Cómo nos manipulan y polarizan las emociones en redes sociales

Es buena idea contar a 10 antes de tuitear

Cuando un tuit contiene un término emocional o moral, es más probable que lo retuiteemos
Cuando un tuit contiene un término emocional o moral, es más probable que lo retuiteemos. A partir de una ilustración de Id-Work (Getty Images)

JAIME RUBIO HANCOCK 23 AGO 2019 – 03:44 CDT

En Twitter (y en las demás redes sociales) tienen más éxito los mensajes que apelan a nuestras emociones. Un nuevo estudio muestra que no solo nos sentimos más impulsados a compartir estos tuits, sino que además las palabras que se refieren a las emociones y a la moral captan más nuestra atención que las neutras.

El trabajo de los psicólogos Ana P. Gantman, William J. Brady y Jay Van Bavel muestra que los términos que apelan a lo que creemos que está bien o mal “son particularmente efectivos a la hora de capturar nuestra atención”. Esto, según escriben en un artículo publicado en la revista Scientific American, “podría ayudar a explicar la nueva realidad política”.

En el primer experimento de su trabajo, a los participantes se les mostraban tuits ficticios con diferentes tipos de palabras usadas como hashtags: las referidas a la moral (“crimen”, “piedad”, “derecho”), a la emoción (“miedo”, “amor”, “llorar”) o a ambas cosas a la vez (“abuso”, “honor”, “despecho”) captaban más atención que las neutras.

Además de eso, también examinaron casi 50.000 tuits reales sobre tres temas: el control de armas, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el cambio climático. Los más compartidos tendían también a incluir términos emocionales y morales. De hecho y según otro estudio anterior de los mismos autores, es al menos un 20 % más probable que compartamos un tuit si contiene una palabra de esta clase.

Eso sí, los autores advierten de que este no es el único motivo que explicaría el éxito de una publicación. Por ejemplo, el hecho de que se esté compartiendo mucho y sea ya popular podría hacer que su éxito se incrementara aún más.

Es más fácil indignarse

El papel de las emociones en redes sociales ya era conocido, aunque eso no haya evitado que se usen para manipularnos (o intentarlo) con bulos, mensajes políticos hiperpartidistas y provocaciones.

Jonah Berger, profesor de la Universidad de Pensilvania, ya explicaba en su libro Contagioso, de 2013, que las emociones que nos impulsan en mayor medida a compartir contenidos en internet están ligadas al asombro. Ya puede ser por la parte negativa, como la indignación por un hecho reprobable que nos sorprende, como en su vertiente positiva, como el humor.

La neurocientífica estadounidense M. J. Crockett repasaba recientemente en Nature Human Behavior los últimos estudios al respecto, recordando que en redes encontramos más acciones que nos parecen censurables que en persona. A lo mejor un día vemos a un vecino que no recicla o constatamos con fastidio que el alcalde ha puesto otra rotonda caótica, pero en redes podemos encontrarnos con multitud de errores y faltas de cualquier parte del mundo sin ni siquiera movernos del sofá.

Además, es más fácil mostrar nuestra indignación: no tenemos que enfrentarnos a nuestro vecino, manifestarnos en las calles o escribir una airada carta a la directora del periódico, basta con hacer retuit.

Los riesgos de la manipulación

Todo esto no tiene por qué ser negativo: la indignación pública tiene también beneficios para la sociedad, al permitir que todos podamos castigar o al menos recriminar comportamientos censurados por la mayoría (como la corrupción), además de reforzar nuestra adhesión a una causa o a un grupo social con el que nos sentimos identificados.

Pero tiene riesgos, como señala Crockett. Al menos tres: primero, la posibilidad de que nuestra participación en movimientos cívicos y sociales sea menos significativa. Ya no nos hace falta cooperar como voluntarios o hacer donativos, nos sentimos satisfechos con solo tuitear.

Segundo, también se rebaja el listón de la indignación: como indignarnos es fácil, puede llegar un punto en el que no distingamos entre las ofensas reales y las cosas que solo nos resultan desagradables. Por poner un ejemplo cercano: ¿de verdad era tan indignante que una cuenta anónima y sin apenas seguidores de Twitter publicara chistes oídos miles de veces sobre Carrero Blanco?

