Carbonell culmina murales de la Corte

El pintor, reconocido por el realismo de sus creaciones, inauguró una pieza de 125 metros, plasmada en las paredes de la SCJN, con la cual finaliza un ciclo de obras monumentales en ese emblemático edificio

Carbonell culmina murales de la Corte

Modernidad y tradición histórica se mezclan en el mural Caminos de palabras y silencios, de hombres y mujeres, de recuerdos y de olvidos, realizado por el pintor Santiago Carbonell (Quito, Ecuador, 1960), el cual se inauguró ayer en la sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), en la Ciudad de México.

Se trata de una obra de 125 metros cuadrados, dividida en cuatro secciones que va más allá de un simple ejercicio de descripción o retrato, pues explica acontecimientos que entrañan significados, adelanta conocimientos, establece compromisos y exige reflexiones.

El creador de esta obra destacó que no es una fotografía histórica, se trata más bien de una obra poética donde el símbolo es lo predominante, un mural sumamente realista en cuanto al aspecto formal, no en el conceptual. “En este mural no hay ningún héroe, está dedicado a los hombres y mujeres comunes, a los olvidados, a los desconocidos, a los anónimos, a esos señores que están pegando un ladrillo sobre otro (…), a la gente que está haciendo que este país viva”, resaltó Santiago Carbonell.

La pieza no está trabajada al estilo del muralismo clásico sino en el estilo de pintura de caballete, es decir, no utilizó una brocha grande, sino que recurrió a pinceles. “Fue un reto. En un país esencialmente muralista significó un gran paso hacia delante. He descubierto nuevos lenguajes para expresarme. Esta investigación significó descubrir otro México dentro de México”.

Carbonell culmina murales de la Cortemileniodiario/cultura

¿Por qué Sudamérica no es una potencia como EEUU?

Independientemente de la situación actual, nos fijaremos en el origen de EEUU y de la Gran Colombia (lo más parecido al intento de Simón Bolívar por construir un Imperio sudamericano).

¿Por qué Sudamérica no es una potencia como EEUU?

Tras la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio de 1776, las Trece Colonias británicas (Nueva Hampshire, Massachusetts, Rhode Island, Connecticut, Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia) se segregaban de la Corona británica. En 1789 se nombró presidente a George Washigton.

El 15 de febrero de 1819, en el Congreso de Angostura, se creaba la Gran Colombia (ocupaba las actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá así como a pequeñas porciones de terreno que hoy pertenecen a Costa Rica, Perú, Brasil, Guyana y Nicaragua) independiente de la Corona española. En 1821 se nombró presidente a Simón Bolívar.

Se pueden establecer varias similitudes entres ambos sucesos: eran colonias de imperios europeos, formados por extensos y ricos territorios, los insurrectos contra la metrópoli eran colonos, los nativos apenas estaban involucrados y, además, el ideólogo de la independencia sudamericana fue el caraqueño Francisco de Miranda (me permito recomendar la lectura del libro “Los sueños de un libertador” de Fermín Goñi para conocer la vida de este gran aventurero) que había mamado y vivido la independencia de EEUU.

Entonces, qué ocurrió:

  • Los EEUU se constituyeron como un territorio único con una política común y siguieron unidos. Se atribuyen a Benjamín Franklin estas palabras: «Sí, tenemos que, de hecho, permanecer todos juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». La Gran Colombia sólo permaneció unida unos 10 años por disputas entre sus dirigentes y entre los propios territorios que la formaban.
  • La segregación racial de los colonos respecto de los nativos. En EEUU los nativos eran una minoría y no supusieron ningún problema, pero en Sudamérica su número eran mucho mayor y nunca fueron partícipes del gobierno resultante. Incluso hoy día es difícil verlos en los círculos de poder.

He puesto de ejemplo la Gran Colombia, pero la idea de Miranda y Bolívar era un Imperio que englobase a todas las colonias de la corona española.

visto en: macanadas.es

La riqueza cultural de los hispanos en EE UU

Mario Vargas Llosa estaba ayer en Nueva York, donde va a pasar un semestre en la universidad de Princeton impartiendo unas clases de literatura

Vargas Llosa hoy en Nueva York

Por eso se refirió, en un instante de la conversación que mantuvo con los periodistas, a la población hispana que actualmente reside en las ciudades de Estados Unidos. «Los hispanos que viven en Norteamérica deben ser reconocidos por lo que son, por lo que han contribuido a la riqueza de este país. Pero al mismo tiempo deben sentirse muy orgullos de la cultura que han traído con ellos. Toda esa riqueza cultural, de tradiciones, como Quevedo, Góngora, Borges, García Márquez y que tanto han promovido la imaginación y la fantasía de nuestro tiempo. Deben sentirse orgullosos de las culturas que están representando. EE UU es en la actualidad una de las naciones donde más se habla la lengua española».

El novelista remarcó, de hecho, su origen, sus raíces familiares: «Yo soy peruano. Lo que hago y lo que expreso se lo debo a mi país, donde he nacido, donde he pasado mi infancia y mi juventud. El Perú soy yo, aunque Fujimori no quería e intentó quitarme la nacionalidad. Pero España me la reconoció en ese momento y evitó que fuera un paria. Perú me ha dado las experiencias básicas. España no era mi país, pero se ha convertido en mío. Pero yo soy de Perú. Mi gente, mi familia hace cinco siglos que estamos aquí». El escritor pasó después a defender el papel que han jugado los libros a lo largo de su biografía, de su recorrido vital: «La literatura es lo que organiza mi vida, lo que le da un sentido y una orientación. Es también una forma de voz y de placer que me ha dado y que quiero ofrecer a mis lectores. La buena literatura genera ciudadanos libres». Por eso no evitó hacer una referencia al futuro. A esa nueva manera de leer que se está imponiendo poco a poco a través de la irrupción de los avances de carácter tecnológico: «Mi idea del libro es un libro de papel. Espero que las nuevas tecnologías no hagan desaparecer el libro. Todavía es muy temprano y hay que esperar. No sabemos lo que va a pasar». Debido a su estancia en Estados Unidos, se le hizo una pregunta sobre las conversaciones de diálogo que existen entre Israel y Palestina para acordar una paz definitiva en Oriente Medio. «Siempre he sido un defensor de Israel, pero también reconozco el derecho de los palestinos a tener un estado viable y, por esa razón, soy también un crítico severo de los asentamientos israelíes, que son un obstáculo en estos instantes para las negociaciones de paz».

Larazon.es/cultura

Recomendaciones

Esta entrada llevaba bastantes meses pendiente de ser escrita, pero he ido posponiéndola primero por mi escasa publicación y segundo porque el contenido de la misma se ha ido incrementando y actualizando.

Quiero recomendaros cuatro libros cuyos dueños conocí a través de sus blogs. Los dos primeros los leí durante el primer mes de viaje por Argentina, los llevé de paseo por media Sudamérica y actualmente se encuentran dentro de una maleta en Hamburgo, esperando su regreso a Barcelona. De los otros dos hablaré en otro post.

El primero es Artrópodos, de Luis Montero; quien también publica relatos híper breves en su blog 0,23.

Artrópodos es un thriller de ciencia ficción con clones, planes maquiavélicos y crisis de identidad de por medio; pero también un libro didáctico por la cantidad de curiosidades acerca del mundo artrópodo que se recogen en el mismo.

Siempre he repudiado a los insectos, pero gracias a su novela ahora miro con otros ojos a las cucarachas. Podéis leer las primeras 30 páginas aquí.

patricil leyendo artropodos en la isla de pascua mientras dos cucarachas mudan de piel

Además, Luis está a puntito de publicar su segunda novela, también de ciencia ficción: Feliz año nuevo, que estará disponible a partir del 21 de septiembre.

El segundo es Los últimos días de Clark K., de Alberto Ramos; dueño y señor de1017 cuentos, que se dice prontoElegí un mal día para empezar de fumar.

Los últimos días de Clark K. es un ensayo teatral en el que se nos plantea en principio de forma cómica y finalmente de forma trágica que Superman y Clark K. no son la misma persona y que, entre otros tejemanejes, está el de tener que compartir a Lois.

Supongo que el asunto se metió en mi subconsciente, porque una noche cualquiera en Buenos Aires se me ocurrió disfrazarme de Supergirl -en principio para ir a una fiesta, al final para hacer el subnormal en casa-. En fin, que podéis leer el primer acto de su obra aquí.

patricil haciendo el ridiculo disfrazada de supergirl proclamando los ultimos dias d clark k

Además, Alberto ha publicado ya su segundo libro, That certain thing (Cómo se corta el jamón). Los títulos de películas peor traducidos en España.

