Conjeturas tras las bombas en Moscu

Conjeturas tras las bombas en Moscu
LOS FANTASMAS DEL CAUCASO
El día después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, el presidente Putin utilizó en gran medida el inicio de la «guerra global contra el terrorismo» para justificar el aplastamiento del nacionalismo checheno. De esta manera, se equiparaba a los adversarios de la brutal recuperación del Cáucaso con los partidarios de Bin Laden, y el Kremlin pudo beneficiarse de una indulgencia inédita por parte de la Administración de Bush y de sus aliados occidentales. Sin embargo, los vínculos entre los yihadistas y Al Qaida en Rusia son muy cuestionables, más allá de las semejanzas entre los atentados perpetrados ayer en Moscú y los que se perpetraron, por ejemplo, en el metro de Londres en julio de 2005.
Bin Laden ha temido durante mucho tiempo la competencia del prestigio militante de uno de sus compatriotas saudíes, apodado Jatab, establecido en el Cáucaso y líder de unos «voluntarios» árabes desde 1995. Tras la desaparición de Jatab en 2002, sus sucesores se han distanciado públicamente de Al Qaida mediante la condena de la campaña terrorista llevada a cabo en Arabia Saudí a partir de 2003.
De todas formas, los yihadistas árabes, diezmados por la contrainsurrección rusa, no son más numerosos en el Cáucaso, donde el rebelde Dokú Umárov proclamó en 2007 un «Emirato islámico» para el conjunto de la zona.
Umárov usó la eliminación de sus rivales nacionalistas por parte del Ejército Rojo para desarrollar su propio programa yihadista y extender la violencia a las repúblicas vecinas de Chechenia. El mes pasado amenazó con atentar en las ciudades rusas por lo que en un principio se sospecha que su red sea la culpable de la carnicería del metro moscovita. En ese caso, esto significaría que el espantapájaros de Al Qaida, agitado por el Kremlin, no ha impedido que surja un yihadismo independiente de Bin Laden que desea extenderse por todo el Cáucaso.
JEAN – PIERRE FILIU, Instituto de Estudios Políticos de París

Ceaucescu

Ceaucescu
cadaver de nicolas ceaucesco

De la noche a la mañana, como consecuencia de una brutal actuación policial contra una manifestación pacífica, decenas de miles de rumanos se presentaron ante el Palacio de los Ceaucescu. El tirano y su mujer, acostumbrados a las grandes concentraciones aclamatorias, salieron a saludar a los suyos, y nunca mejor dicho los suyos, porque eran los dueños de sus vidas, de sus muertes, de sus haciendas y de sus destinos. Una palabra coreada por todos los asistentes nubló los rostros de Nicolás y Elena Ceaucescu. Les gritaban «¡Drácula!». Pocos minutos más tarde, Drácula y señora huían en un helicóptero presumiblemente salvador. Pero lo hicieron hacia su fin. Ya no eran nada. Fueron detenidos, ridículamente juzgados por un tribunal militar de los suyos y fusilados inmediatamente. Ella no podía creer que «sus hijos» –así llamaba a los soldados rumanos– se atrevieran a disparar. Lo hicieron con entusiasmo. Decenios de sufrimiento, privaciones, cárceles, miseria, falta de libertad y enriquecimiento de los poderosos apretaron los gatillos. Su gesto de pasmo y asombro se detuvo en sus cadáveres. Murieron asombrados de que tal cosa pudiera ocurrir.
Drácula, aunque rumano, es sinónimo universal de perversidad. Se alimenta de la sangre de su gente, incluida la más allegada. Y su nombre ya se susurra por las calles arruinadas de La Habana. Si muere Guillermo Fariñas, se alzarán más voces. Ya está dispuesta una veintena de presos políticos a seguir la cadena hacia la  muerte por la libertad de Cuba. Cuidado con la ira acumulada, el dolor acumulado y la acumulación de horrores. Los hermanos Castro no tienen complicada su seguridad. Un avión los llevará a Venezuela, donde podrán disfrutar, mientras se mantenga el régimen de Chávez, de los millones de dólares que han robado a su pueblo. Pero no lo tendrán tan fácil las decenas de miles de colaboradores del castrismo, comisarios políticos, torturadores de prisiones, agentes del régimen y chivatos del partido comunista. Tienen cara y todos los conocen. El tiempo de la posible transición a la democracia ha pasado. El castrismo ha endurecido su sistema, y la pobreza en Cuba se ha adueñado de la gran isla. ¿Cuántos conseguirán huir de la venganza? Ceaucescu nunca se figuró que su Estado policial y asesino se volviera contra él. Los Castro no son más poderosos que los Ceaucescu. Y sus colaboradores, tampoco. Los aviones que pueda enviar Chávez tienen un número limitado. En Cuba, los dráculas no son sólo el asesino jubilado y el asesino en activo. Hablan de «la gusanera» de Miami. Los cubanos exiliados en Florida no van a mover ni un dedo. Los que llevan padeciendo el castrismo durante décadas serán los protagonistas de la nunca aceptable venganza. Cuidado con las reacciones de una población harta y aparentemente asustada y mansa. Una chispa provoca el desastre. Y en Cuba se ha iniciado el proceso de desaparición del miedo. La vida cuesta dejarla cuando se vive en libertad. Una vida sin libertad es lo más parecido a la muerte. Guillermo Fariñas, como otros muchos, está alegremente dispuesto a morir por la libertad de Cuba. Y contra esa voluntad no hay poder político, ni tortura física, ni pelotón de fusilamiento capaces de contrarrestar el sacrificio. Un día, cualquiera, el más inesperado, el pueblo cubano se levantará. Los dráculas escaparán a Venezuela. Pero otros, menos poderosos, emularán sobre la tierra cubana, víctimas del odio, el gesto quieto de pasmo de los Ceaucescu.

