JAVIER SÁDABA

Filósofo. Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado por Nazanín Armanian, Francisco Delgdo Ruiz, Enrique J. Díez Gutiérez, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay, Waleed Saleh AlKhalifa y Ana María Vacas Rodríguez

Bolsonaro, Crivella, Silva: cada vez más poder para los evangélicos de  Brasil | Destacados | DW | 26.09.2018

Los llamados evangélicos evangelistas son una amplia rama del protestantismo y que tiene su inspiración en Lutero. Lutero rompe con Roma y, esa es su intención, intenta retornar a la pureza de los inicios frente a la supuesta corrupción del Vaticano. Si en Roma existe una cabeza, el Papa, que manda sobre el resto de los creyentes cristianos, el protestantismo se parece a un archipiélago con muchas islas, algunas de estas de nuevo subdivididas.

A pesar de sus diferencias internas, evangélicos y romanos se declaran cristianos puesto que tienen creencias básicas comunes. Por ejemplo, Jesús es el Hijo de Dios que nos redimirá del pecado y nos salvará en una vida futura feliz. Tales creencias las basan en unos libros sagrados, los evangelios, que estarían revelados por el mismo Dios. Es verdad que lo que está escrito en los citados evangelios los católicos lo toman de una manera más amplia y alegórica, mientras que los evangelistas se agarran a lo escrito como si el texto fuera en sí mismo divino. De ahí su fundamentalismo, su integrismo y su dogmatismo.

Los evangelistas, y dejando atrás su historia, se están extendiendo por el mundo de modo imparable. Las causas de dicha expansión son varias. Por citar algunas, el poder económico, con el que les es fácil penetrar en las capas populares más empobrecidas. Téngase en cuenta que su base reside en Estados Unidos. En este aguerrido, económicamente y militarmente, país, la mitad de la población es evangelista, con la cantidad de ramificaciones antes citada, como es el caso, y es un ejemplo, de los pentecostalistas o los metodistas. De ahí sale buena parte del dinero que se derramará después, en nombre de un Dios Salvador, a lo largo del mundo. Por otro lado, no habría que olvidar el decaimiento del catolicismo romano. El catolicismo se ha hecho viejo y le falta, además, el ardor proselitista que les sobra a los evangélicos. Nada extraño que allí en donde antes se profesaba la fe católica ahora tomen el relevo los evangélicos. Es este un fenómeno que se da en muchos grupos y movimientos. Una vez que las ideas y los ideales se hacen difusos la derrota se disimula con palabras, gestos o una simple liturgia. El evangélico, sin embargo, se emociona, canta, grita, reza en común con las manos unidas y forma, así, una comunidad enfebrecida que se lleva por delante lo que comienza a contemplarse como algo sin fuerza ni firmeza.

El evangelismo, lo dije ya, se extiende y avanza por todo el mundo. Fijémonos en la hasta ahora católica Latinoamérica. En Centroamérica, en donde pequeños pueblos que nadan en la pobreza sueñan con emigrar a Estados Unidos, los evangélicos arrasan y sobrepasan ya a otras religiones. El tristemente conocido Bolsonaro y su equipo de gobierno son fervorosamente evangélicos. No es de extrañar que allí la pandemia viral que padecemos globalmente sea una de las mayores y peor tratada. Y es que si ponerse de rodillas y rezar es más eficaz que la ciencia médica, entonces despidámonos de esta y todos a rezar. En México están en el gobierno y prácticamente en todos los países condicionan la política, dada la cantidad de evangélicos que existen. Solo en Colombia se cuentan más de cinco millones.

El principal problema no es solo su fe ciega, un problema sin duda para una persona racional y laica, sino la ideología que trasportan. Se oponen a la eutanasia y a la interrupción voluntaria del embarazo, colocan la magia por encima de la ciencia, apoyan con los votos o el dinero a los gobiernos más corruptos de derecha y extrema derecha. Y así podríamos continuar. Esa es la situación que atañe al resto de los países. En lugares como Arabia Saudí alientan la persecución de mujeres que tildan de brujas, y en otros países, todavía saliendo del limbo de una colonización que los ha hecho mantenerse en pañales, persiguen la homosexualidad, lo que llaman pornografía y todo aquello que huela a mínima modernidad. Y todo esto se propaga a los ojos de un mundo que parece no alterarse por este tipo de actitudes que van directamente al corazón de una sociedad laica. El evangelismo es un peligro en general. Todavía no ha entrado mucho en la sociedad española. Hay que estar atentos. Que nadie interprete lo dicho como una defensa del catolicismo. En absoluto. Lo que quiero decir es que no vendría mal conocer más de la historia de las religiones. Y que hay que enterarse y mirar a todos los lados para salvar al siempre necesario laicismo.

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El hombre cuenta (I): desde su enfermedad, desde su nada

Víctor Gómez Pin: «La filosofía es el destino de la ciencia» - Jot Down Cultural Magazine

Para hacer perceptible lo reciente de la aparición del hombre, los físicos en ocasiones recurren a una trasposición de las etapas de la evolución del universo y el transcurso de una película de tres horas. Recordemos algunos datos aproximados:

El Universo “surgió” hace 13.500 millones de años, esa estrella que es el sol  data de 5.000 millones de años,  la Tierra se formó hace 4.500 millones de años. ¿Y la vida?  Hace 3.500 millones de años aparecen los primeros organismos unicelulares. Los primeros mamíferos aparecieron hace 300 millones  de años. Los homínidos datan aproximadamente de seis millones de años  y los humanos habitamos la tierra hace quizás 4 millones de años, aunque el llamado “homo habilis”,  aparece  hace sólo  2500 millones de años.

Vayamos ahora a la transposición a escala en la película de tres horas.  La vida aparecería treinta minutos antes del final, los animales únicamente cinco minutos. ¿Y los humanos? Sólo  serían  introducidos una fracción de segundo, tan ínfima que el espectador no se apercibiría de ello. Supongamos ahora que una catástrofe nos hiciera desaparecer, por ejemplo en el año tres mil. Nuestra presencia total  no habría superado esa mínima fracción de segundo. ¿Fracción insignificante? Poco a poco.

Piénsese que en ella habría tenido cabida desde  el transcurrir de la técnica, la ciencia, el arte la filosofía y… el cúmulo de interrogaciones y respuestas sobre lo que tiene significativo peso y lo que es in-significante. Por ejemplo, la pregunta  misma sobre si lo inconmensurable  del transcurso temporal desde la existencia del hombre en relación al conjunto de la historia  evolutiva tiene correspondencia en el peso a otorgar a ese momento final en relación al conjunto.

Pues sólo en esa ínfima fracción de segundo entra en escena  un hacedor de signos, un ser que otorga significado, o más bien significados múltiples  bajo un mismo signo, y sin cuya acción  obviamente todo carecería de significación. En esta fracción de segundo aparece  el ser que “da cuenta” remitiendo a principios asumidos como evidencias (base de la ciencia), mas también el ser que simplemente “cuenta”,  en todo caso el ser que  dirime, acota, muestra  la no confusión y así, entre otras cosas, marca  la diferencia entre lo enorme y lo diminuto, entre lo que tiende a infinito y lo que se aproxima a lo infinitesimal.

No hay forma de escapar a esta paradoja: el proceso que constituye el universo (es decir, la historia de la transformación de la energía) sólo aparece muy dilatado en razón de que un ser efímero, “desde su enfermedad, desde su nada”, estupefacto ante su entorno, se esfuerza por ordenarlo y contarlo a la vez que  persiste en conferirle un sentido, un ser que como el Spinoza de Borges  “desde su enfermedad, desde su nada/ sigue erigiendo a Dios con la palabra”.

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LA HISTORIA DE CÓMO LA MANZANA LLEGÓ A SER LA FRUTA PROHIBIDA DEL PARAÍSO

LA BIBLIA NO HABLA DE UNA MANZANA, PERO ACTUALMENTE ES DIFÍCIL PENSAR EN LA HISTORIA DEL GÉNESIS SIN PENSAR EN LA MANZANA DEL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO
La historia de cómo la manzana llegó a ser la fruta prohibida del paraíso
Hoy en día cuando pensamos en la historia del Génesis, pensamos automáticamente en la manzana que Eva probó tentada por la serpiente. Sin embargo, el texto bíblico original no hace en ninguna medida una mención específica de un manzana.

¿Cómo llegó entonces a asumirse que fue una manzana ese fruto del Edén?

La historia es notablemente complicada y llena de giros (algunos de los cuales habrán ocurrido en diferentes momentos en diferentes lenguas). Pero fundamentalmente se debe al juego de palabras del traductor de la Vulgata, san Jerónimo, el santo patrón de los traductores, a quien se le debe la empresa gargantuesca de haber traducido el Antiguo Testamento del hebreo y el Nuevo Testamento del griego.

En el hebreo original se utiliza la palabra peri, un genérico equivalente a fruta. La fruta del paraíso inicialmente había sido interpretada de maneras distintas, pero sobre todo como un higo o una granada. Jerónimo, sin embargo, empleó cierta creatividad, según explica Robert Appelbaum. El traductor decidió utilizar el término latino malus. Como adjetivo significa “malo” o “maligno”. Pero como sustantivo significa “manzana”, proveniente del manzano, el árbol llamado Malus pumila.  Pero en la época de Jerónimo, malus significaba cualquier fruta con semilla. Así que podría haber sido también la pera o el higo prohibido.

Por ello tenemos diferentes interpretaciones del fruto edénico, como la de Miguel Ángel, que eligió pintar una serpiente enroscada sobre una higuera. Según Appelbaum el punto de transición ocurrió con la obra de Alberto Durero, en un grabado en el que retrató a Adán y Eva frente a un manzano. Esta pintura habría sido muy influyente. 

Sin embargo, a quien debemos sellar en el imaginario popular la idea de una manzana en el paraíso es, al menos para la cultura anglosajona, al poeta británico John Milton, autor del texto literario clásico sobre la expulsión del paraíso, Paradise Lost. En esta obra, indudablemente una de las más grandes de la literatura inglesa, Milton eligió usar la idea de la manzana, pese a que tenía conocimiento de griego, latín y hebreo, e incluso había sido secretario de lenguas extranjeras bajo Cromwell.

Aunque, de nuevo, el término apple en inglés no dejaba de tener ambigüedad y podía referirse a una fruta genérica. Según Appelbaum, Milton podría haber querido jugar con las imágenes que esta palabra evocaba, pues en su época connotaba la idea de inocencia, como también la asociación con la cidra, una bebida intoxicante. Milton, un poeta ciego y profundamente cristiano, escribió una de las escenas más jugosas y poéticas de la historia, hablando de la manzana, y la seducción de la serpiente, al mediodía, en el Edén (término que además significa “delicia”) Y cuando Eva probó la manzana, abrió “una herida en la tierra” y  “todo se perdió”. Así quedó la manzana perpetuamente asociada con el pecado y la caída.

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Foto: William Blake, Eve tempted by the serpent (CC)

‘Buscando a Dios’, de History

Buscando a Dios”, el nuevo lanzamiento de History 2

Si usted está buscando grandes contenidos para vivir la Semana Santa, ya los encontró. ¿Dónde? En el canal History 2. Por favor ubíquelo en su sistema de televisión de paga. Sí lo tiene. A lo mejor de repente lo ha confundido con History o no se ha detenido a verlo a profundidad, pero ahí está. ¿Qué tiene de especial History 2? ¿Qué tiene que no tenga History? Vamos a definirlo así: con el paso de los años, History ha evolucionado hasta tocar grandes contenidos históricos, sí, pero también muchas series y programas de entretenimiento.

History 2 es un canal más de documentales. Es realmente grandioso porque le da perfecta continuidad a la esencia de la marca History. ¿A qué me refiero cuando le digo que History 2 tiene grandes contenidos para vivir la Semana Santa? A que estas señoras, que estos señores, a diferencia de la mayoría de sus competidores, están invirtiendo hoy una fortuna en la creación y en la adquisición de las mejores propuestas internacionales.

Si usted, como yo, ama profundizar en cuestiones espirituales en estos días, le garantizo que será feliz viajando de Yo conocí a Jesús a Las reglas de La Biblia, pasando por Fuera de La Biblia, El código de Dios, El Santo Grial en América y más, mucho más. Pero la joya de la corona es una obra maestra titulada Buscando a Dios que nadie se debe perder mañana sábado 3 de abril a las 21 horas. Es la primera serie documental sobre asuntos espirituales, calidad global, que se hace en Latinoamérica.

Esta producción nos lleva de China hasta Tierra Santa, y también de la India al Medio Oriente. ¡Es un derroche que no acaba nunca! PUBLICIDAD Luche por verla. Le va a encantar. De veras que sí.

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Otra Semana Santa

San Bartolomé Gto 2013 - YouTubeEn San Bartolo, estado de Guanajuato, se festeja la Semana Santa en una especie de ritual pagano. La iglesia no la acepta pero tampoco niega la llegada de ángeles y demonios que hacen cita en el centro del pueblo para luchar “malos” contra “buenos” y esperar el día de resurrección de Jesús. En realidad es un pretexto para limar asperezas entre los vecinos que ese día pelean para aplacar sus ímpetus de venganza por algún desagravio en el transcurso del año. Los daños colaterales llegan a la enfermería instalada a un lado del evento para curar las heridas infringidas en el “combate a muerte”.

Más de uno ha salido dañado de una oreja, dedo de la mano, fractura de un pie o rodilla producto de las espadas desenvainadas, machetes afilados —reales, de madera o plástico—, con los que se enfrentan los contendientes. La iglesia del pueblo lo tiene vetado como parte de la crucifixión, misma que se celebra en el pueblo que pasea a Jesucristo en la cruz con sus dos apóstoles, y Magdalena limpiando heridas. Un gozo visual, un ímpetu de carnaval, un rito tergiversado a través de los siglos y que, en San Bartolo, con espíritus celestes contra los hijos de Luzbel alcanza un tono fantasioso donde nadie sabe la verdad y sus orígenes, pero inventan la riña y la risa como cambio para sanar heridas.

Podremos observar el paganismo donde los ojos brincan de un lado a otro para encontrar al mejor vestido de lucifer o querubín en versiones donde Batman y Robin son el éxtasis. Donde en pleno duelo y luto el pueblo se divierte en una Semana Santa. Nada que ver con la tradición de Iztapalapa. Nada que ver con los ritos conservadores de la procesión en San Miguel Allende, o con la ciudad de Granada en la España católica, de rito ancestral. Acá los sentidos se desbordan en el colorido de los vestuarios rojos y azules, verdes y amarillos, rosas y violetas de esos, malditos contra benditos.

San Bartolo está a 15 minutos de la capital de Querétaro, aunque el pueblo pertenece al estado de Guanajuato, donde además existen ruinas prehispánicas y un balneario del siglo XVIII. Llegar es fácil y vale la pena encontrarse con otra Semana Santa.

La diferencia hace de la tradición cristiana tabúes rotos a pleno sol.

Braulio Peralta

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Diez años después: la cara no religiosa de México

imagen pluma firmas

LUIS PETERSEN FARAH

Empezaba así: “En el nuevo retrato de México aparece un rasgo importante. Según el Censo 2010, más de 5 millones de mexicanos se declaran sin religión. Se trata de una de las opciones que crecen en el país mientras el catolicismo baja lentamente”. Lo escribí en estas páginas, solo que hace 10 años (La cara no religiosa de México, 27 de marzo de 2011).

Lo significativo, decía entonces, “no es tanto la cantidad de no religiosos, sino el hecho de que el porcentaje se empiece a mover y a generalizarse en algunas regiones”: llegaba a 4.7 por ciento.

Volvamos al presente. Se publicaron ya los resultados del Censo 2020 y, en cuestión de religiones, la noticia es que más de 13 millones de mexicanos (10.6 por ciento) se describen ahora como “sin religión” o como “creyentes sin adscripción”. Ojo: de esos trece millones, solo un 5.4 por ciento se considera ateo; un 23.5 por ciento se ve como creyente sin iglesia y un 71.3 por ciento como simplemente sin religión.

El tema fue analizado el miércoles en el programa Sacro y Profano, de Canal Once, por Bernardo Barranco y las especialistas Renée De la Torre Castellanos, investigadora del CIESAS, y Cristina Gutiérrez Zuñiga, de la Universidad de Guadalajara.

El aumento en estos rubros sin religión es la gran sorpresa del Censo 2020, comentaron. Es el verdadero salto, más que el decrecimiento del catolicismo o que el crecimiento de las iglesias evangélicas, que resultaron movimientos más suaves: “Ahí la sorpresa es que no haya sido mayor”. 

En efecto, el catolicismo entre los mexicanos bajó en estos 10 años de 82.7 a 77.7 por ciento. Ahora hay poco menos de 98 millones de católicos. Ha sido un descenso constante, pero muchos lo esperaban mayor. Lo mismo que el crecimiento del conjunto (disperso) de las iglesias cristianas evangélicas, que pasó de 7.5 a 11.2 por ciento y llegó a 14 millones de mexicanos.

El dinamismo de las creencias religiosas va, al parecer, por otros caminos. Más bien se puede hablar, dicen las expertas De la Torre y Gutiérrez Zúñiga, de que ante la constante pérdida de la hegemonía católica, comienza a ganar una diversificación tanto en las creencias como en la forma de adscribirse.

En otras palabras, la mayoría de los mexicanos “sin religión” sigue siendo creyente, pero prefiere estar fuera del “modelo-iglesia”, que suele estar cimentado en los principios de jerarquía y de normatividad.

A partir de los resultados de los censos anteriores, todo indicaba que el descenso del catolicismo, sobre todo en grupos específicos y en algunos estados del sur o en las zonas cercanas a la frontera con Estados Unidos, dispararía el crecimiento de las iglesias evangélicas. Y eso se ha dado, está claro, pero no es lo que hoy marca la dirección de la religiosidad mexicana.

Diez años después, aparece que lo que se disparó fue un movimiento hacia otras formas, desinstitucionalizadas y tal vez individualizadas, de vivir las creencias. Algo que antes se veía apenas, sobre todo entre los jóvenes, y que no era ajeno a los escándalos y las posturas rígidas de las iglesias ante temas de su interés. ¿Se dibuja una nueva cara del México creyente? En estas cosas de la eternidad bien podemos esperar otros 10 años.

https://www.milenio.com/opinion/luis-petersen-farah/catarata/

Cuando los rituales antiguos se convirtieron en religión

Sobre las razones y los procesos a través de los cuales los antiguos ritos se convirtieron en los cultos organizados e institucionales que llamamos religiones…

El surgimiento de religiones cambió irreversiblemente la historia de la humanidad. Por lo tanto, es esencial preguntarse cuándo y cómo los rituales de los pueblos antiguos se convirtieron en sistemas organizados de pensamiento, cada uno con sus propias reglas, filosofías, cosmogonías y formas de adoración y adoración. Algunos expertos se inclinan a pensar que las religiones fueron creadas no sólo como formas de explicar lo inexplicable y dar sentido al sufrimiento en la experiencia humana, sino también a guiar nuestros lazos interpersonales y a nutrir nuestra cohesión colectiva.

Uno de esos expertos es el antropólogo Harvey Whitehouse del Centro de Antropología y Mente de la Universidad de Oxford. Whitehouse cree que muchas de nuestras formas de explicar el surgimiento de las religiones son insuficientes y simplistas. Su trabajo, abierto como está a un sinfín de otras disciplinas (historia, etnología y psicología evolutiva, entre otras), ha implicado décadas de colaboración entre académicos de todo el mundo trabajando para refinar el estudio científico de las religiones humanas.

Habiendo interés en las creencias tradicionales de los pueblos de Papúa, Nueva Guinea, Whitehouse desarrolló su propia teoría. Es uno que aplica a los rituales: prácticas capaces de proporcionar identidad a una comunidad y crear lazos entre sus miembros. Al estudiar los rituales de las culturas de Nueva Guinea, notó que los rituales dolorosos o difíciles, como algunos ritos de iniciación, marcan a un individuo por el resto de su vida, convirtiéndose en una parte esencial de la narrativa de una persona, y proporcionando un sentido de pertenencia a la comunidad.

Las teorías de Whitehouse han generado múltiples debates y lo han llevado a viajar por el mundo dando conferencias sobre ellos. En una entrevista reciente de Steve Paulson para Nautilus, Whitehouse habló de sus estudios recientes en Brasil, sobre el efecto vinculante del fútbol en ese país, y sobre temas de interés como el poder psicológico de Dios en una sociedad, y la dificultad de definir el término, religión, incluso hoy en día.

Al hablar de la definición de religión, Whitehouse explica que el término se utiliza con frecuencia para nombrar innumerables otras cosas: creencia en uno o más dioses, creencia en una vida después de la muerte, hechicería, rituales e incluso estados alterados de conciencia. Los arqueólogos, en el estudio de las religiones antiguas, buscan pistas sobre la actividad ritual y formas de establecer la frecuencia de estas prácticas. Ejemplos pueden ser la presencia de imágenes de deidades y otros elementos en las tumbas. (Estos casi siempre implican una creencia en la vida después de la muerte.) Los restos de animales en lugares específicos pueden indicar fiestas o fiestas rituales. A partir de estos, los expertos han sido capaces de establecer las primeras etapas de las religiones, y han llegado a la conclusión, por ejemplo, de que cuanto más frecuentes son los rituales de un grupo social, más claramente jerárquica es su religión.

En los rituales que involucran dolor y trauma, físicos y psicológicos, Whitehouse explica que estos son generalmente menos frecuentes que los rituales sin dolor, y a menudo tienen un aspecto de iniciación. Tales rituales funcionan como una forma de unir grupos a través de la resistencia, un mensaje inconsciente que asegura “si estamos unidos, podemos sobrevivir a cualquier dolor, cualquier desafío”.

Para explicar los orígenes y las posibles razones del surgimiento de las religiones, Whitehouse utiliza el fútbol como ejemplo resultante de sus estudios recientes en Brasil. Las religiones surgen para explicar eventos inexplicables, pero también sirven como una especie de amuleto cuando se llevan hazañas arriesgadas, al igual que los aficionados de un equipo de fútbol a menudo usan amuletos y ropa de la suerte para los partidos. Los jugadores realizan todo tipo de rituales antes de tomar un tiro libre, por ejemplo. A través de esta metáfora humorística, Whitehouse explica el parecido entre las religiones y sus rituales, y el fanatismo psicológico en el fútbol.

Dentro de su discusión sobre el surgimiento de las religiones, otro elemento importante es el lenguaje. Sin él, los sistemas doctrinales no podrían existir y no podrían haberse transmitido. Whitehouse enfatiza la importancia de los sueños (posible en el cerebro de muchos mamíferos) en la aparición de mitos de la creación. Muchos de ellos deben haber llegado, en efecto, a los sueños de la gente.

La transformación de las sociedades de cazadores y nómadas en pueblos sedentarios, basados en la agricultura— y todos los cambios resultantes en el tamaño y las estructuras de los grupos sociales, es otro factor que Whitehouse cita. Al estar en un gran grupo de personas, enfrentando peligros como ataques de otros pueblos, hostilidad de la naturaleza o animales peligrosos, la religión nace como una forma de cohesión dentro del grupo, y puede ser vista como un mecanismo de supervivencia.

Así, los rituales, que siglos y siglos más tarde se transformaron en religiones, comenzaron como mecanismos para la unificación de los grupos humanos. También eran, por supuesto, una manera de que la gente se relacionara con lo que hemos llamado sagrado. Tales rituales, en religiones más grandes, eventualmente se convertirían en prácticas como asistir a misa, en el caso de las religiones cristianas, o orar cinco veces al día, en el caso de las islámicas. Saber esto puede invitar a múltiples reflexiones. Uno de ellos podría estar relacionado con la importancia del aspecto social de la esencia humana, lo que nos ha llevado a alcanzar lo mejor de nosotros como especie, hasta el día de hoy, presenta un desafío para toda la humanidad.

 

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El sufismo, ¿un remedio contra el radicalismo islámico?

WALEED SALEH ALKHALIFA

Waleed Saleh es miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado además por Nazanín Armanian, Enrique J. Díez Gutiérrez, Francisco Delgado Ruiz, Pedro López López, Rosa Regás Pagés y Javier Sádaba Garay.

Vista de la tumba de maestro sufí Abd al-Qader al-Yilani, en Bagdad. WIKIPEDIA
Vista de la tumba de maestro sufí Abd al-Qader al-Yilani, en Bagdad. WIKIPEDIA

 

El sufismo, dimensión esotérica del islam, es una experiencia espiritual profunda surgida en los albores de esta fe. El objetivo último del sufí es la anegación de su conciencia en la Divinidad a través de un camino en el que hay que seguir sucesivas etapas. Recitaba Rabi’a al-‘Adawiyya (717-801), una de las pocas mujeres sufíes de la historia antigua del islam los siguientes versos:

“Te amo con dos amores
Un amor hecho de deseo
Y el otro, el digno de Ti
El amor hecho de deseo me hace recordarte a cada instante
despojándome de todo lo que no eres Tú.
El amor digno de Ti
aparta de mis ojos los velos para verte”.

Los sufíes se caracterizan por su sencillez y austeridad. Suelen ser críticos con el poder clerical y creen que el concepto de divinidad es fruto del pensamiento humano porque si no existieran las personas no habría dioses. A lo largo de la historia, destacados sufíes han defendido la unidad de las religiones. Decía al-Hallay (857-922): “Por mor de comprenderlas, mucho he reflexionado sobre las religiones, y las considero de un origen único con ramificaciones numerosas”.

El murciano Ibn Arabi (1165-1240) afirmaba: “Mi corazón acepta todas las creencias. Prado es para las gacelas y convento para el monje, templo para ídolos, Kábila para peregrinos, tablas de Torá y libro del Corán. Profeso la religión del amor doquiera cabalguen sus monturas, pues el amor es mi sola religión y mi fe”.

Defienden la libertad de conciencia y la unidad del universo. Dios, por lo tanto se manifiesta en sus criaturas, y cada una de ellas es un pequeño dios. El ser humano, en su opinión, goza de libre albedrío y es responsable de sus actos. Muchos sufíes, empujados por el carácter pragmático de su pensamiento, niegan la utilidad del rezo y la peregrinación a la Meca. Su preocupación, más bien, se orientaba hacia otras prioridades como la injusticia y la pobreza. Su máxima es acabar con los abusos del poder político y religioso, saciar el hambre de los pobres y ofrecerles una vestimenta digna.

La libertad es uno de los grandes valores del sufismo. El maestro sufí Abd al-Qader al-Yilani (1078-1166) proclamaba “un hombre íntegro no se somete a nadie, ni somete a nadie. No debe tener ninguna posesión ni ser poseído”.

El sufismo rechaza la violencia, el radicalismo y el terrorismo. Gracias a los diferentes grupos sufíes, el islam se expandió en zonas del África negra, la India y el lejano oriente.

El salafismo y el radicalismo islámico, representados en las últimas décadas por Al Qaeda y DAESH e inspirados en el Jeque del islam Ibn Taymiyya (1263-1328), rechazan y condenan al sufismo y lo consideran una innovación inaceptable. Es la misma actitud del wahabismo, corriente político-religiosa seguida en Arabia Saudí desde el siglo XVIII y difundida en otros países del Golfo. Desde su aparición, los wahabíes han perseguido a los sufíes en los diferentes países del mundo musulmán. Los llaman kuffar, “infieles”, porque, entre otras cosas, veneran a sus maestros y visitan sus tumbas. Los seguidores del wahabismo destruyen mezquitas sufíes, asesinan a sus hombres, toman a sus esposas como prisioneras y sus bienes como botín de guerra. A lo largo y ancho del mundo musulmán existen decenas de grupos sufíes o tariqas (vías o caminos), una especie de cofradías, cuyos seguidores se esfuerzan para encontrar la verdad espiritual. Algunos de los grupos más conocidos son: al-Qadiriyya, al-Sanusiyya, al-Ahmadiyya, al-Naqshabandiyya, al-Shadiliyya, etc.

Con el auge del islamismo radical en los países de mayoría musulmana en las últimas décadas, muchos jóvenes se han refugiado en el sufismo, especialmente en los países del Golfo. Estos jóvenes justifican su elección con el argumento de que el sufismo estaba extendido en sus países antes de la aparición del wahabismo. Esta opinión encuentra seguidores en otros lugares como Egipto, pensando que es el mejor remedio contra los radicalismos y que podría ser el sustituto del islam político, un proyecto totalitario y extremista alejado de los valores del sufismo, que se encuentra más cercano a la tolerancia y la libertad. Pero no todo el mundo está de acuerdo con esta opción porque, según otros, hace falta un proyecto religioso-cultural y económico ilustrado y completo que adopten los diferentes gobiernos del mundo musulmán para erradicar el extremismo islámico.

El islam sufí es abierto, moderado en su pensamiento y en sus prácticas, y tiende a la paz y la convivencia. Justo por esta razón el sufismo encabeza la lista de los objetivos favoritos de los grupos yihadistas que asesinan a sus líderes y destruyen los mausoleos de sus figuras más destacadas. En 2016 Daesh publicó en las redes sociales un video que representa la salvaje ejecución del jeque sufí Sulayman Abu Hiraz, oriundo de Sinaí que tenía cerca de cien años.

Hay quien define el sufismo como el islam popular que suele interesarse por la política sin gran implicación. Los grupos y cofradías sufíes jugaron un papel importante en la lucha contra el colonialismo europeo en países como Egipto y el Norte de África. El emir Abd al-Qader al-Yazairi (1808-1883), héroe nacional argelino perteneciente al grupo sufí al-Qadiriyya, lideró la lucha de su pueblo contra el colonialismo francés. Lo mismo ocurrió con el líder Maa al-Aynayn en Mauritania en su lucha contra el colonialista francés o el grupo sanusí en Libia contra el colonialismo italiano.

Ciertos sectores del laicismo y el liberalismo, aunque en principio prefieren al sufismo frente al islamismo, lo observan con ojos críticos porque estos grupos en su mayoría se aíslan, huyen y no se enfrentan a la realidad de sus sociedades. Además, creen que los sufíes fueron utilizados por los colonialistas y los sistemas absolutistas como forma de adormilar a los pueblos. Pero lo cierto es que el sufismo es un modo de vida, una postura espiritual personal y minoritaria que nunca ha sido una práctica generalizada de masas a lo largo de la historia. El sufismo, a diferencia de los movimientos islámicos, no practica el proselitismo. Aquellos que se sienten interesados y atraídos por este pensamiento se pueden acercar al grupo para incorporarse de forma independiente. Además, un murid (discípulo) sufí necesita mucho tiempo y un gran esfuerzo para escalar los diferentes peldaños para alcanzar el grado de qutb (maestro). De ahí viene la dificultad de convertir el sufismo en un movimiento de masas que pueda tener una presencia efectiva en el mundo político, económico y social.

En los últimos tiempos el sufismo ha atraído a muchas personas de otras religiones y culturas que abrazaron el islam desde la puerta de este pensamiento. El objetivo de la mayoría es encontrar por medio del sufismo la paz interior, la belleza espiritual y la necesidad de una convivencia con lo que los rodea. Recurren con frecuencia a los textos y las palabras de las figuras sufíes más destacados como al-Hallay, Rumi, Ibn Arabi…, palabras que suelen expresar sentimientos humanos que están por encima de cualquier religión, cultura o etnia. Textos alejados de todo tipo de odio, de enfrentamiento, de envidia o de rencor. Decía el fundador de al-Naqshabandiyya “tus manos están ocupadas con el trabajo y tu corazón menciona a la Divinidad”. La gran lucha (yihad) del sufí no va dirigido al otro, al diferente, sino a su propio interior. Intenta purificarse por dentro, acercarse y unirse con la Divinidad. El sufí cree que el extremismo bebe de la esterilidad espiritual y de la falta de una moral profunda.

Después de los acontecimientos de Nueva York del 2001, muchos especialistas occidentales se centraron en el sufismo como una posible solución del radicalismo islámico. En 2007 el cantante francés de Rap Regis Fayette Mikano se convirtió al islam por medio del grupo sufí Budshisiyya de Marruecos y adquirió el nombre de Abd al-Malik. Este hecho llamó la atención de algunos estudiosos de las dos orillas del Mediterráneo que se preguntaron si el sufismo serviría como solución para los jóvenes procedentes de países de mayoría musulmana que viven en Europa y sufren de la marginación, del fracaso y del sentimiento de frustración. Una solución que evite que estos jóvenes caigan en las redes del radicalismo islámico. Alguno de estos especialistas ha depositado demasiado optimismo en este “despertar sufí” que se expande en el Norte de África desde Mauritania hasta Egipto y abarca países como Mali, Níger, Senegal, entre otros. Un sufismo que pretende, según muchos, mejorar la imagen del islam en el mundo, que ha sufrido un deterioro profundo por culpa de los grupos radicales y del islam político tanto suní como chií.

