Algunas lecciones aprendidas en la hamaca

Una galería de libros y escritores que marcaron los veranos lectores del autor

La escritora británica Virginia Woolf, fotografiada en Londres, sin fecha exacta.
La escritora británica Virginia Woolf, fotografiada en Londres, sin fecha exacta.AF KK / ASSOCIATED PRESS

Desde aquellos largos veranos de la adolescencia en los que tumbado en la hamaca combatía el tedio leyendo, algunos autores han dejado un sello indeleble en mi memoria literaria. Reconozco haber recibido un aprendizaje insoslayable de Albert Camus, de quien, al principio, solo me atraía la imagen estética que proyectaba en las fotos: pero más allá de su gabardina de trinchera y del cigarrillo Gitanes que humeaba entre sus dedos lo que me sedujo fue el placer sin culpa frente al absurdo, como una pulsión del sol sobre la piel, que liberaba su tersa escritura. Lo imaginaba adolescente subido a los topes del tranvía bajando hacia las playas de Argel a pegarse un baño. O sentado en una terraza siguiendo con la mirada a las muchachas de faldas floreadas que pasaban por el bulevar. En el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura subrayó el compromiso moral del escritor: no estar nunca de parte de quienes hacen la historia sino de cuantos la sufren.

Joseph Conrad me enseñó que a la hora de embarcarse hay dos clases de marineros: los que lo hacen apesadumbrados porque dejan atrás mujer, hijos, amigos y placeres sedentarios y los que suben a bordo felices por haber logrado sacudirse de encima deudas, pendencias y falsas promesas de amor poniendo todo un océano por medio durante un largo tiempo. Conrad pertenecía a esta segunda clase de marineros. También como escritor era de los que sabía de lo que hablaba porque lo había vivido, gozado, sufrido, reído, llorado, todo de primera mano. Conrad no tiene una sola página ridícula.

En cambio, la lectura de Viaje al fin de la noche, de Celine, me llenó de dudas de las que aún no he logrado salir. La sensación de ruptura que daba la forma rota y desenfadada de escribir, su estética de la maldad puesta al servicio de un arrebatado nihilismo hizo estragos en las librerías. ¿Puede la dureza de corazón ser un excipiente de la belleza? ¿Puede el arte ser una eximente de la maldad de su creador? Lo ignoro todavía. Es bien sabido que el éxito unido al resentimiento suele generar una carga muy explosiva.

 

Virginia Woolf realizaba el mismo juego estético que ejercían sus amigos del Grupo de Bloomsbury, en ella mucho más arriesgado porque era su forma de romper el dogal que la ahogaba, una actitud radical que la convertiría en una bandera del feminismo, pese a que vivía rodeada de enfermeras y doncellas, de maletas y baúles de loneta para viajes y regresos, de fiestas e invitados. En aquel tiempo de moral victoriana vestir pantalones de hombre, ser sufragista, fumar en público cigarrillos egipcios, dar charlas en un círculo obrero siendo una señorita de alta sociedad y enamorarse de su amiga la poeta Vita Sackville-West, esposa de un lord, y vivir con ella una relación lésbica, fue para Virginia Woolf un juego, pero esta escritora comenzó a labrar una literatura en la que el tiempo se convertía en un fluido de la conciencia. Fue la primera en oír voces superpuestas, las mismas que vulneraban su mente. Y por eso ha pasado a la historia.

Leyendo a Scott Fitzgerald imaginaba que París era entonces un barrio con el que soñaban los seres privilegiados de Nueva York y la Costa Azul una proyección solar de París. La literatura de este escritor estaba llena de toldos blancos y azules, de sombreros flexibles y bañadores femeninos con rayas de avispa, pantalones de pliegues y chaquetas de color manteca. En ese espacio galopaban o navegaban a bordo de sí mismos Scott Fitzgerald y su mujer Zelda, sin que para ellos las noches terminaran nunca; él siempre felizmente ebrio, ella frívola, inestable, bellísima e imaginativa. Al principio de la galopada era una de esas parejas rutilantes que al entrar en una fiesta hace que los músicos, llenos de admiración, paren la orquesta. Scott Fitzgerald consiguió describir con intensidad, gracia y maestría la pompa de jabón que se estableció en el aire de París y de Nueva York en el periodo de entreguerras dentro de la cual sonaba música de jazz, bailaban criaturas vanas, había grandes fiestas como la cima de todos los sueños y más allá un Martini, dos, tres y luego nada, la destrucción.

Este absurdo vital nada tenía que ver con el nihilismo poético, lleno de humor, de Samuel Beckett de quien supe que solo tenemos dos certezas: la de haber nacido y la de que tenemos que morir y que la vida no es más que un breve caos entre dos silencios eternos, una danza alucinante que nos vemos obligados a bailar, del mismo modo que el sol sale todos los días porque no tiene otra alternativa.

Y al final, para los días de lluvia en otoño de mi vida estaba Pessoa, en cualquiera de sus heterónimos, siempre Pessoa y sobre todo aquel viaje a Cascáis en tranvía o a Sintra en un Chevrolet imaginario donde recibió en el camino el beso volado de una niña que creía que era un príncipe el que pasaba. Estos son algunas lecciones aprendidas en aquella hamaca ya vieja que hoy está arrumbada en algún trastero.

MANUEL VICENT

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Ovnis: ya están aquí (de nuevo)

Un informe del Pentágono ha puesto otra vez de moda los extraterrestres en EE UU. Los astrofísicos recuerdan que no hay una sola prueba de su existencia y que, en todo caso, las posibilidades de que nos crucemos con ellos son remotísimas

Un grupo de visitantes en el museo dedicado a los ovnis en Roswell, Nuevo México, el 2 de julio.
Un grupo de visitantes en el museo dedicado a los ovnis en Roswell, Nuevo México, el 2 de julio.PATRICK T. FALLON / AFP

 

El pasado 25 de junio, la Dirección Nacional de Inteligencia de EE UU hizo público un informe atípico ansiosamente esperado: el estudio preliminar sobre Fenómenos Aéreos no Identificados (UAP por sus siglas en inglés), denominación que ahora se prefiere a la, por lo visto, ya anticuada de ovni. El estudio, en teoría, iba a revelar la explicación de 143 casos de objetos volantes extraños, presenciados exclusivamente por pilotos de la Marina o detectados por los radares de los cazas estadounidenses. Uno de ellos fue el descrito por el comandante David Fravor que, una tarde de noviembre de 2004 volaba por el océano Pacífico a más de 100 kilómetros de la costa Oeste de EE UU. Fravor divisó, según contó él mismo a The New York Timeslo que parecía una nave rara de 12 metros de largo, de forma ovoide y de color blanquecino que flotaba sobre el mar a una altura de unos 15 metros. El piloto comenzó a aproximarse a ella. Y el objeto pareció apercibirse y maniobró para elevarse, como si quisiera encontrarse con el caza estadounidense. Pero, a mitad de camino, “aceleró como nada que yo haya visto antes y se esfumó de una manera muy rara”, según explicó el piloto.

