Sánchez y la novena ley de Murphy

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Como todo lo que puede salir mal, sale mal, la tostada de la repetición electoral le ha caído a Pedro Sánchez por el lado de la mantequilla y nos ha dejado la alfombra con una mancha de ultraderecha que será muy difícil de eliminar, si es que alguna vez se logra. Lo de nuestro galán de la Moncloa no tiene disculpa porque estaba avisado él y el maquiavelito que le hace de edecán y le vende el crecepelo. Como decía Pablo Iglesias, que también se ha lucido, se duerme peor con 52 diputados de Vox que con ministros de Podemos en el Gobierno. Lo imperdonable de todo esto es que haya logrado contagiar el insomnio a tres cuartas partes del país.

Las elecciones del domingo no sólo han sido un drama para Rivera, que anoche sugería que se iba sin irse, en la línea habitual de girar a lo loco sobre su propio eje. Al veleta de Ciudadanos se le ha desplomado la torre del campanario y no le queda otra que hacer mutis este mismo lunes sin demora. Su responsabilidad política no se circunscribe a Ciudadanos sino que cabe atribuirle una importancia decisiva en la efervescencia de la extrema derecha, a la que ha dado de comer de su mano hasta ser devorado por la bestia. Ha sido además el mamporrero de un PP que hoy respira gracias a su estulticia. Cuando finalmente se oficie su funeral no faltará una corona con una banda morada en la que se lea aquello de ‘Albert, la derecha no te olvida’.

Como se decía, todos se han dejado jirones menos las huestes de Don Pelayo, a los que les hemos hecho el traje y con lo que sobraba una rebequita, y el independentismo al que se quería contener. Ha perdido el PSOE, que con sus cálculos partidistas ha regalado su mayoría absoluta en el Senado y ha provocado que hoy España sea mucho más ingobernable que ayer; ha fracasado Unidas Podemos, que en algún momento tendrá que preguntarse por qué no deja de retroceder en cada convocatoria y por qué el bloqueo le ha girado una factura más elevada que a los socialistas; lo ha hecho también el PP, que limita su subida a recoger los restos del naufragio de Rivera y que ve por estribor cómo su hijo pródigo no surca el mar sino vuela a su encuentro con el cuchillo entre los dientes; y fracasa Errejón, que dice haber plantado una semillita pero vete a saber tú cómo le crece el geranio.

La gran derrotada es la izquierda, pero no sólo porque el bloque se deja siete escaños mientras la derecha avanza dos. Los resultados afianzan, esta vez sí, la posibilidad de una gran coalición entre PSOE y PP ante el temor de otra repetición electoral que ninguna democracia seria puede permitirse. Casado ya dejó la puerta abierta al explicar que estaba a la espera de lo que Sánchez planteara, mientras este se limitó a afirmar que la democracia convocaba a todos los partidos a actuar con generosidad para desbloquear situación. Su “sí o sí vamos a conseguir un Gobierno progresista” no aleja esta posibilidad porque con el PSOE la experiencia demuestra que es progresista o de izquierdas todo lo que hace, desde bajar los impuestos a los ricos hasta pactar con el PP, como puede ser el caso. Es la novena ley de Murphy.

Formar Gobierno desde la izquierda requeriría no sólo que Sánchez e Iglesias se pusieran de acuerdo, lo que viene siendo casi un milagro, sino el concurso, ya sea por acción o por abstención de ERC, algo que, como ya advirtió en su día Gabriel Rufián, era posible en septiembre pero se torna complicadísimo tras la sentencia del procés. No sería descartable que Sánchez mandase al tinte su terno de españolazo y se enfundara el de federalista, pero es más complicado que los republicanos, con unas elecciones catalanas en el horizonte, acepten pasar por traidores ante la grey independentista.

El auge de Vox merece una reflexión aparte. Desmiente por un lado esa absurda premisa de que los españoles son sabios cuando votan y confirma que el discurso del odio tiene un público numeroso. Abascal, que puede ser facha sin ser completamente tonto, ya empezó en la campaña a hacer guiños a los votantes de izquierdas en un giro radical a su naturaleza neofranquista, católica y cañí. La ultraderecha europea encontró su gran nicho en las clases más populares, que son las más permeables a los mensajes de que los inmigrantes con los que conviven les quitan el trabajo y las ayudas sociales. En esa línea es en la que está ahora. Todo está inventado.

