Lo visible y lo invisible

El último poema de Ernesto Cardenal, escrito enero de 2020, será publicado en su libro póstumo “En el camino de Emaús, poemas de resurrección”

Otra vez en mi poesía los números pavorosos

el abismo que pasmó a Pascal

galaxias y galaxias en todas direcciones

muchas tan lejos que no se ven con telescopio

100.000.000. ó 10.000.000.000 estrellas

nuestra Vía Láctea 200 billones de ellas

la más cercana a mil años luz

Si la galaxia fuera del tamaño de Austria

la otra más cerca sería Australia

así son las distancias

Millones de galaxias y billones de estrellas

alejándose a pesar de la gravedad

Mi mayor error dijo Einstein

 

Universo lleno de galaxias

galaxias llenas de estrellas

y estrellas con planetas

y en un planeta nosotros

(nada de esto existía)

 

Como una isla en el espacio cada galaxia

El Sol estrella ordinaria

de entre una multitud de estrellas

de una galaxia ordinaria

entre una multitud de galaxias ordinarias

 

Donde hay estrellas hay planetas

con animales galácticos en evolución

Dondequiera estrellas de remotos pasados

Y civilizaciones no todas al mismo tiempo

(¿qué nos dirán de Dios?)

Tal vez alguien en algún sitio

queriendo comunicarse con nosotros

 

El Big Bang:

Cuando fue de un milímetro de ancho…

Y un instante después de un kilómetro

bola de fuego enfriándose a la velocidad del rayo

Después seres sin vida tuvieron vida

El gran salto de inerte a vivo

Nadie imaginó nunca que hubiera microbios

 

La religión del futuro es la evolución

En un mundo en evolución

es más fácil creer que hay Más Allá:

un mundo no definitivo sino creación constante

 

La evolución no termina y no somos el pináculo

sin llegar aún al fin de la historia

 

Después de todo ¿qué es la realidad?

el universo no existe fuera de nosotros

los colores que vemos están en nuestro cráneo

tus manos que tocan están en tu mente

Y la probabilidad es parte de la realidad

Realidad que se oculta al niño

“Tu papá no vino porque está de viaje”

 

Creemos que miramos a las cosas

que miramos en telescopio

y no es así

Si miramos afuera un negro profundo

al centro muchísimas estrellas

 

Más de un millón de sistemas planetarios

con más de un millón de años luz entre ellos

no sabiendo si hay distancias mayores

porque los telescopios no alcanzan más

Se creía que era todo el universo

lo que era sólo nuestra galaxias

La borrosa nébula Andrómeda resultó galaxia

 

Del tenue gas interestelar nació todo

y surgió todo de pronto en un solo punto

No un evento del tiempo

sino que de allí nació el tiempo

No hay nada separado de todo eso

“Aparente separación” dice la física

la separación de los cuerpos no es real

 

Un error que estamos separados del cosmos

De noche miro las estrellas

toda la luz viene de ellas

la luz que emiten sobre todo lo visible

y los ojos evolucionaron para verla

Dios quería que su creación se viera

 

La belleza del universo nos refleja a Dios

y fue creado por él para unirse con nosotros

 

Infinito casi en todas direcciones

todo lo grande que se podía sin ser infinito

islas de universos separadas de nosotros

con estrellas tan lejanas que no se ven

 

La nueva matemática:

Uno más uno no es dos

sino uno

La salvación no es de uno sino de todos juntos

concluida la creación

El mundo imperfecto porque se está haciendo

El inventor de la rueda también es Dios

Un restaurante es sacramento y un taxi tiene una función

pero nos quiere despreocupados como los pájaros

 

Este mundo no tiene sentido si no hay otro

Vida después de la muerte

de Abraham etc.

(Jesús a los Saduceos)

Dios de vivos y no de muertos

“Soy” –no “Fui”

y dijo el campesino de Solentiname:

“La gran noticia de que los muertos están vivos”

Ante la inevitable muerte ¿no

es necesaria la inmortalidad?

somos seres espirituales en un cuerpo material

cuerpo material con conciencia inmaterial

no somos el final ni la meta de la evolución

 

De seres microscópicos procedemos

De la ameba a nosotros una sola historia

Extraterrestres no están en la Biblia

Pero su encuentro nos acercaría a Dios

Carbón y agua basta para la vida

y podrá haber vida dondequiera

La vida engendró vida

¿Qué produjo la primera vida?

 

No descendemos del mono

monos y nosotros descendemos juntos

Como fetos fuimos peces reptiles y monitos

El ave en el aire

el pez en el agua

el homo en su cueva

con el mamut en todo su esplendor

pintado a la luz de las antorchas

las paredes revestidas de diseños y de sueños

y fue entonces cuando cuatro niños entraron jugando

 

Nacidos del mismo antepasado

sin poder vivir en común

fuimos especies diferentes

 

Unos animales se hicieron inteligentes

con su inteligencia llegaron a Dios

Unos son mejores que otros

y sobreviven a los otros

y así se multiplicaron las especies

Otros sin ningún cambio

siguieron unicelulares

Los cambios eran sólo por error

nadie quería errar (evolucionar)

Sólo pocos cambios eran buenos

los demás sirvieron de alimento

Unos quedaron insectos

otros fueron ballenas

 

Unos seres son seres vivos

otros no lo fueron

Más apto no es más atlético

El mayor invento fue la célula

y unas se hicieron grandes organismos

las aletas siendo después brazos y piernas

 

Un día la Tierra no fue sólo selva

Hubo sabana y se bajó de los árboles

las hierbas los hicieron erectos

Algunos irguiéndose más seguido

con manos libres fabricaron cosas

como órganos fuera del cuerpo

Para fabricar pensaron

lo que no pueden los animales

y fueron humanos

La piedra no se labra sin imaginación

labrarla es tener conciencia

y también se labra por las fieras

Una buena punta de flecha

Un solo sílice muchos utensilios

(parte de la condición humana los utensilios)

