Concebir estando preñada, el milagro del ualabí

Investigadores hallan pruebas de la extraña forma de reproducción de estos marsupiales de Australia

Imagen de ultrasonido de un feto de ualabí del pantano en el día 29 de gestación. La imagen muestra la cabeza y el antebrazo del feto aproximadamente 1 día antes del nacimiento – Thomas B. Hildebrandt

 

Imagine estar embarazada continuamente durante toda su vida reproductiva, de tal forma que antes de dar a luz al ser que se desarrolla en su interior ya haya concebido a una nueva criatura. Un poco angustioso, ¿verdad?

Pues así es como pueden vivir las hembras del ualabí, un marsupial de Australia y Nueva Guinea de un tamaño inferior a los canguros. En ambas familias de animales, las crías nacen inmaduras y se desarrollan completamente durante un período prolongado de lactancia, que pasan dentro de la bolsa materna.

Una hembra de ualabí en Victoria
Una hembra de ualabí en Victoria – Geoff Shaw (U. Melbourne

Las hembras poseen dos úteros que se usan alternativamente para la concepción. Normalmente ovulan y se aparean después del parto. La succión del recién nacido en la bolsa desencadena señales que detienen el desarrollo del nuevo embrión hasta que el recién nacido abandona la bolsa.

Sin embargo, Brandon Menzies y sus colegas de la Universidad de Melbourne informan en la revista PNAS de una forma extraordinaria de reproducción en el ualabí de pantano o ualabí negro (Wallabia bicolor), cuya hembra ovula, se empareja y concibe de nuevo mientras todavía está preñada de forma activa. ¡Dos embarazos distintos al mismo tiempo! Un fenómeno similar ha sido observado anteriormente en la liebre marrón europea.

Los ualabíes de pantano también pueden amamantar a dos crías en diferentes etapas de desarrollo
Los ualabíes de pantano también pueden amamantar a dos crías en diferentes etapas de desarrollo – Brandon R. Menzies

Dos días antes del parto

Las hembras maduras de ualabí estudiadas por los investigadores se obtuvieron en la naturaleza en Victoria, Australia. En los experimentos participaron diez ejemplares, algunos de los cuales fueron escaneados usando ultrasonido de alta resolución durante el embarazo. Esto reveló que las hembras ovulan y se aparean uno o dos días antes de dar a luz y conciben un nuevo embrión durante el embarazo activo.

El hallazgo indica que la duración de la gestación en los canguros de pantano excede la duración del ciclo estral (ciclo del celo). Según los autores, debido a que quedan encinta antes de dar a luz, estas hembras pueden estar continuamente preñadas y lactantes al mismo tiempo durante toda su vida reproductiva.

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La sorprendente evolución de la serpiente que toma el veneno prestado

Esta especie asiática devora sapos y luciérnagas para convertirse en tóxica y paralizar el corazón de sus depredadores

Una serpiente juvenil de Rhabdophis tigrinus de la isla japonesa de Ishima, en una postura de defensa
Una serpiente juvenil de Rhabdophis tigrinus de la isla japonesa de Ishima, en una postura de defensa – ALAN SAVITZKY

Estas serpientes lucen unas glándulas en la piel, a veces justo alrededor del cuello, donde almacenan bufadienólidos, una clase de esteroides letales que obtienen de los sapos, su presa tóxica de elección. «Doblan sus cuellos en una postura defensiva que sorprende a los depredadores desafortunados con un bocado de toxinas», dice el herpetólogo de la Universidad Estatal de Utah, Alan Savitzky, quien ha estudiado durante mucho tiempo a estos reptiles deslizantes. Es como intentar darse un delicioso banquete y encontrarse con la muerte. Aves rapaces, como halcones, y pequeños mamíferos carnívoros, como mapaches o civetas, pueden acabar trágicamente.

El herpetólogo Alan Savitzky examina una serpiente Rhabdophis cerca de Kioto, Japón
El herpetólogo Alan Savitzky examina una serpiente Rhabdophis cerca de Kioto, Japón – Universidad de Kioto

Cambio de presa

PNAS
PNAS

Las serpientes obtienen sus toxinas de los sapos que devoran, pero en un giro sorprendente, el equipo internacional ha comprobado que no todos los miembros del género derivan su toxina defensiva de la misma fuente. Algunos de ellos, encontrados en el oeste de China y Japón, han cambiado su dieta principal de sapos por las lombrices de tierra. Como estas son inofensivas, las serpientes han añadido un postre que produce la misma clase de toxinas que los sapos: las larvas de luciérnagas. Los hallazgos aparecen en la revista PNAS.

«Este es el primer caso documentado de un depredador de vertebrados que cambia de una presa vertebrada a una presa invertebrada por la ventaja selectiva de obtener la misma toxina defensiva», dice Savitzky.

La mayoría de las especies de este grupo que comen ranas alcanzan una longitud de aproximadamente un metro, en ocasiones un poco más. Las especies que se alimentan de gusanos, sin embargo, tienden a ser algo más pequeñas, llegando a unos 60 cm. Las primeras pueden ser de colores brillantes (por ejemplo, negras con marcas rojas y un anillo amarillo alrededor del cuello o verdes con marcas negras y púrpuras). Las especies que comen gusanos a menudo son de color marrón.