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Los obispos también votan

Anda el obispero católico apostólico español bastante revolucionado ante los excelentes resultados que anuncian los sondeos para la ultraderecha en las próximas elecciones. Por lo visto, el cardenal Rouco Varela está moviendo los hilos para que la Iglesia española vuelva a entrar en política. Como si se hubieran marchado alguna vez, que desde las novelas de Galdós hasta los chistes de Gila andan siempre metiéndose en todos los fregados y dando al César lo que es de Dios y a Dios lo que es del César. Hace unos días, sin pasar siquiera una página, al prior del Valle de los Caídos sólo le faltó recibir a los marmolistas con una escopeta.

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Con Rouco hay que diferenciar muy bien entre la Iglesia, con mayúscula, la de las jerarquías, la pompa y el boato, y la iglesia con minúscula, la de andar por casa, el rebaño, la grey, los pobres de Cristo, ésos que citan en las homilías y de los que únicamente se ocupan algunos curas de barrio. Rouco es más de Opus Dei, e incluso de Opus Night, que para eso se retiró a darse la vida padre en un ático de lujo en la calle Bailén: no iba a ponerse a evangelizar chinos o a repartir comida y ropa en la parroquia.

No les bastan las radios, televisiones y periódicos financiados con capital católico. El pasado mes de julio, los obispos completaron el rescate de la ruinosa 13TV con casi noventa millones de euros a través de la casilla del IRPF. Siempre previsores, por si a alguno de sus feligreses no le alcanzara el dinero para el recibo de la luz y todavía albergara dudas de a quién votar en los comicios del domingo, quieren hacerlo también a la antigua usanza, desde el púlpito. Resulta cuando menos llamativo que la opción política favorita de los obispos vaya en contra de todas las enseñanzas evangélicas y los fundamentos cristianos básicos: ayudar a los desfavorecidos, dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Qué inmensa hipocresía utilizar a Cristo en nombre de un partido que criminaliza a los refugiados. ¿Qué eran el niño Jesús, su madre María y José sino refugiados en Egipto?

Este verano viajé a Alemania con mi novia, Virginia, en busca de las huellas de Bach, quizá el compositor más grande del orbe occidental, un hombre cuya vida estaba tan firmemente anclada en sus creencias religiosas que concebía la música como un servicio hacia Dios. Bach orquestó y dio voz a centenares de pasajes de la Biblia luterana con una convicción y una ternura que arranca las lágrimas incluso a ateos recalcitrantes como yo.

No tengo ni la menor idea de alemán, pero en la iglesia de Santo Tomás, en Leipzig, Virginia me contó que en el sermón que imparten a los fieles antes de la interpretación de una de sus cantatas, el clérigo les dijo que tuvieran mucho cuidado en las elecciones de septiembre con la opción política que iban a elegir, que nunca olvidaran que Jesucristo siempre está del lado de los desposeídos, de los desamparados, de la gente sin hogar. En la Cantata BWV 39, el coro canta: «Comparte tu pan con el hambriento y al pobre acógelo en tu casa. Cuando veas a un desnudo, vístelo, y no eludas a quien es tu propia carne. Entonces brillará tu luz como la aurora y tu adelanto será grande, y tu justicia irá delante de ti, y la gloria del Señor te tomará para sí». Conocida como «Cantata de los refugiados», Bach la escribió impresionado por la caridad de sus conciudadanos de Leipzig, quienes, a pesar de sus escasos recursos, ayudaban a la muchedumbre de protestantes expulsados de Salzburgo. El clérigo, por cierto, era una mujer.

