Los buitres, el nuevo animal «sagrado» de la India

En este país asiático doscientos millones de vacas comparten protagonismo con los buitres de pico largo

Una torre del silencio, donde los parsis entierran a sus muertos a la espera de que los buitres pogan fin al ciclo de la vida
Una torre del silencio, donde los parsis entierran a sus muertos a la espera de que los buitres pogan fin al ciclo de la vida – Wikipedia

Pedro Gargantilla

Su cuello desnudo rodeado de un collar de plumas largas, estrechas y flexibles, unido a un pico esbelto hace que la figura de esta ave carroñera sea indiscutible. Su existencia está inexorablemente unida al vocablo cadáver que, por cierto, deriva del latín «caro dato vermibus» (carne dada a los gusanos).

A pesar de que su apariencia es poco atractiva para la mayoría de las personas, los buitres desempeñan un papel importante en los ecosistemas. Sus hábitos alimentarios permiten controlar la materia orgánica en descomposición, que de no hacerlo se convertiría en un foco para diversas enfermedades.

Amigos de los parsis

Se estima que en este momento hay en el mundo cien millones de parsis, los descendientes de los persas que emigraron mediados del siglo VII a la India para escapar a la persecución de los musulmanes.

Los parsis son miembros de la religión zoroástrica, creada por el profeta Zaratrusta. En su cosmogonía defienden la existencia de cuatro elementos sagrados: fuego, tierra, aire y agua. El fuego proporciona el calor, la tierra es necesaria para el crecimiento de las plantas, el aire es el motor de vida de plantas y animales y, por último, el agua es necesaria para la supervivencia de todos los seres vivos.

Como estos cuatro elementos son divinos, los parsis tienen prohibido contaminarlos con sus cadáveres, que son considerados impuros. Por este motivo recurren a los buitres para llevar a cabo el rito funerario, son estas aves las que ponen fin al ciclo de la vida.

Malabar Hill es uno de los barrios de Mumbai -la antigua Bombay- que congrega a un elevado número de parsis. Allí se encuentran las famosas Torres del Silencio, construcciones de tipo circular donde los parsis dejan a sus fallecidos para que los buitres hagan el resto.

Las Torres del Silencio están formadas por tres círculos concéntricos, en el más interno se colocan los hombres, en el intermedio las mujeres y en el externo los niños. Este lugar es privado, un tupido follaje lo protege de las miradas indiscretas y estas construcciones tan solo pueden ser observadas desde los rascacielos próximos.

Por culpa del diclofenaco

La comunidad de los buitres en el subcontinente indio se ha visto seriamente amenazada en las últimas décadas, ha pasado de treinta millones -en los noventa-, a unos diez mil en la primera década de nuestro siglo.

Al parecer, la muerte masiva de estas aves rapaces se debe a la insuficiencia renal provocada por el diclofenaco. Un antiinflamatorio no esteroideo muy extendido y que produce necrosis de las células del túbulo contorneado proximal de las nefronas de los buitres.

Estas aves se alimentan de restos humanos y animales domésticos tratados con este antiinflamatorio, que se acumulan en su organismo provocando una toxicidad irreversible.

Para poner fin a esta extinción, el gobierno hindú decidió tomar cartas en el asunto y proteger a los buitres, ordenando reemplazar diclofenaco por meloxicam, un antiinflamatorio más costoso pero menos tóxico.

Una sentencia judicial protegió a estas aves al catalogarlas como «trabajadores sanitarios», al considerar que de su actividad se deriva un bien para la salud pública.

Parece ser que las medidas han comenzado a dar los resultados esperados y desde el año 2012 se ha observado una recuperación gradual del número de buitres de pico largo en esta región asiática. Esperemos que la tendencia permanezca y pueda celebrar durante mucho el Día Internacional del buitre, una festividad que tiene lugar cada primer sábado del mes de septiembre.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

https://www.abc.es/ciencia

“Sí matarás”: El Vaticano pagó durante siglos a verdugos y pactó penas capitales con Mussolini

Religiosos en la plaza de San Pedro del Vaticano
Religiosos en la plaza de San Pedro del Vaticano

“No matarás”. Es uno de los diez mandamientos y sin embargo el menos cumplido, incluso dentro de la propia Iglesia católica, que se fue alejando desde sus inicios del mandato de Jesús de Nazaret. De hecho Roma fue, durante siglos, el principal ejecutor de la Historia. Ahora, el papa Francisco rompe con una tradición milenaria y elimina cualquier atisbo de justificación a la pena de muerte en el Catecismo.

En concreto, el artículo 2267, que desde ahora dice lo siguiente: “La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo”.

Sin embargo, la pena de muerte fue legal, al menos sobre el papel, en el Estado vaticano hasta 2001, siendo el último estado europeo en eliminar esta práctica en su Código Penal.

No todos están de acuerdo con la decisión de Francisco. De hecho, una mayoría de los católicos estadounidenses, el 53%, se han mostrado en contra de la abolición de la pena de muerte. Entre los sectores ultracatólicos también se ha criticado la medida tomada por Bergoglio, al considerar que echa por tierra todo el Magisterio de los últimos dos mil años. Y, en cierta medida, no andan desencaminados.

Del ‘ojo por ojo’ a la Inquisición

Ya los primeros teólogos de la Iglesia, como San Ambrosio o San Agustín, aseguraban que los clérigos debían defender, e incluso practicar, la pena de muerte en casos graves, mientras que, en el medievo, Santo Tomás de Aquino o Duns Scotto sostenían que el Antiguo Testamento respaldaba el poder de las autoridades legítimas para aplicar este castigo. El ‘ojo por ojo’ ha seguido estando muy vivo en la institución, pese a que fue Jesús quien dijo aquello de “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” para impedir la lapidación de una mujer acusada de adulterio.

La Iglesia católica institucionalizó la pena de muerte durante la Contrarreforma luterana, con la creación de la Inquisición. Durante siglos, decenas de miles de personas fueron quemadas vivas, colgadas o acabaron sin cabeza al ser considerados herejes, brujas o asesinos. De hecho, uno de los verdugos profesionales más conocidos de la Historia fue, precisamente, Mastro Titta, “el verdugo de Roma”, quien en el siglo XIX ejecutó a varios centenares de personas. Esa época, entre 1796 y 1870, es la única con datos de penas de muerte en el Vaticano. Sólo entre ahorcamientos y decapitaciones, el estado del papa alcanzó el sombrío récord de 527 ejecuciones.

Mussolini y Alí Agca

Cuando en 1929 el Papado se alió con el régimen de Mussolini y se firmaron los Pactos de Letrán, que constituyeron la actual Ciudad del Vaticano. En los mismos, se puede leer que “considerando la persona del Sumo Pontífice como sagrada e inviolable, Italia declara que cualquier intento contra Su persona o cualquier incitación a cometer semejante intento será castigado con las mismas penas que todos los atentados e intentos de cometerlos en contra de la persona del Rey”. En Italia, en 1926, se reinstauraba la pena de muerte, que también estuvo vigente en el Vaticano hasta 1969, para los casos de intento de homicidio del Papa. Nunca fue utilizada.

En 1969, el Papa Pablo VI anunció la derogación de la pena de muerte, pero no llegó a llevarlo a cabo. La pena de muerte fue definitivamente excluida del Código Penal vaticano en 2001 por Juan Pablo II, el único pontífice en el último siglo en sufrir un atentado, el de Alí Agca, en 1981. Al terrorista turco no se le aplicó la pena capital.

Sin embargo, hasta la semana pasada el Catecismo de la Iglesia católica avalaba el derecho, en casos extremos, de aplicar la pena de muerte. Una concesión que sirvió a muchos estados para justificar que se continuara aplicando la ejecución del reo en sus territorios. Entre ellos, Estados Unidos, donde el efecto de la decisión de Francisco ha sido inmediato.

El estado de Nueva York ha anunciado que, siguiendo la senda papal, comenzará el estudio de una ley para derogar la pena de muerte. Francia también ha apoyado la decisión de Francisco, mientras que Rodrigo Duterte (quien se confiesa católico, aunque persigue a los obispos, y asegura hablar personalmente con Dios), ha comenzado los trámites para reimplantar la pena capital en Filipinas.

https://www.eldiario.es

La Iglesia ladrona

La Iglesia ladrona
Mezquita de Córdoba – Timor Espallargas.

Ha pasado ya un año desde que el Colegio de Registradores remitió al Gobierno el listado de todos los bienes de los que la Iglesia católica se ha apropiado en virtud de la ley de 1998 que promovió José Mª Aznar, inspirándose a su vez en una ley franquista. Los bienes que la Iglesia ha inscrito a su nombre asciende ya a 30.000, sin que haya pasado por La Moncloa un sólo Gobierno con el coraje de evitar este saqueo… ni siquiera de publicar el listado.

La avaricia de la Iglesia no tiene límites: no sólo se ha apropiado de catedrales, iglesias o ermitas, también de cementerios, de plazas, de casas de maestros, de locales comerciales, de parcelas… incluso de fuentes y frontones… Un robo en toda regla, un saqueo legalizado por el Partido Popular (PP) y consentido por el PSOE, que siempre ha sido tan servil a la Iglesia como los populares.

La presión contra estas apropiaciones está creciendo gracias a la labor de colectivos como la Coordinadora Recuperando, cuyo objetivo es detener estar sangría de patrimonio público que va a parar al agujero negro de la Iglesia católica, que se enriquece explotando bienes como la Mezquita de Córdoba. Esa Iglesia vil que disfruta cómo unas Administraciones cobardes permiten que sean nuestros impuestos los que financien las rehabilitaciones de muchos de esos edificios y que los beneficios de ellas sólo lleguen a la Iglesia.

Esta es una prueba más de la mezquindad de ese grupo de poder. No se puede hablar de las dos caras de la Iglesia , intentando hablar de una lado bueno (el que siempre se asocia a Cáritas) y otro malo, con esta avaricia material que la condena al más profundo de los infiernos, según sus propias directrices. Y no se puede, sencillamente, porque las malas prácticas son tan deleznables que terminan por dominarlo todo. No hay acción lo suficientemente buena que consiga hacer menos nauseabundo el comportamiento de la Iglesia, que se enriquece a costa de todas y todos, que amasa fortunas que no llegan a quienes más lo necesitan.

Querer justificar estas más de 30.000 inmatriculaciones indebidas es ponerse del lado del saqueo. En lo que al Gobierno se refiere, no pararlo, no publicar el listado para que se abra la veda a los pleitos que reclamarán legítimamente la recuperación de todo ese patrominio, es volver a arrodillarse ante una Iglesia que tanto daño ha hecho históricamente a la democracia española.

https://blogs.publico.es/david-bollero/

¿EXISTE EL LIBRE ALBEDRÍO O SOMOS TÍTERES DE PROCESOS INCONSCIENTES?

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¿DIOS JUEGA A LOS DADOS? ¿NUESTRO INCONSCIENTE DECIDE QUÉ HACER ANTES DE QUE LO SEPAMOS?

Una de las grandes preguntas de la historia de la humanidad es aquella que indaga sobre la libertad o el determinismo de la existencia humana y el universo. Existen diversas maneras de entender esta cuestión. Una sugiere que todo el universo está concatenado por la causalidad hasta el punto de que si conociéramos en un momento dado del tiempo las posiciones y velocidades de todas las partículas del universo, podríamos calcular su comportamiento en cualquier otro momento del tiempo. Esto hizo que Laplace le dijera a Napoleón que no veía a Dios figurar en ninguna parte de su sistema: “No tengo necesidad de esa hipótesis”. Una vez echado a andar el universo, o en palabras de Stephen Hawking, una vez que hubiera soplado el fuego a las ecuaciones, no era necesaria la participación de Dios. El universo corría solo, como un perfecto reloj suizo. De aquí luego la famosa frase de Einstein, “Dios no juega a los dados”, el universo es racional y está gobernado por leyes exactas que hacen posible hacer predicciones y que en última instancia determinan nuestros destinos individuales. 

Einstein encontró cierto sosiego en la visión determinista del universo y en uno de sus escritos cita a Schopenhauer: “Un hombre puede hacer lo que quiere pero no puede querer lo que quiere”, una frase un tanto enigmática que le sirvió a Einstein de consuelo, pues según él, lo hizo relajarse y tomar las cosas con humor, pues a fin de cuentas él no estaba al mando de su vida, había una “voluntad”, ciega pero perfectamente inteligente (la naturaleza misma, el “Dios de Spinoza”), moviendo el cosmos legítimamente. Schopenhauer, en El mundo como voluntad y representación, escribió: “ni un hombre puede obrar de otra manera a como lo ha hecho y ninguna verdad es más cierta que esta, que todo cuanto ocurre, sea pequeño o grande, ocurre necesariamente por completo”. El estado de las cosas está determinado por lo que acaba de suceder, dice Schopenhauer, por lo cual todos los sucesos, a fin de cuentas, fueron determinados ya por el primer suceso en la cadena causal. Pues ese primer estado de las cosas, arbitrariamente estipulado, habría determinado y fijado irrevocablemente en su origen al estado que le sucede a continuación, tanto en el conjunto como en los más mínimos detalles, este segundo haría lo propio con el siguiente y así sucesivamente, por los siglos de los siglos… Si se quiere mantener un universo completamente causal, sin la posible intervención de una divinidad o una inteligencia trascendente, en cierta forma hay que abandonar la idea de la libertad. 

Otra carta para la visión determinista de la realidad es la barajada por los experimentos de Benjamin Libet. En su famoso estudio de 1983 Libet pidió a varios voluntarios que apretaran un botón en el momento en el que ellos así lo quisieran, mientras miraban un reloj especial que les permitía observar el tiempo con mucha precisión. Comúnmente las personas pensaban que estaban decidiendo apretar el botón 200 milisegundos antes de que sus manos se movieran; sin embargo, los electrodos revelaron que la actividad en el cerebro que controla el movimiento ocurre 350 milisegundos antes de que se tome una decisión, lo cual sugiere que nuestra mente inconsciente es la que lleva el mando y “decide” cuándo apretar el botón. Algunas personas han visto este experimento como una prueba de que no somos libres, hay una determinación electromagnética en nuestros actos de la cual no somos consciente. El libre albedrío sería un ilusión post hoc generada por el cerebro.  

El mismo Libet, sin embargo, creía en la existencia de una forma de libre albedrío. “El proceso volitivo inicia en el cerebro inconscientemente”, escribe, “pero la función consciente podría aun así controlar el resultado; puede vetar el acto”. Aquí podríamos tener una regresión infinita, pues se podría decir que el veto también es iniciado inconscientemente. Pero la idea de Liber es más sutil, se trataría de una interacción entre iniciativas determinísticas que surgen en el cerebro y la posibilidad libre de llevarlas a cabo o vetarlas.

El rol de la conciencia libre sería, entonces, no iniciar un acto voluntario, sino controlar si el acto ocurre o no. Podemos entonces ver las iniciativas inconscientes para actos voluntarios como ‘burbujeando en el cerebro’. La conciencia volitiva entonces selecciona cuál de estas iniciativas sigue adelante hacia el acto y cuales veta y aborta, sin que el acto suceda.

Libet notó que esta íntima combinación entre la necesidad y la libertad, sin que se cancelen la una a la otra, embona con el entendimiento de la libertad del teísmo. El individuo está sujeto a impulsos que surgen sin que pueda controlarlos, por ejemplo, los llamados impulsos de la “carne”, pero tiene la facultad de no perseguirlos, una capacidad que desarrolla como parte del cultivo de la moralidad. Esto mismo coincidiría con la noción de que el mundo fue creado por una divinidad libremente y que el hombre es libre, siendo imagen de la divinidad, pero por otro lado no es completo soberano del mundo, pues justamente su ser le ha sido dado y las leyes del mundo en el que existe han sido fijadas independientemente de su voluntad. No se trata entonces de una pura libertad incondicional, como querrían algunos de los idealistas alemanes, sino de una libertad que se ejerce dentro de un marco preestablecido. Un ejemplo útil podría ser el de un juego: existen ciertas reglas que el jugador debe seguir, algunas que incluso le son imposibles de violar, pero dentro de ese marco tiene la capacidad de realizar ciertos actos libremente

Otra crítica que se ha hecho a los deterministas que interpretan el experimento de Libet como prueba de que no existe el libre albedrío es muy simple. Esta conclusión depende de la premisa de que conocemos qué es la conciencia y por lo tanto podemos decir, a la luz del experimento, que nuestras decisiones son inconscientes. Pero lo cierto es que la ciencia no tiene una definición satisfactoria de la conciencia. No sabemos que es la conciencia, el llamado problema duro de la ciencia. Aunque resulte desaforado, no se puede descartar que los mismos aparatos de medición tengan alguna forma de conciencia -según la noción del panpsiquismo- o que se vean afectados por la propia conciencia del experimentado. “¿Cómo establecer que estos acontecimientos suceden milisegundos antes de su contraparte consciente si no sabemos en qué consiste esa contraparte consciente? ¿Cómo podremos, entonces, traducir en términos de conciencia esos acontecimientos neuronales?”, comenta Roberto Calasso en La actualidad innominable. En otras palabras, el experimento parte de la asunción que la conciencia es un acontecimiento que se traduce en señales eléctricas que pueden medirse y sólo eso. Algo que no ha sido demostrado, ni mucho menos.

En contradistinción a la idea de Einstein. Stephen Hawing dijo que Dios sí juega a los dados. Hawking apunta que en el caso del principio de incertidumbre al menos aún era posible predecir una combinación de posición y velocidad (un cálculo de probabilidad). Pero con lo que se ha descubierto en torno a la física de los agujeros negros, hasta esto desaparece. Una teoría sugiere que la información de una partícula que cae a un agujero negro puede perderse -y por lo tanto no podríamos calcular la posición o la velocidad de otra partícula con la cual está entrelazada-, lo cual da al traste con la noción de un universo predecible y determinista. Según Hawking: “Einstein estaba doblemente equivocado… No sólo Dios juega a los dados, sino que a veces nos confunde tirándolos donde no los podemos ver”. En su defensa, hay que decir que Einstein era consciente de estos problemas y creía que la aparente aleatoriedad del universo era sólo un comportamiento estadístico no fundamental a las leyes del universo y que habría de ser explicado en un futuro con una teoría de variables ocultas (el físico David Bohm postuló una interesante alternativa que, sin embargo, no ha sido aceptada por la comunidad científica).

Una famosa interpretación de la mecánica cuántica sugiere que lo que realmente existen no son partículas con una posición y velocidad determinada sino ondas de probabilidad de las cuales surge aleatoriamente -o por un proceso misterioso- la realidad que experimentamos. Hasta que no se hace una observación, todos los estados están en superposición. Aún más radical, la “teoría del multiverso” sugiere que con cada decisión o medición se crea un universo paralelo. 

Una interesante solución a este problema es postulada por el vedanta. El mundo es regido por el karma, equivalente a la causalidad, con el añadido de la intención mental. Cada suceso que vivimos es resultado de nuestros actos previos, a los cuales estamos sujetos desde un tiempo inmemorial. Pero el mundo en sí mismo es una ilusión. El individuo no es quien cree que es. Vive envuelto en la maya,la ilusión de que es un alma individual en un cuerpo. En realidad no es el karma o la causalidad lo que lo ata, sino su ignorancia. Una vez que despierta al conocimiento de su naturaleza verdadera, el sueño de la causalidad se deshace. Este despertar es cifrado en el reconocimiento de la frase de las UpanishadTat tvam asi, tú eres eso. Es decir, el ser que piensa que existe en un cuerpo en realidad es todo, nada existe fuera de él. El mundo es un sueño. Desde la perspectiva del alma individual es un sueño determinista, del cual no tiene control. Desde la perspectiva del Atman, el mundo es su propio sueño, y en el momento en el que reconoce esto despierta.

En una segunda parte de este artículo, que debe quedar inconcluso justamente por la complejidad de la cuestión, consideraremos la noción hindú del tiempo como una “tirada de dados”. 

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Campaña electoral: ¿Por qué financiamos a la iglesia católica?

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Concluida la campaña electoral no se ha oído una palabra en los discursos de los candidatos de izquierda sobre la relación que debe establecer el Estado Español con la Iglesia Católica, la institución que apoyó el golpe de Estado fascista inmediatamente que se declaró, y consideró la Guerra Civil una Cruzada de los ejércitos franquistas, nazis y fascistas, contra los enemigos de la patria. Una institución que se caracteriza por la segregación y humillación de las mujeres y el mantenimiento de una jerarquía masculina en el más anacrónico orden patriarcal. Una ideología, la católica, que ha sido secularmente defensora de la inferioridad social, moral y hasta mental de la mujer. Y un Estado que se declara aconfesional en nuestra Constitución y que sin embargo le entrega a esa institución decenas de millones de euros para que mantenga un poder que hoy ya no tiene el soporte ideológico del pueblo.

Desde los acuerdos con la Santa Sede, firmados en enero de 1979, cuando ya se había aprobado la Constitución, el Estado Español mantiene con la Iglesia Católica una relación de permisividad, protección y financiación inaceptable en un Estado laico. Los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede de 1979 son cuatro acuerdosfirmados por el Gobierno de España y la Santa Sede el 3 de enero de 1979 mediante los que se reformó el Concordato de 1953 —firmado por el Gobierno franquista bajo los principios del nacionalcatolicismo—, para adecuarlo a la proclamación de la aconfesionalidad del Estado por la Constitución española de 1978.

Estos acuerdos estuvieron precedidos por otro firmado el 28 de julio de 1976, por el que se adjudicaba al rey Juan Carlos I el nombramiento del vicario general castrense con la graduación de general de división.

Los acuerdos fueron negociados en secreto por el entonces ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Adolfo Suárez, el católico propagandista Marcelino Oreja, y el secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Jean-Marie Villot. Las negociaciones comenzaron antes de que se aprobara la nueva Constitución democrática e incluso de que se acordara la redacción del artículo 16 en el que finalmente se garantizó la «libertad religiosa y de culto» y se estableció en el apartado 3: Ninguna confesión religiosa tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

Los acuerdos fueron firmados en la Ciudad del Vaticano el 3 de enero de 1979, sólo cinco días después de que entrara en vigor la nueva Constitución al ser publicada en el BOE el 29 de diciembre de 1978.​

Tras recordar el Acuerdo firmado el 28 de julio de 1976, en el Artículo I se «reconoce a la Iglesia Católica el derecho de ejercer su misión apostólica» y se «garantiza el libre y público ejercicio de las actividades que le son propias y en especial las de culto, jurisdicción y magisterio». Asimismo se reconoce la «personalidad civil» de las «Diócesis, Parroquias y otras circunscripciones territoriales», de la «Conferencia Episcopal Española», «de las Órdenes, Congregaciones religiosas y otros Institutos de vida consagrada y sus Provincias y sus Casas, y de las Asociaciones y otras Entidades y Fundaciones religiosas que gocen de ella». Y a continuación se garantiza la«inviolabilidad» de los «lugares de culto» —que «no podrán ser demolidos sin ser previamente privados de su carácter sagrado» y «en caso de su expropiación forzosa será antes oída la Autoridad Eclesiástica competente»— y de «los archivos, registros y demás documentos pertenecientes a la Conferencia Episcopal Española, a las Curias Episcopales, a las Curias de 1os Superiores Mayores de las Órdenes y Congregaciones religiosas, a las Parroquias y a otras Instituciones y Entidades eclesiásticas».

En el artículo III, se establece el reconocimiento por el Estado «como días festivos [de] todos los domingos» y que «de común acuerdo se determinará qué otras festividades religiosas son reconocidas como días festivos».

En el artículo VI se establece el reconocimiento por el Estado de los «efectos civiles al matrimonio celebrado según las normas del Derecho Canónico» desde el momento de su celebración. Así para la inscripción «en el Registro Civil», bastará «con la simple presentación de certificación eclesiástica de la existencia del matrimonio». A continuación se reconoce la validez civil de las declaraciones de nulidad del matrimonio realizadas por los Tribunales Eclesiásticos. Se añade a continuación que «la Santa Sede reafirma el valor permanente de su doctrina sobre el matrimonio y recuerda a quienes celebren matrimonio canónico la obligación grave que asumen de atenerse a las normas canónicas que lo regulan y, en especial, a respetar sus propiedades esenciales».

En preámbulo del Acuerdo, después de hacer referencia a la «importancia fundamental» que las dos partes conceden a «los temas relacionados con la enseñanza», se afirma que «el Estado reconoce el derecho fundamental a la educación religiosa» Por último se hace referencia en el preámbulo al «patrimonio histórico, artístico y documental de la Iglesia [que] sigue siendo parte importantísima del acervo cultural de la Nación; por lo que la puesta de tal Patrimonio al servicio y goce de la sociedad entera, su conservación y su incremento, justifican la colaboración de Iglesia y Estado».

Esta entrega incondicional de su patrimonio y de la potestad de educación y dirección ideológica que posee un Estado democrático a una Iglesia que carece absolutamente de organización y principios democráticos, ha permitido mantener los privilegios de una institución que fue el soporte ideológico de la dictadura franquista. Tal anómala situación supone a la ciudadanía el pago de decenas de millones anualmente para la enseñanza de la doctrina católica en los colegios, para el mantenimiento del clero y sus numerosas órdenes, y la entrega de la propiedad del inmenso tesoro artístico, inmobiliario y arquitectónico que constituyen las iglesias, catedrales, seos, ermitas, conventos, abadías, museos, que se reparten por todo el territorio español y que constituyen el patrimonio más importante del mundo católico, después del de Italia.

Con la adquiescencia de los sucesivos gobiernos, José María Aznar, cuando fue presidente, hizo aprobar una ley que permite a la Iglesia apropiarse de cualquier bien inmueble que no se halle inscrito en el Registro de la Propiedad, mediante el término de inmatricular – que enmascara el de apropiarse- y que le ha entregado la propiedad de 40.000 fincas, edificios religiosos y civiles, en toda España, incluida la Mezquita de Córdoba, uno de los grandes monumentos musulmanes del mundo.

Y todo ese patrimonio, el tesoro inmobiliario mayor de nuestro país, que nos ha sido arrebatado al pueblo español, lo mantenemos con nuestro dinero, dado que la Iglesia no paga ni aún los impuestos legales por dichas propiedades. Mantenimiento que supone una inversión incalculable dada la cantidad, extensión, complejidad y antigüedad de tales monumentos.

A este coste que esquilma nuestros  bolsillos, se añade la concesión a las órdenes religiosas católicas del 30% de las plazas escolares, con esa ficción de la escuela concertada que se inventó en la Transición y que supone enseñanza privada con fondos públicos. En esos centros se adoctrina a los niños y a las niñas contra los principios democráticos que consagran la Constitución y las leyes: la igualdad entre el hombre y la mujer, el derecho al divorcio, el derecho al aborto, el matrimonio homosexual, enseñándoles que estas conductas son pecaminosas e incluso criminales.

Pero creyérase que tales privilegios concedidos por un Estado democrático se deben a la acendrada religiosidad de la ciudadanía, cuya fe hay que respetar. Creencia que ya se ha demostrado errónea. Las últimas cifras oficiales nos dicen que sólo el 11% de la población española asiste a Misa los domingos. Sólo el 20% de los matrimonios se contraen por la Iglesia y el 50% por ciento de todos los casamientos concluyen en divorcio. Ni siquiera el Partido Popular se ha atrevido a anular la ley de aborto, que ocasionó la caída del ministro Gallardón y su fin político. Y el 50% de los jóvenes declara que no cree en Dios.

Si observamos el panorama en el seno de la propia Iglesia, la visión que se nos ofrece es aún más patética. Las vocaciones para entrar al servicio del Dios católico son cada vez menos frecuentes. No hay sacerdotes para cantar Misa.  Uno debe prestar servicio a siete u ocho parroquias y dejar las hostias consagradas para que sean administradas por algunas mujeres todavía fieles. Los conventos están abandonados. Las pocas congregaciones que subsisten, con unas cuantas monjas ancianas, no pueden mantenerse por sí mismas, ni mucho menos conservar los inmuebles y las obras de arte que poseen. Los Seminarios están cerrados. Si no fuera por algunas aportaciones de África y Latinoamérica, ni aun pagando la Iglesia Católica en España conseguiría sacerdotes para los servicios indispensables.

¿De qué religiosidad estamos hablando, entonces? ¿Cuáles son los motivos que inducen a nuestros gobiernos a mantener los privilegios milenarios de la Iglesia Católica, que supone esquilmar los escasos recursos de que disponemos para mantener los servicios sociales? ¿Cómo es posible que la tercera parte de la enseñanza pública esté entregada a las órdenes religiosas para que sigan haciendo el proselitismo secular que ha llevado a nuestro pueblo al atraso, la ignorancia y el prejuicio, lacras de la democracia y que ha hundido a nuestro país en un horrible atraso cultural y moral, del que únicamente intentó sacarlo la II República? ¿Por qué el gobierno de Rodríguez Zapatero, con la ínclita Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega al mando, aumentó la dotación a la Iglesia Católica? ¿Por qué los gobernantes de izquierda asisten a oficios religiosos, presiden las procesiones, están en funerales de Estado, mientras nuestros reyes se casan por la Iglesia, siguen haciendo comulgar a sus hijas, asistiendo a entierros y ceremonias católicas y rindiendo serviles homenajes a las jerarquías de esa institución?

No existe ninguna explicación lógica para este servilismo que mantienen nuestros gobernantes y políticos a una institución en plena decadencia que apenas tiene prestigio en nuestro país, a menos que existan acuerdos secretos y chantajes que desconocemos.

Pero, ¿qué dicen los partidos y formaciones de izquierda respecto a esta situación tan anómala e injusta cuando se postulan ante la ciudadanía para gobernar el país? ¿Cómo es posible que ninguno haya hecho campaña para llevar adelante la separación efectiva de la Iglesia y el Estado y recuperar la propiedad de nuestros bienes apropiados por aquella? ¿Cómo no exigen que se  retiren las ayudas económicas que se le entregan y  quede su financiación a cargo de sus fieles? ¿Cómo pueden permitir que la educación pública imparta clase de religión católica, y el Estado tenga que pagar el sueldo de los profesores y su seguridad social?

¿Qué clase de síndrome de Estocolmo  es el que lleva a dirigentes de izquierda, como Ada Colau y Manola Carmena a participar en las bendiciones, procesiones y concesiones de medallas que organiza el clero? ¿Y al alcalde de Cádiz a conceder la  Medalla de Oro de la Ciudad a la Virgen del Rosario y que esa decisión fuera defendida por el propio Pablo Iglesias?

¿Cuándo estableceremos una verdadera separación de la Iglesia y el Estado como corresponde a una sociedad democrática?

Por supuesto, únicamente cuando se proclame la III República.

Lidia Falcón

https://blogs.publico.es

¿Y si nuestro libre albedrío no es tan libre?

   Por 

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Se supone que el libre albedrío, es decir, hacer lo que nos venga en gana, es un regalo de los dioses.

Sí, pero ¿de qué dioses? ¿De aquellos que desde su urbanización privada en el Olimpo jugaban con las casualidades para divertirse a nuestra costa? ¿O de sus sucesores, los señores monoteístas que te sueltan en la tierra con una patente de corso de la que después tendrás que rendir cuentas?

Da igual, porque hay una cosa en la que todos ellos sí están de acuerdo: el único responsable de lo que te suceda eres tú, porque ellos te han fabricado con un componente de serie denominado libre albedrío.

Pero… ¿Y si nuestro libre albedrío es una quimera? ¿Algo que no crearon los dioses, sino que lo hicimos nosotros para asumir la ficción en la que vivimos? Esa que nos hace creer que tomamos decisiones que en realidad jamás tomamos.

En estos temas la ciencia todavía es incapaz de darnos una respuesta convincente, así que podemos intentar buscarla en esa otra forma de conocimiento tan poco valorada en los tiempos que corren: la especulación.

Imaginemos entonces que Dios existe, pero que en nada se parece a ninguno de los venerados por la humanidad a lo largo de su historia. Y ello, por la sencilla razón de que nuestra mente carece de la capacidad necesaria para vislumbrar al Dios verdadero.

Ese Dios, que no se dedica a lanzar rayos, ni a exigirte que masacres a los demás en su nombre, ni a amenazarte con el fuego eterno por masturbarte con una peli porno, sería la entidad responsable de cuanto vemos y no vemos. Creador del todo sin origen ni fin.

Un Ente imposible de ser comprendido y al que no pudiéramos amar ni temer porque la distancia entre Él y nosotros resulta inabarcable.

Pues bien, dicho Ser, impulsor de cuanto sucede en su eterno presente, sería el causante de una existencia carente de albedrío en lo que respecta al desarrollo de la energía, del universo, del tiempo… Y, por supuesto, con mayor motivo, carente de albedrío en esos ínfimos organismos que habitamos un ínfimo planeta durante un ínfimo espacio temporal en un ínfimo rincón del universo.

libre albedrío

Algo que ya intuyó Tolstoi en Ana Karenina: «En el infinito del espacio y del tiempo nace una célula, se mantiene por un instante y muere. Eso es la vida».

Y pretender que en el breve instante de una biografía que se pierde en la efímera existencia de la vida puede darse el libre albedrío es una presunción que solo se justifica desde nuestra incapacidad para asumir nuestra propia insignificancia. Y ello agravado por la convicción, establecida desde tiempos inmemorables, de que somos seres individuales y, por tanto, independientes los unos de los otros.

Para poseer el libre albedrío es necesario contar con una cantidad de conocimiento de la que estamos a años luz de distancia. Como sujetos y como especie. Esa es la razón del éxito que en su momento alcanzaron las filosofías deterministas basadas en una relación causa-consecuencia, que en el fondo plantean nuestra incapacidad para ser decisorios. Es decir, que el libre albedrío es un don divino en el que nosotros no pintamos nada por mucho que nos empeñemos en creer que estamos hechos a su imagen y semejanza.

Esa determinación causa-consecuencia apareció por primera vez en lo que más tarde se llamaría «el demonio de Laplace». En 1814, Pierre-Simon Laplace, astrónomo, físico y matemático francés, planteó que si el demonio fuera capaz de conocer la ubicación exacta de cada átomo del universo, sus valores para cualquier tiempo pasado o futuro serían fácilmente determinados.

De ser así, no solo ese Dios inabarcable, sino también su antagónico Lucifer, sabedor de la existencia del Árbol del Conocimiento con el que prometió a Eva el libre albedrío, serían los dos únicos seres poseedores de ese don. Un don del que nosotros tanto nos jactamos, pero exclusivamente desde la profunda ignorancia de nuestra arrogante barbarie.

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Una iglesia que necesita resucitar

Una iglesia que necesita resucitar

El papa Francisco I (al centro) celebra una misa en Roma el 7 de abril de 2019CreditRiccardo Antimiani/EPA vía Shutterstock

MADRID — La imagen de las llamas saqueando Notre Dame produce una enorme desolación. Justo en estas fechas, en Semana Santa, poco antes de la celebración del día de la resurrección, la mejor noticia que el catolicismo puede ofrecerle al ser humano, una de las catedrales más emblemáticas del planeta cruje bajo el fuego. Obviamente, para la gran mayoría, no se trata de una tristeza ligada a la experiencia confesional. Notre Dame es un sacramento laico. Representa a la historia humana, no a Dios. Pero sin duda la escena parece diseñada para convertirse en una metáfora de la enorme crisis que vive esta religión hoy en día. ¿Acaso tiene algún sentido ser católico? ¿Cuál es el destino de la iglesia?

Una iglesia que necesita resucitar

El 15 de abril de 2019, la catedral de Notre Dame en París se incendió.CreditFouad Maghrane/Agence France-Presse — Getty Images

Yo también fui católico. Como casi todos los latinoamericanos, desde niño fui educado para responder de manera emocional a las expresiones de la fe. En mi juventud pensé en la posibilidad de ser sacerdote. Pasé dos años en el seminario de los jesuitas pero, un mes antes de hacer los votos, deserté. Luego, con el tránsito del tiempo, me fui distanciando cada vez más de cualquier iglesia. Terminé más aliado a la incómoda lucidez de Christopher Hitchens que a la devoción ante los altares. Ahora soy un ateo que, como gran parte de los ateos, en algunas ocasiones, extraño y envidio la fe.

Creo que es un proceso bastante común en casi todos los que nacimos a partir de la segunda mitad del siglo pasado. El catolicismo nunca fue capaz de leer los cambios y de reinventarse creativamente ante todo lo que fue ocurriendo en las últimas décadas del siglo XX: desde la revolución sexual y el empoderamiento femenino, hasta la revolución tecnológica y la digitalización del mundo, pasando por las crisis de las utopías sociales, el fin de las ideologías clásicas y las nuevas formas de ejercicio del poder. La nueva velocidad de la historia dejó a la jerarquía católica en un espectáculo deplorable: desnuda y envejecida.

Todavía hoy ese desencuentro es evidente y aterrador. En el contexto de los escándalos sexuales, frente a los cuales la iglesia ha tardado tanto en reaccionar con una ética radical y determinante, Joseph Ratzinger escribió hace unos días un alegato donde intenta relacionar la pederastia de muchos sacerdotes con los cambios en la sexualidad mundial durante la década de los sesenta. De esta forma, el primer papa autojubilado de la historia, el sacerdote que durante años se encargó de vigilar y proteger la doctrina de la iglesia, pretende liberar de culpas a delincuentes con sotana que, desde hace mucho, deberían haber sido juzgados por los tribunales civiles. Por suerte, todo ha cambiado. Vivimos en una profunda crisis de la representación. Así como en la política ya no es tan fácil representar al pueblo, tampoco ahora es tan sencillo representar a Dios.

La renuncia de Benedicto XVI y la elección de Francisco I puede ser vista como una ingeniosa operación de mercadotecnia fraguada en el Vaticano. El catolicismo enfrentaba un cuestionamiento global sin precedentes y necesitaba una nueva imagen. La elección de un argentino, además, era una hábil jugada para atender a Latinoamérica, su mayor consumidor. Bergoglio, más que un producto de la fe, parece una estrategia de mercado, una urgente reacción ante la necesidad de ofrecer una idea de cambio.

A todo esto, además, hay que sumar el creciente éxito de las iglesias evangélicas. Antes el enemigo estaba afuera: era el ateísmo, el comunismo. Ahora, el enemigo está en el territorio de la fe, comparte el mismo Dios. Se calcula que ya el 19 por ciento de la población de América Latina es evangélica. En algunos países de Centroamérica, son mayoría. El Vaticano está perdiendo su mejor rebaño.

Una iglesia que necesita resucitar

A la izquierda, el papa emérito Benedicto XVI; a la derecha, el papa Francisco I CreditGregorio Borgia/Associated Press

Tal vez no hay señal más contundente de la crisis del catolicismo que la existencia de dos papas. Nunca antes, la historia de la iglesia había sido tan ambigua con la representación de Dios en la Tierra. Mientras Francisco I señala que los sacerdotes que hayan cometido algún abuso deben ser castigados por la justicia ordinaria, Benedicto XVI trata de diluir estos crímenes y traslada a la historia mundana cualquier responsabilidad. Si Jesucristo resucitara hoy, ¿en cuál de ellos creería? ¿Acaso se sentiría representado por alguno de los dos?

Al igual que todos los otros liderazgos, la jerarquía católica debe entender que ya no tiene las mismas ventajas que antes. Para bien y para mal, el flujo y la velocidad de las informaciones han trastocado toda la dinámica social. Lo público es ahora mucho más transparente. El poder es más débil. La noción de lo sagrado se ha paganizado.

El catolicismo necesita reinventarse. Con mucha coherencia moral pero, también, con mucha más rapidez. El Vaticano acumula décadas de retraso con respecto al ritmo de la sociedades actuales bajo el signo de la globalización y la tecnología. El sacerdocio de las mujeres, la sexualidad y el celibato, la riqueza oficial, la democratización interna y la transparencia económica son algunos de los temas pendientes para intentar comenzar a conectarse de nuevo con los creyentes. El humo negro sobre Notre Dame también nos recuerda que la iglesia necesita resucitar.

La fuerza de los dioses

Todas las sociedades organizadas han creado sus divinidades

Penitentes en la Semana Santa de Calahorra, el pasado miércoles.
Penitentes en la Semana Santa de Calahorra, el pasado miércoles. ÁLVARO BARRIENTOS. AP

 

La muerte de Jesús de Nazaret se mantiene como uno de los misterios más profundos y duraderos de la historia occidental. “Aún no sabemos quiénes ni por qué mataron a Jesús”, escribió Juan Arias, veterano periodista de este diario, gran experto en historia bíblica y autor de libros como Jesús: ese grandesconocido. Los eruditos comparten muy pocas certezas sobre aquel acontecimiento crucial. El historiador Simon Sebag Montefiore las resume así en su libro Jerusalén. Una biografía (Crítica): “Los Evangelios acusan a los judíos y absuelven a los romanos, deseosos de mostrar su lealtad al imperio. Sin embargo, los cargos contra Jesús y el castigo en sí cuentan su propia historia: fue una operación romana”.

Los cristianos lo conmemoran en Semana Santa, que coincide más o menos con el principio de la primavera, y es probable que el martirio tuviese lugar a principios a abril, aunque los Evangelios no se ponen de acuerdo en la fecha. Existen numerosas contradicciones y lagunas en el relato canónico: por ejemplo, la famosa anécdota de Poncio Pilatos lavándose las manos solo aparece en Mateo y, además, no existe ningún otro ejemplo en la antigüedad de que alguien realizase un gesto similar para eludir sus responsabilidades. El huerto de Getsemaní, el beso de Judas o la última cena pertenecen más a la leyenda, o mejor dicho, a la necesaria codificación de una nueva religión que a la realidad. Desde luego, no hay pruebas arqueológicas o documentales que los confirmen.

Este profundo misterio no impide que la Semana Santa se mantenga como un espectáculo impresionante, incluso para los no creyentes. A diferencia de la Navidad y pese a la colonización de los huevos de Pascua, no ha perdido su carácter religioso. Ya no cae sobre España el silencio espeso de tambores y capirotes de otros tiempos, pero incluso en las ciudades grandes como Madrid las procesiones marcan el ritmo vital durante unos días. A finales de abril se publica el libro de Neil MacGregor Vivir con los dioses (Debate), un relato muy documentado y entretenido de la historia de las religiones, que fue antes una gran exposición en el British Museum de Londres. Se crea o no se crea, se tenga un dios, muchos dioses o ninguno, estos días nos confirman la íntima relación de todas las sociedades organizadas conocidas con las divinidades.

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Los secretos de ‘La última cena’ de Da Vinci, explicados en un hilo

El arquitecto Miquel del Pozo analiza en Twitter los detalles tras el famoso cuadro

¿Por qué se sientan todos en el mismo lado de la mesa en La última cena? ¿Por qué Juan aparece dormido en plena escena en muchas de las representaciones de este momento? ¿Cuál es la historia detrás del cuchillo de Pedro? El cuadro de Leonardo da Vinci sigue muy presente en la cultura popular, más de cinco siglos después de haber sido pintado. Un completo hilo de Twitter creado por el arquitecto y divulgador artístico Miquel del Pozo Puig explica muchos detalles desconocidos de la obra.

“El potencial de un hilo de Twitter como formato narrativo es increíble. Además de texto, te permite incluir otro tipo de contenidos visuales y termina pareciéndose mucho al storyboard [el boceto que sirve de guía] de un cómic o de una película documental”, cuenta Del Pozo a Verne por teléfono.

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Los secretos de 'La última cena' de Da Vinci, explicados en un hilo

Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

-Hola, una mesa para 24.
-Pero si son sólo 13.
-Sí, pero nos vamos a sentar todos al mismo lado de la mesa.

(El chiste tiene gracia pero la pregunta es: ¿por qué se sientan todos en el mismo lado en la ÚLTIMA CENA?)

HILO especial SEMANA SANTA

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Esta conferencia virtual, publicada el 17 de abril en plena Semana Santa, se ha compartido más de 3.500 veces en sus primeras 24 horas y ha generado miles de comentarios. El primero de los detalles que desvela es la razón por la que los apóstoles se colocan en el mismo lado de la mesa.

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Los secretos de 'La última cena' de Da Vinci, explicados en un hilo

Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

Esta disposición iconológica, que responde a la visión del espectador y no a la “realidad” de una cena, se convierte en canónica y así se representa la última cena en los cenáculos de Florencia.

Nota: no dejéis de visitarlos cuando viajéis a la ciudad.

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Del Pozo cuenta que la curiosa postura de Juan en esta y otras representaciones artísticas de la conocida escena bíblica nos lleva a tiempos de los romanos. Y que la artificial disposición de los apóstoles tiene que ver con las reglas pictóricas de la época.

Los secretos de 'La última cena' de Da Vinci, explicados en un hilo

Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

Si os habéis fijado, en todas las pinturas anteriores, Juan aparece dormido sobre la mesa o sobre el pecho de Cristo. El más joven de los apóstoles se ha dormido durante la cena más importante de la cristiandad (!). ¿Por qué?

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Los secretos de 'La última cena' de Da Vinci, explicados en un hilo

Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

Juan duerme porque “el texto” dice que estaba “reclinado junto a Cristo”. Se interpretó “reclinado” como que se había tumbado/dormido “junto a Cristo”. Lo más probable es que todos estuvieran “reclinados”, tal como comían los romanos. Juan era el que estaba a su lado. pic.twitter.com/3MsIMKaDbM

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El cuchillo de Pedro también cuenta más del pasaje bíblico de lo que una simple imagen puede resumir. Hay mucho que contar en lo que el arquitecto denomina “el momento de mayor dramatismo de la historia”.

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Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

El cuchillo que sostiene Pedro no es un signo/símbolo para descifrar teorías conspiranoícas (Dan Brown y otros). Es uno de los atributos tradicionales del apóstol en la Última Cena. Pedro (casi) siempre lleva un cuchillo bien visible.

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Los secretos de 'La última cena' de Da Vinci, explicados en un hilo

Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

El cuchillo hace referencia a una escena posterior, después de la cena, cuando Judas entrega a Cristo (señalándolo) con un beso. Entonces Pedro sacará un cuchillo para intentar evitarlo y cortará la oreja a un hombre. pic.twitter.com/DAijrLhwl1

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Además de analizar el cuadro de Da Vinci, Del Pozo aprovecha su exposición para mencionar muchas otras revisiones históricas y actuales de la última cena de Jesús y sus apóstoles.

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Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

Leonardo ha creado una imagen del drama humano que viven los apóstoles pero debe incluir elementos de la tradición (la bolsa de Judas, el cuchillo de Pedro…) y (en teoría) cumplir también con la perspectiva, el dogma florentino.

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Miquel del Pozo Puig@miqueldelpozo

La imagen de la Última Cena de Leonardo se ha convertido en un icono y ha sido “reproducida” en varias ocasiones. Por ejemplo, Buñuel en Viridiana o Annie Leibovitz para un reportaje sobre Los Soprano. pic.twitter.com/MUlbflIy6v

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[Puedes leer el hilo completo a través de este enlace]

Inspirado en el Thyssen

Del Pozo empezó a crear hilos de Twitter en 2014, “siguiendo la estela de Guillermo Solana [director artístico del Museo Thyssen]”, recuerda. Adaptó la idea de #Thyssen140, que explicaba en la red social la historia del museo madrileño y que luego se convirtió en un libro.

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Museo Thyssen

@museothyssen

.@CGJgirona por @guillermosolana uno de nuestros “must” 🙂

Ver los otros Tweets de Museo Thyssen

Desde ese punto de partida, el arquitecto comenzó a publicar un relato a la semana sobre artistas como Da Vinci o Miguel Ángel a través de las etiquetas #MA140 y #miniMA140 (para relatos más breves). “A veces necesitaba todo el fin de semana para recopilar toda la información necesaria y publicarla el domingo por la noche”, explica su autor.

El proyecto creció tanto que se convirtió en una web donde se recopilan sus hilos y se trasladó poco a poco al mundo offline. Del Pozo ofrece ahora conferencias presenciales en el Museo del Prado y colabora en el programa La Ventana de la cadena SER. “El éxito en Twitter me alejó de Twitter”, dice.

Ahora se han cambiado las tornas. Construye de vez en cuando hilos con el material que recopila para sus colaboraciones en radio o museos. Es el caso de este resumen sobre La última cena de Da Vinci.

“Al principio me sorprendió que el arte tuviera cabida en las redes sociales, pero con el paso del tiempo he descubierto un mundo lleno de posibilidades. La forma de interactuar es distinta de la del mundo real. A veces, los lectores me recomiendan libros que enriquecen mucho mi vida”, dice.

Los secretos de 'La última cena' de Da Vinci, explicados en un hilo

Imagen de la web de Miquel del Pozo

Con este tipo de hilos, Del Pozo recuerda que disfrutar del arte no es solo observar una obra. También se trata de investigar sobre ella: “El saber popular de las personas que admiraban estos cuadros es muy diferente del actual. Por eso necesitamos un contexto. No se trata solo de analizar la composición de un cuadro”.

El catalán no aprendió arte por los cauces habituales, y su proyecto #MA140 propone que otros hagan lo mismo. Comenzó estudiando Arquitectura en la Universitat Politècnica de Catalunya, pero decidió aparcar sus estudios durante un tiempo para centrarse en una carrera en apariencia menos rentable, como la de Historia del Arte. Durante su año de Erasmus en Roma, se formó por su cuenta, visitando muchas de las obras que aparecían en el temario de sus asignaturas.

Su proyecto virtual, al igual que otras propuestas como los directos en Instagram del Museo del Prado, invitan a la formación autodidacta. “No hay excusas para no estudiar arte. Si estas lejos de las obras, al menos puedes recurrir a Internet”, defiende.

La web de #MA140 divide por temáticas los hilos creados desde 2014, algunos de ellos dedicados a artistas como Van Gogh o Picasso o a otros pasajes bíblicos, como el Juicio Final.

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