Por qué le debemos la existencia de quesos y yogures a la mosca de la fruta

Una nueva investigación demuestra que la levadura de leche tuvo su origen en el encuentro fortuito entre una mosca de la fruta y un cubo de leche hace unos 5.500 años.

Murió para que pudiéramos comer queso.
Murió para que pudiéramos comer queso. Shutterstock / Vasekk

Los historiadores a menudo sitúan el origen de la civilización humana hace 10.000 años, cuando las tribus del Neolítico se hicieron sedentarias y comenzaron a cultivar la tierra en el Creciente Fértil, una región que se extiende por buena parte de lo que hoy conocemos como Oriente Próximo. Los pueblos prehistóricos desarrollaron cultivos para obtener las cosechas de cereales que aún hoy sembramos.

En la cordillera de los Zagros, que atraviesa Irán, Irak y Turquía, criaron variedades domésticas de ovejas, cabras y vacas a partir de sus parientes salvajes, lo que permitió asegurar un suministro estable de carne y leche. Pero aproximadamente en la misma época en que se domesticaban plantas y animales para su explotación, y mucho antes de que se tuviera cualquier noción de la existencia de vida microscópica, los primeros humanos también estaban domesticando microbios.

En un artículo publicado en Current Biology demostramos que la levadura de leche (ese útil microorganismo capaz de descomponer la lactosa de la leche para elaborar productos lácteos como el queso y el yogur) tuvo su origen en el encuentro fortuito entre una mosca de la fruta y un cubo de leche hace unos 5.500 años. Este afortunado accidente permitió que los pueblos prehistóricos domesticaran la levadura de modo similar a como lo habían hecho con los cultivos y los ganados, y que empezaran a producir los quesos y yogures de los que hoy disfrutan miles de millones de personas.

Por qué le debemos la existencia de quesos y yogures a la mosca de la fruta

Las células de la levadura de leche tienen una forma alargada y ovalada. Aquí aparecen rodeadas por células bacterianas con forma de bastoncillo. Loughlin Gethins & Suzanne Crotty, UCC, Author provided

La dieta domesticada

La domesticación es una evolución dirigida por el ser humano. Los granjeros, después de que sus parientes primitivos establecieran los primeros cultivos, obtuvieron unos frutos que poseían propiedades beneficiosas para las futuras cosechas.

Tomemos como ejemplo los cultivos de trigo. Las variedades cultivadas producían muchas más semillas que las salvajes, y lo hacían porque provenían de semillas que eran granos cosechados por el ser humano.

Los primeros granjeros cultivaban por pares las espigas de trigo que producían mucho grano. Lo hacían de forma deliberada, para que sus frutos heredaran esas características. Y debido a que a lo largo de las generaciones se mantuvo esta práctica de plantar por pares, se fueron creando unos descendientes vegetales ricos en grano.

Se trata de la supervivencia del más apto, pero aquí los más aptos son las variantes que poseen características beneficiosas para el ser humano. El lobo, desconfiado y agresivo, se convierte en perro, amistoso y obediente.

Los granjeros del Neolítico tropezaron con la práctica de la domesticación de microbios cuando intentaron preservar la comida fermentándola.

La fermentación depende de microbios como las bacterias, las levaduras y los hongos microscópicos que incrementan la acidez de los alimentos para evitar que se deterioren. Los microbios que resultaban eficaces para la elaboración de productos fermentados sabrosos y sanos se mantenían para elaborar la siguiente tanda de productos, de tal forma que estos microbios beneficiosos fueron perfeccionados y domesticados.

La levadura de cerveza (Saccharomyces cerevisiae) fue un microbio tomado del medio natural para elaborar cerveza, vino y otras bebidas fermentadas hace 13.000 años.

Podemos encontrar la Kluyveromyces lactis o levadura de leche en quesos franceses e italianos realizados a partir de leche no pasteurizada, y también en bebidas lácteas de fermentación natural como el kéfir. Pero el ancestro de este microbio estaba en primer término asociado a la mosca de la fruta. Entonces, ¿cómo es posible que terminara produciendo muchos de los productos lácteos que hoy consumimos?

