Escalada

La bella madre Tierra rota sobre sí misma cada día para que en tu honor se produzcan amaneceres y hermosas puestas de sol y puedas llenar de sueños la oscuridad de las noches

Monasterio de Taktshang Goemba, el famoso Nido del Tigre, enclavado a 3.200 metros de altitud.
Monasterio de Taktshang Goemba, el famoso Nido del Tigre, enclavado a 3.200 metros de altitud. NARVIKK GETTY IMAGES

 

Más fuerte, más alto, más rápido. Este imperativo categórico olímpico adquiere su esplendor en la palestra donde los atletas están destinados a borrar el tiempo y el espacio. Todo para que después de haber sacrificado una vida por arañar un centímetro a la pértiga o una milésima de segundo al cronómetro, desde la cima de la gloria puedan anunciar refrescos, relojes, zapatillas, coches, perfumes, viajes y toda clase de cacharros. Levanta más peso, salta más alto, corre más rápido, lleva tu cuerpo al límite si quieres que tu alma sea digna de esa marca de camisa que te ofrece el atleta desde la valla publicitaria. La agonía del campeón por llegar a la meta es la misma a la que está condenado el ciudadano de tener que volver a casa siempre cargado de paquetes y no detenerse nunca hasta llenar de basura todo el planeta. Frente a esta voracidad incontenible está la visión de aquel monje ciego del monasterio Nido del Tigre, colgado de un acantilado en el reino de Bután, que un día me dijo: deberás saber que la Tierra es una bella madre que gira alrededor del sol solo para que en tu honor florezcan los almendros en invierno, maduren las cerezas en primavera, puedas oler los aromas de los frutos del verano y se llene tu vida de todos los colores de los árboles en otoño. Deberás saber que ni tiempo ni el espacio existen. La bella madre Tierra rota sobre sí misma cada día para que en tu honor se produzcan amaneceres y hermosas puestas de sol y puedas llenar de sueños la oscuridad de las noches. En el filo de un acantilado del Himalaya los ojos del monje ciego veían el fondo del universo. Solo los elegidos serán capaces este año 2020 de seguir su enseñanza. Celebrar cada amanecer, convertirse en un degustador de crepúsculos con un licor apropiado en la mano es todo un récord olímpico que solo se consigue en la cima al final de una larga escalada.

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Otra tumba

¿Realmente merece la pena salir del cementerio? Por mi parte, lo haría para cosas como celebrar un amanecer en el mar tomando un ron con amigos en un velero

Luis Buñuel durante una Semana Santa en Calanda (Teruel).
Luis Buñuel durante una Semana Santa en Calanda (Teruel).

Luis Buñuel, cerca ya de la muerte, manifestó que lo ideal sería poder levantarse de la tumba cada 10 años, comprar el periódico, ver un telediario, enterarse de los últimos chismes, tomarse un martini y volver al cementerio. Buñuel murió en 1983, cuanto los socialistas acababan de llegar por primera vez al Gobierno. Desde entonces en política no ha sucedido nada en este país que merezca el esfuerzo de salir de la tumba. En 1983 la derecha estaba soliviantada ante los rojos que iban a hundir la economía y a destruir España. Hoy el Buñuel resucitado no habría notado diferencia. El odio corrosivo de la derecha persistía. En algunos periódicos y telediarios se anunciaba de nuevo el apocalipsis, el golpe de Estado, la destrucción de la patria por parte de los socialistas. Puede que Buñuel, mientras se daba una vuelta por la ciudad, se hubiera llevado algunas sorpresas. Los urinarios públicos estaban limpios, en las panaderías te daban el pan con pinzas sin manosearlo, habían desaparecido los limpiabotas y en el bar ya nadie tiraba las cáscaras de mejillones al suelo. Pero nada sabía de los avances de la biología molecular ni de la inteligencia artificial. De hecho, si en el futuro el guardián de la eternidad le sigue concediendo a Buñuel un pase de pernocta cada 10 años fuera de la tumba, puede que un día se encuentre con que hasta los berberechos han tomado conciencia y exigen sus derechos. Y no será extraño que en otra salida le hagan saber que no tiene obligación de volver a la tumba porque la inmortalidad se vende en las farmacias. ¿Realmente merece la pena salir de la tumba? Por mi parte, lo haría para oír La muerte y la doncella de Schubert, leer algunos versos de Dante, contemplar La danza de Matisse, saber si siguen las risas de verano de unos niños en el jardín, celebrar un amanecer en el mar tomando un ron con amigos en un velero.

