Este fue el voltaje más elevado que se ha logrado con una pila hecha de frutas (limones)

Este fue el voltaje más elevado que se ha logrado con una pila hecha de frutas (limones)

SERGIO PARRA

Saiful Islam y su equipo de investigadores generaron 1.275 voltios con una pila compuesta por 2.106 mitades de limón en el ámbito de la Royal Institution de Londres, en Reino Unido.

Este voltaje constituye así el récord logrado solo con frutas.

Electricidad y limón

La pila se midió con un voltímetro suministrado y calibrado por el Laboratorio Nacional de Física. En el fondo, la pila no deja de ser el típico experimento escolar, pero a lo grande.

Este experimento típico consiste en insertar, en un limón, dos objetos hechos de metales diferentes, por ejemplo un clavo galvanizado de zinc y una moneda o clavo de cobre (también es posible con un clavo de hierro).

Estos dos objetos funcionan como electrodos, causando una reacción electroquímica mediante el jugo de limón que genera una pequeña cantidad de corriente eléctrica. Después de que la pila está ensamblada, se puede usar un multímetro para comprobar el voltaje generado, que usualmente no supera 1 V y una corriente de aproximadamente 0,1 mA como máximo.

Una alternativa común a los limones es la patata o a veces manzanas. Puede usarse cualquier fruta o vegetal que contenga ácido u otro electrolito, pero se prefieren los limones debido a su mayor acidez.

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El voltaje y corriente producido es insuficiente para encender un led estándar, para lo que se requeriría una batería hecha de varias pilas de limón. Se necesitan al menos dos pilas conectadas en serie para duplicar el voltaje y varias conectadas en paralelo para alcanzar corrientes del orden de 5 mA. De esta forma, se puede encender un diodo led de bajo voltaje (aproximadamente dos o tres voltios).

El experimento fue filmado por la BBC para las Conferencias Navideñas de la Royal Institution, grabándose el 13 de diciembre de 2016, y se emitió el 29 de diciembre del mismo año.

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No curen la homosexualidad

Los comportamientos homosexuales se han demostrado ya en 1.500 especies animales de toda adscripción geográfica y taxonómica

JAVIER SAMPEDRO

No curen la homosexualidad

Ahora que el derechismo bravío vuelve a la escena política con su exaltación del hombre blanco, de la mujer-mujer y de una moralidad que parece inspirada en Roberto Alcázar y Pedrín, no vamos a tener más remedio que volver a examinar cuestiones tan básicas como la naturaleza de la homosexualidad. La derechona psiquiátrica sigue empeñada en considerarla una especie de enfermedad o desviación cultural y sigue estafando a cualquiera que se le acerque con sus terapias antigay y sus prejuicios irracionales. La ciencia desmiente todas esas fantasías dañinas.

La homosexualidad no es una enfermedad ni una desviación cultural, sino una más de las versiones de la normalidad que coexisten pacíficamente en nuestro planeta, o que lo harían de no ser por los pelmazos fundamentalistas dedicados en exclusiva a estropear lo que ya funciona. Los comportamientos homosexuales se han demostrado ya en 1.500 especies animales de toda adscripción geográfica y taxonómica, del erizo de mar al calamar de Humboldt, del ganso a la serpiente, del pingüino al macaco y a una larga lista de bichos a los que no podrías mirar ni estando vivos, como le decía James Stewart a Grace Kelly en mi película favorita, La ventana indiscreta. La mera observación de las especies demuestra que la homosexualidad no solo es un comportamiento normal en nuestra especie, sino universal en el mundo animal.

Tras conocer esos datos, una pregunta bien sensata es ¿por qué? ¿Por qué existe la homosexualidad? Según las teorías de Darwin (la selección natural y la selección sexual), no parece tener mucho sentido. Los seres vivos que pasan su legado genético a la siguiente generación suelen ser heterosexuales, por razones obvias. Es cierto que la tecnología actual permite saltarse esa servidumbre de la naturaleza, pero eso no tiene nada que ver con un fenómeno que ha persistido durante 500 millones de años. Un comportamiento que muestra el 10% o el 15% de los individuos de cualquier especie animal debe tener una razón evolutiva, y no sabemos cuál es.

Cuando alguien me pregunta por qué existe la homosexualidad le respondo con otra pregunta: “¿Y por qué existe la heterosexualidad?”. Vale, ya sabemos que hay razones darwinianas para lo segundo, pero como le dijo un día Francis Crick a Stephen Jay Gould: “Lo malo de vosotros los biólogos evolutivos es que os preguntáis por qué antes de saber cómo”. Puede que sea una crítica fácil de hacer viniendo de un tipo que había descubierto la doble hélice del ADN y el código genético —el cómo de la biología—, pero el dardo esconde una idea importante, como solían ser las de Crick. Volviendo a nuestro tema, si quieres entender la biología de la homosexualidad, tendrás que entender también la biología de la heterosexualidad. La diferencia entre el cuerpo de una mujer y el de un hombre es una sutileza geométrica. Nuestra orientación sexual se debe a unos procesos cerebrales que no entendemos. Necesitamos conocer el cómo antes de abordar el porqué.

