Ya son más de 70 los países que tienen campañas de desinformación a través de internet

Ya son más de 70 los países que tienen campañas de desinformación a través de internet

SERGIO PARRA

Hay partidos políticos o agencias gubernamentales usan las redes sociales para moldear las actitudes de los ciudadanos. Esto incluye regímenes autoritarios que suprimen los derechos humanos o asfixian opiniones disidentes.

No obstante, hay una clara tendencia a las campañas de desinformación: la información falsa se difunde deliberadamente para engañar. No en vano, hay más de 70 países donde ya existen este tipo de campañas, según un reciente estudio.

Facebook se destaca

Un número creciente de países ha experimentado campañas coordinadas de manipulación de redes sociales. Las naciones que manipulan a través de redes sociales han aumentado un 150% en los últimos dos años. Ahora se cuentan 70 países en total, en comparación con 48 en 2018 y 28 en 2017, según un informe llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Oxford.

Facebook se destaca como la herramienta principal para realizar estas campañas de desinformación. Y China como el país que más usa esta clase de campañas, pero no se quedan atrás países como India, Irán, Pakistán, Rusia, Arabia Saudita y Venezuela.

Hasta en las protestas de Hong Kong en 2019, la propaganda china se limitaba principalmente a plataformas nacionales como Weibo y WeChat. Ahora han comenzado a usar de forma más clara Facebook, Twitter y YouTube.

Por eso, Facebook, Twitter y YouTube han anunciado cambios para disminuir la manipulación en redes sociales y la interferencia extranjera. Sin embargo, la investigación muestra que el uso de estas tácticas -que incluyen cuentas falsas y “trolls” contratados- va en aumento.

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El futuro es privado

Libra, la nueva moneda de Facebook, ha hecho saltar las alarmas en el mundo ­político y en el financiero

Representación de Libra, la moneda de Facebook.
Representación de Libra, la moneda de Facebook. CHESNOT/ GETTY IMAGES

ANDRÉS ORTEGA

¿Lo es? Al menos es el mantra que lanzó a finales de abril Mark Zuckerberg, el fundador y presidente de Facebook en la conferencia F8 de desarrolladores de su empresa. Puede que tenga parte de razón. El futuro es más privado que antes, incluida una nueva moneda privada, Libra, cuyo proyecto anunció en junio. Pero lo que Zuckerberg entiende por privado se aleja de lo que solemos entender por ese término.

Ya en 2017 afirmó en una larga declaración que Facebook aspiraba a “construir la infraestructura social para una comunidad global”, o varias, que uniera el mundo. Frente al objetivo inicial de conectarnos con la familia y los amigos, y luego convertirse la red social en “una fuente de noticias y discurso público” (sesgada para cada cual), esa misión tenía un alcance mucho mayor. Ahora, sin haber abandonado ese objetivo de comunidad global, se centra en lo privado. Con un alcance aún mayor.

“Con el tiempo, creo que una plataforma social privada será aún más importante para nuestras vidas que nuestras plazas públicas digitales. Así que hoy”, señaló, “vamos a empezar a hablar sobre cómo podría ser esto como producto (…) y cómo necesitamos cambiar la forma en que manejamos esta empresa para construirlo”. Entre los principios fundamentales para Libra que Zucker­berg planteaba destacaba el de que fueran “interacciones privadas” y la “interoperabilidad”.

¿Interacciones privadas? ¿Es privacidad? No como la entendemos. La empresa con más de 2.000 millones (incluido WhatsApp e Instagram) de usuarios en el mundo y un valor bursátil de 550.000 millones de dólares (500.000 millones de euros) tuvo que explicarse ante los legisladores de EE UU y de Europa que ven algunos elementos de su proceder como posible amenaza a la democracia. Pese a ello, los escándalos no parecen haber mermado su atractivo para los usuarios. Y seguirá recogiendo todos nuestros datos, nuestras vidas digitales y analógicas, y sus algoritmos trazando nuestros perfiles, y adelantándose a nuestros deseos y voluntades para monetizarlos con publicidad. En cuanto a la “interoperabilidad”, Zuckerberg lo entiende de una manera restringida a la galaxia Facebook: “Debes ser capaz de utilizar cualquiera de nuestras aplicaciones para llegar a tus amigos.”

Esos 2.000 millones de usuarios largos es lo que ha llevado a Facebook a embarcarse, junto a otras 27 empresas, en el proyecto de la moneda digital Libra. Sabe que en el mundo hay aún más habitantes que no están conectados a ninguna red financiera, que no están bancarizados, y que con un teléfono inteligente podrían engancharse a Internet, a Facebook —que se reforzará (ese es el gran objetivo)—, y de ahí, a través de un monedero digital, a Libra. Una operación masiva de inclusión financiera. Las campanas de alarma han empezado a sonar en el mundo político —hasta Trump se ha sobresaltado— y en el financiero, que puede perder su papel de intermediación.
Es posible que esta Libra no llegue a generar la suficiente confianza, por problemas de protección del consumidor, de inestabilidad financiera con riesgos sistémicos o de lavado de dinero, y que se la regule de tal modo que se la asfixie. Pero Facebook y sus socios pueden conseguir, al menos, un medio masivo de pago con el que sería difícil de competir. De ahí la presencia de Visa en el consorcio.

El régimen chino lo ha entendido y ha anunciado que está estudiando la creación rápida de una moneda digital similar a Libra, aunque faltan los detalles. Ve cómo sus ciudadanos pagan ya masivamente a través de sus móviles con WeChat o AliPay —privados, aunque bajo el ojo del Partido— y quiere controlarlo. China puede convertirse en el primer país que emita una moneda digital pública. Está claro que para Pekín el futuro no es privado. Pero es algo a lo que no renuncia tampoco el sentido liberal occidental de un Estado (o grupo de Estados), que ha de estar, con su derecho, detrás de la creación de todo dinero —no ya moneda— de importancia, como insiste el economista político Miguel Otero. Pero, cuidado, pues si los ciudadanos pierden confianza en sus Estados, en sus instituciones, abrirán la espita al triunfo de la tesis de Zuckerberg. ¿Me gusta?

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Escándalo mundial: millones de imágenes médicas accesibles en internet

Escándalo mundial: millones de imágenes médicas accesibles en internet

Las nuevas tecnologías han supuesto un salto cualitativo en la Medicina; sin embargo, esta digitalización puede convertirse en un arma de doble filo, tal y como demuestra una investigación realizada por los medios ProPublica y Bayerischer Rundfunk, que revela queimágenes y datos médicos de millones de personas están expuestas para cualquier que tenga un navegador web y sepa manejar unas cuantas líneas de código.

La seguridad de cientos de servidores en todo el mundo que almacenan las pruebas de diagnóstico por imagen, como radiografías, tomografías o resonancias magnéticas, es tan endeble que prácticamente es un juego de niños para cualquier persona un poco avezada con la informática y programas gratuitos que se pueden descargar de la red. De hecho, la propia ProPublica se ha hecho con imágenes que ha publicado en internet retirando la información personal del paciente.

Sólo en EEUU el escándalo podría afectar a unos cinco millones de pacientes (con 13,7 millones de exámenes médicos disponibles en internet), escalando mucho más a nivel mundial. Los medios fueron capaces de detectar hasta 187 servidores y ordenadores en los que se almacena toda esta información médica y que, a pesar de lo sensible de la misma, no está protegida ni con contraseñas ni con medidas de seguridad básicas. En otros casos, el problema son los sistemas operativos obsoletos, sin soporte ya y plagados de vulnerabilidades. Desde organismos como la Oficina de Derechos Civiles se registran muchísimas brechas de seguridad de este tipo, detallando las entidades, número de afectados, estados, etc.

La investigación, en realidad, surgió a partir de los hallazgos de una empresa de seguridad con sede en Alemania llamada Greenbone Networks, que fue la que identificó inicialmente problemas de seguridad en un total de 52 países, cuyo informe completo puede descargarse aquíEspaña se encontraría entre los países afectados, según Greenbone Networks, donde a pesar de que sólo se detectó un sistema vulnerable se detectaron 17.500 expedientes y 53.000 imágenes médicas.

Al compartir su hallazgo con la emisora alemana Bayerischer Rundfunk, ésta contactó con ProPublica y juntos han destapado el escándalo. Ya en 2016, un profesor de la Facultad de Medicina de Harvard llamado Oleg Pianykh alerto de los riesgos tras encontrar en internet más de 2.700 sistemas de almacenamiento de imágenes médicas abiertos. Nadie le tomó en serio.

Los periodistas de ProPublica relatan como en algunos casos, bastó sólo con enviar una consulta de datos para acceder a datos de un millón de pacientes, desde sus fechas de nacimiento a sus médicos o los tratamientos en los que están inmersos. En otros casos –nada menos que más de 16 millones de escaneos-, los números de la Seguridad Social también eran perfectamente accesibles.

Ante esta situación, algunos expertos en seguridad han mostrado ya su estupefacción, sugiriendo que ni siquiera se puede hablar de piratería en sentido estricto, sino más bien de jornadas de puertas abiertas a los datos personales. Pasen sin llamar, parecen decir algunas de las empresas sanitarias que se muestran tan descuidadas en la protección de la información de sus pacientes.

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De esta forma tan sencilla, Google podría inclinarte a votar determinada formación política

De esta forma tan sencilla, Google podría inclinarte a votar determinada formación política

SERGIO PARRA

Desde Cambridge Analytica sabemos hasta qué punto se nos puede manipular a través de las redes sociales o los motores de búsqueda usando nuestros datos personales y nuestro comportamiento en la red como el más atinado sistema de análisis psicológico.

Sin embargo, para inclinar a una masa de gente a que se decida electoralmente por una u otra opción política no requiere de grandes estrategias, sino de unos simples cambios en los resultados de un motor de búsqueda como Google, como puso de manifiesto este estudio de 2015.

Primeros resultados

Google puede cambiar nuestra visión del mundo porque nuestra visión del mundo, en gran parte, ya se ve determinada por los primeros resultados que aparecen en este motor de búsqueda. No tanto de los resultados que aparecen más abajo, o de los que aparecen en la segunda página, sino de los primeros.

Mobile Phone 1087845 960 720

El estudio mencionado se centró en las elecciones que habían de celebrarse en la India. Los investigadores, liderados por el psicólogo Robert Epstein, reclutaron a 2150 votantes indecisos por todo el país y les dieron acceso a un motor de búsqueda específicamente diseñado, llamado Kadoodle, que en teoría les iba a asesorar a propósito de los candidatos antes de decidir a quién votar.

Kadoodle, sin embargo, estaba programado para que diera resultados amañados a unos y otros, sesgando los resultados en favor de uno u otro candidato. Lo que ocurría es que todos los enlaces de la parte superior de la página favorecían a un candidato en concreto, y había que bajar bastantes enlaces hasta encontrar alguno que favoreciera al otro candidato.

El simple orden de presentación de los enlaces ya influyó de forma significativa en las opiniones de los usuarios: cuando se les preguntó a quién iban a votar, la probabilidad de que eligieran al candidato favorecido por Kadoodle aumentó un 12 por ciento. Tal y como abunda en ello Hannah Fry en su libro Hola mundo. Cómo seguir siendo humanos en la era de los algoritmos:

No resulta sorprendente, pues, que los participantes dedicaran la mayor parte del tiempo a ver los sitios web destacados en la parte superior de la primera página; como reza un viejo chascarrillo de Internet, el mejor sitio para ocultar un cadáver es la segunda página de los resultados de búsqueda de Google.

En otro libro, Armas de destrucción matemáticaCathy O’Neil desnuda los errores estadísticos y la falaz neutralidad de ciertos modelos matemáticos, y emplea una analogía para describir cómo deberíamos afrontar el actual estado de las cosas: así como las pésimas condiciones en las fábricas de la Revolución Industrial obligaron a imponer las leyes laborales, “nuestra época exige una legislación que proteja a la ciudadanía de los abusos perpetrados mediante la minería de datos”.

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¿Cuánto valen tus datos digitales? Saberlo puede darte más control sobre ellos

STEVE LOHR 

¿Cuánto valen tus datos digitales? Saberlo puede darte más control sobre ellos
Mark Warner, senador demócrata de Virginia, el mes pasado en el Capitolio. Él coimpulsó una propuesta de ley que requeriría que las grandes compañías de internet informaran de manera regular a los usuarios sobre los datos personales que recolectan y que divulguen el valor de esos datos. CreditGabriella Demczuk para The New York Times

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El mercado para nuestros datos digitales podría parecer un trato disparejo.

Todos creamos puntos valiosos de información cada vez que tocamos una pantalla o presionamos una tecla: los clics, las búsquedas, los me gusta, las publicaciones, las compras y más. Los entregamos por voluntad propia a cambio de servicios gratuitos. Sin embargo, la ganancia económica más grande va para los gigantes tecnológicos como Google y Facebook. Su riqueza corporativa se basa en cosechar y comercializar la información que proveen las multitudes en línea.

“Imagina si General Motors no pagara por su acero, su caucho o su vidrio: sus insumos”, comentó Robert Shapiro, un economista que hace poco realizó un análisis sobre el valor de los datos. “Así pasa con las grandes empresas de internet. Es un gran negocio”.

No obstante, hay un conjunto de personas cada vez más grande que buscan maneras de alterar ese arreglo. Es un grupo dispar de académicos, economistas, tecnólogos y legisladores, cuyas posturas políticas van desde ser liberales moderadas hasta conservadoras en favor del libre mercado.

Están buscando por diferentes vías. Algunos han hecho investigaciones a fin de poner un valor a los datos personales, como un mecanismo para aportar información al debate público en torno a la manera de negociar un mejor acuerdo para el proletariado virtual. Otros proponen reconocer la información como un activo comerciable o como mano de obra, a fin de ayudar a crear un mercado eficiente para los datos y retribuir una mayor riqueza digital a los individuos y la sociedad.

El mes pasado, Mark Warner, senador demócrata de Virginia,  propuso, junto con otro senador, un proyecto de ley que exigiría que las grandes empresas de internet informen de manera regular a sus usuarios sobre los datos personales que recaban y que divulguen el valor de esos datos.

“No estoy convencido de cuál debería ser la estrategia”, comentó Warner, quien fue inversionista del sector tecnológico y es un crítico frecuente de los gigantes de esa industria. “Pero el estado actual de inmenso desequilibrio de poder no puede seguir así”.

El aumento de los llamados a favor de un mejor acuerdo sobre los datos llega durante una escalada de las reacciones negativas en contra de las grandes empresas tecnológicas y el manejo que le dan a la información de los usuarios. Legisladores y reguladores de varios países están investigando el poder en el mercado de las empresas, su papel como guardianas de la comunicación y su manejo de los datos, en especial cuando no protegen la privacidad de los usuarios.

El 24 de julio, Facebook accedió a establecer nuevas capas de supervisión y a pagar una multa récord por las violaciones a la privacidad. También reconoció que está siendo investigada por la Comisión Federal de Comercio por cuestiones antimonopólicas. Además, el 23 de julio, el Departamento de Justicia mencionó que iba a comenzar a examinar el dominio sobre el mercado de los gigantes del internet para determinar si habían buscado suprimir a la competencia.

No todo el mundo está de acuerdo con que sea un mal negocio para los consumidores que los servicios gratuitos se paguen con publicidad y datos. Tan solo en Estados Unidos, se calculó que el beneficio al consumidor por tener servicios gratuitos de internet fue de más de 100.000 millones de dólares, de acuerdo con un artículo de 2012 cuyo coautor fue Erik Brynjolfsson, un economista de la Escuela de Administración Sloan del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Esa cifra sería mucho más alta en la actualidad, debido al crecimiento de las ofertas en línea. “En efecto, los consumidores reciben una enorme cantidad de valor gracias a esos servicios”, mencionó Brynjolfsson.

No obstante, los defensores de un nuevo acuerdo en torno a los datos están ganando impulso a medida que se sabe más sobre el uso que dan las grandes empresas de internet a la información personal.

Por ejemplo, darles información a Google, Facebook o Amazon no es solo una señal de interés o preferencia, sino también la materia prima para focalizar anuncios, guiar el comportamiento en línea y capacitar sistemas de inteligencia artificial como el reconocimiento facial.

¿Cuánto valen tus datos digitales? Saberlo puede darte más control sobre ellos
Josh Hawley, senador republicano de Misuri, escucha a Christopher Wray, el director del FBI, testificar durante una audiencia del Comité Judicial del Senado de Estados Unidos en el Capitolio.CreditErin Schaff/The New York Times

A menudo, los consumidores no están al tanto de los muchos usos que se les dan a sus datos. Hasta ahora, la preocupación por la privacidad ha sido el objetivo principal del escrutinio. Sin embargo, la atención de los legisladores está comenzando a posarse en la concentración de la riqueza de datos en las manos de unas pocas empresas.

Un objetivo de la legislación que presentaron el mes pasado Warner y el senador republicano de Misuri, Josh Hawley, es “que los consumidores tengan idea del valor de los datos que están dando”, explicó Warner.

Calcular el valor de los datos personales es complicado. Los estimados varían mucho, dependiendo de las suposiciones. El estudio reciente de la consultoría de Shapiro tomó en cuenta varios factores, entre ellos el declive en la eficiencia de la publicidad en línea cuando la gente opta por no participar en la recolección de datos.

El estudio calculó que el beneficio corporativo que produjo la recolección de datos personales de los estadounidenses en línea —principalmente para las grandes empresas tecnológicas— fue de 76.000 millones de dólares en 2018 y esa cantidad aumentará de forma drástica en el futuro.

Si el gobierno recaudara una cuota del 50 por ciento a las empresas que usan los datos personales de los estadounidenses, según Shapiro, podría representar una contribución significativa para reconstruir la infraestructura de la nación o apoyar programas de seguridad social. Si se les pagara a los usuarios individuales, habría sido equivalente a un cheque de 122 dólares por persona el año pasado. El estudio corrió a cargo de Future Majority, un centro de investigación que trabaja para el Partido Demócrata.

La gente encargada de formular políticas está haciendo lo posible para encontrar la manera de que las acciones del gobierno y las fuerzas del mercado se empleen para controlar el poder de los gigantes tecnológicos que se alimentan de los datos.

En Canadá, Michelle Rempel, una integrante conservadora del parlamento que representa a Calgary, duda que alguna vez los reguladores gubernamentales tengan la capacidad de seguir el paso de las empresas tecnológicas más grandes, pues estas cuentan con una experiencia y una cantidad de recursos mucho mayores. Según Rempel, el gobierno tendrá que intervenir, pero más como un diseñador de reglas básicas que como un regulador. “La meta debería ser ayudar a construir un mercado justo para los datos”, propuso Rempel.

De acuerdo con legisladores, esas reglas para construir el mercado incluyen derechos de propiedad definidos para que los individuos controlen sus datos y requisitos de que las empresas permitan que los datos personales se puedan enviar con facilidad a otros servicios a solicitud del consumidor. Según ellos, estas medidas podrían abrir la puerta a una próspera comunidad de creadores de mercados de datos, que agrupen los datos de las personas y negocien las ventas.

En este momento, ya hay algunas empresas emergentes que se encargan de recolectar, asegurar y vender datos personales de manera voluntaria, como Meeco y UBDI (Universal Basic Data Income). Suelen emplear la tecnología de la cadena de bloques por seguridad y para controlar el acceso a la información. Aunque suenan muy prometedoras, hasta ahora son empresas emergentes novatas, sin muchos usuarios ni datos.

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Maltrato tecnológico

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Escribo este texto después de haber experimentado personalmente y haber compartido con muchas personas lo que denomino maltrato tecnológico, que no es ni más ni menos que la situación que se está produciendo cada día con la demanda de hacer todos los trámites de forma telemática. Se supone que la tecnología debería hacernos la vida más fácil, acortar los trámites burocráticos, dar soluciones eficaces y rápidas, evitar tener que ir presencialmente a las diferentes instituciones o entidades a presentar documentos o expedientes de cualquier clase.

Pues bien, esta nueva modalidad de maltrato consiste en que aparentemente todo resulta muy fácil de realizar a través de internet, pero a la hora de la verdad los problemas se multiplican. O bien no funcionan los aplicativos, o bien piden tener instalados programas informáticos concretos, o bien éstos no se ejecutan o piden certificado digital del que no disponemos, o si lo tienes no es reconocido por el sistema, y así hasta una infinidad de problemas técnicos para resolver los cuales tendrías que haber estudiado ingeniería informática como mínimo. En ocasiones, si llamas pidiendo soporte técnico te dicen que leas el manual de instrucciones, un mamotreto ilegible las más de las veces.

Una modalidad especialmente denunciable es el maltrato tecnológico institucional: muchas instituciones solicitan la documentación a través de plataformas digitales, que para más inri no tienen la opción de guardar los datos introducidos, con lo cual si por cualquier razón falla el sistema tienes que volver a empezar cada vez. Mención aparte merecen las facturas electrónicas; cuando las envías, además de tener que darte de alta en alguna de estas plataformas, te las devuelven sin dar explicaciones, y cuando reclamas te pueden contestar diciendo que “hay que esperar a que se genere la factura”, como si la factura se generara en el espacio sideral por arte de magia. Por no hablar de los múltiples y farragosos formularios que hay que rellenar para cualquier nimiedad, cosa que consume horas de nuestro escaso tiempo.

Existe otros maltrato tecnológico que se deriva de la dificultad de establecer contacto telefónico para resolver problemas concretos: aparte de tener que esperar escuchando la 9ª sinfonía de Beethoven y la cantinela de que todos los agentes están ocupados, si logras hablar con alguien suele ser distinto cada vez, con lo cual tienes que repetir la historia varias veces, sin que nadie se haga cargo finalmente de resolver el problema.

En definitiva, que la ciudadanía está impotente ante un nuevo tipo de maltrato contra el cual difícilmente se puede actuar, pues al final el responsable suele ser el usuario, por incompetente, por torpe, por ser un analfabeto digital, por no estar al día en cuestiones informáticas, o en último término el sistema técnico, con lo cual la institución o entidad no se hace responsable de los fallos. Y empieza a cundir el ejemplo de no poner teléfonos de contacto, o si lo ponen y llamas muchas veces salta un mensaje que dice “el buzón está lleno”. Y para mayor regodeo, ahora se ha instalado la costumbre de solicitar la valoración del servicio. Si supieran que muchas veces estoy tentada de contestar con una bomba cuando me piden la opinión.

JUANA GALLEGO

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Hay trampa

Quienes almacenan los datos de toda la población para hacer con ella un uso particular son Google y Facebook, y trabajan para el lado bueno de esta guerra

DAVID TRUEBA

Un móvil, con la aplicación FaceApp.
Un móvil, con la aplicación FaceApp. KIRILL KUDRYAVTSEV AFP

La dinámica se repite una y otra vez, sin que nos paremos un segundo a reflexionar. Las alarmas se disparan de pronto. Les hablo del último caso. Resulta que la aplicación-juguete por la que puedes envejecer tu cara para mirarte en una especie de espejo futuro está en manos de agentes rusos y acaban de hacerse con los parámetros faciales de toda la población como un pederasta regala caramelos en el parque infantil. Se han quedado con la cara de al menos toda esa población que se esfuerza por no perder comba en los juegos impuestos por la moda del instante. Se desata la paranoia, la alucinación colectiva y un terror soviético recuperado se apodera de nosotros justo cuando celebramos los 50 años de la guerra espacial por llegar primeros a la Luna. La pregunta es bien simple. ¿A quién le interesa disparar esas alarmas? Suenan un poco a las desbandadas inducidas que se practican en aglomeraciones públicas. Uno grita que hay una bomba y los demás corren despavoridos. Como vivimos en la época de la histeria, ya sabemos que el arranque de dignidad durará cinco minutos, no más. Pero queda la estela de la mentira, de la media verdad, de la trampa para conejos. En cada clic nace un tonto, dice el refrán.

Sucedió exactamente igual con la arremetida de Donald Trump contra la empresa Huawei. En dos jornadas logró destronar sus ventas a favor de móviles estadounidenses y aliados, que andaban perdiendo cuota de mercado. Dijo, con la autoridad que le concede la presidencia de su país, que la telefonía china trabajaba para los servicios secretos y filtraba los datos de los usuarios. En este caso tuvo algo de forcejeo empresarial. Echar mierda sobre el rival es un clásico mortífero. Pasadas las horas del acoso y medio derribo todo vuelve a la normalidad. Pero es la normalidad lo que nos tiene que preocupar. Es posible que los agentes rusos dominen los rostros de medio mundo y que los terminales chinos potencien la invasión comercial del país asiático, pero la denuncia es tan chusca y gratuita como un insulto a la inteligencia. Quienes almacenan los datos de toda la población para hacer con ella un uso particular son las dos grandes bases de datos estadounidenses, que se llaman Google y Facebook, y trabajan para el lado bueno de esta guerra templada en la que vivimos. Ni fría ni caliente.

En los mismos días en que se levantaba una ola de sospecha sobre el juego de envejecerte la cara, Google reconocía que graba nuestras conversaciones, pero lo hace para mejorar el servicio. Es impúdica la manera en que ejerce del mayor pirata internacional contra los derechos de autor a través de la plataforma YouTube, guarecida tras unos parámetros de control muy mejorables que le permiten seguir jugando con la propiedad ajena. Invaden la intimidad sin ola de concienciación que nos empuje a utilizar buscadores que no dejen rastro de una maldita vez. No hay castigo colectivo a las transgresiones en el manejo de nuestros datos. A lo máximo que llegamos es a estudiar con enervante lentitud el mecanismo de elusión fiscal que practican en nuestros países. Son auténticos expatriadores de divisas. Pero todos nos quedamos tranquilos porque de tanto en tanto disparamos una alarma tramposa contra el fantasma ruso y la tétrica dictadura china. En la Red no hay buenos y malos. Todos son peores.

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ALGUNAS RAZONES PARA DEJAR LAS REDES SOCIALES

File:Paul Cézanne - The Large Bathers (Les Grandes baigneuses) - BF934 - Barnes Foundation.jpg

El uso de estas plataformas ha provocado cambios esenciales en nuestras interacciones personales y el uso de nuestro tiempo. Este video nos invita a reflexionar en torno a ello…

Cuando algo está demasiado cerca, es difícil verlo con objetividad. Ese es el caso de las redes sociales y el lugar que vertiginosamente ocuparon en nuestra vida cotidiana en años recientes. Hoy, una persona dedica en promedio, dos horas y veintidós minutos al día, según investigaciones recientes. Esta compulsiva intimación con las redes sociales comienza a evidenciar los estragos producidos en la psique colectiva.   

Doctor en ciencias computacionales y autor de seis libros sobre la digitalización de nuestra realidad, Calvin Newport (1982) nunca ha tenido una cuenta en Facebook, Twitter o Instagram, y considera que vive mejor sin ellas, que es más feliz y más exitoso. Al respecto, presentó una charla para Ted Talks en la que plantea algunos argumentos interesantes. En ella, Newport expone las redes sociales como simples productos de entretenimiento, diseñados minuciosamente para mantenerte atado, y de forma compulsiva, a ellos.

Entre los aspectos negativos que destaca Newport en su ponencia, están la fragmentación de la concentración, una sensación de aislamiento, frustración, depresión e incluso una alteración en las conexiones cerebrales derivado de la cantidad de micro-estímulos. Pero más allá de escandalizarnos ante la idea de que las redes sociales son veneno psíquico puro, preferimos tomar su charla como una invitación a revisar y repasar la forma en la que nos relacionamos con estos canales, las emociones que provoca su uso y los estados de ánimo que induce. Tal vez, es posible llegar a conclusiones interesantes durante el ejercicio.

Las palabras de Newport son una invitación a ver con un poco de distancia eso que usamos todos los días a toda hora (eso que inadvertidamente se ha vuelto parte de nuestra cotidianeidad) y así replantear la relación que tenemos con las redes sociales, preguntarnos cómo es que afectan no solamente nuestra productividad económica o laboral (en la que se centra esta charla), sino otros aspectos de la vida, como el social y el emocional.

Imagen: Les Grandes baigneuses, Paul Cézanne – Dominio público

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Estados Unidos apunta a la red eléctrica de Rusia en una guerra fría digital

Por DAVID E. SANGER NICOLE PERLROTH 

Estados Unidos apunta a la red eléctrica de Rusia en una guerra fría digital
Una planta eléctrica en Moscú; funcionarios estadounidenses describieron la incursión en la red rusa y otros blancos como una acción adicional clasificada. CreditMaxim Shemetov/Reuters

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WASHINGTON — Estados Unidos está intensificando sus incursiones digitales en la red eléctrica rusa como advertencia al presidente Vladimir Putin y como una demostración del modo en que el gobierno del presidente Donald Trump está utilizando nuevas entidades para instalar con mayor agresividad herramientas cibernéticas, afirmaron funcionarios pasados y en activo.

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En entrevistas a lo largo de los tres últimos meses, los funcionarios describieron el uso de un código informático de Estados Unidos, del cual no se había informado antes, dentro de la red eléctrica rusa y de otros objetivos como un complemento clasificado para las medidas comentadas más públicamente contra las unidades de ciberataque y desinformación de Moscú en torno a las elecciones intermedias de 2018.

Los defensores de esta estrategia más agresiva señalaron que estaba pendiente desde hacía mucho tiempo, después de años de advertencias públicas por parte del Departamento de Seguridad Nacional y del FBI de que Rusia ha introducido software malicioso que podría sabotear las plantas de energía eléctrica, los oleoductos y los gaseoductos, o los suministros de agua de Estados Unidos en cualquier conflicto futuro con este país.

Sin embargo, también conlleva un riesgo importante de intensificar la guerra fría digital cotidiana entre Washington y Moscú.

El gobierno se rehusó a describir las medidas específicas que estaba tomando con las nuevas funciones que el año pasado la Casa Blanca y el congreso por separado le otorgaron al Cibercomando de Estados Unidos, la rama del Pentágono que se encarga de las operaciones de ataque y defensa del ejército en el mundo cibernético.

No obstante, el 11 de junio, en una aparición pública, el asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, John Bolton, señaló que Estados Unidos ahora estaba adoptando una perspectiva más amplia sobre posibles blancos digitales como parte de una iniciativa “para decirle a Rusia, o a cualquier otro país que participe en operaciones cibernéticas contra Estados Unidos: ‘Tendrás que pagar el precio’”.

Durante años, las redes eléctricas han sido un campo de batalla de baja intensidad.

Tanto quienes trabajaban en el gobierno como quienes aún son funcionarios actuales comentan que, desde 2012 —por lo menos—, Estados Unidos ha puesto sondas de reconocimiento en los sistemas de control de la red eléctrica de Rusia.

Sin embargo, según los funcionarios, ahora la estrategia de Estados Unidos ha pasado más hacia el ataque y ha colocado software malicioso potencialmente incapacitante dentro del sistema ruso en una magnitud y agresividad que nunca antes se había intentado. Por una parte, tiene el objetivo de advertir y, por la otra, de preparar el terreno para ejecutar un ataque cibernético si se presentara un conflicto importante entre Washington y Moscú.

El comandante del Cibercomando de Estados Unidos, el general Paul M. Nakasone, ha sido franco sobre la necesidad de “defender avanzando” a profundidad dentro de la red del adversario para demostrar que Estados Unidos responderá a la avalancha de ataques en línea dirigidos a ese país.

Estados Unidos apunta a la red eléctrica de Rusia en una guerra fría digital
John Bolton, al centro, asesor de seguridad del presidente estadounidense, dijo que Estados Unidos tenía un panorama más amplio de blancos digitales potenciales como parte de un esfuerzo para advertir a cualquiera “involucrado en ciberoperaciones contra nosotros”. CreditDoug Mills/The New York Times

“No tienen temor de nosotros”, mencionó ante el Senado hace un año durante las audiencias de su ratificación.

No obstante, encontrar formas de graduar esas respuestas de tal modo que desalienten ataques, pero sin provocar una intensificación peligrosa ha sido el origen de constantes debates.

Trump otorgó nuevas funciones al Cibercomando a mediados del año pasado, en un documento aún clasificado conocido como Memorandos Presidenciales 13 para la Seguridad Nacional, que le otorga a Nakasone mucha mayor flexibilidad para llevar a cabo operaciones de ciberataques sin tener que recibir la aprobación del presidente.

Sin embargo, al parecer, la medida de incursionar en la red eléctrica rusa ha sido realizada según nuevas funciones legales poco conocidas, las cuales se introdujeron dentro del proyecto de ley de funciones del ejército aprobado por el congreso a mediados del año pasado. Esta medida aprobó la realización rutinaria de “actividades militares clandestinas” en el ciberespacio con el fin de “disuadir ataques o actividades cibernéticas maliciosas dirigidas en contra de Estados Unidos o salvaguardarse o defenderse de ellas”.

Según la ley, ahora el secretario de Defensa puede autorizar esas medidas sin la aprobación especial del presidente.

“Se volvieron muchísimo más agresivas el año pasado”, señaló un alto funcionario de inteligencia, que habló con la condición de mantener el anonimato, pero se negó a comentar acerca de ningún programa clasificado en particular. “Estamos haciendo las cosas a una escala que hace algunos años jamás habríamos contemplado”.

La pregunta fundamental —imposible de saber sin acceso a los detalles clasificados de la operación— es a qué profundidad de la red rusa ha llegado Estados Unidos. Solo entonces sabremos si sería posible sumergir a Rusia en la oscuridad o debilitar a su ejército, una pregunta que quizás no pueda responderse sino hasta que se active el código.

Tanto Nakasone como Bolton, a través de sus voceros, se negaron a responder las preguntas acerca de sus incursiones en la red eléctrica de Rusia. Los funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional también se rehusaron a hacer comentarios, pero señalaron que no les preocupaba la seguridad nacional por los detalles que aparecieron en el reportaje de The New York Times sobre el establecimiento de la red de energía rusa como un blanco; quizás esto indica que algunas de las incursiones tenían por objetivo que los rusos se percataran de ellas.

Estados Unidos apunta a la red eléctrica de Rusia en una guerra fría digital
A Paul Nakasone, comandante del Cibercomando de Estados Unidos, le fue concedida mayor libertad de acción para ejecutar operaciones en línea sin necesidad de obtener aprobación presidencial. CreditErin Schaff para The New York Times

Dos funcionarios del gobierno comentaron que creían que no le habían informado a Trump en detalle acerca de las medidas para colocar “implantes” —códigos de software que pueden emplearse para vigilar o atacar— dentro de la red de energía rusa.

El Pentágono y los funcionarios de inteligencia mencionaron que hubo muchas dudas respecto de entrar en detalles con Trump acerca de las operaciones contra Rusia por temor a su reacción… y la posibilidad de que pudiera cancelarlas o hablar de ellas con funcionarios extranjeros, como lo hizo en 2017, cuando le mencionó al ministro de Relaciones Exteriores de Rusia una operación confidencial en Siria.

Debido a que la nueva ley define las medidas en el ciberespacio como similares a la actividad militar tradicional en tierra, aire o mar, esa información no sería necesaria, añadieron.

La infiltración de Rusia en la infraestructura de Estados Unidos ha sido el revuelo de fondo en la competencia de las superpotencias durante más de una década.

Estados Unidos apunta a la red eléctrica de Rusia en una guerra fría digital
No queda claro cómo reaccionaría el gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin, a una postura estadounidense más agresiva. CreditDmitri Lovetsky/Associated Press

Una irrupción exitosa por parte de Rusia en la red de comunicaciones clasificadas del Pentágono en 2008 dio lugar a la creación de lo que se ha convertido en el Cibercomando. Los ataques se aceleraron durante el mandato del presidente Barack Obama.

Sin embargo, Obama estaba renuente a responder a esa agresión de Rusia con contrataques, en parte por temor a que la infraestructura de Estados Unidos fuera más vulnerable que la de Moscú, y en parte debido a que a los funcionarios de inteligencia les preocupaba que al responder del mismo modo, el Pentágono diera a conocer parte de su mejor armamento.

Al final del primer periodo de mandato de Obama, los funcionarios del gobierno comenzaron a descubrir a un grupo de hackers rusos, conocidos alternativamente por los investigadores de seguridad privada como Energetic Bear (oso energético) o Dragonfly (libélula). Sin embargo, se suponía que los rusos estaban llevando a cabo labores de vigilancia y que no llegarían a causar un daño real.

Según dos exfuncionarios, esa suposición desapareció en 2014, cuando el mismo equipo de ciberatacantes rusos puso en peligro las actualizaciones del software que controlaban cientos de sistemas que tienen acceso a los interruptores de energía.

Estados Unidos apunta a la red eléctrica de Rusia en una guerra fría digital
En 2012, el secretario de Defensa en ese entonces, Leon Panetta, a la izquierda, fue advertido sobre las infiltraciones en línea, pero el presidente Barack Obama estaba reacio a responder tales agresiones de parte de Moscú con contrataques. CreditLuke Sharrett para The New York Times

Tras la toma de posesión de Trump, los hackers rusos siguieron intensificando los ataques.

El primer equipo cibernético de Trump decidió ser mucho más abierto al desafiar la actividad rusa. A principios de 2018, nombró a Rusia como el país responsable del “ataque cibernético más destructivo en la historia de la humanidad”, mismo que paralizó la mayor parte de Ucrania y afectó a empresas estadounidenses, que incluyeron a Merck y a FedEx.

No obstante, al parecer, las medidas recientes de Estados Unidos contra las redes de energía de Rusia, ya sea como señales o como posibles armas de ataque, han sido tomadas de acuerdo con las nuevas responsabilidades del congreso.

A medida que se aproximan las elecciones de 2020, el Cibercomando ha contemplado la posibilidad de que Rusia intente provocar apagones selectivos en estados determinantes, señalaron algunos funcionarios. Según ellos, para eso es necesaria una medida disuasiva.

En los últimos meses, se ha puesto a prueba la determinación del Cibercomando. El año pasado, las empresas de energía eléctrica de Estados Unidos y los operadores de gas y petróleo de América del Norte descubrieron que los mismos ciberdelincuentes que en 2017 desmontaron con éxito los sistemas de seguridad en Petro Rabigh, una planta petroquímica y refinería petrolera, habían analizado sus redes.

Ahora la pregunta es si colocar el equivalente a minas terrestres en una red de energía extranjera es la forma adecuada de disuadir a Rusia. Aunque se equipara a la estrategia nuclear de la Guerra Fría, también confirma que las redes de energía son un blanco legítimo.

“Tal vez tengamos que arriesgarnos a llevarnos algunos rasguños provocados por una reacción similar solo para demostrarle al mundo que no nos vamos a dejar”, comentó Robert Silvers, socio en el despacho de abogados Paul Hastings y antiguo funcionario del gobierno de Obama. “A veces hay que recibir un golpe en la nariz para no recibir después un balazo en la cabeza”.

David E. Sanger reportó desde Washington y Nicole Perlroth, desde San Francisco.

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Infiltrados

No se puede luchar contra el maligno sin conocer antes sus entrañas, su núcleo lógico

Datos privados de 50 millones de usuarios de Facebook se fugaron hace poco más de un año a empresas como Cambridge Analytica.
Datos privados de 50 millones de usuarios de Facebook se fugaron hace poco más de un año a empresas como Cambridge Analytica. DANIEL LEAL-OLIVAS AFP/GETTY IMAGES

 

Todo el mundo está de acuerdo en luchar contra el maligno, pero poca gente sabe cómo hacerlo. Unos mandarían a los tanques, otros a los diplomáticos y el resto apelarán a la educación sin aclarar cómo ni cuándo. Como sabemos los aficionados al género de espías, no hay micrófono oculto, algoritmo de big data ni red de satélites que pueda compararse a una persona infiltrada en el sistema enemigo. No se puede luchar contra el maligno sin conocer antes sus entrañas, su núcleo lógico, la maraña de rencores e intereses que motiva su comportamiento y genera su estilo exclusivo, y nada de eso es posible sin colocar un infiltrado en sus engranajes. De esto va El hombre que fue jueves, de Chesterton, ¿no es cierto?

Las agencias de ciberseguridad se pasan el día reclutando hackers, y hacen bien, porque no hay mejor manera de controlar un gusano informático que contratar a quien lo creó, o a su compañero de pupitre. Los virus de verdad —los que creó la madre naturaleza— descubrieron esa estrategia en la noche de los tiempos. El sistema inmune que nos protege de los virus es obra de otro virus. Por eso sus genes pueden saltar, flipar y variar para producir una variedad ilimitada de anticuerpos contra cualquier agente infeccioso existente o imaginable. Un buen infiltrado, como un buen parásito, rara vez mata a su huésped. Lo que más le interesa es mantenerlo vivo para exprimir su información hasta llegar al hueso. Quizá el mejor infiltrado es el que sabe que nunca volverá a casa.

¿Te acuerdas del escándalo de Facebook? Aunque parezca mentira, ocurrió hace poco más de un año. Los datos privados de 50 millones de usuarios de esa red social se fugaron de algún modo a empresas como Cambridge Analytica, que los utilizó para la campaña presidencial de Donald Trump y también a favor del Brexit. El jefe y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, se tuvo que humillar ante el Capitolio y el Parlamento de Estrasburgo para pedir perdón por el fiasco y prometer que todo iba a mejorar pronto. A un año del escándalo, ¿ha reducido Zuckerberg el acceso a los datos de los usuarios?

La respuesta es no. De hecho, está dando más acceso que nunca a terceras partes. Pero espera, esto no es tan malo como parece. Esas terceras partes ya no son Cambridge Analytica ni ninguna otra firma dedicada a vender “el petróleo del futuro” —tus datos— a partidos políticos, publicistas o tramas delictivas. Las terceras partes son ahora los científicos interesados en la forma en que se propagan las fake news, su fuente última y a quienes colaboran a su difusión. No son policías, sino investigadores que aspiran a entender desde dentro la lógica de ese tumor que amenaza los derechos constitucionales de la gente. De ti y de mí, desocupado lector.

El Social Science Research Council de Nueva York, una asociación no lucrativa, y la fundación público-privada Social Science One, asociada a la Universidad de Harvard, han seleccionado los primeros proyectos científicos. Implican a 60 investigadores, se centrarán en Alemania, Chile, Italia y Estados Unidos y serán financiados por organizaciones no gubernamentales. Los científicos tendrán acceso a una cantidad de datos sin el menor precedente en la investigación académica. Esos datos pueden ser los tuyos y los míos, pero ¿tú te opondrías a que se usaran para este fin? Yo no. Por fin tenemos infiltrados en las tripas de la mayor red social de este planeta.

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