El motivo por el que las tropas del Afrika Korps de Rommel comieron caca de camello

Desde hace siglos ha habido varios tratamientos escatológicos para varias dolencias. Las heces de camello fueron consumidas para combatir la disentería en África del Norte, durante la Segunda Guerra Mundial

La tripulación de un carro de combate alemán come en el desierto africano, en 1942
La tripulación de un carro de combate alemán come en el desierto africano, en 1942 – Bundesarchiv

Pedro Gargantilla

Nuestro Diccionario de la lengua española recoge dos acepciones para el término escatología, la primera referida con las creencias y doctrinas concernientes a la vida de ultratumba. En este sentido la escatología estudia la muerte y lo que hay en el más allá.

En su segunda acepción se refiere a lo perteneciente a los excrementos y las suciedades –del griego skor, excremento-. Será precisamente a esta acepción a la que nos referiremos a lo largo de todo el artículo.

La oscura profundidad de nuestro intestino, privada de oxígeno, alberga un universo excepcionalmente rico en microoganismos que interactúan entre ellos como si de una selva tropical o de arrecifes coralinos se tratase.

Durante décadas han sido numerosos los esfuerzos que se han realizado para conocer los entresijos de nuestra microbiota, en aras de mejorar los tratamientos disponibles o conocer la etiopatogenia de algunas enfermedades, inicialmente digestivas.

En este momento disponemos de muchos datos y hay líneas de investigación encaminadas a conocer qué papel pueden desempeñar nuestras bacterias intestinales en enfermedades tan dispares como el alzhéimer o determinados tipos de cánceres. Sin embargo, hace apenas unas décadas este ecosistema era un verdadero desconocido.

Caca de camello en el Afrika Korps

El segundo frente más importante de la Segunda Guerra Mundial, después del oriental, fue África del Norte. Durante casi tres largos años fue el escenario de importantes batallas que acabarían decantando la balanza hacia el lado de los aliados.

El ejército nazi del Africa Korps, además de tener que hacer frente a las tropas enemigas, tuvo que luchar contra las enfermedades digestivas, especialmente contra la disentería. En aquella época no había antibióticos para combatirla y el azufre que se vendía de estraperlo era para uso tópico.

Las tropas comandadas por Rommel descubrieron que los beduinos tenían una curiosa manera de hacer frente a este mal: consumiendo heces fecales de camello. Curiosamente, con las deposiciones del artiodáctilo la diarrea desaparecía en cuestión de horas. Eso sí, había que ingerirlas lo antes posible, en cuanto los camellos satisfacían sus esfínteres, calentitas como el pan recién horneado.

Tiempo después se descubrió que este tratamiento tan escatológico tenía su explicación, el excremento fresco de los camellos contenían una bacteria –Bacillus subtilis– capaz de vencer la infección.

La poco apetitosa sopa amarilla de dragón

Posiblemente, el primer tratamiento escatológico, en su sentido amplio, se remonta al siglo IV de nuestra era, cuando un médico chino –Ge Hong- administraba material fecal de «donantes sanos» para tratar diarreas severas.

A esta solución de heces humanas la bautizó como «sopa amarilla de dragón», un bonito eufemismo que no hacía otra cosa que enmascarar un tratamiento poco apetitoso.

En el Zhou Hou Bei Ji Fang, considerado el primer tratado chino de medicina de urgencias, se describe este tratamiento y su efectividad en las intoxicaciones alimentarias. Los resultados eran espectaculares y en algunos casos los enfermos se salvaron de una muerte segura.

La siguiente referencia la encontramos en el siglo XVI –durante la dinastía Ming–, cuando otro médico (Li Shizen) recomendaba suspensiones fecales –bien fermentadas o frescas– y heces secas para tratar enfermedades abdominales. Este galeno rebautizó el tratamiento como «jugo dorado».

En el siglo XVII, ya en el Viejo Continente, el médico italiano Fabricius Aquapendente se refería a este tratamiento como «transfaunación» y lo recomendaba especialmente para tratar determinadas enfermedades abdominales en el campo de la veterinaria.

Afortunadamente, las terapias médicas han evolucionado a hombros de gigantes desde entonces. En estos momento el trasplante fecal ya es una realidad y se puede realizar a través de diferentes vías: colonoscopia con sedación, enemas, sondas nasogástricas o mediante cápsulas previamente concentradas.

El siguiente reto que debemos afrontar, en esta línea de investigación, es disponer de modernos bancos de heces, que permitan ofrecer un transplante más personalizado e incluso autotransplantes de microbiota.

https://www.abc.es/ciencia/

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Por Animal Gourmet

frutas con más azúcar

Las frutas con más azúcar en ocasiones nos pueden intimidar y más ahora con dietas que restringen el consumo de carbohidratos. ¡No te asustes! Son ingredientes aliados y te platicamos por qué.

Definitivamente, el exceso de azúcar es un inconveniente hablando de salud pero no todo es malo hablando de este endulzante y mucho menos cuando es natural.

Aunque no lo creas, hay una estrecha relación entre el consumo equilibrado de fruta y una disminución en el riesgo de enfermedades asociadas con la obesidad. Esto es por la fibra que aportan, la cual ayuda a sentirte satisfecho y a evitar que el azúcar en la sangre se dispare.

Como tip de decimos que cuando consumas frutas con más azúcar combínalas con ingredientes que las equilibren como crema de cacahuate o yogurt griego.

Frutas con más azúcar

Chabacano

Azúcar total: 1 taza en rodajas, 15.3 g

Fibra: 3.3 g

Hay una diferencia abismal en la azúcar que tiene un chabacano fresco y uno seco o cristalizado. Si eliges comer el fresco tendrás un plus de vitamina A y potasio.

frutas con más azúcar

Toronja

Azúcar total: 1 taza de gajos 15.9 g

Fibra: 3.7 g

Sí, tiene bastante azúcar pero también está llena de vitaminas y antioxidantes, con media toronja está perfecto tu consumo.

frutas con más azúcar

Kiwi

Azúcar total: 1 taza en rodajas, 16,2 g

Fibra: 5.4 g

Te tenemos una sorpresa, la cáscara del kiwi se puede comer, ¡sí!