DAVID TORRES

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Known unto God

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La soledad es una enfermedad propia nuestro tiempo. Es el tormento silencioso de millones de personas, estoy seguro. Cada vez mueren solas más personas. Lo tristísimo de esta situación es que nadie les echa de menos, ni siquiera desaparecen, nadie les recuerda antes de morir. En vida eran insignificantes así que no mueren para nadie. Algunas de estas personas -que han llegado al más alto grado de anonimidad- se descubren por el tufo de la putrefacción (la peste que despide la corrupción de nuestro cuerpo bastaría para aniquilar nuestra vanidad). Otros se encuentran por casualidad, momificados, años después de su muerte. En la vida masifiada se nos priva de la “muerte propia”, que decía Rilke ante la vista de un hospital parisino en Los cuadernos de Malte y en alguno de sus poemas. Antiguamente quien quería huir del mundo (hoy es imposible, la masa que somos es invasiva) se retiraba al yermo. Ya no hace falta: basta vivir en una colmena de una ciudad cualquiera, ni siquiera tiene por qué ser populosa. El ritmo de vida es tal que hasta en las ciudades de provincias se puede pasar inadvertido. El viento social nos arrastra como átomos dispersos. Hacinados, apilados en edificios grises y uniformes, unos miserables metros cuadrados son nuestra Tebaida. Nuestra tumba. “La República independiente de mi casa” como dice el slogan del felpudo de IKEA. Qué siniestra ironía. En las tumbas de soldados de la Commonwealth caídos en combate en la Primera Guerra Mundial y que no llegaron a identificarse la lápida reza: Known unto God (verso elegido por Kipling, leo en wikipedia). Podría escribirse eso en muchos buzones. Miro una de estas colmenas, celdas de eremitas sin Dios, edificios de ocho o diez plantas. Se oye el vuelo bajo de un avión, el rumor del tráfico. Me pregunto cuántos viven solos, acaso con la compañía de un perro o un gato. ¡Cuánta angustia, miedo, deseos frustrados, nostalgia, cansancio, fracaso caben en tanta insignificancia! ¿Es que ni siquiera ser insignificantes nos libra del dolor? ¿Ni ese remedio tenemos?          La vista es tan desoladora como la del Cementerio en la ciudad del poema de Luis Cernuda. Cambio ligeramente los versos finales:  …vivos anónimos.
Sosegaos, vivid; vivid, si es que podéis.
Acaso Dios también se olvida de vosotros

Publicado por Francisco Alba 

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Patología

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Casi todos los días paso al lado del pequeño río que cruza una población en la que no vivo pero trabajo. Como el trabajo no es vida sino que es algo que hacemos para “ganarnos la vida” parece pertinente esa diferencia. Confieso que no soy de esas personas que siempre han hecho lo que han querido.      El pequeño río trae una suficiente corriente de agua, está encauzado por muros de unos 2 metros de altura. Entre las piedras, en algún remanso, hay patos. Debo de sentir una extraña pasión por estas aves. Me llaman mucho la atención. Son animales muy graciosos. Yo me quedo a menudo mirándolos, me paro para observarlos. Estoy seguro de que un niño asociaría este pueblo con sus patos. Ellos nadan con elegancia, vuelan muy bien -un vuelo nervioso, agitan muy rápido las alas- andando son muy torpes. Graciosa torpeza. Hay personas a las que les pasa algo semejante: se manejan mal en sociedad -que sería como ir a ras de suelo- pero en su pensamiento -en el vuelo del pensamiento- pueden estar conversando con Platón. Como elAlbatros, de Baudelaire.        Si esta atracción por los patos es motivo de tratamiento declaro que tengo una patología.

Publicado por Francisco Alba 

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LA CARTA QUE EL JEFE INDIO SEATTLE ENVIÓ AL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

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En 1854, el presidente de Estados Unidos quiso comprar el territorio de los indios Suwamish. Esta es la respuesta que recibió del jefe Seattle…

Poesía y política son esferas opuestas del saber humano. Cada una de ellas orbita en torno a problemas que, si bien pueden en ocasiones permearse, pertenecen a ámbitos esencialmente separados. La poesía, en su devenir histórico, ha estado frecuentemente tentada de ofrecer su cuerpo evanescente a la refriega bélica, sacrificando su substancia al bien común y desecándose en solar inhóspito de las ideologías. Es muy posible, como afirmó alguna vez Octavio Paz, que ningún poeta haya visto robustecerse su poesía por poner esta al servicio de una idea política. Pero sucede que, a veces, la poesía da muestras de un potencial inusualmente movilizador, y que su fuerza evocadora surte inesperadamente un efecto desestabilizador en las rígidas estructuras del utilitarismo. La carta que aquí ofrecemos es un claro ejemplo de esto.

