La razón del ser (fragmento)

La razón del ser (fragmento)

El negro de esa coraza, el aura que ilumina tanta maldad, el rostro histríónico que disfraza tanta clemencia y busca desesperádamente esa latitud del ser. La proliferación de cosas materiales, los sentimientos encontrados y las figuras de cera en que nos hemos convertido. ¿Dónde encontraremos ese camino de piedras, limpio,para continuar de la mano nuestro destino?, derretirnos y convertirnos en un arroyo que escupe cualquier indolencia.

Es la razón del ser

J.A.P.

ENSALADILLA MAGNUM

ENSALADILLA MAGNUM

Hubo un tiempo, no tan remoto, que comerse una ensaladilla en un bar era más arriesgado que jugar a la ruleta rusa con cuatro balas del cuarenta y cuatro magnum en el tambor. Entonces, escarmentado de muchos nomadeos culinarios, no comía en ciertos sitios una tortilla de patatas ni aunque me pusieran ese revólver en el corazón tras el primer click. Mi amor de entonces, que era muy valiente y comilona, la pedía sin miedo hasta que al llevar devorado un día medio pincho, apareció una mosca negra y jugosa, poco hecha, entre la cebolla y la patata, una mosca más grande que un piojo de cachalote, no exagero, ella lo sabe. Eso era antes, claro, de la cocina tecnoemocional y de los gastrobares. Qué tiempos de aventura.

Copié esta ensaladilla rusa de Juanjo López Bedmar. Patata, zanahoria, guisantes frescos ( más caros que el caviar), asadillo casero de morrón, huevas de erizo, mahonesa la justa. Las pocas veces del año que consigo los ingredientes me la como en un cuenquito de barro primitivo que compré en un zoco de Túnez, con cucharilla de postre de rabo largo, descalzo y con los pies encima de la mesa de la terraza mirando a Gredos.

Hago otra ensaladilla de berberechos recién abiertos y asadillo de berenjena que es ideal para cenar de noche también con los pies descalzos por delante pero con los ojos puestos en las estrellas. Mojando el guiso fresco con un buen cava helado y seco.

Hay mucho crimen por ahí contra la simple, humilde y rica ensaladilla rusa, ya no te sale la mosca pero te ponen un engrudo hecho de verduras congeladas, mayonesa de bote y atún del Manzanares a precio de cola de sirena. Eso pasa hasta en los restaurantes finos.

Hago otra que además de lo típico, en lugar del pimiento le meto lentejas y tacos de bogavante a la plancha, añadiendo a la mahonesa el coral del bicho. No penséis que es derroche, que los venden vivos y con buena pinta, los sábados, en cierto super francés a seis euros la unidad ¿serán de criadero chino?.

Proust tenía su jugosa magdalena y yo tengo aquella mosca gorda y negra en mi memoria. Mejor no escribo de mis “tiempos perdidos”.

http://gastropitecus-gloton.blogspot.com

Enfermedades de la civilización

Enfermedades de la civilización

El otro día volví a ver un reportaje en la televisión sobre una mujer que pesaba más de cuatrocientos kilos y que permanecía inmovilizada y aturdida.

Cuando era muy joven, descubrí con asombro esa clase de gordura en mi primer viaje a América. Entonces la gordura mórbida no existía ni Europa, ni en Asia, ni en África, aunque seguro que sí existía en Australia, esa mala fotocopia de América de Norte.

La mujer de la que hablo usaba pañales como un niño muy grande, como un niño gigantesco. Había regresado a la infancia. Su figura me conducía a la anoréxica. Ambas conforman los dos polos de un mismo sistema y en los dos casos se trata de un problema con la fase oral-anal

Los anoréxicos quiere regresar a la época anterior a la pubertad: quieren “recuperar” sus cuerpos de niños, y los obesos quieren regresar a la fase de la lactancia casi continua, cuando los bebés se convierten en tubos que absorben y excretan: quieren volver a la inmovilidad de la cuna.

 

Ambos han perdido la línea, en el más estricto sentido de la palabra: han perdido la figura, la postura, la forma misma del cuerpo. En el caso del anoréxico se ha perdido la figura por evaporación, y en el caso del obeso por acumulación de materia.

En el primer caso, el cuerpo parece una pluma, en el segundo una tumba. El cuerpo del anoréxico se presenta casi exento de agua (se trata de un cuerpo seco y enjuto hasta el extremo), en cambio el cuerpo del obeso mórbido es un túmulo de líquidos retenidos, de líquidos descompuestos que van envenenando la sangre y van creando un campo abonado para la gangrena.

La sociedad que nos representa no parece tener buenas relaciones con el cuerpo. Los dos extremos señalados son buena prueba de ello, pero también lo son los obsesionados por el culto al cuerpo. Ningún sacrificio extremo es bueno, y los adictos al gimnasio están tan alejados de su propio cuerpo como los anoréxicos y los que padecen de obesidad mórbida.

Y mientras tanto los especialistas en salud física van dando consejos estúpidos desde la prensa sobre cómo alimentarse con cordura o qué hacer para perder kilos o ganarlos.

Nunca van a la raíz de la enfermedad. O mejor: nunca se dirigen con mirada clínica a la enfermedad invisible en la que se apoyan todas las enfermedades visibles.

Les da miedo esa profundidad sin cuya exploración no hay cura posible.

Jesús Ferrero

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Uber-ficción

La empresa de transporte tiene una división llamada Elevate dedicada a desarrollar taxis voladores

Fotograma de la película "El quinto elemento" (1997) de Luc Besson. rn rn
Fotograma de la película “El quinto elemento” (1997) de Luc Besson.
Cuando un intelectual habla de ciencia ficción, el topicazo suele ser encomiar la clarividencia de Julio Verne. A mí las predicciones de Verne siempre me han parecido una tabarra. Si los coches van ahora por tierra firme, los vehículos del futuro irán bajo el agua (20.000 leguas de viaje submarino) o por el espacio exterior (De la Tierra a la Luna), o incluso seguirán viajando por tierra pero con una velocidad portentosa (Dueño del mundo). Son meras extrapolaciones de lo que ya existía en tiempos de Verne, y la extrapolación es la trampa para futuristas por antonomasia.
 

A finales del siglo XIX, los extrapoladores predijeron que Londres amanecería en pocas décadas sepultado por estrato sobre estrato de excrementos de caballo. Su cálculo era técnicamente correcto, pero no predijeron la invención del automóvil. Cuando yo estaba en aquella edad difícil de las hormonas y los granos leía a Verne con voracidad, pero no por sus predicciones tecnológicas, sino porque eran maravillosas novelas de aventuras, y porque se metían con el geógrafo, que no daba ni una a la hora de aterrizar (Cinco semanas en globo).

 

En El quinto elemento, una película de Luc Besson estrenada hace 20 años, hay una secuencia de 10 minutos donde los coches vuelan en capas, a docenas de altitudes, entre los rascacielos de Manhattan. Bruce Willis borda el papel de su vida: un taxista neoyorquino. Mete el morro para salir del garaje, increpa a los conductores de al lado por inútiles y hace la del taxista, que se dice, para dar la vuelta en la Quinta Avenida de forma ágil e indebida, solo que a la altura del piso 70, con los coches volándole por todas partes. ¿Qué hay de esa predicción 20 años después?

Mucho. Uber, la empresa de transporte que encanta a los jóvenes y cabrea a los taxistas, tiene una división dedicada a desarrollar taxis voladores, llamada Elevate. Acaban de fichar nada menos que a Mark Moore, un destacado ingeniero de la NASA con 30 años de experiencia en el diseño de vehículos aéreos y espaciales. Fue Moore quien escribió el proyecto técnico que Uber publicó en octubre. Elevate tiene que superar aún un escollo formidable: que las actuales baterías de los coches eléctricos no llegan a la potencia necesaria para volar. Pero los optimistas tienden a ver eso como un mero problema técnico que alguien acabará resolviendo (y quizá patentando) más pronto que tarde.

Como de costumbre, sin embargo, El quinto elemento se quedó corto. En el enjambre de taxis aéreos del futuro no hará falta ningún Bruce Willis. Los humanos no seremos más que un paquete en esa secuencia memorable.

JAVIER SAMPEDRO

http://elpais.com

Juglares invaden la ciudad

ALFREDO C. VILLEDA

 

Cilindrero en Coyoacan La vida no vale nada...! :D - YouTube
Los personajes que hoy deambulan por calles de la capital, empujados por la crisis económica derivada del confinamiento por la pandemia, no son ajenos a la ciudad, pero sí a ciertos territorios. Representantes de un México de antigua data, son icónicos de áreas como Coyoacán, Centro Histórico, Xochimilco y la Villa, de cantinas y bares con aires de evocación, pero ahora han tomado avenidas y banquetas de toda la metrópoli y rompen el silencio de la infausta soledad urbana.

Juglares del siglo XX, marimberos, organilleros, trompetistas y bandas familiares de metales surcan nuevos asfaltos para exhibir su arte a los chilangos que sí pueden trabajar desde casa o resistir la cuarentena con sus negocios cerrados, generando desde una genuina solidaridad de su hoy público cautivo hasta un notable fastidio de otros que de por sí no son tolerantes a esas expresiones populares, acaso por eso tan propias ya de geografías más bien turísticas dentro de la inmensa cuadrícula capitalina.

Alfonso Cuarón, en ese gran cuadro costumbrista que vendió como película e instaló en la colonia Roma, hace desfilar a los músicos de barrio junto con otros miembros de esa cofradía caminante, como el afilador y su flauta bicolor, el ropavejero y los buscadores de aparatos y fierro viejo que venda, algunos de ellos aún típicos de las mañanas en cualquier alcaldía de la ciudad, pero ahora todos tomando su turno para recordar con acordes y bocinas la atroz realidad de dos meses de confinamiento.

El hombre, como otras especies, requiere socialización y la distancia que impondrá la nueva normalidad le resulta incompatible. No puede soslayarse una contradicción entre su anhelo por escapar ya, salir del encierro que lo atormenta aun si se protege así con su grupo, solo para encontrarse conque afuera le espera un mundo distinto que aleja a cada individuo del resto, un universo de encapuchados con una burbuja de aislamiento que resquebraja la identidad personal y privilegia la de piquetes de seres desorientados.

El reencuentro con una ciudad que ya no es más la nuestra requerirá una buena dosis de pragmatismo pero, sobre todo, de resignación, que podrá sobrellevarse con la música de estos rapsodas que desatarán la nostalgia por ese mundo perdido.

https://www.milenio.com/opinion/alfredo-villeda

Los cuadros de Pierre Brassau (o cómo un mono le tomó el pelo al mundo del arte)

Ilustración para el artículo titulado

Varios periodistas, famosos y críticos de arte se dan cita en una misma galería en 1964. Expone el enigmático artista Pierre Brassau, del que todo son alabanzas. Los críticos se vuelven locos y hablan de la “delicadeza de una bailarina en sus pinceladas”. Ocurre que Brassau no era Brassau, era un mono

No descubrimos nada si decimos que el mundo del arte siempre estará en boca de todos, para lo bueno y para lo malo, para la crítica y para la alabanza. Ocurre también que muchas veces a uno le queda la sensación de que el arte, o eso que llaman arte, es una tomadura de pelo. Claro, hay que contextualizar y sobre todo “saber” para poder criticar una obra. Así que parto de la base de que soy un ignorante en según qué situaciones para entender lo que tengo delante. Es la misma fórmula que aplicamos para disfrutar de esa obra, pero ¿y valorarla?

Supongo que en esa misma tesitura se debe encontrar mucha gente. Y quizá también por esta razón lo ocurrido en la década de los 60 no hace más que arrojar piedras, no sobre el propio concepto del arte (del que evidentemente no se puede generalizar y es subjetivo), sino más bien de lo que lo rodea, de esa burbuja que se da en ocasiones y que con la historia del “gran” Pierre Brassau le saca los colores.

Pierre Brassau, el Banksy de los 60

Imagen: El mundo del arte a los pies de “Brassau”
Imagen: El mundo del arte a los pies de “Brassau”

Ocurría el mes de febrero de 1964. Se presentaban cuatro pinturas de un artista previamente desconocido presentado al público como parte de la avant-garde francesa en una galería de Gotemburgo (Suecia). Una muestra en la que también se incluían otras obras de artistas emergentes de Italia, Inglaterra o Dinamarca.

Pero ese día sólo habían miradas para la obra del enigmático artista bajo el nombre de Pierre Brassau. Todo aquel que pasó por la muestra quedó embelesado contemplando las creaciones del artista: críticos de arte, periodistas, estudiantes de arte… El elogio fue unánime y al día siguiente saldría en primera plana de las revistas especializadas y periódicos de gran tirada como el diario Expresen. El reconocido crítico Rolf Anderberg relataba de la siguiente forma su paso por la galería:

Mientras que la mayoría de piezas eran “pesadas”, la obra de Brassau no. Pierre Brassau pinta con trazos potentes bajo una determinación muy clara. Sus pinceladas se tuercen con una meticulosidad furiosa. Pierre es un artista cuyas piezas se llevan a cabo con la delicadeza de una bailarina de ballet…

Para ser honestos con la historia, sí que hubo un crítico, un solo hombre, que criticó con dureza la obra del pintor. En su exposición venía a tirar por tierra el trabajo de Brassau comparando la obra en los siguientes términos: “Sólo un mono podría haber hecho esto”.

Lo que este crítico de una revista sueca no sabía era que estaba en lo cierto. Brassau era un chimpacé. Y su nombre no era Pierre, se llamaba Peter.

Peter, el mono que tomó el pelo al mundo del arte

Imagen: Pierre “Peter” Brassau. Wikimedia Commons
Imagen: Pierre “Peter” Brassau. Wikimedia Commons

Al poco tiempo salió a la luz la realidad y la verdadera identidad del artista que pintaba con delicadeza y cuyos trazos mostraban una gran determinación. Todo fue una gran broma e invención de Ake Axelsson, un periodista del diario local Goteborgs-Tidningen.

Al hombre se le había ocurrido la idea de exhibir el trabajo de un mono en una muestra de arte con el único fin de poner a prueba a los críticos. Axelsson contaría más tarde que se hizo la siguiente pregunta, ¿serían capaces de distinguir entre arte moderno y el arte de un mono?

Imagen: “Pierre” en su “estudio”
Imagen: “Pierre” en su “estudio”

Para llevar a cabo su plan acudió al zoo Boras de Suecia donde se encontraba el chimpancé Peter, un mono africano de cuatro años. Axelsson convenció al cuidador de Peter para pasarle pincel y pinturas al óleo y que este desarrollara su “técnica”. El periodista comentaba que al principio Peter se tragó algunas pinturas (especialmente el azul cobalto), pero con el tiempo comenzó a dibujar en los lienzos lo que Axelsson describiría como “manchas”. Arte de un mono donde destacaría ese azul cobalto que tanto le había gustado desde el principio.

Axelsson destacaba también cómo el mono tenía momentos de gran “creatividad”. Pasaba cuando Peter tenía un racimo de plátanos en la otra mano. Por tanto la comida de alguna forma aumentaba su nivel de inspiración. Tras varias “creaciones”, el periodista contaba con una serie de pinturas de las que acabó eligiendo cuatro, aquellas que consideró más “artísticas”.

Imagen: Un Brassau “original”
Imagen: Un Brassau “original”

Tras la elección acudió a la galería y aceptaron el reto. Al revelar días más tarde la verdadera identidad de Pierre Brassau, el afamado crítico Rolf Anderberg que había alabado el trabajo anteriormente se mantuvo en su idea. Anderberg insistió en que la obra de Pierre (o Peter el mono) “seguía siendo el mejor cuadro en la exposición”. No sólo eso. Durante la exposición y antes de revelar la gran broma, uno de los cuadros de Peter se llegó a vender al coleccionista privado Bertil Eklöt por alrededor de 90 dólares de la época (unos 500 dólares hoy).

Imagen: Bertil Eklöt con su “Brassau”
Imagen: Bertil Eklöt con su “Brassau”

Así fue como la fugaz estrella del avant-garde francés, el mono africano Peter, volvía a su rutinaria vida en el zoo sin saber que durante unos días se había convertido en un gran artista. Axelsson había acabado su experimento con una gran bofetada al mundo del arte. Y es que, quien sabe, quizá Banksy no sea Banksy.

 

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La gripe española de 1918 y el ascenso del nazismo: tomen nota

Hospital militar de emergencia durante la epidemia de Gripe Española, en Camp Funston (Kansas, EEUU) FOTO: Museo Nacional de Salud y Medicina
Hospital militar de emergencia durante la epidemia de Gripe Española, en Camp Funston (Kansas, EEUU) FOTO: Museo Nacional de Salud y Medicina

 

Los estudios científicos que han demostrado la alta correlación existente entre el deterioro de la vida económica y el ascenso de la extrema derecha son muy abundantes.

Más concretamente, se han podido demostrar algunos hechos que deberían ser tomados muy en cuenta por nuestros políticos y gobernantes.

En primer lugar, sabemos que el ascenso de la extrema derecha no se produce como consecuencia de cualquier tipo de crisis, sino de las financieras y cuando el periodo de recesión posterior a la crisis es duradero.

También sabemos que las políticas de austeridad, los recortes en el gasto público que llevan consigo disminución de las prestaciones sociales y deterioro de los servicios públicos, están altamente correlacionadas con el ascenso del la extrema derecha. Algo que se ha podido demostrar perfectamente en el caso alemán: tras las políticas de grandes recortes que se llevaron a cabo entre 1930 y 1932, el partido nazi multiplicó su voto, pasando de tener poco más del 2% en 1928 a casi el 45% en 1933.

Desde hace unos días sabemos un poco más sobre el ascenso del nazismo en Alemania pues un economista de la Reserva Federal de Nueva York, Kristian Blickle, ha publicado un estudio, todavía en versión preliminar, en el que se demuestra la gran influencia que la pandemia de gripe española tuvo en el éxito posterior de Adolf Hitler (puede leerse aquí).

Blickle ha analizado las muertes producidas por aquella pandemia en las diferentes regiones y ciudades alemanas y ha podido comprobar que allí donde la mortalidad fue más alta se registró tiempo después un mayor apoyo electoral a los partidos de extrema derecha y particularmente al nazi.

Su análisis pone de manifiesto que las ciudades y regiones donde hubo más muertos a causa de la pandemia registraron luego más desempleo y recortes de gasto público. Estos dos factores están claramente relacionados con el ascenso de la extrema derecha, según el análisis de Blickle, aunque igualmente demuestra que ni el mayor nivel de paro ni las políticas de austeridad fueron las únicas vías por las que la pandemia terminó produciendo un aumento del voto al partido nazi. De hecho, señala que otras enfermedades, como la tuberculosis, que producían más o menos las mismas muertes que provocó la gripe española, no tuvieron el mismo efecto sobre electoral.

En su opinión, lo que ocurrió fue que aquella pandemia concentró principalmente sus efectos sobre la juventud, primero en cuanto a mortalidad se refiere y, más tarde y a consecuencia del recorte de gasto y del cambio demográfico, en la mentalidad y en las actitudes sociales. Blickle señala, por ejemplo, que los recortes afectaron a servicios disfrutados especialmente por la población más joven y que el origen foráneo del virus fomentó el resentimiento hacia los extranjeros que fueron vistos como responsables de la pandemia. De hecho, muestra que el porcentaje de votos para los extremistas de derecha aumentó particularmente en las regiones que históricamente habían culpado a las minorías de las plagas medievales.

En todo caso, el ascenso del nazismo seguramente no pueda explicarse sólo por ese tipo de razones económicas. También se ha comprobado que influyó decisivamente la enorme polarización social y política de aquel periodo. Leon Trotski retrató muy gráficamente lo que ocurría en esa Alemania donde germinaba el terror. Decía que era como una pirámide en cuyo vértice superior había una bola que la extrema derecha, por una parte, trataba de volcar hacia la izquierda para romper la espalda del movimiento obrero mientras que el partido comunista, por otra, la empujaba hacia el otro lado, para rompérsela al capitalismo.

Después de 2008 sufrimos una recesión larga y muy dura, durante unos años que han visto crecer la extrema derecha en casi todos los países del mundo, hasta el punto de que son bastantes los que están gobernados por líderes extremistas como Trump, Orban o Bolsonaro. El Royal United Service Institute, un centro de estudios inglés bastante conservador, acaba de publicar un pequeño informe en el que se indica que el nivel de amenaza del extremismo de derecha amplificado por la crisis global es alto (aquí). Por un lado, porque está extendiendo la idea de que “la reconstrucción de un orden mundial racialmente puro requiere avivar el caos mediante ataques masivos y tomar las armas para desencadenar una guerra racial”; y, por otro, por el riesgo de que un colapso económico provocado por las medidas necesarias para atajar la pandemia produzca disturbios civiles masivos que desestabilicen a los gobiernos y fuerzas de seguridad.

La Covid-19 no es una pandemia exactamente igual que la provocada por la gripe española, pero deberíamos tener cuidado pues sus antecedentes y la situación que se está generando tienen casi todos los ingredientes que facilitaron la llegada al poder de los nazis: el deterioro económico es evidente, los recortes ya los hemos sufrido y otros nuevos están a la vuelta de la esquina, el desprecio de la política democrática como instrumento de gestión de los asuntos públicos es extraordinario, la polarización agobiante y la xenofobia tremenda. ¿Qué se puede esperar cuando nada más y nada menos que el portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos de la primera potencia mundial, Michael Caputo, dice que la Covid-19 se produce porque “millones de chinos chupan la sangre de los murciélagos rabiosos como aperitivo y se comen el culo de los osos hormigueros”, o que “los demócratas están presionando para que el virus mate a mucha gente”? (aquí).

A mi juicio, la conclusión ante estos estudios históricos y ante la situación en la que nos encontramos es bastante clara. Hay que ser muy pragmáticos porque lo mejor suele ser enemigo de lo bueno: hay que evitar, antes que cualquier otra cosa, que la economía, la situación de las empresas y las condiciones de vida de la gente se deterioren. Y, además, hay que luchar contra la polarización política y tratar de evitarla por todos los medios. Insistir hoy día en una estrategia de confrontación entre derecha e izquierda es la forma más rápida y segura de provocar un choque social de consecuencias nefastas que sufrirán en mayor medidas las clases trabajadoras y las personas menos favorecidas. Es imprescindible diseñar un proyecto político de mucha más amplia mayoría, basado en la defensa de los derechos humanos, de la democracia, de la transparencia, la libertad, la solidaridad y la justicia; un proyecto que sólo tenga enfrente a quienes se atrincheran en el bunker de sus privilegios y de su inmenso egoísmo, y no a la mitad de la sociedad.

https://blogs.publico.es/juantorres/

Sopa de Wuhan: apuntes sobre la pandemia

Sopa de Wuhan: apuntes sobre la pandemia

“Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de Kill Bill y podría conducir a la reinvención del comunismo”, escribe Slavoj Žižek en “Sopa de Wuhan”, una antología digital de textos que importantes filósofos publicaron sobre el impacto del coronavirus.

Esta historia empezó con una sopa: un señor se comió una, de murciélago, y ahora se receta distancia y cuarentena. El mundo se ha volcado entre el pánico, la ciencia, el escepticismo y la distopía que ha provocado el nuevo coronavirus. Grandes pensadores contemporáneos han publicado en sitios digitales sus propias reflexiones sobre la pandemia y los efectos que tendrá. Algunos de éstos terminaron compilados en una antología, Sopa de Wuhan, cuya portada apareció por primera vez en el Instagram de Pablo Amador, un diseñador editorial argentino que hizo la versión en digital, traducida al español y completamente gratuita.

Poco después de que Covid-19 se escapara de las fronteras chinas, muchos empezaron a reflexionar sobre lo que esta pandemia significa para nuestra generación y las repercusiones que tendrá. Algunos aluden a una motivación de cambio, otros a un reflejo de la disfunción social y económica, y otros más al poder de los medios y las redes sociales, más virales que el virus mismo.

La editorial ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) se dedicó a recopilar estos textos escritos por filósofas, periodistas y sociólogos, cuyos apuntes reflejan las “polémicas recientes en torno a los escenarios que se abren con la pandemia del coronavirus, las miradas sobre el presente y las hipótesis sobre el futuro”, dice la introducción al libro. ASPO es una iniciativa que se propone durar mientras viva la cuarentena. Se definen como “un punto de fuga creativo ante la infodemia, la paranoia y la distancia lasciva autoimpuesta como política de resguardo ante un peligro invisible”.

En esta antología aparecen las voces de Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, Jean-Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey, Byung-Chul Han, Raúl Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yáñez González, Patricia Manrique y Paul B. Preciado.

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Giorgio Agamben, un filósofo italiano que recurre a estudios literarios, lingüísticos, estéticos y políticos —bajo la lupa de la filosofía— para abordar los paradigmas del mundo occidental y sus implicaciones en la historia cultural, aparece en Sopa de Wuhan con el texto “La invención de una epidemia”, que se publicó originalmente en quodlibet.itel 26 de febrero. Se trata de una llamada de atención a las estructuras limitantes de la sociedad. “El decreto aprobado inmediatamente por el gobierno ‘por razones de salud y seguridad publica’ da lugar a una verdadera militarización”, escribió sobre la situación en Italia.

El texto, escrito durante el comienzo de la propagación del virus en Europa, muestra una señal de escepticismo fuerte, y cuestiona la motivación de los gobiernos y los medios en difundir pánico o del gusto de la sociedad por vivir con miedo. La columna fue debatida después por Jean-Luc Nancy, uno de los filósofos más reconocidos de Francia y profesor emérito de universidades de Europa y Estados Unidos. “Excepción viral” fue publicada en antinomie.it y, contrario al filósofo italiano, espeta que la crisis es real, no un invento político: “Giorgio dice que los gobiernos toman todo tipo de pretextos para establecer estados continuos de excepción. Pero no se da cuenta de que la excepción se convierte, en realidad, en la regla en un mundo en el que las interconexiones técnicas de todas las especies […] alcanzan una intensidad hasta ahora desconocida y crece con la población”.

“Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de Kill Bill y podría conducir a la reinvención del comunismo”.

Sopa de Wuhan: apuntes sobre la pandemia

Fotografía de Charles Deluvio / Unsplash.

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Otro filósofo, quizá el más celebrado de la actualidad, Slavoj Žižek, también escribió sobre el Covid-19. Publicó su columna en Russia Today el 27 de febrero con el título “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de Kill Bill y podría conducir a la reinvención del comunismo”.

De Žižek se dice, continuamente, que es un filósofo pop. Usa la cultura popular para explicar los comportamientos de la sociedad, para darles un contexto comprensible pero al mismo tiempo usa las películas, los libros y las creaciones musicales como espejos amplificadores. En este caso, usa la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” con la que Beatrix acaba con Bill en Kill Bill 2 (Tarantino, 2004) como una alegoría de lo que pasará con los órdenes políticos. La técnica consiste en una combinación de cinco golpes con la punta de los dedos en cinco diferentes puntos de presión en el cuerpo del objetivo. Después el atacado se aleja y, al cabo de cinco pasos, su corazón explota. “Mi modesta opinión es mucho más radical: la epidemia de coronavirus es una especie de ataque de la ‘Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos’ contra el sistema capitalista global, una señal de que no podemos seguir el camino hasta ahora, que un cambio radical es necesario”, escribe Žižek.

Unas cuantas páginas adelante está Judith Butler, la socióloga que rompió con las reglas heteronormadas y creó la Teoría Queer, ahora eje central de los estudios sociológicos contemporáneos. Ella también hace una crítica al capitalismo, enfocada a los sistemas de salud capitalistas que definen a algunos cuerpos como merecedores de cuidados y a otros como menos valiosos, menos necesarios de cuidar.

“El capitalismo tiene sus límites” fue publicado el 19 de marzo en versobooks.com en inglés y después en lavaca.org con la traducción de Anabel Pomar. ASPO lo agregó a la compilación porque —además de que está escrito por una de las voces más relevantes para hablar de estructuras sociales actuales— el análisis de Butler sobre la falta de equidad en el acceso a la salud se ha vuelto un elemento esencial para entender la velocidad del contagio y el número de muertos.

Butler recuerda cómo Trump intentó comprar la cura del coronavirus para distribuirla exclusivamente entre los estadounidenses. “El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo”, apunta Butler.

Poco después de que Covid-19 se escapara de las fronteras chinas, muchos empezaron a reflexionar sobre lo que esta pandemia significa para nuestra generación y las repercusiones que tendrá.

Sopa de Wuhan: apuntes sobre la pandemia

Fotografía de Charles Deluvio / Unsplash.

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Patricia Manrique, filósofa y periodista española, empieza su texto aseverando que para hablar del coronavirus desde el ámbito de la filosofía lo primero que se necesita es tiempo. “Tiempo para dejar que la potencial novedad de lo que está sucediendo pueda hacerse hueco en nuestra mirada maleada, para darle a la nueva coyuntura la oportunidad de ser”, escribe. Habla de la hospitalidad y de lo que eso realmente significa: de abrir paso a la otredad en su forma absoluta, sin intentar cambiarla, adecuarla a nuestra comodidad, a lo que funciona para nosotros, sino a lo que funciona para aquello que estamos invitando. Sin hospitalidad, no hay pensamiento; y sin opinión, no habría apuestas políticas.

El artículo que publicó Manrique en lavoragine.net se llama “Hospitalidad e inmunidad virtuosa” y en él asevera con cautela no caer en opiniones sino en pensamientos, que lo que ha sucedido durante la cuarentena es que nos hemos percatado a todas luces de la podredumbre del sistema. “Y es que una de las primeras evidencias mostradas por el presente ha sido […] la nitidez con la que se ha mostrado algo que ya se opinaba y parece exponerse ahora en toda su desnudez: que estamos en manos de psicópatas y de un sistema necropolítico, absoluta y desvergonzadamente asesino”.

Ella se une, de cierta forma, a la voz de Butler, que reclama un esquema en el que sólo ciertas vidas son valiosas. Y a la de los demás compilados que hablan del capitalismo inútil, bestialmente sustentado en el consumismo voraz. O de la evidente ineficacia que ha tenido Europa para contener el virus y de cómo las redes sociales y el uso de datos han tenido un peso muy significativo en la difusión tanto de información como de pánico.

Byung-Chul Han, filósofo coreano, también forma parte de la antología. Él escribió para El País “La emergencia viral y el mundo de mañana”, una nota en la que habla de cómo el control de datos fue parte importante de lo que Asia hizo para no tener el mismo destino que Europa: para mediados de marzo, en Taiwán se registraban 108 casos, mientras que Alemania ya tenía más de 15 mil confirmados. Narra cómo, desde la política autoritaria, se logró contener el contagio, mientras que en Europa, una sociedad mucho más desobediente, ahora los servicios no se dan abasto.

Sopa de Wuhan muestra un discurso que quizá desde hace tiempo se antojaba con urgencia: el mundo occidental no lo está haciendo bien. Voces diferentísimas abren a corazón abierto esa grieta que nadie quería ver.

https://gatopardo.com/arte-y-cultura

Este párrafo de ‘Un mundo feliz’ explica la tragedia moderna de cómo canjeamos verdad y belleza por comodidad y placer

Huxley comprendió que para que la máquina de la producción masiva pudiera seguir rodando, se debía proveer a los individuos de constantes gratificaciones (la ilusión de la felicidad). El problema es que la felicidad hedonista significa un pacto fáustico en el que se sacrifica la belleza y la verdad.

 

aldous huxleyEl escritor y filósofo inglés Aldous Huxley (1894 – 1963)

La novela Un mundo feliz es, sin duda, una de las visiones literarias que con mayor claridad se anticiparon a los acontecimientos que estamos viviendo.

Existe una bizantina disputa sobre si estamos viviendo el mundo que imaginó Orwell o el mundo que imaginó Huxley (y aunque hay claroscuros, parece que Huxley fue más preclaro).

El analista de medios Neil Postman distinguió la visión distópica de Huxley de la de Orwell. La del primero estaba basada en el deseo y la segunda en el miedo; de manera quizá un poco más sofisticada, Huxley entendió que en el “futuro” íbamos a ser controlados no a través de la fuerza, la represión violenta o la supresión de la información, sino sobre todo, a través de la distracción y el entretenimiento.

El siguiente párrafo se lee de manera ominosa, si bien ya en 1932, cuando se publicó por vez primera la novela, había visos de que la producción serial -el fordismo- requería del ser humano una constante atención hacia los productos y, por lo tanto, una asociación de la felicidad con el consumo.

 

un mundo felizaldous huxleyLa visión distópica de Huxley

 

Asimismo, Huxley ya vislumbraba que las personas estaban dispuestas a sacrificar su libertad en niveles alarmantes a cambio de seguridad, especialmente después de haber vivido una guerra. Esto se pudo comprobar con el movimiento nazi.

Nuestro Ford hizo por su propia cuenta una enormidad para modificar el énfasis de la verdad y la belleza hacia la comodidad y la felicidad. La producción masiva exigía ese cambio. La felicidad universal mantiene las ruedas girando constantemente; la belleza y la verdad no pueden. Y, por supuesto, cuando llegó a ocurrir que las masas tomaban poder político, entonces era la felicidad lo que contaba y no lo la belleza y la verdad.

Sin embargo, pese a todo, la investigación científica aún era permitida. Las personas aún seguían hablando de la belleza y la verdad como si fueran bienes soberanos. Hasta el tiempo de la guerra de los 9 años.

Eso hizo que cambiaran de tono completamente. ¿De que sirven la belleza o la verdad o el conocimiento cuando las bombas de ántrax están brotando por todas partes? En ese momento la ciencia empezó a ser controlada por primera vez… Las personas estaban listas hasta para que les controlaran sus apetitos.

Todo por una vida tranquila. Hemos seguido controlando las cosas desde entonces. No fue muy bueno para la verdad, por supuesto. Pero ha sido muy bueno para la felicidad. Uno no puede tener algo gratis. La felicidad se debe pagar.

 

un mundo felizaldous huxley portada 

 

La producción masiva, el capitalismo, la deificación del dinero, la tecnología y la materia, etc., requieren de una cierta pasividad, de un cierto estado de consumidor, de renunciar a la agencia, de que los individuos se vean parte de una gran máquina de la cual sólo son piezas y ante la cual no pueden hacer nada.

Para que el individuo renovara su deseo y pudiera seguir consumiendo y alimentando el sistema que hoy se conoce como economía de crecimiento infinito, la felicidad debió asociarse con la participación en los bienes de consumo que produce el sistema. Huxley lleva esto a una especie de hipérbole, considerando que es como el consumo de una droga, que mantiene a los individuos felices y, en consecuencia, inofensivos para el sistema. Como dice la canción de Radiohead: “happy, more productive”.

La depresión, la melancolía y la tristeza se convierten en anatema, en estados que deben ser rápidamente curados y eliminados. Al eliminarse, se elimina una dimensión de profundidad de la existencia; sólo queda la verticalidad: tratar de escalar socioeconómicamente, de obtener más. Se pierde también la dimensión estética, ya que ésta requiere de integrar y considerar seriamente todo tipo de sensaciones buenas y malas -el amor y la muerte en el mismo vaso-, de la introspección, de descender a la propia alma y demás cosas que el aséptico neoliberalismo moderno no consiente.

De aquí esta fórmula de que cambiamos la belleza y la verdad a favor de la felicidad o el placer (hedonista y narcisista). Preferimos vivir cómodos y seguros a enfrentarnos a lo desconocido, al mysterium tremendum, lo numinoso. La sociedad se convierte en un organismo funcional, eficiente, predecible, pero sin alma, y en una perenne crisis existencial que es suprimida por paliativos. Crisis existencial que es rápidamente atacada por el entretenimiento, por la manipulación del deseo (por la manufactura de deseos), y ahora, por la captación de la atención de la tecnología digital.

Se trata de que el individuo no se enfrente a la oscuridad de su propia mente, ya que si lo hace se dará cuenta de que está sumido en una profunda crisis y que la vida que vive no tiene profundidad, es similar a la de una máquina.

Un ser humano realmente no puede tolerar esto mucho tiempo; si lo hace, se enfrentará con la necesidad de una profunda transformación. Es por ello que es mejor distraerse.

Huxley lo vio de manera genial; el monstruo de la indolencia ya estaba latente y hoy se ha expandido como una red global de comunicación que nos dice que estamos perpetuamente conectados. Estamos conectados pero a la vez cada vez más desligados de nosotros mismos y de aquellas cosas que históricamente le dieron sentido al hombre. Dostoyevski creía que el ser humano no podía vivir sin belleza; belleza también en el sentido platónico: el esplendor de la verdad, el símbolo del espíritu.

Quizás la gran ilusión moderna tiene que ver con la idea de que el ser humano existe para su propia felicidad. Una felicidad que no es ciertamente la felicidad eudaimónica de Aristóteles; se trata más bien de la felicidad individualista de suprimir todas las amenazas, todo el dolor, todo el miedo, toda la oscuridad, y de abrirse el terreno hacia la máxima comodidad y hacia el más alto diseño del placer. Esta es la promesa de la tecnoutopía: una existencia descorporalizada en la que se puedan crear paraísos hedonistas sintéticos. Solzhenitsyn veía las cosas de manera distinta:

Si, como sostiene el humanismo, el hombre naciera sólo para ser feliz, no nacería para morir. Ya que su cuerpo está condenado a la muerte, su tarea evidentemente debe ser más espiritual: no el grosso involucramiento en la vida cotidiana, no la búsqueda de mejores formas para obtener bienes materiales  y su consumo libre de preocupaciones.

Debe ser el cumplimiento de un deber sincero y permanente, de tal manera que el viaje de la vida se convierta en una experiencia de crecimiento moral: dejar la vida siendo un mejor ser humano del que uno era cuando llegó.

 

via pijamasurf

https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/15824

¿Cuántos países hay realmente en el mundo?

¿Cuántos países hay realmente en el mundo?

 Fuente: Nicolas Raymond (Flickr)

Entre 190 y 200, más de 200, 195 Estados y una veintena de regiones dependientes… Hoy respondemos a cuántos países hay realmente en el mundo, la pregunta que una lectora ha planteado mediante el formulario de EOM explica

Para contar el número de países que existen hoy en día en el mundo, la referencia más aceptada es el número de Estados integrados en la Organización de las Naciones Unidas. En la ONU hay 193 Estados miembros, además de dos Estados observadores que no son miembros de la organización: Palestina y la Santa Sede. Contando a estos dos ya se llegaría a 195 Estados.

No obstante, no se trata de la única organización universal, y según en cuál se tome por referencia habrá más o menos Estados reconocidos como miembros. En el caso de la participación en los Juegos Olímpicos, por ejemplo, hay atletas de 206 nacionalidades, pues existen 206 países o territorios con un comité olímpico nacional reconocido. Estos comités no corresponden solo a Estados, sino también a territorios dependientes de otros, como Hong Kong, las Islas Vírgenes —tanto las británicas como las estadounidenses—, Aruba o las Islas Caimán. Curiosamente, hay solo un país que participa en la ONU que no tiene su propio comité olímpico nacional: la Santa Sede. 

En el caso de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación), las asociaciones nacionales que forman parte de esta organización ascienden a 211, menos que en el caso de la Federación Internacional de Baloncesto, que logra llegar a las 213

Además de las organizaciones deportivas, hay otras que llegan a prever la existencia de 250 Estados, como demuestran los códigos ISO, que estandarizan los nombres y códigos con los que se nombran los diversos países. Esta lista reconoce 250 nombres e incluye lugares tales como Gibraltar, Groenlandia. Puerto Rico o la Polinesia francesa, que no constituyen Estados propios.

¿Cuántos países hay realmente en el mundo?
Varios territorios en el mundo que funcionan como Estados en la práctica no gozan del reconocimiento pleno por parte de la comunidad internacional. Es el caso de Kosovo, el Sáhara Occidental o Somalilandia, pero también de China, Israel o Armenia.

 

Más allá del número de Estados que puedan sugerir las membresías a distintas organizaciones internacionales, está aceptado en el derecho internacional que un Estado debe cumplir cuatro requisitos: tener territorio, una población estable, estar bajo el control de un Gobierno y contar con el reconocimiento de otros Estados en el ejercicio de sus funciones.

Así pues, hay multitud de territorios que cuentan con estas cuatro características, pero no han logrado integrarse en las Naciones Unidas. Esto es lo que ocurre con Kosovo, que es reconocido por más de un centenar de países pero no ha conseguido integrarse en la ONU, o Taiwán —que, de hecho, en la mayoría de organizaciones deportivas de las que forma parte recibe el nombre de China Taipéi—. En muchos casos, el único motivo por el que estos países no forma también parte de las Naciones Unidas es precisamente político. Además, hay varios Estados dentro de la propia institución que no tienen un reconocimiento universal, como IsraelChina o Armenia.  

En definitiva, diversas organizaciones han incluido territorios dependientes en sus listados de naciones, aunque el criterio más extendido es el de emplear el número de miembros de la ONU. Eso da un número total de 193 o de 195 si se incluyen o no los Estados observadores. 

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