‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

por         Ilustración  Fábrica de Estampas

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«… Por culpas de unos y otros, la educación ha quedado

estancada en un marasmo de servidumbre, de la que

debe salir redimida y reconfortada.

Sean estas breves páginas estímulo para todos».

 

Con estas palabras, el grupo editor de La anarquía explicada a los niños cerraba su prólogo. El folleto, publicado en 1931 por la editorial barcelonesa Biblioteca Anarquista Internacional (B. A. I.) y escrito por su fundador, José Antonio Emmanuel, consideraba que solo bajo los dictados de la Razón y de la Ciencia era posible formar a niños y niñas para convertirlos en futuros hombres y mujeres libres.

Emmanuel era consciente de que la tarea no era fácil. La ignorancia y el oscurantismo se cebaban con los más vulnerables, promovidos, en no pocas ocasiones, por los poderes fácticos. De ahí que compartiera una a una las palabras del anarquista francés Eliseo Reclus cuando, al referirse a los hijos del proletariado español, dijo aquello de que:

«Débiles y pequeños, los niños son, por eso mismo, sagrados».

Para contrarrestar la «nefanda presión» en la educación ejercida desde el fanatismo, Emmanuel publicó desde B.A.I la colección Biblioteca Internacional, a la que pertenecen, entre otros, La anarquía explicada a los niños. O La anarquía explicada a las mujeres, dirigido a un colectivo no menos inerme por aquel entonces.

En realidad, José Antonio Emmanuel no era un nombre real sino uno de los alias utilizados por el pedagogo y filántropo anarquista José Ruíz Rodríguez (primo de Picasso, para más señas).

 

 

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

«Fue un personaje de la historia del movimiento libertario igual de audaz que singular. Sin su vehemencia y convicción, el ideario anarquista hubiese perdido un gran valedor», explica Piu Martínez, encargada de la nueva edición de La anarquía explicada a los niños recientemente publicada por Libros de El Zorro Rojo.

Emmanuel lo tenía claro. La anarquía era la única vía para alcanzar una sociedad libre de toda desigualdad y diferencias entre ricos y pobres, esclavizadores y esclavizados. También era el arma más potente para combatir el militarismo, el clericalismo y el capitalismo. El pedagogo acusaba a los tres ismos de ser los principales escollos para disfrutar de la Vida, en mayúsculas, aquella basada en los principios de solidaridad humana y amor universal.

Para hacerse «digno de la anarquía» era necesario seguir los postulados ácratas, que Emmanuel resume en el libro en diez puntos:

  1.  Ayuda
  2. Apoya
  3. Copia lo bello
  4. Labora
  5. Estudia
  6. Ama
  7. Protege
  8. Cultiva
  9. No tengas esclavos
  10. Trabaja

Dice Martínez que cuando el pedagogo hace referencia a estos diez mandamientos como el camino a recorrer para alcanzar la anarquía, lo que hace, a su vez, es mostrar las vías para alcanzar de manera conjunta y organizada una sociedad más justa: «Trabaja, apoya, estudia, ayuda, protege… ¿no son, acaso, enseñanzas y valores a transmitir en la actualidad?».

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

Por eso, pese a haber pasado casi cien años desde su primera edición, en su opinión, el texto está más vigente de lo que cabría pensar: «El pensamiento y la educación libertaria forman parte, por ajeno que pueda resultarnos, del concepto de educación que tenemos en la actualidad. Las propuestas y acciones reivindicadas por el movimiento libertario durante la II República se incorporaron a las distintas reformas educativas de nuestro país y han llegado hasta las escuelas de hoy. Hablamos de escuelas igualitarias, de un sistema educativo que no discrimina por clases ni géneros, etc.».

De los postulados defendidos por el folleto, Martínez destaca dos que siempre están de actualidad: la importancia del apoyo mutuo y el papel de la educación como herramienta fundamental para el desarrollo de una sociedad.

