THOMAS VINTERBERG: ATREVERSE A PERDER EL PISO

|miércoles, 19 de mayo de 2021

Fotograma de ‘Una ronda más’ (2020), de Thomas Vinterberg

Es posible que la historia del arte le deba más favores al opio, al vino y al hachís que a la inspiración de las musas. Registros hay, casi siempre hiperbólicos: las Confesiones de un inglés comedor de opio de De Quincey, los poemas dionisíacos o el “Kubla Khan” de Coleridge –confesamente escrito a través del láudano– están siempre a la vista. Otra cosa son los relatos sobre la ingesta de sustancias por personas comunes, grises y anónimas que las usan no para invocar al gran arte, sino para algo tan vano como aligerar la carga diaria de existir y tener que dar, otra vez, los buenos días.

Martin (Mads Mikkelsen), el personaje central de Una ronda más (Druk, 2020) de Thomas Vinterberg, es eso que Onetti describió como “un hombre hecho, es decir deshecho, como todos los hombres a su edad cuando no son extraordinarios”. Es, además, esposo y padre en una familia que lo saluda por costumbre y profesor de un grupo de bachilleres que lo soporta por compromiso, lástima o ambas. Ha vivido más años de los que, estadísticamente, le quedan por vivir, pero su termómetro vital está tan anestesiado que no le alcanza para una crisis de mediana edad. 

Junto a tres profesores más y a partir de un estudio que indica que un nivel de 0.05 grados de alcohol proporciona un estado mental más deseable que la sobriedad, emprende una praxis diaria de dicha teoría. Los resultados son benéficos en inicio, aunque pronto detonan aspectos subyacentes en la vida interior de cada uno: lagunas emocionales que ya estaban ahí, a la sombra, con o sin cocteles. En la teoría el alcohol funciona como placebo: da igual si el estudio hubiera indicado en su lugar la ingesta de cilantro o galletas, las grietas que afloran ya estaban ahí. En un juego narrativo hábil e inteligente, esto pone a Una ronda más a salvo de ser leída como una apología del alcoholismo, pero un mérito más alto es que también evita condenarlo. La ya célebre secuencia final pone en cámara un conocido aforismo de Søren Kierkegaard: “Atreverse es perder el piso por un momento; no atreverse es perderse para siempre”.

Una ronda más Thomas Vinterberg

Fotograma de Una ronda más (2020), de Thomas Vinterberg

Si me referí antes al canon de los consumidores literarios es en parte porque otro aforismo de Kierkegaard –un referente habitual para Vinterberg– le sirve como epígrafe a la cinta. Está extraído de Estética y ética en la formación de la personalidad (1843), un tabique existencialista que, mediante el diálogo entre dos personajes, explora las dicotomías entre el placer –encarnado por un joven– y la ética –defendida por un hombre mayor. Si el mismo diálogo ocurriera entre el Thomas Vinterberg iconoclasta y respondón que firmó el manifiesto Dogma y dirigió Festen (1998) antes de cumplir treinta y el cineasta maduro de exploraciones morales como La caza (2012), La comuna (2016) o Submarino (2010), el resultado sería Una ronda más, parábola luminosa sobre el hastío vital que alcanza una nota infrecuente en cualquier arte: abraza a la vitalidad juvenil y al goce maduro con la misma dignidad. En palabras de Blake, un canto –o baile– de inocencia y experiencia.

En la filmografía de Vinterberg Una ronda más se siente como un puerto de llegada y partida para él y sus camaradas de rodaje. Aunque sea resultado de una trágica pérdida personal para el director, el guion coescrito junto al habitual Tobias Lindholm es tan cálido y lumínico como puede serlo el de una película filmada como catarsis, duelo y expiación. Quizás en ese balance imposible está la clave de su secuencia final, una coda de baile que sigue a un funeral. En ella Mikkelsen –bailarín profesional por varios años antes de actuar– libera una energía que, antes que en una borrachera amarga, hace pensar en un ritual pagano de tradiciones funerarias, pero también de liberación, celebración o apareamiento. Con el cuerpo entero y cerveza en mano, Mikkelsen resume el viaje y parafrasea lo escrito por Kierkegaard dos horas atrás.

Por si fuera necesario aclararlo, Una ronda más no es una película sobre el alcohol y sus efectos. Sobre eso hay muchas otras, algunas notables aunque pedagógicas como Días sin huella (1945) o Días de vino y rosas (1962), magníficas como El fuego fatuo (1963) o mediocres como Adiós a Las Vegas (1995). La de Vinterberg es un bromance melancólico sobre el cansancio vital, sobre la fatiga de las fatigas y sobre la posibilidad de volver a empezar. En medio de eso, los tragos, con todo y su teoría de los 0.05 grados etílicos, están ahí como McGuffin y detonante para explorar la psicología de hombres maduros en la clase media de un país cuyos índices de bienestar social no sólo son altos, sino más altos que en casi cualquier otro lugar de Europa y, por extensión, del planeta. Si hay algo que en Una ronda más asemeja una lección, es ésa: que el Estado de bienestar no es la sobriedad perpetua, sino la posibilidad de intoxicarse libremente para volver a sonreír. Salud.

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El sonido de la mente

Sound of metal”: el sonido pesado del silencio y la esperanza de seguir  adelante

La teoría del “doble vínculo” de Gregory Bateson postula que no existe mayor realidad que aquella percibida por la mente, por lo que la psique está determinada por relaciones y mensajes con los objetos y personas que pueblan el mundo exterior: “Los psicólogos comúnmente hablan como si las abstracciones de las relaciones (‘dependencia’, ‘hostilidad’, ‘amor’, etc.) fueran cosas reales que se describen o ‘expresan’ mediante mensajes.

Lo anterior es epistemología al revés: en realidad, los mensajes constituyen la relación, y palabras como ‘dependencia’ son descripciones verbalmente codificadas de patrones inmanentes a la combinación de mensajes intercambiados”. Entonces, el “doble vínculo” se produce cuando la mente procesa mensajes contradictorios que ponen en riesgo su estabilidad, que en su vertiente más aguda conducen al quiebre psíquico y la esquizofrenia. Creo que la multipremiada película Sound of Metal, de Darius Marder, ofrece un inmejorable ejemplo de dicho conflicto, y quizá por eso se vuelve tan poderosa la tragedia del protagonista, Ruben, un baterista de metal que al comienzo de la historia pierde casi completamente la audición.

