LA CÁMARA ANECOICA

Puede ser una imagen de una persona
“El compositor e investigador John Cage demostró que el silencio absoluto no existe en el planeta Tierra, pues comprobó que, por más que se aislase, acababa escuchando los sonidos que emitía su propio cuerpo.
No obstante, lo que sucede dentro de una cámara anecoica tiene mucha miga. En primer lugar, tus oídos se adaptarán al silencio. Poco después, en efecto, empezarás a oír los latidos de tu corazón, centrarás la atención en tu respiración e incluso llegarás a escuchar un gorgoteo en tu estómago.
Más tarde, intentarás levantarte y caminar, pero perderás el equilibrio, ya que nos orientamos a través del oído interno y, al no haber sonido, podrías perder la capacidad de desplazarte normalmente.
Por último, te sentarás y no podrás mantenerte así más de 15 minutos, pues al no existir estímulos auditivos externos (sólo los de tu propio cuerpo), el cerebro empezará a confundirse y a crear “sonidos” propios. Treinta minutos más tarde, en muchos casos, empezarás a tener alucinaciones y a delirar.
No podemos vivir sin sonido.
No podemos vivir sin música.”

Cuando lloran los hombres

Cuando lloran los hombres

Moisés Butze “Los guerreros legendarios del pasado heroico solían llorar a moco tendido…” escribió recientemente Irene Vallejo en un artículo que se publicó en este diario. “Llorar y llorar, llorar y llorar…”, pero si los hombres no lloran, aunque su anatomía los provee de lágrimas, la cultura los reprime dictando normas y conductas que descalifican el llanto masculino.

Si podemos leer en distintos pasajes literarios o etapas de la historia el llanto derramado por Aquiles, Odiseo, Orfeo, Heracles, el caballero Tristán o el Cid campeador… por el lamento de sus penas y pérdidas, ¿por qué la sociedad les niega ese derecho a los héroes contemporáneos?

La figura del macho se fue perfilando de tal manera que se impusieron como características masculinas algunas inhibiciones que, a juicio de la cultura, aparecían como debilidades. Sin embargo, la valentía no se quiebra por los sollozos o el lloriqueo. Destaco que en las canciones de corte bravío, el charro tenía que ser representado con los atributos del superhombre que prefiere morir que gimotear.

De alguna manera, en este círculo tan hermético, brotaron voces que se atrevieron a romper con el esquema establecido dando cabida al lamento en sus canciones.

“Estoy a punto de llorar por tanto recordar las horas que vivimos…”. A veces, las lágrimas quedan escondidas en el discurso, pero el lector/escucha las puede observar: “Por eso fue que me viste tan tranquilo caminar serenamente bajo un cielo más que azul; después, ya ves, me aguanté hasta donde pude y acabé llorando a mares donde no me vieras tú…”. Los demás pueden enterarse, pero tú, la mujer amada que me abandona, no.

Dos canciones de José Alfredo que quedan enlazadas por el llanto y por la fuerza que el nombre imprime a la persona: “La noche de mi mal” y “Por mi orgullo”. La primera comienza cantando: “No quiero ni volver a oír tu nombre, no quiero ni saber a dónde vas…”. La segunda es un proferimiento que expresa: “Destrozado por la ausencia repitiendo voy tu nombre, llorando triste, llorando, yo que siempre fui tan hombre…”.

Chevalier, el gran estudioso de los símbolos, señala que “(…) nombrar una cosa o un ser equivale a cobrar poder sobre él”. La aniquilación surge cuando alguien no quiere ni siquiera recordar tu nombre. Y es que recordar es enlazar los corazones, se recuerda con el corazón, por eso en oriente no pueden estar separados mente y corazón.

Proferir, en cambio, es como escuchar un mantra, un eco que no permite salir de ahí, es recordar instante a instante. En el primer ejemplo, el protagonista se esconde, no permite que ella perciba y vea su llanto, se aguanta “como los machos”. En “Por mi orgullo”, cierra con una estrofa que afirma: “Pa’ que sepa que la quiero y que estoy aquí llorando, que mi alma triste y rebelde todavía la está esperando…”. Pareciera que nuestro autor canta para no llorar, o llora cantando, y se atreve a mostrarlo en el recinto sagrado de los bohemios, delante de su cofradía, frente a sus músicos, después de que “Ella” le ha lanzado un: “Ya no te quiero”, cuando afirma: “Quise hallar el olvido al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar”. El trovador se arriesga a desafiar el mundo de la secrecía masculina al cantar: “Me cansé de rogarle, con el llanto en los ojos alcé mi copa y brindé por ella…”. 

La canción que encabeza el artículo, “Cuando lloran los hombres”, dio título también a un LP de los años 60. El ruego se asemeja mucho al de “Ella”, sin embargo, penetra en los misterios del alma: “No te me vayas, ¿qué no tienes corazón?, te estoy queriendo con toda el alma y tú no entiendes mi amor”. De alguna manera, encuentro que en este tema hay un presentimiento más que una certeza, pues algunas de las primeras estrofas comienzan con una interrogante: “Quién iba a decirme que noche con noche te me iba olvidando, mientras que mi pecho, segundo a segundo, te estaba adorando…”.

