Indiferencia

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Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia. Alguien es espectador de la lucha de otro individuo por su vida, le arrastra la corriente de un río, huye de sus enemigos. Es la tercera vez que ve esa escena (en el cine, naturalmente) y se sorprende a sí mismo: se da cuenta de que no se emociona como la primera vez. Asiste a esa lucha agónica sin inmutarse, y no es que mire sus zapatos en lugar de la pantalla. Y se siente deshumanizado. 
Acaso alguien tiemble de amor por una persona y, sin embargo, esa persona no le corresponde: es un muro, una piedra. Amor ch’a nullo amato amar perdona… decía Dante. El verso es admirable, pero no es cierto. 
Parece, piensa entonces el espectador generalizando su apatía, que muy pocas personas a lo largo de nuestra vida pueden alcanzar nuestro corazón. Los pocos seres que de verdad quisiste, dijo un poeta. Se nos ofrecen todos los días sucesos, catástrofes, tragedias, víctimas. Pero seguimos comiendo. No puede ser de otra forma, de lo contrario la vida sería insoportable. Estadísticas, nada más. Algo abstracto. La falta de imaginación es responsable de muchos padecimientos. No sabemos lo que es hasta que nos toca. Como decía una canción de The Smiths: I’ve seen this happen in other people’s lives and now it’s happening in mine. 
La vida no se detiene, como ese reloj que quedó parado en la estación rusa a la hora en que murió Tolstoi. La muerte de Ivan Illich rebosa de asco hacia la mendacidad que nos domina. Así la muerte de un semejante se convierte en farsa. 
Los poetas hablan de estas cosas. Szymborska, “Entierro”:

“Tan de repente, quién lo hubiera dicho”
“los nervios y el tabaco, yo se lo advertí”
“más o menos, gracias”
“desenvuelve estas flores”
“su hermano también murió del corazón, seguramente es de familia”
“con esa barba nunca le hubiera reconocido a usted”
“él tiene la culpa, siempre andaba metido en líos”
“he de hablarle pero no lo veo”
“Casimiro está en Varsovia, Tadeo en el extranjero”
“tú sí que eres lista, yo no pensé para nada en el paraguas”
“qué importa que fuera el mejor de ellos”
“es un cuarto de paso, Bárbara no estará de acuerdo”
“es cierto, tenía razón, pero eso no es motivo”
“barnizar la puerta, adivina por cuánto”
“dos yemas, una cucharada de azúcar”
“no era asunto suyo, por qué se metió”
“todos azules y sólo números pequeños”
“cinco veces, y nunca contestó nadie”
“vale, quizá yo haya podido, pero tú también podías”
“menos mal que ella tenía ese empleo”
“no lo sé, tal vez sean parientes”
“el cura, un verdadero Belmondo”
“no había estado nunca en esta parte del cementerio”
“soñé con él hace una semana, fue como un presentimiento”
“mira qué guapa la niña”
“no somos nadie”
“denle a la viuda de mi parte… tengo que llegar a”
“y sin embargo en latín sonaba más solemne”
“se acabó ”
“hasta la vista, señora”
“¿qué tal una cerveza?”
“llámame y hablamos”
“con el tranvía cuatro o con el doce”
“yo voy por aquí”
“nosotros por allá”
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POEMAS DE GERALDINE MAC BURNEY JONES

POEMAS DE GERALDINE MAC BURNEY JONES

      

     3.

     Todo lo que queda – y lo que no–

es lo que somos.

Y a menudo dejamos en el olvido

mientras el cielo se va cerrando

y sin darnos cuenta

los días pasan

con sus ojos de vidrio

y su cuerpo de acuarelas.

Me asomo a la ventana

y un campanario derrama su voz

de agua en la meseta.

Más allá un estrépito de pájaros

acomoda su vuelo en el viento.

El pueblo está más lindo que nunca.

Los jardines se despiertan

lentamente del letargo.

Hypnopaedia

No son las muñecas vudú con listones de alfileres en sus espaldas

ni la impericia de derramar saleros

ni la puntual congregación de lechuzas afuera de casa.

No son las líneas de estas manos

ni los dígitos de nombre y natalicio

ni copas dadas vuelta evocando invisibles.

No son cartas ni runas

ni calendario maya, ni ratas chinas ni centauros

que marcan su señal en mi alborada.

Nada de esto preside mis días.

Es el mismo rigor uterino

que desteje soles con guantes de luna,

señala el ocaso de los pájaros,

escurre fauces de cielo,

avienta la tierra con besos de agua,

circunda de luceros la oscuridad de tanta piedra transitada.

Ese mismo rigor,

traza este apetito incesante de acunarte,

juega a postergaciones de arena con tu nombre.

Mientras

me desgajo como carne de res.

Las heridas que me cruzan se agigantan.

El cenit de la espera, éste cielo crucificado, mi vientre.

XVII.

