El hombre cuenta (I): desde su enfermedad, desde su nada

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Para hacer perceptible lo reciente de la aparición del hombre, los físicos en ocasiones recurren a una trasposición de las etapas de la evolución del universo y el transcurso de una película de tres horas. Recordemos algunos datos aproximados:

El Universo “surgió” hace 13.500 millones de años, esa estrella que es el sol  data de 5.000 millones de años,  la Tierra se formó hace 4.500 millones de años. ¿Y la vida?  Hace 3.500 millones de años aparecen los primeros organismos unicelulares. Los primeros mamíferos aparecieron hace 300 millones  de años. Los homínidos datan aproximadamente de seis millones de años  y los humanos habitamos la tierra hace quizás 4 millones de años, aunque el llamado “homo habilis”,  aparece  hace sólo  2500 millones de años.

Vayamos ahora a la transposición a escala en la película de tres horas.  La vida aparecería treinta minutos antes del final, los animales únicamente cinco minutos. ¿Y los humanos? Sólo  serían  introducidos una fracción de segundo, tan ínfima que el espectador no se apercibiría de ello. Supongamos ahora que una catástrofe nos hiciera desaparecer, por ejemplo en el año tres mil. Nuestra presencia total  no habría superado esa mínima fracción de segundo. ¿Fracción insignificante? Poco a poco.

Piénsese que en ella habría tenido cabida desde  el transcurrir de la técnica, la ciencia, el arte la filosofía y… el cúmulo de interrogaciones y respuestas sobre lo que tiene significativo peso y lo que es in-significante. Por ejemplo, la pregunta  misma sobre si lo inconmensurable  del transcurso temporal desde la existencia del hombre en relación al conjunto de la historia  evolutiva tiene correspondencia en el peso a otorgar a ese momento final en relación al conjunto.

Pues sólo en esa ínfima fracción de segundo entra en escena  un hacedor de signos, un ser que otorga significado, o más bien significados múltiples  bajo un mismo signo, y sin cuya acción  obviamente todo carecería de significación. En esta fracción de segundo aparece  el ser que “da cuenta” remitiendo a principios asumidos como evidencias (base de la ciencia), mas también el ser que simplemente “cuenta”,  en todo caso el ser que  dirime, acota, muestra  la no confusión y así, entre otras cosas, marca  la diferencia entre lo enorme y lo diminuto, entre lo que tiende a infinito y lo que se aproxima a lo infinitesimal.

No hay forma de escapar a esta paradoja: el proceso que constituye el universo (es decir, la historia de la transformación de la energía) sólo aparece muy dilatado en razón de que un ser efímero, “desde su enfermedad, desde su nada”, estupefacto ante su entorno, se esfuerza por ordenarlo y contarlo a la vez que  persiste en conferirle un sentido, un ser que como el Spinoza de Borges  “desde su enfermedad, desde su nada/ sigue erigiendo a Dios con la palabra”.

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Tardígrados y rosas de Jericó inspiran vacunas más resistentes

Tardígrados y rosas de Jericó inspiran vacunas más resistentes
Cuando las cosas se ponen difíciles, los tipos duros se hacen los muertos. Este podría ser el lema de dos de las criaturas más resistentes de la naturaleza: la rosa de Jericó (o planta resurrección) y el tardígrado (u oso de agua). Juntos, sus asombrosos trucos bioquímicos pueden enseñar a los científicos cómo salvar millones de vidas en los países en vías de desarrollo.

Las rosas de Jericó hacen referencia a un grupo de musgos del desierto que se marchitan durante los períodos de sequía, por lo que parecen estar muertos durante años o incluso décadas. Pero una vez que llueve, estas plantas recuperan su exuberancia y vuelven a ser verdes de nuevo como si nada hubiera sucedido. El oso de agua maneja un truco similar para hacerse el muerto. En esencia, este animal microscópico puede “apagarse” y durante ese tiempo, soportar algunos de los entornos más brutales conocidos por el hombre. Puede sobrevivir a temperaturas cercanas al cero absoluto y por encima de 300°F, pasar una década sin agua, soportar 1.000 veces más radiación que cualquier otro animal en la Tierra, e incluso mantenerse vivo en el vacío del espacio. En circunstancias normales, un oso de agua parece un saco de dormir con patas regordetas, pero cuando se encuentra en condiciones extremas, el saco se encoge. Si las condiciones vuelven a la normalidad, este pequeño solo necesita un poco de agua para volver a ser el que era.