Es cierto que en un país como Marruecos, las autoridades han fomentado en las últimas décadas las corrientes sufíes y sus cofradías en detrimento del proselitismo chií, que procura encontrar un hueco en este país, y también frente al poder y la propaganda de los Hermanos Musulmanes y el salafismo que intenta extenderse entre la población. De hecho, un destacado personaje como Ahmed al-Tawfiq, ministro de los Bienes Píos y Asuntos Religiosos, pertenece a la cofradía Budshisiyya. Pero este optimismo no es compartido por todos los observadores, porque hay quien cree que el éxito del sufismo entre los jóvenes se debe a la desilusión en el ámbito político, económico y social. Es una especie de refugio y una huida de las duras condiciones que viven estos jóvenes.

Se han organizado también encuentros y congresos sobre el tema, como el congreso celebrado en Nuakchot (Mauritania) el 8 de abril de 2015 bajo el lema “El sufismo, una garantía contra el radicalismo” y la conferencia internacional celebrada en Rabat los días 10 y 11 de junio de 2015 con el título de El papel de los sufíes en la protección de las sociedades del radicalismo. Participaron en dicho encuentro investigadores y académicos de cerca de veinte países.

En Egipto y después de la “revolución” o el levantamiento de 2011, Muhammad Salah Zayid fundó un partido político con el nombre de Hizb al-Nasr al-Sufi (Partido Sufí al-Nasr), como respuesta a los extremistas de las distintas confesiones religiosas.

También Estados Unidos se ha interesado por esta posibilidad. Varios centros de investigación han dado a conocer publicaciones que señalan la vía del sufismo como una posible solución del extremismo islámico. El Instituto Carnegie publicó un estudio en esta dirección que representa en cierta medida la visión de la Administración Norteamericana. El contenido de esta investigación anima a los gobiernos de países de Asia Central como Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán, Kazajistá, etc. a fomentar y apoyar las confradías sufíes para hacer frente a los grupos fanatizados y al wahabismo. El Centro Nixson para los Estudios celebró en marzo de 2004 en Washington una conferencia para debatir la aportación del sufismo a la modernización y democratización del mundo islámico.

Quizá sea demasiada la esperanza puesta en el sufismo para reemplazar a los islamistas radicales, que cuentan con el apoyo de muchos estados y reciben una financiación generosa para seguir acumulando poder y para incrementar el número de simpatizantes. Los radicalismos religiosos disminuirán solo cuando haya un proyecto amplio que combine la educación laica con sistemas democráticos y cuando se corten los flujos financieros de los grupos radicales y colaboren todos los estados en la lucha contra ellos por ser enemigos de la Humanidad.

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Nuevas religiones laicas

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La revista francesa Le Point ha dedicado su más reciente entrega a un tema apasionante, los nuevos fanáticos, con la carga peyorativa que la expresión arrastra. Se refiere, entre otros, a indigenismo, derribo de monumentos, izquierdas racistas, lenguaje inclusivo y otros movimientos identitarios que comienzan a ocupar espacios importantes y masivos. Desde aquellos que tienen que ver con la comida, como los veganos, hasta los que aluden a la ciencia, sean opositores a las vacunas o terraplanistas, legiones todas que han asaltado los espacios de debate, con la facilidad que los medios en vigor permiten, para instalar sus agendas en la discusión pública y en las interacciones de la sociedad. El concepto actual que engloba Le Point trajo a la memoria aquel ensayo extraordinario de John Gray titulado Al Qaeda y lo que significa ser moderno (Paidós, 2004), en el que aborda el positivismo y la Religión de la Humanidad que defendía Auguste Comte, precursores, dice, de lo que llama “las religiones laicas del siglo XX”, como el marxismo y el neoliberalismo. PUBLICIDAD Hay que ver, por eso, como cada uno de esos movimientos tuvo su contraparte, igual de radical, dando paso el primero incluso al largo episodio conocido como guerra fría, que hacía sospechoso de traición a todo mundo en los dos bandos en pugna, y el otro a inconformes de la sociedad civil que pronto fueron controlados por grupos de protesta profesionales denominados globalifóbicos o altermundistas en la caída del siglo XX. El despertar del nuevo siglo, con el ataque terrorista a Estados Unidos como principal acontecimiento de impacto global, el 11-S, fue el comienzo de una nueva serie de expresiones que si bien tuvieron sus gérmenes el siglo pasado, han tomado fuerza y marcan agendas, como la cultura de la cancelación, la negación del Holocausto, el rechazo a la medicina y la confusión con el término “lenguaje inclusivo”, que nos remiten a preguntarnos, junto con la canción aquella del gran Francis Cabrel, si de verdad este mundo es serio.  https://www.milenio.com/opinion/alfredo-villeda/fusilerias/nuevas-religiones-laicas

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