Y la madera más suave que la piedra

 

Millones de años luz separan las galaxias

el espacio expandiéndose no las galaxias

viéndolas nosotros como si fueranos el centro

galaxias y galaxias y grupos de galaxias

con planetas como el nuestro o muy diferentes

Y extraños extraterrestres no los de Hollywood

que son como nosotros

 

Y es sólo una partecita lo que vemos

motita de una estrella cualquiera

entre cinco millones de galaxias

cosmos tan grande que no podemos imaginarlo

y nosotros improbables en él

Mutaciones al azar no lo explican

ni el que todo naciera de una explosión

inmensidad tan grande para que hubiera vida

o porque ese es el tamaño de su amor

 

La gran inmensidad un punto pequeñísimo

De una nada vacía nació todo

Si las galaxias se alejan estuvieron juntas

Cuando el universo era menor que un átomo…

 

¡Tantas coincidencias para que hubiera vida!

¿Y la vida son meras coincidencias?

El universo nos produce atracción y terror

pudiendo ver sólo el observable

Incomprensible que sean comprensibles

dijo Einstein

 

La primera tecnología fue el fuego

El invento del fuego los alegró

Separándolos más de los animales

Haciéndolos un animal social

el fuego fue la primera unión

y con el fuego el primer lenguaje

la maravilla de poder hablar

sentados juntos hablaron mejor

Lenguaje también para hablar con Dios

Opinion – Confidencial

Fellini de los prodigios

Selma Dell’Olio rescata en ‘Fellini de los espíritus’ la obsesión por lo misterioso de este genial cineasta, que buscó entre cartas de tarot, sesiones de espiritismo y experimentos con LSD, intentando desvelar el enigma de la vida.

Fellini de los prodigios
Una escena animada de ‘Fellini de los espíritus’.  A CONTRACORRIENTE FILMS

BEGOÑA PIÑA

Al inmenso Federico Fellini la realidad se le quedaba muy corta. Insípida, minúscula, estaba a la vista de todos. Al mago de Rímini nunca le bastó. Era lo otro, lo misterioso, las ensoñaciones, lo indescifrable, lo que excitaba su exuberante ingenio. Locamente enamorado de la vida, husmeó y rastreó el enigma de ésta entre cartas de tarot, sesiones de espiritismo, reuniones con videntes y experimentos con LSD. El día que arqueó violentamente la espalda hacia atrás sintiéndose poseído por quién sabe qué, Giuletta Masina decidió que hasta ahí había llegado la broma.

“Hablaba de sus viajes astrales como de cualquier otro viaje”, recuerda la legendaria productora María Cicogna, en uno de los testimonios que se reúnen en Fellini de los espíritus, la película de Selma Dell’Olio. Estrenado en Italia hace solo unos meses, en el año del centenario del cineasta, el filme llega ahora a España a bordo del tren en el que partió Moraldo, que se despidió de Guido –”Addio, Guido…”– con la voz del propio cineasta, sustituyendo en esos segundos a la del actor Franco Interlenghi (Los inútiles, 1953).

Santos con los que bailar

Ese tren en blanco y negro y el recuerdo del histórico funeral que le dedicó Italia arrancan este ‘otro’ viaje de Fellini, explorador del universo de lo oculto. “Sus fábulas, siempre nuevas y desbordantes de frescura, eran más reales que cualquier fotografía de la realidad”, dijo en la homilía aquel día el cardenal Achille Silvestrini, uno de los supuestos representantes en la Tierra de ese otro arcano, Dios, indescifrable para el artista.

“Un católico italiano como Fellini tiene todo un panteón de santos y de milagros con los que bailar”, dice Terry Gilliam en la película, en la que se recogen las palabras del propio cineasta confesando: “Ahora no sé lo que hay más allá, pero sé que hay algo”. Una convicción a la que le llevó Gustavo Rol, un personaje singular que influyó poderosamente en él con sus supuestas proezas milagrosas o paranormales, fenómenos que incendiaban el entusiasmo del genio de Rímini.

Sobre todo, sus sueños

El viaje, clave en la vida y la obra de Fellini; Giuletta Masina -a la que llamaba hasta quince veces al día-, la Iglesia –con la que tuvo sus más y sus menos, sobre todo con La dolve vita, el libro del I Ching, el psicoanálisis de Jung, sus sesiones con Erns Bernhard, los encuentros con el mencionado Gutavo Rol… y sus sueños, sobre todo sus sueños, y la música de Nino Rota dibujan el mapa de esta aventura.

“Yo creo que en su Libro de los sueños está una de las claves esenciales para conocer el arte de un genio como Fellini”, sentencia su amigo, el periodista, escritor e ilustrador Vincenzo Mollica. Un código felliniano que destilaba una humanidad descomunal, un talento único y una energía portentosa y que se adivina en ese libro, esos cuadernos en los que el maestro anotaba y dibujaba sus sueños al despertar y que se recogieron en dos volúmenes, en una edición obra de Rizzoli RCS en 2007

Fellini
El director italiano Federico Fellini.  ARCHIVO

Todas las voces

“Todas mis películas hablan de un viaje, un viaje real o soñado”, asegura Fellini en una entrevista recogida en esta película, en la que se subraya el deseo irrefrenable del cineasta a emprender siempre un nuevo viaje. No una huida de Italia –”Cuando estoy fuera, no entiendo nada”–, sino una aventura hacia esos universos desconocidos y apasionantes. En uno de sus rodajes, el artista de Rímini pasaba cada día por delante de la Plaza de San Pedro y, cada día, se detenía, observaba y especulaba con “todas las voces que han pasado por esta plaza, todo el misterio que encierra”.

Fellini de los espíritus solo se aproxima un poco a la figura inabarcable de este genio, pero desde las imágenes de sus películas, desde los recuerdos de sus amigos y colaboradores, y, por supuesto, desde fragmentos de sus propias declaraciones en entrevistas y encuentros públicos se contagia cierta vitalidad ansiosa por visitar otra vez todo su cine.

