peaky Blinders

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La serie Peaky Blinders retoma la producción para su sexta temporada, pero anuncian que será la última en la que veremos a los Shelby juntos.
Para los fanáticos de la serie los Peaky Blinders tenemos una buena y mala noticia. La primera y buena noticia es que han retomado la producción de sus nuevos capítulos y la mala es que BBC ha anunciado que esta sexta temporada será la última.

Algo que nos ha puesto un poco tristes, pues hace tiempo Steven Knight nos contaba que iba a tener aún más. A pesar de que no han explicado porque ese cambio de planes, sabemos que los retrasos debidos a la pandemia por coronavirus han afectado el futuro de varias series. 

Peaky blinders: la sexta temporada será la última de la serie

Según Variety, Knight dijo: «Después del retraso obligatorio relacionado a la pandemia por Covid, descubrimos que la familia está en peligro y los riesgos nunca habían sido tan altos. Creemos que esta será la mejor serie de todas y nuestros fans la amarán. Mientras la serie llega a su fin, la historia seguirá de otra manera».

Pero antes de tirarnos al llanto por pensar que no volveremos a ver las aventuras criminales de Tommy Shelby, recordemos que el creador había asegurado que buscaría otra forma de continuar la historia, por lo que aún nos queda en la expectativa de sí será una película o un spin-off


La productora ejecutiva, Caryn Mandabach, explicó que la seguridad del elenco y el equipo de producción siempre ha sido prioridad, y que tanto la BBC como Netflix han apoyado cada una de las decisiones que se tomaron respecto a Peaky Blinders en los últimos meses. «Los guiones de Steve son increíbles y marcan el fin de una historia épica que ha acompañado a las audiencias desde que inició en 2013».

¿Qué pasará en la sexta temporada?

La retrasada temporada 6 viene a ser una continuación directísima de la anterior, que terminó en un gran cliffhanger. Por lo que  Anthony Byrne volverá a repetirse como directos. Algo que no había sucedido e inédito, ya que siempre se había cambiado de realizador entre temporadas.

Junto a Cillian Murphy, protagonista, la sexta temporada estarán Helen McCrory (Polly), Paul Anderson (Arthur), Sophie Rundle (Ada), Finn Cole (Michael), Sam Clafin (Mosley), Natasha O’Keeffe (Lizzie), Harry Kirton (Finn), Anya Taylor-Joy (Gina) y Brian Gleeson (McCavern).

Entre las novedades de está nueva temporada estará la aparición de un nuevo personaje femenino bastante oscuro y «casi tan buena como Tommy (…) le desafía de forma diferente».

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ESTAS SON LAS SERIES DE CIENCIA FICCIÓN, DRAMA, TERROR Y FANTASÍA MÁS ESPERADAS DE 2021

UNA ADAPTACIÓN DE “FUNDACIÓN” DE ASIMOV, LA SERIE SOBRE LA SEGUNDA EDAD DE LA TIERRA MEDIA Y EL LIVE-ACTION DE “COWBOY BEBOP” SE ENCUENTRAN ENTRE LAS SERIES QUE MÁS EXPECTACIÓN HAN DESPERTADO PARA ESTE 2021
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El 2020 prometía ser un gran año para el cine, pero también para la televisión y los servicios de streaming. La pandemia interrumpió, canceló o pospuso muchos rodajes y estrenos en salas de cine convencional. Aquellas series que no se cancelaron, tuvieron que ser pospuestas ya que además de los rodajes, los trabajos de postproducción tuvieron que ser reagendados.

Sin embargo, como muchos sectores, el del entretenimiento tuvo que adaptarse a nuevas formas de trabajar y gracias a ello, este 2021 estará lleno de estrenos.

Te compartimos las que más esperamos.

Shadow and Bone (Netflix)

La adaptación de los libros de Leigh Bardugo llega a Netflix este abril. La serie combina las líneas del tiempo entre los sucesos de la trilogía de Shadow and Bone y los dos libros de la serie Six of Crows.

 

The Underground Railroad (Amazon)

Esta prometedora serie relata la historia de los esclavos afroamericanos y las rutas secretas que usaban para escapar a los estados libres o a Canadá. Está dirigida por Barry Jenkins, el mismo director de Moonlight (2016). Aún no hay fecha de estreno.

