El plátano, los cacahuetes y el lúpulo de la cerveza son transgénicos: lo que ocurre es que no los ha hecho ningún humano

El plátano, los cacahuetes y el lúpulo de la cerveza son transgénicos: lo que ocurre es que no los ha hecho ningún humano

JAVIER JIMÉNEZ

Efectivamente. “Una de cada 20 plantas con flores es transgénica de forma natural”, estás son las conclusiones de un estudio genético que ha analizado genomas de más de medio millar de plantas. Eso incluye al plátano, los cacahuetes, el lúpulo, los arándanos o el té.

Todas ellas contienen segmentos de ADN adquiridos evolutivamente gracias a una infección de un Agrobacterium. Justo la misma bacteria que nosotros solemos usar para crear transgénicos en el laboratorio. ¿Qué significa esto para el mundo de los organismos genéticamente modificados?

Qué hace un Agrobacterum como tú en un laboratorio como este

Agrobacteriumgall

El Agrobacterium es un género de bacerias gram negativas que tiene una capacidad natural para transferir ADN a las células vegetales. Eso tiene algunas cosas negativas (estas bacterias suelen causar tumores en plantas), pero también tiene cosas positivas (son una de las grandes herramientas biotecnológicas para desarrollar transgénicos).

Y es que el Agrobacterium tumefaciens, por hablar de la especie más conocida, es una bestia parda. En el 77, Chilton se encontró por primera vez con ADN de estas bacterias mientras analizaba un tumor. En los siguientes años, Jozef Schell, Marc Van Montagu y el resto de su equipo describieron el mecanismo que hacía eso posible. Y, para 1983, el grupo de investigación de Chilton ya era capaz de usar ese mecanismo sin riesgo de provocar problemas en las células.

Fue en ese momento cuando empezamos a utilizar esa capacidad para insertar trozos de ADN en nuestro beneficio. Durante décadas, hemos usado estas bacterias para desarrollar los transgénicos. Sin embargo, pensábamos que éramos muy originales. Exceptuando el caso de los tumores, se creía que las Agrobacterium rara vez hacían de transportista genético.

Los transgénicos naturales

Sin embargo, en 2015, un grupo de investigadores descubrieron que las batatas eran transgénicos naturales. Es decir, tenían fragmentos de ADN funcional que, evolutivamente, habían entrado en ellas gracias a una infección de Agrobacterium. Esto era interesante, claro, pero ¿cómo de extendidos estaban estos ‘transgénicos naturales’?

Ahora, un equipo de investigadores ha seleccionado una muestra representativa de 356 especies de plantas con flores y analizaron sus genomas. Según publican en Plantt Molecular Biology, entre ellas encontraron 15 especies transgénicas naturales. Puede parecer poco, pero 1 de cada 20 significa que están mucho más extendidos de lo que pensábamos.

Pero esta noticia es interesante más allá de la curiosidad concreta. La existencia de transgénicos naturales puede llevar a un revival de estas técnicas en Europa donde la investigación ha sufrido un parón importante, pero la legislación deja claro que las modificaciones genéticas naturales no caen dentro de las restricciones. ¿Estamos ante una nueva era de oro de este tipo de plantas?

Imagen | Elevate

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Los bebés tienen músculos de reptil en las manos y los pierden antes de nacer

La investigación acaba con el mito de que somos más simples y menos evolucionados en nuestra época prenatal

Un embrión humano de 30 días
Un embrión humano de 30 días

Desde que Darwin propuso su teoría de la evolución, los científicos han argumentado que la aparición de estructuras atávicas (anatomía perdida durante la evolución que sin embargo está presente en la etapa embrionaria) respalda firmemente que las especies cambian con el tiempo desde un ancestro común a través de «descendencia con modificación». Un ejemplo claro son las avestruces, que a pesar de no poder volar, presentan alas más grandes. También ocurre con las ballenas, los delfines y las marsopas, que carecen de extremidades posteriores, pero sus embriones inician y luego abortan el desarrollo de las patas. Lo mismo se ha observado en embriones humanos, que tienen pequeñas estructuras temporales similares a la cola y que acaba siendo nuestro coxis.

