Cómo observar a Atlas, el brillante cometa «suicida» que desconcierta a los astrónomos

Poco después de ser descubierto el pasado mes de diciembre, su luminosidad empezó a crecer mucho más de lo esperado

Cometa Atlas fotografiado el 6 de marzo de 2020 por el astrofotógrafo austriaco Michael Jäger. La atmósfera verde difusa del cometa es aproximadamente dos veces más ancha que el planeta Júpiter.
Cometa Atlas fotografiado el 6 de marzo de 2020 por el astrofotógrafo austriaco Michael Jäger. La atmósfera verde difusa del cometa es aproximadamente dos veces más ancha que el planeta Júpiter. – Michael Jäger

 

Un cometa llamado Atlas se dirige hacia el Sol en un camino suicida. Sin embargo, es una buena noticia para nosotros, ya que previsiblemente va a proporicionar un gran espectáculo que desde ya puede ser visto con unos prismáticos. Descubierto el pasado mes de diciembre, se ha vuelto mucho más brillante de lo que los expertos predijeron en un principio y, si consigue aguantar sin desintegrarse un poco más, podría verse en el cielo como un punto tan luminoso como Venus. Y a simple vista.

Poco después de su descubrimiento, Atlas comenzó a crecer más y más. Los astrónomos calculan que a finales de mayo, principios de junio podría darse su mayor pico de luminosidad, ya que se encontrará a su mínima distancia del sol, 37,8 millones de kilómetros de nuestra estrella. Y será reconocible no solo por la intensidad, sino porque su color será de un tono verdoso que revelará que la ubicación del cometa.

La trayectoria del cometa en el cielo con marcadores de 7 días
La trayectoria del cometa en el cielo con marcadores de 7 días – Tomruen/CC BY-SA 4.0/Wikimedia Commons

 

Según los cálculos de los investigadores, desde el mes de febrero ha pasado de magnitud +17 a magnitud +8 en marzo (a menor magnituz, mayor luminosidad: Por ejemplo, Venus tiene -4,4 y la Luna -12,6), lo que quiere decir que el brillo es 4.000 veces mayor. A este ritmo, que ha pillado por sorpresa a los astrónomos, podría ser visible a simple vista en zonas de poca contaminación lumínica en tan solo un par de semanas.

Es normal que un cometa se vuelva más brillante a medida que se acerca al Sol: formados por un amasijo de hielo, polvo y rocas, sus componentes se queman y se liberan los volátiles congelados. Sin embargo, por esto mismo es impredecible su destino. Puede que antes de llegar a su máximo esplendor su estrucutra no aguante y acabe hecho añicos por completo antes de lo previsto. Pero, si Atlas resiste, los investigadores calculan que podría alcanzar una magnitud de +1 a -5, incluso pudiendo ser visible a la luz del día.

Dónde mirar

Atlas posee una cola de hasta 300.000 kilómetros, más del doble del diámetro de Júpiter. Se trata de una cola verde que se produce a medida que el carbono y el gas cianuro dentro del cometa se ionizan a medida que se acerca a nuestra estrella anfitriona.

Ahora se encuentra en la constelación de la Osa Mayor. En abril será visible a mitad de camino en el cielo del noroeste en la noche en la constelación de Perseo-Camelopardails y en junio en la constelación de Orión en el cielo del noreste en la mañana y potencialmente visible a simple vista.

Aparte, nuestra ubicación en el hemisferio norte nos da una vista privilegiada del evento. De hecho, si Atlas consigue aguantar, el espectáculo podría estar a la altura de la luminosidad que nos el cometa Hale-Bopp en 1997. Curiosamente, Atlas sigue un camino casi idéntico al famoso Gran Cometa de 1843, un supercometa del que existen grabados de la época remarcando su enorme cola. De hecho, algunos expertos creen que Atlas podría ser una escisión de éste.

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Una herramienta para saber si el coronavirus es de origen natural o está fabricado por el hombre

Un equipo de investigadores establece once criterios para determinar si la pandemia es, o no, de origen natural

Una herramienta para saber si el coronavirus es de origen natural o está fabricado por el hombre

Hace apenas unos días, un estudio publicado en Nature Medicine salía al paso de las noticias que atribuyen el origen del coronavirus de la Covid-19 a la mano del hombre. Para los investigadores, del Instituto Scipps de Investigación, la composición genética del virus dejaba muy claro que no se trata de una mezcla de virus conocidos, como podría esperarse si hubiera sido “fabricado” por el ser humano. Además, añadía el estudio, el SARS-Cov-2 cuenta con una serie de características muy poco usuales y que recientemente han sido identificadas en los pangolines, un tipo de oso hormiguero. Lo cual constituye otra evidencia de que el virus tiene un origen natural.

Sin embargo, llegar a esa conclusión no resulta fácil, porque las herramientas que se utilizan para esos análisis se basan, por defecto, en el supuesto de que todos los brotes son de origen natural, por lo que no suelen incluir evaluaciones de riesgo que contemplen la posibilidad de que los virus sean artificiales.

Por eso, un equipo de investigadores de la Society Risk Analysis, un foro especializado en el análisis de riesgos para la sociedad que funciona desde 1980, ha puesto a punto un test de evaluación especialmente diseñado para ese fin. Se trata de una actualización de la llamada herramienta Grunow-Finke (GFT), y podría ser definitiva a la hora de determinar si el brote de coronavirus procede de la naturaleza o del hombre. El estudio se acaba de publicar en Risk Analysis, la revista académica más importante del sector.

La herramienta GFT modificada contiene 11 criterios especialmente pensados para determinar si un brote tiene, o no, un origen natural:

1.- Existencia de un riesgo biológico, es decir, presencia de un entorno político o terrorista que pudiera dar lugar a un ataque biológico.

