Cisnes de invierno

Ver las imágenes de origen

SUSANA IGLESIAS

La resaca de champagne de Año Nuevo todavía la siento en la mente. Intento demoler dentro de mí todo lo que construí esa última noche de un año en el que aprendí a amar con todas mis sombras y mi ternura. No queda nada más, son ficción esos domingos oculta en un edredón nuevo sintiéndome segura. No quiero recordar que tiré mi cepillo de dientes por aquella ventana, no quiero recordar que tuve alguien con quien podía abrazar el odio y la infinita mansedumbre de una caricia en el corazón al despertar. En el recuerdo está la nostalgia y es ahí donde se retuercen mis autodefensas dejándome inmensamente triste, me levanto de la cama, intento escribir otro capítulo de la nueva novela. Desde la otra noche han vuelto las pesadillas y el delirio. Doy vueltas por toda la casa tratando de asesinar un recuerdo. Una copa de champagne rota junto al piano me anunció esa noche lo que estaba por ocurrir. Escucho cada vez más historias cercanas de muertos por la pandemia, asumo el riesgo, le llamo a Jäger, sin dejar de reírse afirma que le regalo a ciertas personas momentos realmente literarios, menciona que deberían agradecerme por llenar con un poco de arte sus pusilánimes vidas. Quedamos de vernos al día siguiente, él llevará jugo, café, chocolatines, yo: sándwiches de tres quesos, aceitunas y dos paletas de chocolate con helado vegano de vainilla. Tomo un taxi de aplicación, jamás me había parecido tan triste Obrero Mundial y su cruce con Cuauhtémoc, recuerdo aquellas palabras con las que me han herido de muerte, no puedo llorar, la soledad me ha vuelto invencible. Una hermosa y elegante mesa de mármol va en camino, decido cancelar el pedido. Avanzamos, el tránsito me hace pensar que estamos en enero del año 2020, a vuelta de rueda, después de media hora por fin Constituyentes esquina con Gob. José María Tornel, ahí está Jäger con una cesta que fue de sus padres, caminamos hasta una de las entradas del Bosque de Chapultepec, nos adentramos hacia una zona de bancas de madera, el pasto ha crecido salvajemente, elegimos una y al sentarnos descubrimos que tiene pintada la palabra: Autogestión, las letras son azul marino. Comemos casi en silencio, estamos rodeados de ardillas, he traído suficiente pan, eso las mantiene lejos de nuestros sándwiches, les arrojamos pedazos, nos miran con ojos hambrientos, curiosos. Hablamos de lo que significa vivir solos, él dice que las personas somos como llamas, tiene razón, sirve café de un termo, hace tanto que no lo pruebo, le doy pequeños sorbos a la diminuta taza roja con miedo de una taquicardia, la cafeína me altera. Caminamos hasta el solitario lago, a lo lejos observamos un cisne flotando de costado.

— ¿Por qué se mueren los cisnes en invierno? 

— Los cisnes también mueren en primavera. 

— ¿Está muerto? 

—Vámonos.  

Las personas seguían llegando al bosque, con sus cestas de comida también, aquellas risas, su alegría, tan ajenas a la muerte, nos alejamos de ahí, les dejamos nuestro hermoso lago. 

¿Pero quién demonios emplea hoy el futuro de subjuntivo?

Un relato ortográfico

 IDEAS     por           

thumb image

Cómo llegó hasta allí, no lo sabía, pero el caso es que aquel hombrecito venido de fuera, aunque él juraba que había nacido en Burgos, acabó haciéndose un hueco en el piso y el corazoncito de soltera de Sandra. Cuando le preguntó cómo había llegado allí y quién le había abierto la puerta, él contaba que estaba en su palacio tomando un jerez después de la visita de los condes de Montemayor, y que tras sufrir un desagradable ataque de gases y un pestañeo, de pronto se había visto en aquel lugar que desconocía y en un mundo que ni en sus sueños hubiera podido imaginar. 

Sandra, aficionada a la literatura fantástica, enseguida comprendió que aquel hombrecito venía del pasado, así que lo acogió con entusiasmo hasta encontrar la manera de devolverle a su tiempo. Pero como el piso no era grande y la cosa se alargaba, el roce hizo el cariño y de la curiosidad inicial pasaron a la experimentación del sexo atemporal que les satisfizo enormemente a ambos. «Nunca hubiere yo creído que pudiera tocarse la luna con las manos», decía el hombrecito para halagar a su compañera de cama. «Anda, calla y sigue follándome», respondía Sandra a quien tanta palabrería no solo le resultaba ñoña, sino que le cortaba todo el subidón. 

Y así pasaron los días hasta que alguien descubrió la presencia del viajero en el tiempo y quiso llevárselo a un laboratorio para estudiarlo. «¡Quien pretendiere separarnos, hubiere de sufrir el castigo de mi ira!», bramaba el hombrecillo ante la amenaza. Y Sandra, mucho más práctica, solo podía responder mientras le vestía de hípster para tratar de hacerle pasar por un hombre de hoy: «Tú mejor cierra ese piquito de oro que tienes. Y si te preguntan que por qué hablas así, di que eres abogado».

Arcaico nos suena ya ese futuro de subjuntivo que el viajero del tiempo de la historia de hoy suelta cada dos por tres. Porque, aunque la RAE afirma que su uso sigue siendo correcto y válido, también dice que es más viejo que el chiste de Mis Tetas. Y, efectivamente, a no ser que se emplee un lenguaje jurídico o en frases hechas como aquella de «allá donde fueres haz lo que vieres», lo normal es que sustituyamos ese tiempo verbal por otros menos anacrónicos. Así, la frase de marras que tanto nos gusta conservar en su versión original bien podríamos decirla como «allá donde vayas haz lo que veas», pero no nos quedaría tan erudita, eso sí. 

Ahora bien, no está de más saber que ese futuro de subjuntivo tiene un pequeño matiz de incertidumbre y de probabilidad mucho más propias del futuro en sí que sus versiones actualizadas, lo que le da cierto encanto. Al decir fueres no das por sentado que vas a ir, como sí lo harías con vayas. Y es más improbable que lo vieres a que lo veas. Quizá por esa cuestión de matices que puede pasársenos por alto al común de los hablantes guste tanto a los juristas, tan tiquismiquis ellos con las cosas del delinquir y del legislar. Por si acaso, cumple la ley y déjate de florituras lingüísticas.

Revista de innovación, creatividad y tendencias – Yorokobu

Vida Ruina

imagen pluma firmas

SUSANA IGLESIAS

Descubrí que no podía darle al mundo el ‘amor’ que exigían de mí, así que les regalé mi odio.” Estamos crudos en un local de mariscos estilo Sinaloa llamado El Peladito, en Gabriel Mancera colonia Del Valle, suena Ariel Camacho y Los Plebes del Rancho. Sus ojos son tiernos, Danny Furia: el hombre más parecido a Marlon Brando que he conocido, atrás quedó ese billete enrollado en la mesa, atrás quedó la noche, atrás nuestro pasado diluido en ácido y botellas rotas, vacías, sangre en el piso. He pasado varias noches con él para intentar escribirlo, lo observo fumar, a veces lleva playera a veces no, abre su corazón y escupe, se burla de la existencia, de mí y de él. Todo comenzó un domingo, fui invitada al ensayo de una de las bandas de Ciudad de México que tocan un furioso y potente PUNK: Vida Ruina, prometedora en la escena. El taxi de la aplicación nos perdió en Chalco. Llegamos a la parte oriente del Tianguis de Las Torres en Iztapalapa, huele a cadáver como en aquella tocada legendaria en la que los Vida Ruina tocaron en un baldío con perros muertos reventados, cuentan que Danny Furia (vocal y letras) tumbó a un policía que quiso detener el concierto, le aventó en la cara un perro reventado, después a puño limpio lo echó de ahí. Con miedo al covid-19 nos internamos entre la inmunidad de rebaño del tianguis, suicidamente comimos quesadillas, encontraron un traje para el show de Danny, por tan solo 150 pesos un ex marero (vendedor) lo modeló, fue un gran momento. No sé si punks es una etiqueta justa, lo que sí tengo claro es que son personas especiales, Gnomo (bajo) es un filósofo, su vida es la música, la considera el arte más alto, un trago de champagne y me pregunta:

—¿Qué pasó con Nietzsche?

—No sé

—Le cargaron el guante.