Ahora, un equipo de biólogos evolutivos dirigido por Rui Diogo, de la Universidad de Howard (EE. UU. ), publica en la revista «Development» una investigación que demuestra que numerosos músculos atávicos de las extremidades, conocidos por estar presentes en muchos animales con extremidades pero generalmente ausentes en humanos adultos, se forman sin embargo durante el desarrollo humano temprano y luego se pierden antes del nacimiento. Es decir, que los embriones los desarrollan, pero se eliminan antes de nacer. Y lo más sorprendente: hay músculos que desaparicieron en nuestros antepasados hace 250 millones de años, durante la transición de reptiles a mamíferos.

Dorsometacarpales en un embrión humano
Dorsometacarpales en un embrión humano – RUI DIOGO, NATALIA SIOMAVA Y YORICK GITTON

Es el caso de los músculos dorsometacarpales, que ahora se pueden ver a una resolución nunca vista, pero existen más. De hecho, tanto en la mano como en el pie, de los 30 músculos que se forman a las siete semanas de gestación, un tercio se fusionará o estará completamente ausente tan solo seis semanas después. Esta disminución dramática es paralela a lo que sucedió en la evolución y acaba con el mito de que tanto en nuestra evolución como en el desarrollo prenatal somos más simples y la complejidad surge con el tiempo, afirman los autores.

La tecnología abre una ventana a los embriones

Aunque se tenía constancia de estructuras atávicas con anterioridad, no ha sido hasta ahora, gracias a la tecnología, cuando se han podido observar estas imágenes tan detalladas en embriones y fetos. «Teníamos una mejor comprensión del desarrollo temprano de peces, ranas, pollos y ratones que en nuestra propia especie, pero estas nuevas técnicas nos permiten ver el desarrollo humano con mucho mayor detalle. Es fascinante que hayamos podido observarvarios músculos que nunca se han descrito en el desarrollo prenatal humano, y que algunos de ellos se observaran incluso enfetos de 11,5 semanas de edad, lo que es sorprendentemente tarde para los atavismos del desarrollo», afirma Diogo.

El biológico señala además que el hecho de que estos músculos se encuentren raramente en adultos- si lo hacen es en forma de variaciones anatómicas que pueden causar daño o no a la salud del individuo, en forma de malformaciones– «refuerza la idea de que tanto las variaciones musculares como las patologías pueden estar relacionadas con el desarrollo embrionario retrasado o detenido». Esto ayudaría a explicar por qué estos músculos se encuentran ocasionalmente en personas adultas y «proporciona un ejemplo fascinante y poderoso del juego de la evolución».

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¿ Con qué sueñan los pulpos?


En esta grabación podemos ver a un pulpo hembra durmiendo que cambia de color varias veces. El patrón que siguen esos cambios de color, que coincide con el que adoptarían al dejar el fondo, nadar y posarse sobre un cangrejo para comérselo, deja abierta la posibilidad de que el animal esté soñando. Además, sus ojos se están moviendo a pesar de estar cerrados. Los pulpos son animales extraordinariamente inteligentes, la simple idea de haber captado el momento en que uno de ellos está soñando es maravillosa. Visto en Digg

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El origen del orgasmo femenino: cuando el clítoris era clave en la ovulación

Un nuevo estudio prueba empíricamente que en un principio el orgasmo estaba encaminado para provocar la ovulación, pero que esta función se perdió con la evolución de algunos mamíferos, incluidos los humanos

El orgasmo sería una antigua señal al cerebro femenino para la ovulación que se perdió con el paso del tiempo en algunos mamíferos, incluidos los humanos
El orgasmo sería una antigua señal al cerebro femenino para la ovulación que se perdió con el paso del tiempo en algunos mamíferos, incluidos los humanos – Archivo

Patricia Biosca

El orgasmo femenino en algunos mamíferos, incluidos los humanos, lleva siendo un misterio biológico desde hace siglos: Aristóteles ya se preguntaba por qué las mujeres podían experimentarlos o no independientemente de quedarse embarazadas y dar a luz a descendientes perfectamente sanos. Entonces, ¿qué sentido en la naturaleza tenían estas contracciones en la vagina de las hembras?

