Los delfines aprenden a usar herramientas de sus colegas

Estos cetáceos usan unas conchas para capturar peces y aprenden a hacerlo de sus pares, igual que los grandes simios, y no solo de sus madres

La tradición hace al hombre verse como la cumbre de la creación y como la única criatura inteligente del planeta y en algunos casos hasta del universo. Le lleva también a medir la inteligencia de los otros seres en comparación con la suya y a olvidar que hay otros animales con muchas características que se suelen considerar humanas: por ejemplo, los cetáceos viven en grupos que mantienen relaciones complejas y estrechas, hablan entre sí y tienen dialectos regionales; los gorilas tienen amigos para toda la vida y celebran grandes reuniones anuales.

De hecho, cuanto más se estudia el comportamiento de primates y cetáceos, más sorprende encontrar rasgos que solemos asociar a nuestra naturaleza esencial. Esta semana, un estudio publicado en « Current Biology» ha revelado que los delfines pueden aprender habilidades de sus compañeros, y no solo de sus madres. En concreto, así es como descubren cómo usar conchas vacías para capturar peces.

«Nuestro estudio muestra que el comportamiento de forrajeo, donde los delfines atrapan peces dentro de conchas marinas vacías, se extiende a través del aprendizaje social entre compañeros muy próximos», ha dicho en un comunicado Sonja Wild, primera autora del estudio y científica de la Universidad de Leeds (Reino Unido). «Esto es sorprendente, porque los delfines y otras ballenas dentadas suelen seguir la estrategia de imitar a las madres para aprender a forrajear».

Un delfin emergiendo con una concha para vaciarla de agua y capturar al pez al que persiguió para que se metiera en la concha
Un delfin emergiendo con una concha para vaciarla de agua y capturar al pez al que persiguió para que se metiera en la concha – Sonja Wild – Dolphin Innovation Project

¿Qué es exactamente lo que los delfines aprenden de sus colegas? Básicamente siguen a sus presas, normalmente peces, hasta conchas vacías dejadas en el fondo. Cuando los peces se meten dentro, los delfines introducen su hocico y suben con ellas hasta la superficie, para vaciarlas de agua y que el pez caiga dentro de su boca.

Los delfines aprenden a usar herramientas de sus colegas

De hecho, este curioso comportamiento es el segundo ejemplo conocido de uso de herramientas por parte de los delfines, aparte del uso de esponjas marinas de una forma similar a las conchas.

Estos descubrimientos se consiguieron entre 2007 y 2018, cuando un grupo de científicos estuvo sondeando la Bahía de los Tiburones, en Australia. En total, identificaron a más de 1.000 delfines del Indo-Pacífico (Tursiops aduncus) y registraron 5.300 encuntros con ellos. Además, pudieron observar el comportamiento del forrajeo con conchas en 42 ocasiones.

La importancia de aprender de los iguales

Por medio de análisis de redes sociales, relaciones genéticas y factores ambientales, los investigadores averiguaron que este comportamiento se extiende dentro de generaciones y no entre generaciones: es decir, no se aprende de las madres, sino de los «colegas».

«Esto subraya los parecidos entre cetáceos –el grupo que incluye delfines, ballenas y porpoises– y los grandes simios a a hora de transmitir los comportamientos culturales», ha dicho Michael Krützen, coautor del trabajo y científico de la Universidad de Zurich (Suiza) que comenzó estas investigaciones.

¿Por qué ocurre esto, teniendo en cuenta las enormes diferencias entre los ambientes y las evoluciones de ambos animales? «Hay fuertes similitudes entre ambos», ha continuado Krützen. «Ambos son mamíferos longevos, con grandes cerebros y con gran capacidad para innovar y transmitir culturalmente sus comportamientos».

Sonja Wild ha matizado que no todos los delfines recurren con la misma frecuencia a este comportamiento, por lo que sospechan que es posible que «algunos delfines hayan dominado su habilidad más que otros».

Por último, la investigadora ha dicho que estas investigaciones son relevantes para comprender cómo los delfines son capaces de adaptar su comportamiento a ambientes cambiantes. «Aprender de otros permite una rápida expansión de comportamientos en las poblaciones, así que se ha sugerido que las especies con estas capacidades tienen más facilidad para sobrevivir».

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Los perros de trineo aparecieron hace 9.500 años en el Siberia

El genoma de una mandíbula de un can de una isla del Ártico muestra que ya tenía las adaptaciones al frío de los actuales

La aparición de este animal y el desarrollo de la tecnología del trineo pudieron facilitar la subsistencia humana en las duras condiciones de esta región

Perros de trineo de Groenlandia
Perros de trineo de Groenlandia – Carsten Egevang / Qimmeq

Los perros son los mejores y más antiguos amigos del ser humano. Sin embargo, a pesar de décadas de estudio, todavía no se sabe a ciencia cierta cuándo y dónde fueron domesticados por primera vez de entre los lobos. Algunos estudios apuntan a que empezaron a hacernos compañía hace unos 15.000 años, cuando todavía cazábamos y recolectábamos. Desde entonces, han participado en actividades humanas vitales para nuestra superviviencia.

Perro de trineo de Groenlandia
Perro de trineo de Groenlandia – Carsten Egevang / Qimmeq

 

Un equipo de investigación internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE), un centro mixto de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y por el Globe Institute, de la Universidad de Copenhague, ha descubierto el origen de un grupo de esos canes sin los que la vida habría sido más difícil. Se trata del antepasado de los actuales perros de trineo, que vivió hace 9.500 años, al principio del Holoceno, en el Ártico asiático. La aparición de este animal adaptado a los climas gélidos y el desarrollo de la tecnología del trineo pudieron facilitar la subsistencia humana en las duras condiciones de esta región del Ártico.