Alfonso Usia/larazondigital.es

La responsabilidad de Ratzinger

La responsabilidad de Ratzinger

Tras la Audiencia Papal del arzobispo Robert Zollitsch se hablaba de una “gran consternación” y de “profunda conmoción” por parte del Papa debido a los numerosos casos de abusos. Zollistch, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, pidió perdón a las víctimas y nombró, una vez más, las medidas tomadas y por tomar. Pero ni él ni el Papa han contestado a las preguntas fundamentales que de ningún modo pueden ser pospuestas. Según la última encuesta del Emnid (Instituto Alemán de Investigación de Opiniones) sólo el 10% de los participantes cree que la Iglesia está haciendo lo suficiente para superar esta situación; pero el 86% de los alemanes reprocha a quienes dirigen la Iglesia falta de disposición al esclarecimiento. La negación obispal de cualquier relación entre la ley del celibato y el abuso de menores ha de confirmarles en sus críticas.

    Ahora el mundo espera ante todo un ‘mea culpa’ de Benedicto XVI

    Parece que a los obispos les importa más proteger a sus curas que a los niños

    Pregunta 1. ¿Por qué sigue el Papa, enfrentado a la historia, definiendo el supuesto “sagrado” celibato como un “preciado regalo” y pasando por alto el mensaje bíblico que permite explícitamente a todos los cargos el matrimonio? El celibato no es “sagrado”, ni siquiera “dichoso”, sino más bien “desdichado” por excluir a innumerables buenos candidatos al sacerdocio y haber expulsado de sus cargos a multitud de sacerdotes por su disposición a casarse. La ley del celibato no es una verdad de fe, sino una ley eclesiástica del siglo XI que debió ser abolida tras las protestas de los reformadores en el siglo XVI.

    Una respuesta seria hubiera exigido que el Papa al menos prometiera la revisión de esta ley, tan ansiada por una absoluta gran mayoría del clero y el pueblo. También el presidente del Comité Central de Católicos Alemanes, Alois Glück, y el obispo auxiliar de Hamburgo Jaschke exigen un comportamiento menos crispado frente a la sexualidad y una igualdad entre sacerdotes célibes y casados.

    Pregunta 2. ¿Realmente opinan, tal y como repitió el arzobispo Zollitsch, “todos los expertos” que el abuso de menores por parte de clérigos y la ley del celibato no tienen nada que ver? ¡Quién puede acaso conocer la opinión de “todos los expertos”! Innumerables son, sin embargo, las declaraciones de psicoterapeutas y psicoanalistas que sí ven una relación: la ley del celibato obliga a los sacerdotes a abstenerse de cualquier actividad sexual; pero sus impulsos prevalecen, virulentos, con el riesgo de que sean apartados y compensados en una zona tabú.

    Una respuesta seria exige que se tome en serio la correlación entre el abuso y el celibato, en lugar de negarla. Así en sus estudios de 25 años de duración -Knowledge of sexual activity and abuse within the clerical system of the Roman Catholic Church, 2004- el psicoterapeuta Richard Sipe deja clarolo siguiente: el estilo de vida célibe, sobre todo el que conlleva este tipo de socialización (a menudo internado, después seminario sacerdotal) puede alimentar una inclinación pedófila. Sipe constata una inhibición del desarrollo psicosexual que se manifiesta más a menudo en célibes que en el resto de la población media. Pero a menudo los déficits en el desarrollo psicológico y las inclinaciones sexuales se hacen conscientes después de la ordenación.

    Pregunta 3. ¿No deberían los obispos, en lugar de pedir sólo perdón a las víctimas, admitir por fin de una vez su propia culpa? Durante décadas han convertido la cuestión del celibato en un tabú y los casos de abuso se han encubierto con silencio absoluto y traslados. A los obispos parecía importarles más la protección de sus sacerdotes que la de los niños. Pero existe una diferencia entre los casos individuales de abuso en colegios fuera de la Iglesia católica y los sistémicos y por ello, a menudo, se acumulan casos en la Iglesia católica romana, donde sigue imperando una moral sexual rigurosamente tensa que culmina en la ley del celibato.

