15 esculturas contemporáneas asombrosas

Es impresionante la fuerza y la expresividad que puede tener una escultura creada para ser inmortalizada en el espacio y en el tiempo; obervadlas, arrancad esos gestos, esos movimientos, esas miradas o esas expresiones hechas para ser contempladas eternamente.

1. “Expansion Sculpture” en el Puente de Brooklyn

Las esculturas mas espectaculares 1 del mundo

El bello arte de esculpir puede hacerse sobre piedra, bronce, mármol, e incluso con técnicas digitales, y las esculturas pueden exhibirse y contemplarse en museos o en entornos naturales o urbanos con los que interactúan.

Alrededor del mundo podemos encontrar en nuestras ciudades y parques impresionantes esculturas que representan nuestra parte artística y cuentan una historia capturada en un momento. 

2. “Guardians of Time” en Stonehenge, Reino Unido

Las esculturas mas espectaculares 2 del mundo

3. “Underground Passage Memorial” en Wroclaw, Polonia

Las esculturas mas espectaculares 3 del mundo

Las esculturas son la materialización de muchos de los anhelos, los sueños, las simbologías y los sentimientos que los artistas no pueden expresar con palabras, y en esta galería podéis ver algunas de las más asombrosas que hay en el mundo.

 4. “Mustangs at Las Colinas” en la Plaza Williams, Texas

Las esculturas mas espectaculares 4 del mundo

5. “The Inevitability Of Time Sculpture”, en Emirates Financial Towers, Dubai

Las esculturas mas espectaculares 5 del mundo

6. “Villa di Pratolino” en Florencia, Italia

Las esculturas mas espectaculares 6 del mundo

7. “Octopus Chess” en George Street, Inglaterra

Las esculturas mas espectaculares 7 del mundo

8. “Santo Domingo Savio”, en Medellín-Antioquía, Colombia

Las esculturas mas espectaculares 8 del mundo

9. “Cap`è Caxx” de Yoan Capote

Las esculturas mas espectaculares 9 del mundo

10. “Bad Dog” Orange County Museum en New Port Beach, California

Las esculturas mas espectaculares 10 del mundo

11. “Ecstasy” en el Hayes Valley, San Francisco

Las esculturas mas espectaculares 11 del mundo

12. “Bronze Sculpture” de Tomohiro Inaba

Las esculturas mas espectaculares 12 del mundo

13. “Sculpture” de Fabien Mérele

Las esculturas mas espectaculares 13 del mundo

14. “Park of the Monsters” en Bomarzo, Italia

Las esculturas mas espectaculares 14 del mundo

15. “Colossal” en el Mori Art Museum, Tokyo

Las esculturas mas espectaculares 15 del mundo

 h/t: Art Fido

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LA ESTAFA DEL ARTE MODERNO: DUCHAMP ROBÓ A ESTA MUJER LA OBRA QUE LO HIZO FAMOSO

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¿ES MOMENTO DE REESCRIBIR LA HISTORIA DEL ARTE MODERNO Y CONTEMPORÁNEO? ASÍ LO SUGIEREN ESTOS INDICIOS EN CONTRA DE MARCEL DUCHAMP Y A FAVOR DE LA BARONESA ELSA VON FREYTAG-LORINGHOVEN.

Este es sin duda el urinario más famoso del mundo. Lo ha sido desde 1917, cuando Marcel Duchamp lo presentó ante la Sociedad de Artistas Independientes para formar parte de la exhibición que ésta organizó en el Grand Central Palace de Nueva York.

Ya entonces y en los años posteriores, la pieza fue celebrada como uno de los gestos más disruptivos del arte moderno. Con Fountain, el nombre que Duchamp dio a la obra, el artista francés abrió el camino del llamado “arte conceptual”, esto es, la obra de arte cuyo sentido no se ofrece directamente al espectador, sino que descansa en un entramado teórico del cual es necesario estar advertidos para entenderla. 