Tercero, nuestras opiniones tienden a polarizarse. Las propias redes nos permiten agruparnos en cámaras de eco con audiencias similares. O, como escribe el psicólogo Jonathan Haidt en La mente de los justos, nos unimos a “equipos políticos que comparten narrativas morales”. Es decir, el famoso filtro burbuja de Eli Pariser.

Al final nos acostumbramos a dirigirnos a un público con el que estamos de acuerdo, buscando sobre todo “recompensas reputacionales” o, en palabras de Berger, “divisa social”. Es decir, queremos ganar puntos con los nuestros, no iniciar una conversación.

Esto hace que el intercambio de opiniones con personas que piensan diferente (o que simplemente se han equivocado) se vea mediatizado (y caricaturizado) por otros miembros del grupo. Como escribe el profesor de Derecho de la Universidad de Harvard Cass Susstein en su libro #Republic, las conversaciones profundas que cruzan barreras ideológicas son extremadamente escasas en redes sociales.

En consecuencia, corremos el peligro de ver a los demás como gente malvada o estúpida en lugar de, simplemente, como personas que opinan que hay otra forma de hacer las cosas que no coincide con la que nosotros consideramos más adecuada.

Además, estas mecánicas nos hacen más vulnerables a la manipulación: es fácil provocar una ola de indignación con el objetivo de potenciar una polarización que el político o grupo de turno considere beneficiosa para sus intereses, como apunta Susstein. De hecho, es uno de los motivos que ayuda a entender que Donald Trump dedique tanto tiempo a Twitter, explica el lingüista George Lakoff. Soltar una barbaridad en esta red social le ayuda a marcar el debate: da igual que los mensajes sean de apoyo o en su contra, su objetivo es simplemente marcar la agenda y lo hace provocando la indignación y el enfrentamiento. Su caso no es único, desde luego.

¿Pero esto se puede evitar?

El panorama parece desolador, pero los autores del estudio apuntan un par de claves que ofrecen algo de optimismo.

De entrada, aunque se suele prestar atención a la indignación y a la manipulación, por el peligro que suponen, nos mueven tanto las emociones negativas como las positivas. El experimento no ofrecía solo etiquetas como “enemigo”, “odio” o “vergüenza”, sino también “bueno”, “héroe” y “honor”. De hecho, en su artículo ponen el ejemplo real de la difusión del hashtag #lovewinsen 2015: el día en el que Estados Unidos legalizó el matrimonio homosexual en sus 50 estados, la etiqueta sumó más de 2,5 millones de mensajes en Twitter.

Una segunda clave es que entender cómo nos motivan las emociones (indignación incluida) nos puede ayudar a detenernos unos segundos antes de compartir o tuitear ciertos contenidos.

En una línea similar se manifestó Chris Wetherell, el diseñador del botón de retuit en Twitter, introducido en 2009. Recientemente habló de esta innovación, afirmando que “a lo mejor le dimos un arma cargada a un niño de 4 años”. Antes había que escribir ese RT a mano, lo que nos daba unos segundos para reflexionar sobre lo que íbamos a iba a compartir.

En su editorial del número de septiembre Scientific American sugiere imaginar que al lado del botón de retuit hay un botón de pausa. Pincharlo podría servirnos para pensar si estamos respondiendo a un tuit que solo quiere generar ruido, si merece la pena leer el artículo y no quedarse solo el titular, o si solo queremos quedar bien ante nuestros amigos y seguidores, demostrándoles que, una vez más, somos de los buenos.

Tenemos que imaginar este botón porque Twitter difícilmente lo incorporará. Como recordaba la periodista Delia Rodríguez, “si a estas alturas las plataformas no han desarrollado redes menos nocivas es por la misma razón por la que las tabaqueras no han creado cigarrillos de plantas medicinales. Va contra la esencia misma de su negocio”. Cuanto más contenido publiquemos o compartamos, mejor para ellas. Aunque nos cueste una úlcera.

https://verne.elpais

Revelan el secreto detrás de la increíble conservación de los Rollos del Mar Muerto

