POEMAS PARA ESTAR EN PIJAMA: PARADA OBLIGATORIA FRENTE A UN PLATO DE SOPA

EL EQUIPO DE ‘TUFILLO DE POETA’ AHORA ESTÁ DISPERSO POR TODO EL CONTINENTE AMERICANO, PERO ESO NO LES HA IMPEDIDO COLABORAR CON PIJAMA SURF. LA POESÍA ES PARA TODOS Y HAY UN POEMA PARA CADA MOMENTO COTIDIANO DE NUESTRAS VIDAS. POR ESO, TODOS LOS DOMINGOS, EL EQUIPO DE ‘TUFILLO DE POETA’ COLABORARÁ CON UNA COLUMNA DEDICADA AL EPISODIO DE SU PODCAST DE LA SEMANA ANTERIOR
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Esta columna inaugural está dedicada a la comida y a todas esas sensaciones que revivimos cuando pensamos en ella, lo que significa la cocina de nuestros hogares, las recetas familiares, los ingredientes y las sazones que nos transportan a determinados momentos de nuestras vidas. 

La comida no es sólo comida, es la síntesis de un sinfín de relaciones: familiares, amistosas, entre amantes. La comida es el punto alrededor del cual hemos creado nuestros rituales más preciados. Esos rituales que significan haber terminado un día de trabajo, los que hacemos para celebrar o para cuidar de nosotros y de quienes queremos.

La comida nos vincula.

La comida es la vida. 

¿Qué pasa cuando nos sentamos a la mesa como críticos, antropólogos o poetas?

¡Alto! eso que hay allí no es un plato de comida. Es cierto que los vapores que suben desde la mesa, las texturas que descubren los cubiertos, esos colores; todo pondría a salivar a quien sea -pero alto. Ese bocado puede esperar. Para efectos de esta columna, pensaremos que el hambre no apremia tanto y que estamos por poner sobre la mesa un asunto más urgente. Antes de llenarnos la boca, nos detendremos en una verdad simple, habrá quien le diría sabrosa: ningún plato de comida es solamente un plato de comida. 
 
Lo sabía Grimond, ese francés que en el siglo XIX inventó la manía de reseñar restaurantes y, sin saberlo, inauguró el oficio que continuamos miles cuando celular en mano, calculamos con estrellas la satisfacción que nos deja un puesto de comida; ese oficio sabroso y colectivo en el que un plato de comida es en realidad un punto entre muchos que se enlazan para formar el mapa de sabor de las ciudades. 

También lo sabía Lévi-Strauss, quien puso sobre el papel un chisme bien sabido en las cocinas, tan viejo como nuestras reuniones con el fuego. La comida, escribe el antropólogo, conforma un sistema de símbolos que determina cómo vivimos en comunidad y, si esa alquimia pareciera poco, también nos recuerda que los ritos alrededor de la cocina tienen el mérito –nada despreciable– de conseguir que una planta o animal transite, como si nada, la delgada línea que separa cultura de naturaleza. 

¡Alto! eso que está allí no es un plato de comida, es una imbricada historia de relaciones sociales. Cada manjar irresistible es un tratado para entender los sistemas de producción y el consumo voraz de nuestras sociedades. Si escuchamos bien, en cada plato de comida está el secreto para entender el trabajo y la falta de trabajo, allí está también -hecha visible por el fuego y para quien la quiera paladear- esa extraña relación entre lo que consideramos humano y lo que no. 

Los secretos de la comida han sido materia de poesía con recurrencias bien curiosas. El pan, no contento con empelar la metáfora para encarnar al dios de las liturgias católicas, aparece en los versos de José Martí cuando en “Hierro” nos habla de lo mucho que cuesta conseguir ese alimento en épocas en que escasea el trabajo. Otro tanto nos dice Gabriela Mistral, para quien la mezcla milagrosa de agua, levadura y harina se vuelve un objeto capaz de reunir, en un solo lugar y un solo objeto, las geografías distantes y el recuerdo de los amigos que están lejos.

La cebolla es otra estrella frecuente en la poesía. Acompaña el hambre de Miguel Hernández y aparece, sabia y juguetona, en los versos de Wislawa Szymborska, 

Es un ente coherente,
es una obra maestra.
una y luego otra dentro,
grande a pequeña abarca,
y pequeña es la grande de otra,
que será tercera o cuarta.
Una fuga hacia el centro.
Eco de batuta diestra.

La nobel polaca le presta particular atención a la armónica geometría cebollezca y la cosa no termina allí porque, si nos detenemos en el poema como Szymborska se detiene en la cebolla, empezamos a ver que la arquitectura de ese fruto de la tierra es un eco de la forma en que se transmite la vida: un cuerpo contiene otro cuerpo, que a su vez contendrá otro que contendrá al siguiente. 

Y si cree que con esto agotamos los versos, aquí viene una segunda ración porque en la cebolla y en su concierto de matrioshkas, también resuena la forma en que transmitimos el conocimiento. La receta de su plato favorito, bien sea en la casa de su abuela o en un carrito callejero, está cifrada en una serie de pasos y procesos que pasaron por una persona que a su vez los recibió de otra y esta última de otra y otra más. 

A comienzos del siglo XX el futurismo y sus devaneos fascistas trataron de olvidar lo obvio: comer y cocinar nos vuelve parte de una comunidad. Obsesionado con la velocidad y con las máquinas, el italiano Filippo Marinetti se lanzó en busca de una dieta “aerodinámica que superara lo que él consideraba la pesadez de la tradición culinaria de su país. Las recetas, o más bien, las fórmulas que propone Marinetti hacen que cocinar sea un trabajo de laboratorio y van en contravía del conocimiento práctico y la autoría compartida de la comida. De alguna manera, anticipan la obsesión de nuestro tiempo con las dietas y los chefs celebridades mientras le dan una mirada desdeñosa a la verdad que aparece cuando nos detenemos a pensar en la comida en nuestros platos.

Alto, acérquese, huela, llénese la boca. Bajo el arco de su paladar pasarán las historias y el trabajo que hicieron a su cuerpo. Está a punto de introducir en su boca la alquimia que ha movido al mundo con la ayuda de millones de manos, a veces anónimas, a veces no tanto. Manos, en todo caso, capaces de mantener el mundo en movimiento mientras duerme, manos que esperan que usted haga su parte cuando despierte a ganarse el pan en la mañana.

 

Si quieres escuchar más sobre comida y poesía, no te pierdas el primer capítulo de la tercera temporada de Tufillo de poetaPoemas para cocinar con la nevera vacía.
 

Tufillo de poeta lo puedes encontrar en FaceboookTwitterInstagram

 

Imagen de portada: Artiom Vallat / Unsplash

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EDUARDO MILÁN: Poemas

EDUARDO MILÁN: Poemas

A  LOS VEINTE AÑOS TU SEXO OLÍA PROFUNDAMENTE…

A los veinte años tu sexo olía profundamente,

antiguo, tibio, una raíz sin frío, precaria

aun viniendo de un pasado tan hondo, mítico

de atreverse a atravesar la selva sin ser visto.

Voz de ánima en pena que busca un continente,

África donde agarrarse, desgarrada. Pero volviendo,

el sexo de la mujer tiene una autonomía rara

como si le perteneciera y como si le fuera ajeno,

ajenjo, independiente, estado ebrio. Vive en la fiebre

su larga memoria que lo habilita al delirio. Sus labios

son verdaderos labios. Una raíz que no es una raíz

pero parece por su resonancia. A partir de un punto

el poema son innumerables ecos, aguas liberadas, felices

de expansivas después de ser tocadas.

EL SOL, SOL DE DOS NIDOS…

El sol, sol de dos nidos,

uno en la luz del día,

otro en la de la noche,

ahora bajo en calorías.

De ahí ese frío en verano,

esa tibieza en invierno,

ni  primavera ni otoño.

No sabemos qué ponernos

ya que estamos habituados

a ponernos algo. El sol

sería bueno que eligiera,

que el sol tomara partido.

HUMILDAD, LA FUENTE INAGOTABLE…

Humildad, la fuente inagotable

de recursos naturales es un río

que no quiebra, un río

que fue lluvia, una elevada

vertiente que cae

como toda la plata, finalmente.

El hombre del rocío en la cabeza

y en los hombros, el famoso rocío

de los prados, hoy canoso,

no es más que la humildad que anda,

el otrora verdura de las eras, cabizbajo.

No está solo: una bandada

anda empapada como voz de Neruda.

Ese río, dios mortal del mar,

renace en meaculpa de la lluvia.

EL ARTE NUNCA ES LA VERDAD…

El arte nunca es la verdad

pero hay momentos, hay momentos tan ausentes

como éste, en que la verdad es una forma de arte,

una mina, un trobar, El Dorado. Uno encuentra,

dos reconocen, tres cantan en trío -el trinar-,

cuatro cantan en coro. Y así, un sí de vez en cuando,

se descubre el momento. Cuando el momento se descubre

es casi un hecho. En este momento un hecho es un milagro

porque la verdad es una forma de arte, es el misterio

presente al que nadie se atreve. Por la melodía

parece que canta pero es un concepto,

el ruiseñor-concepto.

NO FALTEN LOS CABALLOS DEL ENCABALGAMIENTO…

No fallen los caballos del encabalgamiento

que abren los sentidos, los sentidos

que se abrieron en cuatro como a Túpac

Amaru. No digan los sentidos encabalgados

en su locura lo contrario a lo que quiero:

la precisión del sentido, no el desbocamiento

de esta falsa totalidad que presentimos, atentos

a ese amargo amago de completud. Serán como una red

si fallan, serán como otra red.

Lo que no supe decir que no lo digan los caballos.

EDUARDO MILÁN: Poemas

 

Eduardo Félix Milán es un poeta, ensayista y crítico literario uruguayo radicado en México.

http://www.revistaelhumo.com/

[Jámpster eBooks] Vocoder de Nicolás Campos Farfán

[Jámpster eBooks] Vocoder de Nicolás Campos Farfán

Según Wikipedia, el vocoder es «un analizador y sintetizador de voz […] desarrollado […] como un codificador de voz para telecomunicaciones». Con el paso del tiempo su uso se extendió a otros campos, como el de la música, donde es utilizado para crear sonidos que emulan la voz de un robot. En Vocoder, el debut del escritor Nicolás Campos Farfán en la poesía, un autómata descompuesto en varias voces reflexiona sobre la comunicación, la memoria y las derivas de su propia naturaleza. A través de una dicción maquinal nos aproximamos a la condición humanoide, que no es otra que la condición humana proyectada en la superficie de la lengua, su fragilidad devuelta en una imagen.

*

Nada sería tan emotivo
como la voz
de todos tus amantes
sintetizada en solo
una señal decodificable
Una voz
cantando tus pérdidas
no real sino apenas
una masturbación temblorosa
plena de recuerdos íntimos
Un amor
demasiado hermoso
como para compartirlo

[Jámpster eBooks] Vocoder de Nicolás Campos Farfán

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[Traducciones] Poemas de Don Paterson [vers. de Carlos Llaza]

[Traducciones] Poemas de Don Paterson [vers. de Carlos Llaza]

Foto: © Simon Price/Alamy

Don Paterson nació en 1963 en Dundee, Escocia. Es profesor de poesía en la Universidad de St Andrew’s y editor de Picador MacMillan. Además de poeta, es guitarrista y compositor. Su obra ha recibido diversos premios, entre ellos el Whitbread/Costa Poetry Prize (2003, 2015) y el T. S. Eliot Prize (1997, 2003). En 2008 recibió la OBE (Orden del Imperio Británico) y en 2010 la Medalla de Oro de la Reina. Sus libros de poesía son: Nil Nil (1993), God’s Gift to Women (1997), The Eyes (versiones libres de Antonio Machado, 1999), Landing Light (2003), Orpheus (versiones de Die Sonette an Orpheus, de Rilke, 2006), Rain (2009), Selected Poems (2014), 40 Sonnets (2015) y Zonal (2019). Paterson, además, ha publicado libros de aforismos y también de crítica literaria, entre los cuales destacan The Book of Shadows (2002) y Reading Shakespeare’s Sonnets (2010), respectivamente. Su interés por la relación entre lingüística, ciencia cognitiva y creación poética lo llevó a escribir su monumental The Poem: Lyric, Sing, Metre (2018).

El primero de los textos presentados a continuación es una versión de «The Rat», de Landing Light (2003), libro ganador del T. S. Eliot Prize. El segundo poema es una versión de «Death», de Zonal (2019), cuyos poemas contienen elementos de la primera temporada de The Twilight Zone (1959-1960), particularmente de los episodios escritos por Rod Sterling.


La rata

Un joven escribió un poema sobre una rata.
El mejor poema jamás escrito sobre una rata.
Leerlo era pedirle a la rata que se posara
sobre el brazo del sillón hasta que pasaras
la página. Así que le escribimos,
pero nada; lo llamamos; después partimos
hacia la isla donde él tenía el único negocio
y tocamos la puerta hasta que nos atendió.

Nos llevamos sus poemas. Nuestras manos
excitadas. Los leímos en cajas de luz,
bajo lámparas. Pero no eran tan buenos.
Así que hicimos unas cuantas observaciones
sobre sus giros y tropos, su actitud métrica,
la unión entre palabra y evento específico,
le sugerimos que lea a tal o a tal.
Y escríbenos, dijimos, más poemas como La rata.

No obtuvimos sino cinismo. Silencio.
Y renunciamos a él. A él y su arrogancia
verde, su ingratitud y su golpe de suerte.
Pero hoy leo La rata nuevamente.
El hedor fue el anuncio; y su mirada oscura;
y verso a verso, corrompió el aire:
Por todo tu oficio e ingenioso ingenio
tú no me escribiste, idiota. Ni en tus sueños.

 

Muerte

El truco — es decir, su manera de convencerte de la gravedad
……del asunto —
era aparecer de la nada, sereno e inmaculado, en algún lugar
……impredecible,
como si hubiese estado ahí desde siempre: fumando junto a la escalera,
……meando en el cubículo de al lado,
o volteando de pronto desde su asiento en una matiné vacía, diciendo
……Vamos. Ya hablamos de esto.
Y una vez más yo al marcharme murmurara Todavía no estoy listo,
……y él dijera
No pasa nada, nos vemos más tarde, consciente de que todos finalmente
……nos rendimos.

Antes de que me condenaran a la oficina, yo trabajaba en ventas. Todavía
……tengo un maletín con muestras
y buen ojo para una presa fácil. Un día, para entretenerse, se puso a
……repasar
algunos clichés del género, y cuando cerré el espejo del baño lo descubrí
……sobre mi hombro.
Pegué tal grito, que él rompió a reír; yo arremetí con un zurdazo
……y nos enfrascamos en la contienda de siempre.
Pero después lo descubrí rozando con el dorso de la mano mis toallas
……de algodón pima
y mirando de reojo mi nuevo cepillo de dientes sónico con algo más
……que simple interés;
noté que su traje Prada le quedaba grande y que su perfume floral
……era Tommy Girl,
aunque le sentaba bien. Recién entonces pude darme cuenta. Esa era
……su debilidad.
Le dije Mira, mira – hagamos un trato. Nada de …tratos, me dice. Tú
……bien lo sabes. Escúchame, le digo. No te miento.
Dame veinte años más y yo me encargo de vestirte. Yo voy a ser
……tu proveedor. En serio. Precios de remate.
Él no dijo nada, pero gotas de sudor brotaron de sus labios
……y de su frente.
Entonces saqué el maletín y me embarqué en la vieja rutina, le dije
……que prácticamente estaba regalando todo;
aunque me dolía verlo sucumbir tan fácil, tan fácilmente reducido,
……tan preocupado y frenético —
yo sacando una cosa tras otra, él preguntándose si tendría suficiente
……para todo esto,
palpándose los bolsillos, preguntándose si yo aceptaba tarjeta,
……o si él tenía tarjeta,
pero no sabía ni lo que era — los brazos cargados de todas las cosas
……que él tanto quería,
fedora negro, correa de piel de serpiente, corbata de seda con el diseño
……de Mondrian, para luego darse cuenta
de que, siendo estrictos, él no era asalariado ni trabajador independiente —
……un esclavo del trabajo, era como él lo veía,
un simple esclavo, con lo justo, casi nunca dos noches seguidas
……en la misma ciudad,
durmiendo en sofás entre turno y turno; todo lo que vestía era tomado
……de los armarios de los muertos;
todo lo que comía, lo que el muerto había dejado en la cocina tras haber
……sido llevado al auto.
Sólo quería una noche libre, una mesa en Clio para degustar toda
……la carta,
y después volver a casa a su propia mierda — jazz antiguo en vinilo,
……un amplificador de válvula,
una buena máquina de espresso y una bici estacionaria, y acaso una
……esposa y también hijos, a su debido tiempo,
pero no bien pensaba en ello, o en lo que comentarían alrededor
……de la tele,
en la cocina mientras preparaba su famoso chili, o en la puerta
……del colegio tras el entrenamiento de hockey —
sólo conseguía verse a sí mismo repartiendo la mala noticia, como de
……costumbre, la peor.
‘Papá, ¿por qué dices que tengo que ir contigo ahora mismo?’

No pienses ni por un instante que a la Muerte le gusta su trabajo. Si bien
……yo no podía detenerme —
ambos sabíamos que no había manera de que él pudiese pagar por nada
……de esto — me era difícil no romper en llanto:
¿quién quiere ver a su propia muerte caer en una treta tan burda?
……Al final me rendí. Lo abracé. Le dije
Tranquilo. No te preocupes. Vámonos. Dame cinco minutos para alistar
……algunas cosas y decir adiós.
Y él estuvo de acuerdo; y, pobre inocente, se mostró tan agradecido cuando,
……en efecto, volví con un par de zapatos casi nuevos,
dos buenas camisas y un saco azul que supuse que le quedaría
……excelente,
y pude ver en sus ojos que, a través del tiempo, había perdido más de unos
……cuantos de esta manera,
ante este viejo ardid, y cada uno de nosotros le había costado como una vida.


Carlos Llaza (Arequipa, 1983). Poeta y traductor literario. Autor de Naturaleza muerta con langosta (2019), su trabajo ha aparecido en publicaciones como Buenos Aires Poetry, Letras Libres, Oculta Lit y Periódico de Poesía, entre otras. Actualmente vive en Glasgow.

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País de miserables

18 de agosto: el poeta Federico García Lorca es asesinado

Fue en ese tiempo en el que las estaciones y apeaderos tenían quioscos donde además vendían libros, normalmente de bolsillo. Yo tenía 15 años y era la primera vez que mis padres me permitían quedarme sola en la casa de verano algunos días. De camino a la playa, solía comprarme el periódico para pasar las horas al sol. Aquel día de septiembre, quién sabe por qué, me hice también con un ejemplar del Romancero Gitano de Federico García Lorca. Abrí el libro sentada contra el lomo de una barca, lo devoré. Volví a leerlo inmediatamente y hacia la mitad ya me eché a llorar mansamente. No era zumo de limón/ agrio de espera y de boca lo que lloraba sino lágrimas de gozo, sacudida por una inesperada comprensión de la belleza y su metáfora.

Poco tiempo después supe lo que era volver a casa sucia de besos y arena. Cada vez que he visto una carga contra los ciudadanos, las ciudadanas, que les he visto intervenir en un desahucio sacando a rastras a las madres ante sus hijos me he podido decir que tienen, por eso no lloran,/ de plomo las calaveras; igual que en cada andanada contra los inmigrantes, en cada disparo, en cada bola de goma he pensado que el cielo se les antoja/ una vitrina de espuelas. Sé que las lavanderas de hoy cantan todavía Yo planté un tomillo,/ yo lo vi crecer./ El que quiera honra,/ que se porte bien. Y que los ricos dan a sus queridas/ pequeños moribundos iluminados/ y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Con Lorca aprendí a nombrar lo visto y lo sentido, a describir dicha y desasosiego. Desde los días de cuna les conté a mis hijos que el lagarto y la lagarta estaban llorando porque habían perdido su anillo de desposados, ay su anillito de plomo. Para que ellos también supieran cantar la realidad con voz certera y libremente. Porque es necesaria la voz del poeta para poner en palabras exactas lo que somos. De la misma forma que cubrirlo de silencio retrata un país de miserables.

Este pasado domingo 16 de agosto, el periodista y erudito Víctor Fernández recordaba: Tal día como hoy, a las cinco de la tarde, un grupo de hombres armados llegaba a la casa de la familia Rosales en Granada para detener a Federico García Lorca. Poco después era asesinado. En ese lugar hoy no hay ni una placa que recuerde ese drama.

 

Añado más. Ninguno de los miembros de las instituciones públicas salió a cantarle a Lorca su grandeza, a admitir nuestra vergüenza. La vergüenza de un país en el que nació y mataron, por rojo y maricón, al poeta más grande del siglo XX y probablemente uno de los mayores autores de todos los tiempos. Celebramos cotidianamente efemérides, nacimientos y muertes, victorias futbolísticas, aprobaciones de leyes, nombramientos políticos, grandes gestas históricas y días dedicados a las más estrafalarias ideas. Pero no hemos encontrado un hueco para honrar a Federico García Lorca como merece. Honrarlo anualmente, sí. Institucionalmente, sí. No se trata solo de él, se trata de nosotros, de nosotras, de que no sabemos dónde están sus huesos y de que han tenido que venir de fuera, ay querido Ian Gibson, para prestar algunos datos a nuestra memoria cerrada como el hueso seco que fue de melocotón.

El país entero debería salir cada año a celebrar a Lorca, pero eso supondría admitir que vivimos en un territorio donde al mayor entre los mayores de la belleza lo mataron de un tiro por rojo y maricón aquellos cuyos sucesores hoy sientan su putrefacto culo en las bancadas del Congreso, en los consejos de administración, en las poltronas de los poderosos que siguen luciendo los mismos dominios de entonces. Supondría mirarnos a la cara y enfrentar el rastrero retrato de un país de miserables.

Corrían los primeros 80 del siglo pasado cuando lloré el Romancero gitano. Desde entonces apenas ha cambiado nada.


Los versos robados en este artículo pertenecen, por orden de aparición, a los siguientes poemas u obras:

Romance de la pena negra

La casada infiel

Romance de la Guardia Civil española

Yerma

Oda a Walt Whitman

El lagarto está llorando

CRISTINA FALLARÁS

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras

[Extracciones] Derechos de propiedad de Juan José Podestá

[Extracciones] Derechos de propiedad de Juan José Podestá

Imagen: © ullstein bild/Getty Images

A diez años de la publicación de Novela negra (2010), el escritor Juan José Podestá retorna a la poesía con el libro Derechos de propiedad, publicado recientemente por Editorial Aparte. Poemas directos y punzantes, de los que presentamos una breve selección.


los índices macroeconómicos
de este pacto bursátil
acabarán por desesperar
a inversionistas que saldrán
corriendo a la bolsa

para ser franco, esta empresa
no promete nada

fue permuta de papel

en los muebles con polillas
carpetas
y egresos

aunque nos quede saber
quién cerrará el portón
eche candado
y vire raudo al paradero

con rumbo indefinido.

 

§

 

así como
el fmi puede matar
a una moneda

una mañana dijiste
no confiabas
en la empresa

¿qué hago ahora
con las existencias?

solicitudes de préstamos
y prórrogas buscaron
retrasar la deuda externa
de este impagable asunto:

………………..la profundidad que media
………………..entre una ola

………………..la rugosidad del arenal.

 

§

 

hope decía que un banco
es un lugar que te presta dinero
si puedes probar
que no lo necesitas

dime
viejo bob
qué chucha puede ofrecer
un cuerpo
al que demuestras
desprecio

qué ofrece
cuando ansiamos

toda la carne del mundo
y no

dinero.

 

§

 

impuestos internos
devolvió facturas
mal hechas

grullas de papel
que luego flotaron
incendiadas
por el cielo
de la fábrica

una tarde en que el sol
penaba
como un contrabando.

[Extracciones] Derechos de propiedad de Juan José Podestá

Juan José Podestá (Tocopilla, 1979). Es periodista y escritor. Tiene tres títulos publicados: el libro de poesía Novela negra (Cinosargo, 2010) y los libros de cuentos El tema es complicado (Narrativa Punto Aparte, 2013) y Playa Panteón (Narrativa Punto Aparte, 2016). Es magíster en literatura latinoamericana y trabaja en una biblioteca. Vive en Iquique.

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[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias

[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias

Una pareja, un espacio privado con dimensiones de ciudad, un mundo que pareciera quebrarse a pesar de mantenerse iterando. Contenido en ¿Qué te sucede, belleza? (Los Libros de la Mujer Rota, 2020), «Estúpida» pareciera ser la imagen resultante de la recursividad a la que tornan dos amantes observados externamente a partir de un juego de espejos, grasa y polvo, cortesía de Legna Rodríguez Iglesias.


ESTÚPIDA

ESTA PARTE NO SE LEE

Imposible. Yo nunca nombraría a uno de mis personajes Miguel, o Sancho, o Esmérido, o Juliana, o Elizabet. ¿Qué clase de nombres son esos para llamar a unos tipos que ni siquiera pueden tomar un sartén por el mango? Yo por ejemplo, hiervo mi comida en una ollita, no necesito sartén.

ESTÚPIDA

Este cuento lo escribimos Fidel Carballea y yo juntos. Pero no revueltos. A cuatro manos, como se dice. Bueno sí, revueltos.

Abrí la puerta y era un cuarto de 5×6. Cinco kilómetros por seis kilómetros. Era una ciudad. Las casas eran personas. Habían dos casas nada más. Ella y él. Entré y la vi a ella comiéndose la carne de él. Dejándolo en carne viva. Así son los carnívoros. Pero él no soltaba sangre.

Creí en el mejoramiento humano y pensé pronto volverán a sus rutinas y él le dará una bofetada a ella por no saber cocinar, se comportarán como el par de imbéciles que siempre han sido y continuarán alargando algo que ni siquiera cuenta con probabilidades de que termine.

Pronto ella machacará bien los ajos y picará la cebolla excelentemente, aunque no comprenderá los secretos del sofrito. El sofrito es un misterio. Él se desesperará, le meterá el mango del sartén por la quijada para ver si ella aprende pero ella no aprenderá. Así son las imbéciles. Ella le gritará abusador, maricón, comepinga, hasta que se quede ronca. Pronto, muy pronto, él le cocerá la quijada en la máquina de coser con un carretel de hilo que se pudrió hace tiempo.

Punto tras punto hasta rematar su quijada. Lo lógico sería llevarla a una conducta de una traumatología por la abundante vascularización, aunque no se puede ser tan lógico en la vida.

Antes de que cante un gallo él se quejará de las inclemencias del tiempo y de las castraciones humanas. Pronto el viento soplará tan fuerte que todas las velas se apagarán, las copas se caerán del estante y se harán añicos. Así son las copas, se caen por cualquier cosa.

Antes de que se caiga la última copa ella tratará de consolarlo. Él se consolará y propondrá ir en busca de copas nuevas. Repinga, dirá ella, porque solo hay un triciclo. Él se montará en su triciclo, pedaleará hasta el complejo de tiendas que queda en el centro de la ciudad, a más de una hora de camino de la casa. Perfecto para ejercitar los músculos. Pronto se sentirá estafado por los precios de las copas de cristal de bacará.

Pronto pedaleará hasta otro complejo de tiendas que ofrece servicio de hospedaje diurno para pordioseros y locos. Porque tiene portales encantadores.

Antes de que cante un gallo ella comenzará a preocuparse, se aburrirá, y se hará un peinado de colmena rústica, como las mujercitas pin-up de la década del cuarenta.

Repinga, voy a barrer, dirá ella en el colmo de la preocupación.

Antes de que cante un gallo él encontrará mejores precios pero mala calidad en los productos. Insultado comprará las copas y maldecirá a las madres de los integrantes de la ADMON.

Regresará apurado sobre las tres ruedas. Lloverá por el camino y el cristal de las copas nuevas se empañará. Así son los perdedores.

Pronto llegará y se besarán y chocarán los dientes y también las copas y se divertirán dando copazos a diestra y siniestra.

Pronto debatirán nuevamente las reglas de la rutina.

Él acabará sintiendo asco por todo lo que está servido en las copas. Disimulará pero ya el vómito viene, viene.

Antes de que cante un gallo ella se halará los pelos, repinga, y se arrancará una verruga que toda su vida estuvo ahí, molestando.

Pronto trabajará en una fábrica, en un aeropuerto o en un combinado pesquero. Pronto le gustará otro licor, de menta, de plátano, de manzana. Licores hay para escoger. Entre sacudir las telarañas y cocinar, seguirá prefiriendo sacudir. Antes de que cante un gallo él descubrirá su aptitud para ser un agricultor pequeño en combinación con su aptitud para ser profesor de matemáticas. Así son los jóvenes talentos.

Pronto cambiarán de aire y se sentarán en la escalera de un museo de historia natural. Satisfechos. Ella estará plena de alegría mientras él querrá irse de inmediato a una zona donde haya menos tráfico. Repinga, cuando más contenta estaba. Nunca entrarán al museo ni se interesarán por la sala de niños fosilizados.

Andarán por un bulevar ridículo lleno de estatuas todas iguales. Ella se agachará a amarrarle los zapatos y él le dará un golpecito de gratitud, desbaratándole su peinado. Quítate, idiota.

Los atropellará un desfile de actividad social. Pronto él estará de acuerdo con la manifestación obrera, pero ella no estará de acuerdo.

Antes de que cante un gallo él se adentrará en la multitud, abandonándola.

Uno de los activistas tratará de embullarla a que desfile y ella preguntará: ¿es un chiste?

Su blusa de lentejuelas azules, su falda y sus zapatos altos combinarán estupendamente con el overol de mecánico y los zapatos de cordones de él.

Pronto, muy pronto, ella descubirá que habría sido mejor quedarse en casa.

Antes de que cante un gallo él estará nadando en sus aguas, como quien dice, sin acordarse de ella, quien necesitará una buena señal para no preocuparse más por él. Y pronto. Antes de que cante un gallo ella encontrará su herradura de la suerte y dirá repinga, lo que sucede conviene.

Pronto hablarán por teléfono desde cabinas distantes. Se pondrán de acuerdo para verse dentro de media hora en algún baño público del centro. Así son los enamorados.

Pronto se abrazarán porque están juntos otra vez. Ella no se enfurecerá por la desaparición de él. Repinga, pero no vuelvas a desaparecer.

Y antes de que cante un gallo él le partirá la boca por ser tan mal hablada.

Pronto discutirán por los avatares que se presentan cada día aunque siempre habrá un símbolo que los una. Así son los verdaderos amores.

Así me pasó a mí, que los amé a los dos.

Entré a la ciudad y vi las casas. Dos casas nada más. No delimité el espacio en ese preciso instante pero creo que eran 5×6. Cinco kilómetros por seis kilómetros. Los vi comiéndose uno a otro, amándose uno a otro. Y no lo aguanté. No lo resistí. Era una ciudad hermosa. Pero ninguno soltaba sangre.

[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias


Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984). Obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, 2011 y el Premio Casa de las Américas, teatro, 2016. Su obra abarca diversos géneros. Poesía: Hilo+Hilo (Editorial Bokeh, 2015), Dame Spray (Hypermedia Ediciones, 2016), Chicle (ahora es cuando) (Editorial Letras Cubanas, 2016), Todo sobre papá (Ediciones Agridulce, 2016), Transtucé (Editorial Casa Vacía, 2017) y los sonetos de Miami Century Fox (Akashic Books, 2017; Paz Prize, otorgado por The National Poetry Series). Narrativa: Las analfabetas (Editorial Bokeh, 2015), No sabe/no contesta (Ediciones La Palma, 2015), Mayonesa bien brillante (Hypermedia Ediciones, 2015), La mujer que compró el mundo (Los Libros de la Mujer Rota, 2017) y Mi novia preferida fue un bulldog francés (Alfaguara, 2017). Sus títulos más recientes son Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo (Liliputienses, 2019) y Título (Kenning Editions, 2020).

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CARLOS LUIS ORTIZ: POEMAS

CARLOS LUIS ORTIZ: POEMAS
Poema No 8 
(Del libro publicado “Biografía del espejismo”) 
Una mesa de roble, porque el roble es fuerte, perecedero, porque el roble no muere o si muere sabe adherirse a tumbas invisibles. Una mesa de roble para escribir sobre esas grietas que ya se escribieron solas antes /después, sobre la que se expanden líquidos cadáveres, humos ahogados. Una mesa de roble con una silla vacía, para que siga escribiendo el fantasma crudo, el pasado clarividente. Un sol que apenas entre, que encorvado choque con el marco superior de una puerta, un local húmedo, soberanamente húmedo, como la letra de una canción atorada que crece, CRECE hacia la barra de agrios recipientes, de metales con filo de aguja, con filo de estoque, diurno, vespertino, matutino como el noble ebrio que no deja que pase el día, fiel al desdoblamiento, al flotar, al ruido de las palabras mudas y lentas. Una mesa de roble para el madero, para las vigas hambrientas, para el rezago de cloro, para el intersticio donde muerde la rata todo el solar del mundo. Una silla vacía, abrigo del moho, o acaso el moho no siente frío, acaso el polvo no se vuelve humano cuando ama…Abrigo es el polvo para la muerte y viceversa, abrigo como el último cubo del recuerdo, ese que gira deformemente, sin física, ese que transfigura los rostros, las bocas . Ese último cubo del recuerdo a donde fueron a parar los caseríos, los pueblos, los matorrales, los suburbios, los festines a la sombra – el arrabal desconocido en el que cantaban cuchillas y tambores-  Una mesa de roble para entrar como vigas con amores de obsidiana.
LA POESÍA ESTÁ EN SU LUGAR 
                                                                             (Del libro inédito “El fuego de San Telmo”)
Yo no soy un objeto,
Nadie es un objeto
El universo es vertebrado y tiene alma sideral 
No hay quien haya escuchado canciones de Chate Baker y no haya llorado alguna vez
Ni limpiado sus lágrimas viendo la imagen de un santo
Somos normales
Seres normales
La anormal es la manera en que vemos la vida, 
lo anormal es llamarle “parca” a la muerte
La enfermedad está en la luz después del primer vaso y en todos los que en él entran
Llámese familia, novias, mujeres andantes o riberas lejanas,
No hay sepulcro sin polvo que el día no haya ingerido para botarlo en nombre de la ausencia,
Sí, yo no soy un objeto
Nadie es un objeto
El corcovado baile de un pájaro en el filo de mi terraza no es un objeto
Ni la cancha de ecuabolley que han construido en vez de pent-house frente a mi casa es un objeto
Porque tiene jugadores ausentes y les di nombre
Les puse apellidos, los condené…
Y está adornada de palomas sucias que tampoco son objetos
Ni el grupo al que asisto cuando siento que agonizo es un objeto
Porque lo anónimo es más puro y tiene pelaje para el frío
Como el osezno que grita, grita adentro a un fondo perenne y voraz. 
Porque no he sido objeto de la burla ni del enganche
Porque no, porque no hay objeto, todo se define con alma
Al menos así dicen los corifeos de la noche que me visitan en triciclos y con parches
Al menos así gritan desde las iglesias antes cines de la “ciudad/puerto”
Al menos así acaricia un poeta a los gatos del parque
Y piensa en las postales de su amigo que ya no visita el viejo café
Porque no, porque no somos objetos 
Porque la contundencia tiene ira, la ira es veraz y a veces abstracta
Como lo que siento cuando escribo como la mujer que me ama
Que a veces salta, muerde, grita y yo creo que es un juego
Porque no, porque ya deben haber renacido los niños en las altas horas o 
Los afiches del viejo oeste para crecer dentro de ellos
Porque al fin la poesía está en su lugar.
Y no quiere líneas ni manchones ni tachaditos ni bombitas ni conejitos en vez de puntos
Porque ya se cansó de que la hagan triangulitos
 que le pongan epítetos y la hagan naufragios
Porque no, porque no es un objeto porque tiene 
Abc
Def
Ghi
Jkl
Mno
Pqr
Stu
vwxyz
 y ningún haz de luz o de sombra son objetos
Porque están en ellas la labranza y el hastío
Porque el cloral ha resucitado
Porque todo debe tener sentido
Como las tardes de siesta
Como el incienso en la casa nueva
Porque no soy un objeto
Al menos no hoy,
 ni mientras pienso en quien soy.
Porque he hecho un informe detallado de los últimos sucesos
De las últimas diligencias
Y solo tiene lugar lo que se sale de él para reubicarlo adentro de un cajón de sastre o caja de pandora o lugar común o ciudad si se quiere,
Y mañana otra vez vendré a repetirles
Que por fin la poesía está en su lugar…
Sobre pajonales profundos en la unión monstruosa con el hombre
En la certidumbre de su universo
En lo que solo ella dice y otros tocamos
En la nada que prevalece cuando callamos y morimos para ella
Para que sea un volcán en medio de la tierra,
 para orogenias y conjeturas apenas con su silencio
Cadáver es el mundo y no la poesía
Artefacto es el ordenador y no la poesía
Bendita en lo campestre y en lo náutico
En la pendiente y en la cima
Porque no soy un objeto
Porque lo que desconozco tiene temple de acero y ramas de cerezo
Porque hay identidad que es la de un hombre en blanco.
Porque hay manos que alistan un animal friolento
Porque hay identidad que es la de un hombre en blanco
Para ser habitado por la trama y la pirotecnia
Por el amor edificado en lo aparente
Por la sensación de no saber quién se es y a quién se mira
Entonces el legado de lo fragmentario y la sinrazón en espera en sala de espera 
De no saberse 
de no sentirse
de no tocarse 
de no adentrarse 
de no ser uno con nada
Porque un objeto no tiene cura porque se desecha 
y no es válida la esperanza 
Solamente todos quienes adentro quedan
Adentro como en el ayuno más pobre 
En la flacidez del cuerpo y de la razón
Porque no soy un objeto
Porque la poesía no es el catalejo sino el horizonte al que aproxima
Porque al fin la poesía está en su lugar
Porque tiene la identidad de un hombre en blanco…
Y la longevidad de la arañas
Que trepan al cielo de Berlín al techo de Manhattan a la montaña de Quito al faro de Guayaquil
A la misericordia de las catedrales, 
a las últimas cabezas de los cheyennes, 
muerden la arena 
Pudren todas las habitaciones de Buenos Aires
Porque no son un objeto
Porque al fin la poesía está en su lugar
Y ahora llora Chate Baker y todos somos una inmensa lágrima
Tan antigua como el agua.
Tan tupida como los lamentos dentro de un piano
Do re fa si mi do la sol
Fa mi do re la 
Son criaturas violentas
Que no son un objeto
Apenas una pedrada a la cien de los caníbales del mundo
Porque al fin la poesía está en su lugar. 
Sobre el autor
Carlos Luis Ortiz M. (Guayaquil – 1979) Poeta, comunicador y profesor universitario. Estudió en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil la carrera de Comunicación Social, posteriormente desarrolló una Maestría de Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Andina Simón Bolívar. En el 2005 obtiene la Primera y única Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía Jorge Enrique Adoum con el libro “Zigzag del Solitario”. En el 2008 con el texto titulado “Un lugar sin estaciones” es reconocido en el Concurso el Verso Digital en Andalucía España. En el 2009 obtiene el Premio Nacional de Poesía Ileana Espinel con el libro “El niño alucinado”, el mismo año publica Lírica para Vagabundos por la Casa de la Cultura núcleo de Chimborazo. En el 2011 con el libro “Almacén” alcanza la Primera Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade por la Universidad de Cuenca. En el 2012 se le otorga el segundo lugar en el Concurso Nacional Premio Pichincha de Poesía con el libro “Biografía del Espejismo”. Su poesía ha sido incluida en la antología “Bandada: Novísima poesía ecuatoriana” publicada por la Campaña de Lectura Eugenio Espejo, así como en selecciones de poetas dentro y fuera del país. Ha publicado cinco libros de poesía y otros en conjunto. Publicó “Memoria y Vértigo” por la Casa de la Cultura Ecuatoriana en el 2016. Ha impartido cátedras como: Literatura, Comunicación y Lenguaje, Escritura Creativa, Estudios del Ecuador Contemporáneo, Geopolítica entre otras, en la UEES y Santa María de Guayaquil, en la UDLA de Quito. Actualmente vive en la ciudad de Loja, donde se desempeña como catedrático del área de Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Loja.
Colaboración: Sara Montaño Escobar
http://www.revistaelhumo.com