2.- Una cepa vírica inusual. En brotes de origen no natural, las cepas de los virus pueden ser atípicas, raras, anticuadas o nuevas, con diferentes mutaciones y orígenes, estar editadas genéticamente o haber sido creadas con técnicas de biotecnología sintética. Esos brotes pueden mostrar una mayor virulencia, sobrevivir en ambientes inusuales, resistir a medidas profilácticas y terapéuticas o dificultar su detección e identificación.

3.- Aspectos especiales. No se puede descartar que un agente biológico haya sido manipulado genéticamente.

4.- Peculiaridades en la distribución geográfica de la enfermedad. Esa distribución geográfica sería inusual desde una perspectiva epidemiológica si la enfermedad se identifica en una región afectada por primer vez o después de un largo periodo de tiempo.

5.- Alta concentración del agente biológico en el ambiente. Si un agente biológico se libera de forma artificial, podemos esperar encontrarlo en concentraciones inusualmente altas en el aire, el suelo y el agua potable o superficial en un área muy extensa.

6.- Peculiaridades en la intensidad y dinámica de la epidemia. Se caracterizarían por el porcentaje de casos de la enfermedad por unidad de tiempo o por el número total de casos.

7.- Peculiaridades en el modo de transmisión. En general, las epidemias naturales presentarán vías de transmisión que son típicas para el patógeno y sus huéspedes naturales. Las desviaciones de esas rutas naturales de infección podrían indicar que los agentes biológicos se han diseminado de forma deliberada.

8.- Peculiaridades en el momento de aparición de la epidemia. Las epidemias de muchas enfermedades infecciosas suceden, en su mayoría, en determinadas estaciones del año, ya sea porque dependen del clima o porque ocurren tras ciertos intervalos de tiempo.

9.- Propagación inusualmente rápida de la epidemia. La velocidad a la que se propaga una epidemia está determinada por la virulencia, resistencia y concentración del patógeno y por el contagio de la enfermedad y la intensidad del proceso de transmisión, por un lado, y por la susceptibilidad y disposición de la población expuesta, por el otro.

10.- Limitación de la epidemia a una población específica. Los ataques biológicos pueden dirigirse contra grandes grupos de población heterogéneos, como los contingentes militares, o contra grupos objetivos seleccionados.

11.- Situaciones especiales. Cualquier circunstancia sospechosa que se identifique antes, durante o justo después del brote puede apuntar a una propagación antinatural.

Si la herramienta revela una puntuación inferior a 30 (de los 60 puntos posibles), entonces el brote será debido a causas naturales. Cualquier valor que supere los 30 puntos será el indicativo de un origen intencionado. Según cuáles sean los datos disponibles, a cada uno de los once criterios se les asigna un valor de entre 0 y 3 puntos. El valor resultante se multiplica por un factor de ponderación establecido entre uno y tres puntos. La suma de puntos se divide después por el número máximo de puntos, lo que indica la probabilidad de bioterrorismo.

 

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¿Hasta cuándo durará el aislamiento por el coronavirus? Tres posibles estrategias para volver a la normalidad

El mundo necesita con urgencia hallar un modo de salir de la parálisis actual provocada por la Covid-19

Una mujer toma el sol en su casa de Madrid durante el confinamiento

Con un tercio de la población mundial confinada en el interior de sus casas, el planeta entero parece haberse detenido de repente. Numerosos equipos de investigadores luchan contra el tiempo para poner a punto una vacuna mientras los sistemas sanitarios se colapsan y el coronavirus sigue avanzando y cobrándose nuevas víctimas cada día. “Pasará”, repiten una y otra vez los responsables políticos a sus poblaciones confinadas. “Es algo temporal y juntos, lo venceremos”. Sí, ¿Pero cuándo? ¿Y cuándo podremos retomar nuestras vidas con normalidad?

La respuesta no es fácil, y depende de una complicada serie de factores que, además, varían de una a otra región del planeta. El consenso de los científicos, sin embargo, parece unánime: incluso si el número de contagios empezara a disminuir en el transcurso de las próximas semanas, o meses, estaríamos aún muy lejos del final. Y el coronavirus tardará mucho tiempo en desaparecer, posiblemente años.

La actual política de confinamiento es, sin duda, muy efectiva a la hora de frenar la curva de contagios, pero eso no implica que el virus vaya a desaparecer. La actual estrategia de cerrar amplios sectores de la sociedad no resulta sostenible a largo plazo, ya que causaría daños irreparables tanto en la sociedad como en la economía. Pero levantar las restricciones que frenan el avance del virus supondría un coste inasumible en vidas humanas.

Ante esta situación, los países necesitan con urgencia una estrategia de salida que les permita romper este círculo vicioso y seguir adelante. Un plan que permita volver a la normalidad sin que ello suponga el sacrificio de miles de ciudadanos. Y eso constituye un enorme desafío, tanto científico como social.

Tres formas de salir

Según un informe publicado recientemente por la BBC, existen tres formas posibles de salir de este desastre, aunque ninguna de ellas es la panacea. Son éstas: vacunación, que un número suficiente de personas desarrollen inmunidad, o cambiar para siempre el modo en que se comporta la sociedad.

Vacunas: más de un año de espera

Según los números, si se pudiera vacunar por lo menos a un 60% de la población, el coronavirus dejaría extenderse como lo hace ahora. Pero hace solo unos días que las primeras personas recibieron vacunas experimentales en Estados Unidos y China, y eso (por lo menos en el caso de EE.UU.) solo después de que se permitiera a los investigadores saltarse el paso obligatorio de probar primero con animales.