 

Foundation (Apple)

La serie está basada en la serie homónima de libros del autor de ciencia ficción Isaac Asimov. Por lo que se sabe, la serie es una adaptación del tercer ciclo de la serie de Asimov. Aún no hay fecha de estreno

 

Midnight Mass (Netflix)

Una comunidad comienza a experimentar sucesos sobrenaturales con la llegada de un nuevo sacerdote. Esta serie forma parte de la gran apuesta de Netflix por el género de suspenso y terror.

Aún no hay corto oficial, ni fecha de estreno.

Midnight Mass (Netflix)

 

Scenes from a Marriage (HBO)

Esta serie es una adaptación de la serie sueca con el mismo nombre, dirigida por Ingmar Bergman en 1973. 

Scenes from a Marriage (HBO)

 

The Lord of the Rings (Amazon)

Una de las producciones más esperadas. Sabemos que la primera temporada contará con 20 episodios y que ésta ya se terminó de rodar, por lo que ha comenzado la etapa de posproducción. Cabe mencionar que la serie, desarrollada por J.D. Payne y Patrick McKay, sigue los sucesos narrativos correspondientes a la Segunda Edad de la Tierra Media, anterior a las historias de El Hobbit y la trilogía de El Señor de los Anillos, mucho más conocidas tanto por los libros de Tolkien como por las adaptaciones al cine de éstos que realizó Peter Jackson hace unos años. En la Tierra Media de Tolkien, la Segunda Edad está caracterizada por una presencia todavía importante de la raza élfica, el ascenso de la raza humana (lidereada por el reino de Númenor), la forja de los Anillos de Poder y la primera aparición de Sauron.

 

Cowboy Bebop (Netflix)

Netflix apostó por la adaptación en acción real (live action) de este clásico de la animación japonesa, uno de los más celebrados tanto por su calidad gráfica y narrativa como por la incorporación de otras artes y discursos en su factura.

 

The Last of Us (HBO)

The Last of Us ha sido uno de los videojuegos más aclamados de los últimos años, el desarrollo de la historia y sus personajes complejos lo han hecho más parecido a una excelente película. Sólo HBO podía embarcarse a hacer una adaptación para la televisión.

 

In Treatment (HBO)

HBO decidió continuar con una cuarta temporada. Esta vez, renovando al reparto, sabemos que Uzo Aduba será la  protagonista, en el papel de la Dra. Brooke Lawrence. 

 

Station Eleven (HBO)

Esta serie de ciencia ficción es una adaptación del libro homónimo de Emily St. John Mandel. Trata sobre los sucesos posteriores a una pandemia que acabó con gran parte de la humanidad. 

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Gambito de dama

Gambito de damaHay dos misterios, podríamos decir también dos utopías, que vertebran Gambito de dama, la teleserie de Netflix basada en la novela de Walter Tevis. El primer misterio es que una mujer gane un torneo internacional de ajedrez de máximo nivel; el segundo es que en su camino encuentre los mismos obstáculos que encontraría un hombre y prácticamente ninguno de los que encontraría una mujer. El ajedrez es, desde hace muchos años, el único deporte en donde las mujeres pueden competir en igualdad de condiciones contra sus rivales varones; de hecho, no existen torneos exclusivamente masculinos sino mixtos y femeninos: cualquier jugadora puede competir en un torneo mixto siempre y cuando acredite el nivel ELO requerido. Ahora bien, todavía no se sabe a ciencia cierta por qué las mujeres juegan peor que los hombres al deporte de las 64 casillas. Se han intentado diversas explicaciones, psicológicas, hormonales, y aunque haya factores sociológicos y educativos decisivos, sigue siendo un enigma por qué hoy en día únicamente hay una mujer, la Gran Maestro china Hou Yifan, situada entre los cien mejores jugadores del mundo.

