‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

          Ilustraciones: Decur (‘Iván el Tonto’, Libros del Zorro Rojo)

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Iván era el más tonto de sus hermanos. O eso decían. La codicia y la maldad le asaltaban a cada paso que daba, pero no conseguían salpicarle. Para Tolstói, el protagonista de Iván el Tonto representaba todo lo que él defendía: la humildad, el rechazo a la opulencia y a la violencia.

El relato que escribió en 1885 formó parte del manual educativo que el escritor ruso creó para alfabetizar a los hijos de los campesinos, aquellos totalmente olvidados por la Rusia zarista.

La nueva edición de Iván el Tonto, publicada por Libros del Zorro Rojo, contiene los dibujos de Guillermo Decurge, más conocido como Decur. Las ilustraciones en los cuentos didácticos de Tolstói no son un asunto baladí. El autor de Guerra y paz entendía que en las primeras etapas del aprendizaje la imagen resulta esencial.

Según el investigador y doctor en Ciencias de la Educación Semion Filippovich Egorov, León Tolstói entendía que «para un niño, la imagen utilizada por el profesor conlleva un volumen de información mucho mayor que un razonamiento lógico».

A Decur ilustrar el cuento de uno de los grandes de la literatura universal le imponía. Aun así, el ilustrador argentino supo mantenerse fiel a su estilo, que él mismo define como «raro, deforme, tridimensional y con una fuerte carga emotiva».

Tampoco renunció a introducir algunos cambios respecto a anteriores ediciones. «En la mayoría se dibujaba a los tres diablillos que aparecen en el cuento como niños. Pero yo no quería ir por el mismo lado. Quería divertirme y jugar con las representaciones», explica.

En su lugar, prefirió que se asemejaran a «muñecos». Un recurso muy habitual en su portfolio. «Tolstói juega mucho con las representaciones. Y eso te permite crear tus propios muñecos».

LA EDUCACIÓN, SEGÚN LEV

León (o Lev) Tolstói comenzó a recopilar cuentos populares rusos y a escribir los suyos propios, como el de Iván el Tonto, en Yásnaia Poliana, la enorme finca familiar al sur de Tula (Rusia) en la que nació y se crió. A ella retornó en su madurez, tras haber participado en la Guerra de Crimea y haber vivido después una vida disoluta en San Petersburgo.

Con su regreso a la granja renunciaba al lujo y la frivolidad que caracterizó su vida en aquella ciudad. Volver con los que fueron sus siervos y con los hijos de estos consolidó su vocación pedagógica, que había empezado a prender años atrás. Una inquietud que le animó a viajar a Francia, Suiza, Inglaterra o Alemania para conocer el funcionamientos de las instituciones educativas de esos países.

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

Durante estos viajes, además, tuvo la ocasión de contactar y asistir a conferencias de educadores, filósofos y otros escritores interesados, como él, en la educación, entre ellos, Dickens.

Con todo lo recabado confeccionó un ideario, revolucionario para su época, pero en el que se recogían algunos postulados que Comenius expuso ya en el siglo XVII. El moldavo fue el primero en hablar de «educación para la paz», principal máxima de Tolstói. También en su concepción del saber como algo universal, que no debería restringirse a unas élites, Tolstói coincidía al 100%. Sin educación no había futuro posible para la nación: «La necesidad más esencial del pueblo ruso es la educación», aseguraba.

De ahí que decidiera fundar Yásnaia Poliana, una escuela a la que asistían cerca de medio centenar de alumnos. La mayoría, hijos de los campesinos que trabajaban en su propiedad. Su metodología, en las antípodas de lo que marcaba la tradición rusa, provocó mas de una inspección y críticas por parte de las autoridades del país.

NI CLASES NI DEBERES

Aquella Rusia de mediados del siglo XIX no estaba preparada para la vocación humanista del escritor. Ni para un modelo educativo basado en la libertad y en la democracia. Las reglas, las pocas que existían en la escuela, eran consensuadas por maestros y alumnos. Estos ni siquiera estaban obligados a asistir a clase.

Ni a ser puntuales. «El resorte más eficaz es el del interés. Por eso considero la naturalidad y la libertad como la condición fundamental y como medida de la calidad de una enseñanza», explicó el escritor, según se recoge en el libro de Nicola Abbagnano y A. Visalberghi, Historia de la pedagogía.

En Yásnia Poliana no se mandaban deberes. Como explica Semion F. Egorov, la forma de impartir las materias era muy diferente a la que se daba en la escuela pública o en otras instituciones privadas que comenzaron a pulular en aquella época. Las clases magistrales tradicionales solían sustituirse aquí por conversaciones libres con los alumnos.

Tampoco había castigos, ni por suspender ni por mal comportamiento. «La exigencia de que se tratase con respeto la personalidad de los alumnos presuponía que estos, sin castigos ni coacción por parte de los adultos, debían convencerse paulatinamente de la necesidad de someterse al orden del que dependía el éxito de su aprendizaje», escribía al respecto Egorov.

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

Tolstói tampoco creía que la educación se tuviera que constreñir a las cuatro paredes del aula. Es más, prefería dar las clases en el jardín cuando el tiempo lo permitía. Un principio, el de estudiar al aire libre y en contacto con la naturaleza, que se convertiría décadas después en uno de los fundamentos para metodologías como las de Waldorf, Montessori o la propia Institución de Libre Enseñanza.

El escritor veía a sus alumnos como lo que eran: niños necesitados, entre otras muchas cosas, del saber. En el libro Historia de la pedagogía se recoge esta reflexión suya:

«Cuando entro en la escuela y veo esa multitud de niños flacos, sucios, harapientos, con sus ojos claros, y a veces con una expresión angelical, me siento alarmado, espantado, siento la sensación que se experimenta cuando vemos a alguien que se ahoga… Y lo que se está ahogando allí es lo más valioso, precisamente esa consciencia espiritual que se percibe nítidamente en los ojos de los niños»

CUENTOS PARA ENSEÑAR 

Según Egorov, el principal propósito tanto de Lev Tolstói como del resto de maestros de la escuela era estimular la independencia de los alumnos, así como su capacidad creativa.