Tiene una gran cantidad de fibra que reduce el colesterol además de antioxidantes y vitamina C. Si sufres insomnio, es un gran aliado para conciliar el sueño.

frutas con más azúcar

Piña

Azúcar total: 1 taza en cubos, 16.3 g

Fibra: 2,3 g

Tiene bastante azúcar, por lo que te recomendamos comerla en porciones pequeñas; para nuestra buena suerte, la piña es rica en manganeso, un elemento esencial para la producción de energía.

frutas con más azúcar

Ciruela

Azúcar total: 1 taza en rodajas, 16,4 g

Fibra: 2,3 g

La ciruela tiene la gran ventaja de tener compuestos fenólicos que ayudan a prevenir el síndrome metabólico que aumenta las enfermedades relacionadas con obesidad.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Naranja

Azúcar total: 1 taza en gajos, 16,8 g

Fibra: 4.3 g

¿Sabías que ingerir vitamina C antes de un entrenamiento disminuye los dolores musculares? ¡No le tengas miedo! es un aliado para una vida saludable.

Otra de las ventajas es que es una gran fuente de selenio, que ayuda a acelerar la tiroides y aumentar el metabolismo.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Cerezas

Azúcar total: 1 taza, 17,7 g

Fibra: 2.9 g

Las cerezas son una dulce fruta de verano y aunque son pequeñas tienen una gran cantidad de potasio que ayuda a controlar la presión arterial. También contienen antioxidantes que nos protegen de enfermedades cardiovasculares.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Plátano

Azúcar total: 1 taza, en rodajas, 18,3 g

Fibra: 3.9 g

Los plátanos son una de las frutas con mala fama pero es momento de quererlos de nuevo.

Los nutrientes del plátano ayudan a conciliar el sueño, desarrollar músculo y quemar grasas. Piénsalo dos veces antes de decir que no.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Mandarina

Azúcar total: 1 taza en gajos, 20,6 g

Fibra: 3.5 g

El aroma a la mandarina anuncia la llegada del otoño y también que el año está por terminar.

No solo es de nuestras consentidas, tiene vitamina B12 que es responsable de la salud del cabello, por si acaso buscas algo que ayude a reducir la pérdida o retrasar la aparición de canas.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Mango

Azúcar total: 1 taza en cubos, 22.5 g

Fibra: 2.6 g

Además de ser delicioso, está lleno de vitamina A, B6 y C que protegen los ojos, el corazón y mejora nuestro sistema inmune.

A pesar de ser una de las frutas con más azúcar, tienen una gran cantidad de antioxidantes que son un aliado para prevenir el cáncer.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Uvas

Azúcar total: 1 taza, 23,4 g

Fibra: 1,4 g

El dolor de cabeza que te queda después de tomar un par de copas de vino se debe a la cantidad de azúcar de las uvas. No te angusties, vale la pena por todos los antioxidantes.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Granada

Azúcar total: 1 taza, 23.8 g

Fibra: 7.0 g

El jugo de granada normalmente no necesita edulcorantes añadidos por su gran contenido de azúcar no solo eso, tienen una cantidad importante de vitamina C que nos ayuda a tener una piel radiante.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Higo

Azúcar total: 1 taza, 29.3 g

Fibra: 5.2 g

El higo es perfecto para ponerlo en tartas, galletas y pasteles ¡y cómo no con su gran contenido de azúcar! Los higos tienen prebióticos, vitaminas A, E, K, calcio y magnesio.

Te dejamos con un antojo: envuelve mitades de higos en jamón serrano y queso de cabra, es un equilibrio perfecto de sabor.

¡ENERGÍA INSTANTÁNEA! TE DECIMOS CUÁLES SON LAS FRUTAS CON MÁS AZÚCAR

Dieta mediterránea para perder peso: los alimentos que la componen y 51 recetas para incluirlos en tus menús

Entre las dietas que verdaderamente ayudan a deshacernos de los kilos de más sin poner en riesgo la salud sino todo lo contrario, se encuentra la dieta mediterránea. Si quieres perder peso de la mano de esta alternativa, te contamos los alimentos que componen la dieta mediterránea y 51 recetas para incluirlos en tus menús.

La dieta mediterránea para adelgazar

La dieta mediterránea es propia de la región del mediterráneo pero no como es habitual en la actualidad sino como se consolidaba en los años 60, basándose en alimentos locales y de temporada entre los que predominan frutos secos, frutas y verduras, cereales, semillas, patatas y legumbres.

Entre las fuentes de proteínas animales predomina el pescado y las carnes de ave siendo mínima la cantidad de carnes rojas que se presentan en la misma.

Las fuentes de grasas son ante todo insaturadas y derivadas principalmente de aceite de oliva extra virgen así como de frutos secos y semillas.

Por la calidad de esta dieta que aporta grasas que ayudan a perder pesoy sus proteínas así como su riqueza en fibra que brinda saciedad, esta dieta se ha asociado a menor peso corporal y se considera de utilidad para prevenir el sobrepeso y la obesidad.

Asimismo, pasarnos de una dieta occidental a una dieta mediterránea implicaría incrementar grasas insaturadas y reducir saturadas, lo cual puede conducirnos a un descenso de peso a largo plazo como señala un estudio publicado en The British Journal of Nutrition.

Los alimentos propios de la dieta mediterránea

Por todo lo antes dicho la dieta mediterránea puede ser de mucha ayuda al momento de perder peso y por lo tanto, si deseamos llevarla a cabo, estos son los alimentos que debemos escoger en nuestro día a día:

Aceite de oliva extra virgen

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Es el ícono de la dieta mediterránea, la principal fuente de grasas de la misma y muy rico en grasas monoinsaturadas. Además, es un alimento con efecto antiinflamatorio en nuestro cuerpo que puede beneficiar en muchos aspectosnuestra salud y ayudarnos a adelgazar.

