Skyline, ¿otro Independence day?

Skyline, ¿otro Independence day?

En esta época de crisis de ideas generalizada que está viviendo el cine de Hollywood, hay que aprovechar cualquier rédito o fórmula que haya funcionado antes. Y los marcianos son una fuente inagotable. Sobre todo si tienes detrás cincuenta o sesenta películas (incluyendo serie B) que te avalan una buena taquilla cuando de lo que se trata es que vengan aliens a destruir el mundo humano.

Viendo el trailer de esta “Skyline” dudo mucho que a alguien no se le pase por la cabeza las naves, la idea, el guión y hasta los rayitos mortales de Independence day… Pero en esta ocasión en vez de explotar, los rayitos “abducen” gente… Ya la tenemos montada 😀

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Diez obras maestras… que nunca llegaron a rodarse

La historia del cine registra numerosos proyectos de enorme ambición que no pudieron salir adelante

TONI GARCÍA/elpais/cultura

Diez obras maestras... que nunca llegaron a rodarse

Ahora que Steven Spielberg se ha quedado compuesto y sin novia por culpa de Liam Neeson (que se ha largado con viento fresco de su proyecto sobre Abraham Lincoln) quizás sea un buen momento para repasar esas películas que sobre papel parecían un triunfo seguro y que finalmente acabaron besando la lona.

Ronnie Rocket, de David Lynch

En 1977, un año después de haber estrenado Cabeza borradora, David Lynch empezó a darle vueltas a la idea de hacer una secuela del filme. Lynch escribió un guión donde aparecía un ser deforme que había sido sometido a múltiples operaciones quirúrgicas contra su voluntad, incluida la implantación de una mata de pelo pelirroja. El personaje era secuestrado por dos cirujano-forajidos que le insuflaban vida pero que le provocaban un indeseado efecto secundario: necesitaba conectarse a un enchufe cada dos por tres. La acción se completaba con unos tipos llamados Hombres Donut, que vestían largas gabardinas negras y que explotaban cuando alguien les mencionaba que llevaban los cordones desabrochados. Los Donuts tenían terribles poderes y eran capaces de obligar a cualquiera que les cayera mal a comerse sus propias manos. Hasta Lynch reconoció en su momento que “quizás sea una película muy abstracta”.

Conclusión: el guión ahuyentó a los inversores y tras dos décadas de insistencia el realizador decidió dejar de lado el proyecto.

Dune, de Alejandro Jodorowsky

Sí, ya sabemos que el apenas mencionado David Lynch estrenó Dune en 1984 (en realidad era la versión de Dino de Laurentis, que redujo la versión del director de las seis horas hasta los 180 minutos -aunque existen dos versiones más, una de 137 y otra de 190) de la que sigue renegando a día de hoy. Sin embargo, y mucho antes de que Ridley Scott y David Cronenberg acabarán dándole calabazas al topoderoso Dino de Laurentis el legendario Alejandro Jodorowsky intentó llevar a la gran pantalla su propia versión de la saga de Frank Herbert. En ella Salvador Dalí ejercería de emperador, Dan O’ Bannon firmaba el guión y H.R. Giger (pintor e ilustrador, creador de Alien) se encargaría de dar vida a las criaturas. El delirante proyecto estuvo vivo unos años y cada uno de los implicados intentó sacar adelante el proyecto usando sus propios contactos, pero fue en vano. Los que leyeron el guión tacharon la cosa de “locura”.

Conclusión: si alguien se hubiera atrevido podríamos estar hablando de la película más salvajemente surrealista de la historia.

Spiderman, de James Cameron

En 1991, el mítico Stan Lee, cabeza visible de la editorial Marvel y James Cameron, ya un director reconocido por películas como Terminator y Aliens, se reunieron en Los Ángeles para hablar de la posibilidad de que el segundo se hiciera cargo de la adaptación cinematográfica de Spiderman. Al salir de esa reunión Lee declaró que no había mejor candidato posible para el proyecto que Cameron. En 1993 el realizador entregó su primer tratamiento y Lee declaró a la revista Premiere que “era magnífico, Cameron ha sabido capturar la esencia de Spiderman”. El guión primerizo del director mostraba a un joven Peter Parker enfrentado a una suerte de Electro (aquel villano capaz de manejar la electricidad con solvencia) y despertando a la pubertad, con influencias del mismísimo Kafka. En 1995 parecía que la cosa estaba al caer pero la lucha entre Sony, Carolco y MGM por los derechos se interponían entre el cazador y su presa. Cuando en febrero de 1999 un juez otorgó a Marvel la potestad para negociar un nuevo trato y esta se decidió por Sony, Cameron volvió a ser el favorito para ocupar la silla de director. Sin embargo, este dijo que su tiempo había pasado y así el proyecto pasó a dormir el tiempo de los justos.