    Una respuesta seria hubiera exigido que el presidente de la conferencia episcopal declarara motu propio, en vez de esperar a que la ministra de Justicia diera un ultimátum de 24 horas a la autoridad eclesiástica, para que en un futuro la jerarquía eclesiástica no siguiera tratando los delitos penales al margen de la justicia estatal. ¿O habrá que pagar primero millones en indemnizaciones para que esta jerarquía entre en razón? En el año 2006 la Iglesia católica de Estados Unidos pagó la suma de 1.300 millones de dólares; en Irlanda en 2009 el Gobierno acordó con las órdenes religiosas la creación de un fondo de indemnización de unos ruinosos 2.100 millones de euros. ¡Estas cantidades reflejan un alto porcentaje estadístico de delincuentes célibes respecto a la totalidad de delincuentes sexuales!

    Pregunta 4. ¿No debería sobre todo el Papa Benedicto XVI asumir su responsabilidad en lugar de quejarse de una campaña contra su persona? Nunca nadie perteneciente a la Iglesia tuvo tantos casos de abuso sobre su escritorio como él. Como recordatorio:

    – Ocho años como catedrático de Teología en Regensburgo: debido a su estrecho vínculo con el director de la orquesta de la catedral, su hermano Georg, estaba perfectamente informado sobre los sucesos en el Regensburger Domspatzen (el coro de la catedral de Regensburgo). No se trata en estos momentos de las, lamentablemente, habituales bofetadas de aquella época, sino posiblemente de delitos sexuales.

    – Cinco años como arzobispo de Múnich: acaban de conocerse nuevos abusos por parte de un sacerdote y delincuente sexual trasladado durante el obispado de Ratzinger. Su leal vicario general de entonces, mi compañero de estudios Gerhard Gruber, asumió toda la responsabilidad, pero no consiguió apenas exonerar al arzobispo, también administrativamente responsable.

    – Veinticuatro años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe: es aquí donde bajo absoluto secreto (Secretum pontificium) todos los delitos sexuales de clérigos fueron y son registrados e investigados. En su carta del 18 de mayo del 2001 sobre los “graves delitos” dirigida a todos los obispos, Ratzinger volvió a ligar los casos de abuso al secreto papal cuya vulneración se pena con el castigo eclesiástico.

    – Cinco años como Papa sin hacer nada respecto a esta siniestra práctica.

    Una respuesta seria reclamaría que el hombre que desde hace décadas tiene la responsabilidad del encubrimiento mundial, justamente Joseph Ratzinger, pronunciara su propio mea culpa. Tal y como lo exigió el 14 de marzo de 2010 el obispo de Limburgo Tebartz-van Elst en un discurso por radio a todos los creyentes: “Porque una indignante injusticia no puede ser encubierta ni aceptada necesitamos una inversión que dé lugar a la verdad. Inversión y penitencia tienen su comienzo en el pronunciamiento de la culpa, el ejercicio y la apreciación del arrepentimiento, la asunción de la responsabilidad y la oportunidad de un nuevo comienzo”.

    Hans Küng es catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de Global Ethic. Traducción de Ana Berenique.

    Paz social y nubes de tormenta

    Paz social y nubes de tormenta
    SORPRENDE a los observadores nacionales y extranjeros la calma que reina en nuestro país. «Con el paro camino del 20 por ciento y un déficit disparado, la situación tendría que ser, cuanto menos, tensa. Basta ver lo que está ocurriendo en Grecia», dicen.
    Pero es que la situación española no es la griega, y en eso hay que dar la razón a Zapatero. En Grecia, los funcionarios públicos han visto recortados sus sueldos; los trabajadores, sus derechos y los parados ven amenazada la prestación de desempleo. Mientras los funcionarios españoles no sólo conservan íntegros sus sueldos, sino que los han visto incrementados en un pequeño porcentaje; otro tanto ocurre a los trabajadores con empleo fijo, cuyo salario incluye la subida anual pactada en el convenio, mientras los parados tienen garantizado seguir recibiendo la subvención por desempleo, al «no haber recorte del gasto social», como ha dicho el presidente.
    Si consiguiéramos olvidar el fantasma del paro que se cierne hoy sobre todos los españoles -algo difícil de olvidar-, me atrevería a decir que la mayoría está mejor que nunca, pues, garantizados sus ingresos, se encuentran con que la hipoteca del piso les ha bajado, los saldos en tiendas, supermercados y grandes almacenes les ofrecen auténticas gangas y otro tanto ocurre con las ofertas en viajes, hoteles y diversiones. Hay una minoría, sí -jóvenes sin trabajo, autónomos, familias que se han quedado sin ingresos- que lo están pasando realmente mal. Pero a la mayoría le está yendo bien. Es lo que explica esa paz social que tanto asombra.
    El único problema es: ¿cómo está consiguiendo Zapatero esa paz social? Pues la está comprando con deuda. La deuda pública española se ha duplicado en los dos últimos años y todos los intentos que se han hecho de recortarla han sido inútiles porque, de hecho, no son recortes, son aumento de la deuda, a fin de mantener la paz social. ¿Qué va a pasar cuando la capacidad de endeudamiento del Estado español se agote? Pues lo que está pasando en Grecia; que no podremos pagar los altos intereses que nos exijan por nuestra deuda. Y ya hemos visto que los demás países europeos -con Alemania a la cabeza- no están dispuestos a ayudar a los que no han querido o sabido ayudarse a sí mismos. En otras palabras: que nos exigirán realizar esos dolorosos recortes que venimos posponiendo, cumpliéndose lo que el «Financial Times» nos advirtió hace ya un año: que cuanto más tardemos en hacer los reajustes, más penosos y costosos serán.
    La «paz social» que reina hoy en España es por tanto una paz falsa, una paz engañosa que lleva en la panza, como algunas nubes, una tormenta. Disfruten ustedes de estas vacaciones de Semana Santa, que pueden ser las últimas antes de que estalle la tormenta, pues el tiempo, y el dinero, se agota.
    Jose Maria Carrascal/abc.es

    El declive de Milanés: la voz del régimen cubano cae en desgracia

    El declive de Milanés: la voz del régimen cubano cae en desgracia

    Sólo su importancia en Cuba evita que el legendario cantautor no acabe en la cárcel por sus críticas al castrismo

    En agosto de 2008, Pablo Milanés se rodeó de un grupo de amigos para darse un homenaje musical en La Habana. Allí, ante la televisión cubana, el autor de «Yolanda» y otros himnos de la canción de autor, volvió a dejar constancia de su credo político: «Yo soy anti imperialista por excelencia. No lo proclamo, no lo digo a diario, no lo grito, pero por supuesto que mi esencia es absolutamente anti imperialista y revolucionaria». Aparentemente, era el mismo Pablo que durante años ha ejercido de valedor cultural del régimen cubano, el mismo que  hasta hace poco le dedicaba conciertos a Fidel. Sin embargo, algo está cambiando en el padre de la Nueva Trova.

    Son sólo pequeños pasos, pero están ahí, lanzados al viento desde hace años. Para entender su postura conviene recordar que Milanés pasó por los campos de detención hace décadas. Que, a mediados de los 90, su admirado sistema cerró la revista que publicaba su fundación. O que, según cuenta Grace Piney, de la Fundación Hispano-Cubana, quien trabajó en aquella institución auspiciada por Milanés, «Pablo ha tenido dos o tres incidentes en Cuba, tratando de sacar el pie del mismo cubo en el que están todos siempre». Conviene recordar, como explica la escritora Zoé Valdés, «que Pablo está cada vez más cabrón con el régimen por lo que están haciendo con los negros. Es probable que sea personal».

    El poder no perdona
    El último atrevimiento del antiguo tótem cultural se ha producido en las páginas de varios diarios españoles.  «Se dan casos en Cuba de que personas anónimas tengan mi actitud y no salgan bien paradas ante las autoridades, medias, intermedias y hasta superiores, quién sabe», explicaba a «La Voz de Galicia» ante preguntas sobre la muerte de Orlando Zapata –el «delincuente común», según Willy Toledo, que llevó hasta el fin su huelga de hambre en protesta por la situación de los presos en Cuba– y sobre las últimas agresiones a las Damas de Blanco en La Habana. «He criticado una actitud del Gobierno hacia los contestatarios con la que no estoy de acuerdo», corroboraba en las mismas líneas Milanés.

    Puede que otro estuviera ya en la cárcel, pero Pablo no es cualquiera. En Cuba hay un Fidel y un Raúl. Pero también un Silvio y un Pablo. «No les conviene encarcelarle, es alguien demasiado importante». Lo explica, también desde el exilio parisiense, el periodista e historiador del arte William Navarrete.

    Un argumento similar esgrime la reconocida bloguera Yoani Sánchez en su bitácora, «Generación Y». Sánchez arranca así una reflexión: «Caminar al borde y decir justo hasta el límite es práctica obligada para ciertos artistas críticos que aún radican en Cuba». Para la escritora, el régimen no quiere reconocer que ha perdido el apoyo del mundo de la música. Por eso, cuenta, «no van a publicar en la web de ninguna institución oficial una diatriba agresiva y amenazante contra la franqueza del entrevistado. Tampoco le dejarán saber en el consulado de Madrid que ya no es bien recibido en su propia patria, ni lo acusarán de estar hablando con palabras del “Amo del Norte”. Ninguna de esas estrategias estigmatizadoras será desplegada contra Pablo, pero en los conciliábulos ministeriales y en los cerrados círculos del poder no le perdonarán haberse comportado como un hombre libre».