Con aceite de oliva extra virgen podemos elaborar desde aliños para nuestras ensaladas hasta salteadosconservas caseras o una deliciosa y sana crema para untar nuestras tostadas en el desayuno.

Frutas frescas

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Las frutas deben ser de temporada y en lo posible de producción local, constituyendo así una excelente fuente de fibra, vitaminas y minerales además de aportar hidratos de buena calidad al organismo.

Ante todo priorizaremos frutas fresas que podemos consumir entre horas o como postre sano, aunque también podemos incluir las mismas en tortitas o porridgepara el desayuno, tostas para el aperitivo, muffinsgalletas y postres saludables como pueden ser unas brochetas o un mousse de fresas.

Verduras varias

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Junto a las frutas, los cereales y el aceite de oliva se recomiendan como base de la dieta mediterránea y su consumo debería alcanzar las tres raciones diarias o más.

Aunque siempre son opciones nutritivas, las verduras frescas son las más aconsejables pudiendo incluir las mismas en una ensalada o bien, en un salteado, una tartaalbóndigashamburguesastortitas, una salsa para pasta o una ligera y saciante tortilla.

Nueces y otros frutos secos

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Los frutos secos son otras de las opciones para sumar grasas sanas a la dieta, pero además, aportan fibra y proteínas vegetales que sacian con facilidad y exigen masticación al organismo.

Su consumo puede estar limitado a un snack saludable o bien, podemos incluirlos en unas galletas o smoothie bowl para el desayuno, un aperitivo, un bizcocho o en una base de tarta en reemplazo de harinas refinadas.

Pescado

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El pescado es un alimento de producción local que se recomienda como fuente de proteínas en la dieta mediterránea. Pero si escogemos pescado azul o con mayor aporte de grasas, estaremos obteniendo omega 3 que es un gran aliado al momento de perder peso.

Por ello, recomendamos escoger pescados varios acorde a la temporada del año que transitamos. Podemos elaborar desde un salmón al horno o un atún a la plancha, hasta hamburguesasalbóndigascanelonestacosensaladasbrochetasguisos o tostas para el aperitivo.

Semillas

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Las semillas son fuente de grasas poliinsaturadas de origen vegetal, pero también ofrecen fibra, antioxidantes, proteínas vegetales y micronutrientes varios.

Son alimentos de excelente calidad de los cuales podemos incluir diferentes ejemplares en crackerssalteadospanesdesayunos y ensaladas.

Granos enteros

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Los cereales integrales representan la base de la alimentación mediterránea y resultan fuente de hidratos de buena calidad para el organismo. Podemos optar por arroz o trigo integral y derivados, así como también por avena, maíz, centeno u otros cereales.

Entre las recetas que recomendamos probar se encuentran un salteado de arroz integral con lentejas y vegetalesensalada de cuscús integral con lombarda y granadapasta integral con verduraspan casero integral de centeno y espelta o bien, unas barritas o tortilla de avena para el desayuno. 

Legumbres

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Son junto a los granos enteros, frutas y verduras las principales fuentes de hidratos de la dieta mediterránea resultando alimentos muy saciantes y de utilidad al momento de adelgazar.

Con legumbres podemos elaborar desde ensaladas, hasta un clásico potaje, salteados, hamburguesasalbóndigascremas para untarhummus para el aperitivo, tacos y otras recetas saludables.

Estos son los alimentos que componen la dieta mediterránea y 51 recetas para incluirlos que pueden ayudarte a perder peso.

Imagen | Pixabay y Pexels

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Aguacate, ¿salud o moda?

“Con todo lo que aporta, difícilmente podemos decir que el aguacate no sea sano, ¿no? (…) Sin embargo ningún alimento es sano por sí solo. ¿Quieres saber por qué? Sigue leyendo”…

Aporte nutricional del aguacate
Aporte nutricional del aguacate | Pixabay

Luis Alberto Zamora

No hay cuenta de Instagram de un buen foodie o “entendido” en nutrición, ya sea profesional de verdad o un “coach” que nos da sus consejos de alimentación para estar como ellos (de las horas que está en el gimnasio parece que no nos habla), que no tenga una tostada o una ensalada, bien colocadita para la foto, que no tenga un aguacate como protagonista. Es el fruto del momento. Un presunto crisol de propiedades y nutrientes. El oro verde. Y lo de oro no solo se refiere al valor nutricional, si no también a su precio en el mercado. Pero nadie dijo que la salud iba a ser barata.

Hace unas décadas era un gran desconocido en Europa. Algo exótico y que se veía rara vez en los supermercados. Hoy en día no falta en cualquier rincón donde se venda fruta y verdura. Tal es su popularidad en Europa, que se calcula que en México crece su producción y venta un 15% cada año. De hecho, en Estados Unidos se calcula que cada habitante consume al año 30 kilos de aguacate.

¿Qué aporta el aguacate?

Superalimento. Ni más ni menos es el adjetivo que se la ha puesto a esta fruta. Siguiendo la estela de Marvel o DC Comics. De él se dice que baja el colesterol, que es antioxidante y que aporta más potasio que un plátano (¡que un plátano! Pero, ¿había otra fruta que nos aportara potasio? -ironía-) ¿De verdad es tan maravilloso este alimento? Si nos fijamos en una tabla de composición de alimentos (esos libros y bases de datos que tanto consultamos los nutricionistas, donde está la composición de todos los alimentos que nos llevamos a la boca) vemos que, efectivamente y como estabas pensando, es una fruta que es muy rica en grasa. Concretamente en ácidos grasos monoinsaturados (los buenos, los que bajan en colesterol LDL y suben el HDL). Pero es que además contiene vitaminas como la A, la E o la vitamina C, grandes antioxidantes que neutralizan los radicales libres en nuestro cuerpo (entre otras cosas).

De minerales tampoco anda corto. Además de aportar casi 400 mg de potasio por cada 100 gramosde aguacate, nos aporta calcio (perfecto para los huesos), magnesio (un buen aliado para combatir el cansancio y la fatiga) y fósforo (también bueno para los huesos o para el rendimiento intelectual). Vamos, un revitalizante en forma de fruta y que encima está muy bueno, con esa textura que tanto nos encanta para untar en las tostadas de por la mañana.