Sucedió en 1854. El decimocuarto presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, de tendencia esclavista y expansionista, envió una carta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste que hoy forman el estado de Washington. La respuesta del jefe indio no se hizo esperar. Ese mismo año dio un discurso dirigido al gobernador territorial Isaac I. Stevens, conocido hoy como la Respuesta del jefe Seattle.>

LA  CARTA QUE EL JEFE INDIO SEATTLE ENVIÓ AL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

Aunque existen dudas razonables acerca de la fidelidad de la traducción, podemos inferir del tono general de la charla un profundo conocimiento de la vida y del hombre, emanado de las primitivas reservas de sabiduría del corazón humano. Convertida en la década de los setenta en una suerte de manifiesto del movimiento ecologista, la carta hace hincapié, en un ejemplo de excelsa humildad, en la conexión primordial del hombre con la naturaleza y alerta, de manera casi profética, de las consecuencias inexorables de la actitud occidental frente a esta.

Lo que debía ser una simple respuesta a una oferta de compra, adquirió el carácter de un texto poético que es leído hoy con delectación y estupor por todos aquellos que se acercan a él. Las preocupaciones del jefe indio Seattle continúan siendo nuestras preocupaciones. La nostalgia por el mundo perdido que se revela en sus afirmaciones continúa siendo la nuestra. Sus palabras son todavía una lección por aprender:

El gran jefe de Washington manda palabras, quiere comprar nuestras tierras. El gran jefe también manda palabras de amistad y bienaventuranzas. Esto es amable de su parte, puesto que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra amistad. Pero tendremos en cuenta su oferta, porque estamos seguros de que si no obramos así, el hombre blanco vendrá con sus pistolas y tomará nuestras tierras. El gran jefe de Washington puede contar con la palabra del gran jefe Seattle, como pueden nuestros hermanos blancos contar con el retorno de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas, nada ocultan.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea es extraña para mi pueblo. Si hasta ahora no somos dueños de la frescura del aire o del resplandor del agua, ¿cómo nos lo pueden ustedes comprar? Nosotros decidiremos en nuestro tiempo. Cada parte de esta tierra es sagrada para mi gente. Cada brillante espina de pino, cada orilla arenosa, cada rincón del oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto, es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente.

Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él, una porción de tierra es lo mismo que otra, porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemigo, y cuando él la ha conquistado sigue adelante. Él deja las tumbas de sus padres atrás, y no le importa. Así, las tumbas de sus padres y los derechos de nacimiento de sus hijos son olvidados. Su apetito devorará la tierra y dejará detrás un desierto. La vista de sus ciudades duele a los ojos del hombre piel roja. Pero tal vez es porque el hombre piel roja es un salvaje y no entiende. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades de los hombres blancos. Ningún lugar para escuchar las hojas en la primavera o el zumbido de las alas de los insectos.

Pero tal vez es porque yo soy un salvaje y no entiendo, y el ruido parece insultarme los oídos. Yo me pregunto: ¿qué queda de la vida si el hombre no puede escuchar el hermoso grito del pájaro nocturno, o los argumentos de las ranas alrededor de un lago al atardecer? El indio prefiere el suave sonido del viento cabalgando sobre la superficie de un lago, y el olor del mismo viento lavado por la lluvia del mediodía o impregnado por la fragancia de los pinos. El aire es valioso para el piel roja. Porque todas las cosas comparten la misma respiración, las bestias, los árboles y el hombre. El hombre blanco parece que no notara el aire que respira. Como un hombre que está muriendo durante muchos días, él es indiferente a su pestilencia.

Si yo decido aceptar, pondré una condición: el hombre blanco deberá tratar a las bestias de esta tierra como hermanos. Yo soy un salvaje y no entiendo ningún otro camino. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados por el hombre blanco que pasaba en el tren y los mataba por deporte. Yo soy un salvaje y no entiendo como el ferrocarril puede ser más importante que los búfalos que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué será del hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran, el hombre moriría de una gran soledad espiritual, porque cualquier cosa que le pase a los animales también le pasa al hombre. Todas las cosas está relacionadas. Todo lo que hiere a la tierra, herirá también a los hijos de la tierra. Nuestros hijos han visto a sus padres humillados en la derrota. Nuestros guerreros han sentido la vergüenza. Y después de la derrota convierten sus días en tristezas y ensucian sus cuerpos con comidas y bebidas fuertes.