Dada la relación distante entre los sapos y las luciérnagas, el drástico cambio en la dieta probablemente involucró una señal química compartida por sapos y luciérnagas; quizás las toxinas mismas. Ambos son los únicos animales actualmente conocidos o sospechosos de sintetizar estos compuestos. «Esto representa un notable ejemplo evolutivo de adaptación para compensar la ausencia de compuestos defensivos después de un cambio a una nueva clase de presas», dice Savitzky.

Poblaciones aisladas

Sin embargo, los investigadores no saben qué es lo que ha provocado este cambio en la dieta. «Los cambios evolutivos como este ocurren con frecuencia en grupos de animales durante largos períodos de tiempo. Son el resultado de la selección natural, en la que las especies que cambian a una dieta más favorable pueden reproducirse con más éxito y dejar más descendencia, que luego también utilizan el nuevo recurso alimentario», explica el científico en un correo electrónico a ABC.

De igual manera, «tampoco tenemos ninguna información que sugiera que los sapos no estén disponibles en las regiones donde las serpientes comen gusanos. Sin embargo, es posible que el cambio de dieta haya ocurrido en respuesta a una mayor densidad de lombrices de tierra en comparación con los sapos», explica. «Eso podría ser especialmente cierto si una pequeña población de serpientes se aisló en una región donde los gusanos eran mucho más abundantes. Las poblaciones más pequeñas de animales generalmente pueden evolucionar más rápidamente que las grandes poblaciones. También es posible que una dieta de lombrices de tierra sea más rica en energía, al menos en comparación con el coste de capturar gusanos versus ranas, pero eso es simplemente especulación», aclara el investigador.

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Estas son las imágenes vencedoras en el concurso de fotografía submarina Underwater Photographer of the Year 2020

UPY2020

Una dinámica imagen de un grupo de focas cangrejeras nadando alrededor de un iceberg en la Antártida es la ganadora absoluta de la última edición del concurso Underwater Photographer of the Year, posiblemente el certamen de fotografía subacuática más prestigioso del mundo que es de origen británico y se celebra desde 1965.

La imagen ganadora es obra del francés Greg Lecoeur, nombrado gracias a ella como “Fotógrafo subacuático del año”, y fue realizada durante un viaje para documentar la vida silvestre en los icebergs a la deriva de las corrientes polares. Unos “hábitats masivos y misteriosos de los que se sabe poco” cuenta el autor. “Los icebergs fertilizan los océanos transportando nutrientes de la tierra que despiertan las floraciones de la vida marina y también proporcionan hogares para animales más grandes, como estas focas cangrejeras”.

UPY‘Unnatural habitat’ © Shane Keena. Highly Commended en categoría Marine Conservation/ UPY2020

Esta imagen resultó ganadora en una competición a la que se presentaron más de 5.500 fotografías de autores subacuáticos de 70 países de todo el mundo. Todas ellas dentro de trece categorías y con la opción de optar a varios premios principales, además de dos especiales para premiar exclusivamente a fotógrafos británicos.

Uno de los premios destacados es el denominado Marine Conservation Photographer of the Year 2020 que fue a parar al italiano Pasquale Vassallo por una foto de un atún arrastrado en una red hacia un barco de pesca. También el Up & Coming Underwater Photographer of the Year 2020, para autores emergentes, que este año es para la austriaca Anita Kainrath con una foto de tiburones limón nadando en un manglar de las Bahamas.

UPY‘*Tuna fishery during the moment of rising nets’ © Rafael Fernández. Commended en la categoría Marine Conservation/ UPY2020

Desgraciadamente sólo hemos encontrado a un español entre la lista de nominados, en este caso con una recomendación para Rafael Fernández en la categoría Marine Conservation por su foto ‘Tuna fishery during the moment of rising nets’ captada en Ceuta.

Sea como fuere felicitamos a todos los elegidos y os dejamos con algunas de las fotos seleccionadas recomendando (como siempre) una visita a su web para ver más fascinantes fotografías submarinas.

Ganadores absolutos del UPY 2020

Underwater Photographer of the Year y British Underwater Photographer of the Year 2020

UPY2020© Greg Lecour/ UPY2020

Up and Coming Underwater Photographer of the Year 2020

UPY© Anita Kainrath/ UPY2020

Marine Conservation Photographer of the Year 2020

UPY©Pasquale Vassallo/ UPY2020

British Underwater Photographer of the Year 2020:

UPY
© Nicholas More/ UPY2020

Most Promising British Underwater Photographer 2020

UPY© Nur Tucker/ UPY2020

Ganadores categoría “Wide Angle”

Primer premio

Underwater Photo Of The Year© Greg Lecour/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Oleg Gaponyuk/ UPY2020

Ganadores categoría “Macro”

Primer premio

UPY© Hannes Klostermann/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Keigo Kawamura/ UPY2020

Ganadores categoría “Wrecks”

Primer premio

UPY© Tobias Friedrich/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Renee Capozzola/ UPY2020

Ganadores categoría “Behaviour”