Fellini
Federico Fellini con Giulietta Masina.  ARCHIVO

Funerales de Estado

Federico Fellini “se rindió a la muerte”, como dice una de sus amigas en la película, el 31 de octubre de 1993. La Italia de Fellini le dedicó funerales de Estado. A la basílica de Santa Maria degli Angeli, construida sobre las ruinas de las termas de Diocleciano, acudieron el presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro; el del Senado, Giovanni Spadolini; el de la Cámara, Giorgio Napolitano… los romanos invadieron las calles… Y Roberto Benigni, seguramente, ese día volvió a preguntarse, como había hecho tres años antes en el cementerio de La voz de la luna y ante la mirada del maestro: “¿No podemos volver a encontrarnos?”.

Cinco meses después, una mujer que estaba ingresada en la clínica Columbus de Roma, donde pasó sus últimos días Giuletta Masina, le contó a ésta que había tenido un sueño. Federico Fellini había vuelto a buscar a su adorada Giuletta con un bebé en brazos (la pareja tuvo un hijo que murió al mes de nacer). Entonces ella se embarcó en ese ‘sueño’ con los espíritus de Fellini. Y volvieron a encontrarse.

https://www.publico.es/culturas

[Traducciones] Poemas de Ron Padgett [vers. de Sergio Arturo Ariza]

[Traducciones] Poemas de Ron Padgett [vers. de Sergio Arturo Ariza]

Foto: © Michelle V. Agins/The New York Times

Ron Padgett (Tulsa, 1942) es un poeta, ensayista y traductor estadounidense. Ha publicado varios libros, dictado talleres, y en el 2016 escribió poemas originales para la película Paterson, de Jim Jarmusch. Ninguno de los siguientes poemas figura en la película.

Los poemas Butterfly Strawberries in Mexico pertenecen al libro Collected Poems (2013); Rialto, a How to Be Perfect (2007), y Grasshopper, How Long (2011).

Selección y traducción de Sergio Arturo Ariza


Mariposa

Chaung Tzu escribió sobre el hombre
que soñó haber sido una mariposa
y al despertar
no supo si entonces era
una mariposa que soñaba ser un hombre.

Amo esta idea
aunque dudo que Chaung Tzu
en verdad creyera que un hombre pudiese pensar
que es una mariposa,

pues una cosa es despertar
de un sueño en la noche
y otra pasarse la vida
soñando que se es un hombre.

Me he pasado la vida
pensando que era un niño, luego un hombre,
también una persona y un americano
y una entidad física y un espíritu
y quizá un poco mariposa.
Quizá debería ser más mariposa,

es decir, irrumpir en una alcoba
con ojos saltones y batiendo mis inmensas alas
cubriendo con una polvareda asfixiante
a gente que grita y se muere,

o casi. Porque así los rescataría
con la música celestial de mi belleza
y mi ser absolutamente inofensivo,
mi etéreo desdén por lo que son.

Rialto

Cuando mamá dijo «vayamos al Rialto»
no pensé que el nombre Rialto

fuera extraño o lejano o que significara otra cosa
más que Rialto el teatro de mi pueblo

como el Orpheum, cuyo nombre era solo un fonema
sin rastro del dios de la Poesía, aunque

luego aprendí sobre él y sobre el puente
y entendí que los dioses y los puentes vuelan sin ser vistos

a través del océano y cambian sus formas y desembarcan
en el pueblo y allí se quedan a vivir

hasta que es tiempo de volar y empezar de nuevo
como un fonema perfectamente limpio en la mente

del inocente y del libre
en su camino al Ritz.

Saltamontes

Es gracioso cuando la mente piensa en la psique,
como si un saltamontes pudiese considerar un helicóptero.

Es mala idea dormirse
mientras se vuela un helicóptero:

cuando despiertas, el helicóptero no está
y tú tampoco, abandonado en un sueño,

y no hay cómo alcanzarlos,
porque alcanzar no figura

en el esquema de las cosas. Eres
quien eres, ahora mismo,

y tan aterrada está la mente que cierra sus ojos
y entonces olvida que tiene ojos

y el saltamontes, el que cree
que eres un helicóptero, ¡salta sobre tu espalda!

Es un valiente pequeño saltamontes
que nunca duerme

pues el poema que escribe es el hecho
de estar siempre despierto, mejor que cualquier cosa

que puedas escribir o hacer.
Después se aleja.

Fresas en México

En la calle 14 con avenida Primera
Hay un banco y en el banco la cajera más guapa de la historia
Junto con ella lo mejor de hoy
Es el hoy mismo
A través del cual subo
A comprar libros

Flotan bajo un cielo más azul
Las muchachas clase alta
Todas calladas, consentidas
La suma de todo cuanto es terrible en las mujeres
Y mucho de lo mejor

Y los ancianos pasan cargando paquetitos
En un trance
Tan ricos que ni ellos pueden creérselo

Para ellos también parece ser un día un tanto patriótico
Ya ves, las chimeneas Con Ed son tan hermosas
Como lo es Queens
Y los caballos: desde una distancia agradable

O un bandada de pavos
Rellenos tras una ventana impecable
Dos días y estarán sudando en hornos
Pensando «¿cómo terminé en este lío?»

Luz que se vierte sobre edificios lejanos

Aquí arriba cuando alguien grita «¡Oye!»
Sabes que no te van a matar en la calle
Le están gritando a un amigo suyo llamado Oye
John David Oye, quizás

Y la basura sale
En grandes bolsas blancas y repletas amarradas por la punta
Incluso con ellas sale la gente
Ahora algunos están esperando
En la parada del bus (a un bus que no existe)
¡Y yo creí que eran basura!
¡Es tan bonito!