Los machos siempre necesitan llegar al orgasmo para completar una reproducción sexual satisfactoria, ya que si no no se daría la eyaculación. Esto ocurre también con las hembras de algunas especies, como los conejos, los gatos, los hurones o los camellos, que ovulan después de alcanzar el orgasmo. Sin embargo, las parejas femeninas de otros mamíferos -incluidas las mujeres- ovulan de forma espontánea. Es decir, para ellas la ovulación es una condición necesaria para una reproducción sexual satisfactoria, mientras que el orgasmo no. Por ello, en 2016 los biólogos Günter P. Wagner -de la Universidad de Yale- y Mihaela Pavlicev -de la Universidad de Cincinnati- propusieron la teoría de que el orgasmo surgió efectivamente con el fin de la ovulación, pero tiempo después se perdió esta función debido a la evolución.

«Nuestro orgasmo femenino podría ser parte de esa señal primitiva, que ya no induce a la ovulación, pero que todavía existe», explicaba Pavlicev. Además, esa misma investigación se apoyaba en la evolución genital para apuntalar su idea: en el caso de la mujer y otros animales con ovulación espontánea, el clítoris está situado fuera de la vagina, que es el canal reproductivo. En cambio, en el caso de los animales que necesitan ese placer para ovular, el clítoris está muy cerca o incluso dentro con el objetivo de que la penetración lo provoque. Ahora, un nuevo estudio publicado por los mismos autores en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences» viene a avalar esta hipótesis por primera vez con hechos empíricos.

Inhibir la ovulación en conejos

Para probar su teoría, Wagner y Pavlicev inocularon diariamente a conejos hembra fluoxetina, un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina que impide el orgasmo durante dos semanas antes de la cópula. Es decir, les provocaron un estado parecido al de las mujeres humanas. Un día después del encuentro sexual, los autores midieron el número de ovulaciones y observaron que fue 30% menor en conejos tratados con fluoxetina que en conejos de control.

En un segundo experimento, los autores indujeron la ovulación después del tratamiento con fluoxetina. El tratamiento con fluoxetinano afectó significativamente a la ovulación inducida, lo que según los biólogos prueba que la ovulación inducida por cópula en conejos tiene los mismos efectos que el orgasmo femenino en humanos, «lo que sugiere que estos procesos comparten un origen evolutivo común», afirma el estudio.

Animales sociales y orgasmos

La investigación señala que el orgasmo femenino tiene su ancestro común hace de 152 a 145 millones de años, dentro del clado de los mamíferos llamados euterios, que se separó de los metaterios (emparentados con los marsupiales actuales) en el Cretácico inferior o el Jurásico superior. A partir de ahí los ciclos ovulatorios evolucionaron y, aunque en un principio la función del clítoris fuera enviar señales al cerebro para que las hormonas se dispararan y liberar un óvulo, el objetivo se perdió en algún punto de la evolución, «cerca de hace 60 millones de años», explica Wagner a ABC.

«El orgasmo se mantedría en estos mamíferos probablemente como consecuencia de la vida social, ya que la ovulación inducida por el hombre se da en animales que viven vidas solitarias, como los gatos y los conejos», apunta el biológo. «Según nuestros resultados, creemos que tiene que tener una función no reproductiva que de alguna manera beneficie a la mujer y no necesariamente a su fertilidad», señala. Queda abierto, pues el misterio del orgasmo femenino.

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Se logra filmar en vídeo en el Pacífico una de las medusas más extrañas que conocemos

Se logra filmar en vídeo en el Pacífico una de las medusas más extrañas que conocemos

SERGIO PARRA

Fue descubierta hace 50 años y solo ha habido una decena de encuentros. Ahora podemos verla en toda su esplendor en el siguiente vídeo.