Conclusión: el guión de Cameron, magnífico, puede encontrarse en la red e incluía una impresionante batalla final en las Torres Gemelas. Definitivamente, no va a poder ser.

Superman, de Kevin Smith

En 1996 Warner Bros se propuso dar un empujón a una de sus franquicias con más potencial, Superman. Para ello decidieron convocar a varios directores e invitarles a mostrar sus ideas para el proyecto. Kevin Smith (director de Clerks o Mallrats) fue uno de los que asistieron a esa reunión. El director, furibundo amante de los cómics, prometió entregar un tratamiento a la mayor brevedad. Finalmente acabó enviando a los estudios un guión de ochenta páginas donde, en resumen, Lex Luthor contactaba con una entidad extraterrestres, Brainiac, para que le ayudara a acabar con el Hombre de Acero. Una vez en la Tierra el alienígena descubría que Superman dependía del sol y trazaba un plan con Luthor para privarle de esa fuente de energía. En la película, el tipo de la capa apenas aparecía, no habían escenas de vuelo (Smith creía que el público ya no se creía lo de que un tipo pudiera volar) y Clark Kent hablaba y hablaba sin parar. A pesar de ello, parece que el guión era magnífico. Los jefazos del estudio decidieron que una película con tan poca acción era inconcebible y le dieron el finiquito a Smith y ficharon a Tim Burton. Ya de patitas en la calle Smith declaró: “¿A quién va apoyar Warner Bros, al tipo que hizo Clerks o al que ganó quinientos millones de dólares con Batman?”.

Conclusión: después de más de trescientos millones de dólares, nueve guiones distintos y cuatro directores la cosa acabó con Superman returns, de Bryan Singer. Como diría Bernd Schuster: “no hace falta decir nada más”.

Las cruzadas, de Paul Verhoeven

En 1997 el realizador holandés Paul Verhoeven estaba quitándose el mal sabor de boca que le había dejado Showgirls con el exitazo del que estaba disfrutando con la recién estrenada Starship troopers. En ese momento empezó a fraguarse en su cabeza la idea de llevar a la gran pantalla una super-super-producción sobre Las Cruzadas. Contactó con Arnold Schwarzenegger para que encabezara el reparto (interpretaría a Hagen, un ladrón metido sin desearlo en el embrollo de la Guerra Santa) y encargó el guión a Walon Green, el guionista responsable de Grupo salvaje, la obra maestra de Sam Peckinpah. En 1998 todo estaba listo, el libreto entregado, el reparto perfilado (con Charlton Heston, Robert Duvall o Jennifer Lopez acompañando al Governator) pero había un ligero problema: Verhoeven calculaba que necesitaría entre doscientos y trescientos millones para llevar a cabo el proyecto. Obviamente, allí se acabó la cruzada de Verhoeven. Sin embargo a principios de 2001 la película parecía haber retomado fuerza y varios inversores se mostraron interesados… hasta que en septiembre de ese mismo año un gigantesco atentado derribó las Torres Gemelas y de pronto lo de la Guerra Santa no pareció tan buena idea.

Conclusión: aunque en noviembre de 1998 todos coincidieron que el guión, que acababa de salir a la luz, era apabullante, el proyecto ha viajado al limbo de los olvidados.

El génesis, Robert Bresson

En 1963 el famoso director francés convenció a Dino de Laurentis de rodar una película sobre el Génesis. El rodaje empezó en Roma aquel mismo año, con de Laurentis husmeando por el set día si día también, lanzándose a la yugular del realizador y entrometiéndose en toda clase de decisiones creativas en las que no debía tener ni voz ni voto. Cansado del acoso Bresson se largó en menos de una semana llevándose su guión con él. Después pasó dos décadas intentando llevar adelante el proyecto por sus propios medios, encontrándose siempre con un muro de incomprensión y las consiguientes dificultades financieras. Aunque se rodaron algunas escenas estas nunca han sido vistas por el público y se rumorea que están cogiendo polvo en la caja fuerte de veterano productor italiano. Bresson murió en 1999 sin haber podido concretar su sueño.