El mundo duerme hasta su cicatriz,

duerme, el mundo duerme,

para no saber de qué turbulencias

está hecha su carne.

Pero el reverso de los ojos no miente.

Porque herida sobre herida es ardor.

  •     

GARMON / BLACK MOON – WILCO

I.

Aquí el sol no acontece. Un arco iris tiembla desde la tierra. Por la mañana la bruma visita a los corderos, se acuesta entre robles y con sonrisa de otro mundo jura detenerse.

II.

Él sale a cazar mi orfandad a las colinas azules.

Orbitante se estremece.

Me pregunta si los dioses existen

y abovedo preguntas más vastas que la noche.

III.

Es el río. Con su lenguaje espiral de reino antiguo.

A veces recuerdo algunas cosas. Pero sopla el viento.

Se desgajan las piedras y Dios galopa muerto.

 

GERALDINE MAC BURNEY JONES nació en Gaiman, Chubut, en 1984. Realizó estudios en la Carrera de Medios de Comunicación en la Universidad de Bangor y es abogada por la Universidad Católica de Córdoba. Publicó Vestal de luna (Editorial Tela de Rayón, 2012) y Canción para un alma en vilo (Editorial Espacio Hudson, 2018). Integra la antología “Patagonia Literaria VI. Antologia de poesía del sur argentino” dirigida por la investigadora, poeta y docente Luciana Mellado -Universidad De la Patagonia San Juan Bosco- y coordinada por Claudia Hammerschmidt -Universidad Friedrich Schiller, Jena, Alemania-. Su obra ha sido difundida en prestigiosas revistas de Literatura: Circulo De Poesía -Mexico-, Vallejo & Co -Peru-, Analecta Literaria – Argentina- y en medios locales. Obtuvo una especial distinción en el Concurso Internacional de Poesía Feile Filiochta Dun Laoghiere, Irlanda, por el Instituto Cervantes con sede en Dublin (1998), Corona del Eisteddfod del Chubut, Plaqueta del Senado de la Nación (2009), Corona del Eisteddfod de Trevelin (2014). Reside en el país de Gales.

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POEMAS DE MONSERRAT CASTAÑEDA

POEMAS DE MONSERRAT CASTAÑEDA
Lara Lars

Observaciones

La cama vacía

los nombres

los días

la imagen se ha vuelto plomo

me conmueve el ejercicio de observar el techo

inclinación fija y profunda

el paso de la noche

suspendió las horas

se ha ocultado el cielo

el granito poroso se expande

tras las pupilas

por evaporación

lenta

me disuelvo.

Es violento el acto de amar

Dos cuerpos

abatidos

de tanto amar

simbolizaban

una necesidad etérea

la devoción mutua

era  equiparable

al acto brahmánico

de trascender la tierra.

Antonia

Mañana vendrá Antonia

con sus formas bien ceñidas

disimuladas

imitando un vals taciturno

mueve entonces

los labios

los dedos

camina y termina una historia

imitando a las gaviotas

vuela.

Cadáver

Era un cúmulo de ámpulas / tejidos destrozados / lavados por la lluvia que cae /en un día ausente /permanecía inmóvil/ dentro de una zanja / profunda / entre el fango / insondable silencio /rigor mortis / piel pálida / boca muda/ ahora pan de la tierra / a ras abrazaba el suelo.

Violeta

Era  un edén oscuro y cálido

como el querube de una puta

que tierna en su devoción

soliviantaba el espíritu de los desdichados.

Es un lujo tener una habitación vacía.

Es un lujo tener una habitación vacía

que se adecue a la necesidad cavilatoria

al osado gusto de resbalar por la pendiente

caer sobre una idea

detener el tiempo

al margen de una sombra en la pared

una filia noctambula  entre las sábanas

abraza al cuerpo.

Es un lujo tener una habitación vacía

donde se pueda desnudar el alma

vestirla de colores

contemplar la generosidad de sus formas

suaves y libres como de mujer

robustece la sensación de letargo

se desciende en la profundidad del sueño.

Es un lujo tener una habitación vacía

para hablarle al silencio

sentirlo de golpe como un tiro de fusil

a puerta cerrada volverse asesino

matar el decoro y la futilidad de las cosas.

Es un lujo tener una habitación vacía

para cultivar la mente

recuperar el verdor de sus hojas

rebosar de vida

y en la virtud de un grito alejar a la muerte.

POEMAS DE MONSERRAT CASTAÑEDA

Montserrat Castañeda (Zacatecas, 1991). Realizó estudios de Conservación de arte y escribe poesía. Ha participado en diversos talleres de poesía y escritura impartidos por escritores de gran trayectoria como el escritor y periodista Alejandro Toledo y la poeta Carmen Villoro. Sus textos han sido publicados en medios locales, revistas nacionales y extranjeras como: El sol de Zacatecas, El Guarda textos, Microscopías, Monolito, Perigrafo, Falsaria red literaria, Efecto Antabús.

