Una receta para el colapso

Una investigación aporta nuevas pruebas sobre lo que sucedió a los habitantes de la isla de Pascua. Un cambio en las condiciones del clima fue el detonante que condujo a la sobreexplotación de los recursos y el final de una civilización.

Imagen de los moais de la isla de Pascua

Imagen de los moais de la isla de Pascua Cortesía de Sergi Pla-Rabés

La isla de Pascua es a la vez un misterio y una metáfora. Durante muchos años, los investigadores han tratado de comprender cómo llegaron hasta este remoto lugar del Pacífico sus primeros habitantes y cómo construyeron los espectaculares moais que pueblan la isla, pero el principal misterio ha sido siempre cómo colapsó la civilización de Rapa Nui, antes incluso de que llegasen los europeos. La respuesta a esta incógnita sigue siendo objeto de debate entre los especialistas, aunque la explicación más conocida – popularizada gracias a obras como el libro “Colapso” de Jared Diamond- es que los habitantes de la isla consumieron sus propios recursos hasta agotarlos y su modelo de civilización poco sostenible fue su propia condena. Pero, ¿es la explicación correcta?

Un equipo de investigadores liderados por el chileno Mauricio Lima y en el que participa el biólogo español Sergi Pla Rabés, arrojan algo más de luz al misterio gracias a un trabajo publicado en la revista Proceedings of the Royal Society, en el que mediante e análisis de los sedimentos en varias zonas lacustres de la isla han podido analizar mejor la combinación de factores que pudo conducir al declive demográfico y social de sus habitantes. “La población de Pascua colapsó debido a dos razones: el uso que hicieron de los recursos y el hecho de que se produjera un gran cambio climático”, resume Pla Rabés a Vozpópuli. A través del estudio de los depósitos de polen, trabajos anteriores habían detectado la súbita desaparición de las palmeras en un momento de la historia de la isla, hacia 1400, uno de los muchos argumentos que sostenían la tesis de que se produjo un cambio brusco: los habitantes de la isla cortaron todos los árboles y se quedaron sin materia prima para la construcción.

“Una parte del registro sedimentario había sido barrida por el cambio climático”

El nuevo trabajo tiene una mayor resolución temporal y ha podido determinar que el cambio fue mucho más progresivo. “Los anteriores estudios veían que había palmeras y que de golpe no había”, explica Pla. Gracias a la toma de muestras en otros lugares de la isla, él y su equipo han podido cubrir el “lapso” en el registro sedimentario que anteriores trabajos habían pasado por alto y han obtenido datos de los últimos 70.000 años. “Lo que pudimos ver en otros sistemas de zonas lacustres, fue que la caída del bosque de palmeras no fue un cambio brusco, sino un cambio sucesivo con diferentes periodos donde se ve la acción del hombre”, indica Pla. Lo interesante es que los anteriores estudios no lo habían visto porque esa parte del registro sedimentario – las páginas de la historia que faltaban – había sido barrida por el cambio climático, la sequía prolongada durante décadas que sus trabajos han detectado. “Este cambio provocó que algunas fuentes de agua como estos lagos se secaran”, explica. “Si se seca la laguna, ese sedimento que estaba en el fondo del lago se erosiona y se pierde, es lo que llamamos un “gap” sedimentario, puedes perder quinientos o mil años de historia”.

Extracción de los registros de sedimento en la isla de Pascua

Extracción de los registros de sedimento en la isla de Pascua Cortesía de Sergi Pla-Rabés

Mediante estos nuevos datos, los autores han sido capaces de reconstruir cómo interactuaron estos factores demográficos y ecológicos a lo largo de los siglos que precedieron a la llegada de los europeos a la isla. La presencia de partículas de carbón, por ejemplo, indica que en el momento en que la sequía les obligó a explotar más recursos, aumentaron los fuegos para despejar terreno y aumentar cultivos, en una espiral que diezmó a la población. “Todo este declive coincide con la “Pequeña edad de hielo”, un periodo que va desde 1300 hasta 1850 en el que hubo un cambio brusco de temperatura, que en Europa se manifestó con el aumento de los glaciares de los Alpes y en esta zona del Pacífico provocó la sequía”, relata Pla. “Esto hizo que algunos de los lagos quedaran expuestos a este erosión y provocó este “gap” sedimentario”.

El colapso fue progresivo y por muchos factores, entre los que el cambio climático fue el detonante

De acuerdo con estos resultados, el “colapso” más famoso de todos los tiempos no fue exclusivamente un problema del modelo de explotación de recursos de los habitantes de la isla de Pascua, sino que se produjo una sucesión de factores, entre los que el cambio climático fue el detonante. En las islas de la Polinesia, por ejemplo, se encuentran signos de este periodo de enfriamiento terrestre y de que los habitantes de otras islas se retiraron hacia el interior. Las grandes erupciones volcánicas de la época, además, contribuyeron a que frenara el intercambio comercial y que los habitantes de Rapa Nui se quedaran todavía más solos y “aislados”. “Todo esto provocó un cambio social, dejaron de constituir moais y pasaron a la cultura del hombre-pájaro, en la que el jefe duraba un año y era el primero que cogía un huevo de un ave migratoria que llegaba a Pascua”, apunta Pla.

Otra imagen de los moais de la isla de Pascua

Otra imagen de los moais de la isla de Pascua Cortesía de Sergi Pla-Rabés

Con esta nueva información, el ejemplo de la isla de Pascua como advertencia de lo que nos puede pasar a todos en el planeta si no manejamos los recursos de manera sostenible no pierde valor, sino que gana aún más peso. Otras civilizaciones, como los mayas o la cultura de Nazca, colapsaron debido al empujón de cambios climáticos. Ahora sabemos que incluso la caída del Imperio Romano estuvo fuertemente condicionada por el clima. Toda esta información se está revelando ahora escrita en los anillos de los árboles, en las estalactitas y en los testigos de hielo de los glaciares y los polos. Grandes periodos de alteración climática – de frío, sequía o calentamiento – que contribuyeron a cambios súbitos de organización social y política en la Tierra. Las preguntas que se hacen ahora los científicos son: ¿seremos nosotros los siguientes? ¿Estamos preparados para lo que viene? “Para predecir el futuro tienes que mirar el pasado”, responde Pla. “Ya sabemos que estas cosas pasan, que la Tierra tiene ciclos y que en algunos de pronto la mitad de la población no puede mantenerse. Y ya hay voces que hablan de la gran conmoción que se avecina”.

