Ilustración de Juan Medina Manrique

Beatriz Caspar (@Casparbea) y Laura Franco (@Lauraa02)

El hastío de una guerra

interminable en Oriente Medio,

desencadenó un éxodo masivo de familias inocentes

que tuvieron que huir la violencia explícita y la sangre,

pero también del sufrimiento psíquico

por ser despojados de sus hogares,

para migrar a orillas europeas

en barcos de papel

en busca de paz, calma y esperanza.

 

Al otro lado del Mediterráneo

se encontraba una Europa

con dos facetas antagónicas;

la Europa engreída que proclama

la universalidad de los derechos humanos

y la Europa tímida, acomplejada por albergar

las semillas de un racismo institucional y social

que se hallaba escondido bajo el fondo marino.

 

Una Europa

cómplice de la crueldad, de las masacres

y de las heridas espeluznantes de Oriente Medio

que ha optado por la apatía, la pasividad y la indiferencia,

dejando a la intemperie a fugitivos de guerra.

 

Para esconder su inhumanidad,

las oligarquías europeas,

amparadas bajo políticas neoliberales y xenófobas

y sostenidas por un capitalismo insaciable,

optaron por manipularnos

con su arma más poderosa: el miedo.

 

Los gobiernos usaron el terror

y en esta ocasión encontraron un enemigo perfecto:

el inmigrante, fugitivo de guerra

que viene a robarnos y a “islamizarnos”.

 

Los gobiernos insistían en el hecho

de que esos refugiados eran los culpables

de la crisis y de la precarización de nuestras vidas,

tendiendo así cortinas de humo.

 

Los gobiernos trataban de convencernos

del extremismo y del radicalismo

de esos fugitivos musulmanes,

temerarios terroristas que se esconden tras un velo.

 

Los gobiernos volvieron a sumergirnos

en el miedo irracional y en la falacia

para denegar el asilo a personas que huyen de un infierno.

 

Pero lo que los gobiernos no dicen es que;

el 95% de las víctimas del Estado Islámico son musulmanes,

el 98% de los musulmanes considera el Estado Islámico una aberración del islam,

y que Estado Islámico ha convertido en esclavas sexuales

a más de 6000 mujeres y niñas yazidíes, una etnia en riesgo de exterminio.

 

Lo que los gobierno no dicen

es que, en parte, el Estado Islámico nació

del expolio de recursos liderado por nuestros gobiernos,

que dejó en la miseria a miles de personas.

 

¿Sabéis por qué nuestros gobiernos callan?

Porque les beneficia atemorizarnos

y hacernos creer que los terroristas son otros,

para así legitimar sus actos inhumanos.

 

Los ataques “terroristas” en Europa

no fueron cometidos por inmigrantes procedentes de Oriente Medio;

los ataques “terroristas” en Europa fueron cometidos

por personas que llevaban toda su vida viviendo en este continente.

 

Si hay personas

que arriesgan sus vidas en una patera,

es porque en sus países

las bombas siguen cayendo del cielo

y la miseria sigue matando de hambre.

 

Si la gente emprende, sin garantías,

una arriesgada travesía en aguas desconocidas,

no es por capricho;

es porque la tierra no quema, sino que arde.

 

No os dejéis engañar por nuestros gobiernos,

cómplices de la masacre de Oriente Medio.

 

Si nuestros países ardieran

también nos lanzaríamos a ese mismo mar,

en busca de la paz y del cielo, os lo prometo.

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