Padres e hijos

padre e hijos

Para variar, decidí tomarme el gin-tonic de media tarde en un hotel de cinco estrellas. Los bares de los hoteles de cinco estrellas son por lo general lugares cerrados, con mucha madera, en los que uno se siente a salvo del frío del invierno, incluso a salvo del frío del verano (cuando uno lleva el frío dentro, la estación del año importa poco). También se siente uno a salvo de la realidad, que no para de dar la lata. En la mesa más cercana a la mía había un hombre maduro y un chico de unos veinte años, hijo del anterior según deduje enseguida. El padre tomaba un whisky y el hijo un Cola Cao. Intuí que se encontraban allí para hablar de hombre a hombre, o eso había pretendido el progenitor, porque el hijo no entraba al trapo. Ya el hecho de que hubiera pedido un Cola Cao, en vez de una bebida de adultos, era un modo de decir a su señor padre que vivían en mundos diferentes. Cogí la conversación en un momento en el que el padre expresaba una curiosa idea acerca de las opiniones, políticas o de otra naturaleza.
—Las opiniones –decía– son buenas para las personas sin recursos. Se tienen opiniones cuando no se tiene otra cosa, y nosotros tenemos un patrimonio que administrar y que un día será tuyo.
—¿Y si yo prefiero las opiniones al dinero? –respondió el hijo.
—Sal a la calle y pregunta a dos o tres indigentes qué prefieren, si tener una opinión o tener donde dormir esta noche y qué cenar antes de acostarse.
—Todo el mundo tiene opiniones –insistió el chico.
—Todo el mundo con complejo de inferioridad. Cuando uno está seguro en la vida, no necesita tener ideas acerca de esto o de lo otro. Además, es mentira que la gente tenga opiniones. Son las opiniones las que tienen a la gente. El Estado lo sabe, y los poderosos también, por eso ponen en circulación opiniones todo el rato. Mientras la gente opina, no piensa en otras cosas.

El chico se hundió en un silencio rencoroso. Yo permanecía perplejo. Si el padre me hubiera parecido un cínico, me habría puesto mecánicamente del lado del joven y aquí paz y después gloria. Pero no era un cínico, sólo era un malvado. Un malvado al que hacía daño la distancia impuesta por el chico. Sin duda, quería a su hijo y pretendía salvarlo de la compulsión estimativa (patología que consiste en tener opiniones acerca de todo). El hombre, pensé, quería que su hijo fuera feliz, pero dentro de la idea que él tenía de la felicidad. La idea de felicidad del hijo iba por otro lado. El padre se autoafirmaba con su poder económico, y el hijo con sus ideas políticas (que atentaban, me pareció, contra el poder económico del padre). No les sería fácil encontrar un territorio común desde el que discutir. Para empezar, el padre se había equivocado al pretender hablar con él en el bar de un hotel de cinco estrellas. Quizá si lo hubiera citado en un café de mala muerte, es decir, en un espacio más familiar para el chico, las cosas habrían ido mejor.
En esto sonó el móvil del hijo, que rechazó la llamada tras observar de quién procedía.
—Era mamá –dijo.
—¿Y por qué no lo has cogido?
—No importa, ahora te llamará a ti.
En efecto, no habían transcurrido 30 segundos cuando sonó el móvil del hombre.
—Dime –dijo.

Mientras escuchaba, el hombre puso cara de pesadumbre. Al final, colgó y se dirigió al chico.
—Se acaba de morir el perro –dijo.
—Pero si ni siquiera estaba enfermo.
—Un ataque, ya sabes que era muy viejo.
El chico a duras penas lograba contener las lágrimas. El hombre apoyó su mano en el brazo del hijo unos segundos, en gesto de solidaridad, y luego apuró su whisky.
Mientras se levantaban de las sillas, el joven preguntó por qué su madre había intentado localizarle primero a él.
—Porque el perro era tuyo –dijo el padre, y abandonaron el bar.
Apuré mi gin-tonic y pedí otro con patatas fritas. Me había impresionado el modo en que la muerte del perro había irrumpido en la realidad para mejorarla. El suceso había servido al menos para que el padre y el hijo se sintieran unidos momentáneamente. Me pareció que la frase “porque el perro era tuyo” había llenado de autoestima al joven. Algo, en todo caso, había sucedido en esos últimos instantes. En cuanto a las opiniones, esa noche no pude dejar de pensar en cuáles tenía yo y cuáles me tenían a mí. Comprobé con sorpresa que la mayoría me tenían a mí.

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Me perdí entre la noche, volé hacia las estrellas, fui a robar una de ellas y me sorprendió tu mirada, fue entonces que comprendí…

Que ya poseo dos luceros, que puedo tocar, que puedo alcanzar y que con ellos puedo habitar la luna y el universo…

Colaboración de Yesi

Poesia erotica

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Placer Puro

El aire evocaba tu olor corporal
una ráfaga, entro dentro de mi.

Un pensamiento fugaz en mi mente.
Recuerdo tus finas siluetas apagadas…

La Blanca piel empapada, tu cuerpo sudoroso
después del acto.

Placer inundando los océanos azules,
olas de orgasmos simples.

Viaje al mundo infinito, la quimera del placer.
Barco de sensaciones efímeras…

placer puro.

Sobre y bajo Arco

Williams Robert
Williams Robert

NINGUN arte está hoy en su cima. El mañana es quien deberá probarlo. Pero el de la plástica, tan misterioso, es el de los peor situados… Ignoro si algún pintor o escultor tiene el don de las alturas, y no me atrevo a afirmarlo ni a negarlo, aunque tenga mis personales fruiciones. Pero me quedo sobrecogido ante la obra de jóvenes, circunspectos y ensimismados, pletóricos de un insuperable aburrimiento. Y de aquellos otros, violentos, que quieren sorprendernos a cualquier precio para convencerse de que están vivos. El don es tan difícil de ocultar como de ser imitado. La originalidad en el arte no quiere decir nada si no se apoya en la verdad, en la vida, en la sinceridad consigo mismo y en la generosidad, tan recibida como dada: en mi Fundación tengo la prueba. La originalidad, cuando es perseguida, huele a rancio. El creador es siempre designado por un índice que no es el suyo. La vida sin lógica no suele llegar lejos; la lógica sin el talento innato no llega a ningún sitio. En ello estamos. Más delicado es no poner ejemplos. Pero la exaltación del barro no nos invade.

Antonio Gala

Poesia under

transeuntes de media noche moises guerrero

San freeser

El camino al paraíso, lleno de baches.
San pedro cobra peaje en una cabina
De viento.
La madre teresa barriendo los pájaros/
Dios juega a la rayuela con Heidi/
Los ángeles bendicen el agua de lluvia
Y el mundo sale en bote, con paraguas
A destapar las cloacas del mar/
Muertos/
La mano masturbadora acomoda
La ostia en tu boca/
Jesús envidia a maradona.
Moisés electrocuta las
Rejas del cielo/
De acá no sale nadie

Fabián Leppez

pintura de Moises Guerrero

Fragmentos de la creachon

BOTERO NUDE

Teología de la obesidad (Génesis, XVIII, 2. 1, a.)
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Y Dios pobló la tierra con espinacas, coliflores, brócolis, y todo tipo de vegetales, para que el Hombre y la Mujer pudieran alimentarse y llevar una vida sana.

Y Satanás creó a McDonald’s.

Y McDonald’s creó el Big Mac.

Y Satanás dijo al Hombre: “¿Lo quieres con patatas y coca cola?”

Y el Hombre dijo: “Tamaño grande”.

Y el Hombre engordó.

Y Dios dijo: “Haya yogurt, para que la Mujer conserve la silueta que he creado con la costilla del Hombre”.

Y Satanás creó el chocolate.

Y la Mujer engordó.

Y creó Dios las ensaladas, y el aceite de oliva.

Y vio que estaba bien.

Y Satanás hizo el helado.

Y la Mujer engordó.

Y Dios dijo: “Mirad que les he dado frutas en abundancia, que les servirán de alimento.”

Y Satanás inventó los huevos revueltos con tocino.

Y el Hombre engordó, y su colesterol malo se fue por las nubes.

Y creó Dios las zapatillas deportivas, y el Hombre decidió correr, para perder los kilos de mas.

Y Satanás concibió la televisión por satélite.

Y agregó el mando a distancia, para que el Hombre no tuviese que cambiar de canal con el sudor de su frente.

Y el Hombre aumentó de peso.

Y Satanás dijo a la Mujer: “Son apetecibles a la vista del Hombre unos aperitivos”.

Y la Mujer le acercó al Hombre patatitas fritas, palitos salados, cortezas, chorizo y una cerveza.

Y el Hombre, aferrado al mando a distancia, comió los aperitivos, que eran abundantes en colesterol.

Y vio Satanás que estaba bien.

Y el Hombre llegó a tener las coronarias obstruidas.

Y dijo Dios: “No es bueno que el Hombre tenga un infarto.”

Y entonces creó el cateterismo y la cirugía cardiovascular, y las unidades coronarias.

Y Satanás creó… la Seguridad Social.