Entre Dios y el infierno

Entre Dios y el infierno

El Papa Benedicto XVI prepara, junto con sus abogados, la defensa de su causa en contra de una demanda judicial interpuesta en su contra en un juzgado de Kentucky, EU. Según se sabe, la acusación establece que Ratzinger protegió conscientemente a un sacerdote pedófilo y permitió que siguiera practicando varios años como tal sin interferencia alguna. La parte acusadora demanda la presentación de oficios con los que se pretende establecer la veracidad de los hechos. El Vaticano ha negado los cargos y prepara su defensa. Mientras tanto, voces levantan señalamientos en el sentido de que el predecesor de Benedicto XVI, Juan Pablo II, también protegió y encubrió a sacerdotes pederastas.

En México, los legionarios de Cristo ya reniegan de su fundador, Marcial Maciel, para evitar un daño mayor a su orden. Pero lo conocido hasta ahora acerca de Maciel es que era pedófilo, homosexual y heterosexual, un ser polimorfo encubierto por una densa red de cómplices dentro y fuera de su orden y de la Iglesia. Sin duda sus muchos colaboradores cercanos encubrieron los hechos y, por ello, pueden ser considerados legalmente cómplices y podría, o debería, citarlos la ley a comparecer por los delitos que el caso implica.

Estamos frente a una institución en cuya raíz reside la esencia de su proyecto religioso y, también, la semilla de su destrucción. Para centralizar su poder, instauró, en el siglo XI, el celibato, por el cual quería asegurar que los sacerdotes no se apropiarían, para su usufructo y beneficio personal, de bienes donados a ella, además de que no podrían heredar esos bienes a su linaje. La forma que encontró para eso fue impedir que los sacerdotes tuviesen familiares. Así, el celibato tiene, en su origen, una raíz económica y política, mas no “religiosa”.

Entonces, ignorar la regla también es una decisión política: por el bien y la continuidad de la institución. Es así como la Iglesia católica se ha convertido en una institución atractiva y un reconocido refugio para los perversos sexuales, cuya única divisa es la lealtad a la integridad institucional, mas no a su ética, a cambio de la cual la Iglesia mantiene la secrecía de sus actos.

Así, de manera dialéctica e irónica, conforme la Iglesia más se acerca a Dios, más se encuentra en el infierno que ella ha construido. Sus prácticas internas la han orillado a ser, hoy, la burocracia más vieja en la Tierra (la china, aún más vieja, ha sufrido revolucionarias transformaciones y la vaticana ha tenido simples evoluciones) y con prácticas vetustas y anquilosadas. Hoy, la institución entera está comprometida en su integridad, honestidad y cabalidad. Va a ser muy difícil recuperar su reputación y que siga teniendo creyentes dispuestos a darle apoyo y credibilidad a una institución que falla tanto. Si tuviera la humildad de reconocer su crisis interna le iría mejor. Pero las voces que equiparan su crisis al Holocausto, sólo incentivan a la Iglesia a encontrar un atajo al infierno más cercano: su posible desaparición.

Ricardo Pascoe Pierce/exonline.com.mx

¿Algo nuevo sobre Dios?

¿Algo nuevo sobre Dios?

En el catecismo romano que aprendió Karen Armstrong en 1950 esta era la respuesta a “¿qué es Dios?”: “Dios es el espíritu supremo, que existe por sí mismo y es infinito en todas sus perfecciones”. En España, por esa época, se enseñaba la doctrina del jesuita Gaspar Astete, de 1537. El original del Astete decía: “Pregunta: ¿quién es Dios nuestro Señor? Respuesta: es una cosa lo más excelente y admirable que se puede decir ni pensar, un Señor infinitamente Bueno, Poderoso, Sabio, Justo, Principio y fin de todas las cosas, premiador de buenos y castigador de males”. El nacionalcatolicismo mantuvo el nombre del catecismo, pero lo sometió a la revisión del jesuita Remigio Vilariño, “que en el Bilbao de principios del XX lo relanzó con un éxito que trascendería los océanos” (así reza una edición de 1955). En el de Vilariño “la cosa” del Astete se transforma en “Dios nuestro señor”. Pero la figura sigue teniendo perfección absoluta. Muy acertadamente, Armstrong sentencia que Dionisio, Anselmo y Tomás de Aquino “se revolverían en sus tumbas al oír estas definiciones”. Lo dice porque “definir significa poner límites”, y Dios, si existe, excede a todas las palabras y conceptos.

En defensa de Dios. El sentido de la religión Karen Armstrong

Karen Armstrong

¿Algo nuevo sobre Dios?

Es un libro imponente. Quien se haya ocupado de estudiar las religiones no debería perdérselo. Su autora ha escrito libros tan extraordinarios como La gran transformación (Paidós); un estudio sobre la intolerancia religiosa frente al progreso (Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam, Tusquets); una historia de El islam (Mondadori), y estupendas biografías de Mahoma (Tusquets) y Buda (Mondadori), entre otros. De familia irlandesa, criada en Birmingham (Reino Unido), fue monja y ahora historiadora de las religiones y una gran teóloga en el sentido en que los griegos entendían esta palabra. La teología como un lenguaje: un logos sobre theos.

Kant negó la posibilidad de demostrar la existencia de Dios, pero reivindicó un Ser Supremo por razones éticas, el Motor Inmóvil. No hay gran filósofo que no haya reflexionado sobre el tema. Y eso que bien temprano se concluyó que el mundo natural no podría darnos información sobre Dios, “el Dios incognoscible”, en palabras de san Agustín. Aparte de san Pablo, ningún otro teólogo ha sido más influyente en el cristianismo que el autor de Confesiones. El libro de Armstrong es, sobre todo, un repaso de ese debate, desde Sócrates, Aristóteles o Maimónides hasta Sartre, incluso más acá, pasando por los pensadores de la edad oscura, los de la Ilustración e incluso los pensadores ateos más modernos, como Richard Dawkins (El espejismo de Dios), Christopher Hitchens (Dios no es bueno), y Sam Harris en El fin de la fe. Los eclesiásticos piensan que esta poderosa expansión del laicismo, y su éxito comercial, es una novedad. La realidad es que los Hitchens de hoy no dejan de ser suaves epígonos de los grandes clásicos del ateísmo. Citemos el muy famoso Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell.

Hay, sin embargo, una diferencia fundamental entre el pensamiento antirreligioso de antaño y el de los nuevos enemigos de Dios. Los clásicos del ateísmo querían cambiar la sociedad. La vanguardia del ateísmo o el agnosticismo, dicho en palabras del filósofo Heleno Saña, se trata de pensadores que creen en serio que el único problema de la humanidad es el de creer o no creer en Dios, sin darse cuenta de que adoptan, en sentido inverso, la misma intolerancia que hizo exclamar a Tertuliano que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. También está de moda un narcisismo teológico, que presenta a un Ser Supremo bondadoso a la manera del Astete: el Dios que vela por los hombres y los ama sin fin. Ante los crímenes de la Humanidad, se oye: “¡Es la voluntad de Dios!”. Pero el mundo sigue siendo el escándalo que torturaba a Kierkegaard. En este sentido, Dios necesita defensa, como sugiere el título de este libro. Necesita una explicación, incluso entre quienes lo crean “un producto de la mente humana”.

¿Dónde está Dios ante el mal? Es la gran pregunta. Se escucha que también en la experiencia del mal se puede encontrar a Dios. El poeta César Vallejo escribió en Heraldos negros: “Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo / grave”. Si no hay nada más sucio que hacer sufrir al pobre, el Dios de los ricos no puede ser el de los pobres. Tampoco al que clamó Benedicto XVI en su visita a Auschwitz (“¿por qué, Señor, has tolerado esto?”) es el mismo que el Ser Supremo (Dios, Alá, Yahvé, Buda, etcétera) del que habló Epicuro. De esto habla con sabiduría Armstrong, quizás en defensa de Dios, tal vez en su contra.

El problema de fondo es la incompatibilidad de dos atributos de Dios: bondad y omnipotencia. No es teodicea de primero de seminario sobre un texto de Tomás de Aquino, sino pensamientos que vienen de Epicuro, en una formulación que debería angustiar a los estudiantes del Astete por poco que hayan reflexionado: Dios, frente al mal, o quiere eliminarlo pero no puede (1); o no quiere (2); o no puede y no quiere (3), o puede y también quiere (4). En el primer caso, Dios no sería omnipotente; en el segundo, no sería bondadoso o moralmente perfecto; en el tercero, no sería ni omnipotente ni bondadoso o moralmente perfecto, y en el cuarto, Epicuro plantea la pregunta acerca de cuál es el origen de los males y por qué Dios no los elimina. El ateo Voltaire se preguntó lo mismo tras el terremoto que destruyó Lisboa en 1755.

JUAN G. BEDOYA

CRÍTICA: LIBROS – Ensayo/Babelia.es

Sexo turbio

Sexo turbio

Para la Iglesia católica un clérigo pederasta, que corrompe a 20 monaguillos, sólo es un pecador, no un delincuente propiamente dicho. Si se descubre su vicio nefando, el jerarca superior preocupado por el escándalo que pueda causar entre los fieles su conducta desordenada, tratará en primer lugar de encubrirlo, luego lo llamará en secreto a consulta para rogarle con más o menos ahínco que pida confesión y si el caso ha sido muy sonado, le obligará a cambiar de parroquia. Por muy execrable que haya sido su pecado, si se arrepiente, quedará absuelto mediante una penitencia simbólica, como pueda ser un padrenuestro y tres avemarías. El clérigo pederasta será perdonado tantas veces como vuelva a echarse otro monaguillo al plato, siempre que repita el acto de contrición después de cada caída, puesto que la Iglesia tiene una ilimitada comprensión hacia la debilidad de la carne, sobre todo si la carne es la eclesiástica. En derecho canónico la pederastia no es un delito que haya de denunciar a la justicia ordinaria para que el clérigo responsable dé con sus huesos en la cárcel. Sólo habla de pecados que pueden llevarle al infierno y una vez en el infierno, échele un galgo. Por otra parte, ningún escándalo de sexo o de sangre ha podido con la Iglesia católica. A lo largo de su historia hubo papas incestuosos como Alejandro VI, quien en los casos en que no podía asesinar directamente a puñal, impartía con suma pericia el sacramento mortal del veneno; hubo inquisidores que convirtieron en teas humanas a grandes científicos y humanistas; hubo cardenales que castraron a los niños de la escolanía y los convirtieron en eunucos para mantener sus voces blancas. Todo lo que no mata, engorda. En el fondo este es el argumento que esgrimen los apologistas para demostrar el origen divino de la Iglesia, puesto que este cúmulo de crímenes, cismas y guerras de religión no ha podido con ella. Pero la jerarquía eclesiástica debe saber que hoy, antes de hablar de la fe, hay una cosa muy elemental que cumplir: en lugar de encubrir, absolver y mandar al clérigo corruptor de menores a un convento para que haga penitencia, su deber es entregarlo a la justicia ordinaria con el mismo celo con que lo hace con el ladrón que descerraja un sagrario y roba un copón.

Manuel Vicent

Moros y cristianos en Córdoba

Moros y cristianos en Córdoba
SI a usted le da pereza sólo pensar que mañana lunes tiene que volver al trabajo tras el descanso de la Semana Santa, ofú, imagínese la que me da a mí, que tengo aún en la memoria el recuerdo vivísimo de los recentísimos días del gozo. Debe de ser la Resurrección. La resurrección de la pereza en este tiempo pascual, en que las mañanitas de abril son buenas para dormir y todo te invita a no doblarla. Aunque para resurrección, la de los toros. Frente a los que quieren prohibirlo, el Toreo resucita hoy, y por tres veces: tres carteles distintos y una sola Fiesta verdadera. Los tres grandes carteles de hoy, Luque solo con seis toros en Madrid, Tomás frente a Castella en Málaga, y la flor y nata de Morante, Perera y Manzanares en Sevilla, son un plebiscito sobre el Toreo. Sumen, sumen esos tres aforos, y a ver cuándo los cuatro animalistas locos antitaurinos de siempre suman tal respaldo a la abolición. Y además, de paganini. Anda que si los que quieren prohibir la Fiesta tuvieran que pagar las campañas de su bolsillo, como los aficionados abonan su afirmación taurina, con lo agarrados que son los catalanes, prontito iban a protestar…
Queda en este aire nuevo de la primavera la nostalgia de los días recién vividos. Algo tan clásico como los «ubi sunt», que en la literatura van de Roma a Jorge Manrique. No sé en otros lugares, pero en Sevilla la Semana Santa es una metáfora perfecta de la vida. De ahí quizá esa tristeza perezosa con que escribo. En la que me llegan los «ubi sunt» latinos: «qué se hizo de», «dónde estará ahora»… Los «ubi sunt» de este Sábado Santo no me los ha traído un recuerdo de candelerías o de marchas con los versos de Jorge Manrique: «Qué se fizieron las llamas/ de los fuegos encendidos/ de amadores?/ ¿Qué se hizo aquel trovar,/ las músicas acordadas/ que tañían?» Los «ubi sunt» de la fugacidad del tiempo me los trae la inmersión en la realidad del telediario en la TDT recién estrenada. ¿Pero esto, qué ha sido? ¿La Semana Santa o la fiesta de moros y cristianos? Lo digo por la fiesta de moros y cristianos de la Mezquita de Córdoba. Menuda fiesta. Sólo ha faltado Paquito el Chocolatero. Porque la comparsa de moros estaba bien organizada. Y de la comparsa de los cristianos, ni te cuento, los mandobles que pegaban en plan Vargas Machuca con la estaca. Dicen que todo estaba preparado, que los turistas musulmanes procedentes de Austria (como el loden que tiene un amigo mío para fardar en las monterías) tenían perfectamente tramada su algarabía. Y tanto. Si tú eres moro y te pones a rezar, no te pasa igual que si eres cristiano. Si eres cristiano, rezas lo que sepas y punto. Pero si eres moro, de momento tienes que buscarte una alfombra, para no ponerte mirando a la Meca como si fueras a recibir a portagayola sobre un pisoplaza no purificado. Digo yo que si los turistas musulmanes venían dispuestos a rezar en la Mezquita, llegarían con alfombra puesta. No es raro por Andalucía ver a un moro con una alfombra. Habitualmente las venden, como los relojes Rolex y los bolsos Gucci falsificados. Estos no las vendían. Venían con un guión: el de esa jarca que suele anunciar que hasta no conquisten Al Andalus como la tomaron los otros moros, los de Queipo, no van a parar. Estos moros, turistas por la ruta de Tarik y Muza, empezaron directamente por la Mezquita de Córdoba. Y con un guión establecido: quitarle el guión a lo de Mezquita-Catedral, y dejarla en Mezquita.
Y aquí vienen mis «ubi sunt». ¿En esto quedó la Alianza de Civilizaciones de Zapatero, en unos turistas moros zarrapastrosos queriendo rezar en la Catedral de Córdoba por co…ranes? Y me pongo en plan Jorge Manrique y sigo: de los millones que gastamos para combatir una Gripe A que luego no fue tan apocalíptica, ¿qué se hizo? ¿Y de los millones que derrochamos en un Plan E que no redujo, sino que aumentó el número de parados, qué se hizo? Y con este Gobierno, ¿qué vamos a hacer? ¿Cuándo lo van a echar los españoles, Dios mío de mi alma?
Antonio Burgos/abc.es

Ratzinger al banquillo

Ratzinger al banquillo

Una auténtica lluvia de denuncias por casos de pedofilia cometidos por sacerdotes de la Iglesia católica de todo el mundo sigue cayendo como agua bendita sobre los, ya de por sí, empapados techos del Vaticano que ha solapado y protegido a curas depravados, quienes tal vez ya hasta fallecieron, eso sí, reconfortados con todos los auxilios espirituales o bien, permanecen en distintas parroquias administrando impunemente los santos sacramentos en tanto sus víctimas, confundidas y destruidas, no encuentran consuelo ni manera de reparar el daño sufrido a manos de esos representantes del demonio en los que creyeron como parte de una fe equivocada.

En la actualidad, un tribunal de Kentucky ha llamado a cuentas al mismísimo Ratzinger (Benedicto no se cuántos…) para que declare por tres víctimas de abusos sexuales, una acusación judicial inédita, sin olvidar el caso de Pío XII, cuando bendijo las escuadras áreas de Mussolini o cuando ignoró los desesperados llamados de los judíos en las horas aciagas del holocausto. ¡Que explique Ratzinger sus instrucciones contenidas en el Crimen Sollicitationis, cuando fungía como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua inquisición, por medio de la cual ordenaba guardar el más escrupuloso secreto en casos de pedofilia cometidos por los sacerdotes católicos! Al proteger y encubrir a los curas depravados Ratzinger se convirtió en cómplice de sus obispos, sus empleados, por lo que el Vaticano es responsable de no haber denunciado estos ataques a la intimidad de menores.

Por supuesto que tenía razón Sandoval Íñiguez cuando declaró que ”en nuestros días, las nuevas generaciones crecen prácticamente paganas, sin ningún conocimiento o formación religiosa.” ¿Y cómo el clero no iba a perder, día con día, prestigio ya no sólo por sus desviaciones morales, mismas que debería haber tratado de impedir, en lugar de practicarlas, sino porque la Iglesia maneja dinero negro, cuyo destino se desconoce, además de no impulsar la generación de riqueza ni luchar en contra del analfabetismo ni de la ignorancia, fenómenos indeseables que le permiten lucrar aviesamente con los desprotegidos. ¿Quién quiere ser monja en la actualidad y renunciar a la maternidad, prescindir de la libertad y del privilegio del desarrollo del intelecto apartado de dogmas indigeribles? ¿Es posible culpar, además del clero, por la actual desbandada religiosa, si se trata de la Iglesia más retardataria, concupiscente y anacrónica del mundo moderno?

En 1950, en México, 98.21% de las personas mayores de cinco años declaró ser católico, mientras que en el año 2000, 88.73 % dijo profesar este credo de acuerdo a cifras proporcionadas por el INEGI. Datos extraoficiales, sin embargo, señalan que cerca de 28 millones de mexicanos han desertado de las filas del catolicismo, han optado por otra confesión religiosa o han dejado de ser creyentes. ¿13 mil 380 sacerdotes en México van a satisfacer las necesidades espirituales de casi 100 millones de mexicanos, siendo que la inmensa mayoría tiene 57 años de edad en promedio, además de que el reclutamiento de candidatos es insuficiente? ¿No está clara la catástrofe clerical que viene?

Mientras la Iglesia católica va perdiendo terreno en el mundo, los jóvenes se alejan de los templos, las órdenes religiosas van disminuyendo, las encíclicas del Papa son prácticamente ignoradas por los feligreses que no sólo ya no acuden a la Iglesia, ni se interesan por la llamada vida parroquial, sino que siguen sus propias pautas de conducta y de moral ajenas a los dictados de una jerarquía que ya no representa sus intereses. ¿Qué puede hacer el CEM con cerca de dos mil sacerdotes católicos casados que se resisten, en abierta rebeldía, a volver al celibato? ¿Qué hacer con un 90% de las mujeres católicas que abortan y toman la píldora anticonceptiva y disfrutan las relaciones amorosas prematrimoniales ignorando igualmente los llamados de su santa madre iglesia?

En otro orden de ideas, la presidenta de la Confederación Helvética, Doris Leuthard, defendió la creación de un registro central de religiosos pedófilos para impedir que mantengan contacto con menores. En Suiza los sacerdotes pedófilos irán a la cárcel junto con sus cómplices y encubridores. ¿Cómo perdonar al Papa ya no sólo por haber protegido a Maciel, otro degenerado que murió en la cama en lugar de haber sido quemado en vida con leña verde, sino por haber desoído las denuncias presentadas en contra de un obispo norteamericano que abusó de 200 niños sordomudos? ¿Hay algún lugar disponible en el infierno para ambos?

Ratzinger supo de las denuncias provenientes en contra de curas pedófilos de Estados Unidos, Alemania, Irlanda, Brasil, Chile, Irlanda, México, Holanda, Argentina, Italia, Australia, Austria, Sudáfrica. El Estado Vaticano alega inocencia porque dice haber ignorado oportunamente los hechos. ¡Falso! Ahora mienten. ¿Y el mandamiento No mentirás? Y pensar que el clero hizo fusilar y decapitar al cura Hidalgo por haber llamado a la Independencia de España… Una reflexión para la Semana Santa: ¿Qué tal volver a instalar las piras para los curas pedófilos en el Zócalo capitalino…?

Francisco Martin Moreno/mileniodiario

LA IGNORANCIA ES LA FELICIDAD…


LA IGNORANCIA ES LA FELICIDAD...

– Papá, ¿Qué pasaría si no voy al cielo?
– Ni hablar… tú sólo cree en Jesus y lo conseguirás.
– Pero digamos -sólo hipotéticamente- que no creyese y terminase en el infierno… ¿Tu felicidad eterna se vería afectada sabiendo que tu hijo está sufriendo horriblemente en el fuego del infierno?
– No, hijo… En el cielo, Dios borra de tu memoria todo lo que te haga infeliz.
– Entonces… la felicidad perfecta requiere perfecta ignorancia.
– Exacto!!
– ¿Y es por eso que somos cristianos?
– ¡Bingo!

visto en sorprendible

Apostasìa

Apostasìa

Apostatar es negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo.

La costumbre de bautizar a los niños para protegerlos de los castigos que los “bautizadores” imponen a los que se niegan a ello no dejaría de ser una práctica mafiosa sin más consecuencias sociales, pero la Iglesia, que recibe fondos del estado según su número de clientes, considera como tales a todos los bautizados. Por eso es importante el hecho de apostatar.

Aquí te contaremos cómo apostatar. El hacerlo debería ser sencillo, pero como cada apostasía es una pasta que la mafia católica deja de ingresar, suelen poner todo tipo de dificultades, que van desde exigir una entrevista personal hasta alegar la imposibilidad de acceder a la petición por “defectos de forma”, reales o inventados. Pero no hay que desanimarse. Aquí te diremos cómo hacerlo.

Apostatar es un derecho que todos tenemos y debemos ejercerlo.

MODELO DE CARTA SOLICITANDO LA APOSTASÍA

 

 

Dado que la Iglesia Católica no contempla la posibilidad de acudir a la parroquia más cercana y apostatar con sencillez, lo único que le queda al que quiere apostatar es enviar una carta al obispo de la diócesis a la cual pertenezca expresando ese deseo. Dicha carta, si bien suele ser ignorada inicialmente, terminará dando sus frutos. A modo de consejo, sed educados y respetuosos al preparar dicho escrito, pero no dejéis de exigir con la suficiente contundencia vuestro derecho a apostatar.

Puesto que ya existen en internet varios modelos de cartas escritos al efecto, y pensando CAGONDIOS.COM que el que sigue es un modelo perfectamente válido, nos limitaremos a reproducir, realizando un par de pequeñas modificaciones, el que figura en la página de Ateos de Cataluña, pues consideramos que es más que suficiente.

DECLARACIÓN DE APOSTASÍA

A ………….…………….….………… obispo titular de la diócesis de ……..…….……….………

Yo, D. ………..…………………..….………, con DNI n.º ………..…………….….……, mayor de edad y residente en la población de ……..……..………………..……………, de la provincia de ……..……..………………..…………… que según le consta fue bautizado el día ….… de ……….…………..…………… de …………… en la parroquia de …………………………………..…..….., perteneciente a la diócesis indicada, actuando en nombre e interés propio, y hallándose en pleno uso de su libre y espontánea voluntad,

MANIFIESTO:

Primero

– Que, no habiendo encontrado en el Derecho Canónico procedimiento alguno establecido para la tramitación del presente escrito, lo dirijo al Obispo diocesano por las consideraciones siguientes:

– Que el cánon 393 del Código de Derecho Canónico dispone que “El Obispo diocesano representa a la diócesis en todos los negocios jurídicos de la misma”.

– Que el cánon 383.1, establece que “Al ejercer su función pastoral, el Obispo diocesano debe mostrarse solícito con todos los fieles que se le confían (…), así como a quienes se hayan apartado de la práctica de la religión”.

– Que el cánon 369 define la diócesis como “una porción del pueblo de Dios cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica”.

Segundo

– Que en su día fui bautizado en la fe católica como consecuencia de una decisión tomada por otras personas sin que en ese momento, a causa de mi edad, mediara en modo alguno la participación de mi propia voluntad, y sin que dispusiera de libertad ni conciencia suficientes para emitir un juicio sobre mis convicciones personales.

– Que tras haber meditado durante el tiempo suficiente sobre el significado de mi pertenencia a la fe Católica no hallo ningún pretexto para continuar perteneciendo a la Iglesia Católica, entrando mi voluntad en contradicción con la adscripción a esta institución.

– Que la fidelidad a la propia conciencia es un derecho constitucional inalienable reconocido legalmente en el artículo 16 de la Constitución Española.

– Que, por tanto, rechazando totalmente la fe cristiana, me considero incurso en apostasía, tal y como la define el cánon 751 del Código de Derecho Canónico, por lo que

SOLICITO:

Me sea reconocida por la Iglesia la condición de apóstata, dejando de contarme entre sus fieles y de considerarme católico a todos los efectos -incluso los estadísticos-, incluyendo, si procediera, la oportuna anotación de apostasía en el Libro de Bautismos y cualesquiera otros registros eclesiásticos existentes. Asimismo, que me sea comunicada por escrito la resolución que se tome con respecto a mi petición.

En ……………………..……… , a .……. de …………….………… de …….……

Firmado:

La fe de Sevilla es poco de fiar

La fe de Sevilla es poco de fiar

ANTONIO AVENDAÑO

Sevilla profesa una piedad bullanguera que el catolicismo más ceñudo considera que ni es piedad ni es nada. Y lleva razón: la veneración de los sevillanos por las imágenes de su barrio se parece mucho más al liviano politeísmo de antaño que a la severidad de un monoteísmo invisible y abstruso que en realidad sólo entienden los doctores en Teología.
Sevilla es la primera ciudad del orbe católico en ir de procesiones, pero no lo es en ir a misa, y no digamos en confesarse y comulgar. Es cierto que la gente se emociona viendo a su Virgen cimbrearse bajo el dorado palio, pero es una emoción efímera y un poco de mentira, como lo es toda emoción vinculada al arte, al juego o al espectáculo. No es que en Sevilla no haya fe, es que es una fe tirando más bien a hereje que en Semana Santa venera Cristos y Vírgenes, y en Feria venera casetas y manzanilla. Una fe, pues, no muy de fiar.
Sólo porque salen en los periódicos, los conocen en los restaurantes caros y se cogen del bracete con el cura de su barrio, los hermanos mayores y los pregoneros, que cada Cuaresma contraatacan con sus ripios, tienden a creer que la esencia de la Semana Santa son ellos, pero es más bien todo lo contrario. Saben que todo irá sobre ruedas siempre que no se quiebre el falso sobreentendido de que la Semana Santa son ellos. Cuando alguien tiene la tentación de rasgar el velo de la ficción y jugar con cartas verdaderas, como cuando los hermanos mayores pensaron en sacar lazos contra el aborto, todo el invento se tambalea.
La esencia de la Semana Santa es mirar hacia otro lado: si la Iglesia la mirara con ojos teológicos, tendría que excomulgar a media ciudad. Y a ver quién iba a poner entonces esa bulla piadosa y jaranera sin la cual es imposible una Semana Santa de Sevilla como Dios manda.

Semana farSanta

Semana farSanta

Aborrezco la semana santa, esa mezcla de misticismo y celulitis. En nuestros tiempos los rituales religiosos huelen a aceite de coco. La semana santa propicia despliegues de teatralidad insulsa, tan cara al alma mexicana y a sus conflictos esenciales: la madre gime porque su hijo está en problemas, y los hijos sangran porque los abandonó su padre. Prefiero, definitivamente, las semanas laicas.

Es muy curiosa la forma en que una sociedad tan autoproclamadamente jacobina se entrega al psicodrama colectivo, una gestalt tumultuaria en la que se brinca, de un día para otro, de posar desnudos para el fotógrafo gringo a disfrazarse de romanos y judíos y hablar en vosotros. Espadas de cartón y pelucas de fibracel para apóstoles de pacotilla, últimas cenas de ocasión, sanedrines al uso, jesucristos prêt-à-porter.

En la prensa saldrán las fotos de rigor: el obispo gordito que le soba la cabeza a un niñito disfrazado de judas, la gorda que logró retacarse en un bikini, los capirotes en Taxco. El cura que declara que si los partidos políticos pagaran impuestos, la Iglesia también lo haría (impuesto al bautizo agregado, derecho de defunción). La prensa “progresista” se pone piadosa de pronto: “En el sufrimiento del obrero y el campesino se actualiza el de Cristo”. En la tele comercial pasan, como todos los años, El mártir del Calvario: un Cristo ceceante de sexualidad dudosa que camina en ralentí y habla en vosotros. En la tele culta, en cambio, Cristo es comunistón, habla italiano y tiene una ceja estilo Frida Kahlo. La vía cursis.

Una computadora inglesa hizo una cara de Cristo con base en no sé qué estudios: parece un plomero esperando que le despachen un cople. Los noticieros brincan del Papa lavando pies de pobres a miles de nalgas de la clase media tostándose en la playa, casi siempre en parejas. A la gente en México obviamente le gusta sangrar en público, azotarse, pedir perdón clamorosamente. Es una pena, pero no una que sufra la gente. El cheguevara solemne pregona: “Pocos países han hecho tanto por los derechos humanos como lo ha hecho Cuba”. Nadie dice: “En el sufrimiento del disidente o el homosexual cubano se actualiza el de Cristo”.

Y para terminar, Iztapalapa. El uso y costumbre como conducta inducida. Los caballos que montarán los son de la policía local, ascendida a centurión. Sesenta caballos para atrapar a Dimas y a Gestas. El costo en sonido, iluminación, seguridad, música se paga con los impuestos, gracias a la generosidad del Jefe de Gobierno, un comecuras que de pronto se convierte en Pedro el Ermitaño. ¿Por qué el gobierno capitalino utiliza impuestos para subvencionar fanatismo religioso? Porque es “popular”, la palabra que justifica todo. La gente de Iztapalapa no tiene para comprar libros (por ejemplo de Marx, que explica el fanatismo religioso y otros usos y costumbres) pero sí para hacer la versión pozole de Cecil B. de Mille, ese enajenador. Lo bueno es que, a pesar del linchamiento público de un nazareno, el saldo siempre es blanco.

Otra imagen ritual: miles de personas como albóndigas en el caldo de un balneario popular o en una marceloplaya. Y otra: la fotos del vacío Paseo de la Reforma y el pie de foto que reza “Si siempre fuera así…!”. Y las cofradías de penitentes que recorren las calles de Taxco flagelándose, arrastrando melodramáticas cadenas, cargando espinas purgantes. No me explico cómo no los arrestan. Terrorismo visual, masoquismo en vía pública, distribución ilegal de hemoglobina. Y los ricachones que van todos fashion a comulgar con daiquiris y a visitar las siete discos, y… Constitución mía, ¿por qué me has abandonado?

Guillermo Sheridan/eluniversal.com.mx