Tardígrados y rosas de Jericó inspiran vacunas más resistentes

El secreto para la supervivencia de ambos organismos es la hibernación intensa. Básicamente se deshidratan reemplazando toda el agua de sus cuerpos con un azúcar que se endurece formando un bio-vidrio. El resultado es un estado de animación suspendida. Y aunque el proceso no funcionará para preservar a las personas (reemplazar el agua en nuestra sangre con azúcar nos mataría), sí funciona para preservar las vacunas.

La Organización Mundial de la Salud estima que cada año mueren 2 millones de niños a causa de enfermedades evitables con vacunas como la difteria, el tétanos y la tos ferina. Debido a que las vacunas contienen materiales vivos que mueren rápidamente por el calor tropical, transportarlos de manera segura hasta los necesitados puede ser una misión muy complicada. Esa es la razón por la que una empresa británica ha copiado la estrategia de los osos de agua y las rosas de Jericó. Así, han creado un azúcar conservante que endurece el material vivo del interior de las vacunas en cuentas de vidrio microscópicas, lo cual permite que las vacunas duren más de una semana en áreas con clima sofocante.

Me enteré leyendo un entretenido artículo en Neatorama sobre 10 tecnologías inspiradas por el reino animal.

No celebren la primera, sino la última

La primera ciudadana británica vacunada es un logro ínfimo. Reservemos el cava para la persona número 7.800 millones

Margaret Keenan, de 90 años, recibe la primera inyección tras la aprobación de la vacuna de Pfizer en el Reino Unido.
Margaret Keenan, de 90 años, recibe la primera inyección tras la aprobación de la vacuna de Pfizer en el Reino Unido.POOL / REUTERS

Era tan grande la ansiedad, tan recelosa la esperanza, tan impaciente la expectativa, que el mundo mediático y sus adláteres sociales se han volcado en celebrar el por lo demás aburridísimo pinchazo que recibió ayer martes Margaret Keenan, una británica de 90 años que pasará a la pequeña historia de la pandemia como la primera persona vacunada del mundo. No lo es, desde luego. Si el producto de Pfizer ha podido llegar a su brazo es solo porque 70.000 voluntarios se han vacunado antes, durante los largos meses de ensayos clínicos que han demostrado su seguridad y eficacia. No parece casual que Keenan haya sido la elegida, pues ayer se reveló como una mujer muy sensata y comprometida con la sociedad. Conociendo a los británicos, tampoco creo que fuera el azar quien seleccionara como segundo vacunado a un hombre llamado William Shakespeare.

La llegada de las vacunas es lo más parecido a una buena noticia que hemos recibido este año, y constituye un hito científico por basarse en biotecnologías novedosas y batir todas las marcas de velocidad del sector. El empeño de Boris Johnson de adelantarse unas semanas a las agencias reguladoras europea y estadounidense es provinciano e irrelevante en el gran marco de la pandemia. Puede verse como una marcada de paquete ante el inminente Brexit, como diciendo mira qué bien estamos al separarnos de Europa. Se trata de una estupidez politiquera, y ni siquiera muy redonda, porque, aunque el Reino Unido ha estimulado la investigación en vacunas de una forma muy loable, justo la de Pfizer le viene de Alemania y Estados Unidos. Los tabloides deben estar confundidos por este fenómeno incompatible con su xenofobia.

 
Si el producto de Pfizer ha podido llegar a su brazo es solo porque 70.000 voluntarios se han vacunado antes

Puestos a elegir una fecha señalada, yo no celebraría la primera persona vacunada, sino la última. La mujer que, allá por 2023, se ponga la dosis que convierta a toda la población mundial en un rebaño inmunizado. Vivirá en un país pobre que para entonces se habrá convertido en un reservorio del coronavirus, una zona donde ese puñado de átomos podrá reorganizarse para volver al mundo desarrollado con su estocada fatal. El altruismo es solo uno de los argumentos para financiar la vacunación de los países pobres. El otro es el puro, simple y venerable egoísmo, el verdadero motor del crecimiento económico.

Los privilegiados estaremos vacunados en la segunda mitad de 2021, al menos si el rechazo a las vacunas no se consolida entre nosotros. Es posible que, a medida que la gente se vacune, surja algún tipo de pasaporte de inmunidad, ya sea oficial o de corte voluptuoso: imagina que te lo piden para entrar al restaurante o a la discoteca, como hacen en las escuelas italianas con los niños que no se han vacunado contra el sarampión. Esos dilemas de privacidad que nos parecen tan vitales a los europeos darán risa y rabia en el mundo en desarrollo. No celebremos tanto la primera mujer vacunada. Reservémonos para la 7.800 millones. Hasta entonces no hay descanso.

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Tras los pasos de los terribles reptiles que reinaron antes que los dinosaurios

Un grupo de paleontólogos halla cientos de huellas fosilizadas al sur de Bolivia, las más antiguas del país, producidas hace 235 millones de años por enormes reptiles parientes terrestres de los cocodrilos

Estas impresiones encontradas en Bolivia fueron producidas por enormes reptiles lejanamente emparentados con los actuales cocodrilos, los rauisuquios.
Estas impresiones encontradas en Bolivia fueron producidas por enormes reptiles lejanamente emparentados con los actuales cocodrilos, los rauisuquios.LUCIO MANSILLA.

No son diez. Ni cincuenta. Son, más bien, centenares de huellas fosilizadas. “Es imposible evaluar su cantidad”, asegura Sebastián Apesteguía.

Hace más de diez años, este paleontólogo argentino llegó al megayacimiento de Tunasniyoj y Ruditayoj, acompañado por su colega Pablo Gallina. Allí, en medio del silencio y el calor agobiante del sur de Bolivia, los investigadores se encontraron con un verdadero tesoro al nivel de sus pies: un campo minado por huellas fósiles magníficamente conservadas de animales del pasado.

Bolivia es uno de los países con mayor variedad y cantidad de huellas de este tipo en el mundo con sitios como Cal Orcko, declarado Monumento Natural Paleontológico nacional en 1998. “Todas las otras huellas encontradas en el país corresponden al Cretácico Superior”, cuenta Apesteguía, investigador de la Fundación Azara/Universidad Maimónides. “Tienen ‘solo’ 70 millones de años”.

Por eso, en su momento los científicos consideraron en un estudio de 2011 que estos rastros hechos por animales cuadrúpedos habían sido dejados por los últimos dinosaurios. Solo con el tiempo se darían cuenta cuán equivocados estaban.

Los rauisuquios fueron los reyes del planeta antes que los dinosaurios. Dominaron hace entre 280 y 200 millones de años.
Los rauisuquios fueron los reyes del planeta antes que los dinosaurios. Dominaron hace entre 280 y 200 millones de años.JORGE GONZÁLEZ.

En 2018, Apesteguía regresó con un equipo más nutrido de investigadores a la zona -un valle cerca del pueblo de Icla, a 100 km al sureste de Sucre- para volver a analizar aquellos planchones de arenisca cubiertos de pisadas.

Los estudios geológicos y paleoambientales realizados en el lugar cambiaron lo que pensaban: revelaron que las huellas eran en realidad mucho más antiguas. “Pertenecen a mediados del período Triásico, es decir, hace 235 millones de años. Sus productores no habrían sido dinosaurios sino los depredadores que les precedieron”, señala Apesteguía en un artículo publicado hace unos días en la revista Historical Biology. “Las huellas fueron dejadas por enormes animales lejanamente emparentados con los actuales cocodrilos: los rauisuquios”.

Devoradores de dinosaurios

Hace más de 230 millones de años, cuando los actuales continentes estaban apiñados en un supercontinente único llamado “Pangea” -que significa en griego “toda la Tierra” y fue nombrado así por el geofísico alemán Alfred Wegener en 1915-, los dinosaurios eran pequeños y huidizos y recién se asomaban al mundo.

Por entonces, los reyes eran otros: los rauisuquios, enormes reptiles parientes terrestres de los cocodrilos, de entre 3 y 10 metros de largo. “Dominaron el planeta durante 80 millones de años”, dice Apesteguía, investigador del Conicet. “Entre hace 280 y 200 millones de años”.

Restos fósiles de los rauisuquios fueron encontrados en varias partes del mundo, pero especialmente en Sudamérica. Por ejemplo, en Ischigualasto (o el “Valle de la Luna”) en la provincia argentina de San Juan. Allí habitaron animales colosales como el Saurosuchus galilei o el Fasolasuchus.

En el mundo en el que vivieron estas criaturas predominaban los desiertos. Todavía no existían las flores, pero había helechos con semilla, que estaban extendidos por todos los continentes. Al ser reptiles, los rauisuquios podían vivir en estos ambientes muy áridos y de escasez de agua.

Con mucho menos marketing que el T. rex, estos animales de cráneos enormes llenos de dientes curvos y dentados eran tan o más aterradores: se alimentaban de los primeros dinosaurios herbívoros, así como de los parientes lejanos de los mamíferos, los cinodontes.

Hasta que un día desaparecieron. “Las causas de la extinción de estos animales no son bien conocidas. No ha sido una de las más grandes extinciones pero sí lo suficientemente importante para barrer con los principales depredadores en el Jurásico”.

Esto allanó el camino para que los dinosaurios se convirtieran en los grandes animales terrestres dominantes. Además de sus huesos, garras y dientes, los rauisuquios dejaron atrás incontables huellas, rastros de su antigua presencia, como estas impresiones en el departamento boliviano de Chuquisaca. “Las huellas fosilizadas de estos vertebrados nos permiten ‘ver’ animales extintos en movimiento, proporcionando información valiosa sobre distintos aspectos del comportamiento y de la ecología”, indica el icnólogo Paolo Citton, del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología, de la Universidad Nacional de Río Negro de Argentina. “Me sorprendió la cantidad de huellas preservadas en estos sitios dejadas por individuos distintos”.

En el yacimiento se ven centenares de huellas aisladas pero en algunos casos se observan otras de animales caminando juntos.
En el yacimiento se ven centenares de huellas aisladas pero en algunos casos se observan otras de animales caminando juntos./ LUCIO MANSILLA.

Si ya la paleontología es bastante detectivesca, los icnólogos son los Sherlock Holmes de esta ciencia. Siguen rastros y reconstruyen cómo eran, cómo se movían e interactuaban animales prehistóricos sin excavar un hueso. Estos especialistas trabajan con todo tipo de vestigios o trazas, es decir, cualquier indicio de la actividad biológica de un ser viviente: de huellas a excrementos fósiles (o coprolitos). “Observamos las rastrilladas y luego tomamos varias medidas para sacar información sobre los productores y la anatomía de las patas”, cuenta Citton. “Nos tiramos literalmente al piso y dibujamos todo. Tuvimos la suerte de poder trabajar con trazas bastante informativas: sacamos información por ejemplo sobre el número y la orientación de los dedos y garras, sobre cómo estos animales apoyaban las patas durante la locomoción, y si eran bípedos o cuadrúpedos”.

Así vistas, las huellas fosilizadas funcionan como fotografías en el tiempo: cuentan sobre una gran variedad de comportamientos de animales del pasado en un momento particular. Informan sobre la presencia de antiguas criaturas en un lugar determinado y lo que estaban haciendo en el entorno en que habitaban.

Carreteras de reptiles

La nueva datación convierte a estos restos en las huellas de animales terrestres más antiguas de Bolivia. En el yacimiento se ven centenares de huellas aisladas, pero en algunos casos se observan otras de animales caminando juntos. Con técnicas digitales, los icnólogos del grupo realizaron modelos tridimensionales de las impresiones y de toda la superficie.

“Hay rastros de un adulto acompañado por huellas del mismo tipo, pero mucho más pequeñas”, dice Apesteguía. “Esto nos hace pensar que estaba acompañado por sus crías”.

En otras zonas, las impresiones de cinco dedos se acumulan: podría tratarse de rastros de agrupamientos de animales en un oasis.

“Este hallazgo es bastante especial porque este tipo de huellas no suelen aparecer en tanta cantidad”, advierte la icnóloga Silvina de Valais, investigadora de la Universidad Nacional de Río Negro, en la ciudad argentina de General Roca. “Para una mejor comunicación, los icnólogos les ponemos nombre a las huellas. Este tipo de huellas se llaman Brachychirotherium o braquiquirotéridas”.

Al sur de Bolivia, paleontólogos hallaron centenares de huellas fosilizadas. Una nueva datación las convierten en las huellas de animales terrestres más antiguas de este país sudamericano.
Al sur de Bolivia, paleontólogos hallaron centenares de huellas fosilizadas. Una nueva datación las convierten en las huellas de animales terrestres más antiguas de este país sudamericano.LUCIO MANSILLA.

La variedad de los rastros llevó a los científicos a pensar que habrían sido dejados no solo por rauisuquios sino también por otros animales contemporáneos: reptiles herbívoros acorazados llamados aetosaurios. “Estas especies se solían mover más en grupo que los depredadores, usualmente más solitarios”, cuenta Apesteguía. “En ambos casos, se trata de varias especies de animales que varían entre los tres y siete metros de longitud”.

Los investigadores piensan que el terreno por el que caminaron estos animales en las arenas de lo que hace más de 230 millones de años era el Desierto Central de Pangea estaba húmedo. En algún momento, se secó levemente y decantó sedimento muy fino que fijó las huellas. La erosión hizo su trabajo durante millones de años y ayudó a conservarlas intactas hasta nuestros días.

“Aún tenemos varios interrogantes”, advierte de Valais. “¿Se movían en manada? ¿Hacían migraciones? ¿Iban y venían por los mismos sitios, quizás año tras año? Son preguntas muy interesantes que guiarán futuros trabajos por años”.

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Así podrían ser los primeros microbios que se descubran en Marte

Un estudio capitaneado por españoles encuentra todo un ecosistema microbiano en arcillas poco profundas en el desierto de Atacama, muy similares a las que abundan en el planeta rojo

Estos son algunos de los microbios hallados en el desierto de Atacama, uno de los lugares más áridos del mundo
Estos son algunos de los microbios hallados en el desierto de Atacama, uno de los lugares más áridos del mundo – Azúa-Bustos, A. Fairén, A.G. Silva et al.

El hallazgo de distintos tipos de microbios en capas arcillosas poco profundas del desierto de Atacama, en Chile, uno de los lugares más áridos del mundo, sugiere que terrenos similares justo bajo la superficie de Marte también podrían contener microorganismos. Si es así, podrían ser fácilmente encontrados por las próximas misiones robóticas y tripuladas, poniendo fin a la larga búsqueda de vida en el planeta rojo.

El hallazgo, dirigido por Armando Azua-Bustos, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) e investigadores de la Universidad de Cornell, acaba de ser publicado en Nature Scientific Reports y supone toda una “cartilla planetaria” para identificar marcadores microbianos en las excavaciones poco profundas hechas por los rover. En Atacama, los científicos encontraron capas de arcilla húmeda a menos de 30 cm de la superficie. Y en ella todo un hábitat de vida microbiana desconocido hasta ahora, compuesto por lo menos por treinta especies diferentes de bacterias de varias clases.

“Las arcillas están habitadas por microorganismos -explica Alberto Fairén, de la Universidad de Cornell y coautor de la investigación-. Nuestro descubrimiento sugiere que algo similar puede haber ocurrido hace miles de millones de años, o aún puede estar ocurriendo en Marte”.

Biomarcadores

Para el investigador, si los microbios marcianos existieron en el pasado, sus biomarcadores probablemente aún se conservan allí: “Y si los microbios aún existen hoy, la última vida marciana posible todavía puede estar prosperando allí”.

Durante los próximos años, y en preparación de la primera misión tripulada a principio de la década de los 30, el planeta rojo será visitado por varios rovers. El Perseverance, de la NASA, aterrizará en Marte en febrero de 2021 y el rover europeo Rosalind Franklin lo hará un poco más tarde, en 2023. Ambas misiones buscarán biomarcadores microbianos en la capa arcillosa que hay bajo la superficie del planeta.

“Este estudio -prosigue Fairén- ayudará a orientar esa búsqueda, informará de dónde debemos buscar y qué instrumentos utilizar para encontrar vida”. Las arcillas son importantes, dijo, “porque conservan muy bien los compuestos orgánicos y los biomarcadores. Y son muy abundantes en Marte”.

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¿Cuál es el número anterior a infinito?

El infinito no es un número, es un concepto, y además hay muchas clases

¿Cuál es el número anterior a infinito?
IMAGEN DE FAIZAL SUGI EN PIXABAY

Supongo que la pregunta viene de que te han explicado los números naturales: 1, 2, 3, 4, 5… y te han dicho que hay infinitos números naturales. Y claro, has pensado que el infinito es un número y que delante de él debe haber otro. Pero el infinito no es un número, es un concepto y además hay muchas clases de infinito.

Los números naturales, que son los de contar: 1, 2, 3, 4, 5, 6…, no se terminan nunca, hay infinitos números naturales. Eso sí puedes entenderlo. Si fueran finitos habría un número que sería el último. Pero al último número natural siempre le puedes sumar 1 y ya hay otro más. Y así siempre, infinitas veces.
La aparición del concepto de infinito hizo que las matemáticas tuvieran una evolución enorme

Lo que quiero que entiendas es que el infinito no solo es un concepto sino que además es un concepto muy complejo. Para que te hagas una idea, la aparición del concepto de infinito hizo que las matemáticas tuvieran una evolución enorme. Por ejemplo, uno de los conceptos que necesita la noción de infinito en matemáticas es la idea de límite, de acercarme a algo aunque no lo alcance nunca, pero me puedo acercar indefinidamente y tan cerca como quiera. El concepto de límite de una función en matemáticas existe porque existe el concepto de infinito. Si no fuera por eso, no existiría. Lo finito no tiende a nada, no se acerca a nada.

También es importante que sepas que hay muchas clases de infinito. El infinito de los números naturales, los que te explicaba que son los de contar, no es el mismo que el infinito de los números reales, por ejemplo. Los números reales son los de la recta real: los naturales que como te he dicho antes son los de contar (1, 2, 3, 4…); los enteros que son los naturales, el 0 y los negativos, es decir, los naturales están contenidos en los enteros; después están los racionales que son un cociente entre un número entero y un número natural, son los que se escriben como p/q, por ejemplo ½ o ¾ son números racionales y los enteros están contenidos en los racionales porque si coges -5 partido por 1, cumple la regla por lo que es un número racional. En matemáticas parecía que esos podían ser todos los números. Pero hay sucesiones de números racionales que se acercan, con el concepto de límite del que hablábamos antes, a números que no son necesariamente racionales. Los números reales son, por tanto, los racionales y esos límites que no son racionales, por ejemplo √2 o el número π. Es fácil probar que esos números no son racionales porque no se pueden escribir como un cociente de un número entero y un número natural. Esos son los números reales, los racionales y los límites de los números reales a los que llamamos irracionales.Pues bien, la cantidad de números reales es también infinita pero es un infinito más grande que el de los números naturales. Los naturales se pueden numerar de una cierta manera pero los reales, no, son muchos más. Podríamos decir que hay diversos niveles de infinitos. El de los naturales es el infinito más pequeño que hay y el siguiente estadio de infinito es el de los números reales que es mucho mayor.

Marta Macho Stadler es matemática, profesora de Geometría y Topología en la Universidad del País Vasco y especialista en teoría geométrica de foliaciones y geometría no conmutativa.

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Esta herramienta no fue construida por humanos

Hallan un conjunto de herramientas de hueso de 800.000 años de antigüedad, mucho antes de la aparición de Homo sapiens

Esta punta de hueso con púas tiene cerca de 800.000 años de edad, mucho antes de la aparición de los humanos modernos
Esta punta de hueso con púas tiene cerca de 800.000 años de edad, mucho antes de la aparición de los humanos modernos – M. Pante et al / Journal of Human Evolution

Hasta ahora se pensaba que las herramientas del tipo que muestra la fotografía, puntas de hueso con púas, habían sido inventadas por humanos de la Edad de Piedra. Es decir, por nuestros antepasados directos, pertenecientes a nuestra misma especie. Pero según un estudio recién publicado en Journal of Human Evolution la realidad podría ser bien distinta, y las herramientas en cuestión podrían haber empezado a utilizarse por homínidos varios cientos de miles de años antes de que Homo sapiens existiera.

El sorprendente hallazgo procede de un conjunto de 52 huesos de animales excavados hace tiempo, aunque aún poco estudiados, en la garganta de Olduvai, en el África oriental. Entre ellas, en efecto, se encuentra la punta de hueso con púas conocida más antigua del mundo y posiblemente elaborada, según los investigadores, por Homo erectus, un hominino que lleva ya 800.000 años extinto.

La herramienta en cuestión está formada por un fragmento de costilla de un animal grande, y presenta tres púas curvas y una punta tallada. Además, los científicos, dirigidos por el bio antropólogo Michael Pante, de la Universidad Estatal de Colorado en Fort Collins, lograron identificar otras cinco herramientas de hace 800.000 años como martillos, plataformas para golpear o cuchillos.

Las herramientas de hueso más antiguas conocidas hasta ahora, también africanas, databan de hace “solo” 90.000 años, y se suponía que eran un fiel reflejo del exclusivo ingenio de Homo sapiens, la única especie capaz de fabricarlas y que las utilizaba profusamente para pescar y cazar grandes presas.

Una herramienta a medio terminar

La punta de hueso de púas de Olduvai parece estar a medio terminar, ya que no muestra signos de haber estado sujeta a un mango de madera (cosa que sí hacían los Homo sapiens) y por lo tanto no queda claro cuál era la forma en que los homininos la utilizaban. Cuatro de las herramientas, como se ha dicho, datan de hace por lo menos 800.000 años, pero la quinta parece ser incluso mucho más antigua: los investigadores le atribuyen una edad de aproximadamente 1,7 millones de años.

“La garganta de Olduvai -explica Pante- implica que Homo erectus fue el inventor de la tecnología de puntas de hueso con púas”. La seguridad del científico se deriva de un hecho concreto: en los mismos yacimientos también aparecen las toscas herramientas de piedra que se suelen encontrar en los lugares con fósiles de Homo erectus.

Las herramientas descritas en el estudio proceden de una colección de huesos de animales excavada por Mary Leakey a finales de la década de los 60 y principios de la de los 70 y que fueron almacenadas sin apenas estudiarlas junto a miles de fósiles y artefactos en una instalación en Olduvai. Pante y sus colegas descubrieron el conjunto de 52 huesos en 2007 y llevan estudiándolos desde entonces.

Lo que parece claro es que Homo erectus y quizá también otras poblaciones “pre humanas”, ya mostraban una gran habilidad a la hora de construir herramientas funcionales, un claro signo de inteligencia. Sabemos, por ejemplo, que esas mismas poblaciones protagonizaron a lo largo de la historia otra serie de avances críticos mucho antes de la aparición de nuestra propia especie hace unos 300.000 años. Avances como herramientas de piedra, el uso controlado del fuego o la capacidad de adaptarse y sobrevivir en entornos nuevos.

Pante cree que esas antiguas herramientas de hueso podrían haber ayudado a los antiguos homininos a migrar a través de regiones desconocidas en las que no sabían dónde estaban las canteras de piedra. Y sospecha que esos mismos constructores debieron ser capaces, también, de crear ornamentos y elementos simbólicos. Ahora solo es cuestión de encontrarlos.

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Descubren el secreto de la tinta de los papiros egipcios

Los escribas la secaban con plomo, una técnica muy similar a la empleada por los pintores europeos del Renacimiento

Detalle de un tratado médico de la biblioteca del templo de Tebtunis con títulos marcados en tinta roja

Detalle de un tratado médico de la biblioteca del templo de Tebtunis con títulos marcados en tinta roja – Colección Papyrus Carlsberg

Los escribas del antiguo Egipto utilizaban tinta negra y roja para escribir los famosos papiros. Con la primera se hacía el cuerpo principal del texto, mientras que para destacar los títulos, instrucciones o palabras clave recurrían a la segunda. Durante la última década, muchos estudios científicos han intentado arrojar luz sobre la composición de esas tintas de los años 100 a 200 d.C. para conocer mejor las prácticas de escritura de la época. Ahora, un equipo europeo formado por químicos, físicos y egiptólogos, con la ayuda de técnicas de sincrotrón, ha revelado algunos de sus secretos. El más sorprendente es el uso de plomo para secar la tinta, una técnica muy similar a la que emplearon los pintores europeos del siglo XV durante el desarrollo de las pinturas al óleo.

Los investigadores de la Universidad de Copenhague utilizaron el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón (ESRF) en Grenoble (Francia) para estudiar la tinta roja y negra en papiros de la única biblioteca institucional a gran escala que se sabe que ha sobrevivido desde la antigüedad en Egipto: la biblioteca del templo de Tebtunis. Las muestras estudiadas en este proyecto de investigación son, según los autores, excepcionales, no solo porque proceden de la famosa biblioteca, sino también porque el análisis incluye hasta doce fragmentos de papiro egipcio antiguo, todos inscritos con tintas rojas y negras.

«Al aplicar tecnología punta del siglo XXI para revelar los secretos ocultos de la tecnología de tinta antigua, estamos contribuyendo a desvelar el origen de las prácticas de escritura», explica Marine Cotte, científica de la ESRF y coautora del artículo sobre el descubrimiento que se publica este lunes en la revista PNAS.

Como en el Renacimiento

«Algo muy llamativo fue que encontramos que se agregaba plomo a la mezcla de tintas, no como tinta, sino como secador de la tinta, para que la tinta se quedara en el papiro», dice Cotte. Los investigadores llegaron a esta conclusión porque no encontraron ningún otro tipo de plomo, como el blanco de plomo o el minio, que debería estar presente si se usara plomo como pigmento. «El hecho de que el plomo no se haya añadido como pigmento sino como secador infiere que la tinta tenía una receta bastante compleja y no podía ser hecha por cualquiera», añade Thomas Christiansen, egiptólogo de la Universidad de Copenhague y también coautor del estudio.

Un hecho sorprendente, dicen los científicos, es que la receta de la tinta se puede relacionar con las prácticas de pintura desarrolladas muchos siglos después durante el Renacimiento. «En el siglo XV, cuando los artistas redescubrieron el óleo en Europa, el desafío era secar el óleo en un tiempo razonable», dice Marine Cotte. «Los pintores se dieron cuenta de que algunos compuestos de plomo podrían utilizarse como secadores eficientes», explica.

Rojo ocre

En el análisis, los investigadores utilizaron varias técnicas de sincrotrón (micro fluorescencia de rayos X, micro difracción de rayos X y espectroscopia microinfrarroja) para sondear la composición química de las tintas desde la escala milimétrica hasta la submicrométrica. Los científicos descubrieron que el plomo estaba asociado a diferentes elementos: una mezcla compleja de fosfatos de plomo, sulfatos de plomo de potasio, carboxilatos de plomo y cloruros de plomo.

Como era de esperar, los científicos descubrieron que el color rojo de la tinta viene dado por el ocre. Más sorprendentemente, descubrieron que este pigmento rojo está presente como partículas gruesas mientras que los compuestos de plomo se difunden en células de papiro, a escala micrométrica, envolviendo las paredes celulares y creando, a escala de las letras, un efecto de anillo de café alrededor de las partículas de hierro, como si las letras estuvieran delineadas.

«Creemos que el plomo debe haber estado presente en un molido fino y quizás en un estado soluble y que cuando se aplica, las partículas grandes permanecen en su lugar, mientras que las más pequeñas se ‘difunden’ a su alrededor» explica Cotte. En estos halos, el plomo está asociado con azufre y fósforo. El origen de estos sulfatos y fosfatos de plomo, es decir, si estaban inicialmente presentes en la tinta o se formaron durante su alteración, todavía es un enigma.

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Crean el barco más pequeño de la Tierra: de un tercio del grosor de un cabello

Físicos de la Universidad de Leiden han conseguido construir este pequeño navío, que incluso puede navegar, gracias a una sofisticada impresora 3D

El pequeño barco puede incluso navegar sobre el agua

Científicas de la Universidad de Leiden (Holanda) Rachel Doherty y Daniela Kraft han conseguido batir un récord: han construido el barco más pequeño del mundo, que tan solo mide 30 micrómetros o, más o menos, un tercio del grosor de un cabello. Las físicas han conseguido esta proeza gracias a una sofisticada impresora 3D. La imagen del barco se consiguió gracias a la ayuda de un microscopio electrónico.

El grupo de investigación de Kraft y Doherty investiga en torno a los micro nadadores, pequeñas partículas que se mueven en fluidos como el agua y que solo son visibles a través del microscopio. En concreto, su objetivo es comprender a los micro nanadores biológicos, tales como las bacterias, para entender su comportamiento y poderlo trasladar a otros micro nadadores artificiales, que puedan ayudar en campos tan dispares como los microfluidos, la minería o la medicina, transportando, por ejemplo, medicación muy específica en el organismo de pacientes

La mayor parte de la investigación de este tipo se lleva a cabo sobre partículas en forma de esfera, pero la impresión 3D ofrece nuevas posibilidades, como muestran los investigadores en el artículo que acaban de publicar en « Soft Matter». También imprimieron partículas en forma de espiral, que giran mientras son impulsadas a través del agua.

El microbote, llamado «3DBenchy», no tiene hélice, si bien puede zarpar en el agua con un impulso externo. Según explican las investigadoras, «3DBenchy es un diseño 3D estándar para probar impresoras 3D».

Crear diseños en miniatura no es una afición sin ningún tipo de aplicación; al contrario. Estos pequeñísimos artefactos sirven para demostrar que la tecnología avanza y que se puede construir objetos en una escala tan reducida y precisa que pueda servir de vehículo en los tratamientos médicos del futuro. Desde casas diminutas en las que no puede ni vivir un ácaro de polvo a tarjetas de Navidad en la que para ver al remitente hay que utilizar un microscopio electrónico, estas pruebas constituyen la base de la increíble tecnología que aún está por llegar.

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