Conclusión: nunca trabajes con Dino de Laurentis.

Proyecto sin título, Lars Von Trier

L’enfant terrible del séptimo arte se empeñó a finales de los 90′ en rodar su propia película sobre el holocausto. Sus productores le dieron luz verde y quisieron ver más con lo que el danés escribió un breve libreto sobre el tema, al que Von Triers daba -obviamente- un tratamiento hiperrealista. El realizador empezó entonces a confeccionar una lista de actores sobre la que empezar a trabajar y se la pasó al equipo de producción. Los problemas llegaron cuando el cineasta entregó también una lista de condiciones indispensables para trabajar: la construcción de un campo de concentración que siguiera fielmente los planos originales nazis y un periodo de seis semanas en el que los actores vivirían en el “set” (por llamarlo de alguna manera) y serían alimentados como presos para que tuvieran el aspecto famélico que requería el proyecto. Obviamente los productores se asustaron, los actores dijeron “no” y el realizador acabó dedicándose a tareas más provechosas.

Conclusión: nos quedaremos sin saber hasta donde hubiera podido llegar la combinación nazis + Lars Von Trier.

Kaleidoscope, de Alfred Hitchcock

A mediados de los 60′ Hitch se debatía en una especie de crisis creativa por el mal funcionamiento de sus últimas películas, especialmente de Marnie, la ladrona. Para superar la etapa el británico decidió lanzarse sin paracaídas a su proyecto más ambicioso: un filme rodado enteramente con cámara subjetiva (al parecer desde el punto de vista del asesino) sobre un maniaco homicida y violador que aterrorizaba Londres. El director pensaba utilizar detalles de crímenes reales y todo tipo de matices escabrosos (incluyendo un apuñalamiento estilo Psicosis) prometiendo su trabajo más oscuro. Además, un buen día el orondo director decidió que el protagonista sería gay. Con todo el mejunje ya mezclado los jefazos de MCA decidieron que aquello era una locura y que el rechazo al filme (con un reparto a base de desconocidos) sería generalizado así que rechazaron la película, sumiendo al realizador en una depresión.

Conclusión: ¿alguien duda de que hubiera sido maravillosa?

Napoleón, de Stanley Kubrick

En 1968 el genio decidió que su próximo proyecto sería Napoleón, una biografía del emperador, figura histórica por la que Kubrick estaba fascinado. Para ello recluto a Jack Nicholson, que haría a las veces de Napoleón Bonaparte, y empezó su particular recolección de datos. Veinte mil fotos, quinientos libros y un informe de la NASA -sobre el tiempo que hacía en Waterloo el día de la batalla -después, Kubrick se encontró con la negativa de su estudio habitual, la Metro Goldwyn Mayer. Seguramente la demanda del director por lo que se refería a los extras (afirmaba que necesitaba de 50.000 a 70.000 para lo cual ya había hablado con el estado mayor del ejército rumano) tuvo algo que ver, y aunque algunos historiadores mantienen que el presupuesto no sobrepasaba los seis millones de dólares de la época cuesta mucho creer que la cantidad bajara de las nueve cifras dadas las dimensiones del rodaje y del reparto, con más de cincuenta personajes moviéndose en escena. Kubrick acudió entonces a Warner, que le confesó que deseaban ardientemente trabajar con él pero que no estaban interesados en Napoleón. Finalmente el realizador abandonó el proyecto y se olvidó del pequeño gran hombre francés.

Conclusión: hay rumores de que Spielberg quiere convertir el tratamiento de Kubrick, de unas setenta y dos páginas, en una miniserie para televisión. Seguiremos informando.