«Emmanuel nos habla de la escuela (refiriéndose al modelo de escuela racionalista impulsado por Ferrer i Guardia) como el verdadero motor de cambio social, pero también nos habla del sindicato y del ateneo. En definitiva, diferentes redes solidarias de difusión cultural para que el individuo pueda desarrollarse y, con ello, mejorar la sociedad».

Así ‘se rescata’ un libro

Piu Martínez habla del proyecto como un «rescate editorial» porque «el folleto no volvió a publicarse en España desde tiempos de la II República (aunque en la última década han ido apareciendo nuevas ediciones en América Latina, y en España también alguna digital)».

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

La presente aúna el texto original de Emmanuel de 1931 con los grabados del colectivo argentino Fábrica de Estampas. Aunque los editores la han transcrito íntegramente, sin intervención en los textos, el folleto incluye unas pequeñas notas aclaratorias al final. «Debido al lenguaje de los textos y a la naturaleza y autoría de los mismos, estimamos oportuno añadirlas para que el lector pueda obtener una visión más amplia del contexto histórico y de las voces que promovieron e impulsaron la pedagogía libertaria», aclara Martínez.

La edición original fue publicada con una cubierta ilustrada en la que aparecían unos pequeños grabados que hacían alusión a los postulados ácratas. «Estas ilustraciones sirvieron como referencia para la propuesta ilustrada de Casa de Estampas, quienes las pusieron en valor con un excelente rediseño y además las incluyeron a mayor tamaño en el interior del folleto». El colectivo argentino es también responsable de la imagen de la cubierta: una composición tipográfica estampada por ellos mismos.

Revista de innovación, creatividad y tendencias – Yorokobu

LAS OMINOSAS ILUSTRACIONES DE TOM SEIDMANN-FREUD, LA SOBRINA DE SIGMUND FREUD

LA INQUIETANTE OBRA DE TOM SEIDMANN-FREUD ESTÁ INFLUENCIADA POR SUS EXPERIENCIAS MÁS PERSONALES Y POR EL CLIMA INTELECTUAL DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

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En 1919, Sigmund Freud publicó Lo ominoso (Das Unheimliche), un escrito que, a partir de ciertos motivos estéticos, indaga sobre una sensación psicológica peculiar. Pero lo importante es el significado de esa palabra, tan familiar y tan extraña a la vez. Pues ese mismo es su significado: cuando algo parece que está en su lugar pero al mismo tiempo no lo está, cuando algo nos parece familiar y al mismo tiempo nos parece extraño.

Este escrito fue publicado en medio de una revolución artística en la que hoy podemos encontrar una relación entre el psicoanálisis y el surrealismo, en especial de Salvador Dalí, André Breton y René Magritte, sólo por nombrar algunos pocos. Hay quien dice que los escritos de Freud influyeron directamente en los surrealistas. Si es así, es discusión para otro espacio. 

Lo que nos importa en esta ocasión es la influencia que tuvo Freud en su propia sobrina: Martha-Gertrud Freud, que desde los 15 comenzó a llamarse a sí misma Tom y a vestirse con las prendas masculinas de la época. 

Seidmann-Freud estudió en la Escuela de Artes Aplicadas de Berlín, en donde trabajó con materiales  de grabado como la madera, la roca y el cobre, experimentó con el diseño gráfico, el dibujo y la pintura decorativa. Vivió en Berlín durante los años de la Primera Guerra Mundial. 

En 1920 se casó con el escritor Jakob Seidmann y juntos establecieron su propia editorial de libros infantiles en 1921: Peregrin. 

Después de la guerra, Tom se encontró en Múnich con su hermana Lilly y comenzó a trabajar como pintora. En esta ciudad se unió a un círculo de artistas, escritores e intelectuales. Fue ahí donde conoció al filósofo Gershom Scholem. También conoció a Chaim Nachman Bialik, uno de los poetas y traductores hebreos más importantes de la época. 

Poco a poco, Seidmann-Freud comenzó a acercarse al estilo de la “nueva objetividad” (Neue Sachlichkeit en alemán), el cual rechazaba abiertamente al expresionismo. Este movimiento artístico acabó en 1933 con la caída de la República de Weimar y la toma del poder por el nazismo. 