Importa muy poco el lugar donde pasemos el resto de nuestros días. No quedan muchos. Unas pocas horas más, unos pocos inviernos más, y ninguno de los hijos de las grandes tribus que una vez existieron sobre esta tierra o que anduvieron en pequeñas bandas por los bosques, quedarán para lamentarse ante las tumbas de una gente que un día fue poderosa y tan llena de esperanza.

Una cosa sabemos nosotros y el hombre blanco puede un día descubrirla: Nuestro Dios es el mismo Dios. Usted puede pensar ahora que usted es dueño de él, así como usted desea hacerse dueño de nuestra tierra. Pero usted no puede. Él es el Dios del hombre y su compasión es igual para el hombre blanco que para el piel roja. Esta tierra es preciosa para él, y hacerle daño a la tierra es amontonar desprecio al su creador.

Los blancos también pasarán, tal vez más rápidos que otras tribus. Continúe ensuciando su cama y algún día terminará durmiendo sobre su propio desperdicio. Cuando los búfalos sean todos sacrificados, y los caballos salvajes amansados todos, y los secretos rincones de los bosques se llenen con el olor de muchos hombres ( y las vistas de las montañas se llenes de esposas habladoras), ¿dónde estará el matorral? Desaparecido. ¿Dónde estará el águila? Desaparecida. Es decir, adiós a lo que crece, adiós a lo veloz, adiós a la caza. Será el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia.

Nosotros tal vez lo entenderíamos si supiéramos lo que el hombre blanco sueña, qué esperanzas les describe a sus niños en las noches largas del invierno, con qué visiones le queman su mente para que ellos puedan desear el mañana. Pero nosotros somos salvajes. Los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros, y porque están escondidos, nosotros iremos por nuestro propio camino. Si nosotros aceptamos, será para asegurar la reserva que nos han prometido. Allí tal vez podamos vivir los pocos días que nos quedan, como es nuestro deseo.

Cuando el último piel roja haya desaparecido de la tierra y su memoria sea solamente la sombra de una nube cruzando la pradera, estas costas y estas praderas aún contendrán los espíritus de mi gente; porque ellos aman esta tierra como el recién nacido ama el latido del corazón de su madre. Si nosotros vendemos a ustedes nuestra tierra, ámenla como nosotros la hemos amado. Cuídenla, como nosotros la hemos cuidado. Retengan en sus mentes la memoria de la tierra tal y como se la entregamos. Y con todas sus fuerzas, con todas sus ganas, consérvenla para sus hijos, ámenla así como Dios nos ama a todos. Una cosa sabemos: nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes, esta tierra es preciosa para él. Y el hombre blanco no puede estar excluido de un destino común.

—Noah Seathl, Jefe de la Tribu Suwamisu. SEATTLE (EE. UU.)—

Imagen: 1) Museum of Photographic Arts – flickr 2) Dominio público

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Cómo nos manipulan y polarizan las emociones en redes sociales

Es buena idea contar a 10 antes de tuitear

Cuando un tuit contiene un término emocional o moral, es más probable que lo retuiteemos
Cuando un tuit contiene un término emocional o moral, es más probable que lo retuiteemos. A partir de una ilustración de Id-Work (Getty Images)

JAIME RUBIO HANCOCK 23 AGO 2019 – 03:44 CDT

En Twitter (y en las demás redes sociales) tienen más éxito los mensajes que apelan a nuestras emociones. Un nuevo estudio muestra que no solo nos sentimos más impulsados a compartir estos tuits, sino que además las palabras que se refieren a las emociones y a la moral captan más nuestra atención que las neutras.

El trabajo de los psicólogos Ana P. Gantman, William J. Brady y Jay Van Bavel muestra que los términos que apelan a lo que creemos que está bien o mal “son particularmente efectivos a la hora de capturar nuestra atención”. Esto, según escriben en un artículo publicado en la revista Scientific American, “podría ayudar a explicar la nueva realidad política”.

En el primer experimento de su trabajo, a los participantes se les mostraban tuits ficticios con diferentes tipos de palabras usadas como hashtags: las referidas a la moral (“crimen”, “piedad”, “derecho”), a la emoción (“miedo”, “amor”, “llorar”) o a ambas cosas a la vez (“abuso”, “honor”, “despecho”) captaban más atención que las neutras.

