Meditación frente al mar

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Como somos parte de esta naturaleza convulsa el conflicto, la guerra, es inevitable. ¿O no es así? Vencer a la naturaleza ha sido un propósito humano quizá desde los mismos orígenes. pero hasta ahora no hemos podido detener el envejecimiento ni eliminar la muerte. Tal vez el miedo y el deseo (codicia, ambición, erotismo) sean las dos fuerzas primordiales de nuestra vida interior, nuestras pasiones principales. El miedo nos hace huir del peligro y atacar lo que consideramos que nos amenaza a condición de que sea más débil. La crueldad es hija de la cobardía, creo que dijo Montaigne. El deseo, el deseo sexual más exactamente, es la fuerza que nos trasciende; la voz de la especie que nos impone engendrar otro hombre, continuar la irracional cadena de la vida. Obedecemos a ella como sonámbulos. Esto lo expuso como nadie Schopenhauer. Quizá existan dos temperamentos: uno, el que presume que la humanidad es capaz de superar todas las barreras y progresar, y otro el que se resigna a que la humanidad nunca pueda salir del estrecho círculo en que la naturaleza la ha puesto. (La vida de un hombre, para la naturaleza, vale tanto como la vida de un caracol). El primero es un temperamento optimista; el segundo, melancólico. Mientras escribo esto recuerdo las Rubbayat (creo que se escribe así) de Omar Khayam. No sabemos por qué hemos venido (nacido), no sabemos por qué tenemos que irnos (morir). La vida es un brevísimo intervalo entre dos eternidades de nada (donde el tiempo no existe). Sólo existe este presente fugitivo, no tenemos más que eso y la memoria que también inventa. La vida es una alucinación muy nítida, nada más. Continuamente tenemos ante los ojos señales de la disolución de todas las cosas: el humo que se desvanece, las nubes, las sombras que corren, el agua que fluye. La arcilla de la que está hecha la jarra de vino fueron los labios de una mujer hermosa (una imagen del poeta persa). Tenemos una idea de los antiguos griegos y romanos que cambia con cada época, no sabremos cómo fueron en realidad. El tiempo pasado es la ceniza, la brasa, de un fuego que ardió. Otra señal de disolución. Para esta naturaleza convulsa de la que formamos parte nuestra civilización (me temo que sólo existe una en la actualidad, hegemónica, dominante en todo el planeta) no es absolutamente nada. Ni la presente ni las pretéritas que el olvido ha consumido. La cultura es una herencia que recibimos de nuestros antepasados, el resultado del trabajo de miles de generaciones y en sus logros artísticos (el Partenón, la lucha contra las enfermedades, la manera de cocinar un pescado, el conocimiento de la naturaleza) lo que hace que la vida sea digna de ser vivida. Cierto que la historia no es más que el relato de los crímenes y locuras de la humanidad, según afirmó Gibbon. En un estado de naturaleza la vida, como dijo muy bien Hobbes, es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.  
       Todos estos pensamientos, despeinados por el fuerte viento, visitaron hoy mi desordenada cabeza mientras paseaba solitario por una playa desierta. ¿Tendría que hacerme socio de algún equipo de fútbol o echarme novia?

¿Por qué les llamamos primavera, verano, otoño e invierno a las estaciones del año?

Para saber porqué llamamos primavera, verano, otoño e invierno a las estaciones del año, debemos remontarnos a la antigua Roma.

¿Por qué les llamamos primavera, verano, otoño e invierno a las estaciones del año?

PlanetaCurioso.com. Cada año que pasa transcurre un ciclo en el que surgen cuatro estaciones en la tierra, -visibles en algunos lugares- debido a la inclinación del planeta y a la distancia de este con el sol. Veamos que circunstancias dieron origen a sus respectivos nombres.

 

¿Por qué les llamamos primavera, verano, otoño e invierno a las estaciones del año?

Primavera. Fue en la antigua Roma, donde surge este nombre. Ellos consideraban este período como el más importante, debido a que en esta estación el sol salía más alto y nacían las flores. Por eso le llamaron “primo vere” que significa “el primer verdor”. Tiempo después se cambió el nombre a “prima vera”

¿Por qué les llamamos primavera, verano, otoño e invierno a las estaciones del año?

Verano. Los romanos le llamaron “veranum tempus” que significa “tiempos de verdor”. Así destacaron que esta estación era una continuación del “primer verdor (o primavera)” que había acontecido meses atrás.

¿Por qué les llamamos primavera, verano, otoño e invierno a las estaciones del año?