Primer premio

UPY© Pasquale Vassallo/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Paolo Isgro/ UPY2020

Ganadores categoría “Portrait”

Primer premio

UPY© Lilian Koh/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Rooman Luc/ UPY2020

Ganadores categoría “Black & White”

Primer premio

UPY© Mok Wai Hoe/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Henley Spiers/ UPY2020

Ganadores categoría “Compact”

Primer premio

UPY© MANBD/ UPY2020

Subcampeón

UPY
© Enrico Somogyi/ UPY2020

Ganadores categoría “Up and Coming”

Primer premio

UPY© Anita Kainrath/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Nur Tucker/ UPY2020

Ganadores categoría “Marine Conservation”

Primer premio

UPY© Pasquale Vassallo/ UPY2020

Subcampeón

UPY© David Alpert/ UPY2020

Ganadores categoría “British Waters Wide Angle”

Primer premio

UPY© Arthur Kingdon/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Will Clark/ UPY2020

Ganadores categoría “British Waters Macro”

Primer premio

UPY© Laura Storm/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Trevor Rees/ UPY2020

Ganadores categoría British Waters Living Together

Primer premio

UPY© Dan Bolt/ UPY2020

Subcampeón

UPY© Kirsty Andrews/ UPY2020

Ganadores categoría “British Waters Compact”

Primer premio

UPY© Colin Garrett/ UPY2020

Subcampeón

UPY© James Lynott/ UPY2020

Más información y fotos | UPY2020

Foto de portada | ‘Frozen Mobile Home’ de Greg Lecour. Ganador absoluto del concurso Underwater Photographer of the Year 2020

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LOS ÁRBOLES TIENEN UN LENGUAJE QUE USAN PARA COOPERAR Y SOBREVIVIR

CONTRARIO A LO QUE USUALMENTE SE CREE, INVESTIGACIONES RECIENTES SUGIEREN QUE EL LENGUAJE TAMBIÉN EXISTE EN EL REINO VEGETAL
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Usualmente consideramos que el lenguaje es una facultad limitada a seres vivos con cierto grado de desarrollo intelectual, que a su vez asociamos a la existencia de un cerebro. En ese sentido, pensamos que la mayoría de los animales poseen un lenguaje, en algunos casos más complejo que otros, y a veces también francamente elemental.

Sin embargo, pocos se han atrevido a asegurar que otros seres vivos carentes de dichos requisitos han sido capaces también de desarrollar un lenguaje. Particularmente, de las plantas se considera que si bien tienen vida y cierta sensibilidad, ello no se traduce en una habilidad que les permita comunicarse entre sí.

Esta idea, sin embargo, ha sido cuestionada en los últimos años, pues diversas investigaciones sugieren que los seres del reino vegetal también han desarrollado un código y un medio para transmitir información sobre la realidad, que en esencia son el propósito y los elementos básicos de un lenguaje.

Entre otros, la ecóloga Suzanne Simard ha reunido evidencia comprobada científicamente de una vasta red subterránea que es tejida por los árboles pertenecientes a un mismo bosque, a través de la cual circulan mensajes concernientes a su entorno.

Esta red (que para fines pedagógicos ha sido comparada con Internet) está formada fundamentales por las raíces de los árboles, las cuales interactúan con el sustrato donde se encuentran y con los hongos a su alrededor. 

De acuerdo con las observaciones de Simard, que le han tomado cerca de 3 décadas de trabajo en los bosques de British Columbia (Canadá), los árboles son capaces de trabajar en conjunto con los hongos por medio de mensajes químicos para afectar los elementos de la tierra que los rodea, particularmente el agua, el carbón y los nutrientes, mismos que pueden “mover” según sus necesidades de supervivencia.

La red, sin embargo, no es únicamente subterránea. La evidencia aportada por Simard sugiere también que los árboles son capaces de usar animales como ciertas aves o murciélagos, o elementos como las corrientes de viento (que al parecer conocen) para enviar información vital, como paquetes de semillas.

Las observaciones de la científica han sido corroboradas por otro investigador, Peter Wohlleben, quien constató la existencia de una especie de “vida social” entre las hayas de un bosque notoriamente antiguo de Alemania. En particular, Wohlleben se encontró con un espécimen de cerca de 500 años de edad, que aunque debió morir hace tiempo, continúa con vida gracias al trabajo colectivo de los árboles vecinos, quienes lo “alimentan” con una solución nutritiva que le hacen llegar a través de sus raíces. 

Este fenómeno hizo a Wohlleben replantear su idea respecto a la competencia por los recursos que usualmente se asocia con la supervivencia, lucha que estamos habituados a pensar que siempre es despiadada. Para el científico, en el caso de los árboles parece existir un interés por mantener con vida y saludables a todos los miembros de su comunidad, lo cual los ha llevado a desarrollar este sistema de cooperación del cual se benefician mutuamente.

Hace unos meses, la BBC realizó este video que expone claramente las tesis de Simard y Wohlleben:

“Leer en el gran libro del mundo” era un dicho común entre los filósofos de los siglos XVII y XVIII, pues se creía que la realidad podía compararse con un tomo cuyo signos se ofrecían a nuestros ojos para ser descifrados. El ser humano, en efecto, se ha distinguido por intentar aprender prácticamente todos los idiomas de este mundo: desde el idioma de las estrellas hasta aquel de los seres más microscópicos. 