Entretanto, la bióloga Julia Monk, de la Universidad de Yale, y cuatro colegas han propuesto una hipótesis rompedora en Nature Ecology & Evolution. Postula que la condición basal de las especies no es la heterosexualidad, como indica el darwinismo más obvio, sino un todos contra todos en el plano libidinoso. Da que pensar.

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Un destacado entomólogo afirma tener pruebas de la existencia de «abejas» en Marte

William Romoser, profesor emerito de la Universidad de Ohio, afirma que las fotos enviadas por los diferentes rovers que investigan el planeta rojo muestran indicios tanto fósiles como de seres vivos parecidos a insectos e incluso reptiles

Un destacado entomólogo afirma tener pruebas de la existencia de «abejas» en Marte

A la vez que los científicos se afanan por encontrar vida en Marte con experimentos sobre el terreno, como los del rover Curiosity, el antomólogo y profesor emérito William Romoser, de la Universidad de Ohio, afirma que, en realidad, ya tenemos pruebas de su existencia. Su sorprendente teoría, que ha presentado en la reunión nacional de la Sociedad Americana de Entomología en St. Louis, Missouri (EE. UU.), se apoya en fotografías enviadas por varios rover desde Marte, en los que asegura ver desde seres parecidos a abejas a reptiles.

«Ha habido y todavía hay vida en Marte», afirmó durante la reunión Romoser -quien está especializado en arbovirología y entomología general y médica-, explicando que después de analizar durante varios años las imágenes del planeta rojo disponibles en internet concluye que existen no solo fósiles, sino también criaturas aún vivas. «Existe una aparente diversidad entre la fauna marciana tipo insecto que muestra muchas características similares a los que viven en la Tierra y que se incluyen dentro de los grupos avanzados. Por ejemplo, existe presencia de alas, flexión de las mismas, deslizamiento y vuelo ágil, así como patas con diferentes estructuras de patas», ha afirmado Romoser.

El profesor emérito afirma además que si bien los rovers marcianos, particularmente el Rover Curiosity, han estado buscando indicadores de actividad orgánica, hay una serie de fotos que muestran claramente las formas de insectos y reptiles. Numerosas fotos muestran imágenes en las que se pueden seleccionar segmentos corporales de artrópodos, junto con patas, antenas y alas, y uno incluso parece mostrar a uno de estos seres en pleno vuelo.

Supuesto insecto en Marte
Supuesto insecto en Marte – Análisis de Romeser/NASA

Forma de estudio

La investigación, que aún no ha sido revisada por pares pero cuyo resumen se encuentra en la web de la Universidad de Ohio, tiene como base el estudio de las imágenes variando los parámetros fotográficos, como el brillo, el contraste, la saturación, la inversión, etc. No se agregó ni eliminó contenido. Además se tuvo en cuenta el entorno, la claridad de la forma, la simetría corporal, su segmentación en diferentes partes, así como formas repetitivas, restos óseos y observación de formas cercanas entre sí. También se tuvo en cuenta posturas particulares, la evidencia de movimiento, el supuesto vuelo o la interacción aparente según lo sugerido por las posiciones relativas, así como supuestas evidencias de «ojos brillantes» se consideraron consistentes con la presencia de formas vivas.

«Un exoesqueleto y apéndices articulados son suficientes para establecer la identificación como un artrópodo. Tres regiones del cuerpo, un solo par de antenas y seis patas son tradicionalmente suficientes para establecer la identificación como ‘insecto’ en la Tierra. Estas características también deberían ser válidas para identificar un organismo en Marte como insecto. Sobre estas bases, se pueden ver formas artrópodas, parecidas a insectos en las fotos de los rovers de Marte», señaló Romoser, que primero identificó las imágenes más claras para luego buscar patrones parecidos en otras menos evidentes.

Supuestos rastros de un insecto en el suelo
Supuestos rastros de un insecto en el suelo – W. Romeser

Romoser afirma que observó comportamientos diferentes de vuelos en varias imágenes. Señala que unas parecen abejorros y otras son similares a las abejas carpinteras de la Tierra, y que algunas intentan refugiarse y otras anidar en cuevas. Por otro lado, asegura haber encontrado una criatura fosilizada parecida a una serpiente.

Dilatada trayectoria

Romoser, quien fue profesor de entomología en la Universidad de Ohio durante 45 años y cofundó su Instituto de Enfermedades Tropicales, también pasó casi 20 años como investigador de enfermedades transmitidas por vectores en el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de EE. UU. Entre 1973 y 1998, Romoser fue autor y coautor de cuatro ediciones del libro de texto «The Science of Entomology», muy utilizado en enseñanza.

Romoser señaló que las interpretaciones de criaturas parecidas a insectos y reptiles que describe pueden cambiar a medida que evoluciona nuestro conocimiento de la vida en Marte, pero que el gran volumen de evidencias es abrumador.

Evidencia de agua

«La presencia de organismos metazoicos superiores en Marte implica la presencia de fuentes y procesos de nutrientes y energía, cadenas y redes alimentarias y agua como elementos que funcionan en un entorno ecológico viable, aunque extremo, suficiente para sostener la vida», señaló.