    Esta caída silenciosa –«De qué callada manera» se titula el «post» de Sánchez– choca con la aparente normalidad de la situación de Milanés, cuyo nombre aún circula por las páginas de «Granma» y vive en su casa de La Habana. Pero cabe preguntarse por la ausencia de Milanés en el concierto «Paz sin fronteras, el pasado septiembre en La Habana, auspiciado por Juanes y en el que actuaron Miguel Bosé, Silvio Rodríguez y otros músicos.  Como señala Navarrete, «imagino que al régimen no debe caerle muy en gracia este tipo de declaraciones». En webs oficialistas como Cubadebate.com, se ha ninguneado a Milanés, prueba de que a la dictadura le escuece ver cómo sus figuras le dan la espalda.

    Con Milanés no pierden sólo a una voz. «Tiene una gran influencia en el exterior entre los defensores del castrismo», explica Navarrete. De hecho, comenta el periodista, es muy probable que el paulatino viraje de Milanés explique las firmas de Ana Belén, Víctor Manuel y Pedro Almodóvar, entre otros artistas españoles, en la carta «Yo acuso al Gobierno cubano», tras la muerte de Zapata Tamayo.

    Entre la oposición hay dos reacciones extendidas: quienes se felicitan y quienes recelan. Los blogs hierven con comentarios como «hace tiempo que está en la lista negra» y otros como «ya era hora». Quienes llevan años luchando por la libertad opinan con cautela. Así, Carlos Payá, hermano del opositor  Oswaldo Payá, explica que «toda la vida, Pablo ha sido junto con Silvio la voz del régimen. Pero, en el pueblo cubano, la oposición está dando un giro y tratando de no mirar atrás. Hay que tirar adelante, y eso incluye a todo el mundo». 
     
    Zoé Valdés, que conoció a Milanés hace años –«era amigo mío, y, antes de nada, es un gran artista», matiza–, no duda de sus motivos. Pero teme que «eso pueda servir a un grupo de castristas que lo que quieren es un cambio en Cuba, pero muy tranquilo. Hay quienes no quieren que sigan los viejos, las personas, pero sí el régimen».

    Miguel Ayanz/larazondigital.es

    Sueños

    Sueños

    Uno. Hay que permitir la inversión de particulares en el sector energético. Que las colosales sumas de dinero que se necesitan para explorar los yacimientos en el Golfo las pongan inversionistas privados. Ellos serán quienes arriesguen sus capitales. Si encuentran petróleo, le darán un porcentaje de sus ganancias al Estado mexicano. Si no encuentran nada, pues ni modo, es su problema. Este esquema ya lo aplicó Brasil y le está dando resultados económicos espectaculares. Nosotros, por el contrario, seguimos con los brazos cruzados mientras yanquis y cubanos, que ya nos llevan una delantera insalvable, se preparan para succionar el petróleo que nos tocaría. Ah, y que la electricidad la produzca y la comercialice quien quiera: si en mi casa pongo rejillas solares y me sobra energía, pues se la vendo a mis vecinos y sanseacabó.

    Dos. Hay que permitir que los trabajadores de México se puedan afiliar al sindicato que les venga en gana y acabar con esas centrales “únicas” que acaparan, como auténticos monopolios, las cuotas de los obreros sin rendir cuentas a nadie. La clase trabajadora, en un país libre, no está sometida a los designios de los líderes absolutos y sus camarillas sino que puede participar verdaderamente en la vida sindical.

    Tres. Hay que acabar con los monopolios económicos y abrir totalmente los mercados.

    Cuatro. Hay que garantizar el derecho a la propiedad privada creando leyes que impidan las “invasiones”, las “ocupaciones”, las “expropiaciones” y todas aquellas prácticas que no brinden la certeza jurídica que necesitamos los mexicanos para invertir y crear riqueza.

    Cinco. Hay que emprender una auténtica revolución educativa. Los maestros que no sepan enseñar, que se apliquen y que se actualicen. Que vuelvan a las aulas los miles de zánganos, mantenidos con los impuestos de los ciudadanos, que ahora llevan a cabo “labores sindicales”. Y que los chicos puedan estar más horas en los colegios: que aprendan ajedrez y dibujo y lenguas extranjeras por las tardes.

    ¿Qué partido político propone todo esto? Ninguno.

    Roman Revueltas Retes/mileniodiario

    ¿Qué estamos haciendo?

    ¿Qué estamos haciendo?

    La pregunta del título está dirigida a los periodistas, opinadores, dueños, directores de medios y, desde luego, a mí mismo:

    ¿Qué estamos haciendo con la información que damos sobre la violencia en México? La brecha entre lo que publicamos en los medios y lo que dicen los datos duros que sucede realmente es ya un abismo. Alguien está faltando a la verdad: o los datos duros o los medios.

    Reproduzco las cifras de homicidios publicadas por el Brookings Institute, en un informe elaborado, con información de la ONU, por el ex vicepresidente de Costa Rica Kevin Casas-Zamora*.

    Homicidios al año por cada 100 mil habitantesHonduras 61

    Jamaica 60

    El Salvador 52

    Guatemala 47

    Trinidad y
    Tobago 40

    Colombia 39

    Brasil 22

    Panamá 19

    Nicaragua 13

    Paraguay 12

    Costa Rica 11.5

    México 11.5Washington 31

    Nueva Orleans 95

    Si esas son las cifras, ¿por qué reflejamos todos los días en nuestros diarios la imagen de un país donde la violencia ha alcanzado límites intolerables? ¿Por qué México es ejemplo mundial de inseguridad y de violencia?

    ¿Cómo conciliar las cifras verdaderas, relativamente bajas, con la versión espeluznante que estamos dando del país?

    ¿Qué estamos sumando mal para que el saldo homicida en nuestros medios sea terrible y en las cifras frías México tenga sólo la
    mitad de los homicidios que tiene Brasil, la tercera parte de los que tiene Washington, la novena parte que Nueva Orleans?

    ¿Alguien ha oído hablar de Washington como una ciudad tres veces más peligrosa que el promedio de las ciudades mexicanas? ¿O de Nueva Orleans como una ciudad nueve veces más peligrosa?

    ¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo hemos llegado a construir tal abismo entre la percepción pública y la realidad de la violencia en México?

    Creo que esta es una respuesta que los comunicadores debemos responder honrada y profesionalmente. Porque algo estamos haciendo mal para caer tan lejos de la verdad sin estar diciendo mentiras.

    *La encuesta de Brookings Institute, citada por Andrés Oppenheimer “La ola de violencia en México”, Reforma, 26/3/2010

    Hector Aguilar Camin/mileniodiario

    Sin receta

    Sin receta

    He leído en EL UNIVERSAL que las farmacias que surtan antibióticos sin receta se harán acreedoras a sanciones que van desde la multa hasta la clausura. No creo que se respete la disposición de la Secretaría de Salud, la cultura mexicana de la automedicación es una industria, una vocación y una forma de entender la vida. Algún recoveco encontraremos para comprar las medicinas que nos dé la gana.

    No recuerdo al médico entrando (ah, el gerundio) a la casa si no se trataba de un caso serio que rebasaba nuestros conocimientos. Nosotros nos recetábamos. Que la comida nos cayó mal y los efectos de la diarrea nos tenían postrados, deshidratados, débiles. De inmediato: un Entero-Vioformo cada seis horas. Este tratamiento nos alejaba durante días del baño, entonces invertíamos el efecto con un revulsivo de dos cucharadas soperas de la leche de magnesia de Phillips. Cuando me cercaban los calenturones, al borde del delirio, con tremendos calosfríos y sudores, a la farmacia corriendo por la Neomelubrina y el VapoRub. No nos quedamos ciegos de milagro.¿Para qué era la Antiphlogistina? ¿Era un emplasto?

    No quiero transmitir una falsa imagen de nuestra familia. Teníamos un médico de cabecera, el doctor Cisneros (q.p.d.). Desatendíamos puntualmente sus diagnósticos y casi nunca comprábamos las medicinas que nos prescribía. Adquiríamos las que nosotros elegíamos después de una deliberación dirigida por mi madre. Así aprendimos a temer a la penicilina como si no fuera un antibiótico de amplio espectro sino un veneno fabricado por Lex Luthor para acabar con el género humano. La señora Saavedra murió de una reacción alérgica a la penicilina, los médicos no pudieron salvarla, contaba mi madre. En cambio confiábamos en exceso en la sulfa y sus poderes, el Bactrim, para más señas, que es trimetoprim y sulfametoxazol. Esta mezcla casi manda al hospital a mi hija, alérgica a las sulfas.

    Después de una temporada de dolores paliados con Veganine, un potente analgésico con codeína, una pancreatitis tiró a mi padre en una cama. Durante dos meses tuvo un pie en la vida y otro en la tumba. Al final la libró y salió del hospital a vivir bajo un régimen carcelario. Esa enfermedad no nos amedrentó. Volvimos a las andadas y a autorrecetarnos. Mi padre se curaba lo que él llamaba diarreas infecciosas con Immodium, Cafiaspirina, bicarbonato y, si se sentía afiebrado, algún antibiótico sobrante de otros síntomas. Cinco días, no más. Por su parte, mi madre era más cuidadosa a la hora de recetarse a sí misma, su estómago era de cristal. Aquella historia de que los antibióticos bajan las defensas y entonces te vuelves víctima fácil de nuevos padecimientos oportunistas nos hacía los mandados.

    Yo fui un gran médico hasta el día en que enfermé y le tomé respeto a los medicamentos. De esa temporada recuerdo días en los que ingería hasta nueve o diez pastillas entre analgésicos, desinflamatorios y antibióticos. El médico tenía que derrotar al dolor y evitar un efecto infeccioso. Con el tiempo, yo también he vuelto a las andadas: el ciprofloxaxino me hace muchísimo bien, sobre todo si es bajo la forma de la Ciproxina.  Me lo receto en secreto, sin que lo sepa mi hija, que se acerca al cierre de su cuarto año de medicina y considera la automedicación una práctica nefasta que pone en riesgo la vida. El otro día me preguntó a rajatabla:

    –¿Quién te recetó el Ciproflox?

    Se trata de otra forma del ciprofloxaxino cuyas bondades descubrí en tiempos de gripas salvajes. Le contesté una mentira:

    –El otorrino al que fui a ver la semana pasada.

    Falsísimo. Lo que pasa es que me dolía la garganta y el grillete de una gripa me tenía atado al muro húmedo del malestar.

    La campaña de la Secretaría de Salud fracasará, no sólo por nuestra vocación a recetarnos unos a otros sino porque implica ver a un médico, y eso cuesta dinero, o ir al Seguro, y eso cuesta tiempo cuantioso. Ninguna ley podrá embridar al médico loco que llevamos dentro.

    En este momento me siento un poco mal, si no se corrige esta tendencia a la súbita decadencia tendré que acopiar un paquete secreto: Denvar, la cefixina es muy buena, acompañado no sé si de un Motrim, un bombazo de Ibuprofeno, o de unos simples Adviles. Si la cosa se pone fea y empieza la congestión nasal, vengan unos Desenfrioles y a dormir como un santo. ¿Estoy loco? Yo soy Garrick, cambiadme la receta.

    Rafael Perez Gay/eluniversal.com.mx

    Perseguidores

    Perseguidores
    rouault, los jueces y el crucifijo
    ES innegable que curas y religiosos han cometido delitos de pedofilia y que miembros de la jerarquía eclesial, en determinados países, han encubierto culposamente tales hechos, de modo que algunos han quedado impunes. El asunto es gravísimo, y de consecuencias terribles para las víctimas; y, desde luego, para la propia Iglesia. Por otra parte, los autores de estos crímenes y de su encubrimiento son una minoría dentro del clero católico. El actual pontífice los ha reprobado públicamente y ha pedido perdón en nombre de la Iglesia. Era lo que debía hacer, y no un gesto gratuito, condescendiente y generoso al que Benedicto XVI no estuviera obligado, como bastantes católicos españoles parecen pensar. Y nada indica que el Papa suponga que, obrando así, exima a los culpables de las responsabilidades penales en que hayan incurrido y se les pueda en justicia demandar.
    Dicho esto, creo que sería ingenuo pasar por alto otros aspectos de la cuestión, como la extendida tendencia a generalizar las imputaciones de pederastia o de complicidad con la misma a toda la Iglesia. Aquí influyen distintos factores. En primer lugar, la histeria contagiosa que va siempre asociada a este tipo de escándalos y de la que hay precedentes bien conocidos. En las décadas finales del pasado siglo, se desató en Estados Unidos una auténtica fiebre de denuncias por abusos sexuales en las escuelas, y muchos maestros fueron detenidos y procesados. Aunque la mayor parte de ellos fueron absueltos por los tribunales, sus reputaciones quedaron seriamente dañadas y la profesión, en general, se vio puesta bajo sospecha durante varios años, al tiempo que se difundía la superstición de que muchísimos americanos (si no la totalidad de ellos) habían sido violados en su infancia por sus profesores o por sus mismos padres, convirtiéndose en neuróticos crónicos al empeñarse en reprimir y negar la memoria de aquellas supuestas agresiones. Obras como el best-seller de Jeffrey M. Masson -El asalto a la verdad (1984)-, en el que se reprochaba a Freud haber renunciado a la teoría de la seducción infantil por resultarle intolerable la idea de que la mayoría de los adultos varones abusaran habitualmente de sus hijos, proporcionaron combustible a lo que resultó ser, a la postre, una paranoia colectiva inducida por el eclipse de la familia y la consiguiente conciencia de culpabilidad en los millones de divorciados jóvenes que se desentendían, en la práctica, del cuidado de sus proles.
    En el caso de España, no es aventurado conjeturar que puede influir en las fantasías anticlericales del presente la incidencia de una crisis similar de la institución matrimonial, que ha llegado con algún retraso respecto a Estados Unidos y a la Europa más próspera, y que, dada la peculiar historia de nuestro país, busca su chivo expiatorio en la educación católica. Muchos de los que pasamos por ella -incluso algunos que no nos consideramos siquiera cristianos- guardamos un buen recuerdo de nuestros colegios, pero no se puede ignorar que existe un alto porcentaje de resentidos. Por último, hay que contar con la evidencia de un anticristianismo militante, el nuevo «socialismo de los imbéciles», dispuesto a emular al antisemitismo de antaño. Los chistes gráficos de cierta prensa a propósito de curas pedófilos parecen calcados de las imágenes antijudías clásicas, con sus caricaturas de rabinos de rasgos repugnantes crucificando o degollando niños cristianos. Y es que a los perseguidores se les ve venir desde lejos, porque recurren siempre a las mismas técnicas estereotipadas para propagar el odio.
    Jon Juaristiabc.es

