Muunjuun: un nuevo proyecto de jazz experimental que merece atención

El estadounidense multiinstrumentista Curtis James (28) de pseudónimo Muunjuun, explora en su único álbum en solitario Unusual Rounds: Introductory Collection (2019) un sonido psicodélico y fresco que revaloriza la necesidad de forjar un sentido de identidad en la música y una promesa de esencia vanguardista. En Culto conversamos en exclusiva sobre su proceso creativo e influencias.

Eloísa Alberdi
Muunjuun: un nuevo proyecto de jazz experimental que merece atención

Su música es como un tesoro escondido, de esos descubrimientos extraños, pero significativos y hasta inolvidables. Muunjuun es un proyecto inédito independiente del músico californiano de apellido James. Combina el rock progresivo, con psicodelia indistinguible que estimula la imaginación.

 

Un buen producto musical es generalmente resultado de trabajo arduo y la inquietud por romper esquemas. Eso es exactamente lo que James hace, y comúnmente se aferra a un impulso creativo que le llega, como una señal divina, para no soltarlo.

“Trabajo mejor cuando estoy solo, y comienzo con cualquier idea que me da un sentimiento o una energía mágica. Puede llegar mientras toco el bajo, el teclado, o al encontrar un beat genial en la batería. Desde ahí, tomo la idea y hago variaciones hasta que florece en algo que amo”, cuenta a Culto.

La fama no es sinónimo de calidad y eso James es capaz de demostrarlo. Su nombre artístico apenas suele aparecer en la prensa especializada; su carrera en solitario recién comienza. Aún así, su disco debut Unusual Rounds: Introductory Collection -disponible en las plataformas de streaming- tiene siete mil oyentes mensuales de 79 países y ha tenido buena recepción en Youtube.

Publicado en junio del año pasado, ahonda en sonidos variados y divertidos. Comienza con “Some Days in Time” un redoble en batería acompañado con líneas de bajo y sintetizador que le da una atmósfera especial. La canción “Unusual Rounds” abre con un bajo para continuar con innovadoras progresiones melódicas y dulces en la guitarra, seguido con el protagonismo de un violín abrasador, en notas simples.

El hombre de espíritu orquestral y carácter versátil, no se deja llevar por reglas y parece no mostrar límites a la hora de componer. Su formación en el jazz y el violín son elementos que le dan un valor agregado a sus creaciones: “desarrollé un lenguaje musical mucho más profundo. El jazz abrió mi mente a más estilos de música”, afirma.

“Creo que el potencial creativo humano es una de las fuerzas más potentes en la naturaleza y sólo parece estar limitado por nuestra imaginación”, opina. “Mis mejores ideas vienen de un estado de trascendencia; no pienso en qué tocar, solo llega a mí y para eso tengo que ser muy paciente. Cuando llega ese momento, trato de experimentar lo más posible”, explica James.

Su amor por la música lo heredó de su papá, quien lo introdujo en el rock: Black Sabbath y King Crimson fueron sus mayores influencias de la infancia, que lo llevaron a apasionarse en este mundo de una manera más profunda a una temprana edad. También le gustan Los Beatles, y de música actual, Anderson Paak, Mild High Club, Khruangbin y Vulfpeck, por mencionar a algunos.

Estuvo rodeado de instrumentos toda su vida y a los 9 años tuvo curiosidad de tocar la guitarra: “desde ese día, me obsesioné cada vez más con la idea de ser músico y de formar mi propia banda en algún momento”, cuenta a Culto.

A los 20 se fue a vivir solo a un bosque en California, el mismo de sus videoclips de presupuesto modesto. Ahí durante cinco años se profundizó en la producción musical, al punto de obsesionarse en perfeccionar su sonido: “pasé mucho tiempo de soledad antes de lanzar mi primer trabajo. Raramente veía a mis amigos, me volví loco en un buen sentido”, afirma el músico veinteañero.

Espera producir música todos los años y vivir únicamente de esta. “Aspiro a ser tan grande mientras la fuerza del amor y positividad me lo permita”, expresa.

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Miles Davis: “El silencio es el ruido más fuerte”

“Mi futuro empieza cuando me despierto todas las mañanas… Cada día encuentro algo creativo que hacer con mi vida”

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28 años de la muerte del considerado el compositor y líder de grupo más innovador en la música jazz (falleció el 28 de septiembre de 1991), Miles Davis permanece hoy como un ícono, celebrado por millones de amantes del género y por músicos en general, con un legado imperecedero. A diferencia de leyendas del jazz como Ella Fitzgerald o Louis Armstrong, quienes crecieron en medio de la pobreza y entregaron al mundo lo mejor de su arte después de torcerle el cuello a la desgracia, Miles Dewey Davis III, nacido el 26 de mayo de 1926 en Alton, Illinois, tuvo una vida más privilegiada.

Davis supo encarnar como nadie el espíritu frenético y vanguardista de Nueva York, donde vivió y triunfó como celebridad musical e ícono de estilo.

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Supo tocar con su trompeta las fibras más profundas del ser humano, reveló al mundo una nueva sensibilidad cuyos destellos estéticos evocan el auge del Renacimiento y su regreso al hombre como suprema fuente de creatividad. Guardadas las proporciones, eso fue exactamente lo que hizo Miles Davis a lo largo del siglo XX: concebir un sonido tan único, tan nítido y tan bello que se elevó desde lo más íntimo a lo más universal. Felicidades, maestro.

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