Además asegura haber encontrado «casos sugestivos de agua estancada o pequeños cursos de agua con meandros evidentes y con el desenfoque esperado de pequeñas rocas sumergidas, rocas emergentes más grandes, un área de banco húmedo y un área más seca más allá del área húmeda». La evidencia de agua en Marte se ha indicado en otras ocasiones, sobre todo grandes masas de agua de la antigüedad. Sin embargo, no hay pruebas de lo que asegura haber hallado Romoser. Sin embargo, él afirma que su análisis sirven de «base sólida» para formular «muchas preguntas biológicas, sociales y políticas», así como «una justificación sólida para futuros estudios».

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Éste es el árbol con el diámetro del tronco más grande y necesita un buen puñado de personas para rodearse por completo

Éste es el árbol con el diámetro del tronco más grande y necesita un buen puñado de personas para rodearse por completo

SERGIO PARRA

Este ciprés de Montezuma que puedes ver en la imagen tiene 2.000 años de edad y crece en Santa Maria, Tule, Oxaca, México. Este Toaxodium mucronatum, además, tiene el récord de grosor, en su tronco.

Cuando el tronco se midió en el año 2005, éste tenía una diámetro de aproximadamente 36,2 metros.

Árbol de Tule

También se le conoce por el nombre de cedro, sabino, ciprés mexicano. Y “Árbol de Tule”. Según la leyenda local, el “Árbol de Tule” fue plantado por un dios azteca de la tormenta. Otra leyenda dice que algunos líderes de las grandes naciones se reunieron y decidieron separarse en 4 grupos, dirigiéndose a los 4 puntos cardinales y en cada uno plantaron ahuehuetes, el gran Tule sería uno de ellos.

Está en el atrio de la iglesia de Santa María del Tule.

Según datos de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE) tiene un diámetro de 14.05 metros, una altura de 41.85 metros y un peso de 636.107 toneladas. Su perímetro alcanza los 46 m. Los lugareños le han encontrado diferentes formas al tronco como son de ‘duende’, ‘cocodrilo’, ‘delfín’, ‘cabeza de venado’, entre otras.

La especie es nativa de México aunque también se le encuentra en zonas muy localizadas del sur de Texas y noroeste de Guatemala. En 1921, para celebrar el centenario de la independencia mexicana, la especie fue seleccionada como árbol nacional por su esplendor, belleza, longevidad, dimensiones colosales y tradición. Afortunadamente, su madera es suave y débil, así que no se usa para la construcción.

Con todo, hay un árbol del que ya no disponemos que presuntamente supera a éste. Fue un castaño europeo (Castanea sativaque creció en el monte Etna, Sicilia. Según la medición realizada en 1780, alcanzaba los 57,9 metros. El tronco todavía existe, aunque troceado.

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La mejor manera de calcular la edad de tu perro en años humanos, según la ciencia

Proponen una nueva fórmula para sustituir a la popular pero errónea de multiplicar por siete

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Hasta ahora, para hacernos una idea de la edad de un perro en años humanos lo habitual era multiplicar por siete. De esta forma, nos hacíamos la ilusión de saber en qué estado de madurez vital se encontraba nuestra mascota. Si todavía era un activo juvenil o si ya empezaba a entrar en la tranquila tercera edad. Un simple entretenimiento popular porque la fórmula está completamente desacreditada. Un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Diego (EE.UU.) propone una nueva mucho más ajustada, en la que se tienen en cuenta las últimas investigaciones sobre envejecimiento y que nos da más de una sorpresa.

El trabajo, publicado en el archivo de preimpresión bioRxiv, tiene en cuenta que las modificaciones químicas del ADN de una persona a lo largo de la vida crean lo que se conoce como un reloj epigenético. Una de esas modificaciones, la adición de grupos de metilo a secuencias de ADN específicas, rastrea la edad biológica humana, es decir, el coste que la enfermedad, el mal estilo de vida y la genética tienen en nuestros cuerpos. Como resultado, hay quien considera el estado de metilación del ADN de una persona en una estimación de edad, o incluso una predicción de la esperanza de vida.

Otras especies, entre ellas los perros, también tienen relojes epigenéticos. Además, los perros viven en los mismos entornos que nosotros y muchos reciben tratamientos médicos y atenciones similares.

Como explican en la web de la revista «Science», todos los perros, sin importar la raza, siguen una trayectoria de desarrollo similar, alcanzan la pubertad alrededor de los 10 meses y mueren antes de los 20 años. Pero en su estudio, el genetista Trey Ideker y su equipo se centraron en una sola raza: el labrador retriever.

Cambios similares

Los investigadores escanearon patrones de metilación del ADN en los genomas de 104 perros, que van desde las 4 semanas hasta los 16 años. Su análisis reveló que estos perros y los humanos tienen una metilación similar relacionada con la edad de ciertas regiones genómicas con altas tasas de mutación, más evidente en la juventud y en la vejez. Además, encontraron que ciertos grupos de genes involucrados en el desarrollo están metilados de manera similar durante el envejecimiento en ambas especies. Eso sugiere que al menos algunos aspectos del envejecimiento son una continuación del desarrollo en lugar de un proceso distinto, y que al menos algunos de estos cambios se conservan evolutivamente en los mamíferos. Es decir, ambas especies no solo tenemos las mismas enfermedades y dolencias durante el envejecimiento, sino que los cambios moleculares son similares.