Beth Harmon, la protagonista de Gambito de dama, nunca existió pero bien podía haber existido: si Judit Polgar (la gran jugadora húngara que llegó a clasificarse entre los diez primeros jugadores del mundo en 1996 y que derrotó al mismísimo Kasparov, a Kamski y a Anand) hubiera nacido medio siglo antes; si Bobby Fischer hubiese nacido mujer y además se hubiese comportado siempre con elegancia y corrección; y si Alexander Alekhine, el formidable campeón ruso que derrotó contra todo pronóstico al cubano José Raúl Capablanca en Buenos Aires en 1927, hubiese contado con el talento innato del cubano en la comprensión del juego. En lo que al ajedrez se refiere, Harmon parece una mezcla de los cuatro (Polgar en el sexo; Fischer en la nacionalidad, el ímpetu de su ascenso meteórico y la agresividad sobre el tablero; Capablanca en cuanto a dotes naturales y a la reticencia por la preparación teórica; Alekhine en el alcoholismo, la brillantez táctica y el estilo de juego), probablemente de varios jugadores más, pero si el personaje resulta inolvidable es gracias a los detalles de su ficticia biografía y a la magnífica interpretación de Anya Taylor-Joy.

Tevis confesó en su día que la infancia de Harmon está basada en parte en sus propias experiencias, cuando por culpa de una enfermedad reumática del corazón le administraron dosis de tranquilizantes a las que se volvió adicto. Gracias al efecto sedante de las píldoras, al tumbarse en la cama, todas las noches, la pequeña Harmon ve aparecer en el techo del dormitorio, invertidas bocabajo, las abismales posiciones del tablero. Es un ámbito que puede controlar, un mundo geométrico y estricto cuyas leyes no tienen nada que ver con el caos del mundo real al que su madre la arrojó después de suicidarse en un accidente de automóvil: el brutal sacrificio de peón en la apertura de su vida. Dentro del hospicio para huérfanos donde recala, Harmon descubrirá las maravillas del ajedrez en el sótano, bajo el magisterio del hosco y silencioso señor Shaibel, el bedel del orfanato.

La dependencia de los barbitúricos y el alcohol es uno de los pocos tópicos en que cae Beth Harmon, aunque también es verdad que la adicción, la extravagancia y la locura han sido emblemas del ajedrez incluso en las más grandes novelas escritas sobre el tema (las de Zweig, Nabokov y Arrabal). También hay grandes ajedrecistas que perdieron la razón: el genio estadounidense Paul Morphy, quien poco antes de morir paseaba por la calle disputando partidas a rivales imaginarios, o el austriaco Wilhelm Steinitz, primer campeón mundial, quien en su vejez se jactaba de haber jugado contra Dios y haberle dado jaque mate. Por culpa de diversos trastornos mentales, el polaco Akiba Rubinstein y el mexicano Carlos Torre vieron truncadas sus brillantes carreras. El nombre de Morphy aparece de refilón, cuando uno de sus amigos avisa a Harmon del peligro de obcecarse demasiado en el vértigo demencial del tablero.

No obstante, lo verdaderamente asombroso de Gambito de dama es que muestra un mundo reticulado donde el machismo no existe, donde no sólo prácticamente nadie desprecia o ridiculiza a una mujer por su talento (quienes se ríen de ella en el instituto son sus compañeras y lo hacen por su ropa y sus zapatos) sino que los rivales tanto femeninos como masculinos a los que vapulea muestran un comportamiento caballeroso y deportivo. Esto último tampoco es muy extraño en el mundo del ajedrez: el gesto de Borgov, el campeón mundial, al levantarse y aplaudir la obra maestra de Harmon, recuerda el emotivo aplauso de Boris Spassky en Reikiaviv, quien se unió a la ovación del público tras la tremenda exhibición de Fischer en la sexta partida del match por el campeonato mundial.

En realidad, por detrás de los brillos de la epopeya deportiva o del empoderamiento femenino, el centro tonal de la historia es la lucha de Beth Harmon por domeñar los demonios de su pasado y lograr acceder a una vida plena, algo que jamás consiguió el mítico Bobby Fischer después de derrotar a Spassky y poner fin a más de medio siglo de hegemonía soviética en el tablero. Cuando le preguntaron a quién temía enfrentarse en un torneo, Fischer respondió: “A nadie”. El Gran Maestro danés, Bent Larsen, dio una respuesta mucho más precisa y sincera cuando le hicieron la misma pregunta: “A Larsen”. Más allá de los rivales a quienes se enfrenta, Harmon lucha contra sí misma una interminable partida a vida o muerte, a orfandad o familia, a vodka o agua, a soledad o compañía, a pasado o futuro, una partida en que las negras y las blancas van formando en su cabeza combinaciones insondables, terribles sacrificios y metamorfosis inesperadas. Por eso Harmon avanza despacio, pero siempre hacia adelante, como un peón en busca de la octava fila; por eso la mariposa con el abrigo blanco que se pasea por un parque de Moscú y acepta una partida contra un anciano, simplemente por el placer de jugar, ya lleva una corona de dama.