Un estudio explica la antigua tecnología utilizada por el pueblo que escondió los manuscritos hebreos y cómo se adelantaron a prácticas que no habían registrado hasta la Edad Media

Uno de los manuscritos del Mar Muerto

En 1947 unos pastores beduinos recorrían desesperados las dunas junto al Mar Muerto. Uno de ellos encontró una cueva con unas cavidades donde se escondían frascos que atesoraban cerca de 900 pergaminos escritos en hebreo. Se trataba del legado de la antigua secta de los esenios, quienes enterraron sus escritos sagrados antes de que los romanos arrasaran su pueblo, hace 2.000 años. Así es como se encontraban los Rollos del Mar Muerto, que sobrevivieron a siglos de enterramiento. Ahora, un estudio realizado por investigadores del Instituto de tecnología de Masssachusetts (MIT) junto con otros colaboradores desvela una tecnología antigua única de fabricación de pergaminos, que responde a la pregunta de por qué aquellos escritos han sobrevivido hasta nuestros días.

La investigación se centró en uno de los rollos en concreto: el conocido como Pergamino del Templo. Se trata de uno de los más grandes (de más de 7,5 metros de largo), si bien es el mejor conservado, a pesar de que su material es el más delgado de todos (una décima de milímetro). También tiene la superficie de escritura más clara y blanca de todos los pergaminos, a pesar de que todos estaban repartidos en once cuevas, a menudo enterradas bajo un par de metros de escombros guano (heces de murciélago) para que pasaran desapercibidos por los saqueadores.

Evaporitas

Sus condiciones únicas llamaron la atención del profesor de ingeniería civil y ambiental del MIT, Admir Masic. Él, junto con Roman Schuetz, del Instituto de Ciencias Weizmann de Israel y el estudiante de posgrado del MIT Janille Maragh han publicado los resultados de su investigación en «Science Advances». Descubrieron que el pergamino se procesó de una manera inusual, usando una mezcla de sales que se encuentran en las evaporitas, el material que quedó de la evaporación de las salmueras, pero que era diferente de la composición típica encontrada en otros pergaminos. Y, además, no provenía de las sales del Mar Muerto.

«Tuvimos el privilegio de estudiar fragmentos del museo israelí en Jerusalén llamado Santuario del Libro que fue construido específicamente para albergar los Rollos del Mar Muerto», explica Masic. En concreto, se estudió un trozo de 2,5 centímetros de ancho utilizando una variedad de herramientas especializadas desarrolladas por investigadores para mapear, en alta resolución, la composición química detallada de objetos relativamente grandes bajo un microscopio, pero sin ser una práctica invasiva.

Pieles de animales, azufre, sodio y calcio

El pergamino está hecho de pieles de animales a las que se les ha eliminado todo el pelo y los residuos grasos sumergiéndolos en una solución de cal (que no se había visto hasta la Edad Media) o mediante tratamientos enzimáticos y de otro tipo (que sí se daba en la antigüedad), raspándolos y luego estirándolos bien en un marco. Cuando se seca, a veces la superficie se prepara aún más frotando con sales, como aparentemente fue el caso con el rollo de templo. Además, los análisis revelaron que contenía azufre, sodio y calcio en diferentes proporciones esparcidas por la superficie del pergamino.

El equipo aún no ha podido evaluar de dónde proviene la combinación inusual de sales en la superficie del Pergamino del Templo, pero los investigadores tienen claro que este recubrimiento, mezclado con estas sales, ayudó a darle su superficie blanca inusualmente brillante y quizás contribuyó a su estado de conservación. Y la composición elemental del revestimiento no coincide con la del agua del Mar Muerto, por lo que debe haber sido de un depósito de evaporita encontrado en otro lugar, aunque los investigadores no han podido determinar la zona aún.

La composición única de esa capa superficial demuestra que el proceso de producción de ese pergamino fue significativamente diferente del de los otros rollos, afirma Masic. Comprender los detalles de esta tecnología antigua podría ayudar a proporcionar información sobre la cultura y la sociedad de ese tiempo y lugar, que desempeñó un papel central en la historia del judaísmo y el cristianismo. Además, una comprensión de la producción de pergaminos y su química también podría ayudar a identificar falsificaciones de escritos supuestamente antiguos.