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Harina

El deber de un demócrata es aguantar la histeria colectiva como quien oye llover

MANUEL VICENT

Pedro Sánchez, este martes en el Congreso durante su discurso de investidura.
Pedro Sánchez, este martes en el Congreso durante su discurso de investidura. JUAN CARLOS HIDALGO EFE

La democracia es como la harina, que alimenta hasta al más tonto y ella sigue siempre tan fina. La democracia es un sistema de gobierno que da cabida a políticos de cualquier pelaje e ideología. Los hay ladrones y honestos, competentes y patanes, moderados y trabucaires, torpes e inteligentes, duros y blandos. Así es la sociedad de donde emergen, mejor o peor, a través de las urnas con el mismo derecho a levantar su voz en el Parlamento. Allí, en el hemiciclo, a los juicios ponderados y réplicas ingeniosas se suman los insultos más bajos, los rebuznos más zafios, pero la democracia posee una resistencia extraordinaria y todo lo aguanta, lo engulle y lo digiere; es un sistema de gobierno que por su propia naturaleza siempre huele mal, porque la libertad permite a los medios de comunicación achicar continuamente basura a la superficie desde las cloacas de la sociedad y de la política. La primera obligación de un buen demócrata consiste en soportar este hedor como algo natural y tratar de no mancharse al atravesar este albañal cada día. Por otra parte, la libertad de expresión es una espléndida jaca salvaje que los medios cabalgan con furia y alegremente a galope tendido, lo que permite a cualquiera expresar una opinión estúpida, certera o detonante que se expande hasta más allá de la Andrómeda, de modo que el control del Gobierno ya no está en el Parlamento, sino en las tertulias de radio y de televisión, en las redes, en los tribunales, en ese enjambre de jueces y periodistas que invade el camarote del Gobierno, como el de los Hermanos Marx, llevando cada uno su par de huevos duros, todo a gritos, unos de risa, otros de odio. No obstante, el deber de un demócrata es aguantar la histeria colectiva como quien oye llover y pensar que la democracia es como la harina, que engorda, pero no mata, y pese a tanto idiota, ella sigue siendo siempre muy fina.

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Otro circo

Ningún león se come al domador, pero todo sigue oliendo a pestilente repollo

MANUEL VICENT

Santiago Abascal durante la manifestacion a favor de la constitucion convocada por Espanya i Catalans, el pasado 6 de diciembre en Barcelona.
Santiago Abascal durante la manifestacion a favor de la constitucion convocada por Espanya i Catalans, el pasado 6 de diciembre en Barcelona. ALBERT GARCIA EL PAÍS

La mínima expresión del circo la constituyen una escalera, una cabra y un zíngaro que toca una trompeta abollada. Se le puede añadir también un oso y un pandero. A veces llegaba al pueblo un carromato de titiriteros y, en la plaza, bajo tres bombillas de 100 vatios, se montaba un espectáculo ratonero que a los niños de posguerra nos bastaba para soñar. Así llegó el día en que uno de mis tíos, muy farandulero, me llevó a ver un circo con leones, tigres, monos, equilibristas, trapecistas y payasos, que por Navidad se instalaba en la plaza de toros de Valencia. Llevo asociada la idea del circo a un desasosiego unido a la alegre fanfarria, al cúmulo de lentejuelas, al olor a repollo y a fieras despeluchadas, llenas de pulgas, en las jaulas. De niño podía soportar que una cabra trepara por una escalera a toque de trompeta, pero de chaval, imbuido por tantas lecturas de libros de la selva, me parecía degradante que un león o un tigre domados se vieran obligados a golpe de látigo a pasar por el aro, a sentarse, a levantar una pata, a abrir la boca y a rugir para dar la sensación de peligro. Pasados los años consulté con un psicólogo argentino mi inquietante duda de si en el fondo no estaría deseando que el león se comiera al domador de una vez. Aquel circo de antaño que por Navidad se instalaba bajo una carpa en las afueras es el mismo que este año se ha transformado en el espectáculo de la política. En realidad, nada ha cambiado. En este circo actúa el líder de extrema derecha como hombre bala, el presidente en funciones hace contorsionismo en lo alto de una escalera, los independentistas dan en el trapecio el triple salto mortal, los jóvenes revolucionarios de izquierdas ya son tigres vegetarianos y la portavoz de la derecha pone la cabeza muy segura bajo la pata del elefante. Ningún león se come al domador, pero todo sigue oliendo a pestilente repollo.