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‘The Walking Dead’, ante su muerte y resurrección: lo que le espera a una serie que sigue por instinto

'The Walking Dead', ante su muerte y resurrección: lo que le espera a una serie que sigue por instinto

‘The Walking Dead’, ante su muerte y resurrección AMC

La serie zombi de AMC emite el desenlace de su décima temporada este domingo 4, casi seis meses después después de lo previsto debido a la paralización que provocó el coronavirus. En su retorno, la ficción despliega su futuro más allá de su matriz, con el lanzamiento de su segundo spin-off, ‘World Beyond’, el regreso del primero, ‘Fear The Walking Dead’, la previsión de su final en 2022 y sus continuaciones con nuevos formatos: la serie propia para Daryl y Carol, una antología y la largamente anunciada trilogía sobre Rick Grimes se atisban en el horizonte. Eso, de momento.

Por más que estén criando malvas, el deambular de los muertos andantes por televisión también se ha visto afectado por la pandemia que ha azotado al mundo real durante lo que va de año. Este domingo 4 de octubre se emite por fin el episodio con el que debía cerrar por todo lo alto la décima temporada de The Walking Dead, casi medio año más tarde de la fecha lógica en un escenario sin virus. 

“No todos lo lograremos, pero esta es la única forma”, decía Daryl Dixon (Norman Reedus) de forma premonitoria en el avance de esta despedida de temporada, bajo el título A Certain Doom, en el que Beta (Ryan Hurst) detonará la batalla final de los Susurradores contra los protagonistas.

Tras este descolgado episodio, del que ya se ha anticipado alguna muerte de impacto en el reparto, llegarán otros seis que ejercerán como puente con la undécima temporada que AMC ya ha confirmado como la última de la serie matriz del universo televisivo basado en las viñetas de Robert Kirkman. Sin embargo, esto no significa el final de la franquicia, que tiene tantos frentes abiertos como para asustar al más pintado de los susurradores. Pero, como haría cualquier cadáver reanimado con sus víctimas víctimas, despiecemos el panorama.

El futuro a corto plazo y “más allá” pasa por los jóvenes

En lo que respecta a lo que ya podemos ver, a lo más tangible, el planning es más o menos previsible. El coronavirus ha afectado a los tiempos habituales que manejaba AMC para alternar unas series con otras manteniendo la presencia de antropófagos en sus noches del domingo como penitentes. Con todo, la estructura de programación se mantendrá más o menos estable. Engarzado con la emisión del 10×16 de The Walking Dead, llegará a la cadena de cable el debut del segundo de los spin-offs a los que la cabecera original ha dado lugar, The Walking Dead: World Beyond (en España, el vínculo se rompe por la repartición de los derechos: la primera sigue en poder de Fox, la otra, como el resto de derivaciones, se ofrece en AMC); una semana después, Fear the Walking Dead, la primera companion series, ocupará el hueco libre en la noche del domingo 11, para desvelar otro de los enigmas que acucian a la legión de seguidores: ¿qué demonios ha ocurrido con Morgan (Lennie James)?

Entre Fear y World Beyond hay importantes diferencias de base que permiten hacerse una idea del cambio de los tiempos y del deterioro inevitable que eso conlleva a nivel televisivo. La primera, que comenzó en 2015 marcando distancias con The Walking Dead, acabaría por engancharse a nivel argumental con la original para así sobrevivir, hasta acabar progresando narrativamente en paralelo y estableciendo ese intercambio de personajes que llevaría al mentado Morgan de una a otra. La estrategia funcionó como para asegurar una continuidad que la ha hecho llegar enérgica a su sexta temporada. Tal vez la clave sea su naturaleza más “rara”, según la define Scott M. Gimple, el arquitecto oficial de la franquicia, a Decider.