Como curiosidad quiero apuntar que Montero y Ramos provienen del mundo de la publicidad. Es sólo un dato gratuito. Una pequeña coincidencia.

Continuará…

http://www.teoriasdelabsurdo.com/

Reflexiones pospatrióticas 4. Doscientos años después

Reflexiones pospatrióticas 4. Doscientos años después

Quien mira hacia el México de 1810 o hacia la Revolución de 1910, mira hacia un país en casi todos los aspectos inferior al que ayer celebró los 200 años de su Grito de Independencia.

Llamar mexicanos a los habitantes de la Nueva España es una licencia de lenguaje. México no era entonces sino el nombre de un país posible en busca de su forma. El país de 1810 era un gigante territorial y un enano cultural y demográfico: una aglomeración de etnias monolingües, con una minoría rectora hispanohablante.

México tiene hoy el mismo territorio que en 1910, cuando celebró el primer centenario de su Independencia. Pero su tamaño humano y su intimidad cultural son muy distintos.

Veamos el tamaño humano. En 1910 México tenía 15 millones de habitantes. Estados Unidos, 92 millones. México era la séptima parte de nuestro vecino del norte.

México tiene hoy 110 millones de habitantes. EU, 309. La población estadunidense ya no es siete sino sólo tres veces mayor que la de México.

Veamos la intimidad cultural. De los 15 millones de habitantes que México tenía en 1910, unos 7 millones eran analfabetos y unos 6 millones indígenas monolingües. Había una lengua dominante, el español, pero no una lengua común. El país de 1910 era todavía una asamblea de naciones: un territorio de Babel.

México es hoy una nación de 110 millones de habitantes, la inmensa mayoría de los cuales son alfabetos y hablan español. Este rasgo de cohesión cultural no había existido antes en su historia.

Lo que quiero decir es que los mexicanos habitamos hoy un país enorme, al que seguimos pensando, con cabeza chica, como un país débil, pobre, heroico para consumo propio, condenado al fracaso político y al laberinto de la ilegalidad.

Pensamos con la cabeza de un país-ajolote en el cuerpo de un país-ballena. El cuerpo acabará imponiéndose sobre nuestra cabeza a caballo de su extraordinaria vitalidad.

La vitalidad del pueblo de México tiene que ver con su juventud y con los buenos impulsos de su naturaleza. La naturaleza de los pueblos no existe, es una historia.

Algún historiador nos explicará alguna vez por qué el pueblo de México, que en nuestra cabeza de ajolote no tiene sino penas que penar, en su vida diaria es tan llana y vivamente trabajador, tan dispuesto a progresar a cualquier precio, y a pagar cualquier precio para progresar.

México es mejor que su pasado en todos los aspectos, salvo en la opinión que tiene de sí mismo… y en sus desfiles. (¡Ohhhh!)

Hector Aguilar Camín

Reflexiones pospatrióticas 3. Este país

Reflexiones pospatrióticas 3. Este país

Me gusta más el país que tenemos que el país de la Independencia que he visitado en los libros. Y desde luego me gusta más el cura Hidalgo que inventamos y recordamos que el cura Hidalgo de carne y hueso que desbarató Guanajuato.

Los costos de las guerras de independencia hispanoamericanas hicieron decir a Bolívar: “Hemos ganado la independencia a costa de todo lo demás”.

Tenía razón Bolívar. Lo mejor de todo eso es que está en el pasado y no hay que volverlo a hacer.

Se trata de un pasado extraordinario para el historiador, para el novelista, para el filósofo moral, para el simple observador de las costumbres. Pero el México de la guerra por la independencia no es el mejor país para vivir, para haber vivido.

Una gran cosa de la historia mexicana es que el país se ha ido alejando todo lo que ha podido de sus gestas catastróficas. No ha podido mucho, pero algo.

Tuvo dos gestas caras en el siglo XIX: la independencia y la reforma. Tuvo una gesta y media en el XX: la revolución de 1910 y la cristera. Padece una balacera criminal de no muy grandes dimensiones históricas, en lo que va del siglo XXI.

Qué bueno. Nada importante debe el país a su violencia, incluso cuando ha sido libertaria. Todo lo digno de habitar que tiene lo ha construido en la paz, incluso cuando ha sido una paz poco democrática.