Los hombres lloran por amor, no pueden cancelar el llanto, los poetas también, aunque, a veces, prefieren cantar para expresar doblemente su dolor: “Yo no sé qué pase después que te vayas, que agarres tus cosas y al fin me abandones; yo no sé qué pase, pero hay un momento que lloran los hombres”. 

https://www.milenio.com/opinion/paloma-jimenez-galvez/columna-paloma-jimenez-galvez

30 DE ABRIL, DÍA INTERNACIONAL DEL JAZZ: UNIÓN A TRAVÉS DEL RITMO

EL DÉCIMO ANIVERSARIO DEL DÍA INTERNACIONAL DEL JAZZ ES UNA OCASIÓN PARA CELEBRAR EL RITMO Y LA UNIÓN

30 de abril, Día Internacional del Jazz: unión a través del ritmo

Este 30 de abril, en plena primavera, se celebra el Día Internacional del Jazz. El décimo aniversario de una de las mejores cosas que inventó el siglo XX ha recibido un gran impulso por parte de la UNESCO, que ve en la música, y particularmente en el jazz, un medio de unión y celebración de las culturas humanas.

La UNESCO entiende que el jazz manifiesta “esfuerzos en pos de la dignidad humana, la democracia y los derechos civiles”. Pero su acción social es más efectiva que la política en tanto que se basa en el ritmo y la experimentación de sensaciones íntimas, de oscuros placeres. El entusiasmo de la UNESCO por este festejo puede apreciarse en las palabras de su directora general, Audrey Azoulay:

El jazz es un estallido de belleza nacido de la opresión, la música de la improvisación y la creación colectiva. En su corazón anidan la libertad y la apertura, y por ello pueden abrazarlo culturas de todo el mundo, enriquecidas en cada caso por sus particulares notas y sus propias tradiciones musicales. 

En esta ocasión el festival, que suele tener una sede diferente cada año, también ha sido afectado por la pandemia, por lo que se llevará a cabo en línea. Se celebrará un magno concierto que podrá seguirse a través del sitio jazzday.com, YouTube y Facebook. Este concierto contará con las presentaciones de Herbie Hancock, Marcus Miller, Andra Day, Dee Dee Bridgewater, John McLaughlin, Dianne Reeves, Joe Lovano, Angelique Kidjo, John Beasley y muchos artistas más.

Como mucha de la música que surgió en el siglo XX, el jazz nació entre comunidades afroamericanas y tiene sus raíces en el blues. De estas comunidades, particularmente las situadas en el estado de Louisiana en Estados Unidos, se expandió al mundo y los años veinte, los años que Scott Fitzgerald y otros literati consagraron como los roaring twenties, fueron la era del jazz. Pronto el jazz llegó a Europa, a acuidades como París y Berlín, y a países latinoamericanos, donde alcanzó, particularmente en la música afrocubana y afrobrasileña, algunas de sus notas más altas.

Lo que hace más atractivo al jazz es su cualidad lúdica y libre. Las tres características que lo identifican son el swing, la improvisación y la libertad del fraseo, en el que se manifiesta el ánimo del compositor. Estas características hacen que el jazz tenga un poder único de reflejar emociones e incluso lo que en la literatura de la misma época se empezaba a conocer como el stream of consciousness, ese flujo mental desnudo, espontáneo y a veces caótico. 

Para celebrar el Día del Jazz, te compartimos tres grandes discos de la historia de esta música:

 

Miles Davis – Kind of Blue

Ella Fitzgerald y Louis Armstrong – Ella and Louis 

Keith Jarret – The Köln Concert


https://pijamasurf.com/

Renata Flores, la Rosalía de los Andes

          

thumb image

La música urbana no retrata los problemas rurales. El reguetón habla de temas sexis y divertidos, no de feminismo indigena. La música latina se canta en español, no en quechua. Con solo 19 años, Renata Flores ha venido a tirar por tierra todas estas ideas preconcebidas. Su primer disco, Isqun (nueve, en la lengua precolombina quechua) cuenta la historia del Perú a través de nueve mujeres, nueve personajes históricos del país, desde el Imperio inca hasta la actualidad. En ellas fusiona trap, reguetón y folclore indígena, creando un cóctel musical que entra suave como un daikiri de fresa, pero que es contundente como un chupito.

La guitarra y la flauta de pan dibujan una pegadiza melodía en su primer single, que cuenta la historia de Francisca Pizarro, hija del conquistador español y una princesa inca. La guitarra parece española, pero la cantante precisa: «Es ayacuchana, la adaptación peruana de este instrumento». Muy pocos sabrían diferenciar una de otra. Renata lo sabe. Renata lo dice. Y lo hace porque el uso de este instrumento no solo da ritmo, sino sentido a una canción que habla de la fusión de culturas y que arranca con un llamativo grito: «Rosalía, dame la razón».  