Aún así, y aunque la investigación avanza a una velocidad que no tiene precedentes, no existen aún garantías de que esas vacunas vayan a ser exitosas. Y si todo sale bien, las primeras unidades de esas vacunas aún tardarán entre 12 y 18 meses en empezar a ser distribuidas. Demasiado tiempo como para mantener los actuales niveles de restricción.

Inmunidad natural: por lo menos dos años

Según explica el informe de la BBC, la estrategia a corto plazo del confinamiento no erradica el virus, ya que tiene como objetivo reducir en lo posible el número de casos para evitar el colapso de los sistemas sanitarios. Una vez que se llegue al tan esperado “pico de infección” y la curva de contagios se vuelva descendente, se podría permitir que algunas de las medidas restrictivas se levantaran durante algún tiempo, dando un respiro a la sociedad hasta que las infecciones volvieran a aumentar e hicieran necesaria otra tanda de restricciones.

Esta situación, repetida una y otra vez, podría llevar a que cada vez más ciudadanos se volvieran inmunes lo que, con el tiempo, permitiría volver a poner en marcha a una parte cada vez mayor de la sociedad. Pero ningún experto cree que el número necesario de personas inmunes pueda llegar a ser el suficiente hasta dentro de, por lo menos, dos años. Y queda abierta, además, la cuestión de cuánto tiempo podría durar esa inmunidad. Otros coronavirus ya nos han enseñado que las respuestas inmunes frente a ellos son muy débiles, lo que lleva a que una misma persona pueda contagiarse varias veces a lo largo de su vida.

Cambiar el comportamiento de la sociedad

La tercera opción para recuperar una cierta normalidad sería llevar a cabo cambios permanentes en nuestro comportamiento, tanto individual como colectivo, lo que nos permitiría mantener siempre bajas las tasas de transmisión. Hacerlo podría significar mantener “sine die” algunas de las medidas actuales, estando siempre pendientes de la aparición de nuevos brotes para, cada vez que sea necesario, volver a endurecer las medidas.

También el desarrollo de medicamentos capaces de tratar con éxito una infección por Covid-19 podrían ayudar a las tres posibles estrategias, evitando o limitando la transmisión entre personas.

A largo plazo, pues, la mejor forma de salir de esta situación es esperar a la vacuna. Los cientificos están tratando de acelerar su desarrollo lo más posible. Mientras, no quedará más remedio que cambiar el modo en que vivimos y nos relacionamos. El mundo debe cambiar, y debe hacerlo ya.

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La oscuridad, y no el frío, fue lo que mató a los dinosaurios

El hollín de los incendios globales provocados por el impacto de un asteroide bloqueó la luz solar el tiempo suficiente para provocar la extinción masiva de hace 66 millones de años

La comunidad científica acepta como cierto que hace unos 66 millones de años un asteroide impactó en la punta de la península de Yucatán, en el México actual, provocando un invierno global que duró varios años y acabó con el 75% de las especies sobre la Tierra, incluyendo los dinosaurios. Sin embargo, no ha estado tan claro cuál fue el mecanismo exacto que arrasó con la vida. ¿Fue el frío insoportable? ¿La oscuridad en la que se sumió el mundo? Ahora, un nuevo estudio en la revista «Geophysical Research Letters» cree tener la respuesta.

El nuevo estudio simula las contribuciones de las emisiones de azufre, polvo y hollín del impacto a la oscuridad y el frío extremos de lo que se llama un invierno de impacto. Y los resultados no dejan lugar a dudas: el frío habría sido severo pero probablemente no lo suficientemente devastador como para provocar una extinción masiva. Sin embargo, las emisiones de hollín de los incendios forestales mundiales oscurecieron el cielo lo suficiente como para matar los vegetales en la base de la red alimentaria durante más de un año. Ahí está la clave.

El impacto del asteroide de Chicxulub arrojó material a la atmósfera superior que luego llovió de regreso a la Tierra. Las partículas de regreso tenían suficiente energía para asar, literalmente, la superficie terrestre y desatar incendios forestales globales. El hollín de los incendios, junto con los compuestos de azufre y el polvo, bloquearon la luz solar y causaron un invierno que duró varios años. Investigaciones anteriores estiman que las temperaturas globales promedio cayeron en al menos 26ºC.

Los científicos saben que la extrema oscuridad y el frío fueron devastadores para la vida, pero aún están separando qué componente fuen el más dañino. En el nuevo estudio, los investigadores utilizaron un modelo climático sofisticado para simular los efectos climáticos del hollín, los sulfatos y el polvo del impacto.

Sus resultados sugieren que las emisiones de hollín de los incendios mundiales absorbieron la mayor cantidad de luz solar durante el mayor tiempo posible. Hasta el punto de que los niveles de fotosíntesis cayeron por debajo del 1% de lo normal durante más de un año. «En comparación con el polvo, que no permaneció en la atmósfera tanto tiempo, y el azufre, que no bloqueó tanta luz, el hollín podría impedir que casi toda la luz llegue a la superficie durante al menos un año», dice Clay Tabor, geocientífico de la Universidad de Connecticut y autor principal del nuevo estudio. «Parece que estas condiciones de poca luz son una explicación probable para gran parte de la extinción», añade.

Refugio en el Ártico

La oscuridad habría sido devastadora para la fotosíntesis y podría explicar la extinción masiva a través de un colapso de la red alimentaria, según los investigadores. Toda la vida en la Tierra depende de fotosintetizadores como plantas y algas que cosechan energía de la luz solar.