En cambio, la nueva iteración de la serie (que se estrenará en los cuatro canales del grupo en España, AMC, SundanceTV, DARK y XTRM, de forma simultánea) se plantea como una tira más enfocada al público juvenil, centrada en un elenco principal de adolescentes que componen la primera generación del mundo post-apocalíptico, esto es, de los nacidos y criados tras al alzamiento de los muertos. La propia concepción ya supone un cambio de tendencia respecto a las ideas iniciales que tenía AMC para su gallina de los huevos (podridos) de oro. Mientras las dos primeras series han desarrollado sus tramas sin avistar el final de su vida útil, esta tercera parte ya con una fecha de mortalidad, dos temporadas, entendiéndose como una limited series; es decir, una historia con desarrollo y final ya establecido, por más que luego pueda prorrogarse si es preciso.

Inicialmente esta tenía que haber tenido su puesta de largo en abril, pero aunque la primera temporada estaba casi terminada para cuando el coronavirus se esparció por el globo, AMC optó por guardársela, tal vez para asegurarse que no se quedara después sin alimento. Sobre todo en este caso, que como decimos introduce nuevos patrones en el mundo conocido: “Es una de las muchas nuevas mitologías que hemos planeado dentro de este universo”, explica Gimple. Con sus palabras determina el futuro. Para sobrevivir, el World Beyond de The Walking Dead estará más fragmentado, será más heterogéneo, más abierto a públicos distintos. Convertido en un fenómeno de magnitud mundial, se buscará la transversalidad de sus públicos especialmente a raíz del desgaste que la serie original ha sufrido de forma dolorosa desde la séptima temporada.

Sobrevivir a ‘The Walking Dead’… a dos años vista

The Walking Dead fue perdiendo público a la par que fallecían algunas de sus figuras más reconocibles del reparto. La inevitable renovación de tramas y equipo en una serie que alcanza ya el decenio es lógica, pero como eje de un ambicioso circo multipistas, requería de una intervención tajante (o sajante). Por más que se haya reconocido una progresión positiva en la décima temporada ideada por la showrunnerAngela Kang, la sensación de eterno retorno dramático de los últimos años empezaba a pesar demasiado. La paralización de la producción del último episodio a causa de la cuarentena a nivel mundial por la covid, parecía otra herida en el cuerpo de una serie cuyo interés se drenaba poco a poco.

La decisión por parte de AMC de dar sepultura a la ficción después de la undécima temporada respondería no a una escasez de historias que contar, sino a la necesidad de diversificarlas. “Tenemos muchas historias pendientes que contar aún”, se preciaba Gimple del superávit creativo. “AMC tiene una idea muy clara del sitio donde estamos a nivel creativo, y ha apostado por ello”, explica el creativo, que recalca que “hay mucho planeado” de cara a los 30 episodios que están por venir.

Sí, 30 episodios: ante el retraso en el estreno del 10×16, se tomó la determinación de dar seis episodios extra a la décima temporada con los que poder cubrir etapas pendientes a nivel de trama. Después de esos seis, la undécima se compondrá de 24 episodios que se emitirán entre2021 y 2022, año en que se produzca el adiós definitivo, lo que supone tiempo de sobra para cebarlo como un gran acontecimiento. Una organización a dos años que evidencia los planes a largo plazo y el cambio de tendencia al que nos referíamos: con la marca ya tan establecida en la cultura, no hay necesidad de seguir manteniendo The Walking Dead, cuando pueden aprovecharse sus piezas más nutritivas por separado.

Norman Reedus y Melissa McBride en 'The Walking Dead'

Norman Reedus y Melissa McBride en ‘The Walking Dead’ AMC

Historias por contar y por acotar: Daryl y Carol, y…

“Más allá de esos episodios que tenemos por delante, estamos aún muy, muy lejos del final. Realmente sentimos que estamos en el campamento base del Everest”, asegura Gimple. A nivel de guion, el final de The Walking Dead significará el inicio de Daryl Dixon y Carol en solitario, los últimos supervivientes de la primera temporada de la serie aún batallando y los objetos de deseo de los fans, que se convertirán en protagonistas de una ficción propia, en la que no tendrán que repartirse los minutos con otros personajes menos provechosos. “Ambos comparten una larga historia y su lucha común por sobrevivir, que es, obviamente, el aspecto que más ha hecho que se mantengan cercanos y leales”, razonaba Melissa McBride sobre el porqué de esta decisión creativa. “Va a ser una serie diferente con un tono diferente, pero la historia de ese rincón de The Walking Dead continuará, de alguna manera, a través de ellos”, dejaba claro Gimple, acotando sus coordenadas.