«Pero lo que distinguía particularmente a la escuela de Yásnia Poliana fue la actitud con respecto a los conocimientos, las habilidades y las aptitudes que los niños adquirían fuera de la escuela (…). En el mundo circundante hay una cantidad inagotable de fuentes de información, pero los niños no siempre saben interpretarlas. La tarea de la escuela consiste en elevar las informaciones que recogen los alumnos en el mundo circundante a la esfera consciente».

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

Los resultados de esta forma de entender la educación sorprendían hasta a los propios maestros de la escuela. Uno de ellos, Evgueni Markov, llegó a escribir: «Observábamos los éxitos notables de los alumnos de Tolstói. Entre ellos había pequeños que venían del campo o de cuidar rebaños de ovejas y que en pocos meses de estudio ya podían escribir composiciones sin muchos errores de ortografía».

Una de las fórmulas más recurrentes a la hora de dar pautas a los alumnos para saber extraer conocimientos de su día a día eran los cuentos y fábulas. Egorov asegura que estos, incluso, eran habituales en las clases de matemáticas o física que Tolstói impartía a los niños más mayores de la escuela.

Cuentos como el de Iván el Tonto, basado en leyendas populares rusas, incluían, además, una lección moralizadora. O varias. La importancia del trabajo y el esfuerzo, el triunfo del bien sobre el mal o la inutilidad de la violencia son algunas de ellas.

Todo adornado con pinceladas para enmarcar los relatos en la Rusia del siglo XIX. En la edición del Libros del Zorro Rojo, de hecho, se ha optado por no occidentalizar el texto en la traducción para no perder ninguno de esos matices.

«El empleo de palabras como atrasamientos o adestrar, en lugar de los más modernas como atrasos o adiestrar, dan buena cuenta de esta marca arcaica que remite al ambiente estepario de la Rusia de aquella época», explican los editores.

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GEORGE ORWELL: EL DESESPERANZADO ESCRITOR DE LA DISTOPÍA POLÍTICA

UNA BREVE SEMBLANZA DE GEORGE ORWELL
Da para leerlo en cuarentena?: George Orwell, 1984 (1949) | George ...

George Orwell, pseudónimo literario de Eric Arthur Blair, nació el 25 de junio de 1903 en Motihari, Bihar, entonces perteneciente a la colonia británica en la India.

Orwell es conocido sobre todo por dos novelas: 1984 y Rebelión en la granja (publicada originalmente en inglés con el título de Animal Farm), narraciones que tienen en común usar la ficción para transmitir una crítica precisa e inteligente a las prácticas sociales de los sistemas totalitarios.

En 1984, su novela de madurez, publicada en 1949, Orwell retrató una sociedad dominada por un único partido político, férreamente jerárquica, controlada por un sistema de vigilancia omnipresente e insomne. Todo llega eventualmente a los oídos del “Gran Hermano”, el ente que simboliza al gobierno que tiene sometidos a sus ciudadanos. La historia es contada a través de un hombre, Winston Smith, que tiene la esperanza de burlar al sistema y escabullirse de esa situación.

Rebelión en la granja (1945), por otro lado, puede considerarse una especie de “antifábula”, pues a la manera de las de Esopo o las de La Fontaine, esta también es una historia protagonizada por animales, pero su singularidad es que dista mucho de concluir con una enseñanza edificante, como era el caso de aquellas. En la novela de Orwell, un grupo de animales en la granja Manor pasan poco a poco de soportar el sometimiento del que son sujetos por parte del dueño del lugar, a elaborar un plan para su emancipación y ser ellos quienes dirijan la granja. Sin embargo, lo que comienza como una esperanzadora utopía de fraternidad animal, termina en un triste cuadro de tiranía renovada. Cabe mencionar que la inspiración directa para la historia fueron los acontecimientos de la Revolución rusa de 1917 y la posterior transformación del movimiento obrero y popular en el régimen comandado por Iósif Stalin.

En el marco de una vida marcada por algunos de los grandes acontecimientos políticos de la historia –la Primera y la Segunda guerras mundiales, la guerra civil española, el ascenso del fascismo en Europa, la Revolución rusa– Orwell desarrolló un escepticismo crítico hacia los movimientos sociales y políticos que buscan la transformación de la sociedad, en específico, porque si bien pueden comenzar como una oleada genuina de descontento popular, masivo, eventualmente terminan capturados en las redes de una minoría que sólo busca el poder para beneficio propio.

Además de los títulos mencionados, en la bibliografía de Orwell también pueden encontrarse algunos textos notables en los géneros de la crónica, el ensayo y el relato breve. El volumen Homenaje a Cataluña, por ejemplo, recoge las experiencias del escritor durante su participación en la guerra civil española (en el bando republicano, por supuesto), mientras que entre sus ensayos más conocidos hay uno que dedica a la relación entre lenguaje y política y otro sobre cómo preparar la taza de té perfecta.

Su obra, en suma, continúa vigente, y todavía nos aporta claves para entender nuestra realidad contemporánea. Después de todo, el ser humano no ha aprendido cómo vivir colectivamente sin la ambición de tener poder sobre sus semejantes.

Algunos libros de George Orwell en español (clic en el título)

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La ‘ceremonia del partorio’ y el ‘mujerado’: un libro de 1901 describe algunas fiestas gais y el cambio de sexo

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En 1901 apareció un libro que pretendía mostrar al público erudito cómo eran las gentes de mal vivir. «Ya es hora de que deje de ser argumento de vana curiosidad o de risa, de indignación o de escándalo», escribieron los autores, el sociólogo Bernaldo de Quirós y el farmacéutico Llanas Aguilaniedo, en el prólogo de La mala vida en Madrid. «Es hora de que se trate en otro tono y a la vez con la profunda piedad que debe llevarse a sus regiones». 

Explicaban qué era la mala vida: un término que califica las conductas que se desvían de la normalidad creada por la especie humana basándose en la moral, la ciencia y el arte. Explicaban quiénes eran las gentes de mal vivir: los golfos, los pervertidos, los estafadores, los delincuentes, los ladrones, los parásitos sociales, los falsificadores, los tomadores, las prostitutas, los chulos, los mendigos, los vagabundos, las tribaditas (lesbianas), los uranistas (gais). 