¿No podríamos, entonces, hacer lo mismo con el lenguaje de los árboles? En los tiempos que vivimos, quizá más que nunca podríamos aprender de ellos una lección de cooperación y ayuda mutua.

 

Imagen de portada: Fotografía de Lynn Valley (British Columbia, Canadá), Arnaud DG (Flickr)

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Descubren en las abejas una capacidad sin precedentes

Pueden reconocer con el tacto en la oscuridad un objeto que antes solo habían visto, una hazaña cognitiva compleja nunca descrita en un insecto

 

Los seres humanos somos capaces de encontrar objetos con el tacto en la oscuridad gracias a la complejidad de nuestro cerebro, que almacena información de tal manera que puede ser recuperada por diferentes sentidos. Esta integración multisensorial nos permite formar imágenes mentales del mundo y apuntala nuestra conciencia. Es una habilidad bastante excepcional, ya que este reconocimiento visión-tacto solo lo compartimos con simios, monos y ratas, mientras que los delfines utilizan la visión y el oído y algunos peces, la visión y el sentido eléctrico.

Pues resulta que semejante hazaña cognitiva está presente en el pequeño cerebro de un insecto.

Investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres y la Universidad Macquarie en Sydney han descubierto que las abejas también pueden encontrar objetos en la oscuridad que antes solo habían visto.

A la luz, pero sin poder tocar los objetos, los abejorros fueron entrenados para encontrar agua azucarada en un tipo de objeto (cubos o esferas) y una solución de quinina amarga en la otra forma. Cuando fueron puestos a prueba en la oscuridad, prefirieron el objeto que anteriormente era gratificante, y pasaron más tiempo explorándolo.

Las abejas también resolvieron la tarea al revés. Después de que aprendieran a encontrar una forma particular en la oscuridad, fueron puestas a prueba a la luz y nuevamente prefirieron la forma que habían aprendido que era gratificante solo con el tacto.

Una abeja resolviendo la tarea de reconocer la misma forma (una esfera) en la oscuridad cuando podía sentirla pero no verla
Una abeja resolviendo la tarea de reconocer la misma forma (una esfera) en la oscuridad cuando podía sentirla pero no verla – Lars Chittka

Esta capacidad se llama reconocimiento intermodal y nos permite percibir una imagen completa del mundo con ricas representaciones, explican los autores en la revista «Science».

«Una hazaña increíble»

«Los resultados de nuestro estudio muestran que los abejorros no procesan sus sentidos como canales separados, sino que se unen como una especie de representación unificada», afirma Cwyn Solvi, autora principal del artículo, ahora en la Universidad Macquarie en Sydney.

«Hace mucho que sabemos que las abejas pueden recordar las formas de las flores. Pero un teléfono inteligente puede reconocer su cara, por ejemplo, y lo hace sin ninguna forma de conciencia. Nuestro nuevo trabajo indica que algo está sucediendo dentro de la mente de las abejas que es completamente diferente de una máquina, que las abejas pueden evocar imágenes mentales de formas», añade Lars Chittka, jefe del laboratorio de la Universidad Queen Mary de Londres.

Para Selene Gutiérrez Al-Khudhairy, coautora del artículo y ahora investigadora en la Universidad de York, «esta es una hazaña increíble si se considera el tamaño minúsculo del cerebro de una abeja. Investigaciones futuras de los circuitos neuronales subyacentes a esta habilidad en las abejas pueden algún día ayudar a revelar cómo nuestros propios cerebros imaginan el mundo».

Como dice Solvi, «esto no significa que las abejas experimenten el mundo de la misma manera que nosotros, pero sí muestra que hay más cosas en su cabeza de lo que creíamos».

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La oreja de oso, la planta del Pirineo que guarda el secreto de la resurrección

Se trata de una especie que tiene la capacidad de volver aparentemente a la vida después de muerta

‘Ramonda myconi’, la única planta resurrección de la península ibérica

‘Ramonda myconi’, la única planta resurrección de la península ibérica – José Ignacio García Plazaola

Según la mitología griega, Orfeo, hijo de Apolo y Calíope, intentó rescatar a su amada Eurídice de la muerte. Aunque él logró escapar del inframundo, ella desapareció para siempre. Lamentablemente, Orfeo también murió: fue asesinado y despedazado por las Ménades.

Producto de la combinación de la mitología clásica con la tradición más reciente, se cuenta que de las gotas de sangre de Orfeo brotó una planta, que guardó el recuerdo de su esencia más pura en la capacidad de volver a la vida después de muerta.

Esta planta se conoce hoy en día como flor de Orfeo (Haberlea rhodopensis) y es una de las cinco especies europeas que se incluyen en la familia de las Gesneriáceas.

Todas ellas se localizan en el sur del continente (montañas de Grecia, Macedonia y Bulgaria) y, como describe la mitología, presentan la sorprendente capacidad de volver aparentemente a la vida después de muertas.

Son lo que se denomina “plantas resurrección”. En todo el mundo hay unas 300 plantas resurrección. La mayoría tienen una distribución tropical y subtropical, con la excepción de las Gesneriáceas europeas.

Una planta tropical perdida en el Pirineo

En el Pirineo, tanto en su vertiente norte como sur, tenemos la suerte de contar con una de estas escasísimas plantas resurrección: la emblemática oreja de oso (Ramonda myconi). Es la única especie con estas características de la península ibérica.

El género Ramonda recibe su nombre en honor al botánico y explorador francés Louis Ramond de Carbonnières que, entre otras hazañas, fue el primero en ascender oficialmente al Monte Perdido.

‘Ramonda myconi’
‘Ramonda myconi’ – José Ignacio García Plazaola

Además de su singularidad como planta resurrección, R. myconi y el resto de Gesneriáceas europeas tienen otra característica muy especial: son plantas de origen tropical, reliquias de un periodo pasado mucho más cálido que el actual. Por eso son denominadas técnicamente “paleotropicales”.

La observación de su morfología y aspecto nos revelará de inmediato ese carácter tropical y fácilmente las asociaremos a la muy conocida violeta africana (género Saintpaulia), planta ornamental de interior.

Siendo una especie de vocación tropical, resulta sorprendente que haya podido adaptarse con éxito al enfriamiento del clima en Europa, muy especialmente en el adverso entorno del Pirineo. Aunque encuentra su óptimo en barrancos calcáreos a mediana altitud, ha llegado a observarse incluso a casi 2.500 metros en el entorno del Parque Nacional de Ordesa.

Dado que es una planta de hojas longevas y perennes, su exitoso desarrollo en la alta montaña implica que estas deben ser capaces de sobrevivir a temperaturas extremadamente bajas, algo especialmente llamativo en una especie paleotropical.

Hemos constatado recientemente que sus hojas soportan temperaturas por debajo de cero, e incluso la formación de hielo en su interior, sin sufrir lesiones irreversibles.

La combinación de su carácter de planta resurrección y su destacable tolerancia al frío extremo la convierte en una de las escasísimas plantas capaces de enfrentarse exitosamente tanto a las bajas temperaturas como a la desecación. ¿Cuál es pues su secreto?

Secarse, congelarse, y no morir en el intento

La respuesta probablemente no es única. Más bien al contrario, es un conjunto de características lo que permite a esta planta convertirse en una campeona de resistencia.

Aunque parezca contraintuitivo, las consecuencias biológicas de desecarse o congelarse son parecidas en esencia. Esto justifica en cierto modo que su preadaptación a la desecación ha sido la clave para su supervivencia en el Pirineo.

Básicamente, la planta evita las lesiones celulares reforzando sus membranas para evitar los daños estructurales y oxidativos. Pero la protección no solo debe actuar a nivel celular. Las hojas al deshidratarse deben plegarse siguiendo un patrón bien definido y ordenado de forma similar a como se produce el cierre de un paraguas.

Plegamiento de las hojas de la oreja de oso
Plegamiento de las hojas de la oreja de oso – Beatriz Fernández-Marín

De este modo, durante el letargo y aparente muerte, los tejidos se mantienen latentes y sin sufrir daños irreparables. Puede incluso llegar a alcanzarse el denominado estado vítreo, en el que la movilidad de las moléculas es muy reducida. Así, los tejidos pueden mantenerse latentes sin apenas acumular daños durante mucho tiempo.

Cuando el agua vuelve a estar disponible, todo el proceso se revierte y las hojas recuperan en unos pocos días su aspecto más lozano. Este momento, el de la resurrección, es el más delicado. Un error en la precisa secuencia de activación del metabolismo puede resultar fatal para la planta.

El aspecto de la oreja de oso cambia durante las estaciones
El aspecto de la oreja de oso cambia durante las estaciones – José Ignacio García Plazaola

Hoy en día, las plantas resurrección son objeto de estudio en algunos de los mejores laboratorios de Fisiología Vegetal del mundo. De su espectacular capacidad de volver a la vida podremos aprender muchas lecciones útiles para conseguir una agricultura más sostenible y segura y para desarrollar plantas casi indestructibles.

Curiosamente, algo así intuyó Salvador Dalí. En 1982 estuvo a punto de morir al intentar deshidratarse. Creía que de este modo podría alcanzar la inmortalidad, pues había observado que los microorganismos secos podían volver a la vida con una gotita de agua.

Quién sabe. Quizás las gotas de sangre de Orfeo nos sirvan para desentrañar los secretos de la vida eterna.

José Ignacio García Plazaola es profesor de Fisiología Vegetal, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Beatriz Fernández-Marín es profesora de Biología Vegetal, Universidad de La Laguna

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante

Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante
Danielle Garbouchian (Panthera)

 

El Parque Nacional Hwange, en Zimbabwe, cuenta con una población de leones de cerca de 500 ejemplares gracias, en gran medida, a la intervención de colectivos como Panthera que, en colaboración con sus socios, ha conseguido combatir la caza indiscriminada por furtivos y safaris. Esta reserva de alrededor de 15.000 kilómetros cuadrados pasa por ser una de las áreas protegidas más grandes de África, enmarcada dentro del Área de Conservación Transfronteriza Kavango-Zambezi (KAZA).

En este parque se da la circunstancia de que la población de elefantes también ha crecido mucho en las últimas décadas, rozando los 45.000 ejemplares. Desde el colectivo Panthera, el Director Regional de África del Sur del Programa León, el profesor Paul Funston ha prestado atención a la relación que se da entre ambas especies.

Cuando los elefantes se desplazan en grupo, con varios ejemplares adultos en sus filas, a pesar de que la tensión se palpa en el ambiente, los leones no se atreven a atacar. De hecho, incluso es posible observar cómo los paquidermos desplazan a los felinos de sus zonas de sombra. El problema surge cuando llegan las épocas secas.

Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante
Danielle Garbouchian (Panthera)

Los elefantes adultos capean con solvencia la época de sequía en lo que a alimentación se refiere. Siempre que cuenten con un mínimo del líquido elemento, son capaces de nutrirse con forraje por muy seco que éste se encuentre. No sucede lo mismo con los más pequeños  y, en las épocas de sequía, son muchos los que se pierden o se van quedando atrás, siendo presas tanto de los leones como de las hienas.

En las estaciones más secas, los leones terminan por alimentarse fundamentalmente de crías de elefante, que combinan con ejemplares de búfalo africano. Tanto es así, que otras especies como los antílopes, las jirafas, las cebras o los ñus respiran más tranquilas, sabedoras de cuán llenas de carne de elefante tienen sus panzas los leones.

Aunque en las dos últimas décadas, el África meridional no ha sufrido grandes sequías -se espera una inminente-, las estaciones secas ya han anticipado el escenario que está por llegar. Recientemente, Funston recorría la zona del abrevadero Ngweshla. Para su sopresa, fue testigo cómo cerca de cinco leonas que cuidaban de hasta doce cachorros atacaban y mataban a nueve crías de elefante.

Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante
Danielle Garbouchian (Panthera)

A pesar de que, por lo general, los leones consumen la mayor parte de la carne de sus presas, hasta reducirlas a amasijos de piel y huesos, el experto ya ha documentado un cambio de comportamiento. En este caso el número de víctimas era tan alto que ni se molestaron en consumir todos los cadáveres. Secándose al sol, las crías de elefante terminarían pudriéndose sin que ni siquiera fueran pasto de los buitres.

Funston anticipa que cuando llegue la esperada sequía, se espera que el número de elefantes muertos por los leones sea devastador. Con todo, desde Panthera reclaman que no se intervenga, que sea la propia naturaleza la que se autorregule, por muy crueles que puedan parecer algunas de estas escenas.

https://blogs.publico.es/kaostica/

¿A qué huelen las hormigas muertas?

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Cuando una hormiga cae muerta transcurren alrededor de 48 horas hasta que una compañera recoge su cadáver, lo carga y lo transporta hasta el hormiguero. Si uno ha observado alguna vez el comportamiento de estos insectos, recordará la imagen de una hormiga transportando el cuerpo de una compañera y tratando de introducirlo en el agujero. Ninguna hormiga muerta se queda sin recoger.

Desde hace muchos años, los biólogos saben que las hormigas son unas recicladoras consumadas y que almacenan los cuerpos de los fallecidos en unos receptáculos especiales, donde se descomponen y generan nitrógeno para la comunidad. Pero ¿cómo reconocen las hormigas a sus compañeras muertas?

El entomólogo estadounidense Edward O. Wilson se fijó en esta circunstancia mientras estudiaba la comunicación de estos insectos. Tal y como relata él mismo, pensó que las hormigas debían de emitir alguna señal para decir “ESTOY MUERTA” y que las demás compañeras pasaran a encargarse de los trámites “funerarios”. Y así fue como descubrió que el secreto estaba en el ácido oleico.

Al cabo de las primeras 48 horas, el cuerpo de la hormiga muerta comienza a expeler esta sustancia hasta que el resto de la comunidad la detecta y emprende las labores de recuperación del cadáver. La señal química es tan poderosa que, cuando Wilson roció con este ácido a una hormiga viva, sus propias compañeras la atraparon con sus mandíbulas y la condujeron una y otra vez al cementerio, pese a sus vanos intentos de oposición.

El mecanismo convierte a las hormigas en máquinas ciegas y obstinadas, hasta el punto de que si uno rocía con ácido oleico un palito o cualquier otro objeto, la primera hormiga que pase por el lugar lo atrapará entre sus mandíbulas y tratará de conducirlo al hormiguero a toda velocidad sin hacerse más preguntas.

Aunque poseemos algunos miles de neuronas más, y un sofisticado sistema de comunicación, los seres humanos nos comportamos de una forma parecida en nuestra vida social. Buscando información sobre las hormigas muertas, me topo con un artículo para la lúgubre Alcor en el que se apunta esta idea. “Las burocracias se comportan de forma inflexible”, asegura el autor, “porque las burocracias no tienen cerebro. Pero son máquinas de funcionamiento simple, como las colonias de hormigas, gracias a unas sencillas reglas de programación”.

Mientras escribo estas líneas, el diario The Guardian publica la historia de un padre y un hijo de visita en Londres, a quienes la policía británica trató como delincuentes sólo porque se habían hecho algunas fotos en el metro y en el autobús. No importaron las explicaciones. Los agentes argumentaron que no se podían tomar imágenes en lugares tan sensibles y, para “prevenir el terrorismo”, les tomaron los datos de sus pasaportes y les borraron las fotos de sus vacaciones.

Un poco más cerca, y por esas mismas fechas, Juan Enrique Tena, de 30 años, pasó seis días en la prisión de Albolote sólo porque su primer apellido coincidía con el un delincuente buscado por la policía. Juan Enrique acudió a pasar la Semana Santa a Granada cuando los agentes le detuvieron y le encarcelaron sin hacer la más mínima comprobación: el nombre y el segundo apellido del huido de la justicia eran distintos, el DNI no coincidía y las fechas de nacimiento no tenían nada que ver. Y para colmo el supuesto delincuente ya estaba capturado hacía tiempo.

El mecanismo por el que los hombres pasan a convertirse en hormigas descerebradas no lo estudian los entomólogos sino algunas otras raras ramas del saber. Las causas por las que una persona deja a un lado el sentido común para obedecer ciegamente una orden se parece más a la peripecia de Joseph K, en El Proceso, que a un documental sobre insectos.

Durante seis largos días, Juan Enrique reclamó la presencia de alguna autoridad judicial que comprobara el error, sin que ninguno de los funcionarios de policía se tomara la molestia de contrastar los datos. “Me dijeron que no podían comprobar lo que les decía porque eran días festivos”, aseguró después del calvario. Es de creer que en aquella prisión, y a su manera, los funcionarios habían percibido el olor a hormiga muerta.

Referencias: Hey I’m Dead!’ The Story Of The Very Lively Ant

http://librodenotas.com/guiaparaperplejos

 

Las aves se están encogiendo pero sus alas se están haciendo más grandes debido al cambio climático

Las aves se están encogiendo pero sus alas se están haciendo más grandes debido al cambio climático

SERGIO PARRA

El fenómeno fue “sorprendentemente” consistente en una variedad de especies de aves, según los autores de un nuevo estudio. El autor principal, Dave Willard, tomó las medidas de las 70.716 muestras de aves en este estudio y las registró a mano en libros de contabilidad como el que podéis ver en la cabecera de esta entrada.

Esta foto muestra uno de los libros de contabilidad de Willard, sus herramientas de medición y una curruca de Tennessee. La correlación que ha establecido es que los pájaros están encogiéndose de tamaño, pero sus alas son más grandes. Y que esto se debe al cambio climático.

Fenómeno morfológico

En 1978, David Willard, un ornitólogo del Field Museum de Chicago, comenzó a recolectar aves que habían muerto después de chocar con las ventanas. A lo largo de los años, Willard trabajó con voluntarios para reunir una colección de más de 100.000 especímenes. Mantuvo mediciones meticulosas de las criaturas muertas, con el objetivo de rastrear las tendencias estacionales.

El nuevo estudio analizó 70.716 especímenes individuales, que representan 52 especies de aves, que se habían recolectado entre 1978 y 2016.

En un nuevo análisis estadístico de este vasto tesoro de datos, Willard y sus colegas investigadores hallaron una tendencia significativa: los cuerpos de las aves en las colecciones del Field Museum se han vuelto más pequeños, mientras que sus envergaduras han aumentado de tamaño, un fenómeno morfológico que los científicos atribuyen al cambio climático.

Concretamente, descubrieron que el hueso de la pata inferior de las aves, un indicador común del tamaño del cuerpo, se redujo en un 2,4 por ciento en todas las especies. La masa de las aves también disminuyó, pero su envergadura aumentó en un 1,3 por ciento.

Los investigadores observaron varios factores que podrían estar impulsando estos cambios, entre ellos la temperatura, las precipitaciones y la vegetación en las zonas de reproducción e invernada de la especie. Encontraron una relación inversa entre el tamaño del cuerpo y la temperatura del verano. Según explica Benjamin Winger, coautor del estudio y biólogo evolutivo de la Universidad de Michigan:

En los años en que las temperaturas eran un poco más frías, vimos un aumento en el tamaño del cuerpo, a pesar de que la tendencia a largo plazo era disminuir. Entonces eso nos lleva a creer que la temperatura es bastante importante aquí.

Esta no es una idea completamente nueva. Dentro de una especie determinada, los individuos que viven en climas más cálidos tienden a ser más pequeños que sus contrapartes en áreas más frías, porque los cuerpos pequeños retienen menos calor, un principio conocido como la Regla de Bergmann. Los científicos sospechan que el aumento de las temperaturas puede estar haciendo que las aves se vuelvan más pequeñas, lo que a su vez las ayuda a mantenerse frescas.

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El pequeño ser al que Darwin calificó como el más importante del planeta

A pesar de pasar desapercibidas, las lombrices de tierra tienen un papel clave en la naturaleza, sinedo una especie de «ingenieros de ecosistemas»

Lombrices de tierra

M. Gutiérrez / D. J. Díaz / D. Trigo / J. B. Jesús /

A las lombrices de tierra nadie les presta atención. Quizás cuando hayan caminado por el campo tras un día de lluvia hayan visto algunas en la superficie húmeda del suelo y a algún mirlo poniéndose las botas con ellas. Las lombrices son un gran sustento para otros animales como aves, topos, tejones, zorros e, incluso, para algunos grandes insectos. Sin embargo, su importancia no acaba ahí.

Poca gente sabe que este grupo, que normalmente vive escondido en el suelo y que no provoca demasiada simpatía, es en realidad uno de los animales más importantes en nuestro planeta.

Darwin, en 1881, se dio cuenta de su relevancia. Afirmó entonces que «es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo que estas criaturas de organización tan simple».

Mucho tiempo antes, los egipcios ya las consideraban «dioses menores» al observar cómo, tras las inundaciones del Nilo, incorporaban al suelo los limos, lo que aumentaba su fertilidad. La realidad es que sin las lombrices no existiría el suelo tal y como lo conocemos, y sin suelo no se habría desarrollado la agricultura.

Las lombrices de tierra se consideran «ingenieros de los ecosistemas». Con su actividad son capaces de modificar el suelo y crear nuevos hábitats para muchos otros animales. Como consecuencia, producen una serie de servicios ecosistémicos que ofrecen al resto de organismos, entre ellos al propio ser humano, y que no han sido valorados por la sociedad.

Veamos algún ejemplo. Al fabricar sus galerías, mejoran las propiedades hídricas y la estructura de los suelos. Al alimentarse de la materia orgánica, la degradan y ayudan a su descomposición por parte de los microorganismos, lo que hace que los nutrientes sean más asimilables para las plantas. Estas suelen crecer mejor en aquellos suelos donde la comunidad de lombrices está sana y equilibrada, lo que hace que también las cosechas sean mejores donde hay lombrices.

Recientemente hemos publicado un artículo sobre la distribución global de las lombrices de tierra en la revista Science. El estudio ha sido realizado por 140 investigadores de todo el mundo a partir de datos de casi 7.000 localidades, incluyendo datos ambientales, procedentes de 57 países distintos de todos los continentes excepto la Antártida.

Nunca hasta ahora se había conseguido recopilar y analizar tal cantidad de datos sobre estos animales. Se trata, por tanto, del mayor estudio global sobre la distribución de las lombrices de tierra. Los resultados obtenidos son muy llamativos.

En primer lugar, el estudio demuestra que las lombrices presentan un patrón de distribución totalmente opuesto al que presentan los animales que viven encima del suelo. Su biodiversidad y abundancia es mayor en las zonas templadas que en las zonas tropicales.

Este descubrimiento nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de realizar un cambio en las políticas de conservación. Para fijar, por ejemplo, los espacios naturales protegidos, uno de los datos que se utilizan son los puntos calientes de biodiversidad. Para designar dichos puntos, hasta ahora solo se habían tenido en cuenta a los organismos que viven sobre el suelo y no a los pequeños animales que viven dentro de él.

Las lombrices de tierra no son tan emblemáticas como otros animales bandera como el lince y el oso panda, pero podrían tener una importancia mucho mayor en los ecosistemas. Es hora de que esas políticas de conservación también incluyan a estos y a otros organismos edáficos para poder conservar, de forma más integrada, la biodiversidad real.

El cambio climático amenaza a las lombrices

El segundo descubrimiento realizado es que la distribución de las lombrices a nivel global viene determinada por factores climáticos como las precipitaciones y la temperatura. Esto hace que a los autores nos preocupe el efecto que el cambio climático podría tener sobre las poblaciones de estos animales.

Las consecuencias sobre las lombrices son impredecibles, puesto que el cambio climático es un fenómeno que se manifiesta a escala local y, por tanto, su efecto será diferente en cada sitio. En algunos lugares, como en los suelos permanentemente helados de las estepas, algunas especies de lombrices podrían incluso verse favorecidas. Sin embargo, la mayoría de las poblaciones podrían verse drásticamente afectadas, lo que puede llevar a su desaparición en algunos lugares o a la sustitución de unas comunidades por otras menos adaptadas.

Estos cambios afectarían a todos los servicios ecosistémicos que las lombrices proporcionan, en la sombra, al ser humano.

Queremos llamar la atención a los lectores sobre estos pequeños animales tan desconocidos y, sin embargo, tan importantes para la humanidad. El suelo es aún una gran caja negra por estudiar cuya biodiversidad e importancia son cruciales en los ecosistemas. Esperamos que la gente sea más consciente de su importancia y tenga una visión distinta de este pequeño gran mundo que habita bajo nuestros pies.

Mónica Gutiérrez López es profesora de Zoología, Universidad Complutense de Madrid

Darío J. Díaz Cosín es profesor Honorífico, Universidad Complutense de Madrid

Dolores Trigo Aza es profesora Titular Universidad. Biología Animal y Ecología, Universidad Complutense de Madrid

Juan Bautista Jesús Lidón es profesor de Zoología, Universidad Complutense de Madrid

Marta Novo Rodriguez es doctora en Biología (Zoología y Biología evolutiva), Universidad Complutense de Madrid

Este artículo fue publicado orginalmente en The Conversation.

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