Es, sin duda, una de las medusas más raras que se han identificado: Deepstaria puede cerrar la apertura de su campana expansiva en forma de bolsa, atrapando a cualquier presa que haya flotado dentro.

Nautilus Live

Se mantienen sin respuesta muchas preguntas relacionadas con su biología, distribución, dieta, tolerancias ambientales y comportamiento.

Filmada en el Océano Pacífico por un robot de Nautilus Live, el encuentro se produjo a 790 metros de profundidad cerca de las islas Baker & Howland.

Podemos observar cómo un isópodo rojo brillante que residía en la campana del escifozoo. Es probable que este pequeño crustáceo consuma trozos de la medusa mientras permanece oculto para los depredadores.

La descripción formal de la especie se produjo hace 45 años, casi seis años después de su descubrimiento, utilizando un fragmento de un ejemplar capturado de forma accidental. Desde entonces solo se han conseguido muestras muy limitadas, en su mayor parte procedentes de redes de pesca, y dos filmaciones de ejemplares en su medio natural.

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La berrea como acto místico

La noche en que asistí al espectáculo de los venados en los montes de Toledo me puse a recitar a media voz algunas estrofas del cántico espiritual

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Un ciervo rojo y dos hembras, durante la berrea, en el británico Richmond Park, en 2015.
Un ciervo rojo y dos hembras, durante la berrea, en el británico Richmond Park, en 2015. TOBY MELVILLE REUTERS

MANUEL VICENT13 SEP 2019 – 16:08 CDT

La berrea de los venados se produce entre la Virgen de Agosto y la Virgen del Pilar. Si ha habido lluvia abundante que garantiza buenos pastos, su plenitud se alcanza al abrirse el otoño. En esta época de celo los ciervos ponen a subasta el propio semen en medio de una lucha encarnizada, que se desarrolla ante el harén de hembras atentas al combate. El vencedor será el galán que merecerá cubrirlas y marcar territorio como macho dominante hasta la pelea del próximo año.

Si la berrea se produce durante el plenilunio el espectáculo adquiere una profundidad casi religiosa. De hecho la noche en que asistí a la berrea en los montes de Toledo, cuando desde la caída de la tarde todos los valles de la serranía se llenaron de bra­midos semejantes a tubas de una orquesta salvaje, con ecos y respuestas, hubo un momento en que recordé a San Juan de la Cruz. Para sentir cómo sonaban en medio de la imponente berrea me puse a recitar a media voz algunas estrofas del cántico espiritual.

“¿Adónde te escondiste, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido, salí tras ti, clamando, y eras ido. Pastores, los que fuereis por las majadas al otero, si por ventura viereis aquel que yo más quiero decidle que adolezco, peno y muero”.

La fusión era perfecta. Resultaba fascinante la pulsión de la naturaleza unida al erotismo y a la espiritualidad del cántico y al clamor de las infinitas glándulas de los venados.

Por el camino de Torrijos y Ventas con Peña Aguilera hacia El Bullaque había llegado al parque natu­ral de Cabañeros, situado entre cotos de caza, propiedad de viejos aris­tócratas y nuevos financieros, quienes los han convertido en mataderos con alambradas, puesto que durante el año se dedican a cebar a los ciervos y luego llegan los cazadores, que pagan un alto precio por llenarles tranquilamente de plomo la barriga. Por este tiempo el campo se puebla de señores ataviados con ropa austria­ca, armados con rifles de miras telescópicas potentísimas cuya munición del calibre 300 es capaz de abrir en el cuerpo de los venados boquetes de salida en los que cabe un puño.

Ahora Cabañeros es un parque natural. Uno de los guardas que antes fue secretario de algunas monterías me explicó a la luz de la luna cómo se establece el rito de esta matanza.

Al amanecer los monteros se desayunan con unas migas con chorizo. A continuación se reza un padrenuestro o una salve montera a san Humberto, patrón de los cazadores. Se sortean los puestos y enseguida comienza la cacería. Suenan los cuernos, se realiza la suelta, el espacio se llena con los ladridos de la reala de perros podencos y mastines y los ciervos huyen rompiendo monte cargados de adrenalina, cuyo nivel no es menor en la sangre de los monteros apostados llenos de excitación en una silla de tije­ra junto al secretario.