Esta tercera serie derivada no vendrá solo: también está en camino Tales of the Walking Dead, en la que se adoptará el formato antología con arcos cerrados de corta duración, con diferentes personajes y sin necesidad de amoldarse a tramas de largo recorrido, una vez más. Aunque la intención es presentar a nuevos personajes, Gimple no descartar recurrir a viejas caras conocidas y “continuar con los personajes de la serie madre de forma intermitente”. 

¿Qué pasará con Rick?

Al final, insistimos, se trata de una cuestión de fraccionar el contenido para asegurar el interés. Sacrificar a la madre para garantizar la supervivencia de su cada vez más numerosa prole. La estrategia con respecto a la oficialización del desenlace de la serie no es diferente a la que ya se emprendió al publicitar y fechar la salida de Andrew Lincoln, el eterno Rick Grimes, en la novena temporada. Una decisión que se manejó en términos promocionales durante los meses previos, hasta que tuvo lugar la emisión del capítulo donde se dio carpetazo a su trama, en noviembre de 2018. Al menos temporalmente, claro, puesto que la sorpresa se revelaría no ya cuando el personaje alcanzó con vida su última escena, sino cuando, a continuación, se anunció a bombo y plantillo el desarrollo de una trilogía de películas centrada en el personaje en solitario.

Ya entonces esto se vio como una manera de avivar lo que ya se había convertido en el TWD Universe; y anticipó los siguientes movimientos estratégicos que llegarían después: World Beyond, la serie derivada de Daryl y Carol, Tales. Sin embargo, a punto de cumplirse dos años de esta despedida, las novedades sobre este ambicioso proyecto cinematográfico escasean.

En primer lugar, y más allá de cualquier otra consideración, esta trilogía de filmes estaba planteada para verse en cines, si no lo impide la pandemia. Gimple, a ese respecto, se muestra optimista: “Mantenemos el plan inicial de que vaya a salas. Lo concebimos como una película”, explica, mientras aguardan a que el tiempo encauce las cosas. El mercado.

Pero, ahora bien, en qué punto se encuentra el proyecto: “Andy [Lincoln] está súper involucrado, al igual que Robert [Kirkman]”, comenta el productor ejecutivo de The Walking Dead. Si hacemos caso de IMDb, observaremos que aparece vinculado en calidad de director el gurú de los efectos de maquillaje Greg Nicotero, lo que supone una elección lógica: el cofundador de KNB Effects Group ha bombeado la sangre de este show de forma literal -como responsable de los protésicos y delicias de casquería con la que han acostumbrado a la audiencia mayoritaria al gore en prime time- como metafórica -su responsabilidad ha crecido desde la primera temporada, hasta convertirse en productor ejecutivo y director del grueso de lo capítulos- y sin duda, garantiza una sensación de continuidad dentro de un universo cada vez más parecido a sus criaturas. Sobrevive despedazado, quedando más lejos cada vez el recuerdo de lo que comenzó siendo, allá por 2010.

The Walking Dead camina hacia el futuro perdiendo la conciencia de lo que fue (o pudo ser) en el pasado, avanzando por puro instinto carnívoro, buscando nuevos públicos a los que atrapar, aunque cada vez sea más difícil encontrar nuevas presas.

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La Valla’: entre la ficción y la realidad

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MESA

Profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid

Imagen promocional de la serie de TV 'La valla'.
Imagen promocional de la serie de TV ‘La valla’.

Apenas hace quince días, concretamente el pasado cuatro de septiembre se estrenó en Antena 3 una nueva serie española, La valla, con una temática original y muy diferente con respecto a otras producciones televisivas al uso.  La historia tiene lugar en nuestro país, pero en un tiempo futuro, concretamente en 2045. Tras un golpe de Estado se ha alzado un nuevo régimen, Nueva España, donde las libertades y los derechos de los individuos han quedado restringidas y el conjunto de la población se encuentra sometido a un estado de excepción permanente, bajo el estricto control del ejército y de la policía política.

La similitud del escenario con otras obras de temática distópica es evidente: regímenes totalitarios similares a 1984, El cuento de la criada, Fahrenheit 451 o Equilibrium, concebidos como proyectos de organización social y estable y organizados sobre la base de principios de planificación centralizada y de control de las personas, pero en última instancia, amparados sobre el ejercicio de la propaganda, la violencia y la represión.

En aquella España del mañana, el creciente desequilibrio territorial que ya hoy podemos constatar con el continuo vaciamiento de vastas zonas del país ha acabado desembocando en la creciente concentración de la población en las grandes ciudades, siendo Madrid el paradigma de la nueva situación. Como respuesta a ello, el régimen ha procedido a dividir la capital en dos sectores completamente separados por una valla que nadie puede traspasar sin autorización oficial: el sector 1 acoge al Gobierno y a las clases altas, en tanto que en el sector 2 vive el resto de los ciudadanos. Tal esquema tampoco es original ni ajeno al género distópico; Orwell ya separaría a los miembros del Partido Único del conjunto de la población -los proles– en aquel hipotético Londres de 1984. En la misma línea, otras producciones posteriores como el filme Elysium (2013) o la serie brasileña 3% también ofrecerían escenarios futuros fundados sobre la segregación social y geográfica de la población.

Un último rasgo, definitivo, y muy a tener en cuenta a la hora de seguir el relato es la presencia de un virus letal, el noravirus, en cuya amenaza se hallaría el origen de la creación de la Valla y el sistema de aislamiento sanitario que garantiza la seguridad y la vida de las clases dominantes, a expensas del resto de la población.

Resulta paradójico que veinticinco años antes, en nuestro Madrid de hoy, no sea necesario recurrir a la pequeña pantalla para encontrarnos con un escenario tan similar, bastaría tan solo con asomarnos a la ventana. No ha habido necesidad de un golpe de Estado o de un régimen totalitario -aunque hay quien lo pueda creer- para asistir al establecimiento de unas medidas que consagran la separación de la ciudad en dos zonas sociales bien diferenciadas, Tampoco hay que esforzarse demasiado en buscar los argumentos: según las autoridades, se trataría de evitar el riesgo de contagio masivo de toda la población y preservar la actividad económica allí donde se supone que debe continuar a fin de impedir el colapso total de los negocios.

Soluciones recurrentes, perfectamente creíbles en el contexto de un producto de ficción, pero ciertamente incomprensibles en el marco de la realidad en el que actualmente nos movemos. Y por muchas razones, algunas de carácter sanitario que los especialistas vienen y han venido señalando desde hace tiempo -y sobre las que precisamente por ello, no nos vamos a detener- y otras de carácter político más profundas, que ponen de relieve no sólo la incapacidad de algunos administradores de lo público para desempeñar sus obligaciones sino también la percepción y el sentido que de la democracia y en fin, de la política conservan algunos dirigentes a pesar de todos los cambios producidos en los últimos tiempos.

Historias como La Valla no hacen sino reflejar el estado de inquietud que sus autores ya experimentan en el presente ante un escenario extremadamente preocupante cuya previsible deriva futura solo puede traer consigo unas consecuencias más dramáticas y, posiblemente, irreversibles.

El trazo grueso con el que en ocasiones estos creadores dibujan los contornos de ese hipotético mañana responde generalmente más a su grado de preocupación y ansiedad ante la gravedad de las señales que está recibiendo en su tiempo que a la certidumbre de unos hechos o situaciones futuras que no dejan de ser meramente hipotéticos. El interés, por tanto, no debería centrarse en la eventual instauración de un régimen totalitario en nuestro país, sino en las razones que pueden llevar hoy a considerar tal circunstancia como posible.

¿Basta con establecer paralelismos entre la realidad y lo previsto en estas obras para considerar su validez? Y de no ser así, ¿dónde debemos fijar nuestra atención si lo que deseamos es encontrar lazos de continuidad entre esos dos momentos (presente/futuro)?

Posiblemente, el nexo común que ponga en relación uno y otro escenario, más allá de esa divisoria material que en ambos momentos separa a los habitantes de Madrid en dos zonas, debamos situarlo en la negación, o al menos el cuestionamiento de lo que entendemos por política.

Para Hanna Arendt, la política se despliega en torno a un doble juego de relaciones: la que vincula a los hombres y el Estado, y la que establen los hombres entre sí. Y es que, para la filósofa, no existía una sustancia verdaderamente política, sino que ésta nacía del espacio que se crea entre los hombres. He ahí donde residía su verdadera esencia, en un ámbito exterior al ser humano, y donde también se planteaban sus principales retos.

