El animal escapista que huye del estómago y sale por el «ano» después de ser comido

Un escarabajo acuático asiático es capaz de moverse por el tubo digestivo de varias ranas y salir por sus cloacas

La mayor parte de los animales sobrevive a base de esconderse, de evitar a los depredadores o gracias a sustancias tóxicas u otras defensas que les conviertan en un bocado poco apetecible. Pero unos pocos animales tienen otro as en la manga: sobreviven incluso después de ser engullidos, como Jonás en el vientre de la ballena.

Esta semana, un equipo de investigadores de la Universidad de Kobe, en Japón, ha documentado por primera vez uno de los ejemplos más espectaculares de este tipo de comportamiento. En un estudio que han publicado en « Current Biology», han mostrado cómo el escarabajo acuático Regimbartia attenuata puede escapar de la cloaca de la rana Pelophylax nigromaculatus, que vive en algunas zonas de China, Rusia, Corea y Japón.

La novedad es que, a diferencia de otros casos, en los que los animales escapan pasivamente, sin moverse, a través de las heces de los depredadores, este escarabajo se libera activamente, es decir, moviéndose. Además, lo hace apenas instantes después de ser engullido, para desgracia del anuro.

Pero todavía hay más. Tal como han sugerido los investigadores, dirigidos por Sugiura Shinji, el escarabajo probablemente promueve su propia excreción, facilitando la apertura de la cloaca de la rana, sin que ella pueda evitarlo.

«Vivitos y coleando»

A diferencia de otros animales, muchas ranas no matan a sus presas cuando las engullen, porque carecen de dientes. Por eso, dependen de los fluidos de su sistema digestivo para matar a sus presas. Esto implica que para muchas de ellas los últimos momentos de su vida son dignos de una pesadilla.

El profesor Sugiura Shinji decidió investigar si los insectos se defienden de este aciago destino. Por este motivo, estudió en el laboratorio la respuesta del escarabajo R. attenuata y la rana P. nigromaculatus.

Tal como comprobó, en condiciones controladas todos los escarabajos fueron tragados fácilmente por las ranas. Sin embargo, el 93,3% de ellos se liberaron, en un tiempo que fue de las 0,1 a las 3,5 horas. Y todos ellos salieron «vivitos y coleando».

Un largo viaje hasta la libertad

Según el investigador, estas observaciones indican que los escarabajos se mueven hacia la cloaca, atravesando el sistema digestivo del anfibio. Y eso que para ellos la distancia es considerable: si su cuerpo mide entre 3,8 a 5 milímetros, el tracto digestivo de las ranas mide, desde la boca a la cloaca, de 22,5 a 74,2 milímetros. Además, tienen que inducir la apertura de la cloaca de las ranas antes de disfrutar de su libertad.

En esta ocasión, Sugiura Shinji ha observado el mismo comportamiento en otras cuatro especies de rana: Pelophylax porosusGlandirana rugosa,Hyla japonica y Fejervarya kawamurai. Y lo cierto es que nunca hasta ahora se había documentado la liberación de un insecto desde la cloaca de un depredador, ni se habían observado indicios de que sea el propio «cazado» el que promueva su salida.

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Comer carne mata

Esta no es una historia sobre animales. Nuestro apetito voraz por la carne de otras especies no solo acaba con sus vidas; también está acabando con la nuestra

Comer carne mataUn cerdo en el camión que le conduce al matadero Save Movement Madrid

La principal causa de muerte en el mundo no son las balas ni los accidentes de coche; son las llamadas enfermedades cardiovasculares. Una de cada tres personas que muere en el planeta lo hace como consecuencia de un fallo cardíaco provocado por la acumulación de grasa y colesterol en las paredes de sus arterias coronarias. El 45%, antes de los 70 años. La segunda es el cáncer, una muerte de cada seis.

La tercera es la enfermedad pulmonar crónica, una inflamación causada por la exposición prolongada a irritantes que lesionan los pulmones y las vías respiratorias. La cuarta es la diabetes. La quinta es la demencia, sobre todo en forma de Alzheimer. Cuatro de las cinco principales causas de muerte para los humanos en el todo el mundo están vinculadas a su dieta. La quinta, a un derivado de su dieta: la contaminación medioambiental.

“La dieta causa más muertes a escala global que cualquier otra cosa, incluido fumar”, dice el último informe del Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington, en Seattle (EE UU). Por mala se refiere a los siguientes factores de riesgo: exceso de sodio, carne roja y azúcar, y la consecuente escasez de legumbres, granos integrales, semillas y vegetales, cuya fibra es clave para equilibrar los niveles de colesterol.

Más propensos a la diabetes

La Asociación Americana de Diabetes dice que la gente que consume mucha proteína animal es un 22% más propensa a padecer diabetes que la que no lo hace. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que solo 50 gramos de carne procesada al día (salada, curada, fermentada, ahumada o sometida a otros procesos para mejorar su sabor o su conservación) aumenta un 18% la probabilidad de desarrollar cáncer de colon, que la carne roja es probablemente carcinógena y que, cocinada a altas temperaturas o con la comida en contacto directo con la llama o una superficie caliente, como la barbacoa o la sartén, se añaden otros tipos de químicos cancerígenos, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos y las aminas aromáticas heterocíclicas.

La OMS registra 600 millones de enfermedades y 420.000 muertes al año por intoxicación alimentaria, la mayoría vinculadas al E. Coli, Salmonella y Campylobacter. Son bacterias que se encuentran en los intestinos y heces de los animales, y contaminan el producto durante el sacrificio o el procesado. Afecta especialmente a las aves. Según la Asociación de Consumidores americana, el 97% del pollo que se vende en los supermercados de EE UU está contaminado con bacterias nocivas.

Comer carne mataLa gente que consume mucha proteína animal es un 22% más propensa a la diabetes

Bañar al pollo

En EE UU, uno de los grandes exportadores mundiales de carne avícola, se ha popularizado la técnica de bañar al pollo en una solución antimicrobiana de agua clorada para matar bacterias y otros patógenos. El proceso es más barato para la industria que la implementación sistémica de medidas higiénicas durante toda la cría, muerte y procesado de los animales. Por ese motivo, en la Unión Europea está prohibida su venta. Pero, para ofrecer las debidas garantías, habría que confiar en el sistema de certificados sanitarios.

En 2017, una investigación de la Policía Federal de Brasil destapó una extensa red de sobornos en al menos 19 empresas brasileñas de procesamiento de carne, incluyendo JBS (el mayor exportador de carne de res del mundo) y BRF (el mayor exportador de carne aviar del mundo). En la rueda de prensa, el jefe de la Policía Mauricio Moscardi explicó que las empresas “usaban ácidos y otros productos químicos, en algunos casos cancerígenos, para disimular las características físicas del producto podrido y su olor”.También modificaban las fechas de caducidad de los productos e hinchaban su peso inyectando agua a la carne, para venderla en Europa, China y Oriente Medio. El entonces ministro de Agricultura, Blairo Maggi, ordenó la suspensión de 33 funcionarios del gobierno acusados de estar involucrados en el escándalo. La actual ministra de Agricultura, Tereza Cristina Dias, ya ha anunciado que el gobierno de Jair Bolsonaro quiere aprobar un proyecto de ley para establecer sistemas de autocontrol para productos agrícolas y procesadores de carne.

Mientras tanto, está pendiente la investigación aprobada por el Tribunal Supremo de Brasil por presunta financiación irregular de la campaña de Bolsonaro con donaciones del grupo cárnico JBS.

Crías confinadas y hacinadas

Las granjas de producción intensiva que producen la mayor parte de la carne, leche y huevos que consumimos se caracterizan por la cría de ganado en confinamiento de alta concentración. Estas condiciones requieren el uso sistemático de antibióticos y pesticidas para contener la propagación de las enfermedades derivadas del hacinamiento de los animales.

Se estima que más del 70% del uso de antibióticos en el mundo se produce en las granjas. No solo para reducir infecciones, sino como estimulante del crecimiento. Por ese motivo, se han convertido en la principal fuente de superbacterias, cepas resistentes a la mayoría de los antibióticos conocidos.

Hace años que la OMS destaca a las superbacterias como una de las mayores amenazas para la especie humana, después del cambio climático. “La capacidad de las bacterias, parásitos, virus y hongos para resistir estos medicamentos, amenaza con enviarnos a un momento en que no pudimos tratar fácilmente infecciones como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea y la salmonelosis”, dice su último informe.

El hongo inmune

Algo parecido ocurre con hongos como la Cándida Auris, que mata a los humanos y es inmune a los fármacos gracias al uso indiscriminado de fungicidas en los monocultivos que requiere esta clase de producción. Curiosamente, la infección más grave de Cándida Auris (al menos, conocida) fue en el Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia, donde 372 pacientes fueron colonizados, 85 desarrollaron candidiasis invasiva (entró en su torrente sanguíneo) y en estos casos el índice de mortalidad puede alcanzar el 41% a los 30 días. Se han identificado cuatro cepas completamente distintas que se separaron hace miles de años y que han desarrollado resistencia por su cuenta y a la vez, con el uso de azoles en agricultura. Bayer/Monsanto ha empezado a pagar por casos de cáncer causados por exposición a sus populares herbicidas con glifosato.

