Pintura

Pintura

“Mi relación con la realidad es de observación precisa, de compartir, de ir buscando luces, sombras. Mi pintura es muy pictórica… Mi forma de trabajar parte de observar la realidad como prima fuente, esta realidad me impacta, me seduce, me gusta y se me queda grabada. Empiezo a pintar partiendo de las ideas, de modelos, de cosas que se van sugiriendo, mancho el cuadro y a partir de la mancha del cuadro es como voy construyendo la pintura. En la primera concepción del cuadro parto de la realidad, en lo demás parto de la misma pintura, es ella la que me ordena por dónde debo de ir caminando…. “

Santiago Carbonell/Pintor hiperrealista

Secadero de jamones

Secadero de jamones

Dice mi amigo pintor que el negocio del arte le debe su prosperidad al dinero que sus promotores invierten en publicitarlo y que muchas obras que se aplauden por sus tonos desvaídos o sombríos fueron originalmente pintadas con colores muy vivos, casi hawaianos, que luego se han ido deteriorando con el paso del tiempo, de modo que muchos de esos famosos cuadros pierden buena parte de su significado oficial y de su valor económico cuando les pone la mano encima el restaurador. Mi amigo pintor sabe muy bien de qué diablos está hablando. En una visita a su estudio me dijo: «Jamás expongo trabajos recién realizados. No soy idiota; sé que la obra pictórica mejora cuando la empieza a deteriorar el abandono». Y me explicó que el acueducto de Segovia se considera arte a partir del momento en el que deja de ser moderno, pierde utilidad y ya no se le puede asociar a la fontanería. Fue en ese pintor en quien se inspiró aquel tipo del «Savoy» que aseguraba que la mayor parte del arte pictórico de vanguardia cobra todo su sentido cuando el tipo que lo compra lo hace con la plena seguridad de que fue pintado pensando en que alguien los colgaría dentro de un cajón; el mismo tipo que una madrugada me comentó durante una cena con Chester Newman que los amigos que visitaban su casa en Brooklyn le avisaron de que un cuadro como el que colgaba desde hacía meses en su salón lo habían visto docenas de veces repetido sobre la arena cada vez que los bañistas de Coney Island se levantaban de sus toallas de baño. El pintor cambadés Lino Silva lleva una vida casi de ermitaño y desempeña su actividad artística de espaldas al mercado. Como no quiere que nadie le eche una mano, a sus amigos periodistas nos avisa de sus exposiciones sólo con motivo de su clausura. Tomando copas  una madrugada en Compostela, me dijo: «Esto del Arte es muy subjetivo. Tratándose de pintura abstracta, la cosa se complica, no sólo porque al admirar un cuadro te cueste saber si está del derecho; también porque muchos espectadores se preguntan con razón no sólo el precio que tendrán que pagar por él, sino cuanto dinero les va a costar borrarlo». Lino desprecia el mercado y amontona su obra, como alguien que malgastase el fugaz talento del Arte en la rutina de administrar un secadero de jamones.

Arco 2010

Arco 2010

Empieza ARCO… ¡Horror de horrores! Picasso escribió en 1952 lo que sigue: “En el arte la mayoría de la gente ya no busca consuelo y exaltación, pero los que son refinados, ricos y desocupados, quienes son destiladores de quintaesencias, buscan lo  que es nuevo, extraño, original, extravagante, escandaloso. Yo mismo, desde el cubismo e incluso antes, he satisfecho a esos maestros y críticos con todas las rarezas cambiantes que se me venían a las mientes, y cuando menos me entendieron, más me admiraron. Divirtiéndome con todos esos juegos absurdos, con todos esos rompecabezas, jeroglíficos y arabescos, llegué a ser famoso rápidamente. Y la fama, para un pintor, quiere decir ventas, ganancias, fortuna, riquezas. Hoy, como sabéis, soy una celebridad. Me hecho rico. Pero cuando estoy a solas no tengo valor para considerarme un artista en el antiguo y verdadero sentido del término. Tiziano y Rembrandt fueron grandes pintores. Yo sólo soy un cómico que ha entendido su tiempo y ha estrujado a fondo la imbecilidad, la vanidad y la estupidez de sus contemporáneos. La mía es una confesión amarga y más dolorosa de lo que pudiese parecer, pero tiene el mérito de ser sincera”.

     ¿Algún comentario? Yo creo que sobran.

En la opinion de Sanchez Drago/dragolandia

Lo sagrado

 

Lo sagrado
La duda de Tomas

 

Cristo Gay. Dios mío. Viendo las fotos por las que el artista Fernando Bayona ha tenido que retirar su exposición de la Universidad de Granada no puedes por menos que asombrarte ante la puerilidad del asunto. La provocación de Bayona es enternecedora. El beso de Judas, así se llama una foto en la que aparecen dos muchachitos morreándose, respira el mismo aire que los anuncios de colonias, porque este ejemplar de chulazo (por usar palabras del gremio) abunda en vallas publicitarias, en revistas de moda. No aparecen en ellas los nombres de Judas y Jesús, vale, pero la imagen es la misma: torso desnudo, gran paquetón y rostro efébico.

Hasta los gays que no militan en el tópico están un poco hasta las narices de ese imaginario. Para rematar la faena se nos presenta a una María prostituta y a un san José camello. No tenían suficiente con ser pobres, había que integrarlos en el lumpen. En realidad, el relato de la exposición más bien parece inspirado por un realismo social ultracatólico: con esa familia desestructurada nada más lógico que el niño les saliera gay.

Dicha provocación se agotó en España en los años ochenta. Basta con revisar las películas de Almodóvar, las canciones, el arte gráfico, para saber que ya vivimos nuestro momento de desahogo. Repetirlo ahora resultaría naif, si no fuera porque ha resucitado un público asustadizo que se santigua y unos matones que obligan a una universidad a retirar tres fotos que sólo pueden ofender a quien ha estado en formol desde los años sesenta.

El comentario recurrente en este asunto es, “¿a que no se atreven con Mahoma?”. Por supuesto que no. Es lógico que un muchacho de Jaén ironice sobre la religión que le es más próxima; por otro lado, debería ser motivo de orgullo para los creyentes militar en una fe que no amenaza con romper la crisma al que se atreve a hacer una broma.

Elvira Lindo/elpais.es

El pecado de Cd. Juarez

El pecado de Cd. Juarez

Uno de los signos anunciatorios del tal “Estado fallido” podría ser la incontestable existencia de una “ciudad fallida”. Y Ciudad Juárez, con perdón, reúne todos los requisitos para figurar en esta infamante categoría: en su momento, los atroces asesinatos de mujeres no lograron sacudir demasiado las conciencias de las “autoridades”. Y es que, señoras y señores, nunca han sido ellas —las mujeres, es decir, las perseguidas, las acosadas, las ultrajadas y las marginadas— motivo para emprender grandes trasformaciones sociales ni aportar soluciones de fondo.

Al contrario, el mundo se ha acomodado sin mayores problemas a la esencial desigualdad de los sexos y ahí tienen ustedes, por ejemplo, el descarnado maltrato legal que se brinda a las mujeres de Musulmania, por no hablar de atropellos, digamos, más sutiles, aquí en Occidente, tales que la disparidad de los salarios, la doble jornada de trabajo en la fábrica —o la oficina o el almacén o la tienda— y el hogar, el constante acoso de los machos lúbricos, las injusticias cometidas en el mundo laboral, etcétera.

Ciudad Juárez se ajustó así a una realidad inaceptable. Pero resultó, con el tiempo, que no sólo eran las mujeres las asesinadas sino que los comerciantes de sexo masculino comenzaron a ser extorsionados, los estudiantes masacrados, los taxistas descabezados, en fin, el horror que antiguamente se reducía a un colectivo de mujeres pobres, solitarias y desprotegidas se universalizó, por así decirlo, y alcanzó a toda la sociedad.

Hoy, tenemos una comunidad descompuesta hecha de ciudadanos aterrorizados donde no se puede siquiera regentar un pequeño changarro sin que se aparezca por ahí un tipo para soltarte amenazas y exigirte una sustancial tajada de unas ganancias que has logrado muy trabajosamente con el sudor de la frente.

Cuando se abre la puerta a la infamia, el horror penetra todos los rincones de la casa. Antes fueron las mujeres. Ahora son todos.

Roman Revueltas/mileniodiario