Referencia: Ecology of the collapse of Rapa Nui society (Proceedings of the Royal Society)

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Tan excitados

Los bajos índices de lectura han ido dañando en tejido cultural del país

Retrato del filósofo francés Blaise Pascal.
Retrato del filósofo francés Blaise Pascal.

 

Un célebre pensamiento de Pascal encaja tan a la perfección con estos tiempos de pandemia que hasta se ha vuelto viral (adjetivo bien oportuno en este caso): “Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación”. Tal vez fuera mejor, añadió Kafka con humor, no salir de casa y quedarnos sentados a nuestra mesa, callados y solos, porque el mundo entonces no podrá evitarlo y se nos acercará para que lo desenmascaremos; extasiado, se contoneará ante nosotros.

Parece que algunos, durante el pasado confinamiento, prometieron, en caso de que se quedaron quietos y leyeran algo, ese contoneo cósmico a sus iletrados hijos, pero de nada les sirvió porque ni hubo contoneo ni pudieron contenerlos. Lo demás ya lo sabemos: en cuanto cayó el estado de alarma, revelaron su alma de juerguistas de nacimiento, y toda una legión de seres exasperados confirmaron lo mucho que –después de todo, los bajos índices de lectura no engañan– les había costado tener que encerrarse y dedicarse a actividades que les abrieran a la creación de mundos serenos, propios, a veces autosuficientes.

En el fondo, esos bajos índices, que antes nos parecían inofensivos, han ido dañando el tejido cultural del país, algo visible en muchos detalles, entre ellos en la fulminante aparición de ese batallón de excitados a los que, quizás por no ser muy dados a la lectura y al pensamiento reposado, el confinamiento dejó desquiciados y colaborando muy activamente en el rebrote de los casos víricos.

Tal vez fuera mejor, añadió Kafka con humor, no salir de casa y quedarnos sentados a nuestra mesa, callados y solos

He pensado en esa inolvidable aparición de los exaltados al acordarme, hace unos minutos, de Alan Pauls, al que en cierta ocasión le preguntaron qué le había impulsado en su infancia a leer y citó su “necesidad de garantizarse un cierto blindaje dentro del contexto familiar”, es decir, la necesidad de pasar horas en casa apegado a esa actividad llamada lectura y que tantas veces, en los años de infancia, también a mí –como a otras amigas y amigos escritores– nos protegió del extremo desbarajuste del mundo de los adultos. Años de infancia, de sigilosa introducción a ese mundo único de la lectura que tanto acaba de celebrar la gran Lídia Jorge al serle otorgado el premio de la FIL de Guadalajara de este año: “Tenía dudas sobre si el futuro rescataría a la literatura como la disciplina fundamental para todas las artes, pero ahora, con la pandemia, he dejado de tenerlas”

Me veo en todos esos primeros años de vida leyendo relatos en la colección Historias de la editorial Bruguera, aunque luego –ya es paradójico– una buena parte de la literatura que me ha gustado no ha tenido nada que ver con la que narra historias al estilo hollywoodiense y sí, en cambio, con la que inventa, por ejemplo, mundos que arrancan de lo biográfico o lo ensayístico –lo prosaico en el sentido cotidiano de la palabra– para pasar al reino de lo imaginativo. Pero eso seguramente ya es harina de otro costal, por lo que mejor dejarlo para otro momento.

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Federico Fellini, maestro del 9º arte

El cineasta italiano debe al cómic buena parte del universo que plasmaron sus peliculas. Personajes y autores de historietas aún son visibles en su obra

Litografía homenaje a La Dolce Vita (s.f.). de Milo Manara
Litografía homenaje a La Dolce Vita (s.f.). de Milo Manara

En 2020 se cumple el centenario del natalicio de Federico Fellini y se me antoja como una estupenda ocasión para acercarse al cine personal e inimitable del genial director de Rimini. Entre todos los acercamientos posibles, yo voy a elegir uno; aquel que hace referencia a la influencia del cómic a la hora de conformar el maravilloso universo visual que supo plasmar en sus películas.

Como la mayor parte de su generación, Fellini fue durante su infancia un ávido lector de historietas. En la Italia los años 20 y 30, semanarios como el Corriere dei Piccoli se ocupaban de hacer soñar a los niños italianos, publicando planchas de cómics procedentes de los suplementos dominicales de los periódicos estadounidenses, entre los que se encontraban autores tan importantes como Richard Felton Outcault, Frederick Burr Opper, James Swinnerton o Winsor McCay.

La estética de estos cómics fascina al joven Federico. Estas viñetas mostraban una realidad distorsionada, caricaturesca y expresiva, pero a la vez ¡tan hermosa! que condiciona su modo de mirar el mundo.

Tyto Alba, en su extraordinaria novela gráfica Fellini en Roma, expresa esta idea de una manera maravillosa, ya que muestra a un Federico Fellini niño que sueña en su cama. Sin duda, Fellini no es el primer director que vuelca en el cine sus sueños y anhelos de infancia; pero es que en la viñeta de Alba no está solo en el lecho, sino que le acompañan The Captain & The Katzenjammer KidsFelix The Cat, y Bringing Up Father.

Con tan solo 17 años, Fellini deja su Rimini natal y recala en Florencia; concretamente en las oficinas del editor Mario Nerbini, dueño de L’Avventuroso, la revista que incluye en sus páginas la publicación seriada de Flash Gordon y Mandrake.

La guerra está cerca, y el Ministerio de la Cultura Popular de Benito Mussolini prohíbe la publicación de todo material gráfico proveniente de los Estados Unidos. Dicho material era la columna vertebral de L`Avventuroso; y Nerbini, poco dispuesto a renunciar a los personajes que garantizaban unas buenas ventas de su revista estrella, busca una solución digamos… «imaginativa»: encarga a diversos autores locales la continuación de dichas historias americanas.