De esta forma, el equipo propone esta fórmula para saber la edad de un perro en años humanos = 16 In (edad del perro) + 31.

Es decir, hay que multiplicar el logaritmo natural de la edad de tu perro en años ( Aquí tienes una calculadora) por 16 y después sumar 31. El resultado nos dará el equivalente de la edad del perro en años humanos.

Usando esa fórmula, un cachorro de 7 semanas de edad sería equivalente a un bebé humano de 9 meses, pero con un año ¡ya sería todo un adulto de 31! Y con cuatro equivaldría a una persona de 53 años. En general, el reloj epigenético canino funciona mucho más rápido inicialmente que el humano, pero luego se ralentiza. De esta forma, un can de 15 años equivaldría a un ser humano de 74.

Los investigadores esperan descubrir por qué algunos perros enferman muy pronto o mueren antes de lo normal, mientras que otros viven largas vidas libres de enfermedades.

Como las distintas razas envejecen de manera diferente, esta fórmula quizás no sea muy exacta para todas, pero siempre será más útil que multiplicar por siete.

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Cuando los bebés negros eran usados como cebo para cazar cocodrilos en Florida

Iñaki Berazaluce

Cuando los bebés negros eran usados como cebo para cazar cocodrilos en Florida

A finales del siglo XIX y principios del XX, la piel de aligator era muy apreciada en Estados Unidos para fabricar zapatos, bolsos y cinturones. Sin embargo, cazar un cocodrilo suponía no pocos riesgos, y eran muchos los cazadores que perdían un brazo o una pierna en la cacería.

En la época más oscura de la segregación racial, durante la ominosa era “Jim Crow”, los cazadores de Florida inventaron un floreciente negocio: alquilar bebés negros a sus madres para atraer a los aligatores fuera del agua y abatirlos, devolviendo a los críos “sanos y salvos”, con suerte, a cambio de dos dólares (unos 25 dólares al cambio actual).

Cuando los bebés negros eran usados como cebo para cazar cocodrilos en Florida

En el Museo de Jim Crow, en Michigan, que recopila objetos relacionados con la oprobiosa discriminación racial de los negros, se exhibe una foto de nueve bebés negros desnudos con la leyenda “Alligator Bait” (“cebo de cocodrilos”). Un artículo aparecido en un periódico de la época explica cómo los bebés eran utilizados como “cebo” y devueltos a sus madres “en perfectas condiciones y, además, 2 dólares”. Los “negritos” salían “vivos y enteros del agua, mojados y riendo”. No en vano, “no hay nada terrible en esto, salvo ayudar a la muerte de los aligatores”.

Cuando los bebés negros eran usados como cebo para cazar cocodrilos en Florida

Pero no solo los cazadores blancos se valían de los bebés negros como cebo. Un artículo aparecido en 1908 en el Washington Times informaba de que un guardia del Zoo de Nueva York había conseguido sacar a los “aligatores con ‘pickaninnies’” (una forma despectiva de referirse a los niños de color. Según cuenta el artículo, el zoo pretendía sacar los saurios de su refugio de invierno para poder exhibirlos en el recinto de verano. Para ello, utilizó dos “pequeños niños de color” que “corrieron frente a la casa de los reptiles frente a la multitud de visitantes”, atrayendo a las bestias hacia su charca.

Cuando los bebés negros eran usados como cebo para cazar cocodrilos en Florida

Las leyes Jim Crow fueron derogadas definitivamente en 1965, pero el racismo de la sociedad de EE.UU., especialmente en el sur “confederado”, siguió vigente en aquella época. Tal y como relata Resolviendo la Incógnita,

“En 1957, Sybil Malmberg escribió ‘Amos’ donde dos niños negros se hacen amigos de un aligátor. Aunque intenta rectificar las injusticias cometidas contra los negros en la literatura infantil, sigue valiéndose de estereotipos, como la típica madre gorda, la elección de pollo frito para el picnic, la descripción del protagonista como vago, bocas como “capullos de rosa” y el lenguaje estereotipado”.

Cuando los bebés negros eran usados como cebo para cazar cocodrilos en Florida

Visto en Resolviendo la Incógnita. Con información de SnopesMuseo de Jim Crow y Liberty Writers Africa.

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Los buitres, el nuevo animal «sagrado» de la India

En este país asiático doscientos millones de vacas comparten protagonismo con los buitres de pico largo

Una torre del silencio, donde los parsis entierran a sus muertos a la espera de que los buitres pogan fin al ciclo de la vida
Una torre del silencio, donde los parsis entierran a sus muertos a la espera de que los buitres pogan fin al ciclo de la vida – Wikipedia

Pedro Gargantilla

Su cuello desnudo rodeado de un collar de plumas largas, estrechas y flexibles, unido a un pico esbelto hace que la figura de esta ave carroñera sea indiscutible. Su existencia está inexorablemente unida al vocablo cadáver que, por cierto, deriva del latín «caro dato vermibus» (carne dada a los gusanos).

