Poesía encontrada

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Ensalada de bichos a la mexicana
Carne de cañon
Sueños de un hechicero
Calambres de brujo
Un paseo por la parte izquierda del lado de tus lágrimas
Escuchando la última canción de mi loro favorito
Un sáxo perdido en la tormenta
De algún recuerdo
De aquellos pasos con humo
De aquellos humos que cubrían
parte de los entendimientos de ese día
de esa tormenta veraniega

https://www.elperromorao.com/

Poemas de Navarro

Poemas de Navarro

I

Aún conservo la cobija del tigre que de niño me protegía de la tecolota, esa que según mi abuela me llevaría si me encontraba despierto por la madrugada. En las noches de tormenta la escuchaba aleteando contra la ventana, y entonces fingía dormir y ocultaba el miedo bajo la manta. Qué suerte que aún la conservo, porque sigo temiendo a los monstruos y de vez en cuando escucho a la tecolota revoloteando cuando me desvelo.

II

Que suerte tener mi cobija, no como los indigentes que duermen en banquetas frías o la anciana abandonada que cubre sus reumas con un manto de cartón. Ellos que enferman de neumonía con la primera lluvia de enero, no alcanzan a ver febrero y quedan tendidos en la avenida cubiertos con un sudario de papel. Ellos que no temen a la tecolota sino al frío. Porque no a todos nos persigue el mismo monstruo, ni todos nos cubrimos con el mismo manto; el mío tiene un tigre estampado, y el de ellos la estampa de nuestra indiferencia.

*

Hoy di tres me entristece
y cinco me enoja en Facebook
pero no salvé a Floyd

ni a la elefanta en Karela
ni a Diana
ni a Leonila
ni a los 43

Discutí con cuatro machos
sobre derechos de la comunidad LGBTTTQIA
sobre el libre aborto
y la crisis capitalista
en medio de una pandemia
y escribí en mi Twitter
que deseaba que el mundo ardiera

hasta que hubiera justicia
y nadie muriera por ser quien es

Todo desde la comodidad de mi cama
bebiendo una cerveza Indio
que compré de contrabando 
a 500 la charola 

Un revolucionario de closet
que hace historia
sin plantar cara a la policía
sin donar un quinto para Somalia
y sin dar la vida 

Poco más que un hipócrita 

*

Me dan coraje los inconscientes
que a pesar de la contingencia
salen a caminar al centro
o a pistear con los amigos

Son los que en Internet critican
que para qué el encierro
que no existe la pandemia
según aquel post de Facebook
que culpa al gobierno
y a los doctores
por matar a la gente
y decir que fue por COVID

Se quejan de que no hay dinero
y que deben trabajar
para costear un six de Tecate
y llaman a los vecinos metiches
por aguarles la reunión clandestina

Los realmente necesitados
nos morimos de hambre
Los realmente necesitados
caímos en bancarrota
o salimos con miedo a la calle
deseando no tener qué hacerlo

Los realmente necesitados
no nos quejamos del encierro
porque no hemos tenido ese privilegio

Ahora un patán se mofa de nosotros
y argumenta que si él no sale
la gente en la calle no come
mientras sube una selfie al Instagram
y deja a un indigente con la mano extendida

*

De pequeño
le temía a la tecolota
y a los otros niños 
que me golpeaban
y se reían
porque no se me daba el futbol

Corría a casa de mi abuela
para curarme de espanto
y ella me consolaba
con chocolate caliente
y bolillos con mantequilla

Decía que estaba orgullosa
con mis dieces en la boleta
y mi nombre en el cuadro de honor
que sería un hombre exitoso
y me cuidaría siempre
cuando las cosas salieran mal

Abuela
no me convertí en ese hombre

Intenté un posgrado
pero reprobé el último semestre
y perdí la beca
y ahora estoy varado
en Querétaro
sin trabajo y sin dinero

Abuela
ya no estoy más en el cuadro de honor
no hay comida sobre la mesa
y se acumulan las rentas pendientes
y las facturas de luz

Abuela
Ahora en verdad tengo miedo
y quiero correr a tu casa
pero se me olvida
que ya no estás en ella

 

 

Cajas de pastillas para no olvidar. 

El médico recetó el primer lote de pastillas cuando empezaste a perder tus cosas: un chal de seda que jamás sacaste del ropero, un par de zapatos bajo el sofá y el collar que llevabas puesto.

Culpabas a la mucama mientras te cubrías los hombros con el chal que no encontraste y, si no era porque ella robaba tus cosas, era porque las cambiaba de lugar. No sabía cómo explicarte que no teníamos mucama.

A veces te encontraba tocando el piano: tus dedos se movían cada vez más lento hasta quedar en silencio a mitad de la estrofa. Entonces tus manos temblaban y tu mirada se perdía en la pared más allá del instrumento. Pasados los minutos, tus ojos se llenaban de lágrimas, golpeabas con frustración el teclado y tenías que comenzar de nuevo, pero no recordabas cómo empezar. 

El segundo lote de pastillas llegó cuando escapaste de casa. Caminaste sin rumbo durante horas. Te encontramos desorientada, resguardada en una ferretería a varios kilómetros de tu hogar.

Después olvidaste mi nombre. Te sentabas en el borde de la cama y me hablabas de cuando enseñabas piano y costura en la vieja vecindad donde creciste; de pronto te detenías, mirabas mis ojos y decías que me amabas cuando, en vez de mi nombre, susurrabas el de papá. Te recordaba que era tu hijo y al principio podías recordarme, hasta que ya no me recordaste más. 

Para cuando llegó el último lote de pastillas, ya no distinguías el presente. Recreabas entre los muros los pasillos de tu infancia, y charlabas con los retratos del corredor y las sombras en las que proyectabas el rostro de la abuela. Ya no tenías cinco hijos: en cada uno encontrabas al tío, o al padrino, o al vecino de tu viejo hogar. Me mirabas asustada y preguntabas mi nombre y qué hacía en tu casa cuando te llamaba para la cena. Me había convertido en un extraño y, cuando noté las pastillas caducadas sobre la mesa, ya no tenía mamá.

*

Mi perro no quiso abrazarme y duerme a los pies de la cama como un perro que sueña cosas de perros.

A mí me espera otra noche de insomnio retorciéndome sobre las sábanas y curando la jaqueca con aceites y aspirinas porque, claro, la ansiedad es cosa de humanos. La depresión es cosa de humanos. El suicidio es cosa de humanos. 

En la madrugada saldré al parque y al ver a mi vecino del que nunca he sabido el nombre, lo saludaré sonriente, ocultando las ojeras con la capucha. El perro correrá en el campo porque, por suerte, preocuparse por el futuro es cosa de humanos; porque mi perro no estudió un posgrado ni dejó a su familia ni se ha enamorado. Porque el perro no llama a su jefe pidiendo quedarse en casa para fingir que trabaja, ni vuelve del paseo con mil excusas para no admitir que dejar la medicina es lo que lo está matando. No abre la laptop con la pantalla en blanco e intenta recordar por qué demonios aceptó el trabajo, por qué demonios se fue de casa, por qué demonios no se ha suicidado. Y aunque mi perro pensara en ello, seguramente rompería un zapato y seguiría con su vida de perro, se recostaría a los pies de la cama y dejaría que su humano se preocupara por las cosas de humanos.

Poemas de Navarro

 

Navarro (Tepic, Nayarit, 1992). Poeta. Retrata la cotidianidad y sobre cómo es ser foráneo en una ciudad que no termina de pertenecerle. Todo desde la perspectiva de su trastorno: bipolaridad.  Así mismo, Navarro hace de la poesía un canal de desfogue para su depresión y nostalgia. Actualmente vive con sus roomies en la ciudad de Querétaro. Asiste a talleres de creación literaria y lecturas en la ciudad, y ha publicado en las revistas digitales Lengua SueltaGolfa Encuentro, fanzines de la editorial independiente Mitote Literario y diversos medios digitales. Trabaja en su primer poemario, y espera tenerlo listo en algún punto entre mañana y el día en que muera. Le gusta plantar semillas e irá a un retiro budista una vez que lo corran de su trabajo.

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POEMAS PARA ESTAR EN PIJAMA: LAS PALABRAS DE LOS SUEÑOS

QUÉ FASCINANTE ES ESE MOMENTO DONDE ESTAMOS MEDIO DORMIDAS, MEDIO DESPIERTAS. QUÉ PECULIAR ESE MOMENTO DONDE, SIN CONCIENCIA, NOS SALIMOS DE NOSOTRAS MISMAS.
Poemas para estar en Pijama: Las palabras de los sueñosSolía compartir pieza con mi hermana chica. Fue ella la primera persona que escuché hablar dormida, seguro que a ella le pasó lo mismo conmigo. Las dos somos durmientes parlanchinas. ¿Por qué hablamos mientras dormimos? Una vez le pregunté a mi sicóloga y me dijo que era la cabeza la que no se apagaba. Cuando soñamos, los músculos, la boca, las cuerdas vocales se encuentran inactivas, pero en la somniloquia estos se activan y trabajan para enunciar las palabras de los sueños. 

Y aunque al dormir nuestro cuerpo descansa, no dejamos de escuchar ni sentir olores y mucho menos se apaga el tacto. Por algo no es raro soñar que volamos: los pies no tocan el suelo, el cuerpo está horizontal (es casi una ecuación sensorial). 

Sin embargo, hay una diferencia importante entre el yo sintiente dormido y el yo sintiente despierto. Según Henri Bergson, el yo de los sueños es un yo relajado, que con delicadeza escoge entre las miles de sensaciones que le llegan y las ajusta de acuerdo a sus recuerdos, deseos e impresiones del día. Un contraste que podría sonar similar al poema Reposar, de Silvia Goldam:

el nombre no es mío es de ella en el fondo de su pie se agita el afuera y la familia que ella es dentro del aire oloroso piedra con piedra en la claridad del nosotros es pozo que toca su pérdida es niña que pasa en rincón que no sale es mujer que gana por herida es aire blandiendo lo sentido lo que no gravita es la cena es los hechos es el dedo que pone su mañana es la espalda en que ella corre es lo que la tumba. Juntar los cuerpos con lo grave. Reposar. 

Justo antes de rendirnos al sueño lo que nos rodea se disuelve, como si de pronto nos empapara una materialidad líquida. En su Breve disertación sobre el final, Anne Carson se pregunta por la diferencia entre la luz y la iluminación, y responde con un cuadro de Rembrandt:

Es una imagen de la tierra, del cielo y del Calvario. Cae un momento sobre ellos como lluvia, la placa se oscurece. Se oscurece. Rembrandt te despierta justo a tiempo para ver cómo la materia se tambalea hasta perder la forma.

“La materia se tambalea hasta perder la forma”, eso es justo lo que sucede antes de dormir. Luego, cuando ya caminamos por los sueños, podemos imaginarlo como el poema 17 en Árbol de Diana, de Alejandra Pizarnik:

Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por eso días sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y mis numerosos funerales. 

En sus memorias Luis Buñuel dice que si tuviera que elegir, preferiría pasar su vida durmiendo, porque las imágenes de los sueños lo fascinan. Se trata del placer de soñar. Es increíble imaginar (casi asusta) que cada noche millones y millones de imágenes aparecen en nuestras mentes cuando dormimos y que éstas se disuelven al despertar, dejando la tierra poblada de sueños perdidos. ¿Y cuántas palabras quedarán sin escuchar? Imposible llevar la cuenta. 

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POEMAS DE YULIANA ORTIZ RUANO

POEMAS DE YULIANA ORTIZ RUANO

Ilustración de Manuela Vásquez Guayasamín; una representación de Yuliana Ortiz Ruano.

Madre,

sueño con mi cadáver todas las noches.

De mi vientre cuelgan dos seres que no quisieron nacer.

He renunciado a todo lo que me hacía infeliz.

He renunciado a todo.

He renunciado.

Solo hasta que te arrancan a dos manos el esternón

abres los párpados

y barres las costras secas

que tapizan el piso de tu cuarto.

Solo hasta que alguien mete su mano en tu ombligo

y extrae una víscera sangrante

que late caliente al aire

conviertes en arcilla la casa

y la intentas moldear

o la aplastas de una vez.

Madre,

tengo veinte y tres años

y parece un siglo.

Sueño con mi cuerpo tieso

todos los días.

He renunciado a tanto y

¿por qué

estas ganas de llorar?

¿Por qué las heridas

suturadas se abren y sangran otra vez?

¿Por qué el silencio

que diseca mis huesos?

¿Por qué la puerta sigue cerrada

frente a mi rostro?

He renunciado a mí.

He renunciado.

Me abandoné cada tarde.

Yuliana espera por mí

en alguna estación lejana.

Impaciente;

se come las uñas,

los dedos.

Yuliana se come.

Madre,

sigo hablando de mí

a la gente

como si esto importara.

Como si la manta se levantara

y me dijeran

que deje de llorar

que todo fue una broma de mal gusto,

que ahora puedo reírme

a carcajadas de mí

y de mi vientre.

Que todo ha sido una broma

de muy mal gusto.

Que esto no soy yo

que afuera de la manta

hay vida en serio.

Madre

he renunciado a todo lo que me hacía infeliz.

¿por qué la muralla sigue creciendo?

Madre,

no debí salir de tu vientre.

Mira mis huesos.

Mira su fragilidad.

Mira los días

que se posan lilas

bajo mis ojos.

Mira mis manos

transparentes.

La muralla tiene vida.

A mi alrededor todo exhala más vida que yo.

*

Mi cuerpo está aislado del resto de los cuerpos por una vitrina de vidrio. Ella me abstiene de oler, tocar o sentir a nadie que no sea yo. Todo lo habita el frío. El silencio me anuda el alma. Quisiera poder cantar mi dolor al mundo. Pararme en su ombligo y que por mi boca salgan los muertos, que cargo desde la infancia. Cadáveres que me arrastran los pasos. Almas errantes saltándome de neurona a neurona. De oreja a vientre. De manos a pies. Necesito cantarle mi dolor al mundo, que mi voz casque huesos. Que canten los muertos conmigo. Coro unísono.


CAÍDA LIBRE

A Michelle/Dorian donde quiera que esté.

Hace frío afuera.
Las luces de ésta ciudad parecen querer mi rostro.
Mis ojos intentan buscar tu cuerpo en la inmensidad de esta noche infestada de neblina.
Hermana,
te veo corriendo
tu sonrisa se ha convertido en un pájaro de hierro adornando una iglesia
que le sirve de refugio a los desahuciados.

Hermana,
siéntate a ver el horizonte
mientras el viento te trenza el pelo
y tus muslos se estiran para que el sol te tatúe sus rayos en tu piel.

Escuché tu llanto en letras
cada día desde que partí.
Te Escuché  pedirme ayuda sin pedirla,
lo supe
y seguí mi danza ardiente por las calles que claman mi nombre.

Dejaré que madre te siga buscando en hospitales,
morgues,
prostíbulos,
dejaré que siga estirando su mano a lo oscuro
con los ojos cerrados
tanteando en lo desconocido
tratando de hallarte.

Dejaré que el resto de familiares se pregunten
el porqué
de tu vuelo sin retorno.

Seguiré escuchando al otro lado del teléfono
el llanto de todos los que no saben nada de ti
y temen que tu cuerpo sea disputado
por camioneros borrachos en las carreteras
de este país que odias con tus huesos.

Hermana
hay algo creciendo en mi pecho que me canta al oído,
tiene tu voz e incluso tu aliento
me canta Phoenix
como tú lo hacías en el baño,
en esas duchas largas
de lunes por la noche.

Hermana hay un lugar para ti en este planeta,
lo sabes
por ello
has salido a buscarlo
sin dejar rastros de dónde queda ese sitio.

Mientras
seguiré dibujando
en las paredes de mi cuerpo
tu sonrisa desde niña
tu cuerpo redondo de adolescente
tus dientes alambrados
tus ojos con una línea gruesa sobre ellos
y esa mirada que derrite icebergs.

Seguiré dibujando
tu cuerpo sobre el espejo
y a tu lado el celular
de donde salía la voz de Cobain
y la tuya tratando de imitarlo.

Hermana
siéntate
donde quiera que estés
mira la noche
es nuestro regalo.

Recuerda las veces
que desnudas en mi habitación
me hablabas sobre los sueños que no podrías cumplir:
porque somos pobres,
porque nuestros padres no querían,
porque la escuela
y luego la universidad.

Ahora
espero que los tengas empacados
junto a las pocas cosas que te llevaste
y que los clasifiques
y empieces a comértelos
de a poco.

Hermana
hay un lugar
en esta ciudad
que me dibuja tu rostro perfecto,
me guiñas un ojo lentamente
te muerdes los labios
y te despides de mí
meneando tu mano
como un trozo de tela de chiffon
color púrpura
que se disemina junto contigo.

Yo le grito al viento
un te amo desgarrador
que sale de mi boca
como un suspiro de éter
y quiero que lo escuches
y sé que lo estás escuchando.

Hermana
donde quiera que estés
pégale un ojo a la noche
lo sabes
sabes que nos ama
y nos cuida.

Agárrate de ella
como a un equino salvaje y dómalo.
Cabalga riendo
con el corazón
latiendo helado en tu lengua.
Corre descalza donde quieras
ahora el mundo es tuyo
te lo has regalado.

NODRIZA INVISIBLE

No te preguntes 

cuándo fue que empecé a escupirme de tus manos 

nunca estuve en ellas, 

no era yo la que emergía de entre tus piernas, 

no era yo a la que sostenías entre tus brazos 

a la vuelta del trabajo, 

no era yo a la que le gritabas desde la cocina con cacerola en mano que pise tierra. 

Esa niña ha muerto; 

llórale a ella, 

rézale a ella, 

porque yo no recuerdo tus pezones en mis labios 

ni recuerdo ninguna canción que me hiciera cerrar los párpados 

hasta guardarme bajo los antebrazos de Morfeo. 

Yo recuerdo doscientos pedazos de mí, 

haciéndose ceniza en el patio, 

recuerdo el olor de las hojas crepitando 

removiéndose unas a otras 

bajo el manto rojinaranja 

en el oscurísimo cielo de esta ciudad que odio, 

que huele a sal 

su sal me recuerda a la que estaba bajo mis rodillas 

y tú 

de frente 

con cinturón en mano derecha 

 y en la otra, 

 las matemáticas que nunca pude digerir. 

Yo recuerdo una llamada 

y un grito de muerte a la hija maldita. 

No te preguntes cuando me volví polvo de cadáver, 

siempre lo fui, 

por eso odio la efigie que levantaron 

cuando apenas podía oler entre mis dedos, 

por eso odié la presión de ser ejemplo y primogénita, 

por ello trabajé duro para no serlo, 

heme aquí 

¡oh madre! 

Ven y recuéstate cerca de la exhumación de mi carne. 

*

Después del circo

cama vacía,

bebo en un bar mugriento de la carretera,

para agazapar el abandono de mi cuerpo,

la muerte se ha parado a un costado de la estancia,

me mira con ojos de fuego.

No volveré a tocarte

acabé de leer doscientas veces la carta

para finalmente decidir no enviarla.

Te tengo respeto,

aunque me masturbe con tu ausencia,

te tengo respeto.

Que hermosa es la casa sin el ruido

de la vergüenza que siente una mujer

de cuarenta y dos años

abrazada por el desempleo

y la falta de amor propio.

Ahora me soy extraño

no me reconozco

ni a estas paredes

de las cuales quiero huir.

Me palpo el sexo

y lloro,

no sé si por la conmoción

de tener en mis manos la guarida de lobos

o porque sé que no hay bocas que calmen su hambre.

Te extraño ¿sabes?

Ayer le hablé de ti

al pájaro que

dormía en mi lóbulo izquierdo,

ahora yace decapitado.

*

Posé tres veces mis muslos coloidales sobre ese frío congelador,

El soundtrack festivo contrastaba con la ternura de iceberg de sus besos.

Su temor y asco eran palpables,

vomitó en mi lengua canciones con hedor a hierba buena.

Soplé la cintura de sus ojos y corté mis brazos (ríos de verbena putrefacta)

para calmar su soledad.

Sus órbitas calientes me buscan

por el telón de cristal que separa la divina condición de poseedor y cliente frecuente.

Bebo todo cuanto pasa por mi cuello y cabalgo un equino de ansiedades.

*

Me quedo a lamer

el hondo ombligo envenenado

de la locura,

a besar los labios sangrientos

de la soledad.

En multitudes,

busco la tristeza

tan a fin a mí,

cuando vuela

la intento aprisionar,

la tomo por los cabellos,

lloro y la obligo a acompañarme,

a que traiga consigo

el deforme cuerpo del insomnio,

que vengan en comparsa

las violetas medias lunas

bajo los secos ojos.

Pues ya no sé de cortarle los talones a la noche.

¿Por qué no vivir

Bajo manto oscuro y briza?

Busco la tristeza,

busco sus caderas

las palpo como a mí.

Busco muerte o verso,

como mirarse reflejado en un espejo

sin hallar diferencia.

Las Ítacas de ambas

son la nada

*

La lujuria habla a través de la barba petróleo de su mentón.

Las manos sudan deseo.

Los labios escurren frases impenetrables,

imposibles de digerir.

-Cálmate, dolerá un poco al principio- susurras macabro,

luego, el zumbido perenne de la radio, me hunde en una sordera interminable.

-Calla, no querrás despertar a los vecinos-

Tu navaja me corta,

y se ahogan mis gritos en tu sudor.

No tienes barba, ni tu lujuria se desprende de tu mentón.

Tus manos no sudan, ni tu boca escurre.

Eres tan frio

que tiemblo

sin poder enterrar

en tu ovalada cabeza de fotógrafo copular lo que pienso.

¿Pero qué pienso?

Mastico mis anhelos

en el ángulo sin luz de mi cama.

Si pudieras adivinar

cuantas veces

te arranqué

con mis uñas

la pielecita

que cubre tu siempre dispuesto pubis.

Estás saltando tan alto y me mareas.

-Sin espectáculos públicos- susurras otra vez,

tus labios tocan mi tímpano

mientras me desmiembras los dedos,

con tanta prisa para evitar que te toque.

Callada me desnudo.

No es cierto,

ya no lo hago

me da miedo.

La lista no existe

ni las llamadas,

tampoco existen mis pretensiones (papel tapiz de tus paredes).

Lo que existe es una bestia,

con moño y camisas oscuras… impermeable al mundo.

Pero yo no soy el mundo.

Soy una pelusa gris, fragmento de hoja seca

prendida en su cuello.

No lo soy.

No soy.

Nunca seré.

-Calla, calla, no querrás despertar a los vecinos-.

YULIANA ORTIZ RUANO: POESÍA ACTUAL DE ECUADOR | Revista de Literatura y Arte

YULIANA ORTIZ RUANO (Esmeraldas, Ecuador, 1992) Co-fundadora del colectivo de gestión cultural independiente Afroarte. Consta en Antología La Muchedumbre de tu Risa de Carlos Garzón Novoa, Harawiq muestra de poesía ecuatoriana y boliviana (Murcielagario Kartonera, 2015) Ha participado en: Festival Internacional de Poesía Enero en la Palabra (Cusco, Perú 2016), Festival Internacional de Poesía Sumpa Vive (Salinas 2013), Festival de Poesía Joven Lauro Dávila Echeverría (Pasaje 2014). I Bienal Internacional de poesía Museo Luis A. Novoa Naranjo (Guayaquil, 2014), Octava edición de Poesía en Paralelo 0 (Ecuador, 2016). II Encuentro Internacional de Gestores Culturales de la Universidad Luis Vargas Torres (Esmeraldas 2015). II Festival de Literatura y Artes Plásticas (Riobamba 2015) Trabajó como locutora cultural en la revista radial Visión Esmeraldas. Ha publicado,  Silencio de Elith por medio de la Casa de la Cultura Núcleo de Esmeraldas y  SOVOZ  “Poesía Deforme” (Pirata Cartonera, El Salvador).

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Migrar en verso: Yeison F. García presenta su poemario ‘Derecho de admisión’

Yeison F. García
Yeison F. García recitando su poemario ‘Derecho de Admisión’ / Lucía-Asué Mbomío

El autor dirige su poesía a una generación que, al igual que él, “nació o se crió en España y que ha tenido problemas al ir construyendo su identidad”

El 23 de junio presenta su último poemario, ‘Derecho de Admisión’ 

‘Las vidas de las nuestras importan’: “Que no nos digan que esperemos, / nadie puede aplacar nuestra sed de justicia, / no nos pueden culpar por visibilizar una tensión oculta, / no nos pueden señalar por no ser complacientes, / nuestro amor por la existencia se ha manifestado”. Este es uno de los poemas que recoge el nuevo libro de Yeison F. García López titulado ‘Derecho de Admisión’ y que aborda temas como la migración, la identidad, el racismo o el exilio. El poeta y politólogo -además de activista antirracista, conferenciante, gestor cultural y divulgador-, visibiliza con lucidez y transparencia su propia experiencia a través de los versos de forma cercana y mediante un formato novedoso.

El libro es una contranarrativa a la actual: “A las personas migrantes constantemente se nos ha construido como sujetos pasivos, sujetos que constantemente tienen que estar esperando a que otras personas u organizaciones les puedan ayudar y guiar en el camino”, explica el poeta.

‘Derecho de Admisión’ busca fracturar esa idea y, de ese modo, según García, “poner sobre la mesa que nosotras somos parte de esta historia, estamos produciendo narrativas nuevas, impulsando nuevos procesos políticos”. “Tenemos que entender esto como un punto principal para, de alguna manera, impulsar o trabajar por la transformación de la sociedad y la protección de nuestros derechos”, agrega.

Añade que “las personas migrantes y racializadas tienen que ser las protagonistas y se le tiene que reconocer su agencia política”, una cuestión que, según el autor, “parece simple, pero no ha sido así”.

Yeison F. García hace referencia a un marco narrativo invisibilizador “en el cual constantemente se plantea que el racismo se da a partir de la llegada de personas migrantes. Ese marco invisibiliza toda una historia de construcción de racismo por parte del Estado español”. Es una narrativa en la que “plantear al sujeto migrante como un sujeto pasivo deja fuera todas las formas de resistencia de la persona migrante”.

La creación de un poemario diferente

El poemario incorpora novedades poco comunes en la narrativa escrita, como interacciones a través del uso de códigos QR que ofrecen acceso a una playlist musical y vídeos con el fin de acercar al lector y la lectora la poesía con un formato más dinámico.

Quien lanzó la idea para que este proyecto fuese posible fue la editorial independiente ‘La Imprenta’, un colectivo que apuesta por la creatividad generando, según sus palabras, “estrategias y artefactos culturales para cambiar el mundo”. Esta editorial tiene una librería en el barrio de Malasaña donde organizan recitales, presentaciones de libros o charlas.

Para la elaboración del libro, el poeta explica que cogió ideas del poemario en el que se encuentra trabajando y que espera publicar próximamente llamado ‘Madrid Negro’, pero también cosas nuevas. “Tenía por ahí algunos poemas aparcados y otros poemas que en sí salieron solos”. Añade que “no había un proceso de tiempo y maduración como con otros poemas sí lo he hecho, sino que salieron directamente a través de pensar todo el día qué quiero con este poemario, de leer y releer los poemas que iba escogiendo para que tuvieran al final un sentido”.

“A mí nunca me habían dicho que yo podía ir a la universidad”, cuenta García. Su entrada en la facultad marcó un punto de inflexión en su vida y fue, en sus palabras, un momento “muy reflexivo”, ya que “te amoldas a lo que se espera de ti como persona negra y migrante, de que no llegues nunca a la universidad, de ser el más malote….”. Una serie de valores inculcados en los que “te ves atrapado más en lo que dicen que tienes que ser que lo que tú quieres ser”, añade.

Fue entonces cuando comenzó a labrar su camino de forma autodidacta, a elegir las lecturas que más le llamaban la atención, especialmente de filosofía. A partir de ese momento comenzó a escribir poesía y a acercarse a autores como Nicolás Guillén y Miguel Hernández.

La identidad como cuestión

Al haber nacido en Cali y crecido en Madrid, Yeison F. García, asegura haberse sentido un extraño. “Eso te hace, de alguna manera, situarte o restringir o limitar tus marcos de posibilidad”, apunta.

De nuevo aparece la cuestión de la narrativa sobre migraciones que, según el poeta “principalmente tiene en el centro a la persona que acaba de llegar” y desarrolla que “no se habla de las personas que hemos venido muy pequeños aquí y que nos hemos, de alguna manera, tenido que hacer cargo de una identidad híbrida por la cual no nos han dado ningún tipo de herramienta, o ha sido complicado encontrarlas, para poder vivir de esa identidad”.

Es por ello que el autor colombiano se dirige principalmente con su poesía a una generación que, al igual que él, “nació o se crió en España y que ha tenido problemas al ir construyendo su identidad”.

Con todo ello, García, además de dirigir ‘Derecho de Admisión’ a la generación de personas migrantes, o cuyas familias son de origen migrante nacidas o criadas en España, quiere acercar el poemario a los colegios: “somos una sociedad enormemente diversa y a mí me gustaría muchísimo poder recitar, poder compartir con chavales y chavalas este poemario”.

“Me hablo a mí, / a una generación, / a las infancias / con procesos migratorios, / que crecieron sin tierra.”

El día 23 de junio a las 19:00, Yeison F. García presentará, junto a la actriz y cómica Asaari Bibang, el poemario ‘Derecho de Admisión’. El evento, que tendrá lugar en la oficina de la Fundación porCausa en Madrid, será presencial -con aforo limitado previa inscripción– y se retransmitirá en directo a través del canal de Youtube de porCausa

Azahara R. Pérez (@AzaharaKahlo)

https://blogs.publico.es/conmde

Oliverio Girondo, poeta argentino (1891 – 1967)

Oliverio Girondo: una historia de amor, enemigos y vuelos - Infobae

TU PELO.

Y el fervor,

la aquiescencia

del universo entero,

para lograr tus poros,

esa ortiga,

esa piedra.

Puedes juntar las manos.

Amputarte las trenzas.

Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.

ÉL

¿DÓNDE estará?

¿Dónde se habrá escondido?

Creí que se ocultaba entre los ruidos.

Lo busqué.

Se había ido.

Sospeché que habitaba el desamparo.

Fui a su encuentro.

No estaba.

Pensé que su presencia me cegaba.

Me aparté.

No vi nada.

Esperaba encontrarlo en mi camino.

Lo esperé.

Aún lo espero.

VISITA

No estoy.

No la conozco.

No quiero conocerla.

Me repugna lo hueco,

la afición al misterio,

el culto a la ceniza,

a cuanto se disgrega.

Jamás he mantenido contacto con lo inerte.

Si de algo he renegado es de la indiferencia.

No aspiro a transmutarme,

ni me tienta el reposo.

Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.

No estoy para lo inmóvil,

para lo inhabitado.

Cuando venga a buscarme,

díganle:

“Se ha mudado”.

NUBÍFERO ANHELO

¿Si intentara una nube…

una pequeña nube,

modesta,

cotidiana,

transportable,

privada?

Quizás con el recuerdo,

el cansancio,

la pipa,

después de algunas noches

y de mucha paciencia.

¡Qué alivio el de sentirla debajo del sombrero,

o saber que nos sigue

como si fuera un perro!

NIHILISMO

NADA de nada;

es todo.

Así te quiero, nada.

¡Del todo!…

Para nada.

DESERCIÓN

SE fue el pasto,

el arroyo.

Se fueron los caballos.

Los árboles,

la casa,

los caminos se fueron.

La costa ya no estaba,

ni la mar,

ni la arena.

Me quedaban las nubes,

pero también partieron.

DICOTOMÍA INCRUENTA

SIEMPRE llega mi mano

más tarde que otra mano que se mezcla a la mía

y forman una mano.

Cuando voy a sentarme

advierto que mi cuerpo

se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse

adonde yo me siento.

Y en el preciso instante

de entrar en una casa,

descubro que ya estaba

antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,

y que mientras me rieguen de lugares comunes,

ya me encuentre en la tumba,

vestido de esqueleto,

bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

VÓRTICE

DEL MAR, a la montaña,

por el aire,

en la tierra,

de una boca a otra boca,

dando vueltas,

girando,

entre muebles y sombras,

displicente,

gritando,

he perdido la vida,

no sé dónde,

ni cuándo.

RESTRINGIDO PROPÓSITO

DEMASIADO corpóreo,

limitado,

compacto.

Tendré que abrir los poros

y disgregarme un poco.

No digo demasiado.

SALVAMENTO

EL bermellón gritaba.

Gritaba el verde nilo.

El granate, el cobalto,

el índigo gritaban.

Del negro, al escarlata

corría el amarillo.

Se zambulló el celeste.

Me abrazó el colorado.

El ultramar oscuro

me tiró un salvavidas.

Pero el violeta inmóvil

me miró.

Me miraba,

con los brazos cruzados.

Oliverio Girondo, poeta argentino (1891 – 1967)

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POEMAS DE LORENA ACOSTA IGLESIAS

POEMAS DE LORENA ACOSTA IGLESIAS

Mandarines y exprimidores.

Me preguntan si tengo gallinas

y como un vómito regurgito

el viejo ambages: el origen

del mundo en una paradoja

chistosa. Y como una hostia

parapetan mis dientes

mi veneno y su ariete.

Me descargo con la mirada.

Consuelo del que no tiene palabra

o la limpidez del honrado.

Umbral

Sujon.

Llegaste en el momento

cuando ya no

quedaban palabras,

no quedaban ya

lágrimas azules, 

trasparentes días 

sobre días,

la asunción tranquila

del sol ya

partido,

sólo entonces

en la apacible 

pérdida 

llenaste de futuro,

haz de luz 

recóndita

miseria de mí

Por qué los pétalos 

no entienden.

Y tu luz parada

en tu sonrisa,

desarticulada fe

aquella mirada 

expectante,               juventud

podría dejar ir,

podría quedarme

aquí

de este lado

sin las palabras,

en la incomprensión

callada de los días,

el silencio

abismo entre nosotros

podría ser

lo que nos salva. 

El pájaro canta

El pájaro canta, aunque

su derredor derrita

la moralidad.

El límite del mundo

de los hombres

a su alrededor ajeno.

El pájaro canta, aunque

dedo asesino cruce

al niño, partiéndolo en dos.

El pájaro canta, y la rama tranquila

acompasada en contoneo,

le sostiene en la rueda

serena de los días y noches.

Seguidamente,

el pájaro canta, aunque llueva,

aunque no le escuchemos entonces.

Y el viento se lleva su sonido

de alerta, en el que nosotros

nos regocijamos

solamente el domingo.

[Pleonasmo vital

como cencerro,

al moverse uno

impide escuchar]

El pájaro canta plastificando

La Belleza

—sustantiva—

concepción del mundo.

Las flores de otro año. 

…quando il sole si uccide 
oltre le onde 
puoi sentire piangere e gioire 
anche il vento ed il mare.

Caro Amore .- Fabrizio de André.

Contra

mar 

me hallo,

espaldas 

al cuello, 

extendidas

                        .- alas 

balsa mi quietud 

caída esfera

rodado canto 

tumulto indeseado 

contra 

espesor 

en tierra

parpadea 

sus mientes

podría

respirar 

su halo 

podría 

arrastrar 

el litio 

perpendicular 

al ritmo suyo 

la vida se abre

tras la miseria

infinita compasión

de sí 

la vida se mece 

arrastrándome 

y yo caída 

atada de tobillos 

sólo miro

observo 

desde el trono 

mi facultad

cerrada

absorta 

a las nieves, 

las lluvias,

ser a la piedra

una piedra, más. 

Y con ello, 

la paz sobrevenida 

de la miseria 

sin vida ya. 

La infancia recobrada

 

La mirada del niño

intermitente

acompaña

el latido del mundo. 

En el parpadeo

del asombro inocente

nos aguarda,

plegada en la carta

que acaso escribimos

en un lenguaje aún inexistente

algún día

y hoy olvidamos dar voz,

allí, suspira

por ser escuchada

la infancia

recobrada.

Quién pudiera dejarse ir

en este soplo de ira,

de venganza plomiza,

deshacerse en lo que se aleja

de uno mismo,

tomar por manos ajenas

el propio coraje.

Quién pudiera seguir siendo,

como un niño,

en la pradera caminando,

con orugas entre los dedos,

un horizonte más allá parado,

inquietante a la mirada.

Si pudiera ser más de lo que soy.

Si pudiera acaso que los pasos dados

no pesaran tanto, y mi camino

fuera más que lodo intranquilo

y la precaución del viejo

al que ya sólo le queda morir,

simplemente se disipara

como una bruma en un soleado

día.

POEMAS DE LORENA ACOSTA IGLESIAS

Lorena Acosta Iglesias (1992, Fuenlabrada; España) es investigadora en formación en la Universidad Complutense de Madrid realizando la tesis doctoral en la disciplina de Filosofía. 

Ha publicado numerosos artículos académicos en revistas científicas indexadas dentro del campo de la filosofía, así como poemas en las Revistas de Literatura Ídolum, Telescopio, Espirales y Odisea Cultural.

POEMAS DE JOAQUÍN EGUREN

POEMAS DE JOAQUÍN EGUREN

ELLOS Y NOSOTROS

Ellos sonríen a la cámara,
nosotros apenas nos inmutamos.
Ellos tienen 2 mil amigos en Facebook cada cual más importante y fotos con botellas de ron, pisco y whisky.
Nosotros tenemos dos páginas de Facebook y fotos de gatos, libros y un par de eventos deportivos.
Ellos viven solos,
Nosotros vivimos con nuestros padres.
Ellos parecieran tener un poder de endeudamiento superior al nuestro,
Nosotros no tenemos deudas argumentando que el crédito es la pérdida de “libertad”.
Ellos escuchan música que se etiqueta como carretera,
Nosotros escuchamos música que la gente llama depresiva.
A ellos les va bien,
A nosotros no tan bien.
Ellos se ven felices,
Nosotros nos vemos atrapados entre la juventud y adultez y vice versa.

¿Por qué ellos publican su maravillosa vida en Facebook y nosotros no hacemos más que llenarnos de preguntas?

PENSAMIENTO FRAGMENTADO

Estoy escupiendo
poco a poco
lo que a mi cuerpo daña.

Descubrí que siempre llegué tarde,
tardé en descubrir que mi educación era un engaño,
tardé en descongelar mi corazón y entregarlo a la persona que amaba,
tardé en abandonar la rutina y entregarme a la creación.

Así voy, escupiendo fragmento a fragmento
lo que he callado
porque el sistema me exige estar bien
y si no estoy bien,
bueno ahí tienes las pastillas, el alcohol, la marihuana y un par de webadas más.

Espero que estos escupos
sean el prólogo del gran vacío,
aquel momento en que mi ser vomitará
todas las cosas que le han sido inventadas.

Desde ese punto
podré fundar un nuevo ser sobre mi piel,
comprenderé que no soy un cerebro,
sino que soy cuerpo, música, espíritu y comunidad.

Duele, la garganta se aprieta y los recuerdos
van y vienen,
no hay más alternativas,
es esto o me meto en uno de esos ternos
y me convierto en alguien en la vida,
alguien con casa,
con un auto,
dos hijos,
un crédito de consumo
y un constante sentimiento de evasión.

LA PREGUNTA

¿Qué corre por tus venas que no puedes dormir?
Intentas despejar la mente
visualizando recuerdos de gratas jornadas,
alguna felicitación, risas o quizás un saludo inesperado.
Estático, regulando la respiración
aún sientes tus latidos golpear el centro de tu corazón,
preguntando insistente en el porqué de esta sensación.
Las palabras desvarían y de pronto te sumerges
en los recuerdos que reprimes de día,
aquellos que te llevan a tus peores decisiones,
te atacan, te cuestionan y te dejan paralizado.
Vuelves a controlar tu respiración,
esta vez te apoyas en alguna melodía
pero tu cabeza gira tan rápido, que ya en la primera línea
tú mente deletrea la segunda y así se vuelve a descontrolar.
Todo esto envuelto en un sórdido zumbido,
un constante flujo de estática que no deja nunca a tu cerebro descansar.
Es así como pasas noche tras noche,
soñando que algún día tu cuerpo deje de preguntar,
deje de ahondar en los rincones más profundo de tu ser,
esperas ser bueno, porque bueno eres, pero el tiempo
te ha hecho entender que eres un bueno que la prensa, la gente,
el sistema disfraza de malo.
Quieres responder la pregunta,
a veces respondes bien con un par de piruetas deportivas,
otras simplemente caes en el cara y sello de una canción desesperada.
¿Quién imaginaría que el solo hecho de dormir
se transformaría en todo un problema del psicoanálisis
durante nuestro siglo XXI?

REGISTRO CIVIL

Sacas un número de la máquina
que te conduce a tu objetivo,
pronto serás insertado en un chip
que te dará acceso a todas las maravillas del libre mercado.

Detrás del escritorio nadie te ve,
no hay explicaciones para tu solicitud
y al menor intento de conversación
te interrumpe un profundo no.

Así es como confirmas
que la calidad de los servicios públicos
no es más que el reflejo de la calidad del ser humano
en tiempos donde el dinero todo lo compra.

Terminas el trámite en cinco minutos
y comienzas a preguntarte por tu foto,
tu cara, tu juventud, el paso de los tiempos,
el uso del lápiz, tu índice izquierdo,
el correo electrónico, tu profesión,
lugar de residencia, padrón electoral.

Preguntas que te acompañarán durante todo el día
y que inevitablemente terminarán con una profunda duda
de saber si lo que eres ahora,
lo quería tu ser del pasado,
que si el presente es mejor que el futuro
que si Chile es realmente un país con gente de carne y hueso
y que si mañana tendrás algo que contar a los que vienen detrás tuyo.

Venga a buscar su carnet el día jueves,
eso, eso era lo que tenía que recordar.

ENTRETIEMPO

Primer tiempo intenso,
fiel a mi estilo Bielsista
decidí jugar con 3 delanteros
en un terreno donde el más arriesgado de los entrenadores
hubiera jugado con línea de 5,
apostando al pelotazo largo y la astucia de un buen delantero centro.
Me pasé día y noche recolectando símbolos y palabras
que me permitieran llegar al área chica,
muchas veces las piernas de mis delanteros se fatigaron
ante los certeros golpes del equipo rival.
Al cierre del primer tiempo
la estrategia parecía estar dando resultado,
llegué al área chica donde tuvimos dos remates en el palo.
El equipo rival parecía querer que anotáramos, 
de alguna manera veían el partido más allá que un simple encuentro,
veían en este compromiso la oportunidad de empezar de cero.
Entre el ir y venir de remates, creo haber visto al gerente del equipo
sobre la tribuna marquesina, 
el hombre muy enojado con un puro en la boca
notó que su equipo se aprestaba a entregar el partido.
Fue en eso cuando el árbitro pitó el final del primer tiempo.
Para nosotros las piernas estaban agotadas,
se sentía el sabor a sangre en cada una de las gargantas de nuestros jugadores,
a muchos de ellos los vi llorar de impaciencia en los secretos baños de cada estadio,
se miraban entre sí cómo pidiendo una explicación,
como si este partido no fuese solo un encuentro por tres puntos,
sino que la vida misma se iba en cada oportunidad perdida,
en cada silencio, en cada mirada que cruzaban con los jugadores rivales.
El entretiempo ha sido duro y ya se expande por más de tres días,
de alguna manera sentimos que cuando el árbitro pitó el final 
algo cambió.
Nos cruzamos con el rival en los camarines y su mirada había cambiado.
Secretamente amamos al rival,
llegamos a conocerlo tanto
que nos mimetizamos en él,
conocemos sus movimientos, sus miedos, sus contragolpes,
pero aquellos que cruzaban el túnel con nosotros eran otros.
No eran los que conocimos en la cancha.
En sus ojos se veía el temor al futuro 
que el gerente del equipo había puesto sobre ellos,
rostros reprimidos por las indicaciones de un matón del primer orden,
rostros que gritaban libertad, amor y vida en cada uno de sus gestos,
pero que fueron silenciados por los miedos de la sociedad moderna.
Ahora que el partido sigue en 0-0
nos sentimos débiles,
nos pesan las piernas y el corazón no para de latir,
confundimos nombres y erramos jugadas de memoria,
no sabemos qué camarín tomar ni a quién debemos escuchar,
la estrategia siempre fue suicida,
pero nunca nos dimos cuenta que nos dejaría tan expuestos,
es que es ese el problema con los imposibles,
el hecho de querer cambiarlo todo
nos ciega y deja el corazón del equipo abierto a cualquier golpe,
porque sabemos que no importa lo que debamos afrontar,
siempre debemos seguir, adelante, siempre adelante
luchando por tomar la delantera
abriendo la cancha para abrir el corazón.
El partido ha sido hermoso
y la experiencia de estar vivo se ha  multiplicado en la cancha.
Los jugadores se reúnen alrededor mío, levantan la vista
y con sus ojos expresan su pregunta
¿Qué estrategia utilizaremos durante el segundo tiempo?

Joaquín Eguren (Santiago de Chile, 1990). Licenciado en Educación con mención en Inglés y Pedagogía en Inglés por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. El 2014 publica su primer poemario Concreto (Opalina Cartonera, 2014). Ha publicado dos libros de traducciones de poesía romántica inglés William Blake Poemas Elementales (Hipérbole Ediciones, 2016) y William Wordsworth Poemas Elementales (Hipérbole Ediciones, 2016). Su poema Misión Solar fue incluido en la Antología de conspiradores (Marciano Ediciones 2016).

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POEMAS DE ALEJANDRA TORRES GARCÍA

POEMAS DE ALEJANDRA TORRES GARCÍA
  

La gallina ciega

Voy a contar hasta treinta 

para encontrarme entre las cosas.

Tengo un latido que no me deja

(voy camino a mi tumba):

 

Nacero, dos enfermeras y un médico de guardia 

no comen pavo en casa. 

la Navidad hendida 

titila al fondo de los cuneros. 

Árbol con esferas blancas.

Uno, suelto el pezón de mi madre cada tres horas.

Ella, dice mi nombremil veces líquido

desde su enrojecida punta,

su láctea ingravidez.

Estoy satisfecha.

Dos, duermo ovillada en el sillón verde

frente al tocadiscos. 

No escucho el cristal de la mesa estrellarse. 

No escucho cuando mi padre dice a las manos de mamá:

ella está embarazada. 

 

Tres, baño de tina, peces de fuego.
Sara y yo cabemos en todas las cosas:
un abrazo.

 

Cuatro, paso el pequeño tractor sobre el pecho de mi papá:

hombre dormido que ronca. 

El tractor resopla también

y atravieso un pastizal de vello en pecho muy despacio. 

No voy a detenerme, no tengo frenos. 

Mi mano es un pequeño tractor con las ventanas abiertas, 

uno en mitad del campo latiendo.

Mi mano no quiere dejar de ser un tractor, 

no quiere dejar el pastizal, 

no quiere crecer. 

Papá se despierta.

 

 

Cinco, vamos al circo, 

subo a la cima de un elefante bebé.

Nos capturan para siempre en una fotografía

donde se me ve la pantaleta. 

(Por favor, que no se vaya el circo, 

tiene luces que quitan el miedo,

el hambre).

Seis, decido que mi animal favorito es el caballo

nunca  he montado uno, pero lo sé. 

Papá vuelve de un largo éxodo 

y me regala un potrillo azafranado;

se le quiebra una pata

que nunca encuentro.

Siete, la primaria es un caparazón de tortuga 

donde aprendo a restar.

Ocho, soy buena trepando árboles. 

En casa tenemos un sicomoro lleno de pasadizos verdes, 

donde escondo 

una ansiedad prematura.

 

Nueve, en el camino de siempre

descubro una revista de cuerpos desnudos, 

de sudores cóncavos que no coinciden con la Navidad.

Luciérnaga bajo la lengua 

que me escalada. 

Diez, amaso terrores nocturnos de plastilina blanca,

llanuras que nunca he visto en paz.

Madre presta atención a los detalles: 

            creatura de sangre anochecida.

Ella me felicita, 

después, saca una cita con el psicólogo. 

Once, el técnico instala el nuevo aparato.

Papá marca y el teléfono se registra, 

Mamá baja la voz:

-No se encuentra, está jugando-. 

 

Doce, la cosa se va a poner peluda, 

se puso.

 

Trece, en la parada de camiones,

una paloma vuela y se traspone al niño que salta,

pero yo veo: 

un ángel en los escombros del desierto. 

 

Catorce, lo siento, no me cierno sobre el mundo.

 

Quince, papá siempre vuelve a contraluz, 

es un tren tardío que espero dormida.

Juro que no he dicho nada,

no he dicho patina del tiempo

 

Dieciséis, camino detrás de un ciempiés en la banqueta. 

Aunque no todos tienen glándulas venenosas, 

muerde  mi rencor, 

siempre mi ansiedad encharcada.  

 

Diecisiete, rapo mi cabeza y la cubro con un sombrero. 

La tarde es un lugar equivocado. 

 

Dieciocho, me gusta mi boca a las seis de la tarde,

la muerdo con un colmillo 

mientras acaricio mis senos. 

Diecinueve, el infierno es no parpadear, 

y mis ojos se parten en una palabra.

Dónde estaba yo cuando escribí esa línea. 

 

Veinte, no soy un robot, tengo granos que estallan 

frente al espejo.

Veintiuno, “Soultrane” a mí me parece más, un delicioso espagueti de tracks.

Mas la piel del mundo se quedaba callada, 

Y yo supuse lo que diría. 

 

Veintidós, un ciego que sueña, como una bruma.
Borges picando finamente cebolla.

Veintitrés, tengo un Trsuru blanco, 

tengo una falla.

El mecánico entra como un avestruz al cofre y afirma, 

que los mayas son de Miami.

 

 

Veinticuatro, hago trampa, limpio rápido los frijoles,

Cuento dormida los años:

veinticinco, veintiséis, veintisiete, el tiempo es un presente

infinito. 

Ojo derecho de Horus abierto,

cerrado, abierto, no siempre. 

 

Veintiocho, mejor solareposando sobre un iceberg, 

reposando con mi perra sobre un iceberg.

 

Veintinueve, ya viene la ola que nada,

que nadie. 

 

Treinta, ábrete sésamo, quiero salir

(en un paréntesis de colores).

 

 

 

Escribí un poema pero primero lo dibujé

Era un pasillo largo.

Al fondo 

un portón con tranca,

después 

un patio

colmado de nopales y conejos blancos.

Parece un terreno olvidado.

Nadie viene a donde vengo.

Me quedo en cuclillas,

y los conejos se acercan,

olfatean mi vestido.

El segundo patio 

huele a tomates podridos y otras

cosas rojas que dibujo sin sentido. 

Hay un frasco soterrado entre espinas,

lo tomo.

Relleno el recipiente con amuletos de la suerte,

extremidades sueltas,

crayola inerme. 

El patio tiene hierba alta donde 

              me recuesto.

Parezco un cuerpo olvidado entre las fronda. 

Nadie viene a donde vengo.

(Sana, sana, colita de rana).

 

 

 

Una casa con alguien adentro

No sé cuántas veces me masturbé para cansarme.

Sepultar los ojos en un azul marino profundo

donde las estrellas espolean el vientre,

y acompasado se aleja el agudo silencio

de la televisión en pausa.

La casa sin nadie me gusta abierta:

que entre el sol y se vaya,

que moje la lluvia y se vaya.

Me gusta la casa,

la estrella,

el sol,

la lluvia,

la pausa,

y que se vayan.

 

 

 

 

Alejandra Torres García (Chihuahua, Chihuahua, 1988). Egresada de la Licenciatura en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Candidata a grado de la Maestría en Artes en la misma universidad. Desde su formación temprana, su inclinación literaria se amalgamó con las artes plásticas, manteniendo un enfoque plástico-literario en sus creaciones. Su poesía se ha publicado en diversas revistas locales, nacionales e internacionales tales como: Metamorfosis, Synthesis, Otro Paramo, Círculo de Poesía, Río Grande Review, Revista Asalto y Fósforo/ Literatura en Breve. Fue becaria del Encuentro Signos en Rotación del Festival Interfaz del ISSSTE en febrero del 2015. Ganadora en la temporada Primavera/Verano 2017 de la Facultad de Artes dentro del espacio de exposición con su obra pictoricopoética: “Sin decir palabra”. Autora del poemario Fata Morgana, mención honorifica en el concurso Soltar las Amarras del Instituto de Cultura del Municipio 2017. En septiembre del 2018 su obra plástica “Sin Decir Palabra”, es nuevamente seleccionada como parte del VI Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea, en la Facultad de Filosofía y Letras. Es Coautora del poemario Contubernio por la Secretaría de Cultura de Chihuahua (septiembre, 2019). Forma parte de la Antología de poetas Mujeres de Chihuahua “Allá donde encontramos lo perdido”, por Sangre Ediciones, UACH (marzo, 2020), y en la Antología del Taller Alí Chumacero “Poemas sobre la ciudad”, publicado por el Instituto de Cultura del Municipio (2019). Durante cuatro años fue integrante del taller de poesía Alí Chumacero coordinado por el poeta y poliglota Enrique Alberto Servín Herrera. Actualmente Alejandra trabaja en la Universidad Autónoma de Chihuahua y es integrante del Grupo de Poesía Cíbola.

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[Futuro esplendor] Poemas de Alexander Masoliver

[Futuro esplendor] Poemas de Alexander Masoliver

Una voz se satura en la descripción de los objetos que mira o toca. La subjetividad se desborda y lo fenomenológico cede al barroco. Sílabas proliferan, se acumulan, producen un exceso que desborda el dique del sentido. ¿Qué acontece en esto que se abre? Flamante ganador del Premio Fluxus (organizado por Revista Origami), Alexander Masoliver hace espacio en estos poemas (de su libro inédito Moho) para una experiencia del lenguaje. Entren.

 


 

I

la moral
que desciende
oscura aquí la enormidad
rosácea las mejillas quemadas de fósforo
desvencijarse tiznadas de fierros oxidados
ojeras se derraman bífidos rizomas
sobre esas brisas escritas
bautizadas por ti con ese nombre

arrugas

y me avientas tu mano
diciendo

hola

desde lejos aparece el cabo
de las angustias serpenteado asoma
prístino el aire
al contacto de la luz de la pantalla torna estático

no tañas pues
me con píxeles
límpidos esfínteres calculados engrudos de luz
merece nadie tal palpar tan obsidiano

aléjame pues tales placas

hipoxia
descenso por las cuestas
pende mi carácter fluxible

rodeado de paredes no puedo ver ni escribir
ni desencriptar
eso que en esta oscuridad a jirones se extruye

manos quemadas
por ese aire de poros digitales
la nuca tensa doliente cruciforme
me avisa el tiempo de mi conexión

 

II

apenas te toco los dedos en esta fría tarde se rehúsa a recibir tal juicio
siento la tibieza te ahorco ese dedito frágil laxo derramado dentro de la piel que vistes
de rodillas los labios de azándar te mimo los motores todos se detienen en lontananza gimen
parece una muerte en curso las nubes la tapa del ataúd que soñamos

anudo mis balidos a las paredes del encierro gruñido orgullosa musitación mantra
golpeando mi cabeza contra las llagas que a la cal he infligido
y mis lágrimas de cautiverio ruedan por los meandros el vapor los rieles musarañados
sarmientos que las palabras que te he dedicado tan dulcemente han impreso

pero no —pronto no acabará el mal que languidece allende estas ventanas
atravesados sin piedad los polos los zarcillos entumecidos por un océano de achaques
mis manos agrietadas gracias al jabón color de ipomeas se levantan al cielo imprecan iridiscentes
no cae sino agua espesa ciliada cual pasiflora y gris con ese intenso olor a lavanda—

traduzco los labios del destino al correr los vientos secos crujientes autumnales
mi cabeza asoma todo lo que puede por esa ventana apenas deja entrar la mañana apenas la brisa
me reza lo poco que nos quiere la historia nos odia nos despide desea nuestro exilio
no hay más mundo que el mundo aunque adventicio aceptarlo no hay otra opción

te pido que cantes algo de cuna o de cama en voz bajita casi inaudible te ruego te traiciones
dejes de rugir y que el paño fértil al que el destino está confinado sea futuro nuevo
la conciencia me queda de tu trova tierna mas no le hallo parecido a nada así que confío
y confiar es la vianda mortecina extremaunción en el claro de la historia

un ave vuela rápido frente a ese pintarrajeado de mierda el ventanal solo diviso su sombra
herir la retina deja la estela de cuerda de violín me parece oírlo como apareándose
en un cierto coito que me hiere la espalda estelar matutina gélida
siento cada una de mis vértebras predecir la enfermedad que me rodea

vaho borgoña asoma intempestivo en mis sienes sin que haga fuerza irriga la huella del cabello
mientras se resquebrajan las horas de mi billetera vacía e inmóvil arrastra sus mechas
de bruja me dicen que espere a que puedas tocarme de verdad tocarme a golpes sorbos sónicos
que las yemas de tus extremidades deshagan el aerosol de sangre sobre mí

 

III

lobreguez esa
lánguidas miradas de gotas secarse en la piel y perderse
en el ritmo de la atmósfera —para siempre—
cascarria blanquecina de agua fugarse sobre las cucharillas
en la cocina

abrazo las tres dimensiones
simulo la despedida
al mismo tiempo protesto
desvisto mi ira
desnudo en mí estrecho mi rencor

me acuesto solo y no cabe
ninguna mayúscula alguna vez puesta en mis sentires
en este ataúd de dos plazas

troco mi torso por historias que he desparramado
por todo el espacio
regué con sangre toda la extensión
lo que sea para retrasar mi cuerpo aquende la puerta

 

 

IV

agrédeme el segante sonido de las espigas allá lejos se esconden de mi figura
sol hace saltar cada uno de mis poros melanomas largas sombras oncológicas
cáncer que nunca termina de metastatizarse torno carcome el yeso de mi piel
brotan calas mustias hialografía de escamas expulso cuando estiro los contornos
sufro los síntomas de algo que no conozco me hace saltar como disco mellado
tronchados los huesos de tanto golpear cuchillos mucho me duelen mucho
algo canta lejos donde las espigas me cortan la circulación de mis letras musito
tres palabras las rezo
el rezo se queda fijo
coro medieval
sacro mugido emana mis estigmas escaradas creo que me desmayo
lipotimia angélica sin mensaje sin diagnóstico nada
me dicen los médicos que convoco con los libros me canta la bocina del retén
caigo entre dos de esas tres palabras quedo acurrucado que pase lo que tenga que pasar
zorzal picotea las llagas ríe sonoramente escalofrío y lloro
mediodía sine die soporto las cruces las tildes del salmeo

 

 

V

me obsede la pregunta

oigo no sé por qué una turbina negra rampante rayar el horizonte de mi ventana

resuelto ruido firme no
fondo lejano desenfoque gaussiano
motor iracundo rugiendo tras una almohada se ahoga patalea por pervivir
reverbera persistente en el contubernio de mis pabellones
luces biseladas los visillos tiznados quedan por su sonar

autopista adyacente a la puerta no
no protagoniza el ruido
aeropuerto semeja hacer su islámica plegaria
hállome lejos sin embargo de esos aviones
sino su gritar próximo a mis entrañas

no
hay audífono que de ese ruido trance frívolo me exima
no
hay volumen que alcance a tapar el hediento hocico dientes torcidos la máquina
el ruido se encuentra dentro mío llamándome la atención de algo
quizá
veo el barullo lejano mas está cabe mí so mí y duerme
quizá

temo mi facial lividez leporina cuando cruce este umbral

 


Alexander Masoliver Aguirre (Iquique, 1990). Cientista político, estudiante del programa de Doctorado en Filosofía, mención Estética y Teoría del Arte de la Universidad de Chile.

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