Diez ideas para ubicarse en la vida

Diez ideas para ubicarse en la vida

Las miradas sociales pueden resultar reveladoras pero son también extremadamente limitadas a la hora de comprender lo fundamental del mundo humano. La vida se vive desde adentro, es siempre la aventura de alguien, y solemos descuidar esa perspectiva con frecuencia. Para pensar la historia es necesario tener la mirada amplia. Pero para hacer la vida propia -y para hacer bien la historia-, es necesario aplicar una mirada más concreta y realista, individual. Esto es necesario incluso para que la historia, que alguna vez será narrada, tenga algo evolutivo que contar.

La hipótesis: si las personas fueran más sabias y plenas también serían más útiles en la producción de felicidad colectiva. La plenitud del individuo genera belleza social. Y más riqueza. Y más bienestar general. El resentimiento y la ideología (plagada de ignorancias) reproducen la amargura social. ¿Acaso todavía no quedó claro?

No nos equivoquemos, buscar el bienestar personal no es un camino para hacerle bien al país. Uno, la persona, el individuo, no es un medio. El intento es el de demostrar precisamente que considerarse un medio no tiene sentido, que es improductivo, que produce desastres. La mayor apuesta es la felicidad personal, y la consecuente sensualidad social de desarrollo y creatividad.

A continuación una serie de premisas orientadoras para ese individuo frecuentemente aplastado por el peso de una visión social inadecuada:

1. No es cierto que quien más sabe, más sufre. El conocimiento y la inteligencia muestran su valor en la realidad que producen. La realidad no es en su fondo la desgracia que gustamos creer. Al tomar contacto con sus verdades profundas lo que se genera no es dolor. Se genera de todo: dolor, placer, deseos, movimientos, experiencias. Sobre todo: acción, batalla por el sentido, ganas de hacer y de logro.

2. No hace falta estar preocupado todo el tiempo. La sensación de preocupación constante es un problema personal, una mala manera de tratar con las ansiedades propias. Es nuestra responsabilidad aclarar la situación y salir de esa emoción: y tomar las acciones que sean necesarias. Se puede pedir ayuda. Se puede ayudar. La preocupación no es sintonía con la realidad, es incapacidad de tratar con ella.

3. Aprender a vivir es aprender a soportar lo indefinido. A vivir se aprende: la vida va enseñando, si uno presta atención. Lo indefinido es lo que se padece, lo que resulta incómodo, aquello que todavía no se entiende o no se puede. Hay que tolerar grandes cantidades de indefinición, de caos, de procesos que suceden según su propio ritmo y no según el ritmo de nuestras necesidades o deseos.

4. Lo problemático es parte de lo real, y no algo que no debiera existir. Tal vez el error central de nuestro pensamiento standard sea la idea de que una existencia como debe ser no tendría que contener problemas o injusticias. Como si la existencia fuera un fenómeno racional y no uno natural. No lo es: los problemas ocupan y ocuparán siempre su legítimo lugar. El tema es qué hacemos nosotros frente a ellos.

5. El despelote de nuestras sociedades no es un defecto. Lo propio de una sociedad, en todas partes del mundo y en todas las épocas de la historia, es ser un núcleo indomable de tensiones cruzadas. Las sociedades no pueden no ser problemáticas y en parte caóticas. La capacidad de una comunidad está en lo que logra hacer con su despelote fundamental. Basta de creer que todo está mal todo el tiempo. Bastante bien funcionan las sociedades teniendo en cuenta que somos tantos viviendo juntos en un espacio acotado.

6. Dos planes vitales básicos, sobrevivir o crecer. Una cosa es hacer pie en lo que uno quiere, y aceptar los desafíos de ir plasmando ese crecimiento, y otra tratar de eludir las dificultades planteadas por nuestros deseos y tratar de sobrellevar la vida como una situación que, bueno, ya va a pasar. Sobrevivir: no hacer olas, evitar despelotes, conformarse. Crecer: ir a por más, desplegarse, tomarse en serio la propia sensibilidad.

7. De las confusiones se sale diciendo qué se quiere. El caos se ordena con el eje del deseo. Ese vector instaura un orden, organiza la experiencia con algún sentido, muestra dónde va cada cosa. No se trata tanto de buscar el camino correcto, hay que buscar el camino propio.

8. La diferencia debe ser expresada, más que respetada. Nos quedamos en la tibieza moralista cuando decimos que las diferencias hay que protegerlas, adoptamos un enfoque temeroso y defensivo. La diferencia es la forma particular de ser uno, y más que respeto pide fuerza y desarrollo.

9. Identidad es deseo. La identidad no es el contexto social, la memoria, ni la historia. Todas esas cosas borran nuestra identidad real y la suplantan por una identidad simbólica, inexistente. Somos lo que queremos. Cada uno está definido por su deseo, por su línea de acción. En esa aparente superficialidad de la piel está ya inscripta la historia, no hay que ir a buscarla otra vez. Está sin ser vista, donde tiene que estar. Y nosotros tenemos nuestra vida a cargo: ¿qué queremos? Soy lo que quiero, lo que me gusta, lo que hago en consecuencia.

10. Entusiasmo es felicidad cotidiana. Todas estas ideas no trazan en lo más mínimo un horizonte pesimista o escéptico, todo lo contrario. El entusiasmo, la posición vital más lograda y plena, feliz y activa, aparece cuando uno instala en su experiencia cotidiana ese eje del querer y del deseo personal. Es lo que nos hace bien a nosotros y es lo que el país necesita que hagamos.

Final: la objeción, desde el punto de vista colectivista, sería que si cada uno hace lo que quiere queda justificado el delito, que todas las barbaridades se legitiman. No es así: no es esta posición un apoyo a las barbaridades kirchneristas, por ejemplo. Es más bien un llamado a poner en marcha otras fuerzas para limitarlas. Y por otra parte: ¿acaso no está lleno de gente que quiere el bien de los demás? ¿No es en el deseo de estos muchos de donde cabe esperar un crecimiento nacional? Soy de esos: buscaremos nuestra felicidad y al hacerlo estaremos participando de la creación de un país mejor. La producción y la riqueza nacen siempre de las ganas de vivir.

El autor es escritor y filósofo. Autor del blog 100Volando.net

Aventuras en el pais de la Psicopatia

Aventuras en el pais de la Psicopatia

Despertares

Y ella sigue dormida, abrazada a mí, aunque ya es de día. La luz de la mañana pasa a través de los cristales empañados e ilumina el desorden de la habitación. Es bonito estar vivo hoy, pienso. En este momento detenido.
Y respiro con cuidado, para no despertarla.

Años

No hay aniversarios para nosotros, pequeña, que coincidimos un instante en la vida y nada más.

La otra vida

De vuelta con la médium Madame Retourner. Un hombre se pone en contacto con su difunto padre.
—Papá, ¿cómo es la muerte? ¿Te tratan bien?
—Estoy enterrado.
—Sí, eso ya lo sé.
—Me pudro inexorablemente en mi ataúd.
—¿Pero eso es la otra vida? ¿Eso es lo que hay después de la muerte?
—Hay gusanos. Y tinieblas.
—¿Y qué pasa con Dios?
—Aquí dentro no cabe nadie más.

Búsquedas inciertas

—Agencia de detectives Flanagan. Dígame.
—Buenos días, me gustaría que me encontraran.
—¿Qué ha dicho que le encontremos?
—Que me encuentren a mí. No sé dónde estoy.
—¿No? ¿Dónde está ahora?
—Eso me gustaría saber.
—¿Pero desde dónde llama? ¿Qué hay a su alrededor?
—Bueno, estoy en una cabina.
—Descríbame la calle.
—Hay aceras. Y asfalto.
—¿No hay alguna placa con el nombre de la calle?
—Sí. Calle Mayor.
—Vale, en todas las ciudades hay una calle llamada así, podría estar en cualquier sitio. ¿Por qué no le pregunta a alguien en qué ciudad está?
—Me da miedo la gente.
—Vaya.
—Hace calor, ¿eso ayuda?
—No mucho.
—Llevo un sombrero.
—¿De qué color?
—Verde.
—Vale, es algo con lo que trabajar. Se lo diré a nuestros detectives.
—Gracias. ¿Cree que tardarán mucho?
—Usted no se mueva de la cabina.

caramelitos.blogspot.com

Mexico, pais de gordos

Mexico, pais de gordos

La buena noticia es que con el Acuerdo Nacional de Salud Alimentaria, dado a conocer este lunes, el gobierno mexicano por fin está abriendo los ojos al enorme problema de la gordura en nuestro país. La mala es que este primer esfuerzo se queda muy corto.

Vale la pena dimensionar el tamaño del problema para entender la magnitud de respuesta que se requiere. La gordura se ha convertido en una epidemia nacional. Siete de cada diez mexicanos padece un problema de sobrepeso. Si en el caso de los adultos mexicanos la situación es alarmante (nuestro país ocupa el segundo lugar a nivel mundial en obesidad adulta) en el de los niños mexicanos es crítica (aquí ostentamos el nada honroso primer lugar). En los últimos siete años, el índice de obesidad en niños de cinco a 11 años aumentó en un inquietante 77 por ciento.

Más allá de su impacto en la salud y productividad de la gente, el sobrepeso ejerce un costo brutal en el sistema de salud pública. Entre 50 mil y 60 mil millones de pesos se destinan anualmente a tratar padecimientos derivados de la obesidad, consumiendo 9 por ciento del gasto total en salud. De continuar la tendencia actual, la carga financiera puede llegar a los 100 mil millones de pesos, poniendo en riesgo la sustentabilidad del sector salud en su conjunto.

De que se requiere actuar y de que se tiene que actuar ya es evidente. En este sentido, hay que darle crédito al gobierno por estar aceptando públicamente que existe un problema al anunciar el Acuerdo. También hay que reconocer que el Acuerdo, el cual propone 10 acciones específicas para combatir la obesidad, contiene buenas ideas. Responsabilizar a los padres de familia del peso de sus hijos es una de ellas.

Mi problema principal con el Acuerdo es que le faltan dientes. Todo lo que tiene que ver con las empresas que producen los alimentos más engordativos —la llamada comida chatarra— se maneja más con base en recomendaciones que en obligaciones.

Debo admitir que entiendo el porqué de la tibieza del gobierno: las empresas alimenticias son sumamente poderosas. Pero si el gobierno quiere enfrentar de lleno la epidemia de la gordura va a tener que actuar con mayor firmeza, sobre todo con lo que se refiere al sobrepeso de los niños. Dos medidas claras que deben ejecutarse son prohibir la publicidad de comida chatarra dirigida a los niños y restringir el acceso de este tipo de alimentos a las escuelas.

Me queda claro que el involucramiento del gobierno en la reducción de la obesidad y el sobrepeso de la población apenas comienza. No me sorprendería nada que la gordura siguiera los pasos del tabaquismo, con una creciente intervención del sector público en la manera que se venden y consumen los productos que más engordan.

Julio Serrano

Noticias De El Mundo Today

“RESULTA QUE SÓLO PINTABA RAYOTES”, SE LAMENTA

Tàpies reniega de su obra tras graduarse la vista

Noticias De El Mundo Today

Hacía más de cuarenta años que el artista catalán Antoni Tàpies no acudía al oculista para graduarse las gafas. Durante todo este tiempo ha estado trabajando con normalidad, pero al mejorar su visión ha quedado estupefacto con los cuadros que ha estado pintando en las últimas décadas. “Yo pensaba que hacía cosas bonitas, como muy difuminadas, lo típico para poner encima del sofá. Y ahora veo que llevo toda mi puta vida pintando rayotes y cosas mal hechas sin ningún sentido. ¿Por qué nadie me avisó?” dijo Tàpies, encolerizado, durante la rueda de prensa que convocó ayer por la tarde para anunciar que se retira del arte.

En la rueda de prensa explicó que, al recibir su nuevo par de gafas, se plantó delante de uno de sus cuadros más emblemáticos, “Oda a Catalunya 5″ (en la foto). Al verlo no lo reconoció: “Yo pensaba que ese cuadro era bonito porque parecía un campo de amapolas o una puesta de sol y lo que me encuentro son las huellas de sangre que ha dejado un zombi aporreando una ventana”.

Mientras confesaba lo que sintió al comprobar que había desperdiciado su vida pintando “sin ver tres en un burro”, el artista iba atacando a los que se dedicaron a encumbrar su obra y a gestionar la fundación que lleva su nombre. “¿A quién narices se le ocurrió poner todos esos alambres en lo alto del edificio de mi fundación? Yo pensaba que eran antenas de televisión. Y ya me extrañaba, porque no hay un sólo aparato de televisión en todo el edificio. Antes me daba igual porque no veía un pijo, pero ahora es otra cosa, quiero ver la tele y, si esos hierros no reciben la TDT, que los quiten”. Tàpies, ya sin atender a razones y sumido en una espiral de berrinches, anunció que sustituirá todos los cuadros de su fundación por pantallas de plasma.

La Fundació Tàpies, con “esos hierros absurdos” en el tejado.

Noticias De El Mundo Today

El pintor acusa a sus representantes de haberle “comido la cabeza” durante años para que “siguiera pintando y haciendo el ridículo” y así, mientras él pensaba que sus cuadros eran manchas bonitas, se lucraban todos sus allegados. “He sido una marioneta todo este tiempo. Una marioneta ciega encadenada a un pincel y a lienzos enormes”, ha confesado con un hilo de voz al final de la rueda de prensa. Luego se ha puesto a llorar y se le han caído las gafas. Sus representantes se lo han llevado de allí antes de que pudiera encontrarlas.