Si los dos pensadores mayores del siglo XIX, Lucas Alamán y José María Luis Mora, fueran traídos por una máquina del tiempo al México de hoy, no darían crédito a las bendiciones comparativas que verían sus ojos.

Mora, quien murió en el exilio sin haber visto ni el primer atisbo del país de propietarios industriosos y autónomos que soñó, caería de hinojos ya no digamos ante la red de grandes empresas mexicanas, sino ante el espíritu emprendedor y el olfato mercachifle que puede pizcarse al vuelo en el más modesto comercio ambulante.

Alamán, que temió en el prólogo de su gran Historia, publicada en 1849, la desaparición de la nación, apenas podría creer que se mantuvo intacta territorialmente y llegó a poblarse hasta la bandera.

El México de 2010 es un país mejor que su pasado, pese al mal humor del momento. ¿Mejor en relación con qué? Mejor en relación con volverse un país “civilizado” o “desarrollado” o “moderno”.

Es decir, el sueño de un país próspero, equitativo y democrático. Háganle como quieran: estamos más cerca de eso hoy que hace 200 años.

El mejor país que ha sido México es éste. Y el mejor México que podemos tener es el que sigue de éste, el que nos espera adelante.

Hector Aguilar Camín

El primer grito de Independencia fue de una mujer: Tecuichpo

El primer grito de Independencia fue de una mujer: Tecuichpo

Unos 260 años antes de que Hidalgo diera el Grito de Independencia, una mujer inicia la emancipación de los indios y llama a la abolición de la esclavitud el 11 de julio de 1550. Es Tecuichpo Ichcaxóchitl, la última princesa mexica, Señora de Anáhuac, hija de Moctezuma II y esposa de Cuauhtémoc.

Tecuichpo nace del tlatoani y de su esposa Tezalco (hija del rey de Azcapotzalco) y a ella preparaban para gobernar el imperio azteca cuando llegaron los españoles. Todavía niña la casan con Cuitláhuac, y al morir éste, con Cuauhtémoc. Cuando Moctezuma se entrevista con Cortés y funge Malitzin como traductora, muchas palabras en náhuatl no tienen equivalente literal al español y al mencionar el emperador su gran “tesoro” se refiere a Tecuichpo, pero el conquistador obsesionado piensa que se trata de oro. Viuda, queda en manos de Cortés, quien la bautiza “Isabel”. Del abuso nace Leonor; después la ofrece a Alonso de Grado, luego a Pedro Gallego de Andrade y cuando éste muere, la casa con Juan Cano de Saavedra, un adinerado español de Cáceres, con quien, según testimonios orales y escritos, vive feliz y procrea cinco hijos.

Fundadora del hospital de San Juan de Dios (hoy museo Franz Mayer) donde daba asilo a los indios, a Tecuichpo se le cita en múltiples fuentes documentales —Bernal Díaz del Castillo, entre otros— por su belleza, su bondad y su inteligencia como mediadora que “puso término a muchas dificultades entre españoles e indios”, según Artemio de Valle Arizpe.

Su testamento, cuyo original se encontró en 1996 en el Archivo General de la Nación, dice: Quiero y mando, y es mi voluntad, que todos los esclavos, indios e indias naturales de esta tierra, que el dicho Juan Cano mi marido e yo tenemos por nuestros propios, por la parte que a mí me toca sean libres de todos servicios, servidumbre y cautiverios, e como personas libres hagan de sí su voluntad, porque yo no los tengo como esclavos, y en caso de que lo sean, quiero y mando que sean libres.

Cuatro siglos y medio después, cuenta la historia su descendiente, Blanca Barragán Moctezuma, quien heredó de su abuela Esperanza Carrillo de Albornoz Cano Moctezuma “el secreto” que oralmente se transmitió de generación en generación. Tras 15 años de investigación publicará un libro sobre la historia de Tecuichpo: “La abuela del mestizaje”.

La Independencia de México tuvo su origen en una idea. Que la gran gesta que necesita México se genere a partir, no de violencia, ni de la ambición de poder, sino de las ideas como fuente de transformación.

Adriana Malvido/mileniodiario

1810-1910-2010, los supersticiosos tuvieron razón

1810-1910-2010, los supersticiosos tuvieron razón

¿Cómo se describirá en 30, 40 años al 2010 mexicano? Es probable que la primera referencia tenga que ver con el momento más agudo de una guerra civil entre el Estado y bandas criminales pulverizadas (que a su vez se mataban entre sí) con una capacidad de fuego, multiplicación y brutalidad que llenaba de horror, dolor y miedo a más de 100 millones de habitantes y descomponía a México todo.