A pesar de que su apariencia es poco atractiva para la mayoría de las personas, los buitres desempeñan un papel importante en los ecosistemas. Sus hábitos alimentarios permiten controlar la materia orgánica en descomposición, que de no hacerlo se convertiría en un foco para diversas enfermedades.

Amigos de los parsis

Se estima que en este momento hay en el mundo cien millones de parsis, los descendientes de los persas que emigraron mediados del siglo VII a la India para escapar a la persecución de los musulmanes.

Los parsis son miembros de la religión zoroástrica, creada por el profeta Zaratrusta. En su cosmogonía defienden la existencia de cuatro elementos sagrados: fuego, tierra, aire y agua. El fuego proporciona el calor, la tierra es necesaria para el crecimiento de las plantas, el aire es el motor de vida de plantas y animales y, por último, el agua es necesaria para la supervivencia de todos los seres vivos.

Como estos cuatro elementos son divinos, los parsis tienen prohibido contaminarlos con sus cadáveres, que son considerados impuros. Por este motivo recurren a los buitres para llevar a cabo el rito funerario, son estas aves las que ponen fin al ciclo de la vida.

Malabar Hill es uno de los barrios de Mumbai -la antigua Bombay- que congrega a un elevado número de parsis. Allí se encuentran las famosas Torres del Silencio, construcciones de tipo circular donde los parsis dejan a sus fallecidos para que los buitres hagan el resto.

Las Torres del Silencio están formadas por tres círculos concéntricos, en el más interno se colocan los hombres, en el intermedio las mujeres y en el externo los niños. Este lugar es privado, un tupido follaje lo protege de las miradas indiscretas y estas construcciones tan solo pueden ser observadas desde los rascacielos próximos.

Por culpa del diclofenaco

La comunidad de los buitres en el subcontinente indio se ha visto seriamente amenazada en las últimas décadas, ha pasado de treinta millones -en los noventa-, a unos diez mil en la primera década de nuestro siglo.

Al parecer, la muerte masiva de estas aves rapaces se debe a la insuficiencia renal provocada por el diclofenaco. Un antiinflamatorio no esteroideo muy extendido y que produce necrosis de las células del túbulo contorneado proximal de las nefronas de los buitres.

Estas aves se alimentan de restos humanos y animales domésticos tratados con este antiinflamatorio, que se acumulan en su organismo provocando una toxicidad irreversible.

Para poner fin a esta extinción, el gobierno hindú decidió tomar cartas en el asunto y proteger a los buitres, ordenando reemplazar diclofenaco por meloxicam, un antiinflamatorio más costoso pero menos tóxico.

Una sentencia judicial protegió a estas aves al catalogarlas como «trabajadores sanitarios», al considerar que de su actividad se deriva un bien para la salud pública.

Parece ser que las medidas han comenzado a dar los resultados esperados y desde el año 2012 se ha observado una recuperación gradual del número de buitres de pico largo en esta región asiática. Esperemos que la tendencia permanezca y pueda celebrar durante mucho el Día Internacional del buitre, una festividad que tiene lugar cada primer sábado del mes de septiembre.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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Aves con oro y collares, la ofrenda hallada en el Templo Mayor de México a la espera de los líderes aztecas

Los arqueólogos analizan los restos de dos aves de presa vestidas de oro y collares, mientras prosigue la búsqueda de los emperadores mexica

PABLO FERRI

Cuchillos de pedernal, piezas de oro, espinazos de serpiente, dos aves... Así es la última ofrenda hallada en el Templo Mayor.
Cuchillos de pedernal, piezas de oro, espinazos de serpiente, dos aves… Así es la última ofrenda hallada en el Templo Mayor. MIRSA ISLAS PTM

Primero fue un lobo, un animal de ocho meses enterrado junto a 22 piezas de oro. Luego una hembra de jaguar vestida de guerrero, con un anahuatl, un anillo de madera en una de sus garras y un lanzadardos. Y ahora dos aves de presa, al parecer dos halcones, ambos con anahuatl de oro y collares, uno con una lanza del preciado metal, fino como papel de Biblia, otro con una especie de escudo además de otras insignias. Las dos aves, descubiertas a principio de mes, son las protagonistas de la última ofrenda hallada en la base del Templo Mayor de la vieja Tenochtitlan, en México, un escalón más en el camino a la gloria de los arqueólogos, que poco a poco se acercan a su objetivo final: los restos de los emperadores mexica.

Consagradas al dios azteca de la guerra, Huitzilopochtli, las tres ofrendas han aparecido en la misma línea, la recta imaginaria que corta en dos un edificio aledaño al Templo Mayor, una enorme plataforma circular de 16 metros de diámetro y más de dos de altura conocida como Cuauhxicalco. La última, la de los halcones, figura justo en el centro de la plataforma, encajada entre piedras, cerca de la superficie. Son raras las ofrendas con animales vestidos. De las más de 200 estudiadas en más de 40 años de excavaciones, solo 28 contenían animales ataviados con ornamentos e insignias: 12 águilas reales, siete lobos, siete pumas y dos jaguares. Los dos halcones se añaden ahora a esta selecta lista.

Saltando entre tablones de madera colocados como pasarelas entre las áreas de excavación, el director del proyecto Templo Mayor, Leonardo López Luján, explica a EL PAÍS que “la riqueza y variedad de estas tres ofrendas son excepcionales, la muestra de un tiempo de globalización en el que se importaban animales y objetos de todos los confines del imperio mexica y más allá, a cientos de kilómetros”.

López Luján habla del periodo de mayor esplendor del imperio, la segunda mitad del siglo XV y los primeros 19 años del XVI —momento en que llegaron los españoles— cuando los aztecas dominaban buena parte del centro de lo que hoy es México, el norte y el sur. No son solo los animales y el oro de las ofrendas. Los restos de corales de ambos océanos, las conchas madreperla, las estrellas de mar, los peces globo y los caracoles apuntan a delicados procesos de recolección. A cuidados ejercicios de comunicación supraterrenal.

Además de ilustrar el poderío de los mexica, la riqueza de las ofrendas podría indicar la inminencia del gran descubrimiento. Con la boca pequeña, sin generar demasiadas expectativas, López Luján y su antecesor en el Proyecto Templo Mayor, Eduardo Matos Moctezuma, llevan años sugiriendo que los restos de Ahuítzotl, Axayácatl o Tízoc, predecesores de Moctezuma Xocoyotzin, podrían estar enterrados ahí. “Cronistas como Bernal Díaz del Castillo o Fray Diego Durán mencionan que los mexica enterraban a sus gobernantes en el Cuauhxicalco”, apunta López Luján.

En todo caso, el camino será largo. Practicar arqueología en el Templo Mayor —en cualquier parte, en realidad— es lento, necesariamente lento. Cada ofrenda toma meses, incluso años de análisis. La de los halcones empezaron a trabajarla en enero de este año y es poco probable que terminen antes de las vacaciones de navidad.

Alejandra Aguirre, que ha estado a cargo de la excavación, explica que para llegar de la primera capa de sedimentos a la última, donde encontraron finalmente a los halcones, han tenido que vestirse —otra vez— de expertos cirujanos: pulso firme, rastrillo y pinceles. Primero apareció una capa de grandes barras de copal, luego varias de corales, conchas y demás organismos marinos, luego otra de caracoles Strombus, grandes como papayas, y por fin, al fondo, las dos aves de presa vestidas de oro, junto a los espinazos de varias serpientes y el esqueleto de un pequeño tiburón.

Pasar de una capa a otra, explicaba esta semana otro de los arqueólogos encargados de la excavación, Antonio Marín, es casi casi como embarcarse en una mudanza a escala micro. Todo debe ser retirado y empaquetado con el mayor de los cuidados. ¡500 años de reposo y quietud para ir ahora con prisas!

Aunque no hay piedra que carezca de interés para los arqueólogos, el nudo de esta aventura llegará en un tiempo, también el desenlace. Las ofrendas, el oro, las aves, son solo el preámbulo. La historia empezará cuando los investigadores profundicen en el Cuauhxicalco, cuando bajen un escalón en sus más de dos metros de profundidad. López Luján compara el edificio con un camembert gigante. “Estamos en el mero centro del camembert Cuauhxicalco”, dice, divertido. “Y quizás este es el lugar, pero más abajo”.

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Cómo el polvo de momia resultó ser idóneo para pintar la piel humana de forma realista

Cómo el polvo de momia resultó ser idóneo para pintar la piel humana de forma realista

SERGIO PARRA

Durante el siglo XVI, los pintores solían adquirir una sustancia oscura y macabra que les permitía pintar la piel humana en sus cuadros con más viveza que cualquier otro pigmento. Era la reducción en polvo de momias egipcias, cuyo contrabando se remonta en Occidente a los tiempos de as Cruzadas.

La llamaban “carnemonía”, por su origen tétrico, y su éxito fue aumentando a lo largo del tiempo, incluso comercializándose como fármaco para ingerir u oler, de forma parecida al tabaco.

Carnemonía

Giovanni Paolo Lomazzo, uno de los teóricos del arte más importantes del siglo XVI, sostenía que el polvo de momia molido era un excelente pigmento para pintar las sombras de la carne, quizá porque procedía de la misma carne, la de los antiguos egipcios.

Por eso no es extraño que la leyenda cuente que Tintoretto estuviera dispuesto a pagar más por un poco de este polvo que por el exclusivo lapislázuli, y que la magia de este pigmento le permitiría convertirse en un pintor inmortal.

Obtener el colo de la piel humana no es tarea fácil, tal y como explica Riccardo Falcinelli en su libro Cromorama:

Cuando se pinta una figura humana, lo más importante para construir una sombra creíble son las relaciones tonales que se instauran entre las zonas claras y las oscuras; debe parecer que los tonos oscuros retroceden y los luminosos avanzan hacia nosotros. Las sombras son básicamente un fenómento óptico que se puede obtener con cualquier pigmento que sea oscuro y terroso (…) pero están convencidos de que el preparado egipcio confiere a la pintura un mérito adicional, no visible en el cuadro, pero prodigioso.

La Libertad guiando al pueblo, la obra más famosa de Eugène Delacroix, es quizá una de las más famosas que se dice que se pintó con pigmentos de polvo de momia. La podéis ver a continuación

 Artistas Europeos Pintaron Con Momias Sus Obras Maestras 770x413

Con todo, muchos pintores han usado el marrón momia sin saber realmente que procedía de momias. Se cuenta, por ejemplo, que el escritor Rudyard Kipling charlaba con dos pintores prerrafaelitas en la década de 1980: su tío, Edward Burne Jones, y Lawrence Alma Tadema. Después que Alma Tadema informara a su colega que el marrón momia estaba hecho con momias, el horrorizado Burne Jones fue a buscar el tubo de pintura que tenía en su estudio y lo sepultó en el jardín.

Es probable que el uso de momias como pigmento derivara de un uso más inusual: como remedios. Desde los inicios de la época medieval, los europeos aplicaban e ingerían pócimas de momia para curar cualquier cosa, desde ataques epilépticos hasta padecimientos estomacales.

El uso de las momias con fines médicos fue fruto de una confusión lingüística. En la Antigüedad los persas comerciaban con betún, un líquido negro y viscoso al que se le atribuían propiedades saludables, y al que se conocía en su idioma como “mummia”. Cuando los mercaderes orientales contemplaron por vez primera la momias egipcias descubrieron con satisfacción que estaban recubiertas por betún, es decir, por “mummia”. Realmente las momias estaban revestidas con unas resinas especiales, bastante similares al betún, cuya función era mantener en buen estado la momificación.

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Las olvidadas armas biológicas de Vlad el Empalador, el verdadero Drácula, para aplastar a sus enemigos

La leyenda cuenta que disfrazó a decenas de sifilíticos con trajes turcos para que extendieran una plaga en el campamento turco de Mehmed II

Las olvidadas armas biológicas de Vlad el Empalador, el verdadero Drácula, para aplastar a sus enemigos

Manuel P. Villatoro

El Conde Drácula es un vampiro clásico en la literatura. Pocos habrá que no hayan oído hablar en alguna ocasión de la obra del escritor Bram Stoker. El personaje real que hay tras la leyenda es, sin embargo, más interesante si cabe. Vlad III, hijo del soberano del principado rumano de Valaquia, pasó a la historia como Tepes (traducido como «el empalador») por su obsesión por asesinar a sus enemigos clavándoles en una pica. Aunque era su método predilecto, tan real como eso es que -para aterrorizar a los turcos, que invadieron su reino en 1462– expuso los cadáveres de presos desollados y descompuestos frente a las tropas del sultán Mehmed II.

Su cruel imaginación le llevó también (según algunos autores) a enviar al campamento otomano a un grupo de infectados de sífilis lepra para que expandieran su mal entre el ejército enemigo.

Es difícil saber de dónde le venía a Vlad esa macabra imaginación. Aunque es probable que ese resentimiento naciera en 1442, año en el que su padre (apodado Dracul -demonio-) le envió (junto a su hermano Radu) a vivir bajo la tutela del sultán turco Murat II, entonces su aliados contra los húngaros. Con la ayuda de los musulmanes asesinó a su progenitor y logró hacerse con la poltrona de Valaquia en 1448. Pero su ambición le impidió mantenerse fiel y, poco después, se enfrentó a ellos durante más de una década. Durante ese tiempo demostró su barbarie al acabar, según se cree, con hasta 100.000 personas mediante el cruel empalamiento. Estas triste técnica le gustaba tanto que solía agasajar a los dignatarios extranjeros con grandes banquetes rodeados de cadáveres en picas.

Ataque biológico

Pero, aunque el empalamiento siempre fue el método de tortura y guerra psicológica preferido por Vlad III de Valaquia, no fue el único que puso en práctica. En las crónicas de la época (la mayoría, elaboradas después de su reinado, todo sea dicho) se afirma también que hervía a personas vivas y desollaba a cientos de sus víctimas para escarmiento público. Incluso se baraja la posibilidad de que fuera uno de los precursores de la misma guerra quimica que, a la postre, utilizarían los británicos contra los nativos americanos en el siglo XVIII e inauguraron de forma oficial los franceses -a gran escala- mediante los ataques con gas de cloro contra los búnkers enemigos en la Primera Guerra Mundial.

La presunta guerra biológica de Vlad III fue mucho más rudimentaria y se dio durante la guerra que mantuvo contra los invasores turcos en el siglo XV. Así lo afirma, al menos, el arqueólogo e investigador Matthew Beresford en una de sus primeras obras, «From Demons to Dracula: The Creation of the Modern Vampire Myth». En la misma (publicada en 2008 y replicada a la postre por otros tantos autores) se especifica que Draculea («hijo de Dracul», como también se le conocía) utilizó al pueblo valaco para tender una trampa a sus enemigos. «Usó a aquellos que estaban infectados con sífilis,tuberculosis o lepra, les vistió como otomanos y les ordenó que se internaran en los campamentos enemigos para infectarles», explica en la mencionada obra.