Si eres moderno o te falta clase
Puedes divertirte
Entrando a un anticuario refinado
Para que el viejo y majestuoso snob del escritorio pregunte
En la eternidad
«¿Para dónde va?»
Y puedas responder «arriba»

Me agradan estos güevoncitos
Si tienes un mechón de más en la brisa
Se les saltan los ojos
Y retroceden
Como diciendo «ese tipo es un grande… ¡Genial!»
Es cierto

Pero no están en mis zapatos
Frente a un Duboffet un circo que alumbra a través
De una ventana en un brillante edificio todo amarillo
La ventana es mi ojo
Y Frank O’Hara es el edificio
He estado como un loco pensándolo todo el día
(Cualquiera que conozca su poesía lo habrá notado)
Y en cómo la avenida Madison en verdad
Se dirige al Cielo
Y voltea y regresa, desilusionada

Porque aquí arriba puedes mirar por encima del conserje
O tenerle lástima

Y rentar un Bentley color de nube y
¡La arquitectura es tan maravillosa!
¿Por qué no me fijo en ella más seguido?
Y las chicas y los chicos pero en especial las chicas
Se van alejando de la escuela
En lana azul y blanca
Envuelta en piel

¿Son francesas? ¡Están hablando en francés!
Y no están buscando cosas que lanzar
Faldas deslizándose por las piernas de muchachas que no pueden evitar sonreír
Debajo de hermosos ojos pardos americanos
Al mundo entero
El cual incluye a sus amigas las ordinarias
¡Hasta me sonrió, a mí!
Tengo tanto chance de cogérmela como la muchacha del banco
Pero sigo caminando, soy un dios aterrador

Obsceno
La barba de un día
Y carajo en verdad olvidé cepillarme los dientes esta mañana
Se están tornando rojos de vergüenza
O acaso es sangre
He estado tomando —pedí un café negro—
Señorita

Y entonces un policía negro entra
Desabotonando su uniforme en el dispensador de gaseosa tibia
Mientras paso la lana sobre mis dientes
Y miro inocentemente los libros que compré
Un libro con un dibujo
De Apollinaire llamado Les Fraises au Mexique
Fresas en México

Pero cuando abro el libro en esa página
Tan solo es un cielo muy azul lo que veo

Jámpster (jampster.cl)

Marie Antoinette, la metamorfosis

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AVELINA LÉSPER

Difamada, odiada, condenada por la corte de Versalles y después por la Revolución, Marie-Antoinette impuso su elegancia y estilo de vivir, en medio de la corte más exigente de Europa. En la Conciergerie de Paris expusieron Marie-Antoinette, Metamorphoses d’une Image, se pueden ver los videos online con el recorrido. En la Conciergerie fue prisionera, antes de ser decapitada por la furia de los revolucionarios, es el sitio para valorar su historia, y la tragedia de su destino. Casada a los 14 años con el Delfín de Francia, fue una paria dentro de su palacio, convertida en reina a los 19 años, por la muerte de Luis XV, se enfrentó a la jauría de una corte que tenía entre sus más serias ocupaciones intrigar y fornicar. Su decisión de no rendirse, de enseñarles a los franceses que podía ser más elegante que ellos, al grado de ser imitada y envidiada, la arrastró al abismo, a la guillotina. En la exposición hay objetos que sobrevivieron al saqueo de la turba: un muestrario de telas y sedas, un libro, sus guantes, algunos zapatos. El testimonio de su estilo está en sus retratos, realizados por Elisabeth Vigée Lebrun, obras maestras del Barroco, las telas, la textura de la seda y terciopelo, idealizada en un vestuario que fue su barrera entre su vida y la realidad. El fetichismo que provoca es el juicio paralelo al de la Revolución, condenada por traición y despilfarro, al que atribuían la pobreza medieval de Francia. Comprar vestidos y sombreros, remodelar el Palacio de Versalles, hacer fiestas, dar regalos a sus amigas, ella encarnó la responsabilidad de una crisis, que en realidad, fue culpa de su esposo. Luis XVI era un estúpido, pusilánime, pésimo administrador y sin capacidad de gobernar, marido apático, cruel. Los matrimonios reales son un trabajo, no historias de amor, Marie-Antoinette lo sabía, como lo sabía Lady Diana, la diferencia es que ella no se hizo la víctima como Diana, y mantuvo su dignidad, hasta en el altar ciudadano de la guillotina. Diana explotó el chantaje mediático, lloró en televisión, declaró lo fatal que era convivir con una familia, que funciona como un corporativo. Marie-Antoinette se empeñó en ser reina, fue mecenas del arte, en Versalles montó óperas, obras de teatro y conciertos. Los rumores de su promiscuidad, esparcidos por la corte, fueron argumento de los revolucionarios, lo periódicos los publicaron, “la perra austriaca”. Sin  posibilidad de perdón, su error fue nunca intuir que cada decisión suya, afilaba la cuchilla del verdugo. Marie-Antoinette es una tragedia y Lady Diana una telenovela. La exposición muestra su metamorfosis en fetiche de la cultura popular, y en realidad la metamorfosis es de la sociedad: una mujer asesinada por su elegancia, hoy es venerada por esa elegancia. La Revolución acabó con el absolutismo, con el origen divino de los reyes, proclamó los Derechos Humanos, y en el instante en que la guillotina cercenaba la cabeza de una mujer de 38 años, ella renació como el símbolo de la estética del efímero paraíso de la evasión.

https://www.milenio.com/opinion/avelina-lesper

¿Por qué deambulas por las librerías sin rumbo?

¿Por qué deambulas por las librerías sin rumbo?