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Poemas de LISBETH ALEXANDRA OÑA MORALES

Poemas de LISBETH ALEXANDRA OÑA MORALES

DOS

Estábamos turbados en una guillotina. Un 16 de octubre afirmaste llegar con tus manos llenas de azufre a darme el stock de mi última agonía.

Te basta decir: “la filosofía me prostituye”

Por eso el ADN que construí en tus labios se va al aspirar el plantón que cae de tus cascadas.

Por eso los duendes que compramos en la plaza te acechan y derrumban el polvo que cuidaba tus días en mi lejanía.

Estábamos turbados… Nos perdimos en la desidia…

Un 30 de febrero fue el clímax mental, porque aun te construías lágrimas con discos de plomo.

“El sol desembarcaba tus ondas polares” Estábamos

Esta Ba Mos

Estabas

Estábamos eternos en nuestras quiméricas obsesiones y en los “eternos”; que se daban, cuando te acostabas con las sombras.

Esta Ba Mos

Y cantamos los versos que flagelaban el sonido.

A noche descubrí que el mundo está cabreado y que no tiene eje que lo centre.

 

Por eso sigo tejiendo tu mirada en mis dedos.

Anoche nos desquiciamos con la temperatura de las calles y con tiburones terrestres que comían la memoria.

Anoche pasamos gustos la iglesia que no es morada de tu Dios.

Anoche estábamos Esta

Ba Mos

Estabas y Ahora no.

C i r c o    e n     l a       l l u v i a

 

Regreso a la lluvia

camino en ella, me columpio.

¿En la cuerda floja?

Tomo un paraguas, me balanceo

-Cabeza chapote ante, divagas en espejos lodosos-

Imagino un circo que atraviesa mi tristeza guardo la lluvia que no me limpia

que se me olvida de pronto caigo

tropiezo, lloro, decido, me lastimo caigo.

Me toma un cometa…

en el séptimo vuelo explotan mis pulmones. Transmuto…

Quiero unirme al sistema pájaro.

En Vuelco auto suicida de nubes en polvo

Que se prolifera, transforma.

Me pongo melancólica

Me hace falta el asco de mis gritos,

Pero regreso a la lluvia y me columpio en ella Tal vez…

¿En la cuerda floja?

Turbulencia de un ascendiente

A papa le gustaban las fieras locas intensas… De chiquito proliferaban notas suaves.

Degustaba de noches alucinadas Y el verde plateado de su tiempo.

Degustaba de putitas babeantes

“Ellas”

le daban las cenizas de sus ojos.

Un poco, pálido, moreno, ondulado Degustaba del encierro y el fastidio De la iglesia,

cada 5 años se golpeaba el pecho culposo. Degustaba dar serenos a iguanas.

A papito le gustaba beber…

Creyendo que el alcohol era un karma (y era feliz). Dormitaba y soñaba con fieras locas intensas

Que lloraban las cenizas de sus días

E impregnadas

Absorbían el verde plateado de su tiempo.

 

Alimañas un grito al olvido

Sigo habitando en tu mente/ en el cristal del lente izquierdo que se te quebró anoche./En los insectos que moran gatos enfermos y una que otra rata.

Un viaje a Manta era lo que necesitábamos/ ver cruzar mariposas, mosquitos tristes, mosquitos soñadores./ Ver fijarse en nuestros pechos cigarras que extraían la savia del poco amor que nos teníamos. /

Ver congas y hormigas mutantes de pena que poco a poco subían las extremidades./

Ya no importaba la mirada triste/ nos convertíamos en crustáceos/ en seres torpes de ojos borrosos que tropezaban en recuerdos./

Sigo habitando en la memoria del 98/ cuando soñaba volar el Cotopaxi/ curiosear el hielo sin quemarme y convertirme en llama errante./

Sigo habitando en la memoria de otra gente/ en la salinidad de la costa/ en el frio de la sierra./

Lo que necesitábamos era ser insectos volátiles que vaciaran el poco amor que nos teníamos./

Sigo habitando en tu mente/aunque me haya marchado a la sierra/

y no me acuerde más de vos.

 

Lisbeth Alexandra Oña Morales, (1996). No estudia letras, ni ninguna carrera de ciencias sociales afines; pero vive con la satisfacción de seguir matemáticas y química donde se le cruce, porque la ciencia también es poesía. Es contra alto desde los 12 años edad.

En 2011 participó en el concurso artístico literario: “Mujer simplemente mujer” en la programación de marzo mes de la mujer Otavaleña. Ha formado parte de distintos talleres literarios dictados por Ministerio de cultura en 2013 y 2015. Ha participado en talleres por apertura a la Feria del Libro Quito, desarrollado en el “Centro Intercultural Comunitario Kinty Wasi- la Casa del Colibrí”. Actualmente forma parte del Colectivo cultural independiente “Niño de Cristal”. Fue invitada al III Festival de Literatura y Artes Plásticas Riobamba 2016.