El matrimonio publicó varios libros para niños; en 1924 publicaron Buch der Hasengeschichten (El libro de historias de conejo) y después dos libros interactivos que innovaron en el campo de la literatura infantil: Das Wunderhaus (La casa maravilla) en 1927 y Das Wunderboot (El barco maravilla) en 1929. 

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Durante estos años trabajaron muy de cerca con Bialik, quien fue socio de la editorial. Sin embargo, Bialik sólo publicó dos de los cinco libros acordados, perjudicando las ganancias de la editorial y haciendo que el matrimonio Seidmann-Freud perdiera todos sus ahorros. La bancarrota coincidió con la crisis de 1929, lo que llevó a Jakob a una profunda depresión que resultó en su suicidio el mismo año. Fue Tom quien encontró su cuerpo.

Después de la muerte de su esposo, Tom dejó de comer y fue hospitalizada. Cuatro meses después también se quitó la vida. La única hija del matrimonio, Ángela, fue adoptada por Lilly, la hermana de Tom. 

La obra artística de Tom Siedmann-Freud, en especial las ilustraciones de sus libros infantiles, es descrita como salida de un sueño, fantástica y mágica, palabras que normalmente asociamos con lo infantil. Pero si tomamos en cuenta la influencia que su tío Sigmund tuvo en ella, la experiencia de la Primera Guerra Mundial y la muerte de su hermano, quien murió ahogado en 1922, podemos describir su obra como oscura y ‘ominosa’. 

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Las ilustraciones, aunque principalmente dirigidas a un público infantil, son escenas coloridas y familiares, con animales amigables pero que generan la sensación de que no deberían estar en donde se encuentran.

Durante el régimen nazi se quemaron muchas obras: literatura, música y pintura. Entre ellas se encontraban los libros de Tom. Algunos ejemplares de sus libros y pinturas fueron rescatados por su hija y protegidos a lo largo de generaciones. Muchas de sus ilustraciones también fueron resguardadas por Anna Freud, la sexta hija de Sigmund Freud.

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No sé, «píldoras visuales de consumo rápido y absorción lenta»

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Además de nihilismo, detrás de No sé hay una alta carga de humor satírico y un análisis de la realidad bastante crudo que trata de conectar con las miserias cotidianas. «Eso y un intento de cinismo mezclado con mucha tontuna. Quizá podría resumirlo también en “tengo mucho mundo interior y una gran necesidad de soltar mis mierdas”».

Además de dibujar, es obvio que a No sé se le da muy bien lo de conceptualizar. A sus viñetas, por ejemplo, las define como «píldoras de consumo rápido pero absorción lenta». Y con esto, el artículo podría concluir aquí. Aunque sería una pena perderse otras explicaciones sobre aspectos como cuál es el objetivo del chirrido mental que producen sus correctísimas escenas victorianas o de estéticas pop art cuando se enfrentan a los bestiales mensajes que contenidos en sus bocadillos.

«La intención es no dejar indiferente. Ese contraste entre contenido y continente fue uno de los primeros recursos que comencé a utilizar. Y al final se quedó. Estos contextos heteronormativos y totalmente alejados de realidades actuales me parecen divertidos».

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La banalización de cuestiones profundas es su forma de hacer crítica social. Siempre partiendo de lo que considera más importante: reírse de uno mismo.

«Intento transmitir ideas con trasfondos un tanto atemporales, pero que a la vez sean sencillas y, digamos, costumbristas. Y por eso, intento que sea un proceso rápido y espontáneo».

El blanco y negro, perenne en sus viñetas, aporta parte de esa atemporalidad buscada. Pero también añade austeridad. «Como dibujo todo con boli Bic, al principio quería que ese azul tan característico fuese mi punto representativo. Pero luego por razones logísticas/tecnológicas y tras darle una vuelta, me quedé en el B/N la mar de a gusto». Algo que, además, «me cansa menos».

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«Cuando comencé, me propuse hacer una viñeta al día –continúa-, y hasta ahora lo he logrado más o menos. Intento tener las ideas en el tintero en el menor tiempo posible para que no me cansen. Mi intención es, con el tiempo, sintetizar cada vez más y más esa fórmula de diálogos «inesperados» que dan voz a personajes a los que busco ridiculizar».

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«Los chanantes (Muchachada Nui, Hora Chanante, etc)», José Luis Cuerda , Monty Python y otros expertos en eso de «desdibujar la sociedad y los patrones establecidos» se encuentran entre los principales referentes de No sé. Pero también lo son «voces de las que escuecen» como las de Nietzsche, Bukowski o Enric Montefusco.

«Y a pesar de que suena a algo muy manido, también me inspiro mucho en lo cotidiano, de situaciones que vivo, de conversaciones con mis amigos o mis abuelas, y de cualquier cosa que leo, escucho, o veo por la tele. Y, bueno, también, ese batiburrillo de cultura pop que toda persona de 31 años ha mamado, también está muy presente».

No sé, «píldoras visuales de consumo rápido y absorción lenta»

Sarcasmo y cinismo en las ilustraciones de Eduardo Salles

¿Qué es el cinismo? Reirse de nada y de todo.El cínico busca antes la frase ingeniosa que la verdad, somete el juicio al ingenio. Es un hábito, un modo de acercarse a la realidad. Siempre atento a segundas intenciones, a motivos ocultos, a lo oscuro o lo ridículo.

 

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Salles nació en México en 1987. Se describe como “publicista, diseñador, ilustrador, escritor, procrastinador profesional y hacker cultural.” Salles ha recibido varios premios, como el león de Cannes en publicidad y el premio Walter Reuters de periodismo.

 

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Salles aborda temas actuales desde el ángulo de la acidez como las redes sociales, la prisión de la tecnología, la rudeza del capilalismo e incluso el cara a cara con la muerte. Asuntos mundanos y humanos tratados con humor, inteligenica y sarcasmo. 

 

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Eduardo Salles, Cinismo IlustradoWeb | Instagram

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El placer de estar sola entre libros, plantas y copas de vino, según Nunzio Bonina

La soledad elegida es un priviliegio que nos libera hasta de nosotros mismos. Si este estado vital viene arropado por letras, flores y ventanas a un universo étereo, podemos acercarnos, de algún modo, al concepto de felicidad.

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Las musas en blanco y negro de Nunzio Enrico Bonina mueven sus alas en ambientes domésticos poblados de plantas, libros y pinturas abstractas, acogiéndonos sin miedo en su más profunda intimidad.

Beben amablemente vino tinto mientras leen u observan el mundo exterior desde la ventana.

Se mueven sin lastres, sin ropa y desnudas se mimetizan con su mobiliario esencial, los estantes llenos de libros, los jarrones esparcidos por casi todas partes. Sus rostro, desprovistos de rasgos, encierran la insondabilidad del universo femenino, representa la nada y el todo que confluyen.

 

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Nunzio es un arquitecto siciliano -nacido en 1986-  que se ha rendido ante el eterno femenino. Su trazo es sencillo y su mundo cromático no excede los límites del blanco y negro. Sensualidad, intimidad y crecimiento a través de los libros y las plantas, son los temas a los que el ilustrador acude para expresar su arte. 

 

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Nunzio Enrico Bonina : Instragram

https://culturainquieta.com/es/arte/ilustracion/item/17187

‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante

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El ser humano es imprevisible. Ni siquiera el hecho de encontrarse ante una situación límite garantiza una determinada respuesta. Aunque hay actitudes que, cuanto menos, chirrían cuando lo que a uno les espera es un final inminente. De ellas se nutre Sujetos_.

La serie de historias gráficas creada por Álvaro Carmona y Álex Martínez Vidal juega con esa bofetada que se lleva el sentido común cuando lo mundano irrumpe en una situación de vida o muerte.

