Fin del estado de alarma

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Como en una película de terror de serie B, todos nos sabíamos el desenlace. Primero los protagonistas tienen que encerrarse en un pequeño piso sin terraza tres meses a causa de una pandemia mundial (¿o fueron más? Ya he perdido la noción del tiempo), acumulando cantidades ingentes de papel higiénico y harina de fuerza.

En el interior del piso empieza una lucha encarnizada por la bicicleta estática (tan denostada hasta entonces), o por ver quién baja la basura o va al supermercado disfrazados de buzo del siglo XIX.

Tras meses de luchas solo sobrevive una persona del piso que al final es mordida por un zombie borracho cuando bajaba la basura, y él se convierte en zombie uniéndose a un botellón de zombies que beben y copulan entre ellos. Y fin.

Javirroyo