Hay libros que se publican y que nadie nunca lee. El  escritor argentino Christian Vázquez reflexionaba en “La biblioteca de los libros no leídos” sobre algo estremecedor y cotidiano. Desasosegante como un cuadro que nunca nadie viera, como una partitura que nunca nadie escuchara. Pero que está ahí, al alcance de los dedos. Letras, palabras, frases, párrafos encerrados en un Lager donde encierran con categorías por debajo de la  indiferencia (¿No es acaso mejor que lo condene Torquemada, que lo manden quemar los entorchados, que lo señalen por impío los cónsules y senadores?):

“Su primer libro –decía- se publica gracias a su amistad con el editor, el cual, bien sea por olfato o por falta de tiempo, solo hojea el manuscrito y luego lo entrega al corrector de estilo de la editorial, que no lo lee, sino que lo corrige, que es distinto. El libro, una vez publicado, da lugar a entrevistas hechas por periodistas que han leído solo la contraportada, cosa bastante común, y es reseñado brevemente por reseñistas que también solo han leído la contraportada. Se vende poco, pero no menos que otros. Los pocos compradores leen la contraportada y luego olvidan el libro en una repisa de la librería, como ocurre a menudo”.

En el mundo académico es aún más cruel. Los artículos que se publican en las revistas que permiten prosperar en la carrera, no los lee nunca nadie. Nadie. Incluso cuando son los más citados. Escribir y leer pueden tener caminos diferentes.

Los buenos lectores deambulan por las librerías de viejo -o de nuevo- esperando que el azar reduzca con un golpe de suerte la incapacidad de dar cuenta de todo.

Leer como una conjuro para ahuyentar la muerte. Todos los grandes escritores fantasean sobre bibliotecas infinitas, con laberintos que se pierden en otros laberintos, cámaras que llevan a pasillos que terminan en escaleras que suben a otros laberintos. No es sino la expresión de la impotencia de que no nos da tiempo en una sola vida a leer todo lo que queremos leer. Y de nada nos valdría reencarnarnos si no tenemos memoria de lo acumulado.

Umberto Eco tenía una biblioteca de 30.000 ejemplares, que le llevarían casi un siglo leer contando con que se leyera un libro al día. Yo he estado con algún libro seis meses. La desesperación es inabarcable.

Quizá por eso los buenos lectores deambulan por las librerías de viejo -o de nuevo- esperando que el azar reduzca con un golpe de suerte la incapacidad de dar cuenta de todo. Una suerte de magia que te lleva a ese libro, a ese y no a otro, y te tranquiliza al permitir que te cuentes a ti mismo: por algo habrá caído en mis manos. Algo o alguien lo ha traído a mí: estoy leyendo lo que debo.

Nunca te has leído todos los libros que tienes en tu casa, pero poseerlos es una declaración humilde de lo pequeños que somos.

Los libreros son esenciales cuando nos conducen por el laberinto en el que debieran haber abierto la puerta las editoriales seleccionando solo aquello que merece la pena ser publicado, traducido, divulgado. Y otro tanto debieran hacer los profesores, que tienen planos de laberintos concretos de su profesión que les permiten hacer atajos productivos para que sus alumnos no pierdan el tiempo.

Hay traseras para el confinamiento con falsas bibliotecas. Como que tener libros da prestigio. A mi amigo Emilio, que llegó a profesor y que solo tenía en casa de  niño la Biblia que les regalaron unos mormones, las páginas amarillas y un libro de la editorial Salvat, su abuela le dijo un día que volvió de la universidad contando que tenía que comprarse un libro: ¿Otro? ¿Y los que ya tienes? Nunca te has leído todos los libros que tienes en tu casa, pero poseerlos es una declaración humilde de lo pequeños que somos. Tener más libros de los que podrías leer -y sobre todo de los que puedes guardar- también te permite un gesto hermoso, que es regalar libros que han estado un tiempo entre tus manos.

Un país que no tiene una buena revista de recensiones es un país que sigue en la prehistoria. En España tuvimos la Revista de libros. Pero alguien pensó que era mejor rescatar con ese dinero el sueldo de un directivo medio de Bankia.

¿Será verdad que libros electrónicos dejan en la memoria una huella más débil? Los cantos de cada libro y el olor y el tipo de letra se repiten. Y cuando los cierras no está esa portada que alguien ha discutido para expresar el contenido, sino la pantalla negra de la tableta. Es más fácil que los libros de papel te penetren y que los libros electrónicos te entretengan o satisfagan búsquedas concretas. Los libros de la librería forman parte de la cotidianeidad de cada día. Aunque sea por el polvo que acumulan. Los libros encerrados en un ordenador apagado se van de la memoria con la rapidez de los favores.

La gente que nos ayuda a navegar por laberintos son generosas. Los libros esenciales de la ciencia política; todo lo que debiera leer un economista. Claves esenciales del pensamiento filosófico. Los clásicos irremplazables de la sociología. Igual que son generosos los traductores y los que hacen reseñas honestas de los textos. Un país que no tiene una buena revista de recensiones es un país que sigue en la prehistoria. En España tuvimos la Revista de libros. Pero alguien pensó que era mejor rescatar con ese dinero el sueldo de un directivo medio de Bankia.

Saber los libros que no has leído puede ser más inteligente que saber los libros que has leído. Cuando Sócrates dijo que solo sabía que no sabía nada estaba siendo arrogante. Porque para saber que no sabes nada hay que saber mucho.

Mientras, en España, no solamente no tenemos una revista de libros ni un programa de libros en la televisión, sino que la universidad está perdiendo la carrera del tiempo, mientras los periodistas que ganan premios que se dan entre ellos las empresas de medios de comunicación, dicen que saben tanto que saben que Sócrates no sabía nada.

Seguro que lo habrán leído en algún calendario.

 

https://blogs.publico.es/juan-carlos-monedero

 

Esperando a Chet Baker

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Qué difícil resulta describir el entusiasmo sin parecer excesivamente impresionable. Nuestra época nos obliga, para ser tenidas por inteligentes, a mostrarnos hipercríticas y de vuelta de todo. Para que nuestro halago sea recibido sin suspicacias, es preciso escoger y mostrar cuidadosamente los argumentos que den corporeidad a una sensación tan abstracta.