Otoño. Esta palabra se deriva del latín “autumnus” y básicamente se compone de dos palabras, aumentar (auctus) y año (annus). De allí que la palabra signifique el “aumento o la plenitud (totalidad) del año». Dando a entender que, en este punto, el verdor de la vegetación ha llegado a toda su plenitud y ahora es el tiempo en el que empieza a descender su color verde.

¿Por qué les llamamos primavera, verano, otoño e invierno a las estaciones del año?

Invierno. Viene del latín «hibernus» y esta a su vez de «hiems» la cual hace alusión a la nieve. Y es que en algunas regiones del imperio griego y romano había nieve en esta época del año.

Ahora que ya sabemos el origen de estas palabras entenderemos mejor algunas características de las estaciones del año.

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Somos hijos de la pandemia

Afrontamiento psicológico de la pandemia del coronavirus - Magisnet

A partir de ese momento, se puede decir que la peste fue nuestra única preocupación.
Albert Camus. La peste.

 

Hoy en día vivimos más por las muchas enfermedades que han pasado por la tierra. Y no porque nos hayamos vuelto inmunes ellas sino por el conocimiento que la medicina ha adquirido tratando toda clase de pestes, contagios y malformaciones, ayudándose de la química farmacéutica en los dos últimos siglos. Estas enfermedades, la mayoría a consecuencia virus, bacterias, y parásitos crearon grandes problemas de salubridad matando poblaciones enteras y, en la edad media, le dieron la forma definitiva al demonio. Demonio que sirvió, también, para perseguir a los que no se contagiaban, como pasó en el siglo XIV y XVII con los judíos. Los judíos, debido al lavado de manos en la mañana, al comer y al acostarse (a más del baño a fondo obligatorio de los viernes previos al Shabat) se hicieron más resistentes que los demás, que seguían en el desaseo y el hacinamiento. También se persiguió a musulmanes que asistían a los baños públicos para sentirse limpios, pues se consideraba que mostrar el cuerpo era pecaminoso.

La ignorancia, la superstición, la brujería y las religiones mal entendidas (se creía más en el amuleto que en la divinidad), convirtieron en caldo de cultivo de los gérmenes (bacterias, virus, hongos y protozoos) a muchas gentes que, al creer más en el diablo que en el aseo y no querer dejar el hacinamiento para no sentirse solos, al final cayeron como moscas. Se salvaron unos pocos, quizá porque desarrollaron resistencia a la enfermedad o, por intuición, se separaron de los demás y llevaron a cabo prácticas continuas de aseo. De estos descendemos nosotros, pues nuestros genes han pasado toda clase de pestes, plagas y podredumbres a consecuencia de la guerra y las hambrunas (los campesinos abandonaron el campo y plantas y animales se perdieron) que llevaron a comer cualquier cosa caracoles, reptiles, crías de caimán, cachorros. Hoy en día sabemos que cuando la cocina de un pueblo es muy variada, esta no se debe a una educación gastronómica (a los gourmets) sino a esa comunidad que pasó por épocas de hambre intensa. Regularmente, la gente come de lo que más hay y su culinaria se fundamente en este abastecimiento de lo mismo, que sufre transformaciones, pero su base es idéntica.

Y sí, descendemos de gente que sufrió de bubas en las axilas y el vientre (la peste bubónica), de los que fueron tocados por la viruela (como pasó en América con la llegada de los españoles, debido a que cuando dos culturas se juntan lo primero que intercambias es enfermedades), del sarampión que mal tratado terminó en neumonías y de la gripe, que hasta no hace más que un siglo mataba a la gente por millones. ¿Y salimos inmunes a esto? No. Al igual que los organismos evolucionan y se adaptan a las nuevas circunstancias, lo mismo hacen los gérmenes. ¿Entonces cómo salimos? Salimos con más conocimiento debido a la reflexión, la observación y los intentos de lograr una solución, en términos de ensayo-error, hasta no cometer el error y haber acertado por fin, pero no con la erradicación total sino con la cura por tratamiento y las maneras de prevenirse. Enfermedades como la tuberculosis y el sarampión, que se consideraban erradicadas, aparecen de nuevo. Personas que no aceptaron las vacunas o que estas no llegaron a ellas, desarrollaron de nuevo el germen y ahí está. Y esto no pasa porque sea una maldición o un castigo, sino porque los microbios y los virus solo necesitan de unas condiciones específicas para volver a hacer su trabajo. Esto ha pasado con la malaria, el dengue, la chikungunya, que desaparecen y aparecen, pues los microrganismos que la producen vuelven y atacan si no hay la debida protección, aseo y protección ambiental.