Según Ira Rabin, de la Universidad de Hamburgo (Alemania) y coautor del artículo: «Este estudio tiene implicaciones de gran alcance más allá de los Rollos del Mar Muerto. Por ejemplo, muestra que en los albores de la fabricación de pergaminos en el Medio Oriente, se utilizaron técnicas que contrastan con la técnica única utilizada en la Edad Media. El estudio también muestra cómo identificar los tratamientos iniciales, proporcionando así a los historiadores y conservadores un nuevo conjunto de herramientas analíticas para la clasificación de los Rollos del Mar Muerto y otros pergaminos antiguos».

Necesidad de preservación

Con todas estas preguntas en el aire, los investigadores piden que se refuerce la conservación de los rollos, cuyo mayor daño no proviene de su estancia durante más de 2.000 años en las cuevas del Mar Muerto, sino de los intentos posteriores de desenrollarlos y leerlos después de haber sido descubiertos. Además, los nuevos datos implican que estos recubrimientos minerales únicos también son altamente higroscópicos: absorben fácilmente cualquier humedad en el aire para después comenzarse a degradar rápidamente.

Estos nuevos resultados enfatizan aún más la necesidad de almacenar los pergaminos en un ambiente de humedad controlada en todo momento. Podría haber una sensibilidad imprevista incluso a cambios de humedad a pequeña escala. El punto es que ahora tenemos evidencia de la presencia de sales que podrían acelerar su degradación… Y estos son aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de su conservación», afirma Masic.

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Bulos estivales

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Si la primavera la sangre altera, con el verano centrifuga. Por eso esta estación tiene sus propios bulos de siempre: las horas de digestión antes de bañarse, las picaduras de medusas, los mosquitos… Y a estos clásicos suelen añadirse por estas fechas sucesos falsos sorprendentes, trágicos a veces. Como hace dos veranos y también de nuevo el pasado, cuando al actor Will Smith lo mató un bulo, y no «un accidente de tráfico», pero ahí sigue. En verano es más habitual asesinar a famosos en las redes sociales, se ve que porque hay más tiempo.

Es como el nivel de alerta antiterrorista, que acostumbra a ser elevado por las redes cuando llegan los calores veraniegos, pasando casi siempre del 4 al 5. Por si acaso, actualmente sigue en el nivel 4 y además esta alerta puede consultarse en la web del Ministerio del Interior. Es lo más eficaz, y no los letreros de Internet, que acostumbran a mencionar que «la Policía se ha quedado sin vacaciones» porque están todos los agentes «movilizados y dispuestos» debido a un inminente «atentado terrorista» en algún «centro comercial o lugar público muy concurrido», como «parques temáticos» y «las playas».

Bulos más mundanos en estas fechas que dar por muertos a vivos o tratar de matarlos tienen que ver con ir a la playa y exponerse a lo que hay allí y en sus aledaños. Y el clásico entre los clásicos en esto son las digestiones de no menos de dos horas antes de ir al agua.

Digestiones de dos horas

Esperar dos horas como mínimo para bañarse después de haber comido era un dogma de fe cuando yo era pequeño. Algunas familias decían que tres e incluso las había de cuatro horas. Después he comprobado que era mentira, pues sigo vivo. Tampoco resulta muy creíble lo de acabar de comer y bañarse rápido «antes de empezar a hacer la digestión», que era una alternativa de padres aparentemente más modernos.

Ya lo dice la aragonesa del vídeo, con detalle, en este clásico de YouTube: «Hay que guardar en todo momento lo que manda la ley, que son dos horas».

Lo peor de remojarse después de comer es que son las horas en las que el sol pega con más fuerza. En todo caso, la solución al acertijo de las horas de digestión, básicamente, pasa porque si uno ha comido y bebido como si no hubiera un mañana, está acalorado y sofocado bajo el sol, y se tira de golpe al agua, es fácil que le dé un jamacuco.Pero si uno se mete al agua poco a poco sin ir hecho un tonel y no está helada, no tiene por qué pasar nada.

Las digestiones, además, pueden durar mucho más de esas dos horas de rigor, según lo que se ingiera, y sobresaltarlas es lo que suele provocar que se corten, siendo su consecuencia más directa vomitar.