He leído la recuperación de Chet Baker piensa en su arte, en la editorial WunderKammer, como si se tratara de la nueva novela de su autor, Enrique Vila-Matas. De alguna manera, lo es, o eso puede hacer pensar el acto de rescate que el escritor ha querido llevar a cabo, decepcionado porque en su día la novela corta pasara desapercibida al ser incluida en una antología de sus relatos en una edición de bolsillo.

Normalmente, las obras de un autor se citan por orden cronológico, es decir, lineal. Sin embargo, los títulos publicados por Vila-Matas se me presentan como una sucesión de círculos concéntricos, desde un núcleo esencial. En su expansión, cada nuevo anillo explora lo que hasta ese momento había sido el exterior, a la vez que amplía el corpus. Simultáneamente, el nuevo círculo está delimitando dentro de la forma que se considera como la más perfecta todos los elementos anteriores. La sucesión de límites superados hace esperar que el siguiente también será una expansión de fronteras.

Quienes leen a Vila-Matas ya saben de su querencia a los juegos de despiste. Quiere hacernos creer que su obra, básicamente, se construye a partir de la literatura de otros. Para ello, llena sus libros de citas –algunas ciertas, otras inventadas–. En sus páginas abundan los personajes que fingen ser lo que no son, como sucede en Chet Baker piensa en su arte. El protagonista se ha propuesto escribir una ficción crítica en la que depositará todo su talento para la escritura y todo su conocimiento, pero que sin embargo no leerá nadie excepto él. Aceptamos este nuevo engaño para que exista la historia, para que tome forma la metáfora.

Italo Calvino, en Si una noche de invierno un viajero, nos interpela directamente como lectores, incluso imagina cómo compramos el libro, la postura en que lo leemos y las ansiedades que nos provocará. Así, sabemos que somos una parte imprescindible para que todo lo que cuenta pueda llegar a existir. Por el contrario, Vila-Matas niega la existencia de los posibles lectores, con lo que sólo nos deja la posibilidad de situarnos, precisamente, en el centro de la fábula: en la voz del narrador.

El protagonista pretende, además, que creamos una impostura mayor: que el suyo es solo un escrito sobre escritura y lectura. Quiere analizar si es mejor literatura, o más perdurable, la que nos describe la realidad –como hizo Simenon– o bien aquella que acepta –al modo de Kafka– que la realidad es bárbara y muda, compuesta por cosas sin significado.

No, no hay que precipitarse a dar una respuesta. El libro está lleno de quiebros y pruebas falsas en un sentido y en el otro. Para empezar, como ya he dicho, no está hablando de literatura, sino que realmente lo que quiere que el lector se plantee es cómo percibe la realidad: como un conjunto de materia y acontecimientos lógicamente sucedidos que conforman un relato comprensible; o bien como un misterio bárbaro y mudo que sólo puede afrontarse como un juego arriesgado –como Joyce jugó en su Finnegans– para, al final, poder llevarse algo a casa.

También se refirió a la percepción de la realidad, a propósito de la literatura fantástica, Borges en la entrevista que le realizó Ronald Christ en 1967 para la París Review y que forma parte de la magnífica antología publicada recientemente por Acantilado. Citando a Joseph Conrad, afirma Borges: «Cuando uno escribe sobre el mundo, así sea de un modo realista, está escribiendo ya una historia fantástica, porque el mundo es en sí fantástico, insondable y misterioso». He estado a punto de introducir un lapsus de copista porque, al reproducir la cita, casi escribo «mentiroso» en lugar de «misterioso».

La opción literaria y vital Hire, la de Simenon, construye una realidad más placentera, amable y abarcable. Por eso es capaz de fabricar una descripción que ordena los acontecimientos de todos y cada uno de los días. La opción Finnegans, en cambio, requiere estar dispuesto a crear un nuevo lenguaje, a veces incomprensible, a experimentar sensaciones a veces fútiles y a la vez rutilantes. Quienes optan por este segundo modelo –si es que de verdad se trata de una elección– han de saber jugar y tomarse el humor muy en serio, o al revés, poner humor en lo más serio.

El protagonista de esta brillante novela de Vila-Matas recorre no sólo un mundo, sino dos, y lo hace sin salir de su habitación de hotel en Turín. La ventana es suficiente para mantener bajo control esos dos universos. Y mientras el personaje mira a través del cristal, los lectores seguimos esperando la llegada de Chet Baker para que nos explique de qué manera su arte, su imprescindible música, justifica y da sentido y guía incluso a la existencia más atroz.

No queda lugar a dudas sobre qué tipo de literatura defiende Vila-Matas al reivindicar aquí el libro Los ilegiblesDiccionario del Fracaso y la Dificultad, de Susan Strand. Por cierto, que la conexión entre lo que no se escribe en sus Bartlebys y lo que no se lee en el diccionario de Strand tampoco debe pasar desapercibida. Literatura y vida. Nadie dijo que iba a ser fácil, ¿o sí?

Tal vez, cuando llegue Chet Baker y nos hable de su arte, entenderemos la imagen de la realidad que también él está defendiendo; y comprenderemos por qué lo que se nos presenta como tan difícil y amenaza con el fracaso, acaba mereciendo la pena y resultando incluso tan delicioso.

Sònia Hernández | El boomeran(g)

El hombre cuenta (I): desde su enfermedad, desde su nada

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Para hacer perceptible lo reciente de la aparición del hombre, los físicos en ocasiones recurren a una trasposición de las etapas de la evolución del universo y el transcurso de una película de tres horas. Recordemos algunos datos aproximados:

El Universo “surgió” hace 13.500 millones de años, esa estrella que es el sol  data de 5.000 millones de años,  la Tierra se formó hace 4.500 millones de años. ¿Y la vida?  Hace 3.500 millones de años aparecen los primeros organismos unicelulares. Los primeros mamíferos aparecieron hace 300 millones  de años. Los homínidos datan aproximadamente de seis millones de años  y los humanos habitamos la tierra hace quizás 4 millones de años, aunque el llamado “homo habilis”,  aparece  hace sólo  2500 millones de años.