Comer carne mataLa ganadería se bebe el 70% de la cada vez menos agua disponible en el planeta EFE

En los últimos cinco años, la población mundial se ha duplicado, pero el consumo de carne se ha multiplicado por cinco. En los años 60, se producían 70 millones de toneladas anuales; en 2018 se produjeron 336.4 millones, una cifra que no para de aumentar. La industria agroganadera necesita más recursos que ninguna otra. Ahora mismo ocupa más de la mitad del planeta habitable y se bebe el 70% del agua disponible. También produce el 24% de los gases de efecto invernadero. También es el principal causante de la deforestación. “Está bastante bien establecido que la deforestación es un poderoso vehículo para la transmisión de enfermedades infecciosas”, explicaba la especialista Andy MacDonald, del Instituto de Investigación de la Tierra de la Universidad de California, a la revista National Geographic en noviembre de 2019. “Cuanto más degradamos y despejamos el bosque, más probabilidades tenemos de encontrarnos en situaciones donde se dan epidemias”.

Enfermedades por falta de árboles

En las dos últimas décadas, MacDonald ha documentado el efecto cascada de la deforestación en distintas partes del globo, incluyendo la propagación de enfermedades letales como el virus Nipah, cuyo huésped natural había sido hasta ahora el murciélago frutero, o la fiebre de Lassa, o del mosquito Anopheles darlingi –transmisor de la Malaria– que ha hecho su agosto en la destrucción del Amazonas. Otro compañero de la deforestación y el monocultivo es el fuego, como hemos podido comprobar recientemente en Brasil. Es un imperio habitado por especies “productivas”: soja, trigo, arroz y maíz.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que, en el proceso de industrialización que caracterizó el siglo XX, se perdió el 75% de la diversidad de los cultivos. Como el baño de cloro, proteger los monocultivos con antifúngicos y herbicidas cancerígenos es un proceso más conveniente y barato que trabajar en el desarrollo de un proyecto de alimentación sostenible para el planeta y su población. En términos racionales, la carne es la fuente de alimentación menos productiva que conocemos. Necesita muchos más recursos de los que proporciona. Un dato a tener en cuenta si queremos alimentar a 10.000 millones de personas en 2050, en un planeta caracterizado por una meteorología extrema y hostil. 

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¿La tercera restauración borbónica?

¿La tercera restauración borbónica?

El pueblo destierra Borbones y las élites los restauran

Después de la huida de España de Isabel II tras la Revolución Gloriosa de 1868, y tras el intento fallido de la I República en 1873, Cánovas del Castillo restauró la monarquía borbónica de una manera permanente. Tan es así, que la Restauración pasó al ADN del conservadurismo español con tanta fuerza que incluso alcanzó al PSOE, donde se descubren trazas de esa manera de entender España.

Esa Restauración vino, por supuesto, con Rey, al que se le otorgó el mando supremo de las fuerzas armadas en la Constitución de 1874 -garantía última de su pervivencia-. Vino también con Visigodos y su simbología, que trenzó la unión de los borbones con Don Pelayo y la Reconquista. En esa misma dirección, vino católica –ahí rescataron a Recaredo, primer Rey visigodo que abrazó el catolicismo-. Vino con turnismo bipartidista –liberales y conservadores- y vino con clientelismo, caciquismo, oligarquía y capitalismo rentista vinculado no a la innovación y la competetitividad sino a los favores de la corte. Basta echar una ojeada a nuestro alrededor para ver la permanencia.

Tras la huida de Alfonso XIII de España, por ladrón y por haber perdido las elecciones en las principales capitales españolas, la II República volvió a desterrar a los Borbones. Y otra vez las élites dieron un golpe de Estado, en esta ocasión ayudados por Hitler y Mussolini, para acabar con la República, fusilar a 200.000 españoles, encarcelar a 350.000 y exiliar a 500.000. En 1947, Franco restauró la monarquía en España, que volvía a ser un reino para poder gestionarse la entrada en Naciones Unidas, algo cuestionado internacionalmente en un país que había ayudado al fascismo y al nazismo. En 1969, en otro momento de crisis del régimen franquista, Juan Carlos de Borbón fue nombrado sucesor de Franco a título de Rey.

A la muerte del dictador, la última ley franquista, la Ley para la Reforma Política de 1976, marcó la apertura hacia un régimen democrático. Fue, en expresión de Alfonso Ortí, “la segunda Restauración borbónica”. El problema es que la Constitución republicana de 1931 había sido interrumpida por un golpe de Estado, de manera que lo lógico era recuperar la forma republicana o, en el peor de los casos, someter la monarquía a un Referéndum. Suárez metió tres veces la palabra “rey” en la ley para la Reforma Política y los españoles, ante el “todo o nada”, aceptaron esa democracia que venía, otra vez, con Restauración borbónica. Sin embargo, nunca se sometió al criterio de los españoles si querían una monarquía o una república.

Como el Rey Juan Carlos venía de la formación al lado de Franco y no sabía de valores democráticos, organizó o dejó organizar el 23-F. Por esas ironías del destino, un golpe que nacía para cambiar el rumbo de la democracia española –las élites pensaban que se estaba yendo muy lejos- sirvió para apuntalar al Rey Juan Carlos. El arrebato de Tejero echó por tierra el gobierno de concentración nacional –otro clásico de la derecha española- que iba a dirigir el General Armada. La intervención esa noche de Juan Carlos I detuvo el golpe gracias a la obediencia debida de los militares (como dijo Quintana Lacaci, “si el Rey me pide esa noche bombardear el Parlamento, lo bombardeo”). Juan Carlos pasó a ser reconocido como un Rey democrático y los socialistas empezaron a decir que eran republicanos pero juan carlistas. La prensa, esa que se enfada cuando la critican, apuntaló ese marco.

“un gran acuerdo con la prensa que salía de la dictadura, con el diario El país como mascarón de proa, acordaron silenciar cualquier escándalo de la monarquía, de manera que la legitimidad de ejercicio vino dada por la tarea servil de unos medios de comunicación que no hicieron durante cuarenta años, los del reinado de Juan Carlos I, su trabajo”

Las tres legitimidades de un régimen

Cualquier gobierno tiene una legitimidad de origen, una legitimidad de ejercicio y una legitimidad de resultados. En el caso de Juan Carlos I, la legitimidad de origen venía viciada, porque su Restauración venía de la mano de Franco –el Borbón legítimo, en cualquier caso, hubiera sido su padre, Juan de Borbón-. En cuanto a la legitimidad de ejercicio, como buen monarca el Rey Juan Carlos dedicaba su tiempo a hacer deporte y a empiernarse con cierta ligereza. Sin embargo, un gran acuerdo con la prensa que salía de la dictadura, con el diario El país como mascarón de proa, acordaron silenciar cualquier escándalo de la monarquía, de manera que la legitimidad de ejercicio vino dada por la tarea servil de unos medios de comunicación que no hicieron durante cuarenta años, los del reinado de Juan Carlos I, su trabajo.

La legitimidad de resultados del reinado de Juan Carlos I coincide con el salto enorme de España a la modernidad a la salida de la dictadura. El retraso en la puesta en marcha del Estado social se palió, en parte con ayuda europea aunque al precio de desindustrializar España. El éxodo del campo a la ciudad en los sesenta y setenta sentó las bases para el desarrollo económico que venía de la apertura que marcó el Plan de Estabilización de 1959. El turismo hizo otro tanto. El impulso de la sociedad española se tradujo en el mayor avance económico y las demandas de mayor avance social. El golpe del 23F frenó esa carrera y el régimen político emanado de la Constitución de 1978 brindó avances económicos a cambio de refrenar avances políticos, tanto en términos de participación popular y lucha contra las desigualdades –seguimos siendo el país más desigual de la UE-15 y con el mercado laboral más deteriorado- como de avance en la condición plurinacional de España.

¿La tercera restauración borbónica?

En el caso de Juan Carlos I, el olvido de la ausencia de legitimidad de origen, la construcción mediática de la legitimidad de ejercicio –con el gran fraude del 23F, que hizo mediáticamente –serie de televisión posterior incluida- el “salvador del golpe” a quien había sido el factor principal de ese golpe, y los resultados evidentes de avance económico respecto del franquismo, esto es, la legitimidad de resultados, explican esa lectura pueril que hace la derecha y sus medios de lo que el magistrado Martín Pallín ha llamado, después de los cuarenta años de dictadura, los “cuarenta de convalecencia”.

“Tienen razón los que le echan la culpa a Pablo Iglesias y a Podemos de la salida del Rey emérito de España. De no existir Podemos, Juan Carlos I habría vuelto a decir: “lo siento mucho, me he vuelto a equivocar, no volverá a pasar” y santas Pascuas”

España se acostó franquista y se levantó democrática. Los jueces del franquismo pasaron a ser los jueces de la democracia. De los 16 jueces del Tribunal de Orden Público, el juzgado político encargado en encarcelar a los demócratas, diez pasaron a la Audiencia Nacional y seis al Tribunal Supremo. Se quedaron igualmente los policías –de ahí vendría el Batallón Vasco Español, la Triple A, Conesa, Billy El niño, los GAL o Villarejo-, se quedaron los catedráticos –ahí está la universidad que tenemos- y los periodistas –Juan Luis Cebrián, que dirigiría El país, venía de ser el Jefe de Informativos de la RTVE franquista-.

Por todo eso, es verdad lo que dice el que fue Director efímero de El Mundo, David Jiménez, “Juan Carlos I se exilia. Se queda la prensa que lo encubrió, el empresariado que lo corrompió, la clase política que lo protegió, la judicatura que miró a otro lado y el ejército de cortesanos que lo aplaudió”. Lo ha dicho igualmente la directora de Público, Virginia P. Alonso: “para construir un muro así y mantenerlo durante más de 40 años son necesarias muchas manos; las de Gobiernos, empresarios y periodistas, sin ir más lejos; pero también las de la propia familia real, en la que se incluye a su hijo, el actual rey, Felipe VI”.

Se abre un momento constituyente

Tienen razón los que le echan la culpa a Pablo Iglesias y a Podemos de la salida del Rey emérito de España. De no existir Podemos, Juan Carlos I habría vuelto a decir: “lo siento mucho, me he vuelto a equivocar, no volverá a pasar” y santas Pascuas. Porque no solamente la derecha, que a diferencia de la derecha europea es monárquica, tradicionalista, reaccionaria y bebe más de los requetés que de los conservadores, sino una parte de la izquierda se ha puesto como misión primordial salvar la monarquía. Fuer Pérez Rubalcaba el que hizo las leyes que blindaban al Emérito después de obligarle a abdicar para salvar la institución. Si ahora el PSOE fuera más coherente con los cientos de miles de socialistas que pusieron el cuerpo para defender la democracia en España, otro gallo cantaría. Y sería un gallo rojo.

“Felipe VI prefirió ser el Rey del “a por ellos”, y es verdad que los homófobos, xenófobos y violentos de VOX gritan desde que se levantan ¡Viva el Rey!, pero Felipe VI ya no es una persona querida en una parte no pequeña de España”

Felipe VI no tiene legitimidad de origen, pues es Rey exclusivamente porque es el hijo de su padre. Y si su padre obra como un fugado de la justicia –esa es la imagen que tiene hoy España del “piloto del cambio”-, su única legitimidad se va por el retrete.

No tiene Felipe VI legitimidad de resultados. Si el 3 de octubre hubiera salido para reconciliar a las diferentes Españas, hubiera tenido su 23F. Pero prefirió seguir la deriva extremista de VOX y el PP y demonizar a los independentistas catalanes en vez de abrir vías de negociación, con todos, para que el diálogo fuera el que dirimiera la herida territorial que arrastramos desde hace trescientos años. Felipe VI prefirió ser el Rey del “a por ellos”, y es verdad que los homófobos, xenófobos y violentos de VOX gritan desde que se levantan ¡Viva el Rey!, pero Felipe VI ya no es una persona querida en una parte no pequeña de España. Además, Felipe VI se ha beneficiado siempre de los tejemanejes de su padre. ¿No le pagaron entre su padre y un empresario catalán amigo de su padre su luna de miel? ¿Quién le ha pagado sus gastos y caprichos?¿Quién le ha trenzado sus relaciones? ¿Quién le ha hecho Rey?

La legitimidad de resultados no resulta muy prometedora para Felipe VI. La crisis de 2008, con el rescate a los bancos y no a las personas, y la crisis del COVID-19, que va a golpear duramente a la economía española, le hurtan presentarse como el monarca de ningún gran avance económico. Al tiempo que no va a dejar de ser el hijo de la persona que mientras decía “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a pasar” sacaba 100.000 euros mensuales de su cuenta en Suiza.

La mejor herencia que deja Juan Carlos I a su padre es una Constitución que apenas se puede reformar. Pero eso es un arma de doble filo. Por eso estalló el 15M: cuando no existe la válvula de escape constitucional, las costuras se revientan.

El PSOE, el PP, VOX, Ciudadanos son partidos que defienden la forma de Estado monárquica, que en España tiene el agravante de que es la única monarquía europea vigente que apoyó al fascismo. La forma de Estado que se corresponde con una democracia es la república, porque lleva hasta sus últimas consecuencias que todos los ciudadanos son iguales, algo que no sucede cuando hay una familia que tiene vitalicia la Jefatura del Estado sin someterse a elecciones. Lo que no quita que haya repúblicas abyectas igual que hay monarquías claramente democráticas. Aunque, repetimos, la monarquía noruega peleó contra los nazis, mientras que Juan de Borbón defendió el golpe de Estado franquista contra la República. Edmundo Bal, de Ciudadanos, ha afirmado: “pretenden confundir las decisiones de una persona privada con una institución”. Pero es que la única institución donde la persona y la institución se confunden es precisamente la monarquía, y aún más en España donde la institución medieval de la inviolabilidad del monarca le convierte en una suerte de dios inmaculado.

“La mejor herencia que deja Juan Carlos I a su padre es una Constitución que apenas se puede reformar. Pero eso es un arma de doble filo. Porque por eso estalló el 15M: cuando no existe la válvula de escape constitucional, las costuras se revientan”

En la ciudadanía, crece la sensación de que la monarquía borbónica está necrosada. ¿Quién le va a explicar a los niños y niñas de España que la Infanta Leonor tiene privilegios que ellos no tienen? ¿Heredados de su abuelo? ¿Entregados por Franco?¿Nunca sometidos a un referéndum democrático?

Se abre un proceso de discusión constituyente en España. Y no es extraño que se redoblen los ataques contra Podemos. Porque sin Podemos, los de siempre harían los arreglos de siempre. Apoyados hoy por los requetés de VOX.

¿Afecta la crisis de la monarquía al gobierno de coalicion?

Es claro que el PSOE y Podemos no coinciden con cómo debe ser la Jefatura del Estado y aún menos en la evalución del reinado de Juan Carlos I y la exigencia de rendición de cuentas. El desencuentro protagonizado por Carmen Calvo -que parece respirar constantemente por alguna herida- no tiene por qué afectar al Gobierno de coalición. Es verdad que el Gobierno es un órgano colegiado y que todos los miembros del Gobierno deben aceptar las decisiones que se tomen. No puede ser de otra manera. Pero no todos tienen por qué estar de acuerdo. Ni por qué silenciar el desacuerdo. ¿O no nos acordamos de las desaveniencias en los gobiernos de Rajoy, de González o del propio Sánchez, siendo de un solo signo político? Los puntos de vista divergentes son ya una constante de la política en el siglo XXI que no deben frenar la colaboración. Y aún menos cuando no se consultan determinadas decisiones, como ha sido con la huida de Juan Carlos I de España.

A ver si nos acostumbramos a qué es en verdad un Gobierno de coalición donde reposan sensibilidades diferentes. Para Podemos, la centralidad en el gobierno tiene que ver con los asuntos sociales y la defensa de los derechos humanos. Ahí tiene su límite. El PSOE verá qué hace con su peculiar republicanismo monárquico. Pero es evidente que en España se abre otra vez una fase constituyente. La que abrió el 15M y no se terminó de cerrar con el nacimiento de Podemos. Nadie sabe qué pasara, porque los futuros siempre son construcciones desde el presente. La correlación de fuerzas dictará sus contornos. Pero nadie puede negar que la Constitución española, como la democracia española, necesita una mano de pintura. En un contexto donde Europa necesita una mano de pintura. Incluso arreglos de chapa y de motor. Aunque solo sea para que todos y cada uno de los que vivimos aquí sepamos, en la discusión, lo que es una democracia, lo que cuesta defenderla, lo frágil que son estos regímenes, y lo que la ponen en riesgo los que quieren acabar con ella resucitando la violencia, impidiendo cualquier cambio que responsa a los nuevos retos, usando la justicia de manera abusiva, demonizando a las mujeres, a los inmigrantes, a los homosexuales, a los que tienen otra idea de España o defendiendo instituciones ajenas a la voluntad general sobre la base de discursos propios de la Edad Media.

https://blogs.publico.es/juan-carlos-monedero/

No salgo de mi asombro

La Fortaleza – El Perro Morao
Oigo el chirrido de los vencejos: lo único alegre que hay en este mundo de locos en el que vivimos. El confinamiento, el uso obligatorio de las mascarillas (no se discute aquí la necesidad de esas medidas) nos está alterando notablemente. Es evidente, se objetará. Una guerra (la caída en un estado de naturaleza, creo que diría Hobbes) nos convierte en criminales o en víctimas de crímenes. Quizá sean figuraciones mías, pero me parece escuchar el grito habitual en los naufragios: “¡sálvese quien pueda!” Cierto es que hay individuos que no atienden a esa llamada de pánico ni se dejan embrutecer. Goya, precioso, ven a pintar nuestra romería de San Isidro.
    Cuesta mantener el equilibrio mental y la cabeza clara. Vivimos en un mundo muy extraño. No me sorprende lo malo que nos está ocurriendo y, sin embargo, no salgo de mi asombro. Yo, que tendría que estar curado de espantos (de los espantos uno no se cura). No entiendo nada. Estoy perplejo. Mantengamos la calma.
http://selvadevariaopinion.blogspot.com/

Los últimos secretos de Stonehenge

ABC entrevista a Vincent Gaffey, uno de los arqueólogos que han hallado la estructura prehistórica más grande del Reino Unido, cerca de donde vivían los constructores de Stonehenge

Imagen del célebre monumento megalítico

Vincent Gaffney no necesita que quien le entrevista le haga las preguntas, porque cuando empieza a contar una historia las va respondiendo prácticamente todas de forma espontánea, una tras otra. A sus 62 años, habla con pasión juvenil sobre su trabajo. No es para menos: es uno de los pocos afortunados con acceso total al monumento de Stonehenge, uno de los más increíbles y a la vez enigmáticos del mundo, y hace solo unos meses hizo un descubrimiento histórico en sus cercanías que fue anunciado al mundo pocas semanas atrás.

Ubicado en el condado de Wiltshire, Inglaterra, y construido alrededor del 2500 antes de Cristo, «Stonehenge no son solo las piedras que todos conocemos, es un paisaje creado para ser observado desde lejos y en el que todo es importante», asegura en conversación con ABC. «Fue construido para impresionar». Y, aunque las mayores impresiones se las ha llevado él varias veces a lo largo de su dilatada carrera, y por diferentes motivos, la última pasará a la historia por tratarse, como él mismo lo califica, de «un hallazgo sin precedentes».

Durrington Walls

«Descubrimos un círculo de pozos, cada uno de diez metros o más de diámetro y al menos cinco metros de profundidad, alrededor del vecino prehistórico más grande de Stonehenge, el llamado superhenge en Durrington Walls», explica Gaffney. Durrington es «uno de los monumentos neolíticos más grandes» de Gran Bretaña y fue construido hace más de 4.500 años. Y está justo en el centro del gigantesco anillo, que tiene unos dos kilómetros de diámetro, y que forma parte de un extenso territorio repleto de restos históricos, así como de elementos simbólicos y rituales.

Gaffney es el coinvestigador principal del proyecto Stonehenge Hidden Landscapes (Paisajes ocultos de Stonehenge), una colaboración entre las Universidades de Birmingham, Viena, Bradford, St Andrews, Nottingham y Gante con el National Trust y el English Heritage, que tiene como objetivo «ubicar el sitio y su desarrollo a través del tiempo dentro de un contexto paisajístico», utilizando técnicas geofísicas «rápidas y precisas basadas en tierra», como la magnetometría, el radar de penetración en el suelo, el uso de GPS en tiempo real, la guía robótica y la inducción electromagnética. Gracias a esta investigación, «se ha desarrollado una estrategia rápida para mapear, visualizar e interpretar datos a escala de paisaje» y su intención es «descubrir más sobre Stonehenge mirándolo desde fuera».

Geofísica

Así, alrededor de 18 kilómetros cuadrados de paisaje alrededor de Stonehenge ahora se han estudiado a través de la geofísica. «Aunque pudiéramos excavar libremente, sería imposible comprender el sitio en su contexto total sin la tecnología que tenemos disponible actualmente», explica el arqueólogo, que considera que muchas veces «la ausencia de evidencia se ha convertido en la evidencia de la ausencia», algo que, a su parecer, es un planteamiento equivocado. Y este nuevo descubrimiento es la prueba.

Pero a veces hay que acoger perspectivas y herramientas nuevas para poder ver lo que está oculto. Gaffney y el resto del equipo, en el que está además su hermano Chris, dejaron de lado la arqueología típica. «A los arqueólogos nos encanta excavar agujeros», dice entre risas, y se pone serio de nuevo antes de agregar: «Pero eso hace que conozcamos muy, muy bien, una parte muy pequeña de lo que investigamos. Conocemos mucho de espacios reducidos; conocemos muy bien un 5%, pero el 95% es desconocido». Fue así como en 2007 empezaron a trabajar en geofísica a gran escala y el uso de magnetómetros se convirtió en un método esencial. «Formamos parte de un proyecto europeo para compartir equipos, montando lo que llamo un circo geofísico, que iba moviéndose por todas partes». Empezaron entonces a salir nuevos datos que luego tenían que ser trabajados, estructurados e interpretados. Y todo cambió.

Vincent Gaffney, trabajando en el proyecto
Vincent Gaffney, trabajando en el proyecto – ABC

«Estoy seguro de que en el Reino Unido, y probablemente en Europa, no hay nada como esto», dice Gaffney, que actualmente ejerce en la Cátedra de Arqueología del paisaje de la Universidad de Bradford. «Es, hasta el momento, la estructura prehistórica más grande que se ha encontrado en Gran Bretaña. Es enorme, espectacular, gigante», exclama con emoción. «Stonehenge es pequeño y para los muertos, y Durrington, en contraste, se cree que está asociado con los vivos», explica, en sintonía con las ideas de otros especialistas como Michael Parker Pearson, del University College London. Una señal de esto podría ser que «Stonehenge está construido con piedras, mientras que las estructuras de Durrington son de madera». Y ahora, además, está el círculo de pozos. «En el neolítico temprano todo era rectangular, mientras que en el tardío es circular», dice Gaffney, en un intento más de atar cabos y estructurar lo poco que se conoce.

«Y ahora me va a preguntar: ¿Y para qué sirve esto?», dice, para inmediatamente responder: «No lo sabemos, no sabemos cuál era el objetivo» de estas construcciones, que durante siglos han sido un misterio, y del anillo recientemente descubierto. La arqueología, como ciencia que estudia civilizaciones antiguas, no ofrece respuestas rápidas, ni declaraciones escritas en piedra, nunca mejor dicho. No obstante, el experto se aventura a proponer que quizá el enorme círculo servía para demarcar el perímetro de una zona a la que por algún motivo no se podía entrar. «Quizá una zona sagrada o incluso una aldea, donde podrían haber vivido quienes construyeron Stonehenge».

Otra de las conclusiones que sacó el equipo de Gaffney de este descubrimiento es que quienes compusieron el anillo sabían contar; de lo contrario no podrían haber hecho una estructura de tal envergadura. «Esta es la primera y sustancial evidencia de que sabían contar», afirma. Y explica: «Contar tiene significados distintos para distintas sociedades» y pone el ejemplo de hacerlo «por razones sociales». «No es como nosotros entendemos las matemáticas, tiene una importancia cosmológica, no propósitos abstractos». «No es un descubrimiento arqueológico normal», asegura. ¿Cómo le hizo sentir lo que encontraron? «No sé si hay una traducción en español», avisa, antes de elegir la palabra «Aghast». Y tiene razón, porque la traducción literal no es suficiente para expresar todo su contenido: una mezcla entre atónito, sorprendido, en shock, incluso espantado. «Todo al mismo tiempo», sostiene, con el brillo en los ojos que tienen esas personas tan llenas de curiosidad que, en lugar de usar sus descubrimientos como respuestas, los transforman en nuevas preguntas.

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La crisis del coronavirus (I): una crónica de cómo el progresivo desmantelamiento del Estado del bienestar nos ha llevado a un desastre anunciado

JUAN MAGÍN SAN SEGUNDO MANUEL

Técnico Superior de la Administración y profesor de Derecho constitucional en la UCM

Una joven mira su móvil, sentada en la puerta de una tienda cerrada en el centro de Madrid. REUTERS/Susana Vera
Una joven mira su móvil, sentada en la puerta de una tienda cerrada en el centro de Madrid. REUTERS/Susana Vera

El sistema económico predominante se ha hecho insostenible, entre otras razones, por el progresivo aumento de la desigualdad social dentro de cada país. Desigualdad que se ha agravado con la pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 poniendo encima de la mesa, de manera insoslayable, la necesidad de paliar las graves consecuencias del virus y actuar sobre sus causas.

La perspectiva de la historia contemporánea nos muestra cómo las sociedades de nuestro entorno han tenido un enorme progreso económico acompañado de la mejora del bienestar, la educación, la salud, la esperanza de vida, etc. Este progreso ha sido muy variable, teniendo sus retrocesos, así como sus etapas de mayor y menor intensidad. Así, mostró un desarrollo impresionante cuando se adoptaron los postulados del liberalismo político –al conseguirse superar las trabas económicas y políticas del antiguo régimen–, lo que supuso el reconocimiento de determinadas libertades y derechos fundamentales, confiriendo a dicho avance un carácter extraordinario. Este proceso histórico contemporáneo provenía de una época en la cual los individuos eran súbditos analfabetos, supercheros, miserables y cuasi siervos, que sentían miedos y amenazas incluso a su propia vida, y que asistían a las ejecuciones públicas como crueles espectadores ante una tortura y unos tratos tan inhumanos. De aquí la sociedad se encaminaría hacia un nuevo salto adelante del progreso, la razón y la libertad, posibilitando paulatinamente una transformación de súbditos en ciudadanos. No debemos olvidar la importancia que tuvo la presión ciudadana del liberalismo más avanzado, a la que se iría sumando el movimiento obrero. De esta manera se fue construyendo poco a poco un Estado social y democrático de Derecho, que implicaba ir reconociendo y garantizando los derechos humanos y los valores democráticos. Conceptos básicos presentes en nuestro contrato social, que rigen y cimientan nuestras sociedades.

Estos enunciados normativos fundamentales se consagran y fortalecen notablemente después de la Segunda Guerra Mundial, como reacción frente a la barbarie del totalitarismo y la atroz contienda que provocó. A su término, dentro de la creación de un orden mundial se construye el denominado Estado del bienestar en los países más desarrollados, democráticos y pluralistas, donde los grandes logros de carácter democrático se habían compaginado y en buena medida fundamentado sobre la extensión de un nivel socioeconómico suficiente, que garantizaba el disfrute efectivo de los derechos fundamentales, incluyendo los de índole social y económica, para prácticamente toda la ciudadanía; además, tal disfrute alcanzó un nivel hasta entonces desconocido. Dicho Estado de Bienestar presupone una responsabilidad pública en la creación y el mantenimiento de la igualdad de oportunidades y de la cohesión social. En cuanto al notable desarrollo de las políticas sociales, cabe resaltar que las mismas se vieron favorecidas por el gran crecimiento económico que las acompañaría.

Otro hecho que ejerció una fuerte presión en el mismo sentido era la amenaza de un creciente número de regímenes comunistas, acompañada de la existencia de una fuerte izquierda socialdemócrata en muchos países, e incluso comunista en algunos, y el hecho de que, en determinados países, sobre todo dentro de los menos desarrollados, existían amenazantes guerrillas de ideología izquierdista.