El estudio, de nueve páginas, incluye 18 casos especiales como el que describe Fravor, en el que los objetos voladores analizados ejecutan maniobras sin propulsión aparente o son capaces de acelerar con una destreza técnica desconocida para los ingenieros estadounidenses. De cualquier forma, el Pentágono solo apunta la causa concreta de uno solo de los 144 expedientes: un globo aerostático. Para el resto, según apunta, faltan datos, testimonios fiables y conclusiones.

En ningún momento, eso sí, menciona a los extraterrestres. Tampoco, deliberadamente, los descarta de forma expresa.

El informe es el resultado de un programa iniciado en 2007, llevado en secreto hasta que se filtró a la prensa en 2017, y que ha contado con 22 millones de dólares de presupuesto. El Gobierno de EE UU no investigaba oficialmente fenómenos aéreos extraños o avistamientos de posibles platillos volantes desde que en 1969 clausurara el famoso Proyecto Libro Azul, inaugurado en 1947 y que analizó más de 12.000 casos de probable presencia en la Tierra de objetos voladores para concluir, al final, que seguirle la pista a los ovnis no merecía más la pena. La revelación de la existencia de este moderno programa en 2017 y la reciente publicación del informe citado ha hecho que una fiebre por las excursiones de los extraterrestres se haya desatado en EE UU. Periódicos y programas de televisión serios se han hecho eco. La prestigiosa revista The New Yorker, por ejemplo, publicó el pasado 10 de mayo un largo artículo de 13.000 palabras titulado The UFO papers (Los papeles de los ovnis). Además, la pandemia ha acrecentado los casos de avistamientos de ciudadanos a pie de calle, según The National UFO Center, una página digital estadounidense encargada de recabar estos testimonios. La causa es simple: debido a que la gente está más en casa, tiene más tiempo de mirar tranquilamente al cielo. Además, hay declaraciones oficiales que han ayudado a alimentar el aparente misterio: John Brenan, exdirector de la CIA, al ser preguntado el año pasado sobre estos casos, contestó que responden a “algún tipo de fenómeno que es el resultado de algo que todavía no entendemos y que podría albergar algún tipo de actividad que alguien podría decir que constituye una diferente forma de vida”.

Captura de uno de los vídeos hechos públicos por el Pentágono el 27 de abril de 2020 en el que se pueden ver “fenómenos aéreos no identificados”.
Captura de uno de los vídeos hechos públicos por el Pentágono el 27 de abril de 2020 en el que se pueden ver “fenómenos aéreos no identificados”.MARINA DE EE UU

 

Para el astrofísico Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, todo esto obedece, en el fondo “a un tipo de folklore de lo maravilloso típicamente americano o, para ser más exactos, anglosajón”. Armentia recuerda que los avistamientos de ovnis en EE UU comenzaron en la década de los cuarenta. “Exactamente cuando se lanzó el Sputnik, cuando comenzó la carrera espacial. Se cambiaron los duendes, los espíritus y las hadas del siglo XIX por modernos extraterrestres interplanetarios, sabios y poderosos que vienen hasta aquí con un propósito benefactor. Hay quien quiere solo los misterios y no explicaciones. Estoy convencido de que todos esos avistamientos relatados en el informe del Pentágono responden a causas normales, aunque no fáciles de encontrar: un fallo en la lectura del sensor de infrarrojos, espejismos, equivocaciones técnicas… Eso lo respondería antes un experto en tecnología que un astrofísico. Lo que sí te puedo decir es que los que buscan extraterrestres no encuentran lo que hay, sino lo que van buscando, lo que quieren encontrar. Ese informe, a nosotros, los astrofísicos, nos deja indiferentes”.

“Tras 70 años de fenomenología, no se ha hallado ninguna evidencia de que los ovnis sean extraterrestres. Son simplemente un mito contemporáneo”

Vicente-Juan Ballester Olmos, de 72 años, lleva más 50 años investigando ovnis. Su interés se remonta a la adolescencia, a raíz de sus primeras lecturas sobre astronomía. Siempre ha combinado su trabajo en el departamento financiero de Ford España con su afición obsesiva de detective cazador de platillos volantes. Ha escrito 11 libros, cientos de artículos y ha investigado numerosos casos de ovnis en todo el mundo. Con los años, se ha ido deslizando desde el “tal vez haya extraterrestres” de la primera juventud a un escepticismo inamovible y maduro, fruto de sus concienzudas investigaciones. Fue la persona elegida por el Ejército del Aire en los años noventa para que les ayudara a analizar y a evaluar los 122 casos de posibles objetos voladores extraños ocurridos en España, desde 1962 a 1995, a fin de desclasificarlos. Él descubrió, por ejemplo, que los casos de posibles platillos volantes testimoniados por decenas de personas en Canarias entre 1976 y 1979 eran, en realidad, lanzamientos de misiles de prueba estadounidenses desde un submarino situado a 5.000 kilómetros de las islas. Cotejó las horas en las que los observadores habían visto las luces raras en el cielo y las comparó con documentos desclasificados del ejército estadounidense donde se consignaban estas maniobras militares y los lanzamientos. Y comprobó que las horas coincidían.