A todos los metían en cuadros, cajas, apartados, divisiones y subdivisiones para dar aires científicos a la clasificación que hicieron de las personas que consideraban chusma. «Cosas hay, en verdad, en este libro que tal vez parezcan mentira. ¡Quisiera Dios que lo fueran! Al tomarlas del natural, ni cargamos las tintas ni acusamos el relieve. Cuando ha sido posible contar, pesar y medir, así hemos hecho. Cuando no, damos las cosas según las hemos sentido».

En su afán cientificista, junto al título, plantaron en rojo: Estudio psico-sociológico con dibujos y fotograbados del natural. Mostraban retratos de ellos (algunos muy sucios para que se viera bien la mugre del mal vivir) y dibujos que simulaban los tatuajes que habían encontrado en la piel del hampa. Los dividían en «especies» y utilizaban palabras de la biología para que este trabajo pareciera salido de un laboratorio: «Podemos considerar al golfo como protoplasma de la mala vida».

Pero poco rigor tenía aquello. Toda observación estaba rociada de agua bendita. Cada frase estaba pasada por el juicio ubicuo de la moral católica y el libro desprendía homofobia a rabiar. Quirós y Aguilaniedo le dieron un capítulo a la homosexualidad, pero en su lenguaje: «La inversión sexual». Le dieron una definición (llena de palabras rimbombantes para que tuviera cierta apariencia de rigor): 

«Defínese la inversión sexual como una perversión total del instinto genésico, con forma obsesionante o impulsiva, implicando una tendencia homosexual irresistible y generalmente tan exclusiva que solo el sexo semejante puede despertar el orgasmo venéreo». 

ceremonia del partorio

Y le dieron una clasificación por tipos y subtipos:

☞ Invertidos puros. «Con tendencia irresistible a comportarse como individuos del sexo contrario. Degeneración manifiesta, asociada a ciertas condiciones de exaltación de la sensibilidad, del sentimentalismo, etc., en el hombre. De rudeza, necesidad de dominio, etc., en la mujer».

☞ Seudo-invertidos. «Unisexuales, que a pesar de serlo manifiestamente, desempeñan en el acto sexual el papel propio de su sexo». De este apartado salían ramas de A. Platónicos, B. Sexuales y C. Los que a veces eran platónicos y a veces sexuales. De todos salían más ramas. Entre los platónicos, había 1) «Poetas, artistas, hombres de sentimientos muy viriles, que les conducen a admirar esos mismos sentimientos en otros hombres, odiando lo femenino».

☞ Unisexuales dimorfos o dígamos. A. Varones. Íncubos o súcubos. B. Hembras. Tribadistas, viragos o femeninos.

☞ Polisexuales. «Individuos que presentan combinadas la unisexualidad en una o varias de sus formas con la heterosexualidad o amor al sexo contrario. Hermafroditas sexuales de Krafft-Ebing». 

Los autores dedicaron un capítulo al uranismo: la homosexualidad masculina. Ahí mostraban a varios hombres en descripciones de las fichas que rellenaba un funcionario del Cuerpo de Penales. Entre ellos, por ejemplo:

La tonta del rastro, de Madrid, de 22 años, dependiente de comercio. 

Barba y bigote escasos y afeitados, cabello pardo oscuro, iris pardo verdoso, nariz recta horizontal. Talla 1,697.

Hasta los 14 años estuvo en un colegio dirigido por sacerdote; juegos místicos (altarcitos, bautizos, etc.); fue aprendiz de sastre; ano infundibuliforme; pene pequeño, glande abultado y pelo abundante; escaso apetito venéreo; nunca ha efectuado coito heterosexual; conatos, tactos y, por último, unión homosexual, como pasivo.

Lampiño de pecho.

Es amigo de La Pavisosa (invertido puro, súcubo).

En estas fichas aparecían también La Fotógrafa, La Rosita de Plata, La Embajadora, La Cantante, La Aurora, Aida, Paca la Salada, La Zapatillera, La Florera, Concha, La Torona, La Pellejos, Marica, La Burra Pasiega y La Llorona. Entre ellos se llamaban con nombre de mujer. «La pasión de copiar lo femenino los lleva a designarse con apodos mujeriles y a considerarse mutuamente como queridas los unos a los otros, sin que ninguno emplee la palabra en su desinencia masculina».

ceremonia del partorio

Quirós y Aguilaniedo daban más detalles. «Gustan de vestirse y adornarse como las mujeres de las clases a las que pertenecen y muchos procuran hacerse hábiles en labores y trabajos femeninos. (…) Recordamos la habitación de uno de estos, en la cual, aparte de un reducido ajuar, toda la ornamentación de la casa, los marcos, las colgaduras, las pantallas, fundas de sillas, mesas, divanes, etc., eran obra suya en papel de seda. Todo chillón, sutil, aéreo e inconsistente como su personalidad propia».

Los autores explicaban que el uranismo no era cosa de cuna. «Esta gente se encuentra en todas las clases de la sociedad: en las clases elevadas, en la vida literaria, en la alta burguesía, en el pueblo bajo, en las últimas capas descompuestas». Decían que en otras ciudades, como Londres, la población «no sentía por las prácticas unisexuales mayor ni menor repugnancia que por las heterosexuales». Pero «la opinión es aquí decididamente hostil al uranismo, si bien de algún tiempo a esta parte –efecto, sin duda, de un contagio del mal– va haciéndose más complaciente».

Era una complacencia muy estrecha porque en aquel Madrid, en la céntrica calle Fuencarral, a plena luz del día, había ocurrido algo espantoso. Una agresión homófoba hasta la barbarie. Una mujer calva que paseaba por ahí fue confundida con un gay disfrazado de mujer. La persiguieron, la insultaron y la lapidaron hasta que quedó tirada en el suelo medio muerta. 

LA CEREMONIA DEL PARTORIO

Aguilaniedo y Quirós indagaron en los encuentros de los hombres homosexuales y dieron con unas fiestas que, según decían, mostraban más su irrefrenable deseo de haber nacido hembras: las bodas, los partos y los bautizos. Lo achacaban al instinto biológico, como si en el ADN de las mujeres estuviera inscrita la afición a los bodorrios y a acristianar bebés.