Dado que Blackgammon, el dúo de metal que conforma con su novia Lou, es literalmente su vida tanto musical como amorosa, evidentemente le supone un inmenso problema. Pero me parece que el tratamiento de la película aborda cuestiones muy profundas, que prácticamente desplazan lo que comienza como un problema fisiológico al terreno de lo mental. Y ello también en buena medida gracias al equipo de ingenieros de audio en el que se encuentran los mexicanos ganadores del Oscar, Jaime Baksht, Michelle Couttolenc y Carlos Cortés, quienes lograron transmitir genialmente a los espectadores lo que sería la angustiante experiencia auditiva de Ruben, en contraste con el sonido “normal” que perciben los demás personajes de la película.

En una de las consultas médicas en que Ruben se halla desesperado por recuperar mediante un procedimiento su audición, la doctora le dice que debe renunciar a la idea de lo que alguna vez entendió por sonido, para entender que ese término en su caso ahora representa algo distinto.

Se produce así el “doble vínculo” entre la realidad de los mensajes auditivos que ahora recibe y la idea contra la que los contrasta, que lo sumen en un estado de profundo abatimiento. Y existe otra escena genial donde en una charla con Bob, el director de la comunidad para sordos que lo aloja, ante la explicación de Ruben de que se propone recuperar el oído y su vida anterior, le dice que lo que expresa es propio de un adicto, con lo cual yo entiendo que se refiere de nuevo a la imposibilidad de renunciar a un tipo de patrón mental, aunque los mensajes de su nueva realidad apuntan en otra dirección.

Lo mismo con su relación de pareja y casi cada aspecto de su vida: frente al trauma, la mente de Ruben se aferra como feroz defensa al recuerdo de los mensajes que definieran su mundo, y queda como interrogante si será capaz de la heroica tarea consistente en aprender a escuchar y adaptar su percepción a otros del todo nuevos.

Eduardo Rabasa

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Cuando todos los cines tenían un paraíso

Las clausuradas salas de barrio mantienen vivas en el espacio las risas, las lágrimas, los primeros besos oscuros y esas butacas crujientes donde se realizaban todos los sueños

Cine Lumiere del barrio Bellvitge de Hospitalet de Llobregat en Barcelona, en 1975.
Cine Lumiere del barrio Bellvitge de Hospitalet de Llobregat en Barcelona, en 1975.JORDI SOCÍAS

Cinco barrios en busca de una ciudad o unas inmensas afueras de nada, así era definida Los Ángeles de California cuando en 1964 pasé por allí. Durante el viaje en coche desde San Diego y La Jolla por la autopista del Camino Real, que discurría por la costa, al amanecer se veían a chicos y chicas de cuerpos celestes haciendo surf contra la salida del sol. Todo parecía fascinante, lleno de glamur entonces, entre yates y palmeras, pero aquellos cuerpos espléndidos que causaban admiración a los que veníamos del hambre ibérica, se han degradado a causa de las bebidas azucaradas y la comida basura y hoy en EE UU no ves sino sucesivas oleadas de adiposos por la calle exhibiendo unas lonchas infames como si tratara de un inacabable concurso de gordos.

En aquel tiempo Norteamérica aun tenía seducida a Europa por el triunfo en la guerra mundial y por la ayuda económica del Plan Marshall. En España los carteles de las películas americanas llenaban todas las fachadas de los cines, también los de barrio y constituían la más fabulosa y barata forma de escapar de la miseria. Yo era entonces un cinéfilo enfermo de mitología. Pero al llegar como un turista extraviado a Hollywood, uno de esos cinco barrios situado al norte de Los Ángeles, todos mis sueños tan largamente alimentados desde niño en el cine del pueblo sufrieron un descalabro, puesto que aquel Hollywood Boulevard no ganaba en prestancia a la calle de Bravo Murillo de Madrid. Era una avenida destartalada, sucia, sin ningún interés. El teatro Chino me pareció vulgar y las huellas de los artistas estampadas en la acera no pasaban de ser una curiosidad anodina. A la mierda la mitología, pensé, me han estafado.

Desde una cafetería de asientos corridos de plástico rojo junto a un ventanal del famoso Sunset Boulevard veía pasar por la acera gente corriente tirando de carritos, obreros abriendo zanjas, clientes de un supermercado, chicas repartiendo publicidad de hamburguesas. No, no, por la acera de Sunset Boulevard no pasaba Gloria Swanson ni William Holden ni Kirk Douglas ni Liz Taylor ni Lana Turner, que por extraño que parezca probablemente estarían en Madrid. En efecto, yo llegaba de Madrid donde hacia 1960 podías encontrarte con la mayoría de los artistas de Hollywood por la calle, a Audrey Hepburn saliendo de unas mantequerías, a Cary Grant en bicicleta por El Retiro, a Gary Cooper cruzando un paso de cebra, Rita Hayworth en la puerta del Ritz, a Tyrone Power vestido de rey Salomón muerto de infarto abrazado a Gina Lollobrigida. Y por supuesto a Ava Gardner, cuanto más ebria más guapa.