De los 122 casos españoles, Ballester Olmos ha resuelto 114 aportando una causa plausible. Los ocho restantes, según el investigador, son demasiado antiguos como para recabar ya la información necesaria y fiable. Este ufólogo considera que el informe estadounidense es muy pobre. “Tiene importancia histórica, pero me temo que deben evaluar mejor las apreciaciones de sus pilotos y, sobre todo, la fiabilidad de sus sensores de ultimísima generación instalados a bordo de sus aeronaves. Lo que dice un piloto no tiene que ir a misa. También los pilotos se equivocan, como cualquiera”, añade Este especialista recuerda: “Tras 70 años de fenomenología, no se ha hallado ninguna evidencia de que los ovnis sean extraterrestres. Son simplemente un mito contemporáneo”.

Pero entonces, ¿No hay nadie ahí fuera? Para consignar el número de planetas que se calcula que existen en el universo es necesario poner un 1 seguido de 22 ceros. Esto: 10000000000000000000000. ¿Todos están vacíos excepto el nuestro? Ya lo expresó Carl Sagan: “Que solo la Tierra esté habitada es un increíble desperdicio de espacio”. Carlos Briones, investigador en el Centro de Astrobiología, dependiente del CSIC y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, es autor del reciente libro ¿Estamos solos? En busca de otras vidas en el cosmos. Briones asegura que es muy probable que encontremos vida, incluso pronto e incluso en el Sistema Solar: “En Marte y, por ejemplo, en dos satélites de Júpiter en los que parece haber agua debajo de grandes capas de hielo”. El agua es un ingrediente esencial para cocinar la sopa biológica que transforme la química en vida. Otra cosa es que sea vida inteligente capaz de viajar y de comunicarse con otros planetas. Para que eso ocurriera en la Tierra se tuvieron que encadenar millones de millones de casualidades a lo largo de miles de millones de años, recuerda Briones. Entre otras cosas, que un asteroide se estampara contra nuestro planeta y extinguiera a los dinosaurios, dando así una oportunidad a los mamíferos.

Y si todo eso pasara también en alguno de esos remotos planetas, el viaje hasta aquí sería inconcebiblemente largo. Solo el diámetro de la Vía Láctea mide más de 100.000 años luz. Será muy difícil que nos encuentren en el espacio. Y también en el tiempo, como matiza el astrofísico René Duffard. El Big-Bang ocurrió hace 13.800 millones de años. Si ese primer momento primigenio fuera el primero de enero de un año hipotético, en el último segundo del último día de diciembre Colón llegaría a América. Los visitantes interestelares solo dispondrían de menos de un segundo para localizarnos, saber que existimos y hacernos saber que existen. Si hubieran llegado, pongamos, a finales de septiembre, solo habrían encontrado un planeta joven, hostil y vacío bombardeado incesantemente por meteoritos y estrellas. Si hubieran llegado en agosto no habrían encontrado ni la Tierra.

En un diálogo del escritor James Miller recogido en el libro de Briones, una mujer le pregunta al oráculo si estamos solos en el universo. El oráculo le responde que sí. Ella le replica:

– Entonces, ¿No hay vida ahí fuera?

– La hay. Ellos también están solos.

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Lecturas para evocar al Rey Lagarto

Una vez que los seis discos de los Doors se convirtieron en una infinidad de recopilaciones, que todo súbdito del Rey Lagarto conoce de memoria, me tomaré la libertad de proponer, en ocasión de conmemorar los 50 años del momento en que Jim Morrison atravesó el plano de las puertas de la percepción, algunas lecturas que recogen parte de la obra escrita, algunos apuntes para rolas y una biografía con profusa documentación.

Soledad: los escritos perdidos (Laser Press, 1988) abre con un prólogo firmado por el propio Jim Morrison en el que plantea que la autoentrevista es la nueva forma del arte, la esencia de la creatividad, para seguir con un volumen bilingüe que alterna los textos con fotos y escritos a mano, material recopilado por sus amigos y fechado entre 1966 y 1971.

La noche americana (Laser Press, 1990), también con traducción de Susana Liberti, es el segundo volumen que recoge diarios, manuscritos y textos a máquina de escribir que Jim dejó a su esposa, Pamela Courson, con quien se fue a vivir a París con la idea de convertirse en poeta de tiempo completo. Rayones y tachaduras aparecen en algunas letras que después pasaron a ser las rolas con las que oficiaba sus ceremonias en compañía de los Doors.

Los amos: apuntes sobre las visiones (Dosfilos Editores, 1990), traducido y presentado por José Vicente Anaya, ya lleva ventaja desde la portada con un retrato de Jim Morrison, en modo Rey Lagarto, en la tinta del ya desaparecido Ahumada. El curador hace un recuento de la California jipiosa de los 60, el despertar literario de Jimbo con On the Road, de Jack Kerouac, hasta la publicación del libro en cuestión. Bilingüe también, el libro resulta un acercamiento indispensable al personaje y sus obsesiones: el cine, el desierto, la carretera, los reptiles.
Espiral Fundamentos publicó Las nuevas criaturas: los señores (poemas, 1988) y Lasser Press Nadie sale vivo de aquí, la ambiciosa biografía de Morrison por Jerry Hopkins y Danny Sugerman, lanzada por vez primera en 1980.
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Toni Cantó, limpia, grima y da alcanfor

Toni Cantó, limpia, grima y da alcanfor
Fotografía de archivo del 20/04/2021 del actor y exdiputado de Ciudadanos en el Congreso Toni Cantó durante su visita al club de fútbol “Club Deportivo de Galapagar”.- EFE

Ya hemos dicho que Toni Cantó lleva toda la vida haciendo de Toni Cantó, un papel realmente exigente y nada fácil, puesto que su proximidad al personaje apenas le permite mantener la imprescindible distancia artística. Por lo común, el público piensa que lo más fácil para interpretar a un borracho es emborracharse, un verdadero disparate ya que ser actor consiste básicamente en recitar el guión y no tropezar con los muebles, mientras que los borrachos son propensos a tropezar con los pies y con los dientes. Humprey Bogart, por ejemplo, uno de los grandes alcohólicos de Hollywood, solía aparcar la bebida hasta la caída del sol, una vez concluido el rodaje; después recaía en el vicio al extremo de que un camarero llegó a decir de él que era un tío estupendo hasta las once y media de la noche: “Después se cree Bogart”. En cambio, Toni Cantó se cree que es Toni Cantó las 24 horas del día y además tiene que demostrarlo estando sobrio, sin excusas.