El estudio, que ocupa la portada de la revista «Science», está basado en la reconstrucción del genoma antiguo de una mandíbula de perro de hace 9.500 años encontrada en la isla de Zhokhov (Nueva Siberia, Rusia), donde también han aparecido evidencias arqueológicas de tecnología de trineos. Además, se han realizado análisis genéticos a un fósil de lobo de 30.000 años de Siberia y a diez perros de trineo actuales de Groenlandia. Al compararlos, el equipo ha encontrado una gran semejanza genética entre el fósil del perro de Zhokhov y los de trineo modernos, una raza indígena usada para la caza por los inuit en la actualidad.

Resistentes al frío

Perro de trineo
Perro de trineo – Carsten Egevang / Qimmeq

El análisis genómico ha revelado que los perros de trineo actuales muestran adaptaciones a las condiciones y la actividad en el clima ártico en sus genes similares a las observadas en el fósil del perro de Zhokov. El equipo ha identificado el gen TRPC4, involucrado en la sensibilidad a la temperatura, como ya se había observado en mamuts adaptados al frío. Otro gen muy diferenciado en los perros de trineo es el gen CACNA1A, involucrado en la adaptación a la hipoxia, con un posible papel beneficioso para la actividad física en condiciones extremas. En relación a la alimentación, se llegó a la conclusión de que ni el perro de Zhokhov ni los modernos de tiro muestran adaptaciones genéticas a una dieta rica en almidón, como sí lo hacen muchas otras razas adaptadas a las sociedades agropecuarias.

El estudio genómico también ha confirmado que los perros de tiro se cruzaron en algún momento con una población de lobos que se extinguió, pues se ha detectado un flujo genético procedente de lobos siberianos del Pleistoceno.

Correas y arneses

El equipo de investigación cruzó la información genómica con otras evidencias arqueológicas para reconstruir la historia evolutiva del perro de Zhokhov. En los últimos años, han aparecido en Siberia artefactos del paleolítico superior (hace entre 30.000 y 10.000 años) de hueso cortado, cornamenta y marfil similares a las herramientas empleadas por los inuit modernos para asegurar las correas del arnés de los perros, lo que sugiere los orígenes antiguos de los trineos. Pruebas de esta tecnología también han aparecido en Zhokhov. «La tradición del uso de perros para tirar de los trineos en desplazamientos de hasta 1.500 km apareció en el Ártico asiático», comenta Marc de Manuel, primer autor del estudio.

En conjunto, las evidencias genómicas y los restos de tecnología apuntan a que los trineos de perros supusieron una ventaja para los viajes y el transporte de larga distancia de recursos esenciales para el mantenimiento de las comunidades en el noreste del Ártico asiático al principio del Holoceno. «Los perros se adaptaron al estilo de vida de los humanos en el Ártico, y muy posiblemente fueron esenciales para llevar a cabo tareas como la cacería y el suministro de alimentos a la comunidad», comenta De Manuel.

Dado que los perros de trineo son uno de los linajes de cánidos más antiguos de los que han llegado a la actualidad, los investigadores creen que la información revelada en su genoma puede ser clave en la búsqueda del origen de los perros, aún en entredicho. «Los perros han acompañado durante milenios a los humanos. La combinación de datos genómicos con evidencias arqueológicas puede arrojar mucha luz a la historia y la evolución de los cánidos y también a su papel en las sociedades humanas más antiguas», concluye Tomàs Marquès-Bonet.

Además, los investigadores creen que este estudio podría ser de utilidad en el desarrollo de planes de conservación para los perros de trineo, actualmente en peligro de extinción.

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Una nave de la NASA logra ver la galaxia desde una perspectiva nunca vista

La sonda «New Horizons», que en 2015 pasó por las cercanías de Plutón, ha hecho un experimento de paralaje en el que las estrellas cambian de posición a simple vista, gracias a la enorme distancia a la que está

 

Ponga su dedo índice delante de usted y mírelo con un ojo cerrado. Cambie de ojo y verá cómo el dedo parece moverse varios centímetros. Si supiera cuánto se mueve el dedo y qué distancia separa sus ojos podría calcular la distancia a la que se encuentra su dedo por medio de sencillos cálculos trigonométricos. Así es como en astronomía se realiza el paralaje y se calcula la posición y la distancia a la que están las estrellas. En vez de con ojos, se observa la posición de las estrellas en la bóveda celeste a medida que la Tierra recorre su órbita.

Ahora, por primera vez, una nave espacial ha mandado unas fotografías desde tan lejos que las estrellas aparecen en distintas posiciones en comparación con lo que vemos desde la Tierra. Le debemos este logro a la sonda «New Horizons», de la NASA, que en 2015 sobrevoló las cercanías de Plutón, y que está a más de 6.400 millones de kilómetros de la Tierra. Está tan lejos que una señal de radio, que viaja a la velocidad de la luz, tarda seis horas y media en llegar a la nave desde nuestro planeta.

«Se puede decir que la “New Horizons” está mirando un cielo extraterrestre, distinto a cualquiera que veamos desde la Tierra», ha dicho en un comunicado de la NASA Alan Stern, investigador principal de la misión. «Y esto nos ha permitido algo que no habíamos podido hacer hasta ahora: ver las estrellas más cercanas visiblemente desplazadas de las posiciones que vemos desde la Tierra».