Creemos que la levadura de leche debe su existencia a una mosca que cayó en leche fermentada y con ello desencadenó un intercambio sexual poco corriente. La mosca en cuestión era la mosca de la fruta común (Drosophila), que llevaba consigo la antecesora de la K. lactis. A pesar de que la mosca murió, la levadura apareció… solo que con un problema: no podía usar la lactosa de la leche como fuente de alimento. En lugar de ello, encontró una solución no convencional: tener sexo con su prima.

Por qué le debemos la existencia de quesos y yogures a la mosca de la fruta

El ser humano empezó a fermentar leche para elaborar quesos y yogures hace unos 6.000 años. Margouillat photo/Shutterstock

Cuando la K. lactis llegó de la mano de la mosca, su prima, la K. marxianus, ya se estaba criando felizmente en la leche. La K. marxianus es capaz de nutrirse de la lactosa debido a que posee dos proteínas adicionales que le ayudan a descomponer la lactosa en azúcares simples, de los que sí puede obtener energía. Las primas se reprodujeron y los genes necesarios para nutrirse de la lactosa pasaron de la K. marxianus a la K. lactis. El resultado final fue que la K. lactis adquirió dos nuevos genes que le permitieron criarse en la lactosa y sobrevivir por sí misma. El producto fermentado que produjo la K. lactis debió ser tan delicioso que fue usado para comenzar una nueva fermentación (una rutina que se extiende hasta hoy).

Creemos que hace 6.000 años los granjeros ya usaban leche fermentada de cabra y de oveja para preparar bebidas deliciosas como el yogur y el kéfir. Sabemos que los animales capaces de producir leche (vacas, ovejas, cabras) fueron domesticados hace entre 8.000 y 10.000 años. Y los análisis de restos de tartar encontrados entre los dientes de seres humanos demuestran que hace unos 5.500 años éstos ya consumían leche, casi siempre en la forma de quesos u otros productos fermentados. Todo esto fue posible gracias al encuentro casual entre dos especies de levadura y a una pizca de sexo prohibido.

¿Quién podía haber imaginado que una serie de hechos tan sumamente aleatorios terminarían produciendo una de las más apreciadas delicatesen del mundo?

John Morrissey, Lecturer in Microbiology, University College Cork

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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¿ES POSIBLE CAPTURAR AL VIENTO (Y FOTOGRAFIARLO)?

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La artista Rachel Cobb se dio a la hermosa e impensable tarea de fotografiar al viento. Este es el resultado…

Es imposible verlo y a veces olvidamos sentirlo. El viento sopla, acaricia, susurra, viaja, ruge y, a veces, azota. Pero es su cualidad invisible (esa que imita la irrealidad) lo que hace que fotografiarlo sea una verdadera hazaña. Hacer un retrato del viento es una misión prácticamente imposible, pero la fotógrafa Rachel Cobb logró captar este portento meteorológico en una brillante colección de imágenes titulada Mistral, el proyecto personal que la ha ocupado los últimos 20 años.

A lo largo de nuestra historia, hemos desarrollado una hermandad con el viento: navegamos, producimos energía, volamos y nos comunicamos con su ayuda. El viento es misterioso porque lo sentimos, lo escuchamos y hasta lo podemos oler, pero nunca verlo: ahí el homenaje de esta fotógrafa.

Para Cobb, la mejor manera de capturar lo incapturable fue retratar cómo el viento afecta a los elementos de la vida cotidiana: los objetos, las personas, los cielos, las telas, los animales. A través de los ojos de la artista es posible ver cómo el viento sacude la crin de un caballo, a personas que intentan caminar a la intemperie a pesar del vendaval, las formas y pliegues del velo de una novia fuera de la iglesia, los cabellos de una persona alborotados por el viento. La proeza de Cobb es una combinación de paciencia, habilidad y comprensión del viento: solamente de esta manera ella logra revelar un fenómeno invisible.

El nombre de esta colección proviene del mistral, nombre del viento del norte que sopla desde el Mediterráneo hacia el mar, y que se caracteriza por ser frío, seco y violento; este fenómeno, además, no presenta un patrón o ritmo descifrable. El haber vivido en Lyon durante muchos años, tocada por este aire particular, dio a la artista la inspiración necesaria. Después de dos décadas de existir, el proyecto ha sido expuesto de dos maneras, en forma de exhibición y como proyecto editorial —ambos bajo el mismo nombre: Mistral The Legendary Wind of Provence.