Sin embargo, tal progreso social empezará a torcerse con la crisis del shock petrolífero, derivado de la guerra árabe-israelí del Yom Kippur (en 1973), que llevaría a los Estados árabes exportadores a tomar represalias frente a los países occidentales, iniciándose una crisis económica por encarecimiento de la oferta, ante la inflación del petróleo, que cercenaba los ingresos públicos, a la vez que aumentaban las demandas de un Estado benefactor, y como consecuencia de todo ello aparece la denominada esquizofrenia fiscal. Resulta incontestable que el Estado del bienestar ha dado luz a las mejores sociedades avanzadas (y viceversa). No obstante, la mayor crítica por parte de sus detractores –y acaso, tal vez, la única verdaderamente objetiva– sea la fundamentada en su coste económico. Y precisamente por ello habrá una inflexión, a partir de la cual comenzará un periodo histórico en el que se irán haciendo recortes, jibarizándo progresivamente el Estado de Bienestar. Tales recortes adquirieron relevancia con la revolución conservadora efectuada en la década de los 80, cuyos mayores representantes serían Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Surgirán otros factores que se suman a esa tendencia, como la aparición de Internet, la comunicación entre ordenadores y las posibilidades tecnológicas de inmediatez con respecto a una creciente financiarización de la economía, un incremento de la especulación mundial y la ocultación de dinero al fisco, así como la merma de recursos al Estado social. Junto a todo esto se producirá un hito que va a acentuar la quiebra del Estado del bienestar: la práctica desaparición de la que era entonces la principal amenaza al capitalismo, al caer el Muro de Berlín en 1989 y la implosión de la URSS en 1991, que supuso un debilitamiento generalizado de las ideologías socialistas, y dentro de las mismas el hundimiento de la ideología comunista.

El aumento de la injusticia económica se va a ver acentuado por la pretendida autorregulación económica –modelo que defendían las pujantes ideas neoliberales cristalizadas en los 90 y que supuestamente debía conducir a la mejora de los beneficios y en general de la economía–. Sin embargo, tal desregulación ha facilitado sucesivas crisis financieras mundiales. En el caso de los EEUU, a la desregulación de los mercados, se añadirán las bajadas de impuestos y de tipos de interés, así como la expansión del crédito, por lo que se provocaría una burbuja inmobiliaria. En realidad, tal desregulación ha ido amparando innovaciones financieras de creciente riesgo, como la fiebre estadunidense de las hipotecas tóxicas, las cuales conllevaban peligros tanto para los prestamistas como para los prestatarios, hasta llegar al tristemente famoso ejemplo de las subprimes, que suponían la concesión de préstamos sin exigir garantía alguna a los solicitantes. Eran “hipotecas basura” que se trocearon y se vendieron en títulos, creando así una burbuja de derivados tóxicos en la que las empresas financieras ganaron muchísimo dinero. Todos estos excesos y abusos financieros desencadenaron en EEUU en 2008 la Gran Recesión mundial, siendo el pistoletazo de salida la caída de Lechman Brothers.

La economía, en la nueva situación imperante, se va adaptando al proceso de globalización, con crecientes presiones de un capitalismo desregulado tremendamente competitivo, en el que se potencia la deslocalización de la producción y el trabajo, mediante la importación de bienes –e incluso servicios–, con frecuentes prácticas de dumping fiscal, laboral y ecológico. Otro factor es el impresionante avance de la digitalización,  que posibilita un sistema económico y financiero de ámbito mundial, en el que se permiten unas ventajas desproporcionadas a quienes poseen el monopolio de la tecnología y el capital. Con respecto al impresionante avance tecnológico, si bien crea empleo novedoso, destruye el tradicional en mayor proporción aún. Por ello, si se hace un balance, cabe afirmar que la tecnología genera desempleo o, como mínimo, ralentiza la creación de empleo. Y en el contexto actual, acentúa el que buena parte de los nuevos trabajos tiendan a ser temporales o inestables. El economista Brynjolfsson observa los siguientes hechos, reveladores de una gran paradoja en nuestra era: “La productividad está en niveles récord, la innovación nunca ha sido más rápida, pero al mismo tiempo tenemos unos ingresos medios decrecientes y tenemos menos puestos de trabajo“. La productividad (que es la producción dividida entre los recursos utilizados, de capital, empleo, energía, materia prima o servicios) aumenta cuando aplicamos tecnología. Así, a largo plazo se ha producido globalmente un crecimiento económico –con inflexiones en las crisis–, acompañado de un avance tecnológico impresionante que nos hace mucho más eficaces, y sin embargo, hay una distribución de la renta y de la riqueza cada vez peor dentro de los distintos países, que lleva a una importante dualidad social. En efecto, un sector considerable de nuestra población se precariza o incluso una parte va quedando excluida.

En definitiva, durante las últimas décadas la tendencia general en el mundo ha sido la del aumento progresivo de la injusticia económica dentro de cada sociedad. Rasgo que se verá muy acentuado por la Gran Recesión de 2008, que ha dejado tras de sí importantes bolsas de pobreza y fracturas sociales. Esta tendencia general opera en España con especial intensidad, al menos en comparación con otros países de la UE, como muestran diversos indicadores: 1) el empleo precario, que supone la existencia de un sector de población que a pesar de trabajar es pobre; esto va aparejado a una degradación económica de muchas profesiones; 2) las dificultades de ciertos sectores de población más desfavorecidos, como el de los jóvenes, que cada día tienen más difícil abandonar el domicilio de sus padres, y no digamos poder fundar una familia; 3) la fuerte deriva hacia el denominado invierno demográfico; aunque en la disminución del número de hijos inciden decisivamente razones culturales, se ha observado una especie de “veto económico” a los menos ricos, que se añade peligrosamente a la fuerte deriva hacia un invierno demográfico nacional, con un creciente envejecimiento poblacional, que a su vez potencia otros problemas, como cierta insostenibilidad de las pensiones o la soledad, que se incrementarán con la escasez de nuevas generaciones para tomar el testigo de los lazos afectivos y el adecuado funcionamiento de una sociedad; 4) la carestía de la vivienda y el fuerte crecimiento del precio de la energía y otros servicios como el de Internet en España, en contraste con países de nuestro entorno; 5) la despoblación del mundo rural…

En este escenario, de por sí complejísimo, la crisis de la Covid-19, hace aflorar y acentúa la dureza de toda la problemática social indicada, poniendo en evidencia la vulnerabilidad de tantas, y cada vez más, personas: quienes ya eran pobres y quienes rápidamente han empezado a serlo al perder sus trabajos; dándose los casos más extremos con aquellos que incluso tienen dificultades para comer o pagar sus viviendas. Por ello, sería inadmisible sufrir otra oleada de desahucios (con respecto a los cuales cabe prever que se ejecutarán en un año como consecuencia de la pandemia). A su vez, también es fundamental la ayuda a colectivos específicos, como a las PYMES y autónomos, para que no se hundan, evitando así el destrozo de nuestro sistema productivo y de nuestro tejido social en las ciudades y pueblos (no hay que olvidar a muchos pequeñas empresas y autónomos ya estaban sacando adelante sus negocios con gran esfuerzo). Debemos recordar, cómo la pequeña industria y el pequeño comercio venían sufriendo el embate del gran comercio, al que se ha añadido el avasallamiento de algunas grandes multinacionales que venden online, como Amazon, las cuales funcionan casi libres de impuestos (no olvidemos que el pequeño comercio vertebra y es el alma de las ciudades, y se da cada vez más la siguiente estela iniciada en los EEUU: zonas urbanas que son una mera yuxtaposición de viviendas). También debe tenerse presente la extraordinaria importancia de los agricultores, cuya imprescindible aportación a la comunidad se ha hecho más visible, y que sin embargo, como pasa en otras profesiones, ven cada vez más mermado su margen de beneficios, a la vez que su subsistencia se ve amenazada.

Desde hace tiempo, los indicadores venían reflejando esta problemática, como los datos apuntados por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. Según su Informe de 2019, el riesgo, bien de pobreza, bien de exclusión social (por la privación de recursos básicos y baja intensidad del empleo) abarcaba al 26,1% de la población española, siendo la mayoría de este grupo españoles y un tercio de ellos con trabajo. También las diferencias en los salarios reflejan una alarmante desproporción. Como se observa en este ejemplo: los máximos ejecutivos de las empresas del Ibex 35 han ido subiendo sus retribuciones hasta llegar a cobrar ¡123 veces el salario medio de la plantilla de sus empresas! Lamentablemente, la mencionada fractura social se está agravando mucho más aún con esta nueva pandemia.

Se concluye con una reflexión: durante la segunda postguerra mundial la desigualdad en los países de nuestra área se había ido limitando –en la misma medida en que avanzaba el Estado de bienestar–, lo que permitía legitimar al propio sistema capitalista, sobre todo dentro de los sistemas políticos democráticos más avanzados, dada su superioridad comparativa con otros sistemas. Sin embargo, el proceso se ha invertido con el crecimiento de la desigualdad, estando además bastante cercenado cualquier proyecto alternativo, y la conjunción de ambos factores constituye un abono del que pueden alimentarse las ideologías identitarias extremas (populistas, nacionalistas, integrismos religiosos, etc.). Precisamente, algunos estudios han concluido que la desigualdad es una gran amenaza al propio sistema democrático. Así se ha verificado a lo largo de la historia, como podemos ver con los ejemplos acontecidos tras la Gran Guerra: al desintegrarse los cuatro imperios derrotados (el Imperio Alemán, el Austrohúngaro, el Otomano y la Rusia zarista) todas las repúblicas que se formaron cayeron en dictaduras fascistas o militares como consecuencia de la Gran Depresión. Por consiguiente, las claves para el futuro de nuestra sociedad estriban en cómo se responde a dos interrogantes: en primer lugar, ¿dejaremos que se consolide esta inadmisible falta de equidad? A la vista de los efectos negativos tan intensos habidos hasta la fecha (tanto desde el punto de vista personal como colectivo, incluyendo un ulterior deterioro de nuestro sistema democrático, hoy por hoy ya resentido). Y, en segundo lugar, ante estos efectos tan duros ¿qué grado de desigualdad estamos dispuestos a tolerar?

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¿Qué es la estupidez?

ANTONIO FERNÁNDEZ VICENTE

Profesor de teoría de la comunicación, Universidad de Castilla-La Mancha

El filósofo lloroso (Heráclito), atribuido a Johannes Moreelse. Wikimedia Commons / National Trust
Digámoslo así: todos cometemos estupideces. Todos somos estúpidos en un grado mayor o menor. Una vida sin tonterías sería demasiado aburrida, al fin y al cabo. Quizás, discurrir sobre la estupidez sea también una soberana necedad. Pero…

Un mundo estúpido

Si la Humanidad se halla en un estado deplorable, repleto de penurias, miseria y desdichas es por causa de la estupidez generalizada, que conspira contra el bienestar y la felicidad.

La estupidez es la forma de ser más dañina. Es peor aún que la maldad, porque al menos el malvado obtiene algún beneficio para sí mismo, aunque sea a costa del perjuicio ajeno. Nos lo decía el historiador Carlo Cipolla en la Tercera ley fundamental (ley de oro) de la estupidez:

“Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”.

Llorar o reír

Ante la estupidez, podríamos lamentarnos como hacía Heráclito respecto a la vana condición humana.

Pero resulta sin duda más reconfortante una mirada humorística, como la de Demócrito de Abdera.

El filósofo Séneca precisaba en su tratado De la ira: “Uno reía nada más mover los pies y sacarlos de casa, el otro, por el contrario, lloraba”. Es lo que vemos reflejado en el lienzo del pintor Johannes Paulus Moreelse: Demócrito, el filósofo riente; Heráclito, el plañidero.

Michel de Montaigne señalaba en sus Ensayos que prefería ese semblante risueño y burlón, “porque es más desdeñoso, y nos condena más que el otro, y me parece que jamás podemos sufrir tanto desprecio como merecemos”.

Ahora bien, ¿qué se puede entender por estupidez?

La estrechez mental

En 1866, el filósofo Johann Erdmann definió la “forma nuclear de la estupidez”. La estupidez se refiere a la estrechez de miras. De ahí la palabra mentecato, privado de mente. Estúpido es el que sólo tiene en cuenta un punto de vista: el suyo. Cuanto más se multipliquen los puntos de vista, menor será la estupidez y mayor la inteligencia.

Es por ello que los griegos inventaron la palabra idiota: el que considera todo desde su óptica personal. Juzga cualquier cosa como si su minúscula visión del mundo fuera universal, la única defendible, válida e indiscutible.

El egoísmo intelectual

El estúpido padece egoísmo intelectual. El estúpido es tosco y aun así fanfarrón. Niega la complejidad y difunde su simplicidad de forma dogmática. Opina sobre todo como si estuviese en posesión de la verdad absoluta. Es un ciego que se cree clarividente.

A través de la filosofía tratamos de valorar otros puntos de vista. Luchamos contra el embrutecimiento. Ampliamos horizontes y ponemos en cuestión nuestro comportamiento y manera de pensar.

De esta forma se intenta atenuar la estupidez: al ejercitar la duda y la autocrítica. Al dejar de enfrascarnos en nuestra propia imagen, como ocurría en el mito de Narciso. El estúpido está enamorado de sí mismo e ignora todo lo demás. Incluso lo desprecia con autosuficiencia.

Narciso (Caravaggio, 1594-1596). Wikimedia Commons / Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma.
Narciso (Caravaggio, 1594-1596). Wikimedia Commons / Galleria Nazionale d’Arte Antica, Roma.

El totalitarismo de la estupidez

En 1937, el poeta Robert Musil retomó la cuestión sobre la estupidez. En pleno auge de corrientes totalitarias, nos recordaba “la barbarización de las naciones, Estados y grupos ideológicos”.

La estupidez se parece al progreso, a la civilización. Brota no sólo de un Yo exacerbado, sino de un Nosotros acrecentado y envanecido. La estulticia es altamente contagiosa y se alimenta de grandes ideales difusos, de lugares comunes, de proclamas simplistas: todo es negro o todo es blanco.

El único punto de vista legítimo es el de un grupo social determinado, el de una facción concreta: la nuestra. La estupidez se emparenta con la intolerancia y la ausencia de diálogo. Es un hermetismo mental y gregario. Se expande mediante consignas engreídas y sin fundamento, coreadas en un clamor colectivo esperpéntico.

La estupidez funcional

Todos en algún momento podemos ser estúpidos ocasionales. Pero lo que distingue al obcecado funcional, según Musil, es la incapacidad permanente para apreciar lo significativo. ¿Qué es importante y qué no?

En su presunción, el estúpido se obstina con tozudez en lo baladí y accesorio. Es inepto a la hora de jerarquizar prioridades. Como sugería Nietzsche, la estupidez más común consiste en olvidar nuestro propósito.

Se trataría de discernir con rigor y exactitud las complejidades de la vida. Pero las majaderías se extienden con la rapidez del pánico. Podría decirse que hoy en día se viralizan como la pólvora. Adivine usted a qué me refiero…

Uno de los remedios contra la estupidez es la modestia. Así, es inteligente cuestionar lo que uno hace y piensa. Quien vive en el “quizás” en lugar de en las afirmaciones rotundas y contundentes, se aleja de las memeces. Quizás lo que creemos inteligente no sea más que una sandez. Era la duda que planteaba Erasmo de Rotterdam.

Y una buena cura de humildad es la risa inteligente. De Aristófanes y Luciano de Samósata a Jonathan Swift, Mark Twain o Groucho Marx, satirizar la estupidez de nuestra vida siempre es un ejercicio de buen entendimiento. Nos hace ver que las convenciones sociales son en muchos casos absurdas y lerdas.

La pregunta fundamental

Para concluir, quizás usted dirija sus invectivas hacia ciertos grupos sociales o personas. Pero piense que la estupidez puede afectar sin distinción a cualquier persona.

Hay estúpidos en la misma proporción en todos los estratos económicos y culturales, corrientes políticas y geografías. O incluso podría usted pensar que yo mismo adolezco de una estupidez envanecida. Y no le faltaría razón.

La cruzada contra la estupidez está perdida de antemano. Decía Albert Camus en La peste que “la estupidez siempre insiste”.

Puede ser que tuviésemos que formular cada cierto tiempo, como hacía el escritor Giovanni Papini, la pregunta fundamental para acabar de una vez con la estupidez (al menos funcional): ¿soy un imbécil?

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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Segundo brote en mal momento, con peores condiciones y sin la lección aprendida

Personas con mascarilla paseando por el centro de Barcelona. REUTERS/Albert Gea
Personas con mascarilla paseando por el centro de Barcelona. REUTERS/Albert Gea

 

La economía mundial está viviendo una situación nunca antes vista. Un “desastre insólito”, en palabras del Fondo Monetario Internacional. El confinamiento hizo estragos mayores de los previstos y la caída de la actividad en el segundo trimestre marca hitos históricos: 32,9% en Estados Unidos y quizá más en algún otro país, como sabremos a medida que se vayan publicando los datos.

La recuperación tras la desescalada no se está produciendo tan vigorosamente como se creía. El distanciamiento social que todavía debe mantenerse y la necesidad de tomar rigurosas medidas de prevención e higiene lastran la productividad e incluso hacen imposible que muchos negocios puedan volver a obtener ingresos suficientes. Los mercados de bienes se desquician y las subidas de precios finales se mezclan con las caídas de otros en origen, dejando, al mismo tiempo, regueros de pérdidas en unos sitios y beneficios monopolistas en otros. Sólo las bolsas y los mercados financieros, completamente ajenos a la realidad económica, mantienen alzas constantes que enriquecen sin parar a los grandes propietarios y fondos de inversión, gracias a que los bancos centrales alimentan la especulación y el incremento innecesario de la deuda, además de dedicar cientos de miles de millones a realizar compras que garanticen artificialmente el alza constante de las cotizaciones.

El Fondo Monetario Internacional, en la onda de la mayoría de los análisis que se han venido realizando, pronosticaba en su informe de abril pasado que las economías se recuperarían fuertemente en 2021 “suponiendo que la pandemia se disipa en el segundo semestre de 2020 y que las medidas de política adoptadas en todo el mundo sirven para evitar quiebras generalizadas de empresas, cuantiosas pérdidas de empleo y tensiones financieras sistémicas”. No parece que se estén dando las condiciones para que eso sea lo que vaya a ocurrir.

Es más, todo parece indicar que el segundo brote de la pandemia se adelanta. No sé cuál pueda ser su efecto sanitario pero el económico me parece bastante claro. Todos los pronósticos que se han venido realizando señalaban una caída extraordinaria de la actividad (añadida a la ya producida) si se registraba una segunda ola en el otoño o invierno próximos; y si viene antes, las consecuencias serán mucho peores.

La carencia de las respuestas internacionales coordinadas que requiere un problema de naturaleza global es la primera razón que lleva a contemplar con pesimismo el futuro inmediato. La búsqueda desesperada de vacunas sin poner en marcha un proceso de colaboración mundial que permitiera acelerar la obtención de resultados, evitar el despilfarro de recursos y garantizar la cobertura más amplia posible de la población mundial es una muestra flagrante del fracaso de nuestra civilización. Ni ante una amenaza tan grande como la que parece que tenemos sobre el planeta somos capaces de trabajar en común y buscar soluciones compartidas.

Por otro lado, aunque algunas economías están haciendo un esfuerzo fiscal inmenso para atajar los efectos de la pandemia, la realidad es que la inmensa mayoría de los países del mundo se encontraban en situación bastante comprometida con anterioridad (sobre todo, por la carga de la deuda) y eso les está impidiendo dedicar el dinero suficiente para evitar el daño sanitario y la crisis económica galopante que ha producido la Covid-19. Los gobiernos dedican recursos extraordinarios para garantizar los ingresos de las empresas y los hogares en todo el mundo, pero excepcionalidad no equivale a suficiencia.

Solo entre los países más avanzados del mundo que forman el G20 hay una diferencia de 30 a 1 en el porcentaje del PIB que han dedicado a los estímulos fiscales contra la Covid-19: del 21,1% de Japón al 0,7% de México en junio. Alemania ha dedicado el 38% de su PIB a conceder garantías de préstamos a sus empresas, frente una media del 4% en el G20, y sólo el 10% de los países ha podido realizar inyecciones de capital como ayudas a sus empresas. Si estas diferencias se dan entre los países más grandes, imagínense las que se están dando con otros más pobres y en peor situación y las carencias que se deben estar produciendo en estos últimos.

En relación con la deuda que ata las manos a la inmensa mayoría de los países a la hora de afrontar las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia se han tomado medidas positivas para conceder ayudas y moratorias en el pago de alguna parte de la deuda en algunos países, pero en muy pocos y también en cantidades completamente insuficientes. La única forma que tienen los gobiernos (desde los más ricos a los más pobres) de hacer frente a este desastre es endeudándose y si no se toman medidas globales de reestructuración, quitas y refinanciación inmediatas será imposible evitar una depresión global en los próximos meses y una crisis bancaria y financiera a corto plazo.

La apuesta por la que han optado las grandes economías es la de tratar de salvarse a ellas mismas a toda costa, a las bolsas y a un sistema financiero cada día más insolvente y podrido. Una completa estupidez cuando este planeta y la economía mundial es un sistema complejo, entrelazado y cuyas partes dependen inevitablemente las unas de las otras.

Es imprescindible, pues, que se alcen las voces en todo el mundo para reclamar coordinación, colaboración, solidaridad y medidas globales para un problema global que no deje en la cuneta a docenas de países y a cientos de millones de personas y que establezca como prioridad la salvación de los seres humanos y de las empresas que crean los bienes y servicios que realmente se necesitan para garantizar el sustento de la población mundial.

En España también tenemos razones para estar preocupados con la posibilidad de que se de un segundo brote y, más todavía, si se adelanta. De hecho, estamos sufriendo ya una segunda oleada de consecuencias adversas sin que ni siquiera se haya reconocido que estemos en otra oleada de la pandemia que obligue, de nuevo, al cierre de actividades.

Como muchos habíamos previsto, la desescalada no significó la vuelta a la normalidad de todas las empresas. Un gran porcentaje de ellas no pudo abrir y otras lo han hecho con un ingreso claramente insuficiente e incluso con la amenaza de no poder aguantar por mucho tiempo el bajo ritmo de la actividad. Desconozco los datos concretos de nuestro país, si es que se han obtenido, pero las estimaciones de otros más o menos similares o para grupos bastante amplios, indican que la mortalidad empresarial va a ser muy grande: en diversos estudios se señala que las dos terceras partes de las pequeñas y medianas empresas (las más vulnerables) no tienen liquidez para aguantar más de dos meses sin ingresos, que en término medio estiman reducir su empleo en un 40%, o que entre el 25% y el 36% habrían cerrado definitivamente sólo en los primeros cuatro meses de la pandemia. En España la situación será peor porque somos la tercera economía de la OCDE con mayor peso de las pequeñas empresas justo en los sectores más afectados por la crisis de la Covid-19 (los datos aquí).

La amenaza de rebrote se produce en un mal momento para España porque impacta de lleno en plena temporada turística. Se pueden tener todos los debates que se quiera sobre las luces y sombras del papel de turismo en nuestra economía y sobre su mejor futuro, pero lo cierto es que la caída de ingresos que se avecina va a suponer una catástrofe no sólo para las empresas y el empleo del sector sino para el conjunto de la economía española.

Es un mal momento y además este posible rebrote nos llega cuando estamos en peores condiciones que en febrero, porque la primera ola de la pandemia nos ha provocado, además de la crisis económica, otra reputacional importante y que condiciona en buena medida el impacto final de las políticas económicas y nuestra capacidad de obtener recursos.

Nuestros sistemas estadísticos están dejando mucho que desear, estamos apareciendo como un país poco serio y que carece de la información inmediata y rigurosa que es imprescindible para gobernar con éxito este tipo de situaciones. Algo que en modo alguno puede achacarse por completo a un gobierno que lleva tan poco tiempo como el actual.

A la mala reputación de nuestra gobernanza y al marasmo estadístico en concreto contribuye, quizá en la mayor medida, la caótica gestión de la crisis que están haciendo los gobiernos autonómicos, aunque toda la responsabilidad quizá no sea exclusivamente suya. En Alemania, un Estado federal en principio más descentralizado que el nuestro, también ha habido tensiones entre el gobierno central y los Lander, pero se ha mantenido la coordinación y Angela Merkel ha impuesto el contacto, la coordinación y el orden de marcha permanentemente.  En nuestro caso, no creo que se pueda separar el progresivo empeoramiento de la situación del final del “mando único” y del recobrado protagonismo de las diferentes autonomías. Valga como solo ejemplo que, en medio de una pandemia que están causando tantos muertos y tanta ruina sin entender de fronteras, los presidentes de Cataluña y País Vasco hayan anunciado que no acudirán a la reunión convocada por el presidente del Gobierno en agosto: una felonía que indica el desgobierno en medio del que nos encontramos, aunque no sea achacable sólo a esos presidentes autonómicos, pues el presidente Pedro Sánchez debería haber hecho habitual y no esporádico ese tipo de reuniones durante la pandemia.

No menos daño hace a nuestra reputación el clima de permanente y agresivo conflicto político, tan diferente de los consensos básicos o más o menos amplios que se dan en los países que mejor están respondiendo a la crisis. Están dando lugar a que tengamos que terminar saliendo de nuevo a las calles para decirle a una clase política incapaz de llegar a acuerdos que así no representa a la gente corriente y que, en consecuencia, renuncien a sus cargos y se vayan todos a la calle.

Finalmente, si finalmente se produce un segundo rebrote llegaría a nuestro país en muy malas condiciones porque lo cierto es que los paquetes de ayudas que se han dado a las empresas y a los hogares han sido insuficientes. Según los últimos datos que publican el Fondo Monetario Internacional y otros organismos internacionales (aquí y aquí), representan un 13,7% de nuestro PIB (3,7% de estímulo fiscal + 0,8% de aplazamientos diversos + 9,2% de garantías y otras ayudas), frente al 48,7% en Italia (3,4% + 13,2% + 32,1%); 47,8% del PIB en Alemania (13,3% + 7,3% + 27,2%); 27,3% en Francia (4,4% + 8,7% + 14,2%); o 19,1% de Portugal (2,5% + 11,1% + 5,5%).

Dado el impacto que sabemos que está teniendo la Covid-19 en nuestra economía es evidente que necesitamos más recursos a corto plazo, es decir, más garantías para que las empresas puedan aguantar si tienen asegurada su actividad cuando acabe la pandemia, para reinventarse si sus condiciones han cambiado, o para que puedan consolidarse nuevos proyectos de inversión en las condiciones adversas en las que estamos. También para que el propio Estado pueda servir de motor de la innovación y del cambio liderando la I+D+i y proporcionando o financiando el capital social que el privado y la sociedad en su conjunto necesitan para salir adelante; para que pueda mantener los servicios públicos esenciales y para evitar el drama de miles de familias que siguen sin percibir ningún tipo de ingreso desde hace semanas.

Un estudio reciente de la consultora McKinsey señalaba que las economías que mejor están haciendo frente a esta crisis, más que las liberales, son las que disponían de políticas social más potentes, de mercados laborales más regulados y de instituciones más fuertes y ágiles (aquí). Nosotros llevamos demasiado tiempo circulando en dirección contraria y eso ahora nos ata las manos. Si no aprovechamos esta crisis para dar un salto hacia adelante y para cambiar de rumbo, colocándonos en la vía por donde avanzan los países que hacen mejor las cosas, lo vamos a pagar muy caro.

Lamentablemente, no parece que hayamos aprendido la lección de las luces y sombras que tuvo el primer impacto de la Covid-19 en nuestra economía y tenemos, al menos, cuatro tareas pendientes.

La primera, lograr el imprescindible acuerdo nacional para poder tomar las medidas de choque necesarias. La segunda, mejorar de la transparencia, la información y la comunicación porque sin ellas no hay liderazgo posible en las condiciones tan adversas en las que nos encontramos. La tercera, conseguir como sea la imprescindible coordinación entre autoridades e instituciones. Y, finalmente, tomar medidas -por muy arriesgadas que sean- para disponer de los recursos adicionales que son imprescindibles para salir sin demasiados rotos de esta crisis.

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El rey corrupto y los súbditos lameculos

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El mérito del rey emérito (digno, merecedor, justo, correspondiente, estimable, apreciable, digno, honorable, acreditado, distinguido, loable, laudable, merecedor) es ser todo lo contrario del título que le entregó la rancia derecha española. El único mérito del emérito rey es haber sido puesto ahí por un desmérito tirano que mató a miles de españoles.

 

Cómo se califica a un pueblo que tiene en el poder y en la jefatura de gobierno a una monarquía corrupta y a la que la defienden porque supuestamente es un símbolo de la “unidad” de España, cuando la querida España ha estado dividida desde que existe la monarquía y ahora la división del pueblo español es más clara todavía. Más bien, Fernando el católico se empeñaba en separar las coronas, teniendo hijos por doquier para que cada uno heredera una corona, el católico tuvo 33 hijos con una y con otra. Una monarquía que no ha logrado ninguna unidad ni conexión entre todas sus naciones, por el contrario, ha centralizado todo en Madrid, ha concentrado la riqueza de los españoles en las élites madrileñas, y dentro de las élites en la corona calva y rechoncha del rey. Y por ello, hay quienes reclaman la independencia, la plurinacionalidad, la abolición, etc.

 

Cómo se aprecia a un pueblo que alaba al imperio romano y dice que les fueron a civilizar porque sus antepasados eran salvajes y bárbaros. Imperio que eliminó sus culturas, espiritualidades y lenguas milenarias y autóctonas, a sangre y fuego, con millones de muertos. Y ese pueblo ahora se vanagloria de que su filosofía es la griega, de que su derecho es el romano, y de que su religión es la helénico-semita (cristiana). Un pueblo sin raíces, sin orgullo de su Hispania. Qué pueblo es ese.

 

Cómo se entiende a un pueblo que dice defender a la monarquía porque representa la parte culta y fina de la sociedad española, cuando ésta hasta hace 100 años le mantuvo analfabeto al 80% del pueblo español. Y si bien ahora ya no hay analfabetos, los niveles de analfabetismo cultural, epistémico, político, histórico, es alarmante. España tiene los peores niveles de Europa occidental, lo que ha provocado un gran nivel de baja autoestima o complejo de inferioridad en la mayoría de españoles.

 

Cómo se dice de un pueblo que mantiene a una monarquía parasita, que no produce nada, que solo consume, y que lo quieren seguir conservando porque el rey es “guapo” y “alto”.

 

Cómo se considera a un pueblo que gusta de poner alfombras, que siente placer de ser sirviente, que se complace en agachar la cabeza, que se honra de ser súbdito y vasallo de una familia que se hace llamar noble e hidalga, cuando históricamente ha sido innoble y bellaca. Desde Cristina de Borbón hasta Jun Carlos de Borbón, que se han robado los recursos del Estado y que compiten entre ellos cuál es el más ladrón de la familia real.

 

Cómo se llama a un pueblo que tiene a una monarquía históricamente corrupta, a una familia que ha vivido en el lujo y el derroche a costa de la explotación del pueblo español. El cual ha tenido que derramar lágrimas para poder sobrevivir, y a pesar de todo ello le sigue sosteniendo porque representan el sueño del príncipe azul y de blanca nieves, de los que hubieran también querido ser parte.

 

Cómo se explica de un pueblo, que busca hasta con lupa corrupción en la izquierda y se hace de la vista gorda con la monarquía y todos los casos del PP, y hasta le siguen dando su voto y su confianza. Les apesta más la corrupción de la izquierda, que la corrupción endémica y normalizada de la pandémica corona-derecha.

 

Cómo se comprende a quienes dicen ser de izquierda y defienden a la monarquía, la institución responsable de la situación de que España sea considerado el país más subdesarrollado de Europa occidental. O es que la compleja situación de España es culpa y responsabilidad de los pobres españoles, de los migrantes, de los homosexuales, de los independentistas, de los abolicionistas.

 

Cómo se percibe a gente que dice que la monarquía es hija del pueblo español, cuando ésta les ha tratado como un padrastro cleptómano, de que se ha llevado la plata a Suiza para desde ahí pagar sus andanzas por medio mundo, en vez de invertir en la economía española, y encima ni siquiera ha pagado impuestos. La monarquía ha sido una hija parricida y putativa de España.

 

Cómo distinguir a un pueblo que busca su unidad en la figura de un individuo cuyo único mérito es ser hijo de un padre, y que solo por ello está en la Jefatura de un Gobierno; mientras otros pueblos buscan la unidad en cuestiones culturales, sapienciales, ontológicas, y se esfuerzan porque sus autoridades tengan méritos suficientes para estar en esos puestos.

 

Cómo concebir a un pueblo que se sostiene en castillos en el aire y no en la pujanza de su pueblo labrador que ha construido todo lo positivo y bello de España.

 

Cómo se expone de un país en la que su prensa es abiertamente pro-monárquica, derechista, y se auto califica de independiente, algo que no se lo cree nadie, como lo demostró un estudio de que España es el país de Europa Occidental con menos confianza en la prensa.

 

Cómo pensar de un pueblo que vive como culebrones la vida de las familias monárquicas, sus intrigas y sus amores, sus ansias y desvaríos, sus ambiciones y miserias. De que su vida depende de cómo se haya levantado el rey, de que su destino cuelga de si el rey no se ha empachado por comer demasiado, de que está a expensas de que si el rey tuvo una buena noche de Sexo Loco con una de sus amantes.

 

Cómo citar a un pueblo que protege a la monarquía, cuando ésta representa la historia de saqueos, esclavismo, corrupción, arrogancia de una familia; a costa de su pueblo y de otros allende el mar.

 

Cómo se estima a aquellos cortesanos que reciben de la monarquía unas cuantas monedas que les lanzan al piso para que las recojan, porque su trabajo es lanzarle loas y piropos para que no se caiga la monarquía, por ejemplo: “la monarquía y la constitución son indisolubles”.

 

Cómo se expresa de un pueblo que ahora sabe que su rey recibía “regalitos”, todo lo cual lo escondía y callaba, y con cuyos dineros hacía excursiones de matanza de elefantes y otras felonías; pero que le da lo mismo porque el rey es “chulo”, y solo se inmuta si roba un pobre español, un migrante, un izquierdista; y encima saca las banderitas de España, quizás queriendo decir: España es de la monarquía española y no del pueblo español. Y quién le hacía eso “regalitos”. Pues, los jeques árabes para que el rey de España les ayude a vender España a los capitales de las monarquías árabes, pero igual todo esto a los súbditos y serviles les importa un maldecido borbón.

 

Cómo se concibe que los pobres españoles tengan que salir de su país para venderse en los campos de Europa, convirtiéndose en los peones de los grandes productores europeos, lo que conlleva a consolidar el concepto y la idea de que España es la más subdesarrollada de Europa occidental, y se reafirme la visión de que los españoles son los africanos de Europa. A esto, añadido de que los españoles sienten placer matando a los toros, y que son igual de fanáticos religiosos como lo son los fundamentalistas musulmanes y judíos. Mientras en Europa del norte han transformado las iglesias en bibliotecas, las iglesias en España están abarrotadas de meas culpas. España tiene la mayoría de claustros activos del mundo. ¿Eso dice algo?

 

Cómo se distingue a quienes intencionadamente confunden a la monarquía española con España, a una familia con todo el pueblo español, a un grupúsculo de personas con toda la nación española.

 

Afortunadamente, ahora son una minoría de españoles los que todavía siguen generando vergüenza en el resto del mundo, que siguen provocando de que se sigan mofando de España, especialmente por parte de los europeos. La monarquía y la iglesia son la expresión de la decadencia y la putrefacción de la sociedad monárquica española, de una gran pobreza moral, intelectual y cultural.

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/208141

Carta abierta a la Asociación Española de Abogados Cristianos

La presidenta de Abogados Cristianos, la letrada Apolonia Castellanos, en una imagen de archivo. EFE
La presidenta de Abogados Cristianos, la letrada Apolonia Castellanos, en una imagen de archivo. EFE

 

Estimados/as miembros/as de la Asociación de Abogados/as Cristianos/as:

En el Evangelio según San Mateo, capítulo 10, versículo 8, se puede leer: «Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.» Mateo, que fue recaudador de impuestos, conocía muy bien el poder de atracción que el dinero puede causar en los corazones débiles y cómo la fe y la verdad se tambalean cuando el vil metal se interpone en su camino.

San Lucas, que era médico, nos cuenta en Hechos de los apóstoles, capítulo 8, versículos 17 al 23: «Entonces les imponían las manos y recibían al Espíritu Santo. Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo: “dadme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos”. Pedro le contestó: “Vaya tu dinero a la perdición y tú con él, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero. En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esa tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona ese pensamiento de tu corazón; porque veo que tú estás en hiel de amargura y en ataduras de iniquidad”.»

Se estarán preguntando ustedes la razón de esta misiva y el porqué de tan apostólicas citas. Pues bien, la razón es de peso y el porqué, como enseguida comprobarán, muy fácil de entender.

El pasado día 22 de julio de 2020, se publicó en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid el convenio entre la Consejería de Salud y la Provincia Eclesiástica de Madrid para la asistencia religioso-católica en los centros hospitalarios del Servicio Madrileño de Salud. Según dicho convenio, se procedía, por un período de ocho años, a garantizar la presencia de 73 capellanes en dichos centros, asegurándose así el citado auxilio espiritual.

En el «Anexo III» de dicho convenio se estipulan las cantidades a percibir por los mencionados capellanes y por la Provincia eclesiástica de Madrid. Dicho anexo empieza con la siguiente frase: “La aportación económica a la Provincia Eclesiástica por los servicios que presten los capellanes, etc.”

Pues bien, es éste y no otro el motivo por el que nos dirigimos a ustedes, ya que en su doble condición de «abogados/as» y de «cristianos/as», y en tanto que miembros/as de una asociación que promueve la defensa de los valores del Evangelio, deben saber, sin duda, que la Simonía es un delito contemplado en el Derecho Canónico. Por eso nos preguntamos, ¿no piensan hacer nada al respecto?, ¿van a dejar que algo tan punible y ominoso para la Iglesia madrileña pase de rondón y a hurtadillas ante los ojos de sus feligreses? Estamos seguros de que no permanecerán callados/as por más tiempo, pues conocemos lo diligentes que pueden llegar a ser a la hora de actuar incluso contra las personas que no son creyentes.

Para terminar, nos gustaría apelar a su conciencia con dos versículos de san Pablo en su Epístola a los romanos:

“No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias.”  (6, 12)

“Pues el pecado no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.” (6,14)

Quedamos, pues, a la espera de noticias, y no perdemos la esperanza ni la confianza en ser escuchados, pues la bondad de Dios es infinita.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas