“El mal”: Arthur Rimbaud

Poemas malditos de Arthur Rimbaud 5

Mientras que los gargajos rojos de la metralla

silban surcando el cielo azul, día tras día,

y que, escarlata o verdes, cerca del rey que ríe

se hunden batallones que el fuego incendia en masa;

mientras que una locura desenfrenada aplasta

y convierte en mantillo humeante a mil hombres; 

¡pobres muertos! sumidos en estío, en la yerba, 

en tu gozo, Natura, que santa los creaste,

existe un Dios que ríe en los adamascados

del altar, al incienso, a los cálices de oro,

que acunado en Hosannas dulcemente se duerme.

Pero se sobresalta, cuando madres uncidas

a la angustia y que lloran bajo sus cofias negras 

le ofrecen un ochavo envuelto en su pañuelo.

https://culturacolectiva.com/letras/poemas

SALVADOR ALCOCER: POE+

SALVADOR ALCOCER: POE+

Vino tinto

Doña Sara con sus intrigas

sus deleites solitarios

y su hija, qué pena no acordarme de su nombre,

qué dolor no poder describir sus dientes.

Paci intranci mundi,

decía Ángel Zúñiga,

pintor, escultor, largo como flauta,

casado con Valeca, mamá de Joaquín,

atleta de juegos panamericanos,

fornicador de atletas de duras nalgas,

baldado en un accidente,

matado por el alcohol.

¡Basta!

Gira

Cabeza dura,

mirada con abarrotes

necesidad imperiosa de decir baboso,

poca cosa.

Todo esto por durar

dejando inconcluso

el momento en que era necesario

ver de noche  a las doce del día.

Descontinuando será el objeto preciado

por el tiempo.

Once

Sácalo.

Ponle las manos en la puerta,

píntalo de amarillo como los girasoles.

Era un símbolo cuando desayunaba contigo,

cuando te abría la reja para que metieras el coche.

Por ti soportó humillaciones

y estaba dispuesto a seguir arrastrándose.

Pero la manera en que entró a tu casa

no fue un golpe bajo

o a la presentación de un libro.

Entregado

Parece que julio

fue el mes de las máscaras.

Nos dimos de topes

Con nombres famosos,

pequeño este mundo

En verdad se hizo.

me voy, le dijo a su amiga

Y era cierto lo que decía.

Curioso momento

con horario de ocho.

Pausa

Una estrella

es un problema muy grande

es inalcanzable,

no se siente,

uno no sabe

cuando hace el papel de estrella.

Si la vida es normal

para que tanto pataleo.

Historia del tiempo

Ya ésta  es otra casa,

es otro brazo

del lado izquierdo,

la noche,

la misma noche

en que no se puede dormir,

es bajo el cielo y llueve,

la lluvia gotea y hace ruido.

Son las 12:05

 

Salvador Alcocer, poeta queretano (1930 – 2013). Escribió los libros: Árbol de fuegoLa casa de otroCiudad CentralIlsa y la mariposa, entre otros.

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SUSANA THÉNON: POE+

SUSANA THÉNON: POE+

VERDUGO

Una voz cercana

me repite: descansa,

y yo

descansar no podría

sino como en sueño

latente,

como flecha que reposa

en su carcaj.

Cada día

mis horas

se tornan más agudas,

más ásperas,

desde que no respiro

y el sol me arde.

Conozco las palabras

a cuyo sonido

las puertas vuelan como plumas

y el cielo es un cojín a los pies.

Conozco el castigo.

Conozco todos los castigos.

Pero hoy amanecí verdugo.

MINUTO

En todo instante

se renueva

la fugaz memoria de los espejos,

el perfil hosco de los cuerpos oxidados,

el andamiaje de palabras

no habitadas por manos

o por bocas oscuras.

El tiempo arruga los caminos,

borra las miradas lejanas,

va encendiendo la muerte en los rincones.

Y cómo no saber esto:

llegará un minuto vacío

que añore nuestros rostros.

CÍRCULO

Digo que ninguna palabra

detiene los puños del tiempo,

que ninguna canción

ahoga los estampidos de la pena,

que ningún silencio

abarca los gritos que se callan.