-Yo he sido secretario en las monterías muchos años y he visto cosas- contaba el guarda a la luz de la luna. -En una ocasión serví a un banquero. Estaba en el puesto y se había traído a la amante. No entraba la caza. En un momento los dos comenzaron a aparearse ante mi vista, como si yo no fuera humano. Agarré el rifle y se lo puse al señorito en los riñones. «Si no para de follar, lo mato» le dije.

En este tiempo de berrea los ciervos, preservados por el bosque, se destapan y salen a los claros; el celo les fuerza a bajar la guardia para exhibirse y mientras ellos se excitan mutuamente con sus estremecedores bramidos, los cazadores furtivos aprove­chan semejante galantería para disparar sobre ellos. Cuando había abundancia se disparaba tam­bién a mansalva sobre las ciervas y, si estaban preñadas, abortaban en el instante de recibir el disparo. Se dice que entonces los ciervos miran la bocas de los rifles llorando.

– ¿Sabes lo que significa hacerse novio? —me preguntó el guarda.—Hacerse novio es un rito. Al final de la mon­tería el dueño del coto sirve unas judías a los tiradores. En el patio los tractores descarga­n la caza y el neófito que ha matado por primera vez a un venado es embadurnado con la sangre y las vísceras de su caza. Esa ceremonia animal es su bau­tismo, y con ello lo casan con su venado muerto. A veces le hacían comerse crudos sus despojos.

Sin duda san Juan de la Cruz cruzó con sandalias desnudas este terri­torio donde ahora bramaban sus venados. “Vuélvete, paloma, que el ciervo vulnerado por el otero asoma al aire de tu vuelo y fresco toma”. San Juan de la Cruz, en la noche oscura de su alma también oiría estos mis­mos berridos que ahora herían los montes de Toledo. Y él los convirtió en los deseos del amado.

Invitado en un restaurante de Madrid, al que acuden los monteros solo a verse y a saludarse con una cigala en la mano el abogado de un gran empresario cazador me preguntó:

– ¿Tú tiras?

– No. Yo solo voy tirando- le dije.

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ESTE VIDEO EXPLICA CON CLARIDAD CÓMO SE FORMAN LAS AURORAS BOREALES Y AUSTRALES

UNA EXPLICACIÓN CLARA Y PRECISA DEL FENÓMENO ASTRONÓMICO QUE DA ORIGEN A LAS AURORAS EN LOS POLOS NORTE Y SUR

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De todos los fenómenos naturales que pueden observarse en la Tierra, pocos tan impresionantes como las auroras que tienen lugar únicamente en las regiones polares del planeta y que, por ello, reciben el nombre de auroras boreales o australes (por los términos en griego para norte y sur, respectivamente), dependiendo de dónde ocurran.

Entre las razones que hacen impresionante a este espectáculo de luces se encuentra, por un lado, lo inusual de su ocurrencia, pues si bien existe una temporada en el calendario en que es posible observarlas, e igualmente puntos muy específicos del planeta para hacerlo (entre otros, CanadáDinamarcaIslandia o Noruega), al mismo tiempo dependen de tantos factores que de algún modo se trata de un fenómeno improbable. Pero además de eso, su existencia se encuentra en conexión directa con eventos astronómicos mayores, específicamente las tormentas y las erupciones solares.

Grosso modo, de una erupción solar se liberan partículas cargadas eléctricamente, las cuales penetran en el campo magnético de la Tierra y colisionan con los átomos y las moléculas de nuestra atmósfera. De esta reacción se producen innumerables partículas de luz, llamadas fotones, que forman la aurora. Las colisiones con el oxígeno producen auroras rojas y verdes, mientras que el nitrógeno produce los colores rosa y púrpura. El fenómeno rodea las regiones polares de la Tierra, a una altitud de entre 65 y 650km, en una zona conocida como “óvalo auroral”. En el video se ofrece una visualización sumamente precisa del fenómeno. Veamos:

Este video fue realizado por el sitio Forskning para el Departamento de Física de la Universidad de Oslo en 2011.

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El perro carea ‘c’est moi’

‘Lana’ no quería traer la pelota, se lo dictaban sus genes

JAVIER SAMPEDRO

Un pastor junto a su rebaño de ovejas y dos de los perros que le ayudan en su trabajo.
Un pastor junto a su rebaño de ovejas y dos de los perros que le ayudan en su trabajo. ALFREDO ARIAS

Nunca he tenido perro. De tenerlo, mi fisiología descuidada y mi abulia pertinaz se habrían convertido en un peligro para el desamparado cánido. Pero sí que viví una temporada con una amiga que tenía cuatro. Mi favorita era Lana, una pointer blanca y negra como una vaca frisona pero ágil como una pantera y tenaz como una maldición. En cuanto me veía sentarme al ordenador, cosa que ocurría a menudo, localizaba la pelota de tenis raída y despeluchada allí donde estuviera, la cogía entre sus fauces y me la tiraba encima del teclado, directamente. En su lenguaje precario, eso quería decir que quería salir al campo, que yo le tirara la pelota y ella la recogiera de un bocado limpio y certero, a ser posible antes de que botara en el suelo. Me gustaba ver su carrera veloz y los lúcidos movimientos con que su cuerpo alcanzaba la pelota, aunque esta hubiera tropezado en una rama o se hubiera desplazado por el fuerte viento de la sierra.

Lo que más me sorprendió de todo, sin embargo, era la actitud de Lana después de recoger la pelota. Yo esperaba que me la trajera de vuelta, pero Lana no hacía eso nunca. Dejaba la pelota en el suelo, tal vez a 50 metros de mí, y se quedaba allí apuntando a ella con su mano derecha como diciendo: “Aquí está la pelota, capullo, ¿quieres venir a por ella de una vez?”. A una perra tan inteligente como ella, jamás se le ocurrió devolverme la jeringada pelota para que yo se la tirara otra vez. Eso me desconcertaba.

Después reparé en que Lana era una pointer, literalmente un puntero, mezcla ancestral de podenco (como el sabueso de los Baskerville), spaniel (que viene de español, por alguna razón) y setter, una raza adaptada a echarse en el suelo para señalar a su dueño dónde estaban las aves que debía cazar con su red. Lana no quería traerme la pelota, sino indicarme dónde estaba. Sus genes medievales le dictaban ese comportamiento, y todos mis gestos y alharacas se quedaron muy cortos para contrarrestar esa carga genética centenaria.

Mis amigas pueblerinas me han aportado otros datos muy interesantes sobre el perro carea (también llamado pastor leonés, sobre todo en León). Los pastores utilizan a esta raza desde hace siglos para mantener unido su rebaño. Si una oveja díscola se aparta del grupo, el perro carea le monta la de Dios es Cristo a base de ladridos y empujones hasta que la indisciplinada ovina vuelve al rebaño del que nunca debió salir, al menos desde el punto de vista del guardián ladrador. Al igual que ocurría con mi Lana, nadie les ha enseñado a hacer eso: parece ser una propiedad de su raza, y cuando se dan las circunstancias pueden extender ese comportamiento a rebaños de vacas que caminan por una carretera terciaria o alumnos que se dirigen desde el aula hacia la piscina. El perro carea no consentirá que nadie abandone el rebaño. ¿Cómo es esto posible?

Es la evolución, estúpido. No en este caso por la selección natural de Darwin, sino por la selección artificial que le inspiró su teoría. Erin Hecht y sus colegas de Harvard han escaneado los cerebros de 62 perros de 33 razas, y se han encontrado con un abanico completo de formas. Las regiones cerebrales más variables están implicadas en los vínculos sociales, el movimiento y la navegación. ¿Y nosotros, desocupado lector?

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El secreto que guarda el corazón del dragón de Komodo

Por primera vez un estudio publica el genoma de la especie, que revela pistas de por qué el lagarto más grande del mundo tiene tantos rasgos mamíferos

El dragón de Komodo es una de las especies más extrañas de la Tierra

Los dragones de Komodo son los lagartos más grandes del mundo: puede pesar 100 kilos y detectar a sus presas a decenas de kilómetros. Y, aunque sean de sangre fría, son capaces de aumentar su metabolismo a niveles cercanos a los de los mamíferos, lo que les da una gran velocidad y resistencia inusual en el caso de los lagartos. Todos estos ingredientes han hecho de esta especie un enigma para la ciencia, que hasta hoy no había desentrañado su ADN.

Ahora, un nuevo estudio de investigadores de los Institutos Gladstone, en estrecha colaboración con científicos de UC San Francisco (UCSF) y el Zoo Atlanta, proporciona la primera secuencia de alta resolución del dragón de Komodo, así como una idea de cómo pudo llegar a evolucionar este peculiar ser.

«Comenzamos el proyecto hace 9 años», explica el investigador principal de Gladstone, Benoit Bruneau, autor principal del estudio. «En ese momento, otros grupos habían secuenciado el genoma de la tortuga, el de la serpiente y el ave; el del cocodrilo estaba en proceso, pero la rama que faltaba era la de los varánidos, la familia a la que pertenecen los dragones de Komodo».

Un estudio completo y comparativo

Por ello, el equipo estudió el ADN de dos dragones de Komodo de Zoo Atlanta, llamados Slasher y Rinca, cuyas muestras de sangre se obtuvieron como parte de sus controles anuales programados. El estudio, publicado en la revista «Nature Ecology & Evolution», proporciona la secuencia del genoma del dragón de Komodo. Una vez que los científicos tuvieron la secuencia, usaron herramientas digitales para compararla con la de otros reptiles y ver qué hace que el genoma del dragón de Komodo sea único.

«Nuestro análisis mostró que en los dragones de Komodo muchos de los genes involucrados en la forma en que las células producen y usan la energía han cambiado rápidamente de manera que aumenta la capacidad aeróbica del lagarto», explica Abigail Lind, investigadora postdoctoral en el laboratorio de Pollard y primera autora de el estudio. «Estos cambios probablemente sean clave para la capacidad de Komodo para lograr un metabolismo cercano a los mamíferos».

De hecho, los lagartos generalmente no son conocidos por su alta capacidad aeróbica. En otras palabras, se agotan rápidamente después de realizar fuertes esfuerzos físicos. «Sin embargo, sabemos que los dragones de Komodo son capaces de mantener una actividad aeróbica, como nadar, correr o caminar distancias muy largas», explican los investigadores. «Nuestro estudio muestra que el secreto está en estas adaptaciones mitocondriales para aumentar su gasto cardíaco».

Oler a cientos de kilómetros

Además, los investigadores descubrieron que los dragones de Komodo, junto con algunos otros lagartos, tienen un número inesperadamente grande de genes que codifican sensores químicos conocidos comoreceptores vomeronasales. Estos receptores forman parte de un sistema sensorial sofisticado que permite a los animales detectar hormonas y feromonas y saber, por ejemplo, si hay algún pariente cercano, una posible pareja, un depredador o una presa.

En el genoma de Komodo, el equipo encontró más de 150 copias de una clase de genes receptores vomeronasales. El equipo también encontró que muchos de estos genes son únicos para cada especie de lagarto individual, lo que aumenta la posibilidad de que los receptores vomeronasales del dragón de Komodo puedan funcionar de maneras específicas. «Será interesante determinar si esto explica la capacidad de los dragones de Komodo para detectar presas en distancias tan grandes».

A continuación, Bruneau y su equipo esperan usar sus hallazgos para investigar cómo los genes que controlan la formación del corazón de vertebrados han cambiado a lo largo de la evolución, ya que la mayoría de los reptiles tienen solo un corazón de tres cámaras, mientras que los mamíferos tienen cuatro cámaras.

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