Además de eso, también examinaron casi 50.000 tuits reales sobre tres temas: el control de armas, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el cambio climático. Los más compartidos tendían también a incluir términos emocionales y morales. De hecho y según otro estudio anterior de los mismos autores, es al menos un 20 % más probable que compartamos un tuit si contiene una palabra de esta clase.

Eso sí, los autores advierten de que este no es el único motivo que explicaría el éxito de una publicación. Por ejemplo, el hecho de que se esté compartiendo mucho y sea ya popular podría hacer que su éxito se incrementara aún más.

Es más fácil indignarse

El papel de las emociones en redes sociales ya era conocido, aunque eso no haya evitado que se usen para manipularnos (o intentarlo) con bulos, mensajes políticos hiperpartidistas y provocaciones.

Jonah Berger, profesor de la Universidad de Pensilvania, ya explicaba en su libro Contagioso, de 2013, que las emociones que nos impulsan en mayor medida a compartir contenidos en internet están ligadas al asombro. Ya puede ser por la parte negativa, como la indignación por un hecho reprobable que nos sorprende, como en su vertiente positiva, como el humor.

La neurocientífica estadounidense M. J. Crockett repasaba recientemente en Nature Human Behavior los últimos estudios al respecto, recordando que en redes encontramos más acciones que nos parecen censurables que en persona. A lo mejor un día vemos a un vecino que no recicla o constatamos con fastidio que el alcalde ha puesto otra rotonda caótica, pero en redes podemos encontrarnos con multitud de errores y faltas de cualquier parte del mundo sin ni siquiera movernos del sofá.

Además, es más fácil mostrar nuestra indignación: no tenemos que enfrentarnos a nuestro vecino, manifestarnos en las calles o escribir una airada carta a la directora del periódico, basta con hacer retuit.

Los riesgos de la manipulación

Todo esto no tiene por qué ser negativo: la indignación pública tiene también beneficios para la sociedad, al permitir que todos podamos castigar o al menos recriminar comportamientos censurados por la mayoría (como la corrupción), además de reforzar nuestra adhesión a una causa o a un grupo social con el que nos sentimos identificados.

Pero tiene riesgos, como señala Crockett. Al menos tres: primero, la posibilidad de que nuestra participación en movimientos cívicos y sociales sea menos significativa. Ya no nos hace falta cooperar como voluntarios o hacer donativos, nos sentimos satisfechos con solo tuitear.

Segundo, también se rebaja el listón de la indignación: como indignarnos es fácil, puede llegar un punto en el que no distingamos entre las ofensas reales y las cosas que solo nos resultan desagradables. Por poner un ejemplo cercano: ¿de verdad era tan indignante que una cuenta anónima y sin apenas seguidores de Twitter publicara chistes oídos miles de veces sobre Carrero Blanco?

Tercero, nuestras opiniones tienden a polarizarse. Las propias redes nos permiten agruparnos en cámaras de eco con audiencias similares. O, como escribe el psicólogo Jonathan Haidt en La mente de los justos, nos unimos a “equipos políticos que comparten narrativas morales”. Es decir, el famoso filtro burbuja de Eli Pariser.

Al final nos acostumbramos a dirigirnos a un público con el que estamos de acuerdo, buscando sobre todo “recompensas reputacionales” o, en palabras de Berger, “divisa social”. Es decir, queremos ganar puntos con los nuestros, no iniciar una conversación.

Esto hace que el intercambio de opiniones con personas que piensan diferente (o que simplemente se han equivocado) se vea mediatizado (y caricaturizado) por otros miembros del grupo. Como escribe el profesor de Derecho de la Universidad de Harvard Cass Susstein en su libro #Republic, las conversaciones profundas que cruzan barreras ideológicas son extremadamente escasas en redes sociales.

En consecuencia, corremos el peligro de ver a los demás como gente malvada o estúpida en lugar de, simplemente, como personas que opinan que hay otra forma de hacer las cosas que no coincide con la que nosotros consideramos más adecuada.

Además, estas mecánicas nos hacen más vulnerables a la manipulación: es fácil provocar una ola de indignación con el objetivo de potenciar una polarización que el político o grupo de turno considere beneficiosa para sus intereses, como apunta Susstein. De hecho, es uno de los motivos que ayuda a entender que Donald Trump dedique tanto tiempo a Twitter, explica el lingüista George Lakoff. Soltar una barbaridad en esta red social le ayuda a marcar el debate: da igual que los mensajes sean de apoyo o en su contra, su objetivo es simplemente marcar la agenda y lo hace provocando la indignación y el enfrentamiento. Su caso no es único, desde luego.

¿Pero esto se puede evitar?

El panorama parece desolador, pero los autores del estudio apuntan un par de claves que ofrecen algo de optimismo.

De entrada, aunque se suele prestar atención a la indignación y a la manipulación, por el peligro que suponen, nos mueven tanto las emociones negativas como las positivas. El experimento no ofrecía solo etiquetas como “enemigo”, “odio” o “vergüenza”, sino también “bueno”, “héroe” y “honor”. De hecho, en su artículo ponen el ejemplo real de la difusión del hashtag #lovewinsen 2015: el día en el que Estados Unidos legalizó el matrimonio homosexual en sus 50 estados, la etiqueta sumó más de 2,5 millones de mensajes en Twitter.

Una segunda clave es que entender cómo nos motivan las emociones (indignación incluida) nos puede ayudar a detenernos unos segundos antes de compartir o tuitear ciertos contenidos.

En una línea similar se manifestó Chris Wetherell, el diseñador del botón de retuit en Twitter, introducido en 2009. Recientemente habló de esta innovación, afirmando que “a lo mejor le dimos un arma cargada a un niño de 4 años”. Antes había que escribir ese RT a mano, lo que nos daba unos segundos para reflexionar sobre lo que íbamos a iba a compartir.

En su editorial del número de septiembre Scientific American sugiere imaginar que al lado del botón de retuit hay un botón de pausa. Pincharlo podría servirnos para pensar si estamos respondiendo a un tuit que solo quiere generar ruido, si merece la pena leer el artículo y no quedarse solo el titular, o si solo queremos quedar bien ante nuestros amigos y seguidores, demostrándoles que, una vez más, somos de los buenos.

Tenemos que imaginar este botón porque Twitter difícilmente lo incorporará. Como recordaba la periodista Delia Rodríguez, “si a estas alturas las plataformas no han desarrollado redes menos nocivas es por la misma razón por la que las tabaqueras no han creado cigarrillos de plantas medicinales. Va contra la esencia misma de su negocio”. Cuanto más contenido publiquemos o compartamos, mejor para ellas. Aunque nos cueste una úlcera.

https://verne.elpais

Revelan el secreto detrás de la increíble conservación de los Rollos del Mar Muerto

Un estudio explica la antigua tecnología utilizada por el pueblo que escondió los manuscritos hebreos y cómo se adelantaron a prácticas que no habían registrado hasta la Edad Media

Uno de los manuscritos del Mar Muerto

En 1947 unos pastores beduinos recorrían desesperados las dunas junto al Mar Muerto. Uno de ellos encontró una cueva con unas cavidades donde se escondían frascos que atesoraban cerca de 900 pergaminos escritos en hebreo. Se trataba del legado de la antigua secta de los esenios, quienes enterraron sus escritos sagrados antes de que los romanos arrasaran su pueblo, hace 2.000 años. Así es como se encontraban los Rollos del Mar Muerto, que sobrevivieron a siglos de enterramiento. Ahora, un estudio realizado por investigadores del Instituto de tecnología de Masssachusetts (MIT) junto con otros colaboradores desvela una tecnología antigua única de fabricación de pergaminos, que responde a la pregunta de por qué aquellos escritos han sobrevivido hasta nuestros días.

La investigación se centró en uno de los rollos en concreto: el conocido como Pergamino del Templo. Se trata de uno de los más grandes (de más de 7,5 metros de largo), si bien es el mejor conservado, a pesar de que su material es el más delgado de todos (una décima de milímetro). También tiene la superficie de escritura más clara y blanca de todos los pergaminos, a pesar de que todos estaban repartidos en once cuevas, a menudo enterradas bajo un par de metros de escombros guano (heces de murciélago) para que pasaran desapercibidos por los saqueadores.

Evaporitas

Sus condiciones únicas llamaron la atención del profesor de ingeniería civil y ambiental del MIT, Admir Masic. Él, junto con Roman Schuetz, del Instituto de Ciencias Weizmann de Israel y el estudiante de posgrado del MIT Janille Maragh han publicado los resultados de su investigación en «Science Advances». Descubrieron que el pergamino se procesó de una manera inusual, usando una mezcla de sales que se encuentran en las evaporitas, el material que quedó de la evaporación de las salmueras, pero que era diferente de la composición típica encontrada en otros pergaminos. Y, además, no provenía de las sales del Mar Muerto.

«Tuvimos el privilegio de estudiar fragmentos del museo israelí en Jerusalén llamado Santuario del Libro que fue construido específicamente para albergar los Rollos del Mar Muerto», explica Masic. En concreto, se estudió un trozo de 2,5 centímetros de ancho utilizando una variedad de herramientas especializadas desarrolladas por investigadores para mapear, en alta resolución, la composición química detallada de objetos relativamente grandes bajo un microscopio, pero sin ser una práctica invasiva.

Pieles de animales, azufre, sodio y calcio

El pergamino está hecho de pieles de animales a las que se les ha eliminado todo el pelo y los residuos grasos sumergiéndolos en una solución de cal (que no se había visto hasta la Edad Media) o mediante tratamientos enzimáticos y de otro tipo (que sí se daba en la antigüedad), raspándolos y luego estirándolos bien en un marco. Cuando se seca, a veces la superficie se prepara aún más frotando con sales, como aparentemente fue el caso con el rollo de templo. Además, los análisis revelaron que contenía azufre, sodio y calcio en diferentes proporciones esparcidas por la superficie del pergamino.

El equipo aún no ha podido evaluar de dónde proviene la combinación inusual de sales en la superficie del Pergamino del Templo, pero los investigadores tienen claro que este recubrimiento, mezclado con estas sales, ayudó a darle su superficie blanca inusualmente brillante y quizás contribuyó a su estado de conservación. Y la composición elemental del revestimiento no coincide con la del agua del Mar Muerto, por lo que debe haber sido de un depósito de evaporita encontrado en otro lugar, aunque los investigadores no han podido determinar la zona aún.

La composición única de esa capa superficial demuestra que el proceso de producción de ese pergamino fue significativamente diferente del de los otros rollos, afirma Masic. Comprender los detalles de esta tecnología antigua podría ayudar a proporcionar información sobre la cultura y la sociedad de ese tiempo y lugar, que desempeñó un papel central en la historia del judaísmo y el cristianismo. Además, una comprensión de la producción de pergaminos y su química también podría ayudar a identificar falsificaciones de escritos supuestamente antiguos.

Según Ira Rabin, de la Universidad de Hamburgo (Alemania) y coautor del artículo: «Este estudio tiene implicaciones de gran alcance más allá de los Rollos del Mar Muerto. Por ejemplo, muestra que en los albores de la fabricación de pergaminos en el Medio Oriente, se utilizaron técnicas que contrastan con la técnica única utilizada en la Edad Media. El estudio también muestra cómo identificar los tratamientos iniciales, proporcionando así a los historiadores y conservadores un nuevo conjunto de herramientas analíticas para la clasificación de los Rollos del Mar Muerto y otros pergaminos antiguos».

Necesidad de preservación

Con todas estas preguntas en el aire, los investigadores piden que se refuerce la conservación de los rollos, cuyo mayor daño no proviene de su estancia durante más de 2.000 años en las cuevas del Mar Muerto, sino de los intentos posteriores de desenrollarlos y leerlos después de haber sido descubiertos. Además, los nuevos datos implican que estos recubrimientos minerales únicos también son altamente higroscópicos: absorben fácilmente cualquier humedad en el aire para después comenzarse a degradar rápidamente.

Estos nuevos resultados enfatizan aún más la necesidad de almacenar los pergaminos en un ambiente de humedad controlada en todo momento. Podría haber una sensibilidad imprevista incluso a cambios de humedad a pequeña escala. El punto es que ahora tenemos evidencia de la presencia de sales que podrían acelerar su degradación… Y estos son aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de su conservación», afirma Masic.

https://www.abc.es/ciencia