En ese sentido, Fountain ha sido considerada históricamente como el readymade mejor logrado de Duchamp, siento éste una forma de arte definida por André Breton como “un objeto ordinario elevado a la dignidad de una obra de arte por la mera elección de un artista”. En oposición al “arte retinal” (el arte que entra fácilmente por los ojos), Duchamp ideó otro recurso en el que la experiencia estética se construye a partir de la manera en que el artista percibe tanto la realidad en sí como el arte en particular, lo cual exige un proceso continuo de examen sobre las ideas que determinan la percepción.

Por estos y otros motivos, el mingitorio de Duchamp fue celebrado tanto en su tiempo como en años posteriores. En general se le considera un punto de quiebre en la historia del arte, en buena medida por la originalidad de su propuesta. 

Sin embargo, todo esto podría estar sustentado en un engaño, pues algunas investigaciones recientes ponen en duda la autoría de Duchamp sobre la famosa pieza, atribuyéndosela en cambio a la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, artista y poeta que según parece fue su artífice original, tal y como fue presentada en Nueva York.

Las sospechas en torno a este asunto comenzaron a levantarse a partir de una carta que Duchamp escribió a su hermana en abril de 1917, en la cual escribió: 

Una amiga mía, bajo un seudónimo masculino, Richard Mutt, había enviado un urinario hecho de porcelana como escultura. No era en absoluto indecente, no había razón para rechazarlo. El comité decidió negarse a exponer esta cosa.

Por muchos años se creyó que esa “amiga mía” que cita Duchamp (y de quien no se tienen más datos) era una invención del artista para disimular ante su hermana la polémica que despertó la pieza. De hecho, en cierta época Duchamp usó un pseudónimo femenino para firmar sus obras, “Rrose Sélavy”, por lo cual también se creyó que dicha amiga fuera en realidad una referencia a sí mismo.

Sin embargo, con el tiempo hubo quienes quisieron saber más al respecto y despejar la duda. ¿Y si, después de todo, esa amiga existiera? Por otro lado, la descripción de la pieza hecha en la carta fue casi exacta; si Duchamp era el autor original, ¿por qué “inventar” ese misterioso envío?

Las dudas se multiplicaron luego de que el artista dijo que el pseudónimo R. Mutt, cuya firma es un elemento distintivo de la obra, se le ocurrió por el nombre del fabricante del urinario, J. L. Mott Iron Works, pero investigaciones posteriores (especialmente las del historiador del arte William Camfeld), han mostrado que dicha fábrica no producía el modelo presentado por Duchamp. En una labor todavía más dedicada, Camfeld ha examinado otros catálogos de urinarios comercializados en Estados Unidos en aquella época y en ninguno ha encontrado el modelo de Fountain.

La evidencia parece jugar en contra de Duchamp, ¿pero cuáles son los elementos que apoyan la atribución de la obra a la baronesa von Freytag-Loringhoven?

LA ESTAFA DEL ARTE MODERNO: DUCHAMP ROBÓ A ESTA MUJER LA OBRA QUE LO HIZO FAMOSO

Elsa von Freytag-Loringhoven en su apartamento en Nueva York, en 1915 (Archivo Bettmann)

Algunas de las investigaciones que apoyan esta hipótesis se basan en la cercanía entre Duchamp y Freytag-Loringhoven, quienes, además de ser amigos y vivir en Nueva York más o menos en la misma época, compartían ciertas ideas en torno al arte y la manera de realizarlo. La baronesa, que fue poeta y artista plástica, suscribió el movimiento Dadá y en general siempre mantuvo una posición vanguardista frente al arte.

Por la biografía que realizó Irene Gammel se sabe también que la artista tenía un sentido del humor especialmente escatológico. Al poeta William Carlos Williams lo llamaba “WC” (las mismas siglas en inglés para “sanitarios”) y a Marcel Duchamp le cambiaba el nombre por “Marcel Dushit” (que con cierta licencia podríamos traducir como “Marcel del Caño”, para conservar el sentido de la broma). Dicho rasgo sumamente subjetivo también se reflejó en sus piezas de arte, que frecuentemente estaban hechas de tubos, lavabos y otras piezas de cañería y plomería.

LA ESTAFA DEL ARTE MODERNO: DUCHAMP ROBÓ A ESTA MUJER LA OBRA QUE LO HIZO FAMOSO

Dios, 1917: una escultura atribuida muchos años únicamente a Morton Livingston Schamberg, actualmente se considera que Elsa von Freytag-Loringhoven fue co-artífice de la pieza, pero numerosos historiadores creen que la sola aportación de Livingston fue fotografiarla. 

De hecho, también desde un punto de vista subjetivo, Gammel encontró otro rasgo biográfico que podría ser sumamente elocuente en relación con el urinario en cuestión: la madre de Freytag-Loringhoven murió de cáncer uterino, de lo cual la baronesa siempre culpó a su padre por una enfermedad venérea que él se negó a tratar. No son pocos los críticos que han visto en el urinario de Duchamp cierto simbolismo uterino, lo cual podría tener cierta significación si se toma en cuenta que se trata de un objeto destinado al uso masculino pero invertido para figurar de otra manera. Si a esto añadimos que la inscripción añadida al urinario a manera de firma, “R. Mutt”, pareciera tomada de la palabra en alemán para “madre”, “mutter”, la balanza de la polémica y la duda parece inclinarse más a favor de Freytag-Loringhoven que de Marcel Duchamp. 

Recordemos que si bien esto puede parecer una suma de especulaciones, en el arte la subjetividad, el inconsciente y la historia de la vida se combinan de manera indirecta, azarosa, imprevisible y hasta enigmática. ¿Qué tanto en la biografía de Duchamp podría explicar la creación de Fountain? ¿Y qué tanto la pieza parece más coherente con la trayectoria y aun con la biografía de Freytag-Loringhoven?

Por si esto fuera poco, algunos exámenes grafológicos han establecido que la firma en el urinario coincide con la letra manuscrita de la baronesa.

Cabe mencionar que materialmente es imposible comprobar estas u otras hipótesis, pues la pieza original de Fountain se perdió o fue destruida. Curiosamente, su influencia se basó en una fotografía también célebre y ampliamente apreciada que realizó Alfred Stieglitz al poco tiempo de que Duchamp llevara el urinario ante la Sociedad de Artistas Independientes. Para 1935, André Breton adjudicó la autoría de la pieza a Duchamp y en 1950, cuatro años después de la muerte de Freytag-Loringhoven, el francés comenzó a autorizar en nombre propio reproducciones de la obra.

LA ESTAFA DEL ARTE MODERNO: DUCHAMP ROBÓ A ESTA MUJER LA OBRA QUE LO HIZO FAMOSO

Marcel Duchamp, Fountain, 1917, fotografía de Alfred Stieglitz tomada en la galería de arte “291”

En un artículo reciente en que Siri Hustvedt hace el recuento de esta historia de equívocos, la escritora utiliza este posible robo por parte de Duchamp para preguntarse por qué en general nos cuesta tanto admitir la autoridad intelectual y creativa de las mujeres en campos como el arte y la literatura. Hustvedt señala, justificadamente, que al enfrentarnos con una obra de arte tendemos a concederle a ésta mayor valor cuando nos enteramos que su autor es un hombre y, en cambio, cuando sabemos que su autora fue mujer, la subestimamos. 

Se trata de un prejuicio que forma parte de nuestra percepción, nos dice la escritora, pues en buena medida es efecto de la cultura en la que vivimos. Con todo, ello no significa que debamos dejarlo así, inamovible, sino más bien, como todo prejuicio, es necesario hacerlo consciente y preguntarnos si el cristal que impone sobre nuestra mirada es el correcto. ¿De verdad una obra vale menos por el solo hecho de haber sido realizada por una mujer? ¿De verdad una mujer no pudo ser la autora de una pieza que revolucionó el arte moderno? ¿De verdad es preferible ver las cosas bajo el prejuicio del engaño y la farsa?

Es momento de reescribir la historia, dice Siri Hustvedt, y al menos en el caso del arte parece haber elementos más que suficientes para emprender esa tarea.

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