Digo que el mundo es un inmenso tembladeral

donde nos sumergimos lentamente,

que no nos conocemos ni nos amamos

como creen los que aún pueden remontar sueños.

Digo que los puentes se rompen

al más leve sonido,

que las puertas se cierran

al murmullo más débil,

que los ojos se apagan

cuando algo gime cerca.

Digo que el círculo se estrecha cada vez más

Y todo lo que existe

Cabrá en un punto.

NO

Me niego a ser poseída

por palabras, por jaulas,

por geometrías abyectas.

Me niego a ser

encasillada,

rota,

absorbida.

Sólo yo sé como destruirme,

cómo golpear mi cabeza

contra la cabeza del cielo,

cómo cortar mis manos y sentirlas de noche

creciéndome hacia adentro.

Me niego a recibir esta muerte,

este dolor,

estos planes tramados, inconmovibles.

Sólo yo conozco el dolor

que lleva mi nombre

y sólo yo conozco la casa de mi muerte.

CAMINOS

Ceguera del gesto

cuando en vano se aferra

al muro espeso de los hechos consumados.

Densa guitarra de la sangre

acompañando la canción

nocturna y subterránea.

Deambular entre gritos

anónimos,

entre multitudes de hambre,

bajo cielos ajenos.

Entre mansos,

Desesperanzados ecos.

AQUÍ

Clávate, deseo,

en mi costado rabioso

y moja tus pupilas

por mi última muerte.

Aquí la sangre,

aquí el beso roto,

aquí la torpe furia de dios

medrando en mis huesos.

NO ES UN POEMA

Los rostros son los mismos,

los cuerpos son los mismos,

las palabras huelen a viejo,

las ideas a cadáver antiguo.

Esto no es un poema:

es un grito de rabia,

rabia por los ojos huecos,

por las palabras torpes

que digo y que me dicen,

por inclinar la cabeza

ante ratones,

ante cerebros llenos de orín,

ante muertos persistentes

que obstruyen el jardín del aire.

Esto no es un poema:

es un puntapié universal,

un golpe en el estómago del cielo,

una enorme náusea

roja

como era la sangre antes de ser agua.

POEMA

                               

                                                                                                                                                                                                                    “Yo creo en las Noches”.

                                                                                                                                                                                                            M. Rilke

Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica

el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca

y que ninguna piedra de color, ningún juego,

ninguna tarde con más sol que de costumbre

alcanza a formar la sílaba,

el susurro esperado como un bálsamo,

noche y noche.

Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe

cuando el no, el adiós,

el minuto recién muerto, irreparable,

se levantan inesperadamente y enceguecen

hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.

Como un hambre, como una sonrisa, pienso,

debe ser la soledad

puesto que así nos engaña y entra

y así la sorprendemos una tarde

reclinada sobre nosotros.

Como una mano, como un rincón sencillo

y umbroso

debería ser el amor

para tenerlo cerca y no desconocerlo

cada vez que nos invade la sangre.

No hay silencio ni canción que justifiquen

esta muerte lentísima,

este asesinato que nadie condena.

No hay liturgia ni fuego ni exorcismo

para detener el fracaso risible

de los idiomas que conocemos.

La verdad es que me ahogo sin pena,

por lo menos he resistido al engaño:

no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,

ni de la noche a medias.

Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,

mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.

AQUÍ, AHORA

Sé que en algún lugar

la alegría se desparrama

como el polen

y que hace tiempo

los hombres se yerguen

como jardines definitivos.

Pero yo vivo aquí y ahora,

donde todo es horrible

y tiene dientes

y viejas uñas petrificadas.

Aquí, ahora,

donde el aire

se asfixia

y el miedo es impune.

CAOS

El supuesto camino es la consagración

de sus pasos,

no tienen más que avanzar

-el retroceso los sorprenderá un día-,

no tienen más alternativa que adelante.

Su culpa no ha nacido,

esto que ven y tocan tiene todo el

sabor de cosa digerida en sueños.

Son señales de nada,

muestran con sonidos casi envejecidos ya

el progreso de la variante simiesca.

Van solos.

Un gran cansancio no ayuda,

no invita al caos, preparado como una fiesta.

ORACIÓN

Cuándo dejará la luna

de preferir a esos pocos

que tanto a media noche

como al alba

gritan su ardor sin freno.

Cuándo será definitivo

el derecho a soñarse

sin verificar números,

papeles rotos, sexos,

velocidad sin prisa de la sangre.

Cuándo morirá el cielo

-sus castigos-

y el rayo será un niño

entre las hojas.

Cuándo arderán los vientos

sepultados.

 POEMA

Es inútil que la amada se arrastre

buscando la mano que dibuja sombras

bajo su piel.

Es inútil que vuele

persiguiendo a la nube de piedra que la hirió.

En vano saltará de hoja en hoja

preguntando por el rostro

que se ahogó

en el aire.

SUSANA THÉNON: POE+

 

Poemas de De Habitantes de la nada (1959)

Susana Thénon (Bs. As. 1937 – 1990). Poeta,  traductora literaria y fotógrafa artística. 

http://www.revistaelhumo.com/

JOSÉ FRANCISCO VILLARREAL CHAPA: POE+

JOSÉ FRANCISCO VILLARREAL CHAPA: POE+

Si hubiera sabido que el mundo es esta cosa,

esta bola de nervios y de carne;

que sólo el hueso que soy me pertenece

y que al final ni polvo enamorado

sino tan sólo polvo.

Si hubiera sabido que en la tetas de mi madre

empezaba lamiendo un rastro largo

y que así seguiría por los siglos

en este laberinto de sangre seca y humus.

Si hubiera contenido mis ímpetus

y me hubiese quedado quieto, horrorizado;

si no pensara Dios…

*

Desde la oscuridad miro mejor la lejanía.

Desde el silencio silbo

y domando fantasmas me revuelvo como pez que nadara a contrapelo.

Sobre el especio aniquilado azuzo a la jauría;

un perro triste corre tras la inocente rama.

Jinete duro aguardo la honra de la caza,

esa medalla roja,

esa piedra tallada.

Desde una altura antigua zumbo,

silbo y zumbo,

y el perro no regresa

con el palo que ha elegido ser libre.

*

No he nacido jamás.

Imaginé que la ciudad se abría entre la flora de las constelaciones y hervía en el sótano de los cielos.

Creí que mi madre abrió las piernas a la hora más negra de la noche

y adiviné la luz.

Criado con la imaginación,

sirviente de la idea,

salté de un paraíso algodonado

y bajé al imposible.

*

Me he soñado angelical y pelirrojo,

con sienes tensas y una marca indeleble sobre la frente.

Me he soñado por las nervaduras de la ciudad,

derramando milagros en las cabezas de los trasnochadores,

dejándoles recuerdos de caminos inmóviles,

de mansiones vacías,

de la angustia con que el cuerpo se aovilla bajo del sueño.

A la boca me vino un chorro de leche ácida

y desperté semidesnudo,

viendo al cadáver del sueño deshilachándose.

En gato, Dios lamía los restos del vapor en mis ojos.

Aún pregunté, casi en silencio:

Mi hermano, ¿dónde está?

*

…y ya no sabe uno qué pensar

cómo explicar a los amigos que se debe llegar a casa rápidamente

y respirar ese aire de calabozo

y posarse como mota de polvo

y sentirse muy mal por no haber avisado que después de tal hora no se es responsable de sí mismo, ni de nada,

*

que entonces se debe estar a techo,

entre cuatro paredes que le recuerdan a uno que hasta la piel es límite,

y mientras se escucha el mismo disco,

una voz descarnada denuncia nuestro nombre

como si alguien conocido de más allá del nunca nos llamara,

y ya no sabe uno qué pensar,

ni qué hacer,

obedecer, tal vez,

con apremio de pájaro al silencio.

*

Si llueve

y el agua cae en mi rostro

y mi carro avanza sobre el lodo

y los caballos merman su ligereza

y el cielo todo es una falsa noche,

¿me esperará la Citerea junto al fogón con un vaso de vino rojo y caliente?

¿me besará cuando ebrio me despeñe por el pozo del sueño?

Sólo puedo decir que mi garganta es un desierto,

que bajo el lodo hay tierra seca,

y que,

en el sol doble de sus ojos eternos,

Eros y Tánatos me aguardan.

Llueve

mientras

el agua disuelve los pensamientos de este borracho dios.

*

Bebiendo

discutimos la incierta metafísica del mundo,

el claroscuro de los cuerpos que hemos dejado atrás.

Toda vida se seca en un escupitajo sobre el piso

y nosotros discutimos lo que se dice de la muerte y de la vida.

Nuestros ángeles guardianes tejen la seda absurda del silencio que ha de venir después

como un divino vómito.

 

José Francisco Villarreal Chapa, (Monterrey, 1956). Muy cerca del industrioso infierno de los altos hornos de la hoy extinta Fundidora de Fierro y Acero. Estudió, que no concluyó, la carrera de Letras Españolas, en la Universidad Autónoma de Nuevo León en los años 80. Por entonces combinó la enseñanza de materias humanísticas en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, con la bohemia del café literario y la lectura intensiva (A Dios lo del César, y viceversa). Entre 1980 y 1990, colaboró en diversas publicaciones locales y regionales. Además, fue consejero y eventualmente Secretario de Redacción del suplemento cultural “Aquí Vamos”, del periódico El Porvenir. No sin desgano, participó en representación estatal en encuentros de escritores y lecturas, donde una pereza atávica rara vez lo llevó más allá de las fronteras norestenses. Entre 1990 y 1995, redactó, corrigió y/o coordinó publicaciones culturales para el gobierno de Nuevo León. Fue becario de la segunda generación del Centro de Escritores de Nuevo León (1989-1990). Poco después publicó el libro “Odres Viejos” (1991), que luego incluyó en el título “Transgresiones” (1993). Más por entusiasmo que por capacidad, apoyó en algunas adaptaciones para teatro experimental; y también, desde la comodidad del francotirador embozado en un seudónimo, publicó una columna semanal de crítica cultural “Té Canasta” en el Diario de Monterrey (hoy Milenio Diario). A partir de 1994, inició como guionista en La Fuerza de la Imagen (Televisa Monterrey). Poco después, como Jefe de Información, se integró al área de investigación y análisis en Noticias y producciones de debate periodístico. Desde ese cargo, mantuvo una sección de crítica cultural en el noticiero dominical, además realizó investigaciones que concretó en guiones para la sección “Encuentros con la Historia”, del programa periodístico Foro, y reportajes de corte cultural. Desde el año 2000, cuando terminó el programa Foro, hasta la fecha, sigue olvidando sus orígenes culturales y se dedica de lleno al periodismo. Sólo eventualmente se desangra los dedos en el teclado con algún verso que, normalmente, acabará en la papelera de reciclaje. Dice estar condenado a escribir poesía, que es tan sacramental y permanente como el bautismo o la iniciación masónica, pero, dice, siempre se podrá elegir ser apóstata.

Colaboración: Jesús García Mora

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PEDRO ARTURO ESTRADA: POE+

PEDRO ARTURO ESTRADA: POE+

DEL TIGRE Y TU MEMORIA

Al primer fogonazo de la fiebre

el tigre te saltaba del fondo de los párpados

La asfixia de sus zarpas en la noche sin ángel

—sin miradas

Era la sombra que acechaba tras el día turquesa

El rostro atravesado de gestos oblicuos

La risa tarántula de las visitas

Nadie salvaba tus ojos reventados

detrás de las endijas del postigo

cuando pasaba lento

el cortejo del mundo ya sin máscaras

Sin embargo es ahora

Para siempre es ahora cuando no acude nadie

y el tigre del vacío

—es tan real.

ARTAUD

La locura tomó forma de flor decorativa

y los poetas recaemos

en los más antiguos y nauseabundos vicios

Una vez más estás solo

encerrado en tu celda de hechizos

mientras siquiatras y buenas personas

gente normal se juega

—tu túnica de alucinaciones.

BACH

Esa noche

alguien abrió una puerta desconocida

y la casa fue pasto de la araña

que por primera vez aparecía

en nuestra corta existencia

Su caliente terror en los poros

su red meticulosa

áspera

métálica

cayó sobre nosotros

—La llamamos J.S. Bach.

QUIÉN JUNTÓ LA CENIZA

Quién aguardó hasta el alba

deshora por deshora atizando 

la hoguera del insomnio

—Y veló sin saberlo su propio cadáver

Quién musitó la torva jaculatoria del condenado

antes de desaparecer borrado por la luz junto a los vivos

Quién juntó la ceniza del que ahora regresa

—y camina de nuevo por las calles.

 

Pedro Arturo Estrada. Girardota, Colombia, 1956. Poeta, narrador y ensayista, promotor cultural, coordinador de talleres literarios con niños, jóvenes y adultos. En sus textos aborda asuntos como el vacío existencial, la guerra, la muerte, el desamor y la desesperanza. Poemas suyos han sido recogidos parcialmente en diferentes revistas, periódicos y antologías del país y del exterior. Libros publlicados:  Poemas en blanco y negro (Editorial Universidad de Antioquia, Medellìn, 1994); Fatum (Colección Autores Antioqueños, Medellìn, 2000); Oscura edad y otros poemas (Universidad Nacional de Colombia, Bogotà, 2006); Suma del tiempo (Universidad Externado de Colombia, Bogotà 2009); Des/historias (Cuadernos Negros Editorial, Armenia, 2012); Poemas de Otra/parte (Cuadernos Negros Editorial, Armenia, 2012); Locus Solus (Sílaba Editores, Medellín, 2013); Monodia (Amazon, NY, 2015); Quién juntó la ceniza (Seshats Editorial, Bogotá, 2020); Canción tardía (Amazon, NY, 2020) y Palabras de vuelta (Editorial Universidad de Antioquia, Medellìn, 2020). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, árabe y rumano e incluidos en antologías nacionales y del exterior. Es premio Ciro Mendía (2004) y Casa Silva (2013) entre otros.

Colaboración: Luisa Isabel García Meriño

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FÁTIMA ALCARAZ: POEMAS

FÁTIMA ALCARAZ: POEMAS
Ola Szpunar

De cadáveres
Sentada en la habitación,
la aguja que pincha su dedo
es el silencio de un espejo
que la mira desde adentro.
Desde la estructura férrea
de ese suspiro aletargado,
de ese sueño casi eterno.
La cicatriz de la herida
es el final y el comienzo,
se rasga las vestiduras
pero el espejo sigue quieto,
El miedo cuelga de su garganta,
la calla, la ata, le muerde
las palabras antes de escupirlas
y vuelan heridas, incompletas,
el miedo apunta sobre el reflejo,
la frena y pincha su dedo.
La cicatriz otra vez…
se rasga las vestiduras de nuevo,
el cadáver llegó a la mesa
dejándole estas letras de recuerdo.
Todo vuelve a su sitio 
Lentamente cae una gota por la ventana
la observo hasta llegar al fondo
pero no cae
se queda como suspendida,
inerte, 
de repente todo desaparece,
todo menos mis manos
Mis manos cuelgan desde una esquina
y dibujan sombras…
Se deslizan como serpientes entre el vacío
y siento un roce, un viento helado
Desaparecen mis manos,
a lo lejos veo un cuerpo, mi cuerpo
unido cual siameses a tu entierro,
a tu infierno sin mi cielo.
Y me suelto, las manos vuelven
y por fin la gota cae.
Renacimiento
Su música en mí 
era el pájaro sobre la almohada
carcomiendo mis ideas,
la gloria escrita bajo los pies 
de un gigante que usaba mis manos
y profanaba el frasco de los recuerdos
usándolos en mi contra.
Un jarro de cuerpo sin carne 
y un palillo sosteniendo el mundo de cartón
que hacía de hogar en el invierno.
Su melodía en mí era la suplica 
a los pies de una virgen que no oía.
Me rasgaba las uñas y me desangraba,
me horadaba y me clavaba a la cruz 
de una iglesia sin cimientos.
Debía aplacar tu voz en mi cabeza,
cosí tus labios, aparté mis oídos
y huí… De ti… De mí…
del yo que era junto a tu ego.
Huí… Nací de nuevo, me parí de pie.
 
63 puentes
Fueron 63 los puentes que construí,
en todas las direcciones de mi sangre,
bajo los efectos de la anestesia
que me inyectaron tus pasos,
embriaguez de aliento matutino
que me recordaba el vacío en la cama,
el costado izquierdo apuñalado y triste
latiendo destartalado por ese que se fue
y nunca ha vuelto, y nunca ha estado
y ya nunca estará conectado a mí.
Fueron 63 puentes…
Ni uno solo has cruzado,
he de prender fuego está ciudad inútil
que cobijan mis entrañas,
he de prender fuego este resquicio 
de paredes blancas y fantasmas,
he de quemarlo todo, todo
he de empezar por mí.
Sobre la autora:
 
Fátima Alcaraz (San Luis, Argentina, 1990).  Estudiante de la carrera de licenciatura en Kinesiología. La poesía es la forma de arte en que las palabras dejan al descubierto las vivencias de quien las escribe y vuelven a ser leídas y reinterpretadas por quien las lee, dándoles así una nueva mirada. 
Colaboración: Sara Montaño Escobar

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PEDRO ARTURO ESTRADA: POEMAS

PEDRO ARTURO ESTRADA: POEMAS

DEL TIGRE Y TU MEMORIA

Al primer fogonazo de la fiebre

el tigre te saltaba del fondo de los párpados

La asfixia de sus zarpas en la noche sin ángel

—sin miradas

Era la sombra que acechaba tras el día turquesa

El rostro atravesado de gestos oblicuos

La risa tarántula de las visitas

Nadie salvaba tus ojos reventados

detrás de las endijas del postigo

cuando pasaba lento

el cortejo del mundo ya sin máscaras

Sin embargo es ahora

Para siempre es ahora cuando no acude nadie

y el tigre del vacío

—es tan real.

ARTAUD

La locura tomó forma de flor decorativa

y los poetas recaemos

en los más antiguos y nauseabundos vicios

Una vez más estás solo

encerrado en tu celda de hechizos

mientras siquiatras y buenas personas

gente normal se juega

—tu túnica de alucinaciones.

BACH

Esa noche

alguien abrió una puerta desconocida

y la casa fue pasto de la araña

que por primera vez aparecía

en nuestra corta existencia

Su caliente terror en los poros

su red meticulosa

áspera

métálica

cayó sobre nosotros

—La llamamos J.S. Bach.

QUIÉN JUNTÓ LA CENIZA

Quién aguardó hasta el alba

deshora por deshora atizando 

la hoguera del insomnio

—Y veló sin saberlo su propio cadáver

Quién musitó la torva jaculatoria del condenado

antes de desaparecer borrado por la luz junto a los vivos

Quién juntó la ceniza del que ahora regresa

—y camina de nuevo por las calles.

Pedro Arturo Estrada. Girardota, Colombia, 1956. Poeta, narrador y ensayista, promotor cultural, coordinador de talleres literarios con niños, jóvenes y adultos. En sus textos aborda asuntos como el vacío existencial, la guerra, la muerte, el desamor y la desesperanza. Poemas suyos han sido recogidos parcialmente en diferentes revistas, periódicos y antologías del país y del exterior. Libros publlicados:  Poemas en blanco y negro (Editorial Universidad de Antioquia, Medellìn, 1994); Fatum (Colección Autores Antioqueños, Medellìn, 2000); Oscura edad y otros poemas (Universidad Nacional de Colombia, Bogotà, 2006); Suma del tiempo (Universidad Externado de Colombia, Bogotà 2009); Des/historias (Cuadernos Negros Editorial, Armenia, 2012); Poemas de Otra/parte (Cuadernos Negros Editorial, Armenia, 2012); Locus Solus (Sílaba Editores, Medellín, 2013); Monodia (Amazon, NY, 2015); Quién juntó la ceniza (Seshats Editorial, Bogotá, 2020); Canción tardía (Amazon, NY, 2020) y Palabras de vuelta (Editorial Universidad de Antioquia, Medellìn, 2020). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, árabe y rumano e incluidos en antologías nacionales y del exterior. Es premio Ciro Mendía (2004) y Casa Silva (2013) entre otros.

Colaboración: Luisa Isabel García Meriño

EL HUMO (revistaelhumo.com)

DANIELA JAIMES-BORGES: POEMAS

DANIELA JAIMES-BORGES: POEMAS

QUISIERA

 

Quisiera entonar los himnos de Novalis.

Con tal consuelo avanza

la vida hacia lo eterno.

Recordar que la espuma es otra piel,

pero la vida avanza

y mi eternidad es suya.

Si me quedo dormida

escuchándote, Rubén,

si me recuerdas todos los días,

estaré.

Pero el olvido va hacia lo eterno

y la noche

sin consuelo,

dejándonos atrás.

DESAMPARADA

 

La desamparada

vive debajo de la mesa,

su familia está comiendo,

hay velitas para su cumpleaños.

La desamparada

espera el abrazo,

sólo perdona al tiempo

porque es el culpable.

La desamparada se ilusiona

cuando en casa alguien le deja pan

en el horno,

hasta que sabe que no era para ella.

La desamparada

construye su casa

en la caridad

de otros,

esa morada de papel

que puede desplomarse

en los pliegues de sus costillas.

La desamparada

está remendada

por el fino hilo de las sobras

que le pudo pelear a un perro.

La desamparada

nunca está sola,

se acompaña de un dulce

que la anestesie de su enfermedad

y de su dolorosa cura.

La desamparada

ya no sabe de fe,

porque la hiel perfuma su sangre.

La desamparada

le dice adiós a todo esto

que es algo que no existe.

ESPADACHÍN

 

Yo no sabía que el conejo estaba ahí,

la liebre tampoco,

(esa liebre que es lo salvaje

en el corazón de un conejo)

cuando buscaba a Alicia.

En el cielo había caracoles blanquísimos

y un espadachín tieso

a un costado del paisaje.

Todos corrieron

sin advertirme.

Salvaban sus cabezas y sus patas,

dejando el camino libre

entre la espada y yo.

Salté furtiva con el bullicio

hacia un riachuelo

y desemboqué en otro pequeño bosque

sin miedo,

con mi cabeza,

sola.

 

QUIERO

 

Quiero que mis perros me esperen,

detrás de la puerta,

con sus patas delanteras

firmes.

Quiero que duerman antes

y sacudan su lengua,

después de haber bebido el agua

que les dejé.

Quiero llegar y verlos,

en el lugar de siempre

tosiendo fuerte,

soltando a pedazos el pelaje.

Quiero que se vayan acercando a mí,

granizo de perros,

y caigan a mis pies

descoloridos

y nada firmes.

Quiero ver a las bestias soñando

y yo convirtiéndome

en el perro más grueso:

absoluto.

 

ELLOS

Los que olvidan

mueren de hambre,

pierden las ganas

antes de descender,

antes de servirles

se esconden,

ya no les das

un café tibio,

apenas unas galletas que vencieron ayer,

un jabón con escamas,

botones sueltos

sin hilos

como la memoria

que ELLOS perdieron.

Poemas del libro: Poemas de una niña (Colombia, 2021)

 

Daniela Jaimes-Borges (Caracas, Venezuela, 1981). Profesora de Artes Escénicas (UPEL) y magíster en Estudios Literarios por la Universidad Central de Venezuela. Profesora de Lengua Española y Literatura en la Escuela de Idiomas Modernos de la misma universidad desde el 2008. Dramaturga, actriz. Merecedora del Premio de Autores Inéditos Monte Ávila Editores, 2009, mención Dramaturgia, por su libro Breves. Premio Municipal de Literatura, 2011, mención Dramaturgia, por el mismo libro. Ganadora de la beca Panorama Sur, Argentina, 2012. Su obra ha sido traducida al inglés y portugués. Su trabajo ha sido publicado en antologías nacionales y revistas digitales dentro y fuera de Venezuela. Desde el 2016 lleva a cabo el proyecto audio-poético Voz de otra Voz.

EL HUMO (revistaelhumo.com)

“NÃO TE RENDAS”

Puede ser un dibujo animado

Não te rendas, ainda estás a tempo
de alcançar e começar de novo,
aceitar as tuas sombras
enterrar os teus medos,
largar o lastro,
retomar o voo.

Não te rendas que a vida é isso,
continuar a viagem,
perseguir os teus sonhos,
destravar os tempos,
arrumar os escombros,
e destapar o céu.

Não te rendas, por favor, não cedas,
ainda que o frio queime,
ainda que o medo morda,
ainda que o sol se esconda,
e se cale o vento:
ainda há fogo na tua alma
ainda existe vida nos teus sonhos.

Porque a vida é tua, e teu é também o desejo,
porque o quiseste e eu te amo,
porque existe o vinho e o amor,
porque não existem feridas que o tempo não cure.

Abrir as portas,
tirar os ferrolhos,
abandonar as muralhas que te protegeram,
viver a vida e aceitar o desafio,
recuperar o riso,
ensaiar um canto,
baixar a guarda e estender as mãos,
abrir as asas
e tentar de novo
celebrar a vida e relançar-se no infinito.

Não te rendas, por favor, não cedas:
mesmo que o frio queime,
mesmo que o medo morda,
mesmo que o sol se ponha e se cale o vento,
ainda há fogo na tua alma,
ainda existe vida nos teus sonhos.

Porque cada dia é um novo início,
porque esta é a hora e o melhor momento.
Porque não estás só, por eu te amo.

Mario Benedetti – 1920/2009

Linda ilustra de 

Angel Boligán

 

Los poemas como retratos del alma

Los poemas como retratos del alma

MAGDA BÁRCENAS CASTRO

Estos días lluviosos, nublados, oscuros y fríos me hacen abrir de inmediato mis libros de poesía… son como un imán, una caja de memorias que nos entregan recuerdos inspirados años atrás por aquellos poetas que alguna vez sintieron lo mismo que nosotros. Los visionarios.

Siempre hay una conexión, un vínculo, un punto central desde donde conocemos una historia, esa que nos envía señales y que puede transmitirse al mundo por medio de la escritura. El mejor secreto que guardan las letras siempre está detrás de una poesía. ¿Cuántas interpretaciones nos entregan? ¿Cuál es la clave para hermanarnos con sus versos? ¿Qué es lo que detonan?

Es por eso que ayer, en medio de mi clase de literatura lírica y dramática, tuvimos la oportunidad de reflexionar con uno de los poemas que más me gustan de Jaime Sabines, uno que para mí es único y, aunque sus palabras son tristes, siempre me ha atraído esa fuerza que tiene su escritura.

La poesía “Espero curarme de ti” es como un grito de auxilio, un grito que nos estremece, pues todos alguna vez en la vida nos sentimos con esa misma mortalidad que alguna vez dejamos en manos de otro. El verso final es mi favorito, es intenso, apasionado y desgarrador, signo de una vida única digna de compartir aunque irónicamente se habla justo de un amor partido, de la ausencia de aquella persona que amamos. “Solo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón”. ¡Qué comparación! Creo que no hay mejor memoria que una pluma y nosotros somos esa parte que puede eternizarla, la que emocionará a esos lectores que como uno a veces también les da por “llorar en tinta”.

¿Qué es lo que hace el escritor que intensifica su trabajo? Sin duda creo que la respuesta es: vivir. Cada uno de nosotros tiene una historia diferente y es nuestro deber entregarla al mundo en algún momento. Plantear nuestra visión de vida y homenajearla, porque de lo único que sí estoy segura es que, si vamos a perder la cordura, debemos hacerlo por medio de las letras.

Últimamente me la paso escribiendo mucho y no hay un motivo, escribo por el simple hecho de que las letras me hacen feliz, escribo para compartir mis días, para reflexionar acerca de aquello que alguna vez me hizo daño pero, sobre todo, escribo para seguir reflexionando de la vida y poder conocerme más. Hay que trabajar y rodearnos de todo aquello que nos entregue una sonrisa, que nos dé una razón más para vivir plenos.

¡Buen viernes! _

https://www.milenio.com/opinion/magda-barcenas-castro/entre-tangos-vino-tinto