«Nos parece divertido esa confrontación entre lo límite de la situación y lo cotidiano. Pensar en otra cosa que no sea el hecho de que estás a punto de morir puede resultar muy gracioso».

‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante ‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante ‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante ‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante

Hace algo más de dos años que Carmona y Martínez Vidal comenzaron a crear estas viñetas. El primero es el que suele idear las temáticas. El segundo las compone y las dibuja. Aunque no siempre. Lo de intercambiar roles es algo que ocurre con cierta frecuencia, nos cuenta Carmona por teléfono.

Pese a que la situación actual podría proporcionales tema para una buena temporada de Sujetos_, ellos prefieren no circunscribirse a lo que cuentan los informativos. «Cuando empezó la pandemia, algunos de nuestros seguidores nos echaban en cara que los protagonistas no guardaban la distancia de seguridad y cosas así. Tratar el tema era algo muy goloso, pero decidimos no hacer ninguna referencia concreta porque nos gusta que las viñetas sean atemporales».

‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante

‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante

‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante

‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante

‘Sujetos_’: Cuando el estar al borde de la muerte no es lo más preocupante

Ambos artistas confían en publicar algún día un libro con todas sus creaciones. Pero pese a que ese era el objetivo inicial de las viñetas, el proyecto no urge. De momento solo aspiran a seguir subiendo las viñetas a Instagram «mientras sigan surgiendo las ideas».

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Entrevista dibujada a Atxu Amann: «Es un error entender la casa como lo privado y la ciudad como lo público»

        Ilustración  Juan Díaz Faes

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Pensábamos que no podíamos cambiar el mundo hasta que el mundo cambió solo. Entonces descubrimos que al futuro no se llega por un único camino. Hay ochocientos mil.

Pensábamos que las ciudades solo podían ser conglomerados de edificios y carreteras hasta que, después del confinamiento, las personas salieron a caminar, a correr, a pasear en bici, y hasta las matas crecieron en los dos palmos de tierra donde no había asfalto.

Atxu Amann lleva años pensando, diseñando y armando un modelo de ciudad que encaja mejor con el mundo que está dejando la pandemia: la ciudad cuidadora. En la revista de verano de Yorokobu entrevistamos en dibujos a esta doctora arquitecta.

entrevista dibujada a Atxu Amánn

entrevista dibujada de Atxu Amán

entrevista dibujada de Atxu Amán

A la doctora arquitecta no le encaja el urbanismo binario de ceros y unos: esa ciudad donde la casa es lo privado y la ciudad es lo público. «Tiene que haber situaciones intermedias colectivas y compartidas», explica. «Yo estoy muy a favor del cohousing. Miro al norte de Europa y digo: “Qué suerte. Las 50 personas que hacen cohousing comparten la biblioteca, el patio, el huerto urbano. Ellos son una casa y una familia de 50 personas. En el polo opuesto está Lavapiés: un barrio gentrificado, con células superpequeñas. Ahora oyen a los pájaros, pero los que están encerrados como pájaros son ellos. Es insostenible».

¿Cuál es la solución?, se pregunta. Esponjar, se responde: «Agrandar las plazas, crear huertos urbanos, no necesitamos tanta edificación». Y pensar en las escalas intermedias: «En parte de tu edificio o en parte de tu barrio tiene que haber espacios compartidos. Ahora que empieza el calor, ¿qué haces encerrado en tu casa? ¿Abrir el grifo de la bañera? Es mejor bajarse a la terracita, ir al huerto urbano… Estos lugares son tan importantes como el bar de barrio. En esta cuarentena, cuando no podíamos ir a los bares, nos dimos cuenta de que son un equipamiento social, son colectividad, son escala intermedia. El bar de barrio no es negocio de hostelería; es eso que nos da la posibilidad de reunirnos, de hablar, y es muy importante para la gente que vive sola».

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‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

          Ilustraciones: Decur (‘Iván el Tonto’, Libros del Zorro Rojo)

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Iván era el más tonto de sus hermanos. O eso decían. La codicia y la maldad le asaltaban a cada paso que daba, pero no conseguían salpicarle. Para Tolstói, el protagonista de Iván el Tonto representaba todo lo que él defendía: la humildad, el rechazo a la opulencia y a la violencia.

El relato que escribió en 1885 formó parte del manual educativo que el escritor ruso creó para alfabetizar a los hijos de los campesinos, aquellos totalmente olvidados por la Rusia zarista.

La nueva edición de Iván el Tonto, publicada por Libros del Zorro Rojo, contiene los dibujos de Guillermo Decurge, más conocido como Decur. Las ilustraciones en los cuentos didácticos de Tolstói no son un asunto baladí. El autor de Guerra y paz entendía que en las primeras etapas del aprendizaje la imagen resulta esencial.

Según el investigador y doctor en Ciencias de la Educación Semion Filippovich Egorov, León Tolstói entendía que «para un niño, la imagen utilizada por el profesor conlleva un volumen de información mucho mayor que un razonamiento lógico».

A Decur ilustrar el cuento de uno de los grandes de la literatura universal le imponía. Aun así, el ilustrador argentino supo mantenerse fiel a su estilo, que él mismo define como «raro, deforme, tridimensional y con una fuerte carga emotiva».

Tampoco renunció a introducir algunos cambios respecto a anteriores ediciones. «En la mayoría se dibujaba a los tres diablillos que aparecen en el cuento como niños. Pero yo no quería ir por el mismo lado. Quería divertirme y jugar con las representaciones», explica.

En su lugar, prefirió que se asemejaran a «muñecos». Un recurso muy habitual en su portfolio. «Tolstói juega mucho con las representaciones. Y eso te permite crear tus propios muñecos».

LA EDUCACIÓN, SEGÚN LEV

León (o Lev) Tolstói comenzó a recopilar cuentos populares rusos y a escribir los suyos propios, como el de Iván el Tonto, en Yásnaia Poliana, la enorme finca familiar al sur de Tula (Rusia) en la que nació y se crió. A ella retornó en su madurez, tras haber participado en la Guerra de Crimea y haber vivido después una vida disoluta en San Petersburgo.

Con su regreso a la granja renunciaba al lujo y la frivolidad que caracterizó su vida en aquella ciudad. Volver con los que fueron sus siervos y con los hijos de estos consolidó su vocación pedagógica, que había empezado a prender años atrás. Una inquietud que le animó a viajar a Francia, Suiza, Inglaterra o Alemania para conocer el funcionamientos de las instituciones educativas de esos países.

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

Durante estos viajes, además, tuvo la ocasión de contactar y asistir a conferencias de educadores, filósofos y otros escritores interesados, como él, en la educación, entre ellos, Dickens.

Con todo lo recabado confeccionó un ideario, revolucionario para su época, pero en el que se recogían algunos postulados que Comenius expuso ya en el siglo XVII. El moldavo fue el primero en hablar de «educación para la paz», principal máxima de Tolstói. También en su concepción del saber como algo universal, que no debería restringirse a unas élites, Tolstói coincidía al 100%. Sin educación no había futuro posible para la nación: «La necesidad más esencial del pueblo ruso es la educación», aseguraba.

De ahí que decidiera fundar Yásnaia Poliana, una escuela a la que asistían cerca de medio centenar de alumnos. La mayoría, hijos de los campesinos que trabajaban en su propiedad. Su metodología, en las antípodas de lo que marcaba la tradición rusa, provocó mas de una inspección y críticas por parte de las autoridades del país.

NI CLASES NI DEBERES

Aquella Rusia de mediados del siglo XIX no estaba preparada para la vocación humanista del escritor. Ni para un modelo educativo basado en la libertad y en la democracia. Las reglas, las pocas que existían en la escuela, eran consensuadas por maestros y alumnos. Estos ni siquiera estaban obligados a asistir a clase.

Ni a ser puntuales. «El resorte más eficaz es el del interés. Por eso considero la naturalidad y la libertad como la condición fundamental y como medida de la calidad de una enseñanza», explicó el escritor, según se recoge en el libro de Nicola Abbagnano y A. Visalberghi, Historia de la pedagogía.

En Yásnia Poliana no se mandaban deberes. Como explica Semion F. Egorov, la forma de impartir las materias era muy diferente a la que se daba en la escuela pública o en otras instituciones privadas que comenzaron a pulular en aquella época. Las clases magistrales tradicionales solían sustituirse aquí por conversaciones libres con los alumnos.

Tampoco había castigos, ni por suspender ni por mal comportamiento. «La exigencia de que se tratase con respeto la personalidad de los alumnos presuponía que estos, sin castigos ni coacción por parte de los adultos, debían convencerse paulatinamente de la necesidad de someterse al orden del que dependía el éxito de su aprendizaje», escribía al respecto Egorov.

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

Tolstói tampoco creía que la educación se tuviera que constreñir a las cuatro paredes del aula. Es más, prefería dar las clases en el jardín cuando el tiempo lo permitía. Un principio, el de estudiar al aire libre y en contacto con la naturaleza, que se convertiría décadas después en uno de los fundamentos para metodologías como las de Waldorf, Montessori o la propia Institución de Libre Enseñanza.

El escritor veía a sus alumnos como lo que eran: niños necesitados, entre otras muchas cosas, del saber. En el libro Historia de la pedagogía se recoge esta reflexión suya:

«Cuando entro en la escuela y veo esa multitud de niños flacos, sucios, harapientos, con sus ojos claros, y a veces con una expresión angelical, me siento alarmado, espantado, siento la sensación que se experimenta cuando vemos a alguien que se ahoga… Y lo que se está ahogando allí es lo más valioso, precisamente esa consciencia espiritual que se percibe nítidamente en los ojos de los niños»

CUENTOS PARA ENSEÑAR 

Según Egorov, el principal propósito tanto de Lev Tolstói como del resto de maestros de la escuela era estimular la independencia de los alumnos, así como su capacidad creativa.

«Pero lo que distinguía particularmente a la escuela de Yásnia Poliana fue la actitud con respecto a los conocimientos, las habilidades y las aptitudes que los niños adquirían fuera de la escuela (…). En el mundo circundante hay una cantidad inagotable de fuentes de información, pero los niños no siempre saben interpretarlas. La tarea de la escuela consiste en elevar las informaciones que recogen los alumnos en el mundo circundante a la esfera consciente».

‘Iván el Tonto’ y la revolucionaria vocación pedagógica de Tolstói

Los resultados de esta forma de entender la educación sorprendían hasta a los propios maestros de la escuela. Uno de ellos, Evgueni Markov, llegó a escribir: «Observábamos los éxitos notables de los alumnos de Tolstói. Entre ellos había pequeños que venían del campo o de cuidar rebaños de ovejas y que en pocos meses de estudio ya podían escribir composiciones sin muchos errores de ortografía».

Una de las fórmulas más recurrentes a la hora de dar pautas a los alumnos para saber extraer conocimientos de su día a día eran los cuentos y fábulas. Egorov asegura que estos, incluso, eran habituales en las clases de matemáticas o física que Tolstói impartía a los niños más mayores de la escuela.

Cuentos como el de Iván el Tonto, basado en leyendas populares rusas, incluían, además, una lección moralizadora. O varias. La importancia del trabajo y el esfuerzo, el triunfo del bien sobre el mal o la inutilidad de la violencia son algunas de ellas.

Todo adornado con pinceladas para enmarcar los relatos en la Rusia del siglo XIX. En la edición del Libros del Zorro Rojo, de hecho, se ha optado por no occidentalizar el texto en la traducción para no perder ninguno de esos matices.

«El empleo de palabras como atrasamientos o adestrar, en lugar de los más modernas como atrasos o adiestrar, dan buena cuenta de esta marca arcaica que remite al ambiente estepario de la Rusia de aquella época», explican los editores.

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