¿Es sano el aguacate?

Con todo lo que aporta, difícilmente podemos decir que el aguacate no sea sano, ¿no? Además, toda la propaganda y artículos, vídeos y post que se le han dedicado parece que coinciden: el aguacate es el alimento de moda en todas las dietas sanas y saludables. Y como esto es España, si el aguacate es sano, pues dos aguacates al día y frescos como una rosa. Puede ser una manera de verlo. Pero otra, la que por lo menos a mí me enseñaron cuando estudiaba nutrición, y la que muchas veces se pone de manifiesto cuando se hacen estudios científicos es que ningún alimento es sano por sí solo. ¿Ninguno? Ninguno.

¿Cómo puede ser esto posible? Fácil. Imaginemos el contexto y tendremos la respuesta. Por muchos aguacates que comas, si el resto de tu alimentación es desastrosa, lo siento, pero no tiene el poder de corregir lo que estás haciendo mal. Es decir, que esa ensalada a la que has añadido aguacate si, además, también lleva salsa césar, unos croutons de pan tostado, lascas de queso parmesano (valga la redundancia, porque la salsa césar ya lleva queso parmesano), beicon frito, un buen puñado de nueces (de esos que se cogen haciendo “cuenco” con la mano) y un largo etcétera de cosas, poco puede hacer el aguacate para arreglar semejante bomba de calorías y grasas juntos. Vamos, que al final lo verde casi está de forma testimonial para decir que eso que tomas es una ensalada.

Aguacate, ¿salud o moda?
Comparatia nutricional | Pixabay

De repente, hemos convertido un presunto “superalimento” en un plato que puede llegar a engordar más que una hamburguesa con queso. Sí, como lo oyes, que una hamburguesa con queso. ¿Para que me sirve este ejemplo? Para recordarte algo que deberíamos tatuarnos todos cuando hablamos de nutrición: los alimentos no son sanos o insanos por ellos mismos. Lo que es sana o insana es la alimentación. Es decir, lo que comes durante el día, la semana, el mes, durante el año, … Es lo que al final, haciendo cuentas, es sano o no. Lo que nos hace engordar o no. O lo que hace que seamos más propensos a que aparezcan enfermedades asociadas a una mala alimentación.

Puede que desde aquí hayas dejado de leer. Pero, esto que parece de perogrullo, parece que se nos olvida cuando decimos que el aguacate es sanísimo o que el azúcar es malísimo. Todo dependerá de dónde pongamos ese aguacate, o de dónde venga o de la cantidad de azúcar que consumamos.Resumen: los superalimentos no existen. Y el aguacate no es una excepción. Ahora bien, no te desanimes ni desesperes. Es verdad que existen ciertos alimentos que nos ayudan más que otros a hacer una dieta equilibrada, variada y suficiente (¿cuántas veces has oído que hay que comer así pero no sabes a qué se refiere exactamente?). Y el aguacate puede ser uno de estos.

Si tiene tanta grasa, ¿por qué no engorda?

No todo son calorías y grasas en la nutrición. De hecho, hay una frase que dicen algunos de mis compañeros dietistas que me encanta: no cuentes calorías, haz que las calorías cuenten. Me gusta porque es verdad que no todas las calorías son iguales. Unas vienen cargadas de nutrientes y otras vienen “vacías”, es decir, que no aporta nada más que energía.

Lo de no contar calorías no lo veo tan claro, ya que podemos caer en el otro extremo: como algo es bueno y no nos preocupan las calorías, pues nos lo comemos a puñados. Por ejemplo, las almendras tostadas sin sal. Es verdad que aportan grasas cardiosaludables y una buena ración de vitaminas y minerales. Pero si nos comemos medio kilo cada día, ya te digo yo que te van a contar las calorías, y mucho.

¿Qué hacemos entonces? Comer aguacate, pero con cabeza. Medio al día. El otro medio puede echarle un poquito de limón por encima para que no se oxide, guardarlo en una fiambrera y, ¡a la nevera! Que hasta mañana te aguanta. Y si se oxida, tampoco pasa nada porque se puede comer perfectamente.

De hecho, investigaciones con esta cantidad de aguacate parece que reducen hasta en un 40% el deseo de picar algo las 3 horas siguientes de comerlo. O lo que es lo mismo: el aguacate es un saciante maravilloso. Hecho que compensa la cantidad de calorías que aporta (es de las frutas que más calorías aporta). Pero si comemos medio, y encima me evita los paseos procesionales de ida y vuelta a la nevara, las calorías que aporte, bien aportadas están.

¿Y la grasa que aporta? Como ya habrás leído por todo internet, es grasa cardiosaludable. Lo que quiere decir que, en sustitución de otro tipo de grasas (de nada sirve comer grasas no cardiosaludables y, además, ponernos hasta las cejas de grasas “buenas”), previene la aparición de posibles enfermedades cardiovasculares. Pero es que también la grasa retrasa la aparición del hambre, por lo que doble acción de evitar el visitar la despensa de casa “a ver qué tenemos”.

Por lo tanto, aguacate si, pero dentro de una dieta equilibrada y una cantidad razonable. Porque cada vez que oigo decir a alguien, todo orgulloso de él, “yo cada día me como dos aguacates como mínimo, porque son muy sanos”, una parte de mi cerebro llora amargamente y piensa: “pero, ¿qué estamos enseñando a la gente los dietistas-nutricionistas?”

https://www.lasexta.com/el-muro

Es normal que los niños odien las verduras: los mecanismos evolutivos tras la aversión a las plantas y los que nos hacen superarla

JAVIER JIMÉNEZ@dronte

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“No quiero”, “no me gusta”, “no pienso comérmelo”. Parece una broma pesada, las verduras son, con diferencia, uno de los alimentos más saludables y versátiles que tenemos, pero la aversión que los niños sienten por ellas es un clásico de todas las cocinas, restaurantes y comedores escolares. Y aunque podríamos pensar que es producto de un puro y sencillo condicionamiento social, las últimas investigaciones apuntan a justo lo contrario. Los niños vienen así de fábrica.