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POEMAS DE FEBRONIO ZATARAIN

POEMAS DE FEBRONIO ZATARAIN

JOHNNY

Alguien me está barriendo el pecho

las cerdas de plástico van y vienen

ahora es un estropajo que me despega las costras

Desde los albores de la guerra no me muevo

no estuve mucho en el campo de batalla

al bajarme del camión sentí un estallido

y luego desperté

Pero despertar es un decir

porque perdí mi rostro

junto con mis brazos

y mis piernas

A veces quiero gritar

y siento que se me abre un hoyo

pero no me escucho

Ahora la humedad de un trapo refriega mi pecho

va subiendo

dobla en mi cuello

y se pierde entre los pelos de mi nuca

Creo que sigo vivo

pero también podría estar muerto

y esto que de mí queda

es lo que queda de todos

Quién me asegura que alrededor mío

no hay millones de trozos de carne

que de vez en cuando sienten que les hacen el aseo

COMUNIÓN

no distingo entre el café caliente y frío

abandoné el alcohol

y desde entonces

una taza siempre me acompaña

al levantarme

mientras lo preparo

bebo los residuos de la noche

su rastro está en mis labios

en mis camisas

en mis sábanas

yo había oído de hombres como éste

y alguna vez me topé alguno

y en su rostro divisé su cuarto

él abría una lata de jamón

sacaba el trozo

lo rebanaba

luego tomaba el paquete de galletas ritz

y se echaba frente al televisor

se acabó el talk show

meto en mi boca lo que queda de jamón

dejo la cama

apilo el plato en el fregadero

y pongo en la cafetera el último filtro

APLAZAMIENTO

es apenas media noche

y me he quedado sin cigarros

no he aprendido a ser previsor

en la cuenta de luz y de teléfono

siempre me cobran recargos

no porque no tenga dinero

sino porque el cheque nunca lo mando a tiempo

me asusta el orden

lo mismo que la asepsia

el polvo en la pantalla

me permite dar con la palabra que sigue

qué sería de mis ojos en los insomnios

si no hubiese telarañas en los rincones

quién contemplaría las madrugadas

si este sábado me decido

y compro un cartón de Marlboro

LA VENADA

Aquí bájense, nos dijo el Tunga, al rato viene el Otro por ustedes. Éramos diecisiete, once pollos y seis pollas. Todos llevábamos una mochila llena de comida y un galón de agua. De las siluetas de los arbustos salió el Otro. Síganme. Avanzamos una media hora y nos trepamos a una loma tupida de piedras como de río, Agáchense, vamos a esperar el cambio de turno. La línea estaba abajito, alumbrada por un farol, esperando a que dieran las doce para que la atravesáramos. En el cielo no había ninguna rendija por donde se asomara una estrella, de vez en cuando se veía una baraña empujada por el viento; el Otro aguzó la cabeza como perro orejón y ya encarrerado gritó: Píquenle y no se separen. Llegamos a la alambrada y nos arrastramos para cruzarla; mientras más nos alejábamos de la línea, más oscuro se ponía; yo me guiaba por el trote de los demás pollos; sentía a través del pantalón y de la chamarra el roce de la breña. Apenas empezaba a brotar el sudor cuando tropecé; Cuidado con las vacas, susurró el Otro. Me levanté y agarré de nuevo el paso, nadie hablaba, los únicos ruidos que se oyeron por un rato eran los mismos que nosotros hacíamos, luego se les juntó el de un motor a lo lejos, Tírense a la tierra y quédense quietos porque el mosco los ventea. Al caer, sentí lo frío de las piedritas que se sumieron en el cachete. El zumbido de la máquina venía de arriba y un gran círculo de luz se paseaba enfrente de nosotros, se vino tanteando y nos cayó encima, No se muevan, vociferó una bocina, y empezaron a brincar camionetas por todos lados como plaga de chapulines, Ya nos cacharon. Pese al ventarrón de hélice, me levanté y mientras giraba la cabeza, se deslizó la mochila; vi un portillo entre dos camionetas que venían en friega, y por allí me fui; me acordé de cuando jugaba a los encantados y el Memín, la Manina, el Miel me iban correteando; no voltees, me decía, porque te alcanzan, y salté matorrales y salté rocas siendo la Venada. Como ya me había acostumbrado a la oscuridad y la madrugada iba creciendo, logré esquivar los cactus que aparecían, y sobrevolé sin problema los peñascos y los cardos. Mis piernas se sintieron fuera de peligro y empezaron a desacelerar; me llegó la sed, pero el galón había quedado atrapado en la luz lanzada por el mosco. Todo estaba quieto. Parecía que el viento había dejado de respirar; como si los polleros y los migras hubiesen dejado en paz al desierto y sólo una polla perdida vagara en él.

PERFIL

quiero tomarme mi píldora y no puedo ponérmela en la lengua

mi mano se va hacia los lados

y el Lithium termina en algún cauce de la alfombra

lo recojo

y después de mucho batallar

lo ingiero

todo iba por buen camino

con lentitud y certidumbre la respuesta al qué hacer se desnublaba

dos tardes antes de año nuevo

fui a la farmacia a recoger mi ración

y aproveché para surtir también mi alacena

ya en la cola

una mujer casada que estaba delante de mí

se arreglaba a cada instante el cabello que le rozaba las orejas

y buscaba poses para que yo gozase más de su perfil

incluso me pidió que le cuidara el lugar unos segundos

regresó con un veinticuatro de 7up y me agradeció

pero apenas pude balbucear un monosílabo

pensé en comentarios o preguntas

it has been a beautiful day

do you have children

pero no me oí decirlos

llegó su turno

luego el mío

y mientras caminaba a mi coche

la divisé abriendo la cajuela

y en el manejo a casa

fui su amante unos meses

entré al baño y el que estaba frente a mí

miraba clara y mesuradamente

antes de voltearme

me guiñó un ojo y se sonrió

tomaba el nuevo frasco para abrirlo cuando sonó el teléfono

era Morton

lo había conocido en una de mis tantas internadas

te invito a cenar

me dijo

ya estuvo bueno de abstinencias y de claustros

viré hacia el espejo y la sonrisa continuaba

me puse la chamarra y salí

el frasco quedó en la mesa intacto

antes de la medianoche la ambulancia nos recogió en el restaurante

me dieron doble dosis

y estuve zombiando y zombiando con muchos otros

hace tres días me trajeron a casa

me acaba de llamar la enfermera para hacerme las preguntas de rutina

descanse y por favor no se olvide de tomarse su píldora

le pregunté por Morton

y me dijo que todavía estaba allá

 

FEBRONIO ZATARAIN, (Sinaloa, 1958). Luego de vivir 14 años en Guadalajara, emigró a Chicago, donde se ha dedicado a la promoción cultural y a la creación de revistas literarias. Actualmente coordina el taller de la revista Contratiempo. Sus más recientes libros, En Guadalajara fue (novela), y Veinte canciones en desamor y un poema sosegado fueron publicados bajo el sello de La Zonámbula.

Colaboración: Jesús García Mora

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Peso ancestral

Las lágrimas del vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, tuvieron valor simbólico doble

Alfonsina Storni en una una imagen sin datar.
Alfonsina Storni en una una imagen sin datar.

 

Cuando vi las imágenes de Pablo Iglesias llorando en el Congreso y leí los muchos comentarios despectivos a cuenta de su virilidad, recordé a Alfonsina Storni y un ejercicio que hacía con mis estudiantes de literatura hispanoamericana. Contraponía con ellos dos poemas de la poeta argentina: “Peso ancestral” y “Pudiera ser”. Los dos poemas tratan sobre el dolor que se transmite entre generaciones, de su expresión a través del llanto o su represión a través del silencio. En el primero, la transmisión es masculina y la voz poética se dirige a un hombre: “Tú me dijiste: no lloró mi padre; / tú me dijiste: no lloró mi abuelo / no han llorado los hombres de mi raza, / eran de acero”. En el segundo, la transmisión es femenina, la voz poética habla de su experiencia y la de las mujeres de su genealogía: “Dicen que silenciosas las mujeres han sido / de mi casa materna…”. Resulta que el amante de Peso ancestral no es tan de acero como sus antepasados y no puede evitar derramar una lágrima que cae en la boca de ella. La lágrima sabe a veneno y contiene “el dolor de siglos”. Ella reconoce que su alma no puede soportar el peso ancestral que se condensa en esa primera lágrima. Este poema habla de la imposición de la virilidad en el hombre y el daño que provoca no expresar dolor, al mismo tiempo que la mujer —“débil mujer, pobre mujer que entiende”— se declara incapaz de asumir la carga para aliviarlo. El peso, al fin y al cabo, le pertenece a él. Por otro lado, en “Pudiera ser” el tratamiento de la transmisión del dolor es radicalmente diferente. Los silencios y las lágrimas derramadas en la sombra toman un sentido, se convierten en un acicate para la escritura. El soneto comienza, de hecho, con lo que bien pudiera ser una explicación de la poética de Storni: “Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido / no fuera más que aquello que nunca pudo ser / no fuera más que algo vedado y reprimido / de familia en familia, de mujer en mujer.” Es decir, lo vivido a través de la escritura es aquello que todas las mujeres que la precedieron no pudieron vivir. El verso libera; la realidad encarcela. Y es precisamente a través de la escritura cuando lo sufrido por su madre, su abuela, sus predecesoras se revela y la escritora se rebela: “Y todo esto mordiente, vencido, mutilado, / todo esto que se hallaba en su alma encerrado / pienso que sin quererlo lo he libertado yo”.

Tanto el hombre como la mujer llevan consigo su propio peso ancestral: unos, la imposición de la masculinidad que prohíbe mostrar debilidad y, por tanto, el llanto; otras, la imposición de la subalternidad y el silencio. Storni desobedece con su escritura y deja atrás —o lo intenta— el fardo heredado. Se compadece del hombre, víctima a su manera de la educación patriarcal. Pero es él, al fin y al cabo, quien tiene que buscar sus propias estrategias para romper la cadena, para rebelarse contra el peso ancestral. “Un hombre no debe llorar aunque se le muera su padre entre horribles dolores”, le decía Roque el Moñigo a Daniel el Mochuelo en El camino, de Miguel Delibes. Parece mentira que un siglo después de que Storni escribiera sus poemas, 70 años después de la publicación de El camino, hayamos avanzado tan poco en educación sentimental. Las lágrimas de Pablo Iglesias tuvieron valor simbólico doble: retrataron a quienes siguen comportándose como animales de carga y a quienes son capaces de dejar en el camino fardos ancestrales.

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AURELIO MACÓ: Poemas

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PARA UN POETA CURSI

Escribe siempreLo que sientas

Llorar, tal vez, podría servirte de algo.
Pero advertencia:
Nadie será responsable

Si tu corazón atravesado por una flecha

Apunta el arco hacia ti

Y te dice:

Goodbye quinceañero.

DE QUINCEY DECLARA
A favor
de la belleza
hay
asesinatos ejemplares
que no volverán
a repetirse:
aplastar una mosca
en una cicatriz
por
ejemplo.

UNA REIVINDICACIÓN DOMINICAL
padre, usted entiende: nunca he creído en Dios
pero creo en la cerveza

no creo también en la factibilidad de las liturgias
pero en cambio creo en el efecto del clonazepam

tampoco, padre, creo que esta actitud
poco patriota/ poco jesuita
sea obra negra exclusiva mía o del demonio

pero algo hay de cierto en esa hipótesis

no creo en la tv, por ejemplo,
pero sí que disney channel
siempre fue un padrastro severo para mí

y sin embargo
me enseñó entre otras cosas
que estar borracho es mi único estado espiritual

A UN POETA CASERO

Aún te faltan escribir los mejores poemas de tu casay, sin embargo, piensas que de tu cuarto a la cocina

estás nominado como el poeta más decente,que, del jardín a la azotea, el perro y las hormigasdan por hecho que tú eres el Pulitzer futuro

y que, en la sala,los muebles y la radio

esperan ese libro que honre tus días sin quehacer.

Aún, es cierto, te faltan escribir primero los poemas al amor,pero la crítica, aseguras, no siempre te es tan favorable; ayer en el baño, por ejemplo,el sarro percibió tu falta de malicia

y una cucaracha en el actor

eseñó tu último poema y lo dejó ilegible.

A ti, en cambio, a veces eso te parece un tanto baladí.

Escribir un verdadero poema, dices,no debe ser como sufrir una censura casera;piensas por eso en los elogios de tu abuelo

y sabes bien que sólo él te reconforta de las críticas.
Pero ser el mejor poeta de tu casa

nunca te ha sido tan fácil como piensan los demás.
Sabes que aún no has escrito el poema

que dignifique, al menos,la vida del cátsup en el refrigerador.

ANTIHAIKÚ

Ronca el amo sobre la hamaca:

el perro mientras tanto

se acerca al charco de baba y se contempla.

ANTIHAIKÚ 2
Bashō somos todos:
una rana, en cámara lenta,
salta un estanque, en National Geographic.

RECADO
se me hizo

muy tarde, putita
pero

te dejé

mi cuerpo
al lado

del frasco

de mercurio
consérvalo

o tíraloa la basura:

ya no importará
pero espero

que siempre

me recuerdes

como un buen chico
y que

no olvides nunca

que el plato

frío

de la venganza
hay que meterlo

al microondas
tres minutos

y medio.

Aurelio Macó (1991, México, D.F.). Ha publicado en diversas revistas y sitios web como El grito literario, Tachas, Tres pies al gato y Vozed. Está por publicar su libro La tragicomedia.

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Ítaca: un poema nos recuerda que el viaje es más importante que la meta

El poeta griego de Alejandría Constantino Cavafis (1863 –  1933) nos habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos procesos de nuestra vida.

Constantino Cavafis

Retrato del poeta Constantino Cavafis (1863 –  1933)

Todos queremos volver a casa, a Ítaca, avistar desde el mar la isla en la que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos y que nos espera hace tantos años. Por esta razón, la legendaria isla griega —hogar de Odiseo, Penélope y Telémaco— es la metáfora perfecta del propósito de la vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir.

Las Ítacas pueden ser, entonces, casi cualquier cosa: podrían representar el proceso para lograr una meta o para recuperar algo que hemos perdido, incluso, podrían simbolizar el acto de transitar por la vida de principio a fin, para finalmente volver al origen. En un poema iluminador y sólo aparentemente sencillo, el poeta griego Constantino Cavafis habla sobre la importancia de disfrutar el camino hacia nuestra propia Ítaca (cualquiera que ésta sea), pues el viaje es mucho más delicioso que la llegada al destino final.

El poema Ítaca pareciera estar dirigido al héroe Odiseo durante su regreso a casa (el camino del héroe que simbólicamente transitamos durante nuestra vida), pero en su precioso y universal lenguaje nos habla a todos por igual, y nos obsequia gentilmente un consejo que pareciera simple pero que frecuentemente obviamos. Inmersos en una vida de prisas, de recompensas fáciles e instantáneas, es común olvidar que el camino, pensado también como cualquier clase de proceso, no solamente es lo que más puede enseñarnos, sino también lo más disfrutable. Ítaca “no tiene ya nada que darte”, asegura el poeta nacido en Alejandría, por eso es mejor llegar ahí viejo, habiendo vivido aventuras y experiencias.

Los Cíclopes, los Lestrigones y la fiereza del dios Poseidón no aparecerán en tu camino si mantienes un “pensamiento elevado”, asegura Cavafis; los peligros sólo surgirán si los llevas dentro, si tu alma los pone frente a ti. Con estas palabras, el poeta nos recuerda que en muchas ocasiones son nuestros propios demonios los que nos estorban en el proceso hacia alcanzar lo que deseamos (de ahí la importancia de convertirlos en aliados).

El pequeño y deslumbrante consejo contenido en el poema de Cavafis, uno con enormes implicaciones ontológicas, bien podría llevarse a los procesos más sencillos y cotidianos de nuestra vida con resultados sorprendentes e iluminadores; una práctica de esta naturaleza, como filosofía de vida, también podría relacionarse de manera profunda con la meditación, con el trabajo de mantener nuestra mente en el tiempo presente.

amanecer murnau

Fotograma extraído de Sunrise: A Song of Two Humans | F.W. Murnau (1927)

Nácar, coral, ámbar, ébano, las ciudades egipcias donde es posible aprender de los sabios y la emoción de ver un puerto por primera vez son sólo algunos de los tesoros que el viaje puede darnos, y es crucial estar atentos a ellos. “Ten siempre a Ítaca en la mente / Llegar ahí es tu destino. / Más nunca apresures el viaje.” aconseja Cavafis; en otras palabras, nunca olvides tu meta, pero disfruta el recorrido, porque ese es el verdadero secreto de nuestro breve tránsito por este mundo.

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

 
Por María González de León
Traducción: Pedro Bádenas de la Peña
via aleph

https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/12984

Alberto Cea González

Alberto Cea González

NOMBRE: Alberto

APELLIDOS: Cea González

LUGAR DE NACIMIENTO: Madrid

FECHA DE NACIMIENTO: 1979

PROFESIÓN: Artista

Tramas lineales y de color conforman la obra de Alberto Cea, artista madrileño (también poeta) que ha presentado muestras individuales en Madrid, Córdoba y Toledo y también ha mostrado su obra recientemente en ferias como Art Madrid, CASA//ARTE o Lineart. En su currículum figuran, entre otros galardones, el 2º Premio en el XXIII Certamen Nacional de Pintura de Guadarrama, las Becas de Creatividad, en 2008 y 2013, del Ayuntamiento de Alcobendas, y el XII Premio de Pintura Terras de Iria (2009). También fue finalista, en 2007, en el I Certamen Nacional de Poesía Jóvenes Poetas Caja de Guadalajara Valentín García Yebra, y tiene sentido citarlo porque sus letras guardan evidente relación con su trabajo plástico:

Pertenecer a lo mirado.
Mirillas hacia huecos fortuitos.
Primitivas plantas emergen esparcidas
como en un pictograma cifrado.
Los límites del cuadro se contradicen,
condensan otro cuadro:
un políptico de color sembrado de trampas.

Podríamos decir que los ingredientes fundamentales de la obra de Alberto son geometría, color y relato, y el tratamiento de unos y otros, pese al poder de la línea, no transmite frialdad sino la defensa personal del artista de una pintura vital y compuesta en esencia por fragmentos y detalles que, cuando las barreras tradicionales del cuadro han caído, han de dialogar con el espacio circundante y favorecer experiencias más enriquecedoras para el espectador, reclamando su inmersión atenta en las obras.

Alberto Cea González. Planimetrías
Alberto Cea González. Planimetrías

En los orígenes de la trayectoria de Cea se encuentra su relación familiar con el dibujo: Siempre ha sido para mí una forma natural de comunicación.  En los inicios me interesaba mucho intentar conseguir el máximo realismo en mis pinturas, pero la facultad te abre un nuevo panorama hacia otros lenguajes. La abstracción geométrica es la base del lenguaje donde desarrollo mi trabajo.

Esa abstracción geométrica nos la presenta con múltiples formas y concediendo importancia a la sustancia pictórica en forma de signos, huellas o transparencias, fundamentales a la hora de vertebrar sus trabajos. Los detalles, incluso mínimos, de cada obra conjugan entidad y vertebrada relación de conjunto, remiten al todo a la vez que el artista busca que sugieran por sí mismos  sensaciones inmateriales que escapan al tiempo y a los sentidos y que relacionan su pintura con la poesía:

El proceso como intervalo.
Se despliegan los espacios múltiples
como estancias que albergan al ojo.
Repeticiones. Ficciones. Simulacros del mundo.
Ruinas. Mapas sin lugar.
Laberintos y revelaciones del paisaje.
Escenarios de lo sensorial.
Triunfo del color.

Alberto Cea González. Construcción amarilla. Serie Construcción de los intervalos
Alberto Cea González. Construcción amarilla. Serie Construcción de los intervalos
Alberto Cea González. Berlín
Alberto Cea González. Berlín

Lo que tiene de lírico la producción de Alberto es lo que tienen de lírico las celosías, los motivos ornamentales de tantos muros, la decoración articulada en torno a referencias a la naturaleza.

Esas tramas y la ruptura de fronteras entre disciplinas artísticas, incluso sus vínculos con el urbanismo, constituyen las bases del trabajo de Cea González: En mis proyectos existe un cuestionamiento de los esquemas constructivos previos que nos permiten establecer las etiquetas entre pintura, escultura o arquitectura. El lenguaje arquitectónico se establece como metáfora del espacio pictórico. En cada cuadro existe un hilo conductor que sin darme cuenta me va guiando hacia el siguiente, cartografías donde la arquitectura y los muros, los mapas y las tramas, se sitúan como metáfora de los sistemas que construyen el territorio que habitamos.  La pintura se convierte así en un escenario de encuentros y derivas sobre el que se puede proyectar un mapa de la ciudad contemporánea. 

Se sirve Alberto en sus proyectos de lienzos con diversas formas que se alejan del histórico cuadro-ventana para hacer hincapié en las posibilidades constructivas y cromáticas de la pintura y su valor como objeto. A veces sus trabajos los organiza en series que tienen en común su estudio de soluciones compositivas y cromáticas afines; es también habitual que con algunas pequeñas piezas componga polípticos. También explora las relaciones entre lo estático y lo dinámico, lo heterogéneo y lo homogéneo, y en esas indagaciones, estas son sus referencias: En los inicios me influyeron en pintores como Uslé o Broto. La abstracción americana también supone un referente. El diseño gráfico, los patterns, el urbanismo o la arquitectura son aspectos en los que baso mis obras.

Como decíamos al principio, este creador madrileño reivindica la pintura desde un punto de vista amplio e integrador. Podemos definir las suyas como objetos, por su cariz escultórico: Concibo los cuadros como objetos pictóricos, a veces evocan construcciones de carácter escultórico. La expansión del formato hace que comience a fabricar mis propios bastidores con la forma deseada, sobre madera de contrachapado sobre la que encolo la tela. Esta ruptura ha hecho que los dibujos de tramas se hayan transformado en siluetas recortadas que remiten a planos urbanos.

Alberto Cea González. Planimetrías I, 2013
Alberto Cea González. Planimetrías I, 2013
Alberto Cea González. Planimetría naranja
Alberto Cea González. Planimetría naranja

Actualmente trabaja Alberto en tres proyectos: Planimetrías, Construcción de los intervalos e Intramuros.

Los trabajos sobre papel que componen Planimetrías deben entenderse en clave de trama y de planificación urbana: Los mapas, las estructuras y tramas suponen un repertorio para exploración del collage y las retículas recortadas. El resultado de las piezas es una rejilla de papel de aspecto delicado pero que delimita el dibujo de un plano abstracto. La ciudad se convierte en leitmotiv para evidenciar cuestiones acerca de la propia pintura y su lugar hoy.

Alberto Cea González. Boom I, 2014
Alberto Cea González. Boom I, 2014

Pinturas y ensamblajes forman Construcción de los intervalosObras donde los espacios geométricos de planos de color forman composiciones que rompen la estructura clásica del cuadro ventana, y, por último, el décollage es la base de Intramuros, que también dialoga con el urbanismo: El proceso de la obra se deconstruye rascando y retirando capa sobre capa de papeles encolados sobre madera. A través de esta sustracción de material se consigue un espacio que destruye la fascinación del icono publicitario de los pioneros en el décollage, como Mimmo Rotella, para ser sustituido por un modo de nostalgia hacia los desperdicios modernos, por una poética del muro, un puzzle hecho de retazos encontrados.

En todos estos proyectos, el medio tiene mucho de mensaje: Los procedimientos empleados determinan el concepto de la obra.

Podéis conocer mejor a Alberto en su web: www.albertocea.com

Alberto Cea González. Zigzag
Alberto Cea González. Zigzag

http://masdearte.com/