«Me gustó mucho mencionarla porque ella también mezcla el flamenco con la música urbana y me venía muy bien para decir eso, que somos fusión», explica Flores en videoconferencia dos días antes de lanzar su primer disco. Aunque el resultado sea musicalmente diferente, la referencia a Rosalía no es gratuita. Renata comparte con la catalana esa búsqueda de las raíces, la actualización del folclore, la intención de modernizar lo rancio. En el caso de la peruana, este acto tiene un inevitable posicionamiento político.

Renata lo canta con naturalidad, pero, en Perú, hablar quechua puede significar quedarte en los márgenes de la sociedad. En el pasado podía significar ser maltratado. O asesinado. Entre 1980 y el año 2000 los enfrentamientos con el grupo terrorista Sendero Luminoso se saldaron con unos 70.000 muertos. El 75% de los fallecidos hablaba una lengua indígena.

Renata no vivió esa época, pero la conoce por sus abuelas. «Una era maestra rural», comenta con orgullo. «Es toda una historia lo que ella me cuenta, cómo a sus alumnitos se los llevaban. Ella ha sufrido mucho, y cuando fue maestra incluso tuvo que escaparse de ellos, hacerse la cojita y venir hasta Huamanga [provincia de la sierra peruana] para estar con sus hijos», explica. Su historia es la de muchos peruanos. El conflicto terrorista supuso más de un millón de desplazamientos, tanto externos como internos.  Renata Flores, la Rosalía de los Andes

 

El problema del quechua en la actualidad no es que sea perseguido, es que no es cool. Pero artistas como Renata Flores están cambiando esa percepción. «Y no solo en la música, hay youtubers, hay gente en TikTok hablando quechua», señala. «Me gusta pensar que proyectos como este pueden ayudar a que sea algo de tendencia, que esté de moda entre las nuevas generaciones». Las cifras parecen avalar su discurso. Después de décadas en declive, la población de quechuahablantes en el Perú ha aumentado en casi medio millón en los últimos años, pasando de los 3.360.000 en 2007 a 3.800.000 en 2017.

Pero queda mucho trabajo por hacer. Lo que Renata Flores sí ha vivido han sido los cuchicheos, las miradas torvas, los gestos airados ante una palabra o una expresión. Su otra abuela solo habla quechua y ella, no sabía muy bien por qué, se avergonzaba un poco de eso. No sabía, pero ahora sabe. Y quiere que esa realidad cambie. Los prejuicios acaban calando cuando el goteo es constante. «Cuando ella hablaba notaba las miradas. Además, la televisión no ayuda, vende una imagen de la mujer indígena que es como caricatura, es un chiste», denuncia. Por eso es importante lo que Renata canta en sus canciones, lo que muestra en sus videoclips. La lengua es parte de su mensaje, pero lo que cuenta es igualmente importante; incluso su estética, que bebe del folclore y la moda indígena. 

Su disco reivindica la figura de mujeres poderosas de su país, con un especial enfoque en la mujer indígena. Canta a Rita Puma Justo, líder aimara que luchó (hasta su muerte) por la educación de la infancia indígena. A María Parado Bellid, mártir de la independencia peruana. O a Chañan Cori Coca, legendaria guerrera inca. Para poder contar su historia, Renata tuvo que investigar en viejos libros, preguntar a sus abuelas, bucear en internet. «Es que su historia no la cuentan en las escuelas, salvo la de Parado Bellido», se queja. «Allí son todo varones, varones, varones, y yo quería reivindicar a las mujeres de mi país». Hablar de feminismo y de raza es importante en cualquier contexto, pero hacerlo en el Perú, cuyo expresidente, Fujimori, está siendo juzgado por la esterilización forzosa de mujeres indígenas en los noventa, tiene otras implicaciones.  

Llegados a este punto, conviene recordar que Renata Flores se hizo famosa en su país porque participó en La Voz Kids. Y eso, en lugar de restar validez a su discurso, lo eleva. 

Su disco combina con facilidad los ritmos comerciales con el discurso social. Su voz recuerda a las divas del pop, pero sus letras podría firmarlas una sesuda cantautora.

Renata Flores, la Rosalía de los Andes

«Creo que me viene de la familia de mi madre, que son todos muy activistas», dice ella halagada. Es parte del secreto de su éxito. Mezclar sin prejuicios lo popular, lo mainstream y lo político. Tampoco es algo buscado, explica, le sale de forma natural. Creció viendo programas de La Voz «de las ediciones de todo el mundo». Admira a cantantes como Ariana Grande o Nathy Peluso. Y, a la vez, ha crecido con referentes políticos. «Me encantan las canciones pop, pero a veces miro sus letras y digo… Bueno, cada uno tiene sus composiciones. Pero yo quería lanzar algo con mensaje. Que la gente pueda bailar, pero que con ellas pueda también protestar».

En este sentido, critica también cómo el mercado ha uniformado aquello que se vende como música latina. «Latinoamérica no es solo salsa y reguetón, hay mucha diversidad, muchísimos colores», explica. «Sin salir de Huamanga hay interminables géneros de música andina. El folclor, la música huanca, la danza de tijeras, el huayno…». 

Muchas de ellas se reflejan en este, su primer disco. Otros ritmos, reconoce, se quedaron por explorar. Pero Renata tiene tiempo y tiene ganas. Y hay muchas mujeres bravas por reivindicar.

Home