Pero lo más habitual en verano no son los cortes de digestión. Llamamos así a los denominados síncopes de hidrocución, o lo que es lo mismo, cambios bruscos de la temperatura corporal. Estos son los que predominan y pueden producirse, por ejemplo, si uno está sudando y bebe agua fría o se lanza a ella. Así cambia la temperatura del cuerpo demasiado rápido y eso sí puede causar estragos hasta llegar a matar. Contra el calor es más eficaz el agua caliente, aunque no sabe bien.

Piel morena

Una vez en la playa, e inmediaciones, suele haber muchos malentendidos con las horas de exposición al sol y los bronceadores y cremas solares. A la piel no le gusta el sol y se defiende cambiando de color. Así que hay que protegerla cuando no se está moreno, pero también cuando se va cogiendo color y después. Otro bulo veraniego dice que si ya se está moreno, sobran las cremas solares. Pero los entusiastas de esta teoría se pelan.

Hay pieles especialmente sensibles al sol, aunque todas las que de repente se exponen intensamente a sus rayos necesitan protección y cuidados.

Putos mosquitos

Los mosquitos también son unos de los grandes protagonistas del verano. Grandes también los define, porque por desgracia determinadas especies animales se extinguen, pero los putos mosquitos no faltan a su cita y cada vez son más grandes y molestos.

Sobre ellos existen teorías varias, como el bulo que asegura que se ceban con las personas que tienen la «sangre dulce», lo cual científicamente es una sandez. Pican solo las mosquitas, no los machos, eso es cierto, pero en busca de proteínas, no de dulce. Así que debe de haber mayoría de mosquitas porque, al menos en mi caso, siempre que irrumpe algún mosquito en casa para amenizar la noche, me acaba picando a demanda.

Se supone que estos insectos y otros parecidos escogen a sus víctimas en función del olor o la temperatura del cuerpo. De hecho, de antemano las mosquitas tampoco pueden conocer cómo sabe la sangre de determinada víctima hasta que no la prueban. Luego ya si les gusta igual repiten o no.

Los mosquitos son pesados y difíciles de matar. Una noche a solas con un mosquito puede llegar a ser una experiencia estresante. Pero los aerosoles son poco eficaces y suelen aturullar más al humano que al insecto, y los ultrasonidos está comprobado que son del todo ineficaces. Para acabar con un mosquito, lo mejor es sincronizar localización, armamento, templanza y certeza para machacarlo de un golpe seco, aunque la pared dé fe después de la muerte violenta del bicho. Es una medida radical y sucia, pero si sale bien reconforta que da gusto.

También hay teorías sobre cómo curar las picaduras de las mosquitas que van desde el vinagre a la orina, y en esto coincide el bulo con las picaduras de medusa, que tampoco las sana el pis.

Cuando te pica una medusa

Las picaduras de medusa duelen y escuecen, y entran terribles picores aunque lo mejor es no rascarse, porque igual que ocurre con las picaduras de mosquitas, de hacerlo aumentarán los picores y la piel se irritará todavía más.

Tampoco es solución orinar en la herida producida por una medusa, un bulo de todos los veranos popularizado en montones de espacios televisivos. Parece que orinar sobre una picadura de medusa solo podría ser algo eficaz si se liberara mucho amoniaco, lo cual es imprevisible, aunque no hay instituciones médicas que recomienden en ningún caso hacer pis sobre esas heridas, ni sobre cualquier otras. Los ‘remedios’ más eficaces son el vinagre y el propio agua del mar, sin frotarse.

Ventanillas y perros

Otra cosa falsa que se comparte en las redes en verano, desde hace ya, son los regalos de hoteles de la República Dominicana: «Hoteles Punta Cana está regalando 300 vacaciones familiares por su 50 aniversario», que conducen a la clásica web para robar datos. Los hoteles dominicanos no regalan vacaciones, ni nada, y menos a cualquiera.

Lo único cierto de los bulos veraniegos es que en todos hace calor, y de ahí surgen medidas como la falsa recomendación policial para las ventanillas si hay perros dentro del vehículo: «La Policía recomienda romper la ventana de un coche si ves un perro encerrado en días de fuerte calor». Luego reconfortan mencionando que si se hace antes una foto al perro, no hay peligro de sanción, y se cita el «artículo 54 del Código Penal», que «reconoce el estado de necesidad».

