El ‘boom’ del videojuego: una industria que factura más que el cine y la música juntos

El ‘boom’ del videojuego: una industria que factura más que el cine y la música juntos
Imagen del videojuego ‘Far Cry 5’.

 

Dice Hans-Georg Gadamer que “en el comportamiento lúdico, todo jugar es un ser jugado”, pues la fascinación que ejerce el acto del juego lleva asociado un poder de atracción que se adueña de los propios jugadores. En este sentido podríamos decir que algo semejante sucede con la industria del videojuego.

El público, en general, tiene curiosidad, siente atracción y a veces fascinación por un sector en crecimiento económico, innovador, tecnológico y de futuro. Todo ello en igual proporción al sentimiento contrario que produce debido al desconocimiento y la incertidumbre que se deriva de los efectos de un nuevo tipo de cultura que ha cambiado el panorama del ocio y del entretenimiento.

Esta nueva economía en la sociedad digital implica a millones de videojugadores en todo el mundo desarrollando hábitos, demandando nuevos productos y estableciendo tendencias y lazos sociales, con el consiguiente interés para las empresas desarrolladoras.

España, en este sentido, resulta especialmente atractiva, pues se sitúa como uno de los principales mercados internacionales. Ocupa la cuarta plaza en Europa y la novena en el mundo.

Una actividad cultural

Hacer y producir videojuegos es una actividad cultural, como la literatura o el cine, orientada a transportarnos a nuevos escenarios de tipo virtual. Los jugadores voluntariamente acceden a mundos de ficción ajenos a nuestra realidad, mundos posibles donde es posible experimentar y aprender. Lo que sucede en el juego asimismo cambia a los jugadores. Si yo adquiero, por ejemplo, un aprendizaje lógico matemático en un juego de puzzles, es comprensible que desarrolle esta capacidad en el mundo real.

Si vivo una situación de desigualdad, es probable que empatice con una realidad ajena a la mía en el mundo real. Los videojuegos son, pues, espacios cuya actividad excede los límites del propio juego.

En el videojuego, como en su industria, todo parece suceder en un mundo aparte, tecnológico y abierto a la participación. La capacidad de cocreación del jugador incide en la obra a medida que la juega y con su acción la transforma. Así, los estudios desarrolladores ponen a su disposición todo tipo de herramientas que permitan el diálogo con sus jugadores: dentro del juego, mediante diseño interactivo y dinámico, chats, modos creativos, etc, entre otros; y de forma externa al juego, mediante redes sociales, manuales, ferias, etc.

Canales que abren ventanas de escucha a la persona que juega y que a su vez le hacen partícipe del proceso de la creación de un videojuego. Un puro ejercicio creativo entre autores y jugadores, un baile que disocia la barrera de la autoría en pos de un producto colectivo.

De ahí su atractivo y, a la vez, el despertar de las preocupaciones, pues ¿qué intención, deliberada o no, tiene el desarrollador? o ¿seré yo un buen jugador, o lo que es lo mismo, tendré la competencia tecnológica desarrollada para aprovechar las virtudes del medio?

Crecimiento de dos dígitos

En el plano económico, la industria del videojuego despierta igual sensación: fascinación y desconcierto se unen a partes iguales en un sector en fase de crecimiento que busca consolidarse en la sociedad digital, entre las disciplinas y los saberes.

El sector de los videojuegos es, como los propios juegos, divertido y de estética desenfadada. Está modernizado hasta el punto del lenguaje, con jerga propia, para establecer un nuevo tipo de comunicación con los jugadores: en vez de superproducciones, hay triples A, en vez de industria independiente, hay industria indie. Pero esa aparente informalidad se formaliza de manera muy seria cuando nos asomamos a los buenos resultados de la facturación.

Actualmente los videojuegos representan la primera opción de ocio audiovisual en España y del mundo con un crecimiento de la facturación de dos dígitos, del 15, 6 por ciento, lo que supone un total de 713 millones de euros anuales, según el Libro Blanco del Videojuego Español de la DEV. Es el mismo nivel de crecimiento de dos dígitos que obtuvo en años anteriores y según previsiones, estos resultados no solo se mantendrán sino que mejorarán en los próximos tres, hasta un 23 por ciento en el año 2021.

Desde años esta industria supera ampliamente la facturación del sector audiovisual y musical conjuntamente. La facturación del cine, con 587,5 millones anuales y la de la música grabada, con 237,2 millones, no alcanzan conjuntamente a los videojuegos y, por tanto, el videojuego se consolida como principal sector del ocio y el entretenimiento en nuestro país, según la Asociación Española de Videojuegos (AEVI).

Fuente de empleo

A estos buenos resultados sumamos el crecimiento del empleo del sector en España, un 16,5% más, y hasta 2121 se espera un ritmo en positivo del 18,2%. Y a las buenas perspectivas se añade un crecimiento de la inversión extrajera, el pasado ejercicio con un aumento del 4%, un aumento del 10% de los ingresos que provienen de los mercados internacionales y un crecimiento de los estudios de desarrollo internacionales en nuestro país.

No obstante, el sector, como con el juego, despierta ciertas alertas que conviene tener en cuenta.

Terreno para los emprendedores

Como es propio de un sector en alza y joven, la industria se encuentra en fase de consolidación y se caracteriza por ser emprendedora. El 81% de las empresas se crearon en los últimos 10 años y la mayoría de ellas recurre, para poder desarrollar sus ideas, a la autofinanciación. El 92% del capital social de las empresas procede únicamente de los socios fundadores.

El ‘boom’ del videojuego: una industria que factura más que el cine y la música juntos

El ‘boom’ del videojuego: una industria que factura más que el cine y la música juntos

Libro Blanco del Videojuego Español 

Uno de los datos reveladores y a los que las instituciones deberían prestar mayor atención es la tasa de la productividad de los estudios desarrolladores. Otros países como Finlandia obtienen mejores resultados en este indicador pues son capaces de facturar hasta seis veces más por empresa que España.

Este dato es si cabe aún más importante si tenemos en cuenta la fotografía del entramado empresarial de los estudios de videojuegos en nuestro país, que está altamente polarizado. El 50% de la facturación corresponde a las empresas de gran tamaño, lo que supone una facturación superior a los 50 millones de euros. En esta línea se justifican las solicitudes de apoyo institucional para motivar la actividad de la mediana y pequeña empresa con medidas que apoyen el emprendimiento de un sector joven y en alza.

Sector de creatividad e innovación

Los datos dibujan un perfil profesional del videojuego de tipo joven y emprendedor: el 55% de las personas dedicadas a la industria tiene menos de 30 años (y solo el 3% tiene más de 45 años), su trabajo se caracteriza por apostar por fórmulas de creatividad en cuanto a la creación de contenidos únicos (una empresa sobre diez utiliza motores propios) y su actividad se desarrolla principalmente en modelos innovadores de negocio digital, como los eSports, y nuevas herramientas como la realidad aumentada y la realidad mixta. Es decir, este sector es protagonista en el cambio de modelo de consumo y también de los mecanismos actuales para proteger al jugador, como es el sistema PEGI.

En definitiva, una nueva economía que puede ser una oportunidad para nuevas generaciones que busquen desarrollarse en un sector que demanda perfiles cualificados y que aún tiene que trabajar por la efectiva incorporación de la mujer, para que aporte valor a esta industria en crecimiento de la sociedad digital.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

https://blogs.publico.es/otrasmiradas

Cada vez somos más alérgicos y estas son las razones

Pixabay.
Pixabay.

Una de las preguntas que rápidamente nos vienen a la mente cuando estornudamos demasiado, nos sale urticaria o tenemos molestias digestivas es: ¿será alergia? Y la respuesta tiene cada vez más papeletas de ser afirmativa. Porque la realidad es que sí, sin duda, somos cada vez más alérgicos.

Las estadísticas apuntan a que entre el 20 y el 40 por ciento de la población mundial convive con algún tipo de alergia. La cosa tiene visos de empeorar incluso si, como prevé el Centro Europeo de la Fundación para la Investigación de las Alergias (ECARF), uno de cada dos bebés nacidos en Europa en 2020 termina desarrollando a lo largo de su vida una alergia.

¿Pero por qué nos sucede? Claramente se debe a un fallo de nuestro sistema inmunológico. Para ser más exactos, a una pérdida de la tolerancia a sustancias que, a diferencia de virus y bacterias, no son patógenos. Esa confusión hace que, a pesar de que no hay nada más natural e inofensivo que un grano polen, al organismo de un alérgico polínico le suponga una grave agresión.

Existe un interesante debate sobre si pesa más la exposición o la predisposición en las alergias. Estados Unidos es un buen campo de experimentación porque cuentan con una gran diversidad genética, como receptores que son de inmigración procedente de todo el planeta. Cuando se han realizado estudios en profundidad se ha comprobado que a lo largo y ancho de norteamérica existe la misma proporción de alérgicos. Y que solo varía la sustancia que rechaza cada uno. La alergia, a pesar de su base hereditaria, va ligada a un estado de bienestar, a una economía desarrollada y consumidora de recursos, como se comprobó al unificar las dos Alemanias.

No es por la higiene

Aunque está en boga la teoría de la higiene (que tantas vidas ha salvado, dicho sea de paso), no comparto que el exceso de pulcritud sea la causa del incremento de las alergias. Más bien me parece un testigo inocente, como en las películas de Hitchcock. La higiene va ligada al estado de bienestar, y éste a su vez a cambios en la atmósfera y la alimentación que son los que favorecen las alergias.

También hay que tener en cuenta que los parásitos de los países con menos higiene protegen de las alergias. Además de que en los países desarrollados existen más tóxicos que alteran las bacterias intestinales protectoras o microbiota. Pero no es cuestión de desinfectar más o menos.

El cambio climático y la contaminación

Si se cumplen los pronósticos, en 2050 la mitad de la población mundial sufrirá alguna alergia. Los dedos acusadores señalan al cambio climático y la contaminación como presuntos culpables. Y tienen argumentos.

Los aerosoles biológicos juegan un papel vital en las interacciones entre la atmósfera, biosfera, clima y salud pública. Los gases de efecto invernadero, la combustión de fósiles y el cambio climático que hemos provocado los humanos afectan a todos los seres vivos.

Aire sahariano en Valladolid. Fotografía de la autora., Author provided
Aire sahariano en Valladolid. Fotografía de la autora., Author provided

Las bacterias transportadas por el aire, las esporas de hongos, el polen y otras biopartículas son esenciales para la reproducción y propagación de organismos de diversos ecosistemas. Y pueden causar o amplificar enfermedades en humanos, animales y vegetales. Su interacción está implicada en patologías graves más allá de las alergias, incluyendo ictus, cardiopatía isquémica y cáncer.

En cuanto a la contaminación es evidente que daña el suelo, afecta a las semillas que germinan, a las raíces de las plantas, y a sus frutos comestibles. También atenta contra los herbívoros que las comen, y que luego nos comemos nosotros. ¡Arrojamos cantidades inmensas de productos tóxicos a la tierra y mares que nos sustentan y luego pretendemos estar sanos!

Un estudio reciente realizado en 18 países europeos indica que el 33% de casos nuevos de asma infantil en Europa son causados por la contaminación atmosférica (polen, esporas, partículas PM10 y PM2,5) y que las recomendaciones de la OMS no protegen suficientemente a los niños.

La fruta ya no es lo que era

Luego está el asunto de la alimentación. Cada vez hay más personas hipersensibles a alimentos y proliferan las dietas restrictivas. Si los humanos llevamos milenios comiendo leche, huevo o fruta, ¿cómo es que justo ahora hemos dejado de tolerarlos?

Muy sencillo: porque no son la misma leche, ni los mismos huevos ni las mismas frutas que comieron nuestros abuelos. Ni los mismos que comió nuestra madre, que nos pasó la tolerancia a todo lo que ella ingirió y respiró.

En la actualidad, gracias al desarrollo de la biotecnología, los cultivos se han modificado para incorporar proteínas de resistencia a patógenos (virus, hongos, bacterias), aumentar su rendimiento, poder conservarlos en cámaras o hacer que sus semillas germinen sin que los hongos ni los insectos del suelo las devoren. Esas proteínas que a ellos le sirven de escudo protector son un arma de doble filo. Porque con nosotros se han comportado como los alérgenos más agresivos.

Lo sabemos porque desde hace muchos años trabajamos con investigadores de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad de Valladolid estudiando el poder alergénico de los alimentos, sobre todo semillas y frutas. La población piensa que los vegetales son los alimentos más naturales, argumento por el que cada vez vemos más veganos y vegetarianos. Sin embargo, es en frutas y verduras donde se encuentran los alérgenos más agresivos.

Alérgicos al melocotón, pero no al pelo de tigre

Después de todo, no hay que obviar que cuanto más distante estemos de un ser vivo, de un taxón determinado, más distinto y también más alergénico será. Un hombre es más parecido a un tigre que a un artrópodo, por ejemplo. Por lo tanto, es más alergénico el último.

Los números hablan por sí solos. Dicen los informes que en los últimos 10 años la alergia a frutas se ha incrementado un 34%. Y que la familia de las rosáceas, y en concreto el melocotón, son los causantes del 25,7% de la alergia a alimentos en España. De las reacciones graves provocadas por alimentos en España, el 44,7% son producidas por frutas y semillas, y de ellas el 60% por sensibilización a LTPs (del inglés Lipid Transfer Proteins). Es decir, antifúngicos naturales de las frutas y semillas que las protegen frente a hongos y otros parásitos y que son, a su vez, potentes alérgenos.

Tal vez debiéramos enseñar al sistema inmune a tolerar alimentos alergénicos desde el periodo de lactancia. Un estudio realizado por el King´College de Londres (Reino Unido) demostró que se puede reducir en un 80% la alergia al cacahuete en niños si lo consumen regularmente desde el primer año de vida. Y lo mismo se puede decir del huevo.

Aunque se puede lograr tolerancia introduciendo el alimento alergénico más tarde (inmunoterapia con alimentos), siempre será mas arriesgado.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

ALICIA ARMENTIA MEDINA

Catedrática de Alergia. Departamento de Medicina. Jefe de S. de Alergia del Hospital Universitario Río Hortega., Universidad de Valladolid

https://blogs.publico.es/otrasmiradas

La casa

En el número 19 de la calle de La Loma, al sur de la Ciudad de México, flota como neblina la ronda del más fino periodismo que destiló Gabo y las semillas adorables de sus cuentos

La casa
J.F.H.

 

Celebro encarecidamente la genial ocurrencia de resucitar la Casa del número 19 de la calle de La Loma, en lo que llaman San Ángel Inn, al sur de la Ciudad de México. A partir de ahora será Casa-Estudio Gabriel García Márquez, auspiciada por la Fundación para las Letras Mexicanas y bajo la tutela y orientación de Juan Villoro, gracias a que la familia de su dueño decidió donarla… algo que refleja o clona lo que hizo su dueño Luis Coudurier hace poco más de medio siglo: confiar en Mercedes y Gabriel José de la Concordia, padres de Rodrigo y Gonzalo, y extenderles con samaritana paciencia los meses que se debían de alquiler en lo que el escritor colombiano (en proceso de mexicanización universal) terminaba de escribir una misteriosa novela que él mismo sabía desde la primera línea que sería su obra maestra.

A esa Casa de La Loma llegaban todos los sábados María Luisa Elío y Jomí García Ascot, Álvaro Mutis, Carlos Fuentes y una nutrida canasta de viandas, jamón y sardinas en lata y botellas de vino. Primero doce y hasta sumar casi dieciocho meses de sábado en sábado para escuchar de viva voz los avances de la novela que Gabo titulaba “La Casa”. Hay que agradecer la epifanía incondicional con la que María Luisa y Jomí ayudaron a los Gabos en el pago de tintorerías y despensas, zapatitos y camisas limpias, colegiaturas y enseres y la milagrosa noche en que María Luisa le sentenció a García Márquez que “si en verdad llegas a escribir eso que dices que escribes el mundo jamás volverá a ser el mismo”. Año y medio después, al leer el original, Mutis exclamaría uno de sus entrañables ¡carajos! al comprobar que la joya invaluable que tenía en las manos no tenía nada que ver con lo que Gabo narraba sábado a sábado. Hasta el título cambió al final, en la penúltima línea, allí donde se nos cuenta que lo de las estirpes condenadas a cien años de soledad que no han de tener una segunda oportunidad sobre la Tierra.

Cien años de soledad es la novela de nuestra lengua, el alma de la imaginación y memoria de América, la selva misma de donde se ramifican como madrépora todos los párrafos intactos de Gabriel García Márquez: su premio en las nieves de Estocolmo y la lluvia interminable de Macondo, los fantasmas de Rulfo y la poesía de alas encendidas de Darío o Neruda, todas las páginas que estallaron con el ¡Boom! y las ganas de llorar. Es el novelón con un barco perdido en las ramas de su portada y la portada invertida que diseñó Vicente Rojo y las páginas que vuelan como mariposas amarillas y un hilo de sangre que repta por los senderos sombreados de todos los pueblos fantasmas donde se conserva nuestra infancia y el registro de los amores contrariados, la Bella que vuela por las azoteas con las sábanas limpias y el gigante de barbas largas que vende imanes y un compás. Es la novela de nuestra piel y el telón invisible que se extendió como muro infranqueable en una casita de la calle de La Loma, cueva de la Mafia, donde un hombre se sentó a diario en una mesita discreta de madera clara para interpretar al teclado la callada sinfonía de un milagro.

Ahora, la Casa será escenario de conferencias y talleres; las habitaciones de dos niños a quienes quiero como hermanos servirán ahora de hospedaje para escritores visitantes de otros paisajes y culturas y allí donde florecía la hermosa unión de Mercedes y Gabriel José de la Concordia García Márquez ha de florecer pura literatura, como siempre. A la puerta de esa casa llegó el gerente de un banco que había previamente pactado con Gabo la entrega de una maleta rellena de billetes con el adelanto en efectivo que había llegado desde Buenos Aires, desde la Editorial Sudamericana, para sellar al primera edición de un entrañable mamotreto infinito que Mercedes y Gabo habían llevado en persona a la Oficina de Correos de la Avenida Toluca (habiendo sido delicadamente mecanografiado en limpio por la infalible Pera) y todo para que la llegada del funcionario bancario sincronizara con los horarios escolares de los niños, que abrieron la puerta para descubrir que efectivamente el mundo jamás volvería a ser el mismo.

En esa Casa flota como neblina la ronda del más fino periodismo que destiló Gabo y las semillas adorables de sus cuentos, la impalpable transparencia de todas las novelas por venir, pero también el olor de la cocina y un café para dos que se tomaban de madrugada para que siguiera la saga y los juegos de los niños que aprendieron a leer en esa casa, y los dibujos animados de ayer y hoy y el olor de la guayaba y el sabor del mamey, y las vías de un tren que pasaba por allí cerca y que quizá se escuche ahora invisible en la mente de los escritores que sean invitados a compartir letras en esa casa legendaria que para bien de la literatura es ya, como siempre, la Casa de todos.

Jorge F. Hernández

https://elpais.com/

Sabe Dios

Si la divinidad tiene que ser racional y los clérigos alguaciles de nuestras costumbres, mejor prescindir de ellos y cambiar su prepotencia por profesores y policías

Bertrand Russell, alrededor de 1965.
Bertrand Russell, alrededor de 1965. GETTY IMAGES

 

La religión se parece a los toros en que las polémicas que suscita son casi tan antiguas como la cosa misma. A comienzos de este siglo hubo una nueva ofensiva en la vieja guerra: en el ámbito anglosajón aparecieron varios libros desafiantemente ateos o, mejor, antirreligiosos, firmados por ensayistas mediáticos. Causaron cierto revuelo entre gente poco aficionada a los debates teóricos y se ganaron imprudentes condenas eclesiásticas que vinieron muy bien a sus editores. En 2007, cuatro conspicuos cruzados sin cruz (Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Daniel Dennett y Sam Harris) mantuvieron un amistoso coloquio sobre sus ideas antiteológicas, simplificando al máximo los argumentos (Los jinetes del apocalipsis, editorial Arpa). Todos son herederos del viejo Bertrand Russell y su ¿Por qué no soy cristiano?, añadiendo meandros anecdóticos a su arsenal, pero no siempre captando bien la ironía del maestro. Conclusiones: en el campo racional, la ciencia es imbatible por cualquier teología y los dogmas religiosos no favorecen la conducta moral mejor que una sana decencia laica, a veces todo lo contrario. Victoria por goleada del club ateo. Sin duda se lo merecen los crédulos, mejor que creyentes, que se toman al pie de la letra las Escrituras y pretenden que la Biblia derrote en su campo a Scientific American.

Para atender a una parturienta es mejor un manual de obstetricia que Bécquer o Rilke, pero eso no quita que los líricos también enseñen verdades sobre el amor. ¿No es más provechoso leer la religión en clave poética, como quiso Santayana, que científica o legal? Si la divinidad tiene que ser racional y los clérigos alguaciles de nuestras costumbres, mejor prescindir de ellos y cambiar su prepotencia por profesores y policías… Pero quizá a ratos orar al vacío: “¡Dios de lo imposible, sálvanos de lo necesario!”.

https://elpais.com/

Donde el sol se hace tormento, Thomas Bernhard

Thomas Bernard

Lo que necesitáis, jóvenes escritores, no es más que la vida misma, nada más que la belleza y depravación de la tierra; es el campo de mi padre y la inaudita perseverancia de mi madre, es la lucha de vuestras almas a la que tiene que arrastraros vuestra propia hambre y vuestra propia depravación, es el ansia de fama que atormentaba a un Verlaine o un Baudelaire en los «campos elíseos». Lo que tenéis que tener no son seguros de enfermedad y becas, premios y becas de estímulo; es la falta de hogar de vuestras almas y la falta de hogar de vuestra carne, el desconsuelo cotidiano, la desolación cotidiana, la helada cotidiana, el dar media vuelta todos los días, un pan solo cotidiano que en otro tiempo hicieron surgir criaturas tan maravillosas y miserables como Wolfe, Dylan Thomas y Whitman, ciudades, paisajes, es decir, logros frente al polvo, el mensaje de una existencia atormentada, incorregible, que se devora de hora en hora para crear poesías nuevas y poderosas. Lo que necesitáis está por todas partes, donde uno se levanta y muere, donde la lluvia lava la piedra y donde el sol se hace tormento.

Sin embargo, ¿dónde estáis vosotros, que os dejáis mimar como poetas de nuestro pueblo, que camináis como futuras obras completas sobre un asfalto que revienta? ¿Dónde estáis? ¿Qué hacéis con el tiempo, que solo está ahí una vez para vosotros, una vez para todos nosotros, y que se os deshace en la lengua antes de que hayáis podido probarlo?

Thomas Bernhard
Unas palabras para jóvenes escritores

Foto: Michael Horowitz
Thomas Bernhard, 1976

ttps://calledelorco.com/

Descubren en las abejas una capacidad sin precedentes

Pueden reconocer con el tacto en la oscuridad un objeto que antes solo habían visto, una hazaña cognitiva compleja nunca descrita en un insecto

 

Los seres humanos somos capaces de encontrar objetos con el tacto en la oscuridad gracias a la complejidad de nuestro cerebro, que almacena información de tal manera que puede ser recuperada por diferentes sentidos. Esta integración multisensorial nos permite formar imágenes mentales del mundo y apuntala nuestra conciencia. Es una habilidad bastante excepcional, ya que este reconocimiento visión-tacto solo lo compartimos con simios, monos y ratas, mientras que los delfines utilizan la visión y el oído y algunos peces, la visión y el sentido eléctrico.

Pues resulta que semejante hazaña cognitiva está presente en el pequeño cerebro de un insecto.

Investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres y la Universidad Macquarie en Sydney han descubierto que las abejas también pueden encontrar objetos en la oscuridad que antes solo habían visto.

A la luz, pero sin poder tocar los objetos, los abejorros fueron entrenados para encontrar agua azucarada en un tipo de objeto (cubos o esferas) y una solución de quinina amarga en la otra forma. Cuando fueron puestos a prueba en la oscuridad, prefirieron el objeto que anteriormente era gratificante, y pasaron más tiempo explorándolo.

Las abejas también resolvieron la tarea al revés. Después de que aprendieran a encontrar una forma particular en la oscuridad, fueron puestas a prueba a la luz y nuevamente prefirieron la forma que habían aprendido que era gratificante solo con el tacto.

Una abeja resolviendo la tarea de reconocer la misma forma (una esfera) en la oscuridad cuando podía sentirla pero no verla
Una abeja resolviendo la tarea de reconocer la misma forma (una esfera) en la oscuridad cuando podía sentirla pero no verla – Lars Chittka

Esta capacidad se llama reconocimiento intermodal y nos permite percibir una imagen completa del mundo con ricas representaciones, explican los autores en la revista «Science».

«Una hazaña increíble»

«Los resultados de nuestro estudio muestran que los abejorros no procesan sus sentidos como canales separados, sino que se unen como una especie de representación unificada», afirma Cwyn Solvi, autora principal del artículo, ahora en la Universidad Macquarie en Sydney.

«Hace mucho que sabemos que las abejas pueden recordar las formas de las flores. Pero un teléfono inteligente puede reconocer su cara, por ejemplo, y lo hace sin ninguna forma de conciencia. Nuestro nuevo trabajo indica que algo está sucediendo dentro de la mente de las abejas que es completamente diferente de una máquina, que las abejas pueden evocar imágenes mentales de formas», añade Lars Chittka, jefe del laboratorio de la Universidad Queen Mary de Londres.

Para Selene Gutiérrez Al-Khudhairy, coautora del artículo y ahora investigadora en la Universidad de York, «esta es una hazaña increíble si se considera el tamaño minúsculo del cerebro de una abeja. Investigaciones futuras de los circuitos neuronales subyacentes a esta habilidad en las abejas pueden algún día ayudar a revelar cómo nuestros propios cerebros imaginan el mundo».

Como dice Solvi, «esto no significa que las abejas experimenten el mundo de la misma manera que nosotros, pero sí muestra que hay más cosas en su cabeza de lo que creíamos».

https://www.abc.es/ciencia/

Narcos: ficción y realidad

Resultado de imagen de serie narcos

No hay ficción sobre el narco que pueda superar argumentalmente la realidad del narco. El narco es superior a la imaginación. Siempre hay un error en querer agregar imaginación a los hechos del narco. Narcos, de Netflix, es quizá lo mejor que se ha filmado sobre el narco real, porque no inventa mucho y es claro que se equivoca donde inventa. Se trata de una contradictoria hazaña de la imaginación: pegarse lo más posible a la realidad. La historia real del narcotráfico, como digo, desafía la imaginación más desbordada. Se trata, para empezar, de un mundo clandestino con dos orillas: la de los narcotraficantes y las de sus perseguidores, esta última dividida a su vez en la de los perseguidores estadunidenses y las de los perseguidores locales, mexicanos o colombianos: laberinto insoluble por méritos propios. Son dos o tres mundos opuestos en principio, pero conectados en la realidad a sangre y fuego, mezclados a sangre y fuego por la complicidad, la rivalidad, las ganancias, la ambigüedad y los escenarios cambiantes que todo lo anterior va produciendo. El narco del que hablamos como si fuera un mundo claro, ilegal, separado del nuestro, es en realidad un mundo próximo, fluido, regido por la mezcla de los intereses de un gigantesco mercado negro donde manda una lógica cambiante de amigos/enemigos y perseguidos/perseguidores. Los amigos/enemigos, perseguidos/perseguidores de hoy son los amigos/enemigos, perseguidos/perseguidores de mañana. Esta es, creo, la gran propuesta argumental de Narcos Netflix: juegan ahí todos los jugadores del mercado informal de la droga en una lógica sangrienta de amigos/enemigos que cambia según los caprichos del propio mercado, según la historia y de la corrupción política de cada día. Los narcos no pueden existir sin la complicidad de sus perseguidores. A mayor persecución, mayor violencia, a mayor violencia mayor complicidad, a mayor complicidad mayor mercado negro, a mayor mercado negro, mayor ganancia. Quizá la diferencia cualitativa de la serie Narcos de Netflix, tanto en las temporadas de Colombia, como en las de México, es que los perseguidores son tan importantes en la historia como los perseguidos, y tan visibles y tan ambiguos , por momentos tan ilegales y tan violentos como ellos. 

hector.aguilarcamin@milenio.com

https://www.milenio.com

La oreja de oso, la planta del Pirineo que guarda el secreto de la resurrección

Se trata de una especie que tiene la capacidad de volver aparentemente a la vida después de muerta

‘Ramonda myconi’, la única planta resurrección de la península ibérica

‘Ramonda myconi’, la única planta resurrección de la península ibérica – José Ignacio García Plazaola

Según la mitología griega, Orfeo, hijo de Apolo y Calíope, intentó rescatar a su amada Eurídice de la muerte. Aunque él logró escapar del inframundo, ella desapareció para siempre. Lamentablemente, Orfeo también murió: fue asesinado y despedazado por las Ménades.

Producto de la combinación de la mitología clásica con la tradición más reciente, se cuenta que de las gotas de sangre de Orfeo brotó una planta, que guardó el recuerdo de su esencia más pura en la capacidad de volver a la vida después de muerta.

Esta planta se conoce hoy en día como flor de Orfeo (Haberlea rhodopensis) y es una de las cinco especies europeas que se incluyen en la familia de las Gesneriáceas.

Todas ellas se localizan en el sur del continente (montañas de Grecia, Macedonia y Bulgaria) y, como describe la mitología, presentan la sorprendente capacidad de volver aparentemente a la vida después de muertas.

Son lo que se denomina “plantas resurrección”. En todo el mundo hay unas 300 plantas resurrección. La mayoría tienen una distribución tropical y subtropical, con la excepción de las Gesneriáceas europeas.

Una planta tropical perdida en el Pirineo

En el Pirineo, tanto en su vertiente norte como sur, tenemos la suerte de contar con una de estas escasísimas plantas resurrección: la emblemática oreja de oso (Ramonda myconi). Es la única especie con estas características de la península ibérica.

El género Ramonda recibe su nombre en honor al botánico y explorador francés Louis Ramond de Carbonnières que, entre otras hazañas, fue el primero en ascender oficialmente al Monte Perdido.

‘Ramonda myconi’
‘Ramonda myconi’ – José Ignacio García Plazaola

Además de su singularidad como planta resurrección, R. myconi y el resto de Gesneriáceas europeas tienen otra característica muy especial: son plantas de origen tropical, reliquias de un periodo pasado mucho más cálido que el actual. Por eso son denominadas técnicamente “paleotropicales”.

La observación de su morfología y aspecto nos revelará de inmediato ese carácter tropical y fácilmente las asociaremos a la muy conocida violeta africana (género Saintpaulia), planta ornamental de interior.

Siendo una especie de vocación tropical, resulta sorprendente que haya podido adaptarse con éxito al enfriamiento del clima en Europa, muy especialmente en el adverso entorno del Pirineo. Aunque encuentra su óptimo en barrancos calcáreos a mediana altitud, ha llegado a observarse incluso a casi 2.500 metros en el entorno del Parque Nacional de Ordesa.

Dado que es una planta de hojas longevas y perennes, su exitoso desarrollo en la alta montaña implica que estas deben ser capaces de sobrevivir a temperaturas extremadamente bajas, algo especialmente llamativo en una especie paleotropical.

Hemos constatado recientemente que sus hojas soportan temperaturas por debajo de cero, e incluso la formación de hielo en su interior, sin sufrir lesiones irreversibles.

La combinación de su carácter de planta resurrección y su destacable tolerancia al frío extremo la convierte en una de las escasísimas plantas capaces de enfrentarse exitosamente tanto a las bajas temperaturas como a la desecación. ¿Cuál es pues su secreto?

Secarse, congelarse, y no morir en el intento

La respuesta probablemente no es única. Más bien al contrario, es un conjunto de características lo que permite a esta planta convertirse en una campeona de resistencia.

Aunque parezca contraintuitivo, las consecuencias biológicas de desecarse o congelarse son parecidas en esencia. Esto justifica en cierto modo que su preadaptación a la desecación ha sido la clave para su supervivencia en el Pirineo.

Básicamente, la planta evita las lesiones celulares reforzando sus membranas para evitar los daños estructurales y oxidativos. Pero la protección no solo debe actuar a nivel celular. Las hojas al deshidratarse deben plegarse siguiendo un patrón bien definido y ordenado de forma similar a como se produce el cierre de un paraguas.

Plegamiento de las hojas de la oreja de oso
Plegamiento de las hojas de la oreja de oso – Beatriz Fernández-Marín

De este modo, durante el letargo y aparente muerte, los tejidos se mantienen latentes y sin sufrir daños irreparables. Puede incluso llegar a alcanzarse el denominado estado vítreo, en el que la movilidad de las moléculas es muy reducida. Así, los tejidos pueden mantenerse latentes sin apenas acumular daños durante mucho tiempo.

Cuando el agua vuelve a estar disponible, todo el proceso se revierte y las hojas recuperan en unos pocos días su aspecto más lozano. Este momento, el de la resurrección, es el más delicado. Un error en la precisa secuencia de activación del metabolismo puede resultar fatal para la planta.

El aspecto de la oreja de oso cambia durante las estaciones
El aspecto de la oreja de oso cambia durante las estaciones – José Ignacio García Plazaola

Hoy en día, las plantas resurrección son objeto de estudio en algunos de los mejores laboratorios de Fisiología Vegetal del mundo. De su espectacular capacidad de volver a la vida podremos aprender muchas lecciones útiles para conseguir una agricultura más sostenible y segura y para desarrollar plantas casi indestructibles.

Curiosamente, algo así intuyó Salvador Dalí. En 1982 estuvo a punto de morir al intentar deshidratarse. Creía que de este modo podría alcanzar la inmortalidad, pues había observado que los microorganismos secos podían volver a la vida con una gotita de agua.

Quién sabe. Quizás las gotas de sangre de Orfeo nos sirvan para desentrañar los secretos de la vida eterna.

José Ignacio García Plazaola es profesor de Fisiología Vegetal, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Beatriz Fernández-Marín es profesora de Biología Vegetal, Universidad de La Laguna

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

https://www.abc.es/ciencia

 

Yoga

Solo había en la Tierra un lugar que era “ningún lugar” y había caído increíblemente en aquella vivienda destartalada de las afueras de Madrid

Varias personas practicando Yoga.
Varias personas practicando Yoga. OLI SCARFF AFP

 

En casa, cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, había un lugar al que llamábamos “ningún lugar”. Se trataba de una antigua despensa de dos metros cuadrados, quizá menos, oscura y sin ventilación. Una vez dentro, si dabas cuatro o cinco vueltas con los ojos cerrados, perdías el sentido de la orientación, llegando a ignorar dónde se encontraba la puerta, dónde el techo y el suelo. Imaginábamos que podíamos hallarnos boca abajo cuando estábamos boca arriba y al revés. Alcanzado ese estado de confusión, nos sentábamos en una sillita que había en el centro y permanecíamos allí, fuera de la realidad, hasta que se agotaba nuestro turno, pues siempre había alguien en la cola para disfrutar de aquel modo de estar en el mundo sin hallarse en él.

El regreso era tan doloroso como un parto. Las preocupaciones de la vida, que eran muchas pese a nuestra edad, se manifestaban de golpe y volvíamos de súbito a ser unos niños mayores, unos adultos prematuros. Todos los sitios conocidos, incluso los más recónditos de la casa o del barrio, eran auténticos lugares. Solo había en la Tierra un lugar que era “ningún lugar” y había caído increíblemente, para fortuna nuestra, en aquella vivienda destartalada de las afueras de Madrid. Cuando me ocultaba allí, mi cuerpo se deshacía en partículas invisibles, de modo que ninguno de los bultos que me angustiaban quedaba sin desanudar.

Era un castigo, al abandonar el cuartucho, hacerse cargo de nuevo de los átomos y de los nudos que me constituían y me constituyen. Como aquella casa vieja desapareció, víctima de la fiebre especuladora, para convertirse en apartamentos, “ningún lugar” desapareció de mi existencia y los átomos y los nudos me matan desde entonces. Me dicen que haga yoga.

https://elpais.com/

Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante

Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante
Danielle Garbouchian (Panthera)

 

El Parque Nacional Hwange, en Zimbabwe, cuenta con una población de leones de cerca de 500 ejemplares gracias, en gran medida, a la intervención de colectivos como Panthera que, en colaboración con sus socios, ha conseguido combatir la caza indiscriminada por furtivos y safaris. Esta reserva de alrededor de 15.000 kilómetros cuadrados pasa por ser una de las áreas protegidas más grandes de África, enmarcada dentro del Área de Conservación Transfronteriza Kavango-Zambezi (KAZA).

En este parque se da la circunstancia de que la población de elefantes también ha crecido mucho en las últimas décadas, rozando los 45.000 ejemplares. Desde el colectivo Panthera, el Director Regional de África del Sur del Programa León, el profesor Paul Funston ha prestado atención a la relación que se da entre ambas especies.

Cuando los elefantes se desplazan en grupo, con varios ejemplares adultos en sus filas, a pesar de que la tensión se palpa en el ambiente, los leones no se atreven a atacar. De hecho, incluso es posible observar cómo los paquidermos desplazan a los felinos de sus zonas de sombra. El problema surge cuando llegan las épocas secas.

Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante
Danielle Garbouchian (Panthera)

Los elefantes adultos capean con solvencia la época de sequía en lo que a alimentación se refiere. Siempre que cuenten con un mínimo del líquido elemento, son capaces de nutrirse con forraje por muy seco que éste se encuentre. No sucede lo mismo con los más pequeños  y, en las épocas de sequía, son muchos los que se pierden o se van quedando atrás, siendo presas tanto de los leones como de las hienas.

En las estaciones más secas, los leones terminan por alimentarse fundamentalmente de crías de elefante, que combinan con ejemplares de búfalo africano. Tanto es así, que otras especies como los antílopes, las jirafas, las cebras o los ñus respiran más tranquilas, sabedoras de cuán llenas de carne de elefante tienen sus panzas los leones.

Aunque en las dos últimas décadas, el África meridional no ha sufrido grandes sequías -se espera una inminente-, las estaciones secas ya han anticipado el escenario que está por llegar. Recientemente, Funston recorría la zona del abrevadero Ngweshla. Para su sopresa, fue testigo cómo cerca de cinco leonas que cuidaban de hasta doce cachorros atacaban y mataban a nueve crías de elefante.

Crudeza natural: leonas cebándose con crías de elefante
Danielle Garbouchian (Panthera)

A pesar de que, por lo general, los leones consumen la mayor parte de la carne de sus presas, hasta reducirlas a amasijos de piel y huesos, el experto ya ha documentado un cambio de comportamiento. En este caso el número de víctimas era tan alto que ni se molestaron en consumir todos los cadáveres. Secándose al sol, las crías de elefante terminarían pudriéndose sin que ni siquiera fueran pasto de los buitres.

Funston anticipa que cuando llegue la esperada sequía, se espera que el número de elefantes muertos por los leones sea devastador. Con todo, desde Panthera reclaman que no se intervenga, que sea la propia naturaleza la que se autorregule, por muy crueles que puedan parecer algunas de estas escenas.

https://blogs.publico.es/kaostica/