Curiosamente, la caída de temperatura probablemente no fue tan perturbadora para la vida como la oscuridad. En regiones como las altas latitudes, los resultados sugieren que los océanos no se enfriaron significativamente más de lo que lo hacen durante un ciclo normal de las estaciones. «En comparación con los casi dos años sin actividad fotosintética del hollín, parece tener una importancia secundaria», dice Tabor.

Como resultado, las regiones costeras de latitudes altas pueden haber sido refugios para la vida en los meses posteriores al impacto. Según los investigadores, las plantas y los animales que viven en el Ártico o en la Antártida ya están acostumbrados a grandes cambios de temperatura, frío extremo y poca luz, por lo que podrían haber tenido una mejor oportunidad de sobrevivir al impacto del invierno.

Los resultados también proporciona información sobre lo que podría suceder en un escenario de invierno nuclear. «El principal impulsor es en realidad el hollín en una situación de tipo similar», apunta Tabor. «Lo que realmente destaca es cuán potencialmente impactante puede ser el hollín en el sistema climático».

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La solución de China a las cuatro plagas que acabó en catástrofe inesperada

En aras de mejorar la economía del gigante asiático a mediadios del siglo XX, el gobierno comunista decretó una cruzada contra moscas, mosquitos, ratones y gorriones que acabaron en la «Gran Hambruna China»

La solución de China a las cuatro plagas que acabó en catástrofe inesperada

Entre los años 1958 y 1962 el Partido Comunista Chino llevó a cabo una serie de transformaciones económicas, políticas y sociales que han pasado a la Historia como el Gran Salto Adelante.

El ambicioso paquete de medidas gubernamentales pretendía estimular la productividad de la agricultura y el sector industrial –las «dos piernas de la economía china»-, de forma que se pudiera reducir el número de importaciones extranjeras.

En este contexto el presidente Mao Zedong, el líder de la Revolución, decretó la Campaña de las Cuatro Plagas para hacer frente a la propagación de tres enfermedades infecciosas: malaria, peste y fiebre tifoidea.

En perfecta sintonía con el control de estas epidemias se estableció una cruzada frente a cuatro animales: ratas, moscas, mosquitos y gorriones.

El enemigo del régimen

La inclusión de los gorriones (Passer domesticus) en el listado de los «disidentes» al régimen obedecía a una serie de estudios realizados por los asesores científicos.

Según el comité de expertos un gorrión comía, de media, cuatro kilogramos y medio de grano al año. A partir de un sencillo cálculo aritmético, se estimó que si se exterminase un millón de gorriones se podría alimentar a sesenta mil personas.

El mandatario chino repitió hasta la saciedad que «los gorriones eran una de las peores plagas del país y, por tanto, enemigos de la revolución». Un mensaje político que muy pronto formó parte del ADN del pueblo chino.

La maquinaria estatal no escatimó en la difusión de carteles propagandísticos que ilustrasen la necesidad de emplear todos los medios que la sociedad tuviera a su alcance para combatir al enemigo de los agricultores.

Se animó a la población a realizar todo tipo de ruido con ollas, sartenes, tambores y otros enseres con el fin de ahuyentarles y agotarles, y se instó a la destrucción sistemática de todos sus nidos.

Adicionalmente, el Estado contribuyó al exterminio esparciendo toneladas de pesticidas de forma masiva e indiscriminada en los campos de cultivo.

La quinta plaga

El «Gran Timonel» presumió de los resultados obtenidos de la titánica campaña, elogiando el trabajo realizado desde las escuelas y ciertos sectores sociales.

Bajo la batuta estatal, el esfuerzo colectivo consiguió aniquilar mil quinientos millones de ratas, más de veinticuatro millones de mosquitos y mil millones de gorriones. Todo un éxito.

Lo que no habían previsto las autoridades es que con la desaparición de los gorriones de los campos chinos los insectos y las langostas hicieron acto de presencia, devastando todo lo que encontraban a su paso.

Fue entonces cuando algunos científicos se tomaron la molestia de realizar autopsias a los maltrechos gorriones, observando con desazón que tan sólo una cuarta parte del contenido del aparato digestivo era grano, el resto eran insectos nocivos.

Desgraciadamente ya no había solución, la catástrofe ecológica provocó la conocida como «Gran Hambruna china». La aniquilación de los gorriones implicó para la población un viaje al reino de Tánatos. Entre quince y treinta millones de personas fueron víctimas de la más profunda pobreza.

En el más absoluto de los secretos, el gobierno chino solicitó la ayuda de la Unión Soviética, el régimen totalitarista de Nikita Khruschchev entregó doscientos mil gorriones, que ayudaron a contener la «quinta plaga».

Afortunadamente, el sentido común ha prevalecido con el paso del tiempo y desde el uno de enero de 2001 los gorriones tienen en este país asiático el estatus de ave protegida, un salvoconducto que llegó demasiado tarde.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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La supercomputadora más poderosa del mundo acelera la búsqueda de una vacuna contra el coronavirus

Summit de IBM ha identificado en solo dos días casi un centenar de compuestos potenciales de fármacos, lo que en un laboratorio tradicional habría llevado años

La supercomputadora Summit de IBM, la más poderosa e inteligente del mundo, también participa en la búsqueda de una vacuna contra el coronavirus. Los investigadores del Laboratorio Nacional Oak Ridge (ORNL) del Departamento de Energía de EE.UU. están utilizando esta máquina para realizar simulaciones a una velocidad sin precedentes, un trabajo que ya está dando sus primeros frutos. En solo dos días, Summit identificó y estudió 77 compuestos potenciales de fármacos para luchar contra la Covid-19. Esta tarea habría llevado años en un laboratorio tradicional.

Los investigadores simularon cómo los átomos y las partículas en la proteína viral reaccionarían ante 8.000 compuestos posibles. El objetivo es detectar aquellos que tienen la mayor oportunidad de tener un impacto en la enfermedad, uniéndose a la proteína principal «espiga» del coronavirus, volviéndola incapaz de infectar las células huésped. Estos compuestos podrían tener valor en estudios experimentales del virus. lo que podría limitar su capacidad de propagarse a las células huésped.

Los virus infectan las células uniéndose a ellas y usando una «espiga» para inyectar su material genético en la célula huésped. Para comprender cómo funcionan los virus, los investigadores en laboratorios húmedos cultivan el microorganismo y ven cómo reaccionan en la vida real ante la introducción de nuevos compuestos. Según explican desde IBM, este es un proceso lento sin computadoras potentes que puedan realizar simulaciones digitales para reducir el rango de variables potenciales.

Micholas Smith / Laboratorio Nacional Oak Ridge, Departamento de Energía de EE. UU.
Micholas Smith / Laboratorio Nacional Oak Ridge, Departamento de Energía de EE. UU.

Camino hacia una cura

Las simulaciones por computadora pueden examinar cómo reaccionan las diferentes variables con diferentes virus. Cada una de estas variables individuales puede comprender miles de millones de puntos de datos únicos. Cuando estos puntos de datos se combinan con simulaciones múltiples, esto puede convertirse en un proceso que requiere mucho tiempo si se utiliza un sistema informático convencional.

Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Como explica en un comunicado Jeremy Smith, director del Centro de Biofísica Molecular en la Universidad de Tennessee y responsable principal del estudio, «los resultados de Summit no significan que se haya encontrado una cura o tratamiento para el nuevo coronavirus». Pero los científicos esperan que los hallazgos computacionales sean útiles para futuros estudios en laboratorios húmedos (donde se manejan diferentes tipos de productos químicos), donde puedan investigar más a fondo los compuestos. «Solo entonces sabremos si alguno de ellos tiene las características necesarias para atacar y matar el virus», explican. Sus resultados aparecen publicados en la revista «ChemRxiv».

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Esta cucaracha de hace 99 millones de años viene con sorpresa

El ámbar en el que quedó atrapada ha sido encontrado en Myanmar

Cucaracha preservada en ámbar

Este trozo de ámbar fosilizado es una auténtica joya de la paleontología… y la escatología. En su interior quedó atrapada una cucaracha hace 99 millones de años, acompañada de sus propias heces. No es la primera vez que los investigadores encuentran estos antiguos insectos en el ámbar, ni siquiera la primera vez que aparecen sus heces (de hecho, son bastante comunes), pero sí es extremadamente raro que el animal sea pillado en pleno desahogo.

El estudio, publicado en la revista « The Science of Nature-Naturwissenschaften», permitió a sus autores, unos sacrificados naturalistas eslovacos, echar un buen vistazo a las deposiciones de Mesoblatta maxi, unos ancestros de las cucarachas. De esta forma, hallaron granos de polen bien conservados que indican que estos insectos eran importantes polinizadores de las cícadas, unas plantas primitivas que todavía sobreviven en algunos puntos del hemisferio sur y que produjeron la savia atrapa insectos.

Como indica la revista « Science» en su web, los investigadores también descubrieron protozoos y bacterias en las heces que se parecen mucho a los microorganismos presentes en las tripas de termitas y cucarachas actuales. Esto sugiere que la agradable simbiosis entre insectos y microbios intestinales se remonta a unos 100 millones de años.

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Todo lo que debes saber de Pi, el número que fascina a los matemáticos

El 14 de marzo se celebra el Día Internacional de las Matemáticas, antes conocido como el «Día de Pi»

Número Pi

Desde 1988 se está celebrando el 14 de marzo como “día de Pi”. La elección de esta fecha es la forma de escribirla por los anglosajones (primero el mes y después el día). Fue en el museo de la ciencia Exploratorium de San Francisco donde por primera vez organizaron un evento en el que intervenían muchos objetos con forma circular o esférica para ver la importancia de este número en el día a día. En España se está celebrando este día desde 2017 con concursos y un evento central de entrega de premios.

En noviembre de 2019 la UNESCO aprobó declarar esta fecha como Día Internacional de las Matemáticas y por eso este año los concursos que se han convocado desde el Comité Español de Matemáticas, la Real Sociedad Matemática Española, la Federación Española de Profesores de Matemáticas, la Universitat Politècnica de València y la inestimable colaboración de Accenture Applied Intelligence no lo han hecho bajo el lema de “día de Pi” sino con el de “día internacional de las matemáticas”. Este año el lema de toda la celebración era “las matemáticas están por todas partes” y, sí, están por todas partes, hasta en los modelos que predicen la expansión del COVID-19 y que ha hecho que la primera celebración mundial del Día Internacional de las Matemáticas haya quedado muy deslucida con eventos cancelados y colegios cerrados. Pero la ciencia, y las matemáticas, nos dicen que eso es lo que se debe hacer para aplanar la curva de contagios y no colapsar el sistema sanitario.

Todo lo que debes saber de Pi, el número que fascina a los matemáticos

Puede ser que tengamos una segunda oportunidad de celebrar el día de pi el 22 de julio, más acorde con nuestra cultura, puesto que 22/7=3.142857… que además resulta ser una aproximación a pi mejor que tomar simplemente el valor 3.14. Esta aproximación fue descrita por Zu Chongzhi en el s. V, quien además propuso otra forma curiosa de aproximar este número: si escribimos los primeros números impares dos veces: 1 1 3 3 5 5 y construimos la fracción que hace dividir los tres últimos entre los tres primeros: 355/113 obtenemos una muy buena aproximación a pi:

355/113=3.14159292….

En esa línea Aryabatha, el primer gran matemático y astrónomo indio, también hacia la mitad del s.V hizo una buena aproximación de pi como 3927/1250=3.1416, el número que los más mayores recordamos como una buena aproximación. Para conseguirlo es probable que utilizara un polígono de 384 lados para aproximar una circunferencia y, a partir de ahí, estimar el valor de pi.

Otra buena aproximación sería proporcionar el valor de pi con suficientes decimales. El problema ahí sería el de recordar cuáles son. Afortunadamente, Manuel Golmayo, que fue el primer campeón de España de un campeonato de ajedrez y que además mantuvo este título durante muchos años, ideó un modo para recordar los primeros 20 dígitos de π con una poesía:

Soy y seré a todos definible,

3 , 1 4 1 5 9

mi nombre tengo que daros,

2 6 5 3 5

cociente diametral siempre inmedible

8 9 6 9

soy de los redondos aros

3 2 3 8 4

Ahí, contando el número de letras que contiene cada palabra obtenemos precisamente esa expresión para pi: 3.1415926535896932384…

A lo largo de la historia los estudiosos se han planteado retos relacionados con la aproximación de π. En 1855 se anunciaba como un triunfo el cálculo de los primeros 500 decimales de ese número, por el Profesor Richter, de Elbing. Una persona que, en efecto, aparece citado en las referencias históricas de esta manera pero de quien no sabemos mucho más. Se llegó a aproximar pi con 700 decimales 20 años después, cuando William Shanks hizo un nuevo cálculo. El problema es que, con los medios que había entonces para calcular, se le había colado un error en el decimal 527. Durante 70 años se mantuvo este error, hasta que se dio cuenta del mismo el matemático D.F. Ferguson en 1945, cuando calculó 620 dígitos (correctos) de pi. El mismo Ferguson llegó a calcular 710 dígitos en enero de 1947, pasando a 808 en septiembre del mismo año y llegando a calcular 1120 en 1949, con John Wrench, usando una calculadora electromecánica.

En ese momento se produce un cambio en la forma de calcular pi: estamos en los inicios de la construcción de ordenadores tal como los entendemos ahora (aunque con materiales y fundamento muy distintos) y una forma de probar estos ordenadores es mediante su capacidad y su velocidad en el cálculo de decimales de pi. También, para ello, es necesario inventar fórmulas y expresiones que conduzcan rápidamente a este valor. En 1945 se había desarrollado el primer ordenador en la Universidad de Pennsylvania y tenía una velocidad de cálculo 1000 veces mayor que la de las calculadoras electromecánicas conocidas hasta la fecha. El ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer), que traducido sería computador e integrador numérico electrónico, se presentó el 15 de febrero de 1946 y su principal misión era la de calcular trayectorias de proyectiles. Las primeras personas que programaron este ordenador fueron 6 mujeres: Betty Snyder Holberton, Jean Jennings Bartik, Kathleen McNulty Mauchly Antonelli, Marlyn Wescoff Meltzer, Ruth Lichterman Teitelbaum y Frances Bilas Spence. Citamos sus nombres porque nos parece justo que se les reconozca, ya que estuvieron ocultas durante 50 años y cuando salían en fotos al lado del ordenador nadie pensaba que fueran las que hacían que funcionara, sino que eran modelos. Pues bien, en 1949 este ordenador calculó 2039 decimales de π tardando 70 horas en ello. Un gran avance.

ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer) en Filadelfia
ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer) en Filadelfia – US Army Photo

La velocidad de cálculo crece exponencialmente y en 1961 un ordenador IBM 7090, el primer ordenador con transistores electrónicos, fue capaz de calcular 100000 decimales de π. Este ordenador era mucho más pequeño que los anteriores (aunque hoy día nos seguiría pareciendo enorme). Es el ordenador que supuso pasar de las computadoras (las mujeres que calculaban) a las computadoras electrónicas. Ese momento de la historia es el que se refleja en la película Figuras ocultas, en la que Dorothy Vaughn, una de las supervisoras de los equipos de calculistas en Langley que aprendió el lenguaje de programación Fortran por sí misma porque veía ahí el futuro de la computación, Katherine Johnson (que ha sido noticia recientemente por su fallecimiento) y Mary Jackson (la primera ingeniera aeroespacial de la historia) son las protagonistas de una historia que refleja los inicios del cálculo y la programación y en la que las mujeres eran protagonistas. No puedo evitar pensar que hace 40 años en la Universidad Politécnica de Madrid había un 40% de mujeres estudiando informática y ahora se ha pasado a un 10%. Es un tema colateral, y pi no tiene que ver con ello, pero no deja de preocuparnos.

La carrera en el cálculo de decimales de pi es imparable: en 1967 un CDC 6600 calcula 100000 decimales. En 1973 un CDC 7600 (la máquina que sucedió al CDC 6600) fue capaz de calcular 1001250 decimales de π. En 1986 un ordenador CRAY2 calcula 29 millones de decimales de π, en 1989 se calculan 1000 millones de dígitos de π con un IBM 3090. En la producción de ordenadores aparecen las fábricas japonesas y, tras avances en el cálculo cada año, en 2002 un equipo de 10 personas, dirigido por Yasumasa Kanada, calculó 1,2 billones de decimales de π. Sí, billones como se denominan en España.

CDC 7600 serial number 1
CDC 7600 serial number 1 – By Jitze Couperus – Flickr: Supercomputer – The Middle Ages, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19382171

A partir de esta fecha ya no necesitamos supercomputadores para calcular decimales de pi, sino ordenadores personales, como los que tenemos en casa. En diciembre de 2009 Fabrice Bellard tardó un total de 131 días (entre cálculo, conversión y posterior verificación) para obtener 2,7 billones de decimales. En este terreno juegan una importante baza Alexander J. Yee y Shigeru Kondo, que muestran sus records de cálculo en su página web http://www.numberworld.org. En agosto de 2010 ellos llegaron a conseguir 5 billones de dígitos. Posteriormente Kondo se ha superado a sí mismo, calculando 10 billones de dígitos en 2011 y 12,1 en 2013. Sandon Van Ness calculó 13,3 billones en 2014 y Peter Trueb 22,4 billones de dígitos de π en 2016. Este mismo año, el 29 de enero de 2020, Timothy Mullican ha llegado a conseguir 50 billones de dígitos, teniendo a su ordenador trabajando durante 303 días. El tiempo empleado para la verificación del número de decimales fue de 17 horas.

El número pi es algo que ha fascinado a los matemáticos desde siempre. Y por ello se ha considerado el 14 de marzo una buena fecha para recordar la importancia que tienen las matemáticas en la sociedad, en la sociedad tecnológica del s. XXI. Afortunadamente tenemos una buena cantera de estudiantes y prueba de ello han sido los premiados en los concursos que se han organizado con motivo del día internacional de las matemáticas: nuestra más cordial enhorabuena a Aratz Múgica Sáenz, de 6º curso del Urkide Ikastetxea de Victoria- Gasteiz (Álava), Azahara Sánchez Pérez, alumna de 2º de ESO del IES El Getares de Algeciras (Cádiz), Bianca Minetti Muñiz de 4º de ESO del IES Calderon de la Barca de Pinto (Madrid), Max Ernst Huisman Gutiérrez, de 1º de Bachillerato de la Escuela Virolai de Barcelona, Sara Amaro Serrano, de la Universidad de Granada y al profesor Roberto Cardil Ricol, del IES Alonso Quijano de Alcalá de Henares (Madrid). Sus trabajos estarán expuestos próximamente en la página española del Día Internacional de las Matemáticas.

Todo lo que debes saber de Pi, el número que fascina a los matemáticos

Fernando Blasco es profesor de Matemática Aplicada de la Universidad Politécnica de Madrid, miembro de la Comisión de Educación de la Real Sociedad Matemática Española (RSME) y miembro del Comité de Sensibilización Pública de la Sociedad Matemática Europea.

El ABCdario de las Matemáticas es una sección que surge de la colaboración con la Comisión de Divulgación de la RSME.

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Descubren un dinosaurio del tamaño de un colibrí preservado en ámbar

El cráneo de la diminuta criatura, de poco más de 7 mm de longitud, arroja luz sobre la evolución de las aves

Representación del dinosaurio con forma de colibrí hallado en ámbar
Representación del dinosaurio con forma de colibrí hallado en ámbar – HAN Zhixin

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto en el norte de Myanmar una nueva especie de dinosaurio del tamaño y aspecto de un colibrí a partir de un cráneo atrapado en ámbar hace 99 millones de años. El cráneo, bien conservado, mide solo 7,1 mm de longitud, lo que indica que el ejemplar tenía un tamaño similar al del colibrí abeja, el ave viva más pequeña del mundo, que pesa apenas 2 gramos. La nueva especie puede ser el dinosaurio del mesozoico más diminuto registrado hasta la fecha.

Escáner del cráneo hallado en ámbar
Escáner del cráneo hallado en ámbar – LI Gang

Oculudentavis, como ha sido bautizado, ha sido estudiado con sincotrón de alta resolución. Su nombre refleja sus llamativas características. El cráneo, que muestra un patrón único de fusión entre diferentes elementos óseos, está dominado por una cuenca ocular grande similar al ojo de un lagarto. La cuenca del ojo tiene una abertura estrecha y solo deja entrar una pequeña cantidad de luz, lo que indica que el dinosaurio tenía hábitos diurnos. Además, sus mandíbulas contienen una gran cantidad de dientes afilados. Cada una de ellas habría albergado unas treinta piezas en total, lo que sugiere que Oculudentavis, pese a ser una miniatura, era un depredador. Probablemente, se alimentaba de pequeños artrópodos o invertebrados, a diferencia de las aves modernas de tamaño similar, que no tienen dientes y toman néctar como sustento.

Huevo de ámbar en el que se puede ver el cráneo del nuevo dinosaurio
Huevo de ámbar en el que se puede ver el cráneo del nuevo dinosaurio – Lida XING

El ave más antigua

«La preservación en ámbar de los vertebrados es rara y este hallazgo nos proporciona una ventana al mundo de los dinosaurios en el extremo más bajo del espectro del tamaño del cuerpo», dice en un comunicado Lars Schmitz, profesor de biología en el departamento de Ciencias WM Keck en California. «Sus características anatómicas únicas apuntan a una de las aves más pequeñas y antiguas jamás encontradas», subraya.

Este espécimen inusual arroja luz sobre la evolución de las primeras aves. Como explica Roger Benson, de la Universidad de Oxford, en un artículo que acompaña al estudio en la revista «Nature», el nuevo hallazgo ilustra cómo algunas de esas primeras aves evolucionaron de los dinosaurios para convertirse en miniaturas antes de lo que se creía. El tamaño de Oculudentavis es un sexto el del fósil de ave temprana más pequeño conocido. «Esto indica que, solo poco después de sus orígenes al final del período Jurásico (hace entre 201 y 145 millones de años), las aves ya habían alcanzado su tamaño corporal mínimo. Por el contrario, los dinosaurios más pequeños pesaban cientos de veces más. Comprender cuándo, cómo y por qué los limites inferiores del tamaño del cuerpo cambiaron de esta manera requiere un mayor conocimiento de las primeras aves fósiles y Oculudentavis es un trampolín para esto», estima el investigador.

La preservación del ejemplar también indica cómo el ámbar birmano es capaz de brindar información sin precedentes sobre los tejidos blandos y la anatomía esquelética de animales pequeños que no se conservan bien en otros sedimentos como el barro o la arena debido a su naturaleza frágil. Vertebrados delicados, como lagartos y pájaros, han sido encontrados en el ámbar formado a partir de la resina de las coníferas. Como dice Benson, «el potencial para el descubrimiento continuo sigue siendo grande, especialmente para animales de tamaños diminutos».

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Los microbios delatan nuestra verdadera edad

Tommaso Lizzul / Shutterstock

Tommaso Lizzul / Shutterstock

 

MAITE MUNIESA PÉREZ

Profesora de Microbiología, Universitat de Barcelona

LORENA RODRIGUEZ RUBIO

Investigadora postdoctoral, Universitat de Barcelona

Cada uno de nosotros somos un hervidero de vida microscópica. Refugio permanente para un complejo ecosistema de microbios que contribuyen a nuestra salud, bienestar y equilibrio. Pero ojo, porque esa microbiota (formada por billones de bacterias, virus y levaduras de distintos tipos y especies) no es siempre igual. Su población cambia en función de nuestros hábitos, sexo, medio ambiente, tipo de alimentación, condiciones genéticas, estado de salud e incluso hora del día. Sin olvidarnos, por supuesto, de la edad.

Interacción y equilibrio

Para entender el concepto lo primero que hay que saber es que los microorganismos de la microbiota interaccionan entre ellos mediante sistemas de competencia, depredación, parasitismo, cooperación o beneficio mutuo. De este modo las poblaciones se regulan y definen, manteniendo, como en todo ecosistema, un equilibrio. Claro que, igual que interaccionan entre ellos, los microbios también interactúan con el ser humano que los lleva. Es decir, con nosotros.

Llegados a este punto, se puede plantear la duda de si somos nosotros quienes definimos cómo es nuestra microbiota. O si, por el contrario, es la microbiota la que define cómo somos. Una bonita analogía de la hipótesis Gaia del “superorganismo”.

Sea como fuere, cómo se distribuyen estos grupos de microorganismos que, a su vez, generan competencias y sinergias, es importante. Entre otras cosas porque puede impedir o favorecer la colonización por otros microbios. En un afán por definir el papel exacto de la microbiota en la salud humana, los investigadores han estado buscando patrones de poblaciones microbianas que permitan diferenciar un individuo sano de otro enfermo.

En busca de la microbiota sana

Aunque la diversidad es tal que cuesta identificar esos patrones, hay que admitir que la idea es, en sí misma, interesante. Porque si conocemos la composición exacta de la microbiota de un individuo sano, en teoría podríamos actuar sobre la microbiota de toda la población y mejorar la salud global.

Paralelamente, si identificamos qué diferencia la microbiota de un individuo que padece, por ejemplo, una enfermedad inflamatoria intestinal, o alzhéimer, podemos llegar a discernir si las variaciones de la microbiota son la causa de las enfermedades o su consecuencia.

Esto nos llevaría a plantearnos el estudio de la microbiota como una estrategia de diagnóstico. Que en el futuro podría derivar hacia tácticas terapéuticas. Eso sí, siempre y cuando consigamos una microbiota determinada (de individuo “sano”) que, tras ser transferida a un individuo enfermo, pueda revertir su patología. Como ya ocurre en el caso del trasplante fecal y la colitis pseudomembranosa.

Ni tan joven ni tan viejo

Visto lo visto, tampoco parece descabellado pensar que, en distintos estadios de nuestra vida, a medida que varían las condiciones fisiológicas, también se producen cambios de microorganismos. Incluso soñar con que, si analizamos la microbiota de un número suficiente de individuos con un rango amplio de edades, podríamos generar patrones de la microbiota típica de un individuo de 10, de 20 o de 70 años.

Eso es justo lo que ha hecho hace poco un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Diego (EE UU) y de IBM. Usando inteligencia artificial han desarrollado una herramienta que predice la edad cronológica a partir del estudio genético de la microbiota de la piel, la boca o las heces.

La herramienta permite calcular el desfase entre la edad real de un individuo y la que marca su microbiota. ¿Y cuál es el interés de este dato? Pongamos, por ejemplo, que una persona de 40 años debería tener, según nuestros modelos, una determinada composición de microorganismos en su tracto digestivo. Sin embargo, al analizar la composición de su microbiota intestinal resulta que el porcentaje coincide con el de nuestro modelo de 60 años, y no al de 40. Es decir, que esta persona tiene una microbiota veinte años más vieja de lo que corresponde a su edad.

Lo siguiente sería intentar identificar algún síntoma externo de esta disfunción. ¿Tiene esta persona otros síntomas frecuentes en personas de edad más avanzada? ¿Quizás colesterol elevado, baja absorción de nutrientes, pérdidas de memoria o falta de coordinación? En otras palabras, ¿la falta de coherencia entre su edad y su microbiota se correlaciona con la presencia de alguna enfermedad relacionada con la vejez?

Si a esta última cuestión respondemos afirmativamente, lo siguiente es plantearse si esta situación es corregible. O lo que es lo mismo, si restaurando la microbiota propia de los 40 años podemos devolverle la calidad de vida que, por edad, le corresponde.

Si logramos dar este paso significa que podremos –al menos en teoría– corregir, minimizar, o incluso revertir algunos de los síntomas de la edad, ya sea reconstruyendo o favoreciendo la microbiota correspondiente a una persona más lozana.

Quizás en los microbios que llevamos a cuestas se esconda la fuente de la eterna juventud.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas