La perdida guerra del toreo

La perdida guerra del toreo
HEMOS perdido ante los terroristas la batalla del lenguaje y hemos perdido ante los antitaurinos la guerra de la información. Lo explico. Aquí se explica todo, esto no es como la incomprensible subida del IVA. Hemos perdido la batalla del lenguaje ante los terroristas cuando por tierra, mar y aire de prensa, radio y televisión se informa que han detenido a la «cúpula militar» de la ETA cuando trincan a los jefes de los pistoleros. El sistema adopta el lenguaje de los que quieren destruirlo, ¿habrá batalla más perdida?
Cambiando de tercio, con el toreo ocurre tres cuartos de lo propio. Ante los antitaurinos que quieren prohibir la Fiesta en Cataluña como el certísimo símbolo de España que es, hemos perdido la guerra de la información. Pero no ahora, que van de «mamá, toro pupa» los mismos diputados separatistas que vienen a lo mejor de comerse una langosta que han echado viva en agua hirviendo. Esa guerra de la información taurina la hemos perdido hace mucho tiempo. Ahora se trata de remediar el desastre, y observo con perplejidad que hay en algunos diarios como una carrera en pelo por los toros, más vale tarde que nunca. Ahora, en plenas Fallas de Valencia, en puertas de la Feria de Sevilla y rematándose San Isidro no tiene mérito. La guerra perdida de la que hablo no se refiere a las grandes ferias y las magnas crónicas de las brillantes plumas, sino a la información taurina de cada día. La Fiesta Nacional no correrá el menor peligro el día que ocupe en los medios informativos no digo ya el lugar del fútbol. Me conformo con el del baloncesto. Cualquier consumidor medio de radio, prensa o televisión tiene sobre los partidos de la ACB bastante más información que sobre la corrida de la feria de Olivenza.
¿Usted se acuerda cómo sus padres y abuelos escuchaban La Pirenaica? Bueno, pues así hay que escuchar la información taurina por la radio. Sólo Radio 5, cerrando el boletín informativo de las 21,30, da los telegramas de las corridas del día. No hablo de programa taurino, ni de crónicas. Hablo del teletipo pelado y mondado, lo de «toros del Conde de Tal para Fulano, oreja en ambos; Mengano, silencio y oreja; y Perengano, ovación y vuelta». Si quieres saber eso de una corrida que te interesa, tienes que estar al lado de un transistor exactamente a las 21,40, ni minuto más ni minuto menos, sintonizado en Radio 5. Si no, no te enterarás nunca. Tengo entendido que los primitivos cristianos, en las catacumbas, escuchaban así la palabra de Dios durante la persecución de Diocleciano. Por el contrario, cada boletín horario y cada telediario te informa no sólo de cómo han quedado el Real Madrid, sino incluso de la decisiva noticia del resultado del Villanovense-Puertollano, que nos quitaba el sueño.
El día que pongas un telediario y tengas allí toda la información del toreo como la de fútbol o baloncesto, podremos empezar a ganar la guerra que tenemos más perdida que el barco del arroz. Cuando los toros salgan en los telediarios habitualmente, sin necesidad de que a un torero le peguen un cornalón de caballo, que es ahora cuando únicamente salen: ¿es que no habéis visto nunca a un tío salir por la puerta grande con las dos pelúas en las manos, hijos míos? Los aficionados empezaremos a ganar la perdida guerra de la información cuando en pleno invierno los periódicos mantengan su sección taurina, con las noticias que ahora hay que buscar en los iniciáticos portales de Internet. Que los periódicos no den toros en invierno es como si en verano no hubiera sección de Deportes porque en julio no hay partidos de Liga.
Los abolicionistas catalanes nos han ganado hace mucho tiempo la guerra de la información taurina. Nos la hemos dejado ganar. Yo me conformaría con que anoche hubiera podido ver en el teletexto cómo quedó en Valencia el mano a mano de Ponce con El Juli. No pido retransmisiones de corridas. Ya me conformo con el teletipo taurino en el teletexto y con todos los telegramas del toreo a la mañana siguiente en el periódico.
Antonio Burgos/abc.es

A ver si me curo del antisemitismo

A ver si me curo del antisemitismo

“España tiene una larga e infame historia de antisemitismo, anterior a la Inquisición, y que dura siglos desde la expulsión de 1492.” -Editorial de The Jerusalem Post– 

Yo pensaba que mi indignación por las continuas agresiones de Israel a los palestinos obedecían a un sentimiento de solidaridad y justicia, pero qué va. Mi problema es que estoy enfermo. Me lo han diagnosticado los expertos médicos de la embajada israelí en España, y el influyente diario The Jerusalem Post, que hace unos días publicó un editorial titulado “La enfermedad española”. 

Me temo que no tengo cura, pues no es algo infeccioso ni hay vacuna, sino que parece ser una malformación congénita que compartimos los españoles por nacer aquí, y que arrastramos desde hace siglos, con frecuentes episodios agudos. 

Según las autoridades israelíes, en el último mes los enfermos hemos sufrido una crisis de las gordas, y mencionan varios episodios: en primer lugar, la embajada protestó ante el gobierno hace un par de semanas, después de recibir varias docenas de cartas enviadas por escolares españoles -que tan pequeños ya mostraban síntomas del mal-. Entre otras cosas, algunas cartas acusaban a Israel de matar niños palestinos. Ya ven lo fuerte que pega la enfermedad. 

El segundo episodio fue una escultura exhibida en Arco, que aparentemente atacaba a las tres religiones monoteístas, pero que era obra de un artista igualmente afectado por la enfermedad. Y el tercero, la reunión en Barcelona del Tribunal Russell para Palestina, cuyas conclusiones suponen una dura condena de las sucesivas acciones de Israel, incluida la terrible operación “Plomo fundido”. 

Así que ya saben. Si ustedes, por ejemplo, se sienten indignados por la decisión israelí de construir más asentamientos en territorio palestino, o todavía no se han recuperado del horror que fue el último ataque a Gaza, háganselo mirar, métanse en cama bien abrigado, y esperen a que se le pase. 

Eso sí, no a todos los españoles nos afecta por igual la enfermedad. A los gobernantes, por ejemplo, les suele dar leve, como un catarrillo. De ahí que nunca vayan más allá de llamamientos a la paz y al diálogo, y alguna petición educada de alto el fuego cuando se les va la mano.

Isaa Rosa/pubico.es

Un regimen de tiranos

Un regimen de tiranos

La diferencia entre las reacciones ante la huelga de hambre de Aminetu Haidar y la de Orlando Zapata reside en que el régimen político marroquí es de derechas y el cubano, de izquierdas. Hay una solidaridad implícita entre los conservadores y cualquier régimen derechista; lo mismo ocurre entre la gente de izquierda y un sistema político socialista, aunque sea dictatorial. Y las excepciones producen escándalo entre los correligionarios: Arthur Koestler fue de los pocos intelectuales comunistas que condenó la invasión de Hungría por el Ejército soviético en 1956, y lo cubrieron de improperios.

¿Es usted de derechas? La dictadura de Pinochet, dentro de que era una dictadura por supuesto, tuvo efectos beneficiosos en la economía del país tan destruida; Allende fue responsable de todo; prácticamente obligó a los militares chilenos a dar el golpe de Estado. Eso sí, el régimen de Fidel Castro es una tiranía de asesinos.

¿Es usted simpatizante de izquierdas? Pinochet, la CIA, Kissinger, asesinaron al presidente legítimo de Chile, mataron a mucha gente y el estadio nacional de Santiago fue durante semanas muestra del oprobio del país. Hombre, es cierto que en Cuba no impera un sistema precisamente liberal, pero consideren ustedes lo que había sido la dictadura de Batista y no olviden que, contra viento y marea (y la idiotez del embargo norteamericano), hubo que enderezar un país maltrecho que ahora tiene un servicio de salud pública envidiable en una sociedad que ha dejado de ser analfabeta (no sé para qué: no hay libros que comprar ni dinero para hacerlo).

Ambas posturas, a derecha e izquierda, contienen elementos imposibles de discutir.

Pues bien: el régimen cubano me parece tiránico, anquilosado, falto de ideas y brutal con sus opositores. Claro que sí. Y el régimen de Franco me parecía entonces y me sigue pareciendo ahora tiránico, anquilosado, falto de ideas y brutal con sus opositores.

Ah, y acaso no deba olvidarse que la revolución cubana fue un alzamiento de dignidad contra el hecho, entre otras muchas razones, de que el país se hubiera vendido al dólar y La Habana se hubiera convertido en el gran burdel de los yanquis. No es muy distinto de lo que han conseguido los hermanos Castro en medio siglo de revolución.

Fernando Schwartz/elmundo.es

Un dia con Cantinflas

Un dia con Cantinflas

Cantinflas parecía de piedra. No movía un músculo de su rostro. Tras sus enormes gafas oscuras, el hombre que durante décadas hizo reír a millones de mexicanos era la seriedad más absoluta. Su sillón frente a la gran mesa de sus oficinas en la colonia Roma de la Ciudad de México era su trinchera. Impecable en su terno café, siempre a la defensiva, muy hosco, casi agresivo a veces, enfrentaba a mediados de 1990 a un pequeño grupo de periodistas que había convocado para comunicarles la situación de la disputa legal que sostenía en los tribunales estadunidenses contra Joyce Jett, su ex compañera.

Cuando alguien se atrevía a preguntar algún detalle particular sobre el pleito, sobre el monto de su fortuna personal o sobre su relación amorosa con la mujer que definía con insistencia como “una amiga de más de 20 años, como muchas otras; una señora que me hacía el favor de hacerse cargo de mi departamento en Houston”, alzaba la cabeza, clavaba la mirada sobre el preguntón y resoplaba conteniendo apenas la furia. Los demás periodistas se encargaban del resto: aplastaban la curiosidad periodística, el interés profesional, con gritos, manotazos sobre la mesa y silbidos. Dejaban ver así su solidaridad, su lealtad, su complicidad y, sobre todo, su lambisconería con el comediante en desgracia. “¿Cuándo nos invita a comer, don Mario?”, suplicaban a coro casi todos al finalizar el encuentro.

Era evidente que el tema le revolvía el estómago, pero había roto un silencio de años en la prensa para exhibir sus argumentos en un largo pleito que comenzaba a perder.

A sus 78 años de edad ya había sido condenado por un juez en Estados Unidos al pago de 26 millones de dólares en beneficio de Joyce Jett, una vendedora de focos y cocinas estadunidense que buscaba desde el año anterior en una corte de Houston, en Texas, una sentencia de divorcio en su contra. Cantinflas se había declarado en desacato para emprender enseguida un procedimiento legal en la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal por el delito de extorsión y otro ante el XXV Juzgado de lo Familiar.

Las cosas estaban al rojo vivo. Mientras el pleito evolucionaba, las autoridades le habían entregado a la demandante un penthouse en Houston con valor de unos 800 mil dólares y varios automóviles que eran propiedad de Cantinflas. Se veía venir además la imposibilidad inmediata de regresar a Estados Unidos, en pa rticular a Houston, una ciudad a la que acudía con frecuencia para recibir atención médica por un padecimiento que mantenía en secreto.

Pequeño de estatura, muy delgado, sumamente pálido, parecía extremadamente frágil cuando con una voz casi inaudible explicaba las razones de su postura ante la sentencia del tribunal estadunidense: “yo soy mexicano y acato las leyes de mi país, aunque nos mandan todos los papeles aquí, por duplicado, a mi casa y a mi oficina, como si esto fuera territorio norteamericano; yo no soy norteamericano ni he residido ahí, de modo que hasta dónde tiene razón un juez texano para que acate sus órdenes”.

Cantinflas se preocupaba porque no se le viera inquieto, asustado, pero estaba muy mosqueado. El abogado de Joyce Jett le había hecho llegar amenazas muy claras: si no accedía a un acuerdo, haría pública la información privada al alcance de su cliente, como datos financieros, propiedades, cuentas bancarias, pruebas de evasión de impuestos, intimidades personales y familiares.

Explicaba el comediante: “Estuvieron hurgando en mis papeles, ella tenía llaves para los apartamentos, y en muchas ocasiones le encargué que pagara mis impuestos, el mantenimiento, porque era muy servicial”. Y se burlaba de la historia de su fortuna escondida: “que me encontraron dos cuentas secretas en Las Antillas con 25 millones de dólares cada una; a lo mejor me los depositó ella como buena esposa, pero que se quede con todo y que me deje nada más el cinco por ciento”.

Todo esto, decía sin mover un músculo de la cara, “me parece como una cantinflada: yo soy viudo, y ahora soy casado y divorciado, y sin saberlo; hay que imaginarse lo que pasaría si todas las que se han fotografiado conmigo en estos años dijeran que son mi esposa; uno puede tener amantes secretas, pero esposas secretas no, no le veo la razón; nunca me había pasado nada así, ni esperé que me pasara. No sé cuál es mi delito. ¿No querer que me acomodaran una esposa nueva? ¿Y qué pena merece eso? ¿La de muerte?”

Al final ya no pudo contener su furia y la liberó mediante el sarcasmo: “¡Que me extraditen! ¡Que me secuestren los de la DEA!”

Casi un año después, en mayo de 1991, Cantinflas se presentó ante la corte de Los Ángeles para firmar un acuerdo con Joyce Jett. Debió aceptar la demanda de divorcio y ya no pudo recuperar su penthouse ni sus automóviles. El acuerdo que le garantizaba la posibilidad de regresar a Houston, le obligaba también a guardar en secreto un pago adicional de unos cinco millones de dólares en efectivo.

La posibilidad muy concreta de una acción penal en su contra lo había convencido de que era mejor un buen acuerdo que un mal pleito.

Tres años después Cantinflas se encontraba con la muerte, después de recibir tratamiento en Houston por un padecimiento canceroso.

Más allá de su trayectoria profesional, de la lucha contra la miseria en sus primeros años, de sus éxitos financieros, de sus tragedias íntimas, de sus aguerridos enfrentamientos políticos y sindicales, Cantinflas libró sin duda batallas más dignas y trascendentes a lo largo de sus más de 80 años de vida. Una vida digna de ser recreada en el cine, como se viene anunciando desde hace tiempo, aun cuando transcurrió en su último tramo de espaldas a la masa popular que cobijó sus orígenes. La vida de un hombre de carne y hueso.

Hector Rivera/mileniodiario


La relacion calidad-precio

La relacion calidad-precio

La Guerra de la Independencia, aquello sí que fue un desastre. Con lo feliz que hubiese discurrido nuestra existencia si Napoleón nos hubiera anexionado y convertido en el sur de Francia. En fin, el daño ya está hecho y ahora tenemos que discutir aquí asuntos que se ventilaron en Europa hace 200 años: que si las corridas de toros, que si el aborto, que si la religión en la escuela… Me resulta insoportable nuestro tufo a queso de cabra, insufrible esta peste cateta a la que han contribuido los nacionalismos (el español y los demás) y el sacrosanto Estado de las Autonomías. Vaya chapuza que nos dejó Suárez. ¿Quién puede tomarse en serio una Administración que haya convertido a la provincia de Madrid en un pequeño Estado con himno, bandera y día de la Comunidad?

La teoría dice que la descentralización de las competencias permite una gestión más eficaz de los recursos y redunda en el bienestar de los ciudadanos. Porque de eso se trata, de que la gente viva lo más cómoda posible. El derecho inalienable de los pueblos al nosequé me parece mucho menos importante. Tener Estado propio está bien si mejora la vida de los que viven en él. Si no, es un gasto inútil que deberíamos ahorrarnos. No creo que la autonomía andaluza, la que me pilla más cerca, haya mejorado sustancialmente la vida de los ciudadanos. La vida ha mejorado, claro. ¿Pero no hubiera mejorado también sin los gastos que genera un Gobierno autónomo? La relación calidad-precio no me compensa, eso es lo que quiero decir. Y lo pensaba mientras me ponía en la piel de los conductores atrapados en Catalunya, de los ciudadanos sin transporte, de los que mientras escribo esto siguen viviendo sin luz.A

Antonio Orejudo/publico.es

Mi única razón de odio a los judíos

Mi única razón de odio a los judíos

 

¿Se lo dirán también a las feas?

 

Si realmente todos fueramos como los judíos radicales no nos sucedería lo que alarma en la tremendamente racista de corazón sociedad americana (del norte) donde el número de nacimientos no blancos alcanza el 48%

 

En realidad desconozco el motivo por el que históricamente se odia a los judíos pero han arrastrado consigo siempre el germen del desprecio. Puede ser, quizá, que siempre han conseguido triunfar socialmente habiendo sido expulsados más de 80 veces desde el año 250 hasta 1948. En España, viendo venir una expulsión, se prohibió en 1268 la fea costumbre de juntarse en viernes Santo para apedrear las casas de los judíos en Toledo pero al final les echaron los reyes católicos y los echaron (a la hoguera) los alemanes después de que tuvieran un gran poder económico en la Alemania de los años 30. Pero en Rusia en el SXVII eran pobres, y también eran odiados (será el olor de la misma manera que los barrios hindúes huelen a curri).

 

Tampoco podemos buscar la explicación histórica en que fueran ellos quienes mataron a jesucristo, porque sin muerte no habría resurrección (aparte que la Iglesia, siempre a tiempo, exhoneró al pueblo judio en 1963 de la muerte de Jesus) y tampoco nos importa mucho que durante años se hayan denominado a sí mismos como “el pueblo elegido” porque no nos gustaría cambiarnos por ellos.

 

Después, en una decisión un tanto drástica, les dieron un terrenito un poco seco que convirtieron en un vergel al que después están intentando anexionar unas zonas palestinas residenciales a golpe de mortero (quizá es el advenimiento de un nuevo éxodo) y eso no les hace tener muchos amigos más allá de sus fronteras.

 

Claro que yo no soy palestino, ni me importa mucho a quien mataran los tatarabuelos de los israelitas ni si se creen los ombligos del mundo o la economía moderna.Mi única razón de odio a los judíos

 

Yo sólo se que muchas mujeres odian a Bar Rafaeli por ser tan espectacularmente guapa y yo a los judios ultraortodoxos por no dejarla casarse con un infiel (como pudiera ser yo si es que nos cruzamos después de que deje a un tipo que no sabe nadar porque se ahogó en el Titanic). Al menos ahora ya he encontrado una razón.

 

Pd: los turcos, esos que quieren entrar como sea en el marco de las libertades modernas de la unión europea penalizarán por ley las inseminaciones de sus mujeres turcas (que no sé por qué me las imagino erroneamente siempre con bigote) de esperma “extranjero”. Viva la modernidad. Ahora, gaseemos a unos cuantos kurdos.

Comprender es un cierto tipo de extasis

Comprender es un cierto tipo de extasis

Más que buena memoria, conocimientos o intuición, el ajedrez requiere comprensión. Esto incluye el dominio no sólo de los factores inherentes a cada posición, sino de los temas, las variantes y las subvariantes que de ella se desprenden. Comprender es captar la esencia de una cosa, distinguir sus elementos, percibir su sentido y vislumbrar sus alcances. Se trata de un concepto que se aplica a los hechos y a las relaciones que hay entre los hechos. Para comprender hay que observar y meditar. Consiste en una especie de aprehensión de la realidad. El escritor Johann W. Goethe dijo: “Lo que no comprendemos no lo poseemos”.

La compresión de una posición en el tablero exige la valoración de sus características, lo que ocurre dentro de cierto límite de tiempo, en situación antagónica y en medio de una amplia gama de posibilidades. En ajedrez la valoración se relaciona con la noción de posibilidad. Según  Rudolf Spielman, “la fuerza de juego en ajedrez es la fuerza de evaluar las posibilidades”.

El genio crea, el talento comprende. El afán de comprensión abarca todos los ámbitos, incluidos el trabajo, las relaciones sociales y el amor. El pensador José Ortega y Gasset decía: “Entre las varias actividades del amor sólo hay una que pueda yo pretender contagiar a los demás, el afán de comprensión”. Es más, un proverbio árabe dice: “Quien no comprende una mirada tampoco comprende una larga explicación”. En el ajedrez, como en la ciencia, para pensar bien hay que comprender bien. El científico estadounidense Carl Sagan dijo alguna vez: “Cuando pensamos bien, nos sentimos bien. Comprender es un cierto tipo de éxtasis”.

Javier Vargas Pereira/eluniversal.com.mx

El suicidio, ¿depresion o acto de libertad?

El suicidio, ¿depresion o acto de libertad?

El pasado miércoles Excélsior publicó un buen reportaje de Laura Toribio sobre el suicidio. No es la primera vez y no será la última, que el diario trate un problema que crece a pasos agigantados. Sólo en México mil jóvenes al día intentan suicidarse. La información precisa que en 2008 unos dos mil mexicanos se quitaron la vida y la tendencia al suicidio crece. Hace años escribí una novela que fue finalista del Premio Planeta y sus primeras cuatro ediciones aparecieron en España: Réquiem por un suicida. El capítulo inicial me fue fácil hacerlo, tenía el tono, el estilo, los personajes, pero desconocía las razones por las que una persona decide matarse. Tuve que realizar una investigación que duró diez años.

La tarea me condujo a los clásicos del tema, a los artistas que habían optado por el suicidio, a hurgar en las estadísticas mundiales, a hablar con suicidas fallidos y leer las cartas de despedida de quienes tuvieron éxito; asimismo a entrevistarme con personas que perdieron un hijo, una esposa o un amigo a causa de la muerte voluntaria. Los datos eran (son) desoladores y desconcertantes. En Japón, la incidencia de suicidios abunda entre los niños debido a la enorme presión escolar. En los países nórdicos la razón está en la soledad. En pueblos como el nuestro, la miseria, la presión de los acreedores, provoca un estado depresivo que conduce a la muerte. Un diario capitalino llevó por meses el récord de suicidios ocurridos en el Metro. Lo dramático era que ni siquiera tenían recursos para comprar una pistola o conseguir veneno y lo hacían a la vista de una multitud aterrada.

Es la depresión extrema lo que conduce al suicidio. La novela se vio alimentada por historias de amor del pasado, cuando el romanticismo llevaba a lo que calificaban como el mal de Werther, en recuerdo del célebre personaje de Goethe. El suicidio en la literatura es común, entre los muertos afamados están Ana Karenina de Tolstoi y Emma Bovary de Flaubert. La lista de artistas que optó por la muerte voluntaria es infinita, hice un recuento, no total, pero sí hablé de los más famosos o los que habían seleccionado métodos sorprendentes para matarse. Para un escritor poderoso como Camus, esto tiene su lado positivo: es un acto de libertad. No decidimos cuándo y dónde nacer, pero sí podemos seleccionar el momento y la manera de fallecer.

El Estado combate al suicidio, las religiones se oponen. San Agustín lo condenó y Dante creó un sitio atroz para ellos, quienes de pronto pueden morir por un error, como Romeo y Julieta. No importa que alguien se obsesione con la muerte, es condenable. Réquiem por un suicida no toma partido, entiende a quienes optan por la muerte porque no pueden más con la vida. Recuerdo que mi querida amiga Elena Garro escribió diciendo que era un libro peligroso. No lo creo. Lleva unas cinco ediciones y a nadie ha invitado a morir por mano propia, al contrario, ha hecho reflexionar a personas dolidas por el suicidio de un ser querido. He recibido misivas de agradecimiento.

Mi archivo sobre el tema es enorme y contiene desde libros como El suicidio de Durkheim hasta cartas de suicidas cuyos familiares me obsequiaron. Mi personaje es un hombre que nunca amó la vida a pesar del éxito que obtuvo; le falta el amor y cuando lo consigue, se mata. El final es de Kafka, cuando en El artista del hambre el tipo que en un circo ha dejado de comer, confiesa que detesta hacerlo. Gustavo Treviño no vivía deprimido ni había fracasado. Simplemente no le gustaba vivir. Creía firmemente en la opción final porque no le agradaba aquello que veía a su alrededor. Su muerte no produce un dolor inmenso en la mujer que lo amaba, sino la satisfacción de ver cumplido el deseo de un ser melancólico que no debió nacer.

Rene Aviles Favila

Para vivir

Para vivir

Si uno deja de fumar no es para vivir más años, sino para vivir mejor ahora mismo y no tener que resollar como una foca al subir veinte peldaños. Si uno come en pequeña cantidad comida sana y no ingiere grasa animal, hamburguesas con carne de perro y gallinejas fritas con aceite de motor, no es para adelgazar o bajar la tripa, sino para respetar el propio cuerpo y no someterlo a la humillación de tener que digerir semejante basura. Si en lugar de apoltronarse ante el televisor para recibir indefenso su descarga diaria de estiércol, uno se mueve, camina una hora al día o se machaca en el gimnasio, no es para exhibir en la cama un pecho de lagarto o presumir de bolas ante las amigas en el bar, sino para sentirse flexible y no verse obligado a gemir una blasfemia al salir de taxi o al levantarse del sofá. Si se renuncia a habitar espacios cerrados que huelen a aliento fétido, y se inspira aire fresco y limpio hasta el fondo de los pulmones, esta actitud sólo tendrá sentido si además de purificar las células con oxígeno verde, uno busca que la naturaleza entre a formar parte del espíritu. No fumar, comer sano y hacer ejercicio, sirve para ofrecerse al placer de ahora mismo, puesto que la eternidad cabe entera en el día de hoy, sin esperar a mañana. Mientras uno vive de forma saludable sigue siendo inmortal. Los últimos años que te resten de tu paso por esta tierra, si te has convertido ya en un desecho humano, puedes regalárselos al sepulturero. Estas reglas sólo atañen al cuerpo, pero hay que acompañarlas de una sencilla disciplina espiritual si se pretende llegar más allá. El ambiente degradado por los insultos que se infieren mutuamente los políticos es mucho más venenoso que el óxido de carbono. Prohíbete respirar ese aire. Aléjate del pesimista que sólo busca amargarte el día, y usa tu nuca como basurero psíquico para depositar en ella su frustración. Nunca discutas con el creyente que lleva el fuego del infierno incluso en el mechero. Su fanatismo es peor que la carne de perro. Guárdate del que pretende darte lecciones con una verdad absoluta o con un bate béisbol. Son dos formas de partirte la cabeza. Y si un moralista con halitosis te señala con el dedo, huye y no te detengas hasta que veas que en el horizonte arden las palmeras.

Manuel Vicent/elpais.es

Los adelantados

Los adelantados

Hay gente que se adelanta a los acontecimientos. Tienen ese don y privilegio. No son adivinos profesionales, pero han nacido con la intuición del porvenir. Los que carecemos de esa gracia especial nos dejamos llevar por sus predicciones. Estas cosas no se pueden tomar a broma. Y el vaticinio que hoy me ocupa y preocupa es espeluznante. Hay guerra en Afganistán y nuestros soldados están ahí. Lo sabemos porque Guillermo Toledo, Pilar Bardem y hasta la extraordinaria actriz Mónica Cruz nos lo han dicho.
Las hermanas Cruz son como los Machado, que dividen los gustos del personal. Unos prefieren a Penélope y otros a Mónica, que tanto monta monta tanto. La chica de Alcobendas se ha sumado al sindicato de la ceja y está muy preocupada por lo que sucede en Afganistán. Como Miguel Bosé, o el «Wyoming», o Toledo, aunque el último divide sus preocupaciones entre la guerra de Afganistán y el dolor de los hermanos Castro ante la huelga de hambre de un nuevo «delincuente común» de Cuba, Guillermo Fariñas, que se está muriendo.

El hecho es que lo han visto. Después de nueve años han entendido que en Afganistán se libra una guerra cruel y que los soldados de España están ahí jugándose la vida. Se han apercibido de que esa guerra existe después de la muerte en acto de servicio de más de noventa soldados de España. «Esto es como lo de Iraq», han concluido. Gracias por abrirnos los ojos. La grandiosa intelectual Rosa Regás, cuyo paso por la Biblioteca Nacional a punto estuvo de terminar con ella (con la Biblioteca Nacional, no con doña Rosa), ha firmado también el futurista manifiesto.
Es lógico. Desempeñó un cargo oficial durante cuatro años, pero le robaron tantos mapas y libros de los fondos de la Biblioteca Nacional que no tuvo tiempo para reparar en lo que sucedía en Afganistán. Y los de siempre. Pilar Bardem, Juan Diego Botto (¿de dónde saca tiempo para trabajar firmando tantos manifiestos?), un tal Alberto Sanjuán, Almudena Grandes, el académico José Luis Sampedro, Juan Diego sin Botto, José Sacristán (al que creía menos sectario), el juntador de versos García Montero, y sobre todo (insisto con ella por mi rendida admiración), la formidable actriz Mónica Cruz, cuyo palmarés profesional resulta sencillamente abrumador. Todos contra la guerra en Afganistán después de seis años de Gobierno de un Zapatero que no ha hecho otra cosa que mandar tropas españolas a Afganistán. Lo dicho. Futurólogos, vaticinadores, gente con visión.

Y a todo esto, Guillermo Fariñas, agonizando. No heroicamente, como Aminatu, que agonizó engordando un poquito, sino como el «delincuente común» Zapata Tamayo. Fariñas es un antirrevolucionario sumamente peligroso. Prefiere la muerte a la prisión en vida en su tierra. Cuando visitan esa tierra, Cuba, la mayoría de los firmantes de este futurista manifiesto lo hacen en condición de «amigos de la Revolución», y se alojan en lujosos hoteles, y compran sus recuerdos en establecimientos prohibidos para los cubanos, y no se interesan por las necesidades, privaciones y torturas de los, cada día mas, «delincuentes comunes» encerrados en las apacibles prisiones de los Castro. ¿Qué vaticinan para Cuba los sabios futurólogos? Lo sabremos cuando hayan muerto heroicamente un centenar de «delincuentes comunes». Como nuestros soldados en Afganistán.

Alfonso Usia/larazondigital