Animación con las dos posiciones de Próxima Centauri, una de las estrellas cuyo desplazamiento se ha observado gracias al cambio de perspectiva de la «New Horizons»
Animación con las dos posiciones de Próxima Centauri, una de las estrellas cuyo desplazamiento se ha observado gracias al cambio de perspectiva de la «New Horizons» – NASA

Estrellas cambiadas de lugar

La «New Horizons» no es la nave más lejana, puesto que le cede ese honor a las sondas Voyager, dos naves que están situadas más allá de la heliosfera, la zona dominada por el viento solar. Pero estos dos vetustos aparatos, lanzados a finales de los setenta, ya están ciegos. Solo tienen activados dos instrumentos para medir campos magnéticos y partículas cargadas.

Sin embargo, la «New Horizons» todavía cuenta con instrumentos ópticos activos mientras se dirige a las afueras del sistema solar, tras visitar Arrokoth, antes llamado Ultima Thule, en 2019 (aquí puedes leer sobre el espectacular viaje de la sonda).

De hecho, los pasados 22 y 23 de abril la «New Horizons» activó su cámara telescópica de largo alcance y se fijó en dos estrellas cercanas, en términos astrofísicos: Próxima Centauri y Wolf 359, a 4,4 años luz y 7,8 años luz, respectivamente.

Al comparar lo observado por la sonda con el campo captado por telescopios terrestres, justo en la misma fecha, los científicos han mostrado claramente cómo las estrellas se mueven, con la misma facilidad que se puede guiñar un ojo u otro para ver cómo nuestro dedo parece cambiar de posición.

El experimento de paralaje más lejano

«Este experimento proporciona la línea de base para paralaje más extensa, con más de 6.400 millones de kilómetros (esta distancia equivaldría a la separación entre los ojos, cuando se quiere medir a qué distancia está nuestro dedo) y es la primera demostración de un paralaje fácilmente observable», ha dicho Tod Lauer, miembro de la misión «New Horizons».

Tal como ha añadido Brian May, astrofísico colaborador de la «New Horizons» y ex-guitarrista de Queen, estas fotografías «emplean la mayor distancia entre puntos de vista en 180 años de estereoscopía».

Gracias a la incomparable perspectiva de la sonda «New Horizons», un fenómeno que normalmente solo se puede observar con instrumentos muy precisos, ahora se ha podido ver a simple vista, y resulta muy evidente en mapas tridimensionales.

Los científicos de la NASA creen que esta técnica podría servir en el futuro para que los exploradores interestelares se orientasen en la galaxia, tal como hacían los navegantes de los océanos en el pasado.

De momento, sin embargo, el rastreo por ondas de radio de la red de espacio profundo de la NASA es mucho más preciso para medir distancias y posiciones, al menos dentro del sistema solar. Todavía falta para que un humano pueda ver con sus propios ojos la Vía Láctea desde otra perspectiva que no sea la terrestre.

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Nueva explicación al misterio de la cara oculta de la Luna

El lado visible de nuestro satélite es muy diferente de que no podemos observar desde la Tierra. Ahora una teoría química puede haber dado con la respuesta a este enigmaABC Ciencia

Imagen de las dos caras de la Luna: a la izquierda la visible desde la Tierra; a la derecha la que se oculta a nuestros ojos
Imagen de las dos caras de la Luna: a la izquierda la visible desde la Tierra; a la derecha la que se oculta a nuestros ojos – NASA

 

La mayoría de los planetas del Sistema Solar tienen satélites. Por ejemplo, Marte tiene dos lunas, Júpiter 79 y Neptuno 14. Algunas son heladas, otras rocosas, otras son geológicamente activas, pero también las hay con poca o nula actividad. Pero, ¿cómo llegaron hasta ahí? ¿Todos se formaron de la misma manera? ¿Qué nos podrían contar sobre los orígenes de nuestro vecindario cósmico?

No hay que irse muy lejos para que los interrogantes aparezcan. Aún no estamos del todo seguros acerca de cómo se formó nuestro satélite, si bien la teoría más aceptada es que un cuerpo del tamaño de Marte, llamado Theia, colisionó con la proto-Tierra. Nuestro planeta terminó siendo el «hijo mayor» de esta colisión, y retuvo suficiente calor para volverse tectónicamente activo. Sin embargo la Luna, más pequeña, probablemente se enfrió más rápido y quedó congelada geológicamente. Sin embargo, desde las misiones Apolo, se sabe que hay cierta actividad en la Luna, lo que choca con esta explicación. ¿Qué ocurre entonces?

Actividad geológica

Una nueva investigación publicada en « Nature Geoscience» sugiere que esto se debe a que los elementos radiactivos se distribuyeron de manera peculiar después de que la catastrófica colisión formase la Luna. En el momento del choque, se mezclaron los componentes de Theia y la prototierra. Después, se separaron rápidamente en unos pocos millones de años. Gracias a la dinámica de la colisión que formó el sistema Tierra-Luna, la Tierra posee capacidades para retener sustancias volátiles como el agua o los gases que forman la atmósfera, y tener suficiente calor interno para mantener el volcanismo planetario a largo plazo y la tectónica. Décadas de observaciones han demostrado que la historia lunar fue mucho más dinámica de lo esperado, con actividad volcánica y magnética que ocurrió hace tan solo 1.000 millones de años, mucho más tarde de lo pensado en un principio.

Y esta separación además constribuyó a que las caras visible y oculta de la Luna sean muy diferentes. De forma superficial, en el lado cercano de la Tierra, se pueden observar a simple vista manchas oscuras y claras. Los primeros astrónomos llamaron a estas regiones oscuras «maria», que en latín quiere decir «mares», pensando que se trataba efectivamente de masas de agua. Pero usando telescopios, los científicos pudieron descubrir hace más de un siglo que estos no eran en realidad mares, sino más bien cráteres o características volcánicas. Y, en aquel entonces, la ciencia suponía que el otro lado, el oculto, era igual. Pero no.

La cara que oculta el origen

A fines de la década de 1950 y principios de la década de 1960, las sondas espaciales no tripuladas lanzadas por la URSS mostraron las primeras imágenes del otro lado de nuestro satélite, momento en el que los científicos se llevaron la sorpresa: casi no tenía «mares». Solo el 1% del lado lejano estaba cubierto de «maría» en comparación con 31% para la cara cercana. Además, la corteza es más gruesa, con una composición diferente del lado cercano. La superficie también es mucho más pálida, con menos manchas de basalto y cubierta de cráteres.

Esto se interpretó como que los flujos de basalto en el lado cercano cubrieron una gran cantidad de cráteres de la Luna, pero por qué el lado cercano tenía más actividad volcánica que el lado lejano ha sido un misterio bastante grande que los científicos lunares han querido resolver. Además, hay algo más peculiar en el lado visible: una región geoquímicamente extraña llamada Procellarum KREEP Terrane.

El misterioso KREEP

Con la recogida de muestras de las misiones Apolo, los científicos descubrieron rápidamente que la relativa oscuridad de estos parches se debía a su composición geológica y, de hecho, eran atribuibles al vulcanismo. También identificaron un nuevo tipo de firma de roca que llamaron KREEP: abreviatura de roca enriquecida en potasio (símbolo químico K), elementos del grupo tierras raras (REE, que incluyen cerio, disprosio, erbio, europio y otros elementos que son raros en la Tierra) y fósforo (símbolo químico P), que se asoció con los mares. También contiene elementos como el uranio y el torio, cuya descomposición radiactiva genera calor.

Concentraciones de torio correspondientes a KREEP
Concentraciones de torio correspondientes a KREEP – NASA

Este Procellarum KREEP Terrane parece estar asociado con las llanuras de basalto, y se ha demostrado previamente que sus propiedades generadoras de calor podrían tener algo que ver con el vulcanismo prominente del lado visible. De hecho, el modelado térmico del interior lunar sugiere que la desintegración radiactiva de potasio, torio y uranio podría haber proporcionado una fuente de calor del lado cercano durante miles de millones de años.

Mezclando KREEP con rocas lunares

Ahora, un equipo internacional de científicos del Instituto de Ciencias de la Vida Terrestre del Instituto de Tecnología de Tokio, la Universidad de Florida, la Institución Carnegie para la Ciencia, la Universidad de Towson, el Centro Espacial Johnson de la NASA y la Universidad de Nuevo México llevaron a vabo una serie de análisis experimentales para medir el efecto del KREEP en la roca lunar.

Mezclaron una composición KREEP sintético con análogos de rocas lunares a concentraciones de 5, 10, 15, 25 y 50 por ciento de KREEP. Estos se mantuvieron a temperaturas que oscilan entre 1.175 y 1.300 grados centígrados durante cuatro y ocho días. El efecto fue dramático: la presencia de KREEP sintético en la mezcla redujo el punto de fusión del análogo, produciendo entre dos y 13 veces más masa fundida que en los experimentos de control sin KREEP. Y esto sin la contribución del calor radiactivo.

Para ver qué sucede cuando este calor radiactivo se agrega a la mezcla, el equipo realizó un modelado numérico. Y descubrieron que los compuestos de calentamiento radiactivo son efecto del KREEP. Juntos, los dos podrían haber contribuido a la actividad volcánica en el lado cercano de la Luna, resultando de ella las regiones oscuras que vemos hoy.

¿De dónde vino?

¿De dónde vino el KREEP? Es una pregunta de la que no se sabe la respuesta a ciencia cierta, aunque probablemente sea una consecuencia de cómo se formó la Luna: el impacto de Theia en la prototierra y la mezcla heterogénea de ambos cuerpos. Por ello, conocer mejor cómo se formó Tercel Procellarum KREEP y la manera en la que afectó los procesos interiores en la Luna puede ayudarnos a comprender mejor cómo llegó allí.

«Debido a la relativa falta de procesos de erosión, la superficie de la Luna registra eventos geológicos de la historia temprana del Sistema Solar», explica en un comunicado científico planetario Matthieu Laneuville, del Earth Life Science Institute en Japón. «En particular, las regiones en el lado cercano de la Luna tienen concentraciones de elementos radiactivos como el uranio y el torio a diferencia de cualquier otro lugar del satélite. Comprender el origen de estos enriquecimientos locales de uranio y torio puede ayudar a explicar las primeras etapas de la formación de la Luna y, como un consecuencia, las condiciones en la Tierra primitiva».

Además, Laneuville cree que la evidencia de este tipo de procesos auto-amplificadores no simétricos podría encontrarse no solo en otras lunas de nuestro vecindario cósmico, sino ser tónica general en los cuerpos rocosos de todo el universo.

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El extraño caso del hombre que no puede ver los números

Un individuo con una insólita anomalía cerebral proporciona una nueva visión de la consciencia

Cuando se le mostraba un número, el hombre solo veía una mezcla de líneas que definía como espaguetis

Cuando se le mostraba un núno. Sin embargo, a diferencia del alzheimer, los síntomas de presentación generalmente no están relacionados con la memoria, sino que son motores y somatosensoriales», explica en un correo electrónico a ABC David Rothlein, graduado en la Johns Hopkins y ahora en el VA Boston Healthcare System. Además del problema con los dígitos, RFS tiene temblores severos y dificultad para hablar debido a problemas de control motor con su mandíbula y otros síntomas.

mero, el hombre solo veía una mezcla de líneas que definía como espaguetis – UNIVERSIDAD JOHNS HOPKINS

 

RFS, esas son sus iniciales, es un individuo de 70 años con una anomalía cerebral única en el mundo. No puede reconocer los números del 2 al 9. Cuando se le muestra un dígito, solo ve una mezcla de líneas que describe como «espaguetis» y no tiene la menor idea de qué dígito está mirando. Por lo demás, su visión es normal. Por ejemplo, puede identificar letras y otros símbolos. La causa es una atrofia extensa en la corteza y los ganglios basales.

Para los investigadores de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland (EE.UU.), RFS demuestra que los seres humanos podemos tener un procesamiento cerebral extenso sin ninguna consciencia. Es decir, que nuestro cerebro puede identificar algo como una cara o una palabra sin que nosotros nos demos cuenta.

Este paciente, que tenía 60 años cuando los investigadores empezaron el estudio en 2011, tiene una rara condición neurodegenerativa llamada degeneración corticobasal (CBD). «De alguna manera es como el alzheimer. Es degenerativo, por lo que sus síntomas empeoran progresivamente. Los síntomas comienzan tarde en la vida y todavía no se sabe por qué algunas personas lo desarrollan y otras La incapacidad de ver los números es algo único. El equipo no conoce ningún caso igual. El análogo más cercano, apunta Rothlein, podría ser un fenómeno llamado prosopometamorfopsia por el que algunas personas, debido a convulsiones o alguna otra interrupción del funcionamiento del cerebro (accidente cerebrovascular, etc.), ven las caras distorsionadas (por ejemplo, la mitad de una cara parece estar derritiéndose). Al igual que el caso de RFS, este tipo de transformación es altamente selectivo para una categoría visual, ya que no conduce a la distorsión de los objetos que se parecen, «pero a diferencia de RFS, la distorsión es selectiva a las caras y el alcance de la interrupción perceptiva de los casos notificados parece ser menos severo: ¡aún pueden reconocer que están mirando una cara!», señala el científico.

Curiosamente, según publican los autores en «Proceedings of the National Academy of Sciences», para que el cerebro de RFS funcione de manera tan particular tiene que ser capaz de identificar los dígitos. Los graves problemas ocurren solo con los números y nada más. «Cuando mira un dígito, su cerebro tiene que ‘ver’ que es un dígito antes de que no pueda verlo, es una verdadera paradoja», explica el científico cognitivo Michael McCloskey, autor principal del estudio. «En este documento, lo que hicimos fue tratar de investigar qué procesamiento se llevó a cabo fuera de su conocimiento».

Un violín sobre un tres

Los investigadores encontraron que RFS tampoco podía ver nada colocado cerca o encima de un dígito. Cuando le mostraron un 3 grande con una imagen de un violín dibujado, no pudo ver el violín. Si la imagen estaba lo suficientemente lejos del número, podía verla normalmente.

Para investigar la actividad cerebral que ocurre cuando RFS recibe estímulos críticos, el equipo realizó unos experimentos usando electroencefalografía (EEG). De esta forma, podían registrar las ondas cerebrales mientras RFS miraba un número con una cara incrustada. Las grabaciones mostraron que su cerebro detectó la presencia de una cara, a pesar de que él no era consciente de ello. De hecho, su respuesta cerebral fue la misma que cuando le mostraron una cara que podía ver claramente.

«Estos resultados muestran que el cerebro de RFS está realizando un procesamiento complejo en ausencia de conciencia», dice Rothlein. «Su cerebro detectó los rostros en los dígitos sin que él lo supiera», agrega. Un segundo experimento de EEG con palabras incrustadas en números mostró que el cerebro de RFS estaba reconociendo las palabras a pesar de que él no las veía.

La clave de la consciencia

Los neurocientíficos suponen comúnmente que la consciencia visual va de la mano con este nivel de actividad neuronal, pero los resultados del equipo sugieren que se requiere un procesamiento neuronal adicional para la consciencia, y es este procesamiento adicional el que se ve afectado en RFS. El complejo procesamiento requerido para detectar e identificar rostros, palabras y otros estímulos visuales no es suficiente para la conciencia si el procesamiento adicional no continúa. «La gran pregunta es entonces: ¿qué nos hace conscientes de lo que vemos? Si bien no tenemos una respuesta definitiva a esto, nuestros resultados son consistentes con las nociones de que la conciencia coincide con la integración de la información en múltiples niveles de procesamiento», apunta Rothlein.

¿Es posible que algo similar ocurra en el cerebro de otras personas con patologías neurales y no hayamos podido identificarlo? «¡Mucho! Los síntomas que no entran en las categorías convencionales pueden pasarse por alto o descartarse. Alternativamente, un diagnóstico de agnosia, dislexia o discalculia no habría capturado la naturaleza de este problema particular», argumenta el investigador.

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La bacteria búlgara que revolucionó nuestros postres

El yogur pasó en poco tiempo de venderse en las boticas a convertirse en una delicia gastronómica

Lactobacillus bulgaricus
Lactobacillus bulgaricus – Wikicommons

Uno de los pocos lugares del mundo que tienen un museo dedicado al yogur es Studen Izvor (Bulgaría), la patria chica de un científico de comienzos del siglo veinte, Stamen Grigorov.

En 1904, después de casarse, este inquieto investigador regresó a la Universidad de Ginebra, en donde cursaba estudios de medicina en aquellos momentos. De su país se llevó consigo una cacerola de arcilla –rukatka- llena de yogur con la intención de examinarlo a nivel microscópico.

Tan sólo un año después Grigorov identificó al microorganismo responsable de la fermentación de la leche y su transformación en yogur, una bacteria alargada a la que, posteriormente, se bautizaría como Lactobacillus bulgaricus.

Su descubrimiento no cayó

 en saco roto y muy poco tiempo después el biólogo ruso Elie Metchnikoff (1845-1916) publicó un libro en el que asociaba la ingesta de este producto lácteo a una mayor longevidad, tal y como parecía deducirse de los padrones de ciertas zonas de Bulgaria.

Metchnikoff demostró, además, que el yogur era el resultado de la acción de bacterias que convertían el azúcar de la leche en ácido láctico.

De venta en farmacias

En 1911 el periódico La Vanguardia publicaba el siguiente anuncio: “Leche cuajada Búlgara. Alimento vigoroso, desinfectante intestinal recomendado para los enfermos del estómago”.

Fueron muchos los pacientes que encaminaron sus pasos hacia las boticas para hacer frente a sus “perezas estomacales” y sus “empachos gástricos” con aquel novedoso remedio balcánico.

A este nuevo paradigma terapéutico se irían añadiendo tímidamente el resto de las provincias del país. En una farmacia de la madrileña puerta del sol se podía adquirir el Yoghourt-Cit del doctor Torres Canal a setenta y cinco céntimos.

Pero no fue la capital española sino la Barcelona modernista la que acogió a Isaac Carasso (1874-1939), un judío serfardí procedente de Salónica que huía de la Guerra Ítalo-turca y que revolucionaría la fabricación del yogur.

Antes de afincarse en España había pasado un tiempo en Lausana, donde tuvo contacto con un grupo de albaneses que se dedicaban a la elaboración del lácteo. Posteriormente, conoció a Metchnikoff en la capital transalpina, cuando era el director del Instituto Pasteur, un encuentro decisivo del que surgiría la semilla empresarial.

Carasso comenzó en Barcelona su aventura elaborando yogures en un laboratorio que ensambló en su propio domicilio, en el carrer dels Àngels. Gracias al respaldo que encontró en el bacteriólogo Jaime Ferrán y en el colegio de médicos pudo comercializar sus yogures en farmacias y hospitales con el lema: “Alimento potente y reconstituyente para el estómago y los intestinos”.

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Detectan un extraño resplandor verdoso en Marte

El Satélite para el estudio de Gases Traza (TGO) de la misión ExoMars de la ESA ha detectado este fenómeno que nunca antes se había visto en otro planeta distinto a la Tierra

Detectan un extraño resplandor verdoso en Marte

Un extraño halo verde sobre la superficie marciana. Eso es lo que ha captado el Satélite para el estudio de Gases Traza (TGO) de la misión ExoMars de la Agencia Espacial Europea (ESA), quien lleva orbitando Marte desde 2016 para conocer con más detalle la atmósfera de nuestro vecino. Se trata de la primera vez que se detecta en un planeta diferente de la Tierra, por lo que significa un hito espacial de relevancia.

«Una de las emisiones más brillantes observadas en la Tierra proviene del resplandor nocturno. Más específicamente, de los átomos de oxígeno que emiten una longitud de onda de luz particular que nunca se ha visto alrededor de otro planeta, Jean-Claude Gérard, de la Universidad de Lieja, Bélgica, y autor principal del nuevo estudio publicado en Nature Astronomy. «Sin embargo, se prevé que esta emisión exista en Marte durante unos 40 años, y, gracias a TGO, la hemos encontrado», explica en un comunicado.

El mecanismo en la Tierra

En la Tierra, el oxígeno resplandece durante las auroras polares, cuando los electrones cargados, procedentes del espacio interplanetario, chocan con la alta atmósfera. La emisión de luz debida al oxígeno confiere a las auroras polares su característica tonalidad verdosa. No obstante, la aurora no es más que una de las formas en que las atmósferas planetarias brillan. En el caso de planetas como la Tierra y Marte, la luminiscencia es constante durante el día y la noche mientras la luz solar interactúa con átomos y moléculas de la atmósfera. Los resplandores diurnos y nocturnos se deben a mecanismos algo distintos: los nocturnos se producen cuando se recombinan moléculas descompuestas, mientras que los diurnos surgen cuando la luz del Sol excita directamente átomos y moléculas como las de nitrógeno y oxígeno.

En la Tierra, el resplandor nocturno verde es muy tenue, por lo que lo mejor es verlo de forma trasversal, tal y como muestran numerosas imágenes espectaculares tomadas por astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). La debilidad del resplandor puede ser un problema cuando se busca alrededor de otros planetas, ya que el brillo de su superficie puede taparlo.

Cómo se pudo ver el halo en Marte

Gérard y sus colegas pudieron detectar esta emisión en Marte utilizando un modo de observación especial del TGO. Uno de los conjuntos de instrumentos avanzados del orbitador, conocido como NOMAD (Nadir y Ocultación para el descubrimiento de Marte) e incluido el espectrómetro ultravioleta y visible (UVIS), puede observar en varias configuraciones, una de las cuales coloca sus instrumentos para apuntar directamente hacia el marciano. superficie – también conocido como el canal ‘nadir’.

«Las observaciones anteriores no habían capturado ningún tipo de resplandor verde en Marte, por lo que decidimos reorientar el canal nadir UVIS para apuntar al ‘borde’ de Marte, similar a la perspectiva que se ve en las imágenes de la Tierra tomadas de la EEI», agrega la coautora Ann Carine Vandaele del Institut Royal d’Aéronomie Spatiale de Belgique, Bélgica, y la investigadora principal de NOMAD.

Estudiando otros resplandores

El estudio del resplandor de las atmósferas planetarias puede ofrecer mucha información sobre la composición y la dinámica de una atmósfera, y revelar cómo se deposita la energía de la luz solar y del viento solar, la corriente de partículas cargadas procedente de nuestra estrella.

Comprender las propiedades de la atmósfera marciana no solo tiene interés científico, también es fundamental para operar las misiones que que se enviarán a medio plazo al Planeta Rojo. La densidad atmosférica, por ejemplo, afecta directamente a la resistencia experimentada por los satélites en órbita y por los paracaídas utilizados para posar sondas en la superficie marciana.

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¿Por qué nos gusta el olor a tierra mojada? La ciencia nos lo explica

Lo reconocemos, nos emocionamos cuando olemos la tierra mojada. Nos evoca infancia, campo, libertad, rescura, ¡hasta felicidad! Cada día estamos en contacto con cientos de aromas.

Sin embargo, hay algunos que nos gustan más que otros. De hecho, muchas personas comparten el gusto por el olor a libro nuevo, así como por el aroma a pan recién horneado y el olor a tierra mojada.

No obstante, ¿alguna vez te has preguntado por qué a casi todos nos gusta el olor a tierra mojada, el olor de la lluvia? ¿Se trata de una cuestión cultural o quizás es algo que nos han transmitido nuestros antepasados más remotos?

 

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Foto, Mia Radsmond

 

Los olores: Una conexión a lo más profundo del cerebro

Los olores activan una conexión cerebral casi instantánea con las emociones. Nuestro bulbo olfatorio tiene conexiones directas con el sistema límbico y con la amígdala, zonas vinculadas con el procesamiento y la modulación de los estados emocionales. De hecho, en estudios en los que se recurrió a la resonancia magnética funcional se ha podido apreciar que los olores que conocemos (tanto los que despiertan recuerdos positivos como negativos) activan inmediatamente las estructuras más antiguas de nuestro cerebro.

 

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Foto, John McCarthy

 

Los neurocientíficos piensan que esta conexión tan especial puede sentar sus raíces en nuestro pasado más lejano. En aquella época, el olfato debía ser un sentido muy importante para nuestros antepasados, al igual que lo es hoy para la mayoría de los animales. El olfato podía advertirles de un peligro por lo que era fundamental que desencadenase una respuesta rápida que pudiese salvarles la vida en cuestión de segundos. Por consiguiente, no es extraño que los aromas desaten una reacción emocional casi instantánea y particularmente intensa.

Obviamente, como no solo estamos programados para evitar los riesgos sino también para buscar el placer, esta misma conexión se crea con los aromas que han estado vinculados con experiencias positivas, como puede ser el caso del olor a tierra mojada o a lluvia.

 

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Foto, Rita Wollers

 

Dos olores, un significado

El olor a tierra mojada y a lluvia está compuesto por dos aromas bastante fáciles de diferenciar: el petricor, que es más fresco, dulce y suave y emana fundamentalmente de las piedras y la geosmina, que es más fuerte, con un vaho mohoso y proviene de las plantas y la tierra húmeda.

Los científicos creen que nuestro gusto por el olor de la tierra mojada es una herencia de nuestros ancestros, para quienes la lluvia siempre ha sido fuente de vida y sinónimo de supervivencia. El petricor, un término acuñado en 1964 por dos científicos australianos que estudiaban el olor de la lluvia, se libera cuando las gotas de lluvia chocan contra las rocas. En ese momento se libera una serie de aceites provenientes de las plantas, que estas habían estado acumulando durante el periodo de sequía.

Según los antropólogos, nuestros antepasados establecieron una fuerte conexión positiva con ese olor, que les indicaba que había acabado la peligrosa etapa de sequía y comenzaba la lluvia, que haría renacer las plantas y aumentaba sus probabilidades de supervivencia.

 

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Foto, Silvia García

 

Por otra parte, la geosmina es una molécula producida por la bacteria actinomycetes, que crece en los suelos húmedos y ayudan a descomponer la materia orgánica y contribuyen a la formación del humus. Cuando hay sequía, esta bacteria libera sus esporas para poder sobrevivir (a este proceso se le conoce como etapa inactiva y es un mecanismo de defensa contra la desecación). Sin embargo, cuando llega la lluvia esas esporas se propagan por el aire y quedan suspendidas en el ambiente generando ese olor a tierra mojada, que tiene un ligero vaho mohoso.

En algunos estudios se ha podido apreciar que el olor de la geosmina es el que guía a algunos animales para encontrar agua en el desierto y también se sabe que los seres humanos somos particularmente sensibles a esa molécula. Por tanto, una vez más se confirma la hipótesis de que nos atrae el olor a tierra mojada porque para nuestros antepasados era sinónimo de vida y de alimentos.

 

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Foto, Verónica Martín

 

Obviamente, cuando una persona ha vivido una experiencia negativa o traumática y la ha asociado con este aroma, inmediatamente este deja de ser agradable ya que nuestro cerebro lo clasifica dentro de los aromas potencialmente peligrosos que debemos evitar.

via Rincón de Psicología

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Podría haber hasta 6.000 millones de planetas como la Tierra, solo en nuestra galaxia

La nueva estimación aumenta la probabilidad de encontrar mundos cada vez más parecidos al nuestro

Imagen de la Vía Láctea

Cuando se trata del Universo, las cifras pueden llegar a marear. Vivimos en una galaxia que contiene alrededor de 400.000 millones de estrellas, la mayoría de ellas con uno o más planetas, y “ahí fuera”, más allá de las fronteras de nuestra Vía Láctea, las galaxias se cuentan por billones.

Ahora, un equipo de astrónomos liderados por Michelle Kunimoto, de la Universidad de British Columbia, acaba de llevar a cabo una estimación del número de planetas de nuestra galaxia similares a la Tierra. Y el resultado son 6.000 millones, una cifra gigantesca pero que supone apenas un pequeño porcentaje del total de mundos que contiene la Vía Láctea. El estudio se acaba de publicar en The Astronomical Journal.

Para ser considerado similar a la Tierra, un planeta debe ser rocoso, aproximadamente del mismo tamaño que el nuestro y estar, además, en órbita alrededor de una estrella de tipo G, similar al Sol. También tiene que orbitar en la ” zona de habitabilidad” de esa estrella, la distancia adecuada para que la temperatura superficial del planeta permita la existencia de agua líquida, uno de los ingredientes fundamentales para la vida.

De los cerca de 400.000 millones de estrellas de la Vía Láctea, cerca del 7% son del tipo G. Y eso significa que en nuestra galaxia existen alrededor de seis mil millones de estrellas con capacidad de tener planetas similares a la Tierra.

“Mis cálculos -explica Kunimoto- establecen un límite superior de 0,18 planetas similares a la Tierra por cada estrella tipo G. Estimar lo comunes que son los diferentes tipos de planetas alrededor de diferentes clases de estrellas puede aportar importante información sobre la formación de planetas y su evolución, y ayudar así a mejorar las futuras misiones dedicadas a descubrirlos”.

Debido a su pequeño tamaño, los planetas como la Tierra tienden a ser pasados por alto por los instrumentos como la sonda Kepler, dedicados a la búsqueda sistemática de nuevos mundos. Y eso significa que su número resulta muy pequeño en comparación de otros tipos más grandes de planetas descubiertos por los astrónomos. Para superar esta dificultad, Kunimoto utilizó una técnica conocida como “modelado hacia delante”.

“Empecé simulando la población completa de exoplanetas alrededor de las estrellas estudiadas por la misión Kepler -explica la investigadora-. Después marqué cada planeta como ‘detectado’ o ‘perdido’, dependiendo de la probabilidad de que mi algoritmo de búsqueda los hubiera encontrado. Luego, comparé los planetas detectados con mi catálogo real de planetas. Si la simulación producía una coincidencia cercana, entonces la población inicial probablemente representaba de forma correcta la población real de planetas que orbitan alrededor de esas estrellas”.

El trabajo de Kunimoto y sus colegas también arrojó más luz sobre una de las cuestiones más controvertidas sobre los exoplanetas: la llamada “brecha de radio”. La brecha de radio demuestra que es poco común que planetas con periodos orbitales de menos de 100 días tengan un tamaño entre 1,5 y dos veces el de la Tierra. Kunimoto encontró que, en realidad, la brecha de radio existe en un rango mucho más estrecho de periodos orbitales de lo que se creía. Sus resultados de observación, de hecho, proporcionan importantes restricciones en los modelos de evolución planetaria que explican las características de la Autoptimize brecha de radio.

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No bajar la tapa del váter puede extender el coronavirus

La descarga de agua, al tirar de la cadena, crea una nube de partículas que pueden elevarse hasta un metro y contribuir al contagio, según un estudio

Estudios recientes muestran que el coronavirus puede sobrevivir en el tracto digestivo y aparecer en las heces

Un simple gesto como tirar de la cadena del inodoro puede convertirse en algo mucho más peligroso, según un nuevo estudio de la Universidad de Yangzhou, en China. Las conclusiones, que se publican esta semana en la revista « Physics of Fluids», detallan que la descarga puede crear una nube de gotas microscópicas sobre la taza que contienen virus en tal cantidad que es posible que pueda contagiar a otras personas.

Estudios recientes muestran que el nuevo coronavirus puede sobrevivir en el tracto digestivo humano y aparecer en las heces de los infectados. Por esta razón, aumenta la posibilidad de que la enfermedad se transmita a partir del uso de inodoros. No solo una mala higiene puede ser la causante de la propagación de los virus, sino también la turbulencia que se crea tras la descarga y que aún es un campo de poco estudio en la ciencia.

En concreto, en este estudio se utilizaron modelos informáticos precisos para simular los flujos de agua y aire en un inodoro y la nube de gotas resultante tras tirar de la cadena. Los investigadores utilizaron un conjunto estándar de fórmulas dinámicas de fluidos, conocidas como las ecuaciones de Navier-Stokes, para simular la descarga en dos tipos de inodoros: uno con una sola entrada para descargar y otro con dos, que crea un flujo rotativo.

Resultados sorprendentes

Cuando el agua se vierte en la taza del inodoro por un lado, golpea el lado opuesto, creando vórtices de aire. Esta corriente se eleva sobre la taza, llevando consigo partículas a una altura de casi un metro. Ahí pueden inhalarse o depositarse en las superficies y, además, son tan pequeñas que flotan en el aire durante más de un minuto. Un inodoro con dos puertos de entrada para agua genera una velocidad aún mayor de partículas de aerosol que fluyen hacia arriba, por lo que se incrementaría la «nube» aún más.

«Se puede prever que la velocidad será aún mayor cuando un inodoro se usa con frecuencia, como en el caso de un inodoro familiar o uno público en un área densamente poblada», explica Ji-Xiang Wang, científico de la Universidad de Yangzhou y coautor del artículo.

Izquierda: vórtice causado por enrojecimiento anular común. Derecha: propagación a gran escala de partículas virales después del lavado
Izquierda: vórtice causado por enrojecimiento anular común. Derecha: propagación a gran escala de partículas virales después del lavado – J.-X. Wang

Las simulaciones muestran que casi el 60% de las partículas expulsadas se elevan por encima de la taza en un inodoro con dos puertos de entrada. Una solución a este problema es simplemente cerrar la tapa antes de tirar de la cadena, ya que esto debería disminuir la propagación de aerosoles.

Sin embargo, en muchos países, incluido Estados Unidos, los inodoros en los baños públicos a menudo no tienen tapas. Esto plantea un grave peligro. Los investigadores también sugieren que un mejor diseño de inodoro incluiría una tapa que se cierre automáticamente antes de descargar.

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