Vayamos ahora a la transposición a escala en la película de tres horas.  La vida aparecería treinta minutos antes del final, los animales únicamente cinco minutos. ¿Y los humanos? Sólo  serían  introducidos una fracción de segundo, tan ínfima que el espectador no se apercibiría de ello. Supongamos ahora que una catástrofe nos hiciera desaparecer, por ejemplo en el año tres mil. Nuestra presencia total  no habría superado esa mínima fracción de segundo. ¿Fracción insignificante? Poco a poco.

Piénsese que en ella habría tenido cabida desde  el transcurrir de la técnica, la ciencia, el arte la filosofía y… el cúmulo de interrogaciones y respuestas sobre lo que tiene significativo peso y lo que es in-significante. Por ejemplo, la pregunta  misma sobre si lo inconmensurable  del transcurso temporal desde la existencia del hombre en relación al conjunto de la historia  evolutiva tiene correspondencia en el peso a otorgar a ese momento final en relación al conjunto.

Pues sólo en esa ínfima fracción de segundo entra en escena  un hacedor de signos, un ser que otorga significado, o más bien significados múltiples  bajo un mismo signo, y sin cuya acción  obviamente todo carecería de significación. En esta fracción de segundo aparece  el ser que “da cuenta” remitiendo a principios asumidos como evidencias (base de la ciencia), mas también el ser que simplemente “cuenta”,  en todo caso el ser que  dirime, acota, muestra  la no confusión y así, entre otras cosas, marca  la diferencia entre lo enorme y lo diminuto, entre lo que tiende a infinito y lo que se aproxima a lo infinitesimal.

No hay forma de escapar a esta paradoja: el proceso que constituye el universo (es decir, la historia de la transformación de la energía) sólo aparece muy dilatado en razón de que un ser efímero, “desde su enfermedad, desde su nada”, estupefacto ante su entorno, se esfuerza por ordenarlo y contarlo a la vez que  persiste en conferirle un sentido, un ser que como el Spinoza de Borges  “desde su enfermedad, desde su nada/ sigue erigiendo a Dios con la palabra”.

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Cenizas

Cenizas

 La muerte es impúdica. Indiscreta, nos acecha, abandona nuestro despojo en las peores condiciones. Dejamos de existir sin decoro, y captura el instante en que exhalamos el control de nuestro ser. Lo más terrible es no poder defendernos, y el testimonio se contempla con la morbosidad del investigador o del curioso.

La máscara mortuoria de Dante, realizada después de su muerte con una capa de cera. El rostro sin pensamiento, sin sabiduría, es solo eso, precisamente, una máscara, que ha dejado de cantar sus poemas. Enmudecido los hereda a las páginas, y la Divina Comedia se escucha en nuestra lectura  mientras su rostro, ya en bronce, escucha inmóvil.

En Pompeya, Italia, acaban de descubrir en las excavaciones en Civita Giulana, una villa de una familia poderosa y rica de hace 2000 años. Un esclavo y su amo sorprendidos por la ceniza del destino. Las ropas de lana dicen que es otoño, la urgencia por la huida está en la posición del esclavo. Los observan con detenimiento, ellos ahí inermes, primero ante la naturaleza y ahora ante el tiempo. ¡Júpiter, tú, amo del volcán, cubriste de cenizas y gases a la hermosa cuidad! Mujeres, hombres, niños, animales, que cantaron tus himnos, que celebraron sacrificios, Júpiter tú los masacraste. Murieron sin saber por qué los dioses se vengaban, destruyendo sus casas, sus bibliotecas, petrificándolos, habitando perpetuamente en su propio Círculo del Infierno. El castigo continua, 2000 años después, insaciable Júpiter los exhibes, son observados, estudiados, son pretexto de turistas y científicos.

Enseres cotidianos, platos, juguetes, rollos de bibliotecas, obras de arte,  la vida expuesta, la intimidad destrozada ¡Malvado Júpiter, fuego voraz! No pueden descansar, siguen escavando, siguen explotando su muerte, parque temático de la ciencia. Dicen los arqueólogos, “Es un descubrimiento con un impacto emocional”, “Nos permite un gran conocimiento de lo que sucedió” No, nunca lo sabremos, la boca llena de ceniza que no puedo gritar, el cuerpo pesado que no puede huir, los gases nublando y ahogando el aliento, el calor, el miedo. La desesperación sin refugio, Júpiter, no hubo sitio que protegiera de tu violencia. El volcán, que creíamos montaña inmóvil revive, se mueve, los persigue convertido en rocas, gas y polvo. ¿Júpiter porque estallas? te entregamos nuestras vírgenes, te cantan los jóvenes más hermoso, calma tu ira. Que los dioses no nos miren, que nos ignoren es tal vez el más grande de los regalos. Júpiter envidioso de los pompeyanos, de esa gente ilustrada, que viajaba a sus villas de recreo a leer, dialogar, discutir si la existencia de los dioses es consecuente con el Universo. Los dioses escuchan cuando deberían estar sordos. 

 

PUBLICADO POR AVELINA LÉSPER 

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El arte de no hacer nada

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Decía Marcel Duchamp que le gustaba más vivir y respirar que trabajar. “Mi arte consistirá en vivir”, solía despachar burlón el artista normando. La ironía duchampiana, que no buscaba otra cosa que desacralizar el papel del arte, encontró ilustres compañeros de viaje como Jacques Vaché, Félicien Marboeuf, Gide o Cravan. Una constelación de creadores sin apenas producción para los museos, de pensadores sin corpus, que en un momento dado optaron por la no creación, o más precisamente, por no tener que justificar su estatus de artista.