Aburrido con el puño en la mandíbula en aquella cafetería de Sunset Boulevard comencé a recordar el cine de mi pueblo, que empezó a construirse por el otoño de 1944, mientras las bandadas de tordos cruzaban hacía el sur. A media mañana, el maestro de la escuela nos llevaba de recreo a las afueras en fila de dos y yo iba cogido de la mano del niño que era mi mejor amigo. En una calle por donde pasaba la reata escolar unos albañiles encaramados en un andamio lucían una fachada de lo que la gente decía que iba a ser un cine. Unas semanas después se veía a unos pintores que le daban una mano de color crema y empezaban a dibujar unas letras muy grandes, la C, la I, la N, la E, de color azul. Los niños seguíamos día a día el proceso de las obras de la misma forma que se va construyendo un sueño, el altillo donde iría el proyector, el patio de butacas en ligera pendiente, el escenario bajo la pantalla, todo iba tomando realidad fuera ya de la imaginación, y aunque el cura decía que el cine era un invento del diablo, eso no hacía sino excitarme aún más. Por Navidad, el nombre del cine en grandes letras romanas dentro de una orla acabó de completarse. Se llamaría Cinema Rialto y en su pantalla, muy pronto, comenzarían a cabalgar, a disparar, a bailar, a besarse los héroes que veía en los pasquines y en los prospectos de mano. Allí vi por primera vez la pantalla iluminada por donde se movía Mickey Rooney en El joven Edison y Bela Lugosi en El gorila y El clavo con Rafael Durán y Amparito Rivelles.

Por Sunset Boulevard, que un día me pareció tan costroso, no sé si habrá este año limusinas cargadas de estrellas en busca de la alfombra roja. La hoguera de las vanidades, aunque diezmada por la pandemia, seguirá ardiendo en la entrega de los Oscar. Desde hace ya mucho tiempo su ceniza ha caído sobre aquel mundo fenecido de los cines de barrio, de los cines de pueblo, que han cerrado y están llenos de ratas y de telarañas, pero mantienen vivas en el espacio las risas, las lágrimas, los primeros besos oscuros y ese haz de luz que atravesaba el paraíso en cuyas butacas crujientes se realizaban todos los sueños. Las plataformas, las series, el cine en casa, se lo han llevado por delante.

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¿Se podía salvar la premiación?

Oscars 2021: Todos los ganadores y premiados de la gala - Vandal Random

Les costará trabajo encontrar a alguien que defienda cómo se llevó a cabo la ceremonia de los premios Oscar este 2021, un año difícil por todos los motivos, comenzando por la pandemia, el cambio en la distribución de contenidos y, no olvidemos, la carga social que acompaña a estos tiempos extremos que al fin se vio representada en las películas nominadas. Pero, ¿de verdad tenía que parecer un funeral?

Yo no soy de las que se molestan cuando me mezclan la política con el entretenimiento. Me gusta, de hecho, pero en el contexto de una ceremonia como esta, con el estado emocional del mundo, ¿qué necesidad de no poner a uno de los grandes conductores para hacernos reír un poco? No le hubiera quitado nada al mensaje que se mandó al ver esas películas hechas y nominadas; ni siquiera les hubiera quitado tiempo de la ceremonia de estar bien planeado, porque los largos discursos honrando a todos fueron lindos, pero para los que veían de fuera parecían cartas de amor aburridas. Extrañamente ajenas para el público en general y nada en el sentido de promover el regreso a los cines.

Luego la decisión de la producción de cambiar el tradicional final de Mejor Película fue el epítome de lo anticlimático. Sabemos que querían que nos fuéramos conmovidos con el Oscar póstumo de Chadwick Boseman, pero eso no ocurrió. En su lugar, Anthony Hopkins se aventó un pequeño video desde su granja en Gales. Merecido el reconocimiento, pero hablando de la ceremonia, llevada a cabo en una estación de trenes, todo pareció una tremenda colisión de lo que debe ser y de lo que querían que fuera. No, sirviendo a tantos amos, esta ceremonia NO se podía salvar. Lo siento.

Susana Moscatel

https://www.milenio.com/opinion/susana-moscatel/estado-fallido/se-podia-salvar-la-premiacion

DEL TEXTO A LA PANTALLA: 10 PELÍCULAS Y SERIES BASADAS EN NOVELAS, CUENTOS Y UNA COLUMNA DE PERIÓDICO

DESDE SHAKESPEARE HASTA LAS PÁGINAS DEL NEW YORK TIMES, LA ESCRITURA CREATIVA ES UNO DE LOS GRANDES REFERENTES PARA LAS PRODUCCIONES DEL CINE Y EL STREAMING

Entre otros frutos, los libros han sido desde el origen del cine uno de los principales referentes de inspiración y material para la llamada pantalla grande. Antes, porque ahí se encontraban las historias que habían conmovido al público en general y cuyo éxito ya estaba comprobado. Ahora, porque con cierta frecuencia surgen autores capaces de observar y relatar un fenómeno de manera única y original, arriesgada a veces, con recursos singulares, y el cine, ávido de historias que contar, abreva naturalmente de esa fuente.

El listado a continuación está compuesto de cintas basada en libros, relatos de ficción la mayoría de ellos, pero no solamente.

Cabe mencionar que no se trata de una selección exhaustiva ni jerárquica, sino sólo basada en un criterio de asombro y calidad para las recomendaciones ofrecidas. Veamos.

Los adioses (Natalia Beristáin, 2018)

Los adioses está basada parcialmente en la vida de la escritora mexicana Rosario Castellanos, tomando periodos de su vida que van de su juventud en su natal Chiapas a sus años como estudiante en la Ciudad de México y su etapa adulta. La cinta destaca por su atención puesta al machismo que sufrió la escritora, tanto en su vida personal y de pareja como en su faceta profesional.

 

Detrás de sus ojos (Steve Lightfoot, 2017)

Esta serie de Netflix (en seis capítulos) es una adaptación de la novela homónima (Behind Her Eyes, en su original en inglés) de la escritora Sarah Pinborough.

Detrás de sus ojos cuenta la historia de la relación entre tres personajes: Adele Ferguson, el psiquiatra David Ferguson (quienes son pareja) y Louise Barnsley, quien conoce azarosamente a David en Londres. El relato es una exploración sumamente atractiva de temas como la enfermedad mental, el encierro (en varios sentidos: psiquiátrico, psicológico y subjetivo), los sueños, la relación de pareja y más.

 

Amor moderno (John Carney, 2019-)

Esta serie tipo antología (es decir, cuyos episodios son independientes uno de otro, pero conservan todos una cierta unidad temática o de estilo) está basada en una columna del mismo nombre (Modern Love) que se ha publicado desde 2004 cada domingo en el periódico The New York Times

Como su título anuncia, las historias giran en torno al amor y, más específicamente, pretenden dar cuenta de las maneras en que este se expresa en la época contemporánea. Por lo demás, se trata de un buen ejemplo de cómo una adaptación de la literatura al cine no proviene únicamente de obras de ficción (novela, teatro, cuento, etc.), pues un buen ensayo o una crónica también pueden encontrar lugar en la pantalla.

 

El lugar sin límitesLas razones del corazónAsí es la vida (Arturo Ripstein; 1978, 2000, 2011)

Si bien no se trata de una trilogía en sentido estricto, agrupamos en este punto estas películas del director mexicano Arturo Ripstein porque las tres están basadas en obras de la literatura que, llegado el caso, podrían consultarse como referencia o con fines de comparación.

El lugar sin límites es una adaptación de la novela homónima de José Donoso y, a grandes rasgos, cuenta la historia de un prostíbulo situado en un pueblo remoto y regenteado por un homosexual travesti y su hija.

Por otro lado, Las razones del corazón está inspirada en Madame Bovary, la novela más famosa de Gustave Flaubert, en la que se cuenta la desazón de una mujer aburrida de su vida burguesa.

Finalmente, Así es la vida sigue la historia de Medea, quien en su dolor debido al desprecio de Jasón, su esposo, termina por asesinar a sus propios hijos. La tragedia fue escrita originalmente por Eurípides pero también ha conocido varias otras versiones a lo largo de la historia, desde Séneca el Joven en el siglo I antes de nuestra era hasta Darío Fo en el siglo XX.

 

Gambito de dama (Scott Frank, 2020)

Una de las series más exitosas de los últimos meses, Gambito de dama cuenta la historia de Elizabeth “Beth” Harmon, una niña huérfana que descubre por azar el ajedrez en el orfanato adonde es llevada luego del fallecimiento de su madre en un accidente automovilístico.

Curiosamente, la serie está basada en una novela que no es reciente y que por mucho tiempo había sido intentada llevar a las pantallas. El libro lleva el mismo título, fue escrito por Walter Tevis y fue publicado en Estados Unidos en 1983.

 

Dune (Denis Villeneuve, 2021)

Si bien no ha sido estrenada, incluimos esta cinta en el listado por tratarse, por un lado, de una adaptación de una de las novelas más emblemáticas de la ciencia ficción y, por el otro, porque durante mucho tiempo el proyecto de su adaptación al cine parecía titánico e imposible. O al menos así se creía en vista de la empresa que acometió Alejandro Jodorowsky a mediados de la década de 1970.

Esta versión correrá a cargo de Denis Villeneuve, quien ya se ha hecho de cierto renombre en el género luego de haber filmado dos cintas que fueron bien recibidas por los espectadores y la critica: Arrival (2016) y Blade Runner 2049 (2017), esta última una secuela de otro de los grandes referentes del cine de ciencia ficción, la mítica Blade Runner de Ridley Scott (1982), basada a su vez en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. Por cierto, Arrival tiene como fuente un cuento de uno de los autores de ciencia ficción más celebrados de nuestra época: Ted Chiang.

Dune, por su parte, fue escrita por Frank Herbert y publicada en 1966. Su historia versa en torno al príncipe de un imperio intergaláctico que se ve envuelto en intrigas que buscan arrebatarle el poder a su familia.

 

Watership Down (Noam Murro, 2018)

Watership Down, novela de Richard Adams, cuenta la historia de una colonia de conejos silvestres que vive en aparente paz hasta que uno de ellos, que posee ciertos dones de clarividencia, presiente que se acerca un peligro mortal para la madriguera. El conflicto inicia cuando este conejo, junto con otros amigos, quiere convencer al resto de los conejos del desastre inminente.

Esta es la adaptación más recientes de varias que se han hecho del libro. En este caso se trata de una miniserie de cuatro episodios producida conjuntamente por la BBC y Netflix.

En español existe una traducción de la novela con el título La colina de Watership.

 

Lupin (George Kay y François Uzan, 2021-)

Si bien esta serie no es la adaptación de un libro en específico, su personaje principal, su trama y su atmósfera están basados y tienen como referencia al personaje legendario de la literatura francesa de misterio Arsène Lupin, gentleman cambrioleur, creado por Maurice Leblanc.

Además de ser un referente emblemático de la literatura francesa, en términos históricos Lupin representa ciertos aspectos de la vida tal y como se desarrolló en Europa en la década de 1920, los años posteriores a la Primera Guerra Mundial que al menos en Francia y en España se conocieron como “los locos años veinte” (o la Belle époque, en el caso particular de Francia). 

En la serie, el personaje de Lupin es la inspiración de Assane Diop (interpretado por Omar Sy), quien haciendo gala de mucho ingenio es capaz de cometer los robos más inimaginables.

 

Entre los muros (Laurent Cantet, 2008)

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes el año de su estreno, Entre los muros es la adaptación de la novela homónima escrita por François Bégaudeau, la cual sigue la historia de una escuela de educación secundaria situada en el XXe arrondissement de París. 

Buena parte de la tensión en la historia radica en el hecho de que los jóvenes alumnos tienen orígenes étnicos, nacionalidades y creencias diversos.

El filme es un documento de interés en torno a las dificultades de la convivencia y la posibilidad siempre latente de conflicto en toda comunidad humana.

 

Trono de sangreLos malos duermen bienRan (Akira Kurosawa; 1957, 1960, 1985)

De nuevo agrupamos tres cintas de un mismo director no porque constituyan una serie en sí, sino porque tienen el denominador común de estar basadas en obras escritas. 

En este caso, se trata de las tres cintas que el gran Akira Kurosawa filmó a partir de sendas tragedias de Shakespeare: Trono de sangre basada en MacbethLos malos duermen bien en Hamlet y Ran siguiendo la tragedia de El rey Lear

Como vemos, Kurosawa se enfrentó además a tres historias particularmente complejas y emblemáticas dentro del canon de la literatura occidental. Con todo, el resultado ha sido ampliamente celebrado por la critica especializada en los tres casos.

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HITCHCOCK MÁS ALLÁ DEL SUSPENSO: EL PRIMER DIRECTOR EN HACER CINE DE AUTOR

MÁS ALLÁ DE LAS TRAMAS DETECTIVESCAS, DE ASESINATOS O DE ENREDOS ENTRE ESPÍAS, LAS CINTAS DE ALFRED HITCHCOCK TRASCENDIERON POR LA GENIALIDAD Y LA ORIGINALIDAD CON QUE EL DIRECTOR EMPLEÓ LOS RECURSOS DEL CINE
Hitchcock más allá del suspenso: el primer director en hacer cine de autor

En la historia del cine, el nombre de Alfred Hitchcock ha tenido un devenir muy peculiar. De entrada, es importante comenzar señalando que su trayectoria como director fue amplia, pues comenzó pronto en su vida: en 1925, con 26 años de edad, filmó su primer largometraje, The Pleasure Garden, y al año siguiente The Lodger: A Story of the London Fog, considerada su primera película exitosa, mientas que la última que dirigió fue Family Plot, en 1976, con 77 años de edad. 

Esto es, más de cincuenta años de trabajo cinematográfico prácticamente ininterrumpido, con un estilo que aunque definido ya desde sus primeros trabajos, fue refinando y variando sutil e ingeniosamente a lo largo del tiempo, con lo cual se convirtió en uno de los realizadores más sólidos de la historia, con esa coherencia en su obra que es propia de los grandes artistas.

Decíamos, sin embargo, que su devenir ha sido peculiar porque por mucho tiempo Hitchcock fue considerado un director como cualquier otro, cuya obra estaba destinada únicamente al entretenimiento y al consumo de masas. En parte esto se debió a los temas elegidos para sus filmes, la mayoría de ellos cercanos al suspenso, la narrativa detectivesca, de espionaje o noir, y, en menor medida, algunas tramas cómicas (en ese tipo de comedia muy propio de la tradición cultural inglesa).

Como alguna vez escribió Slavoj Zizek, la inclinación de Hitchcock hacia esos temas confundió un poco a la crítica, pues como otras expresiones de la cultura de masas de la época, las cintas de Hitchcock fueron menos valoradas de lo que merecían en términos de calidad cinematográfica.

Los primeros en revalorar la obra de Hitchcock fueron los cineastas franceses agrupados en torno a los Cahiers du Cinéma, una de las revistas más emblemáticas en la historia de la crítica cinematográfica. Hacia la década de 1960, François Truffaut introdujo la idea de “cine de autor” y usó a Hitchcock como uno de sus ejemplos más acabados. Según Truffaut, en las cintas de Hitchcock había una voluntad de estilo clara y manifiesta, una intención de artista indivisible de la persona y que, por ello, se manifestaba en la obra, única y exclusivamente, sin posibilidad de repetirse en otros lugares. 

Esta interpretación fue en su momento inesperada y polémica, pues no parecía sencillo ni evidente asociar dichas nociones, comúnmente reservadas a exponentes de la “alta cultura”, a un director que filmaba cintas de asesinatos y espías.

Con todo, Truffaut no se equivocó, por la simple razón de que supo ver aquello que otros estaban pasando de largo por fijarse únicamente en lo superficial. Los temas de Hitchcock sí eran, en efecto, propios de la cultura de masas de la época, pero a nivel puramente cinematográfico, en el uso que él hizo de los recursos propios del lenguaje cinematográfico –el uso y movimiento de la cámara, la iluminación, la decoración, las transiciones, la edición, etc.– para realizar una película, ahí fue donde demostró su talento y, cabría decir, su genio, pues llegó a descubrimientos que nadie antes en la historia del cine había ejecutado. 

De ahí que Truffaut haya asociado la idea de “autor” con Hitchcock, pues realmente este dirigió sus cintas en toda la extensión la palabra: poniendo en cada detalle una idea propia, como si la película en cuestión estuviera hecha de pequeñas piezas, cada una finamente tallada, que al final conformaría la pieza única de la cinta terminada.

Por eso, si bien el nombre de Hitchcock se puede asociar con el género del suspenso, lo cierto es que ahora podemos ver sus películas de otra manera o, mejor dicho, bajo otra luz. El espectador consumado y conocedor de los recursos del cine las disfrutará sin duda por la genialidad que hay en ellas. El amateur, por otro lado, puede encontrar en ellas una excelente iniciación al llamado “cine de autor” y a la manera en que la intencionalidad de una persona –su visión del mundo, su idea de la materia artística con la que trata, sus intereses, sus manías– puede tomar forma en una obra.

Por razones de espacio dejamos para un artículo próximo otro motivo por el cual las cintas de Hitchcock tuvieron otro momento de revalorización entre finales de la década de 1990 y principios de los años dos mil, cuando el antes citado Slavoj Zizek usó algunas de ellas para explicar o ejemplificar conceptos de la teoría del psicoanálisis (en particular los desarrollos teóricos de Sigmund Freud y de Jacques Lacan). De hecho, un libro colectivo coordinado por Zizek en esa época lleva un título particularmente ingenioso: Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock (publicado en español en 1994).

Ese momento de la historia de las ideas también es de interés por su relación con el director, pero, como decíamos, quedará para otro momento. Por ahora baste con recomendar, para saber más, dos cintas de Hitchcock y un libro:

 

Vértigo (1958)

Considerada la obra maestra de Hitchcock y, además, una de las dos mejores cintas jamás filmadas en la historia del cine (el primer lugar se lo disputa, según la crítica especializada, con El ciudadano Kane de Orson Welles, de 1941), la cinta cuenta una historia de amor mezclada con un crimen, pero va mucho más allá de eso. 

Desde el punto de vista cinematográfico es importante poner atención en los movimientos de la cámara, especialmente fluidos y curveados (de hecho, de esta cinta surgió un efecto que en cine se conoce como “dolly zoom” o “toma Hitchcock”) y los encuadres internos (esto es, encuadres que a su vez ocurren dentro un marco), entre otros detalles.

 

La ventana indiscreta (1954)

Vértigo es más sentimental, más poética, pero La ventana indiscreta es la perfección”, dijo Hitchcock a Truffaut en una de sus entrevistas, y quizá esta sola declaración podría bastar para lanzarse a ver en este mismo momento dicha cinta.

Pero si no, se puede agregar algo más. O preguntarse por qué Hitchcock consideró que La ventana indiscreta era “la perfección”. La trama de la película es, de hecho, conocida, pues ha sido parafraseada en otras cintas e incluso parodiada: un fotógrafo de periódico se ha fracturado la pierna y, por ende, no puede salir de su departamento; empantanado ahí, lo único que hace es seguir desde su ventana la vida de sus vecinos. La historia se complica cuando en ese fisgoneo sospecha que uno de ellos asesina a su esposa.

¿Por qué una historia tan sencilla dio pie a una película tan admirada? Ese es justamente el genio de Hitchcock, y por esa razón hay que verla, pues sólo así podemos ser testigos del milagro artístico que se opera justo delante de nuestros ojos. El nivel de complejidad de la cinta es tal, que sólo un talento como el de Hitchcock (aunado a su ya entonces vasta experiencia) pudo convertirlo en sencillez.

 

François Truffaut, El cine según Hitchcock

La edición impresa de las entrevistas que sostuvieron François Truffaut y Claude Chabrol (ocasionalmente) con Alfred Hitchcock en distintos momentos desde 1962 y hasta 1976. Publicado originalmente en francés, en español el libro está editado por Alianza Editorial.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

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Descolgados

‘Nomadland’ nos recuerda que cada desastre deja una estela de individuos expulsados del sistema

Nomadland: 7 Frases Honestas Acerca De Los Nómadas Modernos | Cine,  Streaming & Espectáculo | Esto También Es...

A estas alturas, con la cuarta ola, los árboles de cifras no dejan ver el bosque. Además, a veces oímos y leemos el número de contagios, la tasa de ocupación hospitalaria y el de incidencia acumulada casi con el mismo  automatismo con el que seguimos los partes meteorológicos. Es natural, pues a fin de afrontar los grandes desastres, ya sea en el ámbito íntimo o a nivel gubernamental, hace falta una adaptación excepcional de la mirada. Para enfocar aquello a lo que urge dar respuesta inmediata hay que reducir el campo visual, tal como hacen cuando persiguen a una presa los depredadores, que para eso tienen los ojos juntos al frente de la cabeza. Pero enseguida se necesita una percepción como la de los ciervos, cuyos ojos, dispuestos lateralmente, les permiten sobrevivir gracias a su visión panorámica.

Los desastres tienen ramificaciones complejas, perdurables, no siempre evidentes. Si el consabido aleteo de una mariposa es capaz de provocar una tormenta, ¿qué huracanes, aun cuando ya estemos vacunados, nos zarandearán de resultas de esta pandemia? En la era de la flexibilidad laboral extrema, los jóvenes que accedan a su primer trabajo lo harán en peores condiciones y sin haber solucionado el acceso a la vivienda. Dice con acierto Rebecca Solnit, en Un paraíso en el infierno, que los desastres son identificadores de conexiones. Y en los primeros meses de la crisis sanitaria (re)descubrimos la situación laboral del personal médico, las deficiencias en los geriátricos, el impacto del confinamiento en los aquejados de enfermedades mentales o en casas con algún familiar dependiente, la brecha digital entre alumnos, la mala calidad habitacional de muchas viviendas, etcétera. Los desastres exponen las desigualdades inherentes al orden establecido y exacerban sus efectos. Estaban allí, aunque fuera del campo visual prioritario de la agenda política.

En tiempos aún precovid leí el ensayo Nomadland de Jessica Bruder (traducido recientemente como País nómada). La expresión “ir sobre ruedas” indica que algo marcha bien, pero en este libro lo que rueda son los hogares ambulantes de una generación de estadounidenses expulsados a los márgenes por la crisis financiera de 2008. En autocaravanas y furgonetas cruzan Estados de norte a sur, o de costa a costa, encadenando trabajos temporales. Algunos de ellos preparan las sonrientes cajas de los centros logísticos de Amazon, sirven comida en puestos turísticos o descargan remolacha. La vida en la intemperie les sobrevino por la pérdida de sus ahorros, las deudas contraídas con hipotecas y tarjetas de crédito o el desempleo. Personas sin cobertura en edad de jubilación que siguen batiéndose el cobre a cambio del salario mínimo. También hay quienes desertaron porque les alcanzó un cataclismo —la muerte de un ser querido, una separación, una depresión crónica— sin haber logrado crearse una red de seguridad suficiente para resistir traumas en principio superables. Cada desastre deja una estela de individuos descolgados. A veces regiones enteras. Con el tiempo, los Gobiernos de turno aseguran haberse recuperado del tropiezo. Se apoyan en cifras macroeconómicas de crecimiento observadas con mirada depredadora; esto es, sin ver más allá de un estrecho ángulo de visión, aunque “ser humano significa anhelar algo más que la mera subsistencia. Además de alimento y cobijo, necesitamos esperanza”, concluye Bruder.

Se acaba de estrenar, dirigida por Chloé Zhao, la adaptación cinematográfica de este ensayo. No aparecen mascarillas, reuniones vía pantalla o distanciamiento social, pero parece la película sobre la pandemia filmada antes de la pandemia. Ambientada en 2011, la protagonista, Fern (Frances McDormand), pierde de un tirón a su marido (por enfermedad) y su trabajo y hogar (por la crisis). Cuando cierra la mina que insuflaba vida al pueblo de Empire, todo él desaparece, incluido su código postal. Esta historia real ha quedado congelada en imágenes de Google Maps, con coches aparcados frente a las casas. Y mientras esa explotación minera se desmantelaba, a unos kilómetros de allí abría un colosal centro de distribución de Amazon, el paradigma de la nueva economía digital. El segundo empleador privado del país es también un ejemplo de la denominada paradoja de la innovación, presente en los modelos empresariales de muchas plataformas. En esencia, se trata de copiar los de siglos pasados, en que una gran masa laboral compite en tareas relativamente poco cualificadas, pero ahora al dictado de nuestros clics y los algoritmos. Haciendo de la necesidad virtud, Fern se monta en su furgoneta para salir a campo abierto y mezclarse con nómadas, peregrinos o exiliados de este siglo XXI, dominado por el horizonte laboral de las tres íes: incierto, inestable, inseguro.

A finales de la década pasada el 40% de los jóvenes europeos estaban atrapados en un ciclo de trabajos temporales y mal remunerados. Con la incógnita todavía por desvelar del verdadero alcance económico, social y psicológico que tendrá esta pandemia, el dilema no es el ocurrente “comunismo o libertad”, más aún cuando lo segundo incluye a menudo una puerta giratoria que permite entrar a unos pocos y expulsar a muchos. Toda disyuntiva que presupone un nosotros y un vosotros contiene implícito un sálvese quien pueda y un reguero de personas descolgadas.

https://www.elboomeran.com/author/marta-rebon

Thomas Vinterberg: “Me di cuenta de cuántas cosas grandes se habían hecho en la historia por gente borracha”

El cineasta danés reflexiona en ‘Otra ronda’ sobre la manera en que bebemos alcohol, la felicidad o no que nos procura y la pérdida de curiosidad y de incentivos en la sociedad occidental. Aspira a los Oscar a la Mejor Dirección y a la Película de Habla no Inglesa.

El cineasta danés Thomas Vinterberg.
El cineasta danés Thomas Vinterberg.  BTEAM

El psicólogo Finn Skårderud, psiquiatra del Comité Olímpico Noruego, defiende la teoría de que el ser humano nace con un déficit de nivel de alcohol en sangre de 0,05%. Según su hipótesis, si cada día bebiéramos la cantidad de alcohol suficiente para corregir ese desequilibrio, rendiríamos mucho más y mejor. El danés Thomas Virterberg, una voz muy personal del cine europeo hoy, encontró en este ‘dudoso’ estudio la coartada perfecta para “celebrar el alcohol”. 

Otra ronda, ganadora de los Premios del Cine Europeo a la Mejor Película, Dirección y Actor (Mads Mikkelsen); aspirante a los Oscar a Dirección y Película en Lengua no Inglesa, y Premio al Mejor Actor en San Sebastián, entre otros muchos galardones, nació para festejar la liberación y la felicidad que nos proporciona el alcohol, y terminó siendo una auténtica celebración de la vida.

Con cuatro intérpretes –Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Magnus Millang y Lars Ranthe-insuperables, la película presenta a un grupo de profesores de mediana edad que deciden someterse al experimento sociológico que corrobore la teoría de Skårderud… e indagar un poco más allá. La película se va transformando, como los personajes, a medida que aumenta el nivel de alcohol en su sangre. De la primera felicidad, al desconcierto, los momentos amargos, la relación con los demás… hasta la decisión final. ‘Otra ronda’, además, denuncia la hipocresía de una sociedad que acepta el alcohol en las fiestas, pero criminaliza beber en soledad. 

¿El estudio sobre el alcohol en el que se basa la historia existe?

Sí existe un trabajo de un psiquiatra noruego, Finn Skårderud, aunque no se puede verificar. Mi idea es que la teoría está creada para generar polémica y habla más de la vida que de beber alcohol. Lo que trata de decir es que con uno o dos vasos de vino mejora la comunicación, la creatividad, el coraje, la alegría… El grado óptimo es eso, pero no es científico y es muy polémico. Supongo que el estudio está señalando algunas de las virtudes que perdemos con el tiempo en civilizaciones occidentales y sobre-seguras. 

¿La película nació a partir de esta teoría? 

Siendo sincero, esta película nació como una celebración del alcohol, porque me di cuenta de cuántas grandes cosas se habían hecho en la historia por gente borracha, los libros de Ernest Hemingway, las decisiones loquísimas de Churchill que cambiaron la historia mundial para siempre, como mandar 200.000 civiles a la guerra, y estoy seguro de que tomó esas decisiones mientras estaba borracho. Y me pregunté si las habría tomado si no hubiera estado borracho y empecé a pensar en lo que se escapa al control. Hay poco espacio para lo incontrolable. 

Entonces, ¿esta es una historia sobre la felicidad que nos da el descontrol? 

Creo que en la película se habla de cómo vivimos la vida, sí, de lo que no es controlable y de cómo lo gestionamos. Por ejemplo, enamorarse es incontrolable. Hay muchas cosas así en la vida, por eso quizás esta película. Asociamos la bebida con algo que nos hace sentir bien, que nos aporta felicidad. Así que ahí empezó todo, quería celebrar el alcohol, pero en seguida me di cuenta de que era importante también contar la historia de la tragedia detrás de eso. 

Mads Mikkelsen, en una escena de la película.
Mads Mikkelsen, en una escena de la película.  BTEAM

¿La inevitable soledad del bebedor?

Claro, la película es consciente de ello, por eso es interesante que el alcohol sea un líquido socialmente aceptado que eleva las artes, las decisiones políticas, el grado de las conversaciones, pero también mata gente, destruye familias… por eso es interesante. En realidad, la película habla de estar juntos, del amor, de compartir una situación desesperada en la vida… Pero lo más fascinantes es que el alcohol puede elevar a la gente y también matarla. El alcohol mata y, a pesar de todo, está completamente aceptado en la sociedad. El alcohol se acepta en fiestas, celebraciones, pero si una persona bebe mucho y bebe sola, no lo aceptamos igual, lo juzgamos… 

La película no juzga a los personas…

…Me dedico a la exploración, no juzgo nada, se trata de hacer preguntas, el espectador es el que debe buscar respuestas, en cada país se preguntarán cómo hablamos del alcohol y cómo bebemos. Nosotros seguimos bebiendo como vikingos. En las comidas de Navidad la anarquía está institucionalizada. Hoy, la situación de la pandemia es distinta en cada país y eso puede afectar, pero cada país tiene un problema con el alcohol particular y, al mismo tiempo, un deseo de beber. 

¿Cómo cree que sentirá la gente esta película, en medio de la pandemia?

En este mundo de muerte, de control y de contaminación, puede parecer un poco irrelevante, pero también puede ser, como ha pasado en Dinamarca, que la película sea una especie de revelación, un momento de libertad. Creo que este mundo necesita una borrachera colectiva. 

Al final, ¿la película no es tanto una celebración del alcohol como de la vida?

Sí, la película acabó siendo una celebración de la vida, espero. En este mundo necesitamos películas que celebren la vida. En un momento dado, en la vida te arriesgas a perder la curiosidad, la inspiración. Estos personajes hacen un esfuerzo de recuperarla. Tiene que haber un elemento en tu vida de riesgo, de recuperar la curiosidad por la vida, cuando llegas a una zona segura, en esta civilización occidental y, particularmente, en un país pequeño como el mío, el riesgo es caer en el aburrimiento, en la desilusión y cosas así. Los personajes se levantan contra eso. Pero al final la película es más personal que todo eso.

¿A qué se refiere?

Tuvimos la ambición de hacer esta película como una celebración, cuando la escribimos, pero luego sucedió una tragedia en mi vida. El cuarto día de rodaje perdí mi hija, entonces esta película se convirtió en una necesidad para mí. El sinsentido de todo era tan grande, y aún lo es en cierta forma, que si había una razón para hacer esta película, era insistir en la vida.

¿En algún momento los actores bebieron para interpretar a sus personajes?

Uno de los actores había entrado en Alcohólicos Anónimos, así que no debíamos tener alcohol en el set, era abstemio desde hacía solo unos meses. Por otro lado, los actores no pueden trabajar borrachos doce horas de rodaje, actuar borracho es muy difícil… en la pantalla todo es interpretación. Aunque, es verdad que al ensayar el comportamiento con los diferentes grados de alcohol, a veces bebían un poco. Buscábamos procedimientos para tratar de estar sobrios, para conocer el comportamiento si has bebido a partir de 0,8, 0,9 de alcohol, pero después la cosa se ponía explosiva, física.

Los cuatro actores principales.
Los cuatro actores principales.  BTEAM

¿Y cómo se prepararon para las escenas en que los personajes han bebido más?

Estuvimos viendo vídeos rusos para ambientarnos y nos dimos cuenta de que la película solo la podríamos hacer con actores no borrachos, así que les pedí que defendiesen un viaje emocional y que interpretaran personajes vulnerables.

¿Cuál es su relación con el alcohol?

Con 8 o 9 años mis padres me daban, en Grecia, a probar el vino. Estábamos en una zona de montaña y la verdad es que yo tenía la sensación de que volaba. Con 14 sí empecé a beber, vivíamos en una comuna y vivíamos cómo queríamos y hacíamos lo que queríamos. Recuerdo un día, con 16 años, que estaba borracho por la mañana y me sentía enamorado de la vida entera, fue un momento de libertad y felicidad. Siento cierta añoranza que no he querido reflejar en estos personajes.

Y ¿cómo piensa que bebe la juventud hoy?

La juventud no sé si cada vez bebe más, pero es interesante ver cómo viven hoy. Es interesante también ver ciertos estudios sobre la juventud y cómo se considera a sí misma. Se sienten mal, no atractivos, ven el futuro con temor, sienten mucha presión… les falta espacio para saber cómo controlar lo incontrolable. Tienen que aparecer como bien preparados constantemente. Ellos también necesitan dejarse ir, puede ser una reacción incluso saludable. 

https://www.publico.es/culturas/thomas-vinterberg

STAR TREK: ACID PARTY. LA OBRA MAESTRA DEL REMIX PSICODÉLICO

UNA JOYA DE LA MIXOLOGÍA ALUCINÓGENA.
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Cada tanto Internet o- esa cultura del remix, del sample, la parodia y la transposición memética- nos regala maravillas. Ya no ocurre seguido como antes, pero sigue pasando. Una obra que seguramente deberá considerarse como unas las obras maestras de ese anonimato que era parte de los orígenes de la Web, es Star Trek: Acid Party. Se trata de una pieza de 41 minutos en la que ocurre justo lo que describe: una fiesta de ácido lisérgico (o alguna otra sustancia similar) dentro del Enterprise-D. Eso es lo que sucede pero, como es fácil imaginar, las bifurcaciones -por no decir agujeros de conejo o de gusano- que eso implica son innumerables. Importantemente no es sólo una parodia en la que se despliegan efectos especiales y pirotecnia salvajemente, es una pieza bien pensada, por momentos con cierta tensión, que sabe explotar el lado humorístico y absurdo de la psicodelia, con cuidado y destreza estética.

Con el uso de puros efectos que no extrañarían de encontrarse en un video de los 80 o 90, como en los geniales sampleos de Electronic Broadcast System, fundamentalmente loops y distorsiones visuales, el usuario de Youtube Yew Syr (de quien no hay much más información salvo otros videos cortos en los que mezclan visuales con IDM) logra crear una trama inteligente aunque obviamente altamente onírica y no lineal, de experimentación y exploración cósmica. 

Parte del buen gusto y la finura de este usuario de YouTube puede constatarse con su selección musical. Una base importante de Pink Floyd, lo cual es una selección obvia pero que no es gratuita. Casi nunca Pink Floyd  ha embonado tan bien con imágenes, salvo combinado con el Mago de Oz, algo que no le pasa desapercibido a Yew Syr. Pero en los pasajes más contemplativos o radiantes, hay momentos de alta alcurnia ambiental, como Boards of Canada, Aphex Twin o Autechre, además de momentos lúdicos de hip hop y escenas donde encaja perfectamente el jazz de Miles Davies o el rock de Nine Inch Niles. De manera sobresaliente, la edición logra crear coreografías y momentos lúdicos de danza, dentro de esta fiesta lisérgica abordo de una nave intergaláctica.  Con toques de humor ligero en medio de cuestionamientos metafísico, Yew Syr ha creado una obra de culto para las huestes de internet. 

 

Imagen de portada: YouTube

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