Hacían simulaciones de bodas y nacimientos. Algunos de esos lugares de reunión se habían hecho famosos por una de sus fiestas preferidas: la ceremonia del partorio. El hombre protagonista de ese día llegaba vestido de mujer, con un bombo bien gordo hecho de trapos, cojines o lo que pillara. Caminaba a duras penas, como si sufriera contracciones. Allí lo esperaban los supuestos familiares y el supuesto médico. Nerviosos, obligaban a la supuesta parturienta a tumbarse en la cama y empezaban a atenderla.

Qué trajín.

Le ponían paños mojados en la frente, le ofrecían todo tipo de cuidados. Hacían una réplica de un parto, con todo su tensión y sus alaridos de dolor. Después de un rato, la supuesta parturienta alumbraba un muñeco y el doctor lo presentaba a todos los asistentes. Todos gritaban de alegría. Sacaban el vino para celebrarlo y empezaba la fiesta de verdad.  

También eran frecuentes los espectáculos simulados de bodas y bautizos. Aquí había mucho más lujo y más dinero. Las fiestas eran por todo lo alto y siempre había tortas por asistir. «No falta en ellas un detalle, ni, al final, la orgía desenfrenada».

ceremonia del partorio

EL MUJERADO

Había algo más sorprendente aún para los autores. Contaban que en algunos países «las aficiones homosexuales han llegado hasta el punto de fabricar seres artificialmente dispuestos para ellas». En México había «un procedimiento para afeminar un cuerpo viril destinado a saciar su gusto por la sodomía». Se llamaba el mujerado

«Al individuo elegido se le hace cabalgar en pelo y se le somete a diversas manipulaciones que tienen por efecto la destrucción lenta de los testículos, reduciéndolos a pequeñas masas de tejido conjuntivo. Mientras tanto, las glándulas mamarias crecen hasta el punto de bastar a veces a la lactancia. El cuerpo se redondea, cáese el pelo de la cara, la voz pasa al timbre femenino y se ha obtenido entonces un mujerado». 

Decían Quirós y Aguilaniedo que «el vicio madrileño no llega hasta el punto de preparar mujerados». Lo que sí habían encontrado eran casos de ginecomastia: un pecho masculino que desarrolla volumen, como el de una mujer. Pero era por motivos «congénitos, infectivos o traumáticos». En España, la piel de toro, no se recurría a artificios.

LOS HOMBRES DE PLACER

Páginas y páginas dedicaron en La mala vida en Madrid a la prostitución. Hombres, mujeres, heterosexuales, homosexuales. También a la prostitución que le gustaba a la más alta alcurnia: 

«Se han conocido casas de citas frecuentadas por señoras de posición en busca de los hombres de placer. La elección se verificaba por medio de retratos. No faltaba quien, gustando más de los placeres de la imprevista novedad, pedía simplemente un hombre con tal de que fuera desconocido. Las citas eran generalmente por la mañana y las señoras llegaban casi siempre con libros de misa. En la casa usaban antifaz, pagaban con largueza al favorecido y añadían el coche y el almuerzo. Según la dueña, sus parroquianas eran, por lo general, casadas con maridos ausentes o excesivamente fríos».

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Más de 200 libros de arte para descargar (gratis) cortesía del Guggenheim

Si hay algo que nos gusta de Nueva York es la calidad de sus museos. En esta ciudad siempre hay una nueva exposición por visitar y un espacio cultural por conocer; además de espectaculares colecciones permanentes que ofrecen opciones para todos los intereses: arte, diseño, historia, ciencia, moda y curiosidades.

Más de 200 libros de arte para descargar (gratis) cortesía del ...

Si bien ahora se trata de quedarnos en casa y acumular razones para (re)visitar la Gran Manzana, los museos neoyorkinos se han lucido con muchas alternativas para mantenernos inspirados durante la cuarentena. Uno de estos casos es el museo Guggenheim, que ha puesto a disposición del publico más de 200 libros de arte para descargar de manera gratuita.

Más de 200 libros de arte para descargar (gratis) cortesía del Guggenheim

Foto: Guggenheim Museum.

Libros para todos

Para todos aquellos que se han puesto como meta personal el mejorar sus hábitos de lectura durante estas semanas, el Guggenheim tiene el reto perfecto: adentrarse a su impresionante archivo histórico a través de decenas de catálogos de exhibiciones (totalmente gratis). Estos libros se centran en la obra de los grandes nombres del arte moderno, como Klimt, Kandinsky, Picasso, Munch y Van Gogh.

Más de 200 libros de arte para descargar (gratis) cortesía del Guggenheim

Foto: Laurian Ghinitoiu.

El archivo puede navegarse por artista, año de publicación, temática e idioma (entre otras categorías); incluso es posible toparse con algunas joyas históricas que datan de 1926. Los catálogos se pueden descargar en distintos formatos, incluidos Kindle y PDF, con un pequeño formato de registro. También hay una opción para poder disfrutarlos directamente en la página. Para conocer los títulos disponibles, da clic aquí

Más de 200 libros de arte para descargar (gratis) cortesía del Guggenheim

Foto: Diego Berruecos

El Guggenheim en casa

La oferta digital del museo incluye un tour virtual a través de Google Arts & Culture y una serie de audio guías (con información sobre las exhibiciones, la colección permanente y la arquitectura del edificio) en la aplicación Bloomberg Connects, disponible en Apple App Store o Google Play Store. También vale la pena echarse un clavado a su canal de YouTube; en estas semanas se han publicado varias clases de dibujo, una gran opción para las familias con niños.

Acerca del museo

En 1943, Frank Lloyd Wright le prometió al coleccionista de arte Solomon R. Guggenheim “un edificio alto, novedoso, con dignidad monumental y una gran belleza”. Debido a las modificaciones del diseño y el alto costo de sus materiales, el museo abrió sus puertas hasta 1959, dejando claro que el arquitecto estadounidense no sólo había cumplido su palabra, sino que había creado su obra maestra. Como todas las creaciones de Lloyd Wright, este edificio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2019.