 

Jaime (guitarra) habla del purismo en la música, dice que le dan ganas de vomitar cuando habla de notas y velocidad con músicos, no le interesa ir por ese camino, está gastado, lo conoce, está lejos de esas limitaciones, tiene otra pasión: la fotografía. Cristóbal Martínez (batería) sabe tocar jazz y marchas de guerra, su amor serrano-sinaloense lo llevó a Vida Ruina. Su canción Señor Feudal es un himno contra la sumisión en el trabajo, en ella agradecen a los patrones exprimirnos, en realidad es un escupitajo sarcástico en la quincena. Estar con Danny Furia es buscar en un Seven una manzana y una pluma bic a la una de la mañana. Su disco se estrena hoy 14 de noviembre en todas las plataformas de música, cinco tracks que recopilan el sonido brutal de las distintas formas de violencia urbana. Masacre en Tequez está inspirada en aquella noche fatídica en Garibaldi, la noche de los mariachis asesinos. Yo no sé de música, ni me interesa saber de música, ¿sabes lo que realmente me interesa? Aprender a bailar cumbia, dice Danny mientras mira desafiante, pone una canción de Misfits, Last Caress. Habla del suicidio, de la vez que cayó en coma por beberse de golpe una botella de vodka, ríe, enciende un cigarro.

https://www.milenio.com/opinion/susana-iglesias/cronica/vida-ruina

 

Cinco microcuentos para leer en cualquier momento

Cinco microcuentos para leer en cualquier momento

Por Redacción Buen Librero

Probablemente cuando pienses en microcuentos, te venga a la mente el clásico relato del dinosaurio. Y sí, es verdad que los microcuentos o microrelatos poseen la magia de poder leerse de un tirón y pueden ser ideales para leerse, por ejemplo, en la adolescencia y así , de a pocos, adentrarse en el mundo literario. En ese sentido, han habido muchísimos grandes genios y genias del microrrelato entre los que podemos destacar a Juan José Arreola, Ana María Shua, Augusto Monterroso, entre otros. Nos animamos a continuar con la sana costumbre de hacer listas y aquí va una con cinco microcuentos para disfrutar en cualquier momento.

 

1- El fabulista y sus críticos

En la Selva vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la buena intención sino del odio.

Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.

Augusto Monterroso

2- Topos

Después de una larga experiencia, los agricultores llegaron a la conclusión de que la única arma eficaz contra el topo es el agujero. Hay que atrapar al enemigo en su propio sistema.
En la lucha contra el topo se usan ahora unos agujeros que alcanzan el centro volcánico de la tierra. Los topos caen en ellos por docenas y no hace falta decir que mueren irremisiblemente carbonizados.

Tales agujeros tienen una apariencia inocente. Los topos, cortos de vista, los confunden con facilidad. Más bien se diría que los prefieren, guiados por una profunda atracción. Se les ve dirigirse en fila solemne hacia la muerte espantosa, que pone a sus intrincadas costumbres un desenlace vertical.

Recientemente se ha demostrado que basta un agujero definitivo por cada seis hectáreas de terreno invadido.

Juan José Arreola

3- Programa de entretenimiento

Es un programa de juegos por la tele. Los niños se ponen zapatillas de la marca que auspicia el programa. Cada madre debe reconocer a su hijo mirando solamente las piernitas a través de una ventana en el decorado. El país es pobre, los premios son importantes. Los participantes se ponen de acuerdo para ganar siempre. Si alguna madre se equivoca, no lo dice. Después, cada una se lleva al hijo que eligió, aunque no sea el mismo que traía al llegar. Es necesario mantener la farsa largamente porque la empresa controla con visitadoras sociales los hogares de los concursantes. Hay hijos que salen perdiendo, pero a otros el cambio les conviene. También se dice que algunas madres hacen trampa, que se equivocan adrede.

Ana María Shua

4- Instrucciones para llorar

“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”.

Julio Cortázar

5- Crianzas

Siempre imagino que mi madre tiene nada más que veinticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser, pensar como una vieja. No entiendo por qué a los veinticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.

Si en algún momento de pavorosa lucidez advierto que es una vieja, tal descubrimiento me llena de horror, por lo cual trato inmediatamente de expulsar dicho conocimiento de la luz de mi conciencia, de manera que en seguida recupera sus veinticinco años.Ella me trata a mí continuamente como si yo fuera una niña, por lo cual nos entendemos perfectamente. No insisto en crecer, porque sé que es inútil: para nosotras dos, el tiempo se ha estacionado y ninguna cosa en el mundo podría hacerlo correr. Moriré de cinco años y ella de veinticinco: a nuestros funerales asistirá una muchedumbre de ancianos niños y de niños que jamás llegaron a crecer.

Inicio

Lo Simple

imagen pluma firmas

SUSANA IGLESIAS

Algunos sábados suelo caminar por la calle de Nápoles, es oscura, solitaria, me hace pensar en bares de jazz inexistentes, la colonia Juárez es sombría, ya lo he dicho antes, existe algo en ella que le impide ser luminosa. Semanas atrás, la luz de ese local no me atrajo lo suficiente, tal vez fue el hambre o salir derrotada de la clase de batería, un día pasé más temprano, anunciaban un brunch con birria estilo Baja, mis pasos tenían otros planes: beber en casa. La Juárez en su fragmento llamado Zona Rosa no es una colonia cervecera, es más de cócteles de antro noventero, de luces y calentura sudorosa de cuerpos que antes se friccionaban, ahora están separados o simplemente no están. Entré, sitio acogedor y limpio, madera, metal, dos elementos importantes del lugar, la luz contrasta con la naciente y solitaria calle de Hamburgo que en esa esquina se cruza con Nápoles. Pedí un sándwich a la plancha que no me decepcionó, el sabor crujiente, la mantequilla y el queso derretido (espero sea queso) me recordaron cualquier restaurante o bar de New York. En la década de los años 20, este tipo de sándwich fue muy popular en todo Estados Unidos, tan sólo una rebanada de pan con queso americano, después hacia los años 50 y 60 le pusieron otra tapa. El panel de cervezas es variado, sin exagerar, lugares con cartas extensas me abruman, anuncian una brutal variedad que, para ser honesta, casi todas saben igual. No me pueden acusar de un paladar inexperto, no fumo, muy limpia mi lengua. Pedí una lata de Hércules, el amable barman comentó que abrieron en febrero, fue difícil mantenerse abiertos, la pandemia atrajo tiempos duros para todos; después de devorar mi cena hablé con Jorge Reyes que estaba recargado en la barra tras un pesado día de trabajo, me dijo que ahí mismo tenían el cuarto de pócimas donde él elabora cerveza. Jorge es un tipo serio, esa impresión da, desde sus ojos de abismo le gusta mirarte fijamemte sin decir  casi nada, su rostro es sereno, posee una belleza silenciosa, esa de los buenos bebedores. Casi todas las aventuras se gestan en la complicidad, Miguel Cervantes, Andrés Valverde, dos amigos que crearon un local de cervezas artesanales y bocadillos llamado: Simple. Cuando terminé la Hércules, pedí una cerveza estilo belga de la casa, me advirtieron que era de altos vuelos alcohólicos, no puedo recordar cómo se llama, al terminar pedí tres más, después dos Ipa, una Porter, cuando llegó la Dry Stout me acobardé, la noche empezaba su rumbo a otro escenario, llegaron Martha Vázquez y Kevin Ruíz por mí, dos escritores con los que suelo hablar hasta que nos echan de los bares. Ya casi es día de muertos, para celebrar, Simple, estrena su Pumpkin Ale este fin de semana, de estar hecha al estilo tradicional estadounidense tendrá malta Pilsen en mayor porcentaje que Munich, adjuntos de: canela, nuez, calabaza, sólo la he probado en Nueva York, iré hoy más tarde para sentirme en esos bares perdidos de carretra newyorkina.  