Para los historiadores y sociólogos, el 2010 podría ser el año con más mexicanos ejecutados a manos de mexicanos en cerca de un siglo. El año emblema de una carnicería, etiquetada como “guerra contra el crimen organizado”, que en menos de una década podría cobrarse 100 mil vidas.

Detesto decirlo, pero los supersticiosos que jugaban con la carambola violenta 1810-1910-2010 terminan teniendo de alguna manera la razón. Los festejos del Centenario y el Bicentenario ocurren en medio de una guerra modelo siglo XXI.

Porque, qué otra cosa es una guerra sino rompimiento de la paz, lucha armada entre bandos, ataques sin intermisión, sangre, víctimas inocentes, viudas y huérfanos, economías despedazadas, proyectos cancelados, exilio, tensión extrema.

El frente de batalla puede estar en Tamaulipas, los límites entre Durango y Coahuila, Juárez, Nuevo León, pero los coletazos se sienten en prácticamente toda la República y tienen sumidos a los mexicanos en lo que ayer, aquí, León Krauze caracterizó como un “nihilismo desorientado y depresivo”.

Sabemos quiénes terminaron imponiéndose en las guerras que comenzaron en 1810 y 1910. Ojalá los historiadores y sociólogos den cuenta del absoluto triunfo del Estado mexicano sobre las bandas criminales del 2010. Victoria que hoy se ve más difícil que la del Monte de las Cruces o la toma de Zacatecas.

Ciro Gomez Leyva

Reflexiones pospatrióticas 2. Los costos del cura

Reflexiones pospatrióticas 2. Los costos del cura
El Plan de Iguala logró unificar a toda la oligarquía criolla

En los cálculos de Coatsworth, un extraordinario historiador económico, la guerra de Independencia le costó a México una caída de su ingreso per cápita de los 40 dólares que tenía en 1800 a 27 en 1825 (“La independencia que no fue”, Nexos, septiembre 2002).

La mayor parte de ese costo es atribuible al cura que celebramos en estos días como Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, y a sus émulos y sucesores.

A las hazañas insurgentes debemos no la independencia del país, pues esa se obtuvo hasta 1821, sino algunos de los años de mayor violencia y destrucción de nuestra historia, todo lo que llamamos “guerra de Independencia”.

Resume el historiador Carlos Herrejón:

Las tropas y tropeles en pugna, así como la zozobra aparejada, fracturaron los circuitos comerciales. Esto conllevó al quebranto del sistema de crédito, carestía y falta de numerario.

La producción de oro y plata que en 1810 llegaba a poco más de 19 millones de pesos, apenas logró cuatro millones 400 mil pesos en 1812 […].

La agricultura también se vino abajo, no sólo por razones análogas a las de la minería, sino en no pocos casos por el saqueo de haciendas. Un indicio fue la estrepitosa caída del diezmo en los principales obispados.

En cuanto a la manufactura, el cierre de obrajes fue significativo, como en Querétaro, donde funcionaban 19 en 1810, mientras que en 1812 apenas había cuatro.

Junto con todo esto, aparecía el grave deterioro en que fue quedando la red caminera, que incluía las arterias Veracruz-México, Acapulco-México, México el Bajío-Guadalajara y Zacatecas, y que aparte fue objeto de constantes asaltos.

Finalmente, la guerra implicó rapiña, donativos y préstamos forzosos a particulares y corporaciones, de tal manera que el país acabó descapitalizado [Carlos Herrejón. “Los costos de la patria”, Nexos. Septiembre, 2010 (nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=265398)].

La independencia de México no se “consumó” en 1821. Se obtuvo, lisa y llanamente, mediante un acuerdo pragmático y poco heroico, el Plan de Iguala, quizá el documento político más eficaz de nuestra historia.

El Plan de Iguala ofreció algo a todos los sectores e intereses de la Nueva España y obtuvo de todos una adhesión voluntaria. La política pactadora, no la guerra heroica, le dio la independencia a la nación.

Pero los insurgentes incendiarios son nuestros héroes y el político pragmático que pactó la Independencia, uno de nuestros villanos. El país ha necesitado desde entonces más planes de Iguala y menos patriotas insurgentes.

Hector Aguilar Camín/mileniodiario