Más de 200 libros de arte para descargar (gratis) cortesía del Guggenheim

Foto: Guggenheim Museum.

Por fuera, el Guggenheim es un llamativo inmueble circular color blanco (casi escultórico) ubicado en la Quinta Avenida. Sin embargo, su encanto principal radica en el interior, con una famosa rampa espiral coronada por un gran tragaluz en la parte superior. Además de las exhibiciones temporales y la colección permanente —con obra de artistas como Kandinsky, Picasso y Malevich—, el museo ofrece tours arquitectónicos sin costo extra.

El Guggenheim cuenta con dos extensiones fuera de Nueva York: Peggy Guggenheim Collection, en Venecia, y el Museo Guggenheim Bilbao, en la ciudad española. Un tercer espacio en Abu Dhabi se encuentra en desarrollo.

Más de 200 libros de arte para descargar (gratis) cortesía del Guggenheim

Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Mariana Castro

https://travesiasdigital.com/noticias

Sale a la luz un relato inédito de Hemingway

«Pursuit As Happiness» se sitúa en un pueblo costero, y relata una historia con ecos claros de «El viejo y el mar»

Ernest Hemingway

Han pasado casi sesenta años desde la muerte de Ernest Hemingway y su obra no deja de crecer con la aparacición recurrente, aquí y allá, de cuentos desconocidos que llevan su firma. El último lo ha sacado a la luz «The New Yorker», y es una gran noticia para los lectores del norteamericano, pues se trata de un relato con ecos evidentes de una de sus grandes novelas, aunque en realidad es bastante corta: «El viejo y el mar».

«Pursuit As Happiness» se sitúa en un pueblo costero, en unos apacibles meses de veranos en los que el protagonista, Ernest, mata los días con sus amigos pescando marlines que luego regalan a los lugareños. En ese ambiente distendido, de paz, de días agradables y anchos, emerge del agua un enorme pez que se convierte en su obsesión: el marlín «más grande que jamás haya nadado en el océano».

«Cuando lo vimos, supimos lo grande que era. No podías decir que era aterrador. Pero fue increíble», escribe Hemingway. A partir de ahí relata la búsqueda obsesiva del pez, como en su gran novela, pues la pesca era una de sus obsesiones.

«En realidad, me resulta difícil clasificarlo como ficción o no ficción porque gran parte de la historia es autobiográfica, pero prefiero pensar en ella como ficción. Está cuidadosamente elaborado y se lee como una breve obra de ficción (…) Es posible que la historia se haya inspirado en un viaje de pesca en particular en el verano de 1933, cuando se desarrolla la historia, pero en mi opinión probablemente se inspiró en varias experiencias diferentes, a las cuales el autor ha agregado elementos ficticios que mejoran sobre la historia», ha explicado Seán Hemingway, nieto del escritor, en una entrevista con la revista neoyorquina.

Fue él, precisamente, el que se topó con el manuscrito mecanografiado cuando estaba revisando la Colección Ernest Hemingway en la Biblioteca y Museo John F. Kennedy en Boston. El sostiene que no es un borrador de «El viejo y el mar», sino una historia que complementa esta novela. De hecho, el cuento se incluirá en una nueva edición de ese libro que ya está preparando.

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Desmontando a Mia Farrow

Desmontando a Mia Farrow

En primer lugar hay que decir que, para quienes seguimos a Woody Allen desde que tenemos uso de razón, estas memorias constituyen un enorme fraude. No ya por el título, A propósito de nada, que al fin y al cabo es irónico, sino porque todos habíamos pensado que el alfeñique hipocondríaco y enclenque que sale en la pantalla coincidía punto por punto con ese tipo con gafas que las dirige, pero resulta que no, que el Woody Allen de las películas tiene muy poco que ver con Allan Stewart Könisberg.

Para empezar, asegura que le encantan los deportes, tanto en primera persona como de espectador, y que en su juventud fue un más que aceptable jugador de béisbol. Para continuar, su libro de cabecera durante la infancia fue Gangs of New York, de Herbert Asbury, una crónica de matones que lo convirtió en una enciclopedia andante sobre el hampa. Para terminar, la cultura de la que alardea en su filmografía, esa lista de nombres propios que va de Picasso a Kafka y de Platón a Wagner, y sobre la que llegó a escribir un manual de autodestrucción hilarante, no fue más que un subterfugio que utilizó a la hora de ligar con chicas guapas.

En un momento dado, Allen escribe que se siente identificado con el personaje de Cecilia en La rosa púrpura del Cairo, esa pobre ama de casa que se refugia en la pantalla de cine para huir del tedio y la brutalidad de su vida cotidiana, pero también podría ser Gil Sheperd, el actor que encarna al maravilloso arqueólogo ficticio Tom Baxter y que no tiene nada que ver con su doble en el celuloide. Del mismo modo, apenas el lector avanza unas pocas páginas en este magnífico volumen de memorias, comprende que Woody Allen lleva toda su vida entrando y saliendo del personaje que fijó en sus películas, jugando con la realidad y la ficción hasta el punto de que hay veces que a él mismo le cuesta distinguirlas.

Sin embargo, el gran timo del libro llega hacia la mitad, cuando la realidad cae de golpe sobre la trama, la comedia se transforma en tragedia y Woody Allen se enzarza contra la terrible acusación de pederastia presentada por Mia Farrow, desgranando un arsenal de pruebas demoledoras en su defensa, desde los informes del Hospital Yale-New Haven y del Centro de Bienestar Infantil del Estado de Nueva York  hasta las declaraciones de niñeras y trabajadores sociales y los escalofriantes escritos de su hijo Moses sobre la conducta desquiciada de Mia Farrow con sus hijos adoptivos. Poco importa esa alegación pormenorizada, porque para cierto sector del gran público Allen ya ha sido condenado de antemano, sin juicio ni defensa posible, a pesar de que los informes oficiales concluyeron que no hubo abusos de ningún tipo y que el testimonio de Dylan, que por aquel entonces era una niña de 7 años, eran fruto de la invención o de una sugestión inducida por su madre, aunque lo más probable es que se tratase de una combinación de ambas.

No obstante, el lector libre de prejuicios va tropezando con una serie de detalles inquietantes que desembocan en la conclusión de que, en efecto, había un monstruo horrible en la familia kilométrica de Mia Farrow, pero ese monstruo no era Woody Allen. Es muy extraño, por ejemplo, que Allen aceptara someterse a la prueba del detector de mentiras llevada a cabo por un experto, mientras que Mia Farrow declinara hacerlo. Más aun que Farrow devolviese a algunos de sus hijos adoptivos, como si fuesen cachorros de una perrera, y que a otros los maltratase de un modo espantoso, incluyendo a Soon-Yi y a Moses: les golpeaba, los arrastraba por el suelo y los encerraba durante horas en el baño. Thaddeus, que era parapléjico, pasó una noche entera solo en un cobertizo y terminó suicidándose, lo mismo que Tam, que sufría depresión severa. Allen se pregunta, si tan buena madre era Farrow, cómo es posible que dos de sus hijos se suicidaran, que un tercero lo intentase, y que otra hija muriera de SIDA abandonada en un albergue una mañana de Navidad. También es un misterio impenetrable el hecho de que Mia Farrow, después de airear a los cuatro vientos el supuesto crimen de su pareja, quisiera trabajar a sus órdenes y estuviera a punto de llevarlo a los tribunales cuando Allen se negó a que protagonizara su siguiente película, Misterioso asesinato en Manhattan.

La respuesta a todas estas preguntas, probablemente, está en la propia infancia de Mia Farrow, en medio de una familia homérica, con un hermano que se suicidó, otro que cumple condena por pederastia y un oscuro episodio de abuso infantil mencionado por la propia Mia a su hijo Moses. Aun así, si es verdad que, según los principios del metoo, siempre hay que fiarse de la palabra de las víctimas, no se entiende que prácticamente nadie haya hecho caso del testimonio de Soon-Yi, quien ha contado extensamente las palizas y humillaciones que sufrió a manos de su madre adoptiva durante largos años y cómo habría preferido mil veces continuar en manos de las monjas que la cuidaban. Todo lo que usted no quería saber sobre Mia Farrow y tampoco se atrevía a preguntar. Yo habría preferido que el libro dedicara más páginas al cine y a la música, pero a pesar de haber descubierto tanta bazofia y tanta miseria, no creo que tenga problemas para separar al ser humano de la obra y seguiré viendo Hannah y sus hermanasZelig y Delitos y faltas como si no supiera lo que hay detrás de Mia Farrow. Por lo demás, entre película y película, Allen y Soon-Yi llevan un cuarto de siglo instalados en la realidad, juntos y felices, cumpliendo aquel viejo tópico que asegura que la comedia no es otra cosa que tragedia más tiempo.

https://blogs.publico.es/davidtorres

DEMIAN [FRAGMENTOS] – HERMANN HESSE

DEMIAN [FRAGMENTOS] - HERMANN HESSE
Henri Rousseau, El sueño, 1910
“La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo,
la tentativa de un camino, la huella de un sendero.
Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo;
pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros,
cada uno como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin,
viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial.
Alguno no llega jamás a ser hombre,
y sigue siendo rana, ardilla u hormiga.
Otro es hombre de medio cuerpo arriba, y el resto, pez.
Pero cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre.
Todos tenemos orígenes comunes: las madres;
todos nosotros venimos de la misma sima,
pero cada tentativa e impulso desde lo hondo tiende a su propio fin.
Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.”
(Prólogo de Demian)
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Este párrafo de ‘Un mundo feliz’ explica la tragedia moderna de cómo canjeamos verdad y belleza por comodidad y placer

Huxley comprendió que para que la máquina de la producción masiva pudiera seguir rodando, se debía proveer a los individuos de constantes gratificaciones (la ilusión de la felicidad). El problema es que la felicidad hedonista significa un pacto fáustico en el que se sacrifica la belleza y la verdad.

 

aldous huxleyEl escritor y filósofo inglés Aldous Huxley (1894 – 1963)

La novela Un mundo feliz es, sin duda, una de las visiones literarias que con mayor claridad se anticiparon a los acontecimientos que estamos viviendo.

Existe una bizantina disputa sobre si estamos viviendo el mundo que imaginó Orwell o el mundo que imaginó Huxley (y aunque hay claroscuros, parece que Huxley fue más preclaro).

El analista de medios Neil Postman distinguió la visión distópica de Huxley de la de Orwell. La del primero estaba basada en el deseo y la segunda en el miedo; de manera quizá un poco más sofisticada, Huxley entendió que en el “futuro” íbamos a ser controlados no a través de la fuerza, la represión violenta o la supresión de la información, sino sobre todo, a través de la distracción y el entretenimiento.

El siguiente párrafo se lee de manera ominosa, si bien ya en 1932, cuando se publicó por vez primera la novela, había visos de que la producción serial -el fordismo- requería del ser humano una constante atención hacia los productos y, por lo tanto, una asociación de la felicidad con el consumo.

 

un mundo felizaldous huxleyLa visión distópica de Huxley

 

Asimismo, Huxley ya vislumbraba que las personas estaban dispuestas a sacrificar su libertad en niveles alarmantes a cambio de seguridad, especialmente después de haber vivido una guerra. Esto se pudo comprobar con el movimiento nazi.

Nuestro Ford hizo por su propia cuenta una enormidad para modificar el énfasis de la verdad y la belleza hacia la comodidad y la felicidad. La producción masiva exigía ese cambio. La felicidad universal mantiene las ruedas girando constantemente; la belleza y la verdad no pueden. Y, por supuesto, cuando llegó a ocurrir que las masas tomaban poder político, entonces era la felicidad lo que contaba y no lo la belleza y la verdad.

Sin embargo, pese a todo, la investigación científica aún era permitida. Las personas aún seguían hablando de la belleza y la verdad como si fueran bienes soberanos. Hasta el tiempo de la guerra de los 9 años.

Eso hizo que cambiaran de tono completamente. ¿De que sirven la belleza o la verdad o el conocimiento cuando las bombas de ántrax están brotando por todas partes? En ese momento la ciencia empezó a ser controlada por primera vez… Las personas estaban listas hasta para que les controlaran sus apetitos.

Todo por una vida tranquila. Hemos seguido controlando las cosas desde entonces. No fue muy bueno para la verdad, por supuesto. Pero ha sido muy bueno para la felicidad. Uno no puede tener algo gratis. La felicidad se debe pagar.

 

un mundo felizaldous huxley portada 

 

La producción masiva, el capitalismo, la deificación del dinero, la tecnología y la materia, etc., requieren de una cierta pasividad, de un cierto estado de consumidor, de renunciar a la agencia, de que los individuos se vean parte de una gran máquina de la cual sólo son piezas y ante la cual no pueden hacer nada.

Para que el individuo renovara su deseo y pudiera seguir consumiendo y alimentando el sistema que hoy se conoce como economía de crecimiento infinito, la felicidad debió asociarse con la participación en los bienes de consumo que produce el sistema. Huxley lleva esto a una especie de hipérbole, considerando que es como el consumo de una droga, que mantiene a los individuos felices y, en consecuencia, inofensivos para el sistema. Como dice la canción de Radiohead: “happy, more productive”.

La depresión, la melancolía y la tristeza se convierten en anatema, en estados que deben ser rápidamente curados y eliminados. Al eliminarse, se elimina una dimensión de profundidad de la existencia; sólo queda la verticalidad: tratar de escalar socioeconómicamente, de obtener más. Se pierde también la dimensión estética, ya que ésta requiere de integrar y considerar seriamente todo tipo de sensaciones buenas y malas -el amor y la muerte en el mismo vaso-, de la introspección, de descender a la propia alma y demás cosas que el aséptico neoliberalismo moderno no consiente.

De aquí esta fórmula de que cambiamos la belleza y la verdad a favor de la felicidad o el placer (hedonista y narcisista). Preferimos vivir cómodos y seguros a enfrentarnos a lo desconocido, al mysterium tremendum, lo numinoso. La sociedad se convierte en un organismo funcional, eficiente, predecible, pero sin alma, y en una perenne crisis existencial que es suprimida por paliativos. Crisis existencial que es rápidamente atacada por el entretenimiento, por la manipulación del deseo (por la manufactura de deseos), y ahora, por la captación de la atención de la tecnología digital.

Se trata de que el individuo no se enfrente a la oscuridad de su propia mente, ya que si lo hace se dará cuenta de que está sumido en una profunda crisis y que la vida que vive no tiene profundidad, es similar a la de una máquina.

Un ser humano realmente no puede tolerar esto mucho tiempo; si lo hace, se enfrentará con la necesidad de una profunda transformación. Es por ello que es mejor distraerse.

Huxley lo vio de manera genial; el monstruo de la indolencia ya estaba latente y hoy se ha expandido como una red global de comunicación que nos dice que estamos perpetuamente conectados. Estamos conectados pero a la vez cada vez más desligados de nosotros mismos y de aquellas cosas que históricamente le dieron sentido al hombre. Dostoyevski creía que el ser humano no podía vivir sin belleza; belleza también en el sentido platónico: el esplendor de la verdad, el símbolo del espíritu.

Quizás la gran ilusión moderna tiene que ver con la idea de que el ser humano existe para su propia felicidad. Una felicidad que no es ciertamente la felicidad eudaimónica de Aristóteles; se trata más bien de la felicidad individualista de suprimir todas las amenazas, todo el dolor, todo el miedo, toda la oscuridad, y de abrirse el terreno hacia la máxima comodidad y hacia el más alto diseño del placer. Esta es la promesa de la tecnoutopía: una existencia descorporalizada en la que se puedan crear paraísos hedonistas sintéticos. Solzhenitsyn veía las cosas de manera distinta:

Si, como sostiene el humanismo, el hombre naciera sólo para ser feliz, no nacería para morir. Ya que su cuerpo está condenado a la muerte, su tarea evidentemente debe ser más espiritual: no el grosso involucramiento en la vida cotidiana, no la búsqueda de mejores formas para obtener bienes materiales  y su consumo libre de preocupaciones.

Debe ser el cumplimiento de un deber sincero y permanente, de tal manera que el viaje de la vida se convierta en una experiencia de crecimiento moral: dejar la vida siendo un mejor ser humano del que uno era cuando llegó.

 

via pijamasurf

https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/15824

‘Guerra y Paz’: el poder terapéutico de una novela en tiempos duros

¿Quién dijo encierro? ¡Viajen lejos! ¡Viajen en el tiempo! Este Folletín Ilustrado les llevará de nuevo por las páginas de una de las más grandes obras maestras de la literatura universal

         

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Ana Pavlovna llevaba unos días tosiendo. Decía que tenía la grippe (extraña palabra que apenas se oía en el verano de 1805). Al príncipe Vasili no le importó y pasó la tarde con ella. Después llegaron hechos y personajes hasta llenar las 1.400 páginas de Guerra y Paz

Desde que Lev Tolstói publicó esta novela, en 1869, nada ha podido hacerla antigua. Ni la cumbre tecnológica que vivimos hoy con los robots que barren suelos. Ni este limbo espacial donde no asomas un pie a la calle pero hasta María Santísima entra en tu casa por las videollamadas. 

Es más: la plaga ha actualizado esta historia de historias pasadas. ¡La vieja aristocracia rusa! ¡Los príncipes! ¡Napoleón!

guerra y paz

En la cuarentena de los pasados meses de marzo y abril emergió el furor de leer esta obra maestra. Miles de personas del globo entero hablan de ella en un club de lectura sito en Twitter: #TolstoyTogether 

Ahí publican frases del libro. Hablan de los personajes, de paralelismos históricos y verdades eternas, como la que dijo Andrei:

«Solo conozco dos males reales en la vida: el remordimiento y la enfermedad»

Guerra y paz parece tener un poder terapéutico. En #TolstoyTogether dicen que no hay libro que encaje mejor en tiempos de pandemia. Que es una historia fabulosa para ver cómo reaccionan las personas ante lo cotidiano y lo extraordinario. Que viene bien para poner orden en tiempos desorientados. Que se sienten reflejados en las emociones de los personajes: en esa montaña rusa que es un desmadre de subir y bajar.

Hay quien dice que pegarse este maratón de lectura lo salva de meterse un maratón de series. Y quien se libra de arruinar sus días enfangado en telebasura. 

En Guerra y paz ven un alivio. Podría parecer que aquellas batallas y salones de té quedaron lejos pero en muchas páginas, los lectores de hoy ven espejos. Como estas palabras que Pierre dijo a Natasha:

«Se habla mucho de la crueldad del sufrimiento. Si me dijeran: “¿Quieres volver a ser lo que eras y no pasar lo que has pasado o prefieres vivir otra vez lo que has vivido?”, respondería: “¡Que vuelvan el cautiverio y la carne de caballo!”. Cuando se nos arroja de nuestro camino habitual, creemos que lo hemos perdido todo. Sin embargo, es entonces cuando se empieza a vivir una vida nueva, una vida provechosa. Mientras dure la existencia, durará la dicha. Todos tenemos mucho por delante, muchísimo, no me cabe duda».

Yorokobu

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Punto de partida: «Reconocer la voz. Acerca de Tierra impar de Francisco Layna Ranz» [Diego L. García]

Punto de partida: «Reconocer la voz. Acerca de Tierra impar de Francisco Layna Ranz» [Diego L. García]

Hoy hemos comido miel de hiedra, untada sobre pan
…..negro.
El humo era dulzón, parecía cegar a los que huían.
Teníamos en las manos la tajadura que nunca supimos
…..explicar.
Dos, tres veranos después surgió el recuerdo de la miel
…..primitiva. Lo hicimos en torno a una canción y a
…..una cosecha. También de esa época nuestro primer
…..cementerio.
Ahí empezó, inevitable, la historia de los muertos.

(«El descubrimiento de la miel»)

La historia de los muertos se cuenta en una lengua impar. No es que la palabra intente ocupar el espacio de los cuerpos, sino que se reconoce en lo incompleto como un susurro, un tanteo, una aproximación; a eso podemos llamarlo símbolo. Y el recorrido del símbolo siempre es una espiral donde conviven tanto la tradición esotérica como aquello inesperado que a veces definimos como lo poético: «miel de hiedra», el «verano», «una canción», «una cosecha», el «cementerio», una cadena con rastros míticos en dirección a una gran incertidumbre que la poesía de Francisco Layna Ranz resignifica en el código de sus espacios a veces oníricos, a veces bucólicos, a veces interiores. Espacios en los que puede desarrollar su plan: inscribirse en la ausencia y extraer lo que allí acontece.

Él era un bosque con sus pupilas inyectadas en resina y en
…..hielo de porcelana.
No cabían más imágenes en su edad, eso pensaba.”

(«Gigante que sueña»)

El gigante que sueña reaparece a lo largo del libro, ligado conceptualmente a la búsqueda: «buscar sentido siempre es labor posterior». Las ideas de nada, de vacío, de ausencia llevan a un agotamiento de lo real; «resina», «hielo», «porcelana», materiales para reconstruir una existencia que en torno al lenguaje resulta no solo posible, sino sanadora de las heridas del absurdo. «Nunca sabré la razón de la escritura. Todo sucede al / mismo tiempo, en eso consiste». Así, el sujeto poético irrumpe en la ubicación de su relato hacia la idea del desconocimiento que conlleva, y refuerza, la posibilidad de que algo persista en acción de todos modos. Ese estado refleja una manera de la conciencia escritural nada menos que como una conciencia gratuita del vivir. Resulta impactante indagar desde esta postura en las preguntas tradicionales que recorren el hecho poético (o artístico, en su sentido amplio). Desde allí es que debemos leer esta obra.

Los seres y sus contornos dejan tras de sí una estela de
…..nombres. Me apropio de ellos con tan solo observarlos.
…..Soy todo un ladrón de experiencias: eso creo.

(«Nadie en algún sitio»)

No sé lo que es el regreso. Tampoco sé si yo soy cierto, si
…..soy verdadero.
Siempre que abro una maleta me llega una voz que
…..reconozco.
Eso es ahora la vida: reconocer.
Tantear en las respiraciones, buscar en ellas, rastrear el
…..pacto.
Algún indicio de que aún existe lo que dejó de existir.

(«Prólogo para Fabio»)

El reconocer a pesar del no saber. Una forma del poema para aproximarse al sentido. Un tanteo «en las respiraciones», ritmo y distancia entre la vida y «lo que dejó de existir». El indicio de algo nombrable, esa fina línea por donde transita el poema. Parece no haber espacio para la soberbia plenitud de las voces. ¿Qué pueden decir quienes avanzan aturdidos en las cintas de la materia? El pacto apunta a un espacio menos aprehensible. Dirá en otro poema: «Lo nombrado solo queda en mi respiración».

El libro sigue en tramos impares, los números divinos según los antiguos, conformando una secuencia que desarma las leyes del tiempo.

Nos dijeron: el pasado es una probabilidad. El infinito es
…..anterior, nos dicen los caídos. La arena es un ejemplo
…..de lo eterno. Ni la duración ni la edad, ni siquiera la
…..mueca o el acento.
Luego discutimos, como solíamos, el matiz y el significado.
Lo nombrado solo queda en mi respiración, no distinto
…..de cualquier ruido, aunque sea el último torzal del
…..estallido.

(«Nueve»)

En el sueño de los gigantes caben todas las probabilidades y todas las caídas. La escritura del poema respira y se aproxima a ese infinito nuclear, donde las palabras alguna vez habitaron. No sé si Layna Ranz lo asimila a un dios o a la respiración de sus ausencias. Lo único claro es que el estallido de lo material permite que por fuera de su ley se gesten otros lenguajes. Si reconocer la voz implica una traducción del inframundo, habrá que salir sin voltear hacia las presencias que nos siguen, sin pretender confirmaciones ni recompensas más que la fugaz percepción de una dirección.

Portada Tierra impar

Francisco Layna Ranz, Tierra impar. Ril, 2018.

 


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui, 1983). Profesor en Letras. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Esa trampa de ver (Añosluz, 2016), una voz hervida (Jámpster, 2017; en coautoría con Ivankan), Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018) y fotografías (Zindo & Gafuri, 2018). Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.

 

https://jampster.cl