Kike Garcia/elmundotoday.com

La ola de Hokusai

La ola de Hokusai

La pintura y el grabado japonés, de la que Hokusai es uno de los máximos exponentes, siempre nos han ofrecido una visión diferente, casi mística, de los fenómenos naturales. La ola es aquí mucho más que una mera circunstancia oceánica: es un monstruo, un gigantesco leviatán que amenaza con sus colmillos a las ágiles y audaces barcas que cruzan, flexibles, el mar. La terrible garra del océano es tan poderosa que parece ir a devorar incluso al sagrado monte Fuji, que se nos presenta al fondo como una víctima más de la demoníaca ola.

www.theartwolf.com

Padres e hijos

padre e hijos

Para variar, decidí tomarme el gin-tonic de media tarde en un hotel de cinco estrellas. Los bares de los hoteles de cinco estrellas son por lo general lugares cerrados, con mucha madera, en los que uno se siente a salvo del frío del invierno, incluso a salvo del frío del verano (cuando uno lleva el frío dentro, la estación del año importa poco). También se siente uno a salvo de la realidad, que no para de dar la lata. En la mesa más cercana a la mía había un hombre maduro y un chico de unos veinte años, hijo del anterior según deduje enseguida. El padre tomaba un whisky y el hijo un Cola Cao. Intuí que se encontraban allí para hablar de hombre a hombre, o eso había pretendido el progenitor, porque el hijo no entraba al trapo. Ya el hecho de que hubiera pedido un Cola Cao, en vez de una bebida de adultos, era un modo de decir a su señor padre que vivían en mundos diferentes. Cogí la conversación en un momento en el que el padre expresaba una curiosa idea acerca de las opiniones, políticas o de otra naturaleza.
—Las opiniones –decía– son buenas para las personas sin recursos. Se tienen opiniones cuando no se tiene otra cosa, y nosotros tenemos un patrimonio que administrar y que un día será tuyo.
—¿Y si yo prefiero las opiniones al dinero? –respondió el hijo.
—Sal a la calle y pregunta a dos o tres indigentes qué prefieren, si tener una opinión o tener donde dormir esta noche y qué cenar antes de acostarse.
—Todo el mundo tiene opiniones –insistió el chico.
—Todo el mundo con complejo de inferioridad. Cuando uno está seguro en la vida, no necesita tener ideas acerca de esto o de lo otro. Además, es mentira que la gente tenga opiniones. Son las opiniones las que tienen a la gente. El Estado lo sabe, y los poderosos también, por eso ponen en circulación opiniones todo el rato. Mientras la gente opina, no piensa en otras cosas.

El chico se hundió en un silencio rencoroso. Yo permanecía perplejo. Si el padre me hubiera parecido un cínico, me habría puesto mecánicamente del lado del joven y aquí paz y después gloria. Pero no era un cínico, sólo era un malvado. Un malvado al que hacía daño la distancia impuesta por el chico. Sin duda, quería a su hijo y pretendía salvarlo de la compulsión estimativa (patología que consiste en tener opiniones acerca de todo). El hombre, pensé, quería que su hijo fuera feliz, pero dentro de la idea que él tenía de la felicidad. La idea de felicidad del hijo iba por otro lado. El padre se autoafirmaba con su poder económico, y el hijo con sus ideas políticas (que atentaban, me pareció, contra el poder económico del padre). No les sería fácil encontrar un territorio común desde el que discutir. Para empezar, el padre se había equivocado al pretender hablar con él en el bar de un hotel de cinco estrellas. Quizá si lo hubiera citado en un café de mala muerte, es decir, en un espacio más familiar para el chico, las cosas habrían ido mejor.
En esto sonó el móvil del hijo, que rechazó la llamada tras observar de quién procedía.
—Era mamá –dijo.
—¿Y por qué no lo has cogido?
—No importa, ahora te llamará a ti.
En efecto, no habían transcurrido 30 segundos cuando sonó el móvil del hombre.
—Dime –dijo.

Mientras escuchaba, el hombre puso cara de pesadumbre. Al final, colgó y se dirigió al chico.
—Se acaba de morir el perro –dijo.
—Pero si ni siquiera estaba enfermo.
—Un ataque, ya sabes que era muy viejo.
El chico a duras penas lograba contener las lágrimas. El hombre apoyó su mano en el brazo del hijo unos segundos, en gesto de solidaridad, y luego apuró su whisky.
Mientras se levantaban de las sillas, el joven preguntó por qué su madre había intentado localizarle primero a él.
—Porque el perro era tuyo –dijo el padre, y abandonaron el bar.
Apuré mi gin-tonic y pedí otro con patatas fritas. Me había impresionado el modo en que la muerte del perro había irrumpido en la realidad para mejorarla. El suceso había servido al menos para que el padre y el hijo se sintieran unidos momentáneamente. Me pareció que la frase “porque el perro era tuyo” había llenado de autoestima al joven. Algo, en todo caso, había sucedido en esos últimos instantes. En cuanto a las opiniones, esa noche no pude dejar de pensar en cuáles tenía yo y cuáles me tenían a mí. Comprobé con sorpresa que la mayoría me tenían a mí.