El arte (como el viento) tiene la sublime capacidad de afectarnos de forma invisible, de cambiar nuestra forma de ver y sentir: después del viento (y después del arte) nada es igual. Así, el trabajo fotográfico de Rachel Cobb es una invitación a notar eso que nos rodea todo el tiempo y que está lleno de poder, un trabajo de traducción visual que requirió una sensibilidad especial y años, muchos años, de observación. Movimiento, masa, aire y presión atmosférica, al observar sus fotografías casi es posible sentir el viento.>

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 Imágenes: Rachel Cobb

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Cambio climático y militarismo

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Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Mientras continúe prevaleciendo el capitalismo como sistema económico el cambio climático es irreversible y el colapso planetario irremediable.

Para algunos puede parecer una exageración, pues los capitalistas pueden reaccionar y enmendar su afán desmesurado de lucro y reducir las plusvalías que obtienen hasta un nivel aceptable que no produzca el deterioro de la naturaleza.

¿Es esto posible? A mi parecer ¡No! Porqué aunque algunos capitalistas razonables lo hagan, seguro que habrá otros que no lo harán, y más en un mundo en el que actúan intereses tan contrapuestos hasta el extremo que se enfrentan en guerras económicas y cuando éstas no son suficientes, de las otras, con ejércitos. Pues, aunque algunos obedezcan a intereses nacionales y hagan caso de sus gobiernos, otros, los más potentes, las corporaciones transnacionales, como ya se ha visto con la globalización, sus intereses son planetarios y se dedican a mercantilizar todo lo extraíble de la naturaleza, tierra, mar y personas. Con lo cual, el colapso es inevitable, pues el afán de lucro es intrínseco a su naturaleza.

Las emisiones de carbono a la atmósfera se han acelerado desde la llegada del sistema de vida implantado por el capitalismo, donde prima un consumo descontrolado. Para llevarlo a cabo se necesita del expolio continuo de recursos no renovables que, en su explotación y conversión en manufacturas emiten gases que producen el calentamiento de la atmósfera y el efecto invernadero. Que va acompañado de un trasiego incesante de millones de personas que se trasladan de un lado a otro sin otro objetivo que vagabundear por todos los continentes consumiendo energías, también, no renovables. También de explotaciones agropecuarias con una agricultura y ganadería intensiva que utilizan fertilizantes y productos químicos muy agresivos para el medio ambiente. Además de una minería extractiva muy contaminante de suelos y aguas. O la pesca intensiva que esquilma los mares.

Unas y otros producirán el adelgazamiento o desaparición de glaciares, polos, el aumento del nivel de los mares, la desertización de múltiples territorios, el retroceso de las tierras fértiles, la escasez de agua potable y grandes trastornos del clima con devastadoras catástrofes naturales. Una multiplicidad de situaciones que producirán migraciones masivas de personas, graves conflictos, algunos de los cuales desembocarán en guerras.

¿Y cual es la respuesta que el capitalismo y sus estados darán? Aquello que algunos han denominado ecofascismo. Una combinación de autoritarismo y represión para preservar un nivel de bienestar suficiente para sus poblaciones, aunque con niveles diferentes entre las elites y las clases populares.

Y en esa situación estamos. Para hacer frente a las consecuencias de la hecatombe que se aproxima, los estados enriquecidos se preparan con un fortalecimiento de sus fronteras, pues prevén la llegada millonaria de los empobrecidos. Así lo indican las estrategias de seguridad de los países enriquecidos. Y ante ello, ¿cómo actúan? Observemos Europa. La Unión Europea, mantiene misiones militares patrullando en el Mediterráneo para la lucha “supuestamente” contra el yihadismo, la Sea Guardian, con fragatas, submarinos, patrulleros y aviones cuando la realidad es que están controlando las migraciones.

Por otro lado, la UE tiene FRONTEX, la agencia para el control de fronteras con un presupuesto de 288 millones de euros en 2018 y provista con material militar para rechazar la llegada de migrantes. Una agencia que desde 2010 ha efectuado hasta 400 vuelos de deportación de migrantes. Además, paga a los gobiernos de Turquía, Libia y Marruecos para que impidan el paso de transeúntes hacia Europa.

España, por su parte, mantiene la Operación Sophia con una fragata y 259 militares contra el tráfico de seres humanos, el control de refugiados y el rescate de migrantes que intentan cruzar desde la costa africana. Y la Guardia Civil española en el Mediterráneo colabora en cuatro operaciones de control de migrantes: Hera, Indalo, Tritón y Poseidón.

Los refugiados y las guerras

Según los datos de refugiados de ACNUR, en 2017 hubo 68,4 millones de desplazados y refugiados, 3,5 millones más que en 2016. Y en 2018, fueron 70,2 millones, 2,3 millones más que en 2017. De todos los cuales uno de cada dos refugiados eran niñas/niños. El 85% provenían de países empobrecidos, y el 58% de esos refugiados/desplazados provenían de países en guerra.

Guerras que provocan millones de refugiados: de Siria, 6,3 millones; de Afganistán; 2,6 millones; de Sudán del Sur 2,4 millones: de Somalia, 900.000; de Sudán (del Norte), 700.000; de R.D. Congo, 600.000; de República Centroafricana 500.000; de Eritrea, 500.000; de Burundi, 400.000. Sin olvidar los 5,5 millones de refugiados producto de la guerra de Israel en Palestina.

¿Y quiénes son los que alimentan esas guerras mediante ayuda militar y ventas de armas?

Los principales exportadores de armas en 2018 vendieron 95.000 millones de dólares fueron: Estados Unidos, el 33%; UE, en su conjunto el 25%; Rusia, el 23%; China, 6,2%; y España obtuvo el deshonroso séptimo lugar mundial.

La UE exportó armas a Oriente Medio por valor de 20.302 M€ desde 2005 a 2014; al Norte África por valor de 4.464 M€.

¿Y España cuántas vendió? En Oriente Medio en el año 2017, 754 millones; y entre 2008 a 2017, incluida Turquía, 4.830 M€, entre un 15% y un 24% según los años del total de sus exportaciones a países como Arabia Saudita, Turquía, Emiratos Árabes Reunidos, Irak, Egipto, Omán, Catar, Bahréin…

Sí el nivel de desarrollo de los países enriquecidos es el causante del cambio climático y por ende de las migraciones, a los que se suman los refugiados de las guerras que el modelo produce. Entonces, el capitalismo es el causante del apocalipsis que se avecina. Conclusión: ¡Socialismo o barbarie!

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La música sí es el lenguaje universal de la humanidad

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La canciones de amor, las de baile y las nanas exhiben los mismos patrones en diferentes culturas en todo el mundo, según un gran estudio de científicos de Harvard

Una madre de Hokkaido en Japón canta a su hijo una canción de cuna antes de dormir. Otra sami hace lo propio en Laponia. Y entre el pueblo nyangatom, en Etiopía, se tranquiliza a los pequeños con una melodía. Los niños podrían intercambiarse y sentirían el mismo efecto calmante de las canciones, aunque no pertenezcan a su cultura. Porque todas ellas mantienen patrones similares que convierten a la música en un lenguaje universal.

No es un cliché. Científicos de Harvard han comprobado con grabaciones musicales de 315 culturas realizadas durante un siglo que las canciones de danza, de amor y las nanas son muy parecidas con independencia de la cultura que las ha creado. Es decir, sus funciones sociales podrían predecirse a partir de sus características musicales en cualquier sociedad del mundo.

Durante un período de cinco años, el equipo buscó cientos de grabaciones en bibliotecas y colecciones privadas de antropólogos y etnomusicólogos de diferentes países. Vinilos, cintas de casete, CD y grabaciones digitales fueron acompañados de un corpus de material etnográfico que contiene casi 5.000 descripciones de canciones de 60 sociedades humanas que abarcan 30 regiones geográficas distintas. Para la discografía, recolectaron 118 canciones de un total de 86 culturas, cubriendo nuevamente 30 regiones geográficas. Los autores llamaron a esta base de datos «La Historia Natural de la Canción».

Con la ayuda de músicos, científicos de datos, psicólogos, lingüistas y politólogos, sus conclusiones, publicadas esta semana en la revista «Science», representan el estudio más ambicioso del equipo sobre la música. «Ahora podemos respaldar el dicho de que la música es universal», asegura Samuel Mehr, miembro de la Iniciativa de Ciencia de Datos de Harvard e investigador asociado en psicología.

El equipo codificó la etnografía y la discografía que conforman la Historia Natural de la Canción en docenas de variables. Registraron detalles sobre cantantes y miembros de la audiencia, la hora del día, la duración del canto, la presencia de instrumentos y más detalles de miles de pasajes sobre canciones en el corpus etnográfico.

El amor y la curación

Descubrieron que, en todas las sociedades, la música se asocia con comportamientos como el cuidado infantil, la curación, la danza y el amor (entre muchos otros, como el luto, la guerra, las procesiones y los rituales), y que estos comportamientos no son muy diferentes de una sociedad a otra. Al examinar canciones de cuna, canciones curativas, canciones de baile y canciones de amor en particular, descubrieron que tienden a tener características musicales similares con independencia de dónde procedan.

«Las canciones de cuna y de baile son omnipresentes y también son muy estereotipadas», dice Manvir Singh, del departamento de Biología Evolutiva Humana de Harvard. «Para mí, las canciones de baile y las nanas tienden a definir el espacio de lo que puede ser la música. Hacen cosas muy diferentes con características que son casi opuestas entre sí». A su juicio, los patrones profundos de la música demuestran que la cultura humana en todas partes está construida a partir de componentes psicológicos comunes.

Para Mehr, quien comenzó su vida académica en educación musical, el estudio busca desbloquear las reglas que rigen la «gramática musical». Esa idea se había infiltrado entre los teóricos de la música, los lingüistas y los psicólogos de la música durante décadas, pero nunca se había demostrado en todas las culturas.

«En teoría de la música, a menudo se supone que la tonalidad es un invento de la música occidental, pero nuestros datos plantean la posibilidad controvertida de que podría ser una característica universal de la música», dice. «Eso plantea preguntas apremiantes sobre la estructura que subyace a la música en todas partes, y si nuestras mentes están diseñadas y cómo para hacer música».

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Sánchez y la novena ley de Murphy

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Como todo lo que puede salir mal, sale mal, la tostada de la repetición electoral le ha caído a Pedro Sánchez por el lado de la mantequilla y nos ha dejado la alfombra con una mancha de ultraderecha que será muy difícil de eliminar, si es que alguna vez se logra. Lo de nuestro galán de la Moncloa no tiene disculpa porque estaba avisado él y el maquiavelito que le hace de edecán y le vende el crecepelo. Como decía Pablo Iglesias, que también se ha lucido, se duerme peor con 52 diputados de Vox que con ministros de Podemos en el Gobierno. Lo imperdonable de todo esto es que haya logrado contagiar el insomnio a tres cuartas partes del país.

Las elecciones del domingo no sólo han sido un drama para Rivera, que anoche sugería que se iba sin irse, en la línea habitual de girar a lo loco sobre su propio eje. Al veleta de Ciudadanos se le ha desplomado la torre del campanario y no le queda otra que hacer mutis este mismo lunes sin demora. Su responsabilidad política no se circunscribe a Ciudadanos sino que cabe atribuirle una importancia decisiva en la efervescencia de la extrema derecha, a la que ha dado de comer de su mano hasta ser devorado por la bestia. Ha sido además el mamporrero de un PP que hoy respira gracias a su estulticia. Cuando finalmente se oficie su funeral no faltará una corona con una banda morada en la que se lea aquello de ‘Albert, la derecha no te olvida’.

Como se decía, todos se han dejado jirones menos las huestes de Don Pelayo, a los que les hemos hecho el traje y con lo que sobraba una rebequita, y el independentismo al que se quería contener. Ha perdido el PSOE, que con sus cálculos partidistas ha regalado su mayoría absoluta en el Senado y ha provocado que hoy España sea mucho más ingobernable que ayer; ha fracasado Unidas Podemos, que en algún momento tendrá que preguntarse por qué no deja de retroceder en cada convocatoria y por qué el bloqueo le ha girado una factura más elevada que a los socialistas; lo ha hecho también el PP, que limita su subida a recoger los restos del naufragio de Rivera y que ve por estribor cómo su hijo pródigo no surca el mar sino vuela a su encuentro con el cuchillo entre los dientes; y fracasa Errejón, que dice haber plantado una semillita pero vete a saber tú cómo le crece el geranio.

La gran derrotada es la izquierda, pero no sólo porque el bloque se deja siete escaños mientras la derecha avanza dos. Los resultados afianzan, esta vez sí, la posibilidad de una gran coalición entre PSOE y PP ante el temor de otra repetición electoral que ninguna democracia seria puede permitirse. Casado ya dejó la puerta abierta al explicar que estaba a la espera de lo que Sánchez planteara, mientras este se limitó a afirmar que la democracia convocaba a todos los partidos a actuar con generosidad para desbloquear situación. Su “sí o sí vamos a conseguir un Gobierno progresista” no aleja esta posibilidad porque con el PSOE la experiencia demuestra que es progresista o de izquierdas todo lo que hace, desde bajar los impuestos a los ricos hasta pactar con el PP, como puede ser el caso. Es la novena ley de Murphy.

Formar Gobierno desde la izquierda requeriría no sólo que Sánchez e Iglesias se pusieran de acuerdo, lo que viene siendo casi un milagro, sino el concurso, ya sea por acción o por abstención de ERC, algo que, como ya advirtió en su día Gabriel Rufián, era posible en septiembre pero se torna complicadísimo tras la sentencia del procés. No sería descartable que Sánchez mandase al tinte su terno de españolazo y se enfundara el de federalista, pero es más complicado que los republicanos, con unas elecciones catalanas en el horizonte, acepten pasar por traidores ante la grey independentista.

El auge de Vox merece una reflexión aparte. Desmiente por un lado esa absurda premisa de que los españoles son sabios cuando votan y confirma que el discurso del odio tiene un público numeroso. Abascal, que puede ser facha sin ser completamente tonto, ya empezó en la campaña a hacer guiños a los votantes de izquierdas en un giro radical a su naturaleza neofranquista, católica y cañí. La ultraderecha europea encontró su gran nicho en las clases más populares, que son las más permeables a los mensajes de que los inmigrantes con los que conviven les quitan el trabajo y las ayudas sociales. En esa línea es en la que está ahora. Todo está inventado.

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Los obispos también votan

Anda el obispero católico apostólico español bastante revolucionado ante los excelentes resultados que anuncian los sondeos para la ultraderecha en las próximas elecciones. Por lo visto, el cardenal Rouco Varela está moviendo los hilos para que la Iglesia española vuelva a entrar en política. Como si se hubieran marchado alguna vez, que desde las novelas de Galdós hasta los chistes de Gila andan siempre metiéndose en todos los fregados y dando al César lo que es de Dios y a Dios lo que es del César. Hace unos días, sin pasar siquiera una página, al prior del Valle de los Caídos sólo le faltó recibir a los marmolistas con una escopeta.

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Con Rouco hay que diferenciar muy bien entre la Iglesia, con mayúscula, la de las jerarquías, la pompa y el boato, y la iglesia con minúscula, la de andar por casa, el rebaño, la grey, los pobres de Cristo, ésos que citan en las homilías y de los que únicamente se ocupan algunos curas de barrio. Rouco es más de Opus Dei, e incluso de Opus Night, que para eso se retiró a darse la vida padre en un ático de lujo en la calle Bailén: no iba a ponerse a evangelizar chinos o a repartir comida y ropa en la parroquia.

No les bastan las radios, televisiones y periódicos financiados con capital católico. El pasado mes de julio, los obispos completaron el rescate de la ruinosa 13TV con casi noventa millones de euros a través de la casilla del IRPF. Siempre previsores, por si a alguno de sus feligreses no le alcanzara el dinero para el recibo de la luz y todavía albergara dudas de a quién votar en los comicios del domingo, quieren hacerlo también a la antigua usanza, desde el púlpito. Resulta cuando menos llamativo que la opción política favorita de los obispos vaya en contra de todas las enseñanzas evangélicas y los fundamentos cristianos básicos: ayudar a los desfavorecidos, dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Qué inmensa hipocresía utilizar a Cristo en nombre de un partido que criminaliza a los refugiados. ¿Qué eran el niño Jesús, su madre María y José sino refugiados en Egipto?

Este verano viajé a Alemania con mi novia, Virginia, en busca de las huellas de Bach, quizá el compositor más grande del orbe occidental, un hombre cuya vida estaba tan firmemente anclada en sus creencias religiosas que concebía la música como un servicio hacia Dios. Bach orquestó y dio voz a centenares de pasajes de la Biblia luterana con una convicción y una ternura que arranca las lágrimas incluso a ateos recalcitrantes como yo.

No tengo ni la menor idea de alemán, pero en la iglesia de Santo Tomás, en Leipzig, Virginia me contó que en el sermón que imparten a los fieles antes de la interpretación de una de sus cantatas, el clérigo les dijo que tuvieran mucho cuidado en las elecciones de septiembre con la opción política que iban a elegir, que nunca olvidaran que Jesucristo siempre está del lado de los desposeídos, de los desamparados, de la gente sin hogar. En la Cantata BWV 39, el coro canta: «Comparte tu pan con el hambriento y al pobre acógelo en tu casa. Cuando veas a un desnudo, vístelo, y no eludas a quien es tu propia carne. Entonces brillará tu luz como la aurora y tu adelanto será grande, y tu justicia irá delante de ti, y la gloria del Señor te tomará para sí». Conocida como «Cantata de los refugiados», Bach la escribió impresionado por la caridad de sus conciudadanos de Leipzig, quienes, a pesar de sus escasos recursos, ayudaban a la muchedumbre de protestantes expulsados de Salzburgo. El clérigo, por cierto, era una mujer.

DAVID TORRES

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Known unto God

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La soledad es una enfermedad propia nuestro tiempo. Es el tormento silencioso de millones de personas, estoy seguro. Cada vez mueren solas más personas. Lo tristísimo de esta situación es que nadie les echa de menos, ni siquiera desaparecen, nadie les recuerda antes de morir. En vida eran insignificantes así que no mueren para nadie. Algunas de estas personas -que han llegado al más alto grado de anonimidad- se descubren por el tufo de la putrefacción (la peste que despide la corrupción de nuestro cuerpo bastaría para aniquilar nuestra vanidad). Otros se encuentran por casualidad, momificados, años después de su muerte. En la vida masifiada se nos priva de la “muerte propia”, que decía Rilke ante la vista de un hospital parisino en Los cuadernos de Malte y en alguno de sus poemas. Antiguamente quien quería huir del mundo (hoy es imposible, la masa que somos es invasiva) se retiraba al yermo. Ya no hace falta: basta vivir en una colmena de una ciudad cualquiera, ni siquiera tiene por qué ser populosa. El ritmo de vida es tal que hasta en las ciudades de provincias se puede pasar inadvertido. El viento social nos arrastra como átomos dispersos. Hacinados, apilados en edificios grises y uniformes, unos miserables metros cuadrados son nuestra Tebaida. Nuestra tumba. “La República independiente de mi casa” como dice el slogan del felpudo de IKEA. Qué siniestra ironía. En las tumbas de soldados de la Commonwealth caídos en combate en la Primera Guerra Mundial y que no llegaron a identificarse la lápida reza: Known unto God (verso elegido por Kipling, leo en wikipedia). Podría escribirse eso en muchos buzones. Miro una de estas colmenas, celdas de eremitas sin Dios, edificios de ocho o diez plantas. Se oye el vuelo bajo de un avión, el rumor del tráfico. Me pregunto cuántos viven solos, acaso con la compañía de un perro o un gato. ¡Cuánta angustia, miedo, deseos frustrados, nostalgia, cansancio, fracaso caben en tanta insignificancia! ¿Es que ni siquiera ser insignificantes nos libra del dolor? ¿Ni ese remedio tenemos?          La vista es tan desoladora como la del Cementerio en la ciudad del poema de Luis Cernuda. Cambio ligeramente los versos finales:  …vivos anónimos.
Sosegaos, vivid; vivid, si es que podéis.
Acaso Dios también se olvida de vosotros

Publicado por Francisco Alba 

http://selvadevariaopinion.blogspot.com/