Tampoco se respira benceno si no se abren las ventanillas de un coche expuesto al sol durante horas. Es otro de esos bulos que generan las altas temperaturas y el sabiondismo popular, que encandila a las masas aún con más intensidad en verano.

LUIS M. GARCÍA

https://blogs.publico.es/bulocracia

Todos creemos que por el hecho de vivir en un país del primer mundo tenemos los derechos y libertades garantizados. Hasta que un día las cosas empiezan a cambiar. Nada es para siempre. Los derechos hay que pelearlos y defenderlos día a día, continuamente. La pérdida de memoria es el peor enemigo de una sociedad.

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Javirroyo

Incluso si eres ateo, idolatras algo (un texto corto de David Foster Wallace)

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David Foster Wallace decidió colgarse a los 46 años. Era uno de los escritores más brillantes de la literatura en lengua inglesa. Su humor, a veces ácido y depresivo, lograba iluminar las zonas abisales por las que rondaba. Foster Wallace, por ejemplo, llamó a hacer consciente la inevitabilidad de nuestra idolatría, la sumisión de nuestra mente en una dialéctica de poder y transferencia —nuestro inconsciente es víctima de los dioses antiguos y su transformación cotidiana en objetos de consumo (los altares se multiplican).

«Porque hay algo más que es verdad.  En las trincheras cotidianas de la vida adulta, no existe tal cosa como el ateísmo. No existe tal cosa como no idolatrar. Todos idolatran.

»La única opción es qué idolatrar. Y la razón sobresaliente para seleccionar a algún tipo de Dios o cosa de tipo espiritual para idolatrar —sea J.C. o Alá, Yahvé o la Diosa Madre o las Cuatro Nobles Verdades o un conjunto de principios éticos inquebrantables— es que casi cualquier otra cosa que idolatras te comerá vivo.

»Si idolatras al dinero y las cosas —si son de lo que obtienes tu verdadero significado en la vida— entonces nunca tendrás suficiente. Nunca sentirás que tienes suficiente. Es la verdad.

»Idolatra tu cuerpo y la belleza y la atracción sexual y siempre te sentirás inapropiado, y cuando el tiempo y la edad se empiecen a notar, morirás miles de muertes antes de que finalmente te planten bajo tierra. En un nivel, todos ya sabemos esto —ha sido codificado como mitos, proverbios, clichés, epigramas, parabolas: el esqueleto de cada gran historia.

»El truco es mantener la verdad al frente en nuestra toma de conciencia diaria. Idolatra al poder —te sentirás débil y con miedo y necesitarás cada vez más poder sobre los demás para alejar el miedo. Idolatra tu intelecto, ser considerado brillante —acabarás sintiéndote estúpido, un fraude, siempre al borde de ser descubierto. Y así sucesivamente…»

Más allá de esta idolatría de la cual no escapa el ateísmo, Foster Wallace sugiere que la verdadera libertad “involucra la atención, la conciencia, la disciplina y el esfuerzo, y ser verdaderamente capaz de querer a las demás personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, en una miríada de pequeñas formas poco sexies, todos los días. Esa es la verdadera libertad”.

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Ya hemos destruido el 90 por ciento de los pastizales de la Tierra

Ya hemos destruido el 90 por ciento de los pastizales de la Tierra

SERGIO PARRA

Los pastizales y matorrales templados, es decir, las praderas y estepas, conforman un bioma cuyos ecosistemas predominantes lo constituyen gramíneas, juncales, pastos o césped. La mayoría de las praderas han sido alteradas extensamente y ahora son las principales regiones mundiales de producción de cereales como trigo, maíz y otros granos.

Los seres humanos ya han destruido más del 90 por ciento de ellos, la mayor parte para producir nuestra comida: el pastoreo solo ocupa una cuarta parte de toda la tierra. Lo que queda es muy frágil porque la estacionalidad de los pastizales los hace vulnerables a los cambios en la precipitación y la temperatura.