La explicación es que aunque ahora, en el mundo moderno, parece que solo existen dos tipos de plantas: las decorativas y las que vienen cortadas, lavadas y listas para comer; durante el 99% de nuestra vida en la Tierra los vegetales fueron una parte fundamental del día a día de la humanidad. Por eso, si queremos encontrar respuestas a nuestra complicada relación con lo verde, puede ser buena idea mirar un poco más atrás.

Peligros difíciles de detectar, pero fáciles de evitar

Luis Del Rio Camacho Nadef7yjb Q Unsplash

Las plantas siempre han sido un problema evolutivo. Durante millones de años han sido la base de nuestra alimentación, pero ¿cómo determinar qué plantas se pueden consumir y qué plantas son peligrosas? ¿Cómo podemos saber si una planta no será útil o no? A simple vista, como explica Annie E Wertz, es una tarea entre muy complicada y directamente imposible. Incluso a escala comarcal, no existen características morfológicas comunes a todas las plantas comestibles ni tampoco hay pistas claras que nos digan cuáles son tóxicas o peligrosas.

Esta dificultad para detectar la presencia de toxinas, hace que el método de prueba error sea especialmente peligroso. Tampoco sirve el uso de reglas generales como “evitar flores blancas” o “las frutas rojas son comestibles”. Comer, nos dice Wertz, es mucho más complicado de lo que parece.

Por eso, en este tipo de circunstancias parece razonable pensar haya fuertes presiones evolutivas para favorecer la emergencia de mecanismos y estrategias que nos ayuden a resolver el problema. Está muy documentado el hecho de que las plantas han “estructurado la fisiología y el comportamiento de muchas especies animales”. No sería nada raro que nos pasara algo similar.

Wertz teorizó que podría existir una colección de sistemas cognitivos que maximizaran la eficacia de los niños y los bebés en el “aprendizaje de plantas y la evitación de toxinas naturales”. La idea de Wertz es que, como las toxinas de las plantas son difíciles de detectar, pero fáciles de evitar, la mejor estrategia evolutiva sería minimizar el contacto físico (de cualquier tipo) con ellas. La evolución habría hecho que las plantas nos aburrieran sobremanera.

En un trabajo recién publicado, el equipo de Wertz descubrió que, efectivamente, los bebes son reacios a tocar plantas en comparación con otros tipos de objetos. Además, tienden a evitar por igual las plantas de aspecto benigno y las plantas de aspecto amenazador lo que sugiere que, como señalaba su teoría, no discriminan entre distintos tipos. Al fin y al cabo, de poco iba a servir.

La ceguera a las plantas

Stephen Andrews Mt9kmk918d4 Unsplash

Stephen AndrewsPero la cosa va más allá. Como dice el biólogo Antonio J. Osuna, esto podría estar detrás de lo que se conoce como “ceguera a las plantas”. Aunque puede sonar un término un poco fuerte, la idea de la “ceguera a las plantas” fue introducido en 1998 por James Wandersee y Elizabeth Schussler para responder a una pregunta tan sencilla como poco evidente: si las plantas tienen un papel fundamental en la vida de la Tierra y son los “principales mediadores entre el mundo físico y el biológico”, ¿por qué la mayoría de las personas tienden a apreciar a los animales mucho más que a ellas? ¿por qué tanta gente tiene problemas para recordarlas, apreciarlas o incluso para apreciar sus propiedades estéticas?

Soy consciente de que puede resultar una idea extraña, pero existen numerosos ejemplos en los que se puede entrever que el valor social que atribuimos a los animales es muy superior al de las plantas. Y esa diferencia lleva más de dos décadas intrigando a los especialistas.

Además de posibles sesgos educativos y sociales, Wandersee y Schussler sostenían que esta “ceguera” está motivada principalmente por la naturaleza del sistema de procesamiento de información visual de los seres humanos. Según estos autores, ante la imposibilidad de procesar toda la información que entran por los ojos nuestros sistemas perceptivos se concentran en buscar movimientos, colores y patrones visibles que puedan ser amenazas potenciales. En la misma lógica que el trabajo de Wertz, las plantas (por estáticas) recibirían un menor interés evolutivo que los animales.

¿Nace de estos mecanismos la aversión de los niños a las plantas?

Christian Hermann Mpr5qrn9rjm Unsplash

Christian Hermann

Y es que tanto los alimentos como los materiales vegetales de uso cotidiano son elementos que entran en contacto con los bebes de forma habitual. Por ello, debía de haber mecanismos para regular el aprendizaje sobre ellos. Investigando esto, Wertz se dio cuenta de que los niños pequeños (6-18 meses) prestan especial atención cuando ven a un adulto comiendo vegetales o interactuando con ellos. Su sorpresa es mucho mayor que cuando interactúan con otros animales u objetos.

Según sus datos, a partir de los 18 meses, los niños usarían la información sobre la seguridad de las frutas, verduras y plantas para generalizar poco a poco esas actitudes positivas hacia plantas similares. Esta combinación de aprendizaje social y reglas de generalización muy restrictivas evitarían, según Wertz, que los bebés ingirieran plantas tóxicas.

¿Están estos mecanismos detrás de la aversión de los niños a las verduras? Pudiera ser. Como hemos señalado en otras ocasiones, hasta los dos o tres años, la incorporación de todos los alimentos en la dieta es fundamental. Sobre todo, porque cuando acaba esta fase, los niños desarrollan lo que llamamos “neofobia alimentaria”. Generan rechazo natural a todos los alimentos a los que no han sido expuestos.

Como si nuestros procesos de aprendizaje considerasen que a partir de los tres años ya sabemos, culinariamente, todo lo que debemos saber. Es algo normal y también tiene razones evolutivas. No obstante, si esa neofobia se extiende más allá de los ocho años, reduce seriamente la calidad de la dieta y puede producir problemas de ansiedad y autoestima.