Cualquier medida que vaya en la línea de contribuir a la fragmentación de ese espacio compartido que, no olvidemos, también constituye el ámbito de donde emanan nuestros derechos y libertades, traerá como consecuencia la erosión de los fundamentos más básicos de nuestra convivencia.  La segregación y/o división de individuos dentro de una comunidad supone una práctica que atenta deliberadamente contra esa concepción de la política concebida como espacio de confluencia e integración de personas con orígenes e intereses muy diversos, pero imbuidas del deseo compartido de una existencia en común.

Intervenir en el ámbito de lo público para acentuar las diferencias particulares a fin de preservar la posición propia, lejos de fortalecer la cohesión social y reforzar los lazos de compromiso colectivo, implica todo lo contrario, acelerar su desgaste y llevar a la sociedad a una condición más frágil y vulnerable. Nada que ver con las actuaciones que, en otros momentos de la historia, por ejemplo, las llevadas a cabo por Clístenes en Atenas apostaron por la hacer de la política un espacio de aceptación y acogida donde la expresión del disentimiento y la diferencia nunca impidió a los hombres sentirse más iguales y cooperar entre sí a la hora de afrontar sus problemas.

En fin, no parece que ninguna valla pueda mantenerse eternamente. Al menos mientras los seres humanos actúen y se desenvuelvan como tales. Pero nunca viene de más recordar la inutilidad de sus fines y la estulticia de sus promotores. Ya sea en 2045 o ya sea ahora, en 2020.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas

La mejor publicidad para ‘Patria’

La mejor publicidad para 'Patria'

La serie Patria que próximamente estrena HBO será un éxito. Estoy convencido, sencillamente, porque el punto del que parten es una absoluta maravilla: el libro de Fernando Aramburu. Comienza a anunciarse la serie y se ha liado la marimorena por el cartel utilizado. En virtud de la libertad de expresión, todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión, aun cuando ni siquiera se entienda el asunto del que se opina. Quienes ven equidistancia en el cartel yerran. Quienes, por el hecho de que ETA asesinó vilmente a cientos de personas, pretenden olvidar las torturas que tuvieron lugar en el cuartel de Intxaurrondo a sospechosos de pertenecer a la banda terrorista también yerran.

Las redes sociales arden, bien alimentadas con la gasolina que vierten ciertos medios de comunicación y la inmolación de la poca dignidad que le queda a algún que otro personajillo público que se cree con más derecho que nadie a opinar sobre esta cuestión, además, sentando cátedra. Enhorabuena, todos ellos y ellas acaban de facilitar la mejor campaña de publicidad a la serie que codirigen Aitor Gabilondo, Félix Viscarret y Óscar Pedraza. Y será un éxito.

Quienes pensábamos verla, especialmente por haber leído el libro previamente, continuaremos viendo la serie, a pesar del cartel. ¿A pesar? Bueno, no, a pesar, porque quienes hemos leído la obra de Aramburu entendemos a la perfección el cartel. Nada tiene de insultante ni de humillante con las víctimas; diría, incluso, que es un prodigio de buen gusto, pues en la parte de la tortura se ha obviado que aparezca algún uniforme de la Guardia Civil para no herir sensibilidades a gente de piel fina.

Así pues, la polémica es artificial e interesada, pero amparándonos en la libertad de expresión era de esperar, del mismo modo que muchas personas, entre las que me incluyo, leamos comentarios sobre este asunto, por lo general sembrados de exabruptos y delirios, y sintamos una mezcla de risa y lástima. Abordar la historia de ETA en Euskadi no es sencillo; en su historia donde la mujer es protagonista, Aramburu lo hizo magistralmente. No se trata ni de balancear, ni de encontrar equilibrio, ni de contar únicamente lo que a una de las partes le interesa… entre otras cosas, porque hay muchas partes.

Quienes no compartan esta visión, que no vean la serie, que cancelen su suscripción a HBO o que hagan lo que les dé la real gana; están en su derecho, siempre y cuando al resto nos dejen seguir con nuestras vidas, sin censura, sin tragarnos aborregadamente su versión de la historia. Es así de sencillo… o tan complicado, porque apuesto a que buena parte de los indignados e indignadas ni siquiera han leído el libro. Será mucho pedir. Ojalá la serie esté a la altura y, a quienes tenemos una mirada más limpia, nos haga disfrutar como ya lo hicimos con Aramburu y, a quienes no, les ayude a reducir su miopía.

https://blogs.publico.es/david-bollero