Solo el 5 por ciento de los prados restantes de la Tierra se conservan, lo que los convierte en el bioma menos protegido. Estos son los lugares que todavía se protegen:

El Serengueti (Tanzania)

El Parque nacional Serengueti es un parque nacional de grandes proporciones (13.000 km²) en Tanzania, África. Es famoso por las migraciones anuales de miles de ñúes. El pueblo Masái ya criaba a sus animales en las “planicies sin fin” de la región 200 años antes de la llegada de los primeros exploradores europeos.

Esta sabana es uno de los ecosistemas más antiguos de la Tierra. Los ecólogos creen que el clima, la flora y la fauna de la zona apenas han cambiado en los últimos millones de años. Aunque la llanura está bien protegida por el Parque Nacional del Serengeti y el Área de Conservación de Ngorongoro, la mano humana se está colando en los márgenes. El ganado se adentra en las áreas protegidas, y los cazadores furtivos intrusos matan ilegalmente a grandes mamíferos cuyos excrementos ayudan a abonar la tierra.

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Banni Grasslands Reserve (India)

La reserva de los pastizales de Banni o los pastizales de Banni forman un cinturón de ecosistemas de pastizales áridos en el extremo sur del desierto de las marismas de Rann of Kutch en el distrito de Kutch, estado de Gujarat, India. Son conocidos por su rica vida silvestre y biodiversidad y se extienden por un área de 3,847 kilómetros cuadrados. Actualmente están legalmente protegidos bajo el estado de bosque protegido o de reserva en la India.

En la década de 1960 hubo dos cambios importantes comenzaron a destruir el ecosistema. Primero, el gobierno plantó Prosopis juliflora para amortiguar las salinas pantanosas en el norte, pero el arbusto invasor terminó asfixiando las plantas nativas. En la misma década, los humanos represaron ríos para redirigir la hidratación hacia los cultivos. Sin esos flujos para diluir el agua de mar, aproximadamente la mitad del suelo en Banni es ahora salado e infértil.

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Estepa de Mongolia

Se extienden desde el noreste de China hasta Siberia. La sequía y la minería ya están reduciendo la estepa, y un impulso hacia la privatización ha acelerado el desastre. Los agricultores han reemplazado el ganado tradicional nómada, que no afecta a la flora, con rebaños más grandes en parcelas más pequeñas. La creciente demanda de cachemira también ha impulsado un aumento en las cabras domesticadas, que comen raíces, lo que dificulta la regeneración de las plantas.

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Grandes Llanuras (Norteamérica)

Las Grandes Llanuras es una alta y amplia meseta que se extiende al este de las Montañas Rocosas, en el continente americano, y cubre el estado mexicano de Coahuila, los estadounidenses de Nuevo México, Texas, Oklahoma, Colorado, Kansas, Nebraska, Wyoming, Montana, Dakota del Sur y Dakota del Norte. En Canadá, se extienden por las provincias canadienses de Alberta, Saskatchewan y Manitoba.

Solo la mitad de los 720 millones de acres originales de la llanura del medio oeste es todavía salvaje. La desaparición de la pradera comenzó cuando los colonos del siglo XIX mataron de 30 a 50 millones de bisontes estadounidenses, un mamífero que pasta y fertiliza la flora nativa. Al mismo tiempo, los agricultores convirtieron rápidamente el mar de pastos en campos de trigo y maíz. A diferencia de las hojas resistentes, estos cultivos no pueden soportar la sequía.

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La Pampa (Argentina)

Como su nombre lo indica, gran parte del territorio de la provincia forma parte de la extensa llanura pampeana, sin embargo, existen importantes variaciones de relieve.

Gracias al suelo fértil en el este de Argentina, el cultivo de trigo, maíz y soja se intensificó a finales de los años 80 y principios de los 90. Hoy, impulsada por la creciente demanda mundial, la soja se ha convertido en el cultivo dominante, en detrimento de la tierra. Los campos absorben nitrógeno, fósforo y potasio del suelo más rápido de lo que los agricultores pueden reemplazarlos. Las personas también están ocupando espacio: más de la mitad de los argentinos residen en grandes ciudades como Buenos Aires, que solía ser una pradera salvaje.

Llanurapampeana

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