Si Toni Cantó anduviese mamado por la vida, sus jeremíadas y sus patas de banco tendrían alguna justificación y un recibo en el hígado de paso, pero el papel de Toni Cantó no admite atajos ni coartadas y por eso él va soltando chorradas y contradicciones a voleo, sin cortarse un pelo. Llevaba dos años y pico condenando los diversos chiringuitos del PSOE y de Podemos en la Comunidad Valenciana y ayer mismo se congratulaba de haber sido nombrado a dedo depositario de un chiringuito lingüístico gracias a la generosidad de la presidenta Díaz Ayuso. Toni Cantó es un político del método, de los que se sumergen a fondo en el personaje, y lo mismo que Robert De Niro se ponía a currar de taxista o engordaba cuarenta kilos con el fin de parecerse a Jake LaMotta, Toni Cantó ha decidido ponerse al frente de un chiringuito para saber a fondo de lo que va el rollo este de los chiringuitos y que no digan que hablaba de oídas.

El chiringuito, por lo demás, consiste en una Oficina del Español situada en Madrid, y no puede uno imaginarse qué otra necesidad más acuciante podría requerir la capital de España aparte de ambulatorios, hospitales, colegios, universidades, laboratorios, salas de conciertos, teatros y una presidenta que no parezca un muñeco de ventrílocuo. En efecto, había que promocionar Madrid como “capital europea del español”, un puesto que peligraba, al parecer, por la dura competencia ejercida desde Cracovia, Belfast y Diosleguarde. En Madrid el castellano se halla al borde de la extinción por culpa del auge del rumano, del catalán, del euskera y de varios dialectos subsaharianos. Es lo que le pasa a la gente cuando vota libertad, que primero pide una caña y luego habla lo que le da la gana. Si hay una ciudad donde defender la pureza del idioma español es Madrid, como ha demostrado Toni Cantó con un tuit de agradecimiento en el que ni siquiera ha puesto bien las comas.

Toni Cantó ya abogaba por el español desde los tiempos lejanos en los que, como galán de moda de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana, dijo aquello de que Miguel Hernández hoy no habría podido estudiar ni publicar en castellano por la presión nacionalista del catalán, sin reparar en que Hernández escribió sus últimos versos españoles en una cárcel franquista de Alicante. Había que premiar al muchacho el papelón que hizo durante la campaña electoral de Ayuso, comiéndose sus numerosas filípicas sobre la corrupción endémica del PP y metiéndose sus ideas donde le cabían. Borracho lo habría hecho mucho mejor, pero su honestidad interpretativa se lo impedía, lo mismo que Richard Burton cuando en una toma tenía que beberse un whisky de un lingotazo y exigió que no le pusieran otra cosa en el vaso para no desmerecer el realismo de la escena: al final, tras un montón de filmaciones fallidas, se tomó 47. Entre unas cosas y otras, la carrera de Toni Cantó parece hecha exclusivamente de tomas falsas, pero no se crean: son verdaderas.

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La testuz

Se puede ser un gran patriota español o un ferviente independentista catalán y tener a la vez una insuficiencia renal

Manifestación contra los indultos del Gobierno a los líderes independentistas catalanes en la Plaza de Colón en Madrid, el pasado 18 de junio.
Manifestación contra los indultos del Gobierno a los líderes independentistas catalanes en la Plaza de Colón en Madrid, el pasado 18 de junio.ANDREA COMAS

 

Se puede ser un gran patriota español o un ferviente independentista catalán y tener a la vez una insuficiencia renal. Si al menos uno creyera en Dios, podría pedirle que le solucionara el problema del riñón, puesto que ninguna patria llegará nunca en tu ayuda ante cualquier desgracia personal. El arrebatado patriotismo español o el sueño inmarcesible de la independencia de Cataluña hay que diluirlos con el afán de cada día, con que te haya abandonado tu pareja, con la explotación a la que te somete el patrón, con la operación de vesícula, con el pago del apartamento de la playa, con los baños en el mar, con la hija adolescente que llega a las ocho de la mañana a casa como una muñeca rota, con la espera del resultado de la biopsia que no te deja dormir, con que cada vez que te miras en el espejo del baño te descubres más arrugas, más canas, más ojeras.

Tal vez esa cólera larvada o íntima frustración que sientes contra ti mismo es la que te impulsa a ir envuelto en la bandera nacional a la plaza de Colón a soltar todo el flato heroico en favor de la unidad de España o a la plaza de Sant Jaume con la pancarta a vitorear a los presos indultados, pero terminado el acto, roído el cerebro por estos ideales sagrados, vuelve la vida de cada día con las facturas, las pastillas y los análisis de orina. Puede que exista una patria alimenticia o un fervor independentista, ambos directamente unidos a la cuenta de resultados; de hecho, de esa brutal confrontación entre el nacionalismo español y el catalán, que se embisten con la testuz como dos carneros, medran los políticos más feroces y algunos comentaristas e ideólogos que se han vuelto sectarios sin dejar de creerse iluminados, quienes, después de anunciar el terrible augurio de que España se rompe, son sorprendidos por el desolado ciudadano pidiendo al camarero alegremente otra de gambas.

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A medio camino

Dicho lo anterior, a mi juicio las intenciones planteadas por López Obrador eran correctas. El gobierno de Enrique Peña Nieto terminó en el descrédito ante la indignación provocada por la corrupción, la frivolidad, el despilfarro, la expoliación del Estado en favor de una élite enriquecida, el desinterés por las mayorías, la injusticia social, la pobreza y la inseguridad. El triunfo del candidato de izquierda fue resultado de un descontento creciente que, por fortuna, encontró una salida democrática en las urnas.

¿Cuál es el balance entre las intenciones y los logros efectivos a mitad de ruta? De entrada, habría que decir que cualquier evaluación de fondo tendría que hacer a un lado, por un momento, las narrativas beligerantes y radicales que inundan el espacio público, porque están cargadas de descalificaciones, propaganda y exageraciones que, obviamente, estorban al propósito de extraer un balance medianamente razonable. En este espacio he insistido en que más allá de la rijosidad verbal del Presidente, autor parcial de este clima de polarización, en realidad su gestión ha sido sorprendentemente responsable para alguien que intenta un cambio de régimen. Su política de finanzas públicas ha sido conservadora, contraria incluso al comportamiento que se atribuiría a un gobierno populista: equilibrio en las cuentas públicas, aversión al endeudamiento gubernamental, achicamiento de la burocracia, control de la inflación. De igual manera, ha sostenido una relación responsable y cautelosa ante EU, también inusual para un líder que hace del nacionalismo y el orgullo patrio una bandera política. Contra los que lo acusan de ser un proto-Chávez o un Fidel Castro, habría que decir que López Obrador no ha recurrido a expropiaciones y tampoco ha optado por la vía tan socorrida por los gobiernos socialdemócratas de aumentar sustancialmente los impuestos a los más ricos. Y para quien suele ser acusado de mandar al diablo las instituciones, a las que ataca en sus sesiones diarias ante la prensa, en la práctica una y otra vez se ha sometido a sus decisiones.

En esencia, López Obrador es un hombre de discurso radical y de actos de gobierno responsables. Alguien que, más allá de su discurso encendido, busca cambios en el sistema a partir de las reglas y los límites del propio sistema. Y lejos de un paradigma socialista, ya no digamos comunista, su ideario parecería estar más cerca del priismo presidencialista de los años 50 y 60, un pretendido periodo de oro marcado por el desarrollo estabilizador, cuando el Estado mexicano supuestamente poseía conciencia social y promovía el bienestar de los pobres.

¿Qué ha hecho el gobierno en esa dirección? Lo más importante es el esfuerzo redistributivo a los grupos más desprotegidos a través de transferencias directas que no pasan por intermediarios. Poco más de 15 mil millones de dólares anuales. Insuficiente como detonante para la formación de un mercado interno, como era la intención del Presidente, pero un enorme alivio para una población que si bien no había sido desahuciada por los gobiernos anteriores, era percibida esencialmente como clientela política de las redes de intermediación.

En el haber de la 4T habría que mencionar el fortalecimiento de las finanzas públicas a través del combate a la evasión fiscal; el mejoramiento del poder adquisitivo de los salarios mínimos; las modificaciones a las leyes para favorecer la democracia sindical; la intención de reactivar el olvidado sureste del país a través de ambiciosos proyectos de inversión, por más que algunos de ellos sean objeto de polémica. No son los únicos aciertos, desde luego, pero sí los más destacables en un texto de estas dimensiones.

Luego habría que mencionar iniciativas impulsadas en la dirección correcta, pero con efectos secundarios dañinos por el apresuramiento o por errores en la instrumentación. Es el caso del combate al huachicol (extracción ilegal de combustibles) o la intención de poner fin a los contratos leoninos y fortalecer el papel del Estado en el sector energético, o peor aún, el proyecto de sanear el enlodado universo de la compra de medicinas destinadas al sector público. Todas estas acciones han provocado en su momento dificultades de abastecimiento, inversiones de rentabilidad discutible y, en ocasiones, efectos contraproducentes. La aversión del Ejecutivo a reconocer errores o problemas (para no dar “municiones” a sus adversarios) habrían impedido limitar estos perjuicios que, ciertamente, van más allá de “daños colaterales”.  

No obstante, me parece que el gobierno ha intentado, con todas sus limitaciones, imprimir un impulso pendular en dirección opuesta a los excesos y abusos con los que venían operando administraciones anteriores. Podrá parecer anecdótico que el Presidente viaje en avión comercial y clase turista, pero esa y muchas otras acciones en contra del uso indiscriminado del patrimonio público dejan establecido un precedente para el enriquecimiento fácil y el gasto suntuario en futuros gobiernos. Podrá ser un exceso una comparecencia de dos horas diarias, pero al menos se lo pondrá difícil al siguiente presidente que quiera atrincherarse como lo hizo Enrique Peña Nieto. 

En suma, no me parece que exista un cambio de régimen en marcha como quisieran creerlo el Presidente y sus propios adversarios. No hay en México un antes y un después. La clase política cambia de sillas, pero los protagonistas siguen siendo los mismos, de igual manera que la élite económica consta de los mismos apellidos, quizá incluso con un poco más de riqueza luego de la crisis por la pandemia. Lo que sí ha sucedido es que algunos sectores desprotegidos reciben una atención que antes no tenían y hay un serio intento, quizá mal instrumentado, por modificar los abusos de la burocracia y algunos empresarios rapaces sobre los bienes públicos.

Quizá la mayor virtud de esta administración resida menos en los hechos y obras conseguidas y más en los símbolos, algo que resulta fundamental en la política. AMLO sigue representando una esperanza para mayorías que tienen muchas razones para sentirse agraviadas. Para un país con la desigualdad que padecemos y la crisis en la que nos encontramos, López Obrador, belicosidad verbal incluida, paradójicamente es un factor de estabilidad política. Al final de este camino tal vez ese podría ser el principal aporte que deje su gestión. Ciertamente, no habrá cambiado la vida de los pobres, pero habrá mostrado que ellos pueden colocar, sin violencia, a un hombre que miró por ellos en Palacio Nacional. Y eso no es poca cosa.

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LA LECHE DE ANTES

LA LECHE DE ANTES

por Luis Mario de León

Es curioso que, al escuchar a personas de generaciones anteriores, sea común quedarse con la sensación de que en épocas pasadas todo era mejor.

 “La leche de ahora no es como la de antes”, me dijo un día un amigo contemporáneo de mi padre. “¡No! Si vieras. Antes la leche estaba espesa, sabrosa, sustanciosa. Te la llevaban a tu casa en un envase de vidrio, bien fresca. Es más, cabrón, todavía traía la nata hasta arriba… era lo más sabroso”. Yo, joven e imberbe, ni siquiera tan cabrón como él afirmaba, no podía más que creerle. ¿Quién era yo para dudar de lo que me decía el hombre de experiencia?

A todo esto, nunca he sido fanático de la leche; en mi opinión es un modesto acompañante del pan o del cereal, tal vez de las galletas, pero no es difícil sucumbir ante aquellas exageradas afirmaciones. “Bien fresca” suena a fría, sudando el envase, “recién ordeñada” por alguna razón la hace mejor y, por si fuera poco, era entregada a la puerta de tu casa, de la ubre a tu mesa. Que lujo.

Pasaron los años y llegué a escuchar decenas de afirmaciones melancólicas similares: “Ya no hacen las cosas como antes”. “Las cosas ya no saben igual”. “Antes todo era mejor”. Se referían a coches, a platillos, a programas de televisión y hasta a personas. Todo tenía, según ellos, mayor sustancia. Mejor sustancia.

Resultaba inevitable que con el pasar el tiempo, ya armado con el cinismo tan característico de la adolescencia, comenzara a cuestionarme. ¿En verdad todo era mejor antes? ¿Habría manera de comprobarlo?

Para empezar, creo que es necesario remitirnos a aquella nostalgia por épocas pasadas tan representativa de los románticos. Woody Allen, en su película Midnight in París (2011), intentó articular la nostalgia de otras épocas en las que, inexorablemente, no nos tocó vivir. En el filme, los escritores, pintores y artistas de principios del siglo pasado se reúnen en un bar Parísino y son clichés caricaturescos de su persona: Hemingway, Cole Porter, Zelda Fitzgerald, Picasso, todos están ahí.

Woody Allen (encarnado por Owen Wilson en uno de sus tan conocidos alter egos) se fantasea estando ahí, interactuando con ellos en un encuentro imposible. If only

Es precisamente ahí donde radica el núcleo del sentimiento nostálgico: en lo que no nos tocó vivir. La fantasía irreal, fundamentada por libros viejos, canciones y películas sobre lo no vivido. Resulta irónico entonces que varios escritores y cinéfilos más recientes, entre los que me incluyo, seamos nostálgicos sobre la época que a Woody sí le tocó vivir. Sus noches en Manhattan, la joven y extravagante Diane Keaton, aquellos departamentos maravillosos donde grababa sus películas. De ello ya solo queda el anhelo que nos evocan sus películas.

Encontramos otra particularidad. De lejos las cosas se ven mejores porque se ven parcialmente. Como un suéter fabuloso en el escaparate de un centro comercial, que una vez en nuestro closet, perdida su novedad, se convierte en un suéter de mierda. De lo fabuloso a lo mierda sólo existe la propiedad y la costumbre.

Lo desconocido se suele idealizar arbitrariamente.

Muchas veces me he preguntado cómo sería acostarse con una supermodelo sueca. Una parte de mí sabe que la fantasía nunca se asemeja a la realidad, porque la fantasía es más potente que la materia. He conocido y salido con chicas guapísimas —no me pregunten cómo— que después de escucharlas hablar por cinco minutos me daban ganas de dispararme en un pie. Es mi fantasía rompiéndose, que ha creado una imagen insostenible de una persona, encapsulándola en un simple concepto. Ahora, no estoy diciendo que haya relación entre la belleza e inteligencia; más bien que tanto la belleza como el enfoque de la inteligencia y los temas de interés son relativos. Es tan sólo un ejemplo de la peligrosa idealización a la que sometemos a las personas y a las cosas. Aquella engañosa y nunca fundamentada en la realidad mirada idealizadora.

Podemos, por ejemplo, idealizar París. Yo nunca he ido, y sólo la conozco por películas y fotografías. ¿Qué imagino de París? Imagino una atractiva pareja parisina, ambos con blusas a rayas —por supuesto—, que caminan por Champs-Élysées tras hacer el amor. Ambos fuman un cigarrillo y por alguna razón Edith Piaf suena de fondo. La chica huele a una mañana lluviosa y el hombre a pan recién horneado. Todo es en blanco y negro, como en un comercial de perfume.

El experimento consistiría en que en este preciso momento yo viajara a París y me enfrentara con una realidad totalmente diferente, y que en el encuentro resultara decepcionado al punto de la catástrofe.

Me temo, estimado lector, que me es imposible viajar a París en este momento. Tengo cosas que hacer y escribir, compromisos y deudas. Pero que esto no nos detenga. Para nuestra fortuna, nuestros amigos japoneses —tan disponibles y financiados como siempre— viajan a París casi en invasión diariamente, donde les sucede algo sumamente extraño, pero ahora ya clasificado: el peculiar Síndrome de París.

El síndrome de París es un trastorno psicológico transitorio encontrado en algunos individuos, usualmente japoneses, que visitan París por primera vez. Está caracterizado por un número de síntomas psíquicos tales como una aguda desilusión, alucinaciones, sentimientos de persecución (la percepción de ser víctima de algún perjuicio, agresión u hostilidad de los demás), despersonalización, ansiedad, y manifestaciones psicosomáticas tales como mareos, taquicardia, aumento de la sudoración y otras más.

En palabras vulgares, cuando un japonés llega a París y se da cuenta que la ciudad es mucho más que una fotografía de la torre Eiffel y el museo de Louvre, se ve enfrentado con la realidad de que la ciudad es habitada por personas normales con empleos normales, que el metro huele a axila, que abundan tanto las ratas como los carteristas y que los parisinos, hastiados de los millones de turistas que reciben diariamente, son un tanto hostiles. Nuestro hipotético amigo japonés se siente traicionado, decepcionado más allá de lo posible.

París no es en blanco y negro, Edith Piaf no suena por ningún lado. Hay más McDonald’s que bistrós. El metro está más rayado que la novia de un tatuador, las chicas Parísinas no son tan amables como en los videos de internet y la Mona Lisa es del tamaño de una hoja carta. ¿Qué mierda es esto?, se pregunta en japonés nuestro hipotético amigo. París ha pasado de ser la legendaria Ciudad de las Luces® a ser una mierda, y de lo único que es culpable es de ser como es.

Si la experiencia previamente expuesta nos ha enseñado algo, es que lo mismo aplicaría con el tiempo, con las épocas pasadas. No es difícil imaginar a Woody Allen llegando al París de los 20s, con su blazer café y sus gafas, sólo para decir con su característico acento de Brooklyn: “I mean, what─what is this shit?”

Las cosas de antes, incluida la leche, no eran mejores que las de ahora. El mundo siempre ha sido igual de maravilloso y pútrido.

Luis Mario de León. Psicólogo. Escritor. Cinéfilo. Amigo de sus amigos. Dicharachero. Romántico en remisión. Buena persona entre semana. En busca de algo que perdió y que nunca va a recuperar.

Arte: Antoine Blanchard

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TIMY CARRILLO: POEMAS

  TIMY CARRILLO: POEMAS





“¡El Dharma es como un aguacate!
Algunas partes tan maduras que no puedes creerlo.
Pero está bien.
Y otras partes duras y verdes
Sin mucho sabor,
…”

AVOCADO, Gary Snyder

I.

Existo entre el polvo y la grasa

en una tienda de suministros industriales

revisando las facturas

mutando del arte a la industria 

por dinero

Escribo porque soy infeliz

acerca de que soy infeliz

A veces pongo incienso

al buda de cobre y granito 

que tengo en mi escritorio

le digo a los demás

que es para ahuyentar a los mosquitos

Veo por la ventana más allá del escritorio

un eucalipto 

            al otro lado de la calle

en el camellón

       imagino que es el Árbol del Bodhi

  que me siento debajo

por cuarenta y nueve días

 pero no lo hago

De qué me sirven tantos versos

de qué me sirven los estudios literarios

Toco la trompeta

sin sordina

  y no hace ruido

No escucho la voz de ningún dios

Qué puede haber de budeidad

en un asalariado

que lleva más de tres meses

sin meditar

II.

Las últimas semanas he pensado

que en los tiempos (pos [híper])modernos

quedan sólo dos formas

de alcanzar la budeidad

:

Una es la indigencia

y la otra es el suicidio

No lo sé

Por ahora
me quedan el Dharma y mis amigos

Giant Steps 

Vender todos los cómics

   – solo iba a vender unos cuantos –

y comer el huevo

directo del sartén

Improvisar como en el jazz

 improvisar

cómo en el jazz improvisar

cómo en la vida

improvisar la vida

Dar pasos

segunda hacía la dominante

y luego la tónica

Tercera mayor

  quinta aumentada

y primera

Improvisar sobre la base

  II-V-I

y lo que sigue

Pistear en donde caiga o

no pistear

Improvisar

y

no llegar a casa

:

sofá rojo el martes

jueves marrón

y viernes dormir en el piso

Improvisar

sacar y

desarmar las cajas

Ir por la vida en fast swing style

Pagar con marihuana el flete

improvisar

Naima

Naima sólo fuma cuando está conmigo

Naima

¿Salimos de viaje?

Entonces se desliza Naima

en un solo de Sax

  entre las sábanas

Naima

 no olvidé

los detalles de tu cuerpo

  no podría

Naima estabas lejos

  y ya no

Entro por la orilla

  de la cama

    calientita

  Naima

   a acurrucarme

  acurrucarnos

En la mañana corté

una flor morada

  para ti

Ahora es humo

Naima balada

Naima sabes quién eres

Naima persona gramatical

Nunca me habías dicho amor

Naima se desliza

suave como el jazz

Naima ven por mí

al trabajo

salgamos de viaje

sin salir de la cama

te deslizas

Naima se desliza

Daniel Johnston se pasea por el Jardín Guerrero

Fue más o menos por los días que me echaron de casa cuando Daniel Johnston se fue al cielo. No creo en el cielo, pero estoy seguro de que allí es a donde fue.

Se había ido un alma que era quizá la más bella: siempre fue un niño, siempre creyó en Dios, murió en casa de sus padres. Yo quise ser como él y no pude.

Me puse a tocar triste la guitarra y fumar cigarrillos en el Jardín Guerrero ese día –todos deberíamos fumar y tocar en el Guerrero cuando estamos tristes. Yo sentado, se me acerco un hombre, extranjero, más o menos obeso. Vestía una camiseta con el escudo estampado del Capitán América, y me preguntó: «Can I pinch a smoke from you?».

Le acerqué la cajetilla, lo tomó. Luego pidió prestada mi guitarra. Se la di. Se puso a tocar y cantar una canción que yo nunca había escuchado. Tres acordes abiertos, repetidos una y otra vez. Sencilla, casi mala. Decía algo de amar, y que todo estaría bien. Me gustó.

Terminó su tabaco y se marchó, y yo me quedé allí con una melancolía profunda, pensando. Entendí que no podría ser de nuevo un niño, y que Daniel Johnston no iba a regresar.

Nos fuimos a buscar a Pitol 

El profe italiano nos dijo

que los restos de Sergio Pitol

están aquí mismo en la ciudad

Así que después de clase

nos fuimos a buscarlo

Sin conocernos

nos subimos 

al Chevy gris y

de la Facultad que está en el cerro

nos fuimos

a la iglesia a un lado del parque

en Jardines de la Hacienda

El lugar estaba vacío

y buscamos en el columbario

y detrás del altar

y bajamos las escaleras detrás del altar

y buscamos en cada rincón 

pero no encontramos nada

No encontramos a Pitol

  pero nos fuimos por cervezas

salvamos a las palomas

de los cholos que se las querían llevar

y nos convertimos en héroes locales

Le pusimos nombre al carro

y a nuestro propio movimiento literario

y hablamos de cuentos y poemas

que nunca escribimos

Aún podemos

¿Por qué seguimos buscando a Pitol

si nos tenemos a nosotros mismos?

TIMY CARRILLO: POEMAS

Timy Carrillo (Estado de México, 1999) dejó la carrera de Estudios Literarios a los dos semestres. La música toma un papel protagónico en sus textos. Aborda temas como el jazz, la introspección y la espiritualidad oriental trasladada a su cotidianidad occidental. Sus textos han sido publicados en diferentes medios virtuales e impresos como Revista Enchiridion, Revista Himen y Revista Marabunta.

http://www.revistaelhumo.com/

SUPREMA CORTE EN MÉXICO INVALIDA PROHIBICIÓN DEL USO RECREATIVO DE LA MARIHUANA

INVOCANDO EL DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD, LA SUPREMA CORTE DE MÉXICO INVALIDÓ ARTÍCULOS DE LA LEY GENERAL DE SALUD QUE PROHIBÍAN EL USO LÚDICO DE LA MARIHUANA
Suprema Corte en México invalida prohibición del uso recreativo de la  marihuana

Con ocho votos a favor y tres en contra, la tarde de este lunes la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la prohibición del uso recreativo de la marihuana que prevalecía en la Ley General de Salud de México.

En dicha ley se prohibía toda actividad relacionada con la marihuana, desde la siembra y la adquisición hasta la posesión o el comercio y el transporte, incluidos los usos relacionados con prescripción médica o lúdicos.

Sin embargo, en el proyecto de Declaratoria General de Inconstitucionalidad (presentado ante el pleno de la Corte por la ministra Norma Lucía Piña) se consideró que dicha prohibición violaba el derecho al libre desarrollo de la personalidad consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículos 1, 22 y 26) y previsto en el artículo 1 de la Constitución Política de México.

Como resultado de la votación, el Congreso mexicano tendrá que reformar o eliminar los artículos 235 (párrafo último), 237, 245 (fracción primera), 247 (párrafo último) y 248 de la Ley General de Salud. Asimismo, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) tendrá que autorizar permisos personales para consumir y portar marihuana únicamente con fines recreativos.​

Cabe mencionar que, de acuerdo con el fallo de la corte, el consumo lúdico no podrá realizarse en afectación de terceros, en espacios públicos o en presencia de menores de edad. 

Otra acotación importante es que la decisión de la Corte no implica la autorización para comerciar, importar o suministrar marihuana, por lo cual, a decir de la ministra Piña, no significa tampoco la generación de un mercado cannábico en México. 

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RECORDANDO A JOSÉ VASCONCELOS Y SU FILOSOFÍA CÓSMICA

VIDA, FILOSOFÍA Y OBRA DE JOSÉ VASCONCELOS

JOSÉ VASCONCELOS: Biografía, Obras, Frases, Aportes y más

Un día como hoy de 1959 murió José Vasconcelos, uno de los intelectuales más importantes en la historia de México. Vasconcelos es quizá el más importante filósofo en la historia de México y dejó un sistema completo, con una estética, ética y metafísica -todas éstas unidas a una visión política nacionalista-. Además, Vasconcelos fue un gran escritor y una figura pública central en el desarrollo de las instituciones culturales mexicanas; logró combinar una obra literaria y filosófica de alto vuelo con una obra pública cultural y social de enorme vitalidad: un hombre de acción en todos los sentidos, sin dejar de lado lo reflexivo, con una sed de infinito.

Se le recuerda a Vasconcelos por haber sido el primer Secretario de Educación Pública y rector de la UNAM, institución que lleva como lema una frase de Vasconcelos “Por mi raza hablará el espíritu [cósmico]”. Nacido en Oaxaca en 1882, fue pieza fundamental del famoso Ateneo de la Juventud que criticó al porfiriato y a la educación positivista y propuso, mejor, el pensamiento libre y filosófico (y no sólo científico y determinista). Vasconcelos alcanzó distintos cargos y fue en gran medida el “caudillo de la cultura” mexicana. Incluso se postuló a la presidencia en 1929, la cual perdió contra Pascual Ortiz Rubio, en una elección que despertó muchas acusaciones de fraude.

La vida de Vasconcelos, prócer incomparable del espíritu nacional, no transcurrió sin polémicas. Especialmente su afinidad y admiración por el fascismo, particularmente al italiano. Algo que podría percibirse como escandaloso y contradictorio, pues Vasconcelos defendió en su libro La raza cósmica, la supremacía del mestizaje, lejos de la “pureza aria”. Más allá de este tropiezo político, cabe mencionar que la atracción de Vasconcelos por el fascismo y por la Alemania de Hitler estaba predicada fundamentalmente en su visión nacionalista, de un despertar progresista, de la unidad e integración de un pueblo bajo un ideal filosófico (la misma razón en cierta medida por la que Heidegger se sintió atraído por el nazismo y mancilló toda su carrera).

La filosofía de Vasconcelos recibió numerosas influencias. Las más destacadas fueron probablemente Arthur Schopenhauer y Miguel de Unamuno, Henri Bergson, Nietzsche, Hegel y Pitágoras, sobre quien escribió un pequeño pero hermoso libro Pitágoras, una teoría del ritmoImportantemente, también, aunque no muy conocido, fue la influencia del budismo y el hinduismo en Vasconcelos. De hecho, Vasconcelos puede considerarse el primer indólogo u orientalista mexicano y uno de los primeros de toda Latinoamérica.  En 1921 escribió una obra muy amplia llamada Estudios indostánicos, en la que hace un recuento del budismo y el hinduismo. Vasconcelos se habría basado solamente en fuentes secundarias, la mayoría de ellas en lengua inglesa, para presentar las ideas de estas filosofía bajo su particular filtro. Un poco a la manera de Hegel en sus Lecturas sobre la filosofía de la religión, Vasconcelos entiende que el cristianismo es la cumbre religiosa del mundo, pero da valor a otras religiones como aportaciones a la evolución del pensamiento. A diferencia de Hegel, sin embargo, tiene el atisbo al menos de entender que el budismo no es un nihilismo. 

La obra literaria de mayor calidad de Vasconcelos es su autobiografía Ulises Criollouno de los grandes clásicos de las letras mexicanas. Segunda en importancia es  La Tormenta, una obra autobiográfica que narra su historia de amor proceloso con la famosa Adriana en medio de los acontecimientos de la Revolución. Su obra filosófica está resumida fundamentalmente en los libros: El monismo estético (1918), Tratado de metafísica (1929) Ética (1932) y Estética (1935), ésta última la más importante y una de las más destacadas en la historia de la filosofía latinoamericana. Vasconcelos busca integrar una estética a la metafísica y dirige su visión a un despertar cósmico, mesiánico y del pueblo, según lo expresa en La raza cósmica. Vasconcelos entiende la confluencia del espíritu de las diversas razas en lo que llama la quinta raza, la raza mestiza de América, la cual está llamada a integrar las diversas características y virtudes de las otras razas en un crisol y emerger como una nueva potencia, una raza cósmica. Vasconcelos fue un educador siempre y otorgó a la cultura un rol central en el despertar de la nación. Había que leer a Homero, a Lao-tse y a Nezahualcóyotl y de estas extrañas mezclas surgiría una nueva síntesis.

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