«Viaje a Tulum» (1987), de Federico Fellini y Milo Manara
«Viaje a Tulum» (1987), de Federico Fellini y Milo Manara

Fellini declara en varias entrevistas que en el reparto de personajes cae en sus manos Flash Gordon, y que recuerda un guión escrito por él de una estupenda aventura que el historietista italiano Giove Toppi se encargaría de dibujar, imitando en lo posible el característico estilo de Alex Raymond.

La historieta nunca llega a publicarse por culpa del estallido de la Guerra; incluso es más que posible que solo sea una invención felliniana, pero es la anécdota perfecta para ilustrar un aspecto muy poco conocido del creador de Rímini; su gusto por el cómic de Ciencia Ficción.

Una carta de Fellini fechada en Roma el 23 de junio de 1979 y dirigida al genial historietista galo Jean Giraud, alias Moebius, relaciona este gusto con su cine, cuando dice refiriéndose al francés: «¡Qué gran director de cine habrías sido! ¿Nunca lo has pensado? […] Hacer una película de ciencia ficción es uno de mis viejos sueños. He pensado en ello muchos años antes de la actual moda por ese tipo de películas. Indudablemente, serías el perfecto colaborador para dicho proyecto».

Tras la aventura florentina, se dirige a Roma, donde consigue colocar varios trabajos como caricaturista en los semanarios satíricos 420Marco Aurelio y Domenica del Corriere; destacando especialmente el personaje de Pascualino, que estéticamente era deudor del grafismo de Frederick Burr Opper en Fortunello, sobrenombre por el que es conocido en Italia el popular personaje americano de Happy Hoolygan.

Una vez más, Alba recrea este aspecto poco conocido de la trayectoria profesional de Fellini en una preciosa viñeta en la que muestra al futuro director y neófito caricaturista enseñando sus creaciones al poderoso editor en busca de una oportunidad laboral.

«Fellini en Roma» (2017), de Tyto Alba
«Fellini en Roma» (2017), de Tyto Alba

Años años más tarde, comienza su carrera en el cine. Primero como periodista, luego como guionista y, finalmente, como director cinematográfico, consiguiendo con La Strada (1954) su primer gran éxito internacional. Se trata de un filme en el que el noveno arte es una fuente de inspiración más que evidente. Los personajes de Gelsomina (Giulietta Masina) y Zampanò (Anthony Quinn), así como muchas de las escenas de la película, son una transposición casi literal de aventuras del cómic Girellino e Zarappa, dos populares personajes de finales de los años 10, creados por Antonio Rubino para Il Corriere dei Piccoli; y que, huelga decirlo, Fellini devoraba con fruición cuando era un niño. En realidad, casi todos los filmes de Fellini poseen personajes cuyo aspecto se inspira claramente en estéticas caricaturescas propias del cómic. Los bocetos que él mismo realizaba de sus personajes, son la prueba más clara de dicha influencia.

Para mí, algunos de los personajes más logrados del universo felliniano son personajes de cómic. La oronda estanquera de Amarcord, con sus formas excesivas y redondas, tiene poderosas similitudes con la matriarca de los Katzenjammer Kids. En I Clowns, el niño que descubre en la noche el espectáculo del circo es claramente Little Nemo. Y las sensuales mujeres que abundan en su filmografía, con Anita Ekberg a la cabeza, tienen un claro antecedente en los rotundos dibujos femeninos de Al Capp en Li’l Abner.

Fellini nunca deja de dibujar, e incluso coquetea con la historieta de forma puntual; como sucede con un pequeño cómic publicado en 1970 por la revista Rolling Stone; pero su verdadera vuelta al 9º arte será junto al historietista Milo Manara.

El encuentro entre ambos se produce en 1982, fecha en que se organiza en la librería Adria de Roma una exposición de historietistas que homenajean al maestro Fellini. Milo Manara crea para la ocasión un cómic de cuatro páginas poblado de personajes prestados del universo felliniano.

Así, comienza un periodo de gestos y declaraciones de admiración mutua. Por ejemplo, en una de las escenas más tórridas de la historieta de El click de Manara, aquella en la que la burguesa Claudia Cristiani se entrega a un desconocido en una sala de cine, la película que se proyecta es El Casanova de Federico Fellini.

Finalmente, en 1987 llega la ocasión que les permite desarrollar su primer trabajo conjunto. Fellini se dispone a publicar por entregas una historia titulada Viaje a Tulum en el periódico Il corriere dela Sera. Se trata de un guión de cine, pero la película está paralizada y el cineasta aspira a que la aparición del relato despierte de nuevo el interés de los productores.

Así, el cineasta le pide a Milo Manara que realice algunos dibujos para acompañar la publicación del texto. Manara acepta sin pensárselo dos veces y realiza las citadas ilustraciones, pero tras la lectura del guión, siente que puede convertirse en una extraordinaria historieta.

Fellini ha recordado en diversas entrevistas el momento en que Manara, muerto de vergüenza, le plantea la posibilidad de realizar juntos un cómic en base al guión de Viaje a Tulum: «Milo insistía con su sonrisa de niño bueno, los ojos radiantemente celestes y el flequillo de pelo de querubín: solo le faltaba la trompeta dorada», comenta entre risas cada vez que le preguntan por la génesis del proyecto.

Fellini accede a la idea y se implica en la historieta con la misma intensidad que en una película. Su intervención no se limita a escribir los diálogos e imaginar una u otra escena, sino que participa activamente en la parte gráfica, realizando un intenso trabajo de «concept art».

Fellini descubre en la historieta un camino fecundo para que vean la luz aquellas historias que no ha sido capaz de materializar en la gran pantalla; y de este modo, nace una segunda aventura junto a Manara titulada El Viaje de G. Mastorna, llamado Fernet (1992).

Un año más tarde Fellini fallece, por lo que esta novela gráfica es la última creación que ofrece a su público, en una carrera esplendida que se inicia y se cierra con el cómic.

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País de miserables

18 de agosto: el poeta Federico García Lorca es asesinado

Fue en ese tiempo en el que las estaciones y apeaderos tenían quioscos donde además vendían libros, normalmente de bolsillo. Yo tenía 15 años y era la primera vez que mis padres me permitían quedarme sola en la casa de verano algunos días. De camino a la playa, solía comprarme el periódico para pasar las horas al sol. Aquel día de septiembre, quién sabe por qué, me hice también con un ejemplar del Romancero Gitano de Federico García Lorca. Abrí el libro sentada contra el lomo de una barca, lo devoré. Volví a leerlo inmediatamente y hacia la mitad ya me eché a llorar mansamente. No era zumo de limón/ agrio de espera y de boca lo que lloraba sino lágrimas de gozo, sacudida por una inesperada comprensión de la belleza y su metáfora.

Poco tiempo después supe lo que era volver a casa sucia de besos y arena. Cada vez que he visto una carga contra los ciudadanos, las ciudadanas, que les he visto intervenir en un desahucio sacando a rastras a las madres ante sus hijos me he podido decir que tienen, por eso no lloran,/ de plomo las calaveras; igual que en cada andanada contra los inmigrantes, en cada disparo, en cada bola de goma he pensado que el cielo se les antoja/ una vitrina de espuelas. Sé que las lavanderas de hoy cantan todavía Yo planté un tomillo,/ yo lo vi crecer./ El que quiera honra,/ que se porte bien. Y que los ricos dan a sus queridas/ pequeños moribundos iluminados/ y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Con Lorca aprendí a nombrar lo visto y lo sentido, a describir dicha y desasosiego. Desde los días de cuna les conté a mis hijos que el lagarto y la lagarta estaban llorando porque habían perdido su anillo de desposados, ay su anillito de plomo. Para que ellos también supieran cantar la realidad con voz certera y libremente. Porque es necesaria la voz del poeta para poner en palabras exactas lo que somos. De la misma forma que cubrirlo de silencio retrata un país de miserables.

Este pasado domingo 16 de agosto, el periodista y erudito Víctor Fernández recordaba: Tal día como hoy, a las cinco de la tarde, un grupo de hombres armados llegaba a la casa de la familia Rosales en Granada para detener a Federico García Lorca. Poco después era asesinado. En ese lugar hoy no hay ni una placa que recuerde ese drama.

 

Añado más. Ninguno de los miembros de las instituciones públicas salió a cantarle a Lorca su grandeza, a admitir nuestra vergüenza. La vergüenza de un país en el que nació y mataron, por rojo y maricón, al poeta más grande del siglo XX y probablemente uno de los mayores autores de todos los tiempos. Celebramos cotidianamente efemérides, nacimientos y muertes, victorias futbolísticas, aprobaciones de leyes, nombramientos políticos, grandes gestas históricas y días dedicados a las más estrafalarias ideas. Pero no hemos encontrado un hueco para honrar a Federico García Lorca como merece. Honrarlo anualmente, sí. Institucionalmente, sí. No se trata solo de él, se trata de nosotros, de nosotras, de que no sabemos dónde están sus huesos y de que han tenido que venir de fuera, ay querido Ian Gibson, para prestar algunos datos a nuestra memoria cerrada como el hueso seco que fue de melocotón.

El país entero debería salir cada año a celebrar a Lorca, pero eso supondría admitir que vivimos en un territorio donde al mayor entre los mayores de la belleza lo mataron de un tiro por rojo y maricón aquellos cuyos sucesores hoy sientan su putrefacto culo en las bancadas del Congreso, en los consejos de administración, en las poltronas de los poderosos que siguen luciendo los mismos dominios de entonces. Supondría mirarnos a la cara y enfrentar el rastrero retrato de un país de miserables.

Corrían los primeros 80 del siglo pasado cuando lloré el Romancero gitano. Desde entonces apenas ha cambiado nada.


Los versos robados en este artículo pertenecen, por orden de aparición, a los siguientes poemas u obras:

Romance de la pena negra

La casada infiel

Romance de la Guardia Civil española

Yerma

Oda a Walt Whitman

El lagarto está llorando

CRISTINA FALLARÁS

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras

El desertor del american dream: Bukowski

Quién leyó a Charles Bukowski? A 100 años del nacimiento de un ...

Ya son veintiseis años desde tu última cerveza, no pudiste desayunar ham on rye, ni escribir, el hipódromo se quedó esperándote, no sólo Linda Lee vive con tu fantasma en ese hermoso puerto sureño de San Pedro, California, también vive aquí, enciendo velas para ti en mis noches más desesperadas, me sirvo cerveza, te hablo desde mi dolor, te pido una vez más que me ayudes a ya no desear a mi último amante, te pregunto cómo pudiste vivir sin Jane, todavía me arrodillo por las noches ante los tigres desde que él se fue. 

Tú eras más que un borracho, malditos los que crean que sólo eras eso, no se atreven a desmitificar que pudiste retirarte a tiempo, son muy pocos los que pueden beberse las botellas y no ser devorados por su contenido, ¿por qué no hablan del dolor que sentiste cuando se incendió en 1986 la biblioteca pública de Los Angeles? Escribiste un poema explicando que las llamas devoraron tu juventud, tu hogar, no eras un vagabundo más dormido en las mesas después de caminar la ciudad, tenías algo que ellos no poseían: fuego y una tarjeta de préstamo de libros de la bilioteca.

Lo que les gusta a los vulgares es el humo, el morbo, las putas, la mugre, el mito del marginal, “misógino” e “indecente”, nadie quiere hablar del escritor imperturbable ante la mediocridad del melodrama humano, ¿por qué no hablan de tu disciplina?

Nunca un trago te apartó de la creación de tu obra, hablen del que fue enterrado en un lujoso memorial de Palos Verdes tras una ceremonia budista, del hombre tierno cantando Animal crackers in my soup, el amigo de los gatos callejeros, el bondadoso hombre que curó a un gato herido, el que escribió con profunda admiración a Cass: la chica más inteligente y hermosa de la ciudad, los que te crean misógino deberían leer The most beautiful woman in town

Eras un misántropo, ¿quién no se convierte después de rodar por las calles? Se necesita de soledad y agallas para aborrecer a la especie más idólatra: la humana.

Durante algunos años me sentí decepcionada por descartar la compañía de otros, entendí que la vida social es una pérdida de tiempo, cada visita me distrae de la escritura, cuando te convertiste en un muerto no lo lamenté. Tu ropa está tirada en tu estudio, tal y como la dejaste antes de ingresar al hospital en San Pedro, Linda ha dejado todo intacto, no ha movido nada, la entiendo, he sufrido pérdidas durante el último año, ese vaso de cerveza que él se tomó antes de largarse está intacto en mi escritorio atiborrado de recuerdos.

Tu editor Jonh Martin jamás te vio borracho, te ofreció un cheque mensual de por vida por dedicarte a escribir para su editorial Black Sparrow ¿cuántos escritores reciben un cheque de por vida por escribir? No conozco ningún caso, sólo el tuyo. El hombre factotum arrastrando una maleta de cartón en una mañana de lluvia en New Orleans no existe más, ese hombre que sobrevivió a los encantos de la Señora Muerte en las pensiones más sórdidas del East Hollywood ha muerto.

Hollywood Park cerró en el 2013, estuve ahí para la última carrera, todos lloramos, me despedí bebiendo hasta caerme sobre los talones de apuestas que todos avientan cuando acabó todo, ahí se fue una parte de ti, de tu existencia, algunos de tus bares en Hollywood sobreviven, el cantinero que te atendía en aquel local cerca de Vine que nunca revelaré, ha muerto en noviembre, en su honor se abrieron muchas cervezas, me enviaron fotos. 

Que sigan rompiéndose la cara los borrachos y borrachas sin estilo ni obra, esos idiotas que tienen que demostrarle al mundo que beben demasiado. Una cruda brutal es un día de trabajo perdido.

Tenías diez años cuando comenzaste a escribir, vende más el mito que te fabrican editoriales que no pagan derechos de autor a tu esposa, ese que señala que empezaste a escribir tarde y que eras un empleado de oficina postal transmutado a poeta, fue al revés, el poeta incrustado temporalmente en los trabajos más duros de América o arrestado por vagancia, un callejero, eres el más hermoso escupitajo sobre el sueño americano. Hasta que la última bomba caiga, salud.

SUSANA IGLESIAS

https://www.milenio.com/opinion

Superhéroes Marvel y Amadís de Gaula: las sagas y sus orígenes

Los qtro libros de Amadis de gaula nueuamete imprsos [et] hystoriados e Seuilla, Jacob Cromberger, 1547. Wikimedia Commons, CC BY-SA

Los qtro libros de Amadis de gaula nueuamete imprsos [et] hystoriados e Seuilla, Jacob Cromberger, 1547. Wikimedia Commons, CC BY-SA

“No lo entendió ni supo continuar. Y fuera mejor que aquel octavo fenesciera en las manos de su auctor y fuera abortivo que no que saliera a luz”.Con esta dureza se refería Feliciano de Silva en el prólogo del Amadís de Grecia (1530) a Juan Díaz, autor del Lisuarte de Grecia (1525). La diatriba de Silva obedecía a una controvertida decisión argumental de Díaz: matar en el Lisuarte al propio Amadís de Gaula.

Posiblemente, las declaraciones de Silva nos recuerden a ciertas diatribas vertidas a menudo en Internet. Hablamos de los exabruptos de ciertos fanboys de franquicias como Star Wars o el universo cinematográfico de Marvel, descontentos ante supuestas violaciones del canon de sus sagas favoritas. Acaso estas semejanzas se deban a que los mecanismos de producción y consumo de los mundos ficticios nombrados, a pesar de distar siglos entre ellos, no son tan diferentes.

Narrativas transmedia

Ópera Amadis por Jean Baptiste Lully (París, 1684). Wikimedia Commons, CC BY
Ópera Amadis por Jean Baptiste Lully (París, 1684). Wikimedia Commons, CC BY

En su ensayo Convergence Culture : Where Old and New Media Collide (2006), Henry Jenkins describió los rasgos de las actuales narrativas transmedia. Jenkins afirmó que este tipo de relatos se expanden en distintos medios. Por ejemplo, del cómic al cine y los videojuegos. Esta difusión crea una especie de ecosistema de medios regidos por una serie de principios fundamentales. Dichos mecanismos contribuyen a que sus destinatarios los perciban como un todo orgánico. Entre ellos, Jenkins mencionaba procesos como la serialidad de los contenidos o la continuidad entre los mismos.

Así, los consumidores de la actual industria cultural transmedia son conscientes de que sus productos favoritos tienen la capacidad de expandirse de manera casi infinita. Ahora bien, esta ampliación de materiales debe conformar un mundo coherente.

Como dato anecdótico al respecto, podemos mencionar la petición a Change.org de unos aficionados a las películas de la Marvel, que solicitan de forma preventiva que el personaje de Tony Stark permanezca sin vida. Desde su punto de vista, resucitar a Iron Man podría convertir su muerte en una “broma” que alteraría el “sentimiento” en torno al que gira el conjunto de dicha franquicia.

Universo Amadís

Este tipo de fenómenos presentan un claro precedente en la articulación de los ciclos de narrativa caballeresca, que triunfaron a lo largo del siglo XVI y las primeras décadas del XVII. En el caso de los relatos sobre Amadís, podemos señalar el carácter transmedial que ya en su momento tuvieron las aventuras de este caballero andante.

Basta recordar que sus hazañas fueron trasladadas al mundo de la escena, con piezas como la Tragicomedia de Amadís de Gaula compuesta por Gil Vicente (h. 1533) o la ópera Amadís de Jean-Baptiste Lully (1684). También, la saga amadisiana tuvo un hueco en tapices y en pliegos sueltos.

Amadís contra el Endriago. Litografía de la edición de Madrid, 1838. Wikimedia Commons
Amadís contra el Endriago. Litografía de la edición de Madrid, 1838. Wikimedia Commons

Ahora bien, el Universo Amadís no se limitaba a conformarse como un conjunto serial de libros que saltaron a otros medios. Este mundo de ficción obedecía a una lógica interna, asumida tanto por los autores de los textos como por sus lectores-oyentes. Estos últimos tenían un claro horizonte de expectativas al respecto.

Ya desde los tiempos de Garci Rodriguéz de Montalvo, refundador de los primeros textos amadisianos, hallamos un intento por ofrecer una sensación de continuidad entre sus distintas partes.

A este respecto, podemos recordar un bello episodio de las Sergas de Esplandián (1510), quinta parte de la saga. En dicha obra, el caballero protagonista, hijo de Amadís, encuentra en la isla de Santa María (antigua isla del Diablo) una estatua erigida por los lugareños. Se trata de un monumento erigido para conmemorar la victoria años antes de su padre frente al temible endriago, suceso narrado en el tercer libro de Amadís.

La belleza de las genealogías

En este punto nos parece oportuno mencionar el impreso titulado Albero della geneologia di Perione re di Gaula (1630). Se trata de una hoja suelta, diseñada por Mambrino Roseo, que recoge al completo la genealogía de Amadís y las relaciones existentes entre los distintos personajes de la saga.

El Albero della geneologia di Perione re di Gaula disteso da Mambrino Roseo da Fabriano (Roma, Vitale Mascardi, 1637) es la tabla genealógica más antigua de los héroes del ciclo. caballeresco español de Amadís de Gaula. USC
El Albero della geneologia di Perione re di Gaula disteso da Mambrino Roseo da Fabriano (Roma, Vitale Mascardi, 1637) es la tabla genealógica más antigua de los héroes del ciclo. caballeresco español de Amadís de Gaula. USC

De entrada, el Albero puede recordarnos a los numerosos esquemas presentes en la red dedicados a franquicias como Juego de TronosStar Wars o el Universo Marvel.

Línea de tiempo del universo cinematográfico de Marvel. Reddit
Línea de tiempo del universo cinematográfico de Marvel. Reddit

El propio Mambrino Roseo tradujo al italiano varios textos del ciclo amadisiano y expandió este universo con nuevos títulos. En este sentido, a Roseo le interesaba dejar constancia de la estructura narrativa de la saga. Entonces, el Albero servía como guía para los lectores de la saga, además de como herramienta para facilitar su labor a la hora de continuar el ciclo, sin alterar sus bases.

Ya sea por medio de la imprenta o a través de la red, los universos de ficción se expanden con las miras puestas en las expectativas de sus destinatarios. Estos buscan que sus personajes preferidos pueblen un mundo cuya expansión responda a un canon firme y congruente. En fin, tengamos presente que las muertes de Amadís o de Tony Stark no pueden tomarse a la ligera: ambos héroes arquetípicos forman parte de un universo regido por las inexorables leyes de la continuidad.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

JORGE MARTÍN GARCÍA

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/

Los toros de antes

Los toros de antes Por Héctor Aguilar Camín. – DE SOL Y SOMBRA

Convocado por un amigo a escoger fragmentos de la historia de Gibbon sobre la decadencia del imperio romano, di otra vez con el pasaje de una corrida de toros del año 1352.

Tuvo lugar en el Coliseo de Roma, cuyas gradas principales fueron restauradas para el efecto, al tiempo que se giraban invitaciones a jóvenes de otras ciudades para venir a mostrarse en el gran acontecimiento. El día de la corrida, escribe Gibbon, “las damas romanas marcharon por las calles en tres contingentes y se sentaron en tres balcones, adornados ese día, el tercero de septiembre, con tela roja. La bella Jacova di Rovere encabezó el paso de las bellas matronas, raza nativa y pura cuyos rostros encarnan todavía el perfil de la antigüedad”.

Sigue Gibbon: “El resto de la ciudad se dividió, como siempre, entre los Colonna y los Ursini, facciones rivales, orgullosas ambas de la abundancia y la belleza de sus linajes femeninos: los encantos de Savella Ursini fueron especialmente distinguidos con elogios.

“Un viejo ciudadano de Roma presentó a los lidiadores. Bajaron a la arena a pie solo con una lanza. Entre ellos destacaban los nombres, los colores y las insignias de 20 famosos caballeros, miembros de las más ilustres familias de Roma: Malatesta, Polenta, de la Valle, Cafarello, Conti. Las insignias portaban leyendas de esperanza y de desesperación, respiraban el espíritu gallardo de las armas: ‘Vivo desconsolado’, ‘Ardo bajo las cenizas’, ‘Ahogado en sangre, qué muerte placentera’”.

Las corridas son peligrosas y sangrientas, dice Gibbon. Cada lidiador enfrenta ese día a un toro bravo, pero no acaba con él. Más bien, al contrario.

Al final de la corrida, dice Gibbon, “la victoria puede adjudicarse a los cuadrúpedos, ya que no quedan muertos sino 11 de ellos en el campo, frente a los nueve heridos y los 18 muertos de sus adversarios”.

Cada toro mata o hiere a más de dos toreros. Hubo duelo ese día en algunas de “las principales familias de la ciudad”, concluye Gibbon, “pero para el pueblo de Roma, la pompa de los funerales en las iglesias de San Juan de Letrán y Santa María Maggiore, fue una segunda fiesta”. Los toros de antes.

hector.aguilarcamin@milenio.com

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN

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Los últimos secretos de Stonehenge

ABC entrevista a Vincent Gaffey, uno de los arqueólogos que han hallado la estructura prehistórica más grande del Reino Unido, cerca de donde vivían los constructores de Stonehenge

Imagen del célebre monumento megalítico

Vincent Gaffney no necesita que quien le entrevista le haga las preguntas, porque cuando empieza a contar una historia las va respondiendo prácticamente todas de forma espontánea, una tras otra. A sus 62 años, habla con pasión juvenil sobre su trabajo. No es para menos: es uno de los pocos afortunados con acceso total al monumento de Stonehenge, uno de los más increíbles y a la vez enigmáticos del mundo, y hace solo unos meses hizo un descubrimiento histórico en sus cercanías que fue anunciado al mundo pocas semanas atrás.

Ubicado en el condado de Wiltshire, Inglaterra, y construido alrededor del 2500 antes de Cristo, «Stonehenge no son solo las piedras que todos conocemos, es un paisaje creado para ser observado desde lejos y en el que todo es importante», asegura en conversación con ABC. «Fue construido para impresionar». Y, aunque las mayores impresiones se las ha llevado él varias veces a lo largo de su dilatada carrera, y por diferentes motivos, la última pasará a la historia por tratarse, como él mismo lo califica, de «un hallazgo sin precedentes».

Durrington Walls

«Descubrimos un círculo de pozos, cada uno de diez metros o más de diámetro y al menos cinco metros de profundidad, alrededor del vecino prehistórico más grande de Stonehenge, el llamado superhenge en Durrington Walls», explica Gaffney. Durrington es «uno de los monumentos neolíticos más grandes» de Gran Bretaña y fue construido hace más de 4.500 años. Y está justo en el centro del gigantesco anillo, que tiene unos dos kilómetros de diámetro, y que forma parte de un extenso territorio repleto de restos históricos, así como de elementos simbólicos y rituales.

Gaffney es el coinvestigador principal del proyecto Stonehenge Hidden Landscapes (Paisajes ocultos de Stonehenge), una colaboración entre las Universidades de Birmingham, Viena, Bradford, St Andrews, Nottingham y Gante con el National Trust y el English Heritage, que tiene como objetivo «ubicar el sitio y su desarrollo a través del tiempo dentro de un contexto paisajístico», utilizando técnicas geofísicas «rápidas y precisas basadas en tierra», como la magnetometría, el radar de penetración en el suelo, el uso de GPS en tiempo real, la guía robótica y la inducción electromagnética. Gracias a esta investigación, «se ha desarrollado una estrategia rápida para mapear, visualizar e interpretar datos a escala de paisaje» y su intención es «descubrir más sobre Stonehenge mirándolo desde fuera».

Geofísica

Así, alrededor de 18 kilómetros cuadrados de paisaje alrededor de Stonehenge ahora se han estudiado a través de la geofísica. «Aunque pudiéramos excavar libremente, sería imposible comprender el sitio en su contexto total sin la tecnología que tenemos disponible actualmente», explica el arqueólogo, que considera que muchas veces «la ausencia de evidencia se ha convertido en la evidencia de la ausencia», algo que, a su parecer, es un planteamiento equivocado. Y este nuevo descubrimiento es la prueba.

Pero a veces hay que acoger perspectivas y herramientas nuevas para poder ver lo que está oculto. Gaffney y el resto del equipo, en el que está además su hermano Chris, dejaron de lado la arqueología típica. «A los arqueólogos nos encanta excavar agujeros», dice entre risas, y se pone serio de nuevo antes de agregar: «Pero eso hace que conozcamos muy, muy bien, una parte muy pequeña de lo que investigamos. Conocemos mucho de espacios reducidos; conocemos muy bien un 5%, pero el 95% es desconocido». Fue así como en 2007 empezaron a trabajar en geofísica a gran escala y el uso de magnetómetros se convirtió en un método esencial. «Formamos parte de un proyecto europeo para compartir equipos, montando lo que llamo un circo geofísico, que iba moviéndose por todas partes». Empezaron entonces a salir nuevos datos que luego tenían que ser trabajados, estructurados e interpretados. Y todo cambió.

Vincent Gaffney, trabajando en el proyecto
Vincent Gaffney, trabajando en el proyecto – ABC

«Estoy seguro de que en el Reino Unido, y probablemente en Europa, no hay nada como esto», dice Gaffney, que actualmente ejerce en la Cátedra de Arqueología del paisaje de la Universidad de Bradford. «Es, hasta el momento, la estructura prehistórica más grande que se ha encontrado en Gran Bretaña. Es enorme, espectacular, gigante», exclama con emoción. «Stonehenge es pequeño y para los muertos, y Durrington, en contraste, se cree que está asociado con los vivos», explica, en sintonía con las ideas de otros especialistas como Michael Parker Pearson, del University College London. Una señal de esto podría ser que «Stonehenge está construido con piedras, mientras que las estructuras de Durrington son de madera». Y ahora, además, está el círculo de pozos. «En el neolítico temprano todo era rectangular, mientras que en el tardío es circular», dice Gaffney, en un intento más de atar cabos y estructurar lo poco que se conoce.

«Y ahora me va a preguntar: ¿Y para qué sirve esto?», dice, para inmediatamente responder: «No lo sabemos, no sabemos cuál era el objetivo» de estas construcciones, que durante siglos han sido un misterio, y del anillo recientemente descubierto. La arqueología, como ciencia que estudia civilizaciones antiguas, no ofrece respuestas rápidas, ni declaraciones escritas en piedra, nunca mejor dicho. No obstante, el experto se aventura a proponer que quizá el enorme círculo servía para demarcar el perímetro de una zona a la que por algún motivo no se podía entrar. «Quizá una zona sagrada o incluso una aldea, donde podrían haber vivido quienes construyeron Stonehenge».

Otra de las conclusiones que sacó el equipo de Gaffney de este descubrimiento es que quienes compusieron el anillo sabían contar; de lo contrario no podrían haber hecho una estructura de tal envergadura. «Esta es la primera y sustancial evidencia de que sabían contar», afirma. Y explica: «Contar tiene significados distintos para distintas sociedades» y pone el ejemplo de hacerlo «por razones sociales». «No es como nosotros entendemos las matemáticas, tiene una importancia cosmológica, no propósitos abstractos». «No es un descubrimiento arqueológico normal», asegura. ¿Cómo le hizo sentir lo que encontraron? «No sé si hay una traducción en español», avisa, antes de elegir la palabra «Aghast». Y tiene razón, porque la traducción literal no es suficiente para expresar todo su contenido: una mezcla entre atónito, sorprendido, en shock, incluso espantado. «Todo al mismo tiempo», sostiene, con el brillo en los ojos que tienen esas personas tan llenas de curiosidad que, en lugar de usar sus descubrimientos como respuestas, los transforman en nuevas preguntas.

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Imagina el ocio nocturno

Noche blanca de la cultura en Aracena 2020 llevada a cabo cumpliendo las medidas de seguridad / Ayuntamiento de Aracena
Noche blanca de la cultura en Aracena 2020 llevada a cabo cumpliendo las medidas de seguridad / Ayuntamiento de Aracena

 

Por lo que parece, entendemos que el “ocio nocturno” es un asunto de primerísima necesidad. Aún no se han ampliado las plantillas de los ambulatorios, la sanidad pública es deficiente por recorte, ignoramos cómo van a estudiar lo millones de alumnos y alumnas de este país, pero cada día discutimos los horarios en los que algo que llamamos “los jóvenes” pueden acudir a bares y discotecas, analizamos beber de noche en locales cerrados como si fuera un derecho.

Imagino una sociedad en la que el ocio nocturno consistiera en la apertura de cines de verano en espacios abiertos, espacios públicos, con enormes pantallas y tumbonas o sillas, cada una a la distancia necesaria de la de al lado, y si resulta tan necesario, un gintónic en la mano.

Imagino una sociedad en la que el ocio nocturno se refiriera a la apertura de museos y librerías. En la que las librerías y editoriales sacaran sus libros a la calle, a la manera de Sant Jordi o las ferias del libro, y los autores y autoras se fueran turnando para charlar con quien acuda. Una feria, una fiesta de libros y arte convertida en una “noche blanca” diaria de la Cultura.

Imagino una sociedad en la que el ocio nocturno llenara de teatro y música las plazas y los parques. Donde quienes lo desearan pudieran sentarse tranquilamente (también si es necesario con un gintónic en la mano), si hace falta sobre la hierba, a gozar de los espectáculos.

Todo ha cambiado radicalmente tras el confinamiento. Lo llaman “nueva normalidad” pero de normalidad, tal y como la conocíamos, no tiene nada. Bien, pues podría aprovecharse dicha anormalidad no para padecerla, sino para gozar, convertir nuestras noches en momentos para disfrutar de la Cultura. Y de paso dar vida a un sector que agoniza y va desapareciendo de hambre. Llámenme boba, pero estoy segura de que la población que disfrutaría de ese “ocio nocturno” sería muy superior en número a la que exige beber en discotecas. Máxime cuando las discotecas, además de para alcanzar la ebriedad, están pensadas para bailar, y hasta bailar nos han prohibido. Y sí, también esa extravagancia a la que denominamos “los jóvenes”.

Probablemente una cosa no está reñida con las otras. El problema es que esas otras que yo imagino ni se plantean. Preguntémonos por qué y a quién compete.

Imagino una sociedad en que el ocio nocturno no consistiera en beber sino en crecer, en gozar de la Cultura, y eso sí me parece de primerísima necesidad. Mira tú qué bobada.

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras

Los quipus matemáticos, el secreto mejor guardado de la civilización inca

Estos dispositivos con cuerdas contenían instrucciones para realizar complicadas operaciones de cálculo

Quipus incas

Pedro Gargantilla

El imperio inca se fundó en torno al año 1.200 d.C. y Manco Cápac fue su primer gobernante. Se encontraba en su máximo apogeo cuando llegaron los conquistadores españoles, capitaneados por Francisco Pizarro.

En su momento de mayor esplendor ocupó un área geográfica de unos dos millones de kilómetros cuadrados que incluía los actuales Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.

Sabemos que fue una civilización ágrafa, es decir, que no desarrolló ningún sistema de escritura tal y como los conocemos, lo cual ha dificultado poder acercarnos a algunos entresijos de su cultura y organización y que todavía allá muchas cuestiones por resolver. Entre ellas para qué utilizaban los quipus.

Wikipedia

Simples cuerdas, en apariencia

Actualmente se conservan en torno a mil ejemplares de quipus repartidos por todo el mundo. Este vocablo significa “nudo” en lengua quechua y es la denominación que se utilizaba para referirse a los nudos que tejían los incas en cuerdas anudadas entre sí.

La confección de los quipus no estaba al alcance de toda la población, tan sólo los podían realizar los quipucamayoc, la élite que administraba el imperio inca, en otras palabras, los contables.

Se han encontrado una enorme variedad de quipus pero todos con una misma estructura: una cuerda a la que se atan otros cordeles, bien de algodón o de lana, a base de pelo de llama o alpaca.

La cuerda principal recibía la denominación de cuerda madre o transversal y de ella colgaban otras cuerdas de colores y con nudos de diferentes formas y tamaños. Todo ello parecía estar elaborado en un cuidado “anarquismo”.

La clave estaba en los nudos
Se dice que la escritura nació en Mesopotamia como una forma de satisfacer la necesidad contable, con ella se podía enumerar mercancías, animales, lo que se almacenaba y lo que se transportaba. La narrativa de ficción llegaría mucho tiempo después.

Hace algún tiempo un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) descubrió que los quipus eran documentos que se empleaban para compartir información contable. Era un código de comunicación que permitía registrar y transmitir datos numéricos relacionados con las finanzas, las cifras militares o los censos.

Los nudos de los quipus guardaban información verdaderamente compleja, que no sólo dependía de la posición que ocupaban, también de la dirección de la torcedura o del tipo de nudo. Todo esto hace suponer a algunos estudiosos que el quipu era, en cierta forma, un sistema de escritura.

Yupana, el ábaco de los incas

Cuando se precisaba realizar cálculos matemáticos más complejos los incas utilizaban la yupana, una suerte de ábaco. Su nombre deriva etimológicamente de yupai, que en quechua significa contar.

Este instrumento estaba compuesto, básicamente, por un marco de madera con una tabla de cinco filas –dos, tres y cinco en las celdas centrales, más huecos individuales de mayor tamaño superior e inferior- y cuatro columnas, que se correspondían a las unidades, decenas, centenas y unidades de millar.

Parece ser, que los funcionarios empleaban pequeñas piedras y granos de maíz que eran desplazados por los cuadrantes. Si eran de color negro se usaban para contar lo que se debía, mientras que si eran de color blanco registraban lo que se había pagado.