El hombre y la mujer son animales frágiles, sujetos a toda clase de males, pero, quizá debido a esto, ha podido desarrollar una inteligencia superior a los instintos de los demás seres vivos. Y esta inteligencia, que tiene memoria y por eso se puede conservar con la escritura y la imagen, les permite a quienes sobreviven las pandemias no solo encontrar la cura, sino rehacerse en sociedades productivas, políticamente viables, y con un sistema educativo que enseñe lo que son las cosas, pero a la par, también, cómo prevenir los problemas de salud a partir del lavado del cuerpo, la noción del otro y unas condiciones ambientales amigables. O sea, que luego de una pandemia, la educación debe revisarse y centrarse en el cuidado de la vida (condiciones para vivir) y en la ética, que enseña el comportamiento.

Y si bien desde Louis Pasteur (el creador de las vacunas) cada vez que aparece una enfermedad la gente está pendiente de la vacuna (que previene) o de la cura, lo cierto es que una vacuna tarda años en logar ser efectiva (por eso no hay todavía una contra el Sida y la de la Malaria está en veremos) y la cura a veces compromete otros órganos, generando enfermedades marginales. Lo anterior quiere decir que dependemos de una educación correcta, de saber vivir con el entorno, de construir comunidades sanas y que, si la vacuna funciona, tenga como lema la prevención y las condiciones de higiene necesarias para haya control de las enfermedades. No es solo un chuzón de jeringa o tres gotas de líquido. La educación viene con ella.

Descendemos de gente que pasó por la peste (o la plaga), las guerras y las hambrunas, y que, al terminar el mal, reflexionaron y asumieron disciplinas de control, vieron con mejores ojos al otro y adelantaron en sistemas productivos y políticos para generar una vida más digna. Esto pasó después de la Segunda Guerra Mundial (que, a más de asesinatos en masa, también generó plagas), por ejemplo. Salimos de ahí convertidos en nuevos hombre y mujeres, pero con el tiempo se nos fueron olvidando los compromisos, se relajaron las disciplinas y, desconociendo que la política es el cuidado del otro (y por ello es el manejo de la ciudad o la comunidad), regresamos al mundo del que estábamos huyendo, empujados por la codicia, la envidia, el rencor y el querer ser otros y no nosotros. Y con este regreso al desorden, reapareció la peste, hoy en forma de coronavirus. ¿Y qué pasó? En términos de Gabriel García Márquez, nos volvió a invadir la enfermedad del olvido, que es la peor de todas porque creemos que las cosas pasan por primera vez y no que ya pasaron antes. Y como olvidamos, volvemos a encontrar, después de muchas luchas, lo que ya se había encontrado en las pandemias anteriores: que los hombres y mujeres sean dignos entre ellos y que a la naturaleza hay que respetarla.

MEMO ANJEL

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La anexión israelí ya está aquí

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El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, anunció el sábado que se ha formado un equipo de expertos de Estados Unidos e Israel con el fin de desarrollar un mapa preciso sobre la Cisjordania ocupada que permitirá la anexión unilateral de los territorios palestinos que ambiciona Israel.

“Estamos haciendo un mapa de las tierras que formarán parte de Israel de acuerdo con el plan de Trump”, dijo Netanyahu según el periódico The Jerusalem Post. “Esto no nos llevará mucho tiempo (…) lo haremos en unas pocas semanas”.

Una fuente diplomática estadounidense confirmó que Washington está en “estrecho contacto” con el gobierno israelí en esta materia.

En un mitin electoral celebrado en la colonia judía de Maale Adumim, al este de Jerusalén, Netanyahu avanzó que la próxima anexión de territorios palestinos incluirá todos los asentamientos judíos que hay en Cisjordania así como el Valle del Jordán, que representa aproximadamente una tercera parte de Cisjordania.

Desde que Israel ocupó Cisjordania, en la guerra de 1967, la expansión colonial nunca se ha detenido. Año a año, mes a mes y día a día, Israel ha ido construyendo una tupida red de colonias con el objetivo de crear una situación irreversible mientras la comunidad internacional, y especialmente la Unión Europea, ha permanecido paralizada.

Los nacionalistas y los fundamentalistas israelíes están presionando a Netanyahu para que proceda a la anexión antes de las elecciones del 2 de marzo.

A tres semanas de los comicios no está claro si la anexión se producirá antes o después del 2 de marzo, pero toda la clase política israelí considera que es inminente y no tardará en consumarse más de algunas semanas a lo sumo.

El martes pasado Josep Borrell dijo que la UE responderá a una acción unilateral israelí en ese sentido. Sin embargo, los israelíes dudan de que la UE adopte medidas de represalia puesto que “varios países” europeos apoyan el plan de Trump y se oponen a la adopción de cualquier medida de castigo.

https://blogs.publico.es/balagan/