 

* Escritora. Autora de la novela Señorita Vodka (Tusquets)

https://www.milenio.com/opinion/susana-iglesias/cronica/lo-simple

Mejor vivir al día

Ver las imágenes de origen

Entro en una iglesia (católica, esto es España) de barrio rico. Está abierta y dentro tiene que hacer un fresco agradable. Afuera quedan los ruidos del presente. Miro las vidrieras, las imágenes, los símbolos. No hay música, ni murmullo de oraciones. Una de las mayores “maldades” que conozco es la de Swift, que a los confesionarios los llamaba “la oficina de los cuchicheos”. No, no es distancia. Será una oscuridad luminosa. En cuanto a la Gracia, no la siento. Amar a una criatura efímera hasta querer haberla engendrado. Quien estuviera tocado por la Gracia divina, ¿no tendría que estar por encima de afectos terrenales? Confucio lloró al morir un amigo suyo: “el Cielo quiere destruirme” parece que dijo. “Y Jesús lloró” se dice. Como a todo niño de mi generación me educaron en la fe de Roma. Entiendo que la fe religiosa da una fuerza grande, pero no creo que haya fe sin zozobra. Soy lego en esta materia, no me expreso bien. “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” Me atrae la liturgia, me interesa la historia de la Iglesia (concilios, encíclicas, papas, heresiarcas, etc) me gusta el latín. Es una raíz. Pero no creo. La agonía de Unamuno ha quedado periclitada. ¿Dios es Amor? De todos los odios posibles el más furioso, el más ardiente y apasionado, el más destructivo, refinado y ciego es el “odium theologicum”. Cómo se odiaban los enemigos en las disputas teológicas. Qué olor a carne quemada. Qué gritos de dolor. Qué humillaciones. Un ejemplo de los muchos que se podrían dar: el exterminio de los cátaros. Como último refugio de lo divino quedaría el orden de la naturaleza, la armonía de los cuerpos celestes. Era la fe de Einstein: “Dios no juega a los dados” Pero en este cosmos -¿o es un caos?- del universo en expansión y con la evolución más que demostrada, ¿qué sitio le corresponde? Nietzsche asumió ese vacío: resolvió la cuestión adoptando la vía dionisíaca, la afirmación de la vida sin metafísica y sin sentido. Más allá del Bien y del Mal. Qué final tan patético tuvo. Yo veo que esta naturaleza es un torbellino furioso de generación y destrucción y que no somos nada. Es mejor no pensarlo. Mejor vivir al día. O no. 

https://selvadevariaopinion.blogspot.com/

Distancias

imagen pluma firmas

SUSANA IGLESIAS

Estás lejos de la ciudad. Voy caminando, trato de entender por qué lloramos ante la desaparición de momentos que no podrán repetirse, ¿no regresar a un sitio perdido para siempre, significa avanzar? No tendremos más recuerdos. La calle Río Volga es pequeña, ubicada en la colonia Cuauhtémoc, nombrada así en honor al río más largo de Europa que nace en la meseta del Valdái, Rusia. Máximo Gorki un niño de 11 años abandona la casa de su abuelo para viajar a Ucrania, lleva su infancia envuelta en una capa de lana color azul marino, trabajó como cocinero en un barco que surcó cientos de veces el Volga; repaso pasajes de sus novelas en mi mente porque también ahí está mi infancia. Cada vez más solos, la otra noche eras una sombra en el sillón de cuero color sangre alumbrado con una vieja lámpara que enciendo tan solo para convencerme de tu ausencia, te llamo, responde la oscuridad y un llanto apagado por la decepción. Aquí estoy, en esta calle, me asomo a la vitrina de un café cerrado: El rincón de Vianca, aquí hace un año empecé a escribirte una carta que rompí ayer, ¿estarás triste porque la rompí? Estaré muy triste. No debo llamarte, arrojé mi teléfono desde un octavo piso mientras bebía vodka, prefiero romper cosas a romper personas, ya sé que te enojaba que hiciera pedazos los objetos, aunque jamás me viste hacerlo. Eres experto en cicatrizar con ron tus heridas, por las noches te gusta mirar las carreras de cangrejos en la arena, dibujas monstruos con una pequeña vara, las olas los borran, sus gestos de piedra y asombro se alejan con la espuma, imaginas que un día estarás por fin en una isla desierta porque te arrojaste de un barco en llamas, no hay forma de regresar, no quieres ser rescatado, mientras tengas una vara para dibujar en tu arena, existirás. Un trago voraz a tu ron, las estrellas te gritan algo que no entiendes, ya no les gritas, te cansaste de gritar, nadie te escuchaba, aunque no importe: te escuché aunque no hablaras.

Tengo una confesión: intento deshacerme de ti cada día, ¿cuál es la finalidad de amar envueltos en un traje quirúrgico y sobrio que nos protege de todo daño? No tiene sentido, es como besarse con un cubrebocas, es como sanitizar las vivencias más honestas, es apagarse por dentro, es morir. Estás completamente solo, trazas monstruos cada vez más grandes en la arena y te preguntas cómo es que lo has hecho tan bien durante tantos años, ya no necesitas a nadie, déjame, no quiero nada de ti, apártate, no te necesito, no vuelvas a buscarme, esas fueron tus últimas palabras y al recordarlas sé que sonríes, que no tienes ese gesto triste que amé en un tiempo que hoy, esta mañana, es confuso, lo que me unía a tu recuerdo desaparecerá. Imagino que ha cerrado el café en el que empecé aquella carta, no existe más, ¿qué haré cuando el St Regis se borre?, vagar por la ciudad, asomarme al café abandonado en la calle Río Volga, tal vez nuestros fantasmas estarán ahí en una mesa hablando, abrazados en su eterna oscuridad. 

https://www.milenio.com/opinion/susana-iglesias

[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias

[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias

Una pareja, un espacio privado con dimensiones de ciudad, un mundo que pareciera quebrarse a pesar de mantenerse iterando. Contenido en ¿Qué te sucede, belleza? (Los Libros de la Mujer Rota, 2020), «Estúpida» pareciera ser la imagen resultante de la recursividad a la que tornan dos amantes observados externamente a partir de un juego de espejos, grasa y polvo, cortesía de Legna Rodríguez Iglesias.


ESTÚPIDA

ESTA PARTE NO SE LEE

Imposible. Yo nunca nombraría a uno de mis personajes Miguel, o Sancho, o Esmérido, o Juliana, o Elizabet. ¿Qué clase de nombres son esos para llamar a unos tipos que ni siquiera pueden tomar un sartén por el mango? Yo por ejemplo, hiervo mi comida en una ollita, no necesito sartén.

ESTÚPIDA

Este cuento lo escribimos Fidel Carballea y yo juntos. Pero no revueltos. A cuatro manos, como se dice. Bueno sí, revueltos.

Abrí la puerta y era un cuarto de 5×6. Cinco kilómetros por seis kilómetros. Era una ciudad. Las casas eran personas. Habían dos casas nada más. Ella y él. Entré y la vi a ella comiéndose la carne de él. Dejándolo en carne viva. Así son los carnívoros. Pero él no soltaba sangre.

Creí en el mejoramiento humano y pensé pronto volverán a sus rutinas y él le dará una bofetada a ella por no saber cocinar, se comportarán como el par de imbéciles que siempre han sido y continuarán alargando algo que ni siquiera cuenta con probabilidades de que termine.

Pronto ella machacará bien los ajos y picará la cebolla excelentemente, aunque no comprenderá los secretos del sofrito. El sofrito es un misterio. Él se desesperará, le meterá el mango del sartén por la quijada para ver si ella aprende pero ella no aprenderá. Así son las imbéciles. Ella le gritará abusador, maricón, comepinga, hasta que se quede ronca. Pronto, muy pronto, él le cocerá la quijada en la máquina de coser con un carretel de hilo que se pudrió hace tiempo.

Punto tras punto hasta rematar su quijada. Lo lógico sería llevarla a una conducta de una traumatología por la abundante vascularización, aunque no se puede ser tan lógico en la vida.

Antes de que cante un gallo él se quejará de las inclemencias del tiempo y de las castraciones humanas. Pronto el viento soplará tan fuerte que todas las velas se apagarán, las copas se caerán del estante y se harán añicos. Así son las copas, se caen por cualquier cosa.

Antes de que se caiga la última copa ella tratará de consolarlo. Él se consolará y propondrá ir en busca de copas nuevas. Repinga, dirá ella, porque solo hay un triciclo. Él se montará en su triciclo, pedaleará hasta el complejo de tiendas que queda en el centro de la ciudad, a más de una hora de camino de la casa. Perfecto para ejercitar los músculos. Pronto se sentirá estafado por los precios de las copas de cristal de bacará.

Pronto pedaleará hasta otro complejo de tiendas que ofrece servicio de hospedaje diurno para pordioseros y locos. Porque tiene portales encantadores.

Antes de que cante un gallo ella comenzará a preocuparse, se aburrirá, y se hará un peinado de colmena rústica, como las mujercitas pin-up de la década del cuarenta.

Repinga, voy a barrer, dirá ella en el colmo de la preocupación.

Antes de que cante un gallo él encontrará mejores precios pero mala calidad en los productos. Insultado comprará las copas y maldecirá a las madres de los integrantes de la ADMON.

Regresará apurado sobre las tres ruedas. Lloverá por el camino y el cristal de las copas nuevas se empañará. Así son los perdedores.

Pronto llegará y se besarán y chocarán los dientes y también las copas y se divertirán dando copazos a diestra y siniestra.

Pronto debatirán nuevamente las reglas de la rutina.

Él acabará sintiendo asco por todo lo que está servido en las copas. Disimulará pero ya el vómito viene, viene.

Antes de que cante un gallo ella se halará los pelos, repinga, y se arrancará una verruga que toda su vida estuvo ahí, molestando.

Pronto trabajará en una fábrica, en un aeropuerto o en un combinado pesquero. Pronto le gustará otro licor, de menta, de plátano, de manzana. Licores hay para escoger. Entre sacudir las telarañas y cocinar, seguirá prefiriendo sacudir. Antes de que cante un gallo él descubrirá su aptitud para ser un agricultor pequeño en combinación con su aptitud para ser profesor de matemáticas. Así son los jóvenes talentos.

Pronto cambiarán de aire y se sentarán en la escalera de un museo de historia natural. Satisfechos. Ella estará plena de alegría mientras él querrá irse de inmediato a una zona donde haya menos tráfico. Repinga, cuando más contenta estaba. Nunca entrarán al museo ni se interesarán por la sala de niños fosilizados.

Andarán por un bulevar ridículo lleno de estatuas todas iguales. Ella se agachará a amarrarle los zapatos y él le dará un golpecito de gratitud, desbaratándole su peinado. Quítate, idiota.

Los atropellará un desfile de actividad social. Pronto él estará de acuerdo con la manifestación obrera, pero ella no estará de acuerdo.

Antes de que cante un gallo él se adentrará en la multitud, abandonándola.

Uno de los activistas tratará de embullarla a que desfile y ella preguntará: ¿es un chiste?

Su blusa de lentejuelas azules, su falda y sus zapatos altos combinarán estupendamente con el overol de mecánico y los zapatos de cordones de él.

Pronto, muy pronto, ella descubirá que habría sido mejor quedarse en casa.

Antes de que cante un gallo él estará nadando en sus aguas, como quien dice, sin acordarse de ella, quien necesitará una buena señal para no preocuparse más por él. Y pronto. Antes de que cante un gallo ella encontrará su herradura de la suerte y dirá repinga, lo que sucede conviene.

Pronto hablarán por teléfono desde cabinas distantes. Se pondrán de acuerdo para verse dentro de media hora en algún baño público del centro. Así son los enamorados.

Pronto se abrazarán porque están juntos otra vez. Ella no se enfurecerá por la desaparición de él. Repinga, pero no vuelvas a desaparecer.

Y antes de que cante un gallo él le partirá la boca por ser tan mal hablada.

Pronto discutirán por los avatares que se presentan cada día aunque siempre habrá un símbolo que los una. Así son los verdaderos amores.

Así me pasó a mí, que los amé a los dos.

Entré a la ciudad y vi las casas. Dos casas nada más. No delimité el espacio en ese preciso instante pero creo que eran 5×6. Cinco kilómetros por seis kilómetros. Los vi comiéndose uno a otro, amándose uno a otro. Y no lo aguanté. No lo resistí. Era una ciudad hermosa. Pero ninguno soltaba sangre.

[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias


Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984). Obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, 2011 y el Premio Casa de las Américas, teatro, 2016. Su obra abarca diversos géneros. Poesía: Hilo+Hilo (Editorial Bokeh, 2015), Dame Spray (Hypermedia Ediciones, 2016), Chicle (ahora es cuando) (Editorial Letras Cubanas, 2016), Todo sobre papá (Ediciones Agridulce, 2016), Transtucé (Editorial Casa Vacía, 2017) y los sonetos de Miami Century Fox (Akashic Books, 2017; Paz Prize, otorgado por The National Poetry Series). Narrativa: Las analfabetas (Editorial Bokeh, 2015), No sabe/no contesta (Ediciones La Palma, 2015), Mayonesa bien brillante (Hypermedia Ediciones, 2015), La mujer que compró el mundo (Los Libros de la Mujer Rota, 2017) y Mi novia preferida fue un bulldog francés (Alfaguara, 2017). Sus títulos más recientes son Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo (Liliputienses, 2019) y Título (Kenning Editions, 2020).

https://jampster.cl

Mañanas de domingo

En caída libre – El Perro Morao

Paso caminando al lado de unas terrazas, en la hora del vermuth o vermú o como se escriba. Mañana de domingo en un barrio de clase trabajadora: hay familias en las mesas, niños. En este momento todo es lujo, calma y voluptuosidad. Parece incluso que la vida es bella (ahora lo es). Estas dos horas de tertulia son lo mejor que puede ofrecer la vida a esta gente: el pueblo, la clase obrera o como se quiera llamar. Éstos por los que dice pelear la izquierda (yo no me fiaría nada) y a los quiere exprimir hasta el tuétano la derecha. Ellos no dirigen empresas, no son altos cargos, no tienen doctorados, ni estudios, ni prestigio. Son vidas oscuras. Nuestras vidas son los ríos… En las televisiones: fútbol o el deporte que toque. También tocan a misa, pero van muy pocos. Me da algo de pena Dios: se ha quedado sin fieles. Qué espejismo. Qué ilusión. El sol parece detenido (en realidad va a toda velocidad). Darán las tres de la tarde, quedarán desiertas las terrazas, pasará la tarde del día festivo. Y el lunes regresará para borrarles la sonrisa.

 

http://selvadevariaopinion.blogspot.com

 

Gran hurto

Foto autor

Soy Wanda Lopetegui, ladrona de bolsos. Los que me conocen aseguran que lo más femenino de mi comportamiento es el volcado, sobre la cama, del contenido de los bolsos recién sustraídos. Así no es de extrañar que cuando el botín resulte numeroso sea difícil establecer una relación entre contenidos y continentes. Sin embargo ayer, un documento, de tres hojas grapadas, fue fácil de relacionar, gracias al nombre y apellidos de una de las personas citadas, con uno de los DNI del botín, aunque no con otros objetos. El documento, de inusitado interés, iba a suponer un brusco y espectacular cambio de rumbo en mi existencia. 

“En Zaragoza, a quince de octubre de dos mil dos. Ante el notario XXX del Ilustre Colegio de esta Capital, comparece Doña Consuelo Balbín Gracia, Duquesa de La Peñaza, mayor de edad, viuda, vecina de Chodes (Zaragoza), Camino de la Cantera, 27, con DNI XX.XXX.XXX, para manifestar que es viuda de Don Pablo Sánchez de Espliego y Caracortada, fallecido en Toledo el día 15 de noviembre de dos mil uno y que ante la posibilidad de que pudiera fallecer o quedar incapacitada antes de que la transmisión de la herencia de su esposo quedara concluida, y no queriendo que su hija María Jesús, nacida el 16 de marzo de 1958, pudiera perjudicar a sus hermanos, declara, Doña Consuelo, que una de sus hijas, María Jesús, no es hija de su marido, Pablo Sánchez de Espliego y Caracortada, sino de Pedro Enrique de la Calle y Belío, diplomático, ya fallecido.”

Sin problemas, gracias al DNI me personé en el domicilio de María Jesús Sánchez de Espliego y Balbín para ofrecer mis servicios. Yo iba a ser la nieta del jornalero al que se le encargó echar en un muladar el cuerpo de la niña, fallecida a los tres días del parto, fruto de la ilícita relación entre Consuelo y Pedro Enrique, nacida meses antes que María Jesús. Mientras que ella, la injuriada, sería fruto legítimo, hija matrimonial, con todos los derechos, de Consuelo y Pablo, disuelta la relación adúltera al conocerse el primer embarazo, el ilegítimo. A cambio, pasarían a ser de mi propiedad Los Cabrales de la Cueva del Estiércol, El Rincón de la Cañada del Vasallo y El Hato de Tierra Muerta, todo en la provincia de Cuenca, y, también, algunas obras de arte, como un par de estampas de Goya y un Greuze moderadamente libertino. 

FRANCISCO FERRER LERÍN

http://www.elboomeran.com/blog/2454/