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Sostenible

Por esta vez abstente de leer el periódico, de oír la radio y de ver la televisión, cuyas noticias son las que crean un efecto invernadero sobre tu vida

MANUEL VICENT

Manifestación por el clima en Madrid el pasado viernes.
Manifestación por el clima en Madrid el pasado viernes. OSCAR DEL POZO AFP

Te levantas después de una noche de sueño tranquilo con el propósito de convertirte en un tipo sostenible, aunque sea por un día. Se da por supuesto que no se te ha ocurrido oír las noticias ni las tertulias de la radio durante la madrugada en la cama. Primer paso. Cuando en el cuarto de baño, al contemplar tu rostro en el espejo, compruebes que eres una ruina, no te desprecies por eso. Se trata de un desastre natural, que nada tiene que ver con el cambio climático. Acéptate como eres y dúchate con agua fría para ahorrar energía. Demórate en el baño; practica todas las abluciones laicas imaginables; ama a tu cuerpo sobre todas las cosas, tanto o más que a tu espíritu; procura secarlo con una toalla perfumada y cúbrelo después con una tela de amoroso algodón. No permitas que roce tu piel cualquier objeto de plástico en todo el día. Segundo paso. Vivir consiste en desayunar, pero los ingredientes no son sólo los que están en la bandeja, el zumo, el café y la tostada. También interviene en un perfecto desayuno la luz del sol en la ventana y los bellos pensamientos que convoques. En esa regla convergen los epicúreos, los estoicos y los cínicos de la antigua sabiduría. Por esta vez abstente de leer el periódico, de oír la radio y de ver la televisión, cuyas noticias son las que crean un efecto invernadero sobre tu vida. Tercer paso. Por muy desgraciado que te sientas, sin duda habrás guardado algunos momentos de placer en tu memoria. Recuerda qué limpio estaba aquel mar de tu niñez, cómo sabían los frutos dorados de aquellos árboles, qué aroma tan puro contenían las hogazas de pan candeal que se guardaban en la alacena de la vieja casa. Apoya la palanca en aquel placer y sal a la calle. Adondequiera que vayas la armonía de aquellos recuerdos irá descontaminando el aire a tu paso y te convertirá en un tipo sostenible por un día.

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Gato o ratón

El Estado se mueve en una sola dirección de forma lenta y anquilosada, frente al independentismo, que lo hace en todas las direcciones

MANUEL VICENT

Manifestación independentista en Barcelona.
Manifestación independentista en Barcelona. ENRIC FONTCUBERTA EFE

El juego infantil del ratón y el gato, al que todos hemos jugado de niños, tenía y sigue teniendo unas reglas muy precisas. Cada equipo realiza una jugada por turno dentro de un corro de participantes cogidos de las manos. El juego lo inicia siempre el ratón, que puede desplazarse en todas direcciones; en cambio, el gato solo deberá moverse hacia delante en línea recta. Está prohibido atropellar o pasar por encima del adversario. Gana el gato si logra acorralar y dejar sin salida al ratón. Gana el ratón si logra salirse del círculo burlando al gato. Este juego infantil requiere tener muchos reflejos de cuerpo y de mente y a lo largo de la vida puede servir para afrontar o escabullirse ante cualquier problema. Tiene muchas aplicaciones. Aunque suele ser divertido, a veces adquiere un carácter dramático, según sean los contendientes. Por ejemplo, si se aplica al estado actual de la política española cabe preguntarse, en este juego que se traen el Supremo y Puigdemont, el Parlament de Cataluña y el Tribunal Constitucional, quién es el ratón y quién es el gato; en la coalición entre Unidas Podemos y el Partido Socialista, ¿no será el ratón Iglesias el que ha cazado al gato Sánchez al abrazarlo?; aunque Rufián tiene cara de gato, ¿acaso no es un simple ratón que se enfrenta al Estado? En este juego de la política española una cosa está clara, el gato es todavía analógico y el ratón ya es digital, por eso el Estado se mueve en una sola dirección de forma lenta y anquilosada, frente al independentismo, que lo hace en todas las direcciones. Cuando el gato llega, el ratón ya no está, cuando crees tenerlo delante, aparece por detrás. Lo mismo en política que en la vida personal es ineludible conocerse uno a sí mismo, como dijo Sócrates, pero hoy su gran pregunta filosófica sería: ¿sigues siendo todavía un gato analógico o eres ya un ratón digital?

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Dedo índice

Con ese dedo erguido se nos amenaza, se nos acusa, se nos inculpa, se nos indica el único camino recto que debemos seguir.

MANUEL VICENT

El presidente de EE UU, Donald Trump, en la Casa Blanca, el pasado 9 de mayo.
El presidente de EE UU, Donald Trump, en la Casa Blanca, el pasado 9 de mayo. JONATHAN ERNST REUTERS

A pocos meses de nacer, antes de que balbuceen las primeras palabras, los niños identifican las cosas señalándolas con el dedo. En ese gesto no está implícita aún la inteligencia. Ese dedo infantil solo está movido por la voluntad. Lo señalo, existe, lo quiero, parece que quieren decir esos tiernos seres recién llegados a este mundo. En la cuna comienzan señalando cualquier juguete, como lo hace Jehová al crear con el dedo un juguete llamado Adán, según lo pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. En nuestra cultura el dedo índice tiene distintos significados, todos imperativos. Con ese dedo erguido se nos amenaza, se nos acusa, se nos inculpa, se nos indica el único camino recto que debemos seguir. Ese gesto lo usan como señal de autoridad los moralistas, los políticos fanáticos, los censores, quienes poniendo el dedo sobre los labios nos advierten de que nos conviene callar. He aquí la forma en que el dedo infantil, que en su momento fue creativo, acaba convertido en un poder de destrucción. A lo largo de la evolución humana, después de que los primates generaran las cosas señalándolas con el dedo, comenzaron a crearlas con palabras. Así irían Adán y Eva desnudos en el hipotético paraíso terrenal señalando primero y dando nombre después a los animales, plantas, árboles y frutas hasta llegar a la manzana de la inteligencia. Las cosas se creaban al nombrarlas. A partir de entonces solo existen las cosas que tienen nombre, del que deriva un poder mágico. Llamas al lobo y el lobo viene; hablas una y otra vez de crisis y por fin la crisis llega; dices que todos los políticos son una mierda y lo acaban siendo; repites que en este país existe un clima políticamente irrespirable y al final te asfixias; pronuncias a gritos la palabra libertad y solo por eso ya te crees libre, pero en este caso llega el aguacil y te mete el dedo en el ojo.

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El quirófano

Operar con serrucho, tocar el piano con guantes de boxeo, ahogar el seis doble y cantar las cuarenta siempre en bastos es lo que hacen nuestros políticos

OtrosGuardarEnviar por correoImprimirMANUEL VICENT16 NOV 2019 – 17:00 CST

Único debate electoral entre los cabezas de lista de las legislativas del 10-N.
Único debate electoral entre los cabezas de lista de las legislativas del 10-N.

Mientras los líderes políticos se picotean como gallitos tomateros, en un hospital de la Seguridad Social se realiza un trasplante de hígado. El donante era de Podemos y el enfermo es de extrema derecha. El equipo quirúrgico lo forman un cirujano del PP, una anestesista del PSOE y ayudantes de distintas ideologías controlan los monitores. La intervención resulta un éxito gracias a un oficio riguroso y al espíritu compartido en el quirófano. ¿Rechazaría usted un hígado o un riñón que perteneciera a un enemigo político? Mientras el Parlament de Cataluña se está convirtiendo en un bebedero de patos, en el auditorio del Palau actúa una orquesta sinfónica, entre cuyos músicos los hay de Esquerra Republicana, constitucionalistas, defensores acérrimos de la unidad de España, independentistas radicales, algún violinista incendiario y un flautista partidario de mandar los tanques. Bajo la batuta de un director sin ideología conocida, cada músico interpreta la propia partitura con notable virtuosismo hasta llegar a un acorde final que levanta unánimes aplausos. Mientras los jefes de fila de cada partido parecen tener un ego que no les cabe en el escaño, en cualquier casino de pueblo los españoles del común juegan al tute o al dominó. Unos comunistas y otros de Vox forman pareja y se hacen señas guiñándose el ojo. Así discurre en verdad la vida, cada uno con sus problemas, a ras de la existencia, pero si el cirujano, el director de orquesta y los jugadores de cartas se hubiesen comportado como los políticos, el enfermo de hígado habría muerto, la orquesta sinfónica habría sonado como una banda borracha y la partida de tute o de dominó habría acabado a hostias. Operar con serrucho, tocar el piano con guantes de boxeo, ahogar el seis doble y cantar las cuarenta siempre en bastos es lo que hacen nuestros políticos.

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Pronóstico

Puesto que fuimos tan idiotas y no hicimos nada para evitarlo, el desastre propio o la victoria del rival, que se veía venir, por fin ha llegado

MANUEL VICENT

Papeletas electorales preparadas para el 10-N en un colegio de Madrid.
Papeletas electorales preparadas para el 10-N en un colegio de Madrid. J.J. GUILLÉN EFE

Si ante la amenaza de cualquier calamidad se interrogara hoy al oráculo de Delfos, para acertar de lleno le bastaría con estas tres palabras: se veía venir. Se trata del pronóstico más científico que pueda hacerse sobre el futuro. Si los casquetes polares están a punto de licuarse por completo y se acerca el día en que nos vamos a despertar con el mar al pie de la cama, limítate a decir: se veía venir. Si los astrónomos afirman que se dirige a la Tierra un aerolito demoledor que puede partir en dos el planeta, encógete de hombros y di: se veía venir. Si de pronto el telediario da la noticia de que a ese presidente de color calabaza que hay en Estados Unidos un tirador de élite le ha volado la tapa de los sesos con un rifle adquirido en el supermercado de la esquina, te alegres o no, tu respuesta será: se veía venir. Por primera vez, después de 40 años de libertad, el sueño de la independencia de Cataluña arde dentro de unos contenedores de basura, nada glorioso por otra parte, porque las llamas que iluminan ese sueño imposible solo se alimentan de una suma de desechos, restos de pollo hormonado, compresas y pañales, cáscaras de huevo, frutas podridas y envases de cartón. Si ese fuego producto de la ira y la frustración se propaga y al final de esta quimera resulta que sobre la democracia calcinada los caballos del fascismo entran relinchando en el corazón del Estado, pon cara de lelo y exclama: se veía venir. Este domingo borrascoso de otoño, pisando las hojas amarillas, con la papeleta en la mano, los españoles vamos a ver el futuro en el hígado de las ocas, que son las urnas. Gane o pierda tu candidato, si alguien te pregunta ¿cómo lo ves?, puedes decir: puesto que fuimos tan idiotas y no hicimos nada para evitarlo, el desastre propio o la victoria del rival, que se veía venir, por fin ha llegado.

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Fuego fatuo

La marcha emprendida por las mujeres por conquistar su libertad ha mandado a don Juan bajo cualquiera de sus formas a pudrirse en la fosa

MANUEL VICENT

Representación de 'Don Juan Tenorio' en el teatro de Alcalá de Henares en 2017.
Representación de ‘Don Juan Tenorio’ en el teatro de Alcalá de Henares en 2017.

Si en estas fechas de los muertos en los teatros ya no se repone la obra del Tenorio es porque en la escena del sofá don Juan ya no se atreve a decirle a doña Inés: ¿No es verdad, ángel de amor…? Hasta la novicia más angelical hoy le podría replicar: “Oye, ¿tú eres gilipollas o qué?”. La larga marcha emprendida por las mujeres por conquistar su libertad ha alcanzado uno de sus principales objetivos, que es la de mandar a don Juan bajo cualquiera de sus formas a pudrirse en la fosa. En el cementerio su cuerpo produce de noche un fuego fatuo derivado de la inflamación que emite la materia putrefacta. Por estas fechas, solo los románticos alados llevan flores todavía a su tumba. Todo cambia, decía Heráclito, de modo que la figura cursi del burlador de Sevilla se ha transformado en la de un choto violador en manada. En nuestra cultura la fiesta de difuntos viene acompañada con toda clase de dulces de mazapán o de calabaza. Antes se celebraban grandes comilonas sobre las tumbas en los cementerios. Algún finado descarado sacaba el brazo por debajo de la lápida y pillaba un buñuelo, pero hoy los muertos no comen como antaño, ante el terror que les produce lo que pasa fuera de la tumba, todos los vivos desnudos disfrazados de muertos. Si por estas fechas tiene la costumbre de tomar buñuelos en honor de los muertos no lo deje para mañana porque es posible que el fin del mundo se produzca bajo la forma de un otoño plácido con aroma de castañas asadas. En cualquier lugar de nuestra cultura, desde los poblados más salvajes se oye cantar: “A las benditas almas del purgatorio, que Dios las lleve a descansar”. Fue un genio de las finanzas quien inventó el purgatorio, un impuesto de peaje a medio camino entre el cielo y el infierno. Ahí está hoy el alma en pena de don Juan Tenorio pagando al barquero el tránsito hacia el olvido.

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