    Si votamos por la derecha, por favor, que sean de derechas

    Si votamos por la derecha, por favor, que sean de derechas

    López Obrador le dejó una herencia muy pesada a Felipe Calderón: luego de ganar unas elecciones muy competidas y afrontar las mezquinas acusaciones de un mal perdedor, el actual presidente de México se sintió, por así decirlo, en deuda con su antiguo adversario. De tal manera, se creyó obligado a “rebasarlo por la izquierda”. O, por lo menos, eso fue lo que dijo en su momento. Tenemos así al más irreconocible representante de un partido que promueve los valores del liberalismo económico y los principios de la sociedad abierta: el máximo panista de la nación no gobierna, ni lejanamente, siguiendo los preceptos de la derecha pura y dura —excepto, desde luego, en lo que se refiere a cuestiones tan espinosas, e innegociables para los blanquiazules, como los matrimonios entre personas del mismo sexo o la despenalización del aborto (asuntos, por cierto, que no debieran merecer, en mi opinión de irredento liberal, tantos afanes y desvelos siendo que los grandes problemas de México no se resuelven persiguiendo a los homosexuales ni encarcelando a las mujeres sino acabando con el inamovible corporativismo creado por el antiguo régimen, el populismo como receta para gobernar y los rancios dogmas de una “Revolución Mexicana” expropiada, como mito, por un grupo de poder; temas, todos ellos, que debieran figurar, en primerísimo lugar, en la agenda de los cambios que promovería una agrupación política, el PAN, si pretendiera transformar verdaderamente a este país en vez de quemar cartuchos de moralina).

    No, Calderón no es Reagan ni Thatcher en lo económico y lo social aunque, miren ustedes, de maldita cosa que le sirve porque nuestra trasnochada izquierda autóctona lo sigue calificando, entre otros adjetivos, de “fascista”. Su intento de aparecer como un posible sucedáneo de López Obrador —no se ha atrevido siquiera a insinuar la participación de capitales privados en Pemex, lleva la fiesta en paz con el régimen de los hermanos Castro, se pone la camiseta antiyanqui en las reuniones con nuestros “hermanos” de Latinoamérica, no reconoce a un presidente de Honduras elegido democráticamente, etcétera— lo convierte, en los hechos, en un priista más, es decir, gobierna como han gobernado sus antecesores tricolores y no se le advierte ya el sello de sus orígenes partidistas.

    Es cierto que el término “derecha” es tan vergonzante que no hay, en todo el escenario político de las democracias avanzadas, un solo partido que lleve el nombre (por el contrario, existe, en España, una agrupación llamada Izquierda Unida y aquí tenemos corrientes como Nueva Izquierda). Pero éste no es un asunto de meras palabras sino una cuestión de políticas públicas. Y, en este sentido, a los liberales de este país nos han dejado en un estado de absoluta orfandad: no podemos esperar, por ejemplo, una reforma energética de fondo porque el tabú del “petróleo de todos los mexicanos” sigue teniendo plena vigencia (no hay manera, por lo visto, de convencer a nadie, en el ámbito de la politiquería local, de que México se encamina fatalmente a la situación más desastrosa desde el punto de vista de la soberanía nacional —tan cacareada, miren ustedes—, a saber, la de una absoluta dependencia del exterior en el apartado de la energía); no podemos tampoco imaginar una verdadera reforma educativa; ni mucho menos una reforma laboral, por ejemplo, que permita a un trabajador afiliarse libremente al sindicato que le dé la gana; en fin, estos cambios, que los haría típicamente la “derecha”, no los está haciendo nuestra derecha. No puede, es cierto. No cuenta con la mayoría en el Congreso y está totalmente sitiada por una oposición desleal (y oportunista hasta los más indecentes extremos). Pero tampoco ha planteado nunca los temas de manera abierta y frontal. Y, por si no existiera ya esta asignatura pendiente, en nada ayuda a México el antiyanquismo del presidente Calderón. Ni le sirve, al Partido Acción Nacional, que un Gobierno panista tenga tan alegres acercamientos con un régimen dictatorial.

    Cuando la “derecha” no puede imponer sus principios y sus visiones, por lo menos que guarde las formas. López Obrador, de todas maneras, nunca le va a otorgar el menor reconocimiento a Calderón. Y la “izquierda”, tampoco. ¿Entonces?

    Roman Revueltas Retes/mileniodiario