El pecado de Cd. Juarez

El pecado de Cd. Juarez

Uno de los signos anunciatorios del tal “Estado fallido” podría ser la incontestable existencia de una “ciudad fallida”. Y Ciudad Juárez, con perdón, reúne todos los requisitos para figurar en esta infamante categoría: en su momento, los atroces asesinatos de mujeres no lograron sacudir demasiado las conciencias de las “autoridades”. Y es que, señoras y señores, nunca han sido ellas —las mujeres, es decir, las perseguidas, las acosadas, las ultrajadas y las marginadas— motivo para emprender grandes trasformaciones sociales ni aportar soluciones de fondo.

Al contrario, el mundo se ha acomodado sin mayores problemas a la esencial desigualdad de los sexos y ahí tienen ustedes, por ejemplo, el descarnado maltrato legal que se brinda a las mujeres de Musulmania, por no hablar de atropellos, digamos, más sutiles, aquí en Occidente, tales que la disparidad de los salarios, la doble jornada de trabajo en la fábrica —o la oficina o el almacén o la tienda— y el hogar, el constante acoso de los machos lúbricos, las injusticias cometidas en el mundo laboral, etcétera.

Ciudad Juárez se ajustó así a una realidad inaceptable. Pero resultó, con el tiempo, que no sólo eran las mujeres las asesinadas sino que los comerciantes de sexo masculino comenzaron a ser extorsionados, los estudiantes masacrados, los taxistas descabezados, en fin, el horror que antiguamente se reducía a un colectivo de mujeres pobres, solitarias y desprotegidas se universalizó, por así decirlo, y alcanzó a toda la sociedad.

Hoy, tenemos una comunidad descompuesta hecha de ciudadanos aterrorizados donde no se puede siquiera regentar un pequeño changarro sin que se aparezca por ahí un tipo para soltarte amenazas y exigirte una sustancial tajada de unas ganancias que has logrado muy trabajosamente con el sudor de la frente.

Cuando se abre la puerta a la infamia, el horror penetra todos los rincones de la casa. Antes fueron las mujeres. Ahora son todos.

Roman Revueltas/mileniodiario

Cuando todo falle

Cuando todo falle, consulte el instructivo. Pocas cosas definen tan bien la cultura mexicana como este aforismo, seguramente concebido por un sabio de cantina, pero como nunca lo patentó quedó en el anonimato y ahora es propiedad de la nación: la tierra es de quien la trabaja y la frase de quien la repite. En Ciudad Juárez las cosas no podían ir peor, todo estaba saliendo mal y no quedó más que consultar el instructivo, hacer lo que se ha hecho en otros países y está saliendo bien: apostar por estrategias de reconstrucción de tejido social.

Cuando todo falle

El problema de Ciudad Juárez no es el narcotráfico, sino lo que éste ha generado. Entendámonos. No es el tráfico de drogas lo que mata a una ciudad, sino la ola de descomposición que lleva a su alrededor. El narco se comporta en una sociedad tal como un retrovirus en el cuerpo humano. El problema del VIH no es el virus en sí mismo, sino lo que provoca: un síndrome de inmunodeficiencia. En pocas palabras, elimina las defensas y el paciente termina por morirse de cualquier cosa. Cualquier otro mortal que no tenga ese virus se defendería solo de la enfermedad. El narco aniquila las defensas de una sociedad porque lo primero que ataca son las instituciones del Estado, acaba con sus defensas, es decir el monopolio del cobro de impuestos y del uso legítimo de la violencia. Destruidas las defensas del Estado todo puede pasar, extorsiones, asesinatos, secuestros. En Juárez ya pasó todo y sigue pasando.

La primera estrategia del gobierno federal en Juárez fue aniquilar a la policía. Fue una medida correcta desde el punto de vista de jurídico, pero inútil desde el punto de vista social. Cambiaron a tres mil policías por 16 mil agentes entre soldados y agentes federales. Sin duda los tres mil policías estaban corrompidos y puestos con los narcos, porque era la única forma de sobrevivir en ese medio. Pero al borrar a la policía aniquilaron también al municipio. La paradoja de la batalla contra el narco es que ésta ha provocado un debilitamiento institucional de los gobiernos estatales y municipales que son los que, según el instructivo, tienen que cerrar la pinza. Vamos por partes.

El narco genera estructuras de poder, economía y cultura. La estructura de poder se basa principalmente en el control de los cuerpos de seguridad y justicia. El exceso de flujos del narco termina por controlar la economía de una ciudad: comienza en las cosas más sencillas, un tendejón o una peluquería y termina por controlar el mercado inmobiliario y el sistema financiero formal o informal. Finalmente se instala como cultura: impone su manera de ver el mundo, su música, su diversión, su lenguaje, etcétera. En Ciudad Juárez, después de prácticamente dos generaciones, el narco ha terminado por imponer sus lógicas. Los jóvenes tienen como futuro casi único, cercano y prometedor, al narco. Hay más de 15 mil jóvenes organizados en pandillas que son las fuerzas básicas de los carteles que se disputan la plaza. Los Aztecas, los Mexicles y los Artistas Asesinos se han ido adueñando del robo de autos, de la extorsión y de las tareas de distribución de droga en Juárez, pero sobre todo se han adueñado del imaginario de futuro de una generación que no tienen otra salida, porque la vía institucional está quebrada.

El mejor ejemplo al que puede voltear Ciudad Juárez se llama Medellín, Colombia. Esa ciudad vivió algo muy similar a lo que está pasando en el antiguo Paso del Norte y logró darle la vuelta en un periodo de diez años a la descomposición social. No se puede decir que el problema esté resuelto, pero sí hay una mejora continua. Medellín pasó de un índice de más de 300 muertes violentas por cada 100 mil habitantes a 73 en el año pasado (Ciudad Juárez está en 180) con políticas de integración: inversión en espacio público, en educación y programas de desarrollo social.

La diferencia fundamental, y es ahí donde hay que echar la lupa en este proceso que comienza en Juárez, es que mientras las instituciones municipales de Colombia tienen una gran fortaleza el municipio en México es una institución debilitada y burocratizada. Medellín destina 65 por ciento de su presupuesto a la inversión pública, Juárez lo destina a burocracia. Si el gobierno federal no tiene claro que el proceso pasa por el fortalecimiento del municipio el problema le seguirá reventado en la cara.

El cambio de estrategia del gobierno federal es sin duda una buena noticia. Estaba en el instructivo: la experiencia internacional dice que este es el mejor camino, pero es largo, tortuoso y está lleno de baches. Esta es la única forma de atacar al virus y no solo a sus manifestaciones, pero hay que olvidarnos de resultados inmediatos y efectistas. Este camino no da para hacer anuncios de televisión.

Hoy Juárez tiene futuro; el presente seguirá siendo doloroso.

Diego Petersen Farah es analista político.

Contigo

Contigo
Gus Ocamposilva

Me encuentro a gusto así contigo.
Viendo televisión, tapados con la manta.
Leyendo sentados en la cama.
Mirando en silencio el mar.
Cocinando juntos.
Haciendo nada.
He disfrutado cada segundo junto a tí.
De todos estos años.
Hasta los malos ratos los llevo aquí guardados.
Como un tesoro mío, y sólo mío.
Que no quiero olvidar
………….[con todo lo dramático
………………….[y todo lo poético
……………………[con todo lo vital
……………………..[y todo su cansancio
Me encuentro a gusto así, siempre contigo.
No puedo entender la vida.
Si no es contigo.

finchu.lacoctelera.net

Tomarse el buque

Tomarse el buque
yoya sanlehi

Vámonos…

Vámonos que ya es la una…
Vamos. Nos vamos. Ya nos estamos yendo.
Levantemos el culo de esta silla.
Apuremos el trago. Si es necesario
paguemos la cuenta y,
mutis por el foro,
trepemos por los techos.
¿Qué hacemos aquí sentados todavía…?
Afuera está el mundo,
la vida no es ésto, o es ésto y no espera.
La muerte nos pisa los talones,
la muerte hace footing y jadea a nuestro lado.
Tomemos envión y en el impulso
saquemos fuerza del desánimo.
¡Rajemos muchachos, salgamos corriendo!,
la facha fatal contra el viento
y una loca razón trotando en el pecho.
Vámonos,
vámonos de una buena vez
y para siempre.
Dejemos que atrás el pasado se vuelva
un recuerdo presente.
No importa el futuro
si quiere venir, ya vendrá,
lo importante es andar
con el horizonte teñido en la frente.
Vámonos, vámonos ya…
Que es tarde,
muy lejos
y urgente.

posteado por titi para poemas simiescos/lacoctelera

La moda del maldito recluido

LA INTIMIDAD con Holden Caulfield nos avisó de que la vejez huele a Vicks Vaporub y de que no hay mayor certeza que el dolor de ser. En una ciudad que no aclaraba adónde iban los patos de Central Park en invierno y en la que el arcoiris era una mancha de gasolina en un charco, Salinger degradó a patología adolescente la búsqueda de sentido del romanticismo en aquella Europa a la que los enciclopedistas habían vuelto demasiado científica y descreída: un vacío del alma comparable al que sucedió a las bombas atómicas y el horror de los campos de exterminio y que permitió a Mailer etiquetar el agónico existencialismo hipster. Sólo que, con El guardián, Salinger limitó a una edad poco interesante y a un ambiente típicamente neoyorquino y burgués eso que Chateaubriand llamó el Mal del Siglo, reconocible en el suicidio de Werther, otro que no sabía cómo evitar la expulsión del campo de centeno.

La moda del maldito recluido

Recordando la moda de suicidios que inspiró el Werther, el propio Chateaubriand advirtió de la cantidad de hombres jóvenes que podían echarse a perder por la creencia de que ser escritor consistía en imitar una pose maldita. Un cortarse la oreja en vez de trabajar. En ese sentido, Julio Camba decía que la literatura, mal entendida, se convertía en una «profesionalización de la tara psicológica». Mucho de esto hay, en la hora de su muerte, en el elogio de la reclusión excéntrica de Salinger, como si eso, y no lo escrito, contuviera mérito literario. Leer a Salinger es recomendable. Pero resulta imprescindible hacerlo después de haber desbrozado los misterios anecdóticos que rodeaban la personalidad de un tipo probablemente insufrible que apenas se diferenciaba de Unabomber en que armaba textos en lugar de bombas. De lo contrario, cuajaría la idea equivocada de que ser escritor consiste necesariamente en encerrarse en una mansión más lúgubre que la cripta de Drácula, en beberse uno la propia orina, en tener una escopeta a mano para repeler a las visitas, y en ejercer una modalidad obsesiva del yoísmo basada en la misantropía y la renuncia a intervenir en los sucesos de su tiempo. Acepta eso, y el joven aspirante a escritor termina creyendo que traiciona un voto literario si no sufre mucho, todo el día, para procurarse la vanidad del inadaptado. Qué bobo prestigio, el de los adustos solitarios, el de los bordes de cabaña y cortina corrida. Uno siempre preferirá a los escritores vitales que salen al encuentro del mundo y que jamás dejan de saberse menos importantes que cuanto acontece.

David Gistau/elmundo.es

La timba

La timba

El día en que te vayan muy mal las cosas podrás contar con los dedos de la mano los que se queden a tu lado, me dijo un negro viejo en un baile, un negro que se las daba de psicólogo. El viejo me dio otro consejo que había aprendido en el burdel del barrio: “En esta vida primero tú, después tú y luego tú”. No es nada fácil aprender esta lección, añadió. Hay que ser un tipo duro, pero los de tu alrededor tendrán una ventaja, puesto que sólo siendo uno feliz se puede hacer feliz a los demás. Ignoro si estas cosas rudimentarias de la vida se enseñan también en Harvard. No estoy seguro si la psicología ha subido desde el burdel a la cátedra o, por el contrario, de la cátedra ha bajado al burdel y al mercado donde la gente manifiesta en los ojos todas las pasiones primarias acariciando con los dedos el dinero sudado antes de cambiarlo por el placer. Los despachos y gabinetes de algunas facultades anglosajonas huelen a un silencio de libros noblemente encuadernados y el suelo de madera cruje bajo los pies. Los profesores de psicología suelen tener un aire elegantemente devastado. En ese ambiente de estudio todo está preparado para que los alumnos privilegiados reciban las teorías más avanzadas sobre el comportamiento del alma humana, pero no es raro que esos profesores no sean tan coherentes como el negro que bailaba swing con una negra en aquella timba. Algunos profesores de psicología llevan una doble vida entre Erich Fromm y el alcohol y suelen tener escenas a cuchillo con su mujer en la cocina en el tedio de la tarde del domingo e incluso el emérito que el día anterior mandó un trabajo en clase acerca del conductista John Watson aparece por la mañana desnudo, erecto y asfixiado con la cabeza metida en una bolsa de plástico. Contando con que la vida, según Samuel Beckett, es un caos entre dos silencios, todo vale en la mota de polvo, que es este planeta perdido en el universo donde se celebra una fiesta de monos. Nadie sabe si la aurora extendía sus dedos de rosa sobre el mar antes de que llegara Homero o si ese color sólo era sangre y el poeta la convirtió en versos inmortales porque estaba ciego. En la timba la pareja de negros bailaba como si estuvieran unidos al fuego del fondo de la tierra. Sólo así se pueden dar consejos.

Manuel Vicent/elpais.es