En el fondo de este razonamiento latía un acto de rebeldía frente a las tiranías de los cánones. Se trataba de rechazar con violencia, ironía o inocencia, la lógica industrial y mortífera del museo y la biblioteca. Su legado fue un buen puñado de ideas no escritas, de poesías vividas, que pusieron en entredicho el clásico binomio obra-autor, y que, pese a no haberse materializado, ejercieron una influencia fundamental en su época. De este fenómeno versa el ensayo Artistas sin obra del crítico de arte francés Jean-Yves Jouannais, prologado por Enrique Vila-Matas y que acaba de publicar Acantilado.

En la segunda mitad del XIX el arte pictórico inició su particular huída hacia delante a base de ismos de toda clase, algo que evidenció el estancamiento más que notable de la literatura. El arte de empalabrar tenía que reaccionar y lo hizo a lo grande a principios del XX de la mano de ilustres como Joyce, Kafka, Woolf o Musil. Una regeneración épica cuyos ecos todavía resuenan y que ponía el listón muy alto a futuros competidores. ¿Y qué hicieron éstos? No saltar, algunos incluso ni se dignaron a calentar. Se limitaron a verlas venir pero lo hicieron con arte. Silencios anunciados, autoimpuestos, perezosos, muchos de ellos adoptaron el I would prefer not to de Bartleby como carta de presentación.

Entre esa pléyade de dandies, situacionistas, anarquistas, vividores… nos topamos, por ejemplo, con insignes copistas de líneas ya escritas a lo Bouvard y Pécuchet, cuya actividad plagiaria pretendía ironizar sobre el papel del creador, o las granadas de mano literarias de un tal Félix Féneon, maestro de la elipsis que, pese a su gran talento, se empeñó en ocultar su identidad, anteponiendo a las connotaciones capitalistas y vanidosas que deifican al autor una concepción del arte entendida simplemente como un impulso que necesita ser compartido.

Otro ilustre desconocido, Félicien Marboeuf, pasará a la historia por haber sido protagonista e inspirador de dos clásicos de la literatura. Como lo oyen, según Jouannais, este parisino de finales del XIX llegó a ser reconocido por los críticos de la época como “el más grande de los escritores que nunca escribieron”. En efecto, Marboeuf no sólo inspiró a Flaubert el personaje de Frédéric Moreau en la Educación sentimental, sino que también, y fruto de una persistente correspondencia con Marcel Proust, evocó en su cartas escenas, reflexiones e incluso frases que más tarde aparecerían en En busca del tiempo perdido. Un legado literario nada desdeñable si nos atenemos a que no publicó ni una sola página.

J. LOSA

 

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¿Pero quién demonios emplea hoy el futuro de subjuntivo?

Un relato ortográfico

 IDEAS     por           

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Cómo llegó hasta allí, no lo sabía, pero el caso es que aquel hombrecito venido de fuera, aunque él juraba que había nacido en Burgos, acabó haciéndose un hueco en el piso y el corazoncito de soltera de Sandra. Cuando le preguntó cómo había llegado allí y quién le había abierto la puerta, él contaba que estaba en su palacio tomando un jerez después de la visita de los condes de Montemayor, y que tras sufrir un desagradable ataque de gases y un pestañeo, de pronto se había visto en aquel lugar que desconocía y en un mundo que ni en sus sueños hubiera podido imaginar. 

Sandra, aficionada a la literatura fantástica, enseguida comprendió que aquel hombrecito venía del pasado, así que lo acogió con entusiasmo hasta encontrar la manera de devolverle a su tiempo. Pero como el piso no era grande y la cosa se alargaba, el roce hizo el cariño y de la curiosidad inicial pasaron a la experimentación del sexo atemporal que les satisfizo enormemente a ambos. «Nunca hubiere yo creído que pudiera tocarse la luna con las manos», decía el hombrecito para halagar a su compañera de cama. «Anda, calla y sigue follándome», respondía Sandra a quien tanta palabrería no solo le resultaba ñoña, sino que le cortaba todo el subidón. 

Y así pasaron los días hasta que alguien descubrió la presencia del viajero en el tiempo y quiso llevárselo a un laboratorio para estudiarlo. «¡Quien pretendiere separarnos, hubiere de sufrir el castigo de mi ira!», bramaba el hombrecillo ante la amenaza. Y Sandra, mucho más práctica, solo podía responder mientras le vestía de hípster para tratar de hacerle pasar por un hombre de hoy: «Tú mejor cierra ese piquito de oro que tienes. Y si te preguntan que por qué hablas así, di que eres abogado».

Arcaico nos suena ya ese futuro de subjuntivo que el viajero del tiempo de la historia de hoy suelta cada dos por tres. Porque, aunque la RAE afirma que su uso sigue siendo correcto y válido, también dice que es más viejo que el chiste de Mis Tetas. Y, efectivamente, a no ser que se emplee un lenguaje jurídico o en frases hechas como aquella de «allá donde fueres haz lo que vieres», lo normal es que sustituyamos ese tiempo verbal por otros menos anacrónicos. Así, la frase de marras que tanto nos gusta conservar en su versión original bien podríamos decirla como «allá donde vayas haz lo que veas», pero no nos quedaría tan erudita, eso sí. 

Ahora bien, no está de más saber que ese futuro de subjuntivo tiene un pequeño matiz de incertidumbre y de probabilidad mucho más propias del futuro en sí que sus versiones actualizadas, lo que le da cierto encanto. Al decir fueres no das por sentado que vas a ir, como sí lo harías con vayas. Y es más improbable que lo vieres a que lo veas. Quizá por esa cuestión de matices que puede pasársenos por alto al común de los hablantes guste tanto a los juristas, tan tiquismiquis ellos con las cosas del delinquir y del legislar. Por si acaso, cumple la ley y déjate de florituras lingüísticas.

Revista de innovación, creatividad y tendencias – Yorokobu