Las olvidadas armas biológicas de Vlad el Empalador, el verdadero Drácula, para aplastar a sus enemigos

En España, el historiador y periodista Jesús Hernández (autor del blog «¡Es la guerra!» y de una infinidad de libros sobre nuestro pasado) ha recogido también esta posibilidad en su obra «¡Es la guerra, las mejores anécdotas de la historia militar!». Según el experto, Vlad reunió a «tuberculososleprosossifilíticos y demás enfermos contagiosos que habitaban su reino», les proporcionó vestimentas turcas y «los infiltró tras las líneas enemigas» para que extendieran sus males. «Se les dijo que, por cada uno que muriese, ellos recibirían una recompensa», desvela. Aunque, para demostrar su éxito, estaban obligados a regresar con el turbante del soldado otomano fallecido.

¿Fue efectiva la treta? Según ambos expertos, es difícil saberlo. Aunque Beresford especifica que el problema de esta última técnica es que estas curiosas «bombas biológicas» deberían haber infectado a un número exagerado de soldados enemigos para que la diferencia fuese palpable. Además, si se hubiera producido un brote de una de esas enfermedades (destacando sobremanera la lepra) habría quedado constancia en los escritos por su importancia. En el caso de la sífilis la idea es todavía más extraña, ya que se puede convivir con ella años hasta que empieza a provocar problemas severos como ceguera parálisis. Aunque eso no impide que la rocambolesca idea fuese real y se llevase a cabo.

Ninguna de las referencias, eso sí, habla del año en el que se pudo producir esta mascarada. De lo que podemos estar seguros es de que una de las formas en las que se habría extendido la sífilis es mediante transmisión sexual. Así lo afirma el «Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades» en su página web: «Se puede contraer sífilis mediante el contacto directo con una llaga de sífilis durante las relaciones sexuales anales, vaginales u orales. Las llagas se pueden encontrar en el pene, la vagina, el ano, el recto o los labios y la boca. La sífilis también puede propagarse de una madre infectada a su bebé en gestación».

Mehmed II
Mehmed II

El medievalista Florin Curta (autor, entre otras tantas obras, de «Eastern Europe in the Middle Ages, 500-1300») no hizo referencia a esta posible táctica en una entrevista que trataba en profundidad la figura de Vlad en la revista especializada «Live Science». El experto sí hace referencia, por el contrario, a un episodio parecido en el que Vlad disfrazó a un grupo de sus más versados soldados como turcos para que penetraran en el campamento otomano y acabaran con la vida del sultán Mehmed II. No lo lograron, pero sí generaron un caos tal como para que los invasores se mataran entre ellos durante horas al considerar que sus compañeros eran unos traidores y habían traicionado a su líder.

En todo caso, este episodio parece una ironía. Y es que, se sospecha que el autor que creó Drácula (Bram Stoker) pudo morir aquejado de sífilis. Así lo sugirió su sobrino en una biografía sobre el escritor publicada en 1975; obra en la que explicaba que el certificado de defunción especificaba que la causa del fallecimiento pudo ser «ataxia locomotora de seis meses» (un eufemismo para no desvelar el verdadero nombre de la enfermedad de transmisión sexual a la prensa). No obstante, la verdad es que existe todavía cierta controversia en relación a las causas por las que abandonó este mundo.

Encerrado y asesinado

Vlad resistió, en primer término, la embestida turca mediante una mezcla de valor y guerra psicológica. El ejemplo más clamoroso de esta última se dio en 1462, cuando Mehmed II llegó hasta la ciudad de Targoviste en su avance hacia el corazón de Rumanía. En las cercanías de la urbe, a orillas del Danubio, se encontró con miles de estacas (las fuentes más exageradas afirman que unas 20.000) en la que había empalados otros tantos presos turcoshúngarosrumanos búlgaros. En los palos más altos había ubicado a los nobles. La visión de los cuervos comiendo la carne de los fallecidos estremeció a los invasores hasta tal punto que los cronistas dejaron constancia de la escena sin omitir detalle.

Ese mismo año, sin embargo, la aristocracia alzó hasta el poder a su hermano, Radu el Bello, como monarca de Valaquia. En ese punto comenzó una nueva guerra, ahora, contra uno de sus familiares. «En noviembre 1462, tras haber combatido contra su hermano y agotado sus recursos, fue arrestado por Matías Corvino [rey de Hungría]», explica Antonio Contreras en «De Vlad III, príncipe de Valaquia, a Vladislaus Szeklys, historia y leyenda». Pasó los siguientes años encarcelado.

Vlad Tepes
Vlad Tepes

Según Hernández, durante este tiempo no perdió su pasión por empalar, aunque lo hizo con los ratones y los pájaros que entraban en su celda. «Sin embargo, en 1475, el rey magiar consideró que, ante la amenaza turca, Vlad era más útil fuera que dentro de la prisión», añade el autor español. De esta forma, fue liberado para que se enfrentara, una vez más, a los otomanos.

Aunque logró detener, de nuevo, el avance otomano, Vlad fue traicionado en la Navidad de 1476 y asesinado, de forma presumible, por la espalda. En la actualidad se desconoce quién fue su verdugo, aunque se sospecha que habría sido enviado por el sultán. Su cuerpo sin vida fue enterrado en un convento cerca de Bucarest. «Aunque algunos lo consideran un héroe de la resistencia rumana frente a la expansión turca, de lo que no hay duda es de que, gracias a su desmedida crueldad, se ganó para siempre un lugar destacado en la historia de la infamia», añade el historiador español en su obra.

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