Imagen | Life is Fantastic

https://www.xataka.com/medicina

La obsesión por la carne, una historia de más de 2 millones de años

La periodista polaca Marta Zaraska publica en castellano ‘Enganchados a la carne’ (Plaza y Valdés). En él, hace un repaso histórico y sociológico para tratar de explicar de dónde viene la querencia del ser humano por los productos cárnicos. 

Un carnicero corta un filete en una carnicería de Toronto, Canada. REUTERS/Hyungwon Kang
Un carnicero corta un filete en una carnicería de Toronto, Canada. REUTERS/Hyungwon Kang

ALEJANDRO TENA

Es difícil salir a cenar y encontrar un menú en el que la mayoría de platos ofertados estén libres de carnes. El consumo de productos animales parece inherente al ser humano. Aunque cada vez hay más colectivos que, en base a discursos basados en la ética animal, pugnan por el fin de este hábito de consumo, la realidad es que la carne sigue siendo vicio difícil de combatir. Pero, ¿por qué? Esa es la pregunta que trata de resolver la periodista polaca Marta Zaraska en su libro Enganchados a la carne, un ensayo que trata de hallar las razones sociológicas y biológicas de la dieta carnívora.

La ciencia advierte, “los consumidores de grandes cantidades de carne tienen un riesgo entre el 20% y el 30% mayor de padecer cáncer colorrectal”, detalla el libro. Sin embargo, toda esta cantidad de informes, que además advierten de las amenazas ambientales que supone la industria cárnica, no tienen apenas repercusiones en los hábitos de consumo de los seres humanos que parecen padecer una adicción. De hecho, los datos apuntan a que este gusto masivo por la carne se encuentra en una tendencia al alza.”Gastamos más energías en buscar transportes eléctricos que en reducir el consumo de carne”

Los medios de comunicación se han centrado más en los problemas medioambientales –también importantes– que suponen las dietas cárnicas. En un ejercicio de utopía, Zaraska explica que si todo el mundo se volviera vegano de la noche a la mañana el efecto en el planeta sería el mismo que si se suprimieran todos los medios de transporte. Sin embargo, esta realidad suele pasar desapercibida. “Seguimos gastando muchas de nuestras energías en nuevos transportes eléctricos y limpios en lugar de tratar de reducir el consumo de carne”, declara la periodista polaca, que ha venido a España a presentar su libro.

Todo tiene que ver con un estado de adicción a la carne. Según explica la autora, esta obsesión del ser humano comenzó cuando la tierra era aún virgen, unos 2,5 millones de años atrás; momento en el que el organismo de nuestros ancestros se consiguió adaptar al consumo de carne no humana. “Tenían las herramientas para obtenerla y el cuerpo para digerirla”, apunta el ensayo. Un cambio climático acontecido durante la época provocó un descenso de las precipitaciones y, por ende, menos cantidad de frutas y bayas que recolectar.

Los australopitecus, eligieron comer plantas de menor calidad. Los primeros Homo, por su parte, decidieron abrazar la carne –complementada con la dieta vegetal– y empezaron beneficiarse, como explica la autora, “de la abundancia de herbívoros que había en la sábana”. ¿Vieron a un depredador devorar un antílope? ¿Se toparon con un animal muerto y decidieron rapiñar? No hay evidencias que nos permitan explicar este cambio, pero si sabemos por estudios prehistóricos que fue en esta época –2,5 millones de años atrás– cuando nuestros antepasados pusieron la primera piedra para que McDonalds, Burger King y otras cadenas se enriquecieran a costa de la manía carnívora. 

Una adicción cultural

El origen del consumo carne está claro. Es un método de supervivencia adoptado por el ser humano que atiende a razones biológicas y evolutivas. “Los primeros homínidos se dieron cuenta de que la carne les aportaba una mayor sensación de energía y les saciaba más”, manifiesta la escritora. “Su sabor se tiende a relacionar con una mayor presencia de proteínas”, añade. No obstante, las razones evolutivas no son suficientes para entender como este producto ha conseguido mantenerse durante toda la historia de la humanidad como uno de los más anhelados. “La carne es un sinónimo de poder que ha imperado a lo largo del tiempo”

La historia cultural de la humanidad nos puede dar alguna pista. Tanto es así, que según la autora del libro, la carne ha estado asociada con el poder y la ostentación.
Cazar un mamut o una pieza pesada suponía el reconocimiento social dentro del seno de la tribu, ya que, sin congeladores, el animal terminaba siendo compartido. Ese podría ser el comienzo de todo. Incluso, la razón que explica el proceso evolutivo por el que la humanidad terminó convirtiéndose en lo que es hoy
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Ese mismo nexo entre poder y carne se mantuvo en la etapa medieval y la edad moderna, cuando un buen chuletón era inalcanzable para la gleba y los estratos sociales más bajos. Garbanzos y lentejas para los campesinos, cochinillo para el señor del castillo. “La carne es sinónimo de poder, es algo que ha imperado a lo largo del tiempo y ha llegado hasta nuestros días”, declara la experta. El vínculo del consumo cárnico con las altas esferas se fue articulando a lo largo de la historia, hasta el triunfo del liberalismo, cuando las chuletas pasaron a ser un producto más sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. 

En nuestra época la adicción a la carne es tal que los propios veganos buscan alimentos con forma y sabor a carne. Se podría decir que es como una especie de droga de la que nos es difícil separarnos. Tanto, que uno de cada tres vegetarianos come carne cuando está borracho, lo que recuerda a aquellos que recaen en el tabaquismo tras tomarse un par de copas. Aunque se podría seguir estableciendo vínculos entre el poder la carne, en la actualidad el lobby de la industria cárnica es uno de los elementos sociales que permiten que esta dependencia se mantenga en alza.

Asociación Estadounidense de Criadores de Ganado Vacuno, Consejo Estadounidense de Productos de Cerdo, Asociación de Procesadores de Carne, Asociación Canadiense de Ganaderos, Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España, Federación Empresarial de Carnes e Industrias Cárnicas… La lista de organizaciones en defensa de la producción cárnica es inacabable. Éstas se articulan como grupos de presión que, entre otras cosas, patrocinan informes, artículos y estudios pseudocientíficos con el fin de defender sus intereses económicos. 