Batman, de Orson Welles

En 1946 Orson Welles trató de acometer una versión de Batman, personaje que había nacido en 1939. El realizador estaba obsesionado con el héroe del cómic y quería ser el primero en llevarlo a la gran pantalla. Para ello había escrito un tratamiento y contactado con lo mejor de la época: George Raft sería Dos Caras; James Cagney daría vida a El Acertijo; Basil Rathbone sería El Joker, y -ojo al dato- Marlene Dietrich se pondría en la piel de Catwoman. La única duda llegaba con el personaje de Bruce Wayne/Batman ya que el estudio quería a Gregory Peck. Finalmente Welles cedió y rodó algunas escenas con Peck embutido en el traje de hombre murciélago. Todo fue de primera hasta que el estudio se asusto y cortó el grifo, con lo que el proyecto se fue al garete…

Conclusión: nunca hubo ningún Batman de Orson Welles. El rumor se lo inventó ese anarquista del cómic llamado Mark Millar (Kick Ass, Wanted) en una columna publicada en 2003 en la revista Comic Book Resources y pronto se convirtió en la comidilla de la red, que aún sigue especulando en cómo hubiera sido algo de ese tamaño y con un reparto semejante. Sea como fuere, no cabe ninguna duda de que hubiera sido la película de superhéroes más cool de la historia.

Diamonds are a girl’s best friend

Diamonds are a girl’s best friend

Cuando esto escribo, a Sari Gábor le debe quedar media hora de vida. Se encuentra en un hospital de Los Ángeles afectada de serio mal, propio de su edad. La actriz, nacida en Hungría el 6 de febrero de 1917, pasará a la historia como Zsa Zsa Gábor, una rubia —falso— espectacular —verdadero— que de manera ejemplar simboliza toda una generación de mujeres trepadoras, arribistas, exitosas, voluptuosas, del cine estadunidense, la televisión mexicana, el espectáculo español y puntos intermedios, en los que el atractivo visual y sexual garantizaron la validez de la canción que ronrroneaba Marylin Monroe, “los diamantes son el mejor amigo de una chica”, y el conocido adagio de que a la cámara se llega por la recámara.

A los puritanos les inquieta a veces el récord matrimonial de esa belleza de nuestra adolescencia que se llama Elizabeth Taylor, tantas veces matrimoniada, dos de ellas con Burton.

Zsa Zsa Gábor se casó nueve veces, nunca con el mismo. Entre ellos, el notable actor George Sanders —quien luego del divorcio se casó con su cuñada Eva— y el señor Conrad Hilton, de quien Zsa Zsa presumía generosidad en el divorcio: “Me dio cinco mil Biblias Gideon de las que tienen en los cuartos de sus hoteles”.

Su ingenio generoso y sincero en sus citas citables le ponen en la lista de mis favoritas: “Para una chica lista, los hombres no son el problema, son la solución”. Mejor aún, “nunca he odiado tanto a un hombre como para regresarle sus diamantes”.

La prostitución elegante, dignificada por el star system de Hollywood, encuentra en la señora Gábor su mejor expresión; si la ejercieron indudablemente Marylin Monroe y Grace Kelly, ellas nunca se ufanaron de ello. Zsa Zsa Gábor sí. “Yo soy una excelente ama de casa; cada vez que me divorcio, me quedo con la casa”. Cuando le preguntaron cuántos maridos había tenido respondió certera: “¿Te refieres aparte de los míos?”.

Entre los hombres de su historia, no necesariamente de su cama, hay que citar a John Huston, Vincent Minelli y el gran Orson Wells, directores de películas con ella. De las recámaras que visitó con fruición debe consignarse las de los padrotes dominicanos Porfirio Rubirosa o el bebé Ramfis Trujillo.

Uno sólo quisiera desear que muera feliz. Porque, Zsa Zsa dixit: “Tú no deberías presumir de bienes y riqueza, porque al final tendrás que dejarlo todo”.

Félix Cortés Camarillo

INK, LA ALEGORIA VISUAL PERFECTA

Hacía mucho, mucho tiempo, que no me topaba con una joya del cine como ésta… Últimamente, al terminar de ver una película, incluso si me había gustado, salía pensando… es una buena película, pero no es una obra maestra… Bueno, pues Ink es una de esas raras ocasiones en las que terminas la película, analizas lo que has presenciado y puedes decir… Coño, esto es una perla…

INK, LA ALEGORIA VISUAL PERFECTA
Ink, es una alegoría de la vida, una mezcla visual que engloba los demonios que todos llevamos dentro y las grandes sensaciones de felicidad… Una lucha entre los miedos internos y las alegrías y esperanzas que un hombre tiene…

Es una película que ha pasado desapercibida para las fastuosas alfombras rojas y que los internautas malvados con su pérfida piratería, han reivindicado como obra maestra, llevándola al lugar que le corresponde…

Una maravilla visual y sonora (joder, la banda sonora me tiene enamorado) que comienza de manera extraña… marcando puntos sueltos al azar al principio y que, con el paso de los minutos, te engancha… comienzas a unir esos puntos, se empieza a ver un todo conjuntado… La extravagancia se convierte en una experiencia completa… Una película contada de manera original, apasionada… perfecta.

Si no recuerdo mal, llevo más de 8 meses sin dejar en el Cine Irreductible una recomendación de película… Hasta ahora, y viendo el monótono panorama que nos ofrecían basado en remakes y superhéroes, apenas me había decidido por recomendar ninguna… Ya sabéis… Ves un trailer, te quedas alucinado con lo que promete y luego, termina siendo una decepcion…

Así que, ha sido una sorpresa encontrarme con esta Ink, así… sin grandes voces, sin grandes poster ni carteles, con un trailer sin explosiones ni efectos especiales… Una película callada que se ha vuelto todo un fenómeno cinematográfico gracias al boca a boca, a las recomendaciones de persona a persona como la que yo os lanzo desde aquí: Tenéis que ver esta película, recomendación irreductible.

CINEIRREDUCTIBLE

Cameron Diaz y los Sanfermines

Cameron Diaz y los Sanfermines

En la muy mala película Encuentro explosivo, Cameron Diaz hace muchos ridículos, acaso el mejor cuando desviste y reviste a Tom Cruise sin que éste se dé cuenta. Pero el error más imperdonable de esa cinta es suponer que en Sevilla se llevan a cabo los Sanfermines, lo que no puede creerse, menos cuando el filme se exhibe este mes en que conmemoramos al patrono de los “boteros, vinateros y panaderos”.

Quizá si el director Mangold se hubiese documentado mejor, sabría que en Pamplona, en julio, está bien visto “manchar al prójimo: generalmente nadie se mosquea porque el de al lado le manche; pero con esto entramos ya en terreno delicado: depende del cuándo y el cómo: en los grandes mogollones (Txupinazo, Riau-riau) te tiran agua desde los balcones, te ponen de champán y de otras cosas hasta arriba, y no digamos en la corrida”. Y así, la película habría sido más auténtica.

Ridiculizar a España como lo hace esa cinta puede que tenga perdón bajo los estándares de Hollywood. Pero no lo tiene a los ojos de una creciente sociedad que admira y consume la cultura española afuera de la península. Porque no sólo ganan en el deporte. Estos tíos han empezado a exportar su forma de vida, vino y tortilla de patatas incluidos.

Tómese el caso de latienda.com, un negocio noventero que se está convirtiendo en una de las ventanas más visibles para productos españoles en Estados Unidos, Canadá y ¡Europa! Así es, estadunidenses vendiendo jamón ibérico, paella, alcaparrones y queso manchego —entre otros 700 productos— desde su bodega de Virgina y enviándolo a San Diego o a Austin.

Latienda.com fue fundada por un marinero estadunidense. Hoy hace lo que el sistema de negocios bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no ha podido lograr: crear un sistema de abasto flexible que ya acumula 100 mil pedidos al año.

Ya en España se reflexiona sobre el fenómeno. Apuntan: “Las muchas bondades que ofrece nuestro país se suelen conocer allende nuestras fronteras gracias al impulso foráneo, ya que los nativos de Hispania poco nos preocupamos del tema. Aquí bastante tenemos con seguir enrollados en disputas autonómicas, combates dialécticos entre los políticos y demás zarandajas…”.

Suena familiar.

Carlos Mota/mileniodiario

INCEPTION… LA NUEVA PASADA DE NOLAN

Después de las dos secuelas de Batman cualquier cosa que haga Christopher Nolan es para recomendarla de cabeza y casi sin mirar… Aún así, me voy a contener… voy a frenar la euforia, pero algo me dice que Inception puede estar muy bien.

Por muchas razones… Nolan ya ha jugado en varias ocasiones con las diversas variantes en las que nuestro cerebro nos sorprende o nos aterroriza… y lo ha hecho bien, con mayor o menor éxito, construyendo toda una obra maestra en Memento, haciendo trucos imposibles en “The Prestige” o en los tonos blanquiazulados de Insomnia…

Nolan es el director a seguir… Olvidaos de Cameron y sus fugaces superproducciones, Nolan va a dar muchos y muy buenos momentos… Quiza lo estoy poniendo por las nubes, pero su carrera y sus películas por ahora lo están avalando.

Inception es su próximo estreno… Sueños, Ciencia Ficción, Leonardo diCaprio y un thriller sobre una empresa que consigue la tecnología necesaria para extraer información de los sueños de determinadas personas…

El trailer, una pasada…

Inception trailer from DMY on Vimeo.

Visto en: cine-irreductible.blogspot.com

El 09 de enero de este 2010 os presentaba por aquí Inception y lo hacía con el título de: “Inception, la nueva pasada de Christopher Nolan“. Bueno, yo aún no la he visto así que esperaré a opinar dentro de unos días, sin embargo hay un dato asombroso que tenía que compartir con vosotros: Inception se ha encaramado en el tercer puesto del ranking IMDB de mejores películas de la historia… Buff.

No sé si llega a tanto, no sé si supera a tantas y tantas obras de arte, pero sólo esta fulgurante ascensión al podium, al olimpo, al reinado del séptimo arte, se merece un respeto.

INCEPTION... LA NUEVA PASADA DE NOLAN

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¿Por que no llorar?

Me encanta el cine. Si algo puede mostrar mis sentimientos, es el cine. En la vida real tambien mis sentimientos afloran, pero tengo que decir que de diferente manera, no se, cualesquiera que sea la situacion, uno reacciona inmediatamente, responde a ese momento de tal y cual manera, no esta pensado. Pero, en mi caso particular, voy al cine a sabiendas que puedo llorar, reir, sentir un miedo atroz, en ciertas peliculas te culturizas, en otras la fotografia te incita a sacar la camara y…..¡orale!…….a tomar fotos, en otras la musica te mueve el corazon de tal forma, que te sientes capaz de cualquier cosa. En fin, amo el cine , las pocas peliculas buenas que se hacen compensan con creces,  las porquerias que te puedes encontrar tan a menudo.

En este final me emocione un huevo.

Esta otra escena no esta mal:

Alguien sigue loco en Internet

Ahora imaginemos que el año pasado, como si no tuviera dónde caerme muerto, fui a parar a la ciudad de Boulder, junto a las Montañas Rocosas, cerca de Denver, Colorado. Allí en ningún momento dejé de pensar en Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto, película interesante, no solo por el título. Recuerdo haber dado ya por sentado que tan anodino poblacho grande carecía de historia cuando, al descubrir su íntima relación con el mundo de Stephen King, que había ideado allí The shining (El resplandor), la novela adaptada por Kubrick al cine, comprendí de golpe por qué en la película Jack Torrance (Jack Nicholson) decía aquella frase tan enigmática: “¡Podría volver como un auténtico escritor y conquistar Boulder!”.

Alguien sigue loco en Internet

Hace unos meses, Torrance publicó en Nueva York un libro con esa frase convulsivamente repetida: ‘All work and no play…’

¿Quién no recuerda a Jack Torrance, el loco furioso de El resplandor, aquel hombre contratado para la labor de mantenimiento del vacío hotel Overlook durante los meses de invierno? Junto a su mujer Wendy y su hijo, que tiene un extraño poder de premonición, se instalan en ese gran caserón situado en una cumbre en medio de la nada, donde Jack piensa aprovechar para escribir una novela. La escena más memorable es aquella en la que confirmamos que la llegada de la nieve y el aislamiento han dejado en flagrante desequilibro mental a Torrance. Es una secuencia de puro terror metafísico. Wendy descubre que su marido ha estado tecleando convulsivamente una frase en la que se ha encallado y que repite con solo ligeras variantes: “All work and no play makes Jack a dull boy” (algo así como: “Solo trabajar y no jugar convierte a Jack en un muchacho aburrido”).

Se sabe que ese libro encallado de Jack Torrance, libro de una sola frase, fue escrito durante el rodaje por el propio Kubrick usando una máquina de escribir programable. Y se sabe menos que hace unos meses Torrance publicó en Nueva York un libro con esa frase convulsivamente repetida (“All work and no play…”). Bueno, Torrance no, claro. Lo publicó Phil Buehler, un tipo tan obsesionado con la novela monocorde de Torrance que, convirtiéndose en el Pierre Menard del libro de Kubrick, terminó por escribirla él mismo y autopublicarla, aunque haciéndosela firmar al personaje de Stephen King y de Kubrick.

El libro contiene 80 páginas con combinaciones de la misma frase. Las primeras reproducen lo que la película muestra, es decir, las formas escalonadas que toman los epígrafes de Torrance. A partir de ahí, teniendo en cuenta que Kubrick ya no mostró el resto de su atrancado fraseo, Buehler se vio obligado a improvisar.

“Pensé: si se sigue volviendo loco, ¿qué aspecto irían teniendo esas páginas? Así que pasé de las escaleras a los zigzags y las espirales, y en definitiva a cualquier forma posible con una máquina de escribir”, explicó Buehler, que admitió haber quedado bloqueado, al borde de la locura y de la demencia alucinatoria, en la página 60, pero aun así, a trancas y barrancas, entre zigzags y espirales, haber logrado llegar a la 80 y cumplir con lo que se había propuesto.

Colgó el anuncio de su autoedición en la página web de Blurb y los mil ejemplares de los que disponía se agotaron en dos días. La gente, desde entonces, le pide reediciones, quieren tener en casa este libro que él, con vanidad y osadía, ha llegado a situar “en la línea de las novelas de Samuel Beckett”.

Sea como fuere, el caso es que Jack Torrance sigue loco, ahora en Internet, y ha dejado de ser un personaje de ficción para convertirse en un interesante novelista debutante. Habrá que esperar a su segundo libro para saber si el copista de Kubrick es escritor de una sola frase, incapaz de ir más allá de ella, o bien un consumado artista de la palabra, capaz hasta de volar sobre el nido del cuco de la extrema locura de la terrible Boulder; alguien, por ejemplo, preparado para volver a esa ciudad convertido en un auténtico escritor, y conquistarla.

Enrique Vila-Matas

Marisol, la emoción rubia

Marisol, la emoción rubia

En la castigada memoria de este cronista permanece con un brillo imborrable el día que recibió un beso de una Marisol adolescente, en una de las fiestas navideñas que organizaba el productor Cesáreo González para los niños de la industria cinematográfica de la época. ¿Quién no amaba a Marisol por entonces, incluso con una ciega pasión infantil? Era algo más que la novia de España, un rayo luminoso en un país cetrino, sombrío y velado en gris. La emoción rubia en un panorama renegrido e infecundo.
Una dorada alegría rebelde, una catarsis, un alboroto, la naturalidad de un talento pleno de frescura y fulgor. ¿En realidad era tan desgraciada a escondidas como luego ha contado? La vida es una tómbola llena de sorpresas, pero aquella criatura era algo más que un fenómeno resplandeciente y asombroso, superaba la etiqueta de prodigio que se encasquetaba a la niñez cantora de esos tiempos para alcanzar la categoría de mito. Mientras ella crecía, crecía a su vez el sueño de la libertad del público.
Su evolución, desde la chiquilla revoltosa mimada por el franquismo a la moza moderna pop y minifaldera abierta al amorío, hasta llegar a la joven subversiva de la voz profunda, la transición de Marisol a Pepa Flores corrió paralela a la historia de nuestro país hasta la llegada de la democracia. Su aparición desnuda en una revista provocó una conmoción nacional que sirvió de espejo y detonante de una sociedad en metamorfosis. Su posterior exilio voluntario de la farándula sólo ha engrandecido su leyenda y las ganas de ir a su restaurante italiano en Málaga para cruzarse en la noche con la canción honda de su mirada.

Jorge Garcia Berlanga/larazon.es
Me atrevo a afirmar que algunas de sus películas pueden considerarse clásicos imperecederos de nuestro cine. «Un rayo de sol», «Tómbola», «Las 7 bodas de Marisol» siguen produciendo un feliz efecto magnético en el espectador. Productos impecables con una estrella de radiantes facultades dentro. No envejecen, como permanecen vivos los componentes de un hechizo eterno. Porque el arte deslumbrante de Marisol no lo puede negar ni la mismísima Pepa revisitada. La querremos siempre.