Brocheta de verduras con aceite de oliva. / Pixabay

La transición alimenticia

“La máquina sigue rodando y pararla es complicado”, opina Zaraska, que estima que el crecimiento demográfico que está experimentando la Tierra podría suponer que “la demanda de carne sea cuatro veces superior de aquí a 2050”, lo cual es incompatible con los límites físicos del planeta. “Se nos queda pequeño”. En virtud de ello, la autora reclama en su ensayo una transición alimenticia hacia unos hábitos de consumo basados en verduras, cereales, fruta y legumbres como las lentejas o las judías.”¿Qué salva más vidas: una persona que deja de comer carne o millones de personas que eliminan una comida a base de carne al mes?”

“Ya hemos hecho cosas así en el pasado”, argumenta. Lo cierto es que a lo largo de la historia el ser humano a reacondicionado sus dietas en función de las necesidades del ecosistema. India, por ejemplo, vetó el consumo de vacas a través del poder de la religión debido a los problemas económicos asociados a este animal, tal y como explicaba el antropólogo norteamericano Marvin Harris. Zaraska no reclama una prohibición pero si un cambio que, a su juicio, no puede pasar por “las barricadas” entre vegetarianos y carnívoros. 

“Piénsalo: ¿Qué salva más vidas, una persona que deja de comer carne por completo o millones de personas que eliminan una comida a base de carne al mes?”, zanja el libro. 

https://www.publico.es/sociedad/

Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

SANTIAGO CAMPILLO

Seguro que has oído hablar en más de una ocasión de los peligros del “efecto rebote”, siempre asociado a las dietas, especialmente a las llamadas milagro. Este fenómeno ocurre cuando la pérdida de peso es rápida y desproporcionada.

La consecuencia inmediata es una recuperación repentina de peso debida a una peor gestión metabólica de la energía. La culpa la tiene, precisamente, nuestra capacidad homeostática, diseñada para protegernos y sobrevivir ante los cambios bruscos que podrían provocar un problema.

¿Qué es el efecto rebote y cómo funciona?

Si de pronto decidieras perder peso a lo bestia, probablemente lo podrías conseguir de manera relativamente sencilla (sufrida, pero sencilla). Una restricción calórica brutal, pero medida para que no suponga un problema de salud, sería una buena solución. En un mes podrías perder decenas de kilos. 15 por ejemplo.

No hablamos por hablar: esto mismo lo pudimos ver en el programa The biggest losser donde sus participantes se deshacían de cientos de kilos en un año. La edición de 2009 del programa sirvió para evaluar una cuestión más importante que la propia pérdida de peso: la salud de los participantes. Años después de terminar, se estudió la evolución de los participantes y se observó este temido efecto rebote en todo su esplendor: algunos de ellos, a pesar de llevar dietas restrictivas, habían recuperado hasta la mitad del peso perdido, o más.

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El efecto rebote es un fenómeno que ocurre tras la pérdida súbita de peso y consiste en la recuperación del mismo debido un cambio (o más bien a un problema con el cambio) metabólico. Lo que ocurre, grosso modo, es que el metabolismo basal se desploma, lo que quiere decir que, al inducir el déficit de calorías, el cuerpo comienza a gastar menos. Es una medida de defensa.

También lo hacen los niveles de leptina, que es la hormona encargada de regular la saciedad (entre otras cosas), para asegurar que la ingesta no se volvía peligrosamente baja. Estos cambios, puntualmente, no tienen problema. Pero ante una pérdida de peso drástica, producida durante varios meses, tiene consecuencias muy negativas. El problema principal, según se observó, es que si el metabolismo basal y la producción de leptina bajan mucho con la pérdida de peso rápida, no aumentan hasta sus niveles normales a medida que se va ganando peso.

¿Qué consecuencias tiene el efecto rebote?

El problema que esto supone está claro: las kilocalorías ingeridas, entonces, son almacenadas más eficientemente, al tener un metabolismo más lento, y encima nos saciamos menos. Como consecuencia el cuerpo engorda más y más rápido que antes de comenzar la dieta y se recupera fácilmente gran parte de lo perdido.

En otras ocasiones, no solo se recupera sino que se gana más peso. El problema, simplificándolo mucho, es la velocidad a la que se hace, que no permite que el cuerpo, acostumbrado a resistir las condiciones externas con vistas a sobrevivir, se adapte. Pero esto también tiene algunas consecuencias desagradables para nuestra salud.

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Por ejemplo, a los cambios recurrentes de peso se le asocia una mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o, llanamente, de morir. Los estudios realizados hasta la fecha son observacionales, pero todas las evidencias apuntan a las mismas conclusiones: subir y bajar rápidamente de peso no es bueno para la salud.

Cambiar de hábitos va más acorde con tu metabolismo

Regular nuestro peso es una cosa saludable. Hasta aquí todo bien.** El matiz entre perder peso y regular el peso, sin embargo, es muy importante**. Para poder regular nuestro peso, adecuarlo a un metabolismo coherente con nuestras necesidades, nuestros hábitos y nuestra actividad física, necesitamos tiempo.

Por otra parte, lo único que podemos controlar en esta “ecuación” es nuestro estilo de vida. De todo lo anterior, lo que más determina nuestro metabolismo es cómo comemos, qué comemos y qué actividad física realizamos. Pero claro, cambiar estos hábitos no servirá de nada si lo hacemos de manera súbita o de forma intermitente.

En otras palabras, una dieta puntual, o un sistema para adelgazar que no sea alargado en el tiempo, y que no permita una adherencia, tendrá consecuencias pobres o hasta negativas. El efecto rebote es el primero de ellos, pero no el único, como hemos visto. Lo más saludable y positivo es adaptar nuestra vida a metas y objetivos a largo plazo, con la intención no de adelgazar, sino de hacer un cambio fundamental y duradero.

Imágenes | Unsplash

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BOLIVIA ALCANZA LA AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA. ¿LO CELEBRAMOS?

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Con tanta noticia sobre Venezuela a veces es importante recordar que también existen otros países en latinoamérica. Hoy os queremos hablar de uno muy desconocido, Bolivia, por un motivo muy especial: es casi autosuficiente.

Es decir, Bolivia produce más del 90% de los alimentos que consumen sus habitantes dentro del país.

BOLIVIA ALCANZA LA AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA. ¿LO CELEBRAMOS?
El 90% de los alimentos que se consumen en Bolivia se producen dentro de sus fronteras

Su producción interior de alimentos ha alcanzado un total de 18 millones de toneladas. Esta cifra viene precedida de un cambio estratégico con el que el estado ha motivado el incremento de producción agropecuaria. De esta forma, Bolivia se coloca en cabeza en la lista de países autosuficientes a la hora de comer, gracias al incremento de cultivos básicos en la alimentación del país.

Su dieta tiene, además, profundas raíces español, moriscas e indígenas, transformadas por el mestizaje y los diferentes momentos históricos que el país ha experimentado.

19 países en el mundo se llevan el 60% de las importaciones mundiales. Los productos más solicitados son arroz, trigo, azúcar, maíz, cebada, aceite, sorgo y soja. De los países que más importan, destacamos a Estados Unidos, China, Japón, Canadá, Brasil y los países europeos.

Pero, ¿qué tiene de malo tener no que importar alimentos?

La FAO afirma que “existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico y económico a suficientes alimentos, inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana”. Además, las previsiones sobre el cambio climático advierten que existe una conexión entre la escasez de recursos, el crecimiento de población y las importaciones de alimentos.

Dicho esto, la revista Earth’s Future ha publicado un estudio realizado en la Universidad de Aalto (Finlandia)  en el quelos investigadores descubrieron que hasta las regiones menos ricas dependen de las importaciones.

Un grave problema, ya que la seguridad alimentaria de unos 1.400 millones de personas depende por completo de las importaciones y otros 460 millones de personas viven en zonas donde el aumento de las importaciones no es ni siquiera suficiente para compensar la falta de producción local.

BOLIVIA ALCANZA LA AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA. ¿LO CELEBRAMOS?
Mapa: labioguia.com

La mayoría de los países, cuando se encuentran con una escasez de recursos, escogen aumentar el número de importaciones en lugar de incrementar la inversión en producción local o mejorarla mediante sistemas más eficientes. Sin embargo, la seguridad alimentaria de millones de personas depende de esto último, de las inversiones en lo local.

Por ello, desde muhimu queremos felicitar a países como Bolivia por implementar medidas para mejorar la producción local en la búsqueda de la autosuficiencia.

https://muhimu.es/internacional

Libros que nos inspiran: ‘En llamas. Cómo la cocina nos hizo humanos’ de Richard Wrangham

Libros que nos inspiran: 'En llamas. Cómo la cocina nos hizo humanos' de Richard Wrangham

SERGIO PARRA

Los chimpancés pueden tardar cinco o seis horas en masticar y digerir sus alimentos. Es lo que sucede con muchos mamíferos. Sin embargo, los humanos podemos cocinar. Pre-digerir los alimentos en un horno o una sartén.

La energía que ahorraron nuestros antepasados en la digestión, gracias al descubrimiento del fuego, fue aprovechada evolutivamente para alimentar un cerebro en proceso de expansión. Y nos proporcionó toda una larga lista de ventajas, como mayor empatía y cohesión social, entre otras. Todo ello es lo que recoge este libro de Richard Wrangham: En llamas. Cómo la cocina nos hizo humanos.

El poder del fuego

La dieta constituye una clave fundamental para comprender el comportamiento social de las distintas especies. La búsqueda de alimento es prioritaria para lograr el éxito evolutivo, y las estrategias sociales afectan a la calidad de la alimentación de los individuos.

Por eso el descubrimiento del fuego (primero) y el desarrollo de la cocina (más tarde) ha logrado ejercer una serie de cambios biológicos y psicológicos en nuestra especie que rara vez se tienen en cuenta. Unos cambios que se multiplicaron exponencialmente tras la popularización de la agricultura, hace ya diez mil años.

En el libro En llamas, se profundiza en toda esta dimensión hasta sus últimas consecuencias, y el recorrido es, ciertamente, fascinante. Fascinante y original. Por eso ha sido fuente de inspiración para artículos de Xataka Ciencia, como ¿Es saludable comer huevos crudos como hacía Rocky?.

Profesor de Antropología Biológica en la Universidad de Harvard desde 1989 y de biología del comportamiento de primates en el Museo Peabody, Wrangham es un narrador excelente, y permite adentrárnos en temas complejos con sencillez y frescura (pero no crudeza, porque descubriremos que la cocción es el no va más del desarrollo tecnológico). En llamas arroja nueva luz sobre cómo llegamos a ser la especie social, inteligente y sexual que somos hoy. Una manera oblicua de aproximarnos a nuestros antepasados, y también a nuestra evolución, y que deberíamos anexionar desde ya a las otras disciplinas.

Richardwrangham Enllamas

Desde Darwin y El origen del hombre, la evolución y la dispersión mundial de los seres humanos se han atribuido a nuestra inteligencia y adaptabilidad. Pero el renombrado primatólogo Richard Wrangham presenta una alternativa sorprendente: nuestro éxito evolutivo es el resultado de la cocina. En una innovadora teoría acerca de nuestros orígenes, Wrangham muestra que el cambio de consumo de alimentos crudos a alimentos cocidos fue el factor clave en la evolución humana. Una vez que nuestros ancestros homínidos comenzaron a cocinar su comida, el tracto digestivo humano se contrajo y el cerebro creció. El tiempo, una vez dedicado a masticar alimentos crudos y duros, podía emplearse para cazar y cuidar el campamento. Así, la cocina se convirtió en la base para la unión de pareja y